julio 10, 2012

Discurso de Fidel Castro en conmemoración del Día Internacional del Trabajo (1960)

DISCURSO EN CONMEMORACION DEL DIA INTERNACIONAL DEL TRABAJO, EN LA PLAZA CIVICA.
Fidel Castro
[1° de Mayo de 1960]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Distinguidos visitantes de América Latina y de todo el mundo que nos acompañan en el día de hoy;
Trabajadores;
Campesinos;
Estudiantes;
Profesionales;
Milicianos de la patria;
Patrulleros juveniles;
Cubanos todos:
En otras ocasiones nos hemos reunido en actos grandiosos, unas veces para defender a nuestra patria de la calumnia, otras para conmemorar algún aniversario patriótico, otras para protestar de alguna agresión pero en ningún momento anterior se había reunido el pueblo en número mayor ni en acto tan significativo como este de hoy, en que se conmemora el Día Internacional de los Trabajadores   y, por tanto, el día de los trabajadores cubanos, pero, además, el día de los campesinos cubanos , el día de todos los que producen, el día de los humildes de nuestro pueblo; el día de los que no solo trabajan con sus brazos o con su inteligencia produciendo bienes y servicios al país, sino también el día de aquellos sobre cuyos hombros descansa, en esta hora decisiva de la patria, la defensa del país y la defensa de la Revolución. Es también el día del soldado rebelde, de los heroicos combatientes del ejército revolucionario; y es también el día de todos los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el día del miliciano revolucionario, porque los soldados del Ejército Rebelde son también campesinos y obreros.  Por eso hoy es el día de todos los revolucionarios, de todos los revolucionarios unidos, porque en eso radica y radicará siempre el éxito y la fuerza de nuestra Revolución.
Hoy no solo quedó demostrado que la gran mayoría del pueblo está con la Revolución —por si les quedaban dudas a algunos ingenuos que se complacen en engañarse o en dejarse engañar—, sino algo más importante todavía: la gran mayoría organizada del pueblo; porque hoy se ha reunido el pueblo organizado. Por eso somos este año más fuertes que el año anterior (APLAUSOS), porque la Revolución no solo cuenta con la mayoría, sino que ha organizado a esa mayoría.
Y este hecho del que hemos sido testigos todos nosotros en el día de hoy, este acontecimiento verdaderamente impresionante e inolvidable, es una prueba de lo que es capaz el pueblo de Cuba.
Hace solo unos meses no había una sola milicia obrera o campesina organizada.  La consigna de organizar a las milicias surgió en el mes de octubre, exactamente el 26 de octubre, a raíz de aquella concentración de protesta contra aquella incursión aérea que costó más de 40 víctimas a nuestra ciudadanía.  Seis meses atrás no teníamos una sola milicia obrera; seis meses atrás los trabajadores no conocían el manejo de las armas; seis meses atrás los trabajadores no sabían marchar; seis meses atrás no se podía contar con una sola compañía de milicianos para defender la Revolución en caso de agresión.  Y en seis meses solamente se han organizado las milicias, se han disciplinado y se han instruido.
Nuestro pueblo no era ni es un pueblo militarista; nuestro pueblo no ha sido nunca ni será un pueblo militarista; no había en nuestra patria una tradición militar.  Cuba no era Prusia, Cuba es un país eminentemente pacífico y civilista.  En Cuba detestábamos las marchas, y los uniformes, y las armas, porque para nosotros fueron siempre símbolos de opresión y de abuso, símbolos de privilegios, símbolos de atropellos. Las armas y los uniformes habían sido ingratos para nosotros.  Y, sin embargo, ¡en seis meses hemos organizado e instruido más de 1 000 compañías de milicias obreras, estudiantiles y campesinas!; ¡en seis meses solamente se ha estructurado esa formidable organización que desfiló en el día de hoy! Y eso demuestra de lo que es capaz el pueblo de Cuba.
Creían, los que subestimaban a nuestro pueblo, que éramos un pueblo incapaz de organizarnos; creían que éramos incapaces de unirnos; creían, de nosotros, los que nos subestimaban —como creen de nuestros pueblos hermanos de América Latina—, que éramos pueblos impotentes y fáciles de doblegar; creían que íbamos a ser víctimas de la desunión, de la impreparación, de la incapacidad de organizarnos; nos creían incapaces de defendernos, y no dudamos que hasta, incluso, nos consideraran un pueblo cobarde y, por tanto, incapaz de defendernos .
Lo que se ha logrado demuestra, sin embargo, todo lo contrario; lo que se ha lograda en tan corto tiempo demuestra las extraordinarias virtudes de nuestro pueblo   y demuestra de lo que es capaz nuestro pueblo.
¿Por qué, sin embargo, hoy cada ciudadano que lleve dentro el sentimiento de su patria, cada ciudadano que haya tenido la sensibilidad humana suficiente, y la sensibilidad moral suficiente, y la dignidad suficiente para sentir y conocer lo que es un sentimiento de justicia y un sentimiento de amor a su tierra y a su pueblo , quiere hoy pertenecer a una milicia, quiere hoy saber manejar las armas, y ha aprendido a hacer aquellas cosas que nunca había hecho y a organizarse de tal forma como nunca se había organizado? ¿Qué es lo que ha hecho a nuestro pueblo formar milicias? ¿Qué es lo que ha hecho a los obreros, a los estudiantes, a los campesinos, a los médicos, a las mujeres como a los hombres, formar milicias y aprender el manejo de las armas? ¿Qué es lo que nos ha convertido en un pueblo espartano? ¿Qué es lo que hace que cuando el trabajador termina su jornada de ocho horas se vaya a marchar y marche tres horas o cuatro, y marche de noche, y marche bajo la lluvia, o sacrifique su día de descanso semanal para aprender el manejo de las armas? ¿Qué es lo que hace que tal sacrificio no se haga un día, sino muchos días, y continuamente durante muchos meses?  ¿A qué se debe ese esfuerzo febril de los cubanos?  Sencillamente, a una realidad: la realidad de que la patria está en peligro, la realidad de que la patria está amenazada, la realidad —que no por cierta y dura debe infundirle desaliento a nadie— de que tenemos la necesidad de defendernos. Y en esto no mentimos ni exageramos. Nosotros nunca le hemos mentido al pueblo  y, sobre todo, lo que nunca haremos es alejar al pueblo de las realidades.
Muchas cosas hemos tenido que aprender, muchas cosas hemos aprendido todos, sin excepción, y hoy, hoy por ejemplo, cuando cruzaban y cruzaban en número interminable, para marchar durante siete horas consecutivas las unidades organizadas del pueblo; cuando hemos tenido oportunidad de ver la tremenda fuerza del pueblo; cuando hemos tenido oportunidad de ver la incontrastable e invencible fuerza del pueblo, nos hemos preguntado: ¿Pero es este pueblo de hoy el mismo pueblo de ayer? ¿Cómo es posible que un pueblo que cuenta en su seno con tan tremendas y extraordinarias fuerzas haya tenido que soportar lo que ha tenido que soportar nuestro pueblo? ¿Cómo es posible, si de nuestras filas surgen, como por arte de magia, millares y millares de unidades de combate? ¿Cómo es posible, con la tremenda fuerza de los cientos de miles de campesinos cubanos, y la tremenda fuerza de más de un millón de trabajadores cubanos , y la tremenda fuerza de cientos de miles de jóvenes, como esos que hoy desfilaron en las filas de las patrullas o de las milicias estudiantiles? ¿Cómo es posible, si éramos los mismos hombres y las mismas mujeres de ayer?
Si esos mismos compatriotas que por aquí desfilaron son los mismos que componían a nuestro pueblo hace solo algunos años, ¿cómo es posible, entonces, que hayamos tenido que padecer tal cúmulo de abusos? ¿Cómo era posible la existencia de tantos cientos de miles de familias en nuestros campos, hambrientas, sin tierras, explotadas, víctimas de la explotación más despiadada de compañías extranjeras (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera, fuera!”), amas de nuestras tierras, donde mandaban omnímodamente quienes tal vez nunca sembraron una sola semilla en nuestro suelo, sino que en la mayor parte de los casos ni siquiera habían visto a nuestras tierras?
Si éramos tan fuertes en nosotros mismos, si había en el seno de nuestro pueblo tanta fuerza, ¿cómo era posible tanto abuso contra nuestros trabajadores, tanta explotación?  ¿Cómo era posible tanto abuso contra nuestro pueblo, tanto pillaje, tanto robo, tanto saqueo a nuestro pueblo? Si teníamos tanta fuerza, ¿cómo era posible tanto crimen? ¿Cómo era posible que un puñado de hombres, una pandilla de mercenarios o una plaga de politiqueros (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera, fuera!”), hayan mantenido y hayan dirigido a su antojo, durante medio siglo, los destinos del país?  y que nuestro pueblo haya tenido que pagar un saldo tan alto, tan alto, que para darnos cabal cuenta necesitaríamos ver reunidos en una plaza muchas veces mayor que esta, los millones de cubanos que se quedaron sin aprender a leer ni a escribir en nuestra patria (EXCLAMACIONES DE: “¡Revolución, Revolución!”), los cientos de miles de niños que murieron sin ver a un médico; el mar de sufrimiento y de angustia, de hambre y de miseria, de abuso y de humillación, que por ser pobre, o por ser analfabeto, o por ser negro , o por ser mujer, han tenido que sufrir los hijos de esta tierra.
¡Ah!, en el seno de nuestro pueblo existían extraordinaria energía y extraordinaria fuerza, pero no lo sabíamos, o no nos habían dejado reunirlas y organizarlas. Y por eso, las minorías privilegiadas y preparadas pudieron más, con la ayuda de los intereses foráneos, de lo que había podido nuestro pueblo, con la tremenda fuerza que encerraba en su seno.
Y esa ha sido la gran lección del día de hoy, porque nunca como hoy los cubanos habíamos tenido oportunidad de ver nuestras propias fuerzas; nunca como hoy pudo tener el pueblo cubano una conciencia exacta de su propia fuerza; y ha sido necesario ese río interminable de columnas, marchando durante siete horas, para que nuestro pueblo haya tenido una idea concreta de su propia fuerza.
Y esa gran lección debe ser para nosotros una inolvidable lección. Primero marcharon los niños y los jóvenes, abriendo la marcha; después marcharon los soldados del Ejército Rebelde; después marcharon las milicias campesinas; después marcharon, con los estandartes de sus pueblos respectivos, las milicias de América Latina; después marcharon las milicias estudiantiles; y, por último, las milicias obreras, primero las mujeres, después los hombres. Y detrás, o alrededor de las unidades de milicia, estaba el pueblo. ¡Qué formidable enseñanza! Es por eso que el pueblo ha tenido conciencia de su fuerza y es por eso que el pueblo aprende en qué consiste su fuerza.
Los soldados solos, los soldados desfilando solos por aquí hoy, constituyen una fuerza, pero una sola fuerza; los campesinos solos constituyen una fuerza, pero no más que una fuerza; los estudiantes solos constituyen una fuerza, pero no más que una fuerza; los trabajadores solos constituyen una fuerza, pero una sola fuerza; los pueblos de América Latina representados aquí hoy constituyen una fuerza, pero cada uno de ellos por separado una sola fuerza.
Antes, la táctica de los que regían nuestros destinos consistía en separar y en enfrentar fuerzas.  Y enfrentaban el soldado al campesino, y enfrentaban los intereses de los campesinos con los intereses de los obreros, y enfrentaban al pueblo entre sí; a los pueblos de América entre sí, como estrategia internacional de los grandes intereses reaccionarios del mundo; enfrentaban a los pueblos hermanos unos con otros, y enfrentaban a los sectores del pueblo unos contra otros para servir al sector de los privilegios; enfrentaban hasta los sectores humildes entre sí y hacían de un campesino un soldado, de un campesino pobre hacían un soldado, corrompían a ese soldado y lo hacían un enemigo del obrero y del campesino.  Y debilitaban al pueblo con la táctica de enfrentar a unos sectores humildes contra otros sectores humildes, y dividían al pueblo en partidos politiqueros que no traían ningún mensaje a la nación (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”); dividían al pueblo, al pueblo ignorante y engañado, lo dividían entre simpatizantes de políticos sin escrúpulos y ambiciosos (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”)  Y así debilitaban al pueblo, así confundían al pueblo, y así el aparato del Estado, con sus instituciones rígidas y reaccionarias, aplastaba toda esperanza y destruía toda posibilidad de progreso para nuestra sociedad.  Los instrumentos de divulgación de las ideas: el cine, la mayor parte de la prensa, los centros de enseñanza y todo el aparato administrativo del Estado, estaban al servicio de esa política de sometimiento y debilitamiento del pueblo.
Eso era lo que ocurría antes. ¿Qué era antes un desfile del Primero de Mayo? Hoy los trabajadores no han traído una sola demanda   y, sin embargo, antes apenas si los trabajadores podían cargar el cúmulo de cartelones que traían sobre sus hombros el Primero de Mayo. Y en eso consistía el primero de Mayo: una oportunidad para que los obreros desfilasen cargando cartelones, con alguna promesa de satisfacer esas o algunas de esas demandas. Y así, aquellos Primero de Mayo eran, al fin y al cabo, una tomadura de pelo para los trabajadores, que al otro año tenían que volver otra vez cargando los mismos carteles con las mismas demandas. Y cuando obtenían algo no era porque se lo otorgaban graciosamente, sino porque se lo arrebataban luchando a brazo partido a través de las huelgas y de los movimientos organizados en pos de demandas económicas.
El obrero sabía que tenía que luchar, el obrero tenía que estar en una perenne lucha para obtener alguna pequeña ventaja en el orden económico, para lograr que respetaran sus derechos más elementales.  Y por eso tenían que venir el Primero de Mayo portando sus demandas. ¿Qué otra cosa podían hacer?  El obrero sabía que lo que él no hiciera por sí mismo, nadie lo haría por él; el obrero sabía que lo que no trabajara por sí mismo, nadie trabajaría para él.  ¡Porque tú, obrero, y tú, campesino, trabajaste siempre para los demás! ¡Trabajaste para ti y para los demás! 
¡Tú, obrero, y tú, campesino, y tú, médico, o trabajador intelectual cualquiera, trabajaste para ti y para los demás! ¡Pero nadie nunca trabajó para ti, obrero!  ¡Nadie nunca trabajó para ti, campesino! Tú lo diste todo: diste tu sudor, diste tu energía generosa, diste tu vida, diste tus horas de sueño muchas veces, diste para todos, pero para ti nadie daba nada!  ¡Por ti lo que tú no hicieras no lo haría nunca nadie!  ¡Tú eras la mayoría del pueblo! ¡Tú, campesino, tú, obrero, tú, joven, tú eras la mayoría del pueblo!  ¡Tú, que produces; tú, que te sacrificas; tú, que trabajas, fuiste siempre, y eres hoy y serás mañana, la mayoría del pueblo! ¡Pero tú no gobernabas; eras la mayoría, pero otros gobernaban por ti y contra ti!
Te inventaron una democracia, una rara y extraña democracia en que tú, que eres la mayoría, no contabas para nada; en que tú, campesino y obrero, que eres el que produce la mayor parte de las riquezas, y que conjuntamente con los trabajadores intelectuales, produces el total de la riqueza; tú que lo producías todo ni siquiera tenías oportunidad de aprender muchas veces a firmar tu nombre.
Te inventaron una democracia extraña, una rara democracia en que tú, que eras la mayoría, ni siquiera existías políticamente dentro de la sociedad (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, Fidel!”) Te hablaban de derechos del ciudadano, y ese derecho consistía en que tu hijo se pudiera morir de hambre ante la mirada indolente del gobierno; en que tu hijo se quedara sin aprender una sola letra, en que tú mismo tuvieses que ir a vender tu trabajo al precio que te quisieran pagar por él, si alguien se interesaba por comprártelo.
Te hablaban de derechos que nunca existieron para ti. Tus hijos no tenían asegurado ni el derecho a una escuela; tus hijos no tenían asegurado ni el derecho a un médico; tus hijos no tenían asegurado ni el derecho a un pedazo de pan; y tú mismo no tenías asegurado ni el derecho al trabajo.
Te inventaron una democracia que consistía en que tú, que eres la mayoría, no contaras para nada. Y así, a pesar de tu tremenda fuerza, a pesar de tus sacrificios, a pesar de lo que tú trabajabas para los demás dentro de esa vida nacional, tú, a pesar de ser la mayoría, ni gobernabas ni contabas para nada (EXCLAMACIONES DEL PUEBLO QUE DICEN:  “¡Abajo el imperialismo yanki!” “¡Muera Trujillo!”).
¡Y a eso llamaban democracia! Democracia es aquella en que las mayorías gobiernan ; democracia es aquella en que la mayoría cuenta; democracia es aquella en que los intereses de la mayoría se defienden; democracia es aquella que garantiza al hombre, no ya el derecho a pensar libremente, sino el derecho a saber pensar, el derecho a saber escribir lo que se piensa, el derecho a saber leer lo que se piensa o piensen otros ; el derecho al pan, el derecho al trabajo, el derecho a la cultura, y el derecho a contar dentro de la sociedad. ¡Democracia, por eso, es esta, esta democracia de la Revolución Cubana! (APLAUSOS PROLONGADOS Y EXCLAMACIONES DE “¡Viva!” A CUBA, A LA REVOLUCION Y A SUS LIDERES, QUE SON COREADOS POR LA MULTITUD DURANTE MÁS DE 20 MINUTOS)
¡Democracia es esta en que tú, campesino, cuentas y recibes la tierra que hemos recobrado de las manos extranjeras usurarias que la explotaban! ¡Democracia es esta en que tú, obrero agrícola azucarero, recibes 80 000 caballerías de tierra para que no tengas que vivir en las guardarrayas! ¡Democracia es esta en que tú, trabajador, tienes asegurado tu derecho al trabajo sin que te puedan echar a la calle a pasar hambre!  ¡Democracia es esta en que tú, estudiante pobre, tienes la oportunidad de sacar un título universitario, si eres inteligente, aunque no seas rico! ¡Democracia es esta en que tú, hijo de obrero, o hijo de campesino, o hijo de cualquier familia humilde, tienes una maestra y tienes una escuela donde poder educarte! ¡Democracia es esta en que tú, anciano, tendrás asegurado tu sustento cuando ya no te puedas valer por tu propio esfuerzo! ¡Democracia es esta en que tú, cubano negro, tienes derecho al trabajo (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Unidad, unidad!”), sin que nadie te lo pueda arrebatar por estúpidos prejuicios! ¡Democracia es esta donde tú, mujer, adquieres la plena igualdad con todos los demás ciudadanos y tienes derecho hasta a empuñar un arma para defender tu patria junto con los hombres!  ¡Democracia es esta, en que un gobierno convierte las fortalezas en escuelas, que le quiere construir una casa a cada familia para que cada familia tenga techo! ¡Democracia es esta, que quiere para cada enfermo el médico que lo atienda!  ¡Democracia es esta, que no recluta un campesino para hacerlo soldado, corromperlo y convertirlo en enemigo del obrero de su propio hermano campesino, sino que convierte al soldado, no en un defensor de los privilegios, sino en un defensor de los derechos de sus hermanos, los campesinos y los obreros! ¡Democracia es esta, que no divide al pueblo en sectores humildes, enfrentándolos unos a los otros!  ¡Democracia es esta, en que un gobierno busca la fuerza del pueblo y la une!¡Democracia es esta, que hace fuerte al pueblo, porque lo une! ¡Democracia es esta, que les entrega un fusil a los campesinos, y les entrega un fusil a los obreros, y les entrega un fusil a los estudiantes, y les entrega un fusil a las mujeres, y les entrega un fusil a los negros, y les entrega un fusil a los pobres, y le entrega un fusil a cuanto ciudadano esté dispuesto a defender una causa justa! ¡Democracia es esta, en que no solo cuentan los derechos de la mayoría, sino que le entrega armas a esa mayoría!  ¡Y eso solo lo puede hacer un gobierno realmente democrático, donde las mayorías gobiernen! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Unidad, unidad!”)
Y eso no lo podrá hacer jamás una seudodemocracia. ¡Y nosotros quisiéramos saber qué pasaría si a los negros del sur de Estados Unidos, que tantas veces han linchado, le entregan, a cada uno de ellos, un fusil! Lo que nunca podrá hacer una oligarquía explotadora, lo que nunca podrá hacer una casta militar de las que oprimen y saquean a los pueblos, lo que nunca podrá hacer un gobierno de minoría, es entregarle un fusil a cada campesino, entregarle un fusil a cada obrero, entregarle un fusil a cada estudiante, entregarle un fusil a cada joven, entregarle un fusil a cada ciudadano humilde, entregarle un fusil a cada uno de los que componen la mayoría de un pueblo.
Y eso no quiere decir que los derechos del resto no cuenten. Los derechos de los demás cuentan en la misma medida en que cuenten los intereses de la mayoría, en el mismo alcance en que cuenten los derechos de la mayoría; pero son los derechos de la mayoría los que deben prevalecer por encima de privilegios de minorías.
Y esa democracia real, esa democracia inobjetable, esa democracia sincera y honesta, es la democracia que existe en nuestro país desde el primero de enero de 1959.  Esa democracia se ha expresado de esta forma; se ha expresado, directamente, en la íntima unión e identificación de gobierno y pueblo; en este trato directo; en este hacer y luchar en bien de las grandes mayorías del país, y en interés de las grandes mayorías del país. Esa democracia directa la hemos ejercido, así, con más pureza, mil veces más pureza, que esa falsa democracia que se vale de todos los medios de corrupción y de fraude para falsear la verdadera voluntad del pueblo.
Y esa democracia hoy ha imperado de esta forma directa, porque estamos en un proceso revolucionario; y mañana será como quiera el pueblo; mañana será como lo exijan las necesidades de nuestro pueblo, y las aspiraciones de nuestro pueblo, y los intereses de nuestro pueblo. Hoy es una relación directa entre el pueblo y el Gobierno. Cuando el proceso revolucionario haya avanzado lo suficientemente, y el pueblo entienda —y con el pueblo lo entenderá siempre el Gobierno Revolucionario— que vayamos hacia nuevos procedimientos, una vez que las principales tareas y las principales metas de la Revolución, entre las cuales está hoy, en primer lugar, la defensa de la Revolución y la defensa del país , entonces el pueblo y el Gobierno adoptarán el procedimiento que las circunstancias de una Revolución consolidada y victoriosa demanden de ustedes y de nosotros.
Aquí nadie está en los cargos públicos por ambición o por placer: aquí todos estamos cumpliendo solamente el deber, aquí todos estamos en la misma posición y disposición de sacrificio, aquí todos estamos en la misma disposición de trabajo; aquí todos estamos en un solo propósito, que es el propósito de servir a una causa.
Nuestros enemigos, nuestros detractores, preguntan por las elecciones...
(EXCLAMACIONES PROLONGADAS DE: “¡Revolución, revolución!”¿Elecciones para qué?  ¿Elecciones para qué? Y: “¡Ya votamos por Fidel, ya votamos por Fidel!”)
Incluso algún gobernante latinoamericano, algún gobernante latinoamericano ha declarado recientemente que solo se debía admitir en la Organización de Estados Americanos a aquellos gobernantes que fuesen producto de un proceso electoral, como si una Revolución verdadera como la de Cuba, pudiese llegar al poder a espaldas del pueblo; como si una Revolución verdadera como la de Cuba, pudiese llegar al poder contra la voluntad del pueblo (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”); como si el único procedimiento democrático de tomar el poder fuesen los procesos electorales, tantas veces prostituidos para falsear la voluntad y los intereses del pueblo y llevar al poder muchas veces a los más ineptos y a los más habilidosos, no a los más competentes y a los más honestos. Como si después de tantas elecciones fraudulentas, como si después de tanta política falsa y traicionera, como si después de tanta corrupción, fuese posible hacerles creer a los pueblos que el único procedimiento democrático de un pueblo fuera el procedimiento electoral, y no sea, en cambio, democrático ese procedimiento mediante el cual un pueblo, no con un lápiz, sino con su sangre y con la vida de 20 000 compatriotas (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel!”) luchando sin armas contra un ejército profesional y bien armado, instruido y equipado por un poderoso país extranjero, rompió las cadenas; rompió las cadenas y con las cadenas que lo esclavizaban rompió los privilegios, rompió las injusticias, rompió el abuso y el crimen para siempre en nuestra patria o inició una verdadera etapa democrática de progreso, de libertad y de justicia. Porque si en algún proceso los ineptos se quedan en el camino, si en algún proceso los pillos fracasan, es en un proceso revolucionario, en que se abre paso la virtud, en que se abre paso el mérito, jamás la habilidad, jamás la ambición, jamás la picardía.  Porque en un proceso de lucha revolucionaria, como en ninguna otra actitud, en ninguna otra lucha, solo los hombres firmes, los hombres verdaderamente convencidos, los hombres verdaderamente leales, marchan adelante.
Y un proceso revolucionario no quiere decir solo la etapa de la guerra.  Aquella fue la etapa de la rebelión; después vino la etapa de la Revolución. Antes fue la guerra consecuencia de la rebeldía de nuestro pueblo y ahora es la Revolución consecuencia del espíritu creador de nuestro pueblo.
Y por eso decíamos que en Cuba si se estaba practicando una verdadera aspiración democrática, a pesar de lo que quieran escribir y de lo que quieran afirmar los enemigos de nuestra Revolución.
¿Y cuál es en estos instantes la tarea principal que tenemos los cubanos por delante? ¿Cuál es la respuesta a esa pregunta? ¿Qué es lo que debe saber hoy cada cubano? ¿Y por qué esa es ahora nuestra tarea fundamental? ¿Y cuáles son las razones por las cuales nuestra patria se ve amenazada de agresión? ¿Qué ha hecho la Revolución como no sea el bien a su pueblo? ¿Qué ha hecho la Revolución como no sea justicia? ¿Qué ha hecho la Revolución, si no defender los intereses de las grandes mayorías de nuestro país, de las clases más humildes de nuestro país, que constituyen la inmensa mayoría , y que no solo constituyen mayoría —y tienen por tanto un derecho propio a contar en los destinos de su patria— sino que constituyen, además de la mayoría, la parte más necesitada del país; que constituyen, además de mayoría, la parte más sufrida del país, que constituyen, además de mayoría, la parte explotada del país?  
¿Y dónde está el crimen de hacerle el bien al pueblo? ¿Dónde está el crimen en luchar por el pueblo? ¿Dónde está el crimen en querer que los campesinos tengan tierra y darles tierra a los campesinos? ¿Cómo luchar por el pueblo? Hacer lo que ha hecho la Revolución por el pueblo, como lo atestigua la presencia de esta multitud aquí, que esta es una multitud que es de carne y hueso, hombres y mujeres de verdad, hombres y mujeres del pueblo, que vinieron aquí espontáneamente, que vinieron aquí costeándose sus propios gastos, que vinieron aquí desde distantes lugares, viajando la noche entera, marchando el día entero, de pie durante todo el día, bajo el sol, sin beber agua, sin tornar alimentos. Y esa presencia de una multitud tan gigantesca es el mejor testimonio de que la Revolución ha luchado por el pueblo.
Sin embargo, ¿por qué un gobierno revolucionario que le ha puesto fin a tantas injusticias; un gobierno revolucionario que ha establecido 10 000 escuelas; un gobierno revolucionario que está convirtiendo en grandes centros de educación las grandes fortalezas del país; un gobierno revolucionario que ha puesto a trabajar a los soldados que tantos sacrificios hicieron en la guerra, y que ha puesto a esos mismos soldados —que han entregado sus cuarteles— a construir escuelas, a construir caminos y construir ciudades escolares para el pueblo; un gobierno revolucionario que, lejos de constituir una casta militar parasitaria y privilegiada, organiza un ejército de trabajadores, organiza un ejército de ciudadanos ejemplares, adonde van no los peores, como ayer, ¡sino los mejores, los que resisten las verdaderas pruebas que un verdadero soldado debe resistir!; un gobierno revolucionario que está construyendo dos ciudades universitarias y se propone ayudar a construir, junto con el esfuerzo de los propios estudiantes, una tercera ciudad universitaria; un gobierno revolucionario que está construyendo una ciudad escolar para 20 000 niños, y que será la primera de una serie de ciudades escolares adonde irán a estudiar 200 000 hijos de campesinos, los muchachos más inteligentes y más capacitados; un gobierno revolucionario que ha construido 10 000 casas para familias humildes el primer año; un gobierno revolucionario que ha abierto al pueblo todas las playas, adonde antes no podía ir sino una minoría insignificante del pueblo; un gobierno que ha rescatado para su país las riquezas que estaban en manos extranjeras; un gobierno que ha rescatado para sus campesinos la tierra que explotaban los amos extranjeros de nuestra economía; un gobierno que ha dado empleo a más de 100 000 nuevos ciudadanos, a más de 100 000 nuevos ciudadanos en un solo año; un gobierno que ha creado 1 000 cooperativas en un solo año; un gobierno que ha convertido en propietarios a todos los pequeños arrendatarios, aparceros y precaristas que antes tenían que estar pagando renta; un gobierno revolucionario que suprime el lujo para satisfacer las necesidades más elementales de las familias humildes; un gobierno revolucionario que no sacrifica los intereses del pobre al lujo del rico, sino el lujo del rico a los intereses del pobre; un gobierno revolucionario que sin recursos económicos, con un país arruinado por el saqueo, sin pedirle prestado un centavo a nadie, sin ir a mendigar al que fuera amo poderoso de nuestra economía un solo centavo, está llevando adelante una política creadora, fecunda y ha logrado extraordinarios frutos en solo 16 meses y ha logrado alcanzar grandes realizaciones en solo 16 meses, y que hoy ha logrado situar las reservas monetarias del país en casi 150 millones de pesos, para poder contar con los recursos necesarios para la industrialización del país; un gobierno de un pueblo pequeño que ha tenido que realizar esta tarea gigantesca en medio del constante hostigamiento, en medio de la constante amenaza, en medio de la incesante campaña de difamación en el mundo entero, como preparando las condiciones de una agresión armada a nuestro territorio (EXCLAMACIONES DE: “¡Que vengan, que vengan!”); un gobierno que ha tenido que trabajar en medio de la amenaza; un gobierno que ha tenido que trabajar en medio de las maniobras internacionales; un gobierno que ha tenido que atender tantas necesidades en tan breve tiempo, y en medio de esa tarea abrumadora tenga que soportar que le quemen sus cañas los aviones piratas que salen de la Florida; que ha vivido hostigado y acosado por las notas diplomáticas de un país poderoso; un gobierno que ha visto siempre sus planes económicos amenazados con supresiones de cuota y represalias de tipo económico; un gobierno que tiene que trabajar mientras observa el constante ajetreo de cancillería y el constante fraguar de zancadillas contra nuestra patria; un gobierno que, en medio de ese trabajo abrumador, ha tenido que soportar la más tenaz y despiadada campaña de difamación que haya sufrido ningún gobierno en este continente; un gobierno revolucionario enfrascado en la tarea sobrehumana de resolver tantos y tantos problemas como los que hemos recibido como herencia de una política de dominación económica extranjera durante 50 años, y que, en medio de esa tarea, un día sea el bombardeo a la Ciudad de La Habana, otro día sean las avionetas que queman millones de arrobas de caña y queman viviendas de nuestros campesinos, otro día sea la explosión de un barco cargado de armas para defendernos, que les cuesta la vida a 60 trabajadores cubanos?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Asesinos, asesinos!”)
¿Y por qué un gobierno que, además de todas las medidas revolucionarias tomadas en el orden social, ha puesto fin en nuestro país a vicios seculares, como el vicio del juego, el vicio de malversación, el delito de contrabando, la “botella” y todos aquellos vicios que había padecido nuestro pueblo desde tiempos seculares; por qué un gobierno que está realizando una obra tan justa y tan positiva en beneficio del pueblo, tiene que ser anatematizado, tiene que ser aislado y tiene que ser amenazado de destrucción y muerte? ¿Por qué un gobierno que ha hecho solo el bien a su pueblo ha sido anatematizado, y contra él se mueven todos los tinglados de la cancillería de un país poderoso para destruirlo, y se mueven las miles de intrigas que la prensa reaccionaria y las agencias reaccionarias de información han estado y están regando por todo el mundo?
¿Por qué no se ocuparon de nuestro pueblo antes? ¿Por qué no se ocuparon de nuestro pueblo mientras había aquí cientos de miles de familias viviendo en bohíos miserables? ¿Por qué no se ocuparon de nuestro pueblo cuando todo era miseria, cuando los guajiros vivían en las guardarrayas, sembrando una mata de yuca, y una mata de malanga, y una mata de boniato?    ¿Por qué no se ocuparon de Cuba, de los asuntos de Cuba, ni les preocuparon las cuestiones de Cuba cuando en nuestro país amanecían los jóvenes asesinados en las calles, y las estaciones de policía y las prisiones eran centros de torturas, cuando los campesinos eran asesinados en masa, cuando aquí se cometía tanta injusticia y tanto abuso? ¿Por qué no merecía ni una sola línea de ninguno de esos periódicos que hoy tanto atacan a nuestra Revolución? ¿Por qué?
Y hoy, hoy llaman a los criminales de guerra al Senado norteamericano para que declaren sobre los problemas de Cuba; y hoy, cuando en este país no se tortura a nadie, cuando todo el mundo sabe cómo se comporta el soldado rebelde, y el policía rebelde, y el militar rebelde ; cuando todo el mundo sabe que aquí no se asesina a nadie, que aquí no se tortura a nadie, porque esos hombres que hoy ostentan los mandos son los mismos hombres que en la guerra respetaron la vida de sus más encarnizados enemigos y curaron a sus heridos en el combate ; hoy, cuando nuestras prisiones, cuando nuestros cuarteles —los pequeños cuarteles que hoy tiene el Ejército Rebelde— y las estaciones de policía son modelo de respeto al ciudadano, donde lo que puede ocurrir es que el agente de la autoridad sea agredido, pero jamás que el agente de la autoridad agreda o se le permita que agreda a un detenido; hoy, cuando esa es una verdad que nadie ignora en nuestra patria, leemos cables procedentes de Washington informando que un grupo de madres de criminales de guerra va a informar en la “Comisión Interamericana de Paz” acerca de “las torturas que en Cuba practica el Gobierno Revolucionario contra sus familiares”.
Este pueblo, este pueblo tuvo que soportar siete años de crimen y de tortura; este pueblo conoce las historias inenarrables de los actos de terror sin nombre, de los actos de crueldad sin nombre que en esa Quinta Estación y en las demás estaciones de policías, y en los cuarteles, y las tropas en campaña, tuvieron que sufrir de manos de los Ventura, de los Chaviano, de los Ugalde Carrillo y de todos aquellos criminales; este pueblo sabe mejor que nadie, este pueblo sabe mejor que nadie lo que padeció; este pueblo soportó y tuvo que soportar impotente durante siete años los ayes de dolor de los torturados y el grito de las madres que perdieron a sus hijos asesinados, y las familias diezmadas, y las aldeas incendiadas y arrasados y asesinados sus vecinos por las hordas de la tiranía, sin que jamás hubiese tenido, durante siete años, el consuelo de que una “comisión interamericana” se interesase por su triste suerte ni se interesase por conocer los actos de horror que estaba padeciendo nuestra patria .
Y hoy, hoy cuando todo el mundo conoce nuestro procedimiento tan distinto, cuando todo el mundo sabe que nosotros somos hombres de otra entraña muy distinta de aquellos hombres cobardes y envilecidos que tantos actos de barbarie perpetraron; hoy, cuando los torturadores y los criminales de ayer están pagando el castigo que se merecieron por sus crímenes sin nombres; ¡ah!, hoy, ¡hoy una Comisión Interamericana va a escuchar las acusaciones contra “los actos de tortura del Gobierno Revolucionario contra los criminales de guerra”!
¿Y por qué? ¿Por qué se acude a esos procedimientos calumniosos? ¿Por qué se acude a esos procedimientos calumniosos; por qué se acude a esos procedimientos cínicos; por qué se acude a esos procedimientos desvergonzados?  Sencillamente, para desacreditar a la Revolución Cubana ante el mundo; sencillamente, para pintarnos ante el mundo como un hato de criminales y de torturadores; sencillamente, para desacreditarnos; sencillamente, para sembrar la duda en los demás pueblos hermanos del continente; sencillamente, para preparar las condiciones de una agresión.
¡Y ahora, los asesinos de ayer son recibidos en el Senado de Estados Unidos para “informar” sobre las cosas de Cuba!  
Pero ocurren todavía cosas más extrañas, ocurren todavía cosas más extrañas y que son las que nos tienen que llevar a la realidad de los tiempos que tenemos por delante. Sin que existiera el menor problema, sin que existiera la menor dificultad, un día el señor Presidente de Guatemala manda a buscar a su embajador y, sin que hubiese ocurrido el menor incidente, rompe relaciones diplomáticas con Cuba y declara que en la Sierra Maestra —en la Sierra Maestra, de donde han salido esos soldados que hoy desfilaron por aquí— se estaban preparando tropas para invadir a Guatemala. Era una acusación tan infundada, era una acusación tan absurda, que habría carecido de explicación lógica para nosotros y para cualquiera, como no fuese porque nosotros teníamos noticias de que la cancillería norteamericana estaba preparando una agresión a Cuba a través del Gobierno de Guatemala. Y, posiblemente, pocas veces se haya llevado adelante una maniobra de este tipo tan a sangre fría como en esta ocasión, porque ni siquiera había surgido el menor incidente, ni siquiera había el menor pretexto; incluso cuando al embajador de ese país lo llaman, deja unas comunicaciones agradeciendo las consideraciones que siempre había recibido del Gobierno Revolucionario; y de buenas a primeras, ese señor, que preside la sacrificada República de Guatemala, ese señor declara que interrumpe sus relaciones con nuestro país y acusa a nuestro país de estar preparando tropas en la Sierra Maestra para agredirlo; algo que, por supuesto, no lo cree absolutamente nadie.  Era el procedimiento para situar a Cuba en plan de país agresor entre la Organización de Estados Americanos, para justificar una agresión armada contra nuestra patria, o al menos preparar todas las condiciones.
Los enemigos de nuestra Revolución saben que no han avanzado en su propósito de organizar una quinta columna aquí dentro; los enemigos de la Revolución saben que la Revolución es cada día más fuerte, saben que la Revolución está cada día más organizada; saben que no podrán derrotar las tremendas fuerzas revolucionarias y sociales que respaldan a la Revolución; saben ellos esto perfectamente bien, saben que aquí no pueden organizar una contrarrevolución, porque saben que no tienen ni por dónde empezar, ni cómo empezar, ni con quien empezar , y quieren destruir la Revolución mediante una maniobra de tipo internacional. ¡Y qué casualidad que esa retirada del embajador de Guatemala en Cuba y esas declaraciones del Presidente de Guatemala hayan ocurrido exactamente la misma semana en que las 10 000 caballerías de tierra de la United Fruit Company pasaron a manos del Instituto Nacional de Reforma Agraria, pasaron a manos del Instituto Nacional de Reforma Agraria, para entregárselas a los campesinos! ¡Qué casualidad! ¡Qué casualidad! ¡Y qué casualidad que haya venido nada menos que de Guatemala, donde la United Fruit Company es la institución todopoderosa; que haya venido desde Guatemala, donde la United Fruit Company organizó e inspiró la agresión contra el gobierno democrático de aquel país!  ¡Qué casualidad que la maniobra venga a través de ese país, donde nadie puede gobernar sin el apoyo de la United Fruit Company! ¡Qué casualidad! ¡Y qué casualidad que nosotros, por cada medida justa que realizamos en beneficio de nuestro pueblo, tengamos que alertarnos contra esas maniobras! ¡Y qué casualidad que, simultáneamente, hayan salido publicadas una serie de noticias afirmando que barcos piratas, en la zona del Caribe, se preparaban para atacar cualquier barco que condujera armas a Cuba!
Es decir que una vez estalla el barco que conduce las armas, y a las pocas semanas, en determinados periódicos, que se dicen bien informados acerca de las cuestiones del Gobierno de Estados unidos, se informa que barcos piratas contrarios a la Revolución Cubana se proponen atacar barcos que conduzcan armas a nuestro país. Si se tiene en cuenta, además, que en los meses pasados hemos estado recibiendo cables informando sobre maniobras de tropas paracaidistas y desembarcos contra guerrillas, en esta zona del Caribe, cuando realmente no conocemos que ese país tenga ningún tipo de problemas contra guerrillas en ninguna parte del mundo; si aquí, ante la propia presencia de nuestra Revolución y en medio de ese clima de amenazas, hemos tenido que oír esas noticias y enterarnos de las maniobras de esas tropas y de ese tipo de maniobras, cuyo empleo en Cuba nos parece a nosotros la única cosa lógica, ¿qué podemos pensar nosotros si, en medio de todas esas amenazas y maniobras, explotan barcos y se habla de interceptar barcos cargando armas?
Es decir que se nos quiere reducir a un estado total de impotencia, mientras crecen los peligros y las amenazas.
Esa es la realidad de nuestra Revolución. Y, ¿por qué? ¿Qué se quiere castigar en nuestra Revolución? Se quiere castigar el ejemplo, se quiere destruir el ejemplo.  ¿Por qué se quiere impedir a toda costa la Revolución Cubana? ¿Acaso porque nosotros le quitemos nada o signifiquemos algún peligro para algún otro país, porque nosotros queramos explotar a otro país, porque nosotros queramos resolver sobre cuestiones que no sean nuestras cuestiones?  No, se quiere destruir la Revolución Cubana para que el ejemplo de la Revolución Cubana no sea imitado por los pueblos hermanos de América Latina.
Lo que todo el mundo sabe es eso, lo que todo el mundo sabe es eso:  que se quiere destruir a toda costa nuestra Revolución, que se ha condenado a muerte a nuestra Revolución, sencillamente para que los campesinos de América Latina, los trabajadores de América Latina, los estudiantes de América Latina, los intelectuales de América Latina y, en fin, los pueblos de América Latina, no sigan el ejemplo de Cuba y hagan algún día reforma agraria en todos esos países, y hagan revolución en todos esos países .  Se quiere, sencillamente, destruir nuestra Revolución para seguir explotando a los demás pueblos de América Latina.
Y así, quieren que nuestro pueblo cubano pague “los platos rotos”, que nuestro pueblo cubano pague los crímenes que se cometen con otros pueblos, que el pueblo cubano pague la explotación de otros pueblos. Es decir, destruirnos a nosotros porque hemos querido liberarnos económicamente; destruirnos a nosotros porque hemos querido hacer justicia; destruirnos a nosotros porque queremos ser un pueblo soberano; destruirnos a nosotros porque nos hemos preocupado de los humildes de nuestra tierra, porque hemos echado la suerte con los pobres de nuestra patria, porque nos hemos acordado del guajiro que no tenía tierra, porque nos hemos acordado del niño que no tenía escuela, porque nos hemos acordado del obrero que no tenía trabajo, porque nos hemos acordado de la familia que vivía en un bohío, porque nos hemos acordado del enfermo que no tenía médico, porque nos hemos acordado del estudiante que no tenía libros y no tenía recursos, porque nos hemos acordado de la justicia; como si los pueblos estuviesen obligados a vivir en la miseria, en el atraso y en la explotación, como si los pueblos llevasen la obligación de tener un yugo sobre sus hombros y sobre sus cuellos, como si los pueblos estuviesen obligados eternamente a resignarse en la miseria y en el retraso, como si los pueblos estuviesen obligados a ser esclavos. Porque nuestro pueblo ha querido romper las cadenas; porque nuestro pueblo no ha querido quedarse viviendo en el retraso; porque nuestro pueblo quiere progresar; porque nuestros hombres, nuestras mujeres, nuestros jóvenes, nuestros niños, nuestros ancianos, quieren la justicia, quieren el bien, quieren el noble propósito de disfrutar de su trabajo, quieren vivir felices y en paz en esta tierra, que es nuestro pedazo de tierra ; porque tuvimos la desgracia de que un día manos extranjeras se apoderaron de nuestras tierras, manos extranjeras se apoderaron de nuestras minas, manos extranjeras se apoderaron de nuestros recursos naturales y de nuestros servicios públicos; porque tuvimos la desgracia de que manos extranjeras se apoderaron de nuestra economía, de que manos extranjeras se apoderaron de nuestra política y de nuestro destino; porque tuvimos esa desgracia, y porque esta generación de cubanos se ha trazado la tarea honrosa y grande de librar al país de esas ataduras, libran al país de esa explotación, solo por eso —que es justo y que es un derecho que no nos lo puede discutir ni a los cubanos ni a ningún pueblo, que es un derecho que nadie le puede osar discutir a nuestro pueblo—, por esa causa, porque queremos trazar nuestros propios caminos, porque queremos vivir nuestra propia vida, porque queremos labrar nuestro propio porvenir, y porque queremos lograr nuestra propia felicidad sin hacerle daño a ningún otro pueblo, porque lo que queremos es vivir en paz y amistad con todos los demás pueblos del mundo.
¿Por qué no hemos de querer la amistad y la paz con todo pueblo que luche por su progreso, con todo pueblo que luche por su liberación, con todo pueblo que luche por su bienestar?  Con lo que nosotros no podremos estar nunca de acuerdo es con que un pueblo esté explotando a otro pueblo, o lo que es peor, que una oligarquía esté explotando a otro pueblo; con lo que nosotros no podemos estar de acuerdo es con la explotación de los pueblos por las oligarquías de otros pueblos.
Y nuestro deseo es progresar, labrar nuestro porvenir, crear nuestras instituciones democráticas, crear una patria nueva, labrar la felicidad de nuestro pueblo, sin quitarle nada a ningún otro pueblo. Por eso, lógicamente, nosotros deseamos vivir en paz con todos los pueblos y en amistad con todos los pueblos; porque nosotros no tenemos que discutirle absolutamente nada a ningún otro pueblo. Problemas tienen con los pueblos los que les quieren quitar algo a otro pueblo, pero jamás puede tener problemas con otro pueblo, un pueblo que no le quiera quitar nada a otro pueblo.
Y, sobre todo, hay algo más.  Todos estamos enfrascados en una gran tarea. El Gobierno Revolucionario y el pueblo están enfrascados en grandes obras. Lo que queremos nosotros es ver esas obras convertidas algún día en realidad; lo que queremos nosotros es ver crecer a esta generación nueva en una vida distinta, hacia un porvenir muy distinto, y con una educación muy distinta de la que tuvo que recibir nuestra generación; queremos ver algún día esas ciudades escolares llenas de niños; queremos ver algún día estos 200 000 hijos de campesinos viviendo y estudiando en esas ciudades escolares; queremos ver los 1 000 pueblos que vamos a construir en las cooperativas, en cinco años; queremos ver algún día esa hermosa realidad de que cada familia tenga su techo; queremos ver ese día en que cada cubano tenga trabajo; queremos ver ese día en que cada enfermo tenga su médico; queremos ver ese día en que cada viejo tenga su pensión; queremos ver ese día en que cada hombre o mujer sepa leer y escribir (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, Fidel!”); queremos ver algún día esta patria grande, por la que estamos luchando. ¡Y qué hombre no quiere ver algún día convertidos en realidades sus sueños, convertidos en realidades sus ideales; y si en todos nosotros arde el deseo de que cuanto queremos de bienestar y de felicidad para nuestro pueblo sea un día realidad, no podemos ser nosotros los provocadores. Quienes quieren ver realizada una obra grande, quienes luchan por una obra grande, no pueden ser los provocadores; los provocadores no podemos ser nosotros, ¡los provocadores solo pueden ser, exclusivamente, los que no quieren que nosotros realicemos esa obra!  
No podemos ser nosotros, y es absurdo que se nos pretenda echar la culpa a nosotros, cuando nosotros vivimos con el pensamiento perenne puesto en la obra que estamos realizando, puesto en el mañana, puesto en la obra creadora de esta Revolución, como ayer vivíamos con el pensamiento puesto en este minuto de hoy, como ayer vivíamos con el pensamiento puesto en el triunfo del pueblo; la victoria del pueblo contra la tiranía se alcanzó, comenzó la lucha contra el hambre, comenzó la lucha contra la miseria, comenzó la lucha contra la pobreza, comenzó la lucha contra el dolor. Y esta batalla la queremos ganar también, y vivimos hoy con el pensamiento puesto en la obra creadora de la Revolución.  Luego no podemos ser nosotros los provocadores de estos problemas.
Los provocadores son aquellos que no se resignan a perder sus privilegios, son aquellos que no se resignan a dejar de explotar a los pueblos, son aquellos que quieren imponer la voluntad omnímoda y los intereses bastardos de los poderosos poseedores de los grandes capitales internacionales, son aquellos que no se resignan a vivir en paz con los pueblos, es decir que no se resignan a dejar en paz a los pueblos. Y eso es lo que está ocurriendo en nuestro país, y por eso es que tenemos que convertirnos en un pueblo espartano, porque se nos sitúa en el dilema de resignarnos, y doblegarnos o prepararnos para luchar contra cualquier agresión.
Y nosotros no seremos jamás un pueblo que, puesto en esa disyuntiva, acepte doblar el cuello para que le pongan el yugo otra vez (EXCLAMACIONES DE: “¡No, no!”) Porque nosotros, puestos en esa disyuntiva, tenemos que seguir el camino de la dignidad, el camino del honor y el único camino del porvenir, el único que con todos los riesgos promete para nosotros una vida muy distinta de la que nos promete el yugo.  Y preferimos la libertad con todos los riesgos, preferimos la lucha por un porvenir mejor, al yugo; con el yugo no queremos nada. ¡Y esas milicias que marcharon por ahí, esos campesinos que marcharon por ahí, esas brigadas obreras que marcharon por ahí, esos estudiantes que marcharon por ahí, ese pueblo que marchó por ahí, no es pueblo de yugo!  
Luego, estamos haciendo lo único digno y justo que debemos hacer; estamos adoptando el camino de un pueblo que quiere ser libre y será libre; estamos adoptando el único camino que habrían seguido siempre los hombres dignos de nuestra patria; hemos adoptado el único camino que nos enseñaron los fundadores; hemos adoptado el único camino que mandan los muertos.
Nosotros hemos cumplido con nuestro deber; hemos sido fieles a los compañeros que cayeron y estamos haciendo una obra revolucionaria. Cada centro escolar que construimos lleva el nombre de un compañero caído en la lucha; cada cuartel que convertimos en escuela lleva el nombre de un compañero caído en la lucha, cada ciudad escolar lleva el nombre de un compañero caído en la lucha; cada pueblo nuevo lleva el nombre de un compañero caído en la lucha; cada cooperativa lleva el nombre de un compañero caído en la lucha.
Nosotros no hemos ido a guardar el recuerdo de nuestros hermanos caídos en el mármol frío de una estatua; nosotros no hemos ido a ponerle el nombre de un héroe de la Revolución a un parque de donde nadie recibe la solución a sus problemas; antes, mientras se saqueaba al país de un extremo a otro, y se traicionaba el pensamiento y la aspiración de los fundadores de la patria, les hacían una estatua en cada parque a nuestros mambises y le ponían a cada calle el nombre de cada uno de nuestros patricios.  Eso era antes.
Pero nosotros perpetuamos el recuerdo y el nombre de nuestros caídos en algo que tiene sentido para los verdaderos revolucionarios, perpetuamos el recuerdo de nuestros caídos en una obra revolucionaria, en lo que ellos quisieron que se hiciese en nuestra patria. Y así, una escuela donde estudien cientos o miles de niños es el digno recuerdo a un compañero caído, una cooperativa donde van a librar su sustento cientos de familias campesinas es el digno recuerdo a un compañero caído, un pueblo nuevo es el recuerdo digno a un compañero caído, un hospital que salve muchas vidas es el tributo digno a un compañero caído. Y así nuestra obra lleva los nombres de nuestros muertos; y así cada cooperativa, cada hospital, cada escuela, cada obra revolucionaria, lleva el nombre de nuestros muertos. Y por eso los nombres de los que cayeron perdurarán eternamente en el recuerdo de nuestro pueblo, en el sello que imprimirán a una generación nueva de hombres, en los niños que allí se van a educar, en las familias que allí van a ser felices, en las vidas que se van a salvar, en el beneficio infinito que ese sacrificio significará para nuestro pueblo.
Por eso ellos se sacrificaron, y eso es lo que tiene nuestro pueblo. Nuestra obra revolucionaria está profundamente identificada con el cariño que sentimos por los compañeros que cayeron.  Y esa es una razón más para que nosotros queramos ver esa obra realizada; esa es una razón más para que nosotros estemos dispuestos a defenderla hasta la última gota de sangre (; esa es una razón más que nos obliga al camino digno; porque no podrán destruir esa obra, ni podrán convertir otra vez esas escuelas en fortalezas, ni podrán volver a arrebatar a los campesinos la tierra, ni sus casas, ni podrán arrebatarle otra vez a nuestro pueblo los derechos, como no sea borrándonos a nosotros de la faz de la Tierra, porque antes de que puedan borrar el nombre y la obra tendrán que borrarnos a nosotros (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Patria o Muerte!”).
Nuestros muertos no han caído en vano. Por dondequiera que recorremos nuestra tierra, sus nombres se presentan constantemente a nuestra memoria y a nuestra consideración.  Y así, en cada uno de aquellos nombres va un recuerdo al compañero que cayó, o en los primeros encuentros, o en las luchas clandestinas, o en los combates de las montañas en los días primeros de la lucha o en los días postreros. ¡Y tantos fueron, que hay para cada una de las muchas obras de la Revolución un nombre! Y así, nosotros tenemos la sensación de que esos compañeros permanecen entre nosotros; de que esos compañeros viven entre nosotros, y de que sus nombres perdurarán siempre, y que las generaciones presentes y venideras sabrán que no se muere en vano cuando se defiende un ideal justo.
¡Vale la pena morir cuando cada vida que se sacrifica es una escuela que se funda, una cooperativa que se crea, un bien que se hace a muchos de nuestros compatriotas; vale la pena morir cuando la muerte se convierte en semilla fructífera! ¡Qué importa morir cumpliendo el deber, si la sangre que se da y la vida que se entrega se convierten en una obra de beneficio para nuestros semejantes, para nuestros hermanos! ¡Triste es morir sin que la vida se convierta en algo! ¡Triste es morir como mueren los traidores y los mercenarios, pero jamás será triste la muerte cuando nuestra muerte se convierte en algo!  
Y ese es el camino y el ejemplo que queremos para las generaciones venideras; esas generaciones que serán mejores que esta, pero que no tendrán jamás el mérito de esta. A esta generación le ha tocado la gran tarea y las futuras generaciones que serán mejores que nosotros, pero gracias al esfuerzo de esta generación, que sepan que esta generación tuvo por divisa el espíritu de sacrificio, que esta generación pensaba que valía la pena cualquier sacrificio por dejarles a los que vengan después un mundo mejor.
Y si nosotros tenemos que afrontar los sacrificios que sean necesarios lo haremos gustosos, porque esa será la grandeza de esta generación de cubanos, y eso es lo que quiere decir “Patria o Muerte” (OVACION Y EXCLAMACIONES DE: “¡Patria o Muerte!”). Para arrebatarnos la patria hay que arrebatarnos primero la vida, que nosotros estamos dispuestos a tener patria y a dejarles a las generaciones venideras una patria digna; es la expresión de la determinación de un pueblo, y en esa frase breve lo decimos todo. Decimos todo lo que tenemos que decir; que esa es nuestra posición de ánimo.
Nosotros somos un pueblo pequeño, nosotros jamás agrediremos a nadie, ¡no, nosotros jamás agrediremos a nadie!  Y a esos que se creen que nosotros estamos en plan de agresiones, a esos que hacen propalar por ahí, en el extranjero, que nosotros vamos a agredir y que vamos a agredir la Base Naval de Caimanera, les decimos que no se hagan ilusiones, que nosotros sí podemos advertir, advertir contra una especie de Maine, y que nosotros sí estamos en el deber de advertir que mucho cuidado con las autoagresiones, que mucho cuidado con las autoagresiones que con eso no van a engañar a nadie, porque nosotros afirmamos aquí que del Gobierno Revolucionario no saldrá nunca una agresión de ese tipo; y que el Gobierno Revolucionario, consciente de que sus detractores y los interesados en destruirlos pueden llegar en su histeria a fraguar una autoagresión, nosotros podemos asegurar que de nosotros, de nosotros, esa agresión no surgirá nunca.
Es decir que vamos a aclarar bien las cosas, no sea que con criminales de guerra, de los que están armando por allí, no sea que con elementos mercenarios se organicen una autoagresión para justificar un ataque armado contra nuestra patria, y que nosotros estamos en el deber, un poco por experiencia histórica, y un poco porque conocemos ciertos métodos pérfidos de la política internacional, estamos en el deber de adelantarnos a advertir, a advertir a los que andan locos buscando pretextos para agredir con las armas a nuestra patria, que nosotros esos pretextos no se los vamos a dar, y que además advertimos al mundo contra cualquier pretexto fraguado para justificar una agresión contra Cuba.
Siempre hemos dicho que nosotros jamás agrediremos a nadie, pero que nosotros estamos dispuestos a defender nuestros derechos y a nuestra patria a cualquier precio; siempre hemos dicho que de Cuba nadie debe esperar nunca una agresión. Pero con la misma firmeza con que proclamamos esa política, proclamamos también que cualquier ataque a nuestro país tendrá que afrontar una guerra a muerte contra el pueblo cubano; que cualquier ataque contra nuestro país tendrá que afrontar la más decidida resistencia que se haya encontrado jamás ningún ejército agresor; que nosotros conocemos bien a los cubanos; que nosotros sabemos cuánta dignidad y cuánto valor hay en el pecho de cada cubano ; que nosotros sabemos del amor y la pasión con que el pueblo cubano está sintiendo su causa, y preferible es llamar la atención sobre esta realidad a que alguien cometa el error de ignorarla; que conocemos demasiado bien al pueblo y que cualquiera que lleve a cabo una agresión contra nuestra patria, ¡saldrá derrotado! Y saldrá derrotado no solo por la resistencia que van a encontrar en Cuba, sino por la resistencia que van a encontrar en toda la América, ¡y por la resistencia que van a encontrar en todo el mundo!    Porque una Revolución como esta, que cuenta con un apoyo tan formidable del pueblo, que defiende una causa tan justa y que tiene la solidaridad de todos los hombres de pensamiento revolucionario del continente americano, no podrá ser destruida; y porque una Revolución como esta, que cuenta con la simpatía de todos los pueblos del mundo que luchan por su liberación y por su felicidad, no podrá ser destruida; y que lo más sensato, lo más cuerdo, lo más inteligente que pueden hacer quienes no quieren resignarse a esta Revolución, es resignarse, porque es una realidad, y dejarnos en paz, ¡dejarnos en paz, no sea que en el intento insensato de destruirla pierdan mucho más de lo que han perdido hasta ahora!  
Las realidades no surgen en el mundo por capricho de nadie; las revoluciones, que son realidades, no surgen por voluntad de nadie; las revoluciones son realidades que obedecen a otras realidades; las revoluciones son remedios, amargos, sí, ¡pero a veces los únicos remedios aplicables a males más amargos! Y la Revolución Cubana es una realidad en el mundo, y la Revolución Cubana es ya una realidad para la historia del mundo; la Revolución Cubana es una realidad, como es una realidad el pueblo que la sostiene; ¡como son realidades los fusiles que sabrán defenderla!; ¡como son realidades los hombres que están dispuestos a morir por ella, en Cuba y fuera de Cuba! Y que, caso de ser agredida nuestra patria, no solo será defendida en Cuba, sino que será defendida dondequiera que haya un cubano, y será defendida dondequiera que haya un amigo de Cuba; y que en caso de ser agredida nuestra patria, agredida por cualquier potencia, con cualquier pretexto, o por cualquier grupo de naciones caídas en las redes de cualquier maniobra, la agresión a nuestra patria significará una guerra no solo contra nuestro pueblo, sino contra todo cubano, en cualquier parte del mundo donde se encuentre ; y será una lucha contra los amigos de Cuba y los que están dispuestos a luchar por Cuba, ¡dondequiera que se encuentren! Y que nosotros expresamos esta decisión de lucha con la misma firmeza con que hemos expresado que nuestro anhelo es ver realizada la obra que estamos haciendo, que nuestro anhelo es ver convertidos en realidades nuestros sueños y que nunca será por culpa o provocación nuestra ninguna lucha, que nunca seremos nosotros agresores de nadie.
Más claro no es posible hablar. Y para que no quede nada, añadir solamente, para los cubanos, que debemos estar siempre alertas que no sabemos cuántos años debemos estar alertas, ese es el precio que tenemos que pagar por esta obra: ¡Siempre alertas contra cualquier agresión, sorpresiva o avisada!, ¡siempre alertas y en la misma disposición de ánimo de luchar dondequiera que nos encontremos!, ¡siempre alerta cada soldado del Ejército Rebelde y cada militar revolucionario!, ¡siempre alerta cada miliciano, siempre alerta cada campesino, cada obrero, cada estudiante, cada joven!, ¡cada hombre y cada mujer, cada anciano y cada niño, siempre alerta!, ¡siempre alerta, en cualquier circunstancia; siempre alerta, en cualquier condición!, ¡siempre el ánimo dispuesto a resistir ante cualquier ataque, sin inmutarse; siempre el espíritu firme!  ¡Que lo que no puedan doblegar nunca sea el espíritu del pueblo cubano; ¡y ningún pueblo podrá ser sometido, si su espíritu no se somete, si su ánimo no se destruye!    ¡Siempre alertas y en actitud de luchar, de luchar con lo que tengamos a mano, de luchar en el punto en que nos encontremos; pero siempre la idea de resistir, siempre la idea de combatir ante cualquier agresión!; ¡siempre la idea de vencer, y si no vencemos, moriremos! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Patria o Muerte!, ¡Patria o Muerte!”)
¡Siempre alertas y dispuestos a luchar, pase lo que pase, caiga quien caiga!; ¡siempre alertas y dispuestos a luchar falte quien falte, muera quien muera!  De manera que nuestra Revolución no vaya a ser débil porque el enemigo pueda arrancar una vida, o dos vidas, o tres vidas.  Si un jefe cae, el deber es poner otro jefe, inmediatamente y sin discusión de ninguna clase; si un jefe cae, inmediatamente otro ocupa su puesto, sea quien sea ese jefe.
Y ya nosotros, cuando las circunstancias no eran las de hoy, dimos nuestra opinión y el pueblo tomó una decisión. Si el Primer Ministro falta (EXCLAMACIONES DE: “¡No, no!”) —en cualquier momento, el problema no es desearlo o no desearlo, el problema es que todo el mundo sepa lo que debe hacer en cada circunstancia, y a nosotros lo que nos preocupa es que el pueblo lo sepa hacer en cada circunstancia, y ese es nuestro deber con el pueblo—, si el Primer Ministro falta (EXCLAMACIONES DE: “¡No, no!”) —quiero decir, si los enemigos de la Revolución llevan a cabo una agresión—, lo único realista y lo único objetivo es saber lo que hay que hacer, y saber que tienen ustedes inmediatamente un sustituto del Primer Ministro, y ustedes lo van a decir. Ya en aquella concentración dijimos que yo proponía a Raúl para Primer Ministro, si faltaba el Primer Ministro.
Y si faltan los dos, el Presidente de la República se reúne con el Consejo de Ministros y designa otro Primer Ministro, que aquí hay que estar preparados para todas las contingencias.
Cuando un pueblo se encara a una tarea como a la que se ha encarado el pueblo de Cuba; cuando un pueblo, pequeño como el de Cuba, tiene adversarios poderosos como tiene Cuba hoy, todas las contingencias deben ser previstas, y ese pueblo debe saber qué es lo que tiene que hacer, ¡y lo que tiene que hacer, antes que todo, es saber que nunca puede ese pueblo dividirse ante una acción del enemigo y que la reacción del pueblo es estrechar filas siempre!  (EXCLAMACIONES DE: “¡Unidad, unidad!”)
Cuando un pueblo, pequeño como el nuestro, se echa sobre sus hombros una tarea como la que se ha echado nuestro pueblo, debe saber siempre qué hacer. Y no importa que seamos pequeños; si actuamos bien, si sabemos qué hacer, saldremos vencedores, ¡porque vencen los que tienen la razón y saben llevar adelante su razón, saben luchar por su razón! Y nosotros podemos estar seguros de que si hacemos lo que tengamos que hacer, saldremos victoriosos, saldremos vencedores.
Así pues, solo me resta, en este Primero de Mayo, reafirmar ese propósito, ese propósito de seguir todos cumpliendo nuestro deber, en nuestros puestos, y pedirles a todos que hagan lo mismo. Expresarles nuestra fe en los destinos de la patria, nuestra fe en la solidaridad de los pueblos hermanos del Continente, por los cuales estamos luchando, porque ellos aprenderán de nuestra experiencia, aprenderán de los aciertos que tengamos, y aprenderán hasta de los errores que tengamos. Y así, nosotros seremos útiles para nuestros pueblos hermanos en nuestros aciertos y en nuestros errores.  Tenemos fe en la solidaridad de esos pueblos hermanos y fe en la solidaridad de todos los pueblos del mundo.
A los pueblos hermanos de América, id a contarles lo que es Cuba; id a rebatir las mentiras que se escriben contra esta tierra generosa y noble, id a decirles que este pueblo no está aquí porque siga a nadie, que este pueblo está aquí por razones muy profundas, ¡que este pueblo está aquí porque en la vida del Gobierno Revolucionario hemos sabido cumplir con el pueblo, y el pueblo es leal con los que son leales con él!, ¡y el pueblo tiene fe en los que tienen fe en él!   ¡Id a decirles a los pueblos hermanos que aquí hay un pueblo espartano y que de nosotros podrán decir solo lo que dice la lápida que se escribió en el paso de las Termópilas: “Id a decirle al mundo que aquí yacen 300 espartanos, que prefirieron morir antes que rendirse”.
Eso es lo que espera América de nosotros; eso es lo que espera el mundo de nosotros; y nosotros sabremos corresponder a las simpatías y a la solidaridad que hemos recibido.
¡Juremos todos, soldados del Ejército Rebelde, milicianos, campesinos, obreros, estudiantes, jóvenes; alcemos nuestras banderas cubanas, alcemos nuestros rifles, alcemos nuestros machetes, para jurar que cumpliremos nuestra consigna de ¡Patria o Muerte!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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