julio 14, 2012

Discurso de Fidel Castro en la clausura de la Plenaria Nacional de los Consejos Voluntarios del INDER (1961)

DISCURSO EN LA CLAUSURA DE LA PLENARIA NACIONAL DE LOS CONSEJOS VOLUNTARIOS DEL INDER, EFECTUADA EN LA CIUDAD DEPORTIVA
Fidel Castro
[19 de Noviembre de 1961]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Señores miembros del cuerpo diplomático y de las delegaciones que nos visitan; Delegados al Congreso de Consejos Voluntarios del INDER;
Compañeros y compañeras:
El compañero director del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación, nos ha pedido que hagamos el resumen de este congreso.
Nosotros no hemos podido participar de todas las cuestiones y de las deliberaciones, sobre la educación física y el deporte, que aquí se han discutido. Sin embargo, queremos referirnos al interés que la nación tiene, y la Revolución tiene, en la educación física y en el deporte. ¿Por qué interesa esta actividad? La Revolución tiene que ocuparse de la educación física y del deporte como una cuestión fundamental para el país. Es posible que para muchas personas, el deporte y la educación física hayan sido, o hayan creído verla, como una actividad sin importancia, como una actividad no fundamental; es posible que, incluso, el interés hoy por la educación física y el deporte no sea igual al interés que habrá en los años venideros. Una de las tareas de los Consejos Voluntarios del INDER consiste, precisamente, en despertar ese interés.
¿Por qué el pueblo no se interesaba por el deporte y por la educación física? Las razones de esa ausencia de interés serían las mismas que si se preguntara por qué el pueblo no se interesaba por los libros; sería como si le preguntáramos a los campesinos por qué no se interesaban por la escuela; sería como si preguntáramos por qué había en nuestro país más de un millón de personas que no sabían leer ni escribir: sencillamente porque el pueblo no contaba con medios para practicar la educación física ni el deporte, porque el pueblo no contaba con instructores y, fundamentalmente, porque el pueblo no contaba con las condiciones necesarias para practicar la educación física y el deporte, como tampoco contaban cientos de miles de personas con las condiciones necesarias para ganarse honradamente el sustento con su trabajo.
La educación física y el deporte no era una actividad del pueblo humilde y trabajador. La educación física y el deporte era una actividad que había quedado relegada a la minoría privilegiada de nuestro país; la educación física y el deporte —como la educación, como la oportunidad de adquirir una profesión universitaria o técnica, como la oportunidad de vivir bajo un techo decoroso, como la oportunidad de disfrutar de un estándar de vida decente— era privilegio de minorías en nuestro país. Sin revolución no se habría podido soñar siquiera con empezar a desarrollar en nuestra patria un gran movimiento deportivo.
Las grandes mayorías del pueblo no tenían donde practicar el deporte, ni contaban con facilidades de ningún tipo para ello. Era imposible, en tiempos pasados, oír hablar de un cocinero de un círculo social —círculo social que era un antiguo club aristocrático—, convertirse en campeón de natación de nuestro país; era imposible, en los tiempos pretéritos, ver a un grupo de pescadores ganar las competencias nacionales de remo. ¡El deporte estaba fuera del alcance de los recursos del pueblo!
Sin embargo, el país necesita de la educación física y necesita del deporte. La Revolución no podía desentenderse de esa preocupación. Si la Revolución se desentendiera de esa preocupación, estaría descuidando un punto fundamental, que hará posible, en el futuro, una ciudadanía más saludable y mejor, como aspiramos a tener.
Un grupo de compañeros — y en esto debemos reconocer el mérito del compañero Llanusa— , ha luchado tesoneramente por promover estas actividades. Y, en realidad, aunque es posible que todavía la opinión nacional no se haya percatado plenamente de ello, en nuestro país está surgiendo un poderoso movimiento de educación física y deportes. ¡Y no tardaremos muchos meses en apreciar los resultados de ese movimiento!
En nuestro país, solamente el 0,25% de la población practicaba la educación física o los deportes. ¿Y se puede concebir que solo un 0,25% del país tuviera la oportunidad de practicar una actividad que es tan fundamental para la salud y el bienestar personal de cada ciudadano? Es verdaderamente increíble el abandono en que esa actividad esencial se encontraba.
El deporte, ¿qué había pasado a ser el deporte? Aparte del entretenimiento para los hijos de las familias ricas, que lo practicaban en las escuelas o en sus clubes aristocráticos, el deporte se había convertido, también, en un negocio; el deporte se había convertido, también, en una mercancía, se había convertido, también, en un objeto de explotación.
La sociedad capitalista, que negocia con todo absolutamente, había negociado también con el deporte: negociaba con los deportistas. Y se convirtió el deporte en algo así como un medio profesional de vida. Era absurdo y, sin embargo, estábamos absolutamente acostumbrados a ello.
Nuestro país producía, por ejemplo, un determinado número de peloteros. ¿Cómo surgían esos peloteros? ¿Cómo surgieron muchos de nuestros grandes peloteros? Por lo general, los que practicaban el deporte, en las escuelas privadas o en los círculos exclusivos, no se dedicaban al deporte profesionalmente; se dedicaban, principalmente, a su carrera o a los negocios de sus familiares. Solía ocurrir de muchachos del pueblo que tenían excepcionales condiciones, y aún cuando no dispusiesen de entrenadores ni de facilidades, aprendían a jugar a la pelota en cualquier solar; en cualquier pueblecito del interior del país se destacaba, se abría paso. Inmediatamente lo contrataban, es decir, inmediatamente comenzaban a hacer un negocio con él. Ingresaba en un equipo profesional. Ya en los propios campeonatos nacionales se encontraban siempre delegaciones de los que pudiéramos llamar monopolios del deporte extranjero. Y cuando ese joven era descubierto, como le llamaban ellos, es decir, cuando descubrían sus facultades, entonces lo contrataban y se lo llevaban para el extranjero; en el extranjero ingresaba en un equipo también. Ya, desde ese momento, era propiedad del dueño del equipo; ya, desde ese momento, tenía que obedecer estrictamente las órdenes y servir a los intereses de los propietarios de ese equipo.
Y ustedes habrán podido ver y leer una cosa que es verdaderamente rara y absurda: que los peloteros son vendidos de un club a otro en Estados Unidos. Es decir que muy a menudo vemos en los periódicos que el club tal vendió por tantos miles de pesos al pelotero tal. Es decir que los peloteros son vendidos, tarifados, exactamente como si se tratase de una mercancía, de un objeto negociable.
Y así, muchos de nuestros peloteros iban a parar a Estados Unidos. Después, para venir a jugar en su propio país, necesitaba que el club al cual pertenecía lo autorizase. Y así nuestro pueblo, sediento de deportes, se entusiasmaba con aquellos campeonatos de pelota.
Bien. ¿Y en qué consistían aquellos campeonatos? Pues un torneo en el que participaban algunos de los peloteros cubanos que habían adquirido fama, cuando los autorizaban a venir, más dos o tres docenas de peloteros norteamericanos que, como en esa temporada no estaban sirviendo a sus clubes, los enviaban a Cuba más de vacaciones que de otra cosa, a entrenarse aquí y a mantenerse en“trainning”, pero sin rendir el máximo esfuerzo como atleta.
Eso era lo que había en nuestra patria con respecto a los peloteros.
Con respecto a otros tipos de atletas, había también negocios, aunque naturalmente con la pelota llegaba a sus extremos más graves.
No era fácil cambiar toda esa situación. Cuando todo el deporte de un país está organizado sobre esas bases, no resulta fácil, por los intereses que lesiona, cambiar las bases sobre las cuales se sustentaba esa actividad: intereses de los propios atletas que ya habían convertido eso en un medio de vida, intereses de“managers”, dueños de equipos, intermediarios y, en fin, una serie de personas que lucraban con esas actividades.
Parecía difícil de comprender que la Revolución se propusiese cambiar ese concepto del deporte, es decir, el deporte como medio, y crear otro concepto, el cual debe ser el verdadero concepto del deporte. Es decir, no el deporte como medio, sino el deporte como fin en sí mismo; no el deporte para una minoría, sino el deporte para todo el pueblo. Y antes que el deporte mismo —porque el deporte significa competencia—, la educación física del pueblo, que es la base del deporte.
Y los compañeros afrontaron las dificultades, no se arredraron ante los intereses, y emprendieron esa difícil tarea.
Valga decir, en honor de los atletas cubanos, que los atletas cubanos han comprendido y han apoyado, en su inmensa mayoría, esta revolución en el deporte. Grande es el número de peloteros profesionales que han regresado de Estados Unidos y están trabajando con el INDER en las tareas de la formación de atletas y el desarrollo del deporte.
Naturalmente que los verdaderos amantes del deporte no tardaron en ver las grandes dimensiones que este movimiento abarcaba; no tardaron en comprender que esta revolución en la educación física y en el deporte iba a arrojar frutos extraordinariamente beneficiosos para nuestro país; no tardaron en comprender que nuestro pueblo será pronto el primer pueblo de América, es decir, el primer pueblo de América Latina, e incluso el primer pueblo de todo el continente, en cuanto a la participación del pueblo en la educación física y en las actividades deportivas .
¿Por qué les iba a interesar la educación física y el deporte a los monopolios explotadores que mandaban en nuestro país? ¿Por qué les iba a interesar la salud del pueblo a los explotadores del pueblo? No les podía interesar la educación física ni el deporte, como no les interesaba que millones de cubanos se quedaran sin aprender a leer ni a escribir, como no les interesaba que cientos de miles de cubanos estuviesen sin trabajo, como no les importaba que cientos de miles de niños anduviesen desnudos o descalzos, como no les importaba el porcentaje de mortalidad entre los niños, como no les importaba la longevidad en la vida humana.
Por eso no les podía interesar el deporte; por eso a las oligarquías explotadoras no les puede interesar desarrollar la educación física y el deporte. Pero a la Revolución, que le ha interesado enseñar a leer y a escribir a cada cubano, que le ha interesado encontrar trabajo decoroso para cada cubano que estaba sin empleo, que le ha interesado salvar cuantos niños ha podido salvar y elevar el estándar de vida para nuestro pueblo, llevar una vivienda decorosa a cada hogar y asegurar el pan a cada familia de nuestro pueblo, ¡sí le interesa!, porque en ello va, fundamentalmente, la salud y la superación de nuestro pueblo; le interesa la educación física y el deporte.
Y de la misma manera en que la Revolución va resolviendo definitivamente el desempleo, de la misma manera en que la Revolución va situándose a la cabeza del continente en cuanto a la cultura, en cuanto a la instrucción general del pueblo, la Revolución irá colocando también a nuestro pueblo en el lugar cimero de América en estas actividades.
¿Y con qué recursos se está organizando este gran movimiento?
Pues, sencillamente, con el entusiasmo de la ciudadanía.
Valga decir, en este país donde hemos tenido tanta burocracia, y valga decir, en nuestro país, donde muchas veces existió la costumbre de que cualquier organismo se llenaba inmediatamente de empleados, que los compañeros del INDER han movilizado el entusiasmo de los amantes del deporte para organizar esta gran movilización. Es decir que ha acudido al esfuerzo espontáneo y voluntario de la ciudadanía.
Esos son los Consejos Voluntarios del INDER; son los núcleos de ciudadanos que en cada fábrica, en cada granja del pueblo, en cada asociación campesina, en cada cooperativa, en cada centro de instrucción, en cada unidad militar, en cada municipio y en cada provincia, es decir, dondequiera que labora el pueblo, se dedica a promover las actividades deportivas.
Y es en realidad impresionante el hecho de que, en tan breve tiempo, se hayan organizado más de 5 000 consejos voluntarios, y que pasen de 100 000 el número de personas que se están dedicando a promover el deporte. Desde luego que nuestra Revolución nos tiene acostumbrados a cifras impresionantes.
Por eso, cuando se movilizó a la juventud para alfabetizar, aparecieron más de 100 000 jóvenes alfabetizadores; cuando se lanzó la consigna de organizar a los Comités de Defensa de la Revolución, se organizaron más de 100 000 Comités de Defensa de la Revolución; y cuando se convocó al pueblo a movilizarse y organizarse para el deporte, más de 100 000 personas integradas en los consejos voluntarios han respondido a ese llamamiento.
Esto demuestra la capacidad de nuestro pueblo para organizarse, el entusiasmo de nuestro pueblo y su impulso a toda actividad creadora y positiva. Luego, las organizaciones se ayudan. Hace dos años no teníamos ni comités de defensa, ni brigadas alfabetizadoras, ni Jóvenes Rebeldes, ni federación de mujeres, ni Consejos Técnicos Asesores, ni Comités de Defensa de la Revolución, ni siquiera teníamos milicias organizadas en aquella época.
Sin embargo, todas esas organizaciones hoy existen, y otras organizaciones, como la organización de la enseñanza, se han desarrollado extraordinariamente. Y ahora todas las organizaciones se ayudan unas a otras.
Por eso, el INDER recaba el apoyo de los Jóvenes Rebeldes, de la federación de mujeres, de los sindicatos obreros; es decir, de la CTC, de los centros de enseñanza y de los Comités de Defensa de la Revolución.
Así, por ejemplo, para albergar en nuestra capital a un número tan elevado de delegados procedentes del interior de la república, solicitó la ayuda a los Comités de Defensa de la Revolución, ¡y qué hermoso hecho ese de que miles de delegados no hayan tenido que ir a albergarse a los hoteles o a las casas de huéspedes! No ha sido necesario. Y qué útil, en momentos en que precisamente se están movilizando los trabajadores para el congreso, en que prácticamente todas las grandes instalaciones están convertidas en escuelas, que la Revolución pueda resolver ese problema tan sencillamente como recabando la ayuda de los comités de defensa, que se han encargado de albergar en sus casas a los delegados de los consejos del INDER.
Estos hechos nos sirven a nosotros para comprender las ventajas de organizarse; nos sirve para comprender la fuerza que da a un país la organización y la fuerza con que hoy nuestro país puede impulsar cualquier iniciativa, contando con el apoyo y el trabajo de estas organizaciones. Pero esto demuestra también que la Revolución organiza al pueblo y avanza en todos los frentes.
¿Qué ciudadano no pertenece hoya alguna o a varias de las organizaciones de masa de la Revolución? ¿Qué ciudadano no pertenece o a la milicia, o a los comités de defensa, o a los sindicatos, o a la federación, o a los Jóvenes Rebeldes, o a los Consejos Voluntarios del INDER? Es decir que una actividad variada y múltiple ocupa hoy el esfuerzo de nuestro pueblo, ¡y esas organizaciones son como las ruedas sobre las cuales avanza el carro incontenible de la Revolución!
Es imposible que este avance victorioso en todos los frentes deje de entusiasmar a la nación y deje de mostrar el hecho real de que el pueblo se fortalece y el pueblo se hace cada día más invencible. Y de la misma manera que unas organizaciones ayudan a otras, porque todas las organizaciones de masas tienen un fin supremo, las actividades de cada una de las organizaciones ayudan a las actividades de los demás, y todas las organizaciones están interesadas en un pueblo saludable y fuerte. Todas las organizaciones están interesadas en una juventud vigorosa, disciplinada, y de carácter, sin dejar de ser, además, una juventud feliz y alegre. Todo el pueblo está igualmente interesado en una niñez igualmente saludable e igualmente feliz. Cada familia, cada madre, cada padre, está interesado en la salud y el porvenir de sus hijos. Y están interesados en la educación que van a recibir en la escuela. A cada familia cubana le interesa la educación física y el deporte para sus hijos en la escuela.
A cada organización, a los Jóvenes Rebeldes, les interesa el deporte, porque el deporte ayudará a crear jóvenes fuertes, saludables, entusiastas y conscientes. Le interesa a la federación de mujeres, le interesa a la federación de trabajadores porque ellos también necesitan que los futuros obreros de la nación sean obreros saludables, vigorosos, entusiastas y fuertes.
A las unidades de defensa de la Revolución les interesa también el deporte, porque necesitan defensores de la patria saludables, vigorosos, entusiastas y fuertes. Al país le interesa un pueblo como ese; y la Revolución tiene la obligación de hacer por el pueblo lo que no hicieron por el pueblo sus explotadores; la Revolución tiene la obligación de luchar por un pueblo saludable y fuerte, por un pueblo superior, en condiciones físicas, en salud... que un pueblo superior al pueblo actual.
Lógicamente, la ciudadanía del futuro ha de ser una ciudadanía que recibirá todos los beneficios y los frutos de este movimiento. Un pueblo, donde solo un 0,25% de su volumen recibió los beneficios de estas actividades; y si se tiene en cuenta que esos beneficios fueron destinados a servir también a la minoría privilegiada, hay que sacar la amarga conclusión de que la inmensa mayoría de nuestro pueblo, sobre todo de nuestro pueblo humilde, dejó de recibir los beneficios de la educación física y el deporte. No solo los beneficios de orden físico, no solo las ventajas que ello habría implicado para la salud de nuestra ciudadanía, sino también dejó de percibir los beneficios de orden moral que esas actividades implican, y de ahí que nuestra ciudadanía sea una ciudadanía que físicamente pudiéramos calificar de débil, débil, desde luego, solamente en el orden físico.
Pero no se podría decir, desde luego que esa circunstancia obedeciera a la falta de educación física y deportes. Con un número tan grande de desempleados en nuestro país, con una miseria como la que reinaba en nuestros campos y en nuestros pueblos, un movimiento de esta índole no habría podido desarrollarse sino sobre nuevas condiciones sociales, y en la estructura física de una gran parte de los ciudadanos, ha influido no solo la ausencia de una educación física, sino también, la ausencia de una alimentación adecuada.
Nuestro pueblo se ha alimentado mal, y una gran parte de nuestra población, prácticamente ha crecido subalimentada, y desde luego que esta revolución en el deporte no podría llevarse a cabo sino sobre la base de la otra revolución, la gran revolución que pone fin a la explotación del hombre por el hombre y lucha y va creando condiciones nuevas para nuestro pueblo. Esta Revolución, que garantizará como principio fundamental el pan necesario para cada boca de los hijos de nuestro pueblo, que garantizará a nuestra población viviendas higiénicas, que garantizará trabajo y alimentación eficiente y adecuada a nuestro pueblo.
Y hay una gran verdad. El problema fundamental de muchos ciudadanos en nuestro país ha sido la falta de comida, y eso influye grandemente en el desarrollo de cualquier joven. Nosotros tenemos miles de ejemplos, porque hemos podido apreciar, por ejemplo, cómo cambian los jóvenes que, por ejemplo, ingresaron en las brigadas juveniles de trabajo revolucionario, y se inscribieron para pasar las pruebas en el campamento de la Sierra Maestra que incluía cinco viajes al Turquino. Muchos de estos jóvenes, en el curso de pocos meses han cambiado extraordinariamente su fisonomía. Después de las pruebas en la Sierra Maestra, cuando han ingresado en alguna escuela o en alguna unidad militar, donde han continuado haciendo ejercicios y recibiendo una alimentación adecuada, han cambiado extraordinariamente.
Tanta fe tenemos nosotros en los beneficios que aporta a la persona una vida disciplinada con la práctica del deporte y una alimentación adecuada, que a veces ha ocurrido que algunos jóvenes de los que han pasado por las pruebas del Pico Turquino eran demasiado pequeños —aquí creo que tenemos un grupo de ellos—, a pesar de sus cortos años y de su debilidad física, habían logrado vencer los obstáculos y el sacrificio que implicaba el esfuerzo de aquella prueba, pero eran demasiado pequeños, y no se les podía mandar a realizar determinadas actividades. Si deseaban ingresar en una unidad militar, se encontraban con que no tenían tamaño y no tenían peso suficiente, entonces, ¿qué hacíamos nosotros en esos casos? Eran los tiempos en que Llanusa comenzaba con su gran cruzada en favor del deporte, y entonces nosotros le mandábamos esos muchachos a Llanusa y le decíamos:“Llanusa, te vamos a enviar 200 o 300 compañeros; tienes que hacerlos crecer y ponerlos fuertes lo antes posible.” Y así ha sido, muchos de esos jóvenes estuvieron varios meses en algunas escuelas, y, efectivamente, en un tiempo increíblemente breve, mediante el ejercicio físico y la alimentación adecuada, estaban en condiciones de prestar cualquier servicio.
Es decir que hemos tenido oportunidad de ver en la práctica los extraordinarios beneficios de la educación física, unida a una buena alimentación. Y esos dos requisitos son dos requisitos que la Revolución ha hecho posibles en nuestro país.
El deporte, es decir, la competencia, también significa para el ciudadano y para el joven una actividad muy útil. No me voy a extender en esas consideraciones, pero, sobre todo, les enseña a esforzarse, les enseña a disciplinarse, les enseña a trabajar colectivamente, porque precisamente los deportes se practican, por lo general, en equipo, y así se aprende en el deporte a trabajar colectivamente. También hay esfuerzos deportivos que son de tipo individual y que establecen la emulación fraternal entre los jóvenes.
Hay una norma del deporte que nosotros creemos que es en verdad muy saludable: que lo importante en el deporte no es triunfar, sino competir. Esto es bueno, porque todavía quedan algunas reminiscencias de aquella mentalidad que hacía ver al revés: que lo importante no era competir, sino triunfar. Y por eso se veía que los equipos trataban de introducir jugadores o atletas procedentes de otros pueblos, trataban de ingresar en los centros de enseñanza atletas procedentes de otros sitios, y se hacían una serie de trampas. Es decir, no se esforzaban por crear atletas, sino por buscar atletas e ingresarlos artificialmente en su equipo.
Y eso es, en realidad, dañino al deporte, y debe cumplirse esa máxima de que“lo importante no es vencer, sino competir”. Es decir, crear, a través del deporte, ese espíritu de confraternidad, de amistad, de unidad y de integración y, al mismo tiempo, que el deporte sirva a los grandes intereses del pueblo.
Desde luego que, además de competir, cada atleta debe hacer el esfuerzo por triunfar, en una emulación sana y fraternal. Y cuando nuestro país salga a lidiar en el terreno internacional, será entonces la oportunidad de ver lo que este movimiento de educación física y deportes va a significar.
Cuando dentro de algunos meses, nuestro equipo nacional, llevando la bandera de la patria y la bandera de la Revolución, se presente a competir en las olimpiadas centroamericanas que van a efectuarse el próximo año en Jamaica, con seguridad que todos los cubanos vamos a desear que nuestro equipo haga el papel más brillante; con seguridad que las victorias de nuestros atletas van a emocionar a la nación entera. No querrá nuestro pueblo que en esas olimpiadas nuestros atletas no estén a la altura de la patria y de la Revolución. ¡Vamos a competir en esas olimpiadas y vamos a triunfar!
Es imposible que un movimiento deportivo de masas, como el que está teniendo lugar en Cuba, no arroje un número extraordinario de verdaderos atletas. El atleta se desarrolla de acuerdo con dos factores: sus aptitudes naturales y la técnica de la instrucción que reciba como atleta. Un ciudadano que posea magníficas condiciones naturales para determinado deporte, si al mismo tiempo recibe una técnica de primera calidad llegará a superar a cualquier atleta que, teniendo la misma técnica, no posea las mismas condiciones naturales, o viceversa.
Y, desde luego, en ningún país del continente está teniendo lugar en este momento un movimiento masivo de deportes como el de nuestro país. Esto quiere decir que grandes valores, es decir, jóvenes con grandes condiciones naturales, aparecerán en toda la isla, como los casos que mencionaba el compañero Llanusa de aquel joven campesino que se quitó los zapatos y salió corriendo detrás del campeón nacional de distancias largas y llegó primero que él, en una práctica. Pues ese joven, llamado“El Indio de Calicito”, de Manzanillo, ese joven que hizo 15 kilómetros en 55 minutos; ni a caballo es fácil hacer 15 kilómetros en 55 minutos, y hay algunos “cacharros” que posiblemente ni ellos puedan hacer en tan poco tiempo esa distancia.
Y ya esa velocidad y esas condiciones de un joven sin entrenamiento alguno, indican que de mantener esa marcha en 20 kilómetros lograría igualar, si no superar, el récord centroamericano. Ese joven, bien instruido y bien entrenado, sin duda de ninguna clase que podrá superar esa marca.
No es lo mismo que cientos de miles de jóvenes practiquen el deporte, a que los atletas sean escogidos de una minoría insignificante de 4 000 o 5 000 atletas. Esa es una de las razones, por cuanto los atletas van a ser seleccionados de la gran masa que hoy está comenzando a realizar esas actividades, unido al hecho de que van a ser entrenados con las técnicas más eficientes, el porqué nuestros atletas están llamados a desempeñar un papel brillante en las próximas olimpiadas centroamericanas.
Por otra parte, en la escuela primaria y en los centros secundarios es necesario llevar hasta el máximo el esfuerzo en favor de la educación física y del deporte. Hay que hacer idéntico esfuerzo en las fábricas. Ya han visto ustedes cómo todos fuimos capaces de realizar esa prueba del“fisminuto”, que tenía intrigadas a tantas personas qué quería decir eso del“fisminuto”. Eso ya nosotros nos imaginábamos que era un invento de Llanusa, y consistía precisamente en eso: en una consigna en favor del desarrollo de esas actividades en las fábricas. Baste decir que entre dos personas en que una realice un mínimo de educación física y la que no realice ese mínimo de educación física, habrá grandes diferencias en sus energías, en su vigor y en sus condiciones de salud.
Nosotros estamos seguros de que, poco a poco, la educación física y el deporte se irán adentrando en la mente y en el entusiasmo de todo el pueblo, y que lo mismo que el LPV comenzó a ganar prosélitos, comenzó a despertar el interés y hoy hay un enorme número de ciudadanos que han pasado por esas pruebas del LPV, nosotros estamos seguros de que el “fisminuto ” va a pegar también, y dentro de algunos meses decenas de miles de personas, en los centros de trabajo y en las fábricas, voluntariamente van a estar ya realizando esas actividades.
Este movimiento no se podría llevar adelante si parejamente no se hiciese un gran esfuerzo para formar instructores deportivos. Son miles y miles los instructores que necesitamos, para llevarlos a todas las fábricas, a todos los centros de enseñanza, a todos los municipios, a todos los barrios, a todas las asociaciones campesinas, a todas las granjas, a todas las cooperativas. Por eso, se han organizado varios cursos y está funcionando ya la primera escuela de instructores de educación física, donde hay 500 jóvenes estudiando; y dentro de algunos meses comenzará un nuevo curso de 1500 jóvenes, que finalizarán para el año próximo. Y así sucesivamente. Esa escuela de instructores o profesores de educación física comenzará con cursos relativamente breves, dada la necesidad de preparar instructores con toda urgencia; pero, en el futuro los cursos serán de más duración. Al principio ha sido seis meses, después será un año, después dos, y los cursos futuros durarán por lo menos cuatro años, una vez que hayamos satisfecho las necesidades más urgentes, puesto que esta será una actividad que deberá estudiarse seria y profundamente, y por eso la Revolución cada vez se esmerará más en preparar a los profesores de instrucción física. Pero, en fin, este es un movimiento que se está basando en un trabajo serio en todos los órdenes.
Ahora bien, ustedes, como les pedía el compañero Llanusa, deben regresar a sus respectivos centros a trabajar con verdadero entusiasmo. Aquí hay gran número de jóvenes de las distintas escuelas; aquí están presentes los jóvenes de la Escuela de Instrucción Revolucionaria para obreros de las granjas del pueblo; están presentes miles de jóvenes de las escuelas de campesinas, de las escuelas de instrucción revolucionaria, de la escuela“Clodomira ” ; y, en fin, de varios centros. Todos estos jóvenes regresarán a sus respectivos centros de trabajo dentro de algún tiempo; ya antes de fin de año más de 10 000 jóvenes campesinas regresarán a sus sitios de origen.
Cada uno de ustedes, como jóvenes que son, deben hacer allí el máximo esfuerzo en favor de la educación física y del deporte. Todas las organizaciones de masas deben cooperar en ese esfuerzo; y, encabezando el esfuerzo en favor del deporte, las Organizaciones Revolucionarias Integradas, de manera que los consejos voluntarios, integrados por los ciudadanos amantes del deporte, cuenten con la ayuda de toda la ciudadanía para cumplir su cometido.
Y ya hemos visto cómo se ve el florecimiento del deporte en el interior de nuestro país y en toda la isla. Ya vemos, los domingos, innumerables jóvenes con sus uniformes de atletas, que marchan hacia los campos deportivos o regresan de algún evento, y el pueblo comentando alrededor del evento de ese día. Es decir que el pueblo se entusiasma en torno a todo eso; cada pueblo se entusiasma con su equipo; cada fábrica, cada granja, cada cooperativa, cada centro de enseñanza, se entusiasma con el suyo; todo el pueblo se alegra y se divierte.
Es por eso el deporte una tan maravillosa actividad que no solo ayuda a la salud física, no solo ayuda a formar el carácter, no solo ayuda a forjar hombres de espíritu y de cuerpo fuertes, sino que también alienta al pueblo, entretiene al pueblo, entusiasma al pueblo, y hace feliz al pueblo. De ahí que los compañeros que integran esos consejos voluntarios le están prestando un gran servicio a nuestro país, y la Revolución tendrá que agradecerle mucho a su esfuerzo. No se desalienten ante las dificultades, no se desalienten, incluso, ante la indiferencia que se pueda encontrar en algunos sitios; tengan la seguridad de que esa indiferencia o esa frialdad por la educación física y el deporte irá desapareciendo donde todavía subsista; tengan la seguridad de que el pueblo se entusiasmará con estas actividades; tengan la seguridad de que en el frente de la educación física y el deporte, al igual que en todos los demás frentes, la Revolución avanzará y el pueblo le brindará su máximo entusiasmo.
Por delante tenemos todos una gran prueba, y ya desde ahora el pueblo comenzará a entusiasmarse por esa prueba, que son las próximas olimpiadas centroamericanas. Esa prueba es como un reto al trabajo de todo el pueblo, es como un reto al trabajo de todos ustedes, ya que sobre los hombros de los consejos voluntarios pesa en gran parte la responsabilidad del papel que nuestra patria vaya a desempeñar en ese evento.
Antes de finalizar, quería también expresar aquí que pronto comenzará el campeonato regional, es decir, en las dos regiones, de occidente y oriente, es decir, la región que comprende las provincias de Matanzas, La Habana y Pinar del Río, región occidental, y la región que comprende las provincias de Las Villas, Camagüey y Oriente, región oriental. De los 350 equipos de pelota que han competido, cada provincia tiene el equipo campeón de la provincia y una selección de los equipos vencidos. Este sistema de la selección tiene la ventaja de que los mejores atletas de cada equipo tienen oportunidad de seguir adelante, ya que son seleccionados cuando pasan de un circuito a otro circuito, es decir cuando pasan de la fábrica al municipio, o pasan del municipio a la provincia, o pasan de la provincia a la región.
De esa manera, cada provincia tendrá dos equipos, el equipo campeón de la provincia y la selección de los mejores atletas de todos los demás equipos. Y así, en las competencias de la zona de occidente y de la zona de oriente surgirán el campeón de occidente y el campeón de oriente, oriente no solo la provincia de Oriente, sino incluyendo las de Camagüey y Las Villas; y que para el mes de enero comenzará a tener lugar el torneo por el campeonato nacional, en el cual participarán el campeón de occidente y una selección de occidente, y el campeón de oriente y una selección de oriente; es decir, cuatro equipos, donde estarán los equipos campeones y los mejores atletas de todos los demás equipos, decidirán el campeonato nacional de pelota. Ya la afición por esos deportes se ve crecer, y los datos estadísticos comparativos entre las cifras de asistentes a esos eventos el año pasado y este año son extraordinarios.
Los eventos van a llenar, además, un gran vacío, porque otra de las funciones del deporte es ir erradicando cada vez más de nuestra patria el juego, es decir el vicio del juego. Sabido es que otra de las grandes batallas libradas victoriosamente por la Revolución es la batalla contra el juego. Las clases explotadoras se esforzaban por corromper al pueblo; de ahí que en nuestro país
había tal diversidad de juegos de todos tipos, desde la bolita hasta los casinos.
Naturalmente que algunas de las formas de juego están tan arraigadas que no son fáciles de erradicar. Tenemos el caso, por ejemplo, de las peleas de gallo, que es un tipo de juego muy arraigado en nuestros campos, y eso explica el porqué la Revolución no ha tomado medidas contra ese tipo de juego, porque la Revolución tiene la esperanza de que ese tipo de juego vaya desapareciendo en nuestros campos a medida que se fomente el deporte, y nosotros estamos seguros de que dentro de algunos años tal será el entusiasmo de los campesinos por el deporte que nadie se acordará de ir a pelear gallos finos a una valla.
Quedan todavía otros tipos de juego, como el de los perros y el de los caballos y, naturalmente, cada una de esas actividades crea un problema, primero por el número de personas empleadas que trabajan en esos centros, luego, una cierta afición. No es que nosotros pretendamos que el país se convierta en un lugar en que no haya adónde ir, pero es que resulta en absoluta contradicción con los principios de la Revolución el mantenimiento de ciertas actividades que fueron introducidas en nuestro país por los imperialistas y que al fin y al cabo son actividades de juego de azar, y esas formas irán desapareciendo también.
Nosotros trataremos... no es que trataremos, sino que resolveremos el problema de todas las personas que estén empleadas en esas actividades, ya que ese es un deber de la Revolución, como es también un deber el erradicar ese tipo de entretenimiento vicioso, y que tiene el inconveniente de que muchas veces lesiona los intereses de las familias, porque hay personas que se van a jugar a un caballo o a un perro el sueldo entero, como hay también personas que en el campo se juegan el sueldo a los gallos finos, mientras los hijos están pasando hambre.
Por eso la Revolución tiene que desarrollar extraordinariamente otros tipos de espectáculos sanos para el pueblo; por eso, el esfuerzo en desarrollar las actividades culturales; por eso el esfuerzo, a través de la Escuela de Instructores de Arte, de preparar instructores de música, de teatro, de baile, para enviar el instructor de teatro, y de música, y de baile, a cada cooperativa, a cada granja, a cada fábrica, a cada círculo social, de manera que el pueblo, masivamente, participe y disfrute de esas actividades; de manera que en cada fábrica, y en cada pueblo, y en cada centro de trabajo importante, se pueda organizar un coro como este que nosotros hemos escuchado aquí; es decir, si no de tan alta calidad como este coro de los alumnos de la Escuela de Instructores de Arte, por lo menos un coro donde con el entusiasmo de las masas alcance los niveles más altos posibles, precisamente con la ayuda de esos jóvenes.
Y cuando en cada pueblo, en cada fábrica, y en cada granja, y en cada cooperativa, en cada círculo y en los centros escolares, existan los conjuntos artísticos, los grupos de teatro, de bailes y de canto, y cuando decenas y decenas de miles de atletas puedan desfilar en las conmemoraciones patrióticas, y cuando cada 25 de julio sea una reunión de un número cada vez más valioso y más apto de jóvenes que participan en ese desfile, en actividades gimnásticas, deportivas y en danza; cuando el deporte haya florecido, cuando cientos de miles de jóvenes lo practiquen, cuando los padres de los jóvenes que estudian en los centros vayan a ver a sus hijos en las competencias; cuando cada fábrica se reúna, los sábados o los domingos, para ver a su equipo en un torneo; cuando cada pueblecito, por pequeño que sea, reúna a su población un día para ver a su coro, o para ver una representación teatral, o para ver una danza, o para participar o presenciar una competencia; y cuando los sábados y los domingos, cientos de miles y tal vez millones de personas disfruten de horas alegres y felices, ¡entonces nadie se acordará de que los perros fueron clausurados y de que los caballos fueron clausurados también!
Porque, en definitiva, nosotros tenemos que crear la vida nueva del pueblo, nosotros tenemos que forjar la gran alegría del pueblo; y el pueblo de nuestros campos y de nuestras aldeas humildes, el pueblo de nuestras montañas, el pueblo de nuestros centros de trabajo y de nuestra agricultura, ¡nunca en su vida vio correr a un caballo ni vio correr a un perro, ni entró en un casino de juego! Por eso, para los que no comprenden el porqué de las medidas de la Revolución, esperamos que estos razonamientos ayuden a comprenderlo; aquellos eran entretenimientos viciosos, entretenimientos para la minoría explotadora y viciosa, que mientras mantenía al pueblo descalzo, trabajando para ellos como animales, mientras mantenía al pueblo en el hambre, iban ellos a derrochar el fruto del trabajo del pueblo, con los perros, con los caballos, y en los casinos.
Por eso, tesoneramente seguiremos luchando para forjar las nuevas condiciones de vida para nuestro pueblo, las nuevas condiciones de salud y las nuevas condiciones de felicidad y de alegría para nuestro pueblo, conscientes de que ese es nuestro deber, y conscientes de que todo el pueblo, cada vez más firmemente, marchará por esos caminos de superación y de progreso.
Por eso, compañeros: ¡A trabajar y a luchar!
Por eso, compañeros: ¡En el deporte, LPV, como en todos los frentes de batalla de la Revolución! ¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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