julio 10, 2012

Discurso de Fidel Castro en la clausura del XXIV Consejo Nacional de la CTC (1959)

DISCURSO EN LA SESION DE CLAUSURA DEL XXIV CONSEJO NACIONAL DE LA CTC
Fidel Castro
[13 de Septiembre de 1959]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Compañeros:
Supongo que ustedes también estarán bastante cansados por el trabajo de estos dos últimos días y algo parecido nos pasa a nosotros, que viene una semana detrás de la otra y por eso habrán visto que cada día concurro menos a los actos debido a que sencillamente nos vamos entusiasmando con la obra que se está haciendo y cada día nos alejamos un poco más de la tribuna pública; sin embargo, quise hacer una excepción esta noche, al menos para hacer acto de presencia y saludarlos y con ustedes a todos los trabajadores, como mañana también vamos a concurrir a la Ciudad Libertad a entregarle al Ministerio de Educación aquel campamento militar cumpliendo una promesa más de la Revolución.
El interés en los trabajadores de parte nuestra se desprende del papel tan importante que la clase obrera está llamada a jugar en esta lucha, sector en que también las dificultades son mayores por la naturaleza misma de la estructura económica de nuestro país, por la gran cantidad de desocupados que hay y, naturalmente, porque tardaremos todavía algún tiempo en lograr arrancar de la mente de los trabajadores las ideas del pasado.
En todos los campos hemos tenido dificultades, las tenemos entre los estudiantes, las tenemos entre los rebeldes, las tenemos entre los campesinos, las tenemos entre los profesionales y entre los trabajadores; así que el que haya dificultades no quiere decir que sea eso nada extraordinario, sino sencillamente que es algo natural cuando se cambia de una etapa como la que se ha vivido en nuestro país hasta hoy a la nueva etapa que se inició con el triunfo de la Revolución.
Muchas veces vemos que la presencia de viejas costumbres, viejas ideas obstaculizan la marcha.  Con los estudiantes nos encontramos a veces que hasta en un exceso de entusiasmo se olvidan de la necesidad que tiene la república, necesidad extraordinaria, de crear técnicos para la nación.
Realmente Cuba está sufriendo una escasez extraordinaria de técnicos.  Se dan casos por ejemplo, de 15 obras atendidas por un solo ingeniero.  Constantemente cuando necesitamos informarnos, incluso informarnos sobre alguna posibilidad industrial, nos encontramos con que el país carece de hombres competentes para brindar esa información o desarrollar un determinado plan.
Con el trabajo nos pasan también algunos problemas de este tipo.  Son problemas de los cuales podemos hablar, y podemos hablar, porque el Gobierno Revolucionario tiene una posición muy definida respecto a los problemas sociales:  es, sin género de dudas, el primer gobierno que defiende a los trabajadores; es el primer gobierno que defiende los intereses de los campesinos; es el primer gobierno que defiende los intereses de los estudiantes, de la gente joven; es el primer gobierno que defiende los intereses de la nación, que decididamente está defendiendo los intereses de la nación frente a los intereses foráneos, y es el primer gobierno que se ha propuesto una obra seria, sin demagogia, o sea que en cada uno de sus actos no busca sino llevar adelante una política que tienda a la solución de los problemas de nuestro país.
La tarea nuestra es una tarea difícil, como es una tarea difícil para todos ustedes, porque los que estamos más responsabilizados y tenemos necesidad de estar constantemente pensando en los problemas del país, conocemos bastante bien dónde están las dificultades y cuáles son las medidas a tomar para resolverlas.
La dificultad está fundamentalmente en la masa del pueblo, en general.  La masa del pueblo está en una disposición extraordinaria de ayudar a la Revolución, está en disposición incluso de morir por la Revolución; pero como consecuencia de que todos hemos crecido dentro de la etapa anterior de la vida pública del país, como resultado de que al pueblo se le mantenía en la ignorancia casi absoluta de los problemas económicos, como consecuencia de que hemos vivido dentro de un clima de verdaderas mentiras, como la verdad aquí nunca se decía, porque la mayor parte de los medios de divulgación de las ideas, de la educación del pueblo, estaban controlados por determinados intereses, el pueblo ha vivido casi en una ignorancia absoluta, por no decir completamente absoluta, de los problemas económicos.  Y por eso esa especie de paradoja, de un pueblo lleno de fe, lleno de optimismo, lleno de valor, decidido al sacrificio de las cosas más caras por su país, por el pueblo, es decir, por sí mismo, porque a la larga defender el interés de la nación es defender el interés de cada uno de nosotros.
Esta es la paradoja entre lo que el pueblo está dispuesto a hacer y la ignorancia en que el pueblo vive sobre los problemas económicos, cuando en realidad si de algo debe saber el pueblo más que nada en este momento, no es de pelota, o de boxeo, o de cualquier otro tema que por lo general aquí se sabe, porque es por otra parte un pueblo inteligente, despierto, que sabe casi un poco de todo, menos de problemas económicos; lo que más nos hace falta saber hoy, es acerca de la realidad económica de Cuba, la causa de nuestras limitaciones en ese orden y el modo de resolverlas.
Eso que en el pueblo es ignorancia, en otros es mala fe; en otros es, incluso, ceguera, porque no se quieren comprender las verdades y yo estoy convencido de que si el pueblo tuviera una noción más clara de nuestros problemas en el orden económico, la Revolución marcharía hacia adelante con menos obstáculos; es decir, no con menos obstáculos, porque no se trata de obstáculos, sino de una colaboración mucho mayor por parte de la clase obrera.  De ahí que nosotros siempre nos esforcemos por tratar de inculcar en el pueblo determinados conocimientos, a fin de lograr cada vez más esa colaboración.
No se trata aquí de intereses de obreros frente a intereses de patronos.  La gran verdad es que desde ese punto de vista, a mi entender, o de acuerdo con mi sentir, la razón estaría siempre de parte de los trabajadores, porque son los que tienen más necesidades, son los que producen con sus propias manos, son los que no han conocido en la vida otra cosa que el sacrificio, y son a los que les toca una parte pequeña equivalente a cada una de las partes que le corresponden, por cada uno de los obreros, al patrón.  Es decir que si se tratase de escoger entre si es justo que unos reciban por uno y otros reciban por cien, es indiscutible que lo justo es que los que reciban uno reciban más, y que todo lo más los hombres lo reciban de acuerdo con lo que dan a la sociedad y a la nación.
Son problemas estos bastante complejos porque no pretendo ahora inmiscuirme en el campo de las filosofías sociales o políticas, me gusta un poco más ver las cosas tal y como son en realidad.  Luego no se trata, en el problema obrero o en el problema económico, tal como lo vemos nosotros, de unas pugnas de intereses.  Para nosotros no puede haber esas pugnas, porque nosotros estamos por entero del lado de los que reciben uno, y por natural sentimiento de justicia vemos como egoísta, como muy egoísta, la pretensión de los que quieren recibir cien.
Visto así el problema, si fuera sencillamente así no habría problemas, pero el problema es mucho más complejo, la cuestión es mucho más profunda.  Es posible que si en el estado actual de nuestra economía nosotros le preguntáramos a un trabajador de cualquier industria qué es lo que debe ganar, consideraría que lo más lógico para él sería que los trabajadores percibieran el máximo de la renta de aquella empresa.  Más claramente, si nosotros les diéramos a escoger, a todos los trabajadores en todas las empresas, en nuestro estado actual, matemáticamente los trabajadores demandarían el ciento por ciento de esas utilidades, lo que llaman utilidades, es decir, el ciento por ciento de la producción de aquella empresa.  Bien.
Si a ese mismo obrero le preguntamos qué haría con ese dinero, posiblemente lo incluiría en su presupuesto de gastos.  Bien saben ustedes que el obrero que gana cinco pesos los gasta, el que gana siete pesos los gasta, el que gana 10 pesos los gasta, incluso creo que el que gana 11 pesos los gasta.  De ahí, sobre 12 pesos, sería cuestión de hacer un estudio estadístico, pero dentro de esos niveles de ingresos solo por excepción los obreros ahorran; ya por encima de ciertos ingresos se puede pensar en ahorrar, y es una cosa lógica.
Aquí el que más y el que menos ha tenido que vivir de lo que ha ganado, unos como obreros, otros como profesionales —yo me acuerdo por mi caso particular— y el profesional que gana 170 pesos los gasta, y gasta más de los 170, y el que gana 200 los gasta y gasta más de los 200, pues como puede adelantar algo de lo que va a ganar durante el año porque se lo prestan, lo adelanta.  Con esto podemos afirmar que los obreros gastan incluso más de lo que ganan porque gastan lo que van a ganar, si es posible, en los próximos seis meses.  Ese es el origen del garrotero y también la razón de por qué hemos tratado de abolir el garrotero.  Al campesino le pasa otro tanto.  El campesino suele gastar una parte de los frutos que va a cosechar por concepto de refacción, de crédito y, en fin, no solo gastamos lo que ganamos, sino que gastamos más de lo que ganamos.
El nivel de ingreso medio de los trabajadores no es, sin embargo, 12 pesos.  En el campo no llega siquiera a cuatro pesos.  Es decir que hay un margen de ingresos de niveles en el cual con seguridad todo el ingreso que perciban los trabajadores lo gastan en un 98%.  Cuando empezamos a analizar este aspecto del problema, es cuando la cuestión se empieza a ver ya como un problema de obreros y patronos, como un problema más complejo, se empieza a ver como un problema que en realidad encierra la esencia del problema social.
¿Qué sería del país si la nación consumiera el ciento por ciento de su producción nacional?  ¿Qué sería del país si, por ejemplo, de una producción nacional de 3 000 millones de pesos la nación consumiera todos los años el total de su producción nacional?  Sencillamente ese país se estancaría, ese país se arruinaría, las maquinarias se irían desgastando, la población iría creciendo, no habría siquiera recursos para reponer equipos, no habría recursos para establecer nuevas máquinas, satisfacer las nuevas necesidades y las necesidades de la población crecientes.
Ese país, para resolver sus problemas, tendría que recibir de afuera —es decir, de otro país—, gratuitamente, los recursos necesarios para su desarrollo o perecería en la peor miseria, como ningún país nos va a resolver a nosotros los problemas y harto tienen cada uno de los países con resolver los suyos propios en el orden económico, porque, además, es un principio moral y un principio humano que los pueblos solo pueden aspirar a resolver los problemas con sus propios recursos, como es, además, un principio histórico que los pueblos solo han resuelto sus problemas con sus propios recursos, la nación que consumiera el ciento por ciento de su producción nacional se arruinaría, y si esa nación que de tal forma actuara fuera además un país subdesarrollado, lleno de necesidades, con un porcentaje altísimo de desempleados, ese país caería en el peor estado de postración y de miseria, y no solo ya el hambre, sino los peores males sociales y políticos caerían sobre él.
Si el problema obrero fuese para nosotros un problema de repartir ganancias, ¿qué problema habría para nosotros en el problema obrero?  Ya las habríamos repartido todas, compañeros, como repartimos los latifundios y como hemos repartido unas cuantas cosas más.
Si el problema fuese un problema de repartir ganancias de los que tienen grandes cuentas en los bancos, si el problema fuese ese, pueden tener la seguridad de que sería un problema resuelto.  Mas el problema no es ese, el problema es mucho más profundo, solo que se expresa de muy distintas formas, cuando lo expresa uno de esos sectores interesados en mantener su fecundo sistema de hacer fortuna y cuando lo expresa un gobernante revolucionario.
Cuando nosotros hablamos de este tema no lo hacemos en nombre de las mentiras con que se ha querido educar a los pueblos en la idea de que solo la ambición y el egoísmo pueden ser fuente de progreso, no se expresa con la idea de defender esos privilegios o esos intereses.  Se expresa con un sentido de responsabilidad muy grande para con el pueblo y con el deber de decirle siempre la verdad, y de actuar y tratar de que el pueblo actúe de la única forma que de verdad puede ser útil a sus intereses.
Gobernantes ha habido en algún sitio que han repartido lo que hay sin preocuparse del futuro, demagogos ha habido de todas clases que se han encargado sencillamente de dar para lograr el aplauso sin prevenir.  Lo que ha faltado a muchos países, entre ellos al nuestro, sobre todo, han sido hombres honestos, aunque desde luego si no se es honesto no se puede ser nada más en absoluto.  Al país le han faltado no solo hombres honestos, sino hombres en sí, a más de honestos, previsores. Hombres que prevean, que miren no como miopes para ver, sencillamente, lo que está próximo, para salir de los problemas inmediatos, para salir de las dificultades pasajeras, sino hombres que miren al futuro, que miren lejos para buscar soluciones definitivas a los grandes males de la nación, a los grandes problemas del pueblo.  Por eso, si nosotros fuésemos hombres que nos preocupáramos solamente de resolver problemas pasajeros, estaríamos traicionando a la Revolución, estaríamos traicionando al pueblo y estaríamos traicionando a la nación.
Sobre nosotros pesan responsabilidades muy grandes, porque en manos del Gobierno Revolucionario están sencillamente los destinos del país.  Si nosotros nos equivocamos, el país se hunde; solo se salva la Revolución, solo se salva el país, si nosotros sabemos acertar y si con la manera de pensar nuestra o de actuar nuestra, con esa forma correcta de pensar en los problemas verdaderos de la nación y en soluciones definitivas, coinciden con nosotros todos los hombres que tienen alguna responsabilidad con el país, y coinciden todos los hombres que esperan solución de sus problemas de esta Revolución, que son el 98% o el 99% de la población afectada por la forma en que hemos vivido hasta hoy.
Es difícil cuando la lucha ha sido solo por el salario, cuando la lucha ha sido solo la pugna entre la clase necesitada del país y la clase poderosa en lo económico y en lo político del país, la clase que tiene harto satisfechas sus necesidades, cuando ha vivido la clase obrera, durante décadas enteras, en esa tremenda pugna sin esperanza de que fuese un día factor decisivo del poder y que por sus reivindicaciones, por su bienestar y por su destino estuviese un Gobierno Revolucionario en el poder; es difícil, cuando han vivido los obreros durante tantos años víctimas del abuso, de la represión, de la coacción, envueltos en la traición, viéndose solventar los problemas por la fuerza, viéndose siempre engañados, viéndose siempre esquilmados en todos los órdenes, viéndose siempre preteridos, víctimas de toda clase de parásitos, especuladores y de explotadores; es difícil que de repente esa gran masa mayoritaria del país pueda deshacerse de todas aquellas actitudes mentales del pasado, para comprender que el problema hoy no es de centavos más ni de centavos menos, porque por eso era por lo que había que luchar en el pasado, cuando no había otra razón por la cual esforzarse.  Hoy hay que luchar por algo más importante, algo por lo cual es necesario hacer esfuerzos mayores todavía, porque de ello no depende el peso de un día, sino el destino definitivo de esa clase y de ese pueblo, de ello depende la solución definitiva, porque se vive un minuto en el cual no caben retrocesos ni estancamientos.
Se vive un minuto en que solo cabe marchar adelante, porque cualquier otra cosa que no sea avanzar, sería la derrota de la Revolución; se vive un minuto en el cual la responsabilidad máxima de todos nosotros es esperar por la consolidación y el triunfo de esta gesta revolucionaria, de la cual depende por entero el futuro del país, en el cual no caben términos medios porque sería extraordinario ese futuro o sería horrible ese futuro si la Revolución fracasa, porque hasta el más humilde ciudadano comprende que la peor de las catástrofes sobrevendría a la nación cubana si la Revolución fracasa.
Mas todo lo que he dicho en las palabras anteriores no podría ser comprendido perfectamente si no añadimos que al haber hecho el razonamiento de la disyuntiva de un país o de lo que sucedería al país que consumiera el ciento por ciento de su producción, era para afirmar lo que todos ustedes comprenden perfectamente bien, lo que es necesario que comprendan cada uno de los ciudadanos:  que el país que quiera progresar, el país que quiera ir llevando un estándar de vida cada vez mayor a sus ciudadanos, el país que quiera resolver los tremendos problemas de la miseria, tendría que lograrlo solo, porque solo hay un medio de lograrlo:  sobre la base de sacrificarse; sacrificarse no para que otros ganen más —si de eso se tratara, qué sencillo sería resolver los problemas sociales—, sacrificarse, que quiere decir que el país que quiera desarrollarse, el país que quiera elevar el nivel de salarios sobre una base no imaginaria sino sobre una base real, porque una base imaginaria sería multiplicar todos los salarios hoy por tres y multiplicar por tres mañana todos los precios, ya que nadie se puede comer lo que no se ha producido, ya que un pueblo solo puede consumir el número de sacos de arroz, de frijoles, de aves, de frutas, de zapatos, de telas, de artículos que existan, y esos artículos no se multiplican por tres, multiplicando por tres el salario que mediante un decreto se pueda conceder a los trabajadores...
El estándar de vida solo puede lograrse mediante el establecimiento de nuevas industrias que, utilizando todos los recursos técnicos de la ingeniería moderna, sean capaces de producir más en las mismas horas de trabajo; mediante el cultivo de todas las tierras baldías, para producir allí esos sacos que no se producen por decreto, ese arroz y esos alimentos que no se producen por decreto, sino arando la tierra y sembrando mucho, para recoger una cosecha dos veces mayor si queremos consumir dos veces más, y tres veces mayor si queremos consumir tres veces más.
Si por decreto ponemos en manos del pueblo el doble salario, el doble número de pesos que por día perciba, el resultado sería el doble de millones en importaciones por cada uno de esos artículos que, por imprevisión, por criminal irresponsabilidad de los gobiernos que ha tenido la república, se importan pudiéndose producir en nuestra tierra fértil, empleando los brazos de esos cientos de miles de hombres que los tienen cruzados en espera de ganarse aunque sea dos jornales a la semana para comprar tan siquiera el azúcar con que endulzar un té, aunque no sea un té chino, sino un té de cualquier hierba campestre, con que comprar el poquito de grasa y el poquito de vianda y la luz brillante con que alumbrarse por la noche, antes que los zapatos que, por no ser tan indispensables a la vida, lo dejan nuestros campesinos para comprarlos en época mejor.
El resultado de multiplicar los salarios no sería otro que arruinar el país, porque un país, incluso para sembrar, que es una cosa tan sencilla, tiene que gastar en gasolina que hay que importar, tiene que gastar en petróleo que hay que importar y, sobre todo, tiene que gastar en equipos que hay que importar, y esos equipos no se compran con nuestros pesos que se pueden imprimir, pero que circularían solo en nuestras fronteras y no nos servirían para comprar en el extranjero, donde necesitamos llevar dólares o pesos oro.  Los dólares tenemos que conseguirlos ahorrando cuando nos lleguen por venta de las cosas que exportamos, frutas y todos esos artículos que constituyen el capítulo de nuestras exportaciones, y, por tanto, nosotros podemos comprar en alimentos, en maquinarias y en materias primas en el extranjero tanto como hayamos vendido de nuestros productos.
La reserva de un país es la cantidad de moneda extranjera que tiene en sus arcas, o de oro, que es una moneda que vale en todos los países.  La reserva de un país es la cantidad de divisas —que es como le llamamos—, quiere decir, moneda de otros países u oro, reserva que en nuestro país era aproximadamente de 500 millones cuando sobrevino el golpe del 10 de marzo de 1952, y que fue descendiendo día por día, mes por mes y año por año hasta quedar reducida a 70 millones.  Es decir que el país gastaba más de productos extranjeros, o llevaba hacia el extranjero sus divisas cada año, porque esas reservas se pierden, o porque se compre más de lo que se exporte, o porque se cambien por los pesos del país y se depositen en los bancos extranjeros, y nosotros los perdimos por dos razones fundamentalmente:  por la balanza de cambio desfavorable, porque también los intereses que se pagan por capitales extranjeros son divisas que se escapan del país, y por sustracción de las reservas por los malversadores, que robaban, por ejemplo, 2 millones de pesos, los cambiaban por 2 millones de dólares, y los cambiaban en el extranjero.
Algunos incluso tenían parte de la fortuna robada en pesos cubanos y esos los perdieron cuando los tenían en billetes de 500 y de 1 000, porque estaban en el extranjero y para que valieran en el extranjero tenían que haberlos cambiado antes en dólares; al no cambiarlos, por descuido afortunado para nosotros, pudimos recuperar aproximadamente 20 millones de pesos.  De haberlos ellos cambiado por dólares en el Banco Nacional, habríamos encontrado 50 en vez de 70 en la reserva y no habríamos podido recuperar ese dinero como no podremos recuperar los millones que se llevaron después de cambiarlos por balance desfavorable, porque nunca tuvo el país el propósito de dejar de ser importador de una serie de artículos que se podían producir aquí, y porque además vivíamos como un país de millonarios, por irresponsabilidad fundamental precisamente de esos que perciben 100 mientras cada obrero percibe 1, porque traían Cadillacs para pasear y para gastar más gasolina en vez de traer maquinaria para sembrar; compraban Cadillacs en vez de tractores , latifundios enormes donde no se sembraba por egoísmo de sus presuntos dueños, y digo presuntos porque para mí nunca podían ser dueños de una tierra que no explotaban y que solo servía, en posesión de ellos, para mantener en la miseria y en la peor ruina al pueblo.
Esos que mantenían enormes extensiones de tierras sin cultivar, eran los que compraban los Cadillacs para pasear y se marchaban a Europa para holgar, mientras el producto de nuestras exportaciones teníamos que gastarlo en traer arroz, frijoles, grasas, fibras, en fin, toda una serie de artículos que podíamos producir aquí, cuando lo correcto para nuestro país, pobre, subdesarrollado y lleno de desempleados, habría sido invertir parte considerable de nuestras exportaciones, no en pasear, no en adquirir “colas de pato”, sino en adquirir maquinarias para poder producir, o para producir explotando los recursos extraordinarios de la nación cubana como único modo de resolver los problemas de nuestro pueblo.
Así hemos vivido y así llegamos en el peor momento al triunfo de la Revolución, sin reservas, porque quedaban 70 millones.  Se inicia la etapa del Gobierno Revolucionario con el control de cambio; alguien quiere pasear, pues no se puede llevar más de 500 pesos, es decir, 500 dólares.  ¿Quiere llevarse el dinero al extranjero, es decir, las divisas?  No, gaste aquí todas las que quieran, pero el dinero no se puede transportar al extranjero porque son las reservas de la nación.
Se inicia una etapa de control sobre todos aquellos artículos suntuarios, pero, ¿podemos nosotros dejar de importar la grasa que consumimos y que no producimos aquí?  ¿Podemos nosotros dejar de importar el arroz, mientras no lo sembremos y lo produzcamos aquí?  ¿Podemos nosotros dejar de importar el algodón? ¿Se paralizaría una gran parte de nuestra industria textil, porque no lo producimos aquí?
Luego, aunque no queramos, por mucho que estamos defendiendo nuestras divisas, nos encontramos de todas formas en la alternativa de que mientras por un lado el precio del azúcar fue más bajo que nunca y se recibe menos moneda extranjera, es decir, divisas por nuestras exportaciones, por mucho que ahorremos, por mucho que defendamos las divisas, nos encontramos que de todas formas hay que importar una cantidad grande de materia prima y de alimentos que no producimos aquí y esa ha sido una de las grandes batallas silenciosas del Gobierno Revolucionario:  defender las divisas, que aumentaron, que se han mantenido, que han bajado, que han vuelto a aumentarse en una lucha tremenda, mediante los controles que impiden que se agoten; pero qué vamos a hacer si a pesar de que ya no se escapan divisas por robo, a pesar de que ya aquí no hay quien monte Cadillacs, a pesar de que no hay quien pueda irse a pasear por el extranjero, excepto que tenga depositada su platica por allá, que es lo que habían hecho preventivamente muchos, su cuentecita en dólares en el extranjero, a pesar de eso, es indiscutible que se ha producido un aumento en los ingresos de la familia; porque los millones que no se pagan de alquiler ya, a causa de la rebaja, son millones que se gastan, los millones que significan la rebaja en las tarifas eléctricas, los millones que significan cada uno de los aumentos producidos, bien en el empleado público, bien en distintos sectores obreros, el trabajo que el Gobierno Revolucionario hace en obras, y que significa poner en circulación millones y millones de pesos, al aumentar la capacidad adquisitiva del pueblo, es más ropa, más alimentos, más consumo, y si no lo producimos aquí, hay que importarlo; y si lo importamos, tenemos que gastar lo que nos queda, y si gastamos lo que nos queda, nuestra moneda caería.  Y no solo eso, sino lo fundamental: si gastamos lo que nos queda, ¿con qué compramos maquinaria para sembrar, con qué compramos fábricas para dar empleo, con qué desarrollamos los recursos de nuestro país?
Es un hecho axiomático, una verdad axiomática y clara, que el problema no está en aumentar falsamente la capacidad adquisitiva del pueblo, o aumentarla a costa de que las pocas reservas se nos agoten cuando aumente esa capacidad, sin que aumente la producción nacional; es que hay que importar, gastando lo que nos queda, o multiplicando proporcionalmente los precios de cada uno de los artículos, porque hasta en cada cerveza que nos tomamos, estamos consumiendo un artículo, una materia prima extranjera; en cada arroz con pollo que nos comemos, estamos entregando por él una parte de nuestras reservas.  Luego qué sencillo sería resolver el problema, si el problema fuera simplemente poner más pesos en las manos de los obreros.
Se empieza entonces a comprender que no es el problema de cuánto están ganando los patronos.  Si los patronos estuvieran ganando un 300% más y fuera lógico que ese 300% se redujera a un 20%, y nosotros eleváramos los salarios en la misma proporción —es decir, duplicándolos o triplicándolos—, estaríamos haciendo un disparate, no porque estuviéramos restándole las ganancias a ese señor, sino porque estaríamos poniendo en manos del pueblo un ingreso que no tiene una producción proporcional, lo que significaría el agotamiento de nuestras reservas y la ruina de nuestro país.  Eso es tan claro que cualquier persona, cualquier compatriota, lo puede entender si machacamos y razonamos todos los días, porque lo cierto es que, en medio de las necesidades, es difícil que los hombres actúen más con la razón que con la desesperación.
Muchos piensan que resolviéndose el problema de él no se va a afectar el país, porque una gota de agua no afecta, olvidándose que como él hay millones de gotas de agua.  Estas son verdades que si nuestro pueblo no las comprendiera no podría aspirar ni siquiera a ser un país independiente; porque hablamos de que queremos ser libres, de que no queremos injerencia extranjera en nuestros asuntos, se enardecen los ánimos cuando se habla de la patria, cuando se habla de defender la patria se piden fusiles para defenderla, y, sin embargo, nos olvidamos de que si no somos capaces de comprender que nuestra soberanía, nuestra independencia, nuestra liberación no depende solo del valor con que estemos dispuestos a morir por ella, sino depende todavía más del éxito real de la Revolución...
La Revolución no sería nada, no sería más que una aventura, no sería más que un episodio sangriento si no resuelve los problemas del país, porque la razón de nuestros males políticos no estaba en que el señor político tal era más malo que otro político, no estaba en la maldad de unos cuantos.  Las causas de nuestros males estaban en la maldad de un sistema, la causa de nuestros males tiene raíces económicas y sociales porque todo el aparato del Estado, con su fuerza represiva, no existía sino para defender a esos privilegiados, a esos que paseaban en Cadillacs, a esos que mantenían sin cultivar la tierra, a esos que eran usufructuarios de esa política irresponsable de no ver los intereses del país, y que, a través de sus ganancias personales más que a través de su ambición, sentaron la filosofía de que un país solo puede prosperar a través de la ambición de unos cuantos; y ciertamente los progresos obtenidos no superan los males y las penurias que han ocasionado, porque la mayor parte de los poseedores de fortuna no la invertían en una industria, sino que la invertían en el garrote, la invertían en edificios de alquiler y, en fin, ni siquiera por ambición se dedicaban a establecer industrias.
Todo aquel sistema político no existía sino para mantener esos privilegios, parásitos de todas clases organizados en la defensa de todo aquello.  La Revolución carecería de sentido si no resuelve los problemas del país, porque, eso sería una tomadura de pelo y los problemas del país no podrían resolverse si el pueblo no fuera capaz de comprender estas cosas.
Cuando pregonamos que se consuman productos nacionales, se hace por eso mismo, porque si podemos comprar un par de zapatos producidos en el país por manos cubanas que se ganan la vida produciendo zapatos, el absurdo es que vayamos a gastar el precio de esos zapatos de las reservas que tenemos para adquirir maquinarias; no es solamente porque de ahí viven obreros cubanos, sino por otra razón además:  esas divisas tenemos que invertirlas en maquinarias y la inversión de maquinaria, hágala un particular o hágala el Estado, tiene que ser sencillamente producto del ahorro, es decir, de un tanto por ciento de la producción nacional.  Un ejemplo claro sería el del cosechero que produjera 100 barriles de papas y consumiera los 100 barriles, no podría producir siquiera otra cosecha, tendría que guardar 10 para sembrarlos; cuando produzca 150 tiene que guardar 15 para sembrarlos; y si produce 200 tiene que guardar 20 y para producir 300 tiene que guardar 25; es decir, ir invirtiendo una cantidad cada vez mayor para un desarrollo mayor de la economía del país.
Hoy el dinero no se puede sustraer del país.  Se utilizan toda clase de mañas y de trucos y se está siempre atento por el Banco Nacional de ir descubriendo cada una de las vías mediante las cuales trata alguien de sustraer divisas del país.  El caso, por ejemplo, de quien pidiera 500 dólares.
Yo les voy a poner un ejemplo —no quiere decir que sea de los corrientes—, que quien pidiera los 500 pesos fuera a hacer un viaje solo para cambiar esos 450 que le quedaran; o sea, de 450 dólares por 600 pesos de los malversadores, o de alguien que quisiera sacar su plata y ponerla afuera, o del que compre un artículo, como arroz, y ponga un peso más por saco de acuerdo con el que lo vende para que deposite de esas divisas que pide al Banco Nacional para pagar el arroz a un peso por cada saco en una cuenta que tenga en el extranjero.  Es una de las tantas formas en que nuestras divisas pueden irse, y si nosotros no cuidamos esto, pronto no tendríamos reserva alguna y nos veríamos en una situación muy especial.
Debemos valernos de nuestros propios recursos, de las reservas con que podamos contar para hacer las inversiones en maquinaria y en fábricas en general que se necesitan para desarrollar económicamente el país, y si tenemos que el obrero todo lo que gana lo consume, no lo ahorra, si tenemos que consumiéramos todo lo que producimos, ¿cómo podemos invertir?
Hasta hoy han invertido los industriales una parte de lo que obtenían, ahorraban sobre la base de pagar tanto y ganar tanto, pagar tanto en salario y obtener una utilidad de tanto.  Más, si no quieren invertir, ¿quiénes tendríamos que invertir? Tendría que invertir el Gobierno Revolucionario, como efectivamente hay una serie de industrias que se están promoviendo por el Gobierno Revolucionario, pero para ello es necesario ahorrar, ahorrar.
Ahorrar no quiere decir solamente que cada uno guarde un peso, que sería una forma de ahorro; ahorrar quiere decir también no gastar nuestras reservas.  Ahorrar quiere decir que si la nación vende 700 millones de pesos, pueda decir que ha quedado, después de importar lo que necesitábamos en materia prima y en alimentos, tanto para comprar maquinaria.  No importa quién ponga la fábrica, el problema es que nadie la puede poner si no la compra y la paga con reservas, reservas que se agotarían, repito, que no existirían si nosotros gastamos lo que vendemos afuera, o como hasta hoy, que estábamos gastando más de lo que vendíamos; entre lo que se robaban y lo que gastábamos de más, iban disminuyendo las reservas.
El ahorro es también por parte de los obreros. ¿Cómo pueden ayudar los obreros?  Sencillamente si cada obrero, por cada cinco pesos que ganara, guardara un peso —nada más que guardar—, estaría ayudando al Gobierno Revolucionario.  El promedio de cada peso que se gasta es que 30 centavos se van para afuera, pues por cada peso de ese obrero estaríamos contando con 30 centavos ahí guardados para invertirlos en maquinarias.
Una forma en que los obreros pueden ahorrar y ayudar al Gobierno Revolucionario y ayudarse a sí mismo sería si dijeran:  De cada cinco pesos que ganamos, guardamos uno y se lo prestamos al Gobierno Revolucionario.  Incluso no preocuparía que el obrero ganara el doble, si cuando le duplicaran el salario dijera: Esta parte que me aumentan la voy a guardar y la voy a prestar al Gobierno Revolucionario.
Estaríamos resolviendo el problema, se le pagaría en el futuro. No consumiría ahora, los consume ahora y perjudica; los consume dentro de cinco años y ya tendrá aquí los alimentos para consumir con esos cinco pesos, o los consume dentro de 10 años y ya la producción nacional puede ser tan grande casi como se desee, en alimentos, en tejidos y en zapatos.  Luego lo que quiero explicarles, casi lo que ustedes saben, es que estas verdades tiene que entenderlas el pueblo, tiene que entenderlas porque no se trata, señores, de lo que gana el señor don fulano o don mengano.  Don fulano y don mengano lo ganan y lo guardan allí, no se lo pueden llevar.
A la Revolución lo que le interesa son las reservas que hay, porque si hay que hacer una hidroeléctrica, el gobierno dice, ¿cuánta reserva tengo para hacer una hidroeléctrica?  ¿Se puede contar con 20 millones?  Pues se hace la hidroeléctrica, se electrifica una zona y se establece la base para una industria. Hacen falta 20 industrias que se pueden poner, ¿cuánto hay de reserva?  Y las pone. Pero, ¿cómo podemos desarrollar el país y hacer un programa de industrialización si nos comemos todo lo que producimos y, además, si importamos más de lo que exportamos?  ¿Con qué podemos poner una hidroeléctrica, comprar equipos, maquinaria agrícola?
Y si podemos ahorrar 50 millones en divisas, el esfuerzo tiene que ser por ahorrar 100; y si ahorramos 100, el esfuerzo debe ser por ahorrar 200; y si nosotros producimos 50 millones que estamos importando de arroz, el esfuerzo es que esos millones son millones para maquinaria; y el problema de nosotros es producir arroz que estamos importando, y no importar más arroz del que estamos importando.  Luego hay un límite a las posibilidades nuestras y de la economía del país para mejorar el estándar de los obreros, y es el límite que marca el estado de nuestros recursos, y sobre todo, señores, porque con una reforma agraria y con todas las medidas revolucionarias que ha dictado el gobierno no vamos a esperar que vengan a hacernos las inversiones aquí, porque la condición que ponen los inversionistas extranjeros son las condiciones de horca y cuchillo:  el derecho a despedir, el derecho a rebajar, el derecho a cancelar incluso, o, por lo menos, el equivalente.
Entonces si el problema fuese a resolverse con inversiones extranjeras, sería a costa de sacrificar los derechos de los obreros, que fueron las fórmulas que inventaron aquí y de las que se hablaban.  Ustedes nunca me han oído a mí hablar de inversiones extranjeras; inversión nuestra, de lo que ahorremos aquí, esa es la única palabra correcta y revolucionaria, porque no vamos a estar toda la vida trabajando para intereses foráneos.
Mucho más honorable y mucho más útil son esos 30 centavos que nos estaría facilitando cada obrero que guardara un peso; mucho más útil sería cada peso que se ahorrara aquí, porque serían 30 centavos en reserva, es decir, en moneda extranjera que podemos adquirir en maquinarias.
Luego hay una verdad, la verdad que es la que tenemos que tener más presente:  no podemos creernos que somos herederos de una fortuna, que lo que nos dejaron fueron deudas y ruina y nos portamos como los herederos de un pordiosero que se imaginara que es millonario.
Así nos portamos porque nos dejaron 600 000 hombres sin trabajo, las reservas por el suelo, el país subdesarrollado, una Revolución cuya tarea es la solución de los problemas económicos del país antes que todo y queremos todos ya aspirar a satisfacer todas nuestras necesidades.
Creemos que nos hemos ganado un premio y lo único que nos hemos ganado es el derecho a empezar a construir nuestra patria. No hemos heredado una patria construida. La dictadura habría sido buena si nosotros hoy pudiéramos disfrutar de un estándar de vida mayor.
Nosotros hemos dado al pueblo lo que podemos darle dentro de las precarias condiciones de un país subdesarrollado. Vamos a llevar al pueblo la idea de que una obra revolucionaria no se puede hacer sin sacrificio, la idea de que el triunfo del Primero de Enero no significó que muriera una dictadura y nosotros quedáramos como herederos de un país riquísimo, sino que murió una dictadura y quedamos como herederos de un país pobrísimo, para empezar a sembrar, para empezar a organizar, de manera que podamos vivir, si no hoy, mañana mejor.  Y si no nosotros mejor de inmediato, por lo menos los que no tienen nada, los que no ven un centavo y después, por lo menos, los hijos de cada uno de ustedes; pero nosotros no somos herederos de una fortuna, sino, todo lo más, forjadores de una fortuna para los que vengan detrás de nosotros, con un poco más de suerte que nosotros.
Estas son las cosas que tenemos que comprender para analizar.  No es que nosotros nos asustemos de la amenaza de nadie aquí que diga que no invierte, porque ese señor está planteando el problema desde otro ángulo; no es que a nosotros nos preocupe el contentar a nadie, ustedes saben que ni pestañeamos siquiera cuando se trata de afrontar las consecuencias que haya que afrontar por una medida justa.  No se trata de que queramos contentar a nadie aquí, se trata de que tenemos el problema estadístico, matemático, la ley irrebatible de que un país en las condiciones de nosotros no puede aspirar, sino a ahorrar, a trabajar, a producir; porque incluso un señor industrial, por ejemplo, que ganara el 300% de las ganancias, si no quisiera invertir y las guardara en un banco, no hay que preocuparse; por lo que hay que preocuparse es por cuánta reserva tenemos.
Si ese 300% lo ponemos en circulación, bajan las reservas.  Si él lo guarda, lo tiene en un banco y quiere vivir todos los días mirando su dinero, ese es dinero ahorrado que, a través de los organismos del Estado, lo invertimos.
Es necesario poder comprender estas cosas, que al no poder sustraer el dinero y llevarlo para el extranjero, mientras lo tenga ahí es ahorro.  Cuando quiera comprar un Cadillac y se encuentre que el Cadillac vale 10 000 pesos, cuando quiera pasear por Europa y se encuentre que no puede sacar más de 500 pesos, ya veremos el año que viene cuánto puede sacar... No nos importa que tenga esa plata ahí, es ahorro.
No quiere decir esto que tengan los obreros que resignarse a soportar condiciones onerosas o resignarse a ganar salarios de hambre, porque yo considero que el salario de hambre no tiene razón de ser.
Considero sobre todo justa la demanda del que tiene salarios de hambre, porque si vamos a gastar algo en aumentar el consumo de esa familia, está bien, esos son los sacrificios que habría que hacer de las reservas de la nación; en cambio, si vamos a aumentar el consumo del que está ganando un salario alto, no estamos haciendo las cosas correctas, porque si pensamos patrióticamente, si pensamos generosamente y si pensamos correctamente, primero está el problema de los que no están trabajando, porque esos son obreros como ustedes, pero en peor situación que ustedes, obreros que no tienen trabajo, hombres que no tienen trabajo, ¿y resolvemos el problema de los compatriotas que están sin trabajo aumentando el consumo de los que tienen nivel más alto?  No.  No hay otra solución que desarrollar nuestra economía, sembrando toda esa tierra, para lo cual hay que adquirir equipos; estableciendo fábricas, para lo cual hay que adquirir maquinarias en el extranjero; desarrollando el turismo, por ejemplo, lo cual requiere inversiones.
La solución del que está sin trabajo es la solución que más debe interesar a la clase trabajadora, porque si la clase trabajadora se desentendiera de estas verdades y se olvidara de los que están sin trabajo, la clase trabajadora estaría actuando egoístamente, la clase trabajadora tiene que pensar en la solución de los que están sin trabajo y en la elevación del nivel de vida de los que tienen menos ingresos, eso es lo que uno con moral se puede plantear en cualquier momento.  Un salario de dos pesos no puede ser, eso es correcto, pero si hay un ingreso alto no es lo correcto plantearse ingresos mayores, porque estaría consumiendo eso, estaría obstaculizando el programa nuestro que, como les he explicado, es muy distinto de los intereses patronales que también por un hábito pelean cada centavito, más por hábito que por otra cosa, puesto que sencillamente las condiciones económico­-sociales del país se van transformando y el dinero no tiene el poder que tenía antes, con el dinero no se puede hacer lo que se hacía antes.
Con el dinero pueden hacer muy poca cosa, consumir mucho ellos.  La república no se arruina ni la economía sufre mayor quiebra porque alguien se coma dos bistecs de filetes al día, o porque vaya a tres cines en vez de ir a uno, o porque se ponga dos trajes al día en vez de uno.  No se arruina, eso es cosa de poca monta en la estadística de la producción nacional.  El dinero ya no se puede llevar, con el dinero ya no se puede comprar un latifundio, con el dinero ya no se puede hacer un edificio de alquiler, con el dinero ya no se puede hacer garrote; con el dinero se pueden hacer ya muy pocas cosas y lo que importa no es el dinero, los pesos que hay en el banco, sino las divisas que hay en el Banco Nacional, que son las que hay que contar cada vez que nosotros vamos a establecer una industria.
Las industrias, en vista de que nos quieren sabotear, tenemos que promoverlas, y para promoverlas lo que hay que contar son las divisas.  Cuando vamos a hacer nuestros planes de obras públicas lo que tenemos que contar son las divisas, porque si gastamos 100 millones, tenemos que calcular cuánto tenemos que gastar en material que viene de afuera, aunque sea el acero con que se hacen las cabillas, y el porcentaje que se consume y el que va para afuera; y, de acuerdo con el estado de nuestras divisas, podemos hacer un plan de 100, un plan de 120 o de 150 millones de pesos para industrias y un plan cada vez mayor para obras públicas, única forma con que empezamos nosotros a desarrollar el país industrialmente, a construir todas las calles, acueductos, alcantarillados, escuelas y caminos que dejaron de construirse durante 50 años; única fórmula mediante la cual podemos nosotros, con años por delante, cumplir esta tarea que nos han puesto sobre los hombros, de hacer en estos pocos años, en un país al que han saqueado, lo que no se hizo en 50 años.
Este razonamiento me conduce a otro: el problema de la productividad, lo que está pasando en muchas obras, compañeros.  Hoy, en que la Revolución está haciendo casas; incluso, en que la Revolución está haciendo todos los caminos, en que la Revolución lo está haciendo todo, se siente a veces pena de cómo los recursos que con sacrificio se invierten para el pueblo, el pueblo todavía ni siquiera comprende el daño que a sí mismo se hace cuando malbarata esos millones, dando 10 mandarriazos cuando debía dar 20, 25 o 30 .
Es como al que le dicen: Te vas a hacer tu casa y vas a pagar de tu dinero.  Si te tardas 10 días te cuesta 500 pesos, si te tardas 20 días te cuesta 1 000 pesos, si te tardas 60 días te cuesta 2 000 pesos, y aquel hombre, despreocupado, no se preocupara por hacer la casa en 10 días, en vez de 60.  Y es sencillamente la costumbre vieja de cuando se trabajaba en obras, y el que daba 25 mandarriazos, daba 15 para el que se estaba robando aquel dinero, y no había estímulo; pero cuando se está robando a sí mismo...  Y tan cierto es que si el pueblo comprendiera estas cosas nos ahorraríamos despilfarros que son criminales en esta hora.
Es que cuando nosotros decimos a un campesino:  Te damos el material, te damos los mosaicos, el cemento, el techo, los sanitarios, todo te lo damos y tú la haces, ese hombre se vuelve loco de alegría, porque sabe que le han regalado una casa y lo acepta.  No dice, además:  Déme 10 pesos todos los días para hacerla.
Cuando usted le ofrece hacerla, es tan claro el beneficio que él ve que no duda.  Hay zonas campesinas donde están haciendo hasta carreteras para comunicarse, poniendo instalaciones, dándoles nosotros el material.
En cambio, si cuando se hace una carretera, un hospital, aquel hombre no ve tan claro que es como aquella casa que se le da, porque esa carretera es para él, ese hospital es para él, ese puente es para él, y si usted le está pagando un salario, además, ¿cómo es posible que ese hombre no comprenda el daño que se hace a sí mismo, como parte del pueblo, perdiendo un tiempo que no tiene razón para perder, si de todas formas va a estar las mismas horas allí?
Pero quizás no comprenda que al no esforzarse estará haciendo más difícil que se le pueda volver a dar trabajo luego, estará haciendo más difícil que pueda seguir librando su sustento en los meses o en los años futuros, y que en cambio, cuando se esfuerza dentro de sus posibilidades físicas por producir el doble, se esfuerza por producir el doble de carreteras, el doble de escuelas, el doble de hospitales, mientras que si gasta el doble de lo que se debe gastar, la Revolución necesitará el doble de años para hacerlas, la mitad de los trabajadores para hacerlas; porque si una obra que puede costar un millón, cuesta 1 500 000, esos son 500 000 pesos menos para darles trabajo a los que están sin trabajar.
Esto es evidente, tan evidente, que estaríamos ante el primer caso de malversación de la Revolución, no por parte del gobierno, sino por parte del pueblo.  ¡El pueblo malversando sus recursos!  ¡El pueblo despilfarrando sus recursos!
Y es triste, compañeros, ver lo que cuestan algunas obras; es triste ver cómo se reduce, incluso, el rendimiento cuando los salarios se han duplicado —puede decirse que en Obras Públicas fueron indebidamente equiparados los del interior con los de la capital—, porque mucho más necesario era, en vez de una equiparación que implique un millón de pesos, dedicar ese millón de pesos a pagar 10 000 maestros.  Mucho más conveniente sería tener 10 000 hombres más trabajando y librando su sustento, trabajando...
¡Y qué fácil, sin embargo, es dar, y qué difícil es quitar!  ¡Qué difícil es quitar!  Pero como dar es más fácil y es más fácil para la Revolución dar, también para el pueblo debe ser más fácil dar, lo menos que podemos pedirle al pueblo es más.  No queremos quitarle lo que le hemos dado, pero es necesario que el pueblo de más, es necesario en cuanto a las obras públicas, en cuanto a esas obras que estamos haciendo para el pueblo, con el dinero del pueblo, puesto que nuestra responsabilidad es hacer que el dinero del pueblo se invierta debidamente.
Es necesario pensar que en todas esas obras que son para el pueblo, el pueblo esté pensando aumentar, si es necesario, las horas de trabajo.
Es necesario, si queremos que la república avance, si queremos que la Revolución se salve, que esos mismos compatriotas nuestros, a quienes nosotros le hemos dado, vayan pensando en darnos también, vayan pensando en fórmulas que conduzcan a cambiar la mente de la idea de que ha llegado la hora de disfrutar de lo que no tenemos, por la idea de crear lo que tendremos derecho a disfrutar el día de mañana.
No me refiero a una industria particular, pero sí en las obras públicas, las obras que son para el pueblo, donde se ve más claro que en ningún otro campo lo que es, se ve más claro que en ningún otro orden que se está trabajando para el pueblo, ir pensando en dar más, para que nosotros no tengamos que quitar, para que no tengamos que reducir sus ingresos para dárselos a otros cubanos, porque así se hace en el caso de una construcción que se está haciendo en el aeropuerto de La Habana, donde los obreros espontáneamente ofrecieron hacer esa obra antes de la Conferencia del ASTA, y trabajar 10 horas en vez de 8; es decir, un 10 por 8, y cualquiera diría, ¡qué barbaridad!  ¡Qué cosa tan retrógrada, en los tiempos en que se clama por el seis por ocho hablarse del diez por ocho!  ¡Qué barbaridad!
Efectivamente qué barbaridad sería en los tiempos pasados, y qué barbaridad que nos olvidamos en los tiempos presentes de que hablar de un 10 por 8 es lo revolucionario.  No me refiero en la industria particular, me refiero a todas esas obras que con el dinero del pueblo estamos llevando adelante, porque cada dos horas de las que nosotros ganemos, cada peso que ahorremos, será peso en otro trabajo y garantía para todos los que están trabajando.
Algo similar a lo de los maestros, porque qué retrógrado es pagarles a los maestros 65 pesos.  Qué absurdo, cuando toda la vida estuvimos oyendo hablar de los sueldos miserables que ganaban los maestros, aparecerse ahora el Gobierno Revolucionario pagándoles 65 pesos a los maestros.  Es contrario a todas las tradiciones, es contrario a todo lo que se escribió y habló.  ¡Qué absurdo habría sido eso en la época en que se robaban el dinero de la república, en la época de la politiquería, en la época de la demagogia y qué lógico en la época de la Revolución!
La Revolución de un pueblo que tiene cientos de miles de analfabetos, cientos de miles de niños que no tienen escuelas, y 10 000 maestros que no tienen aulas.  Esto es lo que resulta un caso verdaderamente insólito, pero es lo revolucionario, que esos 10 000 maestros se hayan dispuesto a sacrificar, a favor del pueblo, a favor de cientos de miles de niños, de 400 000 niños  que se incorporaran ahora al proceso de su patria; y maestros que ahora van a ganar menos para ganar más cuando podamos darles lo que sembremos y lo que produzcamos, la ropa que hoy no podemos producir, los alimentos que hoy no podemos producir y el confort que hoy no tenemos porque hay que producirlo.  Maestros empezando a ganar 65 pesos están ayudando a 400 000 niños, están ayudando a 5 000 compañeros suyos, maestros que ya tienen asegurada su vocación, maestros que se disponen a servir a la nación.
Y qué hermoso ejemplo para los que se olvidan de los que están sin trabajo y para los que se olvidan de los que están recibiendo salarios de hambre, porque el esfuerzo de la clase obrera para consolidar la Revolución es primero que nada para los que están sin trabajo, después para los que se están ganando salarios de hambre y luego marcharemos parejo.
Todos tenemos hijos, tenemos familias y tenemos necesidades, y justo es, si todos somos de carne y hueso, que pensemos primero en los que no tienen nada, después en los que tienen poco, para después, a medida que el desarrollo de nuestra riqueza nos lo permita, consumir 10, 12, 15 y 20, y que, al mismo tiempo, aquello que percibamos podamos disfrutarlo en un país que atienda a sus ciudadanos, que brinda todas las escuelas y todos los hospitales, todos los medios de educación, de expansión y de recreo, y todos los medios para hacer la vida más llevadera y más feliz.  Pensar así es lo único correcto y se lo dice quien le importan un bledo los intereses de ningún afortunado, quien nunca moverá un dedo, ¡ni un dedo!, a favor de intereses particulares y privadísimos de nadie, quien se preocupa únicamente por el país y dentro del país por los que más necesitan de nosotros, porque eso es lo más revolucionario.
Si realmente comprendieran los obreros la disposición en que estamos nosotros de ayudarlos, la disposición en que estamos de realizar todo lo que sea en beneficio de ellos, incluso de ir estudiando uno por uno todos los casos de todas las industrias, para discutir con ellos todos estos problemas sobre bases razonadas, técnicas y estadísticas, para hacer un programa que disminuya la energía que tenemos que estar librando todos los días en todos los sectores, como consecuencia principalmente de la influencia de las ideas viejas de los tiempos pasados, de los hábitos que hemos adquirido; porque podemos hacer una política correcta planeada, porque, en realidad, ¿qué más líder quieren ustedes que el Gobierno Revolucionario?, ¿quiénes más preocupados por ustedes?  
Quiero decir esto, que lo mismo que tienen ustedes un secretario general, tienen un Primer Ministro en el Gobierno Revolucionario, y la tarea de los líderes es precisamente esa, la de ayudar a ese Gobierno Revolucionario que es el de ustedes, al que más puede hacer por ustedes, y el que piensa exclusivamente en ayudar a los intereses de los que lo necesitan.  Luego aquí no hay dudas, aquí lo que cabe es ayudarnos.
Comprendo que hay mil y un problemitas, mil y una demandas de todos, de distintas clases; comprendo que casi es una obligación presentar una demanda para que no digan que uno está vendido o algo así.  Al decir que comprendo, digo que me lo explico por la influencia de los hábitos, y que la tarea es ayudarnos en esta obra de transformación, de ayudar a los que nos necesitan, de ayudar a los trabajadores, a los campesinos; a los trabajadores y a los campesinos que son objetivo fundamental nuestro, no al que quiera hacerse rico, porque al que quiera hacerse rico, seguro que vamos a ayudarlo combatiendo el garrote, el latifundismo, etcétera, etcétera; ayudar al obrero que piense generosamente y piense en que no cabe otra aspiración que la aspiración generosa de ir aumentando uno por uno el estándar de vida de cada ciudadano, ir levantando uno a uno y a todos, que esa es la posición correcta de nosotros, los que tenemos esta responsabilidad, los que estamos juntos desarrollando esta tarea.
Queremos que los trabajadores también contribuyan al plan de industrialización que vamos a desarrollar, movilizando, entre otros recursos, los de los trabajadores. Vamos a hacer certificados de ahorro para la industrialización del país, con un interés determinado, estimulándolo, para los trabajadores.  Y ya que estamos aquí para hablar de las cosas que nos interesan a todos, a ustedes y a nosotros —es decir, al pueblo, porque este, tengo que repetirlo una vez más, es el gobierno del pueblo—, vamos a referirnos aunque sea superficialmente a algunas cuestiones que nos incumben a nosotros, que interesan a la Revolución, que interesan al pueblo, siempre dentro de ese espíritu de informar la verdad que nos anima, y que no puede ser de otro modo.
Creemos que ningún momento es mejor para explicar a ustedes estas cosas, estos planes en que estamos trabajando y que alternamos con el intenso trabajo de las obras públicas, que no se completan en La Habana tan solo, sino que se están haciendo en todo el país.
Y como hemos hablado de salarios, de los que hemos mejorado y equiparado, es interesante informar que entre las consecuencias del salario de 4,64 equiparado en el interior, nos hemos encontrado tres problemas: uno, muchos campesinos olvidándose de las tierras para ir a hacer cola en las obras cuando tenemos el tremendo problema de producir alimentos; dos, menos recursos para invertir en nuevas obras; tres, ciertos excesos ocasionados por un salario que subió demasiado abruptamente.  Consecuencias que, como decía anteriormente, pueden repararse por algún otro medio, como pueden ser el dividir los turnos en las obras, o, mejor todavía, como consideran los técnicos, los que entienden de la construcción: aumentar el rendimiento.
Sería cuestión de discutirlo, pero hay que buscar fórmulas, de manera que no produzcan una evasión de los campos hacia las obras y esa infinidad de problemas en muchos lugares donde no había nadie trabajando, porque desde el instante en que se ponen 200 hombres a trabajar, surgen problemas que no había cuando no había nadie trabajando, consecuencia del desempleo por un lado y el estímulo de los salarios mucho más elevados que los de la agricultura.  Por lo tanto, tenemos que ir pensando en fórmulas de ese tipo, como también en otra fórmula mediante la cual vamos a recaudar y va a ser que les vamos a aumentar considerablemente el impuesto a las bebidas alcohólicas, para encarecerlas sin que tengan nada que temer los obreros que trabajan en esas industrias, porque vamos en definitiva a encarecerlas y no disminuirá el consumo.  Pero sí es necesario preocuparse por el aumento extraordinario que se está produciendo en el consumo de bebidas alcohólicas, dinero que se resta de la alimentación de la familia, alimentos de menos que serán medicinas de más y recursos de más, invertidos en hospitales, dineros que más justamente estarían invertidos en escuelas que en bebidas alcohólicas.
No estableceremos una ley seca, porque sería una medida que produciría efectos contrarios a los propósitos que se persiguen o requeriría la ampliación de los cuerpos policiales de la nación en un número considerable. Por mi parte, estimo que la consideración del uso de bebidas alcohólicas como un uso lícito, al revés de otros muy censurables, es puramente arbitraria y tan vicio es el vicio de jugar como el vicio de tomar como otros vicios que por ahí andan , porque un hombre ebrio dando tropezones por la calle, soltando baba por el camino y llegando a su hogar convertido en un energúmeno, es el espectáculo más triste y más reprobable que pueda presentarse, porque es el hombre convertido en un ser irracional, es el hombre degradado a la condición de bestia, y solo el exceso de uso ha permitido “la santificación” de ese vicio que no se considera ni siquiera inmoral.
No quiere decir que la humanidad tenga que ser abstemia necesariamente, pero que la humanidad no deba ser borracha, sí lo considero como una cosa correcta , porque pienso que es doloroso que se les quite la comida a los hijos, para gastar ese dinero en una taberna, para gastarlo en el ron que destruye la mente del hombre y reduce su energía para el trabajo y para el bien, destruye su salud y le quita la riqueza de su energía al país.  Por eso, quien quiera tomar que tome, pero así ayudará a construir más escuelas, más hospitales y más carreteras....
No dictaremos una ley seca, pero quien quiera tomarse un litro de ron, tendrá que dar un peso para construir carreteras y darles trabajo a los que están sin trabajo.  No dictaremos una ley seca, pero quien quiera tomarse hasta una cerveza, tendrá que pagar cinco centavos más para hacer carreteras, y bueno es advertir que con ese impuesto percibiremos 20 millones de pesos, que significan, por ejemplo, 50 playas públicas, que pueden significar 20 hospitales con miles de camas, o pueden significar millares de escuelas, o pueden significar 20 000 maestros.  Luego esperamos contar con el apoyo de los trabajadores para este impuesto que vamos a establecer.
Esto significará, compañeros, el año que viene —cuando se termine la zafra, porque ese es el sistema que hemos seguido, elevar el nivel de empleo cuando termina la zafra para elevarlo en volumen mayor después—, 20 millones de pesos más en el plan de obras, 15 000 obreros más trabajando el año que viene después de la zafra, medida que además dará la tónica moral y revolucionaria de este gobierno.  Y el respaldo de ustedes dará la medida de la conciencia revolucionaria de los trabajadores, y frente a ese respaldo nadie se atreverá a censurarnos esa medida tan necesaria a nuestra salud y a nuestra economía incluso, esa medida que tiende a enderezar lo torcido y que tiende a elevar a nuestro pueblo en todos los órdenes.  Con este respaldo estimo que habrán llenado ustedes, además, una tarea más, y de las más importantes, en este Consejo que se caracterizará por ser el Consejo de la CTC que apoyó unánimemente el impuesto a las bebidas alcohólicas. Así, antes de ser aprobada en el Consejo de Ministros, llevará ya el consenso de los trabajadores, llevará ya el respaldo de ustedes, que a nosotros nos sirve de estímulo en su aplicación.
Así que aunque me he extendido un poco más de lo que había pensado (DEL PUBLICO LE DICEN QUE CONTINUE), tengo que guardar un poco de energía para hablarles mañana a los colegiales y entregarles la Ciudad Militar , que será para ustedes y para nosotros otra gran satisfacción, donde se construirá un gran centro de enseñanza técnica superior.  Habíamos estado pensando en una Ciudad Escolar, pero la urgente necesidad de técnicos para el desarrollo industrial y para el futuro del país, nos ha llevado a la idea de establecer allí el Instituto Superior de Ciencias y Tecnología para preparar técnicos en todos los órdenes de la industria, que nos dará los hombres que no tenemos y que necesitamos, porque hay que producir técnicos también, y que será un centro del más elevado nivel, orgullo de nuestro pueblo y admiración de todos los pueblos de América Latina, allí donde antes estaba el símbolo de la opresión.
Con estas dos medidas, la de hoy y la de mañana, como fue también aquella medida de los maestros, que nos hacen sentirnos estimulados para seguir llevando adelante esta tarea, y que son como pasos que irán quedando en la historia de nuestra patria en este momento tan decisivo para todos nosotros, prosigue su obra creadora la Revolución.  Así que solo me resta recordarles que en nosotros, ustedes, los trabajadores, tienen su gobierno, y que nosotros siempre miraremos a los trabajadores como miramos a los campesinos, como miramos a la juventud, como miramos a los niños que constituyen la generación que vendrá después de nosotros, como el motivo de nuestro esfuerzo, y por eso cuando hablo aquí me siento como quien habla en su propia casa.
Confíen en nosotros y llévenles un mensaje a los demás trabajadores de que el Gobierno Revolucionario no retrocederá ante nada ni ante nadie , que el Gobierno Revolucionario hará realidad las aspiraciones de los trabajadores, que el Gobierno Revolucionario será siempre acreedor de esa confianza y ese respaldo, y que el día de mañana los trabajadores cubanos, a quienes les ha tocado vivir, luchar y poner sus manos en esta obra creadora, se sentirán orgullosos cuando sus hijos vean los frutos del esfuerzo que todos estamos haciendo hoy .  De ahí que sea importante crear esa conciencia de que el primer deber es ayudar a su Revolución, no de aspirar uno, ¿quién se puede presentar aquí con aspiraciones ni ambiciones?
Es necesario que empecemos a transformarnos la mente para mediante un esfuerzo de conciencia y opinión ir marchando por el camino que tenemos que marchar, dándonos cuenta de que en el poder tiene la clase obrera su representación, que es el poder de los campesinos, de los obreros, del pueblo, señores, de los que nos necesitan, poder que tenemos que usar no para que pasen más hambre los que no pueden ganar hoy un centavo, sino, primero que todo, para ayudar a esos compatriotas, para ayudar después a los que están más mal, y así nos estaremos ayudando todos, porque vendrá la era en que todos mejoremos; usar correctamente este poder, porque dentro de esa aspiración caben todas las aspiraciones que se muevan en el seno de los trabajadores, dentro de esa aspiración caben todos los objetivos porque si este es el más correcto, apoyar ese esfuerzo es lo único correcto, quien realmente se aparte de ese apoyo estará haciéndole un daño a su clase, estará, o está poniéndole piedras a su pueblo en el momento más decisivo de su historia, porque cuando los pueblos se lanzan audazmente a este esfuerzo que está haciendo el pueblo cubano no tienen otra alternativa que el triunfo más rotundo, o el fracaso más catastrófico.
Yo soy el que creo en los triunfos y no en lo fracasos.  Si creyera en fracasos no estaría aquí, y por eso les hablo en la esperanza de que estas palabras sirvan para ir concitándolos en el propósito de ir a llevar ese sentimiento a todos los trabajadores y aquí podemos hablar entre nosotros, decir verdades que se pueden decir dondequiera, porque son verdades que no se pueden negar.
Como miembros del Gobierno Revolucionario, tenemos la obligación de actuar con el máximo de ecuanimidad y de tacto, medir nuestras palabras para que no sirvan de pretextos, de base a nuestros enemigos.  Desde el gobierno es preciso tener ese cuidado en cada una de las expresiones, y aunque les he hablado en un círculo bastante íntimo, así habría podido hablarles a todos los cubanos.
No obstante que nuestra responsabilidad nos obliga a ir razonando todas las cosas y emplear exclusivamente el análisis para explicar estas cuestiones, son verdades que se apartan de todas las pasiones y que ustedes las comprenden.  No podría venir a decirlas aquí quien tuviera sobre sí la menor sospecha de defender algún interés egoísta, y las puedo decir aquí, sencillamente, porque cuando digo que me importan un bledo todos los intereses de los egoístas, estoy diciendo lo que siento y, además, porque veo claro cuáles son estos problemas, veo claro cómo los resolvemos, veo claro que en medio de esta batalla no podemos nosotros ponernos a disipar fuerzas con erróneos criterios sobre estas realidades, y que el esfuerzo hay que hacerlo valientemente sobre la base de que los trabajadores cuentan con un gobierno pendiente de ellos, en el cual hay que confiar y que no da lo que no puede dar, porque sería dar demagógicamente a costa de hundir a la nación, que hoy pide sacrificios porque es la única fórmula para ayudar al pueblo, la única fórmula mediante la cual podremos obtener un destino mejor.
No es cuestión de pan para hoy y hambre para mañana.  Si es posible, poco pan hoy para tener mucho pan mañana.  Poco pan para los que al menos quieren algo y que será el único camino mediante el cual los que hoy tienen poco mañana tendrán mucho; el único camino que ustedes, los trabajadores, saben mejor que nadie, porque sin lo que ustedes producen nadie estaría aquí calzado, ni vestido, ni alimentado.  Si todos hoy pueden andar vestidos, es porque alguien hizo toda esa ropa; si todos andan calzados, es porque alguien hizo todos esos zapatos, y si no estamos famélicos —es decir, si estamos en pie—, es porque alguien cultivó, porque alguien produjo los alimentos y, sin embargo, trabaja solamente una parte pequeñísima de la población, un porcentaje ínfimo. ¿Qué sería de lo que podríamos disfrutar en medios para satisfacer nuestras necesidades si duplicáramos nuestra población trabajadora, si duplicáramos y triplicáramos nuestras fábricas, y no solo eso, sino que las hiciéramos más técnicas, y produjeran más, y cada esfuerzo humano se hiciera donde más rinda la nación?  Entonces tendríamos lo que hoy no tenemos, porque antes no se pensó como estamos pensando hoy.
Hoy viviríamos todos mejor si hace 30 años, 20 años, 10 años siquiera, pueblo y gobierno hubiesen pensado como estamos pensando hoy; mas no lo tenemos, porque lo que nos legaron fue demagogia, imprevisión e irresponsabilidad.  Mas nosotros mismos podremos disfrutar de esta obra, porque creo que con la capacidad mental del pueblo, con la riqueza del país, nosotros podemos incrementar extraordinariamente nuestros recursos, y es preciso ver y explicarse lo que disfrutamos hoy, donde 6 millones están viviendo del trabajo de unos pocos.
Cómo será el estándar de vida de todo el pueblo cuando dupliquemos nuestra fuerza de trabajo, dupliquemos la técnica y la potencialidad de nuestras industrias.  Entonces será la hora de hablar de muchos aumentos y de rebaja en el esfuerzo, porque el esfuerzo debe rebajarse cuando se está produciendo mucho y son muchos a producir; porque si trabaja vamos a suponer un 20% de la población, y ese 20% de la población trabaja menos, ¿cual sería la situación donde el doble de la población estuviera trabajando en fábricas más productivas?  Entonces quizás hasta con cinco, con cuatro horas pudiéramos disfrutar de un estándar de vida tres o cuatro veces mejor que hoy.
Debemos pensar que la casa que vivimos alguien la edificó, que el pan que nos comemos alguien lo amasó, que esos alimentos que se sirven en nuestra mesa diaria alguien los sembró, y que solo el esfuerzo aumenta la riqueza, sobre el aumento de los que trabajan; el aumento de la maquinaria y la técnica puede multiplicar el estándar de vida de los pueblos, y al decir esto es como un resumen de nuestra idea, y expreso el deseo de la necesidad de estas verdades, olvidando el viejo criterio de intereses, de obreros y patronos, porque son intereses de la nación.
Nosotros estamos viendo estos problemas desde ángulos muy distintos y desde verdades muy distintas, puesto que son verdades que se dicen con el solo propósito de beneficio del pueblo y no en interés de nadie, porque nadie, además, se beneficiará de estas verdades sino el pueblo, para que ustedes comprendan la necesidad de erradicar lo viejo para establecer lo nuevo, y que la clase obrera se responsabilice más con la obra revolucionaria que estamos haciendo en la seguridad de que nadie velará por los intereses de los obreros más que nosotros, y que todos aquellos planteamientos juntos que tiendan a mejorar en cualquier orden la vida del obrero y los salarios de los que tienen hambre, encontrará en nosotros toda la atención que, si a veces no es más pronta, se debe sencillamente a las tantas ocupaciones que tenemos que atender, pero que siempre que ha llegado a nosotros un problema de ustedes —como el problema de los garajes, que estaban ganando 30 y 35 pesos— encontró eco inmediato en nosotros, y han encontrado eco todas las demandas que son justas. Nosotros sabemos que hay muchas cosas por resolver y queremos resolver, y que no solo son demandas económicas, sino de tipo social y de otros detalles, que hay muchas.
No quiere decir esto, ni mucho menos, renunciamiento de los errores, de atender todas aquellas cosas que deban atenderse para mejorar dentro de nuestras posibilidades las condiciones de los trabajadores.  Nosotros, por otro lado, cuando estamos haciendo escuelas son para ustedes, obras públicas son para ustedes, carreteras son para ustedes. Y estamos haciendo casas para ustedes, para que cada uno de ustedes pueda vivir en su propia casa, para que el alquiler deje de ser alquiler, para convertirse en una alcancía, para que puedan dejar de ser lo que es, aparte de todas las humillaciones del desahucio y además de estar pagando veinte años un dinero que no se recupera jamás. Cuando estamos sembrando es para ustedes, porque ese arroz es para ustedes y podrán comer algo los que no tengan trabajo y podrán disfrutar más.
Si nosotros no tuviéramos la seguridad de que nuestro país es algo maravilloso y que el futuro que tenemos es algo extraordinario, no valdría la pena el trabajo que estamos realizando, ni invertiríamos horas en hablarles y explicarles todas estas cuestiones; porque creemos eso es por lo que sentimos el entusiasmo que tenemos, por lo que encontramos la energía que tenemos, no porque seamos más fuertes que nadie, sino porque estamos ilusionados en todas las cosas que vemos en el horizonte de la patria y porque creemos que vale la pena que sacrifiquemos nuestro descanso para hacer un pueblo digno con un destino mejor, para hacer algo de verdad positivo para nuestro pueblo.
Recordando aquello de que los pueblos tienen el destino que se merecen, vamos a ver ahora si los cubanos merecemos el destino que estamos aspirando, y lograrlo como lo queremos lograr, no imponiéndolo, sino como obra de toda la nación; no como esfuerzo de un grupo, sino esfuerzo de todo el pueblo, porque entiendo que las revoluciones no se deben hacer, o intentar el esfuerzo de hacer, si no se conciben como esfuerzo del pueblo.
Ustedes tienen que sentirse partícipes de esta Revolución, partícipes del ejército que tiene esta batalla por delante, y tienen que responsabilizarse cada día más con esta tarea, tienen que aportar un esfuerzo mayor a esta tarea, y con nosotros tienen que disponerse a llevar sin temores estas verdades al ánimo de sus compañeros, sin temor, porque nadie debe albergar temor de decir estas verdades, porque la verdad es que tenemos que preocuparnos por los que están sin trabajo primero, y esta es una verdad irrebatible, y que aspirar a consumir la producción nacional es conducirnos nosotros al desastre.
Estas son las verdades que deben decir a todos sus compañeros en los centros de trabajo, porque decir otra cosa, hacer ofrecimientos sería convertirse en demagogos o politiqueros, y los politiqueros y los demagogos adónde no han conducido el país, sino al desastre.  Nosotros, si sucumbimos, será con la verdad, y nadie podrá decirnos que sucumbimos con la demagogia ni con la hipocresía, sino con la verdad.
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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