julio 11, 2012

Discurso de Fidel Castro en la Facultad de Derecho, Buenos Aires, Argentina (2003)

DISCURSO EN LA FACULTAD DE DERECHO, BUENOS AIRES, ARGENTINA
Fidel Castro
[26 de Mayo de 2003]

Queridos hermanos estudiantes, trabajadores y, estoy por decir, compatriotas argentinos.
He vivido algunos años, pero nunca ni siquiera imaginé un acto tan azaroso y tan increíblemente emocionante como este.
Quiero comunicarles que a esta misma hora millones de cubanos estarán presenciando también este espectáculo (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Cuba, Cuba, Cuba, el pueblo te saluda!”). En nombre de nuestro pueblo se lo agradezco infinitamente, porque de la fuerza que dan las ideas, que da la verdad y que da una causa justa es que los pueblos se vuelven invencibles.
Habíamos concebido un acto, o habían concebido, según me explicaban los estudiantes y las autoridades universitarias, una actividad en esta escuela de derecho, un programa modesto. Comenzaría a las 7:00 de la noche y participarían algunos estudiantes sentados en una sala y, por si acaso venían más, tenían una pantalla para que pudieran presenciar el acto.
Yo podría hacer una crítica —no a ustedes— a nuestros compañeros y decirles: “Ustedes subestimaron al pueblo argentino” . Comenzaron a llegar noticias de que había llenado el salón, que había el doble de los que podían allí sentarse, y que en los laterales tampoco ya cabían, y que el pasillo se había llenado y que la escalinata se venía llenando, y decían que eran 1 000, que 2 000, que 3 000. En un momento dado también las emisoras de televisión hablaban y explicaban ya lo que estaba ocurriendo aquí, y, de repente, veo algunas imágenes —tenemos cierto hábito de calcular el número de personas que hay en una concentración— y esto parecía la Plaza de la Revolución en Cuba.
Todas las comunicaciones y vías de acceso cortadas; menos mal los aparaticos esos que tanto fastidian y tanto ruido hacen, pero en momentos como este —me refiero a los celulares— sirven para comunicarse y conocer la situación.
Nuestro embajador, que forma parte del grupo de culpables de la subestimación —sé que ustedes lo van a defender, porque tiene un gran cariño por el pueblo argentino — se comunicaba con su familia en la sala de la facultad donde debía realizarse el acto —había hasta unos niños allá, ellos creían que este iba a ser el más pacífico de los actos, y lo es, ¿no?—, no se imaginaba lo capaz que es la multitud de organizarse; pero no podía moverse, todo el mundo estaba aislado, comunicándose solo por los celulares. No había entrada por ninguna parte, ya se había declarado que era imposible entrar, y yo no me resignaba a la idea de incumplir mi compromiso, que por circunstancias físicas, obstrucción por multitudes, no pudiera tener el honor y el orgullo de saludarlos.
Se había declarado ya que era imposible, y realmente insistí en que nada era imposible, que era un problema que debía resolverse, que no podía resignarme a la idea de quedarme allá esperando noticias. Toda mi vida he tenido el hábito de moverme, ir hacia donde haya cualquier dificultad, y no me podía adaptar a la idea de tomar ese avión, a la hora en que lo tome, sin venir a esta universidad.
Claro está que yo soy un visitante y, primero que todo, debo respeto a la ley, al orden; no tengo el derecho a hacer absolutamente nada que en lo más mínimo viole un reglamento o una orden de sus autoridades.
Hay que decir que, realmente, las autoridades cooperaron el máximo en su deseo de encontrar una solución.
De la escuela de Derecho me continuaban comunicando y nos decían: “Nadie se mueve de la sala.” Avanzaban un poquito en los laterales, llega un momento en que se rompe no sé qué cosa por algún lugar —creo que vamos a tener que asumir también, que compartir con alguien o pagar nosotros los daños que se puedan derivar de una ventana rota, alguna brecha abierta por esta tropa patriótica y revolucionaria de argentinos.
Entonces acudimos a un cuadrito joven de nuestra delegación, el Ministro de Relaciones Exteriores, que ustedes vieron y escucharon, y le dije: “Tienes que salir para allá, entra por donde puedas, habla con los que están dentro de aquella sala y explícales la situación real, objetiva y como fuera posible que no diéramos el acto allí”, porque había un justificado temor de que si el acto se daba allí y las pantallas por allá, algunos que habían salido voluntariamente entraran otra vez, había que plantear la necesidad real de moverse hacia la escalinata y dar el acto en ese lugar.
Impacientes estuvimos esperando, escuchamos a nuestro enviado por doble vía, por la televisión, ya que algunas cadenas estaban trasmitiendo sus palabras y hasta por un teléfono celular, y vimos cuando él trataba de persuadir a los que estaban dentro de la sala para que se movieran hacia acá.
Una vez más se probó la capacidad de los pueblos de comprender, de cooperar, de reaccionar, porque a los pocos minutos me dice: “Ya están moviéndose hacia la escalinata.”
Pero había otro obstáculo que vencer y eran las cámaras de la televisión y los micrófonos. Fíjense, no se peleen con las cámaras ahora, déjenlo para mañana, si quieren (LE DICEN ALGO). Ya sé, ya sé, pero no, yo estuve escuchando, hubo realmente interés en informar lo que estaba ocurriendo, así que no tengo quejas; pero había que instalarla o si no solo ustedes se enteran de lo que se está diciendo aquí.
Por ejemplo, nuestro pueblo, sin las cámaras, sin los medios técnicos no estaría viendo lo que en este momento estaba ocurriendo, y entonces eso era lo que tardaba una hora. ¿Ustedes saben lo que es una hora de impaciencia? Ustedes y nosotros hemos conocido esa larga, interminable, e infinita hora de impaciencia, porque había que poner esto, los micrófonos y los altoparlantes, los equipos e instalaciones de la prensa, que todo estaba ajustado al acto anterior, y la verdad es que ha sido un récord el tiempo en que pudieron hacerlo.
Preguntábamos, eran las 8:40, y nos dicen: “Está todo listo, lo conveniente es que vengan rápido, porque está el frío, por otro lado, pero un frío que no pueda ser superado por el calor de ustedes.
Bueno, a mí me han puesto esto que no lo necesito realmente, voy a renunciar a él, porque es que me da vergüenza andar poniéndome aquí algo.
Rápido partimos hacia acá, a fin de llegar más o menos a la hora en que se había calculado; pero como milagro fue la proeza organizativa realizada por la masa. Jamás olvidaré lo que ustedes hicieron esta noche, permitiéndonos marcharnos felices y eternamente agradecidos.
Alguno podrá preguntarse, si acaso es vanidad nuestra por los inmensos honores que ustedes nos han concedido. No, no es eso en lo que pienso. Cuando hablo de gratitud eterna es porque este pueblo de Buenos Aires está enviando un mensaje a aquellos que sueñan con bombardear nuestra patria, nuestras ciudades (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Cuba, Cuba, Cuba, el pueblo te saluda!” “¡Bush, fascista, vos sos el terrorista!”); a aquellos que sueñan con destruir ya no solo la Revolución, destruir al pueblo que fue portador de esa Revolución y que fue capaz de resistir más de 40 años de bloqueos, de agresiones y de amenazas contra nuestro país.
En circunstancias como esas no se pueden calcular solo los niños muertos, o las madres que han muerto, o los ancianos que han muerto, o los jóvenes y adultos que hayan muerto. Hay ocasiones en que quedan los sobrevivientes tan mutilados y tan destrozados, que uno se pregunta si estando en esas circunstancias no preferirían cien veces más morir que seguir viviendo de aquella forma, como consecuencia de algo que se realizaba sin razón de ninguna clase, ley ni justificación, que no fuese la violación de las normas internacionales, la violación de las leyes que creíamos que regían este mundo; aunque muchos de nosotros sospechábamos que este era un mundo donde lo que menos se respetaba era la ley y donde se estaba estableciendo el principio de la fuerza como única justificación para cometer cualquier tipo de crímenes, para someter a nuestros pueblos, para conquistar nuestros recursos naturales, para imponernos lo que ustedes decían, una tiranía nazifascista mundial.
No es exageración, ni uso excesivo de palabras, por nuestra parte, cuando escuchamos un día decir que 60 países o más podían ser blanco de ataques sorpresivos y preventivos; nadie jamás en la historia, ningún imperio, hizo semejante amenaza.
Cuando se hablaba de estar preparados para lanzar cualquier ataque a cualquier oscuro rincón del mundo, no recuerdo haber escuchado jamás esas palabras.
Cuando se dijo que cualquier arma podía ser utilizada, lo mismo armas nucleares, que armas químicas, que armas biológicas, aparte de las supersofisticadas armas que ya no tienen nada de convencional, porque son capaces de causar cualquier tipo de destrucción, recordábamos eso: ¿Qué derecho tiene alguien para amenazar de esa manera a los pueblos?
Me pregunto si también aquí, en este acto, porque no hay mucha luz, hay que encender muchos más bombillos para que no seamos un oscuro rincón del mundo que atacar sorpresiva y preventivamente.
Claro que esta plaza y esta escalinata que aquí vemos no es un oscuro rincón, es un rincón lleno de luz, lleno de millones de luces. Esta plaza y esta escalinata es como un sol, como el sol ese que vimos al llegar aquí o vimos esta mañana cuando visitábamos la estatua de Martí para colocar una ofrenda floral en aquel punto. (DEL PÚBLICO LE DICEN ALGO.) Sí, pero en la de San Martín era todavía un poquito más temprano, pero ya el sol era muy fuerte, y razoné: ¡Caramba!, nuestro sol es fuerte, es sobre todo caluroso, y pensaba: Este sol no es tan caluroso, es decir, el clima es frío, pero el sol era superresplandenciente.
Se le veía una gran fuerza al sol; porque aquí hay dos soles en este momento: el sol que vimos esta mañana y el sol que hemos visto a nuestra llegada a este país, y el sol que estamos viendo aquí en esta escalinata y en esta plaza. Son las ideas, son las ideas las que iluminan al mundo, son las ideas, y cuando hablo de ideas solo concibo ideas justas, las que pueden traer la paz al mundo y las que pueden poner solución a los graves peligros de guerra, o las que pueden poner solución a la violencia. Por eso hablamos de la batalla de ideas.
Pienso —porque soy optimista— que este mundo puede salvarse, a pesar de los errores cometidos, a pesar de los poderíos inmensos y unilaterales que se han creado, porque creo en la preminencia de las ideas sobre la fuerza, y eso es lo que estamos observando aquí.
Yo no tenía el propósito esta noche de pronunciar una arenga, más bien me sentía en el deber de ser cuidadoso en mis palabras. Claro, pensaba hablar principalmente de nuestro país y del mundo, y es lo que estoy haciendo, pero no puedo hacerlo sin verlos a ustedes aquí, sin estarlos presenciando en este acto.
Mi idea más bien, ya que me hicieron soñar también con un salón tranquilito y sentaditos allí, pues pensaba en una cuestión que es la siguiente, decía: “¿De qué debo hablarles a los argentinos?” Pronunciar un discurso en cualquier lugar siempre es complejo, no es fácil, hay que evitar decir una palabra que pueda lastimar a alguien o que parezca alguna injerencia —y no creo que haya pronunciado una sola que parezca la más mínima injerencia en los problemas internos del país hospitalario en que me encuentro—; pero decía: “¿De qué debo hablar?” Y me planteaba una cuestión: Los oradores suelen imponerles a los que los escuchan el tema, piensan hablar de tal cosa y más cual cosa, y entonces yo tenía una idea: no plantear ningún tema, sino preguntarles a los estudiantes, que suponía sentaditos allí, que me dijeran qué temas les interesaban: Pregúntenme de cualquier tema que a ustedes les interese, sean ustedes los que me impongan el tema y no sea yo el que les diga el que mejor me parezca; me parecía más democrático y más justo.
Eso es lo que pensaba antes de que ocurriera el terremoto este, el maremagno, el huracán que se produjo alrededor de esta universidad en las horas del anochecer. Al llegar aquí miraba si aquella técnica sería posible, y ya no era posible. No obstante, creo que alguien dijo por ahí..., oí una voz que me dijo: Hábleme de algo (LE DICEN QUE DEL CHE); la vida del Che.
Extenso no podría ser, no tendría sentido en estas circunstancias, pero algunas cosas puedo decir. Me han preguntado por el Che, hablé de él esta mañana ante la estatua de San Martín, porque lo recuerdo siempre como una de las personalidades más extraordinarias que he conocido.
El Che no se unió a nuestra tropa como soldado, era médico. Estaba en México casualmente, había estado antes en Guatemala, había recorrido muchos lugares de América; había estado por minas, donde el trabajo es más duro; había estado, incluso, en el Amazonas en un leprosorio trabajando allí como médico.
Pero les voy a decir una de las características del Che y una de las que yo más apreciaba, entre las muchas que apreciaba mucho: él todos los fines de semana trataba de subir el Popocatépetl, un volcán que está en las inmediaciones de la capital. Preparaba su equipo —es alta la montaña, es de nieves perpetuas—, iniciaba el ascenso, hacía un enorme esfuerzo y no llegaba a la cima. El asma obstaculizaba sus intentos. A la semana siguiente intentaba de nuevo subir el “Popo” —como le decía él— y no llegaba; pero volvía a intentar de nuevo subir, y se habría pasado toda la vida intentando subir el Popocatépetl, aunque nunca alcanzara aquella cumbre. Da idea de la voluntad, de la fortaleza espiritual, de su constancia, una de esas características.
¿Cuál era la otra? La otra era que cada vez que hacía falta, cuando éramos un grupo todavía muy reducido, un voluntario para una tarea determinada, el primero que siempre se presentaba era el Che.
El se quedaba, como médico, con los enfermos, porque en determinadas circunstancias en la naturaleza, montañas boscosas y perseguidos desde muy diferentes direcciones, la fuerza que pudiéramos llamar principal, era la que tenía que moverse, dejar un rastro bien visible para que en alguna zona más cercana pudiera permanecer el médico con los que estaba asistiendo. Hubo un tiempo en que el único médico era él, hasta que otros médicos se acercaron, y allí estaba.
Puedo recordar, ya que ustedes me piden anécdotas, una acción que fue sumamente riesgosa para todos, sencillamente porque habían llegado las noticias a un lugar donde estábamos en las montañas de un desembarco que se había producido por el norte de la provincia. Nos acordamos de nuestras peripecias, de nuestros sufrimientos en los primeros días y, como acto de solidaridad a favor de aquellos que habían desembarcado, decidimos realizar una acción bien audaz que no era, desde el punto de vista militar, correcto hacerlo, y fue sencillamente atacar una unidad que estaba bien atrincherada en la orilla del mar.
No voy a dar más datos. Como resultado de aquel combate que duró tres horas, y tuvimos bastante suerte, porque habíamos logrado neutralizar las comunicaciones, y después de tres horas, cuando terminó aquel combate en que él tuvo, como siempre, una actitud destacada, estaban muertos o heridos una tercera parte de los combatientes que participaron en esa acción, cosa no muy usual; entonces él, como médico, atendió a los adversarios heridos —había adversarios que estaban vivos y no estaban heridos, pero había un número elevado de heridos y él los atendió— y atendió a los compañeros que estaban heridos .
¡No se imaginan ustedes la sensibilidad de aquel argentino!  Y hay algo que me viene a la mente: un compañero, cuya herida era mortal, y él lo sabía; en aquel momento el lugar debía ser abandonado rápidamente, porque muy pronto, no se sabía cuándo aparecían los aviones, milagrosamente no aparecieron durante aquel combate, porque era lo primero que aparecía a los 20 minutos; pero creo que tuvimos la suerte de destruir las comunicaciones con algunos disparos certeros. Dispusimos de ese tiempo, pero había que atender a los heridos, retirarse rápidamente. Y no se me puede olvidar, y me lo contó él, cuando un compañero que iba a morir inexorablemente... No se podía movilizar; hay heridos más graves que usted no los puede movilizar, tiene que confiar ahí, puesto que usted ha atendido los adversarios, ha logrado un número de prisioneros, prisioneros que nosotros siempre respetábamos; no hubo un solo caso jamás que, prisionero en un combate, fuese alguna vez maltratado o ejecutado. Nosotros les entregábamos, incluso, a veces nuestros medicamentos, que eran muy escasos.
Esa política, sinceramente, nos ayudó mucho al éxito en la guerra, porque usted en cualquier lucha debe ganarse el respeto del adversario. En cualquier lucha —lo vuelvo a repetir—, de una forma o de otra, el comportamiento de los que defienden una buena causa, debe dirigirse a ganarse el respeto del adversario.
En aquella ocasión tuvimos que dejar un número de compañeros heridos que no podían evacuarse, entre ellos algunos muy graves. Pero lo que me impactó fue cuando me contó, con dolor, recordando aquel momento en que sabía que no tenía salvación posible y él se había inclinado y le había dado un beso en la frente a aquel compañero, que, herido allí, sabía que inexorablemente moriría.
Son algunas de las cosas que les menciono del Che como hombre, como ser humano extraordinario.
Era, además, un hombre de elevada cultura, era un hombre de gran inteligencia; ya mencioné su tesón, su voluntad. Cualquier tarea que se le asignara, después del triunfo de la Revolución, era capaz de aceptarla. Fue director del Banco Nacional de Cuba, donde hacía falta un revolucionario en aquel momento, y en cualquier otro, desde luego; pero acababa la Revolución de triunfar y los recursos con que contaba eran muy pocos, porque las reservas se las habían robado.
Los enemigos bromeaban, siempre bromean, también nosotros bromeamos; pero la broma, que tenía una intención política, se refería a que un día yo había dicho: Hace falta un economista. Pero entonces se habían confundido y creyeron que yo decía que hacía falta un comunista, y por eso es que había ido el Che. Pues el Che era un revolucionario, era un comunista y era un excelente economista; porque ser economista excelente depende de la idea de lo que quiera hacer quien dirige un frente de la economía del país y quien dirige el frente del Banco Nacional de Cuba, así que en su doble carácter de comunista y economista; no es porque se hubiera llevado un título, sino porque había leído mucho y observaba mucho.
Che fue el promotor del trabajo voluntario en nuestro país, porque todos los domingos se iba, un día a hacer trabajo en la agricultura, otro día a probar una máquina, otro día a construir. Nos dejó la herencia de aquella práctica que, con su ejemplo, conquistó la simpatía o la adhesión, o la práctica para millones de nuestros compatriotas.
Son muchos los recuerdos que nos dejó, y es por eso que digo que es uno de los hombres más nobles, más extraordinarios y más desinteresados que he conocido, lo cual no tendría importancia si uno no cree que hombres como él existen por millones y millones y millones en las masas.
Los hombres que se destaquen de manera singular no podrían hacer nada si muchos millones, iguales que él, no tuvieran el embrión o no tuvieran la capacidad de adquirir esas cualidades. Por eso nuestra Revolución se interesó tanto por luchar contra el analfabetismo, por desarrollar la educación.
Si antes decía que las ideas eran más poderosas que las armas, la educación es el instrumento por excelencia para que ese ser vivo que es el hombre, regido poderosamente por instintos o leyes naturales, que evolucionó, como lo demostró Darwin y hoy no lo niega nadie... Me refiero a la teoría de la evolución, y decía que nadie lo negaba, porque recuerdo el momento en que el Papa Juan Pablo II declaró que la teoría de la evolución no era inconciliable con la doctrina de la creación. Y, realmente, experimento un gran aprecio por acciones como esas, porque cesó de haber una contradicción entre una teoría científica y una creencia religiosa. Pero ese hombre puede ser como un animalito en la selva, si lo ponen allí en la selva; tiene inteligencia, se sabe los gramos que hay en una cabeza humana y se sabe, incluso, que es el único ser viviente cuyo cerebro continúa creciendo dos años y medio después de nacido, ustedes lo saben, los estudiantes universitarios, deben haberlo leído. Eso tiene una influencia tremenda en el desarrollo de la inteligencia.
Niño que no se alimente con todos los elementos adecuados hasta cumplir los dos años y medio, llega a los seis años, al prescolar o la escuela, con la inteligencia disminuida, con relación a los niños que se alimentan de una manera adecuada. Y debo decir que una de las cosas más necesarias, si queremos igualdad, es, al menos, el derecho a llegar a los seis años con la capacidad de inteligencia con que nazca un niño, y sabemos que aquellos —y que en el mundo se cuentan por cientos de millones— que no se alimentan adecuadamente en esas edades, llegan a la edad escolar —si hubiera escuelas, si hubiera maestros capaces de enseñarlos— con menos posibilidades de aprender; aunque también puede ocurrir que alimentándose adecuadamente en esa etapa después no tengan ni escuelas ni maestros.
Pero, ¿qué ocurre con los sectores más pobres de la Tierra, que están concentrados, fundamentalmente, en los países del Tercer Mundo, al que pertenecen las cuatro quintas partes de la humanidad? Es que en esas regiones se concentran los pobres, los hambrientos, los que no pueden alcanzar ese nivel de capacidad instalada, no de capacidad desarrollada, los que no tienen ni siquiera escuelas.
Si a ustedes les dicen que hay 860 millones de analfabetos adultos en el mundo, inmediatamente les explican cómo casi el 90% de esos 860 millones de analfabetos viven en el Tercer Mundo. Hay que añadir que en países muy desarrollados hay analfabetos, en ese gran vecino cercano a nuestra patria, hay millones de analfabetos, de analfabetos totales; pero hay decenas de millones de analfabetos funcionales. Y nadie tome esto... (EXCLAMACIONES DE: “Un médico”). ¿Qué dicen, un médico, qué dice del médico? (LE DICEN ALGO.)
Yo dije decenas, realmente son cientos. Bueno, no, en los países desarrollados no, estoy hablando del Tercer Mundo.
(LE DICEN QUE ESTÁN PIDIENDO UN MÉDICO, PARA UNA PERSONA DEL PÚBLICO.) ¿Un médico? Hay un médico aquí, ¿dónde hace falta el médico? Bueno, pasen al compañero, rápido. Mandamos un médico, ustedes verán qué rápido llega.
Les hablaba —y me estoy extendiendo por encima de mi voluntad— de dos problemas muy importantes, que están muy asociados, se llaman educación y salud. Bueno, hablábamos de un médico argentino que se convirtió en soldado sin dejar de ser médico un solo minuto, fue lo que nos trajo a explicar estas cosas, y después les decía que es la educación la que convierte el animalito en ser humano. No se olviden de eso, es la educación la que es capaz de hacerlo que sobrepase los instintos que le vienen de la naturaleza. Es más, añado, es la educación la que podría vaciar las cárceles donde están aquellos que no recibieron educación, que no se alimentaron adecuadamente; porque hasta en nuestra propia patria, tardamos en descubrir que por muchas leyes que se hagan, por muchas escuelas que se construyan, muchos maestros que se formen, siempre habrá, por una razón o por otra mucho más que hacer por la educación de los hombres. En nuestra sociedad, porque hay cientos de miles de profesionales universitarios e intelectuales, la influencia del núcleo familiar es decisiva.
Cuando usted va a una prisión e investiga a los jóvenes entre 20 o 30 años que están en prisión, se encuentra que proceden de las capas más humildes y más pobres de la población, proceden de lo que podríamos llamar áreas marginales. Cuando, a la inversa, busca la composición social de escuelas que son muy anheladas y donde se llega por expediente y por notas, es al revés, la inmensa mayoría son hijos de padres intelectuales o artistas.
Fíjense que no estoy hablando de una diferencia de clases desde el punto de vista económico; el problema de la construcción de una sociedad nueva es mucho más difícil de lo que pueda parecer, porque son muchas cosas que se van descubriendo por el camino. Si usted empezó luchando contra un 30% de analfabetismo y un 90% entre analfabetismo total y funcional, concentra su atención en esas tareas, y cuando han pasado los años y cuando anda en estudios más profundos de la sociedad, es cuando puede darse cuenta de la influencia que tiene la educación.
Les puedo decir que en los sectores más pobres, en las áreas marginales, donde es más frecuente la disolución del núcleo familiar, esa disolución tiene una influencia grande. Por ejemplo, usted puede apreciar un 70% que proceden de núcleos disueltos, donde, incluso, hasta un 19% no vive con el padre o la madre, sino con algún familiar que se ocupa de él, y cuando ese mismo fenómeno ocurre en un núcleo de intelectuales, no se observa el mismo efecto en el hijo aquel, aunque se haya producido la disolución familiar. En general, quedan con el padre o con la madre; en nuestro país, por costumbre, con la madre, y las mujeres constituyen en Cuba el 65% de la fuerza técnica del país. Es así como les estoy diciendo, es un poquitico más del 65% y observa usted esos fenómenos. ¿Qué lo puede explicar, sino la educación? Es decir que el nivel de escolaridad de los padres, aun cuando se haya hecho una revolución, sigue influyendo tremendamente en el destino ulterior de los niños.
Bien puede ocurrir, en determinadas circunstancias, en que los hijos de los sectores más humildes, o con menos conocimientos, no estoy hablando ya de la situación económica del núcleo, sino la educación del núcleo se encuentra que tiende a perpetuarse a lo largo de decenas de años, y uno puede decir entonces —como nosotros a veces hemos planteado en algunos casos—: Estas personas que están haciendo esta tarea o que brindan tal apoyo, sus hijos nunca serán directores de empresas, gerentes, u ocuparán posiciones importantes; los esperan, en primer lugar, las prisiones.
Nosotros hemos estudiado eso y unas cuantas cosas más, que no es el momento de explicar. Lo digo solo para decir que sin una revolución educacional, bien profunda, la injusticia y la desigualdad continuarán prevaleciendo aun por encima de las satisfacciones materiales de todos los ciudadanos del país.
En nuestro país nosotros le garantizamos un litro de leche a cada niño hasta los siete años. A partir de esa edad y debido a nuestros recursos, le garantizamos una leche de otro tipo, ya que, afortunadamente, existen posibilidades.
Ahora, esa leche la garantizamos a ese niño, a un costo de menos de un centavo de dólar. Con un dólar que le envíe alguien que vive en el Norte a un amigo, puede comprar la leche de 104 días.
En nuestro país, el bloqueo nos obligó al racionamiento, ese bloqueo que ha durado 44 años (Silban); pero en nuestro país no se encontrará un niño sin escuela, uno solo no se encontrará sin escuela.
En nuestro país, incluso, los niños que nacen con algún problema mental —y es algo que estamos estudiando en profundidad, causas que originan distintos tipos de retraso mental, si ligero, moderado, severo o profundo, cada uno con sus características; afortunadamente, son más numerosos los ligeros y moderados—, en este momento nosotros tenemos el expediente de cada uno, y no de los niños solo, sino de las ciento cuarenta y tantas mil personas de distintas edades que tienen algún problema de retraso mental. Todos los niños que tienen algún problema de incapacidad física o mental, o ciego, o sordomudo; o algo más terrible, ciego y sordomudo al mismo tiempo.
Hay tragedias humanas, que para conocerlas hay que investigarlas, y nosotros no las conocíamos desde el primer día. Fue a lo largo de la práctica y luchando por la educación, como hemos luchado, que fuimos descubriendo estas cosas.
Tienen escuelas especiales, hay 55 000 niños matriculados en escuelas especiales.
Hemos planteado que no basta que un niño vaya a una escuela especial entre sexto y noveno grado. Hemos planteado que de esa escuela, si es un niño que no puede ir a un nivel superior de nueve a doce grados, sea bachillerato, o conocimientos técnicos, una escuela tecnológica, termine su noveno grado o el tiempo que necesite, si hace falta un año o dos más, preparado para el tipo de trabajo que pueda realizar y, además, con un empleo.
No se puede subestimar a los muchachos que tengan ese tipo de problemas, tienen cualidades para muchas cosas, y ya no nos conformamos, no nos podemos conformar, porque seríamos inconscientes si nos limitáramos a enseñarle lo que se le puede enseñar a un niño con ese tipo de limitación, ligeras y moderadas, que son la mayoría.
A todos se les atiende, cualquiera que sea el tipo de incapacidad que se tenga. Podemos tener la satisfacción de que, a pesar del bloqueo ese que tiene 44 años, no hay un solo niño con necesidad de enseñanza especial que no tenga su escuela.
Quiero añadir un dato, y nadie lo tome como una vanidad de nuestro pueblo, porque lo que digo siempre con relación a lo que hemos hecho por la educación y la salud nos produce vergüenza en la medida en que descubrimos nuevas y nuevas posibilidades, vergüenza por no haberlo descubierto antes. Nadie piense que Cuba se jacte de éxito, les puedo asegurar algo que ni siquiera nosotros mismos sabíamos.
Hacíamos comparaciones por los datos de la UNESCO y las investigaciones que hizo sobre los niveles de educación y, en nuestro país, los niños de cuarto y quinto grados, en lenguaje y en matemáticas, casi duplican los conocimientos de los niños del resto de América Latina y de Estados Unidos también, no vayan a creer que solo de América Latina.
Sé que les estoy hablando de un país que tiene elevados niveles de educación y de cultura; sé cómo es el pueblo argentino y sus conocimientos. Nuestro país hoy tiene niveles más altos, pero Argentina está entre los demás países, cuatro o cinco, que se acercan, aunque a una relativamente alta distancia, a los niveles de nuestro país; pero nos llamó más la atención cuando descubrimos que nuestros niños de primaria, sus conocimientos de lenguaje y de matemática, están por encima de los países más desarrollados del mundo.
Es decir, nuestro país hoy ocupa ese lugar, del mismo modo que el índice de mortalidad infantil en nuestro país está por debajo de siete por cada 1 000 nacidos vivos en el primer año de vida —el último año fue de 6,5; el anterior había sido 6,2—, nosotros pensamos bajarlo. No sabíamos siquiera si en un país tropical podía bajarse el índice de mortalidad infantil a esos niveles, porque influyen muchos factores: el clima influye, incluso el potencial genético de cada población influye; esos factores, independientemente de los factores de asistencia, factores alimenticios, etcétera. No sabíamos si podía bajarse de 10 y nos alentó mucho cuando lo logramos.
No crean que es la capital la que tiene los mejores índices, hay provincias enteras que tienen, incluso, menos de cinco de mortalidad infantil, y ese índice es más o menos parejo. No ocurre como en el país vecino nuestro, donde en algunos lugares, donde viven los que tienen más recursos, mejor asistencia y mejor alimentación, etcétera, etcétera, pueden tener un cuatro o un cinco, y en otros, como en la propia capital de Estados Unidos, donde hay mucha gente pobre y donde hay grupos étnicos, los afronorteamericanos, que no tienen la asistencia médica adecuada, en que la mortalidad puede ser tres veces, cuatro veces o cinco veces más que la mortalidad infantil en determinados lugares que reciben todas las atenciones .
Sabemos lo que pasa con los hispanos y con los afronorteamericanos y los de otras regiones del mundo, sus índices de mortalidad infantil, sus índices de perspectivas de vida, sus índices de salud, del mismo modo que sabemos que hay más de 40 millones de norteamericanos que no tienen asegurada la asistencia médica.
Cuando hablo de los norteamericanos, jamás hablo con odio, porque nuestra Revolución no ha enseñado a odiar; se basa en ideas y no en fanatismos, no en chovinismos. Hemos tenido el privilegio de aprender que todos somos hermanos y nuestro pueblo se educa en los sentimientos de amistad y solidaridad, lo que calificamos como sentimientos internacionalistas.
Cientos de miles de nuestros compatriotas han pasado por esa escuela, es por ello que puedo decir que no es tan fácil liquidar la Revolución, que no es tan fácil aplastar la voluntad de ese pueblo, en virtud de sus ideas, conceptos y sentimientos cultivados, porque tanto las ideas como los sentimientos tienen que ser cultivados, de esa verdad partimos; pero a un pueblo que alcanza determinados niveles de conocimiento, capacidad de comprender los problemas, capacidad de unidad y de disciplina no es tan fácil desaparecerlo de la faz de la Tierra. Es por ello que, a pesar de esas teorías nazifascistas, tenemos la convicción de que un ataque a nuestro país costaría, como ya les dije, un precio muy alto, porque es un pueblo que jamás se rendirá, que jamás dejará de luchar, y mientras exista un solo hombre o mujer capaz de combatir, ese hombre o esa mujer continuará combatiendo.
Conociendo durante muchas décadas a ese adversario, nuestro país ha tenido que aprender a defenderse. Nuestro país no lanza bombas contra otros pueblos, ni manda miles de aviones a bombardear ciudades; nuestro país no posee armas nucleares, ni armas químicas, ni armas biológicas. Las decenas de miles de científicos y médicos con que cuenta nuestro país han sido educados en la idea de salvar vidas. Estaría en absoluta contradicción con su concepción poner a un científico o a un médico a producir sustancias, bacterias o virus capaces de producir la muerte a otros seres humanos.
No faltaron, incluso, las denuncias de que Cuba estaba haciendo investigaciones sobre armas biológicas. En nuestro país se hacen investigaciones para curar enfermedades tan duras como la meningitis meningocócica, la hepatitis, a través de vacunas que produce por técnicas de ingeniería genética, o, algo de suma importancia, la búsqueda de vacunas o de fórmulas terapéuticas a través de la inmunología molecular —perdónenme si he empleado esta palabra técnica, quiere decir a través de métodos que atacan directamente las células malignas—; y lo mismo unas pueden prever y otras pueden, incluso, curar, y avanzamos por esos caminos. Ese es el orgullo de nuestros médicos y de nuestros centros de investigación.
Decenas de miles de médicos cubanos han prestado servicios internacionalistas en los lugares más apartados e inhóspitos. Un día dije que nosotros no podíamos ni realizaríamos nunca ataques preventivos y sorpresivos contra ningún oscuro rincón del mundo; pero que, en cambio, nuestro país era capaz de enviar los médicos que se necesiten a los más oscuros rincones del mundo. Médicos y no bombas, médicos y no armas inteligentes, de certera puntería, porque, al fin y al cabo, un arma que mata traicioneramente no es absolutamente un arma inteligente (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Olé, olé, olé, Fidel, Fidel!”).
Como ven, mis palabras a ustedes, los estudiantes, han estado girando en torno a estas cuestiones, que son las que para nosotros constituyen el mayor orgullo de la Revolución.
Hay quienes afirman que en Cuba la Revolución está muy bien y es muy acertada en educación —al menos admiten eso—, en salud pública —al menos admiten eso—, y que en deporte tiene un buen nivel de desarrollo, y yo sé que ustedes son muy amantes del deporte y los “olé, olé” esos han salido, los he escuchado de algún deporte, en el cual ustedes han sido campeones, compartiendo esos honores con los brasileños. Pero tendrán que decir, y no deben tardar mucho en decir que Cuba avanza aceleradamente en el terreno de la cultura y del arte. Y no solo vamos en busca de una cultura artística, vamos en busca de una cultura general integral.
Puedo darles algunas noticias poco conocidas: en nuestro país, en los últimos tres años, las universidades no es que se multipliquen, de unas poquitas que había, una facultad de medicina, hoy tiene 22 facultades de medicina, y una de ellas se llama Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas, donde hay alrededor de 7.000 alumnos procedentes de países latinoamericanos y alcanzará la cifra de 10 000 alumnos ; y se conoce que en Estados Unidos una carrera universitaria, especialmente una de medicina, cuesta, cuando menos, 200 000 dólares la carrera.
Cuando se hayan formado de esta escuela, que tiene algunos años funcionando, 10 000 alumnos, solo en ese campo, nuestro país estará dándoles una cooperación a los países del Tercer Mundo que equivaldría a 2 000 millones de dólares, una prueba de que si un país se guía por ideas justas, aunque sea pobre, pobrísimo, puede hacer muchas cosas.
Es el país bloqueado durante 44 años; es el país al cual, cuando se derrumbó el campo socialista, con el que teníamos nuestro comercio y asegurábamos nuestros abastecimientos —comprándolos y comerciando—, el imperialismo apretó más todavía sus medidas económicas con las leyes Torricelli y Helms-Burton.
Hay, además, una ley criminal que nosotros le llamamos la Ley asesina de Ajuste Cubano, aplicable únicamente a un país en el mundo: Cuba. A alguien que no le darían jamás visa, por tal antecedente o por lo que sea, si llega allí en un barco que se roba o un avión que se roba, o por cualquier medio, le conceden ipso facto el derecho a residir, e incluso a trabajar al día siguiente.
Fíjense ustedes: en la frontera de México con Estados Unidos mueren alrededor de 500 personas por año y sufren una muerte horrible, porque le propusieron a ese país, o le impusieron —como sea— un tratado llamado TLC que implica el libre movimiento de mercancías y de capitales, pero no el libre movimiento de seres humanos , y mientras a nuestro país le aplican esa Ley de Ajuste, que nosotros no la pedimos para los demás porque es una ley asesina, sí planteamos que se le conceda al ser humano, por parte de aquellos caballeros que acusan a todo el mundo de violar los derechos humanos, algo que con relación a Cuba solo pueden hacer sobre la base de infames calumnias y de bochornosas y ridículas mentiras, dan lugar a la muerte de cientos de mexicanos y latinoamericanos allí donde cada año mueren más seres humanos que todos los que murieron en los 29 años que duró el muro de Berlín .
Del muro de Berlín he hablado millones y millones de veces; pero no hay noticias, si no muy esporádicas, de los mexicanos que mueren todos los años tratando de cruzar la frontera.
Ahora, si usted es latinoamericano, asiático o de cualquier país que llegue allí ilegalmente y se quede o se pueda quedar, lo llaman refugiado, lo llaman emigrante. Si es cubano tiene el apellido ya certificado: son exiliados.
En Estados Unidos no hay emigrantes cubanos, a pesar de que más de 100 000 todos los años vienen a visitar a sus familiares en Cuba, pero no son emigrados, son exiliados; esa es la palabra acuñada con sus pérfidos métodos de sembrar la confusión y la mentira.
Sí les puedo asegurar que si esa ley que nos han aplicado a nosotros durante 37 años la hubiesen aplicado a los latinoamericanos y caribeños, a los que quieren imponer un ALCA, ¡un ALCA!, si les hubieran aplicado las prerrogativas esas —y, repito, no lo aconsejamos, porque es una ley asesina, es para los que llegan ilegales al país—, en realidad les puedo asegurar que hoy no tendríamos los 534 millones de habitantes entre América Latina y el Caribe, y con seguridad, más de la mitad de los norteamericanos serían de origen latinoamericano o caribeño. (DEL PÚBLICO LE DICEN ALGO.) Hay que decirlo, pero sin emplear la palabra. Más bien es mejor que se deduzca a que se diga; que se razone lo que son los que dirigen aquel país, no el pueblo de aquel país, muchas veces engañado.
Nosotros tenemos la prueba de que en muchas ocasiones ha apoyado malas causas, pero para que apoye una mala causa, primero hay que engañarlo, y en eso son especialistas y lo han sido en la historia, del engaño ; pero cuando conoce la verdad, y recordemos Vietnam, que el pueblo norteamericano desempeñó un papel decisivo en el fin de la guerra de Vietnam, porque los líderes, la opinión internacional, la de ustedes, la de todos los latinoamericanos, prácticamente lo que piensen no les importa, les importa lo que piensen los electores dentro de Estados Unidos, porque votan allí. Puede haber su fraude, su fraudecito o un fraudón enorme, como el que vimos en las últimas elecciones “superdemocráticas” de Estados Unidos, donde el candidato opositor obtuvo medio millón de votos más que el candidato —dos grandes comillas— “triunfador”.
Todo el mundo sabe de forma exacta, y no lo duda ningún norteamericano, lo que ocurrió allí, que la extrema derecha, apoyada por la mafia terrorista cubano-americana, mediante fraude, le arrebató la victoria a su adversario. No me meto a decir cuál era más democrático o menos democrático, no estoy inscrito a ninguno de los dos partidos porque, en último término, se podría decir que allí impera el monopartidismo.
Algunos dirán: ¿Pero no tienen en Cuba un solo partido? Digo: Sí, pero nuestro Partido ni postula ni elige. Los delegados de circunscripción, que son la base de nuestro sistema, los propone el pueblo en asamblea, por cada circunscripción ; no pueden ser menos de dos, ni más de ocho, y casi el 50% de aquellos delegados de circunscripción, que constituyen la asamblea municipal en cada municipio del país, esos que propone y elige el pueblo, en elección donde tienen que tener más del 50% de los votos, la Asamblea Nacional de Cuba, con un poco más de 600 delegados, está constituida, casi en el 50%, por esos delegados de circunscripción, que no solo tienen el papel de constituir la Asamblea Municipal, tienen el papel de postular a los candidatos a la Asamblea Provincial y a la Asamblea Nacional.
No me extiendo, pero, realmente, me gustaría que un día se conociera un poco más cuál es el sistema electoral de Cuba; porque es asombroso que de allá del Norte a veces algunos nos preguntan cuándo va a haber elecciones en Cuba. La pregunta la podríamos hacer los cubanos y decirles: Cuándo hay que ser supermillonario para alcanzar la presidencia de Estados Unidos ; o vaya, no tiene que ser necesariamente el candidato supermillonario, sino preguntar cuántos miles de millones necesita el candidato para ser electo presidente y cuánto cuesta cada cargo, hasta un modesto cargo municipal.
En nuestro país no ocurre, ni puede ocurrir eso. No se llenan las paredes de pasquines, no se usa masivamente la televisión con mensajes de estos subliminales, creo que se llaman, ustedes los abogados, se me ha olvidado que yo lo era también, pueden saber (Risas).
¿Qué papel han desempeñado esos medios masivos, desgraciadamente en aquel país y en muchos lugares del mundo?, y no los estoy atacando.
Yo les mencioné el caso que demostraba cómo el pueblo norteamericano, cuando conoce la verdad, puede apoyar una buena causa: el caso del niño Elián González, secuestrado hace tres años y medio. Ese niño regresó cuando el pueblo conoció la verdad y más de un 80% de los norteamericanos apoyaron su regreso.
Es cierto que cuando la guerra de Vietnam, no solo fueron conociendo la verdad, había un factor importante que influía: el regreso de jóvenes muertos, que habían sido llevados allí mediante el Servicio Militar. En el caso del niño no hubo nada de eso, logramos que el pueblo norteamericano conociera nuestras razones, y fue a través de las cadenas de televisión, porque un desfile de 600 000 madres como tuvo lugar en La Habana, es un espectáculo inusitado, o de cientos de miles de niños, o de un millón de personas desfilando delante de la Oficina de Intereses, o millones de personas movilizándose simultáneamente en muchos lugares, o grandes concentraciones, y fueron actividades que las grandes cadenas trasmitieron por el mundo. Hubo actos, como aquel en que se conmemoró el XXV aniversario del sabotaje a un avión de Cubana, destruido en pleno vuelo por un acto terrorista, que 40 cadenas internacionales trasmitieron.
Hoy hay forma de trasmitir los mensajes. Hay satélites que pueden bajar una señal; hay —y ustedes los estudiantes lo saben mejor que nadie— Internet que puede permitir enviar un mensaje a cualquier rincón del mundo, aunque no sea oscuro, porque, realmente, en general, los que tienen Internet tienen también electricidad y posibilidades de comunicarse; pero no subestimar a esas capas intelectuales, que en el mundo son decenas y decenas de millones, que no son necesariamente una clase explotadora y rica.
Hay que ver, recuerden, por ejemplo, allá en Seattle; recuerden Quebec; recuerden las movilizaciones ya en cualquier parte del mundo, han sido organizadas a través de Internet, por personas que tienen cultura y tienen conocimientos, y hay muchas cosas que amenazan hoy la vida del planeta, aparte de las guerras, los cambios de clima, la destrucción de la capa de ozono, el calentamiento de la atmósfera, el envenenamiento de la atmósfera, de los ríos y de los mares, que amenazan la vida de todo el planeta y en eso todos los pueblos del mundo tienen una causa común con los latinoamericanos, con los norteamericanos, y con los europeos.
Las catástrofes avanzan de una en una. Hoy hay enfermedades que no existían hace 25 o 30 años. El SIDA no existía hace 25 años, y los que poseen los mejores laboratorios están dedicados a la terapéutica, no a la prevención, no a las vacunas, porque un tratamiento —se conoce muy bien— que se vende a 10 000 dólares por año y cada año tiene que repetirlo, produce más. Sencillamente, produce mucho más la medicina terapéutica que la medicina preventiva.
Apareció ahora el virus de la neumonía atípica, cuando nadie lo esperaba; o la fiebre del Nilo, que vino del noreste de Estados Unidos, evidentemente, trasladada de algún otro lugar del mundo; o el dengue famoso, tan mencionado, que tiene cuatro formas diferentes de virus, y la combinación de unos y otros da lugar a complicadas enfermedades como el dengue hemorrágico.
Se lo digo en nombre de un país que ha visto en carne propia el empleo de virus y bacterias para atacar a nuestra agricultura, e incluso nuestra población. Se lo aseguro y no exagero, no tendría yo un átomo de vergüenza si les digo a ustedes una sola mentira. Nosotros sabemos algunas cosas y de casi todas tenemos pruebas, cuando hablamos de algunos de estos problemas.
Pero les decía que hoy hay medios de comunicarse con el mundo, que nos hacen menos víctimas o dependientes de los grandes medios de difusión masiva sean cuales sean, porque hoy, teniendo direcciones, y teniendo esa red de Internet en el mundo, todos los que tienen un sueño, una aspiración, una causa que les quita la tranquilidad, y pensando, fundamentalmente, no en ellos, sino en sus hijos, harán causa común, sean de países subdesarrollados o ricos; porque, en realidad, son nuevos problemas.
Hay que meditar en la enorme suma de nuevos problemas que han ido apareciendo en el mundo, aparte de amenazas de guerra y del empleo de esas armas brutales y bárbaras, en una etapa de la historia donde el hombre no ha demostrado todavía su capacidad de sobrevivir, y que puede ser destruido diez veces por una sola potencia, sobre la base de su monopolio tecnológico y de armas que serían suficientes para aplastar a todos los demás Estados del mundo.
De todos esos problemas un creciente número de millones está aprendiendo, y es en los centros de educación, en los centros universitarios donde se va adquiriendo la cultura necesaria para saber lo que es el mundo de hoy, y qué es el Fondo Monetario y qué es el Banco Mundial y qué significa una deuda de 800 000 millones de dólares en América Latina.
Cuando tuve el honor, inolvidable para mí, de visitar Buenos Aires, sobre todo hoy cuando vuelvo, aunque lo recordé siempre, la deuda de América Latina era de 5 000 millones de dólares; hoy es ciento sesenta veces mayor. Antes los presupuestos se dedicaban, más o menos, a escuelas, a hospitales; los argentinos lo conocen muy bien, porque de Argentina venimos oyendo hablar hace mucho tiempo; sabemos los niveles que tenía educación, salud y otras cosas. Pero permítanme no hablar del caso concreto; en este caso lo menciono porque, realmente, ustedes alcanzaron altos niveles, es conocido, como es conocido que hay dos cabezas de ganado de vacuno —no cuento el resto— por habitante en el país; los niveles de tipo social alcanzados son muy importantes.
Pero el mundo en que vivimos, repito, es muy diferente. Hay muchos problemas que los grandes pensadores políticos y sociales no podían, a tan larga distancia, prever, aunque sus conocimientos fueron decisivos para convertirnos a nosotros en personas con ideas revolucionarias. No olvidarse de esta realidad.
En nuestro país empezamos por las universidades, había momentos en que no se enseñaba computación en las universidades, fuimos poco a poco; después hicimos 170 Joven Club de computación, hace no mucho tiempo los duplicamos a 300, con doble número de máquinas; pero lo esencial es que hoy en nuestro país el ciento por ciento de los niños, desde prescolar hasta la universidad, cuentan con sus laboratorios de computación, y hemos descubierto las posibilidades enormes que eso brinda. Y entramos en la etapa masiva y trabajamos intensamente en otras cosas, de las que no hablamos mucho, pero se están formando por decenas de miles los programadores.
A aquellos que hablan de que Cuba prosperó en esto y en lo otro, las cosas que mencionaba y la mencionada cultura, a aquellos les podemos decir que hoy en nuestro país se extienden por los municipios las facultades universitarias, desde el momento en que 800 000 ciudadanos cubanos son graduados universitarios o intelectuales. De modo que hoy hay dos graduados universitarios por cada graduado de sexto grado que había al triunfo de la Revolución. Se está desarrollando una sociedad donde los conocimientos y la cultura se extienden masivamente y donde se logrará el sueño de masificar esos conocimientos y esa cultura. Masificarlas en un central azucarero, en un municipio, porque allí están suficientes economistas; si hace falta quién vaya a dar clases de economía en uno de los centros que se van desarrollando, o una clase de cualquier carrera humanista, o una clase de una carrera técnica, como ingeniería mecánica, y otras muchas; pudiera ser una excepción el caso de la medicina, donde las facultades están al lado de los hospitales, y desde el tercer año en constante contacto no solo con la teoría sino también con la práctica .
¿Por qué se han extendido a esa velocidad? Porque buscando, precisamente, las causas de determinados problemas sociales, vimos que había un número elevado de jóvenes, entre 17 y 30 años, con noveno grado, que no estudiaba ni trabajaba; entonces buscamos las causas, se habló con cada uno de ellos y, de repente, se establecieron las escuelas que llevan el nombre de escuelas juveniles para el desarrollo de una cultura general integral. El primer año se inscribieron 85 000, ya en el segundo curso, este que transcurre, hay 110 000 alumnos. Y qué dirían ustedes si les afirmo que ya en el próximo curso, que empieza en septiembre, 35 000 de esos jóvenes comenzarán estudios universitarios.
¿Qué hicimos, qué utilizamos? En todos los municipios y en todos los centrales azucareros, por ejemplo, había escuelas secundarias básicas y a veces técnicas de nivel medio o de bachiller, de las externas, escuelas que terminaban sus clases a las 4:30 de la tarde, y todas tenían sus laboratorios de computación y de medios audiovisuales, y entonces de 5:00 a 8:00 comenzaban las clases en esas mismas instalaciones, para este Curso de Formación Integral para jóvenes, con nuevos profesores o con los mismos profesores que daban clases, o profesores que se habían retirado y que con la ayuda de esos medios lo que pueden hacer son milagros, se lo aseguro.
De esa forma, ya hoy se les da una remuneración por estudiar. Se creó así con esta experiencia el empleo de estudiar.
Es que muchas veces no se piensa que, aunque sea pobre, un hombre vive en un lugar, aunque sea en un cuarto, o utiliza un ómnibus. En nuestro caso, tiene garantizada la seguridad social; en nuestro caso, el 85% es dueño de las viviendas, y no paga impuesto por la propiedad de la vivienda. Fíjense bien, quiero aclarar que no estoy recomendando nada, yo simplemente deseo explicarles qué estamos haciendo, y por qué estamos sobreviviendo, y por qué el pueblo en masa apoya la causa revolucionaria.
Si el kilowatt cuesta medio centavo de dólar, si una cantidad de alimentos esenciales cuestan los precios que les señalé, si la cantidad de arroz que se entrega, a un precio bien reducido, también con un dólar que, cambiado por peso, a 25 centavos y con el cambio de 26 a 1, una familia, o una persona puede comprar 105 libras de arroz por un dólar . Hay otras tiendas en que se vende más caro y todo en relación del lujo o de la cosa necesaria.
Los medicamentos en nuestro país tienen la mitad del precio que tenían hace 44 años, porque se rebajaron entonces a la mitad, y hoy se mantienen esos precios de aquellos productos genéricos.
Vuelvo a repetir que cuento para explicar.
Sí la asistencia médica de una calidad cada vez mejor, porque estamos haciendo grandes esfuerzos en ese sentido, es gratuita para todos los ciudadanos por igual, lo mismo una cirugía del corazón, a corazón abierto, que una gripe.
La educación, cada vez con más calidad, es absolutamente gratuita, desde el prescolar hasta un doctorado en ciencias, sin que le cueste un centavo a nuestros ciudadanos, una de las razones por las cuales tiene mucha tranquilidad nuestra población. Pero ahora estamos pasando a una sociedad de cultura masiva, y nuestro país vivirá en el futuro fundamentalmente de las producciones intelectuales.
Si la naturaleza no nos dio gran cantidad de otros recursos, tuvimos el privilegio de una Revolución a la que nos obligó un vecino muy poderoso, aunque de esto último no podemos echar la culpa a nadie, quizás a Cristóbal Colón, no sé, que nos descubrió y nos trajo la civilización, como ustedes saben; aunque ustedes, argentinos, desde luego, no entenderían tan bien como la República de Haití lo que significó la colonización. Pero no vamos a discutir sobre eso. Es un producto histórico.
Se sabe, desde luego, que allí fueron muchos peregrinos en una emigración religiosa, que traían una ética religiosa. Yo atribuyo a eso el hecho del idealismo que suele caracterizar a los ciudadanos norteamericanos y el porqué si usted logra demostrarle la verdad es capaz de apoyar una causa justa. No hay que olvidarse de ellos, que están tan amenazados como nosotros de todas las calamidades ecológicas y otras de las cuales hablé. Hay muchas cosas en común con ellos y ellos están bien persuadidos, tienen razones para estar bien persuadidos de que a quienes los dirigen no les importa un bledo —no sé si ustedes usan esa palabra—, el medio ambiente o el cambio de clima. Porque me pregunto por qué demonios ese país tan poderoso, que gasta el 25% de la energía mundial y aporta la mayor cantidad de bióxido de carbono y otros gases contaminantes, ha renunciado al Acuerdo de Kyoto. Tengan la seguridad de que decenas de millones de norteamericanos tienen las mismas preocupaciones que ustedes y los demás con relación a todos esos problemas.
Yo decía: Bueno, tenemos un vecino muy poderoso, pero ha sido una suerte que hayamos podido ir desarrollando, cultivando las inteligencias de nuestros compatriotas de forma masiva.
El ciento por ciento de los niños se gradúan de sexto grado y el 99% y fracción de noveno grado ya en nuestro país, y ahora entramos en la etapa de masificación, usando los medios audiovisuales, usándolos exhaustivamente, no para sembrar veneno, no para que otro piense por uno; porque ya hablé de que si al niño le falta alimento no desarrolla la inteligencia con que vino al mundo, la inteligencia potencial, pero si se usan incorrectamente determinados medios, le suprimen la opción de pensar, porque piensan por usted y le dicen qué color es el que tiene que usar, si la falda es larga o corta, si la tela de moda es esta o la otra. Nos envían el mensaje desde allá sobre lo que debemos usar, qué refresco tenemos que tomar —digo, gaseosa, porque supe que decir refresco aquí es otra cosa, y me equivoqué en una declaración; no me equivoqué, dije refresco porque así se conoce en Cuba lo que ustedes conocen por gaseosa; eso lo dije cuando hablé de cierto tipo de champán, que no voy a repetir aquí; pero, bueno, quise decir lo que ustedes llaman gaseosa—, vienen y le dicen qué cerveza deben tomar, o qué marca de whisky o de ron. A nosotros no nos importa, si nosotros, que somos productores de tabaco históricamente, y no podemos renunciar a él, y mucho menos bloqueados, cuando le regalamos una caja de puros a un amigo le decimos: “Con ella, si fumas, puedes fumar; si algún amigo fuma, le puedes brindar, pero lo mejor que puedes hacer con esa caja es regalársela a tu enemigo”.
Cuba es productora y exportadora de tabaco y hace campaña contra la fuma; Cuba es productora de ron de cierta calidad —para actuar con la debida modestia; ahora han robado una marca, pero no importa, no pueden producir el ron cubano—, no lo recomiendo, pero si alguien puede probarlo... A las mujeres embarazadas lo que les recomiendo es que no lo consuman, que no consuman alcohol. Lo sabemos porque estamos estudiando todas las causas de cada uno de los casos de atraso mental y sabemos el daño que el alcohol produce en una mujer gestante, es una de las causas.
Pero, bien, el país vivirá no en una sociedad de consumo; la sociedad de consumo es uno de los más tenebrosos inventos del capitalismo desarrollado y hoy en la fase de globalización neoliberal. Es nefasto, porque trato de imaginarme a 1 300 millones de chinos con el nivel de motores y de automóviles que tiene Estados Unidos.
No puedo imaginarme a la India, con 1 000 millones de habitantes, viviendo en una sociedad de consumo; no puedo imaginarme a los 520 millones de personas que viven en el África Subsahariana, que no tienen ni electricidad y en algunos lugares más del 80% no sabe leer ni escribir, en una sociedad de consumo. Empezaría preguntándome cuánto van a durar los yacimientos de combustible, probados y probables, al ritmo en que lo gastamos hoy, de modo que apenas durará 150 años lo que la naturaleza formó a través de 300 millones de años.
Hablo así, porque se nos ha introducido en la cabeza la idea sobre un falso concepto de calidad de vida.
¿Cómo puede haber calidad de vida sin educación? ¡Cuánto sufre un analfabeto!, no se lo imagina nadie; porque hay algo que se llama autoestima, que es más importante, incluso, que los alimentos, la autoestima.
¿Qué es un analfabeto?, en el último escalón allá abajo, que tiene que pedirle a un amigo que le redacte una carta para la novia. Yo lo vi de niño, en un lugar donde había muchos analfabetos y unos pocos que sabían leer y escribir y le pedían una carta para una mujer que pretendían; pero no es que le dictara una carta diciendo que soñó toda la noche y todavía está pensando y que no come pensando en ella, digamos, si el campesino quiere mandar ese mensaje; sino que le decía al que sabía leer y escribir: “No, no, escríbele tú lo que tú crees que debes escribirle”, para conquistar a la novia. No exagero. Yo viví en los campos en que eso era así.
¡Qué humillación tener que poner las huellas digitales! Aquellos que después estudiaron segundo, tercero, cuarto o quinto, ¿qué es una persona de cuarto o quinto grado?
Luego dicen allá en Estados Unidos que hay democracia, pero me pregunto si millones de personas son analfabetas, con qué criterio votan; si millones son semianalfabetas, con qué criterio votan.
Entonces, todos ustedes han oído hablar del ALCA y yo me hacía, en mi fuero más íntimo, una pregunta, ¿y si les da por decir que el ALCA es la salvación de todos los dolores y de todas las calamidades? (Silban.) Es decir, cómo puede decidir alguien que no sepa leer y escribir, o que apenas tenga cuarto, quinto o sexto grado, lo que es el ALCA; lo que es abrir todas las fronteras de países que tienen un nivel muy por debajo de desarrollo técnico a los productos de aquellos que tienen los más elevados niveles tecnológicos y de productividad, de aquellos que fabrican aviones del último modelo, de aquellos que dominan las comunicaciones mundiales, de aquellos que quieren garantizar de nosotros tres cosas: materia prima, fuerza de trabajo barata, y, además, clientes.
¿Cómo va a comprender una población donde un porcentaje alto no sepa leer y escribir, no tenga nociones de economía, lo que significa renunciar a la moneda propia? Renunciar a la moneda, ya algunos lo han hecho tranquilamente.
Si nuestro país hubiera renunciado a su moneda, no habría podido vencer los obstáculos que venció, sobre todo, a partir de ese que llamamos período especial al derrumbarse el campo socialista. Jamás renunciamos.
Ahora, ¿cómo va a explicar el fenómeno de la fuga de capitales? ¿Qué le dice?, si hay algo tan claro que lo puede ver un ciego de nacimiento, y es que las monedas de nuestros países están obligadas a escapar y están obligadas a fugarse, sean bien habidas o mal habidas.
Un profesional que reunió 50 000 o 100 000 dólares y lo tiene en la moneda de su país, y de repente aquella moneda, por ley de la gravedad, como aquella que descubrió Newton, se cae hacia Estados Unidos —esta es una especie de ley de gravedad lateral, no hacia el centro de la Tierra, sino hacia una dirección geográfica —, y se tiene que ir porque nuestras monedas no pueden sostener la llamada paridad.
Es verdad que luchando contra la inflación, que es la confiscación sistemática y casi diaria, algunas fórmulas y promesas se abrieron paso. Junto con ello, el famosísimo libre cambio, que abre las puertas para que el dinero se escape.
Apenas hay un déficit presupuestario o un déficit en la balanza de pagos, de inmediato se empiezan a crear problemas; aun sin los especuladores, que ayudan porque encuentran en eso el medio de cultivo, y se llevan el dinero.
Se tienen los datos del dinero que se fuga, sea cual sea su origen, algo que no tiene que ver con la deuda ni con los intereses usurarios de una deuda, sino algo que tiene que ver con esa ley de la fuga de las monedas débiles.
En un tiempo el oro fue moneda, tenía un valor per se y lo fue, incluso, hasta el año 1971 o 1972, en que el señor Presidente de la potencia hegemónica —aunque todavía no era hegemonismo unilateral— decidió suprimir la conversión del papel moneda norteamericano en oro. Entonces, ya la moneda era papel, no tenía un valor per se, la imprimían los dueños de las máquinas donde se imprime el dólar.
¿Y para dónde va el dólar? No se va para el Caribe. Bueno, puede haber alguna islita con paraíso fiscal, pero esas son excepciones. Bien, ¿para dónde se marcha? No se va para el Africa, no se va para un país vecino latinoamericano, porque a todos les pasa exactamente lo mismo.
Usted puede tener una moneda que se llame equis, no la voy a mencionar, que está a la par del dólar—es que no quiero tocar nombres de países—, y en seis semanas puede estar a la mitad o a un tercio de su valor, y si usted tenía un valor en papeles, que era real por su capacidad de compra, cuando se produce ese fenómeno un valor de 30 se reduce a un tercio o a un 25% o más.
Cuando usted ve que algunas monedas son cientos de pesos por un dólar, no hay que olvidar que en un tiempo valían lo mismo que un dólar. Y así con algunas monedas se ha visto en estos días, llámese equis o llámese bolívar —Chávez no se va a poner bravo conmigo, porque yo mencione el bolívar, porque él sabe muy bien cómo se devalúan todas nuestras monedas—; luego están obligadas a marcharse, ir allí a los bancos del país más rico del mundo.
Vean, este solo concepto, ¿cómo se lo vamos a explicar a un analfabeto? ¿Cómo se lo vamos a explicar a un hombre que tiene sexto grado? ¿Cómo se lo vamos a explicar a un hombre que no tenga un mínimo de conocimientos económicos, que conozca estas cosas? Le venden un ALCA y 10 ALCA. De ahí la necesidad de sembrar conciencia, sembrar ideas, enseñar, porque el hombre es capaz de comprender cuando se le explica y mediante ejemplos. Hoy esa ignorancia se utiliza como caldo de cultivo, como instrumento para saquearnos cada vez más, explotarnos cada vez, engañarnos cada vez más.
Por eso ahora nosotros, en nuestro país, explicábamos el Primero de Mayo, habíamos desarrollado un programa para enseñar a leer y escribir por radio —no hablo por televisión—, por radio, lo único que necesita el oyente es un radio de onda corta y unas cuantas hojas. El método está y está probado, lo puede trasmitir por una cadena nacional de radio o por cadenas locales; ya hay algunos que lo están haciendo. Incluso, nuestro país por onda corta podría enseñar a leer y escribir, bueno, digamos, a algunos analfabetos de Estados Unidos.
En días recientes leíamos el número de miles de alumnos de escuelas públicas con cuarto grado y hasta con noveno grado que no sabían leer. ¿Qué clase de enseñanza les impartirán? Como 36 alumnos por aula allí mismo en Miami, allí, donde tienen globos y donde han hecho despegar aviones para imponer trasmisiones piratas de televisión a un país donde más de la mitad de las horas hoy se dedican a educación; muchas horas que eran libres, incluso, por ahorro de combustible.
Hace unos días inauguramos el tercer canal televisivo, que es para la educación, y también anunciamos que en el primer trimestre del próximo año estará el cuarto canal educativo. La televisión es una verdadera y no conocida forma de trasmitir conocimientos masivos. Y hay otras más, no voy a mencionarlas ahora, de increíble eficacia, no voy a explicar por qué. Pero van surgiendo posibilidades.
Al señor de la UNESCO y a cualquier país le ofrecíamos públicamente, el Primero de Mayo, esa patente, pudiéramos decir, esa fórmula, gratuitamente: los programas para enseñar a leer y a escribir por radio.
Conocemos también las técnicas de enseñar a leer y escribir por televisión, lo que ocurre es que un gran número de los analfabetos no tienen electricidad, no tienen televisor.
En nuestro país, en dos mil trescientas y tantas escuelas del campo que no tenían electricidad lo hemos resuelto mediante un modesto panel solar de 1,2 metros cuadrados, y cuyo costo no supera los 1 123 dólares ; de modo que por menos de 4 millones de dólares, fíjense bien, hemos llevado el panel solar a todas esas escuelas, tanto para el televisor que gasta solo 60 watt como para la computadora, que cuando hay un número mayor de niños no le alcanzaría el kilowatt de un panel y tiene que poner dos, y por eso digo que por menos de 4 millones de dólares, hemos llevado la electricidad a todas las escuelas rurales del país; no la electricidad para cocinar, sino para el televisor y para la computadora.
Hemos creado, en fecha reciente, la posibilidad de ver la televisión al medio millón de cubanos que vivía en áreas rurales que no tenían televisión, con 1 885 casas de video, 50 sillas por sala, panel solar de 1 900 dólares, con un gasto también menor de 4 millones de dólares. Acceso a información y a programas por televisión, en un televisor de 29 pulgadas, por esa cifra tan ridícula, se puede decir, al lado de los miles de millones que se mencionan constantemente; hasta un país bloqueado durante tantos años puede hacerlo, no debe haber ninguno que no pueda hacerlo . Vean, les estoy dando datos concretos.
Hemos creado, no inaugurado —ya va para el segundo curso—, una universidad de la ciencia informática con alumnos seleccionados entre los mejores de todo el país, donde ingresarán 2 000 alumnos por año; no serán, desde luego, los únicos, ahí se formarán analistas más que programadores.
Bien, no voy a mencionar otras cosas, no solo en aras del tiempo, sino que tengo la esperanza de que algún día las conozcan, y es lo que está transformando nuestro país y le da la posibilidad de vivir por la inteligencia. Eso no tendría ningún valor y ninguna importancia, si no tuviéramos la convicción profunda de que esos métodos se pueden masificar y, por lo tanto, acabar con esos bochornosos millones de personas analfabetas de las que se viene hablando hace 40 o 50 años y que pudieran erradicarse, sencillamente, en cinco años, simplemente si Naciones Unidas quisiera, si la UNESCO quisiera. ¡Son tan baratos esos procedimientos! Y después podrían venir los cursos de seguimiento, primer grado, segundo, tercero, son infinitas las posibilidades.
También se puede competir con las prisiones sembrando escuelas y utilizando procedimientos sencillos como estos procedimientos. Estoy convencido de que si un país pobre puede garantizar las cosas modestas, pero honradas, dignas, para cada uno de sus ciudadanos, ¿por qué otros no podrían hacerlo? Es por ello que hasta con un poco de pasión les hablo de estos problemas, porque son problemas en que durante mucho tiempo hemos pensado. Y les confesaba que cuando hemos llegado a tener algunos de estos conocimientos, resultado de la observación, del estudio constante de la situación de la vida de los ciudadanos, es que digo que sentimos vergüenza por no haber podido descubrir antes muchas de estas cosas que tanto bienestar podrían traer para nuestros ciudadanos.
Nosotros no recomendamos fórmulas dogmáticas, no nos ponemos a recomendar que tengan tal y más cual sistema social. Conozco países con tantos recursos, que con el uso adecuado de los recursos no tendrían ni necesidad, vean, de hacer un cambio revolucionario con relación a la economía, de tipo radical, como el que ha hecho nuestro país. Sabemos lo que ocurre en lugares, como el más pobre de este hemisferio, que es Haití, los problemas que tiene de recursos naturales, y algunos muy ricos, no voy a discutir sobre este tema; pero el problema está en la distribución equitativa de la riqueza. Esto no necesita ni siquiera confiscar; no, en una concepción de lo posible..., porque hay que pensar en lo deseable y lo posible, hay que diferenciar entre lo que se puede soñar y lo que se puede realizar ahora, y lo que se puede realizar ahora y lo que podría realizarse dentro de 20 o 30 años, a partir de las realidades del mundo actual.
Nosotros no tenemos ni un átomo de arrepentimiento de lo que hemos hecho en nuestro país y de la forma en que hemos organizado nuestra sociedad. Hemos tenido la posibilidad de aprender mucho sobre nuestras posibilidades y tenemos una idea de prioridades, porque es muy importante para los que deseamos un mundo mejor tener idea de las prioridades, de las posibilidades, de las realidades.
Les mencioné como dos veces o tres el famoso proyecto de ALCA. Hoy una enorme necesidad de nuestros pueblos es evitar que ese veneno se implante en nuestros países y estaríamos obteniendo una gran victoria.
Les puedo añadir que vemos en América Latina un movimiento de avance que se produce. Si me preguntara alguien por qué sentí gran satisfacción y júbilo cuando llegaron las noticias de un resultado electoral en nuestra queridísima Argentina, fíjense, hay una razón muy grande: Lo peor del capitalismo salvaje, como diría Chávez; lo peor de la globalización neoliberal es que el símbolo por excelencia... Y no menciono nombre, nadie puede quejarse, a no ser que alguien se sienta símbolo de lo que digo. Mi opinión es que una de las cosas extraordinarias es que el símbolo de la globalización neoliberal ha recibido un colosal golpe.
Ustedes no saben el servicio que le han prestado a América Latina; ustedes no saben el servicio que le han prestado al mundo al hundir en la fosa del Pacífico —no sé cómo se llama ahora—, que tiene más de 8 000 metros de profundidad, el símbolo de la globalización neoliberal. Le han insuflado tremenda fuerza al número creciente de personas que han ido tomando conciencia en toda nuestra América sobre qué cosa tan horrible y fatal es eso que se llama globalización neoliberal.
Si se quiere, podíamos partir de lo que el Papa dijo muchas veces y cuando estuvo de visita en nuestro país, cuando habló de la globalización de la solidaridad. ¿Alguien estaría en contra de la globalización de la solidaridad en el más cabal concepto de la palabra, que abarque no solo las relaciones entre los hombres y mujeres dentro de la frontera de un país, sino dentro de las fronteras del planeta, y que la solidaridad la ejerzan también aquellos que derrochan el dinero y destruyen y malbaratan los recursos naturales y condenan a muerte a los habitantes de este planeta? 
No se alcanza el cielo en un día, pero créanme —no lo digo por halagar, y trato de decirlo con el mayor cuidado— que ustedes han asestado un descomunal golpe a un símbolo, y eso tiene un enorme valor, y se ha producido, precisamente, en este momento crítico, de crisis económica internacional, donde están envueltos todos; ya no es una crisis en el sudeste asiático, es una crisis en el mundo, más amenazas de guerra, más las consecuencias de una enorme deuda, más el fatalismo de que el dinero escape. Es mundial el problema, y por eso mundialmente también se está formando una conciencia y por ello será un día de gloria ese día en que el pueblo argentino, pese a dificultades, que como sabemos todos existen aquí y en otras partes, muchas veces fragmentación, muchas veces divisiones, y divisiones puede haber y hasta debe haber, pero es que hay tantas cosas de interés común que se puede tener la convicción de que estas deben prevalecer, el mundo posible. Fíjense que ha tomado fuerza esa frase: un mundo mejor es posible. Pero cuando se haya alcanzado un mundo mejor, que es posible, tenemos que seguir repitiendo: Un mundo mejor es posible, y volver a repetir después: Un mundo mejor es posible.
Les he expresado —y estoy próximo a terminar—, así en estas peculiares condiciones, y me alegro más, la experiencia modesta de nuestro país, y cómo día a día aprendíamos cosas nuevas y cosas nuevas, y cuando luchábamos contra el 30% de analfabetismo, qué lejos estábamos de pensar que un día estaríamos masificando los estudios universitarios, extendiendo las universidades por todos los municipios del país, a partir del capital humano que habíamos creado, sin lo cual habría sido imposible esa aspiración, y, por eso he dicho, y Martí ya lo había dicho hace muchos años, que a los que le llamaban soñador él decía que los sueños de hoy serán las realidades del mañana.
Los soñadores no existen, se lo dice un soñador que ha tenido el privilegio de ver realidades que no fue capaz de soñar. No lo considero un mérito, sino también privilegio y azar afortunado de vivir, a pesar de los cientos de planes por acelerar mi viaje hacia la tumba, con lo cual me han hecho un enorme favor, obligarme a perder todo instinto de preservación y conocer que los valores sí constituyen la verdadera calidad de vida, la suprema calidad de vida, aun por encima de alimento, techo y ropa. No disminuyo, ni mucho menos, la importancia de las necesidades materiales, siempre hay que colocarlas en primer lugar, porque para poder estudiar, para adquirir esa otra calidad de vida hay que satisfacer determinadas necesidades que son físicas, que son materiales; pero la calidad de vida está en los conocimientos, en la cultura.
Cuando un hombre termina su trabajo quiere ir a un lugar a ver una buena película, o a un teatro, para ver una obra excelentemente presentada, o una danza, o un grupo musical. Ya después que desayunó y almorzó, lo que desea es esa recreación, distraerse. Nadie quiere que los hijos se entretengan o se recreen aprendiendo a consumir drogas, o viendo violencia y cosas absurdas, que envenenan la mente de ese niño, la calidad de vida es otra cosa, calidad de vida es patriotismo, calidad de vida es dignidad, calidad de vida es honor; calidad de vida es la autoestima a la que tienen derecho a disfrutar todos los seres humanos.
Argentinos todos, hermanos entrañables de América Latina, cualquiera que sea su creencia, su pensamiento o sus ideas, no he tenido intención de lastimar ni de ofender a nadie. Si alguno considera que algunos conceptos aquí expresados fuesen algo como una injerencia en los asuntos argentinos, algo que por cierto he tratado de evitar, y con más razón a partir de la extraordinaria solidaridad y calor con que he sido recibido en esta ciudad y en este país, si alguien lo cree, le pido sinceramente que nos excuse.
¡Viva la hermandad entre los pueblos!
¡Viva la humanidad!
¡Hasta la victoria siempre!
Gracias.
FIDEL CASTRO RUZ

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