julio 15, 2012

Discurso de Fidel Castro en el acto de graduación de 300 maestras del Instituto Pedagogico "Makarenko" y fin de curso de 10.000 campesinas de la Escuela "Ana Betancourt" (1963)

DISCURSO EN EL ACTO DE GRADUACION DE TRESCIENTAS MAESTRAS DEL INSTITUTO PEDAGOGICO “MAKARENKO" Y FIN DE CURSO DE DIEZ MIL CAMPESINAS DE LA ESCUELA “ANA BETANCOURT”, EN LA CIUDAD DEPORTIVA
Fidel Castro
[6 de Noviembre de 1963]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Compañeras y compañeros:
En el acto de esta noche se concretan muchas cosas; se puede decir que un trabajo múltiple se viene a sumar hoy aquí. Se entendería mejor todavía si dijera que el acto de esta noche semeja, pues, la vertiente de un río, que se forma con muchos arroyos, ríos mayores, menores, hasta que todas las corrientes se juntan en una. Y aquí toda una serie de corrientes educacionales se juntan en una, y por eso prácticamente lo que tenemos esta noche es una inundación (RISAS). Se puede decir que se ha desbordado ese río que representa este movimiento revolucionario en la educación. A su vez este río grande va a desembocar en el otro mayor, que es todo el enorme esfuerzo nacional de educación que se está haciendo.
Pero bien: puede decirse que uno de los más representativos de todos, es este; y una de las cosas en que mejor se puede apreciar el progreso de la Revolución: lo que la Revolución ha ido ganando en organización, en eficacia, lo que ha ido ganando en experiencia, lo que ha ido ganando en cuadros. Porque es verdaderamente increíble cómo se han ido multiplicando los cuadros que han ido integrando este movimiento educacional.
En primer lugar, esta graduación ya se caracteriza por su diferencia con las anteriores. Las anteriores — que habían constituido un gran esfuerzo de organización y de trabajo—, sin embargo, han sido superadas totalmente por este acto de hoy.
Les voy a contar que fue un problema escoger dónde se iba a dar este acto, en primer lugar porque era el más grande; nunca se había llegado a dar un curso tan grande como el de esta vez, que eran cerca de 10 000 campesinas, de las cuales terminaron el curso 9 230; un porcentaje altísimo. Eso, al mismo tiempo, revela otra cosa: cómo todo el campesinado va evolucionando también. El número de campesinas que después querían regresar era mucho mayor en los primeros cursos.
Pero, bueno, el hecho es que en esta ocasión eran 10 000. Pero ¿dónde damos el acto? Los actos anteriores se habían dado en el teatro “Blanquita “, ¿pero este dónde? Y me propusieron este sitio. Realmente yo puse algunas objeciones... Ustedes dirán: “Bueno, ¿qué derecho tiene Fidel a poner objeciones?” Bueno, pues, un cierto derecho que me da el que me hacen invitado obligado — y además gustoso— a este tipo de acto. Y realmente en este sitio era un poco difícil hacer estos actos: las tribunas estaban allá (Hace un gesto), entonces en este semicírculo...; porque esto se hizo para boxeo, para circos, para toda una serie de cosas, no para graduaciones.
Sin embargo, estuvimos buscando lugares: el estadio universitario, no cabían; la escalinata de la universidad, no podía ser por las características del acto y las representaciones que iban a hacerse aquí. Y entonces, por fin, transigí, y dije: “Bueno, entonces si no caben en otro sitio, que sea en la Ciudad Deportiva, pero la arreglan.” Y entonces ya habían resuelto los problemas técnicos y todo, y realmente este acto es una perfección; y ya va a ser difícil superar este acto, aunque ya yo no dudo nada.
Y así, se ha caracterizado por el orden, la disciplina, las reacciones de todos; pero se ha caracterizado además por otras cosas, porque están presentes aquí una serie de factores que no estaban la última vez, y que indican el gran salto de calidad que se ha logrado prácticamente en dos años.
Entonces, un poco para que el pueblo comprenda bien cuáles son los factores de ese movimiento educacional y qué factores son los que están representados aquí, aunque todos estamos — los de aquí— enterados perfectamente quiénes estamos aquí, sin embargo es bueno que el público sepa quiénes están y que lo sepan concretamente; porque son tantas las escuelas, tantos los tipos de profesores, que hay alguna gente que no puede seguir esto si no se lo explican bien.
Hay que explicar quiénes están presentes: está la gran masa, que son las 9 230 alumnas campesinas que acaban de finalizar un curso de 11 meses aproximadamente; los cursos anteriores habían durado seis meses. En los cursos anteriores solamente estudiaron una cosa las alumnas campesinas: estudiaron corte y costura, y alguna instrucción general, orientación revolucionaria; en fin. Esta vez no se hizo eso; esta vez se hizo una selección por vocación, aptitudes, deseos de las propias campesinas, que querían estudiar.
Y hay una cosa muy significativa también: en los primeros cursos todas venían muy contentas a estudiar corte y costura; pero esta vez cuando les preguntaron, la mayoría dijo: “No, corte y costura no.” (RISAS) Querían estudiar toda una serie de cosas; ya se había producido una verdadera evolución en la mente de las muchachas campesinas, entre las primeras y las últimas; ya estaban preocupadas por toda una serie de cuestiones. Pero, además, había otra circunstancia que permitía esto: las que vinieron el primer año tenían un nivel escasamente de 2do grado — las que tenían más alto nivel—; las que vinieron ya el tercer año, el cuarto año de Revolución, ya había muchas en 3er grado, y algunas también en 4to grado. Esto demostraba el resultado de las escuelas que se organizaron en las montañas y cómo ya cuando venían miles de campesinas, entre esas miles de campesinas había muchas que estaban en 3er grado, y algunas en 4to. En las del año que viene ya habrá un porcentaje más alto que este año en 4to y más alto que este año en 5to, porque es el resultado de todas las escuelas que se organizaron en las montañas.
Es muy curioso ver cómo se sigue el gráfico, el ascenso de la instrucción y de la educación en el campo, pero principalmente en las montañas. Y, desde luego, donde más difícil era, era en las montañas, ¡porque encontrar a un maestro para ir a la montaña no era cosa fácil! Nos encontramos con ese problema al principio de la Revolución, pero de eso quiero hablar después. Entonces, están las 9 230 alumnas campesinas; están las alumnas graduadas y las del tercer año del Instituto Pedagógico “Makarenko”, el primero; porque ahora les vamos a explicar otro cambio. Porque esto viene muy de acuerdo con la dialéctica, viene muy de acuerdo con la dinámica de la Revolución: hoy es de una forma y mañana ya ha evolucionado y ha derivado en otra forma nueva. Y de veras que se puede hacer una verdadera clase de dialéctica analizando todo este proceso. ¿Por qué? Porque ahora hay un Instituto Pedagógico “Makarenko” que va de tránsito y uno que empieza. Por eso están aquí 1 000 alumnas aproximadamente, cerca de 1 000 de ese instituto, 300 que ya terminaron y unas 700 que entran en el tercer año.
¿Quiénes son estas compañeras? Son compañeras que participaron en la campaña de alfabetización hace dos años, entre las cuales se hizo una selección para organizar esa escuela, ese instituto pedagógico, además de la escuela de Minas del Frío y de la escuela de Topes de Collantes.
Todo esto tiene una explicación, pero para seguir el orden: además de las alumnas del instituto pedagógico están los alumnos y las alumnas del instituto que comienza, y que es la continuación de los estudios que hicieron en Topes de Collantes. Son aquella gente que está por allá arriba. Tengo que hablar de ellos también y hacerles algunas críticas.
Está otro grupo que es muy importante, fueron las semillitas —porque hay que seguir el hilo este para poder dar con el ovillo—, y esas son las instructoras revolucionarias. A su vez, ¿de dónde salieron las instructoras revolucionarias? ¡Esto llega más lejos todavía! Salieron de las maestras voluntarias que se reclutaron para un curso especial para ir a enseñar a las montañas. Esta es una familia grande que se ha multiplicado.
Al principio de la Revolución no había maestros para las montañas, era difícil; porque también la mayor parte de los maestros procedían de las ciudades. Claro está que en las montañas no había ni escuelas primarias, ¿cómo iban a salir maestros de las montañas?; y en el campo las escuelitas de 1ro y 2do grados, y se acabó.
Las escuelas normales estaban en las ciudades, y naturalmente todos los cuadros profesionales para la enseñanza que salían de las ciudades, era muy difícil que se adaptaran a la vida del campo. Y hay muchas historias sobre el trabajo, de cómo funcionaban las escuelas; algunas escuelas funcionaban muy bien, pero otras funcionaban mal. Había maestras muy cumplidoras en algunas escuelas del campo; pero había otras que iban el miércoles y regresaban el jueves, también. Yeso en el campo, no en las montañas.
Yo nací y viví en el campo, y fui a una de esas escuelitas al principio; y allí no era muy lejos, desde luego, el ferrocarril estaba a cuatro kilómetros; pero una escuela en La Plata, en Ocujal, en Palma Mocha, en Caguara, en Gaviro, en San Lorenzo, en Caracas y en todos estos sitios de la Sierra Maestra es una cosa muy difícil, porque allí se está a días de distancia de cualquier comunicación.
Entonces, fue necesario hacer un llamamiento a la juventud, de estudiantes de bachillerato, de la universidad o de las escuelas de comercio que quisieran incorporarse a la enseñanza. Y para probarlos organizamos la escuela en las Minas del Frío. Entonces, allí pasaban por una prueba de un curso de varios meses, incluso tres ascensos al Turquino. Porque a nosotros la Revolución, la guerra, la lucha en las montañas nos enseñó que las montañas eran una prueba muy dura y muy buena, y los que no tenían temple para las montañas terminaban siempre inventando algo para regresar al llano o para abandonar la lucha. Y algunos lo confesaban francamente: “No puedo resistir.”
Y, entonces, utilizamos la montaña y, sobre todo, un ambiente de montaña, que era la zona donde iban a trabajar.
Y así se organizaron tres cursos donde estudiaron miles de jóvenes y de donde salieron miles de maestros. Pero de entre los alumnos de aquellos cursos hicimos una selección y organizamos la escuela de instrucción revolucionaria “Conrado Benítez”: luego las instructoras “Conrado Benítez” son una selección de los maestros voluntarios, de los que pasaron el curso de las Minas del Frío y después estudiaron aquí, recibieron un curso especial en que se les capacitó para su trabajo como instructoras revolucionarias y, al mismo tiempo, como maestras, para trabajar en las escuelas nocturnas de domésticas.
Mientras, por otra parte, los demás maestros voluntarios continuaron en las montañas y hoy constituyen la brigada de maestros de vanguardia “Frank País”, y que la brigada está integrada, fundamentalmente, por aquellos maestros voluntarios, y que hoy día constituyen uno de los más poderosos brazos educacionales con que cuenta nuestro país, porque realizan un trabajo muy importante y duro de hacer, que es la enseñanza en las montañas, que están realizando bien y con un gran entusiasmo. Esos maestros vienen todos los años, los trae el Ministerio de Educación y organiza cursillos con ellos.
Ahora bien, las instructoras revolucionarias “Conrado Benítez” dividieron su trabajo entre la enseñanza nocturna y la organización del instituto pedagógico “Makarenko “. Pero, a su vez, y por la eficacia de su trabajo, fueron seleccionadas para organizar los albergues de becados: pero, a su vez, en el instituto pedagógico “Makarenko “ se seleccionaron 300 de las mejores alumnas para hacer el curso en dos años e ingresar ya en la universidad.
Pero, ¿cuál fue la razón de esa selección y de ese curso especial? Se la voy a decir: venían, por otra parte, otras escuelas de maestros, las Minas del Frío y Topes de Collantes. El primer contingente que ingresó hace dos años en Topes de Collantes eran brigadistas alfabetizadores: el segundo contingente ya provenía de las Minas del Frío, porque en las Minas del Frío, donde está la escuela vocacional donde están un año, es allí donde se instruyeron los maestros voluntarios, allí donde estaba nuestra escuela de soldados en la guerra. Esa es la tradición que tienen las Minas del Frío.
Entonces resultaba que ya este año, o en este próximo curso, venían cerca de 1 500 alumnos — o habíamos calculado eso— de Topes de Collantes para empezar a estudiar el segundo ciclo, porque educación había dividido la formación de maestros en dos ciclos: primer ciclo y segundo ciclo; dos años y dos años, es decir, un año en las Minas del Frío, dos años en Topes de Collantes y después un segundo ciclo.
Pero en el ministerio habían pensado al principio que los alumnos, ya graduados del primer ciclo, fuesen a dar clases un año o dos, para sustituir a los maestros voluntarios de las montañas, porque ya iban a llevar allí tres años. Pero entonces, discutiendo nosotros con el ministerio, planteamos la conveniencia de que no se interrumpiera la educación, y que los alumnos del primer ciclo continuaran con el segundo ciclo, porque si no muchos de los que iban ya como profesionales a enseñar iba a ser difícil que después continuaran, siempre íbamos a tener el mismo problema: maestros de una categoría y maestros de otra categoría, maestros de primer ciclo y maestros de segundo ciclo.
Pero para ello hacía falta que alguien diera las clases en las montañas. Y ese es el gran servicio que le ha prestado a la educación la brigada de maestros “Frank país “, porque estuvieron dispuestos a estar dos años más, lo cual nos permitía que esos compañeros vinieran de Topes de Collantes y estuvieran dos años más, y cuando se gradúen ya se gradúen con capacidad para enseñar hasta 6to grado. Y eso lo hemos podido hacer gracias al sacrificio de los maestros de la Brigada de Maestros de vanguardia.
Ahora bien, comenzaban a estudiar estos compañeros que venían de Topes de Collantes en el instituto pedagógico. ¿Quiénes iban a ser sus maestros? Y esto era muy importante: ¿Quiénes iban a ser sus maestros? Y, aparentemente, no quedaba otro camino que sus maestros fuesen viejos profesores.
No es que al decir viejos profesores digamos malos profesores. Hay muchos y muy buenos profesores, pero aquí nos encontrábamos con que estábamos creando una nueva generación de maestros, y nos propusimos el esfuerzo ambicioso de que los maestros de los maestros salieran de esta misma generación revolucionaria.
Eso parecía muy difícil, eso parecía casi un imposible y, sin embargo, se ha logrado. ¿Cómo? Mediante la selección que se hizo de las 300 alumnas, las cuales ya ingresan en la universidad, y de las 300 se han seleccionado los maestros —naturalmente que asesorado por un equipo técnico de gran experiencia—, pero ya los maestros de los alumnos de Topes de Collantes son graduados del instituto pedagógico “Makarenko “, es decir, entre estas 300 compañeras.
Todo esto es más fácil de decir que de hacer, porque cuando se hacen estas cosas verdaderamente revolucionarias se choca con muchos prejuicios, se choca con determinadas corrientes, se choca con determinados celos profesionales.
Y así, cuando se hizo el llamamiento para los maestros voluntarios al principio, se chocó con el celo profesional de los maestros normalistas. Todos los maestros normalistas, que eran miles y decenas de miles —entre ellos había 10 000 que estaban sin empleo— no nos podían resolver el problema de las montañas, porque no había personal suficiente dispuesto a marchar a las montañas. Pero cuando se hizo una escuela en las montañas para preparar ese personal, surgieron celos de tipo profesional; y vieron en esos maestros algo así como unos intrusos de la profesión.
Costó trabajo y hubo que vencer obstáculos, resistencia, pero fue adelante la escuela, se resolvieron los problemas y hoy esos maestros son maestros de vanguardia.
Cuando se habló de quiénes iban a ser los profesores del instituto pedagógico, es decir, de los alumnos que venían de Topes de Collantes, también topamos con prejuicios respecto a estas compañeras, entre las cuales yo estoy seguro de que se encuentran insuperables maestras, insuperables profesoras. Y la vida nos va a dar la razón.
Pero en este caso los prejuicios vinieron de dos vertientes: la vertiente profesional, que posiblemente se preguntaban qué iban a enseñar esas chiquillas, que con qué capacidad; y, por otro lado, una inesperada corriente también, la de los que no eran profesionales sino aspirantes a profesionales, los alumnos de Topes de Collantes. ¿Qué les parece?
Estos compañeritos y compañeritas vinieron de Topes de Collantes —donde me habría gustado hacerles una visita antes de que terminaran y que por otras actividades no pude hacer, a los otros que están allá sí los pude visitar en las Minas del Frío— vinieron con un millón de prejuicios respecto a quiénes iban a ser sus maestros.
Y esto es curioso, porque quizás a ellos les quieran pagar con la misma moneda el día que muy jóvenes los manden a enseñar también en una escuela o les asignen una tarea importante. Realmente era doloroso que de los jóvenes y jóvenes aspirantes a maestros, vinieran impugnaciones hacia los jóvenes y jóvenes aspirantes a profesores.
¡Pero, qué bien hicimos en no enviar a estos compañeros a enseñar después de terminar el primer ciclo! Qué bien hicimos, porque no estaban ni suficientemente maduros ni suficientemente preparados. Los alumnos de la escuela de Topes de Collantes vienen todavía con deficiencias que exigen la necesidad de duplicar el esfuerzo, hacer un esfuerzo aún mayor, tanto en la parte docente como en la parte de orientación ante la vida, para que no vuelvan a incurrir en esas erróneas actitudes e injustas actitudes.
Es necesario que la escuela de Topes se supere. Y ya es hora de que estas cosas se digan aquí en público y ante el pueblo, porque en las reuniones solo, no basta. Antes de Topes está la escuela de Minas del Frío, y la escuela de Minas del Frío es una formidable escuela, formidable escuela. De esa escuela han estado saliendo, los últimos dos años, cerca de 2 000 alumnos para Topes. Pero este año ingresan 7 000 en las Minas del Frío, 7 000.
El ciclón nos hizo algún daño por allá, pero mientras reconstruimos las Minas del Frío, están ya dando clases en Varadero. Desde luego que nosotros nunca habíamos pensado que los vocacionales para maestros empezaran por Varadero, sino por las montañas, y van para las montañas en enero. Por necesidad, el curso se está dando allí, pero ya son 7 000. Quiere decir que el año que viene ingresarán en Topes, por lo menos, 6 000, 6 000 alumnos procedentes de las Minas del Frío. Con 6 000 el año siguiente, tendremos en Topes entre 10 000 y 12 000 alumnos, la escuela llamada del primer ciclo; calculen si tienen que superarse o no.
Ahora bien, entre esos 7 000 ya hay más de 500 campesinas. ¿Dónde se prepararon? En otra escuela que está antes de llegar a Minas del Frío, que es la de San Lorenzo. La de las Minas del Frío se llama vocacional y la de San Lorenzo se llama prevocacional; muchachas campesinas que querían estudiar para maestras pero no estaban todavía en 6to grado, y allí hicieron su 6to grado.
Ahora bien, además de las más de 500 alumnas que vienen de San Lorenzo, van a ingresar también ahora en enero varios cientos de las compañeras que están aquí graduándose hoy, también en la escuela de las Minas del Frío.
Y entre las Minas del Frío y San Lorenzo —porque algunas de ellas van a la prevocacional—, es decir, entre las que ingresan en la prevocacional y en la vocacional, van 1 300 campesinas de las montañas. Véase bien, ya no son de la ciudad para las montañas, ya se trata de futuras maestras surgidas de las mismas montañas, de entre la población campesina. Y eso sí que es, en su conjunto, una verdadera revolución.
Entonces, se preguntarán algunos: “¿Cuántas escuelas hay? “ Hay todas las que he dicho, pero mejor vamos a decir, para que se entienda mejor, cuáles van a quedar: primero las prevocacionales en las montañas —estas prevocacionales son para campesinos que quieran estudiar para maestros, porque hay otros que van a estudiar para maestros que proceden de las ciudades—, es decir, va a haber una allá en San Lorenzo y dos más, porque vamos a tener otra en Las Villas, y tengo entendido que se va a organizar otra en Pinar del Río, tres prevocacionales.
La escuela vocacional de las Minas del Frío, donde ingresarán de 6 000 a 7 000 alumnos por año; después de cursado el primer año pasarán a la escuela de Topes de Collantes, donde hacen sus primeros dos años, y después pasarán al instituto pedagógico, donde harán los últimos dos años. Luego, este instituto transitorio, se convierte — que estaba localizado este instituto allá en el antiguo Villa Nueva— en una escuela mayor, más amplia, que estará en Tarará. Esa escuela se irá nutriendo con los que vienen de Topes; escuela que, a su vez, se nutre de los que vienen de las Minas.
De manera que ya tenemos unos 1500 — yo no sé exactamente cuántos son los que están en este momento en el instituto—, 1250, es decir, hubo bajas académicas en todo ese proceso. El año que viene ingresará más o menos, un número igual, y quizás algo mayor; el otro año también una cantidad más o menos similar; dentro de tres años ingresarán los que ahora están en las Minas del Frío, que sí ya es una gran masa de estudiantes.
Pero, en fin, los alumnos que ya vayan saliendo del instituto pedagógico después irán sustituyendo a los maestros de vanguardia. Y así, hasta el día en que tendremos un verdadero río desbordado de maestros. Y cuando aquí parezca que vayan a sobrar maestros — y aquí nunca van a sobrar maestros—, siempre puede surgir la posibilidad de algún pueblo hermano de Latinoamérica que se libere del imperialismo, y nos pida que le enviemos maestros. Pero, en fin, graduaremos anualmente 6 000 maestros a partir de 1968; estaremos graduando 6 000 maestros, pero maestros ¡maestros! Maestros, que son cinco años estudiantes en internado; mas no acaban aquí todas las características peculiares de esta organización. ¿Quién le dio clases a las campesinas, a las 10 000 campesinas? Las alumnas del instituto pedagógico “Makarenko” fueron las maestras de las campesinas. Luego estas compañeras llevan dos años estudiando y enseñando, estudiando y trabajando, combinando el estudio con el trabajo. No vaya nadie a creer que estas compañeras, aunque residen en Siboney, son unas niñas mimadas ni aristócratas; estas compañeras estudian y trabajan. Pero voy a decir algo más: no crean que estas compañeras les cuestan un centavo a la república, estas compañeras se pagan a sí mismo con creces lo que cuestan en los presupuestos de la república, ¿qué les parece? El valor de los servicios de instrucción que ellas han realizado con estas campesinas, está valorado aproximadamente en un millón de pesos, lo que habría costado si en lugar de las alumnas del instituto pedagógico hubiesen sido maestros profesionales, un millón de pesos.
Sin embargo, ese instituto no le cuesta al presupuesto de la república un millón de pesos, sino menos. Luego tenemos, realmente, un impresionante ejemplo de lo que son las formas revolucionarias y nuevas de la educación, que no es la educación puramente teórica, sino la combinación de la teoría con la práctica, del estudio con el trabajo, y de ahí la calidad que nosotros esperamos de estos futuros profesores.
Y por eso, la seguridad que tenemos de la eficacia con que van a desempeñar su papel en el instituto pedagógico que se inicia, que será el definitivo, y donde esos compañeros comienzan. Pero los compañeros, quienes se dejaron llevar de prejuicios, los compañeros procedentes de Topes de Collantes, que se dejaron llevar por prejuicios, sepan que esas 10 000 campesinas, maravillosamente organizadas, instruidas y preparadas, fueron organizadas, preparadas e instruidas por las alumnas del instituto pedagógico “Makarenko”, auxiliadas por las instructoras revolucionarias y por los equipos técnicos de esa sección. Y posiblemente nunca — sí, posiblemente—, nunca en la historia de nuestro país se ha logrado en un tiempo récord lo que se ha logrado con estas 10 000 campesinas.
Baste decir que, por ejemplo, de estas compañeras hay actualmente... Bueno, iba a decir el número, este es un dato que tiene algún interés... Una serie de datos estadísticos... (ELENA GIL EXPLICA AL COMANDANTE LOS DATOS ESTADISTICOS).
Me faltaba una dimensión de los cuadros estos.
Aquí tenemos, por ejemplo, que había 1 255 analfabetas, porque era precisamente en las zonas de las montañas donde fue más difícil realizar la campaña de alfabetización. De ellas hay 182 que fueron las únicas que no aprobaron; hay 200 alfabetizadas, 562 en 1er grado, 219 en 2do, 87 en 3ro y 5 en 4to.
Para que ustedes vean cómo las inteligencias van destacándose, y además de las inteligencias, el tesón, la voluntad de campesinas que, siendo analfabetas, están en 4to grado; son 87 en 3ro, 5 en 4to.
Alfabetizadas había —alfabetizadas, es decir, simplemente que aprendieron a leer y a escribir— 2116 que llegaron. Hay 635 en 1er grado, 1 167 en 2do, 249 en 3ro, 7 en 4to. Había 2 885 de 1er grado; hay 1 079 en 2do,1 519 en 3ro, 151 en 4to, una en 5to. Vinieron 2138 de 2do grado; hay 85 en 2do, 757 en 3ro, 1131 en 4to, 119 en 5to, 46 en 6to. Seiscientas noventa y una de 3er grado; hay de ellas, 366 en cuarto, 56 en 5to, 168 en 6to. Ciento seis de 4to grado; han llegado 90 a 6to grado. De un total de 9 230 campesinas que hicieron sus exámenes.
Ahora: de esas compañeras, ¿cuántas se han seleccionado? Cerca de 4 000 para seguir los estudios de otro tipo. Es decir, ingresarán entre la escuela vocacional y la escuela prevocacional, para el magisterio, 1 316; para auxiliares de enfermeras, 675; escuelas tecnológicas, 232; secundaria básica,173; asistentes dentales, 51; comercio, 44; mecanografía, 18; instituto de artes, 16; telegrafistas, 11; para contador público, 4; para medicina, 3; que son las que habiendo expresado sus deseos de estudiar, se ganaron el derecho por sus méritos, por su conducta, por su dedicación al estudio, a estudiar, a continuar los estudios.
Es decir, 2 557 ya con estudios específicos, inclinadas hacia determinados estudios, que ya desde ahora han expresado sus deseos. Y un número aproximadamente de 1 500 más, que van a seguir estudiando en las escuelas de instrucción primaria; es decir, que de las 9 230 campesinas, 4 000 van a proseguir sus estudios.
Es decir, no solo han recibido un año de instrucción, no solo han recibido todos los conocimientos que ha significado para ellas este año, sino que han adquirido la oportunidad de seguir estudiando. El año que viene vendrán otras 10 000 campesinas. Hay incluso una campesina que quiere estudiar piano.
Esto da una idea de lo que significa para nuestro país este esfuerzo, la trascendencia que todo esto tiene. De manera que 2 557 campesinas, muchas de las cuales estaban en 2do, 3er grado, 1er grado o eran analfabetas, van ya a realizar todas estas series de estudios.
Mientras, por otro lado, miles de jóvenes de las montañas también están estudiando en la ciudad escolar “Camilo Cienfuegos “, otros están estudiando en la escuela de mecánica, otros están estudiando en escuelas de agricultura. Porque lo que ha hecho la Revolución es ir encaminando la masa de jóvenes campesinos hacia distintos estudios, hacia distintas actividades, según su vocación y según las facilidades que tienen para los distintos estudios. Es decir, son muchachas y muchachos. Se hacía más difícil, ¿qué oportunidades se les iban a dar a las muchachas, qué estudios iban a realizar? Y véase cómo se ha resuelto ese problema, y cómo hay 2 557 ya que van a ser encaminadas a distintos tipos de estudios.
¿Y quiénes han hecho este esfuerzo? ¿Quiénes han logrado esa proeza? Estudiantes de pedagogía, o mejor dicho, estudiantes del instituto pedagógico que, a su vez, engrosan ahora las filas de la universidad en un número de 300. Porque estas compañeras que un día fueron brigadistas alfabetizadoras, que participaron en la histórica campaña de alfabetización, que después fueron alumnas y a su vez maestras, y que ahora ya van como alumnas de la universidad, y profesoras, llegarán a tener un título universitario. Y cuando adquieran ese título universitario dentro de cuatro años, que era la antigua facultad de pedagogía, ya tendrán siete años de estudios y siete años de práctica.
Y esa es, así es la generación de profesores que la Revolución quiere formar, y la generación de maestros que la Revolución quiere formar. Y por eso creo que esta era una buena oportunidad de hacerles una crítica a los compañeros que tuvieron prejuicios para con los jóvenes. Y creo que los hechos valen más que las palabras; hay algunos incrédulos que hasta que no ven las cosas no las creen. Si por eso fuera, no habrían ni revoluciones, ni progresaría la humanidad. ¡La humanidad progresa por los que tienen fe, y por los que tienen confianza en el futuro y, sobre todo, por los que tienen confianza en la juventud, y por los que comprenden que en la juventud está la materia prima del gran futuro de la patria! Y por eso esta juventud hay que atenderla y hay que dedicarse a ella con esmero. Y esa juventud tiene que ser enteramente nueva en su concepción de la vida, en su actitud ante todas las cosas y, sobre todo, en su actitud ante el trabajo, ante sus deberes; porque en eso está la esperanza de la sociedad futura que queremos hacer.
Y, en realidad, nuestra Revolución se puede sentir orgullosa de estos éxitos; nosotros sabemos la velocidad que llevamos. Mientras los enemigos de nuestra Revolución pronostican, que la Revolución se hunde, y sueñan con que la Revolución sea un fracaso, y hacen sus campañas y sus planes, nosotros sabemos la velocidad que la Revolución lleva; y eso es lo importante. Claro está que ya ni siquiera resiste la comparación el estado de la educación de ningún país de América con la de Cuba. Esos señores que tanto “cacarean” su democracia representativa, no sé cómo podrán, dentro de algunos años, encarar el contraste entre lo que será Cuba y lo que serán los países que no han tenido la suerte de Cuba.
Claro está que los imperialistas en sus periódicos no se cansan de publicar cosas tales como que la gran desgracia de Cuba ha sido la Revolución. Esa es la campaña que riegan por todo el mundo, por todos sus medios: sin embargo, ¡qué abismal diferencia entre el ayer y el hoy! ¡Qué abismal diferencia de lo que sucede en otros países, donde las universidades están cerradas, donde los institutos están cerrados!
Y ahí tienen el caso de Venezuela, cuyo gobierno es hoy el instrumento principal del imperialismo yanqui en sus planes de agresión contra nuestra patria; allí están cerradas todas las universidades y todos los institutos. Acaban de celebrar su gran farsa electoral, a la cual la prensa yanqui ha dedicado extraordinarias loas; comedia electoral sobre sangre y sobre terror. Y nosotros sabemos lo que son esas comedias electorales, porque eso lo sabe, incluso, cualquier joven entre estas 10 000 campesinas. Porque —aunque jóvenes— tuvieron tiempo de ver lo que era la política en los campos, cómo al campesino le recogían su carné electoral para poderle dar ingreso en un hospital; saben cómo toda esa política se basa en el compadrazgo, en la corrupción, en el soborno, en la compraventa de cédulas electorales, y cómo el más insignificante servicio solo podían lograrlo los campesinos entregando su cédula electoral y la de toda su familia, o comprometiéndose a votar en un colegio donde sabían si iban a votar o no, porque allí estaban los sargentos políticos haciendo el conteo.
¿Y había que entregar la cédula electoral aquí acaso para conceder una beca? No, una beca, ¡ni soñarlo!; para atender a un moribundo en un hospital, para atender a un moribundo en un hospital había que llevar la cédula electoral y comprometer el voto. No a uno, a decenas de miles, a cientos de miles, a millones de ciudadanos la Revolución les ha brindado asistencia médica. Y este mismo ejemplo, ¿a qué padre de cualquiera de estas jóvenes campesinas le han pedido el carné electoral, o la cédula electoral?
Porque es que toda aquella “mojiganga “ ha desaparecido para siempre de la historia de nuestra patria, donde ya no existe el régimen de los terratenientes y de los burgueses explotadores que acudían a todos esos artificios para mantener en la ignorancia, en la ignorancia al pueblo, en la miseria al pueblo, en la explotación al pueblo. Véase cómo en el mismo Caracas, donde hay más instrucción, se hace más difícil el fraude y la compraventa de votos, se hace más difícil la acción de las maquinarias políticas, que allí los candidatos del imperialismo, el candidato del imperialismo queda en los últimos lugares.
A Cuba la acusan de la Revolución en Venezuela, a Cuba pretenden echarle la culpa los imperialistas del estado de rebelión que hay en Venezuela; los imperialistas y sus peores y más serviles, y más miserables lacayos acusan a nuestra patria de promover la subversión. Pero es que si la subversión pudiera promoverse, ¿cuál sería nuestra situación? Contra la Revolución han promovido la subversión los imperialistas, y una serie de países lacayos han tratado de promoverla con sus cientos de millones de dólares, con todos los recursos técnicos y la experiencia de la CIA; han tratado de crear una situación de inestabilidad y de rebelión en nuestro país. Y, sin embargo, ¿qué resultados han logrado? No hay una sola universidad cerrada, no hay un solo instituto cerrado, no hay una sola escuela cerrada.
Y es que nosotros, los hombres de la Revolución, podemos ir a la universidad a reunirnos con los estudiantes, como podemos ir a las montañas a reunirnos con los campesinos, como podemos ir a las fábricas a reunirnos con los obreros, identificados plena y totalmente con los intereses de la nación, con los intereses del pueblo.
Y por eso, ni cientos, ni miles de millones de los imperialistas, ni todo el extraordinario esfuerzo de ellos y sus lacayos, han podido conmover la Revolución; esa es la prueba de que la subversión o la rebelión, la rebelión no se puede promover desde el exterior.
¿Cómo entonces pueden acusarnos a nosotros — que no tenemos esos recursos, que tenemos que luchar duramente para defendernos del bloqueo económico, que estamos a miles de kilómetros de distancia de Venezuela— cómo se nos puede acusar a nosotros de promover la rebelión en Venezuela? ¿Quién puede creer eso? Los incautos, los cretinos, los cretinos por naturaleza o por obligación; los obligados a aceptar todas las versiones de los imperialistas, los acostumbrados a leer las mayores insensateces en los periódicos reaccionarios todos los días.
Y así, lo que hay en Venezuela — que solo puede ser producto de la inconformidad, que solo puede ser producto de la impopularidad, que solo puede ser producto de la entrega a los intereses imperialistas—, la rebelión de Venezuela tratan de achacársela a Cuba. Pero la rebelión allí tiene causas fáciles de comprender: el país es saqueado por los monopolios yanquis, 4 500 millones de dólares tienen invertidos los monopolios yanquis en Venezuela, el país es saqueado inmisericordemente, a los venezolanos les llevan su hierro y su petróleo, sus recursos naturales.
Y es lógico que el pueblo esté inconforme, es lógico que los jóvenes estén inconformes, es lógico que haya rebeldía. Y esa no es nuestra situación. ¿Por qué? ¿Por qué aquí reacciona distinto el estudiante, el trabajador? ¿Por qué? Porque saben que ya no queda aquí una sola empresa yanqui, porque saben que el país es dueño de sus recursos, porque saben que el pueblo es dueño de sus riquezas. ¡Y cuánto no tiene que dolerle a cualquier ciudadano ver sus riquezas en manos de monopolios extranjeros! Esa es la única y la verdadera causa de la rebelión; y es lógico que los imperialistas se nieguen a reconocer esas verdades, y por eso traten de presentar a Cuba como culpable de todas las rebeliones.
Y no solo eso, no solo eso, sino que siguen fraguando maniobras contra nuestro país; hablan, incluso, de intervenciones militares. El señor Betancourt —sanguinario tirano, miserable vendepatria, que ha vendido su alma a los monopolios yanquis— amenaza que si no hay bloqueo contra nosotros se reserva el derecho de tomar medidas unilaterales. Pero, ¿con qué cuenta el señor Betancourt? Betancourt y todos los lacayos del imperialismo juntos, no duran 24 horas invadiendo aquí nuestro país; es decir, ¡las fuerzas de Betancourt y de todos los lacayos, no nos duran ni 24 horas si intentan una invasión, una intervención militar a este país! Luego, ¿con qué cuentan cuando hablan de bloqueos y cuando hablan de agresiones militares? ¿Con qué están contando? Con la infantería de marina yanqui, están contando con la infantería de marina yanqui; es decir, están azuzando a los yanquis a que nos invadan, están azuzando a los yanquis a que nos ataquen. ¡Y qué descarados! ¿Qué invocan como pretexto? Unas armas supuestamente aparecidas en las costas de Venezuela. Entonces dicen que algunas armas tenían el escudo de Cuba borrado y que otras armas eran bazucas, cañones sin retroceso, morteros... ¿Pero acaso morteros cubanos? ¡No! Morteros yanquis, bazucas yanquis, cañones sin retroceso yanquis, armas que nosotros no fabricamos, armas que nosotros no compramos. La CIA tiene armas cubanas, la CIA tiene armas cubanas, de numerosos casos de deserciones, armas robadas — es decir en algunos casos de deserciones—, armas robadas, elementos contrarrevolucionarios que se han llevado armas de Cuba; así que incluso no tiene nada de extraordinario que la CIA pueda manipular armas de Cuba.
Han designado una comisión investigadora en ese organismo desprestigiado y anacrónico que es la OEA. Pues bien: que investiguen bien la procedencia de esos cañones y que investiguen bien la procedencia de esos morteros, y que investiguen bien la procedencia de esas bazucas, que son de la CIA... ¡Que son de la CIA! Que les hagan las pruebas de laboratorio, que les busquen las marcas, que les busquen los números, y que averigüen de quién son y solo podrán comprobar una cosa: que son de la CIA.
¿Acaso intentan condenar a Cuba porque aparezcan armas de la CIA en Venezuela? Pero, ¡ah!, ¿nos van a bloquear? Dicen que para que no enviemos armas a los movimientos revolucionarios. ¿Eso quiere decir que nos bloquean alegando que de aquí salen armas? ¿Y en cuatro años que han estado introduciendo armas clandestinamente aquí los imperialistas no han hablado de bloqueo para impedir que metan esas armas en Cuba? ¿Qué lógica es esa? ¿Qué moral es esa? Reunión de la OEA acusándonos de remitir armas a otro país. ¿Y cómo en cuatro años no han acusado a Estados Unidos? ¿Cómo Estados Unidos ha realizado infinidad de ataques piratas por mar y por aire, han introducido miles de armas, han perpetrado toda clase de fechorías, han invadido nuestro territorio; las bases han estado en Nicaragua, en Guatemala, en Costa Rica y Honduras, se han entrenado en Venezuela, en Puerto Rico, en todos los países alrededor de nosotros...? ¿Cómo van a venir ahora con el argumento de que hay que bloquear a Cuba y agredir a Cuba porque aparezcan unas armas de fabricación yanqui en las costas de Venezuela? ¡Tienen que ser muy “cariduros” estos señores y tienen que ser muy desvergonzados estos señores!
¿Y quién pide eso? Esa celestina, que es el señor Rómulo Betancourt. ¿Y a quién le pide? En primer lugar a Estados Unidos, a los Somoza, a los organizadores de expediciones contra nosotros, a los que han estado cuatro años organizando la subversión contra nosotros. ¿Y quién le pide? Ese mismo Betancourt que se ha cansado de patalear cada vez que ha habido un golpe de Estado, para poder mantener una cierta “hojilla de parra” con qué encubrir sus desvergüenzas morales. Cuando ha habido un golpe de Estado en Santo Domingo, ha clamado porque se intervenga en Santo Domingo; cuando ha habido un golpe de Estado en Honduras, y en Guatemala, Betancourt ha pedido medidas contra esos militares; y ahora Betancourt, el cínico de Betancourt, convoca a los representantes de esas mismas juntas militares para que ataquen a Cuba.
Y desde luego, desde luego, que las cosas han cambiado mucho. Atacar a Cuba es una cosa que no es tan fácil; y bloquear a Cuba es una cosa que no es tan fácil, porque nosotros tenemos con qué defendernos y tenemos con qué defendernos sean quienes sean quienes atacaran a nuestro país.
Estamos tranquilos, sabemos lo que tenemos para defendernos, sabemos con qué contamos para defendernos. Pero, al escuchar cómo algunos de estos lacayos del imperialismo hablan de invadir a Cuba tranquilamente, cuando apenas ha transcurrido un año de la Crisis de Octubre, nos están dando una vez más la razón y están explicando una vez más el porqué de las medidas defensivas que tomó Cuba y que dieron lugar a la Crisis de Octubre.
Porque, ¿por qué nadie se puede sentir con derecho a estar hablando de invadir a Cuba? Hablan de invadir a Cuba porque creen que sus pellejos van a estar tranquilos, van a estar sin riesgos. Por eso. Por eso lo más fácil resulta que un Betancourt cualquiera pida intervenciones contra Cuba.
Bien. Esperemos, esperemos tranquilos, a ver qué tipo de intervenciones son las que van a hacer y cómo las pueden hacer. Porque estos señores, tan engañados están de su propia propaganda, que todavía no saben lo que sería este país invadido, no se imaginan, no conciben lo que le tocaría aquí a cualquier invasor, la interminable guerra que libraría el pueblo cubano contra cualquier invasor, que no se terminaría jamás mientras hubiese un solo soldado mercenario hollando nuestra tierra. Y se engañan y por eso plantean ese tipo de política.
No hablan de paz con Cuba, ¡no! No hablan de que cesen los envíos de agentes subversivos, de armas y explosivos a Cuba, ¡no! No hablan de que cesen las bases que alrededor de Cuba se han organizado contra Cuba, ¡no! Hablan de invasiones a Cuba pretextando que nosotros promovemos la rebelión.
Si ese es el lenguaje de los imperialistas y de sus lacayos, ¡sepan que Cuba no se doblegará!, ¡que Cuba jamás se doblegará! Cuando quieran discutir con Cuba, honradamente que vengan y discutan con Cuba, porque nosotros hemos planteado cuáles son los requisitos indispensables para que haya un clima de paz en torno a Cuba, para que haya un clima de paz en el Caribe. ¡Lo hemos planteado! Y sin embargo, han respondido con agresiones y más agresiones.
Si creen, si creen que esa técnica, esa táctica, esas maniobras, van a hacer mella en la Revolución Cubana, se equivocan; y entendemos que por ese camino van mal. Porque el camino de las agresiones contra Cuba está fracasado.
Y es curioso que en estos instantes los lacayos estén azuzando más que los amos, los “Betancourt” estén azuzando más que el Pentágono y estén azuzando más que el Departamento de Estado. Evidentemente quieren aprovechar esta situación posterior al asesinato de Kennedy para azuzar al imperialismo contra nuestro país.
Pero no hay que preocuparse, no hay que preocuparse; nosotros no somos un país desarmado, afortunadamente no somos un país desarmado y del dicho al hecho hay una buena distancia; entre hablar de invadir e invadir ¡hay una buena distancia! ¡La diferencia que va entre una trompetilla y una sepultura!
Y por eso, lo único que nosotros decimos: que investiguen en los laboratorios de quiénes son esos morteros, de dónde salieron esos morteros, esas bazucas y esos cañones y comprobarán que salieron de los arsenales de la CIA. Y no hay más que hablar sobre este tema por ahora. Siempre, o a menudo, nos vemos obligados a apartarnos de los temas sobre los cuales preferiríamos hablar. Porque nuestro país es un país dedicado por entero al trabajo creador, nuestro país es un país dedicado por entero a construir su futuro y aquí están estos logros, logros que no puede exhibir hoy ningún país de América. Y así vamos nosotros garantizando nuestro futuro, porque nosotros sabemos la velocidad que lleva la Revolución y lo lejos que llegará la Revolución. Y por eso, sentimos la gran satisfacción de ver en cada uno de estos éxitos, el estímulo de seguir trabajando.
Nosotros hemos hablado de este movimiento, de este gigantesco movimiento educacional, de esta extraordinaria y nueva experiencia educacional.
Y de este esfuerzo, de estos éxitos, no se puede hablar sin consignar como una cuestión de elemental justicia el nombre de quien ha sido alma de estos éxitos, y es la compañera Elena Gil. Nosotros le agradecemos infinitamente a la compañera Elena Gil la tradición que está creando en estas escuelas, la técnica que está desarrollando en estas escuelas, los caracteres que está forjando en estas escuelas. Y así, nuestros estudiantes tienen en ella el prototipo de lo que debe ser un educador, un maestro. Porque ella ha ido inculcando ese esp4ritu en cientos de escuelas, de alumnos: se puede decir que en miles de alumnos. Y por eso es que ha sido designada la compañera Elena Gil para directora de ese instituto, de ese segundo instituto. Es decir, ella pasa del instituto primero, al segundo instituto pedagógico que funcionará en Tarará, y que algún día llegará a tener más de 10 000 alumnos.
Y nosotros apreciamos extraordinariamente esa tradición que se está creando. Y nosotros sabemos que nuestros futuros profesores y maestros tendrán un formidable ejemplo de lo que es la educación y lo que es el trabajo de la educación en la compañera Elena Gil.
Yo espero que ella nos perdone, que su modestia nos perdone el que hagamos este público reconocimiento, porque nada más justo que eso.
Y ahora tenemos que redoblar el esfuerzo. Vamos avanzando y vamos avanzando mucho, vamos avanzando rápido. ¡Los frutos ya se ven por todas partes! ¡Hay que seguir organizando y desarrollando este formidable ejército de la cultura y del progreso! ¡Hay que seguir trabajando en nuestros campos, hay que seguir formando y despertando la vocación de los muchachos y de las muchachas campesinos! ¡Hay mucho que hacer! ¡Tenemos mucho por hacer!
No debemos sentirnos satisfechos con lo que hemos hecho; al contrario, lo que hemos logrado hasta ahora debe servirnos de estimulo para hacer más; debe servirnos de aliento para que dentro de dos, dentro de tres, dentro de cinco años, ya los actos ni siquiera quepan aquí. Porque cuando vengan todos los alumnos de las escuelas de campesinos, todos los alumnos del instituto “Makarenko”, todas ustedes que estarán ya en la universidad terminando o habrán terminado, realmente no vamos a tener dónde hacer un acto como este. Habrá que hacerlo en la Plaza Cívica, como dicen ellos.
Y así, algún día también, algún día cuando se reúnan en la Plaza Cívica, con los años, porque los años pasan. Se habla de años, pero los años pasan. Vean qué rápido han pasado los años. Vean cómo hace apenas tres años fueron ustedes a alfabetizar, vean cómo hace apenas dos años empezaron ustedes a estudiar en el instituto, vean cómo van para la universidad ya, vean con qué rapidez pasan los años, y vean cómo se pueden ver los frutos del trabajo.
Y experimentarán ustedes también en el día de hoy la satisfacción que dan esos frutos, la satisfacción que dan esos éxitos.
Si de la nada empezamos, si cuando no teníamos nada empezamos y hemos ido logrando todo esto, ¡qué no podremos alcanzar si ya tenemos algo!
Y la Revolución puede decir que ya tiene algo. Y la Revolución puede decir que cada año que pase tendrá más en este frente y en todos los frentes.
Y cuando en todos los frentes avancemos como aquí... ¡Y vamos a avanzar! Porque una conciencia de responsabilidad cada vez mayor se ve por todas partes, un espíritu de trabajo se ve cada vez más por todas partes, una educación y una comprensión se ven cada vez más en todo el pueblo.
En la misma medida en que los gusanos ya apenas ni chistan, porque ya no se atreven ni a chistar. Porque la moral de los contrarrevolucionarios se desploma, la moral de los contrarrevolucionarios cae aplastada por los éxitos y los triunfos de la Revolución.
Y así, se puede decir que en el futuro — y en un futuro no lejano— ya no habrá ni gusanos, ni gusanos. Porque cada vez hay menos caldo de cultivo para los gusanos. Porque los gusanos, como ustedes saben, crecen y se multiplican en la podredumbre. Y como hay cada vez menos podredumbre, como cada vez queda más limpia de vicios y de privilegios la patria, como va quedando cada vez más atrae la podredumbre del pasado, como va creándose cada vez más una sociedad de trabajo, de trabajadores, como cada vez menos es una sociedad de explotadores, como la explotación va desapareciendo y con ella todos su vicios, hay cada vez menos ambiente y menos caldo de cultivo para la contrarrevolución, para los gusanos.
Y nuestros éxitos en el campo del trabajo, en el campo de la educación, en el campo de la economía, los irán aplastando cada vez más y más.
Por eso ya hoy nuestro pueblo, con optimismo y con seguridad, contempla el futuro. El futuro de un país unido, de un país fuerte, de un país trabajador, que marcha adelante sin temores, con confianza en sus fuerzas, en su energía, en su capacidad de vencer dificultades y obstáculos. Y por eso, es cada vez más claro y más prometedor el porvenir de nuestra patria.
¡Y ese porvenir es para ustedes! ¡Ustedes tienen que ser forjadores y, además, disfrutarán de ese porvenir! ¡Ustedes más que nadie, los jóvenes, en todas partes! Todos ustedes, en cualquier sitio donde se encuentren, mucho pueden hacer y mucho harán! ¡Cualquiera de ustedes, campesinas; cualquiera de ustedes, estudiantes de maestros; cualquiera de ustedes, instructoras; cualquiera de ustedes!
No me he olvidado de ninguna, porque ustedes son, en parte, profesoras; en parte, maestras: en parte, estudiantes.
Y así, en donde ustedes están trabajando, a donde ustedes regresen, tienen oportunidad de hacer mucho. Y entre otras cosas, de seguir superándose. Porque no quiere decir que las que regresen ya no tengan esperanza de recibir una beca, ¡no! Las que no hayan recibido todavía una beca, allí tienen la escuela, allí tienen al maestro de vanguardia. Y en aquella escuela, estudiando, pueden ustedes llegar a 6to grado también; y en aquella escuela, estudiando, pueden ganarse la oportunidad de una beca, para estudiar igual que estas 2 557 compañeras seleccionadas.
De manera que ni una sola de ustedes puede considerar que le falte la oportunidad. Todas ustedes tienen la oportunidad. Y estoy seguro de que muchas de ustedes seguirán estudiando y muchas de ustedes adquirirán la oportunidad de recibir también una beca para estudiar cualquiera de estas enseñanzas que hemos mencionado y otras.
Porque la Revolución significa eso: ¡La oportunidad para todos, el derecho de todos a poder estudiar, a poder superarse, a poder convertirse en un ciudadano útil a su país, a poder desarrollar plenamente su inteligencia! Ya no se perderá una sola inteligencia; en nuestros campos, en nuestras montañas, no se perderá una sola inteligencia.
¡Y grande ha de ser la patria del mañana cuando en ella laboren y en ella luchen y en ella se empleen todas las inteligencias de nuestro país!
Y esa es la misión de ustedes: la que han cumplido ahora, seleccionando a las campesinas que van a seguir estudiando; la que tendrán que cumplir cada vez más en todas partes. Y sobre todo ustedes, los maestros, los futuros maestros, los alumnos del instituto pedagógico que comienzan ahora, la tarea de ustedes es una tarea extraordinariamente importante, extraordinariamente hermosa. Porque a esas montañas irán ustedes, en esas montañas darán clases, por esas montañas pasarán todos los graduados de nuestras escuelas de maestros. Y ustedes serán los que tendrán los primeros contactos con los niños, con las inteligencias de nuestro pueblo.
Y la tarea empieza allí, en la pequeña escuela de los campos; la tarea empieza allí, con el maestro de instrucción primaria, y terminará en las universidades, terminará en los centros de investigación científica.
Y trabajando así, haremos un porvenir grandioso, haremos una gran patria. En esa gran patria es en la que todos pensamos, cuando decimos:
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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