julio 09, 2012

Discurso de Fidel Castro en la Asociación Americana de Editores de Periódicos (1959)

DISCURSO DURANTE EL ALMUERZO OFRECIDO POR LA ASOCIACION AMERICANA DE EDITORES DE PERIODICOS, CON MOTIVO DE SU VISITA A ESTADOS UNIDOS, EN EL HOTEL STATLER
 Fidel Castro
[17 de Abril de 1959]

Señoras y señores:
Hasta mi llegada aquí, estaba pensando en dividir mi intervención en dos partes, primero una conferencia y después preguntas y respuestas.
Pensé inicialmente dirigir mis palabras en español, pero como quería hablar de manera clara, me preocupaba mucho el tener que hablar en un idioma que yo desconocía, y me interesaba mucho expresar mis ideas claramente, pero, en el último momento, no pude acostumbrarme a la idea de decidirme a hablar en un idioma en el cual ustedes no me entenderían perfectamente bien, y recibí una impresión tan grata aquí por su gentileza —ustedes han sido tan bondadosos y corteses conmigo— que voy a tratar de hacer el esfuerzo de hablarles en su propio idioma, si ustedes me ayudan y, desde luego, si ustedes me disculpan.
Tengo un diccionario aquí, así que, si ustedes tienen paciencia, debo repasar mi inglés, y estoy seguro de que mis traductores harán una buena obra.
Ahora me acuerdo de lo que dijo un italiano, por traductor dijo traidor.  Sin la menor intención, las cosas que se traducen a otro idioma se cambian.  Como voy a usar el diccionario y el intérprete —y ustedes son testigos— han de comprender esto y disculparme. 
No me gusta escribir discursos.  Bajo estas circunstancias no es lo mismo venir a conversar con alguien que escribir de antemano.  ¿Ustedes se imaginan por casualidad las posibilidades de ir a almorzar con un amigo que le escriba su conversación de antemano?  Yo soy un hombre político y tengo confianza, una confianza absoluta en la sinceridad absoluta de todos ustedes.
¿Ustedes saben cuál es la razón verdadera de mi viaje aquí a Estados Unidos?  La razón más importante de todas es que se me había invitado por muchas personas a venir acá, visitar a las universidades y a distintos lugares.  Siempre contesté que no tenía tiempo, hasta que Jules Dubois vino un día —él estaba con otros reporteros— y me trajo la invitación para la Sociedad Norteamericana de Editores de Periódicos, es decir, la invitación de ustedes; y, como dije, era un honor muy grande para mí, ya que esta era una institución conocida sobradamente.  Me sentí muy agradecido de que me invitasen, y también porque soy un hombre que le presta mucha atención a la opinión pública y un creyente firme en las libertades.  Nunca me atemorizaré de venir a conversar con el pueblo, con los escritores, con los editores o con cualquier persona, porque nuestro sistema de gobierno es un sistema de opinión pública y porque en Cuba hemos demostrado que este sistema de tener la opinión pública —porque el que tiene la opinión pública con él— nunca necesita utilizar ningún otro sistema de gobierno.
Ustedes han visto repetidas veces que los policías en los países democráticos tienen que intervenir para resolver problemas, y en nuestro país se resuelven todas las dificultades hablando con el pueblo; y como tengo una fe suprema en la opinión pública y en la libertad de prensa, es por lo cual acepté venir.
¿Se me comprende?  No sé lo que va a decir mi profesor de inglés.  Tuve algunos profesores en la universidad que hoy día son embajadores, pero este no es el asunto del que se trata ahora, no me hablaron de asuntos de derechos. 
En aquel momento sabíamos que estibamos siendo atacados por algunos escritores, mientras otros nos defendían, había alguna confusión y algunas medidas del gobierno habían sido criticadas.  A pesar de eso, decidí venir y contestar.
No vine a hacer un discurso, vine, muy sencillamente, a hablar; porque cuando un hombre tiene un principio y cree en sus principios, cuando un hombre cree que tiene la razón y que su conducta es recta, nunca teme explicar sus actuaciones y nunca teme ni trata de disculparse o de que se le juzgue.
Algunas personas han criticado a esta Asociación; a su joven Presidente también se le criticó porque se me invitó acá; tuvo que aceptar esas críticas y sufrirlas por el hecho de que yo venía; pero uno de los motivos de las críticas era por qué invitar a un dictador hoy a la Asociación Norteamericana de Editores de Periódicos.  Y yo pienso que si los dictadores se enfrentasen a la opinión publica, si se decidiesen a venir para oír las expresiones de las personas, a hablar con la gente, si esos hombres que exprimen el sentir del pueblo y de los derechos de los pueblos, creyesen en la opinión pública en la libertad de prensa, si se decidiesen a hablar abiertamente los problemas, no habría dictadores en el mundo.
Si los dictadores se decidiesen a venir aquí, pues es más fácil venir aquí que contestar a la prensa libre en los países que ellos oprimen, porque lo primero que hacen los dictadores es acabar con la prensa libre, establecer la censura...  No hay duda de que la prensa libre es la primera enemiga de las dictaduras.
Yo estimo que esa crítica estaba equivocada, ese es el peor error que cometen, porque si cierran las puertas a sus vecinos, ¿cómo van a saber lo que pienso, cómo me van a conocer, cómo van a saber los problemas cubanos si ustedes no permiten que yo hable acá?  Si ustedes no me oyen, eso va en contra de los principios de la democracia y de la libertad, así como de la libertad de prensa.  ¿Qué hizo el Presidente?  Invitarme a venir aquí para conocerme y para juzgarme.
Aquellos de ustedes que hacen los periódicos, que contribuyen al progreso de la nación, oyen a la opinión pública y tienen siempre, frente a la opinión, los problemas de la nación, y les dicen las cosas de las cuales deben enterarse.  Si yo puedo mentirles o engañarles, entonces yo sería el mayor engañador que hay en este hemisferio, porque creo que alguien puede engañar a alguien, pero nadie puede engañar a todo el mundo.
Un pensamiento de Lincoln decía que era posible engañar a alguien todo el tiempo y a algunos parte del tiempo, pero no era posible engañar a todo el mundo todo el tiempo.
Por eso yo estaba preocupado, porque su Presidente había sido criticado por mi culpa; pero creo que mi visita es un bien para la opinión pública y para todos.  Quiero agradecerles esta invitación, de manera que ustedes tengan una oportunidad de aprender cosas interesantes sobre nuestro país, que es un pequeño país, muy cercano a las costas de Estados Unidos, y donde se está realizando una revolución sui géneris, una revolución autóctona.
A veces nos interesa conocer lo que sucede en Grecia, en Atenas, en Roma, en el cercano Oeste, lo que sucedió en la historia antigua, y mientras nos interesa lo que sucedió hace miles de años, se nos olvida investigar lo que está sucediendo en el momento actual cerca de nosotros.  Y, a veces, cuando vemos que la verdad es difícil de conocer en estos momentos, y cuando no sabemos lo que sucede, ¿cómo podemos creer absolutamente en lo que nos dice la historia?  Porque muy a menudo las cosas no se conocen, o se conocen imperfectamente.
Ustedes basan su profesión sobre el principio de la libertad de prensa.  Libertad de prensa significa el derecho de todos a expresar sus ideas y sus verdades y el derecho del pueblo a conocer la verdad.
Es un deber de todos los que tienen que ver con la opinión pública y la libertad de prensa, tratar de que la verdad prevalezca, porque, ¿qué representa la prensa de un país importante?  Las cosas que ustedes escriben pueden tener una importancia más o menos pronunciada aquí, pero nuestro país no es lo suficientemente fuerte para resistir cualquier noticia, cualquier editorial publicado, cualquier cosa que cualquier periódico publique, y que puede tener unas consecuencias importantes para todos, al diseminar errores, y siempre hay un equilibrio o un balance; pero cuando ustedes escriben de un país que no es poderoso, que es pequeño, como somos nosotros, que estamos tratando de progresar, al invitarnos, como hicieron aquí, y al publicar una, dos o tres noticias que no se ajusten a la verdad, pues son capaces de producir daños inconmensurables, si pensamos que el país es Cuba, por ejemplo, que dependemos de las relaciones económicas con Estados Unidos.
Me interesaba aclarar cual era el objetivo principal de mi viaje.  Digo la verdad, ese era el objetivo principal.
Aprovechamos esta oportunidad para responder a otras invitaciones, No he recibido centenares, sino millares de invitaciones y, desde luego, no pudimos aceptarlas todas; aceptamos más o menos el 5% de las invitaciones.
Muchas personas creían que era posible que viniésemos aquí a buscar dinero.  Quiero explicar que no vinimos aquí a buscar dinero.  Es posible que muchos otros gobiernos viniesen por dinero.  Mucha gente cree que cada vez que un gobierno viene aquí, siempre viene a buscar dinero.
A mí me interesaba mucho más la opinión pública que el dinero y no estaba de acuerdo en que el final de mi viaje fuese confuso.  Estamos interesados en la opinión pública, porque no pensamos presentar a nuestro país como un país de mendigos, sino como un país de gente dispuestas a trabajar para ganar dinero y ahorrar.  Nadie aprecia las cosas que no se ganan gracias al esfuerzo propio.  Somos pobres y haremos poco; pero todo lo que hagamos lo haremos con nuestro propio esfuerzo.
El pueblo cubano es un pueblo que tiene los mismos sufrimientos, los mismos deseos que cualquier otro país, la diferencia solo estriba en que es un pequeño país.  Tenemos un país rico en cuanto a su naturaleza o a sus recursos naturales.
Nuestro pueblo es un pueblo trabajador, no perezoso ni holgazán, sin embargo, tenemos el sol, tenemos las brisas frescas y aromáticas que invitan a descansar.  El cubano, a pesar de eso, es trabajador e inteligente.
Tenemos las cosas que son necesarias para el mejoramiento de nuestro país, pero necesitamos buenas relaciones económicas con este país, que ha sido nuestro mejor comprador, y nosotros hemos sido el mejor proveedor de dicho país.
Nuestra historia es tan larga como la vuestra, con la diferencia de que ustedes fueron libres 120 años antes que nosotros; han tenido 120 años más que nosotros para disfrutar de la experiencia de ser un país libre.
Muchas veces, ustedes han tenido que enfrentarse a dificultades.  Nosotros solo obtuvimos nuestra independencia hace medio siglo, y fue un proceso difícil, pero hemos tratado de progresar.
Ustedes conocen las guerras en las cuales Cuba ha participado junto a Estados Unidos.  Hemos mantenido siempre relaciones amistosas con Estados Unidos; ambos países han sido siempre buenos amigos, tanto en asuntos económicos como políticos, pero solo un lado ha participado en estas relaciones económicas. 
Como no quiero hacer un gran discurso, solo quisiera decir unas palabras sobre esto.  Nosotros peleamos por nuestra independencia, tuvimos una guerra muy larga, y el Congreso de Estados Unidos hizo una declaración diciendo que Cuba debía ser libre e independiente por derecho propio, entonces hicieron una Resolución Conjunta con nosotros.  Después de dicha Resolución terminó la guerra; y cuando los cubanos esperaban el momento de izar su bandera de libertad, el Congreso de Estados Unidos se reunió, y sin oír en lo absoluto a los cubanos, declaró y estableció el derecho de Estados Unidos a intervenir en nuestros asuntos para garantizar la propiedad, los bienes y las personas, e hicieron que los cubanos pusiesen en su Constitución la Enmienda Platt, y basados en esta Enmienda, varias veces la pusieron en efecto.
Desde luego, nadie aprende a caminar hasta que no camine solo.  De ahí resultaron muchos de los errores políticos de Cuba, porque desde el inicio de la época republicana se instituyeron muchos errores.  Mucha gente temía hacer cualquier cosa y dieron origen al contrabando, a la corrupción política, y surgió el caos político porque todo el mundo temía que, en vez de mejorar nuestro país, íbamos a perder nuestra independencia por medio de la intervención de Estados Unidos y, por lo tanto, nos hicimos conformistas con toda clase de vicios.  Esto no era político.  Esa fue una decisión política que se tomó sin tomar la opinión de Cuba, y esa decisión política inició el ciclo de política económica cubana.
Ustedes saben que desde hace 30 años tenemos, no el mismo número, sino un número mayor de desempleados que los que ustedes tuvieron durante la depresión.  Ustedes se acordarán que casi era imposible soportar y permitir a este país vivir bien.  Hemos vivido desde hace 30 años con un número de desempleados mayor que el que ustedes tuvieron durante la depresión, eso está en los textos universitarios.
En un libro escrito por Nelson, profesor de sociología de la Universidad de Minnesota, explica muchas de las cosas que han sucedido en Cuba, y lo llevó al conocimiento del gobierno americano.  Y al leer ustedes las noticias de Cuba, verán que ahora estamos adoptando muchas de las medidas que este profesor recomendó; y al hablar frente a hombres libres, dijo que en el censo de 1943, tomado durante el tiempo muerto, antes de la zafra, solo había 156 000 desempleados de una fuerza de trabajo de 1 521 000 obreros; es decir, poco más de la mitad del total.  De esta manera, 665 000 se reportaron como desempleados o sin profesión; había 321 000 que se reportaron como desempleados; es decir, más o menos el 20%; y ustedes durante la depresión tuvieron el 40%, y este era un año relativamente rico debido a la guerra.  Esto se escribió por un profesor de la Universidad de Minnesota.
Esta es una cifra muy elocuente.  ¿Por qué?  Porque nosotros dependíamos del azúcar desde el inicio.  En Cuba se establecieron los proveedores de azúcar a Estados Unidos.  Desde el inicio, la historia de nuestro azocar ha sido una historia en la cual hemos sido los perdedores.
Desde el inicio de la república empezamos con un acuerdo, en 1903, con derechos de aduana.  Cuando se iba a iniciar la primera guerra las tarifas arancelarias se redujeron, pero no lo suficiente para satisfacer las necesidades de esa guerra, y al final, pasamos de un precio alto del azúcar a un precio bajo sin transición alguna.  Durante esos 10 años, siempre sufrimos los esfuerzos de Estados Unidos para aumentar la producción local.
Las medidas que hemos adoptado pueden tomarse sin molestar a los cubanos, pero hemos tenido que sufrir las consecuencias de tarifas cada vez más elevadas.  Tenemos el caso de que, durante varios años, los impuestos pagados por el azúcar eran mayores que todo el precio de la cosecha cubana en su conjunto, y durante algunos años el dinero que recibía el gobierno norteamericano por los derechos, era mayor que todo el dinero que recibía el gobierno de Cuba por los impuestos interiores.
Nuestra industria siempre sufrió esta política imprevisible y estas medidas económicas imprevisibles; hemos sufrido de crisis en todo tiempo, hasta 1934, cuando se estableció el sistema de cuotas.
Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, Cuba era el proveedor de Estados Unidos; no le vendimos ni una libra de azúcar a ningún otro país del mundo.  Nuestro azúcar logró un precio elevado.  Pagamos un precio elevado también por vender nuestro azúcar a Estados Unidos durante esta época, hasta 1948, en que se terminó la zafra libre y se volvieron a restablecer las cuotas.  Nosotros aumentamos nuestro porcentaje y tuvimos que ajustarlo a unas leyes del Congreso.  Aquí, en Cuba, se cambió la ley unos cuantos años después, y al darnos el 96% del consumo norteamericano, nosotros bajamos después del 96% al 29%.
Nuestros deberes hacia Estados Unidos estaban en un acuerdo, pero nuestro interés más importante, que era el azúcar, no se consideró en ningún acuerdo, podía ser cambiado unilateralmente por Estados Unidos.
Desde el principio, la política fue de disminuir nuestros intereses, Cuba ha sido el proveedor de azúcar en más o menos el 50% y, recientemente, este porcentaje se bajó a 28.  ¿Qué sucedió?  Que desde 1948 cuando tuvimos una cuota y un precio, que al principio no era buen negocio, nosotros estimamos que al transcurrir 10 años tendríamos negocios satisfactorios con Estados Unidos; pero en vez de eso, se nos redujo la cuota y como resultado, en Cuba, la gente pobre y la gente del campo tiene que comprar a Estados Unidos y a los demás países desarrollados más de lo que Estados Unidos compra a Cuba.
Cuba compra más a Estados Unidos que lo que Estados Unidos compra a Cuba.  De este modo, desde 1948 hasta el presente, hemos gastado en Estados Unidos alrededor de 600 millones más de lo que Estados Unidos ha gastado en Cuba.  Si le agregan a esto los embarques, el seguro, las ventajas de las inversiones en Cuba, en 10 años hemos perdido más o menos 1 000 millones de pesos; y si a esto le agregamos la dictadura durante siete años, que robó centenares y centenares de millones, las pérdidas en 10 años sobrepasan el billón y medio de dólares.
Mucha gente nos pregunta que cómo es posible que Cuba resistiese esas pérdidas.  La verdad es que cuando llegamos al poder, las reservas casi se habían agotado.  A pesar de eso, empezamos a ahorrar dinero, a botar o lanzar a la calle nuestras reservas, pero con una balanza desfavorable de comercio y una balanza desfavorable de pagos, y con la tiranía, hemos perdido un billón y medio de dólares.
Nuestras reservas de oro o de dólares han desaparecido.  Eso explica por qué tenemos este número de desempleados; porque solo es posible emplear a la gente con dinero, ya que no es posible que la gente ahorre dinero sentados en sus casas.  A veces aquí, en Estados Unidos, la gente queda sentada y gana dinero, que son aquellos que está recibiendo los beneficios de los seguros sociales.
Ustedes tienen un seguro social cuando la mayoría del pueblo trabaja y puede pagar dicho seguro; pero en Cuba con el pequeño número de personas que esta trabajando, no se puede pagar el seguro social para todos.  Esto es lo que queremos que ustedes comprendan, que comprendan el porqué de nuestra Revolución.
Estamos tratando de lograr que el pueblo trabaje y establecer centros de trabajo e industrias; y solo se pueden establecer industrias comprando maquinarias y equipando fábricas.  Y la única manera de comprar maquinarias y fabricas es teniendo dólares, oro o reservas monetarias para comprarlas.  Cuando tengan las maquinarias y las fábricas, lo otro que necesitan es un mercado.
Ustedes en Estados Unidos tienen un mercado doméstico muy grande.  La mayor parte de su producción se vende aquí mismo en Estados Unidos; hay más gente que compra y más gente que trabaja en las fábricas.  De este modo, ustedes son una nación que trabaja y que produce, tienen un mercado doméstico y gente que tiene dinero para comprar. 
Nosotros no podemos competir con la industria de otros países, no tenemos mercado doméstico.  ¿Cómo es posible, si miles y miles de acres no producen, si nuestros campesinos solo trabajan tres meses al año?  Quisiéramos que ustedes se pusieran a pensar lo que sucedería si sus campesinos solo trabajaran tres meses al año como los nuestros, ¿qué sucedería aquí en esta nación?
Necesitamos desarrollar nuestra agricultura, de tal modo que nuestros campesinos tengan dinero para comprar los productos industriales y manufacturados; eso es cierto, porque no existe otro modo.  He ahí por qué el programa económico de nuestra Revolución se basa en el desarrollo de la industria y en la Reforma Agraria, de tal modo que las tierras que no producen, se pongan a producir.
Nosotros en Cuba estamos utilizando muchas cosas que son innecesarias; lujos y, por otra parte, compramos muchas cosas que podernos producir nosotros mismos en Cuba.
Cuando hablo de esto, nos enfrentamos con grandes dificultades.  Compramos aquí productos manufacturados y productos agrícolas que, en realidad, deberíamos producir más económicamente en Cuba; debemos comprar más maquinarias, más fábricas, y máquinas para fábricas, para nuestras propias industrias.
Nuestro programa se basa en estas dos ideas: la industrialización de nuestro país, y que cada metro de terreno cubano sea productivo, porque así podemos asentar millares de personas en las tierras y darles empleo a millares de cubanos en las industrias.
Estamos seguros de que de este modo resolveremos nuestra dificultad mayor, la dificultad crónica que sufre Cuba y que se empeora de año en año, que es el desempleo.  No hay otro modo, salvo que algún buen amigo nos de cada año 1 000 millones de pesos, de manera que cada uno se siente en su casa y pueda comprar todas esas cosas.  Esa es la única manera.
Queremos que ustedes, en Estados Unidos, comprendan lo que estamos haciendo para hacer progresar nuestro país de la única manera posible.
Hay muchos intereses en las distintas naciones y muchas veces esos intereses están en conflicto, pero nuestras necesidades la única manera que podemos resolverlas sin discusión alguna, es defendiendo el derecho de los cubanos a mejorar su país y su propia situación.  Eso es lo que queremos que el pueblo norteamericano comprenda. ¿Significa eso que no le vayamos a comprar a Estados Unidos?  Le vamos a comprar más a Estados Unidos, pero debemos comprar las cosas que más necesitamos y producir las cosas que podemos producir en Cuba.
Nuestro comercio con Estados Unidos puede mejorar de manera que sea mejor para todos, y es imposible en lo absoluto que, además progresemos si no marchamos juntos con Estados Unidos, sin ninguna amenaza al comercio de ninguno de los dos.
Usamos el mismo dinero que Estados Unidos utiliza con nosotros y eso es lo que queremos.  Ustedes comprenden.
Cuando alguien me preguntó si no veníamos a buscar dinero, de qué manera podía Estados Unidos ayudarnos, contesté: únicamente con un trato justo en materias económicas.  En segundo lugar, con una comprensión justa y cabal, porque una comprensión cabal es lo único que necesitamos.
Si alguien quiere ir a Cuba, que vaya, si alguien, o algún hombre de negocios quiere ir a Cuba, y encuentra garantías, buenas oportunidades y condiciones, que vaya a Cuba, pero si se hacen campañas contra nosotros, entonces los turistas dejarán de venir a Cuba.
No estoy seguro, pero espero que ustedes comprenderán lo que les quiero decir.
Si estas grandes naciones, interesadas en Cuba, si los turistas van a Cuba, supongan lo que sucedería si un millón de norteamericanos quisieran venir a Cuba y gastar 100 dólares, esa es una manera de ayudar a Cuba, divirtiéndose al mismo tiempo. 
A ustedes les gusta mucho trabajar, y por lo menos descansar un día o dos, o descansar, por ejemplo, un mes al año; y yo sé que ustedes cuando descansan no quieren que nada les moleste.  Ustedes trabajan muy duro, pero les gusta descansar el tiempo que necesitan para recobrarse de sus fatigas, y para descansar no solo el cuerpo, sino también el espíritu.  Esa es una manera de hacerlo.  Tenemos playas magníficas, tanto en invierno como en verano, magníficos lugares, con cielos azules.  Realmente es un lugar delicioso para descansar.
Tenemos también pesca y peces desconocidos de ustedes.  No puedo más que alentar a los norteamericanos que quieren ayudar a Cuba, de ir allá a descansar y así nos ayudarán.
En Cuba tenernos lugares para los que sufren de reuma, de artritis, un magnífico lugar con baños sulfurosos, me imagino que no se le conoce.  La gente de Estados Unidos es muy hospitalaria.  Estoy seguro de que en ninguno de esos lugares ustedes encontrarán hostilidad; y he hablado con centenares y millares de visitantes en Cuba, y todos me han contestado lo mismo: “Estamos con usted, no crea que estamos contra usted”.
Realmente, ellos en Cuba se divierten mucho, pero si sucede lo que sucedió hace dos días en un hotel, cuando uno de nuestros compatriotas salía, que un policía abrió la puerta, estaba vigilándolo, se puso a hablar con él sin saber que era cubano, y le dijo:  “No vaya a Cuba porque allá están fusilando a todo el mundo”. ¿Cómo es posible con esta propaganda que el pueblo vaya a Cuba?
Hay una cosa que ustedes saben: la mejor manera de conocer las cosas es verlas por ustedes mismos, y ver cómo el pueblo de Cuba se siente visiblemente feliz.  Posiblemente en ninguna otra parte del mundo puedo decir que esto exista.  En otros lugares o países ustedes se encontrarán gente más feliz, gente esperanzada y optimista, pero en ningún otro país los encontrarán más esperanzados y optimistas que en Cuba. Queremos que así sea, porque nuestras puertas están abiertas.
No quiero ser yo el que venga a hablar aquí públicamente, pero quiero que cada ciudadano, cada periodista que así lo desee, vaya a Cuba; no tenemos las puertas cerradas; tenemos las puertas ampliamente abiertas a todos los visitantes para que visiten y conozcan la verdad de nuestro país.  Y estoy seguro de que aquellos que visiten nuestro país lo amarán y se divertirán, al mismo tiempo que ayudan a nuestro país; volverán con la sensación y el sentimiento de las garantías y la honradez que existen hoy en Cuba; verán cosas que no podrán encontrar en ningún otro país del mundo.
Ahora voy a contestar todas las preguntas.  No sé lo que se me va a preguntar, pero ustedes pueden preguntarme lo que quieran y yo les contestaré.
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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