julio 11, 2012

Discurso de Fidel Castro en la graduación de las Milicias Campesinas (1960)

DISCURSO EN EL ACTO DE GRADUACION DE LAS MILICIAS CAMPESINAS, EN SAN JULIAN, PROVINCIA DE PINAR DEL RIO
Fidel Castro
[21 de Agosto de 1960]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Compañeros milicianos:
Hace algunos meses nos reunimos aquí, en este mismo sitio, para la graduación de un grupo de compañeros del Ejército Rebelde que había recibido un curso de instructores para organizar las milicias en el interior de nuestro país.Esos compañeros hace varios meses que están trabajando, organizando a las milicias en los centrales azucareros y en las zonas rurales.
Sin embargo, nosotros necesitábamos darles un entrenamiento especial a los campesinos de las montañas.  No queríamos que fuesen instruidos allá en las propias montañas; queríamos que vinieran a recibir un entrenamiento especial.  ¿Por qué?  Porque las montañas son nuestras posiciones más estratégicas.  Eso no quiere decir que solo se pueda combatir en las montañas; se puede combatir en las ciudades y se puede combatir en los llanos.  Pero, al entrenar de manera especial a los campesinos de las montañas, estábamos queriendo decir una cosa, y es que quienes intenten destruir la Revolución Cubana, quienes pretendan volver a implantar en nuestra patria el pasado de injusticias y de abusos, quienes pretendan implantar de nuevo en nuestra tierra los privilegios abolidos o quienes pretendan sustituir nuestra bandera de la estrella solitaria por una bandera extranjera, esos tendrán que combatir no solamente contra nuestro pueblo en las ciudades y en los campos, sino que nuestro pueblo nunca se daría por vencido y que, por poderosas que fuesen las fuerzas enemigas de la Revolución, en nuestra patria habría lucha mientras quedara un solo cubano con un fusil en la mano.
Hoy, la Revolución es más fuerte militarmente; hoy, la organización de las milicias ha avanzado en todos los rincones del país, tanto en la ciudad como en el campo; hoy, las unidades del Ejército Rebelde tienen una capacidad de combate superior; hoy, las posibilidades de lucha y de resistencia y de victoria son mayores. Pero, cuando empezábamos a entrenar las milicias, nos preocupamos por empezar por las milicias de las zonas montañosas.
Nosotros sabemos lo que es un hombre con un fusil en la mano; nosotros sabemos lo que es un hombre en una posición montañosa, en un cruce de caminos; nosotros sabemos lo que es un hombre armado detrás de un tronco, o en un hueco, o detrás de una piedra, o detrás de un saco de arena.  Por eso, cuando veíamos desfilar esta tarde a las compañías de milicianos del Segundo Frente “Frank País”, tan formidablemente bien entrenados, con esa marcialidad y con esa disciplina, que no podrán tener jamás los que traten de destruir a nuestra Revolución, cuando veía a cada uno de ellos con un fusil y una bayoneta, y cuando veía lo bien que sabían manejar esas armas, pensaba que nuestra Revolución seguirá adelante victoriosamente, sin que nada ni nadie pueda vencerla.
Me imaginaba esos milicianos en las montañas, me los imaginaba luchando allí contra cualquier invasor; recordábamos nuestra experiencia de la guerra; recordábamos el dominio que tienen los campesinos de su propio terreno, el dominio que tienen los campesinos de las montañas, la resistencia que tienen los campesinos para caminar en las montañas, el conocimiento que tienen los campesinos de todos los arroyos, de todos los trillos, de todos los firmes, de todos los picos, de todas las piedras de las montañas; el conocimiento que tienen los campesinos de los sitios donde hay agua, de los manantiales, de los arroyos; el conocimiento que tienen los campesinos de la naturaleza, lo fácil que se alimenta el campesino, lo que camina el campesino con un boniato en el estómago, lo que resiste, lo que camina un campesino, lo que avanza un campesino caminando de noche entre las montañas, esté seco el terreno o esté húmedo; las ventajas extraordinarias que tiene el campesino frente a cualquier enemigo.
¿Quién resiste lo que resiste un campesino? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”) ¿Qué contrarrevolucionario o qué soldado invasor, qué soldado yanki podría enfrentarse a un campesino nuestro? (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡El que venga, queda!”) ¿Qué infante de marina yanki podría enfrentarse con un guajiro de nuestras montañas?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Ninguno!”)  (COMIENZAN A EXCLAMAR A CORO: “¡Agua, jabón y cepillo, los yankis son amarillos!”) ¿Qué soldado mercenario podría enfrentarse a nuestros campesinos?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Ninguno!”)
¡Ya nosotros sabemos, demasiado bien, el susto que lleva en el alma el mercenario que se adentra por los desfiladeros de nuestras montañas! Sin saber dónde le van a explotar una mina, detrás de qué tronco o de qué piedra le van a disparar; si puede volver a regresar por el camino donde entró.
Y eso mismo que ocurre en las montañas, es lo que ocurre en el llano, es lo que ocurre en las cooperativas cañeras; el cooperativista conoce su tierra, conoce las irregularidades del terreno, conoce todas las zanjas, los puentes, las piedras, los árboles de su cooperativa, los trillos, los caminos; y cuando cualquier intruso está perdido allí, el cooperativista conoce su terreno como la palma de la mano.  Y eso mismo ocurre en las ciudades, eso mismo ocurre en las fábricas; cada obrero conoce su barrio como la palma de la mano, cada miliciano obrero conoce el terreno, como no podría conocerlo jamás ningún intruso.
Y cuando toda la isla esté organizada, cuando cada campesino sepa manejar las armas, cuando cada obrero, cada estudiante, y cada cubano digno, cubano o cubana, sepa cómo se combate, sepa lo que puede hacer con un arma; cuando hasta los niños de nuestra tierra sepan cómo se defiende a su patria, ¡vamos a ver quién puede destruir a nuestra Revolución! 
Por poderosas que sean las fuerzas enemigas, por muchos recursos con que puedan contar, ¿quién puede derrotar a la Revolución? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”) ¿Quién puede arrancarles a los campesinos sus tierras (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”) ¿Quién puede desalojar a las milicias de nuestras montañas? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”) ¿Quién puede desalojar a los trabajadores de nuestras fábricas? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”) ¿Y quién puede vencer a un pueblo que está decidido a luchar? (EXCLAMACIONES DE: “¡Nadie!”)
Y eso es lo que deben saber los enemigos de Cuba, eso es lo que deben saber los mercenarios que sueñan con regresar. Dos cosas deben saber, dos cosas por lo menos deben saber: que la Revolución cuenta con la inmensa mayoría del pueblo , porque ha hecho justicia, porque les ha puesto fin al abuso y a la explotación; porque todo el mundo sabe que por primera vez en la historia de nuestra patria, el pueblo cuenta; por primera vez en la historia de nuestra patria, el pueblo manda ; por primera vez en la historia de nuestra patria, todo cuanto en nuestra patria se hace es por el pueblo y para el pueblo .
Luego, deben saber los enemigos de la Revolución que no pueden hacerse ilusiones, porque la Revolución se ha ganado al pueblo, y la Revolución sabe cómo mantener unido al pueblo.
Pero no se trata en este caso solamente de que la inmensa mayoría del pueblo está junto a la Revolución, sino se trata de algo más grave para los contrarrevolucionarios y los enemigos de nuestra patria, porque ellos habían denigrado antes a la mayoría del pueblo, no se habían ganado, jamás, su cariño; no se habían ganado, jamás, el cariño del campesino; no se habían ganado, jamás, el cariño del obrero; no se habían ganado, jamás, el cariño del pueblo humilde; pero eso no importaba. Ellos dominaban la mayoría mediante la fuerza; ellos dominaban la mayoría con sus fusiles.
La diferencia está en que esa mayoría está armada; la diferencia consiste en que no solo está la mayoría con la Revolución, sino que esa mayoría ni está cruzada de brazos, ni tiene las manos vacías.  La diferencia es muy sencilla y muy simple, y los enemigos de nuestra Revolución deben saberlo; los que piensan implantar aquí de nuevo su terror, su explotación y su injusticia, ayudados por los yankis o empujados por los yankis.
Hay un oficio muy repugnante y despreciable.  Es el oficio de estarle lamiendo las botas al amo extranjero  y si se lame las botas al extranjero porque antes se fue un miserable asesino, porque antes fueron unos miserables ladrones, mal, muy mal; pero si se está lamiendo las botas de ese amo extranjero porque desertaron de la Revolución o porque traicionaron a la Revolución, porque le cogieron miedo a la justicia tremenda y a la tremenda rectificación que entraña una revolución, si se lame las botas del amo extranjero después de haber desertado de la Revolución y de la patria, peor.  Pues bien, lamebotas, porque fueron asesinos de los hijos de nuestro pueblo, o porque fueron ladrones, o porque fueron traidores y desertores de la Revolución: ¡lamebotas!, sepan que la inmensa mayoría de nuestro pueblo no solo está con la Revolución, sino que, además, ¡está armado! , para que se les vayan quitando las ilusiones, porque todas las maniobras, una por una, les van fallando; todas las zancadillas, una por una, les están fallando; todos los truquitos contrarrevolucionarios, uno por uno, les van fallando.
Tanto que han maniobrado, tanto que han maniobrado contra la Revolución y, sin embargo, cada día que pasa la Revolución en vez de ser más débil es más fuerte ; tanto que han tratado de confundir al pueblo y, sin embargo, cada día que pasa en vez de estar más confundido el pueblo está más claro; tanto que han tratado de dividir al pueblo y, sin embargo, el pueblo en vez de estar más dividido cada día está más unido; tanto que han tratado de acobardar al pueblo y, sin embargo, cada día que pasa en vez de estar acobardado nuestro pueblo está más valiente ; tanto que han tratado de arruinar económicamente a nuestro país y, sin embargo, cada día que pasa tenemos más tierras sembradas, más casas construidas, más escuelas funcionando, más maestros en nuestros campos, más fábricas trabajando y más producción en cada una de nuestras fábricas.
Tan acostumbrado como estaba el imperialismo a salirse con la suya, a que todo el mundo le lamiera las botas, a que todo el mundo se le arrodillara; tan acostumbrado como estaba el imperialismo a imponer su ley, su interés y su mandato y, sin embargo, cada día tiene delante un pueblo más erguido, más de pie y más digno.
Asesinaban a los líderes revolucionarios, lo mismo a Sandino en Nicaragua que a Guiteras o a Jesús Menéndez en Cuba, para descabezar siempre la protesta del pueblo, para descabezar siempre la rebeldía del pueblo, para evitar que los pueblos se liberaran del yugo.
Tan acostumbradas que estaban las compañías norteamericanas a desalojar a los guajiros de las tierras; tan acostumbradas que estaban a arrancar los bohíos de los campesinos para lanzarlos a las guardarrayas; tan acostumbrados que estaban los monopolios a atracar al pueblo; tan acostumbrados que estaban a amenazar a los países y a intervenir en los países cuando sus intereses eran afectados; tan acostumbrados que estaban a cercenar la soberanía de los pueblos; tan acostumbrados que estaban a mandar a nuestros gobernantes y, sin embargo, ya no hay monopolios yankis; ya no hay compañías azucareras yankis; ya no hay casquitos dando plan de machete y asesinando guajiros; ya no hay misiones militares yankis mandando a nuestro ejército; ya no hay guajiros desarmados; ya no hay obreros desarmados; porque lo que hay hoy son guajiros armados hasta los dientes , obreros armados hasta los dientes, pueblo armado hasta los dientes , para que nadie le haga cuentos, para que nadie vuelva nunca jamás en nuestra patria a abusar del pueblo , a abusar de nuestros campesinos, a abusar de nuestros obreros, a atracar al pueblo, a robarle al pueblo, a obligar al pueblo, a explotar al pueblo.
Y el remedio contra eso son esas milicias; el remedio contra eso son esos guajiros marchando; esos obreros y esos estudiantes, esas mujeres y esos maestros marchando.  El remedio definitivo, el remedio para siempre, para que nunca más le pueda nadie quitar un bohío a un guajiro, para que nunca más pueda venir ningún esbirro con una yunta de bueyes a arrancarle el bohío a medianoche, para que nunca más puedan venir los yankis a mandar en nuestro país, para que nunca más puedan arrebatarle a nuestro pueblo su derecho a trabajar para ser feliz, para que nunca más puedan arrebatarle a nuestro pueblo su libertad; para eso son las milicias; para eso son los fusiles; para que nos sintamos seguros en nuestra patria; para poder decirles a los contrarrevolucionarios y a sus amos yankis, para poderles decir a los esbirros, para poderles decir a los “lamebotas” y a los traidores:  “El que venga, queda”.
Por eso, mientras el imperialismo maniobra, mientras el imperialismo trata de arrastrar a otros gobiernos de América en sus planes de agresión contra Cuba, mientras el imperialismo intriga, mientras el imperialismo planea, nosotros graduamos aquí guajiros de las montañas ; mientras el imperialismo amenaza; mientras el imperialismo intriga; mientras el imperialismo miente y calumnia a nuestra patria; mientras el imperialismo trata de sobornar a otros gobiernos de América en sus planes de agresión contra Cuba, nosotros hacemos lo que debemos hacer:  organizarnos, entrenarnos y prepararnos, porque sabe o ha de saber el imperialismo que la respuesta de Cuba a todas sus intrigas, a todas sus maniobras, a todos sus planes de agresión, con OEA o sin OEA, nuestra respuesta es una, ¡nuestra respuesta es una!:  un pueblo armado hasta los dientes, atrincherado en su patria, dispuesto a hacer morder el polvo de la derrota a quien intente invadirlo.
La Revolución Cubana no anda con cuentos, la Revolución Cubana no pierde su tiempo, la Revolución Cubana hace en cada momento lo que debe hacer; y por eso hace unos días desaparecieron aquí para siempre 36 compañías norteamericanas, desapareció el monopolio eléctrico y el monopolio telefónico y desaparecieron los monopolios petroleros, porque lo advertimos bien claro que si nos quitaban una parte de nuestra cuota, perderían una parte considerable de sus propiedades, aquí en Cuba.
La Revolución Cubana, la Revolución Cubana no anda con cuentos, ni pierde su tiempo; la Revolución Cubana trabaja, y se consolida en el pueblo; la Revolución Cubana se prepara, la Revolución Cubana se arma; la Revolución Cubana se organiza, la Revolución Cubana no anda con cuentos, la Revolución Cubana dice que resiste, ¡y resiste!; la Revolución Cubana dice:  “Patria o Muerte”, y cumple su palabra de ¡Patria o Muerte!; la Revolución Cubana dice:  “Venceremos” y ¡Venceremos! 
Con esa conciencia, con esa conciencia deben marchar, otra vez, a sus montañas, los campesinos orientales; con esa seguridad en sí mismos, con esa satisfacción de que no son ya los campesinos de ayer:  desarmados, desorganizados e indefensos; sino los campesinos de hoy: organizados socialmente, con ese formidable dirigente que es el compañero Pepe Ramírez; instruidos hasta el máximo posible, y preparados para luchar; para que sus montañas sigan siendo suyas, para que las tierras sigan siendo suyas , para que las 60 000 caballerías de caña que han pasado a manos de los obreros agrícolas de las cañas de administración, sigan siendo de las cooperativas; para que su patria siga adelante, su patria, de la cual ellos son soldados, de la cual ellos son sus defensores, de la cual ellos son sus hijos admirados; para que la patria siga siendo libre, para que el porvenir sea nuestro, para que la felicidad de nuestro pueblo sea segura, para que tengamos derecho a seguir trabajando por una patria mejor, y para que algún día tengamos derecho a tener esa patria mejor.
Hoy se graduaron numerosas compañías de milicias orientales; los campamentos de milicianos se multiplican, y son miles y miles de milicianos los que están constantemente en instrucción. Esta escuela se fundó con los campesinos del Segundo Frente “Frank País”; ellos regresan a sus tierras; nuevos contingentes marcharán hacia los distintos campamentos que hemos organizado y esta escuela, donde aprendieron ellos, de donde sacaron esa formidable disciplina, con la experiencia que aquí dejaron, porque ellos aprendieron con sus instructores y con sus maestros, pero sus maestros y sus instructores también aprendieron con ellos.
Ya sabemos el número tan extraordinariamente elevado, alto, de analfabetismo que hay en nuestros campos; ya sabemos el número de maestros que tenemos que llevar a cada campamento, porque aquí los campesinos no solo reciben instrucción militar, que no habían podido adquirir antes, porque antes, los únicos que sabían manejar las armas eran los que abusaban de los campesinos; los que atropellaban a los campesinos, los que explotaban a los campesinos, sino que aprenden también otra cosa que no habían podido aprender:  aprenden también a leer y a escribir.  Aquí no solo se enseña al campesino a manejar un arma, sino que se le enseña también a manejar una pluma y a leer un libro.
Antes era la impotencia y la ignorancia; antes eran las manos vacías, las manos sin armas y la mente sin educación; ¡hoy armamos los brazos y armamos las mentes!  Pocos son 45 días para alfabetizar a un campesino, pero estamos tratando de lograrlo, estamos tratando de enseñarles el máximo en esos 45 días, para que, al menos, adquieran los primeros conocimientos. Pero los milicianos deben hacerse un propósito, todo miliciano debía hacerse un propósito, todo miliciano que no sepa leer ni escribir debía hacerse el propósito de:  prender a leer y escribir. Y si no tiene maestro a mano, que busque un compañero que le enseñe; y todo miliciano que sepa leer y escribir debe enseñar al miliciano que no sepa leer ni escribir.
Ellos no pudieron cuando niños, porque a sus montañas o a sus campos llegaban los esbirros o llegaban los extorsionistas, o llegaban los politiqueros; pero no llegaban los maestros. A sus montañas llegaban los pícaros, pero no llegaban los educadores; ellos no pudieron tener escuelas cuando eran niños, pero pueden aprender hoy.  Hoy tienen aquí estos campamentos donde se les instruye en las armas y se les instruye también de los conocimientos elementales; pueden aprender. ¡Ellos no tuvieron escuelas, pero sus hijos las tendrán! 
Y así, dentro de breves días, tendremos también una doble acción emocionante. Hoy hemos graduado 14 compañías de milicianos campesinos; dentro de ocho días graduaremos, exactamente, 14 compañías de maestros que han estado instruyéndose en la Sierra Maestra. Y así podemos anunciar que a partir de la segunda semana de septiembre, habrá 350 maestros distribuidos hasta en los últimos rincones de la Sierra Maestra , que ahora ya no es solo la “Sierra Maestra”, sino la “Sierra de los maestros”; porque allí se han pasado tres meses, tres meses conviviendo con los campesinos, tres meses compartiendo con los campesinos, apreciando su vida, apreciando sus necesidades, y acostumbrándose a la naturaleza; tres meses soportando frío, soportando lluvias, estudiando y marchando.
Y a partir de la segunda semana de septiembre habrá distribuidos, hasta en los últimos rincones de las montañas del Segundo Frente “Frank País”, 500 maestros; y distribuidos, hasta en los últimos rincones del Escambray 100 maestros. Es decir que a partir de la segunda semana de septiembre, 950 maestros estarán enseñando en 950 rincones de nuestras montañas, donde jamás vieron a un maestro. Hay más maestros, pero de esos que hemos graduado vamos a dedicar una parte a los campamentos de milicias campesinas, otra parte a los campamentos de brigadas juveniles, otros a las fuerzas de nuestro Ejército Rebelde —porque también necesitamos maestros en estos campamentos y en las brigadas—, y en nuestras unidades de soldados rebeldes.
Pero si quedara algún rincón de nuestras montañas sin maestros, si quedara un rincón de 20 o 30 casas sin un maestro, no importa, porque dentro de pocos días irán para la Sierra otros 1 000 maestros para instruirse y  entrenarse.Es decir que no debe quedar un solo rincón de las montañas, y si queda un solo rincón de las montañas de Oriente sin maestros, hablen con Pepe e indíquenle dónde falta el maestro; que nosotros no descansaremos hasta que no haya un maestro en todos y cada uno de los rincones de nuestra patria, para que enseñen a leer, no solo a los niños, sino para que enseñen a leer también a los adultos; para que vayan a la escuela por el día los muchachos —los muchachos irán por la tarde, ya que por la mañana ayudarán a sus padres — y los padres deben ir por la noche a las escuelas. Y los niños más inteligentes, los niños más estudiosos, los que más se destaquen en cada una de esas escuelitas, irán para la Ciudad Escolar; para cada una de las ciudades escolares que vamos a construir. No las podemos construir todas juntas, porque no tenemos recursos para hacerlas, pero las iremos construyendo una por una, las iremos construyendo poco a poco, porque si hoy no tenemos recursos, ¡mañana los tendremos!  
Mañana, cuando hayamos multiplicado nuestras riquezas; mañana, cuando todas nuestras tierras estén produciendo; mañana, cuando hayamos multiplicado nuestras fábricas; mañana, cuando no haya un solo cubano que no esté produciendo para él y para su patria ; mañana, cuando todos los brazos estén creando riquezas; mañana, cuando empecemos a recoger los frutos que hoy estamos sembrando, tendremos para hacer una, y para hacer diez ciudades; para hacer uno y para hacer todos los pueblos de nuestra tierra. Y hoy, hoy ustedes ya pueden ver algunos de esos pueblos; hoy se están construyendo 50 pueblos en nuestros campos. No podemos construirlos todos a la vez, pero los iremos construyendo, y no pararemos hasta que cada cooperativa tenga su pueblo, y cada campesino tenga su casa. ¡Como no pararemos hasta que hayamos cultivado la última pulgada de nuestra tierra!; ¡como no pararemos hasta que no hayamos desarrollado nuestra riqueza, hasta el grado en que le permita a cada ciudadano cubano, tener su bienestar asegurado, su felicidad y su libertad aseguradas! Y no nos detendremos en el camino que nos ha tocado recorrer a los cubanos, el camino del ejemplo, del ejemplo para nuestros pueblos hermanos de este continente; y puesto que hemos sido los primeros en liberarnos, debemos tratar de ser lo mejor posible: debemos tratar de hacerlo lo mejor posible, para no defraudar las esperanzas que los pueblos de América han puesto en nosotros.
Porque sobre esta isla pequeña, sobre esta isla pequeña, sobre este pueblo de seis millones y medio de ciudadanos, se centran hoy las miradas de 200 millones de latinoamericanos; sobre este pueblo pequeño, sobre estos seis millones y medio de ciudadanos, se centra la atención y la admiración del mundo. Y puesto que el mundo ha vuelto su mirada hacia nosotros, y puesto que los pueblos explotados han vuelto sus ojos, llenos de esperanza hacia nosotros; nosotros debemos ser el ejemplo, nosotros debemos ser el ejemplo. Hay que tratar de hacerlo lo mejor posible, lo más perfecto posible; hay que tratar de hacerlo bien todo; hay que tratar de hacerlo lo mejor en todo.
Cuando aprendemos a manejar las armas, aprenderlo bien; cuando aprendemos a cultivar, aprenderlo bien; cuando trabajamos, trabajar bien. Y cuando tengamos que combatir, combatir bien. Hay que ser el ejemplo en todo, para que estemos a la altura de la misión que a Cuba le corresponde en este continente; para que la esperanza que millones de obreros, de campesinos, y de hombres humildes de este continente han puesto en nosotros, sean esperanzas legítimas, esperanzas fundadas; porque las han puesto en un pueblo entero, en un pueblo valeroso, y en un pueblo heroico; ¡porque las han puesto en los hombres y mujeres de esta tierra nuestra!  
Se reúnen las cualidades necesarias para cumplir la misión que le ha correspondido a nuestra patria: ¡hijos dignos de una patria digna!; ¡hijos grandes de una patria grande! 
A nuestra generación le ha tocado el sacrificio, pero le ha tocado también la gloria; a las generaciones venideras les tocarán los frutos, y el orgullo de lo que esta generación está haciendo.
La escuela se vacía al partir hacia las montañas de Oriente las compañías de milicianos; pero la escuela hay que llenarla otra vez, y ahora la vamos a llenar con milicianos de Pinar del Río.
Los campesinos de las montañas de Oriente y de Las Villas, continuarán entrenándose en otros campamentos; esta escuela pasará a ser ahora escuela de instrucción de las milicias obreras y campesinas de Pinar del Río.
“Pepe” nos dice que como símbolo de unión entre las dos provincias, el día en que se gradúen las primeras unidades de las milicias de Pinar del Río, vendrá una comisión de las milicias campesinas y obreras de Oriente.
Esta provincia, esta provincia tiene un gran valor estratégico. Como ustedes saben, es la provincia occidental de Cuba, y el enemigo se mueve y maniobra alrededor de nosotros. Esta provincia tiene un gran valor revolucionario, y un gran valor militar; recuerden ustedes a Antonio Maceo, que en esta provincia libró su más extraordinaria proeza militar. Esta provincia, bien defendida, es extraordinariamente valiosa desde el punto de vista militar. Por eso vamos a tomarnos especial interés en el entrenamiento de las milicias de esta provincia.
Y ya lo saben. Todos van a ser entrenados; de esta escuela tienen que salir las unidades formadas, entrenadas en el manejo de todas las armas: de los fusiles, de las ametralladoras, de los morteros; y de todo el equipo militar que deba utilizar cada unidad.  De aquí tienen que salir con todos los conocimientos, perfectamente preparados para luchar. Ya lo saben pues, que por esta escuela tienen que pasar, absolutamente todos los milicianos, obreros y campesinos de la provincia de Pinar del Río. Como los estudiantes son hijos de obreros, o son obreros, o son hijos de campesinos, o son campesinos; los estudiantes están incluidos cuando hablamos de milicias obreras y campesinas. Y como las mujeres son obreras, o son campesinas, y son revolucionarias, las mujeres están incluidas en las milicias obreras y campesinas.
Tenemos que trabajar activamente, para que en el próximo Primero de Mayo desfilen ya con sus armas, junto con los obreros de la capital de la república, todas las unidades de milicias de la provincia de Pinar del Río .
Y así, el próximo Primero de Mayo, desfilarán las nuevas unidades del Ejército Rebelde y las nuevas armas del Ejército Rebelde, junto a las unidades de milicianos, con sus armas.  Y así, como hoy, un bosque de fusiles se levantará, como para que a nadie le quede la menor duda de que la consigna de “Patria o Muerte”, y que nuestra consigna de vencer persistirá, ¡que la patria es libre para siempre, y que algún día la América nuestra será para siempre libre!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discurso

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