julio 12, 2012

Discurso de Fidel Castro en la conmemoración del Primer Aniversario del sabotaje a valor "La Coubre" (1961)

DISCURSO EN EL ACTO CONMEMORATIVO DEL PRIMER ANIVERSARIO DEL SABOTAJE AL VAPOR “LA COUBRE”, EN EL MUELLE DE LA PAN AMERICAN DOCKS
Fidel Castro
[4 de Marzo de 1961]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Trabajadores:
Hoy se cumple el primer aniversario de aquel holocausto que costó cerca de 100 vidas de obreros y de soldados cubanos.
Cuando el pueblo se reúne en la tarde de hoy, cumple un deber de cariñoso recuerdo, de homenaje, para aquellos que dieron su vida por su pueblo. No cayeron en un combate, pero no solamente se muere por la patria en los combates. Trabajaban, y trabajaban por la patria, trabajaban para contribuir a la defensa de su pueblo y de su causa. Aquellos obreros y aquellos soldados estaban descargando las primeras armas que llegaban a nuestro país para defender a la Revolución y para defender la integridad y la soberanía de la nación.
Ya desde entonces empezaban los primeros amagos de agresión; ya desde entonces comprendíamos la necesidad de prepararnos y de contar con las armas necesarias para responder a la agresión, para defendernos, para defender los derechos de nuestro pueblo, para defender la integridad de nuestro pueblo, para defender las riquezas de nuestra nación, para defender las vidas de nuestros ciudadanos.
Y eso le preocupaba al enemigo. El enemigo quería un país desarmado, quería un país indefenso. La Revolución tendría que defenderse, porque ninguna revolución se realiza sin lucha, ninguna revolución se desarrolla sin enemigos poderosos, adentro y afuera; ninguna revolución podría liquidar los viejos privilegios, ninguna revolución podría liquidar los intereses extranjeros que explotaban a un país, sin lucha, sin tener que disponerse a resistir la acometida de los enemigos. Y nuestros enemigos principales no era precisamente aquella clase dominante, adormecida y aletargada por el ocio y por el lujo; los enemigos fundamentales de la Revolución no eran enemigos nacionales, eran enemigos extranjeros, estaban representados, o simbolizados, en aquellos monopolios que explotaban desde los muelles hasta las compañías eléctricas, pasando por las minas, por las mejores tierras de nuestro país, y por el grueso de los recursos naturales y las industrias instaladas en Cuba.
Así, por ejemplo, un acto como este, hace tres o cuatro años, habría congregado aquí a una plaga de politiqueros (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”), sargentos de barrio, botelleros y claques mercenarias que por ron, o por migaja, acudían a aquellos actos de la vieja politiquería. Y en esta tribuna no estarían sentados los hombres honrados que aquí se encuentran; en esta tribuna estaría sentado un grupo de asaltadores de la Hacienda Pública (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”); en esta tribuna estarían sentados unos cuantos latifundistas y magnates, con la investidura de Senador o de Representante (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”); en esta tribuna no habrían hombres que trabajaban incansablemente, día tras día, mes tras mes, y año tras año, y en los cuales tiene el pueblo esa confianza y esa seguridad de que por muchos que sean los cientos de millones de pesos de la economía y de la Hacienda Pública que manejen, ni un solo centavo se quedará entre sus dedos . Hombres que viven entregados a una sola idea: el trabajo, el cumplimiento del deber, el servicio a la causa que representan.
Estarían sentados aquí aquellos “manganzones” que dirigían el movimiento obrero (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”), no estarían los líderes honestos e íntegros de la clase obrera cubana. Y estaría, tal vez, una media docena de agentes del FBI, “atacheses ” de la embajada americana (SILBIDOS), y alguno que otro esbirro sin sotana, y con sotana (EXCLAMACIONES DE: “¡Para los curas, paredón!”).
No estarían, como están hoy, distinguidos representantes de las organizaciones mundiales de los trabajadores, ni valiosos intelectuales de América Latina, como los que nos acompañan en esta tarde. Y no sería el pueblo, como hoy, no serían brazos de hombres y mujeres trabajadores, no serían hombres con camisas de obreros, los que estarían cuidando este acto, y esas armas no estarían en manos de hombres del pueblo, que saben por qué están aquí y por qué tienen esas armas en sus manos. Esas armas estarían en manos de porristas y de criminales.
Y alrededor de nosotros, ¿qué contemplaríamos? Pues contemplaríamos una serie de muelles de otras tantas compañías americanas; contemplaríamos barcos mercantes, que a pesar de haber sido comprados, es decir pagados por el Estado, estaban en manos de poderosos magnates de la industria. Y esas cuatro chimeneas que humean de la Compañía de Electricidad, no estaríamos mirando, como hoy, elevarse hacia el cielo de la patria el humo que sale de una fábrica nacional... manejada por obreros que prestan ese servicio al pueblo, y que reintegran a la economía nacional, para construir más plantas termoeléctricas, los recursos que antes se llevaban para siempre al extranjero; y no estaríamos mirando locomotoras y trenes de la nación, ni almacenes de la nación; y esos edificios, los nuevos y los viejos, esos edificios eran edificios donde el pueblo venía, desde tiempos inmemoriales, pagando un alquiler que no representaba para ellos, ni representaría jamás, ninguna seguridad para el futuro. Es decir, que el pueblo no tendría nada.
Ayer nada tenía el pueblo, ni tenía muelles, ni tenía barcos, ni tenía trenes, ni tenía industrias eléctricas, ni tenía almacenes, ni tenía casas. Y hoy, ¡hoy todo es del pueblo!
Para comprender lo que es la Revolución, basta solo con pararse en cualquier rincón de Cuba, aquí o junto a las chimeneas de cualquiera de los ciento sesenta y tantos centrales azucareros; aquí, o en el medio de las montañas, o en el medio de los llanos, y hasta en el medio de las aguas que rodean a nuestras costas, y preguntarse: ¿ayer, de quién era todo? , ¿y hoy, de quién es todo? (EXCLAMACIONES DE: “¡Del pueblo!”)
Para recibir una lección práctica de revolución, basta con situarse en cualquier sitio de la nación, y todo, absolutamente todo, nos estará indicando qué es la revolución, desde el fusil en manos de un hombre del pueblo, hasta las fábricas más modernas; desde la tierra a la industria, pasando por el transporte y, en fin, por el grueso de los recursos económicos y naturales de la nación. Y sin contar lo que ayer no existía y que hoy existe; sin contar con las miles de nuevas escuelas; sin contar con los millones de libros que hoy ilustran al pueblo; sin contar que apenas queda ya un cuartel que no sea una escuela; y, sin contar que a fines de este año podremos proclamar al mundo que aquí todo el mundo sabe leer y escribir . Y así, cuando en cualquier rincón de la patria nos paremos, y veamos que a nuestro alrededor no hay un solo analfabeto, estaremos sabiendo lo que es la Revolución.
Esa es la gran diferencia, la tremenda y abismal diferencia que hay entre el ayer y el hoy, y la que se vislumbra hacia el mañana. Pero la Revolución no es solo realizaciones logradas. Para comprender una revolución, no basta saber lo que una revolución ha hecho o es capaz de hacer. ¡Para comprender una revolución, hace falta saber también el precio que hay que pagar por ella!
Y hemos hablado de lo que tenemos, y constantemente podremos estar viendo y hablando de lo que ha cambiado y de lo que se ha hecho, pero constantemente tendremos también que estar hablando, quién sabe por cuánto tiempo, del precio de luto y de sangre, de los desgarramientos que a nuestro pueblo le quieren hacer pagar los que no pueden contemplar, con resignación y calma, este tremendo cambio entre ayer y hoy; entre el ayer, en que nada era del pueblo, en que el pueblo era el rebaño humano que sudaba y sangraba para servir a los que lo tenían todo; y el hoy, en que el pueblo dejó de ser rebaño para ser dueño, el hoy, en que todo es del pueblo.
Y cuando el barco “La Coubre” estalló, con aquel dantesco saldo de obreros y soldados destrozados por el sabotaje criminal, nuestros enemigos nos estaban advirtiendo el precio que estaban dispuestos a cobrarnos; pero también nos estaban enseñando que por muy caro que fuese el precio que nos obligasen a pagar por la Revolución, mucho más caro iba a ser el precio que le iban a obligar a pagar a nuestro pueblo por haber querido hacer una revolución, si derrotaban a la Revolución ; nos estaban enseñando que las 20 000 víctimas iban a ser pocas, comparadas con las víctimas que le iban a obligar a pagar al pueblo, si algún día fuese posible el regreso del ayer (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”) Nos estaban dando esa lección, que se unía a la otra lección, la lección que la propia Revolución, al transformar la vida de nuestro país, al abrir las riquezas de la nación al trabajo creador, al dignificar al hombre; al elevar a todos los cubanos, sin prejuicios absurdos, a la condición de hombres y no de parias, de dueños de sí mismos y no de esclavos, la Revolución nos había enseñado. Pusieron a nuestro país en el único camino por el que podía optarse: el camino del porvenir y siempre el camino del porvenir, y jamás el camino del regreso al pasado.
Por eso, aquel tremendo holocausto no amilanó a nadie, no acobardó a nadie; aquel tremendo sacrificio debió de ser como una advertencia a los enemigos de la patria, a los enemigos de nuestro pueblo. Y es que estaban dando coces contra el aguijón: que por aquel camino que se empeñaban en seguir, no iban a debilitar a la Revolución, no iban a intimidar al pueblo. Al otro día el pueblo marchó entero detrás de los cadáveres de los obreros asesinados.
Y aquellas milicias que desde el primer momento acudieron, ya con disciplina, a socorrer a las víctimas, de milicias no organizadas ni entrenadas, de milicias no armadas, se fueron transformando en los formidables batallones organizados, disciplinados, entrenados y armados que tenemos hoy.
Y si el imperialismo creía que iba a debilitar al pueblo, la diferencia es harto elocuente; la diferencia entre el día en que estalló “La Coubre” y el día de hoy se puede medir no en armas menos, no en toneladas menos de medios de defensa; hay que medirla en toneladas más, hay que medirla en miles de toneladas más de armas, y armas que ya el pueblo sabe manejar.
Creían que al producir aquel criminal sabotaje, no habría un obrero que volviera a subir a un barco para descargarlo. No habrían transcurrido dos semanas, cuando otra vez otro barco procedente del mismo país, y con idénticas armas, entraba en el puerto de La Habana, y eran miles los obreros que voluntariamente se ofrecían para descargar aquel barco. Y no había ninguna seguridad: las armas venían de un país virtualmente dominado por el imperialismo. Y tan era así, que a las pocas semanas anularon las entregas que estaban pendientes mediante contratos suscritos por el Gobierno Revolucionario.
Y no volvieron más aquellos barcos. Otros barcos verdaderamente amigos, otros barcos que sí tenían y que sí inspiraban la confianza y la seguridad de los obreros, comenzaron a llegar a nuestro país. Desde entonces han llegado muchos barcos, desde entonces han llegado muchas armas en el transcurso de un año.
Sin embargo, no volvieron a estallar los barcos. Aquella explosión, sin género de dudas, había sido fraguada en el extranjero; sin género de dudas, la máquina infernal había sido colocada cuando se cargaba el barco. Y a nadie escapaba quiénes eran las manos criminales que habían preparado aquel sabotaje. Aquel sabotaje no podía haber sido preparado aquí, en un barco manipulado por obreros escogidos, custodiados por soldados veteranos de la guerra; aquel sabotaje solo podía haber sido preparado en el extranjero. No cabía la tesis del accidente, y para demostrarlo de manera irrebatible, se lanzaron desde 500 metros — si mal no recuerdo— de altura algunas de aquellas cajas sin que ninguna hiciera explosión.
El gobierno imperialista de Estados Unidos (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”) era el principal interesado en que aquellas armas no llegaran a Cuba; el gobierno imperialista de Estados Unidos había estado haciendo presiones para que no llegaran aquellas armas. Fracasaron las presiones diplomáticas, porque los aliados del imperialismo a veces se toman ciertas libertades, y en aquella ocasión el gobierno belga, aliado del imperialismo, por razones de intereses económicos, por la necesidad que tenía de vender sus productos industriales, resistió a las presiones del gobierno yanqui y envió las armas.
Pero si un recurso había fallado, otros recursos quedaban. Y como el Servicio Central de Inteligencia se gasta 1000 millones de dólares en mantener un ejército de espías y de agentes en todo el mundo, en Bélgica —sobre todo en Bélgica, gobernado por colonialistas— era lógico que allí tuviera abundantes agentes.
Y cuando en aquella ocasión depurábamos responsabilidades, nosotros declaramos que estaba probado que el accidente había sido afuera, que estaban probadas las grandes presiones realizadas por el gobierno imperialista yanqui para que las armas no llegasen, y que por tanto, nosotros teníamos derecho a pensar que ellos eran los únicos culpables; que “teníamos derecho a pensar”.
Y hablábamos así, sencillamente, porque era la conclusión a que nos conducían los más elementales razonamientos;“que teníamos derecho a pensar”, nos limitamos a decir en aquella ocasión. Hoy, después de un año de experiencia, después de conocer las actividades de ese mismo Servicio Central de Inteligencia con respecto a nuestro país, después de la experiencia de un año en lucha contra ese Servicio Central de Inteligencia yanqui, y después de la experiencia que ha vivido el mundo en este último año, tenemos derecho a decir que tenemos la convicción que fue el gobierno imperialista de Estados Unidos el asesino de esos obreros y soldados cubanos (EXCLAMACIONES DE:“¡Fuera!, ¡Cuba sí, yanquis no! ¡Paredón!”).
Muy pocos escépticos van quedando en el mundo acerca de lo que son capaces los imperialistas. Es posible que en aquella ocasión habría algunos que se pusiesen las manos en la cabeza y se preguntaran: ¿Pero es posible? Quién habría creído entonces que eran posibles cosas todavía más absurdas y todavía más desfachatadas de aquel artero criminal sabotaje, que costó la vida a tantos hermanos nuestros. Quién habría creído posible en aquella ocasión que un pequeño país de Africa, a quien se le acababa de otorgar la Carta de Independencia, pero con todas las intenciones de mantener allí bajo otra máscara el sistema colonial, iba a ser agredido por fuerzas de la metrópoli que lo estaba explotando; que ese país iba a pedir ayuda y protección a la Organización de Naciones Unidas, protección contra los invasores extranjeros, protección confiada que solicitó al organismo internacional, que fue creado precisamente para preservar la paz y para proteger a las naciones de los actos de agresión, que ese organismo enviaría fuerzas a ese pequeño país, y que en virtud de las maniobras de los imperialistas esas fuerzas, en vez de ir allí a proteger a los congoleses contra los soldados belgas, irían allí a promover la división y a
promover la secesión dentro de esa pequeña nación, a promover el golpe de Estado, a sufragar económicamente a los golpistas y a los secesionistas, y que antes de transcurrir un año de la agresión, aquel gobernante del pequeño pueblo del Africa que había solicitado ayuda a la ONU, no solo iba a dejar de recibir protección, sino que los llamados a protegerlo promueven el golpe de Estado y el derrocamiento; y no solo promueven el golpe de Estado y el derrocamiento, sino que promueven el encarcelamiento de ese gobernante; y no solo promueven el golpe de Estado, el derrocamiento y el encarcelamiento, sino que promueven, incluso, el asesinato de aquel gobernante .
Absurdo, habrían dicho los escépticos; imposible, habrían dicho con las manos sobre sus cabezas algunos a quienes se les hubiera dicho que el imperialismo, a la faz del mundo, era capaz de perpetrar semejante hecho. Habrían existido escépticos y descreídos que habrían dicho: ¡Imposible! Y ahí están los hechos, demasiado sangrantes, demasiado crudos, demasiado hirientes a la sensibilidad humana, perpetrado a la vista del universo entero para que pueda quedar nadie que todavía dude de lo que son capaces las fuerzas reaccionarias que quedan en el mundo.
Y aquí mismo, en nuestro propio país, los escépticos escasos que quedaban tienen pruebas más que suficientes, y las tenemos nosotros, de lo que son capaces las fuerzas reaccionarias que quedan en el mundo; de los actos de intromisión y de violación de derechos de los pueblos y de normas internacionales de que son capaces las fuerzas imperialistas. Y aquí mismo, constantemente, tenemos los ejemplos; aquí mismo, nuestro país vive bajo un incesante hostigamiento, bajo condiciones de guerra no declaradas con el Servicio Central de Inteligencia yanqui, que no ha cesado un solo instante de promover y crear, mediante actos de flagrante intervención en los asuntos internos de nuestro país, todo tipo de problemas, de crímenes, de sabotajes y de actos subversivos contra la nación cubana.
Y es un hecho verdaderamente vergonzoso, si es que pudieran ser capaces de concebir la vergüenza, tanto ellos como los que están vendidos a ellos, que actualmente sea precisamente el Servicio Central de Inteligencia yanqui, es decir, que sean agentes yanquis los que manejen todos los hilos de la subversión, de los abastecimientos de armas y de explosivos, con que han estado tratando de promover bandas contrarrevolucionarias y con las que han estado llevando a cabo actos de asesinatos, o actos tan salvajes de terrorismo, como el de hacer estallar una potente bomba en un aula o en una escuela repleta de alumnos (EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón, paredón!”).
De una manera abierta y descarada organizan campos de entrenamiento, de una manera abierta y descarada construyen bases aéreas piratas — que de piratas no tienen absolutamente nada, porque todo el mundo sabe quiénes son los que están construyendo esas bases y compran esos aviones—, de una manera abierta y descarada reclutan mercenarios, entrenan esos mercenarios, con una violación flagrante y absoluta de las normas internacionales, y hasta tienen la desfachatez y el cinismo de publicar sus fotografías en los propios periódicos americanos.
¡Y luego hablan en nombre de “la seguridad hemisférica”!, ¡y luego hablan de que Cuba constituye un peligro para esa seguridad! Y, al menos que estemos equivocados, entendemos que Cuba no está situada en Asia, ni en Africa, ni en Oceanía, ni en la Antártida, ni en el planeta Marte; que Cuba está situada en este hemisferio, y que constantemente el espacio aéreo nacional es violado por aviones que no pueden venir de Venus, ni de Africa, ni de la Antártida, sino que vienen de este continente.
Y, como prueba de lo desvergonzados que son los imperialistas, baste tener presente que mientras hablan incesantemente de esa seguridad, mantienen a nuestro país bajo un constante hostigamiento, por parte de aviones que tienen sus bases en este continente, desde Estados Unidos hasta Guatemala. Y, sin respeto alguno para el Derecho Internacional, no solamente reclutan, arman y organizan mercenarios, descarada y abiertamente, sino que violan de manera incesante el espacio aéreo nacional y las aguas jurisdiccionales de nuestro país, con barcos y aviones procedentes de esas bases contrarrevolucionarias situadas alrededor de Cuba, y que a través de aviones y de barcos traen aquí los explosivos que cuestan la vida de niños, de mujeres y de obreros, cruelmente ultimados mediante actos que no tienen otro propósito que segar vidas, en el intento de ablandar a nuestro pueblo.
Y esa es la palabra que ellos emplean. Ellos emplean esa palabra para indicar que esa es una táctica de “ablandamiento”; es decir, mediante el terror, mediante la bomba que asesina niños y mujeres, mediante atentados cobardes a obreros cuando salen de su trabajo. Y mediante esos procedimientos, agreden y hostigan a nuestro pueblo, tratan de promover bandas de contrarrevolucionarios; y lo triste, y lo verdaderamente ofensivo para nuestro pueblo, lo que constituye una flagrante violación de los derechos internacionales, es que todas esas actividades están directamente manejadas y dirigidas desde Estados Unidos por agentes del Servicio Central de Inteligencia. Es decir que, desde allí, se manejan los hilos de toda la conjura que mata niños, que mata obreros y que de manera cruel e inhumana siega vidas del pueblo.
Y es verdaderamente penoso que las propias marionetas que le hacen el juego no se percaten de la estrategia que está siguiendo el Servicio Central de Inteligencia. Nadie crea, ni por un minuto, que ninguno de esos señores tránsfugas que aparecen como jefes de la contrarrevolución tiene facultades allí para dar órdenes; los movimientos de aviones, de barcos, los embarques de armas y de explosivos, los campamentos militares, absolutamente toda la actividad, está mandada directamente por agentes yanquis (EXCLAMACIONES DE: “¡Abajo!”).
Nosotros tenemos información amplia sobre todos esos detalles; no se mueve un solo barco sin orden de ellos, no se mueve un solo avión sin orden de ellos, no se hace un solo movimiento de tropas mercenarias sin órdenes de ellos. Y lo triste, y lo penoso, es que haya gentes que, por muy miserables que sean, por muy corrompidos que estén, por muy “gusanos” que sean, debieran darse cuenta de la estrategia yanqui. Y basta razonar un poco sobre este particular.
Una de las cosas que ensayaron, fue organizar bandas de contrarrevolucionarios. Así, aprovechándose de la complicidad de elementos seudorrevolucionarios que en la guerra — en la guerra que libró el pueblo, pero que no libraron ellos— se movieron en la zona montañosa de Las Villas, valiéndose de la complicidad de aquellos elementos, y del hecho de que allí, aquella población, no había conocido la Revolución, se dieron a la tarea de promover bandas contrarrevolucionarias, mientras en el extranjero organizaban y entrenaban a los mercenarios.
En determinado momento, valiéndose del peligro de agresión directa que el país se vio obligado a precaver, y alentados por la esperanza de que se iba a producir un inmediato desembarco de infantería de marina, los grupos contrarrevolucionarios llegaron a reunir entre 400 y 500 hombres en sus bandas; es decir, unos 500“gusanos” .
En el exterior, reclutaban “gusanos” y entrenaban”gusanos”; pero en el exterior tenían varios miles, y aquí tendrían unos 500. ¿Qué ocurrió? Se movilizaron las fuerzas necesarias para liquidar esos grupos que no presentaban combates, y que por lo general se dispersaban, y que por tanto era necesario agarrar uno a uno. ¡Y a veces no es fácil encontrar un “gusano” en un hoyo! Por lo tanto, era necesario realizar una operación sistemática, de limpieza. Se movilizaron los efectivos necesarios para realizar esa búsqueda y limpieza total.
Ellos sabían que los “gusanos” de aquí estaban rodeados; ellos sabían que los estábamos persiguiendo sistemáticamente. Y, ¿qué hicieron? Era de esperar que mandaran a los mercenarios, era de esperar que trataran de reforzarlos. Si tienen varios miles en los campos de entrenamiento de Miami y de Guatemala, bien armados y entrenados por oficiales yanquis, era lógico que, desde el punto de vista de sus obligaciones para con su propia gente, reforzaran a los que estaban aquí cercados y sistemáticamente perseguidos, y barridos. ¿Qué hicieron? Se dedicaron a hacer campañas por radio, diciéndoles que “resistieran”, a enviar armas en paracaídas a diestro y siniestro, todas las cuales iban cayendo en nuestras manos.
Nosotros no hemos dado información sobre la marcha de las operaciones, porque entendíamos que eso solo servía para orientarlos a ellos acerca de la situación. Nosotros hemos mantenido siempre el criterio de que cualquier asunto que merezca, que tenga importancia, que tenga gravedad, que signifique algún peligro, debe ser conocido inmediatamente por el pueblo. La situación allí no ofrecía ningún peligro; era un trabajo que llevaba tiempo, puesto que había que realizarlo sistemáticamente, e ir liquidando toda oportunidad de permanecer dentro del territorio que se fuera limpiando. Todo ha ido marchando perfectamente bien; y no se ha brindado información, precisamente para que ellos no se percatasen de la verdadera situación que tenían aquí. Mandaban cargamentos y cargamentos de armas, y a no ser por alguna que otra indiscreción, de alguno que otro reportero que publicaron algunos detalles, se mantenían en secreto esos cargamentos ocupados, y se mantenía discreción sobre la marcha de las operaciones, para no orientar al enemigo, y si era posible, conducirlos al error, no al enemigo interno, sino al enemigo externo.
Era de esperar que ellos trataran de reforzar a los contrarrevolucionarios, a las bandas contrarrevolucionarias aquí. Ellos estaban en la obligación de reforzar esas bandas, pero no desde un avión, con armas en paracaídas que caían en manos de nosotros, sino con hombres. Y si habían estado reclutando mercenarios durante un montón de meses, y entrenándolos, ellos no podían permitir que les exterminaran las bandas sin reforzarlos, porque si no, ¿qué “gusano” vuelve a tomar el camino de las montañas? (EXCLAMACIONES DE: “¡Ninguno!”) Era lógico que los que habían sido lanzados a esa aventura, se consideraran criminalmente “embarcados”. Mas, ¿cuáles fueron las instrucciones que dio el Servicio Central de Inteligencia y el grupo de flamantes cabecillas, marionetas, que tienen allí? ¿Reforzarlos, para ayudar a los que habían

“embarcado”, como era su obligación? No. Las instrucciones que dieron fueron de alzarse a más grupos en otras provincias, es decir, como manera táctica para ayudar a los “embarcados”; embarcar más incautos.
Todos esos intentos fueron desarticulados antes de comenzar. Trataron de hacerlo en Oriente, y fueron capturados antes de que agarraran el monte, y algunos grupitos que lograron reunirse, fueron capturados en su inmensa mayoría, inmediatamente. Otro tanto pensaban hacer en el norte de Las Villas, y unas 48 horas antes de que llegara el momento del alzamiento ordenado desde allá, llegaron los compañeros del G-2, y los enviaron a todos a buen recaudo. Otro tanto tenían planeado en Pinar del Río, y no han podido ni moverse.
Es decir que para apoyar a los “embarcados” dieron instrucciones de “embarcar” más contrarrevolucionarios. ¿Por qué ordenar que 50 o 100 de sus cómplices se vayan a las montañas o al campo a afrontar la fuerza de nuestros batallones, y no mandar, como era más lógico, los miles de mercenarios que tienen entrenando desde hace muchos meses? ¿Por qué, si aquellos no se consideraban con fuerza suficiente para afrontar el choque, envían en cambio a grupos de 50 o 100, sin entrenamiento y sin el armamento que tienen los que están afuera? ¿Qué táctica es esa?
Prescindiendo de las diferencias abismales que nos separan en el orden ideológico, la diferencia entre lo que pensamos los revolucionarios y lo que piensan los reaccionarios, ¿podríamos nosotros mandar un grupo de hombres a combatir, saber que ese grupo de hombres está cercado y a punto de exterminio, y no mandar uno solo de nuestros batallones a socorrerlo? ¿Podríamos nosotros permitir que dos compañías de milicianos estuviesen en apuros, y disponiendo de muchas compañías más no mandar una sola a combatir, y a morir si es necesario, por defender a aquellos que están en una difícil situación?
Y cualquiera que sea la causa que se defienda, buena o mala, cualquier fuerza armada está en el insoslayable deber de apoyar y ayudar a sus hombres en situación difícil, porque no hacerlo así equivale a destruir la moral y la fe de los combatientes, y no es lo mismo un miliciano combatiendo en un punto, sabiendo que no va a recibir refuerzo alguno, que ese mismo miliciano combatiendo, sabiendo que mientras quede un solo cañón, un solo fusil, una sola bala, podrá contar con él para apoyarlo y para combatir a sus enemigos.
Es de una impudicia que no tiene límites, dar instrucciones aquí de que se levanten, prometiéndoles villas y castillas, prometiéndoles el triunfo, prometiéndoles el refuerzo, y dejarlos después abandonados a su suerte. Eso es lo que han hecho. Si el Servicio Central de Inteligencia y los cómplices que han puesto ahí, como supuestos jefes, se equivocaron, y prematuramente lanzaron a la aventura de organizar bandas contrarrevolucionarias a los suyos, estaban en la obligación de apoyarlos y reforzarlos. Es verdaderamente absurdo, y es verdaderamente impúdico y cobarde, que lo que hayan hecho en esas circunstancias es ordenar la formación de nuevas bandas, mientras tienen miles de mercenarios entrenados y armados desde hace meses.
Conversando nosotros en un interrogatorio con uno de esos cabecillas contrarrevolucionarios, le recordábamos cuál fue el proceder de nosotros cuando organizábamos la lucha revolucionaria, y le decíamos:“No teníamos un miserable avión, y allá los mercenarios cuentan con docenas de aviones; no teníamos un miserable barco, y tuvimos que adquirir con un millón de dificultades un yate para hacer la travesía ; no teníamos armas automáticas, y eso no nos detuvo.” Y nosotros le exponíamos:“Cualquiera de aquellos 82 hombres valía, por lo menos, tanto como cualquiera de esa docena de jefes que tienen allá en el extranjero ; cualquiera de nosotros valía, por lo menos, tanto...” Es decir, que tenemos derecho a decir que valíamos tanto como cualquiera de ellos. Nosotros creíamos en una táctica, creíamos en esa táctica, pero no mandamos a nadie de “conejillos de india” por delante; no mandamos 40 o 50 para probar si se podía, mientras nosotros nos quedábamos allá.
Es decir que nosotros todos, todos los compañeros que nos habíamos hecho aquel propósito, sin excepción, y que son los compañeros que llevaron aquella táctica a su pleno desarrollo y llevaron la Revolución al triunfo, y hoy tienen grandes responsabilidades en sus manos, cualquiera de esos compañeros, admítase solamente que vale tanto como cualquiera de esos señores que están allí de ilustres jefes de las expediciones.
Sin embargo, todos nosotros juntos vinimos a correr la misma suerte. Nosotros fuimos, en todo caso, los “conejillos de india”, y no teníamos armas automáticas, ni teníamos un miserable avión, y no teníamos más que una cáscara de nuez para atravesar el Golfo de México. No esperábamos refuerzos desde afuera, y los yanquis no nos mandaban armas a nosotros, sino a Batista; no había esperanza de recibir refuerzo de ninguna índole. Y nosotros vinimos con los primeros, todos nosotros, y ya que creíamos en nuestra causa, y ya que creíamos en nuestras tácticas, vinimos por delante.
¿Qué hacen — y esta es una pregunta que deben hacerse los incautos que se dejan arrastrar por las ilusiones de que tengan alguna posibilidad de triunfo—, cómo pueden justificar los cabecillas contrarrevolucionarios y los del Servicio Central de Inteligencia, dar las instrucciones de alzarse a las bandas de contrarrevolucionarios, dejar que los cerquemos, dejar que los exterminemos, mientras salen retratados en los periódicos allá en los campamentos de Miami y de Guatemala los cabecillas contrarrevolucionarios?
Y si ellos no se sienten con fuerza, a pesar de ser varios miles, para enfrentar nuestras unidades de combate, ¿cómo justificar las instrucciones que dan a grupos de 40 y 50 para enfrentarse a nosotros? ¿No es evidente que están actuando con una impudicia que no tiene límites? ¿No es evidente que están llevando miserablemente al exterminio a su propia gente? Si no, ¿por qué no han desembarcado los mercenarios?, ¿y para cuándo van a esperar desembarcar los mercenarios? ¿Van a esperar que no les quede ni uno solo? ¿Qué esperan? Porque las bandas están siendo liquidadas, y dentro de unos días vamos a brindar una información del número de contrarrevolucionarios capturados y muertos en el Escambray.
Allí no ha habido ninguna batalla; ojala hubiesen hecho resistencia. Bastaría recordar que cuando la gran ofensiva contra la Sierra Maestra, nosotros teníamos menos hombres y menos armas, es decir, menos hombres armados, menos armas de las que les habían mandado a los contrarrevolucionarios. Y, sin embargo, el ejército de la tiranía, con todo su apoyo de aviones y de tanques, salió totalmente destruido en aquella campaña. Nosotros nos posesionamos del terreno y le hicimos resistencia firme, y durante 70 días no se perdió el contacto con el enemigo.
Desde luego, que nosotros sabíamos que todo dependía de nuestro propio esfuerzo, y no podíamos esperar nada de nadie. La mentalidad de estas bandas ha sido la de esperar que vengan. Luego, ¿su misión?: sobrevivir y escapar. Por eso ha sido necesario disponer de tiempo para ir haciendo un trabajo sistemático y cabal. Ya ese esfuerzo está llegando a sus resultados finales. ¿Bajas por parte nuestra?: muy pocas, muy pocas. Son más, por lo general en estas campañas, las bajas por tiros escapados que por escaramuzas. Muy pocas.
Los contrarrevolucionarios y los cómplices se dieron a la tarea de regar rumores para crear la preocupación en los familiares de los milicianos, pero frente a eso nosotros les recomendábamos que escribieran por lo menos dos o tres veces a la semana, para que sus familiares tuvieran noticias constantemente de ellos. Están, con rarísimas excepciones, que han sido las bajas, perfectamente bien todos, saludables, contentos, curtiéndose allí, curtiéndose, aprendiendo y enseñando. Y ya pronto estarán de regreso.
Los últimos días vamos a mandar a algunos batallones de los salidos de las escuelas, para que todos esos batallones pasen por las experiencias de esa campaña. Es decir que vamos, en esta última etapa, vamos a sustituir a algunos de los batallones que llevan más tiempo por los batallones que van saliendo de la escuela, pero de todas maneras, dura poco y están virtualmente aniquilados los contrarrevolucionarios. ¿Los demás alzamientos que trataron de promover?: descabezados antes de comenzar.
Ahora, lo que cabe es preguntar una cosa: ¿por qué han permitido que exterminemos a sus bandas, sin reforzarlas?; ¿por qué no han venido? (EXCLAMACIONES DE: “¡por cobardes!”); ¿qué hacen con miles de hombres entrenados y armados en las bases extranjeras? Cruzados de brazos, mientras les exterminábamos a su propia gente. ¿Qué es lo que le van a decir ahora a nadie, para conducirlo a la aventura de los alzamientos? Y en fin de cuentas, ¿qué esperan? ¿Por qué no vinieron cuando tenían que venir? ¡Ah! ¿Que no están suficientemente preparados? ¡Pues menos lo van a estar dentro de un mes, o dentro de dos meses, o dentro de tres meses!
El único argumento: que no tenían suficiente preparación ni suficiente entrenamiento. Y frente a eso hay un argumento más poderoso: que aquí se organizan y se entrenan, en un mes, y por cada mes que pasa, cuatro veces más de los que ellos organizan y entrenan en un año. Quiere esto decir que las razones que hayan tenido para no venir en estos días, las van a tener multiplicadas por dos para no venir dentro de un mes ni dentro de tres meses. Eso es, sencillamente, lo que quiere decir. Pero que quede constancia que de una manera impúdica y de una manera cobarde, han desmoralizado a sus propias huestes al llevarlas a una situación desesperada de total derrota, sin haber enviado un solo hombre o un solo “gusano” a apoyarlos. Y en verdad, vamos a imaginarnos que Tony Varona... (EXCLAMACIONES Y SILVIDOS)... — un momento, no le dediquen tanta atención, que se va a sentir muy honrado—..., vamos a imaginarnos que es una lumbrera , un cerebro claro y genial, un estratega de la guerra y de la paz, un estadista, un creador, en fin, un genio de la humanidad; vamos a imaginarnos que Justo
Carrillo, por ejemplo, es otra lumbrera, otro genio; que Barquín, que Martín Elena, que todos esos señores, prohombres de la contrarrevolución, son hombres geniales; dignos de preservarse para la especie humana; vamos a pensar que Masferrer, que Ventura, que Sánchez Mosquera, son otros tantos genios del género humano, lumbreras que sean dignas de que la humanidad las preserve como valioso tesoro. Pero cuando esas lumbreras y esos genios se lanzan a la tarea de redentores,} guerreros, conquistadores, Alejandro, Aníbal, Napoleón, Bolívar (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”), no se preservaban como semillas fecundas para que la humanidad contara con muchos de sus descendientes. Todos aquellos genios de la guerra y grandes estadistas, a cuya altura tal vez se supongan ellos que estén algunos de los contrarrevolucionarios, dirigían sus campañas, dirigían sus ejércitos, organizaban y encabezaban sus luchas.
No sabemos de ninguno de ellos que haya mandado por delante durante muchos meses sus avanzadas, sus patrullas, para ablandar el terreno y preservar el grueso del ejército, mientras a esas avanzadas las destruyeran. Suponiendo que se tratase de prohombres insignes, no les queda más remedio que hacer lo que hicieron los prohombres, que hacer lo que hicieron los grandes generales, los grandes guerreros, los grandes estrategas. ¡Qué es eso de aparecerse retratado con un uniforme de kaki, y mandar a la gente a combatir desde Miami! ¡Qué es eso de parecerse retratado en unos campamentos a 1 000 leguas de Cuba, mientras les exterminan a los incautos que“embarcaron aquí”!
Si se han retratado con esos uniformes de kaki, es nuestro más ferviente deseo, y les extendemos la más gentil y amable invitación a ese grupo de ilustres y geniales estrategas, guerreros y prohombres para que, en una especie de paseo militar e inspirados en las musas de Allan Dulles, vengan a perpetrar un maravilloso paseo militar por nuestro país; que nuestro país está deseoso de la visita de tan ilustres guerreros; nuestro país está emocionadísimo por ver en un caballo blanco a los émulos de Aníbal, Alejandro y Napoleón, porque espectáculo tan fantástico no hemos presenciado nunca, oportunidad tan maravillosa no hemos tenido nunca. ¿Y cómo es posible concebir que hombres tan llenos de amor a su pueblo, tan deseosos de libertar a su pueblo, tan deseosos de hacer feliz a su pueblo, tan deseosos de dar la vida por el bienestar y el progreso de su pueblo, no van a complacer siquiera el deseo de nuestro pueblo de verlos desfilar gallardamente, con sus uniformes de kaki, al frente de sus heroicas legiones?
Nosotros no teníamos un miserable avión y vinimos; nosotros no teníamos armas automáticas y vinimos. Incluso, avisamos cuando veníamos, para que quede demostrado que no es tan difícil, y que lo que hicimos nosotros, modestísimos ciudadanos de este país, pueden hacerlo los ilustres prohombres que desde Guatemala dirigen. Lo que fue fácil para nosotros, un grupo de compañeros jóvenes, que ninguno era militar ni guerrero, médicos, abogados, albañiles, como el compañero Almeida... En fin, lo que nosotros, sin barcos, sin aviones, sin armas automáticas, sin millones de dólares, sin apoyo de nadie, hicimos; a pesar de no contar con los talentos que iluminan la inteligencia de esos señores, bien pueden realizarlo ellos. Y por tanto no hay excusa posible.
Y que no hablen de sacrificio inútil, porque sacrificio inútil es el que le han hecho soportar a los incautos que mandaron aquí a alzarse. Ese sí ha sido sacrificio inútil. Y los que asumieron esa responsabilidad es hora de que dejen de retratarse, y nosotros estamos seguros de que hasta los mismos mercenarios comparten el criterio de que esos señores deben venir juntos con ellos.
(AL DOCTOR CASTRO LE ENTREGAN UNA NOTA A LA QUE LE DA LECTURA)
“Teniente del Pino en un chorro derribó al norte de Baracoa avión pirata de dos motores” (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Cuba sí, yanquis no! ” “¡Arriba, abajo, los yanquis son guanajos!” “¡Rim-bom-ba, abajo Caimanera!” y otros gritos revolucionarios que tienen que ser acallados con las notas del Himno Nacional”).
Ya ven ustedes como un país que está dedicado a trabajar, un país que no tiene guerra con nadie, tiene que estar recibiendo “partes de guerra”; y un día pacífico, una tarde como hoy, pues, tranquilamente, haya que leer aquí una especie de parte de guerra:“avión pirata violando el territorio nacional, derribado”. Y esto, sencillamente, ya es a todas horas, es cada día creciente la actividad de los aviones piratas con bases del Servicio Central de Inteligencia yanqui (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”).
Esos son los aviones constantemente violando el territorio nacional; por lo tanto, no tiene nada de extraño. ¡Lo que han tenido es un poquito de suerte!, pero que esa “paseadera ” por encima del territorio nacional se les acabará también. Primero, nos hemos fortalecido en tierra, en tierra en primer lugar, porque lo importante es tener aquí asegurada la base en tierra; y somos fuertes en tierra, somos en tierra inconmovibles. Ahora nos seguiremos fortaleciendo en las demás ramas, y llegará el momento en que no van a poder ni asomar la nariz por los alrededores.
Mientras tanto, han estado campeando: volando de noche, a baja altura, sorpresivamente, lanzando paquetes de propaganda, pero sin que nadie pueda tener seguridad de que cualquier día comience a lanzar bombas.
Y yo sé que aquí nadie tiene miedo (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”). Eso es precisamente lo insoportable para los enemigos de la Revolución, el saber que aquí nadie tiene miedo (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”); y es que parece que duele, es que parece que los irrita, ¡y después que no digan que nosotros traemos toneladas y toneladas de armas! Porque, mientras nos sigan hostigando, mientras nos sigan violando el territorio nacional, mientras sigan exponiendo el país a bombardeos, mientras nos sigan rodeando de bases piratas, mientras sigan entrenando contrarrevolucionarios, ¡vamos aquí a traer montañas de armamentos para defender al país!, ¡y vamos a traer cuantas armas sean necesarias, y del tipo que sean necesarias, para defender al país!
Y que después no salga el “ilustrísimo señor” Berle — o como le llamen—, a decir que este problema de Cuba no es un problema unilateral de Estados Unidos, sino un problema de todo el continente. ¡Como si el continente tuviera que ver nada con los monopolios!, ¡como si el continente tuviera que ver nada con el atraco continuo de los monopolios a los pueblos de América Latina!, ¡como si el continente tuviera la culpa del hambre que hay en América Latina, del subdesarrollo, de la incultura, del analfabetismo!
Y ahora ha inventado el señor... este señor que está ahí ahora..., ha inventado una extraordinaria teoría — ¡qué inteligente!, me veo en la necesidad de rectificar: ¡qué hombre tan inteligente!, ¡qué luminaria rige los destinos de Estados Unidos!—, ha ideado que el problema de Cuba no es ya un problema de Estados Unidos con Cuba, sino del continente con Cuba. Y, que nosotros sepamos, América Latina no tenía un solo monopolio aquí, no tenía un solo latifundio, no tenía una sola compañía eléctrica, no tenía un solo barco, no tenía un solo muelle, no tenía un solo banco, no tenía una sola mina, no tenía un central azucarero; y nosotros, que sepamos hasta ahora, no hemos tenido problemas más que con los monopolios norteamericanos; con nadie más, porque ni por equivocación había un monopolio por ahí, o una fábrica, o un central azucarero, latinoamericano. La cuota, quienes nos la quitaron fue el gobierno yanqui, el que nos quitó la cuota; las agresiones económicas, las hemos recibido de ellos. Además, ellos son los que están en todo este“teje-maneje” de la conspiración, el terrorismo, los aviones piratas, los campamentos de mercenarios, la hostigación abierta y descarada.
¡Ah, no quieren discutir!, ¡no quieren discutir! Cuba dice que quiere discutir, y lo ha planteado, lo ha planteado a todas las cancillerías, lo ha planteado en la ONU. ¿Por qué no quieren discutir? ¡Ah, porque se les “rompe el paso-doble”!
Cuba quiere discutir, y ellos no quieren discutir, porque, como tienen mucha esperanza puesta en esos “extraordinarios estrategas” y en ese “formidable ejército”, en esa “legión invencible” que tienen entrenada en Guatemala y en esos países, pues, tienen una gran esperanza puesta en eso, y han inventado una gran “teoría”: que el problema de nosotros no es unilateral, con Estados Unidos, sino con el continente.
Entonces, nosotros decimos de discutir. Ellos saben que no pueden discutir, porque, discuten y toda la maniobra, el “teje-maneje”, el “paso-doble” y todas las ilusiones que se han hecho, ¡por el suelo!
Los problemas de las tensiones en América Latina se podrían resolver perfectamente: vamos a discutir. A ver: nuestros derechos, ¿cuáles son los derechos que ustedes creen tener? Pues: “nosotros tenemos derecho a esto, a esto... las cuotas, los mercados...”, todo lo vamos a discutir, de igual a igual, de amigo a amigo, y más nada, ¡más nada! Como dos países soberanos, dos vecinos de este continente, y nosotros podemos vivir en paz, y queremos vivir en paz, y tenemos derecho a vivir en paz.
Claro que, mientras nosotros teníamos aquí que estaban los guajiros comiendo tierra, y una compañía norteamericana tenía 17 000 caballerías de tierra aquí, no podíamos vivir en paz, eso era imposible. Nosotros queremos vivir en paz en lo nuestro, queremos vivir en paz en lo nuestro, y queremos vivir en paz de lo nuestro, de lo nuestro; y Cuba ha demostrado que no necesitamos, con los recursos que tenemos, no necesitamos más que nos dejen en paz.
Vean todas las agresiones. Ellos creían que a la primera carta, todo el mundo “boca abajo” aquí (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”); que, al quitarnos la cuota, ¡lista la Revolución, y listo el país! (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”) Pero, de tal manera ha fracasado esa táctica de agresiones económicas que ahora, convencidos de que estamos muertos de risa aquí, con lo que hicieron, ya están planeando establecer un bloqueo total, e incluso suprimir las compras de tabaco, y de vegetales, y de algunos artículos, y privarnos de ciertos artículos que los estamos comprando allí. Nos han amenazado incluso con no vendernos ciertos alimentos. Bien... están amenazando con que no nos van a vender manteca. Bien... eso no nos va a hacer mella, nada de eso. Estamos desarrollando extraordinariamente la producción de grasas; claro que necesitamos algún tiempo, pero, ¿que nos dejan sin manteca?..., bien, se va a poner todo el mundo aquí “en la línea”, ¡todo el mundo en la línea! ¿Un año sin manteca?, ¡un año sin manteca!; no nos van a derrotar con eso, y eso es bueno que ellos lo sepan: que con eso no nos van a derrotar, ni con nada; ni con eso, ni con nada.
¿Este señor dijo que iba a empezar de nuevo?, pues, ¡ha empezado de viejo! Porque, que sepamos nosotros, con respecto a Cuba, si había un millón puso cuatro, para contrarrevolucionarios; si venía un avión cada día, ahora están viniendo tres; y si había tantos mercenarios, hay más mercenarios ahora, y las agresiones continúan. Está haciendo papel de “valiente”, en Cuba; papel de valiente, con Cuba; papel de agresivo, con Cuba; papel de estadista, con Cuba; papel de estratega, con Cuba. Sin medir la diferencia que hay entre su posición de gobernante de un país con tantos recursos militares y económicos y nuestro pequeño país, que realiza un esfuerzo tan meritorio como heroico, por progresar, con su trabajo, y con sus riquezas propias y sus recursos.
No comprende que a mayor sea la distancia entre el poderío de su país y el nuestro, más grande es la derrota moral a que se expone, ¡más grande es el ridículo histórico a que se expone! De nosotros no tiene nada que temer; nosotros no amenazamos la seguridad, ni absolutamente nada de su imperio... bueno, de su imperio sí... de su país; nosotros no constituimos ninguna amenaza para la seguridad de su país y de su pueblo. El sí constituye una amenaza para nuestro pueblo, y para nuestro país, pero él se expone más que nosotros; porque nosotros, por ejemplo, no estamos expuestos a la derrota moral, y él sí; nosotros no estamos expuestos al ridículo, y él sí; nosotros estamos expuestos al exterminio, y él también. Ellos pueden tratar de exterminarnos a nosotros, pero con toda seguridad que ellos resultarían a su vez exterminados. Y, ¿no es mejor que nadie sea exterminado en el mundo? ¿No es mejor que el mundo pueda vivir en paz?, ¿qué los pueblos y las naciones se respeten y se ayuden pacíficamente? ¿No es ese un ideal mejor para la humanidad y un deseo de la humanidad? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Ese es nuestro deseo.
Ahora bien, frente a nuestras palabras, ¿qué hemos escuchado? Gestos orgullosos, soberbios, agresivos, que deshonran a quienes promueven semejante política. Y es vergüenza que un gobernante recién estrenado, tan pronto marche por los caminos del descrédito, por continuar una política tan torpe como la que siguió su antecesor con nuestro país.
¿Que van a convencer a la América Latina? Lo veo mal. Vean, si no, quiénes les sirven incondicionalmente: los peores regímenes, los más reaccionarios, los más tiránicos, los más corrompidos. Pero, ¿qué ha pasado? Que hay varios gobernantes de América Latina que han hablado en estos días, y han hablado claro, y han hablado enérgico. ¿Saben por qué? Porque en este continente se ha perdido el miedo, y ya en este continente no se puede estar haciendo papeles de matón ni de guapo. Los pueblos hace rato que perdieron el miedo, y los gobernantes han perdido el miedo. Y sinceramente, sin ánimo de denostar ni de disminuir los altísimos merecimientos del Sr. Berle, o de Mr. Berle, creo que le han hecho el caso del perro en América Latina.
Ya no impresionan, ya no asustan, desde el día en que un pequeño país se plantó firme, y dijo: no; y lo amenazaron, y dijo: no me importan tus amenazas; e iniciaron las agresiones económicas, y dijo: no me importan tus agresiones económicas; y empezaron a organizar mercenarios y terroristas, y le dijimos: te vamos a aniquilar a los mercenarios y a los terroristas aquí. Y no hay más vuelta que darle al problema: nosotros trabajando y el gobierno de Estados Unidos hostigando; nosotros hablando en términos de paz, y el gobierno de Estados Unidos hablando en términos de guerra y agresivo; nosotros en posición de discutir, y el gobierno de Estados Unidos diciendo que este es un problema de América Latina, es decir, que no quiere discutir. Y nosotros seguiremos insistiendo en esa tesis, y seguiremos mandando informes a la América Latina, a la ONU, a las cancillerías de América Latina, de cuál es nuestra posición.
Y de paso, vamos a empezar una exhibición en el Capitolio en estos días, de todas las armas que les hemos capturado: bazookas, cañones sin retroceso de 1957, armas automáticas, ametralladoras, que hacen un buen lote. Y valdría la pena hacerle una pregunta al Presidente de Estados Unidos. Si nosotros le preguntáramos al Presidente de Estados Unidos si estaría dispuesto a vendernos algunas armas, unos cuantos cientos de armas, 1000 armas, el Presidente de Estados Unidos diría: jamás, eso pondría en peligro la seguridad de este continente; eso pondría en peligro la paz de este continente; eso sería una negación de la línea democrática representativa, digna, honrada, limpia y humanitaria de Estados Unidos. Jamás; vender armas a Cuba, eso sería una traición a los sagrados principios que nosotros defendemos. ¿A alguien le queda alguna duda de que si nosotros le enviamos una solicitud de que nos venda algunos fusilitos, dirían eso, dirían que jamás la opinión pública de Estados Unidos podría aceptar semejante política, que eso sería condenado por la opinión pública de Estados Unidos y por la opinión pública de los”países libres” entre comillas; que Franco, Trujillo, Somoza y toda esa gente diría: eso es una agresión... , que eso es una agresión a la democracia representativa y a la libertad humana?
Y más, no ya no nos venderían, sino que les dicen a todos sus aliados: no les vendan armas. Bueno, entonces sin querernos vender esas armas, el hecho de que nos las hayan regalado , el hecho de que nos las hayan traído en paracaídas, engrasadas, envueltas, con su parque... entonces, si no nos las pueden vender, ¿cómo nos las pueden regalar? (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES.) Algo anda mal cuando no nos quieren vender armas, y sin embargo nos las quieren regalar; algo anda mal por allá dentro, algún tornillo anda flojo... en la dirección de la política de Estados Unidos, porque nosotros vamos a exhibir aquí una gran cantidad de armas yanquis que, amablemente, sin cobrarnos un solo centavo, nos las han regalado.
Pero podría decirse: el mundo libre está en peligro, la seguridad de este continente está en peligro, la seguridad del hemisferio está en peligro. Y, en fin, ¿qué dirá la opinión pública de Estados Unidos? ¿Qué dirán las democracias representativas de España, Santo Domingo, El Salvador, Perú, Nicaragua? ¿Qué dirá Mobutu? ¿Qué dirá Kasavubu? ¿Qué dirá Tshombe? ¿Qué dirá Chiang Kai Shek? El mundo anda mal, porque los que jamás nos venderían un arma amistosamente, nos las regalan enemistosamente. Y esos son los hechos.
Y en el Capitolio todo el pueblo, y posiblemente de gratis, va a poder observar el formidable stock de armas, y los periodistas extranjeros, y los embajadores latinoamericanos podrán venir a ver ese armamento, y después se podrá contestar a la pregunta de quién está en peligro, ¿qué seguridad es la que está en peligro? ¿Quiénes son los que se entrometen en los problemas de otros países? ¿Quiénes son los que intervienen en los asuntos internos de otros países?, porque que yo sepa, no hay armas nuestras en ningún país de América Latina y, sin embargo, ahorita no caben en el Capitolio las armas que el Gobierno de Estados Unidos les ha entregado a los esbirros y a los criminales de guerra. Estas son las cosas.
Poco a poco hemos aprendido a razonar, poco a poco hemos aprendido a meditar, a analizar nosotros mismos los problemas. Antes no era así, antes nos traían ya todo en fórmula, todo en pastillas que nosotros teníamos la obligación de digerir; poco a poco vamos entendiendo el mundo; poco a poco estamos descubriendo las maravillas de ese mundo que nos querían endilgar por la cabeza, ese mundo cuya filosofía se puede resumir en esto: en que nada es del pueblo; frente a una Revolución cuya filosofía es: todo es del pueblo. Y afortunadamente nuestro pueblo ha ido aprendiendo.
¡Qué incautos son los que se dejan arrastrar por la ilusión de que tienen algún chance de volver al pasado, de conquistar el poder, de dominar al pueblo! Deben estar verdaderamente ciegos, o estar armados de unas de esas orejeras que les ponen a los asnos, que no los deja ver en absoluto, porque... ¿no andan por la calle?, ¿no caminan?, ¿no han visto?, ¿son bobos?, ¿no se dan cuenta de que por cada uno afectado aquí, hay 100 que han cambiado de vida aquí?, ¿que por cada uno que le duele las leyes de la Revolución, hay 100 infinitamente agradecidos?, ¿que por cada uno que perdió un latifundio, aquí hay 100, o 200, o más, que han resuelto sus problemas económicos definitivamente?, ¿que por cada uno que perdió aquí un “casifundio”, como les decían, un edificio de apartamentos, hay 100 que hoy tienen casas?. ¿No comprenden que por cada uno de esos que perdió su palacete o su fábrica, hay 200 que hoy tienen trabajo... , y que hoy tienen escuelas, y que hoy tienen maestros? Pero, sobre todo, señores, que hoy tienen una cosa que es dignidad humana, condición humana ; que por cada uno que ha perdido sus viajes a la Riviera Francesa hay 1000 que tienen playa hoy aquí donde pueden pasearse; y hay 1 000 que tienen su círculo social obrero; que por cada uno de los millonarios que aquí dejó de existir, tienen asegurada su subsistencia 20 000 cubanos aquí . ¿No se dan cuenta, y creen que la calentura de unos pocos que allá rumian su desdicha frente a la Revolución y se quejan de esta “cruel” revolución que a un “pobrecito infeliz” millonario le quitó su tierra y su fábrica para darles trabajo y garantizarles la subsistencia a 1000“malvados infelices pobrecitos”?
Es decir que por cada millonario de esos,“tan bueno y tan noble”, nosotros, que somos “tan malos”, que les hemos quitado a ellos, que “lo sudaron con su frente”, que “se pasaron toda la vida trabajando”, y que cuando tenían unos “ahorritos” de varios millones y que a los pobres apenas les alcanzaba para vivir, y nosotros, por ayudar a la gente de la calle, a esa gente “antipática”, ¿comprenden?, a esa gente “churrosa”, a esa gente “inculta”, a esa gente “analfabeta”; que para ayudar a ese “guajiro ignorante”, a ellos, los “curtos”, a ellos, los señores que “tanto han trabajado”... ¡miren que quitarle al que ha trabajado tanto para darles a los holgazanes!... Ellos, los que sabían cómo era París y Londres; ellos, que sabían sentarse en una mesa y comer finamente; ellos, que no se olvidaban del santo de nadie, que no se perdían un solo “canasta-party”, cuyos nombres no faltaban nunca en una crónica social... ¡miren que tener que publicar la Marina, Avance, y todos aquellos periódicos, nada menos que en Estados Unidos, y que los pobres lectores cubanos no tengan hoy la oportunidad de ver aquellos ilustres nombres en los periódicos! ¡Y con lo feliz que era el pueblo viendo aquellos nombres! ¡Y cómo al pueblo se le mitigaba el alma, cómo al pueblo se le mitigaban todos los dolores, al abrir una mañana el Diario de la Marina y tener la infinita satisfacción de saber que en el “coctel-party ” de la avenida tal, del reparto más tal, había estado presente la distinguidísima dama fulana de tal! ¡Con lo feliz que era el pueblo!
¿Qué necesidad tenía el pueblo de comer? ¿Qué necesidad tenía el pueblo de trabajar? ¿Qué necesidad tenía el guajiro de la tierra? ¿Qué necesidad tenía el campesino de maestros, o de médicos? ¿Y qué necesidad tenía el país de fábricas, un país que tenía tantas gentes ilustres? ¿Qué necesidad tenía el país de una economía próspera, cuando tenía tantas gentes prósperas? ¿Economía pobre la de este país donde había 40 o 50 millonarios? ¡Qué economía tan floreciente la de estos millonarios!
Pues nosotros somos malos, muy malos. ¡Miren que convertir los cuarteles en escuelas! ¿Y quién defiende al latifundio?, ¿quién le defiende la finca a don mengano, o el central a mister tal y a mister cual? ¿Y al mister, quién lo defiende? ¡Qué triste es un país donde ya ningún mister tiene un central! ¡Y donde nadie puede tener 15 000 caballerías de tierra! ¡Qué triste se ha vuelto este país, ¿verdad?! ¡Qué duro es este país! ¡Qué malos son estos gobernantes, que les han mandado maestros a los pobres guajiros! ¡Si el guajiro es más feliz no sabiendo nada, señores! ¿Para qué enseñar a leer a aquella criatura que vive en su inocencia feliz, o enseñarle las cosas tristes de esta vida? ¡Qué gobierno tan malo que se ha atrevido a mandarles 11 000 maestros a los guajiros!
¡Y qué gobierno tan irresponsable, que se propone erradicar el analfabetismo! ¡Qué gobierno tan ignorante, que imprime millones de libros para que el pueblo lea, y los vende a 20 centavos! ¡Qué gobierno tan estúpido, que en vez de seguir importando 10 000 automóviles todos los años... ¡Y qué triste va a estar La Habana sin esos Cadillacs-colas de pato, tan bonitos, tan flamantes, cada fin de año, que ya empezaban a venir las nuevas líneas! ¡Y ya el pueblo contempla entristecido cómo ya no hay Cadillacs del último modelo, cómo no sabemos la forma que tienen esos carros de lujo! ¡Qué triste está la República!
¡Y que ya no vemos aquellas fiestas donde se gastaban 100 000 pesos en flores! ¡Qué país tan desdichado donde ya nadie — y vean ustedes qué violación de los derechos individuales, vean ustedes qué falta de libertad— un país donde nadie puede gastarse 100 000 pesos en flores una sola noche! ¡Qué cruel es este gobierno y qué enemigo de la familia, que ya no hay padre que pueda celebrar a su hija los 15 con un gasto de 50 000 pesos!
Son las cosas “terribles” que esta Revolución ha traído al país y por las cuales cuantos “heroicos” esfuerzos se hagan por que vuelvan otra vez las cosas como antes, y que puedan gastarse 100 000 pesos en flores, y los Cadillacs charolados del último modelo recorran las calles, y en vez de esos cuarteles llenos de muchachos sean fortalezas llenas de soldados marciales que defiendan a los mister y a los dones; para ello, para que esos “infelices” campesinos se queden felices en su ignorancia; y para que siga habiendo gente “muy próspera”,“muy próspera, tan próspera” que acumularon 20 y 40 millones de pesos; y para que esos “infelices” que tenían 1 000 casas y se las entregaron a los inquilinos vuelvan otra vez a ser personas “felices” en un mundo de “libertad”, de “derecho”, para eso, pues, hacer los mayores “heroísmos” a fin de que eso regrese.
Ya ustedes ven la autocrítica que el Gobierno Revolucionario se está haciendo. Bueno, así es como piensan esos señores. Esa es la filosofía de esos señores... (ALGUIEN EXCLAMA ALGO SOBRE LOS CURAS)...Vamos a dejarlo para otro día, yo no quiero pronunciar aquí esa palabra, porque si no, no me dejan terminar esta noche (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí! ” Y DE: “¡Fidel, seguro, a los curas dales duro!” Y“¡Fidel, Fidel, que los curas corten caña y si no quieren cortarla que se vayan para España!”)
Sobre todo, señores, que debemos cortar caña. Es una gran cosa los domingos cortar caña, maravillosa, un buen ejercicio, saludable; se conoce el campo; sobre todo, se tiene la sensación de que se está produciendo algo. Nunca se tiene la sensación de que el almuerzo es tan merecido como el día en que se han cortado unas cuantas arrobas de caña; cuando eso ocurre, tenemos la sensación de que nos han estado regalando la comida. Es un gran ejercicio cortar caña, sobre todo, porque es un deber de todos el deber de trabajar. Aquí debía implantarse aquel principio leninista de que“el que no trabaja, no come”. Esa es la clave del problema: el número tan grande de personas que quieren comer sin trabajar. Ese es el quid de la cuestión: el gran número de personas que quiere vivir sin trabajar, que quieren comer sin trabajar, vestir sin trabajar. Y los hombres debemos, en esto, cuando menos imitar a las hormiguitas. Las hormiguitas trabajan todas, y acumulan para cuando viene el invierno, y ustedes se sienten con el deber de contribuir a la colectividad. Por ese problema de que la Revolución entiende que el trabajo es honroso, y que es deber de todos trabajar y contribuir a la creación de los bienes que han de servir para satisfacer las necesidades de todos, por eso solo, la Revolución tiene unos cuantos enemigos.
Podíamos decir que la mayor parte de los enemigos que tiene la Revolución obedecen a esa razón: al hecho de que entiende que todo el mundo debe trabajar para vivir. Había muchos que querían trabajar y no tenían oportunidad, y muchos que no tenían necesidad de trabajar; no trabajaban porque otros trabajaban para ellos. Nosotros debemos establecer el principio de que todo hombre o mujer tiene derecho al trabajo, y que, al mismo tiempo, todo hombre y toda mujer tiene el deber de trabajar (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡A los curas!”).
Después van a decir que ustedes están sembrando las pasiones en el Gobierno, que ustedes le están inculcando al Gobierno el radicalismo, que ustedes están despertando nuestras bajas pasiones y que ustedes son unos demagogos, en vista de que nosotros aquí ni hemos querido hablar de ese tema, porque había otros muchos temas hoy, y el pueblo insiste, el pueblo insiste... (EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, seguro, a los curas dales duro!”)
¡Estamos corriendo el riesgo de que nos excomulguen a todos!
Bueno, yo les vaya decir una cosa: que todo ese problema es un problema complicado, es un problema complejo. ¿Saben por qué? Porque ellos han tratado de darle la vuelta a este problema en el sentido que les convenía. Quieren identificarse ellos con la religión, y entonces plantear como que nosotros, al combatir la actitud antisocial, antinacional y contrarrevolucionaria de ellos, estamos combatiendo la religión.
¿Ustedes no han visto de las cosas que han acusado al Gobierno?.. ¿Pero ustedes no oyeron decir que nosotros íbamos a mandar a los muchachitos chiquiticos a Rusia?... Miren, para Rusia, decían. Y que a los padres les íbamos a quitar a los hijos. Ustedes oyeron, durante mucho tiempo estuvieron regando esas bolas.
Esa era una de las acusaciones que le hacían al Gobierno. La preocupación del Gobierno es que todo el mundo trabaje, precisamente para que pueda darles alimento a sus hijos, ¡y ojala pudiéramos tener todas las escuelas para poder atender todas las becas que le piden al Gobierno! ¡Ojala!, no podemos; ¡ojala!, para atender a las familias que nos piden que le demos una beca al hijo, para atender a todas las familias que quieren que sus hijos tengan una buena escuela, una buena alimentación, todas esas cosas.
Y ya ustedes ven qué cosas tan ridículas, tan absurdas, porque para inventar tonterías... bueno, esa gente no hacía otra cosa nunca, no se dedicaban a otra cosa; no trabajaban físicamente, porque trabajaban con la cabeza, pero no trabajaban bien con la cabeza; están siempre estudiando la manera de fastidiar a los demás. Son los grandes autores, promotores y empresarios de todas estas bolas; pero ya todo eso está camino del desprestigio completo.
Quieren pintar a la Revolución como enemigo de la religión, como si eso no tuviera nada que ver en absoluto con las cosas que a la Revolución le interesan; eso pertenece al fuero interno de cada cual. Y la Revolución no ha tenido un solo problema con estos señores. ¿Por qué el pueblo está tan indignado? Por eso mismo, por eso mismo. ¿Por qué el pueblo está tan indignado? Ahora dirán que este es un grupo de facinerosos que se reunión aquí a gritar, una plebe ebria de sangre y de cosas por el estilo.
Me imagino que al menos reconozcan que todas las personas que están aquí han venido, y llevan un montón de horas de pie, sin que nadie... (EXCLAMACIONES DE: “¡Desde las 2:00!”) Como siete horas de pie, sin tomar agua, sin comer; no dirán que esta es una multitud como aquella que venía a los actos aquí; no podrán negar que esta masa que hay aquí es una masa de obreros. A ver, que levante la mano el que tenga latifundios aquí... (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”) Que levante la mano el que se ha pasado unas vacaciones en la Riviera Francesa... (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”)
No negarán que la masa que está aquí es una masa de trabajadores, de productores, de hombres y mujeres que prestan servicios de todas clases al país; no dirán que hay una masa parasitaria, que vive del trabajo de otro. No. Esta es una masa de hombres y mujeres del pueblo, como las que se reúnen en todas partes, en todas las esquinas, por las calles, por los centrales, por los campos, por las lomas, esa masa poderosa que es el pueblo.
Y, sin embargo, ese pueblo, ¿por qué está indignado? ¿El pueblo ha visto que el Gobierno se hubiera metido en una iglesia y hubiera intervenido una iglesia? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Ha visto el pueblo que nosotros hayamos metido preso a un solo cura? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Y cree el pueblo que ningún cura ha conspirado? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Hay alguien que crea aquí que no hay un solo cura que haya conspirado? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Nadie. Sin embargo, no hay un solo cura preso; nadie ha intervenido ninguna iglesia, nadie ha intervenido ninguna institución de ese tipo.
En dos palabras: nadie se ha metido con ellos. Fíjense, que hasta lo del cementerio... Ya es una demanda del pueblo la nacionalización del cementerio. Ya no queda más remedio, porque no tenemos por qué tolerar ese privilegio inmoral, ese grosero comercio de cadáveres y ese alquiler de tumbas que hay en el cementerio (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, Fidel!”).
El cementerio debe ser el lugar donde descansen los restos mortales de nuestros seres queridos y no un mercado de la muerte. Y toda familia debe tener derecho a tener un pedazo de tierra donde descansar, donde descansen sus madres, sus hermanos, sus seres queridos, sin que los desalojen del cementerio.
Estas son unas medidas que vienen inevitablemente, pero que hasta hoy ni siquiera una medida de tan elemental justicia el Gobierno Revolucionario había proclamado.
¿Se ha metido el Gobierno con la iglesia? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Se ha metido el Gobierno con los curas? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Entonces, ¿qué guerra es la que tienen los curas contra nosotros?.. Sin embargo, han estado provocando una serie de incidentes, y después, con esa socarronería clásica, después que ellos provocan el problema, entonces hacen pastorales culpando al Gobierno, hablando de violencia, hablando de falta de garantías. Naturalmente que hay unas cuantas honrosísimas, y muy honrosas excepciones. Aquí hay unos cuantos curas revolucionarios (EXCLAMACIONES DE: “¡Lence, Lence!”).
Todo el mundo sabe que hablamos con la mayor seriedad y con la mayor sinceridad, cuando decimos que nosotros no hemos adoptado aquí ninguna acción que pueda considerarse una provocación o una agresión a las instituciones religiosas, todo el mundo sabe que eso es rigurosamente cierto. ¿Qué ha hecho el Gobierno para ganarse la enemistad de estos señores?, pero, ¿se concibe que estos señores, cuando aquí todo esto era una corrupción, y una putrefacción; cuando aquí las hijas de las campesinas más humildes venían a trabajar aquí a la ciudad, y eran engañadas, y terminaban en los prostíbulos; cuando aquí la prostitución era una institución social, en este país, consecuencia de la falta de trabajo, consecuencia de la falta de protección para las mujeres, consecuencia de la falta de empleo? ... porque, ¿qué mujer que pueda ganarse la vida decorosamente, y constituir un hogar, va a venderse públicamente a nadie? Y la prostitución era una consecuencia de la explotación social, era una consecuencia de los privilegios sociales.
Y ¿qué hicieron estos señores para combatir este mal? Todo fue darse golpes de pecho farisaicos, y dedicarse a perdonar las faltas de las señoronas encumbradas (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”) que, con una falta de espíritu cristiano, de esos problemas, de todos esos vicios, de todas esas lacras, no se ocupaban. Aquí metía todo el mundo los cinco, y sacaba los seis; se robaban millones de pesos; era una explotación repugnante la que había con el pueblo en todos los órdenes.
Les voy a poner un ejemplo. Accidentes del trabajo, en el campo: para los accidentes del trabajo se recogían como 14 centavos por ciento de arrobas, las compañías. Cuando se aplicó la Reforma Agraria en la caña, se dedicaron creo que dos o tres centavos... miren si fue insignificante que ascendió a un millón de pesos, para atender directamente los accidentes de trabajo de las cooperativas. Ese millón alcanzó para todos los trabajadores de todas las cooperativas y, además, para todos los trabajadores de todas las granjas del pueblo, y era mucho menos que lo que antes se gastaba. Es decir que en los accidentes del trabajo, les robaban a los obreros cinco veces más de lo que realmente tenían que gastar. El obrero luego caía en manos de alguien para cobrar; cuando alguien perdía un brazo, perdía una pierna, perdía la vida, los familiares de la víctima iban a recibir el 40% de lo que en realidad les correspondía, después de pasar infinidad de trabajos.
Ese es un caso; pero, ¿en qué forma no era explotado el pueblo, en qué forma no era humillado? Se humillaba al ciudadano; en una serie de lugares no permitían entrar a una parte considerable de nuestros compatriotas, porque eran negros. Y ese hombre... imagínense un niño, ¡cuántas humillaciones no sufrirían los niños negros, condenados ya por la sociedad llena de prejuicios, prejuicios que nacen ¿de qué?, de la esclavitud; y por eso eran los herederos de esos prejuicios los herederos de los esclavistas, en cuya mentalidad incubaron esos prejuicios, los fueron trasmitiendo y los fueron inculcando a través de todos sus medios de divulgación.
Ese niño infeliz, sufriendo humillaciones desde que tenía uso de razón, hasta su muerte... ¿Cuándo se paró uno de estos señores a combatir la discriminación racial?, ¿cuándo se paró a combatir la prostitución, no como mal en sí, sino como consecuencia del régimen social? ¿Cuándo se dedicaron a combatir a los salteadores? ¡Bendecían aquí a cuanto ladrón repartiera su migaja entre ellos, y bendecían al tirano, y bendecían a todos los ladrones, no escribían una pastoral contra ellos!
El catecismo decía “No robarás”, ¡y aquí robaban, y ellos eran amigos de los que robaban!; “No matarás”, ¡y aquí mataban y eran amigos de los que mataban!; “No mentirás”, ¡y todo era una mentira, y se vivía en vergonzosa complicidad con la mentira! La pereza es “pecado capital”, y ¿quién era la gente más perezosa aquí, sino los parásitos que vivían del trabajo de los demás?
Y, en fin, en la realidad de nuestra vida, nunca hicieron nada realmente humano. Distingo perfectamente el caso de esas instituciones que sí hay que reconocer que con devoción se dedicaban a servir a los enfermos, a los ciegos, como son esas instituciones religiosas que han atendido los hospitales, las monjitas que han trabajado en los leprosorios, y en los hospitales. Los que realizan un trabajo humano merecen nuestro respeto; todo el que se sacrifique por los demás, merece nuestro respeto.
¿Qué gobierno ha ayudado más a los enfermos?, ¿qué gobierno ha ayudado más a los inválidos?, ¿qué gobierno ha ayudado más al pobre?, ¿qué gobierno ha ayudado más al perseguido, al humilde? Solo el Gobierno Revolucionario se ha ocupado de llevar un poco de felicidad a millones de seres que vivían postergados, humillados, desconocidos, rebajados de su condición humana; solo la Revolución ha erradicado una serie de vicios y de males de la vida de nuestro país.
¿Por qué nos combaten a nosotros? Diferencias ideológicas. ¿Y no tenían ninguna diferencia ideológica con los grandes asesinos?, ¿no tenían ninguna diferencia ideológica con los grandes ladrones?, ¿no tenían ninguna diferencia ideológica con los grandes corruptores de la moral pública?, ¿no tenían ninguna diferencia ideológica con los explotadores?, ¿no tenían ninguna diferencia ideológica con los viciosos? Porque nosotros hemos combatido todos esos males, y dicen que tienen diferencias ideológicas con nosotros. Tendremos diferencias, son las diferencias que hay entre los que remediaron todos esos males y los que fueron cómplices de todos esos males.
En el terreno espiritual, en el terreno religioso, no nos metemos. ¿Qué tiene que ver lo que crea, en qué estorba eso a la Revolución, cuando ese hombre está consciente de sus deberes sociales, de sus deberes con la sociedad, de sus deberes con su patria, y actúa siguiendo una conducta social justa? La Revolución no interfiere en esos campos; cada cual tiene derecho a creer, y el mismo respeto que la Revolución debe tener para las creencias religiosas lo pueden tener estos que hablan en nombre de la religión por las creencias políticas de los demás. Y, sobre todo, tener presente aquello que dijo Cristo, porque Cristo dijo: “Mi reino no es de este mundo”. ¿Qué hacen metidos en los problemas de este mundo estos que se dicen ser intérpretes del pensamiento cristiano?
La doctrina de Cristo fue una doctrina que tuvo eco entre los esclavos, entre la gente humilde; fue perseguida por la aristocracia, por las clases dominantes. Solo que cuando estos señores, en los tiempos contemporáneos, abandonando por completo la esencia de la doctrina cristiana, se dedicaron a tomar la religión como instrumento para encubrir todos los vicios y todas las lacras de las actuales clases dominantes, con olvido de los esclavos de hoy, que eran los obreros, los esclavos de hoy, que eran los campesinos sin tierra , estos señores se apartaron de los intereses de las masas explotadas, y de las masas humildes, para ir a llevar en bandeja de plata la religión a los grandes explotadores, a las clases dominantes; se divorciaron de las masas, se divorciaron del pueblo, y prostituyeron la esencia del cristianismo primitivo.
La Revolución representa el interés de las masas, la Revolución trae un mensaje a las masas, a ese hombre humilde del pueblo; ese mensaje choca con los intereses de las clases dominantes. Si los que dominaban aquí, los que nos pasaban con un “Cadillac ” por un lado y nos chapoteaban de agua, los que nos discriminaban, los que nos miraban con desprecio; al servicio de esas clases se pusieron ellos. Y como la Revolución choca con esos intereses, la guerra de ellos contra nosotros es la guerra de las clases dominantes. Es mentira y es burdo pretexto el problema ideológico. Si ellos podían convivir con el latifundismo, ¿por qué no pueden convivir con las cooperativas?; si ellos podían convivir con la compañía extranjera de electricidad, ¿por qué no pueden convivir con una compañía de electricidad nacional?; ¿por qué no pueden convivir con una granja del pueblo?, ¿por qué si convivían con los dueños, con un régimen en que unos pocos eran los dueños de todas las casas, por qué no van a convivir con un régimen donde el pueblo es dueño de sus casas? Se adaptaron a vivir con el régimen de la explotación, se adaptaron a vivir con el régimen de la explotación colonialista e imperialista, y se oponen ahora a un régimen de justicia social. ¿Qué quieren? ¿Que continuara el pueblo siendo carnero?, ¿que continuara el pueblo siendo esclavo?, ¿Que continuara el pueblo siendo discriminado y explotado? ¿Eso es lo que quieren? Eso es lo que quieren.
Por eso nunca antes hablaron contra esos males, y ahora, pues se dedican a atacar la Revolución. Etiqueta, estribillo o ritornello, como lo quieran llamar, pretexto: comunismo. Entonces Cristo era comunista también... Estarán contra Cristo, porque Cristo dijo que era más difícil que un rico entrara en el reino de los cielos, que un camello por el ojo de una aguja. ¿Las cuestiones filosóficas? Bueno, pues que las discutan allá en los claustros, que las discutan allá en sus conferencias, que cada cual discuta las suyas. Pero, ¿alguien ha atacado aquí la religión en nombre de ideas políticas? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”) Nadie. ¿Por qué ellos tienen que estar atacando las ideas políticas en nombre de la religión, si su reino no es de este mundo? ¿Por qué en nombre de la religión tienen que estar atacando las ideas políticas, si aquí nadie ataca las ideas religiosas en nombre de las ideas políticas?, porque nosotros lo que atacamos y combatimos es que estén poniendo bombas... , que estén armando contrarrevolucionarios, que estén creando el divisionismo aquí, que estén deformando la mentalidad de los jóvenes. Eso sí que no se lo podemos permitir de ninguna manera, porque a eso no tienen derecho.
Son ellos, exclusivamente ellos, los que han provocado este conflicto, porque eran representativos de las clases dominantes, estaban al servicio de las clases dominantes y del imperialismo, y en consecuencia, en la lucha del pueblo contra el imperialismo y clases dominantes, se pusieron ellos contra nosotros, y son hoy la quinta columna aquí, dentro del país, de la contrarrevolución.
Ahora, hay otro plan. ¿Por qué el imperialismo se ha tomado tanto interés en agitar a los esbirros con sotana aquí? ¿Por qué? Porque persigue propósitos exteriores. Aquí no hay nadie que crea en esos señores, ¡nadie! Aquí hay muchas personas que creen en Dios, muchas personas que creen en muchas cosas, pero muy pocas personas que crean en los curas. Aquí no engañan a nadie, aquí agarran un barco y se van todos para España y no pasa nada. Desde luego, con los curas buenos que queden aquí tenemos nosotros (EXCLAMACIONES DE: “¡Que se vayan!”). No pasa nada, los buenos creyentes siguen yendo a orar a los templos; los templos serán respetados por la Revolución. Pero uno que quiera orar, no necesita que se le pare un cura en el púlpito y vaya a meterle un sermón contrarrevolucionario, porque eso no es sermón ni es nada, ni que se ponga aquí a hacerle el juego a los que quieren ensangrentar a nuestro país, agredir a nuestro país, asesinar niños, asesinar obreros, asesinar mujeres, porque el pueblo sabe que puede ser su hijo al que lo mate una bomba, o a su esposa, o su compañero el que pierda los brazos o quede ciego. Y ahí perdieron muchas mujeres, muchas madres a sus hijos en la explosión, y muchas familias tuvieron que pasar por el horror de ver a sus hijos heridos por la metralla en la escuela, y cuando pusieron en las tiendas; y los terroristas y los saboteadores son enemigos de la sociedad.
Y al pueblo por eso le interesa que nadie vaya allí a promover el terrorismo ni el sabotaje. Y por eso, cualquiera que quiera orar no necesita un esbirro allí hablando del terrorismo. Y el que sea un buen cura no tiene problemas. ¿Qué es un buen cura? Pues un buen cura es alguien que se dedica a ejercer su oficio religioso sin estar conspirando, sin estar conspirando, promoviendo el terrorismo...
Así que yo creo que más claro no podemos hablar. Nosotros no les tenemos ningún miedo a esos señores, no le tenemos ningún miedo a su poderío. Nos creemos con razones para discutir con ellos en dondequiera que sea necesario, discutir y decir unas cuantas verdades. “Conozco al monstruo porque viví en sus entrañas”. Así que... Y todos tienen derecho, sin que nadie los interfiera, tienen garantías. Y esta es la realidad: una guerra declarada por ellos contra nosotros, guerra a la cual nosotros no le tenemos ningún miedo. Y nosotros, ha sido nuestro deber de gobernantes evitar esos problemas; sobre todo, llevar al ánimo del pueblo de que nosotros no teníamos ninguna actitud agresiva contra ninguna institución religiosa, que el pueblo supiera que todos esos problemas los habían provocado ellos, completamente, y no nosotros; que nosotros lo que queremos es ir conduciendo la Revolución, sin enfrascarnos en batallas que no tengan para nosotros ningún motivo para librarlas, excepto que nos presenten batalla. Es decir, si nos presentan batalla se la damos, y bien dada. ¡Que no se hagan ilusiones! Estos señores están ciegos, no ven, no conocen al pueblo. El pueblo está animado de un profundo sentido de justicia. No se puede apartar el sentimiento religioso del sentimiento de la justicia, porque la injusticia y los sentimientos religiosos honestos son dos cosas antagónicas, y todo el que tiene un sentimiento religioso honesto, justo, nos da la razón, porque los hechos están ahí, no los van a venir a tupir, ni a hacer cuentos, ni creemos en excomuniones, ni en cuentos de camino de ninguna clase. Que si ellos quieren ir a agitar sus armas seculares, no vivimos en la Edad Media, vivimos en la Edad Contemporánea, y la época del oscurantismo y de la Inquisición, en que se quemaba a la gente viva, pasó. Y con todo respeto nosotros les exponemos aquí que no le tenemos ningún miedo a este problema, que hemos tratado de evitarlo hasta el punto en que ellos han estado conduciendo esto de conflicto en conflicto. Pero si nos presentan la batalla, les daremos, sencillamente, batalla. Y, claro, el imperialismo es lógico que cuente con ellos, porque cada cual conoce sus armas aquí; el imperialismo sabe que cuenta con una fuerza retrógrada en la alta jerarquía eclesiástica aquí y en otros lugares; entonces, movió su legión para virarla contra su enemigo: la Revolución Cubana, para que a su vez repercuta el problema en América Latina, pero a la larga en América Latina también van a abrir los ojos.
Y hay hambre. Y al hombre que no tiene trabajo, y está allí pasando hambre, no lo van a convencer con muchas crónicas sociales ni con muchos sermones; y al guajiro que no tiene tierra allí, y a la familia que ve a su hija morir sin asistencia médica, y al indio y al negro que se vea discriminado, no lo van a andar convenciendo con muchos sermones aquí ni muchos cuentos. Pero se van a preguntar: ¿qué pasó en Cuba?, ¿que le dieron la tierra al guajiro?, ¿que le dieron las casas a los inquilinos?, ¿le dieron trabajo a todo el mundo?, ¿que nacionalizaron todos los monopolios americanos? Eso es bueno, ¡esa gente es buena! Y mientras más les apriete allí el hambre y la miseria, los pueblos van a pensar que es bueno lo que estamos haciendo aquí.
Además, la lucha está planteada. Ellos temen al ejemplo de Cuba, temen la fuerza moral de la Revolución; por esa fuerza moral de la Revolución quieren exterminarnos, pero nosotros estamos decididos a que no nos exterminen. Esto está planteado: la Revolución es y seguirá siendo, y no lo podrá impedir nadie, ¡nadie! ; ni aunque en la más estrecha colaboración el fariseísmo internacional y el imperialismo se asocien más de lo que están para exterminarnos, no lo conseguirán.
Así que se tienen que imponer de la realidad de que esto está hecho con carne de pueblo, con corazón de pueblo, con alma de pueblo, con voluntad de pueblo y con valor de pueblo (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, Fidel!”).
Eso es lo que nosotros queríamos decirles para explicar un hecho real: la repulsa del pueblo a los fariseos. Ya dirán después que fuimos nosotros. Ahora, fue el pueblo aquí, el pueblo aquí, y es lo mismo aquí que en Baracoa, dondequiera que se reúne el pueblo está pensando igual que ustedes. Así que nadie va a llorar aquí el día que nos veamos privados de los servicios de todos los esbirros con sotana que hay aquí. Que quede bien sentado de quien es la culpa.
Todas estas cosas nos enseñan. La vida es una escuela. Todo es una escuela y todos sabemos un poquito más que cuando empezamos, y esta escuela nos enseña y nos da una lección todos los días, y el pueblo aprende, y el pueblo sabe que sabe, y el pueblo sabe que aprende, y el pueblo sabe que vence. Antes nos sentíamos un poco infelices, no veíamos los problemas muy claros, creíamos que los demás sabían mucho y que nosotros no sabíamos nada. Y hoy todo el mundo sabe, todo el mundo ve, y todo el mundo comprende. La Revolución es una gran escuela, y nos enseña todos los días lo que debemos hacer. Y tenemos una lucha seria, una lucha seria delante, dura; el enemigo emplea todas sus armas, agita cuantos recursos tiene en sus manos, las mentiras, los prejuicios; agita toda la herencia y el bagaje que han ido dejando aquí, sobre la cual han ido edificando su imperio; todo contra el pueblo, para dividir al pueblo, para debilitar al pueblo, sencillamente para dominar al pueblo, para doblegar al pueblo, para vivir sobre las espaldas del pueblo.
Pocas veces en ningún momento anterior en algún país la palabra pueblo ha cobrado la vigencia beligerante que tiene hoy, demostrado en sinnúmero de hechos, en todos; en este mismo, en las horas que llevan ustedes de pie, en los esfuerzos que hace el pueblo, en las decenas de miles de hombres y mujeres que se van a picar caña y a trabajar. En todos estos hechos se demuestra la presencia del pueblo; en las milicias, en las decenas de miles de hombres que se van a pasar los entrenamientos; en la presencia de las mujeres; en la presencia de todos los hombres sin distingos de colores; en la presencia del pueblo, el pueblo como una sola voluntad, el pueblo como un solo ejército, el pueblo como una sola fuerza; que sabe que es una fuerza grande, que se sabe fuerza invencible; que sabe que tiene delante enemigos; que sabe que tiene delante los que lo quieren explotar, los que lo quieren humillar, los que lo quieren hacer infelices; que saben que le quieren robar la dignidad que hoy ostenta cada ciudadano, y la dicha que hoy pueda alcanzar cada hombre o cada mujer; que tiene enemigos que lo quieren ensangrentar, que les ponen en riesgo a sus hijos, que los quieren asesinar, que les quieren robar, que los quieren ablandar, sin darse cuenta que cada día el pueblo es más veterano y cada día el pueblo es más duro, porque el pueblo es como un ejército.
Ya llevamos dos años y tanto de lucha; la lucha enseña, la lucha hace aguerridos a los pueblos, los hace veteranos. Este es un pueblo hoy aguerrido, veterano, más fuerte cada día; más fuerte hoy al conmemorarse el primer aniversario que en el momento en que se produjo la explosión; más fuerte el mes que viene, más aguerrido, más veterano; más fuerte y más aguerrido el año que viene, y más lleno de fe en sí mismo, y más orgulloso de la lucha que libra.
¡Infelices esos que desertaron de las filas de este ejército, el ejército del pueblo! ¡Desgraciados esos que se fueron allá donde los desprecian, allá donde los discriminan, allá donde los ponen a fregar platos, allá donde los miran con lástima! Y los miran con lástima, primero, como latinos, que ya es una razón para mirarlos con desprecio; segundo, como vencidos, que ya es otra razón para mirarlos con desprecio; tercero, como mendigos, que ya es otra razón para mirarlos con desprecio; cuarto, como cobardes, que ya es otra razón para mirarlos con desprecio; quinto, como apóstatas y como traidores que abandonan a su patria y se van allí a las órdenes de agentes extranjeros, a sembrar el terror entre sus hermanos, a sembrar el crimen, que ya es otra causa para mirarlos con desprecio. Y hay un viejo adagio de Roma que decía: “Roma paga a los traidores, pero los desprecia.” Y así viven allá.
Triste, mucho más triste todavía, la situación de esos que fueron compañeros nuestros, compañeros de viaje de la Revolución; que se montaron en el carro en una u otra estación y llegaron hasta ciertos puntos, y ahí se fueron con los enemigos. Y yo me pregunto: ¿dónde están los primeros?: están aquí; ¿dónde están los 12?: están aquí; ¿dónde están los 100?: están aquí.
Pero en el carro de la Revolución, en el carro de la Revolución montaron viajeros que un día, en el triunfo, ostentaron cargos de honor. El pueblo los respetaba; después fueron vacilantes, después fueron tímidos. El pueblo lo sabía, pero los respetaba. Y esos señores, algunos de ellos que llegaron a ser ministros, el pueblo no los tragaba, pero los respetaba; y algunos que siempre, mal que bien, los miraban con respeto. Eran respetados aquí, y se marcharon. ¡Y hoy no los respetan ni aquí ni allá!
¡Creyeron que por traicionarnos serían recibidos como héroes allá afuera! Y allá afuera, mientras más campañas hacían contra nosotros, y mientras más “malos” éramos nosotros, peor era haber sido compañero de nosotros. Y los que han llevado la peor parte son los desertores, los que en un tiempo marcharon junto con la Revolución, y después se fueron, porque los esbirros son más considerados que ellos allá afuera. Ahora los esbirros empiezan a darse golpes de pecho allí:“nosotros teníamos razón, porque asesinábamos a esa gente; eran mala, eran unos comunistas malos; había que asesinar a toda esa gente”. Y entonces ellos van allá y dicen: “son comunistas”. Y entonces los esbirros dicen: “teníamos razón”. Y los esbirros son más considerados, porque los esbirros dicen: “estábamos claros nosotros con esa gente”.
Los esbirros se pavonean orgullosos, y cuando ven a un desertor, dicen:“miren ese, ahora viene, después que estuvo allá con ellos; ¡este es espía!” Además, creen que los hemos infiltrado allí ¡y a lo mejor es hasta verdad que hay alguno que otro infiltrado por allí! Y hay el caso de otros que participaron en las leyes revolucionarias, y ahora no se lo perdonan; entonces, llegan allá dándose golpes de pecho: “no” porque la Revolución...” Y entonces les sale Gastón Baquero y les salen los de la Marina, y les dicen: “miren, no jueguen más a la Revolución, y no hablen más pamplinas; Revolución es aquella, aquí es contrarrevolución, y vamos a estar claro aquí en lo que nosotros estamos persiguiendo”. Y como hicieron leyes revolucionarias, no hallan qué decir; están entre la espada y la pared. Se topan con todos los latifundistas allá, con todos los presidentes de las empresas: “¡Ah!, pero ¿tú no eras ministro?, o ¿tú no estabas en el gobierno?, ¿no hicieron las leyes?” Son arrepentidos, pero los miran como revolucionarios arrepentidos, que es peor que haber sido esbirro. Esos son los que están peor: los revolucionarios arrepentidos, porque hombres que aquí contaban con el respeto del pueblo, que participaban en las cosas del pueblo, se van allá a que los esbirros los desprecien.
¡Calculen ustedes qué triste suerte ir a un lugar donde los esbirros los desprecien! ¡De aquel tiempo en que se pavoneaban de revolucionarios, despreciando a los esbirros, a este tiempo en que los esbirros orgullosos desprecian a los revolucionarios arrepentidos! Ese es el camino del desertor y del traidor. Creyeron que los iban a engrandecer, que les iban a poner todo en sus manos, y se encontraron que no les pusieron nada en las manos. Dieron un salto en el abismo, y hoy están todos en camisas de 20 varas.
Tienen esa situación de desprecio; abandonaron el ejército del pueblo. ¡Cuánto mayor motivo de orgullo no es marchar con este ejército, figurar en sus filas, vivir sus triunfos y afrontar sus reveses; disfrutar sus alegrías y llorar sus llantos, sus días de fiesta y sus días de luto, con el pueblo! ¡Cuánto más honroso que vivir sin pertenecer a ningún pueblo, sin pertenecer a ningún ejército, como no sea de mercenarios y de parásitos! ¡Juntarse con lo peor y no con lo mejor, porque en este ejército del pueblo se va quedando lo mejor y se ha ido depurando lo peor! ¿Y dónde está lo peor? ¡Allá! ¿Dónde está toda la basura? ¡Allá! ¿Dónde está toda la gusanera? ¡Allá! ¿Dónde está toda la peste? ¡Allá! y aquí se ha ido quedando en el pueblo el que tiene fe, el que tiene valor, al que no le asustan las campañas de amenaza de invasión, al que no le asustan los bombardeos, al que no le tiene miedo a las agresiones económicas; ese, que no tiene miedo a nada, que no tiene prejuicios, ni cree en el cura mentiroso que venga a hablarle de la contrarrevolución; ni cree en las campañas de los contrarrevolucionarios; ese, ese que está claro de verdad, ¡claro aquí!; ese es, sin duda de ninguna clase, el mejor del pueblo, el hombre firme, el que tiene fe, el que no vacila, el que sabe que marcha sobre terreno firme.
¡Cuánto más honor es pertenecer al ejército del pueblo, que traicionar a ese ejército, abandonar a ese pueblo, convertirse en mendigo, convertirse en objeto de desprecio, convertirse en mercenario pagado! Y así, la Revolución se ha ido quedando en todo con lo mejor, y con lo mejor está librando su lucha. Y ese pueblo aprende, este ejército es cada día más veterano, cada día más aguerrido.
Y así, hoy venimos a rendir ese homenaje, y a recordar a los que también nos enseñaron; a los que dieron sus vidas entre los primeros para que hoy estemos más fuertes, para que hoy estemos mejor defendidos. Sus hijos, los hijos de esos obreros, de esos soldados que murieron, no se quedaron huérfanos: fueron hijos del pueblo, y el pueblo los ayuda, el pueblo los protege. Y en los familiares de los compañeros que murieron hace un año, el pueblo ha invertido cerca de medio millón de pesos. Les faltaron sus padres y, sin embargo, han tenido la paternidad de un pueblo entero, que los ayuda y los ayudará; como ayudaremos a cuanto obrero se lesione en su trabajo, a cuanto obrero pierda la vida en su trabajo; como ayudaremos a los familiares también de cuanto miliciano muera en servicio, bien en accidente, bien en combate. Y vamos a hacer pronto una ley para que todo eso quede, y que sepa cada combatiente de la revolución que tiene en cada uno de nosotros a un hermano, que sus hijos tienen en el pueblo entero a sus padres, o sus sustitutos; que todos vamos a trabajar para todos, y que ningún hombre que cumpla con su deber, soldado, o miliciano, u obrero, ningún hombre que cumpla con su deber pueda albergar la preocupación que el cumplimiento del deber implica orfandad, olvido y miseria para sus hijos. La República tiene para todos; todos tenemos para todos; todos tenemos para los hijos de todos.
Y eso será ley pronto de nuestro país. Y así cada vez más unidos, no solo en el sentimiento, sino en los intereses, en la fraternidad, en la hermandad, en todas las circunstancias, este gran ejército del pueblo, de lo mejor del pueblo, seguirá adelante victoriosamente, sin que ninguna agresión, ningún acto de barbarie o de salvajismo nos intimide.
Y siempre responderemos como respondió el pueblo cuando estalló “La Coubre”: estalló el barco, las llamas se extendían junto a las cajas de explosivos, y el pueblo fue a salvar a los heridos; estalló otra vez, las llamas se extendían junto a los explosivos, y el pueblo siguió atendiendo a los heridos. ¡Ese es el pueblo!
¡Vivan los mártires de “La Coubre”!
¡Viva el pueblo!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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