julio 12, 2012

Discurso de Fidel Castro en la clausura de la Primera Plenaria Estudiantil de Jóvenes Rebeldes, en el Teatro Payret (1961)

DISCURSO EN LA CLAUSURA DE LA PRIMERA PLENARIA ESTUDIANTIL DE JÓVENES REBELDES, EN EL TEATRO PAYRET
Fidel Castro
[27 de Marzo de 1961]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Compañeros estudiantes:
Es imposible, en un acto como este de hoy, dejar de recordar los años pasados en nuestra época de estudiante.
Ustedes han tenido una suerte que no tuvimos nosotros, y nosotros tuvimos una suerte que no tuvieron ustedes. En realidad, nosotros habríamos preferido la suerte de ustedes.
Muchas veces nos reunimos los estudiantes, en muchas ocasiones, y siempre teníamos el mismo problema: siempre estábamos combatiendo al gobierno. Entonces se decía que los estudiantes eran irresponsables, que los estudiantes eran unos agitadores y unos agitados, que eran oposicionistas sistemáticos, en fin, todos los estudiantes nos sentíamos con la obligación de combatir a los gobiernos, y todos aquellos actos eran eso, actos de oposición a los gobiernos. Y a aquella oposición se sumaba, por lo general, la mayor parte del estudiantado, menos los que tenían un puesto en el gobierno, una “botella”, o los familiares en el gobierno.
Nunca ningún gobierno en nuestro país contó con el apoyo siquiera de una parte de los estudiantes. Por lo general acudían al procedimiento de corromper a los dirigentes: los compraban mediante prebendas y mediante favores, y cuando no podían comprar a los dirigentes, los perseguían y hasta los asesinaban.
Por eso tiene un gran significado este acto de hoy, y tiene un gran significado el apoyo de los estudiantes a la Revolución. Siempre entre nosotros tenemos un grupo numeroso de visitantes de todos los países y muy especialmente de la América Latina. Para quien visite este país y para los que dentro de nuestro país todavía no comprendan bien el fenómeno de la Revolución, tiene que ser muy significativo el hecho de que la juventud, y en esa juventud el estudiantado... porque cada día más, estudiantado y juventud quieren decir una misma cosa, porque si antes había jóvenes que no eran estudiantes, se debía precisamente a la injusticia que hacía que muchos jóvenes no tuviesen siquiera la oportunidad de estudiar. Y a medida que la Revolución avance, joven y estudiante será siempre la misma cosa; porque a medida que la Revolución avance, se hará cada vez más realidad el derecho de cada niño y de cada joven a estudiar.
Y el hecho de que esa juventud y ese estudiantado respalde a la Revolución, dice mucho; el hecho de que la Revolución cuente con ese apoyo, el apoyo de la gente joven, es decir, de la gente sana; el apoyo de la gente joven, es decir, de la gente rebelde, es lo que más puede decir en favor de la Revolución. Porque la gente joven siempre ha sido rebelde y la gente joven siempre ha sido desinteresada y sana. Quien no es sano ni es desinteresado en sus años juveniles, difícilmente pueda ser desinteresado o sano en la edad madura.
¿Quiere decir acaso que la juventud de nuestro país ha dejado de ser rebelde? No. La juventud de nuestro país sigue siendo rebelde, y es más rebelde; la juventud de nuestro país no era rebelde contra la justicia, la juventud de nuestro país era rebelde contra la injusticia. Y esta juventud sigue siendo rebelde contra la injusticia, esta juventud está con la Revolución, porque la Revolución en sí misma es la rebelión contra toda injusticia, es la rebelión contra todo abuso y contra toda opresión, es la rebelión contra la explotación y es la rebelión contra todos los males que puedan azotar a una sociedad humana.
Por eso se identifican tanto la juventud y la Revolución; si alguna duda pudieran albergar los que se han dejado confundir, baste el hecho de que los corazones juveniles estén apoyando enteramente a la Revolución, para que si todos los demás datos no fuesen suficientes se convenciesen de que la Revolución es justa.
No apoya ninguna juventud un régimen político si no es desinteresadamente, si no es limpiamente. Ningún régimen político de América que no fuese un régimen político revolucionario tendría el respaldo de los estudiantes. Y tenemos la seguridad de que ningún gobierno de ladrones, ningún gobierno de oligarcas, ningún gobierno pro imperialista tendrá jamás el apoyo de los estudiantes en ningún país de América Latina.
Y lo que nosotros leemos en los periódicos con las noticias que llegan de distintos países de América Latina, es que el estudiantado está contra esos regímenes antisociales, explotadores y proimperialistas; y que ningún gobierno de América Latina tiene tal respaldo de la juventud y tal respaldo del estudiantado, como lo tiene el Gobierno Revolucionario cubano.
Y difícilmente los hombres de muchos gobiernos de América Latina puedan reunirse con los estudiantes como estamos reunidos aquí esta noche.
Los estudiantes de nuestro país combatían los vicios y los males de nuestra política, combatían el robo, combatían el crimen, combatían el abuso, combatían el entreguismo a los intereses extranjeros. Y al lado de toda causa justa estaba siempre el estudiantado cubano: al lado de los pueblos oprimidos, al lado de los pueblos explotados, siempre defendiendo una noble causa, y cuanta noble causa había en el mundo tenía el apoyo espontáneo de los estudiantes.
Y es significativo el hecho de que los estudiantes apoyen a la Revolución, porque se trata aquí de una profunda revolución social. ¿Qué es una revolución social? ¡Cuánta curiosidad se despertaba en nosotros cuando comenzábamos a adquirir las primeras nociones de las grandes revoluciones sociales! ¡Cuánta avidez por desentrañar aquellos acontecimientos históricos!, ¡con cuánto interés leíamos los libros que nos hablaban de las revoluciones!, tratando de comprenderlas, tratando de penetrar en ellas. Y así también, el libro de la realidad de nuestra patria se abre ante los ojos de todos ustedes para decirles qué es una revolución social.
Y una revolución social es, sobre todo, un tremendo choque de intereses sociales, es una tremenda lucha entre clases sociales. Y esa lucha, en nuestro país toma caracteres cada vez más enconados, a medida que la Revolución profundiza.
Los anteriores gobernantes tenían contra ellos a los estudiantes, porque eran ladrones, porque eran entreguistas, porque eran traidores, porque eran politiqueros, o porque eran criminales. Y es lógico que cualquier joven, de cualquier sector social, esté contra ese tipo de gobernante, sobre todo jóvenes de los sectores humildes del pueblo.
En una revolución social, es lógico que una parte de los estudiantes esté contra el régimen revolucionario. ¿Cuál? La parte de los estudiantes que procede de las clases adineradas del país. Es lógico que, educados en el seno de esa clase; es lógico que, influidos por el resentimiento de esa clase, una parte de los jóvenes se deje arrastrar hacia la lucha contrarrevolucionaria. Y el estudiantado de nuestro país ―y esto es muy significativo―, el estudiantado de nuestro país, en una parte considerable procedía de las clases altas y de la clase media. Y, sin embargo, una parte mayoritaria, absolutamente mayoritaria de los estudiantes, apoya a la Revolución. Y eso significa que la Revolución ha penetrado profundamente en la conciencia de los estudiantes cubanos, y que una gran parte de los estudiantes ha avanzado grandemente en este proceso revolucionario, sobreponiéndose incluso a los intereses y a los prejuicios de clases que combaten a la Revolución. Es decir que han reaccionado como jóvenes, han reaccionado como patriotas, han reaccionado como cubanos. Y, por eso, la Revolución cuenta con un respaldo tan grande en la juventud estudiantil.
¿A qué juventud estudiantil nos referimos fundamentalmente? A los sectores estudiantiles que siempre se manifestaron en la vida pública. Sabido es que en las épocas de grandes convulsiones políticas, la oposición a los gobiernos no venía fundamentalmente de los centros de enseñanza privada. En los centros de enseñanza privada reinaba la conformidad y reinaba el orden, es decir, el orden de las inmoralidades imperantes ―me refiero a las inmoralidades públicas.
Desde luego, a los centros secundarios públicos van fundamentalmente los hijos de familias más humildes; pero también es cierto que ni siquiera a estudiar en un centro de enseñanza secundaria, ni a estudiar en la universidad, podían ir los hijos de muchas familias humildes; y aun en los centros de enseñanza públicos había muchos hijos de la clase media y de la clase alta.
También era lógico que la reacción y la protesta se observara menos en los centros de enseñanza privada, porque aquellos gobernantes no afectaban los intereses de las familias de donde procedían aquellos estudiantes.
La actitud de los jóvenes en los centros de enseñanza pública y en los centros de enseñanza privada se puede comprender perfectamente bien. Nosotros ponemos como ejemplo de la evolución de la juventud estudiantil el caso de la Universidad de La Habana, que siempre fue el centro donde tomaban más alta expresión las manifestaciones de rebeldía y de protesta de los estudiantes. Y a la Universidad de La Habana, hasta que se establecieron algunos centros de enseñanza universitaria muy aristocráticos y muy americanos — es decir, muy yanquis— (ABUCHEOS), y aun después de establecidos esos centros, seguían yendo estudiantes procedentes de todos los sectores sociales, pero principalmente de las clases medias y altas.
Es allí donde se puede observar más claramente el avance de las ideas revolucionarias en nuestra juventud, porque ahí, en esa misma universidad, y aun antes de que hayan arribado a ella los miles y miles de estudiantes becados, procedentes de familias humildes, ¡una mayoría franca de estudiantes universitarios apoya a la Revolución!
La lucha de clases de la Revolución se observa, sobre todo, en la actitud de los estudiantes de las escuelas privadas. Sobre todo, en la misma medida en que en esos centros de enseñanza privada van a estudiar los hijos de las familias ricas. No a todos los centros de enseñanza privada, porque hay muchos centros de enseñanza privada, sobre todo de carácter laico, en que los jóvenes de familias de un nivel de ingreso más humildes, y cuyos directores y cuyos profesores han mantenido una actitud positiva con respecto a la Revolución.
Pero en aquellos colegios donde tradicionalmente iban los hijos de las familias más ricas del país, hemos observado el hecho de que allí, donde nunca se agitó una bandera política, de que allí, donde nunca brotó una rebeldía en favor del pueblo y contra los vicios y las inmoralidades de a vida pública, es donde hoy se gestan los movimientos contrarrevolucionarios de una minoría de la juventud. Es allí donde se trata de organizar movimientos contrarrevolucionarios, con la vana pretensión de que se extiendan a los demás sectores estudiantiles, en la ignorancia de que pretenden precisamente llevar a la inconformidad a aquellos sectores de estudiantes que, por ser de familias mucho más modestas y de familias humildes del país, ¡jamás comulgarán con los intereses de aquellos sectores cuyos hijos promueven esas campañas!
Este libro abierto del proceso revolucionario nos enseña bien a las claras cuál es la actitud y el porqué de la actitud que cada cual adopta en medio de este proceso. Es posible que muchos de esos jóvenes, procedentes de familias adineradas, pudieran salvarse para la Revolución y para la patria por encima de los resentimientos de las clases sociales de donde proceden, si no fuese porque al resentimiento de esas clases se une el factor de los directores intelectuales y de los cómplices espirituales de esa clase explotadora; si no fuese porque ahí, en esos mismos colegios a donde van los hijos de las familias acaudaladas una plaga de profesores reaccionarios y de esbirros con sotanas (EXCLAMACIONES Y ABUCHEOS) se dedican a inculcarles a esos jóvenes el odio a la Revolución y el odio a la patria, y el apego a los intereses y a la dominación extranjera en nuestro país; se dedican a la tarea no de prepararlos para la sociedad, no de prepararlos para ser útiles a la sociedad, que debiera ser el objetivo fundamental de la educación de todo joven, porque a todo joven hay que enseñarle primero que nada la verdad de que es un deber para todo hombre no ser un parásito miserable, sino ser un ser útil, sino ser un hombre o una mujer útil a sus semejantes.
Y es criminal enseñar al ser humano a ser parásito; es criminal acostumbrar al ser humano a la idea de que los demás tengan que trabajar para él, y que la ropa que él vista, los zapatos que calce, y el pan que coma, no se lo gane con el sudor de su frente, sino con el sudor de la frente de los demás.
Y esos que explican que según la Biblia el hombre fue condenado a vivir en un valle de lágrimas y a ganarse el pan con el sudor de su frente, se dedican precisamente a enseñar a los jóvenes a burlar aquello que según afirman fue un mandato de Dios, es decir, enseñar a los jóvenes a no ganarse el pan con el sudor de la frente.
Y para eso los educan allí. Empiezan a elevar el concepto de la propia estimación del joven, por encima de los demás; preparan su mente en la idea de la explotación de los demás; preparan su mente a la idea de que ellos son los señores y los demás son los criados; preparan su mente a la idea de que debe existir una clase social poseedora de todas las riquezas del país, y que las demás clases sociales están o existen para trabajar para ellos.
Los preparan en la idea de que el latifundio es una cosa justa; los preparan en la idea de que la posesión privada de los recursos de la nación y de las grandes industrias nacionales es una cosa justa; los preparan en la idea de que el país debe depender enteramente del capital financiero del poderoso vecino del norte, y que este país estaría condenado al hambre y a la ruina si no vende sus recursos a esos intereses, si no pone esos recursos en manos de los monopolios extranjeros, y, con los recursos, la dignidad, el honor y la soberanía del país.
Y nunca faltaron, en la historia de la humanidad, los santificadores de los peores crímenes; los que santificaban a los primeros colonizadores que convirtieron a los indios en esclavos y perpetraron horribles matanzas contra aquella población natural de nuestra isla, en nombre de la civilización y en nombre del progreso.
Y no faltaron los que continuaron santificando durante siglos la esclavización del hombre. Y si arrancar del corazón de su tierra y de su familia a un ser humano y traerlo de un continente a otro, donde los condenaban a vivir a ellos en la esclavitud, a sus hijos y a sus nietos; si eso hoy nos espanta y se nos hace difícil comprenderlo, porque hemos progresado, no olviden que aquel crimen del siglo tuvo sus eternos santificadores: son los que después santificaron la intervención extranjera; son los que santificaron el hambre en nuestros campos, la miseria y la pobreza de nuestro pueblo; son los que santificaron los crímenes innumerables que se cometían con nuestros niños.
Y crimen no es solo matar con un fusil, o con un puñal; ¡crímenes son también los cientos de miles de crímenes que cometieron con esos niños que se morían, sencillamente, porque no tenían comida en sus casas!
Si se hiciera una estadística de la mortalidad infantil a lo largo de
60 años, podríamos comprobar qué diferencia tan extraordinaria habría entre la mortalidad infantil de esas familias ricas y la mortalidad infantil en los bateyes y en los barracones de nuestros campos. Y entonces, con toda razón podríamos decirles a esos santificadores y a esos señores, que poseían y explotaban en su beneficio los recursos de nuestro país: ¡Ustedes eran los que asesinaban a esos niños; ustedes fueron los que los mataron de hambre; ustedes son los culpables no solo de que nuestro país hoy no sea un país mucho más rico, sino también de que nuestro país no tenga 10 o 12 millones de habitantes!
Y como ayer la esclavización y la matanza de los indios, y como después la esclavización de los africanos, hoy también tratan de defender sus privilegios sociales, y los tratan de defender con los mismos argumentos con que ayer defendían aquellos crímenes que la historia ha superado. Y son esos guías intelectuales, o cómplices de esas clases, los que siembran el espíritu contrarrevolucionario y la traición en la mente y en el corazón de esa juventud.
Son los que han promovido los actos de terrorismo en las propias escuelas; los que han llevado a jóvenes, incluso, al monstruoso y absurdo crimen de poner una bomba en medio de una clase (EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón!”) Y el problema es mucho más complejo, porque, ¿cómo vamos a aplicarle paredón a un joven de 15 o 16 años? ¿Y qué culpa es, que culpa es la que tiene ese joven? ¡Mucho más dignos del paredón son los que inculcaron el veneno en la mente de ese joven! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón!” y“¡Fidel, seguro, a los curas dales duro!”)
El problema es mucho más complejo. Y a nosotros nos toca también, en parte, la responsabilidad.
El libro abierto de la Revolución tenía que enseñarnos mucho, y sobre todo, tenía que enseñar al pueblo. La Revolución no había tomado ninguna medida contra ese tipo de instituciones seudoeducacionales.
¿Libertad de creencias? Perfectamente bien. La Revolución no tenía por qué interferir con las creencias particulares de nadie. ¿Libertad de enseñar? Sí, libertad de enseñar a los jóvenes a ser socialmente útiles, a ser útiles a sus semejantes, a ser útiles a su país. ¿Libertad de enseñar a los jóvenes a ser contrarrevolucionarios? No. ¿Libertad de envenenar la conciencia del joven con el odio a su pueblo y a su patria, con la idea de la traición? No. La Revolución no tomó ningún tipo de medida restrictiva. Y, ¿cuál ha sido la respuesta? Utilizar esa actitud de la Revolución como una patente de corso para hacer contrarrevolución en los colegios de enseñanza privada, y también para hacer contrarrevolución en los templos, porque en los templos todo el mundo sabe que se ha hecho mucha contrarrevolución. Y, sin embargo, lo que no se puede decir es que el Gobierno Revolucionario haya clausurado un solo templo, ni haya siquiera tomado las medidas que la Revolución tenía derecho a tomar, porque la Revolución no reconoce fueros ni privilegios de nadie, ¡y la Revolución no reconoce más mandato ni más obligación que los que emanan de los intereses sagrados del pueblo!
Y para nosotros hay un gran templo, ¡que es el templo sagrado de la patria!; y para nosotros hay un gran culto, ¡que es el culto a la justicia!; y para nosotros hay un gran deber, ¡que es el deber de conducir al pueblo hacia la victoria!, ¡que es el deber de salvar al pueblo del regreso de la explotación y el crimen! , ¡el deber de salvar al pueblo de la tragedia de tener que volver a vivir bajo las garras del imperialismo! (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”), donde las madres ni siquiera tenían la seguridad de que sus hijos volverían en la noche; o que entre las docenas de jóvenes acribillados no estuviesen sus hijos; y a tener que vivir sufriendo cada día la incertidumbre y el dolor; a tener que guardar luto cada nuevo día por sus hijos, o por los hijos de otras madres cubanas.
Ese es el deber más sagrado de la Revolución y de los hombres de la Revolución. La Revolución no puede subordinar ningún otro interés a ese interés supremo de la patria. Y el libro abierto de la Revolución nos ha enseñado a diferenciar entre las dos conductas: la conducta nuestra, que hemos sido respetuosos hasta la tolerancia, y la conducta de los que, tal vez porque se creen poderosos, pero poderosos sobre todo como arma de descrédito fuera de las fronteras de nuestro país, como arma de difamación, como arma de engaño fuera de las fronteras de nuestro país, han respondido con un reto insolente a los intereses de la nación, pensando en el daño, sobre todo, que le pueden hacer a la Revolución fuera de aquí, no aquí. Aquí, afortunadamente no nos enteramos de los problemas por la UPI y la AP, ni por las revistas americanas; aquí nos enteramos de los problemas porque los estamos viendo día a día; aquí no engañan a nadie, pero desgraciadamente engañan a una parte del pueblo en otros países donde las cosas las conocen por las agencias noticiosas y las revistas de los monopolios americanos (EXCLAMACIONES DE:  “¡Fuera!”).
La Revolución ha sido respetuosa y eso lo sabe el pueblo, lo sabe nuestro pueblo, y algún día lo sabrán también, cuando tengan acceso a la verdad, todos los demás pueblos de América, que la Revolución ha estado muy lejos de perseguir a nadie por sus creencias religiosas, que la Revolución no le ha declarado ninguna guerra a ninguna religión, y lo que sí sabe el pueblo es de aquellos que, invocando hipócritamente los principios religiosos, hace rato que le vienen haciendo la guerra a la Revolución.
Por eso, el problema es un problema complejo, y a nosotros también nos toca una parte de la responsabilidad por cada joven hijo de este país, hijo de familia rica o de familia pobre, al que puedan desviar del camino de la lealtad a su pueblo y a su patria en esta hora decisiva de Cuba. Dirigir un país no es fácil y menos fácil dirigirlo en medio de un proceso revolucionario; y las responsabilidades de todos nosotros son grandes. Nosotros creemos que hemos cumplido con nuestro deber en la línea que hemos seguido hasta aquí, y el pueblo ha tenido más de dos años para aprender y para comprender; mas, situados ya en la disyuntiva de adoptar medidas o permitir que una plaga de reaccionarios, extranjeros la mayor parte, sigan envenenando el corazón de nuestra juventud, la Revolución no vacilará en tomar las medidas que estime pertinentes (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, Fidel, que los curas corten caña y, si no quieren cortarla, que se vayan para España, que tienen que ser acallados con las notas del himno de las Milicias Nacionales Revolucionarias).
Debemos siempre cumplir nuestro deber y hacerlo de manera que nos comprendan, debemos tratar de que nos comprendan; mas, si cumplir el deber nos arriesga a que una parte de los pueblos sepultados todavía en la ignorancia y en la mentira no nos comprendan, ¡no importa, debemos saber cumplir el deber!
La Revolución ha librado grandes batallas, la Revolución libra grandes batallas y la Revolución no debe vacilar en librar las batallas que sean necesarias.
Es curioso cómo la reacción, es decir, las clases explotadoras, al carecer de una ideología para combatir a la Revolución, es decir, al carecer de base y de argumentos para combatir a la Revolución, y sabiéndose, además, una clase absolutamente minoritaria, porque, ¿quién va a respaldar los intereses de los monopolios extranjeros? (EXCLAMACIONES DE :“¡Nadie!”), ¿o quién va a sufrir aquí las calenturas de los latifundistas? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”); ¿quién va a sufrir aquí las penas de la minoría rica de la nación? (EXCLAMACIONES DE:  “¡Nadie!”) Ellos se saben minoría.
¿Qué ha sólido hacer la reacción en las revoluciones? Sabiéndose clase minoritaria, sabiéndose sin apoyo del pueblo, ¿qué trata de hacer para tratar de aumentar sus huestes? Por supuesto que trata de dividir; pero, además, trata de esgrimir otras banderas. Ellos saben que su base social es pobre, tratan por eso de buscar la alianza de otras fuerzas, que por otros medios puedan enrolar a una parte del pueblo a su lado. Por ejemplo, la religión. La religión que es un sentimiento o una creencia de la que suele participar una parte del pueblo, más o menos amplia. Es cierto que en materia religiosa los pueblos no suelen tener un cuerpo de doctrina, y existen multitud de creencias que están dentro o fuera de la doctrina de algunas iglesias. Y la experiencia nos enseña cuáles son las reacciones religiosas de los pueblos.
Mucha gente del pueblo tiene sus creencias. La reacción, sabiéndose sin base de apoyo social, trata de presentar a las revoluciones como enemiga de las creencias religiosas de las personas, trata de buscar la alianza de alguna iglesia, en todas las revoluciones de la historia. La reacción romana era, por cierto, aliada de la iglesia pagana frente a los primeros cristianos revolucionarios, porque aquella era la religión de los esclavos y de los pobres de Roma.
Después, a medida que fue desarrollándose, también en parte fue paganizándose, hasta llegar un día en que los jefes de aquella iglesia llegaron a tener tanto poder material, y a veces su poder político y material estaba por encima de los reyes y de los emperadores. Cuando surge la Revolución Francesa, la revolución de la burguesía contra la monarquía feudal y contra el sistema feudal que imperaba en la sociedad europea, la Iglesia estaba al lado del feudalismo y de la monarquía, y contra aquella burguesía de comerciantes y de capitalistas que deseaban romper las trabas del feudalismo. Y así surgió el capitalismo, luchando contra el feudalismo, y luchando contra la Iglesia.
Hoy, capitalismo y alta jerarquía católica, en nuestro país, es la misma cosa. Hoy el capitalismo, que un día luchó contra el feudalismo, frente a la Iglesia, busca la alianza de la Iglesia, para luchar contra las nuevas ideas revolucionarias.
Y ahí tenemos el caso de España. ¿Qué es España, el gobierno español, en este momento? Una alianza de militarismo, feudalismo, clericalismo, capitalismo e imperialismo, ese es el gobierno de España. Lleno de bases militares yanquis, lleno de curas y de arzobispos reaccionarios (ABUCHEOS), lleno de generales, lleno de condes y marqueses (ABUCHEOS), y lleno de latifundistas y capitalistas nacionales y extranjeros (ABUCHEOS).
Y lo mismo ocurre en otros muchos países del mundo, en que los pueblos se mantienen en la ignorancia y en el hambre mediante la más sólida alianza de la oligarquía que controla los recursos económicos, de la casta militar y de la jerarquía reaccionaria de la iglesia católica.
Esa es la alianza en Guatemala, esa es la alianza en Nicaragua, y esa es la alianza ―para no ir más lejos―, a 90 millas de aquí, entre Spellman y Kennedy (ABUCHEOS). Los dos son padrinos de los criminales de guerra. Y vean ustedes: Masferrer, Ventura, Sánchez Mosquera (ABUCHEOS), son los ahijados del cardenal Spellman, y, ¡qué cosa tan absurda la de un ilustre arzobispo yanqui apadrinando los peores criminales que ha conocido un país! ¡Claro! Cuando un obrero era asesinado aquí por los esbirros al servicio del imperialismo, el cardenal Spellman no se acordaba siquiera de dedicar una oración por él (ABUCHEOS); cuando aquí se cometía todo género de crímenes contra los campesinos, y cuando ese mismo Sánchez Mosquera asesinaba en unos meses a 400 campesinos en las Minas de Bueycito, el cardenal Spellman no elevaba siquiera una oración al cielo; y cuando tenían que emigrar por las tierras de América los dirigentes obreros y campesinos, perseguidos por los esbirros al servicio del imperialismo, el cardenal Spellman no se acordaba ni de recoger una limosna para ellos.
Hoy, que se refugian allá los criminales de guerra, los asesinos, los grandes ladrones y los grandes acaudalados... (EXCLAMACIONES DE: “¡Y los cobardes!”) y los grandes ratones , ¿qué necesidad tenía el cardenal Spellman de pedir una limosnita para ellos? Si todo el dinero de este país se lo llevaron, si el tesoro público lo saquearon, uno tras otro, los que están allá, si la riqueza del país la saquearon, si el dinero se lo llevaron de aquí, ¿qué necesidad tenía el cardenal Spellman de pedir una limosnita para ellos? (RISAS Y APLAUSOS) Sencillamente, está brindándole apoyo a su gente. Alto jerarca de la iglesia católica en Estados Unidos, aliado con el millonario presidente de ese país, alto jerarca de los monopolios imperialistas; y entonces, piden una limosnita para los malversadores que se fueron de aquí, para los grandes industriales que se fueron de aquí, para los grandes latifundistas que se fueron de aquí, y que, por supuesto, tienen plata guardada allá.
El interés de la reacción en buscar la alianza del clero reaccionario se debe a que, sabiéndose sin argumentos, sabiéndose sin base social, tratan de buscar el apoyo de instituciones que por cuestiones de sentimientos no políticos precisamente, arrastren a una parte del pueblo a la lucha en favor de los intereses de esa clase. Es decir que quieren llevar a un obrero pobre, o a un campesino pobre, o a un cubano negro al que han estado discriminando, y convertirlo en enemigo de la Revolución, por el hecho de que sea creyente.
Ellos saben que no podrían tener ningún argumento ni ningún medio de arrastrar a un pobre, pero dicen:“Hay pobres que creen en Dios; ¿estos señores son los que se dicen aquí la representación de Dios? Vamos a aliarnos a estos señores, para que estos señores arrastren junto a nosotros, clase social explotadora cuyos privilegios los hemos perdido aquí, a que luchen con el imperialismo, frente a los revolucionarios cubanos, es decir, a que luchen frente a los otros pobres, los otros negros y los otros campesinos.” Carecen de razón, y tratan de aferrarse por todos los medios a cuantos hilos puedan servir para arrastrar hacia su mala causa a gentes del pueblo.
Esa es la maniobra que tejen estos poderes materiales ―porque de cuestiones espirituales no se está discutiendo absolutamente nada, se están discutiendo cuestiones absolutamente materiales, intereses de tierras, intereses de minas, intereses de fábricas, que no tienen que ver absolutamente nada con las cuestiones de tipo espiritual.
Pregúntenle a un reaccionario si cree que la reforma agraria es justa o no, y les dirá que sí. “¿Usted está de acuerdo con la reforma agraria?” “Sí.” “¿Usted está de acuerdo con la nacionalización de los monopolios?” “Sí, eso es muy bueno.” “¿Usted está de acuerdo con que se conviertan los cuarteles en escuelas?” “Sí, eso es magnífico.” “¿Usted está de acuerdo con que todo el mundo tenga oportunidad de estudiar?” “Sí.” “¿Usted está de acuerdo con que todo el mundo tenga empleo?” “Sí.” “¿Usted está de acuerdo con que los campesinos tengan pan, y no estén viviendo en las guardarrayas, y tengan casas?” “Sí”, le dicen, pero... eso es comunismo. Bueno, señor, si eso es comunismo, ¡estamos de acuerdo con el comunismo!
No tienen argumentos, y nos vienen a asustar con las palabras. Al menos, ¡no podrán negar que cumplimos con aquel mandato de la Biblia de que “cada cual se gane el pan con el sudor de su frente”! (RISAS Y APLAUSOS), y no he visto nada más parecido que ese mandato de la Biblia y aquella consigna de la Revolución rusa: “El que no trabaja, no come” (APLAUSOS PROLONGADOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, Jruschov, estamos con los dos! ” y“¡Pin, pan, pun, que viva Mao Tse Tung!”, que solo son acallados con las notas del Himno Invasor y del Himno Nacional).
Antes aquí no leíamos más que revistas americanas (EXCLAMACIONES Y ABUCHEOS), libros yanquis (EXCLAMACIONES Y ABUCHEOS), agencias de noticias yanquis (EXCLAMACIONES Y ABUCHEOS), periódicos yanquis (EXCLAMACIONES Y ABUCHEOS), muñequitos yanquis (EXCLAMACIONES Y ABUCHEOS), música yanqui (EXCLAMACIONES Y ABUCHEOS); los hijos de las familias ricas se iban a estudiar a yankilandia (EXCLAMACIONES Y ABUCHEOS), películas yanquis (EXCLAMACIONES Y ABUCHEOS)...
¿Y qué nos enseñaban esas películas? Nos enseñaban que el norteamericano blanco era un héroe matando indios (EXCLAMACIONES Y ABUCHEOS); que el norteamericano en África era otro héroe matando negros africanos. Todos recordarán aquellas películas... ¡Vaya manera de presentarse la filosofía del imperialismo, pintando al África como una agrupación de pueblos salvajes, sin ropa, con arcos y flechas, y que a mayor número de salvajes que asesinara el héroe yanqui, más héroe era!
¿Qué nos enseñaban aquellas películas? El juego, el gangsterismo; el señor que se hacía millonario, ese era un gran héroe. En fin, que aquello era la expresión de toda la podredumbre del imperio en todos sus aspectos.
Nosotros nos teníamos que desayunar con eso, almorzar con eso, merendar con eso y comer con eso. ¿Y de qué les han valido 60 años de mentiras? ¿Qué es lo que ha llevado al pueblo al convencimiento de la verdad? Los hechos, los hechos de la Revolución.
¡Y como hemos aprendido en tan poco tiempo! (DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Y lo que falta todavía!”) Pero vamos rápido. Por lo pronto, hemos abierto bien los ojos, y estamos marchando con nuestros propios pies. Sobre todo, hemos aprendido a conocer lo“bueno” que eran los yanquis, lo “santo” que eran los yanquis. ¡Y pensar que nunca les habíamos encendido siquiera una vela! (RISAS Y APLAUSOS)
¡Qué gente tan noble y tan buena! Vean, si no, cómo a raíz de un brote de epidemia, ¡qué pronto nos mandaron unas vacunas que estaban vencidas hacía cuatro meses! ¿Que respetan la soberanía de los pueblos?, ¿que respetan el derecho internacional los gángsters esos que gobiernan en Estados Unidos? ¡Que nos vengan a contar eso a nosotros! ¡Que nos vengan a contar lo respetuosos que son los gobernantes de ese país de la soberanía y de los derechos de los demás pueblos! ¡Que si lo sabremos nosotros, o no lo sabremos!
Y lo bueno no es que lo sepamos, sino que se lo vamos a enseñar a los demás pueblos. Nosotros esperamos que a costa nuestra aprendan los demás pueblos también, sobre todo los pueblos de América Latina. Nosotros somos el “conejillo de Indias”.
Dicen que queremos promover revoluciones. ¿Nosotros? ¡Ellos son los que promueven las revoluciones! ¡Ellos son los que forjan las revoluciones! Es el imperialismo, no la Revolución Cubana. ¿Quién hizo la Revolución Cubana? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) No, no, no: los monopolios, los monopolios ayudaron grandemente a hacer esto. Si no hubiera existido tanta explotación, si no hubiera existido aquí la explotación imperialista, el subdesarrollo, la miseria y el hambre que había en nuestro país, ¿podía haber alguna revolución? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Por qué ha habido revolución? Por el hambre, ¿no? Bueno, pues hay más hambre en el resto de América Latina (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Revolución, revolución!”).
Y les aseguro, les aseguro que aquí había más mentiras de las que hay en el resto de América Latina, porque a ningún pueblo lo tenían tan inundado de falsa propaganda como a nuestro país. ¡Pero si donde más difícil parecía una revolución era aquí, donde más difícil parecía!: Más cerca de ellos, más inundados de propaganda imperialista; más controlada aquí la prensa, los centros de divulgación de cultura, los sindicatos, todo. Donde parecía más difícil era aquí, y ya ustedes lo ven, cómo está la Revolución aquí, marchando.
Entonces, si aquí, que parecía más difícil, ha sido posible la revolución y está fuerte, es lógico pensar que también es posible, perfectamente posible, la revolución en otros países donde hay menos mentiras y más hambre. Además, una cosa: en muchos países de América hay una conciencia revolucionaria más alta actualmente de la que había en Cuba cuando empezó la lucha contra la tiranía de Batista. En el movimiento estudiantil, el movimiento obrero, el desarrollo político en muchos pueblos de América Latina, es hoy mucho más alto del que fue en nuestro país en aquellos días en que comenzó la lucha.
Nosotros parecíamos más lejos de la revolución y hoy marchamos a la vanguardia de la revolución en América Latina.
Estos son hechos históricos, estos son hechos históricos. Así empezó también la independencia de América Latina, cuando parecía que el imperio español era inconmovible: empezó la revolución por un país y terminó en todos los países, la independencia de América Latina. Hoy es el imperio yanqui, que trata inútilmente de impedir también la revolución en América Latina. ¿Qué se le ocurre? Por lo pronto, se le ocurre proclamar que cualquier revolución la van a combatir. Es decir, ellos dicen que“cuando se vea amenazada la independencia” ―claro, una revolución ya es una“amenaza” para esa independencia― van a mandar sus “marines”. Y los 500 milloncitos de pesos esos, que se van a quedar entre los dedos de los politiqueros ladrones de una buena parte de países de América Latina. Es que no les alcanza para comprar ―los 500 millones de pesos―, la gente que andan comprando, para pagar espías, para pagar prensa mercenaria en la que nadie cree, ¡en la que nadie cree!
A la“cotorra” la compraron..., a la “cotorra” la compraron con el menudito que se les quedó encima de la mesa a los imperialistas... Y que es positivamente cierto que ese señor se ha vendido por dinero, por dinero contante y sonante.
Nosotros esperamos que el compañero Javier Lezcano, que estuvo en México a investigar qué era lo que había pasado allí, cuando se decía si estaba secuestrado o no, que él relate la historia minuciosa de todo lo que pudo comprobar cuando fue allí a investigar, porque él era amigo de ese señor y fue a cerciorarse qué era lo que había pasado. Y, realmente, la narración vale la pena que todo el pueblo la lea. Con qué cinismo... La deben publicar en los periódicos.
Seguramente que va a aparecer publicada en los periódicos... Con qué cinismo... (EXCLAMACIONES DE:“¡Que la cuente!”) Sí, pero no la va a contar ahora: yo no, yo no, porque yo no me acuerdo de todos los detalles, y de todos los... No, él la contará, él que fue el testigo presencial, él la contará.
Bueno, eso es otra cosa que enseña. Para que ustedes vean: ¿Quién tiene que defender a esos señores? Como compran a cuanto miserable y a cuanto traidor hay... ¿Ustedes conciben que la Revolución compre una pluma y se ponga aquí a defender la Revolución? ¡Hombre! ¡Qué diferencia moral hay entre nuestros enemigos y nosotros, que todo es a base de oro, oro y oro! Esa es la filosofía, ese es el dios, eso es el todo de los imperialistas: esa es toda su creencia, y esa es su bandera, esa es su patria... Ellos no tienen patria de ninguna clase; a ellos les da lo mismo tener el oro allí en Wall Street, que en Arabia Saudita, que en el Congo Belga, que en Asia, que en cualquier país de América Latina; esa es su patria. Ellos llevan consigo su patria, es decir, su oro. Y más nada.
¿Moral? ¿Qué moral es la que tienen esos señores? En el mundo no hay gente más mentirosa que esa gente; en el mundo no hay gente más corrompida; en el mundo no hay gente más cínica; en el mundo no hay gente más asesina. Y fueron ellos los que asesinaron a Sandino, fueron los que asesinaron a Lumumba, fueron los que asesinaron a todos los revolucionarios. Han perseguido infatigablemente, en toda la América y en todo el mundo a los revolucionarios para asesinarlos.
¡Ellos no pueden matar las ideas, pero matan a los hombres que representan esas ideas! ¡Ellos no pueden comprar a un verdadero revolucionario, pero compran a cuanto traidor y a cuanto villano hay en el mundo, y lo tienen reclutado!
¿Ese imperio se puede mantener? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Ese mundo que han erigido sobre tanta suciedad, se puede mantener? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Podrán comprar la conciencia de los pueblos con su oro miserable? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Entonces, están irremisiblemente perdidos. Mientras pide una limosnita el cardenal Spellman para los criminales de guerra y los latifundistas, y mientras invierten dinero en comprar traidores, en pagar terrorismo; y mientras invierten millones, en cambio a nuestro pueblo lo agreden económicamente y lo quieren doblegar por hambre. Así que mientras ellos piden la limosnita allá para los siquitrillados aquellos, en cambio quieren que nosotros estemos aquí pasando hambre.
¡Qué generosos y qué caritativos son esos señores! Es decir: bueno, ustedes se han sublevado contra el imperialismo, los vamos a matar de hambre. Suprimida toda la cuota azucarera; suprimidos los envíos de materia prima, de piezas, en fin, ¿para qué? Esa buena gente cree que ha descubierto un remedio para destruir revoluciones, es decir: privar a un pueblo de las materias primas más esenciales, privar a un pueblo de su mercado, mercado del que dependía como consecuencia del monocultivo que existía en nuestro país. Es decir, esos señores creen haber descubierto un procedimiento para destruir revoluciones, es decir, llevar el hambre, la miseria.
Nosotros no vamos a pasar hambre, por supuesto; nos vamos a ver privados de muchas cosas, y nos vamos a ver obligados a hacer sacrificios, lógicamente. Hambre no vamos a pasar, porque para eso tenemos bastante tierra donde sembrar los alimentos que el pueblo necesita. Pero ellos, mientras invierten sus recursos en pagar conciencia y alimentar alimaña, quieren que nuestros obreros, nuestros campesinos, nuestros niños, nuestros jóvenes, nuestras mujeres pasen hambre. Es decir, a los criminales un pedestal, un pesebre; para el pueblo laborioso y trabajador, para el pueblo honrado, hambre. Así actúan los enemigos de la humanidad. Y una vez más se equivocan esos señores. ¿Saben por qué? ¡Porque nosotros estamos dispuestos aquí a pasar hasta hambre! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Malanga sí, chicles no!”), y las privaciones que sean necesarias las vamos a afrontar. Ellos no van a conseguir doblegar a nuestro pueblo; ellos no van a conseguir doblegar una sola frente que se haya erguido aquí con orgullo. ¡Nuestras frentes no se doblarán!, sobre todo, cuando hemos tenido el orgullo de vivir verdaderamente libres; cuando aquí, en este continente donde ellos imperaban, podemos decir que somos libres; que no hemos medido el tamaño de su poderío, ¡hemos medido el tamaño de nuestra razón!, ¡hemos medido el tamaño de nuestra moral!, ¡y hemos medido la dignidad de nuestro pueblo!
Ya veremos, ya veremos, ¡ya veremos quién dice la última palabra! ¡La última palabra la va a decir América! Nosotros aquí somos los abanderados, y por muchos millones de toneladas de papel que gasten contra nosotros, todas las plumas mercenarias de este continente, el gobierno imperial se desprestigia frente a nosotros; el gobierno imperialista de Estados Unidos se desacredita cada vez más frente a nosotros , porque lo que no podrán ocultarles a los pueblos hermanos de América es que este país pequeño se ha sabido erguir frente al gigante; que este país pequeño se ha mantenido firme frente al gigante; que este país pequeño no se ha acobardado ante el gigante, y que este país pequeño se ha hecho acreedor a la fe que hoy tienen en él los pueblos de América Latina... , y que esa bandera, esas banderas que ustedes tremolan, esas banderas que vibran junto con nuestros corazones, ¡esas banderas no las dejaremos caer! Esa bandera que ayer fue burla y hoy es orgullo; que ayer lucía desteñida bajo la sombra de los amos extranjeros, y que hoy es guía de toda la América; esa bandera donde los pueblos ven el símbolo de la lucha por la justicia, donde los pueblos ven el símbolo de la lucha contra los que los humillan, los esclavizan y los explotan; ¡esas banderas no las dejaremos caer de nuestras manos!
Y no conocen a nuestro pueblo, no conocen al pueblo heroico que durante 10 años se enfrentó al imperio español; no conocen al pueblo heroico, que cuando estaba mucho menos integrado, mucho menos unido, mucho menos desarrollado, fue capaz de soportar incalculables sacrificios y privaciones. Ignorantes como son no han leído la historia, la historia no les dice nada: ni la historia de los pueblos ni la historia de la humanidad. Y por eso creen que nos van a rendir, por eso creen que con su agresión económica nos van a derrotar.
¡Cuánta energía y cuánto tiempo invierten inútilmente! Y qué vergüenza que un país tan poderoso tenga que descender tan bajo; qué vergüenza que un país tan poderoso tenga que enfrascarse con nuestro pueblo en esta lucha histórica donde los vencidos no seremos nosotros, los vencidos serán ellos.
Tal es el minuto que ustedes están viviendo. Nosotros tuvimos la suerte que ustedes no tuvieron, y ustedes tienen la suerte que nosotros no tuvimos. Y pueden considerarse verdaderamente afortunados los jóvenes a los que les toque vivir un minuto como este; pueden sentirse verdaderamente dichosos de poder ser no solo espectadores de la historia, sino hacedores de la historia misma. Y, sobre todo, de eso tienen que estar conscientes ustedes. Todo lo tienen por delante: tienen por delante la lucha y tienen por delante el porvenir.
Y esta juventud ya tiene garantizado un derecho por encima de todas las contingencias. Tiene, en primer lugar, garantizado el derecho a estudiar. Ya no puede haber un solo joven en toda Cuba que tenga que dejar de ir a la escuela porque no tenga maestro, o que tenga que dejar de ir a un instituto porque no tenga recursos, o que tenga que dejar de ir a la universidad porque sus padres no le puedan costear los estudios.
La Revolución ya cuenta con la posibilidad de sufragarle los estudios a todo hijo de familia humilde cuyos padres no le puedan pagar esos estudios. Y en el próximo curso, solamente en la zona occidental de la isla, sin contar el centro y oriente, se concederán 10 000 becas a estudiantes de segunda enseñanza, a partir del 15 de noviembre, tan pronto termine la campaña de alfabetización.
Antes para ir a especializarse en cualquier carrera había que ser hijo de rico y hoy cualquier joven del pueblo, por muy humilde que sea su economía, tiene la oportunidad de ir a especializarse en cualquier carrera; no solo la oportunidad de estudiar aquí en Cuba, sino la oportunidad de estudiar también en el extranjero, sin otro requisito que ser un joven aplicado y competente, sin que necesite tener padrinos, recomendaciones ni cuenta de ahorro en el banco.
¿Y no es ya una gran cosa para la juventud poder garantizarles a todos los jóvenes de nuestro país el derecho a adquirir una enseñanza básica, una enseñanza universitaria y una especialización? ¿Poder garantizar que no se pierda una sola inteligencia, ni en el campo ni en la ciudad? ¿Y no es realmente justa la sociedad que tal derecho puede garantizar? ¿Y no es realmente injusta y bochornosa la sociedad que tal derecho no podía garantizar?
No hablemos de todos los derechos que una sociedad justa puede garantizar y que una sociedad injusta no garantizaba, porque lo que teníamos garantizado aquí era el privilegio de unos cuantos, lo que teníamos garantizado era la humillación, la discriminación, el escepticismo; lo que teníamos garantizado aquí era la injusticia. Como hombres, como seres humanos, teníamos derecho a luchar por un mundo mejor, teníamos derecho a luchar por una sociedad justa, teníamos derecho a emplear toda la fuerza de esa sociedad y todos los recursos de esta nación para garantizarles a todos los hijos de este país esos derechos; teníamos derecho a hacer lo que estamos haciendo, ¡y tenemos derecho y deber de luchar y de morir por lo que estamos haciendo!
¡Y qué importa que no le podamos garantizar a nadie el derecho a hacerse millonario!; ¡qué importa que no le podamos garantizar a nadie el derecho a explotar a los demás!; ¡qué importa que no le podamos garantizar a nadie el derecho a vivir de parásito, si le podemos garantizar a cada cubano el derecho a ganarse la vida honradamente!, ¡si le podemos garantizar a cada cubano el derecho a trabajar para sí y para su pueblo! Y aquí los únicos que tendrán derecho a vivir sin trabajar, serán los ancianos, los inválidos, aquellos que no puedan trabajar.
¡Qué importa el disgusto y la irritación de los parásitos! ¡Qué importa el desconsuelo de los perezosos y de los holgazanes! ¿Qué le importa eso al pueblo? ¿Qué le importa al pueblo la tristeza de los que lo explotaban? ¿Qué le importa al pueblo su suerte? ¡Si su suerte es dura ellos han tenido la culpa, si su suerte es más dura ellos tendrán la culpa! Y al pueblo, al pueblo por el que nunca se preocuparon, al pueblo cuyos dolores no les dolieron a ellos jamás, ¿qué les importa la suerte que ellos corran? ¿Hemos querido nosotros que sea dura esa suerte? No. Habríamos deseado para ellos mejor suerte. ¿Cuál habría sido mejor suerte para ellos? Pues, sencillamente, comprender que el pueblo tenía razón, y que lo que el pueblo hace es justo. Era muy difícil que lo comprendieran, pero de todas formas los únicos culpables de no comprenderlo son ellos, no el pueblo.
Y ustedes, compañeros estudiantes, ustedes que tienen delante de sí un libro abierto, ustedes que no tienen que ir a la biblioteca a estudiar la historia de las revoluciones; ustedes, que tienen delante de sus ojos una revolución, a ustedes les toca jugar un rol muy importante, nosotros creemos que les corresponde jugar un gran rol. Ustedes deben ser los abanderados; ustedes deben ser los más esforzados defensores de la Revolución; ustedes son la parte del pueblo más sana, más llena de energía, más llena de vida; ustedes, ustedes deben ser los mejores soldados de la Revolución; ustedes deben dar el ejemplo en todas partes.
Cuando nosotros hablamos de sacrificios, pensamos que ustedes deben ser los abanderados del sacrificio; ¡ustedes deben ser los más ardientes defensores de la Revolución, en cada centro de enseñanza , en la escuela, en el instituto, en la universidad, en el barrio, en el pueblo, en la ciudad... (DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Y en las colas!”), en las colas, sí señor, ustedes tienen que ser allí los defensores primeros de la Revolución!
Allí donde va alguno que otro esbirro, allí donde va alguno que otro siquitrillado a hacer campaña contrarrevolucionaria, allí hay que decirle: “¡No me venga con cuento, que usted es cómplice de eso, y todos los cómplices del imperialismo son los culpables de las colas! (APLAUSOS PROLONGADOS Y EXCLAMACIONES DE CONSIGNAS REVOLUCIONARIAS.) ¡Preferible es hacer cola para comprar una pastilla de jabón que tener que hacer cola delante de los montones de cadáveres, para ver si alguno de ellos es nuestro hijo! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, Fidel!”); o hacer colas frente a la casa de un político para mendigar favores; o hacer colas en las puertas de los prostíbulos, donde muchas jóvenes humildes tenían que ir a vender su cuerpo, porque no tenía un trabajo decoroso ; o no poder hacer cola a la entrada de un centro social, porque se era negro y no le permitían entrar ; o hacer cola en las filas de los que van a pedirles limosnas a los imperialistas, a cambio de su alma. Haremos todas las colas que nos exija nuestra dignidad, y que nos exija nuestra decisión de defender a la Revolución contra los cobardes ataques del imperialismo.
Y allí, en las colas, debemos ir a defender también la Revolución; en todas partes tenemos que dar fe de vida, saliéndoles al paso a los escépticos, saliéndoles al paso a los sembradores de rumores y de descontento. Porque algún día, muchos de nosotros nos vimos obligados a hacer colas a las entradas de las cárceles, nos vimos obligados a hacer colas en el camino del exilio, ¡y muchos compañeros heroicos tuvieron que hacer colas en el camino de la muerte! (APLAUSOS PROLONGADOS Y EXCLAMACIONES DE CONSIGNAS REVOLUCIONARIAS.)
Ustedes, estudiantes, jóvenes rebeldes, deben constituir en cada centro escolar el núcleo más firme y activo de la Revolución, con esa moral de saber que están escribiendo una página gloriosa en la historia de la patria, con esa moral de saber que tienen la razón, con esa moral de saber que están defendiendo lo noble, lo bueno y lo justo.
Y, sobre todo, algo que muy especialmente queremos pedirles: uno de los esfuerzos más hermosos de esta Revolución, una de las batallas más gloriosas en esta lucha que se libra en todos los campos, que se libra con el libro y con el fusil; en esta lucha, que es de hombres y mujeres armados, en defensa de la patria, en defensa de la soberanía, en defensa de la Revolución, de hombres y mujeres jóvenes, constituyendo otro ejército: el ejército de la cultura. Ellos no quieren que enseñemos. Los enemigos de la verdad tratan de mantener a los pueblos en la ignorancia, para que nunca aprendan, para que nunca sepan. Masas de indios analfabetos, masas de obreros y campesinos que no sepan leer y escribir es precisamente lo que necesitan los explotadores de los pueblos; masas de obreros y campesinos, masas de pueblo que sepa leer y escribir hasta el último de ellos es lo que necesitan las revoluciones reveladoras de las grandes verdades.
Por eso el tesón que ponemos en que no quede un solo cubano que no sepa leer ni escribir, para llevar la verdad, para llevar la verdadera luz a las inteligencias, para barrer la mentira. Ese es el reto que hemos lanzado, frente a los que no quieren que aprenda el pueblo, frente a los que asesinan a los maestros, frente a los que quieren que nuestro pueblo permanezca en la ignorancia.
He ahí un enemigo, he ahí un aliado de la contrarrevolución: la incultura, la ignorancia. Si nosotros hemos podido ver más que otra parte de nuestros compatriotas, debemos llevarles a ellos la verdad, debemos llevarles a ellos la luz. ¿Que viven en apartados rincones del país, en un bohío pobre? No importa. ¿Que viven en las montañas, que viven entre ciénagas, que viven entre bosques? ¡No importa! Si allá está la ignorancia, allá debemos ir a combatir la ignorancia. Y si hemos sido capaces de movilizar ejércitos de milicianos para ir a combatir a los mercenarios del imperialismo, ¿por qué no hemos de ser capaces de organizar un ejército todavía mayor de alfabetizadores, capaz de ir a destruir hasta el último átomo del analfabetismo en nuestro país?
Los contrarrevolucionarios están empeñados en hacer fracasar esta campaña; los contrarrevolucionarios se dedican a sembrar rumores, para tratar de atemorizar a los padres, de manera que sus hijos no vayan a enseñar. Son, como todos los rumores malintencionados y cada día más desacreditados de los enemigos de la Revolución; como aquel rumor famoso de que les iban a quitar la patria potestad a los padres, como si no se hubiesen detenido a pensar que solamente para lavar los pañales de todos los muchachos hace falta medio millón de mujeres.
Y así, han tratado de sembrar el miedo. Peligro no hay para ningún alfabetizador, porque para eso está la poderosa organización militar que la Revolución ha formado con los obreros y los campesinos.
Pero, además, ¿qué puede ocurrir? ¿Que agredan a un alfabetizador? Pues bien, sí puede ocurrir, excepcionalmente, que un alfabetizador sea agredido, porque ellos son capaces de cualquier cosa. Serían capaces de hacer cualquier crimen tan monstruoso como ese, igual que asesinaron al maestro voluntario.
Pero a nuestros jóvenes no les atemoriza esa posibilidad; a nuestros jóvenes no les asusta ningún riesgo. Y bien poca cosa seríamos si un grupito de criminales, o cualquier criminal, fuese capaz de entorpecer una obra tan grande como esta.
La Revolución necesita de los estudiantes, necesita del patriotismo de sus padres y necesita del patriotismo de los jóvenes. Hay que despertar en todos los centros de enseñanza el entusiasmo por el ejército de alfabetización que se está organizando; hay que recoger a los mejores compañeros y llevarlos a constituir las brigadas de alfabetización.
Cuanto joven desee servir a su país, debe enrolarse en las brigadas; cuanto padre quiera que su hijo aprenda, cuanto padre quiera que su hija aprenda mucho más que en años de escuela; cuanto padre quiera que su hijo aprenda mucho más de lo que le van a enseñar al campesino, ¡que envíe a su hijo a alfabetizar y verá que ese hijo se lo va a agradecer eternamente; igual que le reprocharía eternamente que le impidiese el honor y el orgullo de participar en una tarea tan hermosa y tan honrosa como esa!, ¡igual que le reprocharía el egoísmo de que le negara la felicidad de ir a enseñar a otros niños y a enseñar a otros padres!
La campaña de alfabetización avanza, avanza de manera extraordinaria, pero el éxito de esa campaña dependerá de la movilización de los estudiantes. Y ya el día 5 de abril marchan los primeros contingentes, que son los alumnos de las escuelas de maestros primarios; y el día 15 marcha el segundo contingente, que son alumnos de preuniversitario. Y así, entre los meses de abril y mayo, se pondrá en marcha todo el ejército de alfabetización, y llevaremos un alfabetizador hasta el más apartado rincón de las montañas, organizados en compañías, en batallones y en brigadas. Ya tienen sus equipos, sus mochilas, sus uniformes listos, para ponerse en marcha.
Los jóvenes, los varones, serán distribuidos en las montañas: las jóvenes estarán en las aldeas, realizando su trabajo en las zonas más próximas. Sí, nosotros sabemos que pueden ir, y ya hemos mandado algunas brigadas piloto, y han realizado el trabajo perfectamente bien. Nosotros sabemos que nuestras jóvenes pueden ir a cualquier parte; se trata, sencillamente, de que debemos organizar esta campaña de manera que hasta las personas más vacilantes, los padres más vacilantes, comprendan la seguridad de sus hijos.
Cada unidad tendrá persona responsable al frente de ella, y todo se desarrollará perfectamente, conforme a lo planeado. La campaña no la vamos a suspender por ninguna razón; está en marcha. Aunque vinieran expediciones y ataques contrarrevolucionarios e invasiones, la campaña no se detendrá.
Es y debe ser el más firme propósito que nada pueda interrumpir la campaña de alfabetización. Esto será, para todos nosotros, una prueba de la fuerza de la Revolución; será una prueba de la energía de la Revolución; y, sobre todo, será una prueba para ustedes. Y recuerden que serán cientos de miles de personas, más de un millón de personas, que podrán enrolarse en las filas de la verdad y de la luz; y que eso va a fortalecer la Revolución, que eso va a ser un golpe para el imperialismo, que eso va a ser una lección para América Latina y, sobre todo, una réplica para los que ofrecen limosnas a los pueblos, para los que quieren comprar la conciencia de los pueblos de América, y les hablan de tantos millones, para hacer un programa en 10 años y algunas escuelas y algunos caminos, como una revolución. Movilizando sus recursos humanos, movilizando su juventud y movilizando su pueblo, puede hacerse, sin un solo dólar imperialista, lo que todos los dólares imperialistas no podrían hacer en ningún país de América.
Nos falta pedirles una sola cosa, para finalizar, y es que no solamente... ―y vamos a aprovechar esta oportunidad―, además de alfabetizadores, además de alfabetizadores necesitamos otras cosas. Nosotros necesitamos otros tipos de defensores de la Revolución: pues, sencillamente, necesitamos pilotos.
Entonces, les vamos a encargar a ustedes una tarea: que de cada centro secundario nos manden
dos de los mejores muchachos ―fíjense bien―, dos de los mejores muchachos que quieran estudiar aviación ; y que, al mismo tiempo, los trabajadores de cada centro de trabajo importante nos envíen dos de los mejores jóvenes obreros que quieran estudiar aviación .
Tienen que venir con el informe del sindicato, y tienen que venir ―cuando son estudiantes― con
el informe de la Asociación de Jóvenes Rebeldes; dirigirse a la dirección provincial y de ahí a La Habana. Entre 17 y 22 años, que por lo menos ―los demás ya tendrán tiempo de llegar a esa edad― estén en séptimo grado, por lo menos; para hacerles los exámenes de vista, examen físico, todo tipo de examen, porque de esos que ustedes envíen hay que hacer una selección rigurosa, y que una vez seleccionados... (DEL PUBLICO LE DICEN: “Sobre las jóvenes”)... Las muchachas tienen que ayudar a escoger a los mejores muchachos para pilotos allí... y después que hayan sido seleccionados y hayan pasado los exámenes, van a pasar pruebas bastante duras: unos cuantos picos, y unos cuantos...
Es decir que una vez que hayan pasado todas esas pruebas, tienen que pasar otras pruebas de voluntad, de perseverancia, de energía física. Pero es necesario apelar a la cooperación de ustedes para escoger esos compañeros, bajo la responsabilidad de cada asociación y bajo la responsabilidad de cada sindicato. Vamos a ver si antes de 15 días ya todos esos compañeros están seleccionados y se han trasladado aquí para pasar los exámenes.
Y nada más... (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”). Bueno, veo que ustedes tienen mucho entusiasmo (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¡Vamos a ver si les dan clases a los guajiros también hasta las 2:00 de la mañana todos los días! (EXCLAMACIONES DE: “SÍ”!) Bueno, ¡nos volveremos a reunir el día 20 de noviembre, aquí en La Habana, con todos los alfabetizadores de toda la isla, una vez que haya culminado la campaña de alfabetización! ¡Muchas gracias!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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