julio 14, 2012

Discurso de Fidel Castro en la clausura del Primer Congreso de Escritores y Artistas (1961)

DISCURSO EN LA CLAUSURA DEL PRIMER CONGRESO DE ESCRITORES Y ARTISTAS, EFECTUADA EN EL TEATRO“CHAPLIN”
Fidel Castro
[22 de Agosto de 1961]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Distinguidos visitantes;
Compañeros del ejecutivo de la Unión de Escritores y Artistas cubanos; Compañeras y compañeros del Primer Congreso de Escritores y Artistas:
Para mí es una tarea difícil hacer este resumen. Me hago cargo del público que está presente en esta noche.
Siempre he sentido una gran admiración por los escritores y por los artistas. Posiblemente sea, entre otras cosas, por lo poco que tengo yo de escritor y lo poco que tengo de artista. Pero es el caso que con bastante aproximación de tiempo me ha tocado participar, primero, en unas largas y profundas discusiones con los escritores y artistas, y en el día de hoy me han puesto a hacer el resumen de este congreso.
Lo más importante a nuestro entender es el espíritu con que el congreso se ha llevado adelante. Para el pueblo era un acontecimiento enteramente nuevo. Primero con el manifiesto, después con la diaria información, el pueblo ha estado conociendo de que se estaba efectuando este congreso de escritores y artistas cubanos.
Algunos, posiblemente los que todavía no son capaces de ver lo que es la Revolución — y hay que estar bien ciego a estas horas, o irremisiblemente ciego— hayan estado intrigados sobre este congreso, ¿de qué se va a tratar en ese congreso? No faltarían quienes pensaran que este congreso tenía por fin amordazar el espíritu artístico, que tendría por fin coaccionar a los escritores y artistas.
Hay muchas personas a quienes un insalvable prejuicio les impide penetrar profundamente en las grandes verdades de la Revolución; tienden a tergiversarlo todo, y lo ven a través del cristal de su pesimismo crónico.
Este congreso de escritores y artistas se ha caracterizado precisamente por dos cosas: por su espíritu fraternal y por su espíritu democrático.
Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que los escritores y artistas que se iban a reunir en este congreso, eran los escritores y artistas que, casi al cumplirse tres años de la Revolución, han permanecido en Cuba y no se han marchado de su país. Eran, antes que nada, escritores y artistas que han permanecido en el seno de la patria, que están produciendo y están trabajando en nuestro país.
Yo no sé cuántos escritores y artistas se habrán marchado desde que la Revolución llegó al poder. De lo que sí estoy seguro es de que los que se han marchado no son buenos escritores ni son buenos artistas. Los escritores reaccionarios y los artistas mercenarios, son los que, con toda seguridad, se han marchado de nuestro país; es decir, se han marchado de nuestro país con el propósito de no volver.
Eso como en todo. Hay médicos que se han marchado del país, hay ingenieros que se han marchado del país, hay arquitectos que se han marchado del país, hay profesores que se han marchado del país. ¿Quiénes son los que se han marchado en cualquier orden? Un médico que se marche del país, cuando por primera vez se está llevando la medicina al pueblo, cuando por primera vez se están construyendo hospitales para los humildes que nunca tuvieron hospitales, cuando por primera vez no hace falta una recomendación para ir a ver un médico, ni la tarjeta de un político influyente para salvar una vida, cuando no le piden a ningún ciudadano nada a cambio del servicio que le van a prestar, cuando ya no se apaña ninguna inmoralidad, cuando ya no hay negocios criminales basados en la salud del pueblo, cuando ya no es posible darle agua a un paciente para cobrarle una consulta, cuando ya no es posible hacer negocios con los laboratorios, ni recibir gabelas, ni recibir regalos por andar recetando una marca determinada; los que se marchan del país cuando todo eso ha desaparecido para siempre, cuando ya no se puede estafar al pueblo, porque hay un orden revolucionario que no lo permite... ¡Ah!, el que es capaz de abandonar a su patria en esas circunstancias, sin importarle las vidas que se pierdan, esos que de tal manera actúan con seguridad que no son los más decentes; esos que en tales circunstancias se marchan con seguridad que no son los más honorables.
Y pusimos el ejemplo del médico, porque quizás — con perdón de mis colegas de profesión— resalte mucho más el crimen de un médico al marcharse que el de un abogado. Ya no hay los pleitos de antes, ya no hay aquellas grandes hipotecas, aquellos grandes litigios, aquellas grandes herencias, aquellos grandes negocios. Y, desde luego, un abogado posiblemente no tenga tanto trabajo como antes.
Poníamos el caso del médico, porque en ese caso resalta más nítidamente la conducta indigna de los que reniegan de su patria en esta hora. Pero ocurre exactamente igual con el ingeniero, con el arquitecto, o con el profesor, o con el escritor, o con el artista que se marcha de su país. Eso forma parte de un plan, del plan general de acción contra la Revolución Cubana.
Cuando por fin hay una escuela hasta en el último rincón de nuestra patria, cuando ya no queda un niño sin escuela, cuando han pasado a ser escuelas donde se albergan decenas de miles de niños, los antiguos cuarteles, cuando se están construyendo ciudades escolares, cuando ya no hay un solo joven —óigase bien—, no hay un solo joven en nuestro país sin una verdadera oportunidad de estudiar y desarrollar su inteligencia, cuando las universidades dejaron de ser lo que eran para convertirse en verdaderos centros de formación y de investigación, ¿qué pensar del profesor que se marcha? ¿Qué pensar del profesor que se marcha cuando 300 000 cubanos, entre ellos 100 000 jóvenes, están dedicados a la ingente e increíble tarea de enseñar a más de un millón de analfabetos que había en nuestro país? ¿Qué pensar de ese profesor?
A los enemigos de nuestra Revolución, al gran enemigo de nuestra Revolución, al gran jefe de la contrarrevolución, no le parecía suficiente tratar de dejar a nuestro pueblo sin recursos económicos, sin mercados, sin cuotas, sin fuentes de abastecimiento para nuestras fábricas y nuestras maquinarias, abastecimiento de materia prima o abastecimiento de piezas de repuesto. No pareciéndoles suficiente, han hecho todo lo posible por dejar a nuestro país sin médicos, sin arquitectos, sin ingenieros, sin profesores, y si fuera posible, sin artistas.
Tratan de seducirlos, de ofrecerles halagüeños contratos para dejar a nuestro pueblo huérfano de técnicos, huérfano de profesionales y huérfano de intelectuales. Y los hay quienes se han prestado a tan criminal y canallesca campaña; los hay quienes han echado sobre su conducta una mancha tan vergonzosa, y se han llevado a algunos médicos y profesionales. Sin embargo, nosotros sabemos que pierden el tiempo. Nosotros no contemplamos tanto el presente como el porvenir; nosotros sabemos que el presente es una dura batalla, pero nosotros sabemos que estamos creando el porvenir.
Nosotros tenemos, sobre todo, la vista puesta en el futuro, y nosotros tenemos una idea clara de lo que el futuro será. Ellos podrán llevarse de nuestro país, hacer desertar del país a quienes formó sin que fuesen capaces de liberarse a sí mismos, sin que fuesen capaces de ver, a los que de esa forma formó, una sociedad que ya pasó. Ellos están recogiendo los frutos de lo que sembraron durante muchos años, pero nosotros sabemos que mientras oleadas y oleadas de hombres y mujeres nuevos, de jóvenes revolucionarios, de miles y decenas de miles de jóvenes que irán constituyendo la generación de técnicos y de profesionales que sale de las filas de la Revolución.
La Revolución está preparando a sus hombres, la Revolución está preparando a sus cuadros, la Revolución está preparando a una generación nueva, y ya veremos si las garras del soborno pueden hacer mella en esa generación que la Revolución está creando.
Nosotros sabemos en quiénes ellos pueden influir; nosotros sabemos a quiénes ellos pueden arrastrar a la traición, como sabemos que jamás podrán arrastrar por esos caminos a los hijos de los obreros y de los campesinos y de las familias humildes que constituyen las clases ayer explotadas y hoy libres de nuestra patria. Nosotros sabemos que ellos reclutan a los traidores en las filas de los explotadores o entre los lacayos y los domesticados por los explotadores. ¡Nosotros sabemos que ellos jamás arrastrarán por el camino de la traición a los hombres y mujeres de espíritu verdaderamente libre! , y a la patria no le arrancarán una sola alma libre; las almas libres aquí permanecerán siempre, junto a la patria, junto a la justicia, junto a la Revolución.
Lo mejor de la patria estará siempre aquí en su puesto de trabajo, en su puesto de combate. ¿Y quién lo duda?, ¿quién pudo estar tan seguro nunca antes como hoy, que lo peor, lo peor en todos los órdenes, lo peor en el crimen, lo peor en el robo y la malversación, lo peor en la estafa, lo peor en la mentira, lo peor en la hipocresía, lo más egoísta; los campeones, en fin, del crimen, del robo y de la explotación, se han marchado de este país? Se los han llevado de este país, y que la patria no ha perdido nada con los que se han marchado, y los que aquí permanecemos en nuestros puestos, solo tendremos un poco de trabajo más.
El médico que permanece en su puesto, ese médico, tendrá que salvar las vidas que le corresponden y las vidas que le correspondía salvar al médico desertor; el cirujano tendrá que operar más. Los médicos que quedan, tendrán que trabajar más; los ingenieros que quedan, los profesores que quedan, los arquitectos, los profesionales, los escritores y los artistas, tendrán que trabajar más. Pero tendrán que trabajar más no solo porque tengan que realizar las tareas de los que se marcharon, sino porque nosotros tenemos una tarea todavía más esencial, nosotros tenemos que forjar el futuro, nosotros tenemos que forjar a las generaciones futuras.
A todos nosotros, sin excepción, nos corresponde el papel de enseñar; a todos nosotros, sin excepción, nos corresponde el papel de maestros. La tarea más importante de todos nosotros es preparar el porvenir; nosotros somos, en esta hora de la patria, el puñado de semillas que se siembra en el surco de la Revolución para hacer el porvenir.
Nosotros tenemos que considerarnos principalmente como eso. ¿Cuál es nuestra obra?, ¿cuál es la obra de todos nosotros? La obra de todos nosotros es el porvenir. Y el porvenir es mucho más importante que el presente, y los frutos de ese porvenir serán mucho más importantes que nosotros, lo que nosotros estamos haciendo vale mucho más que nosotros mismos.
Con ese espíritu —porque ya hace rato que consciente o inconscientemente estamos actuando así— se ha reunido este congreso. Y se reunió con profundo espíritu democrático y con verdadero espíritu fraternal, porque la unión que aquí ha prevalecido —unión tan firme y tan honda, tan espontánea y tan sincera entre los escritores y artistas; unión que ha hecho que en vez de“Asociación” el organismo se llame“Unión” — es el producto de ese espíritu de que hablábamos, ese espíritu de entrega a la causa revolucionaria, esa conciencia del valor de la tarea que a cada cual le corresponde, ese renunciamiento de pasiones, ese renunciamiento de egoísmos, de personalismos y de ambiciones.
Esa unión es la mejor prueba, porque ¿habría sido posible en otras circunstancias tan estrecha unión?, ¿se habría podido producir jamás un congreso semejante, una hermandad semejante, una comprensión semejante? No, para ello era necesario, primero que nada, la gran depuración que la Revolución ha significado en todos los órdenes; y, en segundo lugar, el espíritu generoso y desprendido que la Revolución ha inculcado a los verdaderos patriotas, a los verdaderos creadores, a los verdaderos y dignos ciudadanos de este país.
Y es para todos nosotros un motivo de verdadero regocijo, un motivo de verdadero optimismo, el saber cómo se ha desarrollado el congreso y cómo ha concluido el congreso; la impresión que ha quedado en todos nosotros de lo que eso significa para la Revolución y de lo mucho que ha avanzado la conciencia revolucionaria, y la impresión que ha de quedar en ustedes de la importancia tan grande de la misión que les corresponde, la impresión que ha de quedar en ustedes de la oportunidad extraordinaria que se les ofrece para trabajar, de la impresión consciente y clara que ha de quedar en ustedes y la alegría del privilegio que significa ser escritor o ser artista, ser creador, en una hora de creación como esta, en esta hora en que todo el pueblo se entrega a la tarea de crear una vida nueva, en que de la sociedad vieja surge una sociedad nueva, en que la historia de nuestro país crea una de sus páginas más hermosas, en que culmina el esfuerzo de generaciones y generaciones de cubanos, en que culminan los sueños de nuestro pueblo, desde que empezó a tener conciencia de sí mismos el privilegio de ser creador en esta hora, en que todo lo creado por el esfuerzo de nuestra nación surge como hermosa realidad, en todos los órdenes; cuando, al fin, somos dueños de nuestros destinos; cuando, al fin, podemos dedicarnos a trabajar como estamos trabajando.
Ese espíritu de unión, ese espíritu de libertad, ese espíritu de responsabilidad, es el que ha prevalecido, y nuestro pueblo recogerá sus frutos.
Nosotros no tenemos que decirles a ustedes lo que han de hacer; de la realidad misma, surgen las tareas que ustedes tienen delante. Lo evidente es que ustedes cuentan hoy con las condiciones ideales, con las mejores condiciones para trabajar; y la realidad es que el intelectual, el escritor y el artista cobra en esta hora revolucionaria todo su valor y toda su importancia; el valor y la importancia que solo la Revolución podía darles; el valor y la importancia que solo las clases humildes, liberadas, de nuestro pueblo, podían darles; la importancia que jamás habrían podido darles, el valor que jamás habrían podido concederles las clases explotadoras.
Cuando la explotación ha desaparecido en nuestro país como sistema o como base del sistema social, se presenta por primera vez la oportunidad a los escritores y artistas de trabajar no para una minoría explotadora, sino para una mayoría del pueblo, es decir, de trabajar para el pueblo. Desde que surgió la explotación del hombre por el hombre, desde las antiguas sociedades que se erigían sobre el trabajo esclavo, pasando por la sociedad feudal que se erigía también sobre la servidumbre, hasta la sociedad capitalista que se erigía sobre el sistema de explotación de los obreros, siempre fue una minoría la que disfrutó de la cultura, la que disfrutó de la educación, y la que disfrutó, por supuesto, de las creaciones artísticas.
¿De qué manera, por ejemplo, ese millón de cubanos, ese 1100 000 cubanos que no sabían leer ni escribir, podían apreciar o disfrutar de la obra de un escritor cubano? Esa gran masa del pueblo, que no tenía acceso ni siquiera a la instrucción primaria, ni a las escuelas, ni a las bibliotecas, para ellos, esas creaciones no existían, sencillamente.
Al desaparecer en nuestro país la explotación como base de la estructura social, por primera vez se crean esas condiciones mediante las cuales el trabajo de ustedes no será ya más para una minoría privilegiada. Y eso, el saber que ya no se trabaja para los explotadores, el saber que ya no se es explotado, debe ser uno de los mayores motivos de aliento para todos ustedes.
Ustedes saben que tienen por delante mucho trabajo, ustedes saben que tienen por delante un mundo que se está creando. Y eso tiene que ser para todos ustedes un motivo de verdadero aliento y entusiasmo: saber que ustedes forman parte de ese mundo nuevo y que ustedes son forjadores de ese mundo nuevo.
Ayer nos reuníamos con los trabajadores de un central azucarero, obreros humildes y honrados que en la tarde de ayer, al recibir el premio con que la nación los honró por ocupar el primer lugar en la emulación azucarera, se podía apreciar la infinita alegría que embargaba a aquellos hombres, el orgullo con que ellos exhibían sus camisas con que se señalaban los 351 obreros de aquel central azucarero.
¿Cuál era el motivo de su orgullo, cuál la causa de aquella alegría? Sencillamente habían trabajado. Aquellos obreros habían logrado un aumento del 30,24% en la producción de su centro de trabajo sobre el año anterior. Habían trabajado, se habían esforzado grandemente, habían sudado fuertemente, cumpliendo su deber. Y habían logrado aquel aumento tan considerable, habían dado un gran ejemplo, habían demostrado de lo que era capaz la clase obrera, habían probado de lo que era capaz la Revolución; ellos, con sus brazos, habían aumentado las riquezas de la patria; ellos, con sus brazos, habían aumentado las esperanzas de la patria, las esperanzas puestas en ellos.
Y por eso se sentían infinitamente orgullosos, infinitamente satisfechos. Ellos habían creado, habían creado riquezas; ellos, con su esfuerzo, estaban contribuyendo a establecer las bases sobre las cuales se erigirán las creaciones de ustedes, los escritores y los artistas.
Y eran felices, porque habían hecho lo que estaba al alcance de sus manos; eran felices, porque habían ayudado a la patria, trabajando. ¡Y qué profunda admiración despertaban en nosotros aquellos hombres! ¡Qué admiración para el trabajador esforzado!, ¡qué admiración para el trabajador sencillo, honesto, desinteresado!
Hoy nos reunimos con ustedes, los escritores y los artistas, para finalizar este congreso. Ustedes también son trabajadores, ustedes también tienen que producir, ustedes también tienen que crear riquezas, y ustedes también son acreedores a la infinita felicidad de los que producen, de los que crean.
Hace unos días nos reuníamos con los obreros que se juntaban para lanzar sus refuerzos a la gran campaña de alfabetización; dentro de unos días nos reuniremos con los administradores de las industrias, de las granjas, de las cooperativas, con los representantes de los obreros, de las asociaciones campesinas, es decir, con todos los que tienen que ver con la producción, para llevar adelante los planes de abastecimiento del país. Y a fines de mes nos volveremos a reunir en este mismo sitio con los consejos municipales de educación, en un gran congreso también de la alfabetización. Es todo el pueblo trabajando, es todo el pueblo que marcha, es el pueblo en pie de lucha, cada uno en su puesto de trabajo, cada uno cumpliendo el deber, cada uno luchando para el porvenir.
Y así están organizados los obreros, las mujeres, los jóvenes, los niños; así está organizado el pueblo, todo el pueblo está organizado, y ahora podemos decir que los artistas y escritores también están organizados, y están organizados para trabajar, están organizados para propender a todo lo que contribuya a la creación artística, están organizados para crear, sin que esto signifique que tenga su forma de organización que chocar con alguna otra forma de organización.
La Unión de Escritores y Artistas se forma, fundamentalmente, para los fines de creación, independientemente de la organización sindical, que tiene otros fines: todo lo que se refiera a los problemas del trabajo. Hay muchos que no pertenecen a la unión y pertenecen al sindicato. Y aquí está representado también el esfuerzo de muchos que no pertenecían al sindicato, que no estaban agrupados en el sindicato, y están agrupados en la unión.
Son dos instituciones con fines distintos, que pueden marchar perfectamente bien, como marcha un batallón de milicias y un sindicato, como marcha un Comité de Defensa de la Revolución y un sindicato. Muchas veces pertenecemos a distintas organizaciones. Hay personas, amas de casa, por ejemplo, que no son milicianas o no pertenecen a un sindicato, pero pertenecen al Comité de Defensa de la Revolución en el lugar donde residen; otras personas son milicianas, pertenecen a un sindicato y pertenecen, además, al Comité de Defensa de la Revolución. Es decir que todos pertenecemos a una o a varias organizaciones.
Ahora se están formando los cuadros políticos de la Revolución, y tendremos los cuadros del Partido Unido de la Revolución Socialista (APLAUSOS PROLONGADOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Izquierda, izquierda, izquierda, siempre izquierda!”).
Todo el pueblo está organizado, ¡hasta los niños están organizados! Y eso significa la creación de una fuerza revolucionaria tremenda e invencible; eso significa que la Revolución es invencible ; eso significa que la Revolución, con sus masas organizadas, es capaz de vencer todos los obstáculos; eso significa para los enemigos de la patria, para los enemigos de la Revolución, para los imperialistas, eso significa: “¡Adiós esperanza!”; eso significa que la Revolución marcha adelante por camino firme y por camino seguro; eso significa que la Revolución edifica sólido; eso significa que cada día que pasa la Revolución es más fuerte. ¡Qué ingenuos los cobardes! ¡Qué ingenuos los descreídos y los escépticos! ¡Qué ingenuos aquellos a quienes les faltó fe en el porvenir y en la patria! ¿Y cómo los descreídos van a vencer jamás a los que creen en sus convicciones? ¿Cómo los escépticos van a vencer jamás a los optimistas? ¿Cómo los cobardes que huyen van a vencer jamás a los valientes que permanecen en sus puestos? Ellos no son capaces de ver cómo el pueblo se atrinchera en sus ideas, cómo el pueblo se atrinchera en sus convicciones, cómo el pueblo se atrinchera en su fe, cómo el pueblo se atrinchera en su patria; cómo el pueblo se atrinchera en su espíritu de sacrificio, en su decisión irrevocable de marchar adelante; cómo el pueblo se atrinchera en su valor, ese valor que ha inspirado respeto al enemigo poderoso , ese valor que ha hecho que un pueblo pequeño haya parado en seco la agresión imperialista y haya demostrado al poderoso imperio que ¡la Revolución Socialista Cubana... es una realidad con la que tendrán que contar si quieren, y con la que tendrán que contar aunque no quieran! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Izquierda, izquierda, izquierda, siempre izquierda!”)
Los valientes que han permanecido junto a la patria han destruido el mito de la invencibilidad del imperialismo, y lo ha obligado a arriar vencidas sus banderas agresoras e intervencionistas ; los valientes que permanecieron junto a la patria, derrotaron el intervencionismo en los suelos de la patria cubana, prestándole un gran servicio a toda la América Latina (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Cuba sí, yanquis no!”; “¡Pim pom fuera, abajo Caimanera!”; “¡Fidel, Jruschov, estamos con los dos!”). La sangre derramada sirvió, además, para librar a la patria de decenas de miles, y tal vez cientos de miles de vidas sacrificadas en la contienda que habría tenido lugar si los imperialistas logran establecer una cabeza de playa en nuestro territorio (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”). Y sirvió para probar la determinación de nuestro pueblo, sirvió para probar que cuando el pueblo decía“¡Patria o Muerte!”, quería decir“¡Patria o Muerte!”, y quería decir “¡Venceremos!” (EXCLAMACIONES DE: “¡Venceremos!” Y DE: “¡Pim pom fuera, abajo Caimanera!”)
El pueblo dice con razón que estamos venciendo y que seguiremos venciendo. Que estamos venciendo en todos los órdenes lo ha demostrado este magnífico coro que hemos escuchado en la noche de hoy (APLAUSOS Y COREAN: “Somos instructores, óiganlo bien, que seguimos adelante por orden de Fidel.”).
He ahí el ejemplo. Esos jóvenes son en su mayor parte muchachos y muchachas campesinas de las granjas y de las cooperativas, algunos de ellos jóvenes de las ciudades también, que en dos meses tan solo han organizado este coro, constituido por voces jóvenes del pueblo que no fueron escogidas, sino integrado con el grupo de alumnos de la Escuela de Instructores de Arte.
La admiración expresada por algunos de los delegados visitantes, es una prueba de lo que es capaz nuestro pueblo, es una prueba de todo lo que puede superarse nuestro pueblo. Y como una prueba de lo que avanza la Revolución, a veces tan rápido que no deja de tener sus inconvenientes, este mismo caso de la escuela de instructores, donde estamos tratando de preparar unos 4 000 jóvenes para ir a enseñar a las granjas, a las cooperativas, a las asociaciones campesinas, eso mismo que ellos han demostrado aquí.
Pronto estarán organizados los grupos de teatro y los grupos de danza, pero ya nos encontramos con un inconveniente, y es que tal ha sido su éxito, que ya nosotros sabemos que el embullo en la escuela y por parte de la dirección de la escuela es tan grande, que ya están pensando constituir definitivamente ese coro. Pero, ¿y entonces quién va a enseñar en el campo? Si resulta lo mismo con los de teatro y con los de danza, nos quedamos sin instructores de arte. Y, por mi parte, estoy dispuesto a defender el plan de los instructores todo lo que se pueda.
Tenemos que ir a enseñar a los campos, tenemos que ir a enseñar a los campesinos, y, después, sacaremos de los campesinos, de los jóvenes campesinos, lo mejor, lo que más vocación tenga, y entonces en el futuro organizaremos... Vamos a sacar el coro de los campos. Recuerden que nosotros somos semillas, que tenemos que sembrarnos para producir una cosecha grande. Y ustedes, los instructores, son semillas que tienen que ir a sembrarse allí, de donde vinieron, para que de cada uno de ustedes surjan incontables artistas (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:  “¡Cumpliremosl”). Ustedes tienen que ir a escoger a los niños y a las niñas que irán a la Escuela Nacional de Arte que ya la Revolución está construyendo, y que comenzará a funcionar para el próximo año, a principios del próximo año y que tendrá capacidad para 3 000 jóvenes, algunos de los cuales irán allí a estudiar desde los ocho años y pasarán allí, en la escuela, todo el tiempo necesario recibiendo una educación integral.
Nosotros tenemos que sacrificarnos, recuerden que lo más importante es el porvenir, y este pensamiento debemos llevarlo todos con nosotros, todos, los futuros instructores, los actuales escritores, y los actuales artistas, para que en los congresos venideros podamos ver siempre en sus labios la sonrisa de los obreros de ayer , la sonrisa de los creadores, en cada congreso. Y hablando de congreso, muy pronto, el próximo 28 de enero, tendremos el Congreso Latinoamericano de Escritores y Artistas . El próximo 28 de enero se reunirán los escritores y artistas cubanos con escritores y artistas de los pueblos hermanos de América Latina, para discutir también en un congreso, y para trazar también metas comunes en un congreso.
Eso significará un paso más de la Revolución Cubana, un triunfo más de la Revolución Cubana, y un aliento más a los pueblos hermanos, donde se encuentran tantos escritores y artistas revolucionarios, muchos de los cuales integran los comités de solidaridad con la Revolución Cubana . Los felicitamos a todos calurosamente; les deseamos que pronto puedan cosechar los frutos del esfuerzo que han hecho; les deseamos que siempre puedan mantener esa ejemplar unión, y que cada día sea más fraternal y más estrecha; les deseamos el mayor éxito como escritores, como artistas, es decir, como creadores, pero sobre todo, como semillas de la patria de mañana.
¡Adelante compañeros escritores y artistas! ¡Junto a los obreros! ¡Junto a los campesinos! ¡Junto a los defensores de la patria!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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