julio 09, 2012

Discurso de Fidel Castro en la Universidad Central de Caracas, Venezuela (1959)

DISCURSO EN LA UNIVERSIDAD CENTRAL DE CARACAS, VENEZUELA
Fidel Castro
[23 de Enero de 1959]

― Versión taquigráfica de los oficinas del Primer Ministro ―

Una señora, que no quiso dar su nombre, ha entregado un cheque por 500 bolívares. Esto es, sencillamente, para empezar. Estos fondos se les entregarán a los dirigentes de la Unión Patriótica Dominicana. Es para que se vea que no es cuestión de los gobiernos, no es intervención de los gobiernos, es intervención de los pueblos.
No voy a poderme extender hoy mucho con ustedes. Es que el itinerario —me han hecho trabajar en Venezuela— está saturado de actos que no puedo dejar de atender. Lo mismo que me preocupaba mucho cuando estaba en El Parlamento el llegar aquí, aunque algo retrasado pero llegar, tengo el compromiso de asistir a una invitación de la Junta de Gobierno de Venezuela, y realmente hace rato que están esperando, por lo tanto... Ustedes sí, ustedes pueden decir, pero yo no.
Bueno, ustedes no vayan a pensar que yo soy de hierro (EXCLAMACIONES DE: “¡Viva Fidel Castro Ruz!”). Es que cuando tengo que llegar a algún lugar, es una lucha grecorromana la que tengo que librar para entrar. Llevo muchas semanas en esa tarea, y no es que me falten fuerzas, lo que necesito es un poquito de descanso. Y yo que pensé que iba a descansar algo en Venezuela, me encontré con que me han puesto más trabajo que en ninguna otra parte, y, además, me han hecho firmar más autógrafos que en ninguna otra parte. Voy a hacer una campaña contra la firma de autógrafos (EXCLAMACIONES DE: “¡No, no!”), porque, además de todas las obligaciones que tengo, tengo que firmar como 1 000 autógrafos todos los días. Bueno, ¿me aceptan que les firme en imprenta? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Entonces qué ustedes quieren que yo haga? ¿De dónde saco el tiempo? 
Bueno, yo les voy a hacer una pregunta: ¿Ustedes quieren que yo me dedique a la Revolución o a firmar autógrafos?  Yo no soy artista, soy revolucionario, y mi debilidad mayor es querer complacer a todo ciudadano que se me acerca, aquí, en Cuba y en todas partes, porque primero atiendo a un hombre humilde del pueblo que a un poderoso, y cuando se me acerca a pedirme algo, me cuesta mucho trabajo decir que no; pero como son miles de personas que me piden algo que no las puedo complacer, pues no sé cómo me las voy a arreglar. Por eso voy a hacer una campaña contra la firma de autógrafos, porque mi arma, el arma de la Revolución, es la opinión pública, y tengo que convencer a la opinión pública de que renuncie a los autógrafos (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).
Me sorprendieron, ya me traían uno para que lo firmara y me puse a firmarlo (RISAS. LE DICEN: “Van a coger miedo con la boina”). ¿Y por qué no con la gorra? Yo le di mi gorra al Rector de la universidad.
Aquí me acaban de informar que los muchachos del Orfeón van a pasar por el público, por los estudiantes, para recoger la contribución, para que ustedes no tengan que molestarse en venir hasta acá.
... Por lo menos, el pueblo cubano está dispuesto a darles todos los recursos.
Les decía que me ha gustado mucho lo que dijo aquí un revolucionario dominicano, de que este año estarían ellos combatiendo en Santo Domingo.
Yo dije una vez, cuando salí de Cuba, que en el año 1956 seríamos libres o seríamos mártires, y se me criticó extraordinariamente por aquello; se dijo que no podía haber revolución a plazo fijo, se dijeron veinte mil cosas, lo que no entendían era el sentido de aquella frase. Aquella frase quería decir: Yo sé que los pueblos están cansados de promesas falsas, yo sé que los pueblos han perdido la fe en los líderes, yo sé que los pueblos no creen. Pues bien, para que el pueblo crea, ponemos nuestro honor por delante y le prometemos que iniciaremos la Revolución en Cuba en 1956. Eso fue lo que yo dije, y cuando lo dijimos fue porque estábamos seguros de que íbamos a cumplir, o de que al menos estábamos dispuestos a cumplir aquella palabra. Nos comprometimos con el pueblo y aquello ayudó a mantener encendida la fe del pueblo.
Aquí, un revolucionario dominicano acaba de decir también, emocionado, que será este año. Pues, bien, va a tener muchas más facilidades que nosotros, porque al menos no les va a pasar lo que nos pasó a nosotros, que cuando nos faltaban seis meses para que se acabara el año, nos metieron presos y nos quitaron todas las armas; que cuando volvimos a reunir fondos y a comprar armas, nos quitaron la mitad de las armas, y, por suerte, no nos metieron presos y pudimos salir, atravesar el golfo, atravesar el mar Caribe, atravesarlo todo y poder llegar a Cuba; pero que realmente se nos hizo todo muy difícil.
Al menos los exiliados ya no tendrán que padecer persecución, como hubimos de padecerla nosotros. Por lo menos en Cuba, y sé que también en Venezuela, tendrán toda la hospitalidad a que sean acreedores los perseguidos políticos de la tiranía , absoluta libertad para propagar sus ideas, absoluta libertad para organizarse, para reunirse, dar actos públicos, y tendrán siempre toda la protección, porque allí no podrá irlos a asesinar Trujillo, allí no encontrará cómplices, y ellos tendrán todo nuestro apoyo moral y tendrán todo el respaldo de la opinión pública cubana, y, con toda seguridad, el respaldo de la opinión pública continental.
Hoy, en la comparecencia ante la Cámara de Diputados, propuse que se reunieran los delegados de los países democráticos en la Organización de Estados Americanos y propusieran la expulsión de los representantes de los dictadores. Hablaba, precisamente, de que esos organismos internacionales no habían servido para nada, y que había que adoptar una actitud enérgica y firme en relación con los problemas de América. Por lo tanto, la postura del Gobierno Revolucionario de Cuba será una postura firme y sin vacilaciones de ninguna clase, porque ha llegado la hora de que los pueblos sepan defenderse y sepan plantear sus derechos. ¡Basta ya de sumisión, basta ya de cobardía y basta ya de vacilaciones! 
A los estudiantes, que tan extraordinariamente han honrado a nuestro pueblo en la tarde de hoy, quiero decirles, para finalizar, una cosa: tengan la seguridad de que somos hombres conscientes de nuestra responsabilidad con nuestra patria, de nuestra responsabilidad con los pueblos oprimidos y de nuestro deber ineludible de solidaridad con todos los pueblos del continente americano; que somos revolucionarios, y que ser revolucionario no es llamarse así como se llaman muchos. Ser revolucionario es tener una postura revolucionaria en todos los órdenes, dedicar su vida a la causa de los pueblos, dedicar su vida a la causa de la revolución de los pueblos, a la plena redención de los pueblos oprimidos y explotados.
Como el poder para nosotros no ha significado un baño de rosas ni un paseo, como para nosotros el poder no significa riquezas, ni somos hombres que nos dejamos arrastrar por ningún género de vanidad, sino que para nosotros el poder es sacrificio, más sacrificio, porque ahora estamos luchando más que cuando estábamos en la Sierra Maestra, ahora tenemos menos descanso que cuando estábamos en la Sierra Maestra, ahora tenemos más trabajo que cuando estábamos en la Sierra Maestra, hemos bajado al llano decididos a seguir luchando en el terreno que sea necesario .
No vamos a aburguesarnos ni a burocratizarnos en el poder; no vamos a acostumbrarnos a la vida cómoda, ni a la buena comida, ni a la buena ropa, ni a las buenas cosas. Miren, ¿ustedes ven este uniforme?, porque es el que me he acostumbrado a tener durante dos años, lo traigo sencillamente, y porque cuesta barato; cuando tenga que quitármelo, me lo quito y me pongo otra ropa barata también.
En cuanto a dormir, los rebeldes de la Sierra Maestra, si tenemos una hamaca y dos árboles, estamos perfectamente bien; y en cuanto a comer, con pocas cosas nos alimentamos. Nuestra mayor necesidad son libros y nos los regalan, me han regalado muchísimos en Venezuela y tendré el gusto de poder llevarlos a Cuba; por lo tanto, con muy poca cosa nosotros nos conformamos. ¡Ni nos van a comprar, ni nos van a sobornar, ni nos van a intimidar!  Vamos a ser sencillamente incorruptibles, no nos vamos a acomodar nunca, vamos a seguir siendo revolucionarios hasta la muerte, y vamos a hacer nuestra aquella gran verdad de que el revolucionario no tiene otro descanso que la tumba . Es nuestro deber y lo sabremos cumplir rectamente y sin mucho trabajo siquiera, porque es, además, nuestra vocación.
Nos sentimos bien cumpliendo con el deber, no nos importan los riesgos, no nos importa que tengamos que ir otra vez a las montañas cuando sea necesario o cualquier día; por tanto, nosotros sabremos ser acreedores de los honores que se nos han hecho. Nunca tendrán los pueblos motivos de arrepentirse por las muestras de cariño que nos han dado, y, más que las palabras, los hechos hablarán por nosotros.
Me despido de ustedes con un pensamiento, con un deseo que quiero que todos lo hagan suyo, y es que en un día no muy lejano podamos reunirnos en otras universidades del continente. No voy a decir Cuba, Cuba es de ustedes; no tenemos como ustedes una ciudad universitaria, pero la vamos a hacer y vamos a conceder becas —pero becas numerosas, no esas becas reducidísimas que con tanta avaricia se conceden a los estudiantes de América Latina—, por supuesto, a los venezolanos .
El deseo que quiero que todos sintamos sinceramente hoy, la promesa que todos debemos hacernos, es que —este año, o el otro, o el otro; no vamos a comprometernos a fecha fija de cuándo va a terminar, lo que sí sabemos es cuándo va a empezar, y empezar es lo que importa, porque cuando se empieza se termina—, nos veamos algún día reunidos una representación de los estudiantes cubanos, de los estudiantes de Venezuela y de los estudiantes de todo el continente americano en la universidad de Santo Domingo , reunidos allí con un pueblo libre, con un estudiantado libre.
Y ustedes los estudiantes, que han sido los defensores de todas las causas justas, que han sido la vanguardia de la libertad en nuestro continente; ustedes, que inspiraron esta idea, los estudiantes venezolanos, no deben descansar ni un minuto en el esfuerzo por ayudar a que se convierta en realidad este sueño de poder reunirnos algún día en la universidad de Santo Domingo, en la universidad de Nicaragua y en la universidad de Paraguay , con la ayuda de los pueblos, con la ayuda de los estudiantes.
Yo sé que el día en que se esté combatiendo en Santo Domingo, no faltarán voluntarios, entre el estudiantado y entre el pueblo de Venezuela, que quieran ir a combatir allá. Lo que sí les puedo asegurar a los revolucionarios dominicanos es que no los dejaremos solos, y es con esa promesa con la que me quiero despedir de ustedes: nos veremos en la universidad de Santo Domingo.
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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