julio 15, 2012

Discurso de Fidel Castro en el II Aniversario de la Victoria de Playa Girón (1963)

DISCURSO EN EL II ANIVERSARIO DE LA VICTORIA DE PLAYA GIRON, EN EL TEATRO “CHAPLIN” DE MIRAMAR
Fidel Castro
[2 de Abril de 1963]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Familiares de los heroicos caídos de Girón;
Compañeros del Partido y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias:
Hoy conmemoramos el segundo aniversario de la victoria de Playa Girón. Esta fecha tendrá siempre gran trascendencia en la historia de nuestra Revolución. Fue para nuestra patria y para nuestra Revolución una batalla decisiva; no ha sido la única batalla decisiva de la Revolución; tal vez no sea la última, aunque ojala fuese la última.
Esta fue la última de una serie de batallas por nuestro país que se libraron a lo largo de este proceso revolucionario. Si las batallas de la lucha contra la tiranía hicieron posible la conquista del poder revolucionario y cambiaron el curso de la historia de nuestro país, la batalla de Playa Girón impidió que la historia de nuestro país diese marcha atrás, y salvó la Revolución.
Sin embargo, esa victoria no fue un hecho casual, no se trató de que la suerte nos favoreciera a nosotros, no era una cuestión de suerte. La victoria se forjó antes de la batalla; y para todos nosotros —sobre todo para los compañeros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias — es una lección importante.
El hecho de que la contienda se hubiese liquidado en 72 horas puede tal vez conducir al error de pensar que el peligro no fue grande. La victoria fue fulminante, pero el peligro fue grande para nuestro país. Los que organizaron esa empresa no son tan tontos; los que organizaron esa empresa no son unos ignorantes en cuestiones militares — en cuestiones políticas sí, en cuestiones sociales sí, pero en cuestiones militares no son unos ignorantes. Solo que la suerte de las naciones y el destino de los pueblos no es un simple hecho de técnica militar.
Claro está que la política de los atacantes era una: destruir la Revolución. Los planes para destruir la Revolución no los comenzaron a realizar desde aquel día, sino desde mucho antes; el esfuerzo por crear las condiciones comenzó apenas triunfó la Revolución sobre la tiranía de Batista. Nosotros sabemos que fue exactamente después de haberse promulgado la Ley de Reforma Agraria; desde ese instante comenzaron a preparar sus fuerzas, sus fuerzas militares. Y, desde el principio, habían tratado de crear las condiciones políticas.
Y, naturalmente que aquel ataque militar estuvo precedido de una serie de agresiones económicas, de una enorme campaña de propaganda contra la Revolución en todo el mundo, y de una política tendiente a dividir y a debilitar las fuerzas de la Revolución.
Por otra parte, trataron de hacer todo lo posible a fin de que nuestro país no pudiese armarse. La mayor parte de ustedes recuerda que al triunfo de la Revolución nos encontramos unos pocos tanques, algunos eran Sherman, anticuados; otros eran Cometas ingleses, que todavía no nos explicamos bien por qué ni siquiera los sacó a pelear el señor Batista, ya que esos tanques nos los encontramos en el antiguo campamento de Columbia, hoy Ciudad Libertad. Y recuerdo que habían también algunas tanquetas y unos tanques muy ligeritos, que hoy parecen de juguete, llamados General Stuart; una enorme diversidad de armas de distintos tipos y algunos aviones también de distintos tipos.
Pero, como ustedes saben, todo ese equipo necesita constante reparación, necesita piezas de repuesto y, sobre todo cuando hay que entrenar un personal completamente nuevo. Porque cuando la Revolución triunfó no teníamos un solo tanquista, no teníamos un solo artillero, y pilotos militares solo algunos compañeros que, por haberse unido a la lucha revolucionaria, se encontraban prisioneros en Isla de Pinos. De hecho, no teníamos técnicos. Y, como había que enseñar un personal, personal que, en muchos casos, no había visto siquiera nunca un tanque, aquellos tanques se desgastaban rápidamente; aquel equipo, al transcurrir de unos pocos meses estaba prácticamente o estaría prácticamente inservible.
Ya nuestros enemigos comenzaban a preparar esa expedición y nosotros decidimos comenzar a adquirir algunas armas — que fueron las primeras armas adquiridas en Europa, compradas a una fábrica belga. Nuestros enemigos comenzaron a hacer presiones para evitar que nos armáramos: por un lado preparaban su expedición y, por otro, trataban de impedir que adquiriésemos armas. Como la fábrica de armas resistió al principio las presiones, acudieron al sabotaje. De esa manera, estalló un barco en nuestros muelles, en el momento en que comenzaba la descarga.
Después de eso, en nuestro país hemos descargado no se sabe cuántos cientos de barcos, y ¡qué casualidad!, ninguno de esos barcos ha estallado. En cambio, aquel barco estalló. Era un barco que procedía de un país de Europa Occidental, donde los agentes de la CIA trabajan libremente. Cuando todas las investigaciones y las deducciones indicaban que aquel había sido un criminal acto de sabotaje, los imperialistas lo negaron. Porque, incluso, como ustedes recordarán, para saber si existía la posibilidad de explosión por accidente, se lanzaron desde un avión varias de aquellas cajas. ¡Era imposible que estallaran! Pero no tenía nada de extraño que ellos negaran.
Después, ya todos nosotros hemos tenido oportunidad de saber cuán cínicos son nuestros enemigos. Y hay cosas que enseñan, y los hechos enseñan más que las palabras y más que los discursos.
Así nuestro pueblo se despertó un amanecer atacado por diferentes puntos por aviones que llevaban insignias cubanas, hecho insólito, piratesco y repudiable, además de cobarde y traicionero. Y ya vimos qué hicieron nuestros enemigos, qué publicaron ante el mundo. ¿Qué aparecieron publicados en todos los periódicos del mundo? ¿Qué se publicó? ¿Acaso que aviones yanquis, equipados por ellos y organizados por ellos desde bases centroamericanas habían atacado a Cuba?
No. Cuando nosotros denunciamos que aviones yanquis habían atacado a Cuba, ellos dijeron que era falso, y que aquellos eran aviones cubanos que se habían sublevado. Cuando por aquellos mismos días nosotros dijimos que un piloto norteamericano había sido identificado en uno de los aviones derribados, ellos dijeron que era falso, se lo negaron a sus propios familiares. Y el cadáver permaneció largo tiempo embalsamado en espera de la reclamación.
Ahora, casi al cabo de dos años, se sabe que cerca de 20 pilotos norteamericanos participaron en aquellos ataques. Entonces lo negaron.
Y quien quiera hacerse una idea real de hasta dónde llega la falta de escrúpulos y la falta de moral y de veracidad de nuestros enemigos, basta leer los cables internacionales con relación al primer día de la invasión, lo que publicaron en el mundo: que Santiago de Cuba estaba ya en poder de los invasores; que habían llegado a Matanzas; que Isla de Pinos había sido liberada y, con ello, todos los prisioneros; que el Puerto de Bayamo había sido tomado; que, por supuesto, todos nosotros estábamos en embajadas. Estas cosas ilustran y enseñan.
Por eso, nada tiene de extraño que cualquier día se conozca cómo hicieron el sabotaje de La Coubre. Aquel hecho criminal y cobarde costó la vida de innumerables compañeros del ejército y de igual número de trabajadores. ¡Holocausto de vidas que en nada hace temblar la mano de los criminales! No les importó siquiera la nacionalidad del barco que era francés, ni mucho menos les importó asesinar a unos cuantos trabajadores franceses. A los imperialistas nunca les ha preocupado moralmente asesinar trabajadores.
Pero su política era la de impedir armarnos, mientras ellos iban preparando su expedición. Y nosotros teníamos que armarnos, porque una cosa que caracteriza la Revolución es que la Revolución nunca ha dejado de hacer lo que sea necesario hacer, nunca ha dejado de tomar las medidas que sea necesario tomar para preservar al país y para preservar los intereses de nuestro pueblo.
Y así, solo de los países socialistas vino la actitud amistosa, cuando todos los países capitalistas, presionados por Estados Unidos, se negaron a vendernos armas, los países socialistas estuvieron dispuestos a vendernos armas, algo más que vendernos, a fiarnos armas. Y así se iniciaron las primeras adquisiciones de armas en el campo socialista.
Claro está que para los imperialistas habría sido fácil — y digo fácil desde cierto punto de vista—, habría sido fácil establecer una cabeza de playa en nuestro país si nosotros no hubiésemos contado con artillería ni tanques. No dominar este país, que no es lo mismo. Y para lo cual, para impedirlo, no necesitamos ni tanques ni artillería, porque una cosa era hacer una cabeza de playa y otra cosa era dominar el país, aunque no tuviésemos más que fusiles. ¡Porque nosotros sabemos lo que puede hacerse con fusiles! Y hasta los fusiles que tenía el antiguo ejército nos habrían sido a nosotros más que suficientes para estar combatiendo contra los invasores 50 años.
Pero claro, ellos tenían sus cálculos, sus planes: establecer una cabeza de playa y librar contra el país una guerra de desgaste. Si nosotros no hubiésemos tenido artillería ni tanques, ellos, apoderándose de una zona donde solo se podía ir por tres carreteras, separada del resto del territorio por una ancha ciénaga, ancha y virtualmente intransitable, ese ataque apoyado por una veintena de aviones, media docena de tanques, 1 500 hombres con los equipos más modernos, habrían podido establecer una cabeza de playa.
Y después de la cabeza de playa venía lo demás: un gobierno allí, que ya lo tenían en un avión, “empaquetado” y todo, porque esos señores realmente viajaban “empaquetados” como “bultos postales”, con la factura y todo afuera que dice: “made in U.S.A.” Y detrás del gobierno establecido en esa cabeza de playa, el apoyo de otros gobiernos reaccionarios y, sobre todo, el apoyo del imperialismo, el reconocimiento y el apoyo.
Su plan se basaba en el supuesto de que no íbamos a contar con equipos para impedir ese tipo de operación. Pero los equipos comenzaron a llegar algunos meses antes de la invasión. Sin embargo, había que resolver otro problema: no teníamos tanquistas, no teníamos artilleros. ¿Qué hacer?
Los primeros técnicos que vinieron, y que era un grupo muy reducido, comenzaron a entrenar una batería de cada arma, una batería de cañón del 55 antitanque, otra del 76, otra batería del 85, otra batería de morteros 120, y otra batería de obuses 122. Total: 5 baterías. Y se suponía que aquellas primeras baterías necesitarían meses.
Ya nosotros veíamos avanzar los preparativos enemigos. Si hubiésemos esperado meses habríamos tenido cinco baterías para esa fecha. Los técnicos eran muy pocos y no podían enseñar a más artilleros. ¿Qué hacer? Movilizamos a los milicianos, les preguntamos quiénes querían ser artilleros, dentro de determinados requisitos de edad. Teníamos ya también un numeroso grupo de armas antiaéreas, pero no teníamos personal. Los más jóvenes fueron enviados para las armas antiaéreas, los demás para los obuses, para los morteros y para los antitanques.
Miles y miles de jóvenes respondieron al llamamiento. ¿Cómo entrenarlos? Los agrupamos en Ciudad Libertad, en Granma, en la Cabaña, en Baracoa, y entonces, allí pusimos cada una de las baterías que estaban siendo instruidas por los técnicos checos, y nosotros le pedimos a los compañeros: lo que ustedes aprendan por la mañana, se lo enseñan por la tarde a los demás.
Y así comenzó la instrucción masiva, los técnicos cooperaron extraordinariamente, y a los pocos días todo estaba organizado, porque era a fines del año 1960, apenas tres meses antes de la invasión. Ya teníamos muchas piezas, pero no teníamos artilleros, y así se hicieron los artilleros; así se hicieron también los tanquistas, con esos métodos, con toda urgencia. Y recuerdo perfectamente que la batería de obuses del 122 y de cañones de ese calibre se terminó de organizar dos semanas antes de la invasión, ya estaba lista.
Los enemigos hicieron planes de atacarnos desarmados, pero nosotros superamos ese obstáculo y obtuvimos las armas.
Cuando el enemigo supo que teníamos las armas, calcularon que no tendríamos tiempo de entrenar al personal; y, sin embargo, el personal fue entrenado en unas pocas semanas, y cuando llegaron se encontraron con más de 100 baterías de cañones con personal entrenado.
Algo similar ocurrió con la aviación. Para nosotros era evidente que aun cuando ellos sabían que teníamos muy pocos aviones, y menos pilotos todavía que aviones —porque en aquel tiempo, compañeros, no teníamos pilotos—, solo siete pilotos el día 17, el día de la invasión, porque uno había muerto el día 15. Aunque ellos sabían esas desventajas, trataron de destruir esos aviones. ¿Para qué? Para tener un dominio completo del aire, y en esas condiciones, con un dominio completo del aire, con una fuerza, con la fuerza de una brigada y el armamento que tenían, contra un enemigo que supuestamente no habría podido movilizar tanques ni artillería, el plan de ocupar un espacio del territorio nacional como cabeza de playa, para detrás lanzar todos los recursos del imperialismo y de sus cómplices en este continente, ese plan habría sido posible.
Pero, ¿qué le ocurrió con la aviación? Nuestro mando militar adivinó las intenciones del enemigo, dispersó los aviones, les dio protección antiaérea, y cuando vino efectivamente el ataque, apenas destruyeron dos o tres aparatos. Y a aquellos aparatos se les sacó el máximo de provecho, porque téngase en cuenta que la mitad de la flota enemiga fue hundida, su combustible de repuesto para el campo de aviación, y uno de los batallones quedó fuera de combate, al ser atacado el Houston por uno de nuestros aviones de combate.
Desde luego que la energía y el esfuerzo de nuestros hombres se multiplicó; y el esfuerzo que hicieron ese reducido número de pilotos, que después quedó más reducido todavía, a cinco, fue en realidad extraordinario.
Por eso les decía que la casualidad no tuvo nada que ver, sino que fue la voluntad y el espíritu de nuestro pueblo y de nuestra Revolución lo que hizo posible la victoria.
Todavía ellos están averiguando qué pasó, todavía aparecen escritos en los periódicos y en las revistas yanquis preguntándose qué pasó, cómo pudo haber sido posible, cómo se pudieron haber equivocado sus mejores generales, sus mejores políticos, sus mejores estrategas, sus mejores servicios de inteligencia; porque aparte de que ellos se creen infalibles e invencibles, les resultaba difícil imaginarse que se hubieran equivocado. Y “el qué pasó” para nosotros es muy claro.
Ellos todavía allá están diciendo, que si porque no hicieron un ataque el día 17 al amanecer. Bien, si lo hubieran hecho, el día 17 al amanecer estaban todos nuestros aviones en el aire, y cargados de bombas. Así que si lanzan este ataque, que dicen que lo suspendieron, no habrían hecho nada; y luego dicen: que si hubiese apoyado la aviación americana, que estaba en uno de los portaaviones cercanos, habrían obtenido el triunfo. Suerte para los pilotos de los aviones de ese portaavión, que no los enviaron a combatir; porque podíamos haber movilizado allí cientos y cientos de piezas antiaéreas, y aunque no se movilizaron todas, sino una parte, habrían sido más que suficientes para apoyar a nuestra infantería, a nuestros tanques y a nuestra artillería.
Por allá estuvieron volando los aviones yanquis muy alto, si hubiesen descendido a atacar, muchos de esos aviones habrían sido derribados, y no habrían decidido la suerte de la batalla, porque ya desde el día 17, mucho antes de que ellos supieran que estaban fracasados, ya nosotros teníamos una cabeza de playa del lado de allá, y ya teníamos varios batallones avanzando por todos los trillos para cortarles todos los caminos de comunicación entre ellos. Y de esa forma, ni con 100 ni con 1 000 aviones habrían podido mantener la cabeza de playa.
Es decir que la cosa no tenía remedio ya para ellos. Compañías enteras de bazookas ya estaban situadas en disposición de emboscarse en las carreteras entre Playa Girón y Playa Larga, entre Playa Girón y Cayo Ramona; de manera que, de día o de noche, en cualquier instante en que hubiesen intentado realizar un movimiento, habrían caído en mortíferas emboscadas. Y eso no lo habrían podido impedir, de ninguna manera, con el apoyo de la aviación de los portaaviones. Puede ser que hubieran durado un poquito más, porque no llegaron a las 72 horas, ellos quedaron fuera de combate a las sesenta y tantas horas, y yo diría que tuvieron un poquito de suerte, que estuvieron próximos a ser liquidados antes.
Pero de ninguna forma habrían podido triunfar, así que bien pueden entretenerse otros 10 años averiguando qué pasó, porque en realidad, nuestros enemigos tendrán que pasarse toda la vida preguntándose qué pasó en todo, porque es posible, es posible que el señor Batista, que era uno de los tantos gobernantes que tenían los imperialistas para defender sus intereses, esté todavía en la isla de Funchal preguntándose qué pasó (RISAS). Y los imperialistas se van a pasar toda la vida preguntándose qué pasó, y mientras más traten de apartar a nuestro país de su destino justo, tendrán que repetirse, incesantemente, qué pasó (RISAS). Porque todos los planes — todos— les han ido saliendo mal y mal y mal.
Así se podrían preguntar: ¿Qué pasó en el Escambray? (RISAS), ¿qué pasó en Girón? ¿Qué pasó con la contrarrevolución? Y, ¿qué pasó con todos sus planes? Y de tal manera es cierto que se lo están preguntando, que este segundo aniversario ha coincidido con la crisis y el desbarajuste general de la contrarrevolución, y con una verdadera “pelea de perros” entre ellos. Y dentro de unos días se preguntarán: ¿Qué pasó? (RISAS.)
El hecho real, histórico, es que nuestro país, nuestro pueblo, nuestra Revolución, han ido saliendo victoriosos, y los imperialistas han ido saliendo derrotados en todos y cada uno de los frentes donde nos han atacado. Porque ellos pensaron que al quitarnos el petróleo, al quitarnos la cuota azucarera, al establecer un embargo, nos arruinarían y nos rendirían por hambre.
Pensaron que cuando establecieran una serie de medidas restrictivas contra los barcos para que no navegaran a Cuba, nos arruinarían por hambre. ¿Y qué paso? (APLAUSOS Y RISAS.)
Ahora leemos los cables y dicen que están muy preocupados, porque cada vez son más los barcos que están viniendo. ¿Qué pasó? (RISAS.)
Por eso les decía que la victoria que hoy conmemoramos se forjó antes de la victoria, mucho antes. Y eso es algo que debe enseñarnos, porque las victorias no se forjan en el momento de la batalla, sino mucho antes de la batalla.
Y en esa ocasión nuestro país se libró de horas difíciles, porque si efectivamente el enemigo hubiese instaurado una cabeza de playa allí, con un gobierno provisional, ¿cuántas decenas de miles, o cientos de miles de vidas, habría costado eso? No se pueden calcular las bajas, porque ellos habrían tenido el apoyo incesante, el suministro incesante de armamentos.
Y de la misma manera que emplearon pilotos yanquis —aunque lo hayan estado negando casi dos años para reconocerlo ahora— habrían empleado los aviadores yanquis también; habrían estado atacando nuestras carreteras, nuestras vías de comunicaciones; habrían paralizado la vida económica del país; todos los planes de la Revolución habrían sufrido de manera extraordinaria; y habría sido incalculable el número de víctimas de ese tipo de guerra criminal y despiadada que ellos trataron de implantar aquí. Por eso, nunca debemos olvidar sus intenciones.
Claro está que ellos les dijeron a los mercenarios que la milicia, que el ejército, que todo el mundo se les unía; que ellos eran los “libertadores “. Les dijeron eso a ellos, pero ellos, los jefes, no lo creían, porque si hubiesen creído eso no desembarcan por una Ciénaga, donde era muy difícil llegar; desembarcan por terreno firme, si todo el mundo se les va a unir. Pero desembarcaron en un lugar donde era muy difícil llegar, porque sabían que no iban a llegar precisamente por allí gente a unírseles, sino gente a destruirlos.
Una cosa es lo que les dijeron a los mercenarios, que por cierto, les hicieron creer que era un paseo militar, y ya aquellos tipos se veían desfilando por las calles de La Habana — es posible que se hubieran imaginado hasta un desfile por la Plaza Cívica, todos aquellos gusanos, con sus uniformes de “camouflage “, o de gusanos, como quieran—; ellos se imaginaron eso, pero los que prepararon el plan no creían eso, porque al parecer conocían mejor las realidades, y tenían el plan de una guerra de desgaste contra la Revolución, impedir que el pueblo progresara, impedir que el pueblo avanzara, hacer correr ríos de sangre. Esas eran las intenciones de nuestros enemigos.
A propósito de lo que les dijeron a los gusanos, algún día se escribirán hasta comedias. Todavía no, porque están muy recientes los hechos; pero algún día hasta comedias, porque, ¡miren que hacerles creer a esos tipos —tipejos— (RISAS) que se iban a encontrar a las milicias y a los soldados esperándolos en son de libertadores!
Desde luego, que a un gusano le pueden hacer ese cuento, porque un gusano es, en primer lugar, un tipo subjetivista, ignorante, sin noción de las leyes de la historia y de las realidades sociales. ¡Lo mismo le hacen creer en Satanás (RISAS), que le hacen creer que es un libertador! Pero hay que salir de un club de pepillos, de esos que nacionalizó la Revolución, para llegar a creerse semejantes tonterías; hay que ser un ignorante, no darse cuenta de la posición que ocupaba dentro de una sociedad en que él era un superprivilegiado, frente a los superexplotados.
Y es que no hay más que agarrar los papeles, los nombres, las listas, porque la Revolución habla con la verdad en la mano, y podemos hablar con la verdad en la mano, porque conocemos esa gran verdad de lo que era una sociedad capitalista, dividida entre explotadores y explotados, entre parásitos que no trabajaban y la gran masa sacrificada a esos privilegios; porque sabemos la gran verdad de que la sociedad capitalista es una sociedad dividida en clases, entre explotadores y explotados.
Eso no lo saben los gusanos, porque ellos creen que una sociedad es algo dividido entre gente infeliz y destinada a ser siempre infeliz, y gente privilegiada, gente inteligente, gente “bicha “ (RISAS), destinada a vivir bien, sin importarles un comino cuántos se acuestan sin comer, cuántos son analfabetos, cuántos están muriéndose sin tener un médico.
Y esos señores de aristocráticos clubs, donde solo ellos... Y no solo los ricos, porque no solo discriminaban a los hombres por las riquezas, sino por el color de la piel; y por eso a ellos les resultaba intolerable que un niño negro se bañara en una de sus playas.
Únicamente gente salida de ese mundo de ignorancia, pero naturalmente de una ignorancia interesada, de los que ignoran lo que no les conviene, se podía imaginar semejante tontería. En estos días hemos tenido oportunidad de ver muchas veces los rostros queridos de numerosos compañeros que cayeron en aquellos días. Los periódicos los han publicado y la Comisión de Orientación Revolucionaria ha hecho un folleto con sus fotografías y sus nombres, su edad, lugar donde trabajaban, origen.
Y así vemos — y voy a citar solo algunos casos— compañeros muertos en Playa Girón, del Ejército Rebelde: Ramón Enrique Báez Vázquez, natural de Calabazar de Santa Rita, Jiguaní, Oriente, agricultor, 21 años; Héctor Batista Peña, natural de Velazco, Oriente, obrero agrícola, 19 años; Alejandro Beltrán Mojena, natural de Baire, Oriente, obrero agrícola, 26 años; Ramiro Betancourt, natural de Bacuey, San Luis, Oriente, limpiabotas y empleos varios, 19 años.
(EL DOCTOR CASTRO SE DIRIGE A UNA DE LAS PERSONAS ASISTENTES).
¡Hijo suyo, señora, y hermano de 7 millones de cubanos! (APLAUSOS PROLONGADOS.) Emilio Daudinot Pineda, natural de Guaibanó, Guantánamo, Oriente, obrero agrícola, 20 años; Juan Alberto Díaz González, natural de Zulueta, estudiante, 24 años; Nicanor Egozgue Rosas, natural de Aguada de Pasajeros, carpintero, 37 años; Antero Fernández Vargas, natural de Isabel María, Pinar del Río, minero de Charco Redondo, 30 años; José Ramón Fuertes Cano, natural de Camajuaní, obrero agrícola, 27 años; Manuel Galán Mora, natural de Palma Soriano, Oriente, obrero agrícola, 22 años; Enrique Hernández Montes de Oca, natural de Alto Songo, Oriente, obrero panadero, 23 años; Diosmede Jiménez Palomino, natural de Estacadero, Niquero, Oriente, obrero agrícola, 26 años; Osvaldo López López, natural del Naranjo, Pilón, Niquero, Oriente, obrero agrícola, 33 años; Inocente Antonio Palacio Baro, natural de Majagua, provincia de Camagüey, obrero agrícola, 24 años; Armando Parra Góngora, natural de Holguín, Oriente, obrero agrícola, 25 años; Víctor Manuel Reyes Pérez, natural del Caney, Oriente, mecánico de autos, 23 años; Raúl Rojas Mendoza, natural del Caney, Oriente, dependiente de puesto de frutas, 24 años; José Mariano Tamayo Rodríguez, natural de Bayamo, Oriente, estudiante, 21 años.
De la Policía Nacional Revolucionaria: José Manuel Bañuls Perera, natural de Santiago de Cuba, 23 años; Wilfredo Betancourt Arias, natural de Cayo de la Jagua, Santa Lucía, Oriente, obrero agrícola, 21 años; Eusebio Cañer Enríquez, natural de Santa Isabel de las Lajas, obrero agrícola, 21 años; Luis Artemio Carbó Ricardo, natural de Sagua de Tánamo, Oriente, estudiante, 22 años; Rafael Angel Carini Milián, natural de La Habana, antes empleado de periódico, 20 años; Efraín Israel Espinosa Pérez, natural de Las Bocas de Tanas, Niquero, Oriente, antes obrero agrícola, 24 años; Adalberto Gómez Núñez, natural de La Habana, empleado de periódico, 26 años; Wilfredo Gonce Cabrera, natural de Caimanera, Oriente, 19 años ; Rodolfo Fernández Alvarez, natural de San Benito, Alto Songo, Oriente, 19 años; Rafael Izquierdo Ramírez, natural del central Delicias, Oriente, cocinero, 24 años; Luis López Mustelier, natural de Guantánamo, Oriente, obrero agrícola, 25 años; Alvaro Morales Hernández, natural de Bayamo, Oriente, carpintero, 25 años; Tomás Palmero Vizcaíno, natural de Tayabacoa, Sancti Spíritus, obrero agrícola, 30 años; Juan Dioscórides Prieto Delgado, natural de Jovellanos, Matanzas, mecánico, 20 años; Pedro A. Quintana López, natural de Guane, Pinar del Río, empleado de almacén, 26 años; Sofiel Riverón López, natural de Los Arabos, Matanzas, empleado de tintorería, 20 años; Roberto Rodríguez Sarmiento, natural de El Cristo, Oriente, obrero agrícola, 25 años; Julián Sánchez Gómez, natural de Aguada de Pasajeros, dependiente, 31 años.
Y así en cualquiera de las páginas, bien en la de los compañeros de la marina que cayeron, bien en la de los valientes compañeros de la escuela de responsables de milicia, bien los de la base de Baracoa que manejaban los morteros 120, o bien los niños, porque eran prácticamente unos niños los que manejaban las antiaéreas de la Base Granma.
Base Granma: Juan Domingo Cardona Bravo, natural de Santiago de Cuba, escolar , aprendiz de zapatero, 17 años; Nelson Fernández Estévez, natural de Catalina de Güines, obrero agrícola, 14 años ; Hugo Rivero Alamo, natural de San José de las Lajas, La Habana, obrero agrícola, 21 años; Rolando Valdivia Fernández, natural de Florida, Camagüey, empleado, 16 años.
Y así los compañeros de la fuerza aérea, los compañeros del Batallón 111, del Batallón 116, del Batallón 117, del Batallón 123, del Batallón 144, del Batallón 180, del Batallón 219, Colón, del Batallón 227, Unión de Reyes, del Batallón 326, Cienfuegos, Batallón 339, Cienfuegos. Los compañeros de las Milicias Territoriales y los compañeros que perecieron en el ataque a la FAR, de la Batería de La Habana, de la Batería de Camagüey y de la Batería de Las Villas, que hacen un total de 149 compañeros caídos; del Ejército Rebelde, de la Aviación, de la Marina, de la Artillería, de los Batallones de Milicias . Porque en esta histórica batalla combatieron, y también cayeron hombres de las distintas fuerzas que integran el aparato armado de la Revolución. Victoria que fue, por eso, sangre de todos, valor de todos, honra de todos, mérito de todos; batalla del pueblo, que fue a combatir por la Revolución, y no por una Revolución a medias, sino por una Revolución verdadera, por una Revolución socialista.
Y he aquí al enemigo según los datos que nos entregara la Sección de Información del Ejército cuando aun no estaban completos esos datos. Latifundistas, 100, con 16 322 caballerías de tierra; propietarios medios, 24; casatenientes, con miles de casas, 67; comerciantes, 112; industriales, 35; ex militares de la tiranía, 194; acomodados, 179; altos empleados, 89; empleados, 236; lumpen, 112.
Entre otras cosas tenían dos negocios de madera, El Encanto de Camagüey, tres panaderías, La Casa Potín, tres compañías de transporte por carreteras, ocho negocios de agencias accesorios de autos, una imprenta, tres agencias publicitarias, tres bancos comerciales, cinco farmacias, tres moteles, 46 negocios varios, una compañía de fumigación, tres ferreterías, dos joyerías, siete almacenes de víveres, una compañía licorera, cinco cafeterías restaurante, una estación de radio, cuatro garajes, dos almacenes de pieles, dos granjas avícolas, cinco tiendas de ropas y confecciones, dos night clubs, 10 bares, una compañía de seguros y fianzas, dos tintorerías, una fábrica de mosaicos, seis industrias ganaderas, una fábrica de refrescos, cuatro minas, siete centrales azucareros, ocho compañías constructoras, un almacén de tejidos, una industria de pieles, una fábrica de plásticos, una fábrica de ensamblaje de rastras, una galletería, una fábrica de chorizos, un laboratorio, una marmolería, una industria de café, 80 casas de apartamentos, una fábrica de cemento, incalculables miles de cabezas de ganado, dos flotas navieras, una compañía de seguros, incalculables casas para alquilar, una flota camaronera, un hotel, una clínica, un cine, dos clubs, un edificio comercial, un molino de arroz, una nave gigante para fábrica, cinco repartos, tres fincas de recreo, dos canteras, una fábrica de productos de aluminio.
Y estos son los que vinieron en representación de los demás, que eran los dueños de todas las demás cosas. Porque estos invasores mercenarios realmente representaban a su clase.
¿Cómo no vimos a ninguno de esos tipos en la Sierra Maestra luchando contra la tiranía sanguinaria? ¿Cómo no se conmovió ninguno ante aquellos asesinatos bárbaros, como aquel de la Navidad sangrienta o aquel del Oro de Guisa donde en un solo día asesinaron a más de 40 campesinos, o cuando las calles, las carreteras de nuestro país amanecían todos los días con cadáveres de jóvenes acribillados a balazos?
En los días del terror, de la tortura y del crimen, no aparecieron por ninguna parte. Y era entonces cuando estos soldados rebeldes, obreros agrícolas, gente humildísima del pueblo, empuñaba las armas y combatía a los asesinos. ¡No! Ellos se juntaron a los asesinos que no en balde había cerca de 200 ex militares, y entre ellos tipos como Calviño, se juntaron para venir a hacerle la guerra a los hombres humildes del pueblo.
¿Qué más prueba se quiere? ¿Qué mejor lección de historia, qué mejor comprobación de la teoría marxista de la lucha de clases?
¿Y es que acaso creían que los soldados de incontables batallas, los obreros agrícolas, los trabajadores, los proletarios, los iban a recibir en son de libertadores a estos esclavistas, a estos discriminadores, a estos explotadores, a estos miserables parásitos?
(ALGUIEN DEL PUBLICO LE GRITA ALGO SOBRE AREVALO). Ese está desprestigiado hace años ya, no lo tiene que desprestigiar nadie (RISAS Y APLAUSOS).
Y aquí en los hechos reales es cuando se ve qué defiende cada cual, por qué murieron ellos, los que murieron; por qué venían a luchar; y qué defendían los nuestros, por qué morían los nuestros.
Porque del lado de allá se juntaron todos los pillos, los esbirros, los corrompidos, los viciosos, los explotadores, para venir a asesinar hombres humildes del pueblo, mujeres, niños.
¿Qué habría sido de este país en manos de esa gente? ¡Con cuánta saña y con cuánto odio habrían tratado de vengarse! Porque nosotros los conocemos bien. Y qué diferentes son de los revolucionarios, porque nosotros sabemos lo que le pasaba a nuestros heridos cuando caían en manos de ellos en la guerra; nosotros sabíamos lo que le pasaba a los prisioneros. ¡Qué distinta la Revolución que los aplasta como a cucarachas, y después de rendidos no los asesina y les cura los heridos! ¡Qué distinto!
Y es lógico, porque la triste misión de asesinos se la dejamos a ellos. Porque los revolucionarios sabemos tener serenidad, temple, y hacer lo que hicimos, obligar a los imperialistas a pagar la indemnización por los daños que causaron, verlos pasar por la humillación que nos recordaba hoy ese documental, y ver allí mismo, donde iniciaron su criminal asalto, posar los aviones cargados de medicinas y de alimentos para niños, con lo cual quedó culminada la victoria del pueblo.
¿Y cuál es la situación ahora de nuestros enemigos? ¿Qué piensan? ¿Qué hacen? ¿Qué ocurre a los dos años de la batalla de Playa Girón? Están prácticamente liquidados.
Y hoy podemos contar con un testimonio muy importante y muy útil de nuestros propios enemigos. Porque, como han terminado con una pelea de perros, hemos podido contar con el testimonio de quien fue el principal instrumento de los imperialistas y que figuró a la cabeza del organismo contrarrevolucionario, y que en estos días renunció dando a la publicidad ciertos detalles que son muy interesantes porque ahora, una vez más, ante el mundo entero se demuestra que teníamos razón, y ante el mundo entero se demuestra que hacíamos muy bien cuando nos preparábamos para resistir nuevas agresiones del imperialismo.
Y en la carta-renuncia del cabecilla contrarrevolucionario Miró Cardona (EXCLAMACIONES), hay ciertos detalles como estos, en que se descubren los planes de los enemigos de nuestro país. Dice: “Dos días de importancia: 20 de abril y 4 de mayo de 1961” —dice este señor en carta... Y esto no lo decimos nosotros, porque siempre terminan ellos diciendo lo que nosotros habíamos denunciado antes. Dice: “El 20 de abril de 1961, el honorable presidente Kennedy, quien con honestidad ejemplar de primer ejecutivo había asumido todas las responsabilidades del desastroso experimento “— se refiere al experimento este—,” también declaró su decisión de no abandonar a Cuba; y anunció al hemisferio que si las otras naciones de América Latina no cumplían con su deber, Estados Unidos actuaría de acuerdo con sus obligaciones bajo los Tratados y Convenios Interamericanos.
“Catorce días después, el 4 de mayo, después de mi regreso de un viaje a Nicaragua, Guatemala y la Isla de Vieques, por sugerencia de él, acompañado por los doctores Maceo y Varona, en una ansiosa búsqueda de sobrevivientes, el presidente Kennedy, en una entrevista, planeó junto conmigo el futuro inmediato de Cuba.” Y vean, además, qué cosa tan traidora de un señor que está con una potencia enemiga del país, planeando con el Presidente de esa potencia el futuro de Cuba.
“Sus ofrecimientos de cooperación fueron definitivos, y su respaldo total y absoluto.
“En la misma forma, se procuró apoyo para las fuerzas clandestinas en Cuba “ — es decir, confesión por parte de ellos de la injerencia de Estados Unidos en los asuntos internos de Cuba, y de la subversión, por si hiciera falta una prueba más. “Y el primer programa de reclutamiento de voluntarios cubanos en las distintas unidades militares de Estados Unidos fue planeado para un período de entrenamiento de muy corta duración. Más adelante se agruparían con sus propios oficiales en un cuerpo militar, en el momento en que decidiésemos era oportuno.” Otra denuncia más. Cuba denunciaba que estaban entrenando otra vez a fuerzas mercenarias para un ataque.
“En su nombre, yo invité a los oficiales de las Fuerzas Armadas de Cuba” —léase ex militares que integraban el ejército de Batista—”a participar en cursos especiales en distintas escuelas de Estados Unidos, y se les destinó a desarrollar una batalla en la isla de Castro. Se decidieron otras cosas” — ¡se decidieron otras cosas!— “que no es necesario mencionar en esta oportunidad”.
Y continúa diciendo el señor Miró Cardona: “El período desde mayo hasta octubre de 1961 tuvo sus momentos duros. Ya el 31 de octubre de ese año todas nuestras diferencias habían sido zanjadas y los acuerdos fueron reunidos en un convenio, el cual la historia en su momento registrará” — y que registrará para clavarlos en la picota.
Así que hablan de haber suscrito un convenio con ellos el 31 de octubre para la invasión de Cuba. Y, más adelante, este señor declara: “Entrevista de abril 10 de 1962”—fíjense la fecha, porque esto es muy importante—: “después de reunirme brevemente con el procurador general, Robert Kennedy, a petición suya me invitó a ir con él a la casa del Presidente. Fui como en anteriores ocasiones, con el doctor Ernesto de Aragón. Richard N. Coodwin estaba allí. La entrevista con el Presidente duró una hora; fue una reunión satisfactoria.
“En la reunión yo analicé la crisis interna de Cuba, la crisis en el hemisferio, la crisis de descontento entre los exiliados y la posición atormentada del consejo. La reunión no fue impersonal, la conversación fue viva y el señor Kennedy me aseguró que el problema es esencialmente militar y requiere seis divisiones “ —¡requeriría y hace tiempo de eso!— (RISAS), “que el consejo debía contribuir con el mayor número posible de soldados, y que Estados Unidos no debía adoptar una posición unilateral, porque esto provocaría graves críticas en el continente “.
Y dice: “El honorable Presidente allí mismo dio órdenes de que se tomaran medidas inmediatas para el reclutamiento masivo, eliminando todos los requisitos posibles, así como que los funcionarios fueran invitados. La reunión, como es natural, abarcó también otros aspectos que no me permito revelar “ — si lo que revela es esto, ¡qué sería lo que no revela!
Y dice más adelante: “El general Lanz Daley vino a Miami a discutir conmigo ciertos aspectos del problema militar, que no eran de solución fácil, y que implicaban demoras inevitables.” Es decir que este señor, el jefe de los contrarrevolucionarios, declara públicamente que existía un pacto entre ellos y el Gobierno de Estados Unidos para lanzar una invasión contra Cuba, y que esos cubanos que estaban entrenando en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, serían reunidos en un momento determinado para formar parte de la fuerza de ataque. Y, además, dice también que el ataque era de fuerzas de mercenarios y de soldados norteamericanos.
¿En qué mes fue la última entrevista, donde se ratificaron los planes? El 10 de abril de 1962. ¡Pero otra vez los imperialistas tendrán que preguntarse qué pasó! (RISAS.) ¿Y qué pasó? Que el Gobierno de Cuba, al igual que el Gobierno soviético, estábamos en conocimiento de estos planes de agresión contra Cuba, y así, en el mes de junio — es decir, dos meses después de esta última entrevista— se iniciaron las conversaciones entre los representantes del gobierno soviético y el gobierno cubano respecto a esta situación y las medidas a tomar.
Y las medidas que se tomaron, los pasos que se dieron ante la seguridad de una agresión contra nuestro país, fueron los pasos relacionados con el fortalecimiento de nuestras Fuerzas Armadas y el envío de los proyectiles estratégicos a nuestro país.
Ahora el mundo, ¡ahora el mundo sabrá quién fue el responsable de la crisis del Caribe!, ahora el mundo entero puede conocer quiénes fueron los culpables, quiénes eran los agresores, qué intenciones y qué planes tenían. Y el mundo entero tendrá que reconocer que Cuba actuó en legitima defensa, que las medidas que el gobierno de Cuba —conjuntamente con el gobierno soviético— adoptó, eran medidas justas y medidas necesarias para frenar las aventuras guerreristas y agresivas. Y cuando los proyectiles estuvieron instalados aquí, ya no era entonces un problema de seis o siete divisiones, ya no era un problema de divisiones, sino el problema de tener que afrontar el riesgo de una guerra termonuclear.
No han pasado muchos meses, han transcurrido apenas siete meses de la crisis, y he aquí las pruebas de que Cuba tenía la razón, he ahí las pruebas suscritas nada menos que por el cabecilla de la contrarrevolución, de quiénes fueron los responsables de la crisis, y quiénes fueron los culpables de haber puesto al mundo al borde de la guerra.
No ha transcurrido mucho tiempo, y una vez más la razón queda demostrada en favor nuestro. Ellos, naturalmente, están tratando ahora por todos los medios de desmentir estas declaraciones; la desmiente el Gobierno norteamericano y dice que no es cierto que hubiera ese convenio; algunos contrarrevolucionarios la están desmintiendo, porque esto los desnuda ante el mundo. Pero esto no lo escribe un amigo de la Revolución Cubana, lo escribe un enemigo, lo escribe el cabecilla de nuestros enemigos. No tenemos por qué dudarlo y, además, porque los hechos que denuncia están a la vista.
Es lógico que este problema se convierta ahora en un gran embrollo para el Gobierno de Estados Unidos. Y es lógico porque quienes practican una política de agresión, de violación de las leyes internacionales, los que practican una política sin moral y sin principios, tienen necesariamente que caer en estos abismos de descrédito y en estos vericuetos insalvables. Porque así como Cuba ha ido demostrando en cada caso su razón y Cuba ha ido venciendo, ellos en cada caso han ido fracasando y se ha ido poniendo cada vez más al desnudo su política.
Este señor de Miró Cardona — que nosotros lo conocemos demasiado bien—, aparentemente ha tomado en serio la comedia — la parodia que los imperialistas crearon— tan en serio que ahora se insolenta contra los imperialistas. ¿Cuándo ocurre este problema? Cuando el problema de Cuba ya no es un problema de divisiones más o menos, sino cuando un ataque a Cuba desencadenaría una guerra mundial. ¡Y ya eso es otra cosa! Porque no es lo mismo para los imperialistas dar sin recibir, que recibir todo lo que se merezcan por tratar de dar.
Y los problemas de Cuba son problemas ahora muy delicados y muy complejos, que no se pueden manejar, desde el punto de vista de los imperialistas, según el capricho de estos instrumentos. El problema de Cuba tiene que ver con la paz o con la guerra, y los imperialistas han comprendido esa realidad y los peligros que entraña un ataque a Cuba.
Pero esa situación, naturalmente, se le hace insoportable a los contrarrevolucionarios. No sin razón un senador norteamericano, presidente del Comité de Relaciones Exteriores, que aparentemente perdió la paciencia y se decidió a decirle cuatro verdades a este señor y a los contrarrevolucionarios, dijo una cosa que es verdad. Dice: “un número sorprendentemente grande de estos señores son oligarcas, batistianos y fascistas”. Y al mismo tiempo dijo, declaró, que este señor Miró Cardona no se conforma ahora con algo menos que con una guerra en la cual se vea envuelto Estados Unidos, y no una guerra local, sino una guerra mundial.
Y ante esta nueva situación creada y que fue creada por las medidas que se adoptaron, por las medidas adoptadas entre Cuba y la URSS, esta nueva situación obliga al Gobierno de Estados Unidos a poner a raya a estos señores contrarrevolucionarios, porque se encuentran ante una situación nueva y más difícil. Y ahora los imperialistas reciben su merecido.
Los apuros en que el señor Kennedy se ve metido se los merece, se los tiene más que merecidos. ¿Y quién le mete en apuros? Un Miró Cardona. De donde la política de agresiones contra Cuba ha significado una política de desastres para Kennedy. ¿A quién puede chantajear un Miró? A un Kennedy. ¿Y por qué? Porque le ha creado las condiciones.
Es proverbial aquí entre los compañeros del Consejo de Ministros, que el señor Miró no pudo ni chantajear al señor Urrutia, porque en los primeros días del Gobierno, este señor Miró a quien le gustan las “poses”, un día llega y le presenta la renuncia al señor Urrutia. Y entonces el señor Urrutia le dice: “Ah sí, cómo no, está bien, dame la renuncia, si nosotros habíamos creado este cargo para ti y ahora lo vamos a suprimir “. Y el hombre salió insultado de allí, diciendo: “Me han aceptado la renuncia, me han aceptado la renuncia.” No pudo chantajear a Urrutia y ahora trata de chantajear a Kennedy, porque Kennedy le creó las condiciones y le dio las armas.
Nosotros conocemos muy bien a este señor Miró Cardona. Fue abogado de Casillas, asesino de Jesús Menéndez; fue abogado de Grau en la causa 82 —creo que era la 82, ¿no?, si es que alguien se acuerda ya de aquellos tiempos. Pero como era un abogado de cierto renombre, penalista y profesor universitario, ostentaba ciertos cargos en el Colegio de Abogados, y como era, además, un señor ambicioso, realizó ciertas actividades muy cómodas por cierto, y al triunfo de la Revolución el señor Urrutia lo designó primer ministro. Posteriormente consideró que era conveniente renunciar.
Más adelante — y esta es otra anécdota interesante— cuando el señor Urrutia se lanzó por el camino de la reacción y de la traición a la Revolución, por el camino del divisionismo, amenazando con crearle un problema a la Revolución, el señor Miró Cardona estuvo de acuerdo con nosotros en que este señor Urrutia era un incapaz, un imbécil y que había que buscar alguna solución de esa situación. Y entonces él expresó que estaba dispuesto a aceptar el cargo de Presidente de la República. Es bueno que se sepa que en aquellos días en que se produjo la crisis con el señor Urrutia, el señor Miró Cardona estaba esperando en su casa que lo designaran presidente. ¡Y cuán grande fue su sorpresa al conocer de que nadie lo había designado presidente, y que el Consejo de Ministros escogió un verdadero presidente para nuestro país!
Yo no tengo la menor duda de que si ese señor hubiese sido escogido como presidente, estaría encantado de la vida e, incluso, se habría declarado comunista (RISAS), porque nosotros lo conocemos bien, y que tenía un tremendo afán de figurar. Y decepcionado tremendamente en el fondo por aquel hecho fue que decidió desertar e irse a vivir a Estados Unidos, donde lo designaron presidente del Consejo Contrarrevolucionario.
Por aquellos días primeros de la Revolución, este señor, cuyo padre había sido un combatiente del Ejército Mambí, un gran soldado, un gran patriota, y un hombre muy progresista, que se podía considerar entre los hombres más avanzados del Ejército Mambí, y ayudante de Maceo —cualidades que, por supuesto, no ha heredado absolutamente su hijo, y menos su nieto que fue uno de los prisioneros de Girón—, debido a esa relación familiar que tenía con uno de los ayudantes de Maceo, conservaba el machete de Maceo. Y claro, en aquellos días primeros de la Revolución, un día se presentó a nosotros y nos obsequió el machete de Maceo. Naturalmente, para nosotros, fue una gran emoción recibir aquella reliquia, y con una gran devoción la hemos conservado. Y en días recientes, en que estuve examinando ese machete, me decía para mis adentros: qué suerte que en los primeros días de la Revolución, se presentaron circunstancias en que a este señor se le ocurrió regalarme ese machete, porque si no, se lo habría regalado a Kennedy, y el machete de Maceo estaría en estos instantes en manos de Kennedy. Pero por suerte, el machete se quedó aquí (RISAS), y naturalmente pertenecerá al museo de la historia de nuestra patria.
Pero así es este señor, y así son todos ellos, por el estilo. Ante la quiebra total y el fracaso total de la política imperialista contra Cuba, decide armar un show, y entonces renuncia, y naturalmente redacta este documento, un plan de chantaje contra el Gobierno de Estados Unidos.
Pero era lógico que estos señores ahora traten de chantajear al Gobierno de Estados Unidos, porque el Gobierno de Estados Unidos les creó las condiciones y las oportunidades para que ahora puedan hacer eso. ¿Y qué están haciendo los otros llamados líderes de la contrarrevolución? Empujando, cayó esta y están empujando; y hasta Sánchez Arango, del que no se oía hablar hace más de un año, ha hecho una declaración apoyando a Kennedy, diciendo que es correcto que Kennedy maneje esta situación con cuidado porque entraña peligro de guerra.
Y un tal Collins, o no sé qué, ha hecho otra declaración diciendo que hay que apoyar al señor Kennedy; y el señor Garcerán, que también aspira a la presidencia por vía de que era el magistrado más antiguo, y de acuerdo con la constitución burguesa de 1940, dice que Kennedy tiene razón; y ahora, Tony Varona también apoyando a Kennedy. Entonces, están todos empujando a ver qué sacan sobre los despojos del que fue hasta ayer su jefe.
Qué moral la de esta gente, y qué impudicia la de esta gente. Pero es posible que el señor Kennedy no sepa qué hacer tampoco, con Varona ni con Garcerán, ni con Collins, ni con Aureliano ni con nadie. Porque el lío más grande que se ha buscado en su carrera política, es este lío. Si precisamente sus enemigos lo acusan de no tener una política contra Cuba. Y como decíamos aquí recientemente, esa política no existe, no existe ni puede existir. Porque, ¿cómo? ¿Con una política de guerra que sería la destrucción del imperialismo? Entonces acusan a Kennedy de no tener una política contra Cuba; y es que resulta que todas le fracasan porque todas le tienen que fracasar.
Y la otra, la de la guerra, es muy peligrosa para ellos.
Y esa es la situación. ¿Quién se ha buscado esos problemas? El mismo, y la política agresiva de Kennedy contra Cuba y contra la Revolución Cubana es la que le ha originado más problemas y más dolores de cabeza, porque ha sido una política, sin duda de ninguna clase, torpe, no de un político experimentado, sino de un novato en política. Porque, naturalmente, dentro de los círculos imperialistas existen determinados intereses de un grupo o de otro, y a la larga esa política de agresión se volvió contra él.
¿Qué fracasos le ha originado? En primer lugar lo de la invasión de la Bahía de Cochinos, que ha sido uno de los episodios más desacreditadores para ningún Presidente de Estados Unidos y para los propios Estados Unidos; fue un descrédito para él y para Estados Unidos. Cuando Kennedy asumió la presidencia, y hubo un cambio de administración entre republicanos y demócratas, ustedes recordarán que nosotros por aquellos días estábamos movilizados esperando una invasión, y cuando asumió la presidencia el señor Kennedy, desmovilizamos los batallones que teníamos cuidando las costas en espera de la política que este señor iba a seguir; incluso, declaramos que el Gobierno de Cuba esperaba que abandonara la política de agresiones que había seguido la administración de Eisenhower.
¿Qué hizo? Se embarcó en aquella política; no tuvo ni siquiera la habilidad de responsabilizar a la administración anterior con la política que se había seguido, y seguir una política menos torpe contra Cuba; no hizo eso, redobló el esfuerzo que venía haciendo la administración de Eisenhower. Bajo su administración se hicieron grandes esfuerzos por organizar las bandas contrarrevolucionarias, los sabotajes, y por último la invasión.
Y cuando viene la invasión, ¿qué hace? No rectifica, sigue por el camino de las agresiones, como lo demuestran las declaraciones hechas por el cabecilla Miró Cardona, ¿y en qué lío se mete?, pues sencillamente, pone al mundo al borde de la guerra termonuclear; pone en peligro la existencia misma de Estados Unidos, como consecuencia de esa política agresiva contra Cuba.
Se resuelve la crisis, y hoy el problema de Cuba es el problema más utilizado por sus enemigos políticos para atacarle, exigiéndole medidas más drásticas, es decir, medidas que conducirían a una guerra y que, por lo tanto, no puede tomar sin exponerse a tremendos peligros. ¿Por qué?, ¿quién le dio las armas a los enemigos internos? El mismo, su política de agresión contra Cuba. ¿Quién le dio las armas a los contrarrevolucionarios? El mismo. ¿Por qué es víctima del chantaje de los Miró Cardona y comparsa? Por su propia culpa; y si en algún instante la administración del señor Kennedy ha dado algunos pasos que se pudieran considerar cuerdos, han sido los pasos que dio para poner fin a las correrías piratescas y descontroladas de los contrarrevolucionarios.
Porque al menos, con esas medidas se disminuían los riesgos de un conflicto. Y claro, está recibiendo ahora su merecido, en que un descarado, un señor mediocre, inmoral, ambicioso y corrompido como este Miró, se toma el lujo de chantajearlo, de hacer estas acusaciones contra él, de publicarlas en la prensa de Estados Unidos; porque de hecho el señor Miró ahora le hace el juego a los enemigos políticos de Kennedy, a los que acusan a Kennedy de no tomar medidas más drásticas, luego esa política de agresión ha llevado a la administración actual de Estados Unidos a una serie de descréditos, de reveses y de situaciones embarazosas.
¿Qué sería lo único que le evitaría todo ese descrédito? Sencillamente, el abandono de la política agresiva contra Cuba. Los hechos han demostrado el fracaso de esa política; los imperialistas han fracasado con sus agresiones contra Cuba. Y en la situación actual, en las condiciones actuales, la única alternativa sensata y cuerda que les queda, es el abandono de esa política agresiva.
Los contrarrevolucionarios acusan a Kennedy de querer coexistir con Cuba y de coexistencia pacifica con Cuba. Pero es que los contrarrevolucionarios han sacado la conclusión de que la política agresiva ha fracasado, y que los imperialistas estén en una situación difícil, que la política agresiva de Estados Unidos contra Cuba está en bancarrota. Y como olfatean eso, ven eso, comienzan a denunciar que quieren coexistir.
Nosotros hemos sido las víctimas, nosotros hemos sido los agredidos. Es posible que los contrarrevolucionarios digan ahora que la Revolución Cubana está interesada en coexistir.
La Revolución Cubana ha estado por la paz, la Revolución Cubana lo que ha hecho es defenderse; nosotros no estamos por la guerra. Ahora, la Revolución Cubana ha derrotado la política agresiva de los imperialistas, la ha llevado a la bancarrota, la ha llevado al descrédito; nuestra política ha triunfado y la política de ellos ha fracasado, y los ha colocado en una situación de escándalo internacional, de descrédito, altamente lesivo para Estados Unidos.
Nosotros no estamos haciendo aquí campaña en pro de la coexistencia; nosotros no queremos la guerra, nosotros queremos la paz, nosotros no somos un obstáculo a la paz. Pero eso no ha dependido nunca de nosotros; nosotros lo que hemos hecho es defendernos, y saber defendernos, y defendernos con éxito. Y ellos han fracasado y, por lo tanto, no les queda otra alternativa que renunciar a la política de agresiones contra nosotros, renunciar a la política que han seguido.
¿Renunciarán? No podemos saberlo. ¿Se mantendrán en la estupidez y en el error, como hasta ahora? No podemos saberlo. Pero nuestra actitud es una: si hacen una política de paz, hacemos una política de paz; si siguen una política de agresiones, ¡continuaremos defendiéndonos por todos los medios y con todas las armas! , y seguiremos luchando con toda energía, y seguiremos propinándoles reveses.
La situación actual, la correlación de fuerzas en el mundo, el estado de nuestras relaciones con el campo socialista, y el descrédito de la política agresiva contra Cuba, por otra parte, nos sitúa en mejor situación que en ningún momento anterior para seguir librando con éxito esta lucha. Cuatro años y medio de hostilidad contra nuestro país; cuatro años y medio obligándonos a invertir enormes energías y recursos en la lucha por la supervivencia de la Revolución, en la defensa del país; cuatro años y medio defendiéndonos contra el bloqueo económico y las agresiones de un poderoso país contra nosotros. Haber salido victoriosos, gracias al tesón de nuestro pueblo, a la energía de nuestro pueblo y a la solidaridad del campo socialista, ha de ser para nosotros un motivo de orgullo.
Pero no podemos dormirnos sobre los laureles. El enemigo no renunciará fácilmente a sus planes agresivos; el enemigo no se resignará fácilmente y acudirá todavía a nuevos medios, a nuevas tácticas, a nuevos planes.
Ahora, últimamente, están haciendo hincapié en la necesidad de asesinar a los dirigentes de la Revolución; están haciendo hincapié en la necesidad de practicar la sedición, comprar, sobornar, tantear las filas de la Revolución para ver si localizan elementos débiles, elementos traidores. Y hablan de dinero, y hablan de invertir mucho dinero, hablan de sobornar, hablan de comprar.
Y esto nos recuerda los primeros días de la Sierra Maestra cuando después de luchar infructuosamente durante un año, los soldados de Batista no podían liquidarnos, y entonces, idearon un plan y llenaron la Sierra Maestra con una serie de planfletos ofreciendo recompensa por nuestras cabezas. Y así, ofrecían 100 000 pesos por la cabeza mía (RISAS) — a cada rato me llegaba un papelito de esos, me sorprendí de ver qué alto la había tasado—; y ofrecían decenas de miles de pesos por la de otros compañeros, quien entregara vivo o muerto, o quien diera informaciones que permitiera al ejército la liquidación de cualquiera de estos compañeros.
Y no hubo un solo guajiro que diera una información, no hubo nadie que se prestara a la traición, no hubo nadie que se dejara sobornar. Y las polillas dieron cuenta de los cientos de miles, y tal vez millones de papelitos que regaron por las montañas en aquel intento tan ridículo como desesperado.
Porque hay una cosa que los imperialistas no saben, y van a saber, van a aprender; y es la abismal diferencia que hay entre un revolucionario y un mercenario. Ellos resolvían sus problemas con los ejércitos profesionales, con las castas militares. Y así, mantuvieron su hegemonía, sobornando a algunos generales, apoyándolos; y así, instauraban tiranías militares en América.
¿Cuál fue el hecho básico e indispensable para el desarrollo de la Revolución? La desintegración de la casta militar, de un ejército de casta al servicio de la explotación y del privilegio, y su sustitución por unas fuerzas armadas integradas por el pueblo e indisolublemente unidas al pueblo; fuerzas armadas integradas por proletarios y por campesinos; pueblo armado, porque aquí, con uniforme o sin uniforme, todo revolucionario es un soldado de la patria; con uniforme o sin uniforme cada revolucionario es un trabajador de la patria.
Y la Revolución ha creado fuerzas de combate de nuevo tipo, enteramente nuevas, indisolublemente unidas al pueblo y a la Revolución, como una sola cosa. Y aparentemente los imperialistas no han comprendido eso, aparentemente los imperialistas no ven esto. Y, además, las Fuerzas Armadas de la Revolución son unas fuerzas cuyas raíces están en la historia, cuyo aprendizaje lo hicieron combatiendo. Y en el espíritu de esas fuerzas armadas, en

el espíritu de todos nosotros, está la historia que hemos hecho juntos, desde que comenzamos con unos poquitos fusiles, viéndonos reducidos a menos de 10 hombres, frente a fuerzas poderosas.
Y así surgió del pueblo, de las filas más unidas del pueblo, de sacrificio en sacrificio, de batalla en batalla, de victoria en victoria.
Y así hemos llegado a ser lo que la Revolución es: un acontecimiento histórico en este continente, un hecho que inspira la admiración y el respeto en todos los rincones del mundo; una fuerza que no han podido vencer los imperialistas, al que le hemos infligido numerosas derrotas.
Hoy tenemos muchas cosas que no teníamos antes: la técnica, la disciplina, los conocimientos adquiridos, los equipos modernísimos con que contamos para defender a nuestro país, el estudio, que ha sido el camino de la superación de tantos y tantos compañeros, muchos de los cuales no sabían apenas leer ni escribir.
Y si antes de la batalla de Girón, unos meses antes, no teníamos nada más que siete pilotos, y no teníamos artilleros, ni tanquistas, hoy tenemos personal técnico de sobra que ha adquirido enormes conocimientos, que continúa adquiriéndolos, que está perfectamente equipado y en condiciones de hacer frente a cualquier ataque.
Aquello de Girón, si se repitiera algo parecido, ¿cuánto dura hoy? ¿Cuántas horas pueden resistir el ataque de nuestras fuerzas, con la disciplina, la capacidad y los equipos con que hoy contamos? Y eso lo sabe el enemigo, y por eso, sus esperanzas son cada vez más vanas. Compañeros: no solo pueblo y Fuerzas Armadas Revolucionarias es la misma cosa, sino que es la misma idea; pueblo y Fuerzas Armadas —además de ser cada soldado un trabajador y cada trabajador un soldado—, es la idea, la ideología, los principios revolucionarios que defendemos. Y a todos nos vinculará una fuerza organizada, que es nuestro Partido, nuestro Partido Unido de la Revolución Socialista.
Y al igual que en cada centro de trabajo hemos ido organizando los núcleos revolucionarios, en cada unidad de combate iremos organizando los núcleos revolucionarios, los miembros del Partido , escogiendo siempre a los compañeros más abnegados, más sacrificados, a los compañeros ejemplares, a los mejores combatientes de la patria. Y así iremos organizando la vanguardia de la Revolución, el Partido marxista-leninista de la Revolución socialista.
Y cada militante revolucionario no solo tendrá muchas balas de cañón y muchas balas de ametralladora, y muchos equipos de combate; no solo tendrá mucho parque militar, parque de guerra, sino que tendrá también parque ideológico. Y avanzará pareja la instrucción militar con la instrucción política.
Todos hemos aprendido lo que se puede lograr con el estudio, todos hemos visto cuánto se han superado nuestros hombres, cuánto han aprendido, cuánto se han desarrollado y cuánto les queda todavía por delante. ¡Porque por delante nos queda mucho!
Esta noche nosotros nos conmovíamos al escuchar los cantos patrióticos, la sinfonía dedicada a nuestros héroes caídos; vibraban las últimas fibras de cada uno de nosotros al rememorar, al ver, las escenas de aquellos días. Infinita gratitud y cariño sentíamos hacia nuestros compañeros, hondo y legítimo orgullo de nuestras fuerzas, de nuestras victorias, de ver a un pueblo como este unido, ver la Revolución más unida que nunca, más organizada que nunca, constituir una impresionante fuerza social, política y revolucionaria, que es el patrimonio de cada uno de los ciudadanos buenos y dignos de este país.
Sin embargo, cuando esto se contemple dentro de 20, dentro de 30 años, la emoción de las generaciones futuras será incomparablemente mayor, y aun las fotos de estos actos, el recuerdo de estos actos, la presencia de cada uno de ustedes será motivo de emoción y de admiración para las generaciones venideras, porque nos ha tocado vivir esta hora, ser vanguardia de la patria en esta hora, fuerza creadora de la patria, ser una Revolución en marcha, que todo lo ha cambiado, que echó abajo las murallas del pasado.
Los castillos que parecían inexpugnables ayer fueron demolidos. ¿Por quiénes? ¿Por los poderosos? ¡No! ¿Por los generales profesionales? ¡No! ¿Por los millonarios? ¡No! Por los hombres y mujeres más humildes del pueblo, por los hombres y mujeres más olvidados del pueblo, por los hombres y mujeres explotados del pueblo, de puro pueblo. Como les decía a los compañeros de la fuerza aérea, de las filas del hambre, de las filas del “tiempo muerto “, de las filas de los explotados, de los discriminados, surgió la fuerza que ha hecho cambiar el curso de la historia de nuestra patria, surgió la Revolución que ha conmovido a todo un continente ; surgió la lucha, el movimiento, que puso en jaque al imperio burgués más poderoso del mundo, surgió el ejemplo y el aliento, surgió el porvenir que está en nuestras manos.

Aquí se han reunido familiares que han llevado con dignidad el dolor, no por eso menos profundo de los seres caídos, combatientes de la Revolución, soldados de la patria, militantes del Partido, hombres y mujeres de temple, hombres y mujeres probados en el dolor y en el sacrificio.
Y nosotros sí tenemos derecho a saber que en nuestras manos está el destino, y hemos sido siempre hombres de fe en el porvenir, de fe en las masas, de fe en el pueblo; los que vivieron los días difíciles de la Sierra Maestra, cuando no llegaba ni sal ni azúcar, ni ropas ni zapatos, cuando no llegaba nada, y nos rodeaban batallones de soldados decididos a liquidarnos; los que vivimos aquellos días y tuvimos fe, los que no se desalentaron nunca y supieron comer una vez al día cuando comían, o no comer, y supieron lo que era mojarse en una trinchera sin fumar, y sin frazadas, y marchar descalzos por las montañas sin desalentarse; los que han pasado pruebas duras que nos ha impuesto la Revolución por una causa o por otra, en el combate, en el trabajo, en el dolor, sabemos que el porvenir está en nuestras manos y que tenemos derecho a alcanzarlo, que tenemos derecho a crearlo, y que de nadie más que de nosotros depende.
Cierto es que hemos recibido extraordinaria ayuda solidaria que nos ha valido extraordinariamente en estos tiempos; cierto es que hemos recibido mucho de fuera. Pero también que nosotros tenemos que poner nuestra mejor parte. Ya no somos revolucionarios novatos, ya tenemos la obligación de ir siendo revolucionarios experimentados y responsables.
La dura lucha de la Revolución nos ha ido templando a todos y ya es hora de que nuestro pueblo revolucionario, nuestras masas y cada uno de los hombres y mujeres del pueblo comprenda sus responsabilidades, comprenda las realidades, porque por delante tenemos grandes tareas.
Es verdad que nos hemos visto obligados a defendernos como cuestión fundamental. Pero tenemos por delante la tarea del desarrollo económico del país, la tarea de producir y de crear bienes, de hacer avanzar con ritmo acelerado nuestra economía. Y debemos aprovechar para ello todas las circunstancias favorables que hoy tenemos, ¡y marchar hacia adelante con el esfuerzo de todos, en la producción como hemos marchado en la defensa! Y, así, si hay que producir azúcar, producir azúcar, los millones de toneladas de azúcar que podamos producir aprovechando hasta el máximo nuestras posibilidades, e impulsar el desarrollo económico de la nación. Porque los revolucionarios debemos luchar en todos los frentes y atender debidamente cada una de nuestras obligaciones.
La necesidad de defendernos nos ha obligado a emplear enormes contingentes de brazos vigorosos para empuñar las armas; los brazos no alcanzan. Hay que desarrollar las máquinas, hay que mecanizar, racionalizar la producción. Y a veces — y por eso hoy hablo de esto—, porque a veces hemos sido mucho más entusiastas para empuñar las armas de lo que hemos sido para empuñar el instrumento del trabajo. Y hemos sido, hemos sabido ser como pueblo todo lo heroico que ha sido necesario en los combates, y sin embargo no hemos alcanzado niveles similares de heroísmo en el campo de la producción.
Y un día como hoy, cuando nosotros pasamos revista a la historia y recordamos a nuestros caídos, pensamos en todas las causas por las que ellos lucharon y cayeron. No solo para mantener erguida la bandera de la patria, firme e invencible a la Revolución; cayeron por el porvenir del país, cayeron por la felicidad del pueblo, para que el pueblo tuviera derecho a construir ese porvenir para sí mismo, ese bienestar.
Somos soldados porque hemos tenido que ser soldados para defender el derecho a ser pacíficos trabajadores, el derecho a ser pacíficos creadores de nuestro propio porvenir. Por eso hemos tenido que ser soldados, por eso el pueblo ha tenido que aprender a empuñar las armas. Pero eso no es un objetivo sino un medio para conseguir un fin.
Es lo cierto que otros pueblos llevan decenas y decenas de años defendiendo la Revolución con las armas en la mano, como el pueblo soviético que durante cerca de 50 años ha tenido que montar guardia y estar alerta frente a las asechanzas de los reaccionarios y de las potencias imperialistas. A nosotros nos ha ocurrido algo similar. Hemos tenido que estar alerta y montar guardia frente a los imperialistas que están a 90 millas de nuestras costas, frente a la reacción, frente a la contrarrevolución.
Y no hay duda de que hemos avanzado mucho, no hay duda de que estos años han servido para demostrar la capacidad del cubano, su espíritu creador, la capacidad de aprendizaje de nuestro pueblo, su disciplina, sus facultades de organizador. Y nuestras Fuerzas Armadas son una prueba de ello, el Partido que estamos organizando es una prueba de ello.
Pero ese mismo espíritu debemos llevarlo a todas partes, ese mismo espíritu debemos llevarlo a todos los frentes para que la victoria de la Revolución sea completa. Porque las victorias de las revoluciones no se logran solo en los campos de batalla, las victorias de las revoluciones hay que ganarlas también en el campo del trabajo y en la economía.
Que todos los sacrificios que hemos hecho, que todos los hombres que han muerto desde que comenzó esta lucha, que todos los hombres que se han sacrificado a lo largo de nuestra historia sirvan para que nos obligue su recuerdo a esforzarnos, a cumplir el deber dondequiera que estemos, en todos los frentes; para que saquemos el máximo de provecho para la patria de los sacrificios que ellos hicieron.
El día de hoy es un día, fundamentalmente, de reunión de los compañeros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y, por eso, hemos visto que prácticamente esos compañeros colman una gran parte del teatro.
Pero no es solo de los compañeros de las Fuerzas Armadas, es de todo el pueblo. Este día se ha conmemorado en muchas partes del mundo, donde han recordado con júbilo la victoria de nuestro pueblo. Es un día también profundamente emotivo para los familiares de nuestros caídos, para todos los compañeros revolucionarios, para todo el pueblo.
Por eso, aquí se han reunido hombres de todas las armas, los familiares de nuestros compañeros, las madres que hemos aplaudido aquí, los hijos que hemos recordado como a hermanos, los compañeros de los núcleos revolucionarios.
Y así, para nosotros, este acto profundamente humano, es como un símbolo de nuestra Revolución y de nuestro pueblo, de la hermandad, de la unión, del espíritu revolucionario de nuestro pueblo, del invencible espíritu de nuestro país, ¡un símbolo!
Y así los recordaremos siempre, porque los que estamos aquí, que queremos entrañablemente la Revolución, hemos vivido distintos momentos: momentos difíciles, momentos críticos. A nuestra mente vienen aquellos días en que todo el pueblo, con una impresionante serenidad, se dispuso a resistir el ataque enemigo en el mes de octubre, se dispuso a pelear y se dispuso a morir.
Este pueblo tiene una historia, está haciendo una grande y hermosa historia que a todos nos une, que a todos nos hermana en un mismo sentimiento, en un mismo ideal, en una misma veneración hacia los que han luchado, hacia los que han caído.
Y eso es bueno, eso es alentador, y eso es fuerza de la Revolución, ¡porque cada madre sabe que en cada soldado de la patria tiene un hijo! , ¡y cada soldado de la patria sabe que en cada madre de un compañero muerto tiene una madre! Y así, las madres de nuestros héroes pueden decir como dijo Céspedes: “que todos los cubanos son sus hijos “ , y pueden decir como Mariana Grajales, que a sus hijos más pequeños, en medio del dolor, les dijo: “empínate, para que des tu vida también por la patria si es necesario “ . Porque la Revolución, ¡la Revolución nos ha enseñado eso: no el egoísmo que separa, sino la solidaridad que une, el amor que une! ¡Que el dolor de cada uno sea el dolor de todos; y el dolor de todos, el dolor de cada uno!
¡Todos hermanos! ¡Todas madres! ¡Todos hijos!
Y que esta sea como la mejor flor, que junto al recuerdo de los caídos, de esta lista impresionante de hombres, de cubanos, de hijos humildes del pueblo, podamos nosotros rendir en un día como hoy, y duplicar nuestra fe en el porvenir, nuestra fe en la patria, nuestra fe en la Revolución.
¡Lo que hemos hecho nos tiene que haber enseñado que nada es imposible, porque lo que parecía imposible ayer ha sido posible hoy! ¡Y por eso, nada nos parecerá imposible mañana! ¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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