julio 15, 2012

Discurso de Fidel Castro en la Plaza Roja de Moscú (1963)

DISCURSO PRONUNCIADO EN LA PLAZA ROJA DE MOSCU, EN EL GRAN ACTO DE BIENVENIDA QUE SE LE BRINDA A SU LLEGADA A MOSCU
Fidel Castro
[28 de Abril de 1963]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Querido compañero Nikita Jruschov;
Compañeros del Comité Central del Partido Comunista de la URSS; Compañeros del Consejo de Ministros;
Representaciones del Cuerpo Diplomático;
Ciudadanos soviéticos:
Por primera vez se me presenta la tarea de dirigirme a una masa como esta, cuyo lenguaje no conozco. Claro que aquí está presente un grupo numeroso de estudiantes cubanos (EXCLAMACIONES), y parece que ellos me entienden primero. Pero para coordinar un poco, creo que nuestros compatriotas, si se ríen primero, si aplauden primero, y si todo lo hacen primero, van a complicar un poco más la situación. Creo que todos los problemas los podemos resolver, porque tenemos un buen “perevodchik” (EXCLAMACIONES).
Para nosotros este viaje, esta visita a la URSS, no solo entraña un hecho extraordinariamente emocionante, sino que despierta también grandemente nuestro interés histórico, político y económico.
Es cierto que nosotros llegamos a este gran país ya predispuestos en su favor por entero, dada las simpatías que sentimos hacia él. Pero venimos también deseosos de observar y deseosos de aprender. Quizás nuestros enemigos piensen que nuestros juicios no sean objetivos y, sin embargo, se equivocan.
Hace algo más de 24 horas que llegamos a la URSS; hemos hecho ya los primeros contactos con el pueblo soviético, y las impresiones que aquí vierto no son para nuestros enemigos — si nuestros enemigos quieren equivocarse es cosa de ellos—, ¡hablo para el pueblo soviético y hablo para nuestro propio pueblo!
Nosotros, soviéticos y cubanos, es lógico que nos comprendamos. Los soviéticos nos comprenden a nosotros, porque nuestra Revolución, nuestros actuales esfuerzos, nuestros riesgos, nuestras dificultades, les recuerdan su propia revolución. Y nosotros, los cubanos, podemos comprender a los soviéticos, porque sus éxitos, sus triunfos, sus extraordinarios avances, los podemos apreciar mejor que nadie, porque sabemos con cuántas dificultades, obstáculos y enemigos se encuentra una revolución verdadera en su camino.
Y los logros alcanzados por el pueblo soviético nosotros sabemos que solo pudieron ser posibles basados en la férrea voluntad, en el extraordinario tesón y en el heroísmo de los trabajadores de este país.
Y cada una de las cosas que vemos y que nos impresionan nos recuerdan, en primer lugar, que no fueron realizadas por los ricos y los poderosos, por los privilegiados, por los intelectuales burgueses, sino que las realizaron los obreros humildes y los campesinos, los explotados, que no tenían experiencia como gobernantes, que no habían pasado por las universidades y, sin embargo, ¿qué han creado? Han creado un país enteramente nuevo, una sociedad enteramente distinta.
Y de aquellos hombres humildes, de los trabajadores y campesinos soviéticos, guiados por su vanguardia, el Partido Comunista, han creado esta realidad que es la URSS hoy donde se gradúa un porcentaje mayor de ingenieros y de técnicos que en ningún otro país del mundo, donde la ciencia se desarrolla vertiginosamente, donde se ha acumulado una enorme experiencia en el arte de gobernar, de planificar y desarrollar la economía. Y eso es lógico que nosotros, los revolucionarios, lo veamos fácilmente y lo admiremos como merece ser admirado.
No es ese el único mérito de la obra realizada por el proletariado de la URSS, sino que abrió al mundo posibilidades enteramente nuevas, cambió el curso de la historia, e hizo posible hechos que antes no podían imaginarse.
No se trata de conclusiones que puedan leerse en un libro; se trata de realidades. Y nosotros somos un ejemplo de esas realidades.
Muchos soviéticos me preguntan cómo ha sido posible la Revolución Cubana; cómo ha sido posible un cambio tan radical en un país pequeño, subdesarrollado económicamente, y que yacía bajo la égida del imperialismo yanqui.
Es posible que muchos soviéticos admiren a nuestro país por eso, y sea una de las razones de la extraordinaria simpatía que expresan hacia nuestro país. Sin embargo, nosotros no olvidamos nunca una circunstancia: la Revolución Cubana fue posible porque mucho antes hubo Revolución Rusa en 1917 . ¡Sin la existencia de la Unión Soviética no habría sido posible la Revolución socialista de Cuba!
No quiere decir esto que la Revolución de Cuba la haya hecho la Unión Soviética. Entre tantas mentiras y calumnias, a los enemigos de la URSS no se les ha ocurrido afirmar tal cosa. Lo que significa es que, sin la existencia de la Unión Soviética, los imperialistas habrían aplastado cualquier revolución nacional liberadora en América Latina. Y si hubiesen aplastado hasta una revolución burguesa, si esa revolución hubiese afectado sus intereses imperialistas, mucho más expeditivamente habrían aplastado una revolución socialista en América Latina.
Pero es que si la Unión Soviética no existiera, los imperialistas no habrían necesitado siquiera recurrir a las armas, habrían estrangulado esa revolución por hambre, la habrían liquidado solo con el bloqueo económico. ¡Pero como la URSS existía, esa revolución no pudo ser aniquilada con el bloqueo económico!
Cuando los imperialistas, de una manera arbitraria, suprimieron nuestra cuota azucarera, ese hecho habría bastado para liquidar la Revolución, hundiendo en el hambre y en la ruina al país. Y entonces, la Unión Soviética vino en nuestra ayuda, comprando nuestro azúcar. Cuando los imperialistas suspendieron el abastecimiento de petróleo, eso habría bastado para liquidar la economía de un país. Pero entonces, la Unión Soviética nos envió petróleo. Mas cuando las medidas económicas no surtían el efecto esperado, comenzaron a prepararse los planes intervencionistas. Ningún país capitalista nos quería vender armas. Fue entonces cuando los países del campo socialista, con la Unión Soviética al frente, decidieron facilitarnos la adquisición de armas que necesitábamos. Y fue con esa ayuda y con esas armas, que pudimos rechazar a los invasores en Playa Girón.
Si la Unión Soviética no existiera, los imperialistas no habrían vacilado en atacar militarmente a nuestro país. Ha sido el poderío de la Unión Soviética y, de todo el campo socialista, lo que ha frenado la agresión imperialista contra nuestra patria. Es lógico que nosotros sintamos una profunda y eterna gratitud hacia el pueblo soviético.
Esto nos enseña dos cosas: que cualquier pueblo, por pequeño que sea, por distante que se encuentre, puede llevar a cabo su lucha por una vida mejor, sin que los imperialistas puedan impunemente destruirlos. Pero al mismo tiempo enseña el mérito inmenso del pueblo soviético, de los obreros soviéticos, de su genial dirigente, Lenin, y del partido que él organizara.
Nosotros sabemos que los soviéticos están conscientes de lo que han hecho en bien de la humanidad; nosotros sabemos que el haber preservado su revolución no fue tarea fácil; nosotros sabemos cuántos sacrificios han hecho, cuántas agresiones han sufrido; nosotros conocemos la historia de esta revolución; sabemos de la conjura internacional de los reaccionarios; sabemos de las intervenciones contra este país, sabemos de los inmensos sacrificios que costó a la URSS el ataque fascista; nosotros sabemos la sangre vertida, los sacrificios realizados.
Ayer, cuando visitábamos Murmansk, veíamos una ciudad enteramente nueva, miles de nuevos edificios. Pero vimos también unas fotos que nos enseñaban cómo quedó Murmansk después de la guerra: sin una sola casa en pie.
Nosotros sabemos cómo más de una vez han tenido que reconstruir los soviéticos su país. Pero hemos podido apreciar cuán consciente está de eso el pueblo soviético.
Lo pudimos apreciar desde el primer instante y, así, nunca podremos olvidar las primeras impresiones recibidas al llegar a la URSS. Encontrarnos, en primer lugar, una sociedad sin clases explotadoras y explotadas; encontrarnos un pueblo todo trabajador, y apreciar qué extraordinario es un pueblo así, una sociedad como esa, el vigor, el patriotismo y el espíritu sano de los ciudadanos de un país donde el socialismo ha triunfado ya plenamente.
Por eso no tenemos la menor duda de que el nuevo Programa del Partido Comunista de la URSS se cumplirá, que esta generación vivirá en el comunismo, y que su avance no podrá detenerlo nada. No pudieron detenerlo cuando los obreros y campesinos de la Unión Soviética carecían, prácticamente, de todo; cuando no tenían la base industrial y la experiencia que tienen hoy.
Y, de todo corazón, los pueblos de todo el mundo debemos alegrarnos y recibir como nuestro su éxito. ¡Porque esta revolución ha tenido lugar para bien de la humanidad! No importa lo que digan los imperialistas, no importan sus calumnias, no importan sus mentiras. Nosotros sabemos lo que son las calumnias de los imperialistas porque las han empleado mucho contra nosotros. Pero, ¡no importa!, esas calumnias se estrellarán contra la realidad. ¡Lo creí siempre, pero lo creo aún más firmemente desde que conocí al pueblo soviético!
La humanidad seguirá su curso victorioso, la humanidad tiene motivos para estar optimista, para creer que las fuerzas progresistas vencerán sobre la reacción, para creer que las fuerzas de la paz se impondrán a las fuerzas retrógradas que quieren la guerra.
Y con el éxito de la Unión Soviética marcharán hacia adelante exitosamente, también, los pueblos que como el nuestro, hoy se enfrentan a la intriga y a las agresiones de los imperialistas. ¡Siempre fuimos grandes admiradores de Lenin, pero después de haber visto la obra realizada por su pueblo, después de conocer a la URSS, su figura se agiganta a nuestros ojos y se hace aún más inmortal!
Soviéticos: ¿Queréis que con una palabra diga nuestro concepto de este pueblo? Lo vaya decir con la expresión de un compañero de nuestra delegación cuando le pregunté su impresión y me contestó: “¡Este es un pueblo de gigantes!”
El compañero Jruschov expresó hoy su fe en el triunfo de la Revolución Cubana, y nosotros estamos seguros de que así será ; nosotros estamos seguros de que nuestro pueblo no será vencido, porque se juntan las dos condiciones indispensables de la victoria: el espíritu patriótico y revolucionario de nuestro pueblo y la solidaridad del campo socialista, con la URSS al frente, más la solidaridad de los trabajadores revolucionarios de todo el mundo , la solidaridad de todos los pueblos que conocen las garras del imperialismo y del colonialismo.
Soviéticos, del socialismo y del comunismo podemos decir también, como decimos nosotros en nuestra patria: “¡Venceremos!” El futuro de la humanidad es el futuro del socialismo y del comunismo.
Por eso, permítaseme expresar con más fervor que nunca en esta Plaza Roja, tan llena de esa historia que señalaba el compañero Jruschov, y por lo cual hace para nosotros doblemente honroso encontrarnos aquí, infinitamente agradecidos del honor que se nos dispensa en esta histórica Plaza donde comenzó a escribirse la historia nueva del mundo; permítaseme, como el más justo homenaje a quien tuvo el mérito mayor, exclamar:
¡Viva Lenin! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES.)
¡Viva el internacionalismo proletario! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES.)
¡Viva la amistad entre el pueblo soviético y el pueblo cubano! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES.)
¡Viva la Unión Soviética!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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