julio 12, 2012

Discurso de Fidel Castro en la clausura de la Convención Nacional de Consejos Técnicos Asesores (1961)

DISCURSO EN EL ACTO DE CLAUSURA DE LA CONVENCION NACIONAL DE CONSEJOS TECNICOS ASESORES, CELEBRADO EN EL CIRCULO SOCIAL OBRERO “CHARLES CHAPLIN”
Fidel Castro
[11 de Febrero de 1961]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Compañeros:
No sé si el pueblo se habrá dado cuenta de la importancia que tiene, o del sentido que tiene, este acto que clausuramos hoy.
Durante el año pasado, y en parte ya durante este año también, hemos venido celebrando una serie de reuniones que incursan en casi todos los aspectos de la vida nacional; reuniones de todo tipo: unas veces de maestros, otras veces de jóvenes, otras veces de profesionales, otras veces de milicianos. En fin, que casi todos estos actos marcan una expresión de todo lo que la Revolución ha venido haciendo.
Actos, por ejemplo, hemos tenido de tipo económico, muy importantes, como, por ejemplo, aquel en que se decidió el monto de la zafra, en que estuvieron representados los obreros de los centrales azucareros, los cooperativistas, los pequeños agricultores y, en fin, todos los que tenían que ver con la producción cañera.
Este acto no es una reunión de representantes de los obreros como movimiento sindical; que la Revolución ha tenido muchos encuentros con los trabajadores, con los sindicatos y con las federaciones. Este acto es una reunión de obreros, pero no de obreros como representativos de una clase, que ha tenido que luchar muy duramente a través de sus organizaciones sindicales para garantizar sus derechos; esta es una reunión de los obreros como participantes en la dirección de las empresas. Es decir, es la primera vez en nuestro país, y es la primera vez en América, que tiene lugar una reunión de este tipo. Ocurre como tantas cosas de la Revolución que se vuelven una especie de costumbre, acontecimientos que, sin embargo, lucían insólitos. Y, por lo pronto, en América todavía tienen que luchar muy duramente los pueblos para llegar al momento en que, en vez de los ejecutivos extranjeros de las grandes compañías y sociedades anónimas, se reúna, en un acto como este, la representación de los obreros en la dirección de las empresas de producción, como una idea del cambio profundo que ha tenido lugar en nuestro país, lo que se observa en muchos detalles.
Antes, ustedes recuerdan, las convenciones, las convenciones o reuniones, por ejemplo, de los hacendados, de industriales, de sectores económicos dominantes, que se hospedaban en los mismos hoteles donde ustedes, los que son del interior, se han hospedado. Ni soñar siquiera un obrero en ir a residir al hotel Nacional o al hotel Habana Libre o al hotel Habana Riviera . En aquellas habitaciones, ociosas una gran parte del año, se hospedaban antes los ejecutivos de las compañías norteamericanas, se hospedaban los hacendados, se hospedaban los grandes latifundistas, se hospedaban los gangsters internacionales, se hospedaban los contrabandistas, los que explotaban el juego, el vicio, los grandes politiqueros, los grandes malversadores y, en fin, todos los grandes ladrones que en este mundo existían iban allí . Un obrero cañero jamás, un obrero negro jamás, un obrero pobre jamás. Y a propósito de esto, ayer conversábamos con algunos de ustedes a la entrada de uno de esos hoteles, y un obrero con una extraordinaria satisfacción en su interior, recordaba cierto episodio de su vida hace dos años, cuando la Revolución todavía no había llegado al poder, en que él con su hijo se acercó a la entrada de uno de esos hoteles y quería que le permitieran enseñar al niño las fuentes y los jardines de aquel hotel, y alguien allí le ordenó terminantemente que se marchara, que no podía estar ahí, y él nos decía, que él se dijo para su interior, que algún día él podría estar en aquel hotel sin que lo expulsaran.
Y así fue. Ya no vienen jugadores norteamericanos a hospedarse en esos sitios, ya no vienen millonarios norteamericanos, ya no vienen directivos de los grandes monopolios, ya ninguna de aquella gente se hospeda en esos hoteles: se hospedan representativos de países amigos , se hospedan embajadas culturales y artísticas , dirigentes obreros y juveniles , cooperativistas cañeros, delegados sindicales, campesinos y campesinas que vienen a los centros abiertos por la Revolución, jóvenes rebeldes, milicianos y milicianas , hombres humildes del pueblo, negros y blancos , con tal que sean hombres trabajadores, hombres útiles a su país, que es hoy la única medida del mérito verdadero y la única categoría de hombre que vale en nuestra patria . Y vienen ustedes que desempeñan hoy noblemente el papel que ayer desempeñaban los buitres y las aves de rapiña. Es decir, ustedes, que hoy dirigen el país, ustedes que hoy dirigen la producción, no para explotar a nadie; antes eran los explotadores, los buitres, las aves de rapiña, los que dirigían esas fábricas no para beneficio del pueblo, no para crear bienes para la nación, no para ayudar al país, no para permitir que esos bienes estuviesen al alcance de todos, sino para su exclusivo provecho, para su exclusivo beneficio, para satisfacer sus fines ambiciosos y egoístas.
Hoy son ustedes los que impulsan la producción, hoy son ustedes los que han sustituido los intereses egoístas de unos pocos, por el interés absolutamente mayoritario de la nación; antes se pretendía hacer creer que sin ellos la producción no podría marchar; antes se pretendía hacer ver que sin el móvil del interés egoísta, las fábricas se paralizarían, que los servicios se deteriorarían y que, en fin, el país no podría marchar si detrás no estaba el interés de aquellos señores.
Hoy también hay un interés, que el interés hacía que las empresas marcharan mal o bien, que el interés de unos pocos hacía que la economía marchara mal o bien, más mal que bien, cuando hay un interés muy superior, cuando hay un interés no de una minoría, cuando hay el interés de toda una nación, cuando detrás de esa economía y detrás de esas empresas está el interés, sí, el interés legitimo de la nación entera, que quiere un estándar de vida más alto, que quiere una mejor vida para sus hijos, para sus familiares, que quiere, en fin, una vida mejor, ese interés infinitamente mayor e incomparablemente más legítimo que aquellos intereses egoístas, hará que ahora la economía y las empresas marchen a un ritmo mucho mayor y que produzcan mucho más en beneficio de la nación.
Los ejemplos enseñan, es decir, los ejemplos que vemos diariamente enseñan mucho más que cualquier palabra; los hechos tienen esa virtualidad de enseñar a los pueblos. El pueblo en estos días de zafra, por ejemplo, lee una serie de informaciones relativas a la producción en los centrales azucareros, y de casi todos los centrales llegan noticias de que con relación al año anterior hay una producción mucho mayor, de que tal central está moliendo tantos miles de arrobas más que el año pasado, de que tal central está produciendo tantos sacos de azúcar más que en la misma fecha del año pasado. Y esos datos llegan de todos los rincones del país, es decir, que las mismas fábricas y los mismos obreros están logrando en el mismo tiempo, una producción mucho mayor. Y hay en todo el país un gran entusiasmo por lograr este aumento de la producción.
¿Cuándo ocurre esto? ¿Ocurrió en algún año anterior? ¿Ocurrió el año pasado? ¿Ocurrió alguna vez desde que en nuestro país se fundaron los primeros centrales azucareros? (EXCLAMACIONES DE: “¡No”!) Nunca. Y, sin embargo, ¿por qué ocurre hoy?, ¿por qué hoy recibimos de todas partes la noticia, y hay entre todos los trabajadores una verdadera competencia para que su central marque metas de producción mayor que el año pasado, y hay un verdadero orgullo en el obrero cuyo central logra una producción mayor, y hay una infinita satisfacción en el centro de trabajo cuando pueden comunicarle a todo el país que están moliendo tantos sacos más de azúcar? Y es tan sencillo comprender el por qué, es tan claro y tan lógico comprender que antes no podía ocurrir así, es tan evidente que cuando en años anteriores un obrero se esforzaba más lo estaba haciendo en su propio perjuicio, es tan evidente que antes cuando un obrero producía el mismo número de sacos de azúcar, en un número menor de días, le estaba haciendo un daño a su clase y a sí mismo, porque iba a ganar menos, porque iba a trabajar menos días, ¿en beneficio de quién?
¿Quiénes eran los únicos que se beneficiaban cuando un obrero rendía el máximo? ¿Quién se llevaba ese dinero cuando un obrero producía tantos sacos más de azúcar por el mismo número de horas de trabajo? ¿Hacia dónde iba a parar ese dinero?, ¿hacia qué bolsillos, hacia qué cuentas y en beneficio de quién? Esfuerzo que jamás se revertiría en beneficio de los obreros, y que nadie, absolutamente nadie, ni aun los más tercos enemigos de la Revolución, y por muy tercos y muy brutos que sean, podrían negar esta verdad que los hechos demuestran de manera tan clara: la verdad de que cuando el obrero se esforzaba más lo hacía en perjuicio suyo, y en beneficio de unos pocos que se llevaban el dinero para el extranjero, o lo invertían no en abrir una escuela, no en llevarle al pueblo un provecho, sino que lo invertían en sus socios, o se lo jugaban en la ruleta, o se lo iban a gastar a New York o a París, o lo invertían en esos palacetes fabulosos, tan fabulosos que en cualquiera de ellos, donde antes vivían cuatro gatos, hoy estudian 50 o 60 niños.
Eso no lo puede negar nadie. Y los enemigos de la Revolución, los predicadores del terrorismo, los vendepatria, por mucho que se rompieran la cabeza no podrían encontrar un solo argumento para demostrar que fuese mejor que los centrales continuasen en manos de unos cuantos intereses privados, y en virtud de lo cual el trabajo humano tenía que desperdiciarse; en virtud de lo cual el trabajo humano, que es lo que crea riqueza y crea bienestar, tenía que refrenarse; en virtud de lo cual un pueblo tenía que producir mucho menos de lo que era capaz de producir. Y un pueblo que producía menos de lo que podía producir, y, además, de todo aquello que producía, una parte considerable se la llevaban otros, no era un pueblo que estuviera bajo condiciones económicas y sociales propias para progresar y para resolver sus problemas. De ahí que en nuestro país tuviéramos aquel problema del desempleo permanente; de ahí que en nuestro país faltaran, por ejemplo, 10 000 maestros; de ahí que en nuestro país existiese un desempleo crónico ascendente a varios cientos de miles de ciudadanos sin trabajo; de ahí que en los campos se trabajara nada más que tres o cuatro meses; de ahí todos los males de nuestra república, que de ninguna manera habrían podido superarse jamás si la república no adopta formas de organización social y de producción que pusiesen el esfuerzo humano de acuerdo con el interés del pueblo de progresar y de producir más. Era necesario suprimir ese divorcio entre el esfuerzo del pueblo y los intereses del pueblo; era necesario ponerle fin a un sistema en virtud de lo cual trabajar más significaba ganar menos, trabajar más significaba para el pueblo más hambre, y sustituirlo por un sistema en virtud del cual trabajar más significara ganar más, trabajar más significara más provecho y más beneficio para el pueblo.
Y cualquiera lo comprende perfectamente bien, cuando se pregunta si antes era posible que un obrero redoblara su esfuerzo en un central. ¿Cómo iba a ser posible? Eso, hoy, ante los hechos que son tan elocuentes, cualquiera lo comprende. Y aquí está ocurriendo, y citamos el caso de la zafra, porque estamos en medio de la zafra, pero que es lo que está ocurriendo también en todos los demás sectores de la industria. Y de tal manera se ha logrado un incremento en la producción de azúcar, que aquella idea de pagar tal cantidad, hasta 4 millones de arrobas, fue necesario suprimir el límite en la cantidad y fijar de antemano un número de días en los centrales, es decir, hacer un cálculo a base de su producción normal y en vez de establecer como límite una cantidad de azúcar, establecer como límite un número de días de trabajo. ¿Por qué? Porque los obreros estaban produciendo mucho más, e iban a producir esa misma cantidad en un número menor de días que el año pasado, y por eso se acordó hacer un cálculo de los días que en años anteriores necesitaban para producir esa misma cantidad, y pagarles ese número de días, tomar el número de días en vez de la cantidad de 4 millones.
Y aun así, pagando por un número de días, el esfuerzo que están haciendo significa una producción a más bajo costo, y de esa manera la nación puede, perfectamente, adoptar esa medida de beneficio a los obreros y que significa, al mismo tiempo, un beneficio para la nación. Ha dejado de existir ese antagonismo de intereses que existía entre las empresas extranjeras o empresas particulares. Nos referimos, naturalmente, a las grandes empresas; hay muchas personas que trabajan por cuenta propia, hay muchos tipos de pequeñas empresas y de pequeños comercios que prestan un sinnúmero de servicios que, sencillamente, contribuyen a los planes de la Revolución. Hago esta aclaración para que no se confundan los intereses de las grandes empresas explotadoras y los intereses de un gran número de pequeños empresarios que, positivamente, en estos instantes prestan un beneficio por el número de servicios que desenvuelven.
Tenemos entendido que el 80% del empleo está en las empresas nacionalizadas, es decir que el 80% del capital industrial está en manos de la nación; y el ciento por ciento del capital bancario, es decir, de los bancos, está totalmente nacionalizado. Es decir que ya nosotros podemos trabajar sobre la base de una economía que en su inmensa mayoría pertenece a la nación y que en aquella parte que no es nacional, está fundamentalmente en manos de pequeños empresarios que también pueden marchar conjuntamente con la clase obrera en el cumplimiento de las grandes metas de la Revolución. Esto es importante, porque el enemigo siempre trata, por todos los medios, de restarle fuerzas a la Revolución.
Y así tenemos que, por ejemplo, constantemente tratan de preocupar a los pequeños comerciantes, a los pequeños industriales, de convertirlos en enemigos de los trabajadores; tratan hasta de asustar a los que tienen por ahí un puesto de fritas o un cajón de limpiar botas. Son tácticas de la contrarrevolución.
La Revolución tiene sus tácticas, porque dentro de la Revolución caben los intereses de la clase obrera, con los intereses de un gran número de miembros de la clase media, o un poco de media hacia abajo; es decir, con los pequeños industriales y los pequeños comerciantes.
Y el caso lo vemos en muchos pueblos del interior de la isla. Hay pueblos de la isla que son todos de comerciantes; ustedes viajan por las carreteras, y se encontrarán algunos pueblos en que todo el mundo es comerciante, es decir en que todo el mundo vive de venderle a todo el mundo, y a alguno que otro transeúnte que pasa por allí. Esa es la composición social de muchos pequeños poblados, de un país subdesarrollado.
En un país con mucho desempleo, en un país subdesarrollado, todo el que se ve sin trabajo se las ingenia para inventar algún modo de obtener algunos ingresos; y pide dinero prestado, o hace cualquier esfuerzo, o hace algunos ahorros, y pone un negocito cualquiera. Y así ustedes se encuentran un sinnúmero de familias que en este país subdesarrollado y de mucho desempleo que era antes, pues se dedicaban a una serie de pequeños negocios. La contrarrevolución quiere asustar a ese sector y convertirlo en contrarrevolucionario, con la propaganda de que la Revolución les va a privar de ese medio de vida.
Por las mismas causas que en nuestro país, subdesarrollado y de mucho desempleo, surgieron un sinnúmero de pequeños negocios por causas similares; cuando nuestro país sea un país muy desarrollado y de una gran demanda de brazos, irán desapareciendo paulatinamente ese sinnúmero de pequeños negocios. ¿Por qué? Porque los hombres preferirán un trabajo más remunerativo, porque las familias preferirán un tipo de trabajo y de ingresos más seguro que vivir penando con un puestecito de frutas, o de fritas, o un pequeño negocio donde, al fin y al cabo, han ido resolviendo su problema con mucho trabajo.
El Estado no tiene que interferir esos pequeños negocios. El mismo avance económico, irá cada día reclamando más brazos; el mismo empleo más remunerado, irá cada día reclamando más la atención de esas familias que antes, por pura necesidad, se veían en la situación de tener que buscar esos medios de ingresos. ¿Y mientras tanto? Pues, mientras tanto, conviven perfectamente con la Revolución; mientras tanto, muchos de esos pequeños negocios están obteniendo también los beneficios que se derivan de un mayor poder de ingresos en el pueblo y una mayor capacidad de consumo en el pueblo; y nosotros hemos visto que en muchos casos han estado económicamente beneficiándose, y sin otra preocupación que los fantasmas y los miedos que les azuzan los contrarrevolucionarios.
La Revolución tiene por delante un gran esfuerzo, la Revolución tiene por delante una gran tarea; con la cantidad de tierra que la Revolución tiene en sus manos, con la cantidad de recursos minerales y recursos naturales de todo tipo que la Revolución tiene hoy en sus manos, le alcanza para trabajar un buen número de años, sin tener que preocuparse por esos pequeños intereses, ya que el grueso, lo más importante de la economía nacional, lo básico, lo esencial y lo fundamental, está en manos del pueblo; o porque el pueblo lo recuperó, o porque el pueblo lo nacionalizó, o porque algunos a los que ni siquiera se les había recuperado o nacionalizado se asustaron tanto que se fueron y dejaron aquí esos negocios. Los que quedan, pueden convivir perfectamente bien con la Revolución.
Y, en realidad, nosotros sabemos que algunas de esas familias que hoy temen a la Revolución, el día de mañana, cuando vean que sus hijos tienen oportunidades que no tenían antes, cuando vean que cualquiera de sus hijos puede ser ingeniero, o puede ser médico, o puede ser dirigente de una empresa, o puede alcanzar cualquier función, según el mérito y la capacidad que posea, se reirán y se avergonzarán de los miedos que hoy tienen para la Revolución.
En realidad, de tal manera la Revolución brinda oportunidades que, cuando nosotros nos encontramos por la calle con un limpiabotas, joven, con uno de esos muchachos que todavía andan limpiando zapatos, les preguntamos:“¿Y tú qué has hecho que no te has ido para el Turquino con las brigadas juveniles?, ¿cómo estás perdiendo esta oportunidad , esta oportunidad de estudiar en una escuela tecnológica, esta oportunidad de ser piloto, esta oportunidad de ser ingeniero, esta oportunidad de tener una beca?” Porque, de tal manera abre la Revolución oportunidades a los hombres del pueblo, de tal manera abre oportunidades a los hijos de las familias humildes del pueblo, que eran los que vendían periódicos, los que limpiaban zapatos y los que incluso desempeñaban funciones todavía mucho más duras y mucho más tristes; porque precisamente los prostíbulos no se nutrían de los hijos de los acaudalados, los prostíbulos, lacra social dolorosa y terrible, se nutrían de los hijos de los campesinos pobres, se nutrían de los hijos de las familias pobres, ¡porque la prostitución no es un mal congénito del género humano, sino que la prostitución es un mal congénito del sistema de explotación en que vivía nuestro país, y en que todavía viven muchos pueblos del mundo!
De tal manera existen hoy oportunidades, que incluso ya tenemos escuelas donde están becadas más de 1 000 muchachas del servicio doméstico, que allí van a recibir una preparación que les permitirá un trabajo más remunerado. De tal manera existen oportunidades, que hoy el joven que se dedique a realizar esas tareas es, sencillamente, porque quiere, o es, sencillamente, porque nadie le ha abierto todavía suficientemente los ojos; porque cualquier muchacho... Y nosotros nos recordamos que antes constantemente se nos acercaba un joven, en los primeros meses, a pedirnos una beca, y nosotros no sabíamos qué responderle, porque en aquellos momentos todavía no teníamos ni a dónde enviar a aquel joven; y, sin embargo, hoy cada vez que un joven se acerca a pedir una beca, nosotros le decimos: “Vete a ganártela al Turquino, con las brigadas juveniles” .
El hecho es que tenemos una respuesta inmediata, y cualquier joven tiene hoy oportunidad de recibir una beca, de ir a una escuela politécnica, incluso de estudiar en la universidad, porque tenemos más capacidad de albergue y escuelas para esos jóvenes que jóvenes para enviar a esas escuela . Naturalmente que tiene que ser a base de mérito, naturalmente que les damos esas oportunidades a los jóvenes, que se la ganen probando su fuerza de voluntad, probando su tesón, probando su carácter y probando, en fin, su interés, pero que esa oportunidad la tiene absolutamente todo el mundo. Y eso es lo que ha significado la Revolución.
Recordamos que en los primeros momentos, cuando se hacían aquellas investigaciones de opinión, en el ánimo del pueblo lo que más preocupaba era el problema del desempleo. Y se decía que el triunfo de la Revolución dependería de su capacidad para resolver el problema del desempleo, que el éxito o el fracaso de la Revolución estaría relacionado con ese tremendo problema. Y no era un tremendo problema que habría de resolverse en las mejores condiciones; no era un tremendo problema que habría de resolverse sin grandes obstáculos, sin grandes zancadillas.
Y cuando en nuestro país alguien hubiese afirmado que a pesar de la supresión de la cuota azucarera, la supresión total, en un país que vivía bajo aquel fatalismo, rindiéndole culto a aquel mito; si alguien hubiese dicho que podían suprimirle a nuestro país totalmente la cuota azucarera; que podría resolverse el problema aun cuando se decretase un embargo sobre las exportaciones de Estados Unidos a Cuba; que podría resolverse el problema aun cuando se suspendiese todo envío de piezas de repuesto para nuestras industrias, de factura norteamericana en su inmensa mayoría, o en el envío de equipos agrícolas; cualquiera que hubiese afirmado semejante cosa habría sido tenido por un irresponsable o por un estúpido. Porque con todo eso, con la cuota azucarera y con las inversiones de capital extranjero, había cerca de medio millón de desempleados en nuestro país, y a nuestro pueblo le habían enseñado que tenía que resignarse a aquello, o de lo contrario la situación sería peor.
Se planteaba que la Revolución debía resolver el problema del desempleo y, lo que era más difícil, debía resolverlo en condiciones de agresión económica, embargo de piezas, de materias primas y de maquinaria, y supresión total de nuestra cuota azucarera.
Y sin embargo, no han transcurrido apenas más que dos años, gran parte de ese tiempo ha debido invertirlo la Revolución en defenderse; y, sin embargo, sin cuota, sin piezas de repuesto, sin posibilidad de adquirir muchas materias primas en nuestros mercados habituales; suprimido de manera abrupta nuestro mercado de abastecimiento tradicional; y, sin embargo, el país no ya marcha hacia la solución completa del problema del desempleo, sino que el país entra en la preocupación muy seria que se deriva de los problemas de falta de brazos para atender todas las tareas que tiene delante.
Y a veces nos preguntamos: ¿Qué dirán nuestros enemigos?; ¿qué dirán los contrarrevolucionarios?; ¿qué dirán desde allá, desde tierras norteñas, los que viven en el perenne desvelo por servir a los intereses extranjeros, y que viven en el perenne propósito de hacer fracasar la Revolución?; ¿qué dirán desde allá, cuando oyen que han hecho falta tantos miles de hombres y mujeres para cortar las cañas?; ¿qué dirán cuando leen que solamente en la capital de la república se han inscripto más de 100 000 personas voluntariamente para cortar caña? ¿Qué dirán de ese fenómeno extraordinario?; ¿qué rollo se les armará en la cabeza cuando oyen decir que en este país, donde se esperaba con ansias el inicio de la zafra, como único medio de librar malamente el sustento para cientos de miles de personas, hoy resulte, hoy resulte que hay que enviar refuerzos al campo para cortar caña?; ¿qué rollo se les armará en la cabeza, y cuál no será su desaliento, al analizar que esto, sencillamente, significa una cosa: y es que a pesar de todas las agresiones, a pesar de todas las mañas, las artes y malabarismos que el imperialismo ha empleado contra nuestro pequeño país, aquí nosotros los cubanos hemos podido realizar el milagro de que haya más trabajo en estos momentos que personas disponibles para realizarlo, y que desde magistrados hasta empleados bancarios, que trabajan durante la semana en sus respectivas funciones, tengan que ir los sábados y los domingos a picar caña?
En realidad, es un golpe tan duro a las esperanzas de la contrarrevolución, que tanto soñó en ver estrangulada nuestra economía, que tanto soñó en ver ahogada la Revolución por el peso de las agresiones yanquis; es un golpe tan tremendo, que en verdad debe ser motivo de profundo desaliento, porque no es que hayan fracasado ellos, ellos han fracasado desde hace mucho rato, ellos fracasaron definitivamente desde el mismo momento en que agarraron un avión y se marcharon de aquí; ellos estaban fracasados desde mucho antes de agarrar el avión. Lo desalentador, lo verdaderamente desalentador, es que no ellos, sino que sus amos poderosos, que el imperio todopoderoso haya fracasado tan bochornosamente en el intento de ahogar la economía de nuestro pequeño pueblo , y que al cabo de dos años, sin cuota azucarera, sin reposición de maquinarias, sin envío de piezas de repuesto, sin envío de materias primas, sin petróleo yanqui, sin inversiones de capital privado yanqui, sin monopolios yanquis, sin directores yanquis en nuestras fábricas, sin mayorales, sin capataces, sin administradores extranjeros, sin aquellos sabios, sin aquellos genios, nuestro país haya ido resolviendo los problemas de tal manera que su éxito se convierte cada día más en una pesadilla de los enemigos.
¿Saben ustedes lo que le duele al señor Kennedy? (EXCLAMACIONES Y SILBIDOS.) ¿Saben ustedes el porqué de cinco declaraciones contra Cuba en 20 días?; ¿saben ustedes el porqué de esa actitud agresiva frente a la actitud serena del Gobierno Revolucionario?; ¿saben ustedes el porqué de esa actitud provocadora frente a la actitud ecuánime del Gobierno Revolucionario?; ¿saben ustedes el porqué de esa especie de obsesión que tienen por Cuba?; ¿saben ustedes el porqué de ese nerviosismo?; ¿saben ustedes el porqué de esa histeria? Por una sola causa: por nuestros éxitos.
Lo que pone nervioso al imperialismo, lo que no deja dormir a Kennedy, lo que lo lleva a una política de agresión más agresión, y de amenaza más amenaza, y de declaración más declaración contra Cuba, son, sencillamente, nuestros éxitos. ¡De qué dolor de cabeza se habría librado el imperialismo, si en vez de éxitos, cosecháramos fracasos!
Y es extraordinariamente curioso, que en el preciso momento en que los gobernantes de esa nación confiesan la tremenda crisis económica que se les encima, que en los precisos momentos en que los gobernantes de esa nación confiesan que el desempleo aumenta, y confiesan que entran en una etapa de verdadera crisis, es altamente curioso, que en el mismo minuto en que confiesan su fracaso y el descalabro de su economía, no se resignen a dejar vivir en paz a un pueblo que está declarando los extraordinarios éxitos de su economía, y que lejos de ir en aumento el desempleo, desaparece el desempleo (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, seguro, a los yanquis dales duro!”).
Es extraordinariamente curioso, que cuando los gobernantes de un país confiesan que se ha producido una parálisis en el desarrollo de la agricultura de ese país, en Cuba sea tan extraordinario ese desarrollo que tengamos que enviar a los obreros industriales al campo a trabajar para recoger las cosechas; es verdaderamente curioso, que los que confiesan los fracasos de su sistema, los fracasados, no se resignan a dejar en paz a los que triunfan.
Y nosotros podríamos preguntarle al señor Kennedy: Si tu sistema es mejor que el nuestro, ¿por qué mientras aumenta el número de millones de desempleados en Estados Unidos, en Cuba tenemos que organizar batallones de voluntarios para ir a trabajar a los campos? ¿Por qué mientras tus fábricas se cierran y tus industrias trabajan al 30% o al 40% de su capacidad, nuestras fábricas trabajan 24 horas, y muchas fábricas paradas se están abriendo a la producción?
¿Por qué mientras la agricultura se paraliza en tu país, miles y miles de tractores en Cuba abren nuevas y nuevas áreas a la producción?
Si tu sistema es mejor que el nuestro, ¿por qué en tu país, sin agresiones económicas, sin embargos de maquinarias, sin que nadie les impida recibir materias primas libremente, por qué en tu país sin ninguna de esas dificultades ni agresiones hay problemas y, sin embargo, en nuestro país con todas esas agresiones, sin embargo, no hay problemas?
Si tu sistema es mejor que el nuestro, ¿por qué ustedes marchan hacia la crisis y nosotros marchamos hacia el progreso? Y si tu gobierno es mejor que el nuestro, si tus ministros son mejores que los nuestros, si tus funcionarios son mejores que los nuestros, si tus politiqueros son mejores que nuestros revolucionarios, ¿por qué no se van los domingos a ayudar a los campesinos a recoger el maíz? , ¿y por qué no se van a trabajar en los campos, para trabajar en algo? —vean ustedes, no les queda ni el chance de ir a trabajar—, porque el problema que tienen es que sobra gente, y si fueran a trabajar estarían desplazando a uno más del trabajo. Es decir, que no les queda ni el chance de ir a ayudar a los granjeros a recoger maíz, y tienen que cruzarse de brazos, impotentes, ante la crisis.
Vean ustedes si ese sistema imperialista está caduco y está condenado al fracaso, en que el trabajo se ha vuelto un enemigo del progreso, en que trabajar más significaría más hambre. Vean si ese sistema está condenado a muerte. Si allá no pueden resolver los problemas trabajando y tienen que holgar los hombres y las mujeres, y tienen que holgar los gobernantes para seguir nutriendo los ingresos de una casta de parásitos.
Es decir, el pueblo norteamericano tiene que renunciar al trabajo, y si trabajaran más, más crisis; y si Kennedy fuera a trabajar, más desempleados en Estados Unidos; y si los senadores fueran a trabajar, si los representantes fueran a trabajar, si los del FBI fueran a trabajar, si los del Pentágono fueran a doblar el lomo sobre la tierra, si los almirantes fueran a trabajar, si los generales fueran a trabajar, y los charlatanes fueran a trabajar en ese país... Esos no trabajan ni allá ni acá (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, seguro, a los yanquis dales duro!”, que tienen que ser acallados con los acordes del Himno Nacional).
¿Qué sistema es ese en que, si toda esa gente fuese a trabajar, habría más desempleo y más problemas?
Creo que los curas tienen una gran simpatía aquí en esta asamblea. Pero, sin embargo, hay un cura bueno que tiene simpatías aquí, ¿cómo se llama? (EXCLAMACIONES DE:“¡El padre Lence!”) El padre Lence, porque es un cura que está con la Revolución, tiene las simpatías del pueblo (EXCLAMACIONES DE: “¡Lence!, ¡Lence!”). Por eso, por eso quieren excomulgar al padre Lence: porque está con la Revolución.
Estábamos hablando del imperialismo. En fin, lo que queríamos demostrar es lo absurdo que resulta que quienes están con el agua al cuello ya, estén hablando de las maravillas de aquel sistema, y no queriéndole perdonar la vida a una revolución que ha venido a resolver todos los problemas, y que no quedará un problema que no resuelva en nuestro país. ¡En vez de aprender de nosotros!, ¡en vez de copiar de nosotros!
¿Quiere el señor Kennedy que no haya más desempleo en Estados Unidos? Pues que nacionalice los grandes monopolios , que nacionalice las grandes empresas de servicios públicos, que nacionalice los bancos, para que los bancos dejen de ser empresas privadas al servicio de unos cuantos millonarios; que suprima las bases militares en el extranjero; que cese la carrera armamentista, que deje de fabricar cohetes y acorazados; que haga una política de paz, y verá entonces cómo se acaban los problemas y las crisis en Estados Unidos y de paso se acaban los problemas en el mundo.
Y en vez de copiar de nosotros, mientras el agua les llega al cuello, pretenden que nosotros desaparezcamos de la faz de la Tierra. Y esa es la sin razón del imperialismo: prisionero de sus propias contradicciones, prisionero de toda la telaraña que ellos mismos han armado. Y por eso han llegado a esa posición absurda en que allí no se puede trabajar. ¿Para qué o por qué? Sencillamente, porque aquel es un sistema en beneficio de una clase absolutamente parasitaria.
El pueblo tiene que renunciar al trabajo; no se sabe que exista en el mundo ninguna otra cosa capaz de crear bienestar, que el trabajo; no se sabe de que exista ninguna otra fuerza en el mundo capaz de crear bienes, capaz de crear riquezas, capaz de producir bienestar, que el trabajo. Lo que nada produce es el ocio, el ocio conduce a la ruina, a la pobreza, y el trabajo conduce al bienestar. Y cuando un pueblo tiene que renunciar al trabajo, está condenado a la ruina. Y el pueblo norteamericano tiene que renunciar al trabajo sencillamente para que puedan vivir los parásitos; es todo un pueblo condenado a la ruina para engordar tricocéfalos. Es decir: monopolios, millonarios, banqueros, senadores, politiqueros, curas, en fin: generales, almirantes, esbirros, delincuentes internacionales, chivatos, vendepatrias, espías, comevacas . Y el pueblo de Estados Unidos está condenado a renunciar a los beneficios del trabajo en beneficio de esa casta. Y esa es la triste situación de Estados Unidos.
Y, ¿cómo es que nos van a venir a convencer de que aquel sistema es bueno, si ellos mismos están declarando que tienen un tremendo déficit de reserva, que hay cerca de 6 millones de desempleados, que se avecina una tremenda crisis económica? No lo decimos nosotros, lo dice el señor Kennedy. Ahora, lo que hace falta es que termine de decir por qué; no basta con que diga que hay como 6 millones de desempleados; no basta con que diga que hay crisis en la economía; no basta con que diga que hay déficit, un déficit de varios miles de millones en la balanza de cambio, sino que diga por qué; no basta con pararse allí en la Cámara y en el Senado de aquel país, a decir: está pasando esto y esto y esto, sino que hay que decir el porqué. Pero el señor Kennedy no puede ni siquiera decir el porqué. El sabe perfectamente el porqué, y sabe también el porqué no lo puede decir.
Y esa es la tragedia del gobierno imperialista, esa es la explicación de por qué mientras el Gobierno Revolucionario tiene una actitud serena, ecuánime, dedicado al trabajo, ese señor se ha dedicado, cinco veces en 20 días, a atacar a la Revolución Cubana. ¿Por qué? Si nosotros, en vez de tener que mandar la gente a trabajar, tuviéramos, en vez de medio millón, un millón de desempleados, ¿tendría que preocuparse el imperialismo? Si nosotros, en vez de la cantidad de azúcar que vamos a moler este año , se nos hubiese reducido a un 50%; si nosotros, en vez de tener suficiente producción de carne para mantener toda la demanda de carne a un precio mucho más bajo del que había antes de llegar la Revolución al poder, y mantener los abastecimientos de pescado, de leche, de huevos, de frijoles, de arroz, de alimentos en general, ¡hasta para los cocodrilos!, los cocodrilos que, por lo menos, van a dar una piel útil, no como los cocodrilos de antes.
Si nosotros, en vez de haber aumentado la producción agrícola considerablemente, y la producción industrial; si nosotros, en vez de tener una producción suficiente para satisfacer el aumento extraordinario de dinero en manos del pueblo, por los aumentos de salarios, por las rebajas de los alquileres, por el aumento de empleo, si en vez de eso, fuera al revés, ¿tendría que estarse preocupando el imperialismo? Si en vez de crecer el prestigio de la Revolución Cubana frente a la incesante y sistemática campaña de todos los órganos entregados al imperialismo y de sus agencias de cables, el prestigio de la Revolución decreciera en América Latina, ¿tendría que preocuparse el señor Kennedy? Si nosotros estuviésemos fracasados, ¿tendría que preocuparse el señor Kennedy? No. Podría acostarse a dormir tranquilo. El, los magnates del dinero, del oro, los generales del Pentágono, los almirantes de la flota, los banqueros, los accionistas de la United Fruit y de todas las compañías, estarían tranquilos; y, sin embargo, ¿por qué no duermen?
¿Qué están reconociendo ante el mundo? Si le dedican cinco declaraciones en 20 días a combatir a Cuba, ¿qué están confesando ante el mundo? Confiesan que Cuba triunfa, confiesan que Cuba prospera, confiesan que el triunfo de la Revolución crece, confiesan su fracaso, que han fracasado todas sus medidas de agresión; peor todavía: que han fracasado sus campañas, que cada día es más evidente y más cálida la solidaridad de los pueblos hermanos de América Latina con Cuba.
Y han tenido que hacer cosas todavía peores. Nosotros recordamos la campaña que hacían contra la Unión Soviética, y decían que había una cortina de hierro en la Unión Soviética, y levantaron esa leyenda; y, sin embargo, ahora los que han puesto una cortina de hierro en Estados Unidos son ellos, que han prohibido a los ciudadanos norteamericanos viajar aquí. ¿Por qué? Es decir que se ha dado el caso de que, en vez de ser nosotros, que podíamos muy bien haber adoptado esa medida, y que si la hubiéramos adoptado estaría muy bien adoptada, para que no nos enviaran saboteadores, ni espías, ni mensajeros contrarrevolucionarios, ni transportadores de bombas y de oro mercenario; sin embargo, vean cómo son las relaciones entre Cuba y Estados Unidos que nosotros, el país chiquito, el país pequeño, no hemos sido los que hemos prohibido que viajen allá los cubanos, no hemos sido los que hemos prohibido que viajen aquí los norteamericanos, y son ellos, el imperialismo poderoso, el imperialismo fuerte, el que ha prohibido que viajen los norteamericanos aquí. Es decir, que han adoptado una actitud absolutamente defensiva frente a la Revolución Cubana.
¿Es por el daño que vayan a hacer a nuestra economía? No, si el turismo hace rato que ellos lo paralizaron, porque a ese turista frívolo, a ese ya lo habían asustado hace rato, y desde hace muchos meses a Cuba no venían los turistas frívolos, desde hace muchos meses venían escritores, intelectuales, líderes negros, líderes juveniles, periodistas honestos; y esos no dejaban divisas. La preocupación no era económica, la preocupación era política; no querían que los líderes negros del sur de Estados Unidos viesen la igualdad social que hay en nuestro país; no querían que los hombres honestos de Estados Unidos, los escritores honestos, los periodistas honestos y los políticos honestos de Estados Unidos vinieran aquí. Nosotros no les cerrábamos las puertas, nosotros les decíamos: Vengan para que vean; vengan para que vean cuántas escuelas hemos abierto, cuántos cuarteles hemos convertido en escuelas, vengan para que vean el respaldo que tiene la Revolución en el pueblo; vengan para que vean las cooperativas ; vengan para que vean las granjas del pueblo; vengan para que vean nuestras montañas; vengan para que vean nuestros campos; vengan para que vean las miles y miles de casas que estamos construyendo; vengan para que vean, y hablen con el pueblo; vengan para que vean que todo eso es mentira, lo que escriben contra nosotros. Resultado: prohibido venir a Cuba.
¿Qué confiesan con eso? Su fracaso, su temor al ejemplo y a la verdad, a la influencia que pueda tener Cuba, no ya en América Latina, sino en los propios Estados Unidos, porque tan vecinos somos nosotros de ellos como son ellos de nosotros, y si en Estados Unidos viene una crisis muy seria, entonces peor todavía, peor todavía, porque hay muchos norteamericanos honestos, capaces de comprender el ejemplo de Cuba.
Ahora están muy preocupados por una planta de radio que Cuba va a lanzar al aire . ¿Ellos se toman el derecho a lanzar cuantas plantas les venga en ganas, para predicar la contrarrevolución en nuestro país?, pues, ¡Cuba se siente con el derecho de lanzar sus verdades a las cuatro direcciones del mundo! ¿Ellos se sienten con derecho a aprobar un crédito para los exilados contrarrevolucionarios?, pues, ¡Cuba se siente con el derecho de aprobar un crédito para ayudar a los exilados portorriqueños y a los exilados revolucionarios en toda la América Latina!
Cuba, Cuba va a ir a la ONU a declarar que si Estados Unidos se cree con el derecho a promover la contrarrevolución en Cuba, y se cree con el derecho a promover la contrarrevolución y la reacción en América Latina, ¡Cuba se siente también con el derecho a alentar la Revolución en América Latina! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Revolución!, ¡Revolución!”, y  “¡Cuba sí, yanquis no!”)
Lo que no puede ser es que ellos se consideren con el derecho a promover contrarrevoluciones, y se consideren con el derecho a estar enviando armas constantemente a los contrarrevolucionarios en Cuba —armas yanquis, de las cuales tenemos miles ahí capturadas— , que se consideren con el derecho a ayudar económicamente a los contrarrevolucionarios, y pretendan que Cuba no vaya a tener, en legítima defensa, el derecho de ayudar a los revolucionarios, y pretendan que el imperialismo tenga derechos de acción contra Cuba y que Cuba no tenga derechos de acción contra el imperialismo. Y si el imperialismo se cree con derecho a realizar todas esas acciones contra nosotros, ¡bienvenidas sean esas acciones, porque nos dan derecho a realizar acciones similares contra el imperialismo!
Y esperamos que el señor Kennedy no pretenda que la lógica haya desaparecido del mundo; porque nosotros estamos hablando con estricta lógica y con estricta razón, pero eso no quita que mañana el señor Kennedy declare que“ni la razón ni la lógica existen”. Y en virtud de esa lógica es que nosotros proclamamos nuestro derecho a defendernos del imperialismo. Miedo aquí, hace rato que nadie tiene (EXCLAMACIONES DE:“¡No!”). ¿Miedo aquí al imperialismo?: ¡Ninguno! La suerte está echada desde que la Revolución Cubana surgió al mundo; y la Revolución Cubana seguirá existiendo, por mucho que les duela eso a los señores imperialistas; y la Revolución Cubana seguirá triunfando, por mucho que les quite a ellos el sueño.
¿Piensan que van a intimidar al pueblo de Cuba? ¡Qué ingenuos son!, ¡qué ignorantes son! Si tuvieran dos dedos de frente, fueran capaces de ver lo que está pasando aquí, y si se dieran cuenta que nosotros con la inmensa mayoría del pueblo podemos aniquilar aquí tranquilamente a los contrarrevolucionarios, y si se dieran cuenta de que con lo que cuentan es con una minoría, la mayor parte de los cuales han huido, sencillamente, y nos han dejado todas sus casas y sus bienes, donde vamos a meter decenas de miles de estudiantes, porque hay un gran capital invertido.
Cuando hablábamos de lo que el pueblo ha creado, se nos pasó recordar que mucho de lo que ellos se apropiaron indebidamente, está regresando al pueblo, porque ustedes fueron los que produjeron esos palacetes, esos repartos enteros, esos círculos sociales —antiguos clubs— fastuosos, que están regresando al pueblo .
Y el pueblo tendrá playas de sobra, y lugares de esparcimiento de sobra, y los hijos de los obreros y de los campesinos...
Y les voy a decir una cosa para recordársela también a los imperialistas, y es lo siguiente: los invitaría a ir al reparto Cubanacán, donde tenemos 200 niños de la Ciénaga de Zapata, que están estudiando cerámica, mecánica; y dentro de algunas semanas tendremos 600, solo de la Ciénaga, es decir, del gran Parque Nacional de la Ciénaga de Zapata, y todos van a regresar allá. Y vamos a tener, ¿saben cuántas campesinas, hijas de campesinos? Vamos a tener este año estudiando, con las casas que nos han regalado, o mejor dicho que nos han devuelto, ¿saben cuántas campesinas?: ¡Doce mil campesinas!
¡Vamos a tener más campesinas estudiando corte y costura aquí que hijos de millonarios en las universidades norteamericanas! Y esas 12 000 campesinas van a regresar este mismo año con 12 000 máquinas de coser, y, ¿saben a cuántas campesinas van a enseñar?: ¡A ciento veinte mil campesinas! ¿Qué les parece?
Y cualquiera que vea a esos muchachos de la Ciénaga de Zapata, se dará cuenta de lo que es la Revolución, porque esos niños están viviendo en las residencias de los que se fueron, y esas residencias tienen magníficas salas, comedores —nosotros lo que hemos hecho es distribuir bien las habitaciones en literas—, formidables jardines, piscinas todas las casas. En definitiva, que esos niños de la Ciénaga de Zapata están estudiando en mejores condiciones de la que estudian los hijos de los millonarios, porque ningún hijo de millonario tiene la residencia que tienen aquí estos niños de la Ciénaga de Zapata, ni esos jardines, ni esas piscinas.
Y aquí tenemos capacidad en las casas que hicieron ustedes, y que fue producto del trabajo de ustedes, porque lo que a ustedes les quitaban no se invertía en beneficio de los niños, no: se invertía en hacer palacetes, piscinas, comprar cuatro Cadillacs, irse a París. En eso se invertía el esfuerzo de ustedes. Y hoy lo que es del pueblo vuelve al pueblo; y hoy esas casas son sitios donde encuentran una verdadera y legítima felicidad, y forjan un porvenir los hijos de las familias humildes.
Y mientras más humildes, y mientras más apartados y olvidados sean los rincones de donde esos niños vengan, más satisfacción para la Revolución Cubana, y más terrible decepción y amargura para los enemigos de la Revolución Cubana.
¿Y quién es el que puede venir a decir que eso no es justo? ¿Quién es el que puede venir a decir que era mucho mejor que en unos barrios aquí super aristocráticos vivieran unos cuantos millonarios, mientras estos niños se morían allá comidos de parásitos en los campos, sin adquirir ninguna preparación? ¿Y quién puede negar que es mucho más justo, más humano y más útil a la patria, que en esas mismas residencias se alberguen miles y miles de niños, estudien miles y miles de campesinas, que no solo van a estudiar, sino que van a enseñar a las demás?
Había en Varadero un reparto donde en 30 casas caben 1 000 niños de vacaciones, y todos esos niños, todas esas campesinas, las directoras de los círculos infantiles, las instructoras revolucionarias, las 18 000 personas de los distintos cursos, sin contar, por supuesto artillería, etcétera, no, solamente en estudios de este tipo van a pasar nada menos que por el sitio de vacaciones de los supermillonarios, y se van a pasar los días que les corresponda de vacaciones en Kawama nada menos. Y no solo ellos: el pueblo también.

Todas esas residencias las estamos convirtiendo en albergues. El Instituto de la Industria Turística este año va a tener para el pueblo, albergue para 6 000 personas en Varadero — la playa de los millonarios—, de donde cualquier obrero, por ejemplo, que gane 90 pesos, podrá ir a cualquiera de esos albergues, y, si lleva la funda y las sábanas, por 50 centavos se puede hospedar allí. Si no quiere, pagará la funda por una bobería. Es decir, el costo es un peso más la rebaja que le toca a los círculos sociales. Y como todo el mundo es socio, todo el que paga el 4% es socio, obtiene según los ingresos, una rebaja.
Es decir, ustedes pueden ir pensando, ustedes los miembros de los Consejos Técnicos Asesores pueden ir pensando en viabilizar las vacaciones de los trabajadores y sus familiares, pues estamos preparando centros donde por cantidades verdaderamente módicas puedan pasar las vacaciones. Es decir que nosotros no hemos empobrecido a los ricos, sino que hemos enriquecido a los pobres.
Antes había que ser millonario para ir a Kawama, y ahora cualquier hijo de ustedes puede ir a Kawama; cualquier campesina de las cooperativas, o de las montañas, o de las granjas del pueblo, o de los pequeños agricultores, que esté aquí estudiando, tendrá sus vacaciones. ¿Les vamos a cobrar por eso? ¡No! ¿Les vamos a cobrar por la máquina de coser que les vamos a entregar? ¡No! ¿Cómo van a pagar eso? Pues, sencillamente, con su trabajo: enseñando durante un año, gratuitamente, a sus vecinas.
Además, esas escuelas son forjas de verdaderos revolucionarios. Y les voy a contar cómo trabaja la contrarrevolución. Cierto día se presentó una madre de uno de estos niños de la Ciénaga, muy preocupada, que quería llevarse a sus dos hijas. Y no decía por qué se las quería llevar. Y por fin, conversaron con ella; ese día había un grupo de artistas, estaba el Indio Naborí y otros artistas revolucionarios, que habían ido allí a trabajar para los niños. Y aquella madre se quedó, terminó cantando con los niños; y entonces desistió de llevarse a las niñas. Y entonces contó lo que había ocurrido, y es que le habían dicho que no iba a ver más a sus hijas, porque a sus hijas se las iban a llevar para Rusia. Para que ustedes vean la bajeza, cómo los gusanos no se resignan a ver estas cosas, porque esta obra es insoportable, estas cosas son insoportables, eso les quita el sueño.
¿Cómo sabotear eso?, ¿cómo obstaculizar eso?, ¿cómo evitar que sean felices esos niños y esas familias? Ir allá a largar la insidia y la mentira, a sembrar la intriga de decirle a una madre que no va a ver más a los hijos. Es posible que una epidemia o una enfermedad sí privara a esa madre de volver a ver a sus hijos, posibilidad que ya no existe. Sin embargo, los gusanos van allí a tratar de inquietar a esa madre.
Claro que eso lo logran en muy contados casos: uno de 100. Pero cuando esos niños les hablan a los demás, y les explican qué están haciendo y cómo están viviendo, lo que ocurre es que todos los niños quieren venir, todas las madres quieren enviar a sus hijos.
Vean también cómo decían cosas similares de los círculos infantiles, que si se les iba a quitar la patria potestad a los padres, como si la patria potestad fuera un monopolio o una industria, es decir, o una mina o un central azucarero; como si la patria potestad fuese un instrumento de producción. Y les decían que les iban a quitar a los padres la patria potestad.
Sin embargo, vean cómo hoy la idea de los círculos infantiles tiene todo el calor de las madres cubanas, que han comprendido lo que es esa institución verdaderamente humana y que es la que de verdad les va a garantizar a las madres la felicidad de sus hijos, la educación de sus hijos. Y así van triunfando los círculos infantiles, como los círculos obreros.
Y hoy nosotros pasábamos por la Avenida Primera y veíamos la cantidad de antiguos clubs que están pasando ya a los círculos sociales obreros. Y no solamente vamos a tener todos esos clubs antiguos, sino todos los círculos obreros que se están haciendo en todas partes de la isla. ¿Quiénes iban antes? Unos pocos; el pueblo no podía ir. El pueblo hoy puede ir a esos lugares, cualquier ciudadano del pueblo. Era tanto lo que se había invertido en sitios de recreo, era tanto lo que se había invertido en hoteles fastuosos, en clubs, en palacetes, en Varadero y en todos esos sitios, que con lo que se había invertido todo el mundo puede disfrutar de eso. El absurdo es que aquí nada más podían disfrutar de esos servicios unas pocas familias. ¿Cómo pueden los enemigos de la Revolución contrarrestar esas realidades? ¿Cómo pueden los esbirros desde Miami, o desde el púlpito, contrarrestar estos hechos y estas verdades? ¿De qué manera se las van a arreglar frente a los cientos de miles que hoy trabajan y que ayer no trabajaban, frente a los cientos de miles de niños que hoy tienen escuela, frente a la verdad palpable y tangible de todo un pueblo que hoy tiene casas, que hoy tiene playas, que hoy tiene trabajo, que hoy tiene libros, que hoy tiene escuelas, escuelas de adultos y escuelas de niños? Hay madres que están en escuelas. En la escuela de directoras de círculos infantiles hay 300 mujeres, muchas de las cuales son madres, y están internas, y aquellas que son madres tienen también en las casas, en esos palacetes, una habitación para albergar niños. De manera que ellas van a estar en un curso de seis meses y pueden de cuando en cuando traer a sus hijos con ellas. La Revolución se preocupa de que estas madres revolucionarias no vayan a estar seis meses sin ver a sus hijos, o que los hijos estén sin verlas a ellas. Y no solamente hay madres, ¡hay hasta abuelas estudiando en esas escuelas!
Jóvenes, niños, adultos... la oportunidad de estudiar, la oportunidad de estudiar en Cuba y fuera de Cuba, la oportunidad que se abre por igual a todos. Hay un curso de 400, si es que no me equivoco, 400 administradores de empresas, hombres adultos que están estudiando, obreros que están estudiando. Antes no se estudiaba eso, hoy se estudia. Y muchos de ustedes tendrán también que pasar cursos, porque nos interesa que cada cual sepa cumplir su tarea, y hay miles de estudiantes becados. Hoy las universidades se abren a la inteligencia, ayer se abrían al privilegio; para estudiar ayer, había que ser un privilegiado social; para estudiar hoy, hay que ser un privilegiado de la inteligencia; antes se perdían las inteligencias, hoy las inteligencias se cultivan, y basta ser inteligente y tener deseos para poder ir a una universidad; y ahí están las becas para hacer ingenieros. Y en el futuro tendremos miles y miles de ingenieros, de médicos, y todo el personal técnico que nos quieran quitar.
El imperialismo se trata de robar nuestros técnicos, no porque los necesite, sino para hacernos daño, y tienta, soborna, intimida, compra, para dejarnos sin médicos, sin ingenieros, sin arquitectos. Eso es lo que hace el imperialismo. Pero eso tiene también una contrapartida: los cobardes se van, los mercenarios se van, pero hay una cosa: de América Latina ya hay muchos médicos y muchos ingenieros que quieren venir a trabajar a Cuba. ¿El imperialismo nos roba técnicos? Bien. Hay muchos arquitectos, ingenieros y médicos recién graduados que no quieren en América Latina trabajar en empresas imperialistas y quieren venir a trabajar en Cuba.
Así que todo tiene su contrapartida. Pero la gran realidad es que la Revolución avanza en todos los campos, y la obra de la Revolución es incontrastable: triunfa en la industria, triunfa en la agricultura, triunfa en la pesca, triunfa en la educación, triunfa en el deporte, triunfa en la cultura, triunfa en la defensa, triunfa en todos los campos. ¿Y de qué manera pueden contrarrestar eso, cómo podrán contrarrestar los tremendos efectos del ejército de los 100 000 jóvenes que marcharán desde el mes de abril a alfabetizar? Y logrará la Revolución, con un capital, con ese capital que es el pueblo, con ese capital que tenemos en gente joven, con ese capital de entusiasmo; movilizando esos elementos humanos, movilizando la juventud, enviaremos 100 000 maestros a los campos a realizar una tarea que si se fuese a pagar en dinero costaría cientos de millones de pesos y que, sin embargo, a la Revolución le costará 12 millones de pesos. Pues, sencillamente, la ropa, los zapatos, la ayuda que hay que darle a cada muchacho para sus alimentos, y así tendremos 100 000 maestros durante seis meses.
Es bueno que todos ustedes estimulen a los jóvenes a enrolarse en ese ejército. Ya estamos haciendo los uniformes, las mochilas, las botas y, en fin, estamos preparando el equipo de ese ejército; deben enviar a sus hijos, deben estimular a los jóvenes para que todos se enrolen: los varones y las hembras. Los varones van a estar, van a ir a los lugares más apartados; las jóvenes van a estar en campamentos, en los pueblos. Es decir, enviaremos a los varones a los lugares más distantes, cada uno de ellos con sus jefes, y las jóvenes irán también con personas responsables que estarán al cuidado de ellas, e irán a los pequeños poblados y a sus alrededores. Vamos a movilizar esos 100 000 maestros que erradicarán el analfabetismo en Cuba, y así a fin de año Cuba podrá presentarse con una de las más grandes victorias en ese campo, que fortalecerá el prestigio de la Revolución en América y que iniciará una era de estímulo para el estudio, una era extraordinaria de progreso cultural en nuestro país, porque a esos que aprendan a leer y escribir se les seguirá estimulando para que sigan estudiando.
Es curioso que, precisamente, cuando después de 60 años de coloniaje, de incultura y de analfabetismo, lance la patria la consigna de educar hasta el último analfabeto, hayan venido los curas falangistas aquí a promover, a tratar de promover una huelga de estudiantes, estudiantes, naturalmente, de los colegios privados; no se les ocurriría ir al barrio de Las Yaguas a promover una huelga allí, ni se les ocurriría ir a un central azucarero a promover una huelga, ni se les ocurriría ir a una granja del pueblo, o a una cooperativa de campesinos o de pescadores. No se les ocurriría ir allí. Ellos van allí a los colegios donde todavía, pues, imperan ellos, inculcando contrarrevolución a los jóvenes, abusando de la generosidad y de la tolerancia de la Revolución, tratando de forjar contrarrevolucionarios para dentro de 10 o 12 años.
Casi no es necesario preguntarlo, pero, en realidad, ¿tenemos nosotros la culpa de esas provocaciones?, ¿tenemos nosotros la culpa de que de una manera tan insidiosa y tan descarada se dediquen a deformar las mentes de los jóvenes, se dediquen a forjar contrarrevolucionarios, sin que nadie les haya impedido la función docente, se dediquen descarada y cínicamente a promover el odio hacia el pueblo, el odio hacia la patria; promover el sabotaje al progreso y a la cultura, a conspirar contra su nación? ¿Es justo que Cuba permita que a su juventud vengan a deformarla quienes están al servicio de las peores ideas y de los peores intereses? (EXCLAMACIONES DE:“¡No!”) ¿Tenemos acaso obligación de tolerar semejante cosa? Puestas las manos sobre nuestros corazones, ¡preguntémonos si existe alguna obligación para el pueblo de Cuba y para el Gobierno Revolucionario de permitir semejante cosa! (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¡Y cabe preguntarse si acaso tema el pueblo, o tema el Gobierno Revolucionario, enfrentarse a ese problema! (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
No somos nosotros los culpables, bastante hemos tolerado. Porque hasta hemos tolerado en aras de nuestro interés de evitarle conflictos a la Revolución; en aras de nuestro interés en el trabajo de la Revolución, sin buscarle a la Revolución problemas adicionales, hemos hasta tolerado que una sinecura tan deshonesta y tan inmoral como es esa de cobrarles a los pobres de este país hasta el pedacito de tierra en que lo entierran. No es que al pobre se le persiga en vida, no es que al pobre se le desaloje solamente en vida, hemos librado a los vivos, hemos acabado con el desalojo, con el desahucio, hemos puesto fin a las injusticias que se cometían con los seres vivientes, y aun no hemos redimido a los muertos.
¿Y saben lo que ocurre con un hombre pobre, saben lo que ocurre con el hermano o la hermana, o el hijo o el padre o la madre de un hombre humilde del pueblo? Pues que tiene que pagar para que lo entierren, tiene que alquilar el pedazo de tierra, y al cabo de algunos años — dos, tres—, esos huesos son convertidos en cenizas.
Las familias humildes no tienen ni siquiera el derecho de conservar los restos de sus seres queridos. Si se trataba de una familia pudiente, podía adquirir la propiedad de un pedazo de tierra y construir una sepultura, pero a los pobres les estaba vedado ese derecho. Los que no podían pagar a precio de oro un pedazo de tierra y construir una bóveda, sabían que apenas transcurrido algunos años, no tendrían siquiera el consuelo de ir a poner sobre las tumbas de sus seres queridos un puñado de flores, porque los restos se volvían cenizas, y las cenizas las arrastraba el viento. Y esa sinecura, inmoral y bochornosa, injusta y cruel, la ha tenido que tolerar la Revolución, cuando es lo cierto que no solo los pudientes, sino también las familias humildes, deben tener derecho, aunque sea, a un pedazo de tierra donde descansar.
Y los muertos también tienen derecho a su pedazo de tierra. La Revolución, en su exceso de generosidad, para evitar que cargaran sobre ella la culpa de problemas, de conflictos con la iglesia, mantuvo intacto esos privilegios. Y son muchos, pero muchos, los esfuerzos que la Revolución ha hecho por evitar esos conflictos, y si esos conflictos al fin no logran evitarse, al menos, el esfuerzo que la Revolución ha hecho servirá para demostrar que la culpa no es nuestra, y que los provocadores no hemos sido nosotros, que la Revolución ha sido respetuosa con las creencias religiosas de los ciudadanos, que la Revolución no interfiere en los íntimos sentimientos de nadie, que la Revolución proclama y proclamará ese derecho.
Sin embargo, no puede significar el derecho por parte de los que enarbolan criminalmente esos sentimientos, de los que fingen representar esos sentimientos, para volverlos contra la sociedad, para volverlos contra la nación, para volverlos contra el pueblo. La Revolución no ha rehuido nunca ninguna batalla que se vea en la necesidad de librar; la Revolución ha hecho esfuerzos siempre por evitar batallas que no tenían necesariamente que librarse para hacerse una revolución.
Y, sin embargo, esos esfuerzos no siempre son premiados con el éxito, porque al parecer hay privilegios y hay asociaciones de privilegios que hacen imposible, al chocar con uno, evitar tener que chocar con otros. La Revolución no ha querido ese tipo de lucha, y es más, la Revolución nunca estará contra la religión, la Revolución nunca estará contra los que crean, la Revolución jamás pretenderá interferir en lo que pertenezca al fuero interno de cada ciudadano. Y esos son principios inalterables de la Revolución, que el pueblo los comprende perfectamente bien.
Pero sobre esa premisa y sobre esa línea de la Revolución, la Revolución resueltamente se enfrentará, llegado el caso, a los farsantes que quieran explotar ese sentimiento, y a los farsantes que quieran poner ese sentimiento contra el sentimiento de la patria, los farsantes que quieran convertir la religión en una institución antinacional y antisocial; la Revolución no vacilará en enfrentarse a los fariseos, y la Revolución no vacilará en tomar las medidas que sean necesarias. La Revolución sabe tomar medidas cuando el caso lo requiere, porque la Revolución sabe que es justa y sabe que tiene la razón, y saber eso da la fuerza que se necesita, y la moral que se necesita, y el apoyo que se necesita.
Batallas duras el pueblo de Cuba ha tenido que librar; a circunstancias difíciles el pueblo de Cuba ha tenido que enfrentarse más de una vez, y el pueblo de Cuba ha aprendido a librar batallas y a ganar batallas. Se enfrentó una vez a las fuerzas militares de la tiranía, y las venció; se enfrenta hoy, victoriosamente, a las fuerzas poderosas del imperialismo; y la Revolución, de la misma manera, no teme ni temerá enfrentarse a las fuerzas del fariseísmo internacional.
Y con esa misma moral que ha emprendido otras batallas, emprenderá las batallas que le falten por librar, y no permitirá, por ningún concepto, que bajo ningún pretexto los enemigos de la patria forjen contrarrevolucionarios para de aquí a 10 años. Es lógico que luchemos hoy contra los contrarrevolucionarios que forjaron ayer, contra los reaccionarios que forjaron ayer; es lógico que tengamos que luchar hoy contra la mala semilla que sembraron ayer; pero lo que no tiene ninguna lógica es que tengamos que seguir permitiendo la siembra de contrarrevolucionarios y de reaccionarios hoy, de la mala semilla, para que dentro de 10 o 12 años todavía tengan que estar funcionando los tribunales revolucionarios y los pelotones de fusilamiento.
Porque nosotros tenemos esperanza en que llegue el día en que los enemigos de la Revolución desistan, que llegue el día en que hayamos extirpado la mala hierba de la contrarrevolución. Y porque tenemos esa esperanza, no permitiremos que nos siembren para mañana esa mala semilla, no permitiremos que lleven adelante su plan criminal de crearles enemigos a la patria, para que dentro de 10, 12 o 15 años, todavía tengan que tener vigencia los tribunales, todavía tenga que tener vigencia el grito de paredón; y porque tenemos la esperanza de que algún día haya una patria sin un solo contrarrevolucionario y sin un solo traidor, adoptaremos las medidas necesarias para erradicar de nuestra patria a los sembradores de traidores, a los sembradores de contrarrevoluciones (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, seguro, a los yanquis dales duro!”).
A las nuevas generaciones las deberá forjar la patria en el sentimiento de amor hacia ella; las nuevas generaciones deberán ser generaciones revolucionarias, y es deber de la Revolución forjar a las generaciones futuras, y sería crimen de la Revolución que manos criminales, que manos reaccionarias y egoístas continuaran llevando adelante la tarea indigna y criminal de deformar a parte de las generaciones futuras. Y en el futuro no podemos permitir que quienes formados por la Revolución podrían llegar a ser magníficos revolucionarios, por culpa de los fariseos y de los mercenarios al servicio del oro y del imperio poderoso, se conviertan en reos de traición a su pueblo y a su patria; sería crimen de la Revolución dejar de salvar a un solo joven. Y más culpa de la Revolución que de los reos sería si permitimos que eso ocurra, y culpa sería nuestra, más que de nadie, si dentro de 10 años hay que fusilar a un contrarrevolucionario porque hoy los dejamos en las manos encanallecidas de los que quieren modelar, de manera antisocial y anticubana, las mentes de esos jóvenes, que la generosidad de la Revolución les permitió todavía tener bajo su influencia, generosidad que ellos fueron incapaces de interpretar, y oportunidad que han estado aprovechando para sembrar en esas mentes la mentira, el odio al pueblo y la hostilidad a la Revolución.
Demasiado generosa ha sido esta Revolución, aunque no se arrepienta de ello. La generosidad que hemos tenido ha de servir para que a nadie en el pueblo le quede dudas. Si hubiésemos tomado medidas preventivas, tal vez a muchos les quedarían las dudas, pero hoy no hay un solo ciudadano consciente, que no sepa, y no vea, y no comprenda quiénes son los que han actuado indebidamente, y quiénes son los enemigos del pueblo, y quiénes son los enemigos de la Revolución, los enemigos del progreso, los enemigos de la sociedad y los enemigos de la patria.
Fueron incapaces de adaptarse a la situación; se engañaron y se engañan; se pusieron del lado de los enemigos de la Revolución y de la patria y han retado a la Revolución. La Revolución ni siquiera ha querido librar esa batalla. ¡Ojala hubiese sido posible evitarla! Pero, por cuanto luce muy difícil de evitar, y por cuanto la culpa no ha sido nuestra, la Revolución no vacilará en librar la batalla inevitable, con la misma energía, con la misma decisión, con la misma firmeza con que la Revolución ha librado todas sus batallas.
Hay poderosas fuerzas internacionales: el imperialismo y sus aliados, el fariseísmo internacional, fuerzas poderosas de orden internacional, fuerzas retrógradas, fuerzas antisociales, y si a la Revolución Cubana le toca, a pesar de tratarse de un país pequeño, la tarea de librar frontalmente las batallas contra esa fuerza, la Revolución las librará sin vacilación . Que en su razón de ser y en su derecho a existir, la Revolución encuentra fuerza suficiente para luchar contra todos los que le nieguen ese derecho a ser y existir; ¡que le sobra fuerza en el pueblo, y en el pueblo tiene su fuerza!, no es la batalla de un grupo, no es la batalla de un hombre; es la batalla de un pueblo.
Nosotros sabemos que este pueblo sabe librar batallas y que a este pueblo nadie le va a ganar ninguna batalla.
Lo hemos visto en cada oportunidad; véase, por ejemplo, lo que ahora está ocurriendo: bastó que el compañero Guevara lanzase la feliz iniciativa de incorporarse al trabajo físico, para que la idea prendiera en proporciones tales que hemos visto al pueblo cubano, en estos días, llegar a la cumbre de su entusiasmo creador; hemos visto a un pueblo enarbolar la bandera del trabajo, hemos visto al pueblo redimir el trabajo.
Y aquello que ayer fue mirado con desprecio, aquello que la aristocracia y las clases dominantes enseñaron a mirar con desprecio, es decir, el trabajo físico, hoy lo eleva un pueblo a la más honrosa actividad de ciudadano alguno, y lo que ayer fue como una deshonra, inculcada por los parásitos en la mente del pueblo, hoy se convierte en la mayor honra: el trabajo ha sido redimido, el trabajo se ha convertido en la actividad más digna, más honesta del pueblo, y en el deber más sagrado de todo ciudadano.
Y tiene que progresar necesariamente, y tiene que avanzar necesariamente, un pueblo que de tal manera se lanza a trabajar, cuyas masas en proporción tan gigantesca, se ofrecen a ese esfuerzo, sin distingo de funcionario, de oficio, sin distinción alguna entre magistrados y artistas, entre obreros intelectuales y obreros manuales. Tiene que triunfar un pueblo que es capaz de semejante gesto.
Y en verdad es como para sentirse orgulloso de ser un miembro de este pueblo, un pueblo que de tal manera honra y eleva el trabajo; un pueblo que de tal manera ha renunciado a la frivolidad y a la mentira, para abrazarse enardecido, a la verdad y al esfuerzo serio y responsable; un pueblo capaz de todos los heroísmos, capaz de todos los entusiasmos, que por eso, cuanto se propone lo consigue en todos los órdenes; que por eso, lo mismo defiende la patria cuando es lo que está en el orden del día, como aumenta la producción, como desarrolla una campaña gigantesca de educación, o realiza todas esas actividades a la vez.
Y así aquí, hoy, ustedes lanzan la consigna, la consigna de impulsar el trabajo industrial; ustedes, hoy, enarbolan también una de las grandes metas de la Revolución, la que, con el devenir del tiempo, se convertirá en la más importante de todas. Hemos hecho y estamos haciendo grandes esfuerzos por fortalecer militarmente la Revolución; hemos hecho y estamos haciendo grandes esfuerzos por educar al país; hemos hecho y estamos haciendo grandes esfuerzos, y con éxito, en el desarrollo agrícola del país. Lo más fácil, quizás, ha venido primero en orden de tiempo; lo más difícil y lo más duradero serán las tareas que han de ocupar nuestra atención estos años, y en los años venideros, cada día más: el desarrollo industrial de nuestro país. Y para eso ya hemos dado grandes pasos, y vean ustedes qué gran paso, y vean ustedes qué gran diferencia entre los primeros días de la Revolución y estos días de hoy, qué gran diferencia entre aquellos días en que ustedes tenían que reunirse enarbolando demandas, y estos días en que ustedes se reúnen enarbolando planes de producción sabiendo que el mejoramiento de todo el pueblo dependerá del éxito que tengan en esta empresa; no de la demanda, sino del trabajo; no de pedir, sino de producir. Y que tendrán derecho a recibir tanto como sean capaces de producir, sin que nadie se lo robe, sin que nadie lo invierta en lujos ni ocios, sin que nadie se lo arrebate a nuestro país.
¡Qué días tan distintos y qué porvenir vislumbra para nuestro país! ¡Cómo se ha avanzado, cómo vamos a avanzar! La agricultura ha avanzado extraordinariamente; era más fácil. La agricultura ha absorbido una gran parte del desempleo, que era lo lógico. Se necesita mucho menos técnica y mucho menos maquinaria para poner a producir la tierra que para edificar y hacer funcionar una gran instalación industrial. Pero eso que requiere más técnicos, que ya se están preparando, más programas y más experiencia, viene ahora.
El primer año fue el “Año de la Liberación”, el segundo año fue el “Año de la Reforma Agraria”, este año es el “Año de la Educación”, pero el año que viene será el “Año de la Planificación del Desarrollo Industrial”. Y lo mismo que este año nos hemos reunido con los maestros al empezar el año, en el “Año de la Educación”, de la misma forma que lanzamos la consigna de erradicar el analfabetismo, cerraremos el año, cuando regrese el ejército de alfabetizadores, con un gran acto el 20 de diciembre, para poder proclamar ante el pueblo y ante el mundo que se ha cumplido esa meta. Y así, como tendremos en todos los aeropuertos y puertos de nuestra isla un gran letrero que diga: “En este país todo el mundo sabe leer y escribir”, así también, en el año próximo iniciaremos el año con un gran banquete con ustedes, los miembros de los Consejos Técnicos Asesores y lanzaremos al mundo la noticia de que Cuba ha planificado la economía y proclamaremos nuestro primer gran plan industrial, y nuestra economía industrial y agrícola y en todos los órdenes tendrá ya su primer gran plan por cuatro años. Y ese plan lo haremos con la colaboración de todos ustedes, con el esfuerzo de todos ustedes. He ahí una de las tareas principales de los consejos técnicos: no solo mejorar e intensificar la producción, y ayudar al mejoramiento en todos los órdenes de la vida industrial del país, sino también ayudar a planificar nuestra industrialización, y ayudar a señalar las metas de nuestra economía, y que esas metas sean ambiciosas como todas las metas que nos hemos propuesto.
Ninguna otra actividad habrá requerido de más tesón, de más responsabilidad y de más estudio que esta, sobre la cual se edificará el brillante porvenir de nuestra patria. He ahí, pues, la gran tarea de todos ustedes, de cada uno de ustedes: estudiar el esfuerzo que puede hacer cada una de las fábricas, estudiar el desarrollo que puede hacer cada una de las fábricas y las metas que puede proponerse cada una de las fábricas y cada uno de los consolidados industriales; estudiar las necesidades materiales y de técnicos; brindar esa ayuda indispensable para desarrollar, con el pueblo, un trabajo del pueblo. No será programa de un grupo de teóricos, no serán metas elaboradas en despachos y en gabinetes; serán metas elaboradas en los talleres y en las fábricas.
Y el año que viene lanzaremos esas metas seguros de que, como todo lo que ha hecho la Revolución, será capaz de cumplirlas, sobre todo, cuando lo mejor y lo más capaz de cada centro de trabajo, en el orden técnico y en el orden revolucionario, se ha aglutinado para trabajar en esta tarea.
Y así, cuando todo lo mejor de un país se reúne para trabajar, ese país tiene que triunfar. El año que viene será, pues, el “Año de la Planificación de la Economía y de la Industria Nacional”. Podemos, pues, hoy, marcharnos a nuestras tareas. Cada uno tiene la suya, y nosotros también tenemos nuestro pequeño compromiso de cortar unas cuantas arrobas de caña. Vamos a hacer todo lo posible por cumplir esa meta, pero tenemos que comenzar temprano. Así que nos retiramos.
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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