julio 11, 2012

Discurso de Fidel Castro en la clausura del Congreso de la Federación Nacional de Obreros del Calzados y ots. (1960)

DISCURSO EN EL ACTO DE CLAUSURA DEL CONGRESO DE LA FEDERACION NACIONAL DE OBREROS DEL CALZADO, TENERIAS Y SUS ANEXOS, EN LA CTC REVOLUCIONARIA
 Fidel Castro
[8 de Septiembre de 1960]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Compañeras y compañeros de la industria del calzado:
Teníamos pensado aprovechar esta oportunidad de la clausura del congreso para tratar distintos temas de interés para nuestro país y para el pueblo.
Como siempre, hay que aprovechar estas ocasiones para discutir y tratar de esclarecer cuestiones de la Revolución, y me había emocionado bastante con esta oportunidad.  Pero no han venido las cosas del todo bien; primero porque se nos hizo tarde involuntariamente, y, en segundo lugar, porque anda por ahí un ciclón y posiblemente haya una zona grande del territorio nacional que, por lo menos, esté siendo afectada en estos momentos por las ráfagas del huracán, las lluvias...  es posible que haya mucha estática y que también haya muchas familias que están tomando medidas de precaución:  clavando ventanas. Y, en realidad, no liga bien un discurso de madrugada con un ciclón de madrugada.  También las milicias están organizándose para prestar ayuda a la población civil.
Los ciclones, pues, son uno de los fenómenos naturales que suelen afectar nuestros intereses.  Traen siempre bastante daño a las cosechas, inundaciones, en ocasiones pérdidas de vidas y un poco de alarma; aunque ya nuestro pueblo está acostumbrado a todos los problemas.
Pero también me decía Núñez que los ciclones traían algún bien y explicaba que, por ejemplo, llenaban las cuencas subterráneas de nuestra isla de agua suficiente para poder mantener las funciones que desempeñan cada día más importantes sobre todo en la agricultura. Decía también que los ciclones fueron los primeros agricultores, porque transportaron semillas de algunas plantas, de otras islas y del continente a nuestro país.  Y por último, decía Núñez, que los ciclones sacudían la mata. Hasta en el sentido naturalista de la palabra, porque podaban los árboles de las ramas más débiles, en fin, que podaban a la vegetación. Esos eran los aspectos positivos de los ciclones. Y puesto que es un mal natural, pues hay que resignarse con lo que trae de malo y lo poquito que trae, también, de beneficio.
Primero que todo, sobre el calzado voy a hablar poco, a pesar de que se trate de un congreso de este sector; en primer lugar, porque la verdad es que no entiendo mucho del problema del calzado.  Sí sé de los problemas que hemos tenido, pero estos se derivan, fundamentalmente, de una situación que ustedes comprenden perfectamente bien; y es que la industria del calzado en nuestro país va desde la producción artesanal hasta la producción altamente tecnificada.  Y teníamos, por un lado, grandes fábricas mecanizadas que podían producir a un costo...
Era una luz de cámara de cine que no me dejaba ver al público.
Así que, junto a las grandes fábricas completamente mecanizadas que podían producir a un costo inferior, teníamos una gran producción también, de tipo artesanal, manual, que no podía competir en los costos con las grandes fábricas.
Al mismo tiempo, esta producción artesanal da empleo a millares de trabajadores cubanos. Y eso es lo que hacía más difícil la solución económica y técnica de la industria.  Recuerdo que en los primeros meses de gobierno revolucionario, sosteníamos una conversación con un grupo de trabajadores de Manzanillo, de obreros del calzado, y junto con ellos, también había una representación de los pequeños fabricantes. En realidad, ellos planteaban su situación; y era la de un salario bajo. Pero cuando se empezaba a analizar las posibles soluciones, nos encontrábamos con que la elevación de ese salario elevaba el costo y se les hacía difícil poder competir entonces con las fábricas altamente mecanizadas, que podían obtener una producción per cápita, incomparablemente mayor, de la producción manual.
Y, en fin, era un problema de difícil solución.  Y el Ministerio del Trabajo, pues se preocupó con toda razón de buscarle una solución, porque era necesario tratar de elevar el ingreso de los obreros de la industria del calzado.
Pero, al mismo tiempo, teníamos otro problema: el problema de los precios, puesto que es un artículo que lo consume todo el pueblo y tanto el obrero como el campesino, en fin, todas las familias humildes tienen necesidad de calzado.  Cualquier variación en esos precios afectaba, de manera sensible, la economía de las familias más humildes.  Ya se sabe que el que cuenta con recursos de sobra cuando se le encarece uno de esos artículos apenas lo nota y, en cambio, se hace muy sensible a las familias que tienen una economía muy limitada.
Además, existían una serie de tarifas y de aumentos teóricos que no se cumplían. Cuando el ministerio se limitó a establecer el cumplimiento de las tarifas existentes ya eso de por sí creaba un problema, puesto que no se estaban cumpliendo esas tarifas.  Eran leyes como muchas de las que había en nuestro país que no se cumplían. Por eso la industria atravesó varios meses de dificultad que a todos nos preocupaba mucho, puesto que se estaba notando la escasez del calzado. Había que resolver el problema de manera que resultaran mejorados los ingresos de los trabajadores del calzado, que no resultase afectada la economía de las familias, y teníamos que hacer eso en el cuadro de una industria que es, por un lado, artesanal y por otro lado, mecanizada.
Así son muchos de los problemas del Gobierno Revolucionario y muchos de ellos que, por supuesto, los hemos heredado y que no son de solución fácil.
Pero al final, el Ministerio del Trabajo, el Ministerio de Comercio y el Departamento de Industrialización del INRA, trabajando en plena colaboración con los obreros del sector, han encontrado una solución dentro de nuestras posibilidades para restablecer de inmediato la producción, aumentar esa producción, vender los zapatos a un precio aproximadamente del 22% al 25% más barato del que tienen en estos momentos y, además, mejorar el estándar que tenían anteriormente los obreros del sector.
Algún día llegaremos a tener una industria plenamente mecanizada. ¿Cuándo? Sencillamente cuando haya empleo para todos, cuando la mecanización no desplace a nadie.  Y esa aspiración, pues, no se puede lograr de inmediato, requiere tiempo. Y como muchas de las cosas de un proceso revolucionario que va transformando hondamente la vida del país, hay que irlas llevando adelante en la medida de nuestras posibilidades. La Revolución se puede considerar afortunada por todo lo que ha logrado, en medio de grandes desventajas: de una economía dependiente por entero de una nación cuyos intereses minoritarios nos explotaban, y que se ha valido de la situación de dependencia económica que tenía nuestro país con respecto a ellos, para agredirnos. Y, sin embargo, a pesar de esas agresiones, a pesar de que todo proceso revolucionario es siempre muy complejo y muy difícil, la Revolución Cubana se puede sentir muy satisfecha de todo lo que ha ido logrando.
Nosotros nunca hemos afirmado, ni lo podemos afirmar, porque sería además una falsedad, una falta de honradez decir que hemos hecho las cosas a la perfección. En realidad, no es así. Lo que sí podemos afirmar es que todo lo que los hombres de la Revolución han estado haciendo lo han estado haciendo con una inmaculada honradez, con un espíritu invariable y creciente de servir al pueblo, con un deseo de hacer todas las cosas lo mejor posible.
No siempre resulta así; se cometen equivocaciones, se cometen errores. Y, además, pudiera sacarse también una conclusión de la experiencia revolucionaria que hemos tenido y es que en una Revolución hay daños inevitables, hay ciertos daños que son inevitables, hay ciertas medidas que obligan a tomar otras medidas, aunque no se pretendieran en el primer instante, y algunas de esas medidas ocasionan daños a la economía. Por ejemplo, hay veces que un problema de tipo laboral o una actitud patronal contrarrevolucionaria obliga al gobierno a intervenir una empresa determinada, y como consecuencia de esa intervención plenamente justificada se produce una especie de miedo y de retraimiento en otras empresas del mismo sector que, naturalmente, obligan al gobierno a tomar medidas para resolver los problemas que ese miedo crea.
¿Qué queremos nosotros?, ¿siquitrillar a todo el mundo indiscriminadamente? No; hay quienes piensan eso, y hay quienes creen que lo hacemos por el placer de amargarle la vida a alguna gente. El Gobierno Revolucionario no se puede guiar por pasiones, no se puede guiar por caprichos; su tarea es una tarea muy responsable; es ir resolviendo problemas, es ir avanzando, es ir mejorando cada día, sin crear trastornos que retrasen la marcha de la Revolución.  Y hay veces que esos trastornos se producen sin que lo pueda evitar el Gobierno Revolucionario.
No es que nosotros queramos intervenir todas las empresas, no señor. Hay algunos empresarios que creen eso.  Si nosotros hiciéramos eso, cometeríamos una locura, porque de repente nos encontraríamos que teníamos que administrar... Bueno, pues..., ¡cincuenta mil negocios!; necesitaríamos cincuenta mil interventores, cincuenta mil personas aptas en administración y eso no se encuentra fácilmente; no digo yo cincuenta mil, ¡a veces ni cinco mil!, a veces —bueno, bueno, bueno—, ¡ni quinientos!  
Hay que capacitar a nuestro pueblo. Nosotros no podemos realizar hoy tareas que sí podremos realizar en el futuro. Con un pueblo que tiene una gran deficiencia en técnicos, con un pueblo donde tantas inteligencias han perdido la oportunidad de desarrollarse, de ir a centros de capacitación, de ir a las universidades; nosotros no podemos hacer lo mismo que podremos hacer cuando hayamos desarrollado hasta el máximo la capacidad técnica de nuestro pueblo. Es decir que el que quiera cruzar el puente antes de llegar al río, pues no cruza ni el puente ni el río; y nosotros sabemos cuándo hay que cruzar el río y cuándo hay que cruzar el puente.
Nosotros no queremos posar de los revolucionarios más grandes del mundo ni ganar fama de superrevolucionarios, porque el que se deje llevar por ese prurito puede incurrir en ser el más grande chapucero del mundo ; porque los problemas son muy complejos y nosotros entendemos que los verdaderos revolucionarios son los que estudian las realidades, estudian los problemas tales cuales son, y no hipotecan el futuro sino que están pensando siempre en el futuro, están siempre pensando en los avances futuros, y no sacrifican el avance futuro por precipitaciones presentes. Nosotros no debemos incurrir en precipitaciones presentes que sacrifiquen un desarrollo más rápido y más seguro en el futuro. Esa debe ser la norma de los verdaderos revolucionarios, y es la norma del Gobierno Revolucionario.
Cosas que afortunadamente, nuestro pueblo comprende perfectamente bien. Nuestro pueblo, además, tiene la gran generosidad de comprender que muchas de las cosas que no pueden salir bien en los primeros momentos, pues que nosotros no tenemos toda la culpa de eso. Y también el pueblo observa que hay grandes progresos, el pueblo observa que en muchas cosas se mejoran. Nosotros recordamos los primeros meses, cuando andaban tantas cosas al revés y, ¡claro!, no nos podíamos hacer cargo de todos los problemas de la república y que además todo empezara a marchar perfectamente bien desde el primer día.  Sin embargo, el pueblo tenía fe en que las cosas en el futuro irían marchando mejor, y esa fe del pueblo no ha sido defraudada; porque es cierto que si bien muchas cosas hay que mejorarlas, que si bien hay muchos defectos en muchos aspectos, hay también grandes mejoras y grandes progresos en muchos aspectos.  Y nosotros debemos estar siempre inspirados en el propósito de ir mejorando cada día más las cosas de nuestro país, no dormirnos nunca sobre los laureles, no conformarnos nunca con lo que hayamos logrado, sino tratar de lograr cada día nuevos perfeccionamientos. Con los conformistas no se puede avanzar; un pueblo que se conforma con lo que ha hecho, ese pueblo paraliza su progreso y siempre el progreso se puede ir obteniendo en todos los aspectos y desde los inicios de la humanidad hasta hoy, lo que se ha demostrado es que todas las cosas de la sociedad humana, todas las cosas del género humano, son susceptibles de grandes progresos.
Y así, los progresos de nuestra patria —por ejemplo— en un siglo han sido muy grandes, y desde luego, los progresos de nuestra patria en los últimos dieciocho meses de vida han sido extraordinariamente grandes; los cambios han sido profundos y, sobre todo, lo que vale la pena analizar es lo que hemos aprendido todos en estos dieciocho meses; lo que se ha despertado nuestro pueblo a la apreciación certera de los problemas que no teníamos ayer. Vale la pena comparar la cantidad de mentiras que teníamos en la cabeza que nos las habían inculcado sistemáticamente; vale la pena comparar la falta de verdadera conciencia revolucionaria y política que había hace dos años, y la madurez política y revolucionaria que tiene hoy el pueblo de Cuba.
¿Cómo el pueblo de Cuba ha podido descubrir grandes verdades por sí mismo? ¿Y cómo ha podido exhibir esas verdades frente a las grandes mentiras que antes imperaban aquí y que hoy imperan todavía en el continente americano? ¿Cómo nosotros hemos podido descubrir toda esa farsa de una supuesta democracia?, y cómo nos habían hecho creer que toda aquella politiquería, toda aquella camarilla que se reunía en nuestros órganos legislativos, donde representaban sus intereses exclusivamente, y jamás los intereses del pueblo, cómo toda aquella burocracia, toda aquella compra de conciencia, todos aquellos pillos, podían constituir expresión de la voluntad de un pueblo; cómo todo aquel espectáculo de demagogia, de mentira, de soborno, de burocracia, de prebendas, ¡todas aquellas calles invadidas de pasquines de descarados!, donde el pueblo no tenía ni siquiera medio de conocer los hechos, era informado falsamente a través de las agencias internacionales, era informado falsamente sobre sus verdaderos intereses a través de un monopolio de los órganos de divulgación por los grandes intereses económicos de minorías nacionales o de monopolios extranjeros, y que el pueblo tenía que leer todo aquello y no podía leer ninguna otra cosa, y que el pueblo no tenía otra información que la que le daban aquellos intereses que lo estaban explotando, y que nos hicieran creer que aquello podía llamarse democracia, aquello podía ser expresión de la soberanía de un pueblo, de la voluntad de un pueblo y de los intereses de un pueblo.  Y cómo nos entretenían con aquella maraña y aquel tejido de mentiras y pasaban los años, pasaban las décadas, sin que ni una sola de las grandes injusticias se pudiera eliminar en nuestra patria.
Hoy vemos cosas del pasado que nos parecen increíbles y casi no podemos comprender cómo nuestro pueblo había aceptado tanta explotación, tanto abuso, ese abuso generalizado en todos los aspectos de la vida:  desde el manejo inmoral de los fondos públicos, la prebenda, el enriquecimiento ilícito, el saqueo del país por los monopolios extranjeros; nos hacían creer que era bueno que una compañía americana tuviera aquí 10 000 caballerías de tierra mientras había cientos de guajiros muriéndose de hambre en las guardarrayas, que eso era bueno ; y que era bueno que un garrotero le prestara, cobrando el 100% de interés a cualquier obrero que iba desesperadamente a pedirle un préstamo y que era bueno que un especulador le cargara tres, cuatro, o cinco pesos a un quintal de cualquier producto para que tuviera que pagárselo el pueblo, y en cambio, él pudiera tener cuatro residencias, cinco residencias, tres Cadillacs, dos yates, veinte casas de recreo y todos los lujos que se le pudieran imaginar; y que en nuestro pueblo hubiera tanta pobreza, tanta gente analfabeta, tantos cientos de miles de familias viviendo en bohíos miserables, mientras unos pocos disfrutaban de una proporción vastísima de la renta nacional, y que las hijas de los obreros o de los campesinos no tuviesen oportunidad de ir a una escuela, tuviesen que ir a trabajar de criadas —como las llamaban—; y las que criaban eran ellas, porque eran las que criaban a los hijos y a los propios padres con su trabajo; y que las hijas de las familias humildes tuviesen que ir a engrosar las filas de la prostitución y que tuvieran que ir a parar a los trabajos más vergonzosos en una sociedad que no les brindaba otra alternativa, que no les brindaba la alternativa del trabajo decoroso, en una sociedad inhumana como era la sociedad en que vivíamos nosotros; porque era verdaderamente una sociedad inhumana; y cómo trataban de hacernos creer que lo malo era bueno, y que, en cambio, todo lo bueno que ha hecho la Revolución, y que está haciendo, y que hará, es malo.
Estas cosas se comprenden cada día mejor y se comprenden con hechos que se enseñan de una manera clarísima. Y cómo nosotros los cubanos, hemos podido echar por tierra todas las mentiras con que se engañaba a este continente, con que engaña a los pueblos hermanos de América. ¿Quién cree que muchos de esos gobiernos representen el interés de sus pueblos, representen la voluntad de sus pueblos?
Y los cubanos hemos podido contemplar por primera vez, cómo efectivamente la voluntad mayoritaria y los intereses absolutamente mayoritarios de un pueblo son los que cuentan y son los que deciden a la hora de afrontar nuestros problemas; cómo el pueblo ha llegado a tener, por primera vez en la historia, la sensación de que está decidiendo sus propios destinos y que es su voluntad la que cuenta; ¡y cómo, por primera vez en nuestra historia, ningún cubano tiene que sentirse avergonzado de ser pobre!; ¡y cómo, por primera vez en nuestra historia, ningún cubano negro tiene que sentirse avergonzado por ser negro!  
¿Y cómo era la vida del humilde ayer, cómo, cómo era la vida del humilde ayer, que tenía que soportar todos los vejámenes? Y cómo los que vivían engreídos, cómo los que vivían altaneramente y despreciando a los demás, eran aquellos que se paseaban en sus carruajes y ni siquiera se dignaban a mirar a un hombre humilde del pueblo, cuando ese hombre humilde del pueblo era el que les limpiaba las botas, y era el que les llevaba la leche por la mañana a su casa, porque otro se había levantado a las 3:00 de la madrugada a ordeñar la vaca, y otro se había levantado a esa misma hora a hacer el pan , y otro era el que le imprimía el periódico que él leía cómodamente por la mañana, y otro el que se lo llevaba a su casa, y otro el que le manejaba el carruaje, y otra la que le cocinaba y le preparaba sus suculentos y bien condimentados alimentos.  Era, para ellos, como si el ser humano no mereciera ninguna consideración.
Y esas son las cosas que han cambiado en nuestro país.  ¡Y esa es una de las muchas razones por las cuales nosotros, los hombres del Gobierno Revolucionario, podemos convocar a un millón de cubanos en cualquier plaza de nuestra patria!
Esos son los extraños misterios —porque son verdaderos misterios— para los que cada día, mientras más impotentes, más se llenan de odio contra la Revolución; los que mientras más fuerte la ven, más tratan de hacerle daño y más pierden la cabeza en la obsesión de obstruirle a un pueblo su marcha, de obstruirle a un pueblo su felicidad. ¿Por qué? ¿En nombre de qué?  ¿Qué razones se pueden esgrimir para defender intereses y privilegios frente a las grandes ansias de una nación toda?  ¿O es que la nación la constituía aquí el grupito de privilegiados, y todo tenía que estar ordenado para ellos? ¿Es que la nación tenía que estar ordenada para servir a intereses de minorías extranjeras que se habían apoderado de nuestra riqueza?  ¿O es que la nación está constituida realmente, en su inmensa mayoría, por familias de condición humilde, por familias que trabajan, por familias que tienen muchas necesidades, que tienen necesidades materiales, que tienen necesidades espirituales, que tienen muchas cosas por las cuales luchar y luchar honestamente, que tienen muchas cosas por las cuales preocuparse y resolverlas honestamente?
Por eso es por lo que estamos luchando, por la nación, integrada en su casi totalidad por hombres y mujeres que trabajan, y por hombres y mujeres, que en muchos casos, queriendo trabajar, no tienen donde trabajar; para ellos y para que ellos puedan satisfacer sus justísimas aspiraciones humanas, materiales y espirituales, es por lo que estamos luchando, y es lo que queremos. Y contra ese propósito cuando un pueblo ha llegado a comprenderlo, se tienen que estrellar todas las agresiones, se tienen que estrellar todas las torpezas que cometan los enemigos de ese pueblo.
Y en verdad que cuando se aprecia de qué forma una mayoría tan abrumadora de la nación está consciente de su rol, y está consciente de su destino, cuando una mayoría tan abrumadora de la nación está de acuerdo en esforzarse y en luchar por algo que no se concibe que todavía haya mentes tan criminales que tengan la ilusión de hacer fracasar a ese pueblo; haya mentes cargadas de un desprecio tal para los pueblos, que crean que sus inmorales pretensiones puedan imperar por encima de las nobles y justas aspiraciones de todo un pueblo. Y por eso cuesta trabajo concebir sus actos y sus hechos; cómo tratan de estar constantemente promoviendo hechos contrarrevolucionarios, cómo se mueven fuerzas poderosas, sobre todo de carácter extranjero, para perturbar la marcha del país. Y, realmente, llena de indignación ver cómo se valen de la ignorancia, cómo se valen de la desorientación de algunas gentes para lanzarlas en las más descabelladas aventuras, cómo promueven campañas terroristas pagadas, peso a peso, por manos extranjeras, cómo desafían esos intereses la voluntad tan clara y definitivamente expresada por nuestro pueblo.
Y así se producen conductas que son bochornosas, que son cobardes y que son dolorosamente indignantes. Cómo, por ejemplo, aquí en Cuba todavía haya elementos conectados con el extranjero que crean que se pueden promover alzamientos, y cómo todavía no los hayan escarmentado las experiencias de Pinar del Río y las experiencias de Oriente para estar lanzando gentes a la absurda pretensión de querer hacer alzamientos o guerrillas contrarrevolucionarias apoyados por los terratenientes. ¿A quién se le ocurre que se puedan promover en nuestros campos guerrillas contrarrevolucionarias apoyadas por la clase explotadora de los campos?  
Porque eso sencillamente es demostrar una ignorancia absoluta y total de lo que es una revolución, de lo que es la lucha revolucionaria, y cómo una revolución tiene que apoyarse sólidamente en un sector oprimido para marchar adelante, ¿cómo es posible que se pueda hacer una revolución, es decir, una lucha, una lucha social apoyada en un sector explotador contra los intereses de los campesinos, y que pretendan realizar actividades de esa índole en áreas rurales de nuestro país? ¿Contra quién indignarse, contra los que son instrumentos que se dejan arrastrar a esos disparates y a esos absurdos, o contra los que envían a esa gente? ¿Contra los que pagan a esos elementos, o los seducen, o los engañan? Porque es curioso cómo los elementos privilegiados, afectados por la Revolución, no descansan en la tarea de confundir, de engañar, de provocar hechos de esa índole, y todavía lo más increíble: cómo además se hacen ilusiones de que tales propósitos puedan prosperar.
Y así nosotros tenemos que meditar sobre estos problemas, y es difícil imaginarse la indignación que produce conocer, como conocemos nosotros, quiénes son los señores que están promoviendo esas actividades, y en el día de hoy, por ejemplo, en las zonas montañosas de la provincia de Las Villas, una patrulla de hombres del Ejército Rebelde tuvo noticias de un punto donde había elementos armados y procedieron a ir a dominarlos.
Resultaba que allí había dos excasquitos  y un exteniente, es decir, un exteniente rebelde.  ¿Cómo era posible que se llevara a un hombre a la confusión semejante de ir a reunirse con dos exsoldados de la tiranía para intentar la cosa más absurda del mundo: la de promover guerrillas contra el Gobierno Revolucionario?
Cuando ahondamos un poquito en las investigaciones, encontramos quiénes eran los que les habían enviado las armas, quiénes eran los que les habían enviado el dinero, quiénes eran los que estaban alentando; señores afectados por la Revolución, latifundistas afectados por la Revolución, intermediarios afectados por la Revolución; y era realmente indignante ver la lista de los que les habían entregado las armas y estaban promoviendo esas actividades.
Al ir los soldados nuestros a dominarlos trataron de hacerles resistencia y dos de ellos resultaron heridos: los dos exsoldados de la tiranía. Sin embargo, nosotros que nos encontrábamos en la provincia, cuando pudimos presenciar aquellos dos heridos y meditábamos en las causas que podían haber llevado a aquellos hombres a cometer tamaño error; lo que sentíamos no era odio, lo que sentíamos era pena.  Uno de ellos era un muchacho joven, otro tenía algo más de edad. ¿Cómo podían haberles hecho creer a aquellos hombres que podían intentar guerra de guerrillas contra el Gobierno Revolucionario, que se apoya fundamentalmente en los sectores campesinos y obreros del país?  
Nuestros soldados, nuestros soldados, con su caballerosidad característica, procedieron inmediatamente a tomar las medidas para el traslado inmediato y la atención de esos heridos al hospital.  ¡Como hicieron siempre durante la guerra!
Y cuando se contemplan estas situaciones lo que uno se pregunta es esto: ¿Qué son esos seres, sino meros instrumentos de los que teniendo más maldad todavía que ellos; más mala fe todavía que ellos los alientan y los arman y les ofrecen apoyo americano y les hacen creer que es cuestión de estarse unas cuantas semanas en las lomas, todo lo más unos cuantos meses, que los marinos americanos lo van a resolver todo? (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”) Y nosotros hemos tenido oportunidad de comprobar eso y de investigar eso, ¡y con qué perfidia y con qué cobardía hay gentes tratando de alentar a estos elementos militares, o gente confusa o elementos de estos que no son revolucionarios para que promuevan guerrillas contra el Gobierno Revolucionario! ¡Y así lo han estado haciendo en la provincia de Las Villas!  Han estado tratando de promover guerrillas de exmilitares o de desertores, o de traidores a la Revolución para crear focos de contrarrevolucionarios que faciliten las actividades de los extranjeros que hoy dirigen todas estas actividades contra nuestro país. ¡Cómo tratan de instrumentar los planes extranjeros contra nuestra patria y cómo se valen de esa gente ignorante que no pueden tener idea de que no se puede realizar una lucha, porque analizándolo fríamente, objetivamente, es lo más absurdo que se pueda concebir!  Y nosotros tenemos derecho a saber esto, porque fuimos allí a reunirnos con los campesinos que eran explotados miserablemente, que eran estafados constantemente, que eran desalojados de sus tierras, que veían en el soldado de la tiranía el esbirro que constantemente abusaba de ellos. Y nosotros sí sabíamos que en esas condiciones se podía promover una lucha revolucionaria.
¡Y en qué distintas condiciones tratan estos elementos contrarrevolucionarios de promover guerrillas! ¿A qué nos obligan, a qué nos obligan a nosotros con esas cosas?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón!”)
Y es curioso, porque nosotros ya tenemos alguna experiencia sobre estos problemas; cómo apenas un grupito se pasa unos días tranquilo y enseguida se forma el embullo entre todos los elementos contrarrevolucionarios y creen que ya pueden agarrar las lomas.  ¿A qué nos obligan?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón!”) ¡Todavía ni siquiera eso! ¿A qué nos obligan? Y créanme que lo digo sin sombra de odio, créanme que lo digo con dolor, porque los que podemos llegar a comprender cómo en la sociedad los mayores culpables son los que muchas veces permanecen ajenos al peligro; los mayores culpables son esos que tranquilamente y cómodamente arrastran a otros a hechos de esta naturaleza; los que llegamos a comprender cómo esos señores que han adquirido una cultura mayor, porque eran los que podían estudiar, más leídos, más preparados, más habilidosos son los que sin riesgos para ellos, sin saber lo que es una loma, ¡y sobre todo sin saber lo que es el Ejército Rebelde cuando se dispone a poner fuera de combate cualquier elemento de esos...! Porque hay gente que no tiene la más remota idea de lo que es la guerra. ¡Hay gente que no tiene ni la más remota idea de lo que es tener que afrontar de veras la lucha!
Sin embargo, nosotros tenemos que movilizar la fuerza, ¿contra quién? Contra esos instrumentos; mientras que desde el extranjero cómodamente oficinas extranjeras, servicios de espionaje extranjeros, tranquilamente desde fuera, mueven esos hilos, o señores aquí afectados por la Revolución tranquilamente, paseando todavía en sus Cadillacs, viviendo todavía en sus lujosas casonas. Y lo que duele es que nosotros tengamos que movilizar nuestras fuerzas contra los que no son más que meros instrumentos y nos veamos obligados a hacerlo para destruirles las ilusiones de que puedan promover brotes contrarrevolucionarios en el interior de nuestro país. Que nos veamos obligados a mover nuestras fuerzas contra esos meros agentes y lo que nos duele es pensar que haya cubanos que por su ignorancia, su falta de mentalidad, puedan llegar a ser arrastrados a esas situaciones. Porque a nosotros nos duele sencillamente cada vez que nos vemos obligados a movilizar a los hombres de la Revolución para reprimir sencillamente, poner fuera de combate y liquidar cualquier actividad de ese tipo.  ¡Y con mucha más razón cuando pensamos que las están promoviendo contra la patria para servir al extranjero!  Con mucha más razón por eso, porque están sirviendo a intereses extranjeros.
No les ha bastado la experiencia del grupito que trataron de promover en la Sierra Maestra. No les ha bastado la experiencia del grupito que trataron de promover en Pinar del Río.  Pues nos obligan a tener que demostrarles, otra vez, que ni en la Sierra Maestra, ni en los Órganos, ni en el Escambray tampoco pueden promover ningún grupito de guerrilleros.
Y no queda más remedio, sencillamente, no queda más remedio que tener que hacer la tercera demostración.
Esperamos que por lo menos les sirva de algo y no continúen haciendo esas cosas tan absurdas, tan faltas de lógica y además para que no se hagan ilusiones, porque lo simpático que tiene esto, en medio de la tragedia, es la facilidad con que se hacen ilusiones los contrarrevolucionarios, la facilidad con que se embullan, la facilidad con que se alborotan los mercenarios que están en el extranjero cuando logran arrastrar algunos grupitos a esas actividades.
Para que se les acaben de una vez todas las ilusiones, permítasenos decir una cosa aquí y es esta: —para ver si les sirve aunque sea a esos infelices instrumentos, o les sirve a esos malvados para que dejen de hacerse ilusiones—, permítasenos decirles que en la Sierra del Escambray hasta una aguja que soltaran allí, ¡hasta una aguja la encontraremos nosotros!  
¡Ojala bastaran estas palabras, ojala bastaran estas palabras, para que se convencieran de eso y con eso nos podíamos evitar las escenas dolorosas, con eso nos podíamos evitar un solo herido!
Nosotros no queremos victorias contra grupitos, ¡porque nosotros aprendimos con grupitos a obtener victorias contra montones de soldados enemigos!  
Nosotros siempre con muy pocos hombres derrotamos a unidades incomparablemente mayores que las nuestras, y en eso sí podíamos ver un poco de gloria, de mérito, pero nosotros no queremos esas victorias, esas que nos obligan a tener que movilizar las tremendas fuerzas con que cuenta la Revolución, una parte pequeñísima de esa tremenda fuerza, para poner fuera de combate a grupitos.
¡Ojala bastaran estas palabras, pero si estas palabras no bastan, sépase que hasta una aguja, una aguja la encontramos nosotros en esas montañas , que no tenemos más que movilizar, no ya a nuestras unidades del Ejército Rebelde que están en entrenamiento, y no deseamos interrumpirles para nada su entrenamiento; con movilizar unos cuantos cientos o si se quiere, cuando lo estimemos pertinente, unos cuantos miles de milicianos campesinos que tenemos perfectamente entrenados .
¿Y por qué incurren en esos errores? Porque no me entienden, no entienden, no son capaces de entender. Los ciega el odio ese que les nace del vientre, que les nace de los bolsillos afectados, que les nace de las ganancias afectadas, porque si fueran capaces de entender, por lo menos, dejarían en paz a nuestra Revolución y a nuestro pueblo. Nosotros tenemos muchas cosas por hacer, nosotros tenemos mucho que trabajar por delante; hay grandes cosas y grandes proyectos por llevar adelante.  Debieran de dejarnos en paz.  Sin embargo, se empeñan y se empeñan y se empeñan inútilmente, porque eso es lo que duele: si tuvieran alguna posibilidad... pero es que no tienen ninguna porque, ni los monopolios ni el imperialismo van a aplastar aquí a nuestra Revolución , ni en nuestro país puede haber contrarrevolución que prospere.  Y no descansa, sin embargo, el imperialismo, en estar promoviendo terrorismo, en estar promoviendo grupitos de alzados, en estar promoviendo estupideces, porque son, sencillamente, estupideces. ¿Qué van a conseguir? ¡Ah!, retrasarnos. Está bien, nos pueden retrasar; las agresiones económicas nos retrasan, las agresiones económicas nos crean problemas.  Todas las agresiones del imperialismo nos perjudican, nos perjudican, sí, ¡pero ellos salen mucho peor que nosotros!  Y los perjuicios que nos han hecho, ¡tengan la seguridad de que los han pagado muy caro! Y los perjuicios que nos sigan haciendo, ¡tengan la seguridad de que los tendrán que ir pagando muy caro!  
Y no hay nada más insensato y nada más doloroso que ese daño en balde, ese daño estúpido y ese daño sin resultado posible que le pretenden hacer a nuestro pueblo.  No nos quieren dejar en paz, porque saben lo que la Revolución avanza.  Si de verdad creyeran en lo que ellos afirman, si de verdad creyeran que su sistema es la panacea del mundo; en cambio, que lo que nosotros hacemos está mal hecho, entonces nos dejarían solos para que nosotros nos hundiéramos solos, ¿verdad?  Y, sin embargo, ¿por qué no nos dejan en paz?  Porque saben que nos dejan tranquilos y los avances de nuestra república son tan fantásticos, y los progresos de nuestra patria son tan fantásticos que a los pocos años será derrotado el imperio en toda la América Latina.
Ellos hace mucho rato que no creen en lo que afirman, hace mucho rato que ellos mismos no creen en lo que afirman; ellos hablan de su fantástico sistema y, sin embargo, tienen que ir corriendo con 600 millones de dólares en el bolsillo para ir a sobornar gobiernos.  ¡Nosotros no nos gastamos ni un centavo!  ¿Con qué moneda nosotros ganamos amigos? Con la moneda del éxito, con el éxito de nuestra Revolución. Y ellos lo saben.  Ellos saben bien que, como es mentira lo que afirman y saben bien que nosotros marchamos por un sendero de progreso, se llenan de terror pensando que los otros vean lo que nosotros estamos haciendo, pensando en que los demás pueblos se entusiasmen con nuestros éxitos. Y para que se demuestre aquí de una manera que no le quede duda a nadie de lo que es capaz de hacer una revolución justa, baste considerar cómo nosotros hemos soportado la agresión, cómo a pesar de la guerra que le han hecho al turismo —por ejemplo—, de habernos quitado casi un millón de toneladas de nuestra cuota, y cómo saboteando todas nuestras actividades, la Revolución ha podido darle al pueblo un aumento del 35% del empleo industrial en solo 18 meses. Cómo la Revolución ha podido hacer desaparecer el desempleo en muchas regiones de nuestros campos ya; no en todas, pero en varias regiones sí.  Hay algunas que son mucho más densamente pobladas que en otras, pero hay muchas zonas de desarrollo donde han tenido ya que estar llamando trabajadores de otras zonas para poder cubrir allí todas las tareas. Cómo, en medio de un hostigamiento incesante, la Revolución ha podido llevar tantos beneficios al pueblo. Y eso es lo que ellos no pueden soportar.  Si creyeran en lo que afirman, no se habrían apurado. Mas, como no creen en lo que afirman, tienen un miedo tremendo a los éxitos de la Revolución Cubana.
Sin embargo, no lo podrán impedir, porque hay una cosa que tienen también los pueblos cuando los hostigan, cuando los agreden: los pueblos se crecen. Y nosotros cada acto de hostigamiento, cada acto de agresión lo convertimos en energía revolucionaria; lo convertimos en deseo de trabajar, lo convertimos en propósito de triunfar.
Deseamos el triunfo por nuestro bien, pero además, por cuanto el triunfo nuestro es el mal de los enemigos de la humanidad, deseamos más todavía el triunfo nuestro. Y por eso nos sentimos con más entusiasmo todavía, con más deseo de adelantar y de llevar adelante la Revolución, con más energía todavía para trabajar por ella.  Y esa energía se la debemos a todos los que están tratando de fastidiar a nuestro pueblo, a todos los que están tratando de hacer fracasar a nuestro pueblo; lo que han logrado es convertir sus agresiones en triunfos como dijo la compañera. En energía revolucionaria..., pero los muy torpes no entienden eso; no lo entienden, no entienden nada, absolutamente nada.  Y sobre todo, no entienden eso.  Entonces, nosotros pensamos: ¿Qué explicación se darán esta gente de lo que está pasando en Cuba?  ¿Cómo podrán explicarse estos fenómenos, si en el cerebro de ellos no caben? ¿Cómo después de haberse pasado tantos años tratando de tomarnos el pelo, tratando de engañarnos, tratando de desorientarnos han fracasado tan miserablemente? ¿Cómo se explican ellos eso?
Y me imagino que se deben estar rompiendo la cabeza porque no les cabe en la cabeza, no entienden.  Han perdido la facultad de razonar. ¿Y cómo este pueblecito pequeñito, aquí que nos habían estado indoctrinando durante 50 años, nos habían estado —lo voy a decir con un término vulgar— embutiendo durante 50 años...? ¿Cómo este pueblecito pequeñito ha podido resistir todo su poderío, todas sus maquinaciones internacionales, todos sus tejemanejes con los demás gobiernos de América Latina, y cómo la Revolución está invicta y cada día más fuerte, cada día más unida, cada día más enraizada en el pueblo , cada día más claro todo el mundo aquí?
Y eso no es nada, ¡lo que vamos a aprender!, ¡lo que nos falta por aprender, y lo que va a progresar la educación de nuestro pueblo!  Porque les decía que teníamos muchas tareas que realizar, y nosotros queríamos hablarle hoy al pueblo de algunas de esas tareas. Al menos una parte del pueblo está escuchando y los que tuvieron que irse a acostar lo leen mañana en los periódicos.
La Revolución constantemente está llevando adelante una serie de proyectos. Por ejemplo, el proyecto de situar escuelas en todos los rincones de las montañas de Cuba es un proyecto ya virtualmente realizado; dentro de unos días ya estarán los maestros.  Se preparó a los maestros, se les dio un curso, se les probó, y ya pronto eso será una hermosa realidad. Las brigadas juveniles, ya dentro de unos días salen los primeros 2 000, y en los próximos 15 días irán 10 000 jóvenes a integrar las Brigadas Juveniles de Trabajo Revolucionario en la Sierra Maestra.  Es uno de los proyectos de la Revolución que marcha formidablemente adelante.
Otro de los proyectos: las milicias obreras y campesinas  cuya disciplina y cuya organización adelantan extraordinariamente y fortalecerán, de manera indestructible, a la Revolución Cubana. Y no solo eso, ¡que tenemos armas para esas milicias! Es decir que no se están entrenando en balde, ni se están sacrificando en balde. ¡Ya las veremos desfilar, ya veremos desfilar el Primero de Mayo lo que es todo un pueblo en pie de lucha!, ¡ya lo veremos!, ¡y nuestros enemigos lo verán también para disgusto suyo!  
¿Pero es que esos son los únicos proyectos de la Revolución? ¡No! La Revolución tiene muchos proyectos que queremos llevar adelante.
Para el año que viene tenemos un plan, para el año que viene tenemos una batalla que librar con la ayuda de todo el pueblo porque es la única manera de ganarla; y esa batalla sí tiene un mérito fantástico, vale la pena proponérsela; es la siguiente: para el año que viene vamos a acabar hasta con el último residuo de analfabetismo en Cuba; ¿qué les parece? ¿Qué les parece que el pueblo de Cuba el año que viene se proponga que no quede un solo compatriota nuestro que no sepa leer y escribir? ¿Y que entre todo el pueblo, entre todos, enseñemos a los que no saben leer ni escribir?, y que en un año —en solo un año— la Revolución liquide el analfabetismo para darles un ejemplo más a nuestros hermanos de América Latina, y para que el imperialismo tenga que botar un poco más de dólares, porque cada éxito de la Revolución Cubana significa que los bolsillos de ellos tienen que ahondarse más todavía y sacar dinero de ahí; ¡y lo peor es que por gusto!; por gusto, porque con esas “pastillitas” no van a resolver los problemas de América Latina; y están dándole calmantes que, por supuesto, ese calmante no llega al dolor de la gente. Todo el mundo sabe dónde se quedan los dólares esos: en las oligarquías, en los generales, en los politiqueros y en todos esos señorones, los amos de la economía, en los mismos monopolios, van a dar uno por un lado y van a recoger por el otro. Eso no resuelve.
Pero cada éxito de la Revolución los obliga más a ponerse en evidencia. Desde luego que no lo vamos a hacer por eso; eso es secundario. Lo más importante es que no quede un solo analfabeto en nuestro país y que Cuba de su batalla y que en un año liquide el analfabetismo.
¿Cómo lo vamos a lograr? Vamos a ir a la Imprenta Nacional, vamos a hablar con Octavio que está encargado de la Imprenta Nacional, y le vamos a decir que nos imprima por lo menos, ¡dos millones de cartillas! Primero vamos a hablar con un grupo de pedagogos para que organicen —y ya desde ahora pueden ir poniéndose a trabajar los que quieran colaborar—, un grupo, un equipo que nos prepare un método. Preparamos el material, le explicamos al pueblo cómo hay que manipular esas planillas, convertimos al pueblo en maestros, a todos los que sepan leer y escribir los convertimos en maestros, y les damos unos cuantos programas explicándoles cómo deben manejar esas planillas. Desde luego, todos los maestros, todos los profesores, todos los estudiantes, todos los trabajadores que sepan leer y escribir, todo el pueblo, que se proponga enseñar un número determinado de personas puede hacerlo. ¡Y vamos a ver si es verdad o no que en un año un pueblo de maestros acaba con el analfabetismo!  
Sobre todo en el campo hay mucho analfabetismo, mucho más que en las ciudades; y es muy triste que una parte grande de nuestros ciudadanos no pueda disfrutar de un libro. ¿Qué le queda a un hombre cuando ni siquiera puede ser dueño del conocimiento que la humanidad ha ido acumulando durante siglos?, porque esos conocimientos están en los libros, al alcance de cualquier hombre, pero ese hombre no sabe leer ni escribir.  ¡Consideren qué triste es eso!, ¡consideren cuánto más valdrá ese ciudadano para su patria, para su familia, cuando ya tenga una cultura mayor!  Eso es lo primero, lo primero es que nosotros enseñemos a leer y escribir a todo el que no sepa; pero lo segundo es que todos nosotros aprendamos, y nosotros tenemos mucho que aprender todavía.
¿Cómo lo vamos a hacer?, pues, muy bien. Una buena noticia, ¿se acuerdan ustedes de “La Marina”?, ¿se acuerdan ustedes de “El País” y de “Excelsior”?, ¿se acuerdan dónde se editaba “Selecciones”?, ¿se acuerdan de todos aquellos talleres donde nuestros obreros tenían que estar trabajando y donde la república gastaba tanto papel para embutir al pueblo?  ¡Quién nos iba a decir que esos mismos obreros, con ese mismo papel, con ese mismo esfuerzo puedan imprimir un libro cada cuarenta y ocho horas!, ¿qué les parece?, ¡que “El tiburón y la sardina” lo imprimieron en cuarenta y ocho horas!  Es decir que, donde mismo antes se engañaba al pueblo, con esos mismos gastos y con esa misma maquinaria, vamos nosotros a proveer al pueblo de todo el material para que el pueblo lea y aprenda, y analice por sí mismo, pero que tenga la oportunidad de leer.
Antes muchos no sabían y van a saber, van a saber leer y escribir; y muchos que sabían leer y escribir no tenían la oportunidad de comprar un libro, los libros estaban muy caros; en cambio estaban los periódicos esos con un montón así de hojas de anuncios clasificados, de editoriales contrarrevolucionarios, de escritos contrarrevolucionarios, para engatusar al pueblo, para desorientar al pueblo, ¿defendiendo a quién?, ¿a ese pueblo, defendiendo al guajirito, defendiendo al obrero, defendiendo al que vivía en el barrio Las Yaguas? ¡No!; ¿promoviendo que se construyeran casas, que se le diera tierra a la gente, que se hicieran escuelas, que se hicieran hospitales? ¡No!, ¡qué va!, promoviendo que los monopolios ganaran más todavía, promoviendo que los especuladores especularan más, promoviendo que los ricos fueran más ricos y los pobres fueran más pobres. Eso es lo que promovían.  Hablaban de que si la “libertad de prensa”, ¡era la libertad de venderse al mejor postor!, la libertad de defender sus intereses, los intereses de las minorías privilegiadas contra el pueblo.
Ahora lo andan editando por allá, ¡qué lejos han ido a parar!, se fueron para Miami, ¿quién ha visto eso?  Era lógico que terminaran allá, imprimiendo por allá, escribiendo, ¿para quién?  Para los americanos, y no para todos los americanos, por supuesto, no, no, escribiendo para los agentes del FBI, de Hearst y de quien todos sabemos.
¿Qué les parece?, que Cuba pueda hoy —y ese es otro ejemplo que le puede costar unos cuantos dólares al imperialismo—, donde se imprimía toda esa prensa contrarrevolucionaria, imprimir, cada 48 horas, ¡ciento cincuenta mil ejemplares de un libro nuevo!  
Siempre aquí se había hablado de la Imprenta Nacional, como se había hablado de la Marina Mercante y de tantas cosas. Bueno, pues ahí está la Imprenta Nacional que tiene unas cuantas imprentas; no ha tenido que gastarse el Gobierno Revolucionario ni un centavo. Ahora los obreros están contentos porque, claro, ¿qué obrero podía estar contento imprimiendo editoriales del “Diario de la Marina”? Los obreros están orgullosísimos del trabajo que están haciendo ahora; comprenden muy bien el beneficio que le van a prestar a nuestro país.  Dentro de pocos años, ¡nuestro pueblo será uno de los pueblos más cultos de América y del mundo!  
Y además de los libros que están imprimiendo de literatura, de texto —ahora mismo se va a imprimir un libro de texto, una nueva geografía, en la que ha trabajado intensamente el compañero Núñez Jiménez —, además de los libros de texto y de literatura universal, de todo tipo, estamos haciendo unas ediciones especiales. Son libros que nosotros les hemos pedido a distintas personas, visitantes todos, que nos envíen aquellos tipos de libros sobre América Latina, sobre problemas económicos también, y una literatura que también tenemos que leer: sobre literatura revolucionaria y problemas bélicos; es decir que todos nuestros milicianos y todo el pueblo tienen que leerse las luchas que han realizado otros pueblos por su libertad, las grandes batallas, las grandes contiendas de los pueblos. Y estamos promoviendo, de acuerdo con la Imprenta Nacional, unas ediciones especiales.  El primero fue la fábula de “El tiburón y la sardina”, que se vendió y se agotó, menos 50 000 ejemplares que hemos guardado.  Luego les voy a explicar para qué.
Ya tenemos hecho el segundo; miren qué bonito (LO MUESTRA AL PUBLICO Y APLAUDEN).  ¿Saben por cuánto? ¡Por treinta centavos! ¿Qué les parece? Este se titula “El pequeño ejército loco de Sandino”. Toda esa literatura que, por supuesto, no la dejaban ni entrar; no quería el imperialismo que se supiera lo que pasó en Nicaragua.  Y vean este libro, por ejemplo, tiene un pensamiento muy bonito de Miguel Angel Asturias, en la introducción, que dice: “No nos juzgues, Bolívar, antes del día último, porque creemos en la comunión de los hombres que comulgan con el pueblo.  Solo el pueblo hace libres a los hombres.” Vean qué pensamiento:  “Solo el pueblo hace libres a los hombres”. “Proclamamos guerra a muerte y sin perdón a los tiranos, creemos en la resurrección de los héroes y en la vida perdurable de los que como tú, Libertador, no mueren: cierran los ojos y se quedan velando”. Así que desde mañana estará en venta, porque ellos estaban esperando que se lo informáramos al público.
Después, viene un libro de Miguel Angel Asturias que fue el autor de este pensamiento que acabamos de leer, y que se titula “Weekend en Guatemala”. Y después viene otro que son dos tomos, dos tomos, también sobre Sandino, que es como el complemento del anterior, y que se titula, “Sandino, general de hombres libres”. Así nosotros debemos ir recogiendo... Este es un libro muy documentado; claro, todos los libros no son iguales. Hay libros que tienen muchas narraciones, sobre todo los libros épicos, son los que más rápidamente se leen las personas.  Este tiene también muchos documentos que son muy importantes, porque conviene no solo la lectura que no sea solo entretenida, conviene también la lectura que nos enseñe, aunque tengamos que prestar atención; no debemos ser lectores solo de cosas que son muy entretenidas, y quedarnos sin saber nada de los demás.
Hay algunos libros que tienen documentos que conviene leerlos detenidamente, y así debemos ir recogiendo los mejores libros de los mejores escritores, de los escritores revolucionarios de América Latina. ¿Para qué? Para que el pueblo de Cuba aprenda todo lo que concierne a la América Latina.  Después vienen dos novelas, pero que son novelas épicas, muy importantes para la milicia y para todo el pueblo. Y estas sí son muy interesantes, son todas de guerra pero tomadas de la realidad.  Esas ya las explicaremos más adelante; primero son estos cuatro libros.  Después vienen... Ya las estamos imprimiendo para los responsables de milicia, pero de paso las vamos a hacer para todo el pueblo.
Y así vamos a seguir haciendo, bajo el título de Ediciones Especiales, de este tipo de libro que nos vayan introduciendo en el conocimiento de todos esos problemas para que el pueblo sepa, y el pueblo pueda discurrir, y el pueblo pueda analizar. Eso es lo que la Revolución hace: pone libros en manos del pueblo, no fomenta la ignorancia, porque la ignorancia la fomentaron siempre los grandes intereses.  ¿Por qué?  Porque pueblos ignorantes son pueblos que pueden ser fácilmente engañados, fácilmente explotados.  A los grandes intereses les convenía que el guajiro no supiera una palabra de nada. ¿Para qué? Para exprimirlo, para sacarle hasta la última gota de sangre. ¿Le convenía que el guajiro supiera manejar un fusil? ¡Ni loco! ¿Un guajiro con fusil? ¿Un obrero con fusil? ¿Un estudiante con fusil? ¿El pueblo con fusiles? ¡Ni loco! ¿De qué manera? ¡Al pueblo con fusiles no le podían hacer lo que le habían hecho a nuestro pueblo!  Claro, no lo educaban. ¡Ah!, decían que el pueblo tener fusiles era el caos, y nunca ha habido más orden, porque el pueblo ha aprendido, ya sabe lo que es la disciplina social; cada ciudadano tiene una ley que es más poderosa que la ley que dicte cualquier gobierno: la ley de su sentido del deber, más fuerte que ninguna policía. Antes nos obligaban por la fuerza y ahora, somos nosotros mismos los que nos establecemos nuestras obligaciones, y sabemos que no podemos vivir como salvajes, que tenemos obligaciones que cumplir, y deberes que cumplir; para poder tener derechos uno tiene que respetar también los derechos de los demás. Entonces el pueblo ha aprendido a vivir en paz.
Antes tenían al pueblo guerreando unos contra otros, dividido en mil fracciones. El pueblo así era débil, el pueblo no sabía; ahora sí el pueblo es fuerte, ahora el pueblo sabe que sus derechos están garantizados. ¿Por qué? Porque él es todo, porque él es el poder. ¡El pueblo armado es el poder! Antes los fusiles los tenían unos cuantos señores ahí, para tener asustado a todo el mundo. ¡Y ay del que agarraran, guajiro que agarraran con un fusil! ¡Ay del guajiro que agarraran con un Springfield!  Si se encontraban un guajiro con un Springfield por la carretera, ese guajiro no duraba ni cinco minutos.  Era un delito de los más grandes que podían cometerse; y hoy todo el mundo ve al guajiro cuidando los lugares, estableciendo el orden, ayudando en las manifestaciones, y todo el mundo, el pueblo, cuidando sus cosas, el pueblo cuidando sus riquezas, el pueblo cuidando sus bienes, el pueblo cuidando sus intereses, porque sabe que ahora son de ellos, y el pueblo sabe que eso es lo suyo, que de eso vive, que de las cosas de su país él está disfrutando y por eso cuida todo lo que es suyo.
No se les había ocurrido jamás a los gobiernos que estaban al servicio de los intereses llevar maestros a las montañas, enseñar a leer a los campesinos, enseñarles a manejar armas y darles armas.  Porque, ¿qué mayor garantía puede tener un pueblo de que sus derechos están asegurados?  Pues, por eso, con ese gran poder de impresión que tiene la Imprenta Nacional, vamos a ir haciendo estas Ediciones Especiales.
Ahora bien, de las Ediciones Especiales se imprimen 150 000; se venden 100 000 y se guardan 50 000.  ¿Para qué se guardan 50 000?  Vamos a hacer 50 000 bibliotecas, entonces guardamos las ediciones, porque algunos van a comprar un libro y no van a tener del otro.  Entonces, todos los sindicatos, todas las unidades del ejército, todas las unidades de milicias, en las casas de las milicias, en todas las escuelas, en todas las asociaciones campesinas, todo aquel que tenga una tarea que desempeñar, como el maestro, es decir, que haya una biblioteca de esas.  Vamos a hacer 50 000 bibliotecas. No cinco, ni diez; no cinco, ni 50, ni 500, ni 5 000, sino 50 000 bibliotecas; estas cifras son demasiado elevadas para que las entiendan.  ¿Cómo van a entender eso?  Eso no lo pueden entender nunca, porque eso de 50 000 bibliotecas... ¡No ponían ni cinco bibliotecas!  ¿Para qué bibliotecas? ¿Que la gente supiera? ¡De ninguna manera! ¡Ni loco! Y nosotros muñequitos en colores, como dice la miliciana, de esos de Superman y todo eso, y películas de esas rarísimas, como esas que nosotros hemos tenido que estar viendo aquí, terribles.
Así que esta es una de las ideas. Vamos a ir haciendo las Ediciones y siempre vamos a ir anunciando los libros nuevos que se van haciendo para que el pueblo los vaya adquiriendo.  ¡Treinta centavos, miren!  
De los proyectos anteriores, el proyecto de hacer una vaquería en cada cooperativa va viento en popa; y ya dentro de ocho o nueve meses será una realidad ese proyecto para el cual el pueblo está colaborando mucho también. Pero hay otro proyecto que hay que impulsar y son los círculos sociales obreros.
Ustedes todavía, posiblemente, no han tenido información de lo que son los círculos sociales obreros, pero es, posiblemente, uno de los proyectos de la Revolución que va a alcanzar más éxito y más beneficio va a aportar al pueblo. Ustedes saben que antes, ¿quiénes tenían clubes, quiénes tenían casinos y centros donde bailar, charlar? ¿Dónde iba el pueblo? Tenía que ir a la bodega de la esquina a tomarse una cerveza... Y, bueno, el pueblo no tenía donde ir.  Todavía el pueblo no tiene donde ir en muchos lugares.  Bueno, un poquito, pero todavía podemos tener mucho más, las playas están lejos. ¿Y si el obrero, cuando desea salir por la noche cuando sale de su trabajo, quiere ir a bañarse en una piscina? ¿O quiere ir a jugar basket, o cualquier juego, hacer ejercicios, hacer gimnasia?; si el obrero y sus hijos y su familia y su señora, quieren por la noche reunirse con sus amistades; leer, escuchar música, recibir una conferencia; si sus hijos, si sus hijas quieren aprender a cantar, quieren aprender a tocar los instrumentos musicales, cualquiera que tenga vocación, porque no tienen plata... ¿Cómo van a estar pagando una maestra particular, un obrero, cómo va a pagarle una maestra de música a la hija? A lo mejor la hija tiene una gran voz, una gran habilidad artística y no tiene oportunidad de aprender.  Bueno, además, cuando quieren irse de fiesta, por ejemplo, los sábados, los domingos, los días que no son de trabajo... Pues esos son los círculos sociales obreros, centros de recreo y de educación. Ya hicimos el primero, y para que ustedes sepan la historia de los círculos sociales obreros, esta idea empieza a surgir cuando el Ministerio de Recuperación de Bienes interviene el..., ¿cómo se llamaba? (DEL PUBLICO LE DICEN:  “Cubanacán”), el Biltmore, el nombre que tiene por aquí... (DEL PUBLICO LE DICEN:  “Cubanacán”), el de antes, Biltmore Yacht and Country Club. No, no, no Habana, no Habana, sino Havana Biltmore Yacht and Country Club, ni en español, ya ustedes saben lo que quiere decir, estos no pensaban en cubano ni en..., bueno, van a decir que los estamos ofendiendo.  Nada, pero era inglés todo.  Nosotros no queremos ofender a nadie, nosotros no lo decimos por ofender a nadie, decimos lo que es; esto se llamaba así, y si no que lo desmientan.  Y ese es un nombre inglés puro, que nadie entendía lo que quería decir, por lo menos el pueblo no entendía eso.
Entonces, le habían dado un millón de dólares o de pesos, era lo mismo; la tiranía le había dado un millón de pesos, ¡ah!, pero no se preocupaba de hacer una sola playita, ustedes recuerdan que Bacuranao tenía cuatro tranvías viejos allí para desvestirse la gente, ¿ustedes recuerdan?, ¿es Bacuranao, no? Llevaron los tranvías, de los antiguos tranvías dejaron unos cuantos por allá.  En cambio, le daban un millón de pesos a esta gente, a este club, para que ustedes vean qué injusticia de la gente que tenía dinero para ir allí, jugar golf, utilizar los “caddies”que eran humildes empleados allí, pero que para poder jugar el golf había que pagarlos.  Ahora no están en el golf, pero están trabajando allí, porque la dirección del círculo social nuevo se ha ocupado de darles trabajo.
Aquellos señores que tenían dinero para ir a Europa, para pasear, tenían campos de recreo, podían ir a Varadero, podían ir a todas partes, además, le daban un millón de pesos.  El Gobierno Revolucionario recupera aquel centro del que se hace el primer círculo social.
¿Cuál fue la primera dificultad?, pues aquel era un círculo de millonarios, que ahora pasaba a círculo del pueblo.  Pero el costo de aquello era muy elevado; el primer problema era cómo se iba a costear, porque había como 300 empleados entre “caddies” y los que cuidaban todo. Claro, ellos pagaban unas cantidades altas y pagaban precios altos y, además, pues hasta les daban dinero como ustedes vieron.
Ese era el primer problema: si se ponía una tarifa alta no podía ir el pueblo.  Por supuesto se quitó todo aquello de pagar el ingreso; entonces se pusieron tarifas para el pueblo. ¿Cómo costear eso?  Pues han trabajado tan bien los obreros allí y la directiva, que han hecho costeable, y tienen 20 000 pesos en el banco en estos momentos.
Las tarifas eran de acuerdo con el ingreso, no el ingreso familiar porque era un poco más complicado, el ingreso del padre de familia, y, entonces, dos pesos, los padres de familia que ganaban hasta 100 pesos; 2.50 hasta 150 pesos; 3.00 pesos los que ganaban de 150 a 200, y así hasta los 300 pesos en adelante pagaban seis mensuales, y les daba derecho a ir al padre, a la madre y a todos los hijos hasta 16 años.
Bueno, pues les voy a explicar cuántos socios se hicieron para que ustedes vean algunas conclusiones interesantes.
Bueno, se dividieron por series los carnés: serie A, serie B, serie C, según el ingreso.  Serie A los de menos de 100 pesos; se inscribieron hasta el 31 de agosto 6 070 socios de dos pesos.  En cambio, serie B de 100 a 150, 2 559.  Serie C de 150 a 200, 1 355.  Serie D de 200 a 250, 480, y así va disminuyendo.
Aquí hay un dato muy curioso: serie E de 250 a 300, 324, y serie F que pagan más, seis pesos, 244.  Así que ha habido un número mayor de personas todavía de la última serie que la anterior.
Pero lo más curioso es que el número de los de la serie A es mayor que de todas las demás series, los que ganan menos de 100 pesos. ¿Qué quiere decir? Que las familias que están utilizando el círculo social son familias de bajos ingresos.
Se daba el caso hasta de personas que no tenían trabajo y se buscaban los dos pesos para poder pertenecer al círculo social. Quiere decir que esta institución, sus beneficios los va a recibir directamente la familia de menos ingresos, pues nosotros hemos estado ya trabajando, conjuntamente con el ministerio y con otros compañeros, como el compañero Llanusa, que nos está ayudando extraordinariamente en la cuestión de los círculos sociales, el compañero Páez, que va a ser responsable de la Organización Nacional de Círculos Sociales Obreros para hacer la organización nacional ahora.
Queremos rebajar la serie A de dos pesos, a 1.50, 1.50 con derecho al padre, a la madre y a todos los hijos hasta 16 años.  Esto va a hacer todavía más asequible el círculo social.
Entonces, ya no va a ser solo el Cubanacán, ya se está haciendo el círculo social obrero “José Martí”; se está haciendo el centro de recreación infantil, para los círculos sociales obreros, que ustedes lo pueden ver por el Malecón, que es una obra fantástica, y que ambos los está construyendo el municipio de La Habana. Pero, además, el municipio de La Habana está construyendo tres más que tienen campos deportivos, de todos los tipos de campos deportivos.
Hemos empezado así. Ahora lo que queremos es realizar el proyecto nacionalmente y hacerlo inmediato, por lo menos, dos en cada capital de provincia. En algunas como Santiago, se necesitan más por ser mayor; y otras capitales de provincias de las restantes provincias, y ciudades como Holguín que también son ciudades grandes. ¡Uno en cada pueblo, y uno en cada central azucarero!  
Además, en cada cooperativa, va, en los pueblecitos nuevos que estamos haciendo, va el círculo social obrero con su campo deportivo y todo. Vamos a distribuirlo por zonas para que vayan los obreros y el pueblo en general, los que viven en esa zona.  Nosotros en nuestro círculo social obrero no somos exclusivistas, ni era un profesional, va el profesional, si pertenece al círculo social.  No le cerramos las puertas a nadie, nosotros no somos exclusivistas.
Así que llegará a ser una gran organización nacional y basta con ser socio de cualquier círculo social para tener derecho a ir a cualquier otro de todos los que hay en la república.  Por ejemplo, por el 1.50 que paga el socio del círculo social cuando gana menos de 100 pesos, el máximo es seis pesos cuando se gana más de 300. Pues con ese 1.50 que les da derecho a él, a su señora y a los hijos, puede ir al círculo social “José Martí”, o puede enviar a sus niños al centro de recreación infantil, o puede ir al círculo social Cubanacán; es decir que al ser socio de uno, es socio de los demás en toda la república.
En los círculos sociales se organizarán las fiestas los sábados por ejemplo; a medida que se vaya mejorando la situación, pues en todos los círculos sociales se organizarán fiestas para que el pueblo también se divierta, para que el pueblo tenga donde ir. Y en cuanto a las bebidas alcohólicas, los sábados y el domingo hasta las 6:00 de la tarde, después de las 6:00 de la tarde, no; y durante la semana en los círculos sociales, no. Sábado y domingo, sí.
Para que tengan idea de los deportes, para que tengan idea...  cosas nunca vistas para gente del pueblo que ganaban 90 o 95 pesos, para un obrero, un empleado del pueblo, van los deportes, porque el círculo social obrero nos va a servir de base para desarrollar el deporte, porque en las próximas olimpiadas nosotros no podemos, ya Cuba no puede ir más a una olimpiada, a hacer un papelazo, no, no .  Como nosotros vamos a llevar un verdadero equipo a las olimpiadas para competir en las olimpiadas para el ano 1964; a través de los cientos de círculos sociales obreros y de las cooperativas y de las organizaciones juveniles, para intensificar el deporte.  Y para que vean una cosa:  en el círculo social obrero Cubanacán se confeccionó un reglamento de deportes y reglamento para el uso de la medalla, insignia deportiva —porque ahora van a las competencias.  Al mismo tiempo se convocó para la práctica de todos los deportes, sobrepasando las instrucciones todos los cálculos.
Se han inscrito hasta la fecha en los distintos deportes:  judo 250, gimnasia masculina 200, gimnasia femenina 50, natación 367, remos 60; aquí hay un nombre en inglés, me imagino que no le han encontrado todavía una palabra española, pero dice aquí kicking ball 60 , luchas olímpicas 20, soft-ball 100, ping-pong 75, ajedrez 100, pelota 200, basket 100, tennis 176, voley-ball 100, campo y pista 50, bolos, campeonato, 150, esgrima 10, equitación 40 .
¿Cuándo un obrero había tenido oportunidad de practicar esgrima, bolos, equitación, lucha olímpica, judo, gimnasia? Eso nunca, y vean cómo han respondido, con un número tan extraordinario de atletas.  Hasta el dominó tiene aquí campeonato, 30 parejas:  ¡dos mil ciento ochenta y ocho inscripciones en un solo círculo! Calculen qué cantidad de deportistas y atletas.  Y cuando se organicen las competencias entre todos los círculos, la cantidad de atletas y sobre todo, la oportunidad que va a tener el pueblo de practicar estos deportes y otras muchas actividades. Después se irán organizando los hogares infantiles a través de los círculos sociales obreros. Esto es más adelante. Para que las madres que tienen que trabajar dejen a los niños allí.  El círculo social organiza el hogar infantil y entonces pagan, según lo que ganen, por tener a los niños allí perfectamente atendidos.
Todo eso se va a hacer a través de la organización nacional.
Pero queda todavía una ventaja. En los centros turísticos que ha hecho el Gobierno Revolucionario, aunque hayamos rebajado los precios, lo que hemos hecho ha sido que hemos puesto al alcance de un mayor número de personas esos centros y mientras por un lado, otros que pueden pagar más, ahora están pagando menos; otros que no pueden pagar los precios actuales, pues no pueden disfrutar de esos centros turísticos. ¿Qué vamos a hacer? Vamos a poner precios especiales.  Vamos a elevar los precios.  El que pueda pagar más, que pague más, pero el que tenga menos ingresos, que pague menos de lo que se paga hoy.
Y así, cuando se presente una familia a una de esas cabañas con su carné tiene la rebaja correspondiente a su ingreso, que es mayor mientras más bajo sea este, en todos los centros turísticos, en toda la isla.  Basta presentarse con su carné de socio del círculo social y tiene asegurada la rebaja.  Para que también las personas humildes del pueblo puedan ir a esos centros turísticos y les sea costeable.  Y los que ganen más, pues que paguen más.
Y otra cosa: si además de ser socio del círculo social es miliciano, va a tener un 10% más de rebaja.
Así que ese es otro de los proyectos que la Revolución tiene que llevar adelante.  Había otros temas, pero hoy no los vamos a tocar.  Para otra ocasión vamos a hablar del problema de los seguros sociales.  Explicarles todo lo relativo a este problema para que el pueblo también se instruya sobre estas cuestiones de los retiros de los seguros y vaya adquiriendo, esa institución, cada día más fuerza y más divulgación en el pueblo.
Estos proyectos, el de los libros, el de los círculos sociales obreros y el de la batalla contra el analfabetismo el año que viene, son tareas a las que vamos a tener que dedicarles nuestras energías.
Hay muchas otras cosas que tenemos que ir haciendo, ¡y las vamos a hacer de todas maneras!, a pesar de todos los enemigos de la Revolución, a pesar del imperialismo y a pesar de todas las agresiones; no nos van a poder impedir que nosotros sigamos llevando adelante todas estas tareas, porque es el trabajo de todo un pueblo y por eso yo quiero preguntar aquí a los delegados y al pueblo que han venido al congreso si están de acuerdo en brindarles todo su apoyo a estos proyectos de la Revolución.
Entonces, dentro de algunos días va a ser necesario convocar una plenaria de los sindicatos y de las federaciones de la CTC, para tratar estos problemas de la divulgación cultural de los círculos sociales y de la lucha contra el analfabetismo.
Y por hoy, nada más.
Muchas gracias.
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discurso

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