julio 11, 2012

Discurso de Fidel Castro en la clausura de la Plenaria Nacional de la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros (1960)

DISCURSO EN EL ACTO DE CLAUSURA DE LA PLENARIA NACIONAL DE LA FEDERACION NACIONAL DE TRABAJADORES AZUCAREROS, EN EL TEATRO DE LA CTC REVOLUCIONARIA
 Fidel Castro
[19 de Noviembre de 1960]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ― 

Compañeros del sector azucarero:
 Es la primera vez en la historia de nuestro país que tiene lugar una asamblea semejante. Aquí están presentes, en esta reunión, los que producen azúcar: está la industria, está la agricultura en sus distintas formas de producción.
En primer lugar, los administradores de los 160 centrales nacionalizados por la Revolución; y con cada uno de ellos, los responsables de las milicias de cada uno de los centrales azucareros; los secretarios generales de todos los sindicatos azucareros de Cuba; los administradores y coordinadores de las 614 cooperativas cañeras; y la genuina representación de los que antes se llamaban colonos de Cuba, y que ya no son colonos, porque no son colonos de nadie, sino que cultivan su propia tierra en virtud de la Ley de Reforma Agraria , que le concedió la propiedad de la tierra a la inmensa mayoría de los colonos, es decir, los que tenían dos o menos caballerías de tierra, o los que tenían más de dos y menos de cinco, el derecho hasta dos, gratuitamente, de manera absolutamente gratuita.
Claro está que los que se arrogaban la representación de los pequeños agricultores de caña no ponían la mayor atención en este hecho, puesto que esa representación estaba influida, fundamentalmente, no por los pequeños colonos, sino por los colonos grandes, que en ningún sentido se sentían beneficiados por la reforma agraria. Era necesario definir esa situación, y era necesario sentar aquí, junto a los cooperativistas cañeros,  los secretarios de los sindicatos, y los administradores de los centrales, a los pequeños colonos, a quienes la Revolución ha beneficiado y está dispuesta a ayudar también.
Desde luego que una reunión semejante no podía haberse efectuado antes de la Revolución.  Antes de la Revolución, en el sector azucarero existía la pugna de intereses que hoy no existe.  Hoy se pueden reunir aquí todos los sectores, es decir, todos los productores de azúcar de nuestro país, para discutir lo que les interesa a todos.  De ninguna forma lo que convenga a unos puede ser perjudicial para los demás; y lo que sea perjudicial para los demás, será perjudicial para todos.
Antes, la política azucarera estaba dirigida por los grandes hacendados, y, en general, por todos los hacendados, y por los grandes colonos, en complicidad con los gobiernos de turno. Los intereses del pueblo no contaban para nada; los intereses del obrero industrial o agrícola no contaban para nada; los intereses del pequeño colono no contaban para nada. Todos eran explotados:  los hacendados y los grandes colonos explotaban a los obreros agrícolas y a los obreros industriales; pero, además, explotaban también al colono pequeño, al que obligaban a pagarles un 5% de la producción en bruto de caña, y cuyas cuotas las sacrificaban siempre a los intereses de las cañas de administración.
Los problemas del desempleo, no importaban; los problemas del tiempo muerto, no importaban.  Cualquier hacendado prefería vender menos azúcar a mayor precio para obtener mayores ganancias; prefería dejar las cañas de un año para otro, las tierras completamente improductivas, a cualquier otro procedimiento, a cualquier otra cosa.
El problema del azúcar se convirtió, si bien es cierto que en la mayor fuente de ingresos y de divisas del país, paradójicamente también en la mayor fuente de hambre en nuestro país. El azúcar era nuestra grandeza y nuestra tragedia.  Tragedia para el pueblo; no fue nunca tragedia para un hacendado, ni para un colono grande; no fue nunca tragedia para la compañía extranjera propietaria de las mayores extensiones de tierras.  Y si alguna vez fue tragedia para el hacendado cubano, el pequeño hacendado, era tragedia en beneficio de los bancos extranjeros que adquirían esos centrales en épocas de crisis.
El hacendado no tenía problemas, ni el colono grande tenía problemas. Ellos, en el breve período de la zafra, reunían recursos suficientes para resolver ampliamente todas sus aspiraciones; ellos hacían la zafra y se marchaban a la capital, o se marchaban al extranjero. ¿Qué les podía importar la suerte del obrero agrícola, al acabarse la zafra? ¿Qué les podía importar la suerte del obrero industrial, al acabarse la zafra? Con las últimas cañas que se molían el trabajo se paralizaba y se originaba el terror del pueblo y el terror, sobre todo, de los trabajadores azucareros: el tiempo muerto. Y así, la caña nos trajo dos tragedias: el tiempo muerto y el monocultivo.
La industria estaba organizada así. ¿Cuántos centrales se hicieron?  Los centrales que quisieron hacer.  Cuando a alguna compañía extranjera o un grupo de capitalistas nacionales les venía en ganas poner un central azucarero, ponían un central azucarero; nunca existió un plan, nunca existió una política. El problema del desempleo durante nueve meses del año no fue nunca problema para ellos; si sus problemas estaban resueltos,  si para ellos era un buen negocio, si ellos controlaban,  además, nacionalmente, la política azucarera y trazaban el monto de la zafra, ¡qué les podía importar el problema del tiempo muerto y el problema del monocultivo!
De estos dos males hemos venido oyendo hablar desde que teníamos uso de razón. Jamás podrá tener estabilidad la economía de un país, jamás podrá tener sosiego un sector obrero condenado fatalmente, año tras año, a estar sin empleo durante la mayor parte del tiempo, se paralizaba el trabajo en la industria y se paralizaba el trabajo en el campo.  Y todavía era más criminal la situación en el campo, porque los salarios eran más bajos, porque los obreros tenían menos posibilidades de encontrar otros empleos. Y lo terrible que es el monocultivo se puede apreciar, sobre todo, cuando se ha tenido que luchar contra estos problemas; cuando se ha tenido que meditar mucho sobre ese problema; cuando se considera que un área de tierra dedicada a un solo cultivo, si ese solo cultivo es, además, caña, los obreros agrícolas están irremisiblemente condenados al hambre, irremisiblemente condenados al hambre, porque una caballería de caña requiere, aproximadamente, 600 pesos de cultivo al año.  Y toda una inmensa masa de trabajadores en los grandes latifundios cañeros tenía que vivir, la mayor parte del año, a expensas de esos 600 pesos, si es que los latifundios se decidían a cultivar la caña; porque cuando ocurría que había sobrante de caña la situación era peor todavía.  Y de todas formas, una población que tenga que vivir exclusivamente de un solo cultivo, y que ese cultivo sea caña, esa población está condenada, fatalmente, al hambre.
Y esa era la situación que encontró la Revolución al llegar al poder. Desde entonces, mucho ha cambiado el panorama.  ¡Qué diferencia entre esta reunión y las primeras reuniones! ¡Cuánto ha cambiado la situación desde aquella vez que nos reunimos aquí los representantes de los sindicatos azucareros y nosotros!
Vale decir aquí, en honor de los trabajadores azucareros, que en aquella primera reunión se ganó la primera batalla a favor de los logros que hoy se han alcanzado.
Aquel día pudimos haber hipotecado, definitivamente, el futuro de la economía nacional; aquel día, en medio de la desesperación por el desempleo reinante, los obreros creían que la solución del problema, en parte, podía ser el establecimiento de cuatro turnos en la industria azucarera.  Aquella consigna tenía la simpatía apasionada de la masa de los trabajadores azucareros, y en aquella ocasión, por primera vez, apelamos al espíritu revolucionario de los trabajadores; por primera vez apelamos a la fe de los obreros; y, por primera vez, los obreros dieron un gran paso, hicieron demostración de la fe que tenían en el Gobierno Revolucionario, demostraron su gran capacidad para conocer qué es lo que a la larga podía convenirles más, y nos ahorramos un paso, que de haber incurrido en él, de no haber sido siempre, invariablemente, nuestra línea al hablar aquí hacerlo con absoluta y total honradez; si aquel día nos hubiésemos dejado arrastrar por una actitud demagógica; si aquel día no hubiésemos demostrado también nuestra gran fe en los trabajadores, podríamos decir que el imperialismo tendría clavado, a estas horas, en el corazón de la patria, la mitad del puñal asesino.
Aquel día había que apelar a la confianza de los obreros. No existía una conciencia revolucionaria muy definida; existía entusiasmo revolucionario, existía ardor revolucionario, existía espíritu de sacrificio; pero estábamos muy lejos todavía de comprender con claridad los problemas económicos y sociales de nuestro país, tal como los comprendemos hoy. Entonces había que apelar a la fe más que a la razón; hoy, sin embargo, los problemas se comprenden mucho mejor, y hoy ya se puede hablar a la razón de los trabajadores.
Pero en aquella ocasión histórica se dio el primer gran paso hacia la política presente; nosotros comprendíamos perfectamente bien las pugnas inevitables que se suscitarían con los grandes intereses extranjeros y nacionales; nuestro pueblo, en aquellos momentos, no estaba lo suficientemente organizado y lo suficientemente preparado para afrontar ese tremendo choque de intereses como lo está hoy. Nosotros comprendíamos perfectamente bien que algún día esos centrales azucareros de los grandes monopolios extranjeros, serían de los cubanos; nosotros comprendíamos perfectamente bien que algún día todos los centrales azucareros serían del pueblo; y por eso, aquel día, hicimos el esfuerzo para evitar pasos que habrían entorpecido por completo, después, el avance de la Revolución. Y gracias a que muchos pasos erróneos se evitaron, la Revolución ha avanzado, y la Revolución puede continuar avanzando, y el país se puede defender de la agresión extranjera.
¿Qué habría sido hoy de la Revolución ante la agresión económica y ante la supresión de nuestra cuota azucarera si hubiésemos tenido cuatro turnos en los centrales azucareros?  Nuestra posición habría sido mucho más débil, porque el camino correcto no era el camino de dividir el poco empleo que teníamos, sino el de crear nuevos empleos. Y así, después de dos años, en la industria nacional, exceptuando los centrales azucareros, hay un 35% más de empleo y en el campo hay 200 000 cubanos más trabajando.
Esto lo recordamos hoy, porque demuestra el valor que tiene el saber prever y el valor que tiene pensar en el futuro más que en el presente; ¡que no vale la pena cambiar ventajas pasajeras por problemas futuros, sino que es mucho mejor cambiar sacrificios presentes por ventajas futuras!, porque el mañana nos puede parecer distante y, sin embargo, estar muy próximo, y el presente nos puede parecer muy próximo y estar muy distante.
Hace dos años esta reunión de hoy y estos minutos de hoy nos podrían parecer distantes y, sin embargo, hemos llegado hasta aquí y aquellos primeros días de la Revolución nos parecen muy distantes. ¡El presente no debe importarnos! Solo los hombres imprevisores, solo los hombres condenados a permanecer fatalmente en una vida sin progreso, les dan más importancia al presente que al futuro; el presente es de lucha, el presente es de duro batallar, el presente lo tenemos delante, ¡pero el presente irá quedando atrás y delante iremos recogiendo la abundante cosecha de todo lo que estamos sembrando hoy!  
Y hoy se ha reunido aquí el sector del pueblo en que la Revolución tiene mayores esperanzas; hoy se ha reunido aquí el sector más sacrificado y aguerrido del pueblo. Las camisas azules de los milicianos, que dan un solo matiz a los hombres aquí presentes, es buena prueba de que este es un sector obrero de combate y de lucha, de que este es un sector obrero de quien el pueblo y la patria tienen derecho a esperar que sabrá dar la batalla mejor, la batalla más firme y la batalla más decisiva frente a la agresión de los enemigos de la patria. El enemigo esperaba encontrar a estas horas un pueblo vencido. Contra ustedes, los trabajadores del sector azucarero, se dirigió el peor ataque de los enemigos de la Revolución y de la patria; ellos pensaban en el hambre del pueblo al arrebatarnos nuestra cuota azucarera, pero en medio del hambre del pueblo, el hambre, en primer término, de los obreros azucareros, de los hombres que libraban su sustento en la producción del azúcar. Es decir que el puñal se dirigió hacia todo el pueblo, pero para herirlo más profundamente, en ustedes; para sembrar el hambre, y con el hambre la inconformidad y el derrotismo, con el hambre, el sometimiento del país y la destrucción de la Revolución. Imaginad un enemigo que ataca por un sector del frente, y el enemigo atacó con toda rudeza por el sector del frente nacional donde estaban los obreros azucareros, ¡y en vez de encontrar un pueblo vencido, en vez de encontrar un sector vencido, el enemigo se ha encontrado un sector convertido en milicianos, convertido en batallones!, convertido en baluarte invencible, convertido en vanguardia de la Revolución. Donde pensaron sembrar el derrotismo han sembrado dignidad y heroísmo; donde creyeron sembrar el pesimismo, ha quedado el optimismo.
Y aquí tienen, señores del imperialismo, ¡aquí tienen a los hombres a cuyos hogares quisieron llevar el hambre, a cuyos hijos y cuyas esposas quisieron matar de hambre!; ¡aquí tienen a los padres de familia honestos a los que ustedes, arrebatándonos la cuota, quisieron disminuirles sus salarios, quisieron disminuirles el ingreso, quisieron aumentarles el tiempo muerto y la miseria que habían implantado aquí durante cincuenta años!, porque lo que hizo la Revolución fue desear que no hubiera más tiempo muerto, que no hubiera más miseria y por querer que no hubiera más miseria ni más tiempo muerto, ni más latifundio, ni más monocultivo, quisieron ellos que hubiera más hambre, más tiempo muerto y más miseria para implantar mayor opresión, mayor sojuzgamiento, para garantizar mayores beneficios, para garantizar mayor dominio sobre la economía de nuestro país.
“¡Ah!, ¿no quieren hambre?, pues, en castigo, tendrán más hambre; ¿no quieren tiempo muerto?, pues, en castigo, tendrán más tiempo muerto; ¿quieren reforma agraria?, pues tendrán que cocinarse en el propio caldo de la reforma agraria; ¡y tendrán que morirse de hambre!, ¡y tendrán que rendirse!, ¡y tendrán  que declararse vencidos!, ¡y tendrán que ponerse otra vez de rodillas!” Ese fue el pensamiento criminal que guió la conducta del gobierno imperialista al quitarnos nuestra cuota azucarera; ese fue el propósito.  Es decir que los culpables del hambre, los culpables de la miseria, los culpables del hambre de los hijos de ustedes, los culpables de que los hijos de ustedes no tuvieran escuelas, ni tuvieran hospitales, ni tuvieran ropas, ni tuvieran zapatos; los culpables de que ninguno de ustedes pudiera encender el fogón durante todos los días del año; los culpables del espanto de las guardarrayas; los culpables de la miseria, de la mortandad infantil, de los dolores y los sufrimientos de todos ustedes: cuando nosotros quisimos, sencillamente, mejorar de vida; cuando quisimos poner fin a una situación que estimábamos indigna de seres humanos, nos quisieron condenar a un hambre mayor, y a una miseria mayor. 
Por eso, la respuesta de la Revolución, y la respuesta de ustedes, la única respuesta, es:  ¡No!; ¡nuestros hijos no pasarán hambre!; ¡nuestras esposas no pasarán hambre, aunque ustedes quieran!; ¡nuestro pueblo no se pondrá de rodillas, como ustedes pretenden!; ¡la respuesta nuestra no será como esperaban ustedes, la rendición de nosotros y de nuestro pueblo!; ¡la respuesta nuestra será la disposición de luchar, la disposición de pelear, la disposición de trabajar, la disposición de vencer!  
A nosotros no nos pueden amenazar con un mal que conocemos muy bien: hambre. El hambre, para nosotros ha sido familiar; con el hambre no nos pueden amenazar, ¡porque nosotros somos veteranos de la lucha contra el hambre que ustedes implantaron en nuestra patria desde hace cincuenta años!; y nosotros, por salir del hambre para siempre, ¡estamos dispuestos a pasar todo el hambre que sea necesario!  
Pero, además, había hambre porque había tiempo muerto; había hambre porque había monocultivo; había hambre porque había latifundio; y desde que el tiempo muerto, el monocultivo y el latifundio desaparezcan, desaparecerá el hambre; y desde que podemos proclamar que desapareció el latifundio y desapareció, o va a desaparecer de inmediato, el monocultivo, en nuestro país ha desaparecido el hambre.
Había hambre porque las tierras no estaban en nuestras manos; había hambre porque las fábricas no estaban en nuestras manos; había hambre porque la economía no estaba en nuestras manos; y desde que la tierra, las fábricas y la economía están en nuestras manos, ¡no habrá más hambre! Y menos hambre habrá si lo que los enemigos de la patria se encuentran delante son hombres como ustedes.
Y hoy nos hemos reunido aquí para decidir qué vamos a hacer; hoy nos hemos reunido aquí para decidir qué política vamos a seguir con el azúcar; hoy nos hemos reunido aquí para decidir qué medidas vamos a adoptar frente a la agresión económica y la supresión de nuestras cuotas.
Esperan los agresores que nosotros nos veamos en apuros muy grandes; esperan los agresores, tal vez con alegría —si es que albergan la vana esperanza de que sus hechos tengan éxito—, esperan quizás con malvada alegría, nuestros apuros. Y puesto que aquí existían una serie de dogmas: el dogma de que sin los americanos nos moríamos de hambre, el dogma de que si nos quitaban la cuota azucarera destruían la Revolución; como aquí existían una serie de mentiras seculares, los creyentes en esas mentiras esperan ver cómo vamos a salir nosotros del paso.
Y, efectivamente, con la agresión económica de que han hecho víctima a nuestro país, y con mucho menos, habrían derrocado a cualquier gobierno en Cuba los imperialistas. Pero, lo que en Cuba está ocurriendo es un fenómeno revolucionario, y no es lo mismo derrocar a un gobierno que destruir a una revolución; y lo que habría bastado para cambiar cualquier gobierno, ¡no alcanza ni para hacerle mella a la Revolución Cubana!  
Si en épocas pasadas esa agresión hubiese tenido lugar, los propios hacendados y terratenientes, con sus instrumentos de fuerza y de opinión, se habrían encargado de cumplir la voluntad de los imperialistas.  Pero el error de los imperialistas, en este caso, ha sido no comprender que la clase obrera jamás sería instrumento de sus designios, y que la clase obrera jamás reaccionaria como reaccionarían los terratenientes y los hacendados; que la clase explotada jamás reaccionaria como reaccionan los explotadores; y que la clase explotada no iba a reaccionar conforme a sus designios; y que la actitud de la clase obrera ante una agresión criminal contra nuestro pueblo, originada solo en la lucha del pueblo contra los explotadores y a favor de los explotados, la clase obrera, ante una agresión de esta índole, lejos de hacerle el juego al imperialismo, ¡se reafirmaría en su posición revolucionaria y en su voluntad de lucha!  
La clase obrera no se asusta ni actúa movida por el miedo jamás. Se asustaban los terratenientes que vivían de rodillas ante el imperialismo; se asustaban los hacendados; se asustaban los sumisos; y se asustaban los cobardes. Ellos creían que asustarían a la clase obrera, y lo que han hecho es enardecer a la clase obrera, llenar a la clase obrera de más valor todavía y más decisión de lucha. Con la agresión económica no han hecho más que acelerar el proceso revolucionario; con la agresión económica no han hecho más que facilitar el traspaso de todos los monopolios a manos nacionales, el traspaso de todos los centrales a manos nacionales, el traspaso de todos los latifundios a manos nacionales.  Y aquí estamos, ¡con los centrales, con los latifundios, con la caña, con la riqueza nacional, y dispuestos a seguir adelante!  
¿Y qué hemos hecho con los centrales? ¿Qué hemos hecho con las tierras? ¿Qué hemos hecho con las cañas?  Cualquiera recuerda —y es bueno recordarlo, porque recordar las estupideces de los enemigos, y las ilusiones vanas de los enemigos, ha de servir para reafirmar nuestra seguridad en nosotros mismos y nuestra confianza en el porvenir— qué decían los voceros de los terratenientes y de los industriales. Dijeron que se arruinaba la industria azucarera, que se arruinaban los cultivos de caña, porque sin ellos, ellos, los superinteligentes, ellos, los supersabios, ellos, sin cuyos manejos y sin cuya administración el país se hundiría, sin ellos, no habría quien echara a andar un central, ni habría quien fuera capaz de atender un campo de caña.
Y lo primero que publicaron los periódicos imperialistas es que habría que prepararse para una disminución extraordinaria de la producción azucarera, y que desde el momento en que ellos, los superinteligentes, no administraban las colonias, el pueblo —el “populacho”, como dicen ellos—, el pueblo incapaz e inepto, no sería capaz de hacer crecer una sola mata de caña.
Ellos se habían olvidado de que los que cultivaban la caña no eran ellos, sino los trabajadores agrícolas; ellos se habían olvidado de que los que se levantaban a las 6:00 de la mañana, e iban a arrancar la hierba, e iban a guataquear en los cañaverales, e iban a chapear, e iban a cultivar las cañas, no eran ellos, sino los trabajadores agrícolas; que los que sembraban la caña, y limpiaban la caña, y regaban el abono, y cortaban la caña, y cargaban la caña, y tiraban la caña, no eran ellos, sino los trabajadores agrícolas; y se olvidaban de que quienes reparaban los centrales no eran ellos, sino los trabajadores industriales; que los que encendían las calderas de los centrales, los que reparaban las vías y las grúas, los que movían los trenes y las locomotoras, no eran ellos, sino los trabajadores industriales; y que los que atendían aquellas máquinas, y producían aquella azúcar, y cargaban aquella azúcar, y la llevaban hasta los barcos, no eran ellos, sino los obreros; ¡y que lo que ellos hacían era cobrar el trabajo y el sudor de los obreros!  
Los obreros hacían lo más difícil, y ellos hacían lo más fácil; los obreros lo hacían todo, menos cobrar.  Y ahora los obreros lo hacen todo, y, además, cobran también, que es bien sencillo.
¿Cuál ha sido el resultado? Que la mayor parte de los centrales están ya reparados y hay varios moliendo; que en las reparaciones de los centrales se han hecho grandes ahorros. ¿Y en las cañas?  Pues, sencillamente, tenemos más cañas de la que ellos tenían. Y no solamente las cañas fueron mejor cultivadas y mejor abonadas, sino que, además, ¡hasta llovió más este año, como un homenaje a los cooperativistas cañeros!  
Una gran mentira se vino abajo: la mentira de que íbamos a producir menos azúcar, de que las plantaciones se arruinarían, y de que la industria se arruinaría. Lo primero que dijeron también, además de esto, fue que al dividirse las plantaciones y agarrar cada cual un pedacito del latifundio cañero, la producción disminuiría. Bien; y nosotros les respondimos: “No se preocupen, que no vamos a repartir el latifundio cañero en pedacitos, sino que vamos a organizar cooperativas”. Es decir, ellos argumentaban primero, y decían: “La van a repartir en pedacitos; cada cual atendiendo un pedacito, una parte la va a sembrar de caña, y la otra la va a sembrar de yuca y de plátano; y, además, no la van a abonar y no la van a cultivar.”
Bien, la Revolución no dividió los latifundios cañeros en pedacitos, sino que organizó cooperativas, precisamente para mantener la producción en gran escala, precisamente para garantizar la producción. Y entonces, ellos dijeron: “¡Ah!, no han repartido la tierra, no han cumplido la promesa.” En primer lugar, en las proclamas revolucionarias, y en nuestros pronunciamientos, desde el mismo 26 de julio de 1953 , hablábamos ya de las cooperativas.
Ellos tenían la esperanza de que nosotros cometiéramos ese error; imagínense ustedes, los cooperativistas cañeros, lo que habría sido dividir 80 caballerías de caña entre 250 familias, a un tercio de caballería por familia, cada cual viviendo en su pedacito de tierra; 250 administradores, 250 créditos, 250 contratos, 250 tractores o, cuando menos, en cada una de esas 80 caballerías, la necesidad de coordinar la voluntad y los planes de 250 personas.
¿Posibilidad de construir un pueblo? Ninguna. Cada cual iba a vivir en su tercio de caballería de tierra. ¿Posibilidad de construir un centro escolar para todos los niños? Ninguna. Habría que caminar cuatro kilómetros todas las mañanas algunos niños, para ir a la escuela.  ¿Posibilidad de tener luz eléctrica y agua corriente? Ninguna. ¿Posibilidad de utilizar la mejor tierra para un cultivo, y la otra tierra apta para otro cultivo? Ninguna. Cada cual tenía que diversificar dentro de su tercio de caballería, y si su tercio de caballería no daba más que para marabú, no podía sembrar ninguna otra cosa. Si se daba el pasto, pero no era bueno para maní, tendría que sembrar pasto y entonces vivir del pasto en su tercio de caballería; si era bueno para caña y no era bueno para arroz, tendría que sembrar únicamente caña en su tercio de caballería y vivir exclusivamente de ese pedacito de caña.
Cuando no se trata de una caballería, sino de 100 o de 120 caballerías, siempre hay un paño bueno para caña, y siempre hay un paño bueno para maíz, y siempre hay un paño bueno para maní, y si no hay un paño bueno para algodón, hay un paño bueno para arroz, un paño bueno para papas; pero en 100 caballerías siempre aparece tierra para diversificar los cultivos, y entonces hacer de toda esa extensión de tierra un modelo de producción diversificada que permita trabajar todo el año. Esto aparte de que a lo mejor a uno le tocaba su tercio de caballería en tierra rocosa, y a otro le tocaba su tercio de caballería en un valle fértil. El del tercio de caballería en tierra rocosa y arenosa se moría de hambre, aunque trabajara más que nadie, y el del tercio de caballería en tierra fértil, iba a vivir mejor que nadie aunque trabajara menos que nadie.
Si esa tierra no estaba repartida lo correcto era hacer las cooperativas. Y ya ustedes saben lo que son las cooperativas; y ya el pueblo sabrá lo que son las cooperativas; porque las cooperativas cañeras constituyen hoy, sin género de dudas, la columna fundamental de nuestra economía, y lo que los cooperativistas cañeros han hecho, constituye verdaderas proezas de producción, y verdaderas promesas para el porvenir.
Es realmente admirable, aunque no tiene nada de extraño, lo que los obreros agrícolas han hecho en las cooperativas cañeras. Baste, por ejemplo, decir que se les concedió a las cooperativas cañeras 34 millones de pesos, correspondientes al número de arrobas que debían atender, y a un número determinado de cañas de fomento. Y con esos 34 millones, ¿quieren ustedes saber lo que han hecho los cooperativistas cañeros? Se lo vamos a decir: Con los 34 millones gastaron en cultivos solamente 15 400 000 pesos; en la siembra de 500 caballerías de caña, 593 700 pesos; en 64 000 toneladas de abonos, 3 812 300 pesos; en 35 800 vacas y 600 toros, 3 165 000 pesos ; para adquirir más vacas, 1 587 500 pesos; creación de un fondo para accidentes de trabajo, un millón de pesos; anticipos para la construcción de 10 pueblos, medio millón de pesos; anticipo para la compra de 200 tractores, 200 000 pesos; para diversificación de cultivos, 849 000 pesos; de subsidio a 1 000 mayorales, para no dejarlos sin empleo, 200 000 pesos ; de subsidios a empleados de la United Fruit Company, durante varios meses, para no dejarlos...  es decir, empleados cubanos que trabajaban allí y que habían sido dejados cesantes, 152 000 pesos; gastos de administración, y gastos varios generales, 858 000 pesos. Y les quedan más de cinco millones y medio de pesos.
¿Y qué han sembrado?  Además de atender la caña, toda la caña, y abonarla, han sembrado 790 caballerías de frijoles; 522 caballerías de maíz, en toda la isla; 149 caballerías de tomate; 52 caballerías de papa; 31 caballerías de naranja; 250 caballerías de viandas; 589 caballerías de otros cultivos.
Es decir, además de la atención del cultivo de la caña, han cultivado 2 383 caballerías más. Y el compañero Santos Ríos nos recuerda que, además, 600 de hortalizas.
Hace apenas tres meses nos hicimos el propósito de promover el establecimiento de una lechería por cada cooperativa cañera, de manera que para mediados del próximo año, en cada cooperativa cañera existiera una lechería con no menos de 200 vacas en cada una. Ya tenemos 36 400 vacas que producen 38 700 litros de leche; 4 186 potreros de pastos. Es decir, un promedio —unas tienen más y otras tienen menos— de 59 vacas por cooperativa con 62 litros diarios, y siete caballerías de pastos promedio por cooperativa. Más 14 000 vacas que ya se llevan los coordinadores en los bolsillos, y que harán un total de 50 000 vacas para principios de año.
Y todas las vacas que se han comprado hasta ahora, se han comprado con los ahorros que han hecho de lo que se suponía destinado a los cultivos. Es decir que dentro de los 34 millones de pesos, han comprado, con el dinero que llevan ya, 50 000 vacas; han pagado los accidentes de trabajo, han subsidiado a los mayorales, han abonado las tierras, han diversificado los cultivos, y les quedan más de 5 millones de pesos, gracias a lo cual los cooperativistas cañeros recibirán, cada uno de ellos, una factura el día 23. Con los propios ahorros de los 34 millones que era la refacción para los cultivos, tendrán asegurada, por lo menos, la cena adquirida a precio de costo, una factura que parece que lleva más productos, es decir, haber costado un precio mayor de la que costó, porque fue adquirida al costo y, gracias al esfuerzo realizado por las agrupaciones y por la administración nacional; estarán todas en todas las cooperativas el día 23, más una orden de cinco pesos adicionalmente. Es decir que tendrán la cena asegurada, ellos y sus familiares,  con lo que han ahorrado en los cultivos y en los trabajos.  Además, han contribuido con 500 000 pesos a los primeros pueblos. ¡Esas son las cooperativas cañeras que, simplemente, están empezando!  
El espíritu de los cooperativistas cañeros es fantástico. En conversaciones con algunos cooperativistas han estado exponiendo unos planes de tales siembras y más cuales siembras, y como nosotros sabemos que se envían los presupuestos por determinados renglones y esas eran iniciativas de ellos, yo les pregunté: Y los créditos, ¿adónde los van a solicitar?  Entonces ellos dijeron: “No hace falta, nosotros sembramos esas caballerías aunque no haya, créditos”.  Es decir que los cooperativistas cañeros han comprendido lo que significa tener la tierra y que a la tierra no hay más que añadirle trabajo, y que tierra más trabajo es igual a riqueza; tierra más trabajo, igual a bienestar; tierra más trabajo, igual a aumento de nivel de vida de todos ellos. Y ellos han aprendido que no tienen que esperar que venga nadie a decirles: “Toma para que siembres”, porque ellos tienen sus brazos y tienen su energía, que antes se consumía inútilmente, que antes se consumía en la inacción, y que, con su esfuerzo, son capaces de poner a producir esas tierras y sacar de ellas riquezas ilimitadas.
Y así, por vía de ejemplo, vamos a citar algunas de las ventajas. Hay una cooperativa en la zona de Las Villas, cuyo nombre es “Miguel Yabre”, donde un día, de visita, supimos que habían cultivado cuatro caballerías de frijoles, con un promedio de rendimiento de 200 quintales, es decir, tenían 80 000 libras de frijoles.  El frijol. En esos artículos producidos por las cooperativas, lo que venden tiene un precio determinado, y el precio establecido ha sido...  Es decir, pago al productor de 11,50.  Nosotros les decíamos: Si ustedes lo compran en la tienda, a lo mejor les traen el frijol de Oriente, y, naturalmente, ese frijol hay que transportarlo, hay que comprarlo, envasarlo, almacenarlo, y eso lo encarece, y al precio que llega aquí es a un precio mayor.  Ustedes tienen 80 000 libras de frijoles; repartan 20 000 de la siguiente manera —les insinuábamos nosotros—, entréguenle 20 libras por miembro de familia. Con eso, el padre que tiene ocho hijos, él y su señora, reciben 200 libras; el que tiene dos hijos, él y su señora, reciben 80 libras. Con eso ustedes ayudan al padre que tiene más hijos, entregándole 20 libras a cada miembro de la familia.  Con eso no tienen que comprarlo en la tienda.
Supongamos que van a vender el resto a 11,50 el quintal, es decir, 80 000 libras; ustedes reparten 20 000, posiblemente no necesitarán tanto ni mucho menos para repartir 20 libras por cabeza, pero nosotros supusimos que fueran 1 000 en total entre todos los miembros de la familia, que son, desde luego, mucho menos.  Pero les quedan 60 000, y ustedes las van a vender a 11,50, es decir, unos 6 900 pesos. ¿Cuánto les costó a ustedes la siembra de esas 3 000 caballerías, con semilla, trabajo y todo?, y me respondieron: “Tres mil pesos.”
Es decir que ellos, con el trabajo, en cuatro caballerías de tierra, podían darle 20 libras por miembro de familia, y con el resto pagar los 3 000 pesos, y todavía le quedaba a la cooperativa, de utilidades, 4 000 pesos.
Nosotros teníamos interés en hacer algunos ensayos con respecto a los articulas de producción propia; que no tengan que comprar en la tienda lo que se produce allí y que, al mismo tiempo, le entregaran a la familia lo que podían conservar, teniendo en cuenta el número de miembros de la familia. Y deseábamos saber los resultados para ir adquiriendo experiencia porque todavía tenemos que resolver muchos problemas de orden práctico en todas las cooperativas. Ustedes saben que, por ejemplo, hubo que discutir a cómo se iba a cobrar el litro de leche, porque se supone que a las vacas hay que atenderlas, hay que trabajar en los potreros, hay que pagarles a los que las ordeñan, y que, por lo tanto, hay que estipularles un precio. Yo he visto que no están absolutamente de acuerdo todos en el precio, pero en definitiva es la misma cosa, porque esos son ingresos para la cooperativa.
Sobre la marcha iremos perfeccionando las cooperativas.  Por lo pronto, ya el próximo año vean ustedes si es cierto o no aquello que decíamos de que hambre no va a pasar nadie, ya para el mes de mayo próximo, es decir, cuando comience la próxima primavera, en todas las cooperativas cañeras todos los niños tomarán leche; nunca habían tomado leche, ni en la época de la danza aquella de los millones, ¿se acuerdan?, que precedió a la danza de hambre, pues, nunca, jamás, ni pensarlo siquiera, los hijos de los cooperativistas, es decir, de los obreros agrícolas de la caña, consumían leche. Pues bien, ya para la primavera no habrá un solo niño que no tenga la leche necesaria, y la leche es un alimento básico. ¿Qué nos ha costado?  Lo que se han ahorrado los 120 000 cooperativistas. Con los ahorros casi de un año, pues por lo menos han comprado la cuarta parte de las vacas. Con bastante poca cosa han resuelto ya un alimento básico.  ¿Y podrá decirse que haya hambre en nuestro campo cuando cada niño pueda tomarse un vaso de leche, o medio litro de leche, o un litro de leche? Desde luego que ahora las vacas pues son vacas compradas donde aparecieron las vacas.  Pero, de ahora en adelante, ¿qué va a ocurrir?  Pues que las hijas de todas esas vacas van a ser vacas lecheras seleccionadas.  ¿Por qué?  Porque en el mes de enero comienza un curso de inseminación artificial, y vamos a preparar 1 000 técnicos en inseminación artificial. ¿Para qué?Para producir crías de los toros más seleccionados, sin que por eso cada cooperativa tenga que gastarse 10 000 pesos en un toro...  Mediante la inseminación artificial vamos a lograr ya que las hijas de todas esas vacas a partir del año que viene sean 50% vacas de leche. Y mediante ese procedimiento de la inseminación, dentro de seis, o siete, y si ustedes quieren, dentro de ocho o diez años, todas las lecherías de ustedes serán, virtualmente, en un ciento por ciento, vacas de los mejores tipos de producción lechera, que no tendría nada de extraordinario que les promediaran 12, 14 y hasta 15 litros de leche cada una.
Es decir que hemos sentado las bases para hacer una lechería de primera en cada cooperativa cañera, con el resultado de que se desarrollará, además, la industria de queso, de mantequilla, de dulces.  En fin, en un solo renglón, en un solo renglón, ya casi hemos derrotado el hambre, porque mientras los muchachos tengan leche, ya el hambre es un hambre con leche, que se pasa mucho mejor que un hambre con agua.
¿Pero nos vamos a conformar con eso?  No. Vamos a comenzar, tan pronto se termine la zafra, un pueblo en cada agrupación de cooperativas cañeras. Ya se están haciendo varios pueblos; los vamos a comenzar uno por agrupación.  Pero además de esos 45 pueblos, vamos a comenzar otros 45 más, distribuidos según las necesidades, porque algunas agrupaciones son mayores que otras. Y, en total, pensamos, tan pronto se termine la zafra, comenzar la construcción de 100 pueblos en las cooperativas cañeras. Y esto significa que ustedes darán del 80% de las utilidades, que como ustedes saben se van a destinar a la construcción de las viviendas, en los primeros años, las de la caña, las 600 cooperativas entregarán unos 10 millones de pesos, y sin embargo se van a invertir, en los 100 pueblos, 25 millones de pesos. A ese ritmo, pensamos que en cinco años, seis a más tardar, estarán construidos todos los pueblos.
Unos los irán pagando por adelantado y otros, pues, estarán pagándolos después de estar hecho el pueblo. Tiene que ser así, porque no se pueden hacer juntos los 614 pueblos.  Por eso algunos tendrán que esperar algún tiempo, pero en la seguridad de que les llegará su pueblo, y que además lo van a pagar en pocos años.
Y significará empleo para miles de cooperativistas, que también tendrán que trabajar en eso, es decir, en sus propios pueblos. Mientras menos les cueste cada pueblo, menos tendrán que pagar en definitiva. Pero van los pueblos, y en cada pueblo el centro escolar, el círculo social, agua corriente, luz eléctrica; en fin, todo lo necesario para satisfacer las aspiraciones de ustedes y los familiares de ustedes.
¿Será solo eso? No, estamos empezando. El año que viene tiene que ser el gran año de la diversificación en las cooperativas cañeras. ¿Cuánto vamos a invertir? Pues, por lo pronto, irán estos 200 tractores, más 1 800 tractores más, para las cooperativas cañeras. Además, 6 millones para construir los establos. Algunos tienen establos; en ese caso, lo invierten en cualquier otro cultivo, o cualquier otro trabajo.  Seis millones más para pastos, construcción de silos; en fin, para el desarrollo de las lecherías, sin contar 8 millones más para comprar las vacas que faltan.
Hacemos hincapié en esto, porque es una demostración de cómo cuando se tiene la tierra en las manos y los recursos económicos en las manos, es decir, cuando desaparecen el latifundio y el monocultivo, desaparece el hambre; y cómo la nación puede ayudar al sector que era el más pobre y el más sufrido, al mismo tiempo que ese sector acrecentará extraordinariamente la producción nacional, al mismo tiempo que ese sector coloca a la nación en condiciones de afrontar cualquier agresión económica; y que los dos males, monocultivo y tiempo muerto, en la agricultura, el próximo año habremos liquidado para siempre el monocultivo y el tiempo muerto. Más adelante explicaré cómo.
Es, sin embargo, más difícil de liquidar el tiempo muerto en la industria azucarera, es más difícil liquidar el tiempo muerto en el sector industrial. En la agricultura nos queda el recurso de diversificar, y podemos hacerlo prontamente; en la industria requiere más tiempo, en la industria es más difícil. Y para liquidar a ese señor que se llama tiempo muerto, en el sector industrial, pasaremos un poco más de trabajo, desgraciadamente.
¿Qué vamos a hacer? Nos encontramos esa institución que se llamaba centrales azucareros, que encendían sus calderas a principios, o a mediados, o a fines de enero, y las apagaban a principios o a mediados, o a fines de abril; y nada más. Ni un intento siquiera, durante 50 años, de resolver ese problema obrero industrial; tener una industria de tres meses al año, divorciada virtualmente de la agricultura.
¿Será el azúcar la única industria de pocos meses?  No, tenemos las industrias de conservas, tenemos muchas industrias, las empacadoras de algodón. Pero, ¿cómo vamos a resolver ese problema en las granjas del pueblo?  Muy sencillo: instalando esa industria dentro de las granjas del pueblo, y que los obreros que trabajan allí tres meses sean los mismos obreros que en época de cultivo trabajan en los cultivos, trabajan en los tractores, trabajan otros tipos de tareas agrícolas.
En la caña, si fuera posible empezar a organizar de nuevo toda la producción azucarera, lo que haríamos en primer lugar es buscar las mejores tierras para esos cultivos; planear un tipo de agricultura diversificada, y calcular cuántos centrales hacían falta para producir determinadas cantidades de azúcar.
En el azúcar, tenemos cañas sembradas en tierras y centrales establecidos, desde regiones fertilísimas hasta regiones donde las cañas están sembradas en tierras marginales; desde regiones donde el rendimiento por caballería puede ser de 80 000, hasta regiones donde el rendimiento promedio es de 30 000.  Y hay cosas tan absurdas como la que ocurre en el central “Washington”, donde ciertas cañas están tan distantes que su transporte solamente cuesta 250 000 pesos más, teniendo enormes áreas de terrenos próximos al central, que están completamente cubiertos de marabú, siendo terrenos más fértiles que aquellos terrenos donde están sembradas las cañas, a 70 kilómetros de distancia. Pues bien, en casos como este se estudia el traslado de aquellos cultivos a tierras más fértiles, en terrenos próximos al central.
Hay centrales de un alto rendimiento, y hay centrales que son verdaderos trapiches. ¿Quién organizó eso? La avaricia.  La avaricia no podía hacer un plan nunca.  Se invertía el dinero de la nación a capricho de quien tenía ese dinero a su nombre en un banco; y si le daba la gana de poner un central en la península de Guanahacabibes, ponía un central en la península de Guanahacabibes; y si no hacían falta más centrales no importaba, él lo ponía.
En el sector industrial, no hay otra solución que convertir los centrales de más rendimiento en centros industriales, para garantizar el empleo durante todo el año.  La cuestión más difícil de resolver es esa.
En primer lugar, debemos reconocer que hay que ir a la concentración de los centrales. Esta es, quizás, la palabra más difícil de pronunciar aquí, siempre hay alguna palabra difícil, pero nosotros aquí no estamos razonando corno los hacendados; nosotros estamos discutiendo nuestros problemas, los de los cooperativistas cañeros, los de los industriales, los de los pequeños colonos. ¿Y cómo debemos nosotros resolver nuestros problemas? Pues, sencillamente, con inteligencia; sencillamente, encontrando verdaderas soluciones. Habrá que ir a una disminución de los centrales, y esta es una palabra dura; pero yo sé que tanto un gobernante revolucionario corno un líder revolucionario, no vacila en decir las cosas con honradez.
¿Y por qué es dura?  Dura, quizás, en el orden sentimental. ¿Por qué? Porque se encariñan los hombres con su centro de trabajo, y no quisieran que ese centro de trabajo desapareciera.  En el orden económico, ¿es dura? No, porque no se podría —y es bueno aquí plantear este principio—, no se podría proceder a la supresión de ningún central, si previamente no se ha garantizado empleo permanente, todo el año, a todos y cada uno de los obreros de ese central.
Pero es correcto que sepamos desde ahora cuál debe ser la política: empeñarnos a toda costa en mantener una situación de desempleo, de tiempo muerto o ir resueltamente al establecimiento de industrias que garanticen el trabajo permanente para todos los obreros. La única respuesta correcta es, sencillamente, ir a la concentración de la producción; aumentar el tiempo de trabajo en esos centros; complementario con otras industrias, a cuyo desarrollo hay que ir con urgencia; y establecer industrias y dar empleo a aquellos obreros que...  o aquella parte de los obreros de un central que no fuesen trasladados al otro.
No es que se vaya a suprimir gran número de centrales, pero hay cierto número de centrales tan anticuados, que sería absurdo proceder a modernizar esos centrales; cierto número, cierta proporción, que, en un programa paulatino, será necesario ir suprimiéndolos y concentrando, en determinadas áreas industriales, la producción azucarera, y procediendo a desarrollar esos centros.
En realidad, nosotros sabemos que no es problema; el único problema es comenzar a comprender que en el futuro será necesario seguir esa política. Desde luego, esto iría irremisiblemente acompañado a la solución del problema de cada uno de esos obreros, porque la meta debe ser liquidar el tiempo muerto, y encontrar empleo para todo el año a los obreros del sector industrial. Y, desde luego, no es tan fácil en la industria como en la agricultura, aunque haremos todo lo posible; con toda honradez lo decimos aquí, que es más difícil el problema en el sector industrial.
Sin embargo, mientras tanto, hay la seguridad de que el empleo durante el próximo año, en el campo, aumentará extraordinariamente, y que el número de nuevos empleos que tendrán lugar en el campo, el próximo año, ascenderá a 200 000 aproximadamente.  Es decir que eso, en parte, irá contribuyendo paralelamente a resolver el desempleo en el sector industrial. Y aparte de la construcción de un círculo social en cada uno de los centrales azucareros, se comenzará también el próximo año la construcción de las viviendas, y la reparación de las viviendas existentes en los centrales azucareros.
Pero el problema más importante no lo hemos tratado todavía.  En medio de todo esto, tenemos la zafra delante; y el gobierno imperialista afirma que no nos comprará azúcar.  Los obreros industriales nos han escuchado; para ellos tenemos hoy menos que ofrecerles que para ninguno.  Y nosotros veníamos aquí con esa preocupación: ¡Qué pocas cosas tenemos para ofrecerles a los obreros industriales! A pesar de lo que han hecho, a pesar del esfuerzo que realizan, de la colaboración que prestan y del espíritu revolucionario de ese sector, ¡qué duro es para nosotros no poderles decir: el próximo año ya estarán resueltos todos los problemas de ustedes!,  y que nosotros, ante realidades que están ahí, tengamos que expresar que la lucha por la solución en el sector industrial es una lucha más larga y más dura.  Pero que la libraremos, y que algún día —que nosotros esperamos que no sea lejano— podamos traerles ya palabras más concretas y más inmediatas a los obreros del sector industrial.
La batalla contra ese mal que se llama “tiempo muerto” en el sector industrial, nos llevará más tiempo; pero vamos a librarla, y vamos a derrotar también a ese señor que se llama “tiempo muerto” en el sector industrial, como hemos derrotado otros males que parecían mucho más difíciles, y que, sin embargo, se ha logrado.
Y, como les decía, todavía faltan las cuestiones más importantes, y las interrogantes mayores, tenemos que tornar algunos acuerdos, y nosotros tenemos que plantear algunas cosas.  Tenemos delante la zafra, y la gran interrogante es: ¿Cómo va a ser la zafra?; ¿a cuánto va a ascender la zafra?; ¿cuánto va a pagarse por el trabajo en la zafra?; y ¿cómo vamos a pagarlo?  El pasado año, a mediados de año, y cuando todavía faltaba un millón de toneladas por exportar a Estados Unidos, azúcar producida para ellos a un costo elevado, vino el zarpazo y nos arrebató ese millón de toneladas.  El resultado fue que aun cuando ya se había dictado el precio promedio provisional a 3,64 y se liquidó a los colonos a 3,64, el precio promedio, con motivo del zarpazo yanki, quedó reducido a 3,43. Había una diferencia de 22 millones de pesos; los salarios se habían pagado a 4,60; las cañas se habían liquidado a 3,64, y el promedio resultó ser 3,43.
Ese golpe de inmediato afectaba la economía de los pequeños productores de caña; iba dirigido hacia ellos también, a disminuir sus ingresos; y situaba al Gobierno Revolucionario en la situación de que había liquidado a 3,64, y el precio provisional era de 3,43. El Gobierno Revolucionario aguantó el golpe, y no lo quiso hacer caer sobre ustedes. El Gobierno Revolucionario asimiló la pérdida de 22 millones de pesos, y paró el golpe yanki que iba dirigido a producir el descontento entre ustedes.
¡Ah!, los dirigentes de esa asociación que tanto cacarean ahora, los “mangoneadores” de esa asociación, no han pasado ninguna circular a los colonos, a los pequeños colonos, a ustedes, diciéndoles que el Gobierno Revolucionario soportó el sacrificio de 22 millones de pesos para evitar que cayera sobre las precarias economías de las decenas de miles de colonos, de pequeños colonos que ustedes constituyen .
Los “mangoneadores” del colonato que se daban golpes de pecho para hablar de las decenas y decenas de miles de colonos, pretendiendo que fuera posible que en medio de una revolución los grupos privilegiados pudieran seguir arrastrando tras sí, y hablando en nombre de los que habían sido grupos explotados dentro del sector agrícola; no se resignaban a que la asociación de colonos se diera una dirigencia verdaderamente revolucionaria, que fuera genuina expresión del sector de los colonos, que ha recibido de la Revolución los beneficios de la propiedad de la tierra, la liberación del coloniaje y, además,  ha protegido a ese sector asimilando las pérdidas que se derivaban del zarpazo yanki.
Era necesario, de una vez por todas, que los pequeños colonos hablaran, hablaran por ellos y por sus intereses, y que dejaran de hablar en nombre de los colonos los grandes “mangoneadores”  del colonato, y los representantes de los intereses de los grandes colonos, y no de los pequeños colonos que son ustedes .
Uno de esos “mangoneadores” anda allá por el extranjero haciendo campañas contrarrevolucionarias, creyendo que puede arrastrar a la inmensa mayoría de los colonos, que son los pequeños colonos, y para no llamarlos más colonos, porque ya no son colonos, pequeños agricultores cañeros... Querían restar importancia al hecho de que los colonos se vieron liberados de la renta; querían restar importancia al hecho de que dejaron de ser colonos; querían restar importancia al hecho de que esos pequeños agricultores se convertían en propietarios de sus parcelas y que, además, podían contar con la ayuda del Gobierno Revolucionario.
Agricultores pequeños tenemos en distintos sectores del país; unos dedicados a cultivar café y cacao en las montañas, otros dedicados a cultivar tabaco, otros dedicados a cultivar caña.  Nosotros no hemos podido ayudar a todos por igual, las circunstancias nos han permitido ayudar a uno más que a otros; por ejemplo, los pequeños aparceros de tabaco, a ese sector lo hemos podido ayudar más.  ¿Por qué?  Porque su mercado era, fundamentalmente, un mercado interno; porque los propietarios de las tierras les quitaban el 30% de la producción en bruto; les prestaban a alto interés, les vendían el abono malo y caro; les robaban en el peso los compradores. Y al triunfar la Revolución, tenemos por ejemplo el caso de Pinar del Río: el valor total de su producción de tabaco era de 25 millones, de los cuales el 25% o el 30% iba a parar a manos de los dueños de las tierras y, además, les cobraban el abono de baja calidad a un precio alto, las semillas a un precio alto, en fin... Y, además, les robaban en el peso, y en el precio. La Revolución pudo ayudar a ese sector porque estaba en sus manos mejorar el precio del tabaco, situación que no es igual a la del azúcar que depende de un precio exterior. El resultado fue que la Revolución libera a esos aparceros de la tercera parte que tenían que darles a los dueños de la tierra; les vende un abono bueno y más barato; les presta a más bajo interés, les vende la semilla más barata, les compra el tabaco sin robarles en el peso, ni en el precio.  Resultado: no tienen que pagar el 30%; mejor abono; han producido mucha más cantidad de tabaco y, además, mejor precio, de un valor de    25 millones ascendió el año pasado a 45 millones de valor total de la cosecha de tabaco en esa provincia. Antes eran 25, de los cuales solo una parte pequeña quedaba en manos de ellos, y ahora fueron 45, de los cuales, virtualmente, todo quedó en manos de ellos.  Fue un sector de los pequeños agricultores beneficiados. Nosotros no podíamos, de la misma manera, beneficiar a los pequeños agricultores cañeros, y he ahí, una vez más, los inconvenientes del monocultivo, porque la caña tenía un precio en el mercado mundial, porque los precios del azúcar no los podemos determinar nosotros, y todo lo más que pudimos nosotros fue parar el golpe dirigido contra ustedes por el imperialismo yanki; absorber esos 22 millones de pesos, librarlos de la renta, y todavía podemos hacer más, podemos facilitarles la diversificación, podemos facilitarles créditos; estamos en disposición de facilitarles la adquisición de maquinarias, de facilitarles créditos y medios para que ustedes diversifiquen la producción. Hay ciertas aspiraciones para muchos que no han podido inscribirse en el retiro que pueden ser resueltas fácilmente.
La agricultura quedará dividida en tres sectores, es decir, la producción agrícola estará determinada por tres medios de producción: cooperativas, agricultores pequeños, y granjas del pueblo.
Teníamos otro monocultivo además de la caña: el monocultivo ganadero.  Eso era peor todavía que el cañero, porque daba menos empleo todavía que el cañero.  Para que ustedes tengan una idea del atraso de nuestra agricultura, baste decir que en nuestro país se producía la carne mediante un sistema latifundiario. Es decir, un rebaño de reses que estaba pastando meses y meses, años y años, atendidos por uno o dos hombres, en pastos naturales.  Era un sistema prehistórico de producción de carne.
¿Saben ustedes qué cantidad de tierra se necesitaba en Cuba para producir, exclusivamente, la carne del consumo?  Se dedicaban 350 000 caballerías a producir la carne que consume un país de una población reducida.
Una res tenía que vivir y pastar durante 30, 32, 34, 36 meses, antes de venir al matadero.  Trescientas cincuenta mil caballerías dedicadas a producir nada más que la carne de nuestro consumo.  ¿Cómo no iba a haber desempleo en el campo?  El método de producción era un método latifundiario.
Frente a eso existía un tremendo obstáculo: el precio de producción latifundiaria es un precio bajo. ¿Por qué? Porque no se le sirve pienso al animal, lo atiende un hombre, no se cultivan los pastos, son pastos naturales, muchos de ellos, y, claro, se puede producir un tipo de carne barata, pero mala; un sistema de producción intensivo de carne eleva el costo de producción, pero produce carne mucho mejor en un espacio mucho más reducido de tierra.
De manera que una caballería de pastos cultivada con pangola, por ejemplo, en un sistema de producción intensiva, en un establo, puede alimentar hasta 120 reses.  En el sistema prehistórico nuestro, el promedio de reses por caballería era de 10 a 12, 6, 8.  Es decir que en un sistema de producción intensiva, en 50 000 caballerías podemos producir toda la carne que consume nuestro país, y nos quedarían libres para diversificar 300 000 caballerías de tierra. Calculen ustedes las posibilidades de producción y exportación de carne que tiene nuestro país.  Dedicábamos 350 000 caballerías a producir carne, y, además de eso, importábamos derivados del cerdo y grasa animal por valor de 40 millones de dólares.
Vean si se explica o no el desempleo que había en Cuba. El número de cientos de miles de familias viviendo en los callejones y en las guardarrayas; además, el desempleo, como consecuencia de que en una finca de 600 y 700 caballerías trabajasen solamente 10, o 12, o 15 personas.
Luego, teníamos el monocultivo ganadero, era difícil organizar una cooperativa en una finca ganadera; había que convertir 12 personas en dueñas de todo el ganado de esa finca, había que hacer inversiones mucho mayores.  No era el caso del obrero cañero que llevaba muchos años luchando allí con la caña; eran zonas agrarias donde ni siquiera vivían familias.  Y entonces, hemos iniciado la lucha contra el monocultivo por dos procedimientos distintos y por dos sectores distintos: desde el sector cañero, la lucha contra el monocultivo a través de las cooperativas cañeras; y, en el sector ganadero, la lucha contra el monocultivo a través de las granjas del pueblo. Y así, con dos medios de producción dos sistemas de producción, unas como cooperativas, otras como grandes empresas de producción técnica administradas por el INRA, estamos combatiendo el monocultivo desde dos ángulos distintos, y vamos hacia un proceso de intensificación de la producción de carne, de grasas y de alimentos animales.
En las áreas ganaderas y arroceras hemos propiciado este sistema de producción y esperamos, también, llevarlo adelante con éxito. Ya en una de esas granjas del pueblo hay un sistema de cultivo hidropónico de vegetales, que permitirá abastecer todo el año el mercado de La Habana.
En otra ocasión nos referiremos con más amplitud a los planes de las granjas del pueblo.  Hago referencia para indicar que serán estos tres los sistemas de producción: la producción en cooperativa, cuyo núcleo básico son las cooperativas cañeras; la producción en granjas del pueblo, cuyo núcleo básico son las antiguas haciendas ganaderas convertidas, una por una, en centro de producción intensiva y técnica; y, los agricultores pequeños, cuyo núcleo básico son los antiguos colonos cañeros, los antiguos aparceros de tabaco, y los antiguos colonos de café y de cacao.
En las áreas de café y de cacao el próximo año vamos a iniciar un programa de inversiones mediante la concesión de créditos a todos los pequeños agricultores de las montañas; ya hemos iniciado el plan en la parte occidental de la Sierra Maestra, lo vamos a extender a la parte oriental de la sierra, a la zona de Baracoa y a todas las zonas de productores de café y de cacao.  Vamos a promover, en primer lugar, una gran producción de cacao, vamos a desarrollar, en gran escala, la siembra de cacao en todas las tierras aptas para ello, pero vamos, además, a llevar un programa de mejoramiento de todas las siembras de café, porque el problema de la producción cafetalera en Cuba es su bajo rendimiento debido a la falta de sistema técnico de cultivos. Y en el café hay campesinos que creían que el problema era que mientras más matas sembraban en un espacio de tierra, más café cosechaban. ¡Cuando el café se da en las ramas y hay que dejarle espacio suficiente! Pues bien, ya hemos formulado un programa para las zonas montañosas. A las zonas montañosas no solamente se les han llevado ya los maestros, que están en todos los rincones, se han construido los hospitales, que comienzan a funcionar a principios de año, y, además, se concederán de 30 000 a 40 000 créditos de 40 pesos mensuales, durante cuatro años, a un número igual de pequeños agricultores en las montañas, a fin de promover la producción, en gran escala de cacao y también de café. Hoy apenas producimos cacao para el consumo y, sin embargo, dentro de cinco años estaremos exportando más de 30 millones de pesos en cacao.  Resolveremos el problema de las montañas, vamos a remover las montañas, no va a quedar una sola “pelúa” en las montañas que no la sembremos de algo, mediante este plan.  Resolveremos el problema a más de 30 000 agricultores pequeños de las montañas. A ese sector podemos brindarle pronto ayuda, y estamos en igual disposición de brindarles pronta ayuda a los agricultores pequeños de caña. Pero es necesario que los pequeños agricultores en vez de ser cañeros, tabacaleros, cafetaleros, que sean, sencillamente, pequeños agricultores, y organicemos una gran Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, que comprenda los cañeros, los cafetaleros, a los que producen papa, cacao, café, tabaco. Y, entonces, la producción agrícola avanzará a través de tres grandes organizaciones: Administración Nacional de Cooperativas Cañeras, que en definitiva dejarán de ser cañeras por el nombre, y serán Administración Nacional de Cooperativas Agrícolas, Administración Nacional de Granjas del Pueblo, y Asociación Nacional de Agricultores Pequeños. Así quedará organizada la agricultura nacionalmente.
Ustedes, los agricultores pequeños, no se dejen engañar. Los contrarrevolucionarios afirman que queremos convertir a todos los pequeños colonos en cooperativistas y eso es mentira.  Nosotros estamos en plan de ayudar a los pequeños agricultores. Si cualquier grupo de agricultores, de manera absolutamente espontánea, desea constituirse en cooperativa y que le hagan un pueblo igual al de las cooperativas cañeras y le brinden las mismas facilidades, se las brindamos.  Pero jamás el Gobierno Revolucionario obligará a ningún agricultor pequeño a constituirse en cooperativista.
Además, ustedes pueden hacer algunas agrupaciones como, por ejemplo, para usar el equipo común y para distintos trabajos en común.  Y, en definitiva, ustedes podrán disfrutar de la condición de pequeños agricultores mientras lo deseen, sin ningún temor a los infundios de los contrarrevolucionarios.  Nosotros entendemos que los agricultores pequeños pueden contribuir también, grandemente, al desarrollo de la economía del país, y a ustedes, los agricultores pequeños, estamos en disposición de brindarles toda la ayuda que necesiten si quieren trabajar con entusiasmo .
En este momento están comenzando a llegar grandes cantidades de tractores.  En el próximo año tendremos 200 D-6 más, es decir, C-100 soviéticos, es decir, máquinas pesadas, y unos 5 000 tractores de cultivo, comprados en Checoslovaquia, Rumania, la Unión Soviética y otros países.  Eso es para el próximo año.  En este momento tenemos 198 buldóceres en equipo desmontando marabú y tierras baldías para dedicarlas a la agricultura. La agricultura avanza a pasos agigantados. Ese gran número de tractores en equipo recibirá otros 150 buldóceres más en el próximo año, que hará ascender a 350 los equipos pesados desmontando y abriendo tierras de nuevo fomento.
Y para el año 1962 tendremos 500 equipos pesados más y 8 000 tractores dedicados a la agricultura, 8 000 tractores de cultivo más. Pero, además, ya está en vías de realización el proyecto de establecer en nuestro país la primera fábrica de tractores que vamos a adquirir en Checoslovaquia, donde produciremos tractores, camiones, también automóviles y otras maquinarias de transporte y de trabajo.
Esas son las perspectivas de la agricultura, vamos a constituir tres columnas de la producción agrícola: ustedes, ustedes, y las granjas del pueblo que también están organizándose  y que ya pueden garantizar, y han podido garantizar para estas navidades, un stock en reserva de 500 pollos, 50 000 pavos, decenas y decenas de miles de cerdos. Y que para fines del año 1962 tendrán una producción de aves ascendente a 100 millones de pesos y una producción de cerdos ascendente a 200 millones de pesos.  Y para que ustedes tengan una idea del desarrollo de la agricultura, baste señalar que el valor actual de toda la caña que se envía a los centrales es de unos 250 millones de pesos, y que solamente en cerdos y aves, dentro de dos años, estaremos produciendo por el valor de 300 millones de pesos; es decir, un valor superior al total del valor de la caña.  En la producción de 5 millones de cerdos, cuyo valor será de 200 millones de pesos, trabajarán unas 140 000 personas permanentemente.
En el próximo año, terminada la zafra, además de los pueblos que se van a construir, y que serán un total de unos 200 pueblos, iniciaremos la construcción de 1 000 criaderos de cerdos, de cerdos de calidad, destinados a la producción de grasas, de carnes, de jamones, en fin, todos esos artículos que estábamos importando, y para lo cual ya tenemos los pies de cría y podemos decir que pocos países en estos momentos nos aventajan en la calidad de los pies de cría de cerdos que tenemos.
Esas son las perspectivas de la agricultura. La agricultura acabará con el desempleo; avanza mucho más rápidamente en esta etapa que la industria, ya que la industria requiere más tiempo, aunque la industria está avanzando grandemente; y en medio del desarrollo de la agricultura comenzará a observarse el extraordinario desarrollo de la industria.
Estas son las perspectivas del país.  En nuevos fomentos agrícolas invertiremos 200 millones de pesos el próximo año, y pensamos dar empleo a 200 000 personas más en el próximo año.  Esas son las perspectivas.
Los he molestado con esta explicación (EXCLAMACIONES DE:   “¡No!”), porque ayuda a comprender el cuadro general dentro del cual debemos resolver y debemos de adecuar la política azucarera.
Los héroes de esta noche no van a ser ustedes, no van a ser ustedes; los héroes de esta noche van a ser los obreros industriales, porque a ellos son a los que menos podemos, de momento, ofrecerles.
Y ahora vamos a decidir el problema del azúcar.
Primero, vamos a decidir cuánta caña vamos a moler, y saber qué somos capaces de hacer aquí nosotros, los de este sector, vamos a ver qué somos nosotros capaces de hacer.
Los enemigos nos han lanzado el guante, nos han quitado la cuota; han soñado “en una noche de verano” que nos iban a derrotar; han movilizado a cuanto de podrido hay en esta sociedad y fuera de esta sociedad, han movilizado la “suciedad” contra la Revolución; han movilizado esbirros, terroristas, curas falangistas, jueces venales, mercenarios, plumas vendidas, criminales de toda laya. No solo eso: han llegado al extremo de que incluso a un sacerdote dignísimo, porque es un sacerdote que piensa en cubano y que defiende la Revolución, el padre Lence, ¡le han prohibido dar misas!
Y aquí, donde algunos curas falangistas se han tomado la atribución de predicar a favor del franquismo, del fascismo, de la reacción y de la explotación; aquí, donde ninguna jerarquía eclesiástica le prohibió a ninguno de esos señores reaccionarios dar misa, donde no le prohibió a ningún cura contrarrevolucionario dar misa, donde no le prohibió a ningún cura terrorista dar misa, ¡le han prohibido al dignísimo sacerdote cubano padre Lence oficiar las misas! Y hasta se dice, y se rumora, que están fraguando la excomunión del padre Lence ; y si al padre Lence, en un acto criminal e injusto, lo excomulgan, ¡junto con el padre Lence tendrán que excomulgar al Gobierno Revolucionario, y tendrán que excomulgar al pueblo de Cuba!
¡No excomulgan a ningún cura defensor de Franco, con sus 2 millones de españoles asesinados, con sus condes y sus marqueses, con su aristocracia rancia y reaccionaria, con su guardia civil y con su camarilla de explotadores y ladrones!; ¡no excomulgan a ningún cura defensor de los que en Argelia asesinan allí, criminal y despiadadamente, a la población argelina!; ¡no excomulgan a los asesinos de los congoleses, a los torturadores de Lumumba!; ¡no excomulgan a los grandes explotadores, ni a los grandes criminales, ni a los grandes aliados!; ¡no excomulgan al cardenal Spellman, unido al imperialismo explotador y fascista, y abastecedor de los que aquí ponen bombas, y de los que aquí sabotean industrias, y de los que aquí queman cañas!; no excomulgan a los criminales, ¡y pretenden excomulgar a un sacerdote por el solo hecho de defender una revolución que está junto a los humildes, junto al pueblo, un revolucionario que libró a la patria de la tiranía!, y pretenden excomulgar a un sacerdote que defiende su patria frente al poderoso imperialismo. Por eso, con el padre Lence, ¡tendrán que excomulgar al Gobierno Revolucionario y al pueblo de Cuba junto con el Gobierno Revolucionario!  
Contra la Revolución, el imperialismo, y sus dólares sangrantes y ensangrentados, ha movilizado lo peor de los pueblos para destruirnos, en un inútil intento, porque seguirán fracasando. De eso no le quede duda a nadie; y a los que les quede duda, ¡el tiempo se encargará de convencerlos!
El imperialismo y sus aliados saben que están librando una batalla contra una gran Revolución, una gran batalla contra una Revolución profunda y verdadera. Y todos sabemos lo que nos estamos jugando en esta batalla:  ellos saben que se juegan el imperio, y, por eso, echan el resto, gastan hasta el último centavo, y alquilan hasta el último asesino, y compran hasta el último vendido, para ver cómo liquidan este fenómeno, para ver cómo aplacan esta tempestad, esta cosa tremenda que ha tenido lugar, en virtud de la cual ustedes adquirieron la administración de todas esas tierras y de todos esos latifundios, la están haciendo producir, y en virtud de la cual ustedes adquirieron la administración de los centrales azucareros, y en virtud de la cual ustedes adquirieron la propiedad de sus tierras y dejaron de pagar renta a los terratenientes explotadores; este fenómeno al que no le han hallado remedio; este problema serio que tienen delante.  Y están echando el resto a ver cómo nos crean problemas, y cómo nos hacen caer, y cómo nos hacen fracasar.
Y esa es la explicación de la supresión brutal y criminal de una cuota azucarera a la que teníamos un derecho histórico.  Y es el acto de agresión cobarde y salvaje, al modo imperialista.  Ese imperialismo que, mientras nos agrede a nosotros y nos quita la cuota, reúne a las camarillas gobernantes de otros países para condenarnos a nosotros; ese imperialismo que, mientras nos quiere acusar a nosotros de intervención en asuntos de otros países, envía constantemente armas en barcos y paracaídas aquí, y envía dinamita, y envía fósforo vivo, de una manera desvergonzada, propia de bandidos, como son los bandidos esos que dirigen la política yanki; y constantemente están lanzando armas en paracaídas, y constantemente y tan descarada y desvergonzadamente, y hasta el extremo de que hasta los cohetes los explotan en nuestro propio territorio —los cohetes matavacas del imperialismo yanki, que los comevacas del Pentágono nos dirigen.
Entonces, en este momento están ellos ante la gran interrogante de cómo salimos nosotros del paso.  Y lo que vamos a discutir aquí es cómo salimos del paso.  En primer lugar, repito, ¿cuánta caña vamos a cortar?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Toda!”)  ¿A qué precio la vamos a cortar?, ¿y cómo la vamos a vender?  Nosotros, desde luego, tenemos algunas noticias, pero lo primero a discutir es cuánta caña vamos a moler (EXCLAMACIONES DE: “¡Toda!”).
Nosotros queremos poner algunos ejemplos de lo que era la política antes, cómo sacrificaban al pueblo, cómo sacrificaban las tierras.  Tenemos, por ejemplo, el caso de la United Fruit Company, que molió 53 millones de arrobas, y quedaron allí 46 millones de arrobas de caña, quedaron 40 millones de arrobas.  Es decir, 1 200 caballerías de caña en el actual central Guatemala; 1 000 caballerías de caña en el central San Germán; 30 millones de arrobas en Miranda; 20 millones de arrobas en Palma; 50 millones de arrobas en Morón, que son 800 caballerías de tierra. Es decir, cientos, y en algunos centrales miles de caballerías de tierras ocupadas por cañas que quedaron sin cortar. ¿Qué hacemos nosotros con 1 000 caballerías de tierra fértil sembradas de caña, en que no aprovechamos la caña, ni podemos aprovechar la tierra? Igual podían estar sembradas de marabú, si la caña no la cortamos, si no utilizamos la caña ni utilizamos la tierra. ¿Qué sentido tiene la existencia de miles y miles de caballerías de las mejores tierras, sembradas de un cultivo que no se aprovecha? ¡Aunque solo fuera para aprovechar esa tierra en otros cultivos, bien valla la pena tumbar esa caña, como tumbamos el marabú!  
Es decir que la política que nos ha condenado a nosotros a la existencia de miles de caballerías, fertilísimas, completamente inútiles, ha sido una política absurda, política de los latifundios, política de los monopolios yankis, que guardaban esas cañas en reserva, por si surgía algún aumento del precio, muchas veces provocado por conflictos que provocaban los propios bolsistas. Y la crisis de Corea, o la crisis de Suez, provocadas por el imperialismo ambas, suscitaban entonces aumentos de precios; y para esas oportunidades los latifundios guardaban la caña, los monopolios guardaban la caña.  Y es el caso que nos han dejado miles y miles, más de 10 000 caballerías de tierra fértil, “tierras maestras”, como se llaman, tierras que son aptas para cereales, para granos de todas clases, para cualquier tipo de cultivo, inutilizadas por completo; de donde resulta que nosotros, disecando pantanos por un lado y tumbando marabú por otro, y por otro tenemos más de 10 000 caballerías sembradas de cañas que no cortamos.
¿Puede mantenerse esa situación? No. Luego, la primera conclusión que hay que sacar es que esa caña, a cualquier precio, esa caña, a cualquier precio, hay que cortarla. ¿Cómo vamos a gastar millones de pesos en adquirir buldóceres para desmontar tierras, si tenemos más de la 10 000 caballerías que no hay más que mandar los macheteros allí para desmontarlas, sin tener que gastarnos millones de pesos en la maquinaria, y millones de pesos en el desmonte? Con la “guámpara” podemos desmontar esas 10 000 caballerías de tierra fértil. Pero, primera conclusión: esa caña hay que desmontarla, a cualquier precio.
Al desmontar esa caña, corremos un riesgo: que producimos mucha azúcar y entonces bajan los precios.  Bueno, pero, ¿por qué tenemos que dedicar esa azúcar al mercado?  Nosotros podemos dedicar esa azúcar a pienso.  Así que tenemos tres problemas: primero, el costo de esa caña sobrante; segundo, la dedicación de esa caña, del producto de esa caña; tercero, el problema de los mercados. ¿Ustedes están, pues, de acuerdo con que esa caña hay que desmontarla?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿A cualquier precio? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Bien, entonces vamos a desmontar esa caña.
Desmontamos esa caña, la hacemos azúcar, y la guardamos; pero desmontar esa caña, y hacerla azúcar, y guardarla, cuesta.  Luego, esa caña que vamos a desmontar y hacerla azúcar, tenemos que hacerlo a un bajo precio.  Luego, ¿qué queremos proponer ante la crisis, o más bien, ante la agresión contra nosotros?  Nosotros queremos proponer lo siguiente: mantener las condiciones de trabajo del año anterior, hasta una cantidad determinada de toneladas de azúcar. ¿Cuatro millones, por ejemplo, en las mismas condiciones?  ¿Estarían dispuestos a moler 4 millones en las mismas condiciones que el año anterior?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  ¿Sí?  (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  Bien. Vamos entonces a proponer lo siguiente, y esta es la proposición con que vamos a derrotar la agresión económica. Y es la siguiente: nos vamos, además, a situar en una posición en el mercado, formidable; vamos a moler 4 millones en igualdad de condiciones del año anterior, y vamos a moler el resto de la caña a condiciones de dos centavos y medio la libra de azúcar.
Yo les puedo asegurar, compañeros, que si hacemos eso derrotamos la maniobra imperialista, y si el precio de la victoria es ese, no es un precio alto para nosotros ese precio, porque vamos a moler 4 millones en las mismas condiciones, es decir que lo vamos a pagar a 4,70 pesos el precio en los salarios.  Es decir, igual que el año pasado, hasta 4 millones; vamos entonces a producir el resto y atrincherarnos, atrincherarnos con el resto del azúcar, para vender en el mercado mundial la parte que nos corresponda y con el resto atrincherarnos.
Es decir, ¿la vendemos?  No tenemos necesidad de venderla, porque si nos sobra ese azúcar, ya estamos haciendo innumerables experimentos utilizando el azúcar como pienso, y es un azúcar que vamos a producir barata.  Esa va a ser la gran ventaja.
Y con lo que les voy a decir ahora, yo les digo que esta política va a hacer temblar a los imperialistas, y sobre todo, a los planes imperialistas de fomentar nuevas áreas de azúcar, porque si los imperialistas van al fomento de nuevas áreas azucareras, nosotros usaremos nuestra azúcar; es decir, la guardaremos ahí, si no hay fomento de nuevas áreas guardamos el azúcar ahí.
Pero los que de acuerdo con el imperialismo crean que van a nutrirse a costa de nuestro país, que sepan, más de una compañía y más de un capitalista azucarero, que van a salir arruinados.  Si nosotros hacemos esto y nos atrincheramos, podemos vender lo que nos toque en el mercado mundial a buen precio, y guardamos esa ahí, para pienso mientras no se metan con nosotros.
Y, efectivamente, puede haber ciertos precios, que no nos convenga venderla baja, y que nos convenga más dedicarla a la producción de carnes, de aves.  Así que nos situará en una situación ventajosa. ¿Saben por qué?  Se lo voy a decir. Porque el gobierno de Cuba acaba de concertar un convenio con el bloque de países socialistas, en virtud del cual si Estados Unidos no nos compra azúcar, el bloque socialista nos comprará 4 millones de toneladas a cuatro centavos la libra. Nuestra delegación presidida por el compañero Ernesto Guevara, acaba de emitir el comunicado, conjuntamente con el gobierno soviético acerca de este acuerdo.  Es decir, en virtud de los acuerdos realizados con los países del bloque socialista, la Unión Soviética adquirirá 2 700 000 toneladas; la República Popular China adquirirá un millón de toneladas, y los demás países socialistas 300 000 toneladas, que hacen un total de 4 millones, a cuatro centavos.
¿Qué significa esto?  Es la oportunidad nuestra para atrincherarnos en nuestra azúcar, defender nuestro mercado, ganar tiempo, ganar tiempo, diversificar nuestra agricultura, porque este año tumbamos toda esa caña que nos sobre, que se quedaba parada; de la otra manera tendríamos que incurrir en el absurdo de dejar todas esas tierras completamente inútiles; de esa manera, la caña que nos sobra la convertimos en otros productos agrícolas. Entonces produciremos de acuerdo con la demanda, estaremos atrincherados con nuestra azúcar, y si no la vendemos la podemos ir convirtiendo en carne y en grasa. La ventaja está, precisamente, en producir esa azúcar barata. Y sería la única manera de hacerlo, porque de otra manera no podríamos seguir esta estrategia.
Pero, con seguridad que el imperialismo va a temblar, y los aliados al imperialismo van a temblar, cuando sepan que por encima de esos 4 millones que tenemos asegurada su venta a un precio seguro, producimos azúcar a dos centavos y medio, que no la puede producir ningún país del mundo .
Sobre todo, hay que considerar la formidable ventaja que nos da, frente a los planes imperialistas, el poseer un stock de azúcar a ese precio, que lo manejamos de acuerdo con nuestros intereses; es decir que nosotros procuraremos mantener los precios lo mejor posible.
¿Qué quiere decir que produzcamos hasta 4 millones en iguales condiciones? Es decir que podemos seguir pagando los salarios, hasta 4 millones, a 4,70; que a ustedes los cooperativistas, y a ustedes los colonos, hasta 4 millones, les podemos liquidar a cuatro centavos de promedio, ¿comprenden?  Es decir que hasta 4 millones, proporcionalmente, habrá que hacer unos estudios a ver cuánto le corresponde a cada cual a cuatro centavos. Liquidación cooperativas y colonos: 4,70, que eran las condiciones que tenían los obreros, podemos pagarles.
Pero, además, en el volumen total tendremos los mismos ingresos que el año pasado, porque será más azúcar. Pero no solo en el volumen total; hay una ventaja más: tenemos 300 000 de mercado nacional, un millón y tanto de cuota, y todo lo que vendamos por encima de 2,50.  Si en cualquier momento vendemos por debajo de 2,50, el gobierno asimila la pérdida; si en cualquier momento se vende por encima de 2,50 y venderemos por encima de 2,50, cada libra que se venda por encima de 2,50, les dará derecho a los obreros, a las cooperativas, a los colonos, a un diferencial entre el precio de 2,50 y lo que se venda. Es decir que tienen asegurado un diferencial, lo tienen asegurado, que lo recibirán, con toda seguridad, para fines del año próximo; cuando ya podamos hacer bien los cálculos, van a tener asegurado un diferencial por cada libra de azúcar que vendamos por encima de 2,50.
Pero, sobre todo, es bueno pensar la formidable ventaja que nos da esto. De la otra manera tendríamos que limitar la zafra, dejar decenas de miles de caballerías inutilizadas con cañas, que no podemos dedicarlas a otro cultivo. Piensen, sobre todo, que esa caña que vamos a cortar, que nos sobra, va a dar empleo a decenas de miles de cubanos, y va a producir millones de pesos.  Hay que contar, además, que toda esa caña que vamos a moler, y que nos sobra, que este año la vamos a moler para que no nos sobre, en todas esas áreas donde sobra caña la diversificamos Y la sembramos de maíz, de millo, de frijoles de soya, de algodón, de papa, de tomate, de arroz; sembramos ajo,  cebolla y malanga.
Es decir que esta es la política que discutida con todos los compañeros responsables del gobierno, de la administración de cooperativas cañeras, de centrales azucareros, del Banco Nacional, del Banco de Comercio Exterior, Ministro de Comercio, Ministro de Economía, el Presidente de la República, todos, han estado absolutamente de acuerdo con que esta es la política correcta. De lo contrario, tendríamos que limitar.  Los ingresos serían iguales, porque sería menos caña; la política sería más comprometida, porque, ¿cómo podríamos salir de la situación de que nos quieren crear nuevas áreas?, si a nosotros el azúcar nos cuesta caro, con ese stock a dos y medio nos sitúa en el firme de la loma, porque en la guerra nosotros procurábamos tomar siempre el firme, y quien dominaba el firme dominaba la situación. Con esto nosotros tomamos el firme y dominamos la situación. ¿Vendemos? Pues vendemos cuando queremos y a los precios que nos convenga, sin apurarnos, pero sabiendo todo el mundo que somos los productores de azúcar más barato, porque tenemos un millón del año pasado, que no nos costó gran cosa, estaba en los almacenes, como unas 800 000 están ahí; y las que vamos a producir a dos y medio. ¿Comprenden ustedes? ¿Comprenden que es lo que nos permite a nosotros buscar soluciones futuras, lo que nos defiende nuestra industria, lo que nos permite dar empleo a miles de cubanos más, lo que nos permite poner a producir 15 000 caballerías de tierra, que si nosotros demolemos esas cañas, nosotros vamos a la diversificación en las cooperativas cañeras porque es lo que nos conviene? ¿Por qué vamos a la diversificación?  Porque, por ejemplo, una caballería de papa da más salario en los cultivos, da igual número de salarios, igual cantidad de salarios que ocho caballerías de caña.  Luego, a cualquier cooperativa cañera le conviene sembrar más una caballería de papa que siete de caña; y el año que viene les van a dar cuota de papa, de tomate, de algodón o de arroz, a todas, para ir diversificando, en un plan en que por lo menos cada una tenga dos de papa, o dos de tomate, o cinco o más si tiene tierra suficiente para arroz; o cinco de algodón o más si tiene tierra suficiente para algodón.  Y vamos a una diversificación en que ellos, por ejemplo, con una caballería de ese cultivo tienen muchos más ingresos que con varias caballerías de cañas, y el resto de esa tierra de caña la siembran de maíz, de cereales, de soya, de frijoles, y, en fin... (DEL PUBLICO LE DICEN: “Plátano”)
Plátano también, yucas, malanga, habichuelas, hortalizas, de todo, de todo, de todo.
Entonces nosotros vamos a la diversificación en la caña; los colonos pueden ir también a la diversificación, pero, por lo pronto, tienen asegurados los pequeños colonos su caña fija, las cañas que tienen, pues nosotros vamos en nuestro programa en las cooperativas a la diversificación. Beneficiadas así las cooperativas, beneficiado el colono, beneficiada la industria también porque con esos recursos es que vamos a desarrollar la economía del país y vamos a defender la industria azucarera.
Definitivamente, en cualquier momento, si en el futuro las exigencias del mercado mundial demandaran una producción mucho mayor con avisarles 18 meses antes a las cooperativas cañeras, a los pequeños colonos y a las granjas del pueblo, ¡les sembramos caña para producir aquí diez millones de toneladas de azúcar!  
Así que demoleremos esa caña que nos sobra y que vamos a cortar este año; diversificamos la agricultura y elevamos en muchos millones de pesos el valor en bruto de la producción.  Esta es, sencillamente, la estrategia para defender nuestro artículo básico, porque el imperialismo no solo ha querido quitarnos nuestra cuota, sino crearnos áreas de competencias. Y nosotros, a todas esas compañías que quieran hacerle el juego al imperialismo, les vamos a decir: “Bueno, vamos a ver cómo compiten ustedes con nosotros, porque tenemos aquí tantos millones de toneladas de azúcar guardada, guardadita” .
Es decir que vamos a tener parque en azúcar, cantidad.  Esa es la estrategia...  si ustedes están de acuerdo.
Bien, pues entonces hasta el último retoño lo vamos a cortar; afilen las “guámparas” y afilen los machetes.  (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO.)
Sí, no me faltaba nada más que una cosa:  aunque estemos organizando todos los batallones en toda la isla y entrenándolos, las armas de los batallones son las armas de los batallones, y están en el batallón; necesitamos algunos riflecitos para custodia, es decir que no sean de las armas reglamentarias del batallón y, por eso mismo, vamos a mandar de inmediato para custodia, independiente de las armas del batallón, porque eso se queda en el batallón a que pertenezca; el batallón tiene sus armas, sus morteros, sus ametralladoras, etcétera, etcétera.  Bien, pero hay armas que hacen falta para la custodia, y entonces vamos a mandar 10 fusiles semiautomáticos para cada central azucarero, para la custodia de allí del central; 10 fusiles, inmediatamente. Y vamos a mandar, además, inmediatamente, 10 fusiles para cada cooperativa cañera (EXCLAMACIONES y APLAUSOS).  Bueno...  los colonos tienen que organizarse también, que diga, los agricultores pequeños de caña tienen que organizarse; tienen que hacer la milicia allí, de los pequeños colonos también, de los pequeños agricultores de caña. Ustedes tienen ahora que ponerse a organizar a su gente rápidamente para que no se les escondan los contrarrevolucionarios por ahí por la caña.  Así que ya saben (EXCLAMACIONES DE: “¿Y las antiaéreas?”) Estamos inventando ahí algunas cosas de defensa antiaérea; estamos estudiándolo bien, vamos a estudiar bien eso.  Pero por lo pronto, aparte de las armas de los batallones, que ustedes tienen armas de los batallones, pero estas armas son aparte de las del batallón, para las patrullas que estén custodiando, y para cuidar las cañas. Y vamos a ver si queman mucha caña...    Hay de todo, hay de todo...
¡Ah!, ¡se me olvidaba, sobre eso de los tiros!: ya saben que por cada bala que tiren tienen que pagar la centavos, porque las balas hay que cuidarlas, no sea que les tiren hasta a las lechuzas, y gasten las balas.  Si ustedes tienen que tirar para defenderse, defender la caña, tienen que traer la justificación.  Es decir, no que tiramos a un fantasma, ni nada de eso...  Así que ustedes, tiro que gasten en balde, la cooperativa lo paga, y ustedes; lo paga el central... ¡No, el sindicato! El sindicato paga la centavos por cada bala que tiren, 10 centavos la cooperativa por cada bala que tiren, porque cuando ustedes estén allí de centinelas, no le van a tener que tirar a nadie, porque no van a ir por allí, no van a ir por allí.  Así que, por eso, van a tener que gastar muy pocas balas; y, por lo tanto, no podemos permitir que vayan a gastar muchas balas. ¡Los milicianos tiran tiros que es una barbaridad!
Así que recuerden eso: tienen que cuidar las armas, tienen que cuidar las balas, tienen que justificar las balas y tienen que pagar 10 centavos por cada tiro que tiren.  Sí, 10, para cargarle el transporte y todo eso, a lo que vale la bala.
Esperen, esperen, ¡no se embullen así!  Hay que tener cuidado.  Poco a poco hay que ir haciendo las cosas, de acuerdo con el grado de organización y de preparación, no sea que vayan a tener las armas y no haya mucha organización todavía; eso hay que hacerlo muy organizado.
En las cooperativas cañeras tienen que nombrar un responsable de orden público, que es el responsable de esas armas y de la pequeña guarnición que tengan ustedes allí; y en los sindicatos hay que nombrar un responsable de orden público también (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO y EL RESPONDE A LOS AGRICULTORES PEQUEÑOS).
Ustedes, organícense también. Ustedes todavía están un poco separados; nosotros no sabemos dónde están los núcleos, ya lo vamos a estudiar.  Les damos también; tienen que organizarse (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).  Bien, bien, perfecto.  Vamos a ver ahora con la Asociación Nacional qué vamos a hacer, para que no se les cuelen allí los contrarrevolucionarios (ALGUIEN DEL PUBLICO LE DICE: “Mire, Comandante, ¿me permite? Nosotros estamos organizados, tenemos milicias organizadas...”) Sí... pero ahora están organizándose porque hasta ahora ustedes no tenían la asociación, ahora es que empiezan.  Hay que crear la asociación; nosotros no sabríamos dónde mandar las armas esas, tendríamos que tratar con la asociación, ¿claro?  Bien, en donde haya núcleos numerosos de pequeños colonos, que también organicen su milicia y nombren su responsable de orden público.
Bueno, yo creo que ya no quedan muchas más cosas (EXCLAMACIONES DE: “¡Las antiaéreas!”). Eso hay que pensarlo bien, no vayan ustedes a tumbar ahí hasta los aviones de la compañía de aviación, eso hay que estudiarlo bien. Estamos estudiando ese problema antiaéreo, y lo estamos estudiando bien. Nosotros le encontramos una solución a ese problema, a todo le vamos a encontrar solución aquí, y vamos a preparar una buena fuercecita aérea, no se ocupen; “sin prisa, pero sin tregua”, “sin prisa, pero sin tregua”, llegará el momento en que cuanta avioneta pase nada más que cerca de por aquí, va a ir para el suelo. “Sin prisa, pero sin tregua.” Estamos preparándolo todo; no hay que apurarse, que cuanto avión viole el espacio nacional va a ir para tierra, ¡no se ocupen!
El año que viene, además de ser un año de grandes avances en la economía, va a ser el año “bárbaro” de la Revolución; va a ser  el año del plan de alfabetización, que vamos a cumplir la consigna de alfabetizar hasta el último analfabeto; el año del gran desarrollo de la producción agrícola; el año en que comienza la instalación de las primeras plantas; el año ya de un programa agrícola en grandísima escala, con formidables perspectivas futuras; y, al mismo tiempo, el año de la lucha frente a los terroristas, frente a los saboteadores, frente a los contrarrevolucionarios. El año que viene va a ser un año de avance en todos los campos y de lucha dura en todos los campos; el año próximo va a ser uno de los años fundamentales de la Revolución.
Y nosotros sabemos que saldremos bien del próximo año, y que destruiremos las esperanzas de nuestros enemigos, y consolidaremos definitivamente la Revolución. Y sabemos que ustedes, ustedes, son la vanguardia en esa batalla, ¡y en ustedes el pueblo tiene puestas sus mayores esperanzas, compañeros!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discurso

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