julio 09, 2012

Discurso de Fidel Castro en la concentración popular, en el Palacio Presidencial (1959)

DISCURSO EN LA CONCENTRACION POPULAR, EN EL PALACIO PRESIDENCIAL
 Fidel Castro
[21 de Enero de 1959]

― Versión taquigráfica de los oficinas del Primer Ministro ―

Honorable señor Presidente de la República;
Señores del Cuerpo Diplomático;
Periodistas de todo el continente;
Compatriotas:
Muchas gracias.
Y yo le voy a pedir algo al pueblo y es que me ayuden, que hay un millón de personas aquí y no se oyen los altoparlantes, que es necesario un silencio absoluto, y es muy difícil hablar cuando a uno no se le está escuchando perfectamente bien; y yo quiero decirle al pueblo hoy lo que siento, quiero decirles a los periodistas de América lo que siente el pueblo de Cuba; quiero decirles a los representantes diplomáticos de todos los países del mundo el pensamiento justo de nuestro pueblo, para que nos escuchen.  No basta con haber asistido aquí, lo importante no es haber asistido solamente; es necesario que se guarde silencio.  Hay que demostrar la disciplina del pueblo, guardando silencio.  Vamos a ver si es posible que un millón de personas guarde silencio (SE HACE SILENCIO).
Compatriotas:   Es posible que nuestros combatientes hayan temblado hoy ante esta multitud como no temblaron jamás frente a las balas enemigas.  Aun para nosotros, que tenemos una fe extraordinaria en nuestro pueblo, esta concentración ha superado todos los cálculos.  Se dice, por los que acaban de llegar, que la multitud se extiende desde el Malecón hasta el Parque de la Fraternidad.  Podemos decir una cosa hoy aquí, ¡y es que no hay lugar en La Habana para reunir al pueblo que apoya a la Revolución! Antes bastaba un parque pequeño y sobraba espacio, ¡esta vez no han alcanzado todos los parques juntos de los alrededores del Palacio Presidencial!  
Y les voy a contar una anécdota, para que se comprenda todo el valor moral que tiene esta concentración para nosotros. Nos contaba uno de los compañeros, que es Comisionado de la Alcaldía de La Habana, que esta mañana se les reunieron los empleados para preguntarle —se acercaron a él para preguntarle— dónde se reunían para venir a la concentración, y la respuesta de nuestro comisionado fue: “No, señores, vayan los que quieran y los que no quieran vayan para su casa, que esta no es una concentración como las que se organizaban antes aquí”.
¡Qué distinto es cuando el pueblo manda, qué distinto es cuando el pueblo se siente libre, qué distinto es cuando el pueblo tiene fe!  ¡A pie han venido desde Matanzas y desde Pinar del Río!    ¡A pie han venido millares de compatriotas, porque no alcanzaban los vehículos!  Hablamos aquí de reunir a medio millón de compatriotas y el pueblo dijo: “No, medio millón no, un millón.”  Y ha venido a resultar un millón y medio.
Pasé por algunas calles de la ciudad antes de llegar y La Habana estaba desierta; no se veía un alma en cuadras y cuadras por las barriadas de La Habana.  Era toda La Habana la que estaba presente, toda la ciudad, todas las ciudades de los alrededores, y millares, decenas de millares de compatriotas de las provincias que están más próximas a La Habana.  Estoy seguro de que si físicamente hubiese sido posible, se habrían reunido hoy 6 millones de cubanos.
Yo comprendo que el mejor discurso en la tarde de hoy es la presencia de ustedes; yo comprendo que nada puede hablar tan elocuentemente al Cuerpo Diplomático y a los 380 periodistas que han venido de todo el continente como la presencia de ustedes.  Muchos compatriotas de los que están aquí presentes ni siquiera me pueden oír.  Pregunté a los organizadores del acto y me dijeron que todos los altoparlantes de La Habana estaban instalados aquí, y, sin embargo, muchos me dicen que no pueden oírme.  Me duele pensar que están haciendo el sacrificio de encontrarse de pie, desde hace muchas horas, para ni siquiera poder escuchar nuestra palabra, pero al menos pueden tener la satisfacción de que su presencia no ha sido inútil, ¡y que este acto de hoy es la batalla más hermosa que ha librado el pueblo de Cuba en esta Revolución!    No es una victoria por las armas —no se ha disparado un solo tiro—, es una victoria mucho más hermosa, es una victoria de la razón, es una victoria de la justicia, es una victoria de la moral.
Los que creyeron que nosotros éramos unos simples guerrilleros, los que creyeron que no sabíamos más que tirar tiros, los que creyeron que después de nuestras victorias militares nos iban a aplastar en el campo de la información, nos iban a aplastar en el campo de la opinión pública, se han encontrado con que la Revolución Cubana sabe también pelear y ganar batallas en ese campo.
Los que creyeron que a través del monopolio de los cables internacionales, los que creyeron que sembrando mentiras y calumnias por doquier iban a debilitar nuestra Revolución, iban a desacreditar a nuestro pueblo, para después lanzarse sobre él cuando lo encontrasen débil, se equivocaron, porque la Revolución está hoy más firme y está hoy más fuerte.  ¡En vez de debilitarla la han fortalecido!  Y es que la Revolución no se acobarda frente al ataque, la Revolución no se debilita frente al ataque, sino que se crece, que se hace más fuerte, porque esta es la Revolución de un pueblo valiente y peleador.  Con otro pueblo que no fuese este, con otro pueblo que no tuviese las virtudes del cubano, no valdría la pena siquiera haber comenzado esta lucha.  Pero cuando se cuenta con un pueblo como este, no solo se comienza, sino que se prosigue y se continúa hasta la victoria total.
Para el pueblo de Cuba todo está claro: fue la Revolución Cubana una revolución ejemplar; no se produjo aquí un golpe de Estado.  Si nosotros hubiésemos sido un grupo de oficiales del ejército que sin la participación del pueblo hubiésemos quitado un presidente para poner otro e inmediatamente nos hubiésemos plegado a todos los intereses creados, si no hubiese sido una revolución esta, no tendríamos enemigos, no nos habrían atacado, no nos habrían calumniado.
Mientras en ese Palacio se albergaba una dictadura y vendía los intereses de la patria, mientras en ese Palacio se albergaba un dictador que hacía las más onerosas concesiones al extranjero, mientras en ese Palacio se albergaba un dictador que traicionaba al pueblo, nadie lo atacaba, no se hacían esas campañas de prensa contra él en el extranjero, no se levantaban las voces de los congresistas para acusarlo.  Cuando había ahí un miserable traidor, un criminal que asesinó a 20 000 de nuestros compatriotas, no se hacían esas campañas contra Cuba y contra él.  Cuando había ahí un ladrón que se robó 300 millones de pesos, cuando gobernaba a la república una cuadrilla de ladrones que se robaron más de 1 000 millones de pesos, no se hacían esas campañas contra ellos en el extranjero.  Cuando se asesinaba aquí a docenas de compatriotas todas las noches, cuando los jóvenes aparecían asesinados con un tiro en la sien, cuando los patios de los cuarteles se llenaban de cadáveres, cuando nuestras mujeres eran violadas, cuando los niños eran asesinados, cuando en las embajadas penetraban las hordas policíacas para asesinar a 10 asilados en unos minutos, no se hacían esas campañas contra Cuba, ni se levantaban allí los congresistas, salvo raras excepciones, a acusar a la dictadura.
Pero, no hay que ir más lejos:   ahí está Trujillo, con su dictadura de 27 años ; ahí están los 10 000 haitianos asesinados por el dictador dominicano; ahí están las decenas de miles de hombres asesinados, dentro y fuera de Santo Domingo, por los esbirros del criminal dictador, y ahí está Somoza , Somoza, el de la dinastía que lleva más de 25 años oprimiendo a aquel país; ahí están las dictaduras con sus cárceles llenas, con su censura de prensa, con sus millares de crímenes y no se organizan campañas contra ellas.
Campañas contra el pueblo de Cuba, sí, porque quiere ser libre; campañas contra el pueblo de Cuba, sí, porque no solo quiere ser libre políticamente, sino económicamente libre también; campañas contra el pueblo de Cuba, porque se ha convertido en un ejemplo peligroso en toda la América; campañas contra el pueblo de Cuba porque saben que vamos a pedir la anulación de las concesiones onerosas que se han hecho a los monopolios extranjeros , porque saben que aquí las tarifas eléctricas se van a rebajar , porque saben que todas las concesiones onerosas que hizo la dictadura van a ser revisadas y anuladas .  Y ahí está, compatriotas, la causa principal de esta campaña.
Hay que buscar la explicación de esas campañas.  Si me dejan hablar, voy a explicar, quisiera explicar a cabalidad esto, para que lo comprenda el pueblo y lo comprenda la prensa extranjera.
No hemos podido obtener la colaboración total de la multitud en el sentido de que guarde un silencio absoluto, y esto también se debe en parte a que gran cantidad de personas se han desmayado y hay que prestarles ayuda.
Hay que buscar la explicación de estas campañas en algo.
¿Por qué se ha lanzado esta campaña contra Cuba, la campaña más infame, más criminal y más injusta que se ha lanzado contra ningún pueblo?  ¿Por qué?  ¿Por qué cuando apenas habían transcurrido cuatro o cinco días del triunfo, las agencias de cables internacionales y determinados congresistas americanos iniciaron el barrage de difamación contra el pueblo cubano?  El propósito es claro.  Nuestra Revolución pudo presentarse en el mundo como un modelo de revoluciones; la caballerosidad del Ejército Rebelde para con el enemigo no tuvo precedentes en la historia de las revoluciones y de las guerras; millares de prisioneros cayeron en nuestras manos, cientos de heridos fueron atendidos por nuestros médicos; en dos años y un mes de guerra ni un solo prisionero fue golpeado.
Compatriotas:   la próxima vez en vez de un millón voy a pedir que se reúnan 10 000 cubanos; es mucho, y no cabemos.  Se está comprimiendo aquí la multitud.
Compatriotas: es imposible hacer un discurso hoy.  Los minutos que yo me extienda en esta tribuna pueden costar vidas de compatriotas, dado el número extraordinario de personas y la cantidad de compatriotas que se han desmayado aquí.  Voy a sintetizar las ideas.
Al pueblo de Cuba no tenemos nada que decirle, porque el pueblo de Cuba conoce muy bien la verdad; al pueblo de Cuba no tenemos que convencerlo de nada, porque el pueblo de Cuba está más que convencido. Hay que convencer a la opinión pública del mundo, y la vamos a convencer a través de los periodistas que han venido aquí.  Mañana nos vamos a reunir con los 380 periodistas que han venido de todo el continente, y allí me voy a someter al interrogatorio como se puede someter quien ha cumplido con su deber.  ¡Me voy a someter al interrogatorio de América, como se puede someter un hombre que tiene su conciencia limpia!  
Yo no tengo que rendirle cuentas a ningún congresista de Estados Unidos, yo no tengo que rendirle cuentas a ningún gobierno extranjero.  ¡Yo le rindo cuentas a los pueblos; yo le rindo cuentas, en primer lugar, a mi pueblo, al pueblo cubano  y, en segundo lugar, a todos los demás pueblos de América!; ¡le rindo cuentas al pueblo de México, al pueblo de Estados Unidos, al pueblo de Costa Rica, al pueblo de Venezuela y a todos los pueblos del mundo!  
Para eso hemos llamado a los periodistas, para que vengan aquí a presenciar, con sus propios ojos, la verdad.  Donde hay justicia no hay crimen, y donde hay crimen no hay libertad de prensa; donde hay crimen se oculta lo que se hace, y aquí actuamos a la luz pública, aquí venimos para que vean que hay justicia.  Aquí podemos invitar a todos los periodistas del mundo, porque hay en Cuba una libertad de prensa absoluta como no la hay en ninguna parte del mundo; hay en Cuba un respeto a los derechos humanos como no lo hay en ninguna parte del mundo.  Este pueblo no es un pueblo bárbaro, ni es un pueblo criminal; este es el pueblo más noble y más sensible del mundo:   si aquí se comete una injusticia, todo el pueblo estaría contra esa injusticia.  Nuestros intelectuales no son insensibles, nuestros periodistas no son insensibles, nuestros obreros no son insensibles, nuestros campesinos no son insensibles, nuestros religiosos no son insensibles, ¡y cuando todo el mundo ha estado de acuerdo con el castigo es porque el castigo es justo, es porque el castigo es merecido!  
Las potencias aliadas castigaron a los criminales de guerra después de la Segunda Guerra Mundial y tenían menos derecho que nosotros, porque ellos castigaron de acuerdo con una legislación posterior.  Nosotros estamos castigando a los criminales de guerra de acuerdo con una legislación anterior al delito, en juicios públicos, mediante tribunales de hombres honestos.  Para no cometer errores, se está enjuiciando solamente a los criminales más notorios, a los que tienen 5, 10, 15, 20 y 100 asesinatos, a los que todo el pueblo conoce.
Como no es posible extenderse en consideraciones y yo me voy a reunir con los periodistas de todo el continente, y vamos a invitar además al honorable señor Presidente de la república para que asista también a la entrevista, y vamos a invitar al Consejo de Ministros para que asista a la entrevista, y vamos a explicarles a los periodistas cabalmente todo lo que quieran que les expliquemos, no hay que extenderse en consideraciones.
Solo me resta algo:   Imaginad, señores periodistas de todo el continente, señores representantes diplomáticos acreditados en Cuba, imaginad un inmenso jurado, imaginad un jurado de un millón de hombres y mujeres de todas las clases sociales, de todas las creencias religiosas, de todas las ideas políticas, que yo le voy a hacer una pregunta a este jurado, yo le voy a hacer una pregunta al pueblo.  Los que están de acuerdo con la justicia que se está aplicando, los que están de acuerdo con que los esbirros sean fusilados, que levanten la mano.
(LA MULTITUD LEVANTA LA MANO UNANIMEMENTE.)
Señores representantes del Cuerpo Diplomático, señores periodistas de todo el continente: ¡El jurado de un millón de cubanos de todas las ideas y de todas las clases sociales, ha votado!  
A los que sean demócratas o a los que se llamen demócratas, les digo que esto sí es democracia, que esto sí es respetar la voluntad del pueblo.  Los que sean demócratas o los que quieran presentarse como demócratas, ¡que respeten la voluntad de los pueblos!
Antes de terminar quiero decir algo que considero importante: sé que el pueblo de Cuba está preocupado por nuestra seguridad; millares y millares de compatriotas se dirigen a nosotros para pedirnos que nos cuidemos, tienen el temor de que seamos víctimas de una agresión por parte de los enemigos de la Revolución; teme el pueblo que la muerte de uno de sus líderes pueda ser el fracaso de la Revolución.  Y lo que yo le voy a decir al pueblo de Cuba hoy es que no, lo que voy a decir al pueblo de Cuba es que las revoluciones no pueden depender de un hombre, que el destino de los pueblos no puede depender de un hombre, que las ideas justas no pueden depender de un hombre y, además, ¡que los líderes no nos podemos meter en una caja de caudales!  Que es mi invariable determinación seguir como hasta hoy, que es mi invariable determinación desafiar tranquilamente todos los peligros, y que pase lo que pase; por una razón:   porque estoy muy consciente de que esta Revolución no la detiene nada ni nadie, y porque, además, a mis enemigos les voy a decir algo:   que detrás de mí vienen otros más radicales que yo ; que del mismo modo que atacando a nuestra justicia revolucionaria no han hecho más que fortalecer la Revolución, asesinándome a mí no van a hacer más que fortalecer la Revolución.
Y para tomar las medidas de precaución, porque aquí hay que estar prevenidos contra todo, le voy a proponer a la Dirección del Movimiento 26 de Julio, que designe al compañero Raúl Castro, Segundo Jefe del Movimiento 26 de Julio.  Lo hago, no porque sea mi hermano —que todo el mundo sabe cuánto odiamos el nepotismo— sino porque, honradamente, lo considero con cualidades suficientes para sustituirme en el caso de que yo tenga que morir en esta lucha; porque, además, es un compañero de muy firmes convicciones revolucionarias, que ha demostrado su capacidad en esta lucha, que fue de los que dirigió el ataque al Moncada, de los que estuvo dos años en la cárcel, de los que organizó el Segundo Frente “Frank País”, y de los que han dado relevantes pruebas de capacidad como organizador y como líder.
Ojala que en este caso no se hubiese tratado de un hermano mío, ojala hubiese sido otro para que no cupiera la menor sospecha de que se trata de favorecer a un familiar. Digo, en primer lugar, que así no se favorece a nadie, porque la patria para nosotros es agonía y deber, no placer, no vanidad, no satisfacciones de tipo personal; para nosotros este trabajo es el trabajo de un esclavo que sabe servir a su pueblo; para nosotros, ser líder es ser sacrificado; para nosotros ser líder no es aspirar al poder, que todo el mundo sabe que yo renuncié al poder hace mucho tiempo, que todo el mundo sabe el desinterés con que he luchado y que soy de los hombres que sostengo que ningún hombre es imprescindible y que cualquier cubano honrado puede ser un buen presidente de la república ; todo el mundo sabe que no solo renuncié a la Presidencia de la República, sino que le he brindado todo mi respaldo al ciudadano Presidente; todo el mundo sabe el respeto que he mantenido por las instituciones civiles de la república.
Todo el mundo sabe que ni me he inmiscuido, ni me inmiscuyo, ni me inmiscuiré, en los problemas de la Presidencia de la República ; todo el mundo sabe que he sabido tener el sentido del límite, que si he respondido a millares de preguntas es porque me las han hecho y porque me ha autorizado el Presidente; que si el Presidente me prohíbe dar una sola entrevista de prensa, si el Presidente me prohíbe hacer una sola declaración más mientras yo sea Comandante en Jefe de todas las fuerzas de la república, yo acataré incondicionalmente esa orden; que lo que he hecho es defender la Revolución de la calumnia, lo que he hecho es defender el crédito de mi patria cuando han tratado de presentarnos como un país de criminales y de salvajes , lo que he hecho es defender el prestigio de esta Revolución que ha costado tanta sangre generosa y buena.  Y decía esto, porque ser líder es, realmente, no un paseo, ni un baño de rosas, sino un sacrificio que tal vez muy pocos alcancen a comprender en toda su magnitud, y más todavía cuando se cuenta con un respaldo tan grande, más todavía cuando siente uno que pesa sobre sí la responsabilidad de, una fe tan grande como la que ha depositado nuestro pueblo sobre nosotros.
Y al plantear aquí la necesidad de que el pueblo esté alerta y esté prevenido contra cualquier agresión en la persona de uno de sus dirigentes, al plantear aquí esa necesidad, lo hago con una honrada convicción, de hombre que le preocupa no solo el presente sino también el futuro de la patria, de hombre que le preocupa la patria no solo mientras viva sino también cuando muera.  Y al plantear aquí que considero que el compañero Raúl Castro podría sustituirme en este caso, no es que yo decida unilateralmente, sino yo quiero consultar con el pueblo si está de acuerdo (EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!”).
Pues ya lo saben mis enemigos: ¡Me pueden agredir cuando quieran, que no hay problemas!  Y, además, si agredieran también a Raúl, ¡detrás de él vendrá otro, y detrás otro, y detrás otro y detrás otro!  , que al pueblo de Cuba en esta lucha no le faltará ni líder ni pueblo, porque todo estará prevenido.  Los que supimos ganar la guerra contra todos los recursos, sabremos también ganar la Revolución contra todos los enemigos que se pongan delante.  Así que el pueblo de Cuba puede mirar confiado hacia el porvenir, que nosotros —no voy a hablar de traición, que eso no cabe aquí— seremos cada día más leales y seremos cada día más firmes en nuestra posición de defensa de los intereses de la patria y de los intereses del pueblo .
Por fin este pueblo ha llegado a donde tenía que llegar: a la libertad, a la soberanía plena, que no la había tenido nunca antes; un pueblo que se gobierna a sí mismo sin recibir órdenes de nadie.
Pero hay una demanda aquí muy justa:   vamos a aprovechar esta ocasión para demandar del gobierno de Estados Unidos la devolución de los criminales de guerra que se han refugiado allá.  El pueblo de Cuba demanda del pueblo de Estados Unidos que no les de albergue a los Masferrer, a los Ventura, a los Pilar García.  El pueblo de Estados Unidos debe exigir al gobierno de Estados Unidos la devolución de los criminales de guerra, porque el pueblo de Estados Unidos no habría estado de acuerdo en que después de la Guerra Mundial, Goering, y Himler y Hitler, se hubiesen refugiado aquí en Cuba.  Pues bien, el Himler de nosotros es Ventura; los Goering de nosotros son los Tabernilla, los Pilar García, los Chaviano, los Laurent; ¡el Hitler de nosotros es Batista!
Si Estados Unidos desea ser justo, si Estados Unidos desea respetar los sentimientos del pueblo de Cuba, debe acceder a la extradición de los criminales de guerra, porque esos no son delincuentes políticos; no se puede llamar delincuentes políticos a los que violaron mujeres, porque la violación de una mujer no tiene nada que ver con la política; no se puede llamar delincuentes políticos a los que arrancaron ojos, porque arrancar ojos humanos no tiene nada que ver con la política; no se puede llamar delincuentes políticos a los que asesinaron a niños y ancianos, a los que torturaron sin piedad a miles y miles de compatriotas, porque la tortura no tiene nada que ver con la política, y, por lo tanto, no se pueden amparar en la condición de delincuentes políticos, porque son delincuentes comunes.
Y los millones de pesos que se han robado para depositarlos en bancos norteamericanos, que nos los devuelvan, porque echarse en el bolsillo el dinero del pueblo para llevárselo al extranjero no tiene nada que ver con la política, porque robarse el dinero de la república para gastarlo en lujos, no tiene nada que ver con la política, y son ladrones aquí y en cualquier parte del mundo .  Por tanto, el pueblo de Cuba tiene derecho a reclamar la devolución de los asesinos, de los torturadores y, además, la devolución del dinero que se han robado, porque es del pueblo, porque salió de nuestros bolsillos.
No vamos a perder el tiempo en demandar de Trujillo que devuelva a los ladrones y a los asesinos; ni siquiera han devuelto los aviones de la fuerza aérea que se llevaron los prófugos, y no le vamos a demandar a Trujillo que los devuelva, porque nos los va a devolver el pueblo dominicano, y porque con Trujillo no queremos relaciones de ninguna clase.  Desde luego, “Trujillo no es un dictador”; ¡hablen con los congresistas esos que estuvieron atacándonos a nosotros, y verán que Trujillo es un santo!
Repugnaba abrir algunos periódicos extranjeros, algunos periódicos de México, por ejemplo, y encontrarse allí una caricatura donde aparecía Cuba vestida de blanco en un charco de sangre y nosotros ahí con barba y fusil, como unos vulgares verdugos.  ¿Por qué?  ¡Ah!, porque ahí están las agencias de cables internacionales, esas agencias que a mí me mataron al otro día del desembarco.  ¿Ustedes lo recuerdan?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  No me pudieron matar a mí y ahora quieren matar el prestigio de la Revolución; y, claro, con mucha sutileza.  Cualquiera que tenga un poco de raciocinio, no tiene más que leer los cables internacionales para ver cómo se ha organizado esta campaña, y lo triste es que han confundido a algunos pueblos de América, incluso al propio pueblo mexicano, un país al que le arrebataron la mitad del territorio, un país que ha sido tan humillado y tan maltratado.  Hasta ese pueblo han llegado las agencias que representan intereses monopolíticos y explotadores, a engañarlos y a hacerle creer que nosotros somos algo peor que Trujillo, algo peor que Somoza, algo peor que lo más malo que ha habido en el mundo.  Nuestro nombre ha sido presentado como el nombre de un asesino, o ha querido ser presentado como el nombre de un asesino ante los pueblos de América, pero no importa:   aquí, y en cualquier pueblo de América, me puedo parar con la frente en alto, con la satisfacción de tener limpia mi conciencia y limpias mis manos de sangre; me puedo parar ante cualquier pueblo a expresarle la verdad.
Me duele solo que los pueblos de América se dejen engañar tan miserablemente, me duele solo pensar en lo que sería el destino de América si esta Revolución es aplastada.  Porque esta Revolución, que no es un golpe de Estado, que no es la asonada de un grupo de caudillos militares, sino una revolución de pueblo, de puro pueblo, debe constituir para los pueblos de América una esperanza.  ¿Por qué?  ¡Ah!, porque nosotros hemos tocado en la llaga que duele a América, porque en América, su historia de más de un siglo ya se sabe: víctima de los ambiciosos, víctima de los caudillos militares, víctima de las castas militares. ¡Qué necesitada está América, qué necesitados están los pueblos de nuestro continente de una revolución como esta que se ha hecho en Cuba!  ¡Qué necesitada está América de que en todos sus pueblos se diese un ejemplo como este!  ¡Qué necesitada está de que los millonarios que se han enriquecido robándole el dinero al pueblo, perdiesen todo lo que han robado!  ¡Qué necesitada está América de que los criminales de guerra, en los países de nuestro continente, hubiesen sido también fusilados!, porque tal vez nuestro continente no sería lo que es hoy: grupos de naciones divididas, distanciadas, a pesar de tener los mismos sentimientos, las mismas necesidades, los mismos intereses, la misma raza y la misma cultura; no sería la agrupación de naciones divididas y débiles, víctimas de las tiranías consuetudinarias y de las castas militares. ¡Qué necesitada está la América del ejemplo de Cuba!
Nosotros, los cubanos, podemos sentirnos orgullosos de una revolución que surge al mundo sin ansias de dominio, sin propósito de explotación ni de dominación de otros pueblos, sino que nace al mundo como ejemplo, con una aspiración de justicia, de justicia amplia, de justicia honda, dentro del más extraordinario sistema de respeto a las libertades humanas que ha conocido el mundo.  La Revolución Cubana se puede sintetizar como una aspiración de justicia social dentro de la más plena libertad y el más absoluto respeto a los derechos humanos.  Nuestra Revolución hay que defenderla como se defiende, no algo de Cuba, sino algo de América.
Y a los hombres honrados de América, a los periodistas honrados de todo el continente, a los pueblos que son nuestros amigos, tenemos que pedirles que defiendan nuestra Revolución, que no dejen que nos la calumnien porque quieren destruirla, en daño, no solo de Cuba, sino en daño de América; no quieren que la Revolución Cubana levante cabeza para que no pueda levantar cabeza ningún pueblo de América.
Siete años hemos vivido de tiranía, siete años y nadie vino a darnos la libertad, que tuvimos que conquistarla con nuestro sacrificio.  Los gobiernos no nos ayudaron; nos ayudaron los pueblos.  Los pueblos de toda la América simpatizaban con nosotros, los pueblos de toda la América eran nuestros amigos, y ahora nos quieren quitar los únicos amigos que teníamos, nos quieren quitar a los pueblos diciéndoles que estamos haciendo ejecuciones en masa y sin juicio de partidarios de Batista, porque los cables no dicen que son esbirros, los cables no dicen que son asesinos, los cables no dicen que cada uno de los fusilados tiene 10, 12, y hasta 100 muertos, no, los cables dicen que son ejecuciones en masa y, sin previo juicio, de partidarios de Batista.  Y como los pueblos de América han visto los horrores de las dictaduras, como los pueblos de América están acostumbrados a oír hablar de ejecuciones en masa y sin juicio de adversarios políticos, pues quieren hacerles creer que se trata de un caso igual.  No han hablado de la conducta del Ejército Rebelde, no han destacado que esta es la única revolución en el mundo donde no hubo un solo hombre arrastrado, que no ha habido un pueblo en el mundo que haya tenido un comportamiento tan civilizado como lo ha tenido el pueblo cubano, que no ha habido un solo esbirro torturado, que no ha habido un solo enemigo golpeado; que esta es la única revolución en el mundo en que el pueblo, en vez de tomar venganza con sus propias manos, puso a los delincuentes en manos de los Tribunales Revolucionarios.
¡Ah, eso no lo dicen, eso no lo dicen!  A esos que estamos ajusticiando ahora son los mismos que los pueblos suelen ajusticiar los tres primeros días después de las revoluciones. Estamos ajusticiando a aquellos que el pueblo hubiera arrastrado de no haberle pedido nosotros que tuviesen fe, que tuviesen fe en la justicia de la Revolución.  Hemos sido más que generosos:   no se han fusilado chivatos; a los chivatos no hay que fusilarlos, hay que mandarlos a trabajar, hay que condenarlos a trabajos forzados.  ¡Ya que querían ganarse la vida de la delación y de la traición, pues que trabajen para el pueblo!, ¡que trabajen!
A los esbirros sí hay que fusilarlos, a los esbirros sí, porque hasta La Biblia dice que “el que a hierro mata a hierro muere”.  Hay que fusilarlos, porque los mismos que piden hoy que no los fusilen, dentro de tres años van a estar pidiendo que los soltemos.  Y claro, no puede haber paz sin justicia, no puede haber democracia sin justicia.  En nombre de la paz sí se han cometido verdaderos crímenes.
Y yo les puedo preguntar a los congresistas que nos atacaron, les puedo hacer esta pregunta:   ¿Qué hizo Estados Unidos?  Les puedo hacer esta pregunta a los congresistas que nos han atacado:   ¿Qué se hizo en Hiroshima y Nagasaki?  ¡Ah!, en nombre de la paz se bombardearon dos ciudades y se mataron a más de 300 000 seres humanos.  Nosotros no hemos fusilado a ningún niño, nosotros no hemos fusilado a ninguna mujer, nosotros no hemos fusilado a ningún anciano; sin embargo, en Hiroshima y en Nagasaki murieron 300 000 seres humanos de la población civil.  ¿En nombre de qué? ¡Ah!, pues se decía que para lograr la paz, se decía también que para evitar que murieran muchos norteamericanos combatiendo.  Pues bien, yo les digo a esos congresistas que, aparte de que no tienen nada por qué meterse en los problemas de Cuba , estamos fusilando a los esbirros para lograr la paz, y estamos fusilando a los esbirros para que el día de mañana no nos asesinen otra vez a nuestros hijos, y que, al fin y al cabo, los esbirros que fusilemos no van a pasar de 400, es decir, ¡más o menos un esbirro por cada 1 000 hombres, mujeres y niños asesinados en Hiroshima y en Nagasaki!
¿Si de decir la verdad se trata, por qué no vinieron aquí a discutir?  ¿Por qué, cuando les dijimos:   “Vengan a ver lo que quiere el pueblo”, no vinieron?  Eso sí, vinieron dos representantes que han defendido la causa de Cuba, vinieron el representante Porter y el representante Power, a darnos la razón; pero los que nos atacan, y a quienes invitamos para que vinieran a discutir aquí de frente, para que supieran lo que es pueblo, porque ninguno de ellos es capaz de reunir 5 000 personas en Estados Unidos, no vinieron.  Que ya que se llaman demócratas, vean lo que es democracia; que ya que hablan de la voluntad del pueblo, vean lo que es la voluntad del pueblo.  Los invitamos a que vinieran, no para darles velas en este entierro, no, sino para que vieran la verdad.
Hay un hecho que quiero aclarar para que el pueblo esté bien claro.  A nosotros el gobierno de Estados Unidos directamente no nos ha atacado; a nosotros toda la prensa de Estados Unidos no nos ha atacado, porque una parte de la prensa, entre ellos Herbert Mathews, nos ha defendido.  Y es claro, en este momento el gobierno de Estados Unidos no ha tenido una actitud hostil a nosotros, pero ya sabemos cómo opera la mecánica en Estados Unidos:   empiezan determinadas campañas; los intereses que temen a la Revolución organizan la campaña contra la Revolución, hacen opinión pública, y entonces demandan del gobierno de Estados Unidos que actúe.  Ahora no, porque todavía no han hecho la campaña ni se la vamos a dejar hacer, pero la intención es clara.  Porque con la opinión pública ahí, vamos a librar la batalla de la opinión pública.  Si es necesario, invitamos no solo a los periodistas de América, sino de todo el mundo, a que vengan a Cuba a saber la verdad; y si es necesario, les damos una invitación permanente a los periodistas para que vean, porque aquí no tenemos nada que ocultar al mundo.  Y porque tenemos tal confianza en el pueblo y tal confianza en su madurez política, que sabemos que nadie lo va a engatusar, ni lo va a desviar, ni lo va a engañar.
Así que la cosa es bien clara:   se empezó con la campaña de calumnias, pero le hemos salido al paso a tiempo.  Nadie espera que la campaña cese; cuando rebajemos las tarifas eléctricas, verán que aumenta la campaña contra nosotros.
Por supuesto que quiero aclarar que el pueblo de Cuba no está animado de ningún sentimiento hostil hacia el pueblo de Estados Unidos, no, al contrario, le hablamos también a la opinión pública de Estados Unidos para que nos respalde frente a esos intereses, que son tan enemigos de Cuba como de Estados Unidos; que nosotros no hemos hecho objeto de agresión a nadie, que la Revolución Cubana no ha atacado a ningún pueblo, y que ha sido en cambio el pueblo cubano el que, por el simple hecho de haberse librado de la tiranía con muchos sacrificios, se ha visto objeto de la más criminal, la más canallesca y la más cobarde campaña contra sí.
Pero, compatriotas, yo les aseguro que esta batalla está ganada, y ganada con el concurso de todos, ganada con el concurso de hombres de todas las ideas, de todas las religiones, y de todas las clases sociales.  Esta es una batalla que pertenece a todos, que ha unido al pueblo admirablemente en defensa de su justicia, en defensa de su soberanía y en defensa de su prestigio.
Bien merece nuestro reconocimiento y nuestra admiración un pueblo que ha sabido unirse tan estrechamente y como un solo hombre en esta lucha.  ¡Un pueblo así no hay quien lo derrote!  Hay que impedir que nos lo dividan.  Hay que estar unidos para defender los intereses de la patria, que están por encima de todos los demás intereses.  Pero al mismo tiempo ir trabajando dentro y haciendo, no solo justicia contra los criminales, sino también justicia social.
Un pueblo como este que, a pesar de sus cientos de miles de desempleados, ha dado un ejemplo de orden incomparable; una capital como esta, donde existiendo cientos de miles de desempleados, no hay ni policías, no hay un solo saqueo, bien merece que el Gobierno Revolucionario empiece a trabajar firmemente para resolverle sus problemas.  Un pueblo que estando hambriento no es capaz de robar, ¡ese pueblo se lo merece todo!  Y uno de los ejemplos que podemos esgrimir con orgullo es que, a pesar del hambre y el desempleo que hay, no hace falta ni policías en La Habana, y que los boy scouts son los que están cuidando prácticamente el orden.  ¿En qué país del mundo hay un orden tan extraordinario y una paz tan absoluta, que los niños son los encargados del orden en la capital, después de una revolución? Pues eso es lo que queremos que los periodistas del continente americano cuenten a sus propios pueblos.
Compatriotas:   mi felicitación más calurosa, mi gratitud más profunda por lo que han hecho.  No es a mí a quien le han hecho un favor, pero lo agradezco porque se lo han hecho a mi pueblo, se lo ha hecho a sí mismo el pueblo.
Desde que bajé de la Sierra Maestra he escuchado muchas veces una frase, miles de personas se han acercado a mí para decirme: “¡Gracias, Fidel!”, “¡gracias, Fidel!” Hoy, después de esta extraordinaria demostración; hoy, después de la satisfacción que experimentamos todos nosotros al ver este respaldo del pueblo; hoy, al sentirnos tan orgullosos de ser cubanos y pertenecer a este pueblo, que es uno de los pueblos más dignos del mundo, hoy, soy yo quien en nombre del Gobierno Revolucionario y de todos los combatientes del Ejército Rebelde, quiero decirle a mi pueblo:   ¡Muchas gracias, muchas gracias!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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