julio 11, 2012

Discurso de Fidel Castro en la clausura de la Plenaria Nacional de los Círculos Sociales (1960)

DISCURSO EN LA CLAUSURA DE LA PLENARIA NACIONAL DE LOS CÍRCULOS SOCIALES
Fidel Castro
[16 de Diciembre de 1960]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Compañeros comisionados; Compañeros secretarios generales de todos los sindicatos de Cuba; Compañeras de la Federación de Mujeres Cubanas; Compañeras y compañeros de la Asociación de Jóvenes Rebeldes:
Esta noche no se ha venido aquí a librar una batalla como en días anteriores frente a un grupito de contrarrevolucionarios, aunque cada acto de la clase obrera es una batalla que se le da a la contrarrevolución.  En esta ocasión nos hemos reunido para llevar adelante una iniciativa más en favor de los trabajadores, una idea más de la Revolución, y que, sin duda, rendirá magníficos frutos.
Hay una cosa buena en estos tiempos, realmente nosotros consideramos estos meses más interesantes que los primeros meses de la Revolución.  En los primeros meses de la Revolución el descarado estaba silvestre aquí en este país, el oportunista se aparecía por dondequiera, todo el mundo era revolucionario. Y, nosotros, al llegar aquí a la capital, un poco sin saber todavía ni dónde íbamos a dormir, decíamos: “¡Caballero, de dónde han salido tantos revolucionarios!”  Eran los días aquellos en que hasta los latifundistas eran revolucionarios; las compañías americanas eran revolucionarias; Pepín Rivero era revolucionario. Todo el mundo era revolucionario, y, claro, como todo el mundo era revolucionario, en realidad había una gran mezcla, y dondequiera, pues lo mismo podía estar una persona que sirviera para algo, que una persona que no sirviera para nada. Nosotros sabíamos perfectamente que esa situación iría cambiando, y que llegaría un momento en que los campos se irían delimitando cada vez más. 
Y así ha estado ocurriendo durante dos años, en que ha ido pasando el pueblo revolucionario por un tamiz diecisiete veces más fino. Cada uno de esos tamices era cada una de las leyes revolucionarias. Y así iban pasando, iban pasando; algunos pasaban el primer tamiz, el segundo, el tercero, el cuarto; otros el quinto, otros el décimo, el décimo tamiz, y algunos los pasaban casi todos, pero ya al final no podían más, era demasiado fino y no podían colar. 
Y así, al cabo de dos años, ya nosotros podemos saber que cuando se reúne un número tan extraordinario de representativos del pueblo en este histórico salón de la CTC, de hombres y mujeres que representan importantísimos sectores de nuestro país, podemos sentir la satisfacción de que quienes están aquí son esos hombres y esas mujeres del pueblo que han podido pasar todos los tamices. Y ese es el interés que tiene este momento de la Revolución, mucho más interesante que los primeros meses, en que todo el mundo se hacía pasar fácilmente por revolucionario, sobre todo, cuando no se había decretado todavía la primera ley justa. 
Hoy los campos se definen, hoy la lucha se hace más definida y más concreta entre los intereses del pueblo y los intereses enemigos del pueblo.  Ya se perfila perfectamente bien el papel que le corresponde jugar a cada cual. Afortunadamente para nosotros que teníamos una idea no solo de los días que estábamos viviendo entonces, sino de los días venideros, todos los casos de deserción o de traición a la Revolución los recibimos con la mayor naturalidad. 
El pueblo sabe mucho, ¡cómo sabe el pueblo!  Puede decirse que el pueblo lo sabe todo; no solo como si lo razonara perfectamente bien, sino, casi, hasta como si lo adivinara. 
El pueblo, por ejemplo, siempre pone el dedo en la llaga. Nosotros, muchas veces, nos encontramos con las personas que nos dicen: “Sacude la mata aquí, sacude la mata allá;  ¿cuándo van a hacer esto?, ¿cuándo van a hacer lo otro?”  Porque el pueblo sabe.  Es posible que algún ciudadano se impaciente y quisiera ver hechas todas las cosas inmediatamente y simultáneamente, lo cual no es posible; pero siempre hay en ese ciudadano una preocupación que tiene algún fondo correcto y bien fundado. Y aquí todo el mundo conoce a todo el mundo, y todo el mundo sabe el rol que juega cada cual. 
No vamos a extendernos en muchas consideraciones, porque para eso tenemos otras oportunidades. Pero, por ejemplo, ciertos intereses, ciertas instituciones, ciertos organismos, cierta gente. ¿A alguien, por ejemplo, lo sorprendió aquí que se hubiese asilado el Presidente del Tribunal Supremo hace varias semanas? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿A quién lo tomó de sorpresa? (EXCLAMACIONES DE: “¡A nadie!”)  Todo el mundo preguntaba: ¿Cuándo van a depurar al poder judicial? Esa era una pregunta que se hacía todo el mundo: los abogados, los estudiantes universitarios; todo el mundo decía: Bueno, ¿y hasta cuándo van a estar esos señores, que no son revolucionarios, en el poder judicial? No todos, naturalmente. El pueblo sabe que todos no son contrarrevolucionarios, pero el pueblo si sabía que una parte importante era contrarrevolucionaria. 
Nosotros sabíamos que carecía de importancia el momento en que se hiciera la depuración del poder judicial, porque la Revolución, por el mero hecho de ser Revolución, ya es de por si un instrumento depurador.  El poder judicial, ¡el poder judicial se ha depurado casi solo!  
Naturalmente que hay cosas que se desprenden de la naturaleza de los hechos. Hay dos poderes judiciales, es decir, dos ramas del poder judicial:  la rama penal y la rama civil.
Cuando nosotros veíamos los presupuestos de la república, y veíamos las cifras que esta república se gastaba en poder judicial, cifras que salían de las costillas del hombre que trabaja, del sudor de la frente del hombre que produce, porque cada peso que un funcionario cobre, cada peso que un funcionario gasta, esos bienes que él consume, esos servicios que él recibe, no caen —como el maná— del cielo, sino que, sencillamente, son frutos del trabajo del pueblo. 
Y, en realidad, ¿cuál era el papel del poder judicial? No ya del poder, o de la rama penal que siempre tiene una actividad más compleja y más inevitable. Pero, el poder judicial en la rama civil, ¿a qué se dedicaba?  Por lo general, eran problemas que al pueblo no le interesaban: problemas de hipotecas, problemas de desahucios, problemas de desalojos, problemas de litigios entre grandes empresas, entre grandes terratenientes, entre grandes intereses financieros, entre grandes prestamistas, y, en fin, una serie de actividades que hoy carecen de sentido. Por ejemplo, ¿quiénes van a litigar hoy día?, ¿los de una cooperativa cañera con otra cooperativa cañera? ¿Los de una granja del pueblo con otra granja del pueblo?, o, ¿van a desahuciar algún inquilino?  ¡Ya no hay dueños de casas como no sean los propios inquilinos!  
Es decir que desaparecieron los grandes intereses que justificaban la existencia de tantas salas y tribunales civiles. Hoy, la actividad legal que debe desempeñar un tribunal civil es incomparablemente menor a la que debía desempeñar antes, y se reduce a tres o cuatro cuestiones, habiendo desaparecido la mayor parte de los conflictos de intereses que hacían inevitable ese gasto de la república en magistrados y jueces. 
Y, por lo general, la soga quebraba siempre por lo más delgado. Siempre era el infeliz que compró los muebles a plazos, se los compró a un señor que le aumentó un 200% al precio de los muebles; no pudo pagar una o dos mensualidades, y venía la demanda, y allí estaba el juez para dictar y ejecutar una sentencia, en virtud de la cual le quitaban los muebles al infeliz... Los muebles, o el refrigerador, o el automóvil; o era para desahuciarlo de su casa, al que no podía pagar, o se retrasaba en los pagos; o era para desahuciarlo de la finca, o desalojarlo; o era para embargarle los bienes, al que no podía pagar.  Y, en fin, siempre era la lucha entre el que podía contra el que no podía, entre el que tenía contra el que no tenía, lucha en la cual siempre salía vencido, ¿quién?  El que no podía y el que no tenía. ¿Los jueces se condolían de esas situaciones? No. Los jueces eran funcionarios cuyo oficio era ese: hacer valer el privilegio y el interés del poderoso y del rico. Y también otra misión: la misión de mandar infelices a la cárcel. 
Lo que muchas veces se preguntaba el pueblo era esto: ¿Ha ido algún rico a la cárcel? No. ¿Ha ido algún malversador a la cárcel? Eso era lo que nos preguntábamos nosotros, y le preguntábamos al tribunal que nos juzgaba cuando el juicio del Moncada, y le decíamos: Nunca un poderoso ha ido a parar tras las rejas de una cárcel. Cenáis con ellos a fin de año en los clubes aristocráticos, y a la cárcel no van a parar más que los infelices, que en muchas ocasiones roban por hambre. 
¿Qué justicia era aquella? ¿Cuál era la justicia que imperaba en nuestro país, donde nunca un malversador fue a parar a la cárcel, y donde se estaba robando desde los inicios de la república?  ¡Ah!  ¡Y nunca salió un descarado, ni un solo desvergonzado de estos que hoy se han ido en medio de la revolución honrada...!   Era de suponer que en aquellos tiempos en que un señor representante, porque era representante, es decir, porque había comprado un Acta de Representante y se había gastado 80 000 pesos o 100 000 pesos, quizás después de haber sido ministro y haberse robado 3 millones, o porque la compañía tal le pagó la campaña política, y compraba votos, y salía senador, o salía representante, y asesinaba a uno, o robaba, o había robado antes, o robaba luego, y no pasaba nada... Cuando un coronel, o un general o un capitán robaba, y no pasaba nada; asesinaba y no pasaba nada. Cuando un funcionario se hacía millonario en tres meses, se llevaba el dinero del Ministerio de Educación, o se llevaba el dinero de las obras públicas y no pasaba nada, era como para que algún funcionario judicial, indignado, rasgara su toga, y dijera:  Yo no puedo ser juez en un país donde se asesina y no hay castigo ; donde se roba y no hay castigo; donde se malversan los fondos del Estado y no hay castigo; donde se saquea al pueblo y no hay castigo.  Y donde, en cambio, si sorprenden a un ciudadano robándose una gallina, lo mandan a la cárcel —sin que esto quiera decir que sea bueno robar gallinas. 
Era la república del robo, la república del crimen, la república de la injusticia y, sin embargo, no se exilaba ningún juez, ningún magistrado. Ellos podían convivir eternamente con aquella situación, no importaba.  Y lo que podemos decir de un juez, lo podemos decir de alguno que otro fraile hipócrita de esos que andan por ahí (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, seguro, a los curas dales duro!”). 
¿Que los gobernantes mataban?, eso no les importaba; ¿que los gobernantes robaban?, eso no les importaba; ¿que la república era una república de privilegios, donde al obrero le robaban?, eso no les importaba; ¿donde al enfermo le robaban su dieta?, eso no les importaba; ¿donde millares y millares de niños morían porque no había un médico que los visitara?, eso no les importaba; ¿que las epidemias diezmaban a la población porque el dinero de hacer acueductos se lo robaban los politiqueros?, eso no les importaba.  Al cardenal no le importaban esas “cositas”.
Cuando el tirano sanguinario necesitaba a “su excelencia”, o a “su señoría”, o como le llamen, en el Palacio Presidencial, “su excelentísimo” estaba allí, en el Palacio ensangrentado y corrompido del tirano. ¿Que había robado cincuenta, sesenta, cien millones de pesos?,  ¡¿qué le importaba al cardenal?!  El cardenal estaba allí; el cardenal no escribía pastorales; ¡el cardenal iba allí a darse el beso de Judas con el sangriento dictador!  
¿Que en los campos se pasaba hambre?, eso no les importaba; ¿que los fogones no se encendían durante ocho meses?, eso no les importaba; ni, por supuesto, que en los predios de la United Fruit Company, allí, donde imperaba el hambre, ni allá, en el barrio de Las Yaguas, o Llega y Pon, o en el barrio aquel de Santiago de Cuba, que no recuerdo cómo se llamaba (LE DICEN: “¡La Manzana de Gómez!”), La Manzana de Gómez, que ya no existe, no se erigían las lujosísimas iglesias que vemos en la Quinta Avenida; la miseria reinante en nuestro país, la injusticia reinante en nuestra patria, eso, no importaba.  Jueces, frailes, militares, terratenientes, financistas, especuladores, monopolios, todos eran, más o menos, la misma cosa.  Cabe hacer excepciones muy honrosas, en todos, en todos los sectores, sí; pero esa era la regla y, naturalmente, nuestra lucha contra los intereses tenía que granjearnos el odio de todos ellos. 
¿Alguien se ha metido con Dios? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) No. ¿Alguien ha intentado desterrar el sentimiento religioso? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) No. ¿Alguien ha prohibido algún culto? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) No. Y es curioso, es curioso que la Revolución no les haya dado, ni a jueces ni a frailes, el menor motivo de razón para atacar la Revolución. 
Por lo menos, el antiguo ejército fue disuelto, y muchos militares, con más o con menos culpa, pudieron sentirse afectados; pero los jueces, ¿los jueces, los magistrados? Ni siquiera nosotros intervinimos en aquella primera depuración, que la hizo uno de los suyos, y fue bastante tibia.  Y cuando nosotros deseábamos hacer otra depuración en el poder judicial, nos encontrábamos con los caprichos de aquel señor, que hacía imposible realizarla; pero en realidad, habían permanecido en el poder judicial una serie de señores indignos de permanecer en el poder judicial, una serie de señores que era una vergüenza y una indignidad que pertenecieran al poder judicial; y, además, una serie de señores que no tenían nada que hacer, porque, en realidad, con una tercera parte de los miembros del poder judicial, o si se quiere con la mitad, y si quieren con un poquito más de la mitad, siempre con alguno, porque no debemos incurrir en la injusticia de calificarlos absolutamente a todos de igual manera; que han estado cobrando sus cheques durante casi dos años, cheques que son mucho mayores, varias veces mayores de los que cobraba cualquier comandante de los que habían luchado durante dos años en las montañas , y al cabo de dos años, cuando hay que definirse, cuando la cosa no es la cosa fácil, cuando la Revolución empieza a enseñar al pueblo lo que es una revolución, y que una revolución es lucha, esos señores se rasgan hipócritamente la túnica, la que no se rasgaron frente al crimen, frente al robo y frente a la corrupción. Y en la hora de la honradez y de la justicia, cuando ni un solo centavo del dinero del país se pierde; en la hora de las grandes rectificaciones; en la hora en que los grandes privilegios y los grandes intereses rodaron por tierra, se marchan al extranjero y se pasan a las filas de los enemigos. 
¿Qué creen acaso?  Nosotros somos hombres que creemos en la esencia de las cosas, y estamos irreductiblemente enfrentados a todas las formas de simulación, de hipocresía, de mentira y de engaño. ¿Van a hacerle creer a nadie que existió nunca en nuestro país un poder judicial independiente de los grandes intereses, independiente del grupo económicamente dominante?  ¿Van a hacernos creer que aquella época de prevaricación y de corrupción, en aquella época en que todo aquel poder estaba al servicio de esos grandes intereses, era una época democrática?  ¿Van a hacernos creer que la Revolución tiene que detenerse ante el santuario falso de la mentira y de la hipocresía? ¿Van a hacernos creer que la Revolución portadora de un ideal de justicia, que la Revolución que lleva en sí la idea justa, que lleva en sí la desaparición de los privilegios y de las injusticias, cuya razón de ser está en los objetivos que se propone, en medio de un orden social que era un orden social injusto, que era un orden social corrompido, que era un orden social criminal, se tiene que arrodillar ante las grandes mentiras, las grandes falsedades y las grandes simulaciones? ¿Van a discutirle acaso al poder revolucionario del pueblo, al pueblo en revolución, al pueblo en armas, el derecho a reivindicar la justicia, el derecho a cortar por lo sano, el derecho a aplicarle el bisturí a cuanto tumor estuviese envenando la salud de la república?  
¿O creían, acaso, que con las eternas mentiras iban a mantener incólume su función apartada de los intereses del pueblo?  Es decir, ¿creían, acaso, que iban a intimidar la Revolución? ¡No!  Nosotros no creemos en la propaganda de los grandes farsantes; nosotros no creemos, ni nos impresionan, ni nos intimidan las mentiras que en toda una parte del mundo, podrida por la hipocresía, pueda decirse en torno a la Revolución Cubana. A nosotros no nos pueden intimidar con falacias. 
El pueblo en armas, el pueblo revolucionario —y revolución quiere decir subversión del orden social, revolución quiere decir destrucción de todos los privilegios, revolución quiere decir destrucción de todo lo viejo, ¡revolución quiere decir destrucción del pasado! , revolución quiere decir cambios profundos y fundamentales en la sociedad, porque si no, no merecería llamarse revolución ni podría llamarse revolución— y el pueblo en revolución, el pueblo soberano, tiene atribuciones y tiene facultades, por cuanto del pueblo emanan todos los derechos, del pueblo emana el poder. 
Y la Revolución es eso:  el poder del pueblo, no el poder de una casta privilegiada; no el poder de una camarilla militar, sino el poder del pueblo , el poder de la gran masa del pueblo, a la que no han podido ni podrán confundir, a la que no han podido ni podrán engañar, porque el pueblo sabe mucho, y el pueblo ha aprendido mucho, y el pueblo conoce a los farsantes, y conoce a los pícaros, y conoce a los vendepatrias, y conoce a los corrompidos, y conoce a los farsantes, y conoce a los fariseos, y conoce a los sinvergüenzas. Y por muchos esfuerzos que hagan, y por muchas mentiras que inventen, no podrán engañarlo. 
Y la Revolución ha basado su poder en la gran masa del pueblo. ¡Ahí, en el pueblo!, he ahí nuestro gran poder legislativo; ahí, en el pueblo, está nuestro gran poder ejecutivo; y ahí, en el pueblo, está nuestro gran poder judicial. Y que nadie intente arrogarse funciones ni atribuciones que no le corresponden, que la Revolución basa su poder en el pueblo; que la Revolución, cuando ha ido a tomar una decisión, ha reunido al pueblo y ha consultado al pueblo, como lo hizo el día de la Declaración de La Habana. 
Y la fuerza de la Revolución está en el pueblo, y en el pueblo armado, porque esas armas, esas armas que defienden a la Revolución, no están en los bolsillos de nosotros; esas armas están en manos del pueblo, esas armas no están en manos de una camarilla, de una casta, esas armas están en manos del pueblo , en manos de los trabajadores, en manos de los campesinos, en manos de los jóvenes. ¿Y quién podría negar que los obreros y los campesinos constituyen la inmensa mayoría del pueblo?  
Ocurre que la Revolución resulta muy dura de comprender para quienes vivieron siempre en la idea de que sus poderes eran inconmovibles. El imperialismo creía que su poderío era indesafiable e inconmovible; los frailes creían que su poder era inconmovible. Y no nos referimos a los buenos frailes, porque hay buenos frailes. Y el padre Lence, por ejemplo, el padre Lence es un digno y honesto sacerdote cubano, y lo es el padre Sardiñas, que se unió a las fuerzas rebeldes en las montañas. 
Pero por encima de ellos hay otras jerarquías influidas por el pensamiento franquista, y por el pensamiento imperialista , que creían que sus dictados eran dictados omnímodos.  Y existían los intereses de la clase dominante y explotadora que aquí controlaba los centros de cultura, los periódicos, las revistas, todos los órganos de divulgación del pensamiento; controlaban el aparato militar, controlaban el aparato político, controlaban todos los órganos del Estado y todos los medios para influir y para mantener en la ignorancia al pueblo. 
Todos los periódicos los controlaban ellos. ¡Hoy se quejan! La contrarrevolución se queja de no tener periódicos contrarrevolucionarios, ni estaciones de radio contrarrevolucionarias, ni universidades contrarrevolucionarias, ni órganos de poder contrarrevolucionarios.  Se queja de no tener un ejército, se queja de no tener controlado, como tenía, el aparato sindical del país, amordazado, sometido a las pandillas de gángsters, corrompidos y criminales. Claro, lo echa de menos, y se olvida de que antes el guajiro, el guajiro desahuciado, desalojado, el guajiro hambriento, el obrero explotado y oprimido, el hombre humilde del pueblo, víctima de todas las injusticias y de todas las iniquidades no tenía quien lo defendiera; no podía ir a un periódico a escribir su infortunio; no podía ir a una estación de radio a denunciar la injusticia que contra él se cometía, y la clase dominante y explotadora tenía el monopolio absoluto de todos los resortes del poder, de todos los medios de divulgación de las ideas. 
Y, ¿quién era capaz aquí de ir a un periódico a pedir que le dejaran escribir un artículo contra la explotación yanki, contra los monopolios yankis? ¿Quién podía aspirar a encontrar un solo director de aquella prensa entregada a los grandes intereses que le publicara una proclama revolucionaria, un escrito contra aquella situación existente? ¡Nadie! No había más que el engaño de los partidos políticos que fragmentaban al pueblo y lo mantenían dividido en mil pedazos en servicio exclusivo de aquellos intereses. 
Claro que la Revolución viene a trastornar aquel estado de cosas, a hacer desaparecer aquel estado de cosas.  Bastaría que el pueblo se preguntara: ¿Cómo podía ser revolución si la Revolución no hubiese adoptado todas las medidas que ha adoptado?  ¿Cómo sería revolución si no hubiese nacionalizado los monopolios extranjeros? ¿Cómo habría sido revolución sin una reforma agraria, sin una reforma urbana, sin una política independiente y verdaderamente soberana, como la que ha seguido el Gobierno Revolucionario?  
Y a ese cambio es al que no se resignan ni se resignarán jamás esos intereses. Por eso les cuesta trabajo comprender la Revolución a todos esos poderes.  Nosotros no queremos problemas con la Iglesia, por ejemplo. Nosotros no tenemos por qué tener problemas con la Iglesia; al Gobierno Revolucionario no le preocupa en absoluto, ni tiene por qué preocuparle, sino por el contrario, para el Gobierno Revolucionario es una satisfacción poder proclamar el derecho de cualquier ciudadano a practicar cualquier culto religioso; la Revolución no tiene por qué prohibirle a ningún sacerdote que rece, o que predique o que practique su religión, sea católico, sea protestante, sea mahometano o sea de cualquier religión. La Revolución no tiene por qué, no tiene razón alguna para pretender negar el derecho de cualquier ciudadano a practicar sus creencias, ni el derecho de cualquier religioso a predicarlas. 
Pero nosotros les podemos preguntar a los señores dignatarios de la Iglesia Católica, cuya actividad contrarrevolucionaria es cada día más palpable, más evidente, más provocativa y más constante, ¿si acaso ellos se consideran con el derecho a prohibir al Gobierno Revolucionario a hacer leyes revolucionarias, y a actuar dentro del orden social y del orden civil en la forma que lo estime pertinente a los intereses del pueblo? 
Nosotros no nos metemos en las iglesias, nosotros no vamos a darles consejos a los obispos sobre qué capítulo de La Biblia deben hablar un domingo, ni sobre qué sermones deben predicarse en las iglesias; nosotros no nos metemos a preguntarles a los señores obispos, quiénes son sus amigos, o quiénes son sus enemigos; si son enemigos de los protestantes o son amigos; si están distanciados o quieren conciliarse con cualquiera de las agrupaciones cristianas del mundo, con las iglesias protestantes o con la Iglesia Ortodoxa Rusa. 
Si se quieren juntar en un gran concilio, nosotros no interferimos esas actividades; si quieren adoptar cualquier acuerdo sobre doctrina religiosa, nosotros no interferimos en esas actividades; si quieren limar las diferencias que han tenido con distintos grupos cristianos, nosotros no tenemos por qué inmiscuirnos en ese problema, ni enviarles una carta a los cardenales para decirles que está mal que dicten tal cuestión de materia religiosa, o lleguen a tal acuerdo o a tal desacuerdo. A nadie se le ocurriría semejante cosa.  Son cuestiones religiosas que a ellos les atañen. Y, por eso, nosotros nos preguntamos, ¿por qué tienen que inmiscuirse en las cuestiones políticas del Gobierno Revolucionario? 
Cristo dijo: “Mi reino no es de este mundo.” ¿Por qué, apartándose de las cuestiones espirituales, quieren interferir en las cuestiones políticas? Y, sobre todo, porque en estos días ha aparecido por ahí una carta circular —no dirigida a mí, nadie crea semejante cosa—, dirigida al Pentágono, dirigida a Washington, dirigida a la AP y a la UPI, porque mucho antes de proclamarla en las iglesias se la entregaron a la UPI y a la AP. Yo no me he dignado contestar esa carta que no estaba dirigida a mí; estaba dirigida a la contrarrevolución, estaba dirigida a hacerle daño a la patria, y, además, con perdón de los obispos, contenía algunas grandes mentiras, como cuando decía en esa hoja, o en esa supuesta carta, que varios sacerdotes habían sido detenidos y otras cosas por el estilo, verdaderas falsedades, no para consumo de la opinión pública, sino para consumo internacional, para que lo publicaran la UPI y la AP, y presentar al Gobierno Revolucionario como una especie de gobierno persiguiendo a los curas, persiguiendo a la iglesia, proscribiendo aquí los sentimientos religiosos, todo en conexión con intereses que los buenos católicos conocen perfectamente bien. 
Y uno de los mandamientos de la ley de Dios es, señores arzobispos, no mentir. Permítaseme recordarles esto con todo respeto. 
Y en estos días han estado haciendo circular esa supuesta carta, preñada de falsedades —y que me perdonen la descortesía de no haberles contestado, porque no me siento en la obligación de mantener ese género de relación epistolar con los señores arzobispos. Pero sí entendemos que es deber del Gobierno Revolucionario aclarar estas cuestiones: ¿qué derecho tienen a inmiscuirse en los problemas políticos? Y una de las cosas en que más insisten es en el problema del comunismo, y en plan de emplazar al gobierno. En primer lugar, debemos decirles que el gobierno no tiene que darles cuenta alguna a los señores arzobispos de su conducta, el Gobierno Revolucionario no tiene que rendir cuentas de sus actividades políticas al clero falangista. 
¿Cuál ha sido el motivo de esa airada actitud? ¿Acaso el hecho de que el Gobierno Revolucionario, fiel a su política de combatir las prebendas, se haya encontrado numerosos casos de verdaderas “botellas” en los centrales azucareros y que, sencillamente, era nuestro deber suprimir?  Por eso, los obispos y arzobispos claman airados contra el hecho de que califiquemos de “botellas” esas prebendas, pretendiendo ellos hablar en nombre de los curas humildes. ¿Quién dice que se han preocupado por los curas humildes, si aquí las mejores parroquias no han estado, precisamente, en manos de los humildes curas cubanos, o de curas cubanos humildes? Y con las parroquias y las posiciones eclesiásticas ha habido mucho privilegio y mucho favoritismo, y curas cubanos humildes y buenos, han sido sistemáticamente postergados para entregarles esas posiciones a curas fascistas, que no les interesan para nada, que no les interesan para nada, ni los sentimientos ni los problemas del pueblo de Cuba. 
Y uno de los estribillos que más les gusta repetir a estos señores obispos y arzobispos, es aquel de que funcionarios del gobierno han dicho que ser anticomunista es ser contrarrevolucionario, y que, sin embargo, el gobierno no ha dicho una palabra. ¿Y quién les ha dicho a los señores arzobispos que el gobierno tiene que estar diciendo lo que a ellos les interese que el gobierno diga? Y, ¿qué quieren, que aclaremos esta cuestión? Pues bien, ¿quieren que les respondamos?  Pues, sencillamente, nosotros sí creemos que ser anticomunista es ser contrarrevolucionario, como es contrarrevolucionario ser anticatólico, ser antiprotestante y ser anti cualquier cosa que tienda a dividir a los cubanos, sencillamente. Todo lo que tienda a dividir al pueblo para hacerle juego al imperialismo, es contrarrevolucionario. 
Y si cualquiera aquí hubiese organizado un movimiento anticatólico, nosotros diríamos que ese movimiento es contrarrevolucionario, porque tendería a dividir al pueblo; y si cualquiera organiza un movimiento antiprotestante, nosotros diríamos que es contrarrevolucionario, porque eso tiende a dividir al pueblo por razones de sentimiento religioso. 
Y eso es lo que han estado buscando ellos: dividir al pueblo.  Nosotros no hemos visto en las publicaciones del periódico Hoy, que hayan estado haciendo campañas anticatólicas; lo que hemos visto es esta realidad: que desde el triunfo de la Revolución han estado ellos constantemente atacando a los comunistas, y que, sin embargo, los comunistas no los han estado atacando a ellos ; y que incluso —porque nosotros hemos seguido de cerca todos estos problemas— hemos podido observar que más bien han tenido una actitud tolerante frente a una serie de ataques que han estado partiendo del clero. 
Ahora bien:  ¿Por qué, si nadie les ha prohibido predicar en las iglesias, si nadie les ha prohibido predicar sus creencias, si absolutamente nadie ha ido allí a perturbar esas actividades, si lo correcto es que las creencias sinceras de cada cual se respetaran —estamos hablando de creencias sinceras, no de los que dicen creer una cosa pero que es pura hipocresía —, cualquier creencia sincera, no la de esos descarados que porque no los dejan robar salen corriendo y llegan a Miami, y dicen que ellos son “grandes demócratas” y grandes cosas, o los desertores, o los que se venden. ¿Ustedes no han visto que hay una consigna invariable en todo el que se vende al imperialismo, en todo el que traiciona a la Revolución?  Sale corriendo hacia Miami, y acusa al Gobierno Revolucionario de comunista.  Y hasta esos magistrados que se fueron en estos días atrás, que estuvieron cobrando hasta el otro día cheques, y hasta incluso, hasta incluso, algunos de ellos yo no sé cómo se las van a arreglar con los esbirros, porque hay varios condenados a muerte por ellos mismos; y ahora dicen que se van porque este es un gobierno comunista, etcétera, etcétera. 
Bueno, las creencias sinceras de cada cual, sus ideas políticas, sus ideas religiosas, pues, merecen respetarse. ¿Es que no pueden convivir las creencias sinceras de los ciudadanos?  ¿En nombre de qué derecho hablan, si quieren proscribirles a otros el derecho de predicar sus ideas? ¿Lo correcto, y lo justo, no es el hecho de que convivan todas las ideas que los hombres sientan honestamente? Nadie le prohibió aquí a nadie sus actividades o sus ideas de orden religioso o de cualquier tipo; la Revolución solo ha proscrito una conducta y una idea: la contrarrevolución. 
Si la Revolución hace la reforma agraria, tiene que considerar enemigos a los que no quieren que se haga reforma agraria; si la Revolución nacionaliza los trusts extranjeros, tiene que considerar enemigos a los que quieren implantar otra vez los trusts extranjeros; si la Revolución reivindica la soberanía nacional, tiene que considerar enemigos a los que quieren volver aquí a someternos a nosotros al yugo imperialista. Es decir que la Revolución solamente ha proscrito las actividades y las prédicas que están contra la Revolución, tal como la realiza el pueblo, la desea el pueblo y la interpreta el pueblo. Es, sencillamente, una artimaña de la reacción en la historia de la humanidad, una artimaña de los grandes intereses y de los grandes privilegios, querer enfrentar las ideas políticas a las ideas religiosas, si las ideas políticas y las ideas religiosas caben dentro de un mismo ámbito, puesto que son cuestiones distintas.
¿Qué tiene que ver la reforma agraria con el misterio de la Santísima Trinidad?; ¿qué tiene que ver la reforma urbana con los ritos de la misa?; ¿qué tienen que ver los hechos sociales, materiales, económicos, con los problemas religiosos?; ¿qué tiene que ver una cooperativa con un convento?; ¿y qué tiene que ver una granja del pueblo con una orden religiosa? ¿Qué tienen que ver? En nuestro pueblo hay múltiples creencias: unos creen, son devotos de San Lázaro, otros son devotos de la Virgen de Regla, otros son devotos de la Caridad, otros son devotos de Changó. Hay múltiples y variadísimas creencias: unos creen en el horóscopo, y siempre van a ver el horóscopo de fin de año, a ver lo que les toca el año que viene; otros creen en las estrellas; otros creen en los sueños... pero si esas son manifestaciones del espíritu y de la naturaleza humana. 
Antes se creía, por ejemplo, en la Luna. Los aztecas, por ejemplo, adoraban el Sol; otros adoraban la Luna; otros, las estrellas; otros, ciertos animales; en fin, esa ha sido la historia de la humanidad, y es un problema muy complejo el problema de las creencias religiosas.  Pero, ¿qué nos importa a nosotros las creencias de un cooperativista cañero, o de un obrero de la industria nacionalizada?, ¿qué tiene que ver eso con los beneficios materiales que él recibe, la rebaja de alquileres, los beneficios que reciban sus hijos?, ¿qué tiene que ver eso con el aumento de empleo? Nosotros nunca, cuando hemos constituido una cooperativa o hemos creado un centro de trabajo le hemos ido a preguntar a nadie en qué cree, porque esos no son problemas nuestros, esos no son problemas del Gobierno Revolucionario. 
Los problemas del Gobierno Revolucionario son, sencillamente, de orden social, de orden económico, de orden educacional, de orden cultural; llevar los médicos allí a los campos, para que no se mueran las familias sin asistencia; llevar los caminos, llevar los hospitales, llevar las escuelas; reparar las injusticias, desarrollar la industria, poner a producir la tierra; es, sencillamente, ir creando un mundo nuevo para nuestro pueblo, en nuestro reino de este mundo. 
Nuestros deberes son de ese orden. Como gobernantes, estamos en la obligación de resolver esos problemas, y cumplimos nuestro deber cuando los resolvemos, aunque tengamos que nacionalizar la compañía eléctrica, o tengamos que nacionalizar las tierras de la United Fruit , o tengamos que rebajar los alquileres, o tengamos que hacer una reforma urbana, o tengamos que tomar las medidas que tengamos que tomar. Porque, sencillamente, no hemos recibido precisamente un lago tranquilo, el país no era un bálsamo, sino que el país era un mundo de privaciones, de miserias. 
Lo que nosotros encontramos en los campos, lo que nosotros hemos encontrado en las ciudades, lo que hemos encontrado en todas partes, ha sido un mundo de injusticia, un mundo de abusos, un mundo de sinrazones, que hemos hecho todo el esfuerzo por mejorar y por cambiar. 
No hemos sido nosotros quienes hayamos chocado con ningún sentimiento religioso, han sido ciertos intereses que, invocando hipócritamente sus sentimientos, han sido quienes se dicen representar esos sentimientos, quienes aliados a los peores intereses económicos afectados por la Revolución, se han empeñado en hacer chocar el sentimiento religioso contra el sentimiento político y revolucionario del pueblo. 
¿Se puede decir que nosotros no hayamos hecho los mayores esfuerzos por evitar estos conflictos?, ¿se puede decir que no hayamos sido tolerantes?; ¡si nos hemos cansado de perdonar curas, que han estado conspirando, cargando armas, poniendo bombas y haciendo actividades de todas clases!    Y esa es la única verdad. 
Quizás eso les ha llevado a creer que son inmunes; quizás eso les ha llevado a creer que la Revolución les teme, lo que no ha sido más que una actitud correcta, ecuánime y serena, por parte del Gobierno Revolucionario con algunos señores que al parecer se han tomado... como si la Revolución les temiera. 
La Revolución no desea ningún conflicto con la Iglesia. ¡Ojala recapacitaran!; ¡ojala se dieran cuenta de que están cometiendo un error, que les están haciendo un daño a las propias ideas religiosas que dicen predicar!; ¡ojala comprendieran que están llevando a la angustia a muchos buenos católicos!  Como el caso de una persona que nosotros sabemos, que a la hora de morir —persona religiosa ella— declaró que ella simpatizaba con la Revolución, y que si eso era pecado, ¡ella no se arrepentía de ese pecado de simpatizar con la Revolución!   
Y es muy triste, muy doloroso, que vayan a llevar la angustia al ánimo de numerosas personas, y la incertidumbre, sin razón. Es muy triste que vaya una miliciana a misa, y por ser miliciana, es decir, por ser una muchacha honrada que esté dispuesta a defender a su patria, no le quieran dar la comunión , que posiblemente no le nieguen a alguna que otra señorona que tenga una conducta muy lejos de ser la conducta moral y patriótica de esa miliciana. 
Así que todos los pecados están perdonados, menos el pecado de ser revolucionario, menos el pecado de ser patriota, menos el pecado de estar dispuesto a dar su vida por su país, y por su pueblo, y por su clase humilde. Todas las inmoralidades, todos los robos y todos los crímenes están perdonados, y en cambio no se perdona ser patriota, ser revolucionario. ¡Qué lejos están de las verdaderas enseñanzas de Cristo! ¡Y qué bueno estaría que recordaran aquel Cristo que le lavó los pies a la Magdalena!  
Y estas son las realidades, sin que nadie se alarme. Nosotros razonamos, nosotros no vamos a inculcarle a nadie una idea por temor a nada. Varios años de mi vida los pasé en colegios de religiosos; conozco bien cómo se inculcan las ideas; recuerdo muchas cosas.  No se usaba, por lo general, un método de razonar. Hubo muchas cosas que me costaba trabajo enormemente comprenderlas; sobre todo, cuando leía la historia, las lecciones de la historia. Y sé bien cómo se usan las armas de la fe, la fe del creyente; y se han usado muchas veces en la historia en un sentido negativo, en un sentido antisocial, es decir, con un sentido político determinado; y cómo la reacción y la contrarrevolución, vencida en el campo económico, y vencida en el campo social, ha tratado de penetrar como un virus maligno en el campo de la fe, ya que no teniendo otra razón a la cual asirse, trata de asirse a la fe de los seres humanos para volverlos contra el progreso de la humanidad, y contra el progreso de los pueblos, y contra los intereses de los pueblos.
Y hay muchas armas que se usan y que tienen ciertos poderes, sobre todo cuando el ser humano no ha llegado a ese completo dominio de sí, que lo haga capaz de razonar fríamente, serenamente, valientemente y justamente, porque digo aquí que tal es el apego que se llega a sentir por la verdad y por la justicia, que si a mí me amenazaran con todos los males de este mundo y con todos los males del otro mundo, me amenazaran con lo que me amenazaran, y me pintaran el peor de los destinos si no renunciara a la verdad, yo diría exactamente igual que dijo aquel indio al que le ofrecieron bautizarlo mientras prendían la hoguera en que lo iban a quemar vivo; aquel heroico indio Hatuey, el primer cubano que tuvo la oportunidad de ver ciertas cosas difíciles de comprender, y que al ofrecimiento que le hicieron respondió:  “si esos van al cielo, yo no quiero ir al cielo”. 
El Gobierno Revolucionario ha deseado y desea evitar estos tipos de conflictos. Mas, si el Gobierno Revolucionario se viera envuelto en conflictos de esta índole, nunca sería su culpa.  El Gobierno Revolucionario ha hecho honestamente todo lo posible por evitar estos conflictos; y el Gobierno Revolucionario nunca estará contra el sentimiento religioso. El Gobierno Revolucionario nunca estará contra ninguna iglesia; el Gobierno Revolucionario no entrará a discutir cuestiones de doctrina religiosa. 
Y si el Gobierno Revolucionario se ve obligado a tomar medidas contra los que quieren destruir a su país, y quieren destruir a su Revolución, serán medidas contra fariseos, serán medidas contra farsantes, serán medidas contra hipócritas, medidas contra “sepulcros blanqueados”, y no medidas nunca contra ninguna religión ni contra ninguna institución de ese orden.
El Gobierno Revolucionario proclama esta postura, porque es su sincera postura. Y el pueblo, que sabe mucho, comprende perfectamente bien que esta es la postura correcta. Pero, sin embargo, el pueblo debe saber, y el pueblo comprende también que la Revolución, ante los ataques gratuitos de sus enemigos y sus detractores, debe defenderse; y el pueblo sabe que la Revolución se defenderá. 
Y nosotros estamos conscientes de lo que estamos haciendo; nosotros lo sabemos, lo sabemos todos nosotros; sabemos quiénes son nuestros enemigos de hoy y de mañana; nosotros sabemos las luchas que tenemos delante, y las afrontaremos serenamente; nosotros sabemos quiénes estarán siempre contra nosotros y quiénes estarán siempre junto a la Revolución. Y nosotros estamos listos para todas las luchas; a nosotros no nos arredran las campañas internacionales; nosotros sabemos que el imperialismo ha hecho todos los esfuerzos, y ha utilizado todas sus influencias, para arrastrar a la alta jerarquía de la Iglesia Católica contra la Revolución, para servir a sus fines en toda la América y en todo el mundo, para movilizar la opinión católica en todo el continente contra la Revolución Cubana. Allá, donde no han vivido nuestra experiencia; allá, donde no tienen más información que la de la UPI y la de la AP; allá, donde han clausurado incluso hasta la agencia de Prensa Latina; podrán ellos engañar y confundir a sectores de los pueblos de América Latina, presentando a la Revolución contra la Iglesia. 
Y valiéndose de esa situación, y sabiendo el interés del Gobierno Revolucionario en evitar esos conflictos, algunos curas han extremado sus campañas, y han llegado a extremos realmente osados en sus actividades contrarrevolucionarias, alentando al terrorismo, alentando el crimen; alentando incluso el asesinato de los funcionarios del Gobierno Revolucionario; alentando manos criminales de esbirros ensangrentados. ¿Para qué? Para privarnos a nosotros de la vida, para privarles de la vida a los revolucionarios, para privarles de la vida a los verdaderos patriotas. 
¿Y qué creen? ¿Que nosotros pertenecemos a esos hombres que, puestos en la disyuntiva de luchar, rehuimos la lucha? ¿Creen que pertenecemos a ese tipo de “hombres avestruces”, que ante los riesgos ocultan la frente para no ver los peligros? ¿Creen, acaso, que nosotros no sabemos medirnos con los que intentan aniquilarnos? ¿Creen que, acaso, nosotros no tenemos suficiente serenidad para razonar filosóficamente? Que cuando los hombres asumen un deber como el que hemos asumido nosotros, sabemos luchar frente a todas las contingencias, y sabemos, además, que una revolución es una lucha a muerte entre los revolucionarios y los poderosos intereses que se le oponen, y que en esa lucha a muerte, nosotros no nos arredramos, ni vamos a caer en la ingenuidad de dejar de actuar como corresponde actuar. Una revolución es una lucha larga y dura, y un revolucionario sabe que no puede retroceder un paso, un revolucionario sabe que retroceder en una revolución es perecer y, por tanto, ¡un revolucionario prefiere siempre morir avanzando a morir retrocediendo!  
Cuando un revolucionario verdadero cae, cae avanzando, y los revolucionarios verdaderos avanzan hacia todos los riesgos; los revolucionarios verdaderos se esfuerzan por conducir la lucha con inteligencia, no se dejan arrastrar por el impulso.  ¡No! Avanzan serenamente hacia su meta; usan la inteligencia y usan el valor. 
Para nosotros no hay más que un camino: ¡Llevar la Revolución hacia adelante, choquemos con quien choquemos!, ¡tengamos delante los enemigos que tengamos: el imperialismo y los grandes aliados del imperialismo!  Y si todos los poderes reaccionarios del mundo se unen para  chocar contra nosotros, no importa, ¡porque nosotros sabremos chocar contra ellos! y las medidas, las medidas que sean necesarias tomar, las tomaremos. 
A nosotros no nos extraña que un magistrado se vaya, no nos extraña que un obispo escriba cualquier cosa contra la Revolución. ¡Esas cosas no nos extrañan!  Pero, sépanlo de una vez los enemigos de la Revolución, allá ellos si se entusiasman más de lo que deben entusiasmarse; allá ellos si se engañan más de lo que deben engañarse, ellos saben con lo que cuentan, nosotros sabemos con lo que contamos y no vacilaremos. 
Así que de una vez, a todos, a toda clase de traidores, que no se preocupen que la Revolución sabrá salirles al paso.
Bueno es, ya que les hemos hablado a los frailes, que terminemos diciéndoles a los jueces, que si alguno queda por marcharse, ¡que se marche en buena hora! Nosotros sabemos que los hay también buenos, que hay buenos jueces y buenos magistrados. A esos buenos los necesitamos, porque tienen su función que realizar; pero los malos que no se hayan ido, ¡tengan la seguridad de que los vamos a botar!  Y después, que se vayan allá.  ¡Qué ridículos, a estas horas, después de dos años, cuando creyeron en los días deliciosos de los primeros meses que este era el país de Jauja, y que todo iba a seguir igual que antes, y que ellos iban a seguir siendo los mismos parásitos, y que ahora al cabo de 20 meses entonando un mea culpa, van allá, van allá...!, ¿a dónde van? A la humillación, a la desvergüenza, a la limosna, al millón que no les alcanza. 
Porque vamos a decirle de una vez para su información al gobierno yanki  que no se haga ilusiones, que con el millón no le va a alcanzar, porque aquí, señores, en Cuba, lo que se robaban esa gente, y lo que necesitaban para poder vivir todos esos parásitos que se han ido, era mucho más de 100, de 200 y de 300 millones de pesos. Que si el plan que tienen es recoger a todos los parásitos, que no se hagan ilusiones, que con un millón de pesos no les alcanza. 
Mil parásitos a 100 pesos mensuales, y allí la vida es cara, y el alquiler es caro y hay muchas cosas caras, allí, 1 000 parásitos a 100 pesos mensuales les costarían en un año 1 200 000 pesos, es decir, 1 200 000 dólares; 10 000 parásitos les costarían a 100 pesos —muchos de ellos no pueden vivir con 100 pesos, no están acostumbrados con 100 pesos—, 10 000 parásitos les costarían en un año, 12 millones de dólares cuando menos, y 50 000 parásitos les costarían 60 millones de dólares, y esos parásitos no están acostumbrados con 100 dólares. Lo advertimos, porque muchos de esos parásitos están acostumbrados a máquina, yate, buena vida, y necesitaban como... figúrense ustedes, 2 000, por ejemplo, vamos a poner un ejemplo. 
Cualquier señor de esos, cualquier magistrado de estos que vivía con 1 000 pesos, ¿lo van a sostener allí con 100 dólares? ¡Qué va!  Son capaces de pedir venir para acá otra vez. Así que le va a costar al imperialismo mucho más caro, que no se hagan ilusiones de que les va a costar un millón. 
¿Y saben las cosas que les pasa allí a estos señores? En estos días —nosotros leemos también los periodiquitos contrarrevolucionarios—… Y entonces aquí vimos una carta en uno de estos periódicos contrarrevolucionarios, en un escrito que dice: “¿Por qué no se escriben estas cartas del coronel Esteban Ventura al premier doctor Miró Cardona?” 
Entonces sugiere uno de los editores de este periódico contrarrevolucionario, le sugiere a Ventura que le haga esta carta a Miró Cardona. Valdría la pena revisar algunos párrafos, porque da idea de la deshonra y de la desvergüenza y de la humillación que todos estos traidores van a pasar allá, porque los esbirros, al lado de ellos, se sienten personas decentes; porque los esbirros, que aquí asesinaron a 20 000 personas dicen: Bueno, nosotros teníamos la razón asesinando a esa gente si eran malos, y ustedes han venido aquí, ahora, a decir que son malos. 
Los esbirros, ¿cómo se siente un esbirro al lado de un desertor, al lado de uno de estos magistrados? Pues se siente un héroe, se siente un personaje, se siente un señor decente. Y, entonces, en un periódico contrarrevolucionario de los esbirros, sugieren que Ventura le escriba esta carta a Miró:
“Distinguido Profesor:  Como usted está reputado de gran criminalista, maestro de maestros, y yo de criminal, y criminal de guerra, me creo en el deber de dirigirme a usted para confesarle mis culpas y mis errores, con la misma sinceridad que usted al reconocer que aquello es comunismo. Y rogándole a Su Excelencia me disculpe este atrevimiento de invitarlo a revisar los errores de mi causa, entre los cuales ha de encontrar, tal vez, el insigne jurista, la causa de sus errores. 
“Pero disculpe sin reservas mentales, como yo lo disculpo a usted, por haber visto veinte meses después lo que yo vi cuarenta meses antes, que aquello es comunismo. 
“Esta carta no tiene otra finalidad que nombrarlo a usted mi abogado defensor en la causa de los 20 000 muertos, defensa 'sui generis' que no hará de mí el inculpado, sino de usted, el implacable inculpador. Y una vez exonerado usted, verá cómo yo también quedaré comprendido dentro de los beneficios de la exoneración; pues puede usted estar seguro, eminente criminalista, que en su defensa está mi salvación. 
“Profesor, yo no era más que un simple oficial de policía, al mando de una demarcación, y cuidaba con celo la tranquilidad y la paz de los vecinos que dormían bajo la custodia a mi encomendada.  Yo no era político, yo no tenía aspiraciones, ni siquiera la ambición de ascender dentro del cuerpo al que pertenecía desde hacía muchos años.  Pero, empezaron a sonar bombas en mi demarcación, y ya los vecinos bajo mi custodia no podían dormir tranquilos. Desde el primer momento comprendí que aquello era comunismo, y me di a la tarea —en vez de irme a Miami— de combatirlo por todos los medios, de ahí que, a medida que ellos aumentaban su violencia, yo aceleraba los métodos represivos. Pero lo hacía a sabiendas de que aquellos malvados lo que querían era adueñarse de Cuba —como lo hicieron—, para esclavizarla. 
“El público acostumbra a mirar estas cosas con el concepto simplista del que entra en un cine, y la propaganda roja de los 20 000 muertos, me convirtió —con la ciega ayuda de ustedes, los prohombres ilustres de Cuba— en el malo de la película, pudiéndole asegurar que llegué a alcanzar un ranking, una categoría insospechable, y mi nombre se cotizó entre las altas cumbres del estrellato, como el de las figuras estelarísimas de la cinematografía:  Frankestein, Drácula, Ventura. 
“Cuánta injusticia, Profesor. Yo, que siempre detesté el terror, me convertí en el malo de la película, por combatir el terror con el terror. Porque yo era un hombre que creía en el derecho, ese derecho que usted explicaba en la universidad; yo creía en la ley, esa ley que usted enseñaba con singular maestría a sus discípulos; yo creía en el orden, ese orden que no puede existir sin la cantera que constituyen los basamentos de su asignatura. A veces, por evitar que otros cometieran monstruosidades, las cometí yo, y la sociedad que yo defendía y preservaba, no me lo agradeció, porque lo que a otros aplaudía me lo criticó a mí. Por eso, usted llegó a ser uno de los buenos de la película, porque yo presentaba a los tribunales a un terrorista, y usted, el eminente criminalista, los defendía y los sacaba absueltos, con el beneplácito y el aplauso de una mayoría.  Esto hizo que los criminales pudieran más y triunfaran. Cómo no habrían de triunfar, en un país donde un desventurado Ventura persigue a los criminales, y un venturoso Miró Cardona los defiende, los criminales tienen que triunfar, porque es la cátedra al servicio del crimen, es la toga sirviendo de capuchón a los terroristas y al terrorismo. 
“Un abogado de su talla, Dr. Miró Cardona, es capaz de probar que los criminales son los policías, y los policías son los criminales, y en vez de erradicar el crimen, erradicar la policía, como ocurrió en Cuba veinte meses antes de que usted se percatara de que aquello es comunismo, y cuarenta meses después de percatarse este modesto y desventurado servidor de Su Señoría. 
“Tal vez, de todo lo que haya ocurrido en Cuba, tengamos usted y yo, gran parte de la culpa, por haber sido yo un poco Miró Cardona; y usted, por haber sido un poco Ventura. Yo, por defender el derecho contra los que atentaban contra el poder; usted, por defender a los que mataban, desde la oposición primero y desde el poder después, y por defender el poder junto a los que estaban contra el derecho. Usted, porque me quiso matar y no pudo; y yo, porque lo pude matar y no quise.  Como pude matar a todos los jefes comunistas, embozados bajo el antifaz del 26 de Julio, a todos, con excepción del Che Guevara, que es el único que no fue mi prisionero, pero todos los demás, desde Fidel hasta el último, pasaron por mis sangrientas manos de monstruo de película. 
“Defiéndame, ilustre jurisconsulto, brillante letrado, eminente jurista, maestro de maestros; pero no me defienda diciendo que yo me equivoqué, sino diciendo que usted y muchos, se equivocaron.  No base su defensa en lo bueno que yo soy; básela en lo malo que han sido todos los que usted defendía. Dígale al mundo y a la historia que Fidel Castro es peor que Esteban Ventura, porque Ventura persiguió a los que perseguían, le tiró a los que tiraban, mató a los que mataban, trituró a los que trituraban, desbarató a los que desbarataban, y asesinó a los que asesinaban.  Que si alguna excepción hubo, muy lamentable, debe cargársele también al que con su violencia obligó a la violencia, mientras que Fidel Castro, su hermanito Raúl, y todos los criminales que le rodean, han asesinado con placer morboso, a cuantos se han opuesto al comunismo vil y traicionero, que ha entregado la soberanía de Cuba al despótico imperialismo ruso. Usted como premier los defendió a ellos, a ellos que implantaron el comunismo. Para mí, que cuanto hice fue para evitar que lo implantaran, no hubo un Premier que me defendiera. 
“Defiéndame usted, supermán de la abogacía. El mundo es ancho y ajeno, y aquí estamos los dos en el exilio, por idénticas razones, de igual a igual, y perseguidos por los mismos enemigos. 
“Aquello es comunismo —dice usted ahora— y todos lo creemos. Esto es comunismo decía yo, y pobrecito de mí, nadie me creía, ni el maestro de los maestros, este mismo cabizbajo profesor ilustre, que cuando le picaba aquí iba a rascarse allá, y ahora le pica allá y viene a rascarse aquí. 
“Profesor, nunca es tarde para arrepentirse en beneficio de la Patria, y yo sé que usted, con sinceridad, con valor, coraje y patriotismo, ha cambiado su toga de letrado eminente, por un equipo bélico, para adentrarse en las serventías de la muerte. ¡Ay, me parece estar viendo el equipo del guerrero criminalista:   un casco inglés con ojales de enfriadores refrescantes, una camisa verde olivo, un pantalón también verde olivo con refuerzo de naylon, unas botas, y encima de todo una armadura de gran caballero, como corresponde a su investidura, toda de acero, a lo Lord, una lanza, un termo y una gruesa libreta para escribir el Diario de Campaña en las serventías de la muerte! Esa es la última Ley de efecto retroactivo del notable jurista, o es algo más, la retroactividad del profesor hacia los días de Ventura.
“Ahora es él el que tiene que matar comunistas; ya yo rebasé esa etapa.  Ahora yo quiero la Ley, el derecho, la Cátedra. Y la Cátedra es usted, doctor; no me abandone otra vez. ¿Por qué no fue un día a la Quinta Estación, para haberle proporcionado todo lo necesario para matar comunistas?  Doctor, ahora no lo haga; mire, no se lo agradecen; lo critican, lo calumnian y le inventan ochenta mil muertos. Aproveche que en Cuba se está llevando a cabo la 'Operación Vaca', y siga mi consejo: que los mate un toro. 
“Por favor, ahora que yo me estoy volviendo un poco Miró, no sea usted tan Ventura, que los extremos se tocan, como nos hemos tocado usted y yo, en este Miami de tan dulce y apacible quietud, comparable únicamente a la quietud apacible que circunda las serventías de la muerte. 
“Aquello es comunismo, ¿verdad?, pues defiéndame, que en su defensa está mi salvación, y mientras, disponga cuando guste, aquí, en las serventías de la vida, de su humilde y desventurado admirador, Esteban Ventura Novo.” 
Ese es el destino de los traidores, y eso es lo que han cambiado los traidores, los desertores: el respeto de su pueblo, la admiración de su pueblo, por la ironía de los peores criminales y los peores sujetos. Eso es lo que tienen que soportar allí, y que con todo derecho les digan, y que hasta Ventura, o quien trata de interpretar el pensamiento de Ventura, se presente ahora como un héroe, justificando todos los crímenes cometidos. Eso es lo que tienen que aguantar allí, que les pase como le pasó al tal Raúl Chibás, que lo primero que hicieron al llegar a Miami, fue darle dos galletas, por haber estado presidiendo los Tribunales Revolucionarios. Y así les pagan a los traidores. Ellos se quieren presentar decentes ante los esbirros, y los esbirros se quieren presentar decentes ante ellos. 
A eso es a lo que han renunciado, al honor de estar aquí luchando por el pueblo, al honor de estar aquí creando bienestar para el pueblo, al honor de estar aquí escribiendo la historia, al honor de estar aquí con un arma en las manos dispuestos a pelear y a morir con honor. A eso han renunciado, por el papel triste de los cobardes, de los miserables, para llegar a ser sujetos degradantes, de la risa, la burla y la ironía de los que derrotamos ayer combatiendo, de los que mantenemos hoy a raya, y de los que derrotaremos mañana, una y mil veces, cuantas veces traten de regresar a la patria; y nosotros seremos siempre ante nuestros enemigos, ¡vencedores!; y los desertores, los desertores y los traidores, serán ante los enemigos de ayer humildes arrodillados, infelices víctimas de la burla, y de la risa. ¡Ese es el sempiterno premio que reciben los traidores! 
Y bueno es que recordemos estas cosas, porque nos queda un trecho largo de lucha por delante, nos queda lucha por delante, lucha dura. Nosotros nunca habíamos creído que la lucha terminaba el Primero de Enero, y nos sonreíamos ante aquellas multitudes de oportunistas, que se aparecían por dondequiera; nos sonreíamos ante los ilusos, porque nosotros éramos hombres de lucha, llevábamos muchos años luchando, y sabíamos que eso no era más que una tregua, que habría todavía mucha lucha por delante. Y, en definitiva, eso no nos preocupaba, porque esa era nuestra misión y nuestra obligación. 
Queda mucho de lucha por delante. Y así, después del Primero de Enero de 1959, muchos compañeros han ido sacrificándose, han ido cayendo en el cumplimiento del deber. Uno de ellos, nuestro compañero Camilo, que mientras trajinaba de La Habana a Camagüey, a raíz de la traición de Hubert Matos, perdió su vida; y el más reciente, el compañero Fajardo, que también murió cumpliendo el deber. 
Y sabemos que hay mucho de lucha por delante. Y el año que viene va a ser un año bueno, va a ser un año bueno en todos los órdenes: de lucha en la producción, y de lucha revolucionaria; de lucha contra los terroristas, y de lucha contra todos los intentos subversivos del imperialismo.  ¡Preparémonos para el año que viene, que es el Año de la Educación, y el año de la consolidación de la Revolución, y el año de las grandes batallas de la Revolución, de las grandes luchas de la Revolución, contra los enemigos que sean, con cuantos enemigos sean, por poderosos que sean, y con el pueblo, con los que de verdad estarán con la Revolución hasta el final, porque pasan por diecisiete tamices, y por otros diecisiete tamices más! y tenemos que ir templando el espíritu para la lucha venidera. 
Aquí tendremos pronto otra reunión, el día primero de enero; no el día 10 porque viene la conmemoración del Año Nuevo, pero vamos a conmemorar durante dos días, el 10 y el 2: la victoria de la Revolución. Y el día 2, desfilará el pueblo armado; y conmemoraremos el día 2 con un gran desfile del Ejército Rebelde y de los batallones y las unidades de milicias ya entrenadas y organizadas. 
El 19 nos volveremos a reunir aquí, con los obreros azucareros, los cooperativistas cañeros y los colonos pequeños, para tratar la política a seguir durante la zafra; y será también una gran reunión.  Ya se están movilizando todos: se están movilizando los obreros, los cooperativistas cañeros y los colonos pequeños. A pesar de las maniobras de algunos colonos grandes, que están tratando de impedir la convocatoria de los pequeños colonos. Porque la FNTA y la Administración de Cooperativas Cañeras, sin ánimo de herir a nadie, convocaron a la reunión a los colonos; y, puesto que había un impasse en la organización de los colonos, convocaron a una asamblea a los colonos, para que democráticamente eligieran a sus delegados para venir aquí a reunirse con los obreros y con los cooperativistas cañeros. Y eso, además, se lo comunicaron a quien fungía como dirigente de esa organización. Pero, realmente, esa dirección ha estado influida no por los intereses de los pequeños colonos, sino como pasaba igual en otras organizaciones de productores, influida por los grandes colonos. 
Y, en realidad, nosotros entendemos que es correcto que los colonos se reúnan en asamblea, los pequeños colonos, que han sido beneficiados por la Revolución; que han sido librados del pago del 5% que hacían de renta de la tierra; que se han convertido en dueños de sus parcelas de tierra, y que la Revolución está en plan de ayudarlos. Que vengan aquí, a reunirse con los obreros de las industrias y con los cooperativistas cañeros, para discutir las cuestiones que a todo el pueblo le interesa, sobre el azúcar. 
Pero, antes de terminar, permítasenos decir algo de lo que había sido el motivo de esta reunión, que tal vez algunos piensen se nos había olvidado ya. 
De dos cosas nosotros queríamos hablar. Una noticia, para desilusionar un poco al pueblo, que es la siguiente.  Sí, porque a veces hay que desilusionar también, sobre todo cuando cometemos el error de ilusionar; y en este caso debemos confesarnos culpables de un error que hizo despertar algunas ilusiones; porque ustedes saben lo que es la imaginación del pueblo, el pueblo es inteligente pero también tiene mucha imaginación. Y nosotros somos responsables de que se hayan creado unas tremendas ilusiones con el problema del plus de Navidad. 
Nosotros explicamos que frente a las afirmaciones de los contrarrevolucionarios de que les íbamos a quitar los aguinaldos, dijimos que no solo era falso, sino que íbamos a respetar todos los convenios existentes. Es decir que todo lo que se haya pagado por concepto de aguinaldos el año anterior, en cualquier empresa, el Gobierno Revolucionario lo pagará este año también, por concepto de plus. Es decir que, en primer lugar, ningún sector obrero será sacrificado en cuanto a los beneficios que en ese sentido haya obtenido; pero que no solo eso, sino que íbamos a acordar un plus de Navidad para todos los trabajadores. 
Eso, naturalmente, con el deseo de adelantar cuáles eran nuestras intenciones, pero cometimos un error. El resultado ha sido que todo el mundo se ha hecho tremendas ilusiones con el plus, de donde va a resultar que por estar adelantando sobre ese particular, va a resultar contraproducente y negativo, ya que al hacerse la gente grandes ilusiones, después, pues no se hace. La culpa la tenemos nosotros, y lo decimos aquí con sinceridad. Nos servirá de experiencia, para la próxima vez no estar adelantando noticias de ninguna clase. 
A pesar de que nosotros dijimos que íbamos a acordar dar un plus para todos, aunque fuese modesto; es decir, algo para todos. ¿Qué queríamos decir? Que no se quedaría ningún obrero sin su plus de Navidad. Está el que daba el gobierno, que lo dio el año pasado y lo dará este a los empleados públicos; están los que ya tenían plus; pero están los que no recibían nada, nada, para ese día. Y entonces, nosotros creíamos que era justo que a todos se les diera, por lo menos lo necesario para poder también tener su cena en la Nochebuena. 
¿Qué pasó? Que la gente no hace cálculos. Muchas personas no sacan cuenta; les gusta más mirar con los deseos que con la razón.  Y cuando se trata de 2 millones de obreros, hay que sacar la cuenta.  Cualquier cantidad, por pequeña que sea, cuando se trata de 2 millones de obreros, se eleva a una suma enorme de millones. Multiplíquenlo por dos nada más, y ya son cuatro millones; multiplíquenlo por cinco, y ya son 10 millones. Hubo personas que pensaron en un mes, en medio mes, ¡sin darse cuenta de que multiplicar dos millones por cien son doscientos millones! Es decir que no sacaron cuentas. 
Sí, el Gobierno Revolucionario desea aportar una mejora al pueblo, pero, ¿qué habríamos hecho con todo el esfuerzo realizado, con todos los aportes que ha hecho el pueblo para armas y aviones, para “Operación Vaca”, para la reforma agraria, y que en un solo día pues, se gastara el triple, diez veces, veinte veces más que todo eso?  Eso estaría en contradicción con la política que se ha estado siguiendo. 
De todas maneras se va a dar, pero lo que se puede dar este año es muy poco, es muy modesto.  Eso es lo que nosotros queremos decirles. Y no para resolver los problemas, lo suficiente para comprar un pedazo de lechón, o de pavo, o de pollo —digo lechón, sí, porque hay lechón también en esta Nochebuena—, comprar la cena; no para resolver los problemas; que, de todas maneras, por poco que sea, ¡multiplíquenlo por dos millones y verán que son muchos millones!  Este año será muy modesto, el año que viene un poco más, y el otro año un poco más; todos los años será un poco más, y lo podremos dar como consecuencia del aumento de la productividad. 
Será, de todas maneras, un esfuerzo que hace la nación, un gasto que hará la nación, y que nosotros entendemos que puede hacerlo y debe hacerlo, sobre todo para ayudar a aquellos que no recibían nada. Y hemos procurado que lo reciban todos, hasta los cooperativistas, todo el mundo. Todo el mundo va a recibir algo, muy poca cosa, pero tiene de bueno que es todo el mundo; no se va a quedar nadie sin recibir algo. Y que eso constituye un esfuerzo. 
No podemos obrar el milagro de fabricar millones de pesos, porque eso sería un engaño. Esa era una de las cuestiones que tenia interés en explicar aquí. Dentro de dos o tres días se acordará esa poquita cosa, que será el plus para todos. 
También tenemos que aclarar algunas cosas. Se han hecho todos los esfuerzos por adquirir juguetes, y los juguetes van a tener precios mejores, es decir, más baratos que los años anteriores. 
También para las Navidades hay una gran producción de aves. Tenemos ya cerca de 400 000 pollos congelados, y 50 000 pavos en vías del matadero, y varias decenas de miles de cerdos.  Habíamos ofrecido la vez anterior que se acabaría la escasez de huevos para mediados de mes, y todavía tardaremos de 10 a 15 días más.  No es mucha la diferencia, pero cumplimos el deber de explicar esto también. Pero que todo marcha a pedir de boca, en cuanto a los planes de producción.  Además, entendemos que estas van a ser las Navidades mejores y con más poder adquisitivo por parte del pueblo, porque hay, desde el triunfo de la Revolución, unas 200 000 personas más trabajando. 
Así que con este pequeño plus, pues, serán varios millones de pesos más que van a circular y que hemos procurado tener las existencias necesarias para estos días. 
Lo otro que nos falta es el problema de los círculos sociales obreros y de los círculos infantiles, que para eso nos habíamos reunido aquí hoy, y que —no vayan a creer que vamos a hablar muy extenso sobre eso, sino muy breve— es una iniciativa que ya está en plena marcha.  Ustedes están informados:  sobre esto nosotros queremos, fundamentalmente, aportar una noticia y explicar algo, algo de lo que empezamos a explicar al principio, pero que por el camino tuvimos necesidad de ir explicando otras cosas, ya que hay que aprovechar estas ocasiones, y fue quedando para lo último. 
Los círculos sociales son, sencillamente, la expresión de una nueva realidad en nuestra patria.  Antes, ¿quiénes tenían círculos sociales?, ¿quiénes tenían fiestas?, ¿y quiénes tenían clubes?, ¿quiénes practicaban deportes?, ¿quiénes iban a las competencias?, ¿quiénes hacían natación?  En fin, ¿quiénes? Una minoría del pueblo: los que tenían recursos. 
En todos los pueblos siempre había la colonia tal, el círculo tal; en todos los centrales había la “sociedad”. Ni el obrero cañero ni el obrero azucarero en el central podían ir a la sociedad; era una sociedad privilegiada, en todas partes. En todos los pueblos había una sociedad con discriminación, una sociedad para los ricos, y los pobres no tenían ningún medio de recreo ni de deportes. 
Claro, como los ricos no son grandes atletas, Cuba hacía un papel ridículo en toda competencia internacional.  En las olimpiadas, daba vergüenza ver el lugar que Cuba ocupaba, porque esa gente, acostumbrada a vivir bien, no tienen espíritu de sacrificio para ser buenos atletas. Los buenos atletas deben salir del pueblo, los buenos atletas deben salir de las clases trabajadoras, los buenos atletas deben salir de las clases humildes del pueblo, porque son capaces de sacrificarse, de ser constantes, de ser tenaces, de tener todo el entusiasmo y todo el interés que se requiere para ir a una competencia y triunfar. Y, además, los grandes atletas tienen que salir de la masa. 
Y el pueblo no practicaba deportes; el deporte era una actividad de “señoritos”; por lo general los únicos ciudadanos pobres que luego aprendían a jugar pelota, a hacer deportes, era, por ejemplo, en los centrales, de donde salían peloteros, porque con un bate y una pelota allí se hacían atletas a la fuerza, y pasando mil trabajos llegaban a las Ligas Mayores. 
Es decir, solamente en algunas ramas del deporte surgían atletas del pueblo, algunos boxeadores. Pero no surgían en gran escala, no surgían masivamente. Y nosotros nos proponemos desarrollar el deporte, las actividades artísticas, culturales y deportivas del pueblo; facilitar al pueblo sus centros de recreo y de esparcimiento. Es decir, llevar al pueblo lo que antes tenía una minoría, lo que tenía un grupito de familias acaudaladas en nuestro país. 
De ahí surgió la idea de la creación de los círculos sociales obreros. El primer círculo social obrero fue el Cubanacán, antiguo... creo que Biltmore. No me acuerdo, por lo general, de cómo se llamaba la cosa. Y se creó el primer círculo social; hicimos los primeros ensayos, se hicieron las primeras cuotas; y, en fin, comenzó a desarrollarse la idea, y ya la idea es una realidad, con el entusiasmo que le ha dado el compañero Ministro del Trabajo y los compañeros de la CTC revolucionaria. 
Vamos, en el próximo año, a crear 300 círculos sociales obreros.  Ya hay varios cientos de compañeros de la construcción, maestros de obras, estudiando los planos, desde hace varios días. Y en el mes de enero vamos a empezar la construcción de 300 círculos sociales obreros. Y, además, vamos a crear los círculos infantiles. 
Vamos a explicar esto. En los círculos obreros y los círculos infantiles, el problema fundamental era cómo iban a sostenerse esos centros. En el Cubanacán habíamos puesto una cuota, una escala; pero siempre, cuando se establece una cuota, hay un problema de cobro:  se requiere todo un aparato para cobrar. Hay el caso del socio moroso que no paga, y, en fin, se establece un mecanismo muy complicado.  Además, estaba el caso del obrero eventual, que estaba un mes, o dos, o tres, sin trabajar; ese mes no podía pagar la cuota; era un problema. 
Por otro lado, no se podía pensar en establecer nuevas contribuciones, puesto que todavía el pueblo, los trabajadores, no pueden comprender bien los extraordinarios beneficios de sus círculos sociales. Y podía parecer un gravamen sobre los trabajadores.  Se estuvieron planeando distintas iniciativas; una iniciativa de los compañeros de la CTC de trabajar un día feriado, es decir, un día que no estuviesen obligados a trabajar, para entregar el aporte de ese día a los círculos sociales; se había pensado en el día 7, pero como la reunión del día 6 se pospuso para hoy, no se había discutido con la masa, no se había explicado, no se había discutido con el pueblo, y nosotros sugerimos que buscáramos otra fórmula para discutirla. 
En la Comisión de Finanzas han estudiado distintas proposiciones. Nosotros, dándole vuelta a este problema de cómo resolver económicamente la cuestión de los círculos sociales obreros y los círculos infantiles, hemos creído encontrar una fórmula que les vamos a proponer aquí a todos ustedes, que son la representación de todos los sindicatos del país. 
Pero, antes queríamos explicar el propósito de crear los círculos infantiles al lado de los círculos obreros. Los círculos obreros serán lugares donde habrá bibliotecas, centros deportivos, tendrán los profesores de educación física, deportes, todas las actividades recreativas; fiestas, actividades culturales, actividades artísticas, bibliotecas, en fin, todo ese tipo de actividades que servirán para hacer mejor la vida de los obreros los días de descanso, los días de fiesta. Y todo eso lo vamos a coordinar con un programa nacional de turismo y de vacaciones. Estamos estudiando un plan para establecer las vacaciones, en vez de una vez por año, 20 días cada 7 meses.  Sépase que, por ejemplo, en Estados Unidos muchos obreros lo que tienen es una semana de vacaciones al año, y durante los primeros años no tienen vacaciones.  Nosotros vamos a poder establecer 20 días cada 7 meses. 
Pero, además, estamos estudiando un plan en todas las industrias nacionalizadas para conceder premios especiales, de una semana de vacaciones pagadas para el obrero y sus familiares, como premio a los obreros que más se esmeren en el trabajo, como premio a la conducta en el trabajo.  Pero, los círculos sociales obreros queremos vincularlos a todos los centros turísticos del país.  ¿Y qué queremos? Que cada obrero, socio del círculo social obrero, cuando va, por ejemplo, de vacaciones, y se encuentra una cabañita muy bonita en cualquier centro turístico, si es un obrero que, por ejemplo, gana 90,00 pesos, y esa cabaña vale 4,00 pesos, que él pague 2,00 nada más, es decir, el 50% de lo que paga. 
Y así, vamos a hacer una escala. Porque, ¿qué ocurre con un centro turístico? Vamos a suponer que tenemos a veces una casa, cabaña grande, dos habitaciones, que se le pone un precio de acuerdo con los costos, por ejemplo, de 8,00 pesos, o de 6,00 pesos; moteles, 5,00 pesos. Bueno, comparado con los precios de antes, son precios bajos; pero todavía no están al alcance de un obrero que gana 90,00 o gana 120,00 pesos. ¿Cómo resolver ese problema? Pues, sencillamente, establecer unos precios. Todo el que pueda pagar, que tiene un ingreso alto, que tiene un ingreso de 300,00 o 400,00 pesos, que pague los 8,00 pesos, o los 6,00 pesos; pero si es un obrero que tiene ingresos reducidos, es justo que pague menos. 
Y eso es lo que nosotros queremos organizar, por ejemplo, a través de los círculos sociales. En todos los centros turísticos va a haber albergues donde cualquier obrero puede ir por un peso; ¿quiere pasarse una semana?: 7,00 pesos. Incluso, en esos albergues, un obrero que gane 90,00 pesos se presenta con su carné del círculo social obrero y paga 0,50 centavos. Y si va con su familia la rebaja es igual en los hospedajes; la comida tiene toda precios populares. La rebaja en todos los sitios para dormir, todos los albergues, moteles, hoteles... Viene un obrero del central azucarero, de cualquiera de los centrales nacionalizados viene a La Habana, quiere ir al hotel Habana Libre, quiere ir al Hotel Nacional, y vale, por ejemplo, 5,00 pesos, él llega con su carné y recibe su correspondiente rebaja del 50%, o del 40%. Va con su familia, y lo mismo. 
Por lo pronto ya ser socio del círculo social obrero les va a significar a los obreros rebajas que serán: cuando ganan menos de 100,00 pesos, el 50%; de 100,00 a 150,00 va a tener el 40%; de 150,00 a 200,00 va a tener el 30%; de 200,00 a 300,00 va a tener el 20% de rebaja; y el que gane más de 300,00, y ya es socio de un círculo social obrero va a tener el 10% de rebaja. 
Es decir que todos los maestros, todos los empleados públicos, miembros de las fuerzas armadas, obreros, todos van a tener los beneficios. Vamos a poner el caso de un compañero de la policía que gane 115,00, 120,00 pesos, va a un círculo social obrero, se casa, va de luna de miel, quiere pasarse tres días en Varadero o en la Ciénaga de Zapata, y entonces va a un motel que vale 4,00 pesos, ¿cuál es la rebaja que le hacen? Del 40%. El es socio también del círculo social obrero  y, entonces, ¿cuánto tiene que pagar? Tiene que pagar 2,40 en esa habitación; basta con presentarse con su carné del círculo social obrero. 
Esa es una de las ventajas, además de todas las fiestas, en las playas. Un socio de un círculo social obrero, es socio de todos los círculos de toda la isla; puede ir al Cubanacán, puede ir al “Martí”, puede ir al centro de recreación infantil “Camilo Cienfuegos”, puede ir a cualquier círculo social obrero.  Si quiere va al que está cerca de su barrio, si quiere se va con su familia a la playa, que allí tiene todos los beneficios que tienen los socios allí del circulo Cubanacán. 
Aparte de que en los círculos sociales obreros se va a desarrollar extraordinariamente el deporte y la cultura de los trabajadores y del pueblo. Los círculos nuestros no son exclusivistas. Hay un rico por ahí —que quedan muchos ricos— que quiera... hay un rico que quiere ser socio del círculo social obrero, tiene su tarifa allí. Y ya sabe, por 20,00 mensuales ya sabe que tiene los círculos sociales obreros también; los círculos sociales obreros no son exclusivistas, eso es para los ricos. 
Así que la vida cultural y la vida deportiva se va a desarrollar extraordinariamente. Todas las fiestas, que serán fiestas con moralidad, con decencia, con orden, porque el pueblo en las playas públicas ha demostrado que tenía mucha más decencia y sabía comportarse con mucho más orden de lo que se comportaban aquellos que negaban la decencia del pueblo, y que decían que el pueblo no era decente , y decían que el pueblo era chusma —no le decían pueblo, decían la chusma, decían el populacho—, y, claro, el pueblo en las playas públicas ha demostrado que se comporta con mucho más orden, porque, incluso, en las playas públicas ni se toma, y en los círculos sociales obreros eso estará muy regulado. No vamos a llevar las cosas a un puritanismo tan completo que se de una fiesta y no se tome ni una cerveza; pero eso sí, día limitado como día de fiesta, sábado y domingo, y nunca más de las 6.00 de la tarde los domingos.  Así que todo eso estará bien regulado. 
Ya para el año que viene, ¿dónde celebraremos las Navidades, el Año Nuevo? En 300 círculos sociales obreros que vamos a hacer en el próximo año. Además, numerosos obreros trabajarán en esos círculos sociales, numerosos maestros, numerosos profesores de educación física y de distintas actividades artísticas y deportivas. Van a ser centros de empleo para miles de personas. 
Junto con los círculos sociales obreros vamos a crear los círculos infantiles. ¿Qué son los círculos infantiles?  Pues, sencillamente, les hemos querido poner este nombre, igual que en las granjas del pueblo; las granjas donde los niños van a desempeñar trabajos y actividades se van a llamar las granjas infantiles, y siguiendo esa idea que en las granjas del pueblo habíamos adoptado de llamarles a los centros escolares, el área de cultivo de los niños, granjas infantiles, el compañero Augusto Martínez nos propuso que también, por qué en los círculos obreros las áreas de niños, en vez de llamarlas creches, se llamaran círculos infantiles. Y nos pareció muy buena idea llamarlas círculos infantiles. 
¿Qué es círculo infantil? Lo vamos a explicar. Como ustedes saben hay muchas señoras, muchas esposas de obreros, muchas trabajadoras que tienen hijos, donde el hijo se convierte en una verdadera tragedia para las obreras que tienen necesidad de ir a su trabajo. Si ganan un sueldo modesto, pues necesitan que alguien les cuide el niño.  Ya en eso se les va una parte considerable de su sueldo, o tiene que renunciar al trabajo, o algo más amargo todavía: tienen que renunciar a tener hijos. Y muchas familias no tienen hijos, porque esa obrera no tiene con quién atender a los niños, y no tiene dónde llevar a sus niños. 
¡Sí, ha habido magníficas creches!; el municipio tiene algunas.  Las personas pudientes no tienen problemas.  ¿Qué hacen las familias pudientes?  ¿Qué hacen las familias de ricos? Pueden tener un hijo, dos y tres, porque contratan una empleada, dos y tres empleadas del servicio doméstico, y yo quiero que ustedes sepan que hay casas por ahí en el Country Club, de siquitrillados que se fueron, que tenían hasta cinco personas trabajando en el servicio doméstico. 
Ahora, como una obrera, casada, que su esposo trabaja, que ella trabaja, y quiere tener hijos, pues no puede pagar dos empleados, muchas veces no puede pagar ni un modesto sueldo para empleados del servicio doméstico. Los contrarrevolucionarios, que sufren mucho con todas estas cosas que la Revolución hace, cada obra que la Revolución hace los hace sufrir mucho y empiezan a inventar problemas de tipo religioso, sentimentales, de todas clases, se dieron a la tarea de inventar el problema de la patria potestad. Una de esas cosas truculentas y absurdas, pero que en definitiva, ¿qué iban a decir? Nosotros dijimos: les vamos a quitar las empresas a los monopolios, les vamos a quitar las tierras a los latifundistas, vamos a quitar los privilegios a los privilegiados.  Bien.  Ellos sabían que el pueblo estaba plenamente de acuerdo con eso.
Ya se les había quitado todo eso, entonces dijeron: “No, que la Revolución les va a quitar los hijos a los padres.” Es una cosa absurda. Primero dicen: “este es un gobierno comunista”; después dicen: “este gobierno comunista les va a quitar los hijos, porque es enemigo de la familia, de todo”. 
En fin, ellos fabricaron toda su historia y toda su leyenda sobre el comunismo y después nos la aplicaron.  Resultaría curioso, por ejemplo, tanta campaña que han hecho contra el comunismo, y presentando al comunismo como enemigo de las familias, sería curioso que se vieran algunas películas soviéticas como las que están exhibiendo aquí en La Habana.
Nosotros, en primer lugar, no hemos oído decir que en ningún país comunista le hayan quitado los niños a nadie, en primer lugar, eso por delante; en segundo lugar, hemos visto algunas obras, algunas producciones cinematográficas soviéticas, que vale la pena verlas —con perdón de los arzobispos, si yo digo algo, por favor, de una película soviética; no sé si estaré cometiendo una falta muy, muy grave, pero bueno, que me perdonen. 
Ningún arte puede producir lo que no existe. El arte no se puede inventar, ni se puede fingir.  Sería bueno que se compararan algunas películas soviéticas con algunas películas americanas.  Nosotros hemos visto algunas películas como “El destino de un hombre”, “Seriocha”, cuyo argumento es la vida de un niño y, sinceramente, podemos afirmar que jamás habíamos visto películas tan entrañablemente humanas como esas películas, de un fondo tan hondo y tan profundo, tan fraternal y tan lleno de sentido humano, como jamás podrá producirlo el cine yanki. 
Las películas más salvajes, las películas más inhumanas, películas cuyas escenas son matazones de indios por el hombre blanco; matanzas de africanos por el hombre blanco; la apología del crimen, la apología del egoísmo, la apología del gangsterismo; las películas más salvajes, más inhumanas y más perturbadoras de la mentalidad del ciudadano y del joven y del niño son, sin género de dudas, las películas yankis. Pero nosotros aquí nunca habíamos tenido oportunidad de ver películas soviéticas, porque estaban prohibidas y, sencillamente, queremos expresar aquí que no habíamos visto nunca películas de un fondo tan humano, e invitamos al pueblo, para que sea el pueblo el único juez, y para que sirva un poco a fin de disipar esa nebulosa de mentiras y de falsedades con que a nosotros aquí nos estuvieron embutiendo miserablemente durante tantos años. 
Porque en muchas personas prenden estas mentiras por ignorancia, por falta de perspectiva, por falta de criterio para analizar las cosas y para ver.  En primer lugar, no hemos oído hablar de ningún país socialista que les haya quitado los niños a los padres. En segundo lugar, nosotros hemos hecho esta Revolución con métodos muy propios y con estilo muy propio. Y entre otros, el estilo de decirle al pueblo siempre la verdad con entera franqueza y con absoluta honradez. 
La contrarrevolución ya no tiene qué decir, ¿cómo confundir?, ¿cómo sembrar el miedo?, ¿cómo agitar un fantasma? Vamos a decirles que les van a quitar los niños a los padres. Lo primero que hemos hecho es darles hogar a miles de niños que andaban pordioseando por las calles y pidiendo limosna, y de los cuales ninguna familia de esas pudientes, ni nadie, se ocupó de darles una cama y darles un techo donde dormir. 
En segundo lugar, la Revolución ha estado ayudando a los hijos, incluso, de los hombres que nos combatieron, de los hombres que iban allí a combatir contra nosotros, y murieron combatiendo contra nosotros; hemos ayudado esos hogares, hemos ayudado esos niños. La Revolución les ha dado a todos los niños de Cuba maestros; ha llevado el maestro a los rincones más apartados de las montañas para enseñar a los hijos y para enseñar a los padres; ha hecho una ciudad escolar allí, en las mismas estribaciones de la Sierra Maestra. Una de las grandes preocupaciones de la Revolución es ayudar a los niños; darles a los niños lo que los niños no han tenido: escuelas, centros de recreo, medios de vida a sus padres y a ellos.  Y la Revolución compara su obra con la obra de la sociedad egoísta donde vivíamos; la Revolución quiere, no solamente proteger al niño, sino proteger el derecho de los seres humanos a tener niños, a ser padres. 
La sociedad egoísta en que vivíamos privaba algo más que la patria potestad, privaba a millones de personas humildes del derecho a traer hijos al mundo, del derecho a tener hijos. La sociedad cruel en que vivíamos le prohibía a una empleada del servicio doméstico tener hijos, la sociedad cruel en que vivíamos le prohibía a una obrera de humildes ganancias tener hijos; la sociedad cruel en que vivíamos le privaba a una viuda del derecho a trabajar, porque si era una viuda humilde, no tenía con quien dejar a sus hijos para ir a trabajar, y sometía a esa mujer a la peor situación, y la colocaba en los peores dilemas. 
Esa era la sociedad cruel en que vivíamos, que obligaba a muchas madres al hecho monstruoso de ir a llevar a su hijo al torno de la Beneficencia, porque no tenía donde llevarlo, porque no podía criarlo. En la sociedad inhumana y cruel en que vivíamos, solo tenían derecho a tener hijos, cómodamente, los ricos; los pobres que tenían hijos, lo pagaban en miseria, lo pagaban en el dolor de verlos descalzos, lo pagaban en el dolor de verlos mal alimentados, lo pagaban en el dolor de verlos sin médicos, lo pagaban en el dolor de verlos sin salud, lo pagaban en el dolor de verlos arrebatárselos por la epidemia, por la gastroenteritis, por el tifus. ¿Quién no recuerda los miles y miles de niños que morían solamente de las epidemias en los campos? 
La sociedad cruel en que vivíamos, en nombre de cuyos privilegios pretende acusar a la Revolución de querer privar a los padres de la patria potestad, era la sociedad cruel e inhumana que les asesinaba los hijos a las familias humildes, las obligaba a llevar hijos —a muchas jóvenes— al torno de la Beneficencia, y privaba a millones de mujeres al derecho sagrado y al derecho humano y al derecho natural a tener hijos y a ser madres. 
En nombre de esa sociedad cruel y egoísta, pretenden confundir y pretenden confundir a la Revolución, que va a consagrar el derecho de las madres a tener hijos; que va a consagrar el derecho de los humildes a tener hijos; que va a garantizarle a la familia humilde el derecho a que sus hijos crezcan sanos, saludables; que va a garantizarles la vida a los hijos de las familias cubanas, porque cada vida que salva la Revolución, cada niño que salva, que salvan esos médicos, que salvan esos hospitales, son hijos que hemos preservado para esas familias, hijos que hemos salvado para las madres. Y lo que la Revolución viene es, precisamente, a garantizar el derecho de cualquier mujer cubana a ser madre; no solo el derecho de las mujeres ricas, sino el derecho de las mujeres humildes, de las mujeres trabajadoras que no pueden pagar cuatro empleadas, ni una empleada para atender a sus hijos. 
Y los círculos infantiles vienen a ser eso, precisamente, el sitio donde cualquier mujer que trabaja y tiene un hijo, lo lleva cuando va para el trabajo y lo recoge cuando regresa del trabajo. ¿Puede una empleada del servicio doméstico que gana treinta pesos tener hijos? Sí. 
Vamos a imaginarnos una empleada del servicio doméstico que tiene un hijo. ¿Tiene que llevarlo al torno? No. Antes tenía que llevarlo al torno de la Beneficencia, o lo que es peor, no tenerlo. ¿Puede ahora tener un hijo?  Sí.  Por la mañana lo lleva al círculo infantil, cuando va a realizar su trabajo; por la tarde lo recoge.  ¿Cuánto le costaría que al niño le dieran la comida, lo atendieran los médicos, estuviera higiénicamente atendido, bien alimentado? ¿Cuánto le costaría a una obrera que gana menos de 40,00 pesos? Le costaría 0,10 centavos por día.  Son 20 días, pues paga 2,00 pesos. Cualquier madre paga gustosamente 2,00 pesos al mes, o 2,50 al mes, para no tener que llevar su hijo al torno de la Beneficencia.
Vamos a suponer que gana más de 40,00 pesos y menos de 60,00. ¿Cuánto pagaría? Pagaría 0,20 centavos al día.  Que gana más de 60,00 pesos, pero menos de 80,00, pagaría 0,30 centavos al día.  Gana más de 80,00, pero menos de 100,00, pagaría 0,40 centavos al día.  Gana más de 100,00 y menos de 120,00, pagaría 0,50 centavos.  De 120,00 a 130,00, pagaría 0,60 centavos. De 130,00 a 140,00, 0,70 centavos.  De 140,00 a 150,00, 0,80 centavos.  Más de 150,00 paga un peso.  El servicio que recibe esa muchacha modesta que gana 40,00 y 35,00 pesos, vale mucho más de 2,50 al mes, vale 15,00 o 20,00 pesos. Esa es una ayuda que ella recibe. Eso es lo que les garantiza a las madres el derecho a tener hijos. De otra manera tendría que tener una empleada para cuidarle el niño, más todos los gastos de la alimentación del niño, más el médico, más la medicina, todas esas cosas que va a recibir en el círculo infantil, donde están los niños desde uno hasta cinco o seis años, hasta que estén en edad ya de ir a las escuelas. Tendrían allí toda la atención, todos los juegos, en fin… le quitaría una gran preocupación. ¿Dígannos si es eso o no, un gran servicio que se les presta a las familias y a las madres cubanas? 
Esos son los círculos infantiles. Dejaríamos de llenar una gran necesidad si no acometiésemos esa tarea. No hacemos nada con hacer los círculos sociales obreros si no les resolvemos ese problema a las mujeres que trabajan. Eso, naturalmente, es un servicio extraordinario al pueblo, que decenas de miles de mujeres lo habrán de agradecer. Habrá madres que tengan que llevar allí dos y tres niños; una madre, pues, que tenga tres hijos menores de cinco años, pues los llevaría allí. Si es una mujer humilde y tiene pocos ingresos, paga muy poco por tener allí a sus hijos; los deja cuando ella se va para el trabajo y los recoge cuando regresa a su hogar.  Esos son los círculos infantiles. Es decir que vamos a organizar los círculos sociales obreros y los círculos infantiles. 
Pero, naturalmente, todo eso cuesta; los 0,10 centavos no alcanzan. Nosotros tenemos distintos proyectos para hacer una organización económica. El dinero debe salir de algunos recursos.  Los círculos sociales obreros tendrán también sus ingresos en las fiestas, en las comidas, distintos ingresos. Pero ese dinero no alcanza. Imaginemos, por ejemplo, 300 círculos infantiles que costaran unos 2 000,00 pesos mensuales, serían unos 6 millones de pesos al año. No alcanzan ni los 0,10 ni los 0,20. Quizás la única que pague realmente lo que vale el servicio es la que gana más de 150,00, o más de 140,00; pero todas las que tienen ingresos menores de 100,00 pesos, y menores de 120,00, pagarán menos de lo que vale el servicio, y había que buscar fondos. Hacían falta millones de pesos; hay que invertir en construcciones, y aunque vamos a tener distintos recursos, vamos a ver si logramos movilizar los recursos del ayuntamiento que actualmente dedica a las creches; vamos a ver los recursos del Estado que se pueden movilizar; pero hacían falta recursos, y no era pequeña la cantidad, si queríamos llevar adelante el plan. 
Y, como decíamos, las cuotas son muy problemáticas: unas veces se pagan, otras veces no, y obligan a crear un mecanismo costoso.  Nuevas contribuciones para los círculos sociales sería gravoso para la economía de los trabajadores. ¿Qué hacer entonces? Pues, hay una solución posible, y es la siguiente, que queremos proponerles. 
Ya está a punto de transcurrir el primer año de la contribución del 4% para la industrialización.  Eso quiere decir que todos ustedes han hecho un aporte, que se convertirá en bonos que ya dentro de cuatro años, aproximadamente, empezarán a cobrar, con los intereses. Muchas personas pensaban que ese problema de la industrialización, bueno, que tardaba, y que no lo iban a recibir; pues bien: lo que todo el mundo ha aportado este primer año de 4%, al vencerse el quinto año, pero como ya empezó hace casi un año, pueden empezar a cobrar esas cantidades, con sus intereses, dentro de cuatro años.  
Ha habido algunos movimientos tendientes a renunciarlo, y nosotros nos hemos opuesto; no queremos que se renuncie a ese derecho. ¿Por qué? Nosotros queremos que se mantenga la fe en la Revolución, eso nos interesa más que nada. Ese aporte fue un sacrificio por parte del pueblo, y si ahora se promueve cualquier consigna de renunciarlo, pues eso, en cierto sentido, haría perder la fe en las iniciativas del Gobierno Revolucionario. El Gobierno Revolucionario dijo que era un aporte para la industrialización, que se reintegraría con un interés del siete y medio por ciento, interés compuesto, ¡y el Gobierno quiere hacer honor a su palabra, y cumplirá su palabra! Ese ha sido como un dinero que se guarda en un banco. 
Pues bien:  la proposición que nosotros queremos hacer es que se destine, en vez del 4%, se destine el 3% para  industrialización y el otro 1% para los círculos sociales obreros y los círculos infantiles . 
Eso no significará ningún sacrificio grande para la industrialización, por cuanto con las industrias nacionalizadas los recursos para la industrialización son mayores; los planes de industrialización se están llevando a cabo, no se pueden acelerar, aunque se tenga dinero, porque hay que hacer los proyectos y hay que realizar una serie de trabajos, que requieren tiempo. Y, por tanto, los planes de industrialización no sufrirán ningún sacrificio. 
Dedicaremos el 3%, y con este 1% convertimos a todos los obreros que contribuyen con el 4% en socios de los círculos sociales obreros, sin tener que pagar ninguna otra cuota. 
Es decir que ya, desde el primero de enero, si están ustedes de acuerdo, y no tenemos que gastar nada en recaudarlo, porque lo recauda el banco de los seguros sociales; ¡desde el primero de enero, todos ustedes son ya socios de los círculos sociales obreros, y tendrán derecho a solicitar su carné, con todas las ventajas de que les hablaba anteriormente! 
Es decir que la Revolución comienza por devolver ya a la clase obrera una cuarta parte de esa contribución; es decir que ya queda el 3% para industrialización, a partir del primero de enero, y un 1% para que ustedes reciban los extraordinarios beneficios de los círculos sociales obreros y de los círculos infantiles.
Y podremos disponer de los recursos, para poner a trabajar a miles de hombres en la construcción de esos círculos, y para darles empleo también a miles de personas en ellos, y darle servicio a toda la clase obrera. Y esos carnés significarán algo más: significarán el derecho a precios especiales, en todos los centros turísticos, por las cabañas, moteles y habitaciones de los hoteles. Es decir que cuando la institución esté funcionando, ¿ustedes se dan cuenta de los servicios y beneficios que va a representar? 
¿Qué debemos hacer, pues?  Entregarnos todos a la tarea de impulsar los círculos sociales, los secretarios de todos los sindicatos, los comisionados de todos los municipios, las compañeras de la Federación de Mujeres Cubanas , y los compañeros y las compañeras de los Jóvenes Rebeldes , ayudados por los compañeros de la Federación de la Construcción ; darnos a esa tarea.  Y hacernos un propósito:  para el año 1962 hay olimpiadas latinoamericanas; nosotros tenemos que ir a esas olimpiadas, con la representación obrera, ¡y tenemos que ocupar un lugar digno de nuestra patria y de nuestro pueblo en esas olimpiadas!  
En los 300 círculos, vamos a comenzar por los campos deportivos; y vamos a proponernos cumplir la meta de tener, en el próximo año, 300 círculos sociales obreros funcionando y un número equivalente de círculos sociales infantiles; con lo cual ya tenemos para el año que viene dos grandes trabajos —digo dos, pero vamos a tener más: vamos a tener que combatir la contrarrevolución, entre otros—, pero dos grandes metas creadoras. En medio de la lucha las vamos a realizar; dos grandes victorias que vamos a obtener, y las vamos a obtener mal que le duela y le pese a la contrarrevolución, y por mucho que intenten sabotear la obra revolucionaria.  Eso a nosotros no nos importa, sobre la marcha, construimos; bajo las balas, construimos; ¡bajo la agresión imperialista, construimos, y seguimos adelante!  ¡No nos harán ceder! 
¡El año que viene acabaremos con el analfabetismo!, ¡el año que viene no quedará un solo analfabeto en nuestra patria! Y ya veremos, vamos a ver cómo va esa lucha; vamos a poner desde el primer momento, nuestro máximo empeño, y si los esfuerzos no fueran suficientes, movilizaremos más maestros, más esfuerzo; movilizaremos al pueblo para combatir el analfabetismo, como hemos movilizado a las milicias, y ganaremos esa batalla, esa gran batalla histórica; y crearemos los 300 círculos sociales obreros, y crearemos los primeros círculos infantiles, para beneficio de las familias y de las madres cubanas. 
Esas son metas a realizar el próximo año, ¡y recuerden que la Revolución ha cumplido todas sus metas, y que la Revolución ha cumplido y cumplirá todos sus propósitos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discurso

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada