julio 09, 2012

Discurso de Fidel Castro en la Universidad Central "Marta Abreu" (1959)

DISCURSO EN LA UNIVERSIDAD CENTRAL “MARTA ABREU”, DE SANTA CLARA, LAS VILLAS
Fidel Castro
[15 de Marzo de 1959]

― Versión taquigráfica de los oficinas del Primer Ministro ―

Honorable ciudadano Presidente de la república;
Pueblo de Las Villas:
Esta es ya una verdadera dificultad de los mítines públicos, que cuesta mucho trabajo hacerse oír, por dos razones:  porque parece que estábamos acostumbrados a los actos de antes, que venían muy pocas personas, y ahora son tantas que no alcanzan por lo general los altoparlantes con que organizar las concentraciones multitudinarias que se están llevando a cabo después del triunfo de la Revolución; y además, nuestros organizadores de actos no tienen experiencia ninguna, siempre hacen lo mismo y ponen la tribuna en el medio, y entonces uno tiene que darle la espalda a unos mientras les habla a los otros.
Hoy el discurso no lo voy a decir yo, el mejor discurso de esta concentración lo han dicho ustedes, lo ha dicho esta multitud, porque esta multitud viene aquí a una sola cosa, a decir que está contenta con la tarea revolucionaria que está llevando a cabo el gobierno de la Revolución, a decir que quiere que sigamos adelante haciendo leyes revolucionarias.
A mí me gusta aprovechar estas oportunidades para orientar al pueblo, para tratar de aclarar todas aquellas ideas que interesa que el pueblo tenga claras. A veces, como hoy, las circunstancias de la hora, el exceso de personas, el cansancio de la voz, me impiden hablar a mi gusto, como me gusta hacerlo, a fin de mantener al pueblo alerta y mantener al pueblo orientado.  Me gustaría decir muchas cosas hoy a los villaclareños; me gustaría hablar y decir todas aquellas cosas que Santa Clara se merece, que el pueblo de Santa Clara se merece; me gustaría hablar de la historia de la provincia, del patriotismo de esta provincia, porque fue la provincia de Las Villas, conjuntamente con la de Oriente, las que dieron las batallas principales por el triunfo de la Revolución.  Y fue también la provincia de Las Villas la que, conjuntamente con Camagüey y Oriente, libraron las principales batallas de la guerra de independencia.  El patriotismo de Villa Clara viene de atrás, que por algo se llama a esta provincia, “las inquietas villas”.
He tratado de leer todo lo que se le está pidiendo al Gobierno Revolucionario aquí, y he observado que, más que pedir cosas, aparecen letreros que dicen: “Apoyamos la reforma agraria”, “Apoyamos al Gobierno Revolucionario.” Ya el pueblo no pide tanto, ¿saben por qué?, ¿saben por qué ya el pueblo no se orienta a pedir tanto y más bien se orienta a decir, “apoyamos”?, porque el pueblo sabe que todo lo que necesita se lo vamos a dar; el pueblo sabe que, muchas veces antes de que nos lo pidan, nosotros lo estamos dando y estamos promoviendo muchas medidas para beneficio del pueblo.  Yo me dirigí a todo el pueblo y les dije a todos ustedes que tuvieran calma, que no se apuraran, que era imposible resolverlo todo en pocos días, pero que, uno a uno, todos los problemas serían tratados; que, uno a uno, todos los problemas serían resueltos.
Una sola cosa me entristece, a medida que marcha la Revolución; una sola cosa nos preocupa, y es que no podemos ir más de prisa todavía...  Cuando pasamos por nuestros campos y vemos un bohío, nos da tristeza; cuando vemos a los campesinos todavía sin tierra, nos da tristeza; cuando vemos a los pueblos sin acueducto, sin alcantarillado, sin pavimentación, sin escuelas, nos da tristeza; cuando vemos a nuestros campos sin electricidad, nos da tristeza; cuando vemos a tantos cubanos que no tienen trabajo, nos da tristeza; cuando vemos a niños descalzos, cuando vemos a las familias hambrientas, nos da tristeza. Quisiéramos poder resolver en un solo minuto todos aquellos problemas, quisiéramos ver construidas en un solo día todas las escuelas, todos los hospitales y hecha toda la obra revolucionaria; pero, desgraciadamente, no se puede hacer en un día, hay que hacerlo trabajando mucho, día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año; y solo un consuelo nos queda a nosotros, y el consuelo nuestro es la esperanza de ustedes —más que la esperanza la seguridad— de que lo que el pueblo y la patria esperan de la Revolución lo recibirán y ven cómo día a día se avanza, ven cómo avanza la reforma agraria, porque la reforma agraria ha avanzado extraordinariamente desde el primero de enero, porque una ley revolucionaria, antes que dictarse y salir en la Gaceta Oficial, es necesario que cuente con el apoyo mayoritario del pueblo.  Una ley revolucionaria como la reforma agraria es ya una realidad, porque es una realidad en la mente y en el corazón del pueblo, en sus ideas, y todo el pueblo está luchando entusiastamente por la reforma agraria, todo el pueblo está luchando y está ayudando.
Y, ¿qué es la reforma agraria?  La reforma agraria no es solo una ley que hicimos en la Sierra Maestra; la reforma agraria es también, y es fundamentalmente, la ley que estamos preparando sobre el latifundio y que si no ha salido todavía es porque la estamos estudiando bien y la estamos preparando cuidadosamente; la reforma agraria son los miles de tractores que vamos a adquirir para que los campesinos no solamente tengan tierras, sino que tengan también con qué hacer producir la tierra.  El campesino no hace nada con la tierra, el campesino no hace nada con tierras, si no tiene también tractores, y no tiene también arados, y no tiene también regadíos, y no tiene también electricidad. El campesino necesita no solamente tierra, sino también maquinaria, y así, mientras por un lado se confecciona la ley, por otro lado estamos reuniendo miles y miles de pesos para invertirlos en el fomento de la agricultura, en la tierra que vamos a repartir y en la adquisición de los equipos necesarios para convertir nuestra agricultura en la primera agricultura del mundo.
La reforma agraria no es solamente la ley agraria, la tierra, los trabajadores, sino también la orientación, la enseñanza que hay que impartir al campesino para que conozca los mejores procedimientos para hacer producir la tierra y, además, qué tipo de cultivo debe realizar.  Porque no basta con que siembre los frutos menores, y críe allí los animalitos que necesita para vivir; necesita producir algo que pueda vender en el mercado y, además de lo que consuma, poder disponer del dinero suficiente para satisfacer todas las demás necesidades de su familia.  La reforma agraria es, además, los cientos de escuelas que vamos a hacer en nuestros campos, las ciudades escolares, que van a tener capacidad para miles y miles de niños.
Tres cosas quiero decir antes de que sea prácticamente oscuro, tres obras que vamos a realizar en Las Villas: vamos a hacer, en primer término, la ciudad universitaria de Las Villas .  Y, a tal efecto, vamos a proponer al presidente de la república y al Consejo de Ministros la concesión de un crédito de 2 millones y medio de pesos para hacer la ciudad universitaria de Las Villas, para que Las Villas tenga también una ciudad universitaria que esté a la altura de las demás ciudades universitarias que se van a hacer en el resto de la isla.  Vamos a convertir, en segundo lugar, el cuartel del regimiento “Leoncio Vidal”, de triste recordación para todos nosotros, lo vamos a convertir en una ciudad escolar industrial, con capacidad para 5 000 niños... Y en la zona del Escambray, vamos a construir una ciudad escolar para los hijos de los campesinos con capacidad para 20 000 niños.
Lo primero que haremos será conceder el crédito para la ciudad universitaria y, después, los créditos para la ciudad escolar de la ciudad, y después para la ciudad escolar del Escambray.
Además, estamos ya estudiando y preparando los proyectos para desecar la Ciénaga de Zapata, con una capacidad de 15 000 caballerías de tierra, y que cuando esté en condiciones de cultivo, va a servir de sustento a decenas de miles de familias cubanas.
He oído algunas discusiones sobre la Ciénaga de Zapata, si pertenece a Las Villas o pertenece a Matanzas.  Sobre esas cosas no hay que discutir, lo que hay que decir es que la Ciénaga de Zapata pertenece a Cuba; la desecación de la Ciénaga de Zapata no va a beneficiar solamente a los villaclareños, va a beneficiar también a los matanceros, y va a beneficiar, en definitiva, a todos los cubanos.  Allí irán campesinos de Las Villas y campesinos de Matanzas.  Es una tontería ponerse ahora a discutir y a fomentar divisiones por esas cuestiones.  Esas son cuestiones intrascendentes, que no hay que traer al caso, esas son cuestiones localistas; lo importante es que la Ciénaga de Zapata está ahí, y ahí va a quedarse, está ahí como un pedazo de Cuba, un pedazo que vamos a rescatar para beneficio de todos los cubanos. Todas las necesidades de todos los pueblos, todos los rincones de esta provincia, serán atendidos por el Gobierno Revolucionario.  No lo podemos hacer todo de una vez, no lo podemos hacer todo en el acto, pero, uno a uno, verán ustedes cómo iremos resolviendo todos los problemas de la provincia y todos los problemas de Cuba, porque no descansaremos ni nos afeitaremos las barbas hasta que todos los problemas de Cuba sean resueltos.
Sé que me querían entregar en la tarde de hoy innumerables contribuciones que distintos sectores de la provincia de Las Villas han recogido para ayudar a la reforma agraria.  Creo que ningún otro pueblo en el mundo ha dado jamás mayores muestras de civismo, de generosidad, de entusiasmo y de patriotismo que las que está dando el pueblo de Cuba en este instante.  Nada más emocionante, nada más alentador para los gobernantes que estamos cumpliendo con nuestro deber, que este entusiasmo, que esta energía, que este fervor con que el pueblo nos está ayudando a llevar adelante esta pesada carga de la Revolución.  Y nada nos puede a nosotros dar mayor aliento, nada nos puede a nosotros dar más fuerzas, que esa ayuda que estamos recibiendo del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Porque eso demuestra cómo ha entendido el pueblo de Cuba los grandes beneficios que va a recibir por la reforma agraria, cómo en la ciudad todo el mundo ha comprendido que la reforma agraria no solo va a servir para elevar cinco veces el estándar de vida de los campesinos, sino también para elevar muchas veces el estándar de vida de las ciudades, porque si los campesinos no tienen con qué comprar en la ciudad, nadie tiene trabajo, y en la ciudad no tienen a quién venderle.  Es necesario que los campesinos tengan ingresos suficientes para adquirir todo lo que necesiten, y así jamás las fábricas, jamás los talleres se paralizarán en las ciudades, y jamás faltará trabajo en las ciudades; y por eso no solo los hombres y las mujeres, no solo las personas mayores, sino hasta los niños ya se han convertido en nuestros defensores y entusiastas colaboradores de la reforma agraria, porque constantemente nos llegan a nosotros cajas repletas de sobrecitos con la contribución de los niños de las escuelas públicas para la reforma agraria, niños pobres de las escuelas públicas que reúnen el dinero que tienen para merendar, o el dinero que tienen para alguna golosina, lo ponen en un sobre y se lo entregan a sus maestros para que nos lo envíen como ayuda al plan de reforma agraria.
Así, el día de mañana, cuando veamos a los trabajadores arando la tierra, cuando veamos a los trabajadores preparando la tierra, que será de los campesinos, tendremos que recordar que esos tractores los ayudaron a comprar hasta los niños pobrecitos de las escuelas públicas; y que así, con ese fervor, así, con ese espíritu de sacrificio, así, con esa generosidad, así, con esa fe, se está forjando el destino mejor de la patria.
Hoy sufrimos todos, hoy nos falta todo, hoy la inmensa mayoría del pueblo carece de todo, esa es la herencia que nos dejaron, esa es la herencia que nos dejó la tiranía y nos dejó la politiquería, esa es la herencia que nos dejó la traición, la maldad y el egoísmo humanos.  Hoy todo es dolor en todas partes; hoy todo es necesidad en todas partes, hoy todo es pobreza en todas partes; hoy todo es necesidad y carecer de las cosas más elementales para la vida; hoy por doquier vemos niños descalzos, por doquier vemos al campesino hambriento, por doquier vemos los bohíos antihigiénicos donde viven hacinadas y enfermas nuestras familias; hoy por doquier vemos la pobreza, hoy por doquier vemos la miseria.  Pero no será así mañana, no será así mañana, porque por eso se hizo Revolución. Tardaremos más o menos, tardaremos más o menos meses, más o menos años, pero algún día veremos los frutos de la semilla que estamos sembrando.
Algún día no lejano veremos los grandes beneficios de las leyes revolucionarias que se han dictado, se están dictando y se van a dictar, porque, simplemente, hemos empezado...  .  Algún día no lejano el pueblo de Cuba recibirá los frutos de todos los hijos buenos que han caído en esta lucha.  Algún día no lejano el pueblo nuestro, el pueblo sufrido de Cuba, el pueblo que tanto ha luchado por ser feliz, sin haberlo conseguido, el pueblo tantas veces maltratado por intereses internos y por intereses externos, algún día no lejano el pueblo de Cuba tendrá al fin lo que se merece, tendrá al fin nuestro pueblo el fruto de todas las luchas, el fruto de todo lo sembrado desde que se disparó el primer tiro por nuestra libertad hasta el último tiro que se disparó el primero de enero de 1959; y ese será el día en que dejaremos de sentirnos tristes, ese será el día en que cuando pasemos por nuestros campos no veamos ya un bohío, en que no haya más zonas sin escuelas, ni sin hospitales, en que no haya un solo campesino sin tierra, ni un solo cubano sin un trabajo donde ganarse la vida decorosa y honradamente...; ese día en que empezaremos a ver los frutos de las universidades que se están preparando para darle al país lo que más necesita el país hoy, que son hombres capaces, que son hombres preparados, porque una de las desventajas más grandes que tenemos en estos momentos es la falta de hombres capacitados.
Hay muchas personas llenas de buenas intenciones, muchas personas honradas, pero la república de atrás, la república vieja, la república corrompida, la república de la tiranía, la república de la malversación y el robo, la república del privilegio y de la explotación, no podía darnos los hombres que la república nueva, la república de la libertad, la república de la justicia, la república del progreso, la república de la felicidad, la república de la honradez, necesita.  Los hombres que esa república futura necesita no los podría brindar la república vieja; la república vieja lo que dejó fue mucha incapacidad en nuestro pueblo y, por lo tanto, ahora tenemos que sembrar a profesionales capaces, tenemos que sembrar profesionales idealistas, no profesionales reaccionarios, ni profesionales incompetentes, ni profesionales que vengan a estudiar a la universidad para ponerse después al servicio de los intereses creados.  Lo que necesitamos son muchos ingenieros de todos los tipos: electricistas, mecánicos, agrónomos, químicos, arquitectos.
Por eso el Estado revolucionario está dispuesto a invertir lo que sea necesario a fin de crear universidades que tengan todos los medios para producir los profesionales que necesita la patria; por eso nunca escatimaremos esfuerzos, ni escatimaremos sacrificios; por eso se concederán cuantos créditos sean necesarios, no solamente para construir edificios, sino para pagarles buen sueldo a los profesores, para tener buenos laboratorios de investigación, buenos libros y buenos profesores, y para tener lo que haga falta.
Aquí hay que tener universidades igual que la de La Habana y la de Oriente, que se vayan creando cuando sea necesario, y no para producir profesionales en serie, sino para producir los profesionales que nuestro país necesita.  No vale la pena, señores, hacer sacrificios para producir un tipo de profesional que no se necesita ya; es hora ya de que se vaya pensando en orientar a estudiar profesiones técnicas y no a estudiar, por ejemplo, para abogado, porque hasta ahora nadie se preocupaba de orientar la enseñanza. Se debe orientar la enseñanza hacia las profesiones donde pueden servir mejor a los intereses de su país y ganarse la vida decorosamente.  Hasta ahora nunca se hizo eso, nuestras universidades tienen que organizarse nacionalmente y tienen que preparar profesionales para la Revolución y para el país.
Así que por eso en esta universidad digo lo mismo que dije en La Habana y en Oriente, que las necesitamos ahora más que nunca y que el Gobierno Revolucionario está dispuesto a hacer lo que sea necesario por las universidades, porque las universidades cubanas tienen que situarse en los primeros lugares de América, las universidades cubanas tienen que estar entre las mejores universidades de América, porque a la mejor revolución, a la revolución más completa, debe corresponder la organización de las mejores universidades, de las universidades más completas, porque si no podemos marchar adelante para que esta Revolución llegue tan lejos como sea posible, como es lo que se merece nuestro pueblo y como es también lo que merece la patria.
En la tarde de hoy se me acercó una madre vestida de luto; venía llorando, se acercó y me dijo: “Yo soy madre de un joven que murió en la Revolución, pero estoy contenta.” Esas palabras en boca de una madre que lloraba, esas palabras en boca de una mujer que perdió lo que más quería en el mundo, su hijo; esas palabras pronunciadas con lágrimas en los ojos: “Estoy contenta”, lo dice todo.  ¡Jamás podrán decirse palabras más nobles y más generosas; todo lo quieren decir esas palabras...! Esas palabras quieren decir:  “Estoy contenta, porque mi hijo murió pero no murió en vano; estoy contenta, porque el pueblo está contento; estoy contenta, porque aquellos sacrificios van a significar frutos de grandeza y de felicidad para todos los cubanos; estoy contenta, porque ustedes, los compañeros de los que cayeron, están cumpliendo y seguirán cumpliendo con su deber; estoy contenta, porque Cuba marcha hacia adelante, porque Cuba es libre de todos los males y de todas las lacras que impedían su progreso; estoy contenta, porque Cuba es libre de todos los intereses creados; estoy contenta porque Cuba se está librando del dolor y de la miseria.” Aquella madre quería decir:  “No importa que haya muerto mi hijo, si muchos hijos se van a salvar; no importa que una madre llore, si muchas madres hoy ríen, porque tienen junto a ellas sus hijos...  , no importa que una madre llore, porque muchas madres serán felices; no importa que nosotras lloremos, cuando nuestro pueblo ríe de felicidad.”
Esa mujer nos ha señalado a nosotros el primer deber moral de esta Revolución:  llevarla tan lejos como sea necesario, mantenerla tan pura como sea posible, hacerla tan perfecta como sea posible, dentro de las facultades humanas; nos ha señalado el camino para que nos esforcemos a todas horas para superarnos en todos los órdenes, para luchar sin descanso, para que estemos a la altura de esta hora, para que estemos a la altura de los sacrificios que ha costado esta Revolución, para que no se olviden los sacrificios y no se entienda jamás que esto se hizo para beneficio personal de nadie, los que crean que la Revolución se hizo para satisfacer apetitos de nadie...
¡Es demasiado grande la hora de Cuba, es demasiado grande el porvenir que tiene delante!; ¡que no se hagan ilusiones los que crean que van a frenar la Revolución, que no se hagan ilusiones los que crean que van a sabotear la Revolución, que no se hagan ilusiones los que crean que van a impedir la Revolución!; porque frente a los niños que entregan los centavos que les dan sus padres y los entregan para comprar tractores, frente a las madres que han perdido a sus hijos y dicen que están contentas, se alzan los intereses creados, se alzan los enemigos de la reforma agraria, se alzan los latifundistas que no quieren que el latifundio se acabe, se alzan los egoístas que quieren seguir disfrutando de todos los privilegios mientras el pueblo sufre; pero esta no es la hora de los egoístas, los egoístas ya han tenido bastante, los egoístas ya han disfrutado bastante, esta es la hora del pueblo, ¡aquí los que dictan los sentimientos de Cuba son esos niños de que yo hablaba, son esas madres que lloran y están contentas!  Se acabó la época de los politiqueros, se acabó la época de los privilegiados, se acabó la época de los oportunistas, se acabó la época de los traidores y de los vendepatrias.
Se engañaron con el pueblo de Cuba; creían que era cualquier cosa, creían que era un rebaño cualquiera, creían que podían estarlo pisoteando siempre, creían que nunca se levantaría, creían que nunca sería lo suficientemente fuerte y lo suficientemente patriótico para echar abajo tantos intereses, y los intereses han rodado por el suelo, y el sostén de esos intereses, el ejército mercenario de la tiranía, vean en lo que ha quedado convertido, vean cómo ha sido disuelto por completo, después de la victoria revolucionaria, vean los cuarteles cómo se irán convirtiendo en escuelas .  Y es ese el símbolo destruido, la maquinaria militar de los intereses creados, y ya el pueblo puede hacerle frente a todo sin temor, porque nadie ya puede contra la Revolución.
No importa que escriban los que hoy están con la reacción, los intereses creados, esos que cuando han visto que de verdad se acabó el latifundio, que de verdad se acabó el abuso, que estamos rebajando los alquileres, que de verdad no solamente estamos haciendo la reforma agraria, sino también la reforma urbana, porque dentro de las ciudades también había latifundio, dentro de las ciudades también había latifundio de solares, gentes que tenían hasta una caballería de solares y no dejaban construir a nadie ni construían tampoco ellos; se ponían a esperar egoístamente a que el metro estuviera con más valor para que el infeliz tuviera que pagarlo a 30.00, 40.00 y 50.00 pesos para hacer sus casas, o si no tener que pagar 70.00 pesos de alquiler en casas que se construyeran ahí.  Les cobraban el solar más caro, les cobraban la casa más cara, y si, después de estar viviendo 10 años, les faltaba el dinero para pagar un mes, los echaban.
Esas son las cosas que estaban pasando en Cuba; y ahora, como hemos dicho, además de la reforma agraria vamos también a la reforma urbana, y si en el campo lo ideal es que todos los campesinos tengan su pedazo de tierra, lo ideal es que también en la ciudad cada cual tenga su propia casa.  Y por eso, paralelamente con la reforma agraria, estamos haciendo la reforma urbana, pero ahora salen los teóricos de la reacción a hablar.  Han estado calladitos hasta estos días recientes, pero ya empiezan, no a hablar siquiera de las virtudes revolucionarias, sino que empiezan a hacerse los bobos; ya empiezan a escribir todos los días determinadas teorías de las que no se acordaron nunca, porque hasta ahora no habían escrito ni cómo se debía hacer una revolución, porque estaban al servicio de los intereses creados.  Pero cuando han visto que se está haciendo una revolución de verdad, empiezan a hablar, pero no para hacer la revolución, sino que empiezan a hablar para que no se haga, disfrazados también de revolucionarios.  Y dicen “la reforma agraria es buena, pero con el latifundio hay que tener cuidado.”
Ahora aparecen los teóricos de la reacción, y los verán ustedes escribiendo; ya verán algunos teóricos cómo escriben contra las revoluciones, como empiezan a inyectar la confusión.  Pero, ¡qué graciosos son!  Tienen todas las libertades, pueden escribir todo lo que quieran; hay libertad absoluta para todo el mundo; la persona humana se respeta como cosa sagrada; jamás había existido un gobierno que fuese tan respetuoso de las personas, del ser humano, que nadie le da un golpe a nadie, una revolución que ha abolido el plan de machete, la fusta, el abuso.
Antes, cuando el pueblo vivía bajo el yugo, cuando el campesino vivía bajo el plan de machete, cuando el campesino vivía bajo la fusta, en los tiempos aquellos en que a planazos botaban a los campesinos de la tierra, esos teóricos no escribían una palabra, no pronunciaban una sola sílaba, no decían una sola idea.  Ahora están asustados.  ¿Por qué?  Porque les estamos dando duro y a la cabeza, porque estamos haciendo Revolución de verdad. Y ya esta mañana uno de esos teóricos trataba de escribir algunas ideas para confundir hablando y diciendo que si “revolución extrema”, que si “totalitarismo”, etcétera, etcétera, y resulta que ya empiezan a estar haciendo sus tareas traidoras de saboteadores y de mercenarios traidores.  Pero que se preparen, que se preparen, no porque les vayamos a hacer nada, no porque los vayamos a maltratar de obra, no porque los vayamos a encarcelar, no porque los vayamos a perseguir, no porque los vayamos a clausurar, no.  Esos derechos que hemos conquistado con nuestra sangre se los ofrecemos generosamente: que hablen, que escriban, que se reúnan, eso no importa.  Pero que se preparen, porque los vamos a desenmascarar y los vamos a mostrar tal cual son.
Que no confundan esta Revolución con ninguna otra en el mundo, porque esta Revolución es única, esta Revolución es genuinamente cubana, surge de nuestras necesidades, surge de nuestras ansias; que no empiecen a confundir, que no empiecen a hacerle imputaciones mal intencionadas a la Revolución Cubana, que no empiecen a esgrimir fantasmas aquí; esta es una Revolución Cubana que de verdad va a acabar con el privilegio; que ya, asustados como están los teóricos de los intereses creados, están escribiendo y ya están anunciando que van a escribir sus teorías revolucionarias.
Pues bien, lo que yo les digo es que sus teorías revolucionarias, ¿por qué no las publicaron antes?; sus teorías revolucionarias, ¿por qué no las escribieron antes, descarados, que no dijeron una palabra cuando todo era explotación y todo era miseria en el pueblo?  No pronunciaron una sola sílaba a favor del campesino, a favor del pobre, a favor del trabajador, a favor del inquilino; y, sin embargo, ahora se presentan como maestros, como teóricos, como guías, como los que van a venir a decirnos a nosotros lo que hay que hacer.  Y nuestra respuesta es esta: lo que hay que hacer lo sabemos muy bien, y lo sabemos tan bien como ellos saben lo que no quieren ellos que se haga.
Y vamos a hacer todo lo contrario de lo que ellos quieren que hagamos, vamos a hacer todo lo contrario de lo que ellos desean, porque vamos a hacer lo que el pueblo quiere, vamos a hacer lo que al pueblo conviene, no a los privilegiados, no a los cínicos y egoístas que han estado siempre defendiendo lo indefendible y que ahora preparan ya campañas pagadas por los geófagos, por los latifundistas y por los grandes intereses creados, campañas que cuestan millones de pesos, pero campañas que serán inútiles, porque una palabra honrada vale más que un millón de palabras falsas, porque una línea honrada vale más que un millón de líneas falsas, porque una idea sincera y una idea justa pueden más que todas las hipocresías y las falsedades del mundo.
Al pueblo no lo van a tupir, al pueblo no lo van a engañar, porque al pueblo no lo engañaron los Otto Meruelo, los Díaz Balart y toda aquella caterva de pícaros que lo único que sabían era mentir, pero a pesar de ser los únicos que hablaban no engañaban a nadie.
(Alguien levanta un cartel).  ¡Bajen ese cartel que a mí no me van a confundir como a los políticos viejos, que tenían que estar diciendo las cosas que más agradaban, nosotros atendemos a todas las demandas justas!  Se puede quitar el “torniquete”, pero no abaratar el pasaje, porque cuando hay una gran escasez de trabajo hay que evitar el desplazamiento de obreros.  Hay dos intereses en conflicto:  el interés de los que están sin trabajo y el interés del pueblo en los pasajes baratos, pero una de las causas por la que no podemos abaratar el pasaje es porque al abaratar el pasaje habría que suprimir empleos, y estamos en un momento en que no se puede suprimir empleos, estamos en un momento que cuando lanzamos a 100 o 200 trabajadores a la calle estamos perjudicando a la economía del país, y nuestra política no es dejar a nadie en la calle, sino mejorar las condiciones de vida del pueblo y dar trabajo a todos los que están sin trabajo; y cuando haya trabajo abundante podremos modificar los sistemas de transporte y hasta abaratarlos, en el futuro, dentro de algunos años, porque ahora todos los transportes están arruinados y lo primero que hay que hacer es salvarlos.  Por lo tanto, yo creo que si no se ha establecido en otros lugares, no debe estar establecido en Las Villas.  Ahora bien, al suprimirlo, que el pasaje no se ponga más caro, que el pasaje no se vaya a poner más caro cuando se suprima.  Y otra cosa, muy importante: necesitamos el máximo de honradez de todos los trabajadores en todas las líneas de transportes; suprimimos el “torniquete”, pero que los conductores sean todo lo honrados que debe ser un obrero revolucionario y un obrero honesto, y que no se pierda un centavo.
Así que esa es una cuestión que, al lado de las grandes cuestiones que tiene el país, carece de importancia.  Eso lo puede resolver el Ministro del Trabajo, o el Ministro de Transportes, y estoy seguro de que lo resolverá atendiendo a los intereses de los trabajadores y atendiendo a los intereses del pueblo.  Así hemos concluido con la interrupción, y la próxima vez me ponen la tribuna que no de la espalda a tanto pueblo.
El pueblo tiene que estar preparado para la oposición que van a hacer los enemigos de la Revolución, dentro de Cuba y fuera de Cuba; tratarán de confundir al pueblo escribiendo, pero yo decía cómo, si Otto Meruelo y comparsa no pudieron engañar a nadie, a pesar de que los únicos que hablaban eran ellos, menos van a engañar ahora, cuando los únicos que van a hablar no son los reaccionarios, y cada vez que salgan les saldremos al paso.  Ellos harán una tarea de confusión, pero les saldremos al paso para combatirlos.
Y voy a hacer una pregunta: ¿Quién les va a hacer caso a los que han estado aquí escribiendo siempre a favor de los intereses creados?  Lo que el pueblo les va a hacer a esos señores es que, cuando los empiecen a leer, no los terminarán de leer; y que, cuando hablen por radio y vean a un reaccionario de esos hablando contra la Revolución, cerrarán el radio y no lo irán.  Nosotros no los vamos a clausurar, los va a clausurar el pueblo no haciéndoles caso, porque es que el pueblo ha aprendido mucho, el pueblo cada día sabe más, cada día está más despabilado.
Así que pueden escribir todo lo que quieran, pero que se preparen, porque les vamos a contestar.  Y no se hagan ilusiones, porque no van a engañar a nadie; así que a mí me tienen sin cuidado, pero siempre estaremos advirtiendo y alertando al pueblo, porque aquí había mucha gente que en los primeros días escribía a favor de la Revolución, tratando de conquistarla; estaban haciéndole gracias a la Revolución, pero cuando han visto que la Revolución va en serio, y es de verdad, como han visto que aquí vamos a transformar a Cuba, ya están empezando a enseñar las uñas, ya están empezando a enseñar sus uñas de gavilanes, sus uñas de buitres, sus uñas de enemigos del pueblo.
Pero nos tienen sin cuidado, y nos tienen sin cuidado porque el pueblo está preparado; el pueblo está preparado no solamente para la lucha de palabras, y de argumentos, y de razones, sino para cualquier lucha.  Mientras la reacción y la contrarrevolución sea de palabra y de razones, no habrá inconveniente ninguno: lucharemos de palabra y de razones.  Si se hacen todavía más ilusiones y creen que pueden derrotar a la Revolución por medio de las armas, entonces que se preparen, porque, sencillamente, si tienen dos dedos de frente empezarán por comprender que la Revolución no va a derrotarla nadie por las armas, que la Revolución no la puede derrotar nadie por las armas aquí, cuando todo el pueblo está vigilando, cuando cada ciudadano es un soldado de la Revolución.
Yo voy a ver qué pueden hacer contra la Revolución, aunque organicen expediciones de fuera, porque para derrotar a la Revolución tendrían que matar a todo el pueblo, y yo no veo qué esperanzas les puede quedar, porque si cuando tenían todos los tanques, y todos los aviones, y todos los cañones, y decenas de miles de fusiles, y el pueblo estaba desarmado, salieron corriendo y dejaron cañones, aviones, tanques y armas, lo dejaron todo, ¿cómo se las van a arreglar ahora, si todos esos cañones, aviones y tanques los tiene el pueblo? ¿Con qué van a venir aquí a derrotar la Revolución?
Es que la situación de los enemigos de la Revolución es trágica, porque políticamente están derrotados; en el campo de las ideas, en el campo de las razones, están derrotados; en el campo de la opinión pública, están derrotados; y en el campo militar, están derrotados. Están derrotados en todos los órdenes los reaccionarios, los amigos de Batista, los que fueron a visitar al tirano después del ataque el 13 de marzo..., esos amigos del dictador, porque los amigos del dictador no eran solamente los esbirros, no eran solamente los criminales de guerra. Había muchos apapipios, había muchos guatacas, había muchos que halagaban al dictador, había muchos que le hacían la propaganda, que le hacían la campaña, había muchos que le hacían el juego, y todo el mundo recordará lo que pasó el día subsiguiente del 13 de marzo, después del asesinato de Echeverría, de Pelayo Cuervo y de la muerte de tantos valerosos combatientes, cómo se presentaron en Palacio, uno por uno, los representantes de los grandes intereses, los representantes de los poderosos, que fueron allí a rendirle pleitesía al tirano.  Entonces, ¿con qué moral vienen a combatir las leyes revolucionarias, con qué moral vienen ahora a tratar de frenar la Revolución?
Bueno es advertir que cuando una revolución como esta, con tanto pueblo y tantos ideales, marcha hacia adelante, lo mejor es apartarse del camino, lo mejor es no hacerle resistencia, porque cuanta más resistencia se le haga, más impulso llevará la Revolución, mientras más traten de frenarla, más rápido marchará la Revolución; cuanto más la combatan, más fuerte será la Revolución.  Que nos combatan por todos los medios y con todas las armas que quieran, no nos importa.  El pueblo de Cuba es un pueblo de pelea, es un pueblo de lucha; el pueblo de Cuba sabe que el camino no es fácil, que hay muchos intereses por el medio, pero el pueblo de Cuba no tiene miedo, el pueblo de Cuba seguirá adelante, por la ruta victoriosa, por la ruta gloriosa que se ha trazado y la Revolución será realidad, cueste lo que cueste, ¡caiga quien caiga en esta lucha!
Las otras revoluciones, la del 68, la del 95 y la del 33, nos las frenaron, pero esta sí que no nos la frena nadie, esta sí que no la desvía nadie, esta Revolución será ya la Revolución que realice los grandes sueños de nuestra patria.
Podríamos decir aquello de que a la tercera va la vencida, pero como esta no es la tercera, sino la cuarta, pues decimos que a la cuarta va la vencida.
Esta vez le tocó ganar al pueblo, antes nunca ganó el pueblo, antes siempre triunfaron los enemigos del pueblo, en la del 68, en la del 95 y en la del 33.  En la primera, porque se perdió la guerra, después de 10 años; en la segunda, porque vino la intervención y nos lo dejaron todo como está aquí y establecieron una sombra sobre nuestra soberanía y sobre nuestra república; y en la del 33, porque vino la traición del criminal dictador que tuvimos que padecer 11 años primero y siete años luego.  Pero esta vez le tocó ganar al pueblo, esta vez le tocó triunfar al pueblo, y si el pueblo ha tenido que soportar durante siglos todas las injusticias, todos los abusos, todas las inmoralidades, las arbitrariedades y la explotación de los malos gobiernos y de los intereses creados, ahora le toca al pueblo establecer sus derechos, establecer su justicia, y que se resignen los enemigos del pueblo.  Después de todo el daño que le han hecho a Cuba, después de todo el daño que le han hecho al pueblo y que le han hecho a la nación, ¡no persistan en seguirla perjudicando, no sueñen con poder volver a tener privilegios, no sueñen con volver a conquistar su poder, porque el pueblo, porque esta Revolución, no les dará nada, porque esta vez le correspondió al pueblo!  Y esa verdad y esa realidad tienen que metérsela en la cabeza; esa verdad tienen que acabarla de comprender, porque si durante años, durante siglos, imperó el crimen, imperó el robo, imperó la injusticia, imperó la explotación, en lo adelante imperará la justicia, imperará la felicidad, imperará la libertad, imperarán los derechos del hombre; no solamente el derecho a hablar y a escribir libremente, a reunirse o trasladarse libremente, sino también la libertad de trabajar y de ganarse la vida con el sudor de su frente, y a recibir el fruto de su trabajo, y a recibir los frutos a que tiene derecho el cubano, que nació en una tierra rica, y en una tierra hermosa, pero en una tierra que ha sido hasta hoy desgraciada, que ha sido hasta hoy infeliz, ¡pero que será desde ahora en adelante una tierra feliz!
Este pueblo, que ha sufrido tanto, se ha decidido a seguir el camino que hace mucho tiempo está soñando.  Y de que tenemos la razón la prueba es el pueblo, porque tenemos las mayorías, porque las mayorías han sido las que han tenido que sufrir todo, porque las mayorías han sido víctimas de los malos cubanos y de los intereses creados, y esa es la prueba más grande de que tenemos la razón; y no la pueden tener los de ayer, no la pueden tener los intereses creados, porque si la razón la tuvieran ellos, el pueblo estaría con ellos; como la razón no la tienen ellos, el pueblo está con la Revolución .
Son tan ingenuos que creen que van a engañar al pueblo; son tan ingenuos que hay quien escribe y hala, y yo pregunto: ¿A quién van a convencer, al pueblo?  Pues, ¡no pierdan el tiempo, que tiempo tuvieron para convencerlo y para demostrarle que eran buenos y lo que hicieron fue hundirlo en la miseria y en la ruina!; y los que hicieron eso, ¡ahora que se callen, ahora que guarden silencio, y que no estorben, y que nos dejen a nosotros salvar al pueblo de la miseria, de la ruina en la que lo han sumido durante tantos años!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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