julio 14, 2012

Discurso de Fidel Castro en la clausura del Congreso de la Asociación de Jóvenes Rebeldes (1962)

DISCURSO EN LA CLAUSURA DEL CONGRESO DE LA ASOCIACION DE JOVENES REBELDES, EN EL STADIUM LATINOAMERICANO
Fidel Castro
[4 de Abril de 1962]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Compañeros y compañeras:
Este acto tiene para nosotros especial significación y nosotros, nosotros somos la generación — estamos hablando de nosotros— la generación de revolucionarios más viejos, es decir, la generación adulta de revolucionarios.
Y para nosotros, sencillamente, los que les llevamos un poco de años a ustedes, este acto tiene especial significación, porque este acto es como una cristalización de lo que la Revolución quiere, es como si se cristalizara la esperanza de la Revolución.
¿Por qué hacemos Revolución? ¿Hacemos Revolución para nosotros? ¡No!, hacemos Revolución para ustedes. ¿Hacemos Revolución por nosotros? ¡No!, hacemos Revolución por ustedes. ¿Podemos hacer Revolución con nosotros? ¡No!, podemos hacer Revolución con ustedes.
La Revolución que estamos haciendo nosotros no es la Revolución que nosotros queremos; la Revolución que nosotros queremos es la Revolución que van a hacer ustedes. La sociedad que nosotros vivimos no es la sociedad que nosotros queremos. La sociedad que nosotros queremos es la sociedad en que van a vivir ustedes.
A nosotros nos ha correspondido el privilegio o el derecho de empezar a hacer esa Revolución, a nosotros nos ha correspondido la oportunidad de comenzar. A ustedes sí que les corresponderá el privilegio de llevarla adelante. A nosotros nos han correspondido tal vez los momentos más duros, los más difíciles; nos ha tocado el momento de la Revolución en que las ideas tienen que abrirse paso por entre el bosque de los prejuicios, de los hábitos, de las costumbres y de las ideas de la sociedad vieja.
A nosotros nos ha correspondido lidiar con toda la herencia que nos dejó el pasado. Pero en cambio confesamos que nosotros sentimos una emoción profunda; nosotros sentimos una compensación muy grande cuando empezamos a ver en ustedes, cuando empezamos a ver en este contingente inmenso de jóvenes, los frutos de la Revolución que estamos haciendo. Cuando empezamos a ver en esta muchedumbre de jóvenes al pueblo de mañana; cuando empezamos a ver en ustedes la imagen del porvenir, cuando empezamos a ver en ustedes la justeza de la obra de la Revolución.
Nuestros jóvenes, los jóvenes cubanos tienen un derecho muy grande a todo el cariño del pueblo, a la admiración del pueblo, al respeto del pueblo. Nuestros jóvenes, los jóvenes cubanos tienen muchas razones para sentirse orgullosos, tienen muchas razones para sentirse satisfechos. ¿Por qué miramos con admiración a los jóvenes?, ¿por qué miramos con cariño a los jóvenes? Miramos con admiración y con cariño a los jóvenes porque los jóvenes han hecho mucho por esta Revolución nuestra, porque los jóvenes han escrito páginas de heroísmo muy grande en esta Revolución nuestra; porque los jóvenes nos han dado sobradas razones en todos los órdenes para tener fe en los jóvenes. Por todo lo que han hecho los jóvenes, por todo lo que han hecho en la historia de nuestra patria, por todo lo que han hecho en la historia de nuestra Revolución, es por lo que nosotros creemos en los jóvenes, creemos en los jóvenes, creemos en los jóvenes — y lo repito— porque creer en los jóvenes significa una actitud, creer en los jóvenes significa un pensamiento.
Creer en los jóvenes determina una conducta, y la conducta de nosotros, dirigentes revolucionarios, no sería la misma; si no tuviésemos fe en los jóvenes, si no creyésemos en los jóvenes, nuestra conducta y nuestra actitud sería distinta; nuestro trabajo con los jóvenes sería distinto y los resultados, de no creer o de creer, serían también muy distintos.
Es necesario que creamos en los jóvenes. Creer en los jóvenes no es ver en los jóvenes a la parte del pueblo simplemente entusiasta; no es ver en los jóvenes a aquella parte del pueblo entusiasta pero irreflexiva; llena de energía, pero incapaz, sin experiencia. Creer en los jóvenes no es ver a los jóvenes simplemente con ese desdén con que muchas veces las personas adultas miran hacia la juventud.
Creer en los jóvenes es ver en ellos además de entusiasmo, capacidad; además de energía, responsabilidad; además de juventud, ¡pureza, heroísmo, carácter, voluntad, amor a la patria, fe en la patria!, ¡amor a la Revolución, fe en la Revolución, confianza en sí mismos!, convicción profunda de que la juventud puede, de que la juventud es capaz, convicción profunda de que sobre los hombros de la juventud se pueden depositar grandes tareas.
Creer en la juventud es ver en la juventud la mejor materia prima de la patria, la mejor materia prima de la juventud, de la Revolución; creer en la juventud es mirar todo lo que nuestra juventud puede hacer; es ver en esa juventud los dignos continuadores de la obra revolucionaria; es ver en la juventud a mejores continuadores o constructores de la obra revolucionaria mejores todavía que nosotros mismos.
Creer en la juventud es ver en ellos la generación del mañana, una generación mejor que nuestra propia generación, una generación con muchas más virtudes y muchos menos defectos que las virtudes y los defectos de nuestra propia generación.
Porque creemos en los jóvenes, es porque tenemos una determinada actitud ante los jóvenes. Pero es que los jóvenes de nuestro país se han ganado esa fe; los jóvenes de nuestro país se han ganado ese derecho a nuestra admiración.
Nuestra juventud, en la lucha contra la tiranía dio todo su esfuerzo; nuestra juventud rindió, en aras de la Revolución y de la patria, un altísimo tributo de sacrificio, de sangre y de vida. La historia de la Revolución, la historia de la lucha del pueblo contra la tiranía, está escrita con la lista interminable de jóvenes que cayeron en esa lucha, está escrita con la lista interminable de los que murieron, interminable lista de héroes, interminable lista de combatientes que cayeron, luchando frente a los opresores, en las ciudades, en los campos, en las montañas y en todos los frentes de batalla.
Pero, esa misma juventud no solo escribió páginas de heroísmo en la lucha contra los opresores y por la conquista del poder, sino que ya en el poder la Revolución nuestros jóvenes han escrito páginas igualmente brillantes y heroicas en la lucha defendiendo a la patria frente al imperialismo y en la lucha por llevar adelante la Revolución.
Fueron jóvenes los que se inscribieron en los contingentes de maestros para ir a enseñar a las escuelas de las montañas; fue un joven, Conrado Benítez, el primer mártir en la lucha contra la incultura; y fue otro joven, Manuel Ascunce, quien diera su vida heroicamente frente a las bandas del imperialismo durante la Campaña de Alfabetización.
Nuestros jóvenes se han distinguido singularmente en la defensa de la patria. Fueron jóvenes de 15 a 20 años nuestros artilleros antiaéreos, que con tan extraordinario valor se enfrentaron a los aviones enemigos; fueron igualmente jóvenes nuestros artilleros antitanques. Y de nuevo, en los combates por defender la Revolución de los ataques del imperialismo, los jóvenes pagaron también un alto tributo de vidas. Pero no solo en el combate, no solo en la guerra, sino también que nuestros jóvenes en las tareas pacíficas, en la obra creadora de la Revolución, han escrito también una de las tareas más gloriosas, cual fue su aporte de 100 000 brigadistas para erradicar en un año el analfabetismo en nuestra patria.
¡¿Y qué página más hermosa que ésta, qué tarea más útil que ésta?!: el hecho de que 100 000 jóvenes cubanos, en un país relativamente pequeño, hayan respondido al llamamiento y se hayan marchado a las montañas, y hayan permanecido allí durante largos meses, y hayan cumplido la tarea que se les encomendó, y que justifica todo el prestigio de nuestra juventud y toda la fe que nosotros tenemos en nuestros jóvenes.
Hemos querido señalar estos hechos, porque necesitamos que la juventud cubana sea consciente de esto, necesitamos que la juventud cubana tenga una gran fe en sí misma y que la juventud cubana tenga una gran conciencia de su extraordinaria responsabilidad. Todo lo que hemos dicho no significa sino que tenemos una gran juventud, que tenemos una gran materia prima, que sobre esa base, sobre esa materia prima ha de trabajar la Revolución.
La Revolución necesita que cada joven tenga en sí mismo una gran confianza, la Revolución necesita que cada joven tenga en sí mismo un alto sentido de la responsabilidad, la Revolución necesita que cada joven tenga un alto nivel de preparación política, que cada joven encierre un gran entusiasmo, que cada joven trate de forjarse un carácter, que cada joven trate de hacer de sí mismo un gran revolucionario. Con todas esas virtudes, con todas esas características de nuestra juventud, debemos trabajar.
¿Todo lo que hemos dicho significa acaso que cada joven deba sentirse ya un revolucionario?, ¿que cada joven se considere ya un gran revolucionario?, ¿que cada joven se considere ya un revolucionario formado, un revolucionario completo? ¿Sí o no? ¿Se considera cada joven ya un revolucionario completo? (GRITOS DE:”¡No!”) ¡No! ¿Por qué, compañeros, por qué todavía no se puede considerar ningún joven un revolucionario completo? Porque el revolucionario tiene que hacerse, el revolucionario tiene que forjarse. Lo que es muy importante que tengamos una visión clara de lo que debe ser un joven revolucionario.
¿Y quiénes tendrán derecho a llamarse Jóvenes Comunistas? ¿Es acaso un extremismo bautizar la organización juvenil con el nombre de Unión de Jóvenes Comunistas? ¡No! ¡No! Porque, precisamente, la función de esa organización es formar jóvenes que tengan una actitud comunista ante la sociedad y ante la vida; de formar jóvenes que han de vivir en una sociedad nueva, en una sociedad distinta, en una sociedad muy diferente de la sociedad en que hemos vivido. La misión de esa organización es formar jóvenes capaces de construir esa sociedad y de vivir en esa sociedad.
Nuestra actual generación no está capacitada para vivir en esa sociedad, nuestra actual generación no está preparada para vivir en esa sociedad. Nuestra actual generación es una generación que creció y se educó bajo la sociedad capitalista.
La sociedad capitalista era la sociedad de la explotación, en primer lugar, la sociedad del privilegio, la sociedad de la discriminación, la sociedad de la desigualdad, la sociedad del egoísmo, la sociedad en que el hombre era el enemigo del hombre. En esas ideas, en esas costumbres se educó nuestra generación, con toda la secuela de prejuicios, de privilegios, de desigualdades y de egoísmos que en el carácter y en la mente de cada ciudadano tenía que grabar esa sociedad.
La existencia de clases explotadas y de clases explotadoras trajo consigo esa tremenda pugna de intereses, esa tremenda lucha de clases, ese choque de intereses, ese choque de clases que deja también hondas huellas en la mente y en el carácter de los ciudadanos.
Todos sabemos, incluso, de casos de familias divididas, donde el padre o la madre tenían una posición ante la Revolución y el otro cónyuge tenía otra posición. Todos saben de casos de familias divididas en que la madre o el padre se encuentran en el extranjero, y a veces los hijos separados de los padres, o una parte de la familia en el extranjero y otra parte en el país. Todos saben que ese choque de clases, ese choque de intereses, dejó sus huellas, incluso en el seno de muchos hogares. Esa es la consecuencia inevitable de lo que era la sociedad capitalista, la sociedad de explotadores y explotados.
Eso no volverá a ocurrir jamás en nuestra patria. Jamás en el futuro existirán esos choques; jamás en el futuro se dividirán los padres entre sí ni los padres de los hijos, porque en el futuro habrán desaparecido para siempre las causas que engendraron esas tremendas y dolorosas divisiones, las causas que engendraron esas heridas. ¡Porque en el futuro no volverá a haber jamás, no volverá a existir jamás en nuestra patria, y en el futuro existirán cada vez menos en el mundo, sociedades de explotadores y explotados, de privilegiados y discriminados! Desaparecerán esas causas económicas y sociales que engendran esos antagonismos en el seno de las sociedades humanas.
La sociedad del futuro será una sociedad sin antagonismos sociales, una sociedad sin explotadores ni explotados, una sociedad sin privilegiados ni discriminados.
¡Y que bien vale la pena toda la sangre que se ha derramado y todos los sacrificios que se han hecho para poder decir esto: que nuestra sociedad será una sociedad sin explotadores ni explotados, sin privilegiados ni discriminados!
Y cada ciudadano se acostumbrará a mirar a sus semejantes no como su enemigo, sino como su hermano, no al hombre fiera, contra el cual tenga que defenderse, sino al hombre verdaderamente humano, en el cual tiene a un hermano, en el cual tiene a quien le ayuda; no verá en sus semejantes al superior o al inferior, verá en sus semejantes a su igual; y no verá privilegios, sino méritos, ya que el mérito ha de ser lo que distinga a un ciudadano de otro, ya que el mérito ha de ser la única regla que se le pueda aplicar a cada ciudadano.
Viviremos en una sociedad sin egoísmos; viviremos en una sociedad sin odios; viviremos en una sociedad donde todos estarán trabajando para cada uno y donde cada uno estará trabajando para todos. Ese mundo será mucho mejor; ese mundo será mucho más feliz.
En la sociedad capitalista el hombre era un ser aislado, un ser acorralado; si se quedaba sin trabajo nadie lo ayudaba; si se enfermaba, nadie lo ayudaba; si moría no podía esperar de nadie que ayudara a sus hijos, sus hijos serían pordioseros, sus hijos andarían descalzos, sus hijos pasarían hambre, sus hijos serían igualmente explotados.
En la sociedad capitalista el hombre no podía esperar nada de sus semejantes, como no fuese el mal, como no fuese daño.
En la sociedad socialista y en la futura sociedad comunista que venga luego, cada hombre, cada niño, cada mujer, cada joven, cada anciano, tendrá la ayuda y el apoyo de millones de sus semejantes. ¡Todos los brazos se moverán para vestir y calzar a un niño huérfano! ¡Todos los brazos se moverán para alimentar a ese niño desvalido, para alimentar al anciano, para alimentar al enfermo, para alimentar y ayudar al inválido! Cada ciudadano podrá contar con la energía y con los recursos de todos sus semejantes, de toda la sociedad, para alimentarlo, si tiene hambre, para curarlo, si padece alguna enfermedad, para ayudarlo, si es desvalido, para sostenerlo si ya no puede trabajar. ¡Esa es la sociedad socialista, y aún más perfecta será la sociedad comunista!
Todos trabajaremos para todos; todos trabajaremos cuanto sea nuestra capacidad para trabajar, y todos recibiremos cuanto seamos capaces de necesitar; esa será la sociedad comunista; esa será la sociedad en que han de vivir ustedes; esa será la sociedad por la cual habrán de luchar y habrán de trabajar ustedes.
La sociedad socialista es todavía imperfecta, lleva consigo muchas imperfecciones todavía, pero con todo, es muy superior a la sociedad capitalista.
Nuestro pueblo ni siquiera está viviendo todavía en una sociedad socialista; nuestro pueblo ha emprendido el camino del socialismo y está construyendo una sociedad socialista, pero esa no es más que una etapa inevitable de tránsito, una etapa que no se puede saltar. Nuestra generación vivirá en esa sociedad socialista, y ustedes vivirán en la sociedad comunista.
Naturalmente que en esta etapa de tránsito debemos tener siempre muy presente eso, que es una etapa de tránsito, y todas las posiciones que podamos ganar para construir el futuro, para construir esa futura sociedad comunista, debemos ganarla; cuantos avances de manera realista podamos hacer, debemos hacerlo.
Esa debe ser nuestra norma: construir realistamente el presente, prever audazmente la construcción del futuro.
Y ustedes tienen una gran responsabilidad en la construcción de ese futuro.
Con este acto se cierra el Congreso. En este Congreso se ha adoptado ya un nombre, Unión de Jóvenes Comunistas. Ahora bien, serán necesarios requisitos muy especiales para pertenecer a esa organización; serán necesarios requisitos muy especiales para pertenecer a una célula de la Unión de Jóvenes Comunistas.
¿Y cuál va a ser el criterio? ¿Acaso un criterio sectario? No. El criterio será, sencillamente, la calidad y el mérito de cada joven. En eso sí que no puede influir ningún tipo de amiguismo, ningún tipo de falso compañerismo; no deben influir criterios subjetivos.
Para pertenecer a la organización hay que dar pruebas fehacientes e indudables que se trata en todo caso de un joven verdaderamente modelo, de un joven verdaderamente digno de llamarse Joven Comunista.
No va a ser fácil, no va a ser fácil, porque ser Joven Comunista no significará privilegio de ninguna clase, sino todo lo contrario: ser Joven Comunista significará sacrificio, significará renunciamiento, significará abnegación; ser Joven Comunista significará que por su conducta, dondequiera que se encuentre ese joven, podrá contar con el reconocimiento y con la admiración de todos los demás jóvenes, con el reconocimiento indiscutible y la admiración ilimitada, por su conducta, de todos los demás jóvenes. No será, de ninguna forma, que cuente con el reconocimiento porque alguien lo haya señalado de dedo, porque alguien lo haya designado de dedo o porque alguien lo haya situado en un cargo determinado. El principio, ahora y siempre, tendrá que ser el principio de la calidad y del mérito. No será una autoridad transferida, no será la autoridad que la organización le de a ese joven, sino que la autoridad de ese joven debe provenir, esencialmente, de su comportamiento, de su conducta y de sus méritos ante las masas. Y no será, como a veces ocurre, que la organización le de prestigio y le de autoridad al joven, sino precisamente a la inversa: que el prestigio y la autoridad que ese joven tenga ante las masas sea prestigio y autoridad que ese joven transfiere a su organización.
Creemos que eso es bien claro. No se trata de que algún joven diga:”tengo autoridad ante este centro de trabajo, ante este centro de estudio, porque soy Joven Comunista”, sino “soy Joven Comunista, porque tengo autoridad, mérito y prestigio ante la masa”, que son dos cosas muy distintas .
Así tiene que ser hoy y así tendrá que ser siempre. Porque desde hoy, en todo, debemos ir forjando normas de organización, desde hoy tenemos que ir aplicando una política de métodos correctos y de principios revolucionarios; cuando no se aplican los métodos y los principios, más tarde o más temprano salen las consecuencias.
Todos no podrán ser Jóvenes Comunistas. Jóvenes Comunistas podrán llamarse solo aquellos que, por su conducta y por sus méritos, sean acreedores a pertenecer a esa organización.
¿Y qué hacer con un joven que tiene primero una buena conducta, una gran conducta, un gran mérito, y al cabo de los años o al cabo de cierto tiempo comienza a dejar de tener esas virtudes y esos méritos? Pues, sencillamente, hay que darle de baja de la organización, porque el haber adquirido ese derecho no significa un derecho vitalicio, un derecho perpetuo, sino que ese derecho ganado por sus méritos tiene que saber mantenerlos una vez que ha sido designado miembro de la organización.
Nosotros somos partidarios de que las normas sean rígidas, porque solo eso será lo que le de verdadera calidad, y, sobre todo, compañeros y compañeras, porque es muy importante que cuando al pueblo le digan”ese es un Joven Comunista”, todo el pueblo sepa que se trata de un joven lleno de méritos y un joven lleno de virtudes. Porque lo peor que nos pudiera pasar es que un joven miembro de la organización se comporte incorrectamente, se comporte indebidamente, porque entonces no solo desprestigia a la Revolución y desprestigia a la organización, sino que, incluso, desprestigia al comunismo.
Y desde ahora hay que ceñirse a normas que garanticen que el pueblo pueda tener absoluta fe en los miembros de la Unión de Jóvenes Comunistas, es decir, en los Jóvenes Comunistas. El joven que en virtud de que en el Estado se le asigne algún cargo, un cargo de confianza, bien remunerado, que sin tener familia que sostener, sin tener grandes necesidades, recibe un sueldo de $500.00 y se queda tan tranquilo y empieza a disfrutar de ese sueldo, superior a todas sus necesidades, ese joven no podrá ser un Joven Comunista, no podrá llamarse un Joven Comunista.
Nadie está llamado, nadie está llamado o está obligado a pertenecer a la Unión: es una asociación absolutamente libre de jóvenes revolucionarios, pero que no significará privilegios en ningún sentido, sino sacrificios, para que se sepa que ahí en esa organización se va a buscar sacrificio, abnegación y renunciamiento.
Es decir, que hay que tener temple para ser un Joven Comunista, hay que tener carácter para ser un Joven Comunista, hay que tener abnegación para ser un Joven Comunista, hay que tener vocación para ser un Joven Comunista, hay que saber cumplir. Si se es estudiante, hay que ser inexorablemente buen estudiante; si se es trabajador de una fábrica, hay que ser obrero modelo en esa fábrica; hay que ser ejemplo de buen compañero, hay que ser ejemplo de sacrificio, hay que ser ejemplo de voluntad; han de ser los primeros en todo, en el trabajo, en el estudio, en los deportes, en la vida de relación con los demás compañeros.
El joven orgulloso no puede ser un Joven Comunista. El Joven Comunista ha de ser, antes que nada, un compañero modesto, porque la modestia es una de las primeras virtudes del revolucionario. El que se crea superior a los demás, o que trate a los demás con espíritu de superioridad, no puede ser un Joven Comunista; quien le restriegue a otro sus presuntas virtudes, no puede ser un Joven Comunista; quien le niegue a otro el compañerismo, quien le niegue a otro la ayuda, quien le niegue a los demás el brazo generoso para ayudarlo, quien quiera hundir a un joven, pisotearlo, en vez de ayudarlo, no puede ser un Joven Comunista. Porque el Joven Comunista tiene que ser un apóstol de sus ideas, un predicador de sus ideas, y tiene que predicar, en primer lugar, con el ejemplo; tiene que conquistar jóvenes y no alejar jóvenes.
Quien aleje jóvenes de sí con sus métodos despóticos, con su desprecio y con su falta de generosidad hacia los demás jóvenes, no puede ser un Joven Comunista.
El Joven Comunista tiene que ganarse a los demás jóvenes, conquistarlos para su causa; ganarlos con su ejemplo; atraerlos a las filas de la Revolución; ayudarles, enseñarles, dándoles oportunidad de aprender, dándoles oportunidad de rectificar. Un Joven Comunista no puede albergar odios; el odio del Joven Comunista es hacia los explotadores, hacia los enemigos de la Revolución, hacia los explotadores de la humanidad, hacia los imperialistas, hacia los guerreristas.
Hacia el joven compañero de estudios no puede, no debe sentir odio; debe sentir afecto, debe tratar de ganar, debe sumar. Bueno es recalcar esto, porque hay gente que ha tenido el sistema de alejar gente de la Revolución en vez de atraer; extender la punta del pie a los demás, en vez de extenderles a los demás la mano; ganarle enemigos a la Revolución, en vez de ganarle amigos a la Revolución.
El deber de la Revolución, el deber de cada revolucionario, es ganar, sumar, y no perder, no restar. Acercar a la Revolución y no alejar de la Revolución. Pero si esa norma es correcta para cualquier revolucionario, lo es aún más para los jóvenes. Es necesario que entre los jóvenes haya respeto, es necesario que entre los jóvenes haya lealtad, es necesario que entre los jóvenes existan normas de relaciones humanas.
Compañeros, es muy importante saber mantener normas de relaciones humanas; ayudar a un compañero cuando está deprimido, no desalentarlo, no burlarse de él, no hacer bromas a costa de él. Es muy importante que si tenemos una opinión de un compañero sobre un defecto, no andar hablando con cincuenta compañeros más y haciendo a los demás una opinión negativa de ese compañero. Lo correcto es ir directamente al compañero y señalarle el defecto.
No le hacemos ningún favor a un joven cuando salimos por todas partes hablando mal de sus defectos; le hacemos un favor verdadero si vamos a él y se lo señalamos. Cuando en vez de señalarlo por la espalda lo señalamos en el núcleo, o en la asamblea de la clase, o en la asamblea de la fábrica y en el nivel donde corresponda.
Así sí haremos críticas positivas; así sí haremos favor a los demás. Hemos dicho en una ocasión: guerra al sectarismo; pues bien, digamos ahora: ¡guerra a la intriga, guerra al chisme, guerra al rumor por la espalda, guerra a la incivilidad, guerra a la mentira, guerra a la hipocresía, guerra a la insinceridad!
¡Lo que haya de decirse de un compañero, hay que decírselo a él y no a otros; hay que decirlo por delante y no por la espalda!
Pero, además, hay que ser comprensivos, hay que ayudar y no fulminar un joven; hay que darle oportunidad de rectificar, hay que darle oportunidad de educarse, hay que darle oportunidad de cambiar.
En los estatutos, por supuesto, está que el joven que no sea modelo de trabajador no puede ser Joven Comunista; que el joven que le suspendan el curso, el joven que no pase de curso, no puede ser Joven Comunista.
Buen trabajador, buen estudiante, buen deportista. La organización tiene sus militantes profesionales, sus cuadros que se dedican todo el tiempo al trabajo. Bien, pero aquel que estudia en la Universidad, que estudia en las escuelas tecnológicas, o en los centros preuniversitarios, o en cualquier centro, tiene que aprobar su curso. Si no aprueba el curso, automáticamente deja de ser miembro de la Unión de Jóvenes Comunistas.
El Joven Comunista, además, tiene que estar dispuesto a dar su vida por la Revolución y por la patria sin vacilación. Esa es condición esencial de todo Joven Comunista. Y así el carácter y el concepto del Joven Comunista tiene que ir formado de todos esos atributos, de todas esas cualidades, de todas esas virtudes, de manera que ser Joven Comunista constituya el más alto, el más señalado y el más preciado galardón de todo joven.
Ya no se trata solamente de nosotros; se trata de que nuestra juventud debe también ser ejemplo a la juventud revolucionaria en América Latina; se trata de que nuestra juventud marcha a la vanguardia.
América Latina es un continente convulsionado por la ola revolucionaria que se desata. Los imperialistas tratan de frenar esa ola, tratan de lograr el imposible de impedir el avance de esa ola revolucionaria; pero más que una ola revolucionaria, es un verdadero ras de mar revolucionario que barrerá con el imperialismo en nuestros pueblos de América Latina.
Las contradicciones se agudizan cada vez más, el desprestigio del imperialismo es cada vez mayor y se enreda cada vez más en esas contradicciones.
Lo que acaba de suceder en la Argentina es un verdadero ejemplo. La”hojita de parra” la han perdido. Su democracia representativa acaba de ser objeto de uno de los más desvergonzados actos de violencia y de fuerza. Hasta los propios títeres del imperialismo sucumben ante la agudización de las contradicciones, ante la violencia de la reacción proimperialista.
Así vemos que en unas elecciones, las fuerzas populares obtienen la victoria y al otro día intervienen aquellos Estados o provincias donde había sido derrotado el régimen proimperialista. A los pocos días por la fuerza destituyen al que estaba fungiendo como Presidente Constitucional.
Hace verdaderamente mucha gracia ver el estupor de algunos farsantes. Los hechos de la Argentina ponen tan al desnudo al imperialismo que el gobierno imperialista de los Estados Unidos luce verdaderamente desconcertado ante los acontecimientos, que no son más que el fruto de su propia política injerencista.
Mientras, por otra parte, ¿qué hace el señor Rómulo Betancourt? ¿Cómo actúa el señor Rómulo Betancourt? El señor Rómulo Betancourt retira su embajador de Argentina, ruborizado ante los hechos, es decir, simulando estar ruborizado, porque ¿quién es el señor Rómulo Betancourt, sino un agente reaccionario del imperialismo, asesino de obreros y estudiantes, asesino de campesinos, encarcelador de miles de ciudadanos, que a sangre y fuego mantiene un régimen de concesiones y de entrega a los monopolios imperialistas? Y ahora, ¿cómo reacciona ante el caso de Argentina? Pues, reacciona, sencillamente, como una prostituta ruborizada.
Son las contradicciones del imperialismo en la América Latina.
¿Qué ocurre en Ecuador? En Ecuador ocurre lo mismo que en Argentina. Todo el mundo sabe que en Ecuador el señor Arosemena llegó al poder apoyado por los obreros, por los campesinos y por los estudiantes. Al llegar al poder designa un gabinete de reaccionarios, donde no había un solo estudiante, un solo obrero, ni un solo campesino. No obstante, se mantenía firme en el propósito de mantener relaciones con el Gobierno Revolucionario cubano. Las relaciones con Cuba eran la prueba definitiva de su actitud como gobernante, de su postura como gobernante.
Bastó una visita de un general yanqui, jefe de las tropas yanquis en el Comando del Caribe; bastó una visita a la ciudad de Cuenca, en Ecuador, ¿qué había allí en la ciudad de Cuenca? En la ciudad de Cuenca estaban entrenando una tropa antiguerrillera. Oficiales yanquis estaban entrenando una tropa antiguerrillera en la ciudad de Cuenca.
El jefe de las fuerzas yanquis en el Caribe visitó a esa tropa en la ciudad de Cuenca y de allí mismo, a los pocos días salió el ultimátum al Presidente de la República para que rompiera con Cuba. Ese ultimátum llegó y contó con el apoyo inmediato del Primer Jefe y el Segundo Jefe de las Fuerzas Armadas, que eran elementos conocidamente reaccionarios.
Nosotros teníamos ciertas noticias de Ecuador, algunas de ellas desalentadoras. Nosotros sabíamos que el gabinete era reaccionario, nosotros sabíamos que el Primer Jefe y el Segundo Jefe del Estado Mayor del Ejército eran elementos proimperialistas y reaccionarios. Nosotros sabíamos que el señor Arosemena se las pasaba completamente embriagado desde el lunes hasta el domingo, en algunas ocasiones. Nosotros sabíamos eso. Nosotros sabíamos que el Presidente de ese hermano país se había entregado a la bebida de una manera desenfrenada. Eso lo sabía también todo el pueblo del Ecuador, desde luego, los reaccionarios aprovechaban eso, los reaccionarios se encargaban de sacar fotografías de este señor en medio de francachelas y en medio de borracheras. De manera que iba perdiendo cada vez más su autoridad, pero no obstante Arosemena decía, y repetía una y otra vez, que no rompería con Cuba, que a él no lo podría nadie obligar a romper con Cuba; que él no era Frondizi; que a él había que matarlo, que él sería capaz de cualquier cosa antes que romper con Cuba.
Y nosotros confiábamos en su firmeza de propósito. No le teníamos por un hombre cobarde, no considerábamos que fuese un hombre cobarde. Todo lo contrario, considerábamos que tendría valor para oponerse a los militares.
En sus ratos de cordura, como en sus ratos de ocio, y en sus ratos de embriaguez siempre repetía que nadie lo haría romper relaciones con Cuba. Todo indicaba que tendría al final una postura digna, que tendría al final un gesto.
No sabemos si tendrá o no tendrá a última hora un gesto, quizás reaccione, pero lamentablemente reaccionará demasiado tarde. Desde el momento que aceptó la imposición de los militares, desde el momento que aceptó la exigencia de los militares para romper con Cuba, Arosemena dejó de ser el gobernante de poder. Desde ese momento renunció a su investidura en favor de los fueros militares; desde ese momento será un prisionero de los militares, porque esa acción marcó su divorcio total con las masas populares, su divorcio total con las masas obreras, campesinas y estudiantiles.
Desde el momento que renunció a ese apoyo, mal podrá enfrentarse en lo adelante a la exigencia de los militares, mal podrá librarse de las ataduras, mal podrá librarse de las cadenas del militarismo. Porque antes tenía pueblo, antes pudo movilizar a los obreros, a los campesinos, a los estudiantes; ahora no, ahora está solo con los reaccionarios; ahora está solo con los militares y le harán al fin y al cabo lo mismo que a Frondizi. Cualquier día, en una de esas borracheras lo agarran y lo llevan a una embajada. Cualquier día se despierta en una embajada.
Es posible que los militares actúen con él peor que con Frondizi, porque él ha sido más cobarde que Frondizi, porque él resistió menos que Frondizi, porque Frondizi hace mucho rato que no tenía pueblo, hace mucho rato que no tenía ni podía tener apoyo de obreros, de estudiantes y de campesinos; y Arosemena podía tener y habría tenido el apoyo de las fuerzas populares para resistir a la presión de los militares, teniendo fuerza para resistir, no resistió, resistió menos que Frondizi, fue más cobarde que Frondizi. El que decía que no era Frondizi, ha resultado ser menos que Frondizi, y el puntapié, que al fin y al cabo le darán los militares, será un puntapié más grande que el que le dieron a Frondizi .
Ahí tienen los jóvenes latinoamericanos lo que significan las escuelas de oficiales antiguerrilleros, lo que significan los entrenamientos de tropas antiguerrilleras, ahí lo tienen: tropas para imponerse por la fuerza a los gobiernos, para arrastrar a los gobiernos a posturas cada vez más y más reaccionarias.
Pero, ¿qué significa esto? ¿Significa, acaso, que se aleja la posibilidad revolucionaria? ¡No!, significa que se acerca. ¿Significa, acaso, que desaparecen las condiciones objetivas de la revolución latinoamericana? ¡No!, significa que esas condiciones objetivas para la revolución latinoamericana se presentan en grado cada vez mayor y cada vez más evidente; significa que las fuerzas se polarizan, que las contradicciones se agudizan, que la ola revolucionaria de América Latina cobra altura, que el imperialismo presiona a los gobiernos y se atrinchera en las posiciones más reaccionarias, y moviliza a los sectores más reaccionarios, a los militaristas, a los latifundistas, a los explotadores y a todos los elementos más negativos, para enfrentarlos a los pueblos.
¿Significan esos entrenamientos de fuerzas antiguerrilleras que podrán aplastar a los pueblos? ¡No!, porque contra la revolución, contra la rebelión de los pueblos no se ha inventado todavía ninguna táctica eficaz; contra la lucha de los pueblos por su liberación no se ha inventado todavía ninguna táctica, ninguna escuela. Los fracasos del imperialismo en Vietnam del Sur, país pequeño en población y pequeño en extensión, demuestra que los imperialistas, por muchas escuelas antiguerrilleras que organicen, no podrán impedir la lucha de los pueblos por su independencia. Y el hecho de que se tomen tanto interés en organizar escuelas antiguerrilleras revela el temor del imperialismo a las guerrillas revolucionarias, revela el temor del imperialismo a la táctica que hizo posible el triunfo de la Revolución en nuestra patria, revela el miedo del imperialismo a las condiciones que harían invencible a la revolución latinoamericana si sabe aprovechar la experiencia de la Revolución Cubana, si sabe recoger y utilizar, con espíritu creador aplicado a las condiciones objetivas de sus respectivos países, las tácticas de la Revolución Cubana.
El hecho es que al cabo de un año de “Alianza para el Progreso”, los propios periódicos imperialistas la están llamando ya “Alianza que no progresa”, y en realidad ha sido la “Alianza del retroceso”, la “Alianza del fracaso”.
Cada vez es más fuerte el sentimiento revolucionario de los pueblos de América Latina, cada vez son mayores las contradicciones, cada vez es mayor el desprestigio del imperialismo, cada vez es más evidente la debilidad de la reacción. ¿Qué quiere decir todo esto? Quiere decir que estamos ante un gran minuto, una gran hora revolucionaria; que estamos en los umbrales de la gran revolución latinoamericana, que los pueblos de América Latina han emprendido el camino de su liberación y nada ni nadie los podrá detener; que estamos ante un continente que despierta, que estamos ante grandes masas de obreros, de campesinos, de estudiantes, de jóvenes que se yerguen para luchar por las mismas cosas que hemos luchado nosotros, para hacer —igual que nosotros— sus revoluciones contra el imperialismo, contra el feudalismo y contra la explotación.
Es importante que nuestros jóvenes tengan presente que su obra, su ejemplo, no solo será útil a la patria, sino que será útil también a todos los pueblos de América Latina, que nuestras experiencias servirán también a los pueblos hermanos de América Latina, a los jóvenes de América Latina. Por eso es tan importante la misión que tienen ustedes, la misión de ser no solo abanderados del futuro, de la sociedad más perfecta, de la sociedad comunista; no solo de ser los abanderados de las ideas del porvenir, sino ser también el ejemplo —como lo es nuestra Revolución— de los jóvenes de América, ser también los abanderados de los ideales de todos los jóvenes de América Latina.
¡Viva la Unión de Jóvenes Comunistas! (GRITOS DE: “¡Viva!”)
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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