julio 11, 2012

Discurso de Fidel Castro pronunciado en la Ciudad de Camagüey (1960)

DISCURSO PRONUNCIADO EN LA CIUDAD DE CAMAGÜEY
Fidel Castro
[11 de Septiembre de 1960]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Campesinos; Trabajadores; Camagüeyanos todos:
Cuando los trabajadores del Departamento de Construcción del INRA me comunicaron que ya...  —no se oirá muy bien, pero no tiene remedio; si hablan se oirá menos todavía.
Si no lo oyen lo leen mañana en el periódico—, nos comunicaron que ya tenían terminada la cooperativa “Manuel Sanguily”, que ya tenían las casas, incluso el mobiliario listo para entregarlo a la cooperativa, y nos expresaron su deseo de que viniésemos a inaugurarlo.
Naturalmente que son tantos los pueblos que se están construyendo en estos momentos, que no vamos a tener oportunidad de visitar cada uno de ellos el día de la inauguración, porque tendríamos que dedicar todo el tiempo para inaugurar. Pero este era el primero de la provincia de Camagüey y, además, se clausuraba también este día el Primer Congreso de la Asociación Campesina “Camilo Cienfuegos”, y por eso hicimos un esfuerzo para venir.
Cuando los compañeros de la provincia nos preguntaron si movilizaban a toda la provincia, yo les pedí que no, les dije que en mi opinión lo mejor era invitar a los cooperativistas, a los trabajadores, a los campesinos en general. Es decir que movilizaran fundamentalmente el campo, que no hicieran una movilización general de la provincia. Sin embargo, hemos experimentado una verdadera sorpresa al ver una concurrencia tan extraordinaria como la que ha venido en el día de hoy, y nos alegramos mucho. ¿Por qué? Nos alegramos sencillamente porque esta es una obra construida por la Revolución...  —si hablan por todas partes no me van a dejar concretarme aquí.  Es un poco tarde...  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
Nosotros tenemos que decirles unas cuantas cosas a los aquí reunidos, bien sencillas y bien simples. Este pueblo que todos ven aquí, y que es realmente impresionante; este es un pueblo tan bien organizado, las casas tan bien construidas con todo lo que necesitan aquí las familias, los círculos sociales, las escuelas, las áreas verdes, todo lo más importante, el trabajo de cada uno de los que van a vivir aquí en esta cooperativa. Esto es, sencillamente, una obra de la Revolución, una de las tantas obras de la Revolución, este es uno de los sesenta pueblos que se están haciendo en este momento.
En el próximo año se construirán más de 100 pueblos iguales que este; por eso nosotros les podemos decir una cosa a las familias que están aquí reunidas: con estas casas que ustedes ven aquí, están viendo la realidad que les parecía un sueño a las familias que van a vivir aquí.
Cuando nosotros tuvimos oportunidad, hace seis o siete meses, de visitar este mismo lugar, las familias vivían amontonadas en cuarterías, cuyas condiciones eran realmente tan pobres que resultan indescriptibles. Aquellas familias vivían en una habitación con seis o siete hijos. La cocina, el cuarto, el comedor, todo estaba junto en una sola pieza, las paredes mugrientas y, en fin, las peores condiciones que puedan imaginarse.
Yo recuerdo que en aquellos días la idea del pueblo les parecía algo increíble.  Yo recuerdo que un compañero del Departamento de Viviendas del INRA me dijo: Comandante, hay que inaugurar cuanto antes el pueblo porque las familias que van a vivir allí todavía no creen que esas casas van a ser para ellos.  Todavía les parece un sueño eso, y hay que acabar de entregarles las casas para que se convenzan de que sí, que esas casas son para ellos.
Aquí van a tener la escuela, aquí van a tener el círculo social, aquí van a vivir, en fin, con todas las cosas como en una ciudad cualquiera.
Las familias de los campesinos viven una vida tan distinta de lo que fue la vida del campo hasta aquí, que realmente vale la pena que cada uno de nosotros recorramos los campos, vale la pena que comparemos nuestros campos de tiempos pasados con estos pueblos con sus centros escolares, donde van a vivir los niños, y sobre todo que vamos a tener las escuelas, de forma que para ir a la escuela no tendrá que caminar más de 500 metros el de la casa más apartada.
Todas tienen luz eléctrica y agua corriente.  Antes, en los bateyes que vivían apenas se conocía la luz eléctrica.  En los pueblos vamos a tener, como en este que ustedes están viendo, agua corriente, alcantarillado, luz eléctrica, casas con varias habitaciones perfectamente amuebladas.  ¿Qué es lo que se propone la Revolución? La Revolución se propone esto que ustedes están viendo aquí.
Muchos de ustedes están viviendo todavía en bohíos, la mayor parte de ustedes están viviendo en bohíos, pero hay una realidad, y es la siguiente, aquí hay muchas familias que van a tener casas y ustedes se alegran por ello.
Antes los únicos que tenían luz eléctrica, los únicos que tenían agua corriente, eran los latifundistas; los únicos en el campo que tenían todas las cosas que tienen estas casas, eran los latifundistas.  El guajiro, ¿qué tenía?; el guajiro, ¿dónde vivía?  En el barracón, en la cuartería, en el bohío que se construía con mucho trabajo, con piso de tierra, con techo de guano, donde tenía que alumbrarse con un candil.
Al campesino le decían que existía el agua corriente y la luz eléctrica y el alcantarillado, pero él no sabía lo que era. Cada campesino debe tener una casa como esta; todos nuestros pueblos tendrán luz eléctrica.
Que esas cosas se podían hacer lo ha demostrado la Revolución, y no solamente estas, las que se han hecho en toda la isla. ¿Se pueden hacer verdad?
Lo único que le interesaba al latifundista era explotar al pueblo, sacarle el jugo al trabajador y que los campesinos siguieran viviendo donde vivían.
Nosotros lo dijimos bien claro, que la Revolución estaría en marcha mientras quedara una injusticia por reparar. Y hemos dado muestras de cumplir con la consigna de Antonio Maceo:  ¡La Revolución estará en marcha mientras que haya una injusticia que reparar en nuestra patria!; ¡la Revolución estará en marcha hasta que nosotros hayamos creado un país enteramente nuevo, una patria enteramente distinta de la patria de ayer!
Nosotros sí creemos que podremos hacer una casa para cada familia cubana, porque esas casas son el producto del trabajo.  Estas casas se pueden hacer porque hay reforma agraria.  Sin reforma agraria no se podrían hacer nunca estas casas. Con los campos llenos de manigua, con los campos llenos de marabú, no se podrían hacer nunca estas casas; pero donde el hombre se pone a trabajar, donde todo un pueblo trabaja, ¡estas casas se pueden hacer!  Estas casas no están ahí por milagro. La tierra productiva, la tierra donde el hombre trabaja, produce riquezas al hombre.
Y porque vamos a trabajar sobre los campos nuestros, porque vamos a hacer producir a nuestro campo, porque no vamos a dejar una mata de marabú, una manigua en pie, y no dejaremos una pulgada de tierra sin cultivar, y haremos producir hasta el último rincón de nuestra patria, nuestra patria contará con los recursos suficientes para proporcionar a todos un bienestar grande.
¿Quiénes eran los que antes tenían casas lujosas? ¡Los que no sudaron la camisa! ¿Quiénes son los que van a tener casas como estas, de ahora en adelante?  ¡Los que sudan la camisa, los que hacen producir la tierra, los que crean riquezas!  La Revolución convierte al hombre trabajador en un hombre libre, en un hombre con derecho a disfrutar el fruto de su trabajo.  Y eso es lo que ha hecho la Revolución.
¿Por qué va el pueblo en general cada vez que se convoca un acto?  Porque es que el pueblo sabe la obra que la Revolución está haciendo, y sabe que esa obra es fruto de su trabajo y fruto del esfuerzo de todos nosotros. Por eso, mientras más trabajemos, menos tiempo tardaremos en darle una casa a cada familia.
No las podemos hacer todas juntas, y ustedes lo saben, pero poco a poco las vamos a ir haciendo todas. A los campesinos de la cooperativa “Manuel Sanguily”, ¿quién les hubiera dicho que iban a tener un pueblo tan hermoso como este? Y, sin embargo, ya ustedes ven: este pueblo ya es una hermosa realidad, y más pronto de lo que ellos mismos esperaban.  Y así irán llegando las casas a todos los rincones de la isla, a todas las cooperativas cañeras, a todas las cooperativas arroceras, a todas las zonas de producción agrícola, e irán teniendo sus pueblos; cada día más perfectas, y construidas a más bajo costo; cada día serán más bonitos los pueblos, porque siempre iremos mejorándolos, y se irán mejorando los detalles, de manera que las que tarden más quedarán mejores, y van a ser sus pueblos más bonitos, porque ya tendremos más experiencia, y, además, vamos a hacerlos más baratos.
¡Siete años sin poder hacer una sola casa, siete años sin poder hacer una sola escuela, siete años sin poder hacer una sola cooperativa, siete años esperando, sin poder poner una sola piedra!
Ahora, en cambio, ¿qué haremos nosotros en siete años?, ¿qué habrá hecho nuestra patria de aquí a siete años? Piensen. ¿Cuántas casas habrá construido la Revolución en siete años?  ¿Cuántas cooperativas habrá implantado la Revolución en siete años? ¿Cuántos pueblos habrá hecho la Revolución en siete años? ¿Cuántas fábricas habrá hecho la Revolución en siete años?  ¿Cuántas cooperativas, cuántas universidades, en fin, cuántas reformas habrá hecho la Revolución en siete años? Calculen nada más que lo que hemos hecho hasta ahora, y piensen que será cada vez mayor…
¿Qué quiere decir eso? Que todo el mundo debe andar todavía a más velocidad también, que cada uno de nosotros debemos continuar nuestra labor a mayor velocidad; que cada estudiante, cada trabajador, cada profesional, todo el mundo tiene también que acelerar su paso y no quedarse atrás. ¡Nadie se debe quedar atrás! Las milicias tampoco deben quedarse atrás; ¡no pueden quedarse atrás! No podemos quedarnos atrás ahora que estamos disfrutando de ese orgullo y de esa alegría de tener verdaderamente una patria, de sentirnos verdaderamente libres, de sentirnos verdaderamente llenos de esperanza y disfrutando esa dicha que estamos disfrutando como hombres libres...
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discurso

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