julio 15, 2012

Discurso de Fidel Castro en el V Aniversario de la Revolución (1964)

DISCURSO EN EL V ANIVERSARIO DE LA REVOLUCION, EN LA PLAZA DE LA REVOLUCION
Fidel Castro
[2 de Enero de 1964]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Queridos invitados que nos honran con su compañía en este quinto aniversario de nuestra Revolución;
Pueblo de Cuba:
Han transcurrido cinco años desde el triunfo de la Revolución.
¿Tenemos derecho a sentirnos orgullosos de estos cinco años? ¿Tenemos derecho? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Ciertamente que tenemos un legítimo derecho a sentirnos orgullosos de estos cinco años de Revolución. Y tenemos, por eso, el legítimo derecho a conmemorarlos dignamente. Y tenemos, por eso, el derecho a seguir conmemorándolos para siempre. Porque siempre, siempre, siempre nuestra patria habrá de conmemorar esta fecha. Cada día tenemos más seguridad de eso.
Cuando comenzó el poder revolucionario hace cinco años, nosotros estábamos conscientes de que por delante teníamos un inmenso y difícil trabajo. ¿Y cuál era la situación de todos nosotros, cuál era la situación del pueblo? ¿Y cuál era la situación de todos los dirigentes revolucionarios ante esa tarea? Era una situación de optimismo, sí, de confianza en nosotros mismos, desde luego. Teníamos la íntima seguridad de que, por grande y difícil que fuese esa tarea, marcharíamos adelante.
Pero también es cierto que nosotros, los hombres de la Revolución y el pueblo, no teníamos ninguna experiencia ante esa nueva tarea, ante esa difícil y grande tarea que teníamos delante. Y por eso nosotros, con toda honradez, aquel día que llegamos a la capital de la república, dijimos que nos sentíamos como cuando habíamos desembarcado del “Granma “. Y es que al llegar a la capital, nosotros recordábamos aquellos días, precisamente por nuestra inexperiencia, y porque cuando la guerra revolucionaria había concluido, nosotros comprendíamos la abismal diferencia que había entre la experiencia de nuestros combatientes, la experiencia de todos nosotros cuando desembarcamos, y la experiencia de todos nosotros cuando la guerra había concluido.
Pero la tarea que teníamos delante no era una tarea militar, era una tarea distinta, era una tarea mucho más compleja; se trataba de echar abajo todo un orden social injusto, todo un orden social anticuado, todo un orden social anacrónico, y construir una vida social nueva para nuestro pueblo.
Había que cambiar totalmente el modo de producción de nuestra sociedad por un modo de producción nuevo; había que cambiar un modo de producción que se había estado enraizando durante siglos, con todas sus tradiciones, sus costumbres, sus instituciones, sus leyes, sus ideas, sus hábitos, su educación, su organización, y cambiarlo por un modo de producción enteramente nuevo, respecto a lo cual no teníamos ni organización, ni tradición, ni hábitos, ni costumbres, ni las ideas que correspondían, ni la actitud mental que correspondía a ese nuevo modo de vida.
Sin embargo, había que realizar esa tarea; como vivíamos en el pasado no podíamos seguir viviendo. Había que erradicar aquel pasado, había que crear algo enteramente nuevo. Esa era la aspiración de nuestro pueblo desde hacía tiempo. Nuestro pueblo nunca había tenido la oportunidad de crear algo enteramente nuevo. Fuerzas poderosas de carácter internacional y fuerzas poderosas de carácter social habían impedido, a lo largo de nuestra historia, la oportunidad de que el pueblo se pusiese a trabajar en serio para su propio destino. Y la Revolución vino a significar precisamente, y por primera vez en la historia, esa oportunidad.
No quería decir eso que, cuando nosotros tuviésemos en nuestras manos esa oportunidad, el camino habría de ser fácil; no quería decir tampoco que, cuando nuestro pueblo tuviese esa oportunidad, desde el primer día habría de comenzar haciendo las cosas maravillosamente bien; no quería decir eso que, desde el primer día siquiera, sabíamos con precisión, con exactitud, con detalles, cómo habríamos de hacer las cosas ante esa nueva oportunidad.
Pero sí sabíamos una cosa, lo sabíamos todos: que el triunfo de la Revolución iba a significar el fin de las injusticias. Sabíamos que el triunfo de la Revolución iba a significar el fin de los abusos, sabíamos que el triunfo de la Revolución iba a significar el fin de los privilegios. Sabíamos que el triunfo de la Revolución habría de significar, con el transcurso del tiempo, el fin de la pobreza, el fin del desempleo, el fin — en dos palabras— de la explotación de nuestro pueblo. ¡Sabíamos que un minuto enteramente nuevo comenzaba!
Y así, como antes nuestras mentes estaban acostumbradas prácticamente a ver por doquier la injusticia y el abuso, hoy, por el contrario, prácticamente no hay un solo cubano que se resigne tranquilamente a contemplar una injusticia o un abuso.
No quiere decir esto que la desaparición de una serie de lacras y de vicios, la desaparición de una serie de injusticias y de privilegios menores, pudieran desaparecer de la noche a la mañana en la vida de un país. Pero sí desaparecía — iba a desaparecer muy pronto— el espíritu de conformidad de antes, el espíritu de resignación de antes, la falta de optimismo y de esperanzas de antes.
Pero la mentalidad de nuestro pueblo en estos cinco años ha cambiado radicalmente. En estos cinco años, desde el punto de vista de la construcción de una vida nueva, de una sociedad nueva — que llevará muchos años—, no hemos hecho sino empezar. Pero desde el punto de vista de la conciencia, desde el punto de vista de la mentalidad del pueblo, realmente ha tenido lugar un cambio trascendental y un cambio irreversible en estos años.
Porque hay algo, algo muy claro, y es que ya hoy cada cubano de los que están aquí presentes, y millones de cubanos a lo largo y ancho de nuestra patria, hay una cosa que saben y hay una cosa sobre la cual hay una decisión irrenunciable, y es la seguridad de que el pasado, aquel pasado que va quedando cada vez más atrás, ¡el pasado no podrá volver más a nuestro país!
¿Cómo es nuestro presente? Nuestro presente es un presente de trabajo, de esfuerzos, de dificultades, eso lo sabemos. Pero, sin embargo, no hay nada que pueda hacer cambiar esa infinita esperanza que tenemos en ese esfuerzo de hoy; esa infinita esperanza que tenemos en el mañana no habrá nada que rueda hacerla cambiar por aquel pasado sin esperanzas, por aquel pasado bochornoso, por aquel pasado triste para el pueblo, doloroso para el pueblo. Porque los únicos que añoran aquel pasado, los únicos que añoran aquel pasado son los que en aquel pasado lo tenían todo, y nunca se condolieron del pueblo, nunca se acordaron de los sufrimientos y de las lágrimas del pueblo, porque el pueblo lloró siempre, sufrió siempre, sudó siempre, sangró siempre, y nadie se acordó de él, ¡nadie se acordó de él!
¡Lloren hoy, lloren hoy los explotadores, derramen sus lágrimas los explotadores, suden los explotadores fregando platos en Miami; suden las burguesas trabajando como domésticas de los imperialistas (EXCLAMACIONES), o pasen por la vergüenza de alargar la mano para que sus amos imperialistas les den una limosna! Y que haya limosnas allá en las entrañas del imperialismo, y que pidan limosna los explotadores de ayer, porque hoy ya aquí en esta tierra no hay limosneros.
¡Que lloren la pérdida de sus privilegios, que rumien su odio contra el pueblo, que nadie se compadecerá de ellos, que el pueblo no se compadecerá de ellos! ¡Que hagan cuanto quieran ellos y sus amos por entorpecer el camino del pueblo, que hagan cuanto puedan, que nada lograrán, que nada impedirá la marcha victoriosa de nuestro pueblo!
Y, por eso, la sensación más esencial, el sentimiento preponderante en el día de hoy en todos nosotros es la seguridad de que estamos triunfando, es una sensación de victoria, es una sensación de triunfo.
¡Cinco años! Es que de por sí solo cinco años pronunciados aquí ante el pueblo, delante de esta inmensa multitud, en la Plaza de la Revolución, es de por sí una victoria que no pudieron imaginarse nuestros enemigos. Porque no es una victoria cualquiera, no es la victoria contra Batista y su camarilla (EXCLAMACIONES), no es la victoria contra las pandillas contrarrevolucionarias, contra los explotadores reaccionarios; a esos enemigos los barrió fácilmente el pueblo de su camino. Es la victoria contra los imperialistas yanquis, son cinco años de resistencia frente al imperialismo yanqui, es el poder revolucionario que se ha mantenido frente al esfuerzo, la hostilidad y la agresión sistemática del imperialismo yanqui.
Porque si esta victoria dice mucho para nosotros, dice mucho también para los imperialistas, porque en sus mentes de prepotentes, en su mentalidad acostumbrada a pisotear los derechos de nuestros pueblos de América, no cabe — ni podía caber— de que este pueblo nuestro, pequeño, viviendo en esta isla, habría podido resistir y aun salir victorioso en estos cinco años de lucha dura y de lucha frontal contra el imperialismo.
Y algo les tiene que enseñar esto de que mucho han cambiado las cosas en el mundo, mucho les tiene que enseñar el ejemplo de la Revolución Cubana, porque esta Revolución enseña por igual a reaccionarios que a revolucionarios. Los revolucionarios reciben una lección alentadora de nuestra Revolución, y los reaccionarios reciben una lección desalentadora de esa misma Revolución. Y los imperialistas tienen que haber comprendido — y si no lo comprenden es porque son brutos, si no lo comprenden es porque tienen esas orejeras que se les pone a los mulos, si no lo comprenden es porque les cuesta mucho trabajo comprenderlo—, tienen que comprender, y tendrán que comprender — y aunque no lo quieran comprender, ¡qué remedio les queda!— de que hay una situación enteramente nueva y distinta en el mundo, y que en el mundo han ocurrido grandes cambios.
Debemos tener muy presente, en medio de nuestro legítimo orgullo de revolucionarios, y de nuestra legítima satisfacción por lo que el pueblo de Cuba ha hecho, debemos tener presente de que la Revolución Cubana solo era posible en las nuevas condiciones existentes en el mundo, de que la Revolución Cubana forma parte de ese poderosísimo movimiento que es el movimiento de liberación de los pueblos oprimidos, de los pueblos explotados, de los pueblos colonizados.
Es que nuestra Revolución forma parte de ese poderoso movimiento revolucionario mundial que comenzó con la histórica revolución de los trabajadores y campesinos de la Unión Soviética (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, Jruschov, estamos con los dos!”), la revolución de Lenin, la revolución de Marx y de Engels. Y ese poderoso movimiento revolucionario fue tomando fuerza y más fuerza hasta constituir hoy la fuerza de todos los países del campo socialista y de todos los países que luchan en todos los continentes contra el colonialismo y contra el imperialismo.
Claro está que nosotros solos no habríamos podido resistir al imperialismo. Nosotros, sin esa poderosa fuerza, sin ese poderoso movimiento, no habríamos podido resistir los bloqueos, las agresiones, el estrangulamiento económico que el imperialismo aplicó contra nuestra patria. Es verdad que hemos sentido los efectos de esas campañas, de ese bloqueo, de ese esfuerzo estrangulador, pero no han podido aplastar la Revolución y, aun más, la economía del país se va desarrollando en medio de esas condiciones.
Hoy, eso de que les estoy hablando, la circunstancia de poder contar nuestra Revolución y de ser parte nuestra Revolución de esa revolución universal, se hacía muy patente mientras desfilaban nuestras Fuerzas Armadas.
Veíamos con orgullo a las unidades combatientes de nuestro pueblo, veíamos con orgullo su disciplina, su organización, y todo el pueblo veía desfilar esas que son sus armas. No eran los desfiles de antes, porque los desfiles de antes eran los desfiles de los tarecos viejos que el imperialismo les daba a sus lacayos para oprimir a los trabajadores, mientras que las armas que desfilan por aquí no son los tarecos viejos, no son tarecos viejos, son modernísimos equipos de combate que nuestra Revolución ha recibido para resistir a los imperialistas . Los lacayos del imperialismo, con sus cuerpos policíacos, sus ejércitos mercenarios, no necesitan armas tan modernas. Para atacar manifestaciones de estudiantes, para atacar manifestaciones de obreros, para asesinar campesinos, para perseguir a los revolucionarios no necesitan armas tan modernas. Sin embargo, para resistir a los imperialistas y a sus agresiones, sí se necesitaban armas muy poderosas, y armas muy modernas.
Vean cómo ha ido cambiando todo a lo largo de estos cinco años. Ya no se les ocurriría estar perturbando el trabajo pacífico de nuestro país con invasiones del tipo de Girón, ya no se les ocurriría fraguar la idea de ocupar un pedazo del territorio nacional para iniciar una guerra de desgaste.
Hoy no se les ocurre eso. ¿Por qué? Porque saben lo que tenemos, porque conocen el poderío militar de la Revolución. Ya les resulta más difícil lanzar a sus títeres a una guerrita contra nosotros, lanzar a sus títeres a una invasión de Cuba, porque saben que van a durar en nuestras playas lo que un merengue en la puerta de una escuela.
Nosotros preferimos que, año por año, nuestras armas continúen desfilando ante el pueblo como garantía de su seguridad y de su porvenir. Ojala nuestras armas no tengan que usarse, ojala que no haya que disparar ni uno solo de esos cañones, ojala que no tengan que combatir ni uno solo de esos tanques, ni uno solo de esos cohetes, ni uno solo de esos aviones, ojala que no tenga que caer, que no tenga que morir uno solo de nuestros combatientes . Ese es nuestro deseo más profundo.
Las armas esas no las tenemos por adorno, no las tenemos por capricho. Nuestro pueblo es pacífico, nuestro pueblo si no se viera forzado a vivir en situación de peligro no tendría decenas y decenas de miles de hombres, de magníficos hombres manejando armas complejas, los tendríamos en la producción, los tendríamos en nuestras fábricas y en nuestros campos elevando la producción, elevando el nivel de vida de nuestro pueblo. Y en vez de esas armas, el combustible que gastamos en ellas, los recursos que gastamos en ellas, los tendríamos invertidos en medios de producción.
Por eso nuestro deseo es que esas armas no tengan que emplearse. Y en la medida en que es fuerte militarmente la Revolución es mayor el respeto de nuestros enemigos, porque con esas armas no solo nos podemos defender de ataques mercenarios, de ataques de títeres del imperialismo, con esas armas podemos combatir contra las mejores y más equipadas unidades del ejército imperialista de Estados Unidos.
Ellos saben, además, que no sería un paseo militar, ellos saben que aquí los cubanos combaten, ellos saben que los cubanos pelean, y ellos saben que los cubanos combatirían hasta el último hombre y la última mujer con vergüenza en este país, ellos saben que el pueblo de Cuba no se rendiría nunca. Mas no se trata de eso solo, saben que el pueblo de Cuba no está solo , saben que el pueblo de Cuba no combatiría solo en esa lucha.
Luego, a los imperialistas se les ha hecho cada vez más y más y más difícil la cosa. Y al cumplir estos cinco años valdría la pena de que se sentaran unos minutos a meditar, se sentaran unos minutos a pensar. Y hay ya algunos periódicos norteamericanos — de esos que con alguna frecuencia escriben objetivamente— que empiezan a darse cuenta de estas cosas.
Yo traje la copia de un cable que habla de un editorial del New York Times, que es uno de los periódicos de más circulación y de más ascendencia en Estados Unidos. Y vean qué cosas dice con motivo del quinto aniversario. Dice: “La Revolución Cubana cumplirá cinco años esta noche. El régimen de Castro ciertamente es fuerte, y posiblemente más fuerte que nunca“. Dice: “Sus listas de pecados” — ya ustedes saben cuales son los pecados nuestros—”sus listas de pecados y errores han sido detalladas diariamente por años, pero la existencia y fuerza de la Revolución Cubana, después de cinco años, exigen una explicación, así como el hecho de que no hay debilitamiento aparente en la atracción del Primer Ministro Castro dentro de Cuba, o su estatura como figura mundial “ .
Ustedes me van a perdonar que yo haya leído este párrafo en que se trata de mi persona, y no es eso lo que me interesa, lo que me interesa es destacar lo que ellos están pensando. Como ustedes saben, los imperialistas tratan de personificar. Ellos no dicen, esa es la Revolución del pueblo de Cuba; ellos dicen; esa es la Revolución de Castro, como si Castro y el pueblo fuesen dos cosas distintas, como si fuera posible que los individuos pudieran hacer las revoluciones. ¡Qué demonios pinta nadie sin el pueblo.
Y continúan diciendo —vean, vean que los hechos los van enseñando—, dicen: “La Revolución es, y siempre ha sido, un fenómeno histórico” — ¡cierto!—,”social, político y económico muy complejo, con buenos y malos aspectos. Tales levantamientos empiezan destruyendo la estructura social, política y económica existente en el país” — ¡cierto!
Dicen: “Esa es una trágica experiencia para cualquier nación y lo ha sido para Cuba “. ¡Incierto! Trágica para los explotadores y para los burgueses, pero nunca para el pueblo; trágica para los imperialistas, pero nunca para nuestro pueblo.
Dice aquí que “fue empeorada por la torpeza de los jóvenes caudillos revolucionarios “. Cierto en parte, si quieren; no vamos a decir ahora que somos unos sabios. Pero lo que ellos llaman “torpeza “, no fueron precisamente las torpezas; fueron las leyes que nacionalizaron las empresas imperialistas.
Ahora dicen: “Pero no es eso todo lo que ha estado sucediendo en Cuba “—vean lo que dicen—, “todos los niños están teniendo alguna educación; la mayoría están siendo bien alimentados y cuidados por pobres que sean sus padres.”
Dicen: “La población negra y mulata, de una tercera a una cuarta parte, está obteniendo genuina igualdad” — ¡genuina igualdad! “Los jefes del gobierno están incorruptos por escándalos fiscales. Esos aspectos son nuevos en la historia de Cuba”—dicen ellos. “Sería tonto hacer predicciones, pero haber sobrevivido cinco años es un hecho notable, cuya explicación no puede atribuirse a causas simples.”
Es decir, el hecho es que estas palabras, objetivas, en que se reconocen estos hechos, constituyen realmente algo muy significativo, porque son cosas que no decimos nosotros. Y el hecho de que se diga, por ejemplo, de la genuina igualdad que hay en nuestro país, eso le dice mucho a muchos pueblos del mundo; a pueblos del Africa, de Asia, de América Latina, dondequiera que esa igualdad no exista. El hecho de que se reconozca que todos los niños están recibiendo alguna educación, es reconocer que hay algo en Cuba que no existe en medida igual en ningún otro país de América Latina, ni siquiera en los propios Estados Unidos. El hecho de que se diga que los niños todos están generalmente bien alimentados, independientemente de la pobreza de sus padres... ¿Cuántas son las naciones del mundo respecto a las cuales se puede decir eso? Que los hombres de la Revolución no se han robado un centavo... ¿Sobre los políticos de cuántos países se puede decir eso? Y, claro, dicen que eso es enteramente nuevo. ¿Cómo no ha de ser nuevo, si este era el país de la corrupción, de los vicios, de los saqueos, del analfabetismo, del desempleo, de cientos de miles de niños sin escuelas, sin alimentación, de familias sin ingresos?
Ahora, faltaba añadir una cosa: ¿Cómo hemos podido hacer esto y cómo hemos tenido que nacer esto, en qué condiciones? Porque los imperialistas hablan de su Alianza para el Progreso, y se quejan todos los días de que no progresa. Hablan de su Alianza para el Progreso, y no han podido hacer nada de esto. Sin embargo, no hay ningún otro país de América sobre el cual pese al bloqueo económico que han establecido contra nosotros; ningún país de América al que Estados Unidos obstruccione su comercio, el transporte de su mercancía de exportación y de importación; no hay ningún otro país de América al que Estados Unidos le sabotee su economía, como nos la sabotea a nosotros; no hay ningún otro país de América, ningún país, donde los imperialistas se hayan gastado cientos de millones para hacer sabotajes, de quemar caña, destruir fábricas, cometer crímenes, realizar ataques piratas, invasiones, actividades subversivas, espionajes. No lo hay, y sin embargo en ningún otro país se ha producido el cambio, el rápido, el extraordinario avance que se ha producido en Cuba.
No es que todos los países de América Latina estén en iguales condiciones, y nosotros no tenemos, ni mucho menos, a todos los gobiernos en el mismo concepto en la América Latina. Pero es lo cierto que los imperialistas se quejan de que la Alianza para el Progreso no progresa. ¿Y por qué no progresa la Alianza y, sin embargo, la Revolución Cubana progresa? ¿Por qué? Desde luego que antes de la Revolución los imperialistas no hablaban ese lenguaje, hablaban otro lenguaje; no utilizaban la palabra progreso, Alianza para el Progreso, ¡no!, y estaban despreocupados totalmente de la situación. Hoy no se preocupan porque sean revolucionarios; ellos hablan de una revolución pacífica. Y que con la Alianza quieren hacer una revolución pacífica, pero no lo hacen porque sean revolucionarios, porque amen la Revolución; lo hacen porque temen a las revoluciones como la nuestra, temen a las revoluciones verdaderas como la nuestra .
Nadie cree en el mundo que los imperialistas sean filántropos, porque los imperialistas hablan de asignar recursos para hacer algunas escuelitas, algunos hospitales, algunas vías de comunicación; mandan su Cuerpo de Paz, que son cuerpos de espionaje. Pero antes ni siquiera hacían eso; todas esas cosas las empezaron a hacer después del triunfo de la Revolución. Por eso, esas medidas oportunistas e hipócritas están llamadas al más rotundo fracaso. Eso es un hecho clarísimo. Porque, además, la Alianza para el Progreso presupone el mantenimiento de las condiciones de explotación imperialista; plantean que se hagan algunas reformas fiscales, algunas reformas agrarias benignas y algunas otras medidas; plantean de que los políticos no se roben el dinero y plantean que los burgueses no se lleven el dinero para bancos extranjeros. Pero presuponen el mantenimiento de las condiciones de explotación imperialista.
Y como después les voy a explicar, nuestra situación hoy, económicamente, hoy, es insuperable; nuestra situación hoy se puede parangonar, y se puede decir que es una de las mejores en este continente, a pesar de los imperialistas, a pesar de su bloqueo. Porque el mérito que tienen nuestros éxitos, es que son éxitos logrados en medio de la lucha que lleva contra nosotros el imperialismo y en medio del bloqueo imperialista. Los imperialistas, por eso, tratan de impedir que vengan visitantes a Cuba; no solo de que nos visiten los latinoamericanos, incluso tratan de impedir que los ciudadanos norteamericanos visiten a Cuba.
Ellos hacen mucha campaña; nosotros leemos muchas de las cosas que publican, y en verdad que son cada vez más ridículas, tienen cada vez menos eficacia.
Yo les voy a poner un ejemplo: recientemente se hizo la última Ley Agraria, después se anunció que no habría más leyes agrarias. Realmente la revolución agraria estaba hecha, porque no fue una reforma, fue una revolución agraria. ¿Qué declararon los cables imperialistas?”Castro abandona la Reforma Agraria.” ¿Abandonar la Reforma Agraria cuando precisamente se concluye la Reforma Agraria?, se le dan garantías definitivas al pequeño agricultor, porque el pequeño agricultor es un aliado de la Revolución, puede producir junto con las granjas del pueblo; pero el 70% de las tierras cubanas están en producción por medio de empresas socialistas, por medio de empresas estatales ; el 70% de las tierras que pertenecían a los imperialistas y a los terratenientes criollos, hoy son del pueblo, hoy son de la nación y gracias a ello, podemos darle extraordinarios impulsos a la agricultura. Pero juntos con esas granjas están los pequeños agricultores que tienen el otro 30% de las tierras, que fueron liberados por la Revolución de la renta, y que constituyen la gran masa campesina aliada de la Revolución. Cuando se concluye la Reforma Agraria, los imperialistas publican para el mundo: “Cuba abandona la Reforma Agraria.” Cuando la Revolución habla de desarrollar la agricultura, el azúcar, la ganadería, aprovechando el hecho de que tenemos 160 centrales que trabajan 100 días, y que pudieran trabajar 170,180 días, teniendo caña de madurez temprana y de madurez tardía, entre otros; pudiendo nosotros con la capacidad de industria instalada, casi duplicar nuestra posición azucarera, y hablamos del desarrollo de nuestra agricultura, dicen que Cuba ha abandonado el programa de industrialización.
¿Abandonar la industrialización? Y tenemos decenas y decenas de miles de jóvenes en las escuelas tecnológicas; ¿abandonar la industrialización?, y cientos de miles de trabajadores están estudiando, superándose, y adquiriendo conocimientos de mínimo-técnico; cuando estamos creando, precisamente, las bases económicas y las bases humanas para nuestra industrialización. Lo que no es lo mismo el desarrollo de la industria, en las condiciones nuestras, en esta primera etapa va más lenta y, en cambio, la agricultura puede desarrollarse más rápidamente. ¿Abandonar la industria?
No, nosotros vamos a continuar y vamos a llevar a cabo la industrialización del país con los recursos que nos da el azúcar, precisamente, con las divisas que nos da el azúcar y con los recursos que nos puede dar la ganadería.
Y vamos a desarrollar aquellas industrias para las cuales tenemos nuestras condiciones más favorables, y vamos a especializarnos en determinadas ramas de la industria. Los imperialistas publican eso, como tratando de dar a entender que la Revolución ha abandonado sus planes de industrialización. No, lo que vamos a hacer es aprovechar hasta el máximo nuestras condiciones agrícolas. Y porque además — les voy a decir una cosa— somos un país productor de alimentos, y de alimentos muy apreciados.
Ciertas industrias de consumo se han desarrollado tanto en el mundo que detrás de cada cliente hay 20 automóviles persiguiéndolo; en cambio, no hay 20 quintales de carne persiguiendo a cada consumidor, no hay 20 quintales de azúcar persiguiendo a cada consumidor.
Y nuestros artículos tienen —nuestros artículos agrícolas— un magnífico precio. Si cuando el azúcar alcanza precios por encima de 10 centavos, no cultiváramos caña, eso es lo que querrían los imperialistas; porque los imperialistas andan locos con esos problemas que ellos mismos han creado; ellos mismos.
Nosotros hemos recibido una ayuda extraordinaria — por supuesto— de nuestros hermanos del campo socialista y, sobre todo, una ayuda sincera, una ayuda honrada, una ayuda internacionalista. Pero nosotros hemos recibido otra ayuda inesperada e insospechable: ¡La ayuda de los imperialistas! Pero no una ayuda consciente, no se vayan a imaginar eso; la ayuda involuntaria de los imperialistas.
A nosotros los imperialistas con sus medidas de agresión, en ciertas cosas nos ayudaron como fue el quitarnos la cuota azucarera para arruinarnos, esa medida se volvió un boomerang contra ellos.
¿Qué ocurrió cuando ellos nos quitaron la cuota? Cuba necesitó nuevos mercados. La Unión Soviética y todo el campo socialista decidieron comprar nuestra azúcar; es decir, un nuevo mercado se abrió, un nuevo mercado se abrió.
Claro está que antes de que los imperialistas nos quitaran la cuota, ya Cuba le había vendido un millón de toneladas a la URSS en virtud de un convenio. Pero cuando ellos nos quitaron la cuota, entonces la Unión Soviética propuso comprar las cantidades de azúcar que los norteamericanos no nos compraban. Resultado: esa azúcar fue a un nuevo mercado, y los imperialistas salieron a comprar azúcar al Mercado Mundial; pero como en aquel tiempo el Mercado Mundial tenía un precio más bajo, ellos trataron de sacar esos beneficios. Pero, ¿qué ocurrió? Lo que no habían calculado: el azúcar al cabo de los años empezó a subir, y a subir y a subir, y el azúcar en este momento está por encima de 10 centavos.
Y el año pasado los imperialistas se tuvieron que gastar 400 millones de dólares más que si nos hubiesen comprado nuestra azúcar; y este año de 400 a 500. Pero hay algo más: están haciendo trucos, están haciendo “triquiñuelas”. Recientemente ellos tenían que anunciar las cantidades de azúcar que iban a comprar, pero como el precio estaba muy alto, dijeron una mentira: publicaron un programa con 600 000 toneladas menos de las que realmente necesitan. ¿Para qué? Para tratar de bajar los precios.
Hay algo más: anunciaron una producción de azúcar interna por encima de la que tienen para tratar de bajar los precios. Nosotros nos callamos la boca, porque en realidad nosotros no andamos con política especulativa; nosotros habríamos estado, y estamos dispuestos a comerciar con cualquier país a largo plazo, y sobre precios muy por debajo de 10; estamos dispuestos. Nosotros no queremos basar nuestra economía en los principios especulativos de los capitalistas. Si el azúcar está por las nubes, el precio, y también el azúcar por supuesto, la culpa no la tenemos nosotros, la culpa la tienen los imperialistas. Si muchos países han tenido que pagar el azúcar más cara, la culpa no la tenemos nosotros, la culpa la tienen los imperialistas; porque ellos son los que han creado esa situación.
Pero de todas formas los países productores de azúcar, muchos de los cuales son países de economía no desarrollada, han recibido mejores precios; nos alegramos, nos alegramos que hayan recibido mejores precios. Alegrarnos de eso es una cosa, y decir que nosotros vamos a renunciar a nuestro mercado, para el beneficio de aquellos que se quisieron apoderar de nuestro mercado en las condiciones de bloqueo imperialista; ¡ah, eso no! Porque ya nosotros dijimos el azúcar que íbamos a producir para 1970, y ya dijimos que estábamos decididos a venderla al precio que fuera necesario, para esa fecha, y recuperar nuestro mercado. Y ya dijimos bien claramente: la naturaleza dotó a nuestro país de excepcionales condiciones para producir azúcar, más barata que ningún otro país del mundo. Y esas condiciones son de la naturaleza, esa es nuestra tierra; no tenemos otras cosas pero tenemos esas ventajas. Y con esas ventajas estamos dispuestos a luchar, y con esas ventajas estamos dispuestos a competir; sí, a competir con los competidores burgueses. Vamos a ver quién puede más: si la economía burguesa para producir azúcar, o la economía socialista para producir azúcar.
Y ya nosotros hemos proclamado que produciremos para 1970, 10 millones de toneladas de azúcar. Naturalmente que para esa fecha no habrá los precios que hay ahora, pero tendremos muchos ingresos porque habrá mucho más volumen.
Pero los imperialistas han perjudicado a muchas naciones con su política respecto a Cuba, no crean que nos han hecho daño solo a nosotros, no, le han hecho daño a muchos países. Y lo que es más absurdo: le han hecho daño a muchos países que son aliados suyos. Aparte de que la política imperialista de bloqueo comercial entraña una posición odiosa, una posición repudiada en todo el mundo, una posición que está contra la libertad de comercio, que es un principio defendido por todos los Estados: lo mismo socialista que capitalista, se puede decir que la libertad de comercio, por ser de conveniencia universal, es también un principio universalmente defendido por todas las naciones, menos los imperialistas yanquis.
Pero es que detrás de esas posiciones se esconden también otras cosas: el deseo imperialista de defender sus intereses, de defender sus líneas navieras, de defender sus líneas de barcos, de desplazar de la navegación a los barcos de Noruega, de Inglaterra, de Francia, de España, de Japón, de Suecia, de Grecia y de otros países. Porque hay más de media docena de países que reciben grandes ingresos del transporte naval, y los imperialistas han estado conspirando contra los intereses de esos países, al mismo tiempo que han estado defendiendo los intereses de su propia flota.
Y así, tengo otro cable, vean por ejemplo:
“Once países han protestado conjuntamente contra los intentos del gobierno norteamericano de controlar en su beneficio, y bajo amenaza de represalia, las tarifas de los fletes marítimos. En nombre de los gobiernos de Inglaterra, Francia, República Federal de Alemania, Italia, Japón, Bélgica, Holanda, Grecia, Noruega, Dinamarca y Suecia, el embajador holandés en este país, se personó en el Departamento de Estado, e hizo entrega formal de la protesta. La prensa norteamericana señala que la protesta de los 11 países, se debe a los intentos de la Comisión Federal de la Flota Mercante Norteamericana de exigir a compañías navieras de esos países, documentos relativos a sus operaciones.
“Por su parte, un vocero del Departamento de Estado confirmó que el gobierno había recibido la nota en cuestión, pero se negó a explicar a la prensa el texto de la misma.”
Es decir que eso forma parte de una política. Toman la cosa de Cuba como pretexto para suplantar las líneas navieras de esos países, por sus propios barcos en el comercio entre esos países y Estados Unidos. Pero, además, ahora mismo con motivo de la venta de trigo a la Unión Soviética la dificultad principal ha sido de que el Gobierno de Estados Unidos ha tratado de proteger sus propias líneas de barcos. Y naturalmente los países navieros protestan de esos privilegios que se tratan de arrogar los Estados Unidos, máxime que los fletes que cobran los barcos norteamericanos son más altos y que esas líneas están subsidiadas por el Gobierno de Estados Unidos. ¿Cuál es el único país en el mundo que sigue esa política? Estados Unidos, el único país. ¿Qué país sigue una política internacional realmente cretina? Estados Unidos.
Hay cosas que son muy claras, por ejemplo: Estados Unidos pretende aislar económicamente al campo socialista, pretende aislar económicamente a la República Popular China, pretende aislar económicamente a Cuba, es decir, pretende aislar a más de 1 000 millones de personas. ¿Qué ha ocurrido? Porque esa es una política estúpida que va contra los intereses del propio Estados Unidos. ¿Qué ha ocurrido? Que otros países capitalistas sí le compran y le venden al campo socialista, sí le compran y le venden a China y sí le compran y le venden a Cuba. Resultado: mientras las reservas de oro de distintos países capitalistas crecen y su industria se desarrolla, las reservas de oro de Estados Unidos decrecen y el dolor más grande de cabeza que tienen los imperialistas ahora es la disminución paulatina de sus reservas de oro. Ellos dicen que esas medidas las toman para defender su seguridad y eso es lo que le dicen al pueblo norteamericano y realmente lo que hacen es debilitar su propia seguridad, hasta incluso eso, no solo su economía, porque en la misma medida en que sus reservas de oro disminuyan serán más débiles en el mundo.
Pero no solo eso, como disminuyen sus reservas de oro, consecuencia de su política de cretinos, consecuencia de su política belicista, consecuencia de su política de bases militares, tienen que estar estrangulando la economía de muchos países y sacándoles oro. Así tenemos por ejemplo Japón. Japón gasta 2 000 millones de dólares en Estados Unidos y Estados Unidos solamente le compra 1 000 millones de dólares aproximadamente a Japón. Es decir que muchos países en América Latina, en Asia, tienen que estar recogiendo dólares para enviarlos a Estados Unidos y eso perjudica a estos países. Y cuando países como Japón y otros tienen que enviar tantas divisas para Estados Unidos, perjudican su comercio con otros países del mundo, porque naturalmente si un país recoge aquí para pagar allá se le hace mucho más difícil el comercio que si compra allí y vende allí. Es decir, vende, recoge divisas, compra y entrega divisas. Porque por nuestra propia experiencia nosotros vemos cómo se facilita el comercio cuando trata de ser un comercio balanceado. Por ejemplo, Japón necesita azúcar, nos la compra, pero nosotros no recogemos las divisas de Japón para mandarlas a otros países, no. Nosotros tratamos de gastar en Japón lo que Japón nos compra, tratamos de gastar en Inglaterra lo que Inglaterra nos compra, tratamos de gastar en España lo que España nos compra.
Y así Cuba desde el momento en que practica el comercio libre, Cuba desde el momento en que se libró del Fondo Monetario Internacional, es un país que tiene facilidades para comerciar con todos los países del mundo. Los imperialistas no quieren que esos países comercien con nosotros y tratan de presionarlos, pero esos países, esos pueblos tienen intereses que no son los intereses de los monopolios norteamericanos. Esos países necesitan nuestros productos y al mismo tiempo necesitan mercados para sus productos, no están dispuestos a dejarse arrastrar por las presiones imperialistas.
Y por eso, cada día está más fracasada la política de Estados Unidos con respecto a Cuba. Cada día tienen menos eficacia sus presiones y cada vez se desarrolla más nuestro comercio. Pero, ¿qué hacen los imperialistas cuando un país comercia con nosotros? Aquí tengo otro cable, dice: “Los Estados Unidos han dicho a España que su creciente comercio y transporte con Cuba pueden poner en peligro la ayuda que recibe de Estados Unidos. En una declaración cuidadosamente redactada...” Ya ustedes saben cómo redactan estas gentes: no, que la coma vaya aquí, el punto acá y el punto y coma más allá, pero en el fondo dicen lo mismo, es un chantaje, es una amenaza, es una presión y eso, por muy cuidadosamente que lo redacten no lo pueden ocultar. Entonces dice: “En una declaración cuidadosamente redactada, el Departamento de Estado informó esta noche que el problema esta siendo discutido con el Gobierno de España en Madrid. El Departamento de Estado dijo que dos cláusulas de la ley están involucradas en el problema. Una esta incluida en la Ley de Ayuda al Exterior aprobada el año pasado y la otra en la Ley de Ayuda al Exterior que el Congreso aprobó esta semana.” En dos palabras: cuando un país comercia con Cuba lo amenazan, lo quieren chantajear, le amenazan con quitarles esa ayuda. ¿Qué clase de ayuda es esa y qué clase de amigos son esos, los imperialistas, qué clase de chantajistas? Porque ningún país tolera que le hagan prohibiciones de ese tipo y ningún país que respete la soberanía de los demás países hace prohibiciones de ese tipo. Sería el colmo que nosotros le fuéramos a decir a cualquier país: “No te compro, no te vendo si compras o si vendes allí”; dirían: están locos. Pero, ¿por qué no han dicho todavía que los imperialistas están locos? Porque los imperialistas tenían muchos recursos, porque los imperialistas tenían mucha fuerza, pero como esas fuerzas y esos recursos correlativamente son cada vez menores, pronto empezará mucha gente a darse cuenta de lo locos y de lo estúpidos que son los imperialistas yanquis porque hacen estas cosas.
Tratan de aplicar una política de aislamiento. Claro que eso lo podían hacer cuando era un solo país. Cuando son muchos países, cuando cada vez son más países, esa política es más difícil, porque el resultado es que al final los que se quedan aislados son ellos.
Y se van a quedar aislados, porque nuestro país establece su comercio con otros países capitalistas, que después no necesitan del comercio con Estados Unidos. A nosotros cada vez nos interesa menos el comercio de Estados Unidos. ¿Por qué? Porque buscamos otros mercados, porque buscamos otros compradores y además, compramos productos en otros países. A la larga lo que hacen los imperialistas con eso, es que pierden grandes mercados; están tejiendo soga para su pescuezo con esa política.
Y ciertamente. ¿Cuál es el resultado? Aquí lo tenemos. ¿Estamos muertos de hambre? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Está más débil la Revolución? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¡No! ¿Y cómo anda nuestra economía? (EXCLAMACIONES DE: “¡Bien!”) Nuestra economía va mejorando. Hay que dejarlos que ellos se sigan haciendo ilusiones. Usted ve un cable yanqui y dice horrores, como que aquí todo el mundo está muerto de hambre. Hay que dejarlos que sigan durmiendo de ese lado. Si creen que así nos van a derrotar, ¡encantado! Pero bueno, yo no sé qué les pasa a esa gente, están idiotizados.
¿Qué ocurre? Yo les voy a decir cuál es nuestra situación. Nuestra situación económica está mejorando extraordinariamente. Pero les voy a dar algunos datos nada más, alguna idea, la siguiente: cuando la Revolución llegó al poder había menos de 70 millones en las reservas, unos 70 millones; en este momento nuestra reserva de divisas está por encima de 100 millones. Hay algo más. El año 1963 fue mejor que 1962, ¿verdad? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Sin embargo en el año 1964 el valor de nuestras exportaciones será por lo menos en 200 millones de pesos superior al de 1963. El valor de nuestras exportaciones en 1964 será de más de 750 millones de pesos. Por lo menos 200 más que en 1963. Para dar una idea de qué es lo que significa eso, baste decir que, por ejemplo, algunos países grandes de América Latina como Brasil tendrán una exportación solo algo superior a esa. Claro está que ellos tienen una economía más desarrollada, claro está que tienen más industrias, pero de todas maneras nuestro país, con una población de algo más de 7 millones de habitantes, exportará por encima de 750 millones de pesos.
Ya ven el bloqueo imperialista, ¡qué fracaso, qué ridículo, qué inútil!, cuántos enemigos le ha buscado a Estados Unidos y a la larga cómo nosotros nos las hemos arreglado para vencer esas dificultades, cuánto hemos ganado nosotros en organización, en interés, en empeño, cuánto no se ha fortalecido el espíritu de este país como consecuencia de ese bloqueo. Y vean ustedes cómo ya la distribución, los abastecimientos, todo estuvo mucho mejor en 1963 que en 1962. Vean ustedes, a pesar del ciclón, a pesar de los daños del ciclón, las perspectivas que tiene nuestro país para el próximo año. Cuál no será la situación futura cuando toda esta organización que se va adquiriendo, cuando toda la experiencia que se va adquiriendo se ponga en acción, cuando mejoremos la calidad de nuestro trabajo, cuando vayamos aprendiendo a aplicar la técnica, a aplicar la técnica en la producción.
Ya han hecho muy bien los compañeros de nuestras organizaciones juveniles, de la Unión de Jóvenes Comunistas, y de los estudiantes en traer esa antorcha, esa antorcha de la revolución técnica. Porque nosotros tenemos que hacer la revolución técnica; nosotros tenemos que acabar con la guataca en la caña. Ya se acabó la “guataquería” en política, vamos a acabar con la guataca en la agricultura ahora.
Un hombre con un azadón es un hombre prehistórico en materia de producción. Un hombre con un machetico cortando hierbas es un hombre prehistórico. Es lógico que bajo el capitalismo ocurriera eso porque los capitalistas no tenían mercados, los imperialistas no los dejaban tener mercado, ni para el azúcar, ni para la carne. ¡No! Por eso si se mecanizaban se moría de hambre la población y tenían que estar con un azadón y tenían que estar con un machete, su producción era ínfima. Un hombre con una guadaña produce para él y su familia y si acaso para unos cuantos más; un hombre con una segadora moderna puede producir carne para 300, para 500 personas, puede producir leche para cientos de personas, puede producir mucha más caña, puede producir mucha más azúcar. Nosotros tenemos que erradicar nuestros métodos prehistóricos y primitivos de producción por métodos modernos, científicos y técnicos; vamos a eso.
Tenemos que mecanizar toda nuestra agricultura; tenemos que tecnificar toda nuestra agricultura. Y tenemos que tecnificar también nuestra industria en el grado en que sea posible porque eso es lo que aumentará la producción por hombre y por hora, y eso es lo que elevará el estándar de vida de nuestro pueblo.
Pero, afortunadamente, la Revolución ya hoy no tiene que venir con palabras ni con promesas; la Revolución viene con hechos: nosotros dijimos, a raíz del ciclón que tanto daño causó al país, que el 15 de diciembre estarían establecidos de nuevo los niveles de abastecimientos, y se ha hecho; y en este fin de año ha habido incomparablemente más productos para el consumo del pueblo que en años anteriores.
Voy a decirles algo más: hasta ahora había habido un proceso inflacionario, ya en el próximo año será a la inversa: ya no aumentará el dinero en circulación, ya empezará a recogerse dinero de la circulación, y no habrá nuevas emisiones en 1964, por el contrario, el Banco Nacional piensa que se recogerán de la circulación unos 70 millones de pesos. Es decir que nuestra economía se va saneando extraordinariamente. Y ese es el camino por el cual se irán acabando las colas, ese es el camino por el cual irá mejorando nuestro estándar de vida.
¿Qué país de América Latina tiene esa situación económica? La mayor parte de los países de América Latina están en una carrera inflacionista tremenda, insoluble; y Cuba empieza el camino a la inversa: aumenta sus reservas, se combate ya la inflación, hay un proceso antinflacionario. Y así, ¿qué significa para nosotros tener más reservas? Si este país fuera capitalista y burgués significaría que esas divisas se iban a invertir en Cadillacs, en automóviles, en paseos por Miami, por París, y por todas partes. ¿Qué significa el aumento de las divisas bajo el socialismo? Que eso no se va a invertir en lujo, eso se va a invertir en instrumentos de trabajo, en tractores, en maquinaria agrícola, en fábricas, en materias primas y en los artículos esenciales de consumo del pueblo, ¡porque no olvidaremos nunca al pueblo! , ¡no olvidaremos nunca el consumo del pueblo!
Esas divisas, parte para mejorar nuestra economía, parte a inversiones para desarrollar nuestra economía, parte al consumo también del pueblo, porque el pueblo que trabaja, el pueblo que lucha, el pueblo que construye una vida mejor para las generaciones futuras, también tiene derecho — y las condiciones de Cuba lo permiten— a recibir también parte del fruto de su esfuerzo, y a mejorar sus condiciones de vida.
Y tendremos muchas cosas que necesitamos. No sería lógico que nos pusiéramos a comprar automóviles, preferimos que sigan circulando cacharros viejos; hay que traer ómnibus nuevos, ¡y vamos a traer ómnibus nuevos para mejorar los transportes! ; hay que traer trenes nuevos, ¡y vamos a traer trenes nuevos para mejorar el transporte interprovincial!; nuestras líneas de aviación han mejorado, ¡vamos a mejorar nuestras líneas mercantes! En vez de Cadillacs, en vez de paseos por el extranjero, debemos invertir esos recursos que nos han dado hoy un alto precio del azúcar y el mejoramiento de nuestra economía en resolver problemas básicos, problemas fundamentales, ¡no importa que no haya carros bonitos, ni flamantes! ¡No! Pero que haya locomotoras para nuestro transporte por ferrocarril, que haya trenes de pasajeros, que haya ómnibus para el transporte del pueblo, porque el pueblo nunca tuvo aquí automóviles, la gran masa del pueblo. Que haya transporte para nuestra mercancía, y así poder romper el bloqueo yanqui, que haya barcos de pesca, para que se aumente el consumo de proteínas y de nutrientes del pueblo, para que produzcamos decenas de miles de toneladas de atún, que tanto le ha gustado al pueblo, y de otras muchas especies de pescado — no quiero hablar de la merluza porque vino tanta, y la repartieron tan seguido, que se aburrió un poco la gente, a pesar de ser la merluza un finísimo y estimadísimo pescado en todas partes del mundo.
Bien. Esas divisas, ¿en qué hay que invertirlas? En eso; en automóviles no, ¿verdad? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Habrá que ir comprando algunos carritos para el transporte de alquiler también, con su taxímetro y todo; tendremos que ir contemplando todo eso. Y para que miles de personas que trabajan y que ven que los carros se les van poniendo viejos, podrán en el futuro trabajar en esa línea de carros de alquiler con menos preocupaciones que las que hay hoy, porque en definitiva en nuestro país hay oportunidades para todos, incluso para esos mismos choferes de alquiler que muchas veces nosotros hemos criticado pero que creo que han ido mejorando últimamente, ¿verdad? (EXCLAMACIONES) Está bien. Pero que podrán trabajar en eso, y el pueblo, cuando tengamos carros de alquiler con sus taxímetros... Un día que un hombre del pueblo está apurado y toma un automóvil, sabrá lo que le va a costar, porque habrá una maquinita marcándolo allí, y no habrá trucos.
Y haremos empresas estatales, y trabajarán con una buena remuneración allí, esos mismos choferes, cuyos carros se le hayan puesto viejos ya, demasiado viejos. No voy a decir que vamos a invertir las divisas en comprar carros para entregárselos a nadie, y que después no haya quien controle lo que se le cobra a los trabajadores; pero hay oportunidades también para ese sector de los trabajadores, esos son trabajadores por su cuenta.
Pues en todas esas cosas tenemos que ir pensando; en todas estamos pensando. Y, realmente, iniciamos una etapa de progreso, de mejoramiento, que se empieza a ver ya los resultados por todas partes. Y de año en año se verán esos resultados, y se verá lo que es la fuerza organizada del pueblo produciendo y trabajando, y se verá lo que significará esa inyección de técnicos, de cuadros que nosotros estamos formando en nuestras universidades y en nuestras escuelas tecnológicas.
¡Este es el panorama de Cuba! ¡Este es el panorama de Cuba, señores visitantes! Esta no es la Cuba que pintan los cables de las agencias imperialistas, ¡esta es la Cuba real, la Cuba optimista, la Cuba que apoya su Revolución, la Cuba cuyo entusiasmo no decae nunca, y la Cuba que confía en su porvenir, la Cuba que ansía un porvenir de paz, y la Cuba que tiene derecho a que se le respete en paz!
Por eso, podemos decir que las perspectivas son realmente buenas, y que el Año de la Economía se augura con los mayores éxitos. ¿Cuáles son las perspectivas de paz de nuestro país? Bien: en el mundo hay en este momento una corriente universal de paz, un ansia universal de paz, una corriente universal de optimismo, porque la humanidad sabe que la paz significa bienestar, que la paz significa desarrollo, mejoramiento de la economía, y progreso para los pueblos.
Para los países socialistas más que para nadie, porque los países socialistas no tenemos contradicciones internas, no tenemos contradicciones en nuestra economía, no tenemos crisis de superproducción, porque la economía se desarrolla conforme a planes; pero la paz para los capitalistas significa más mercado, significa más oportunidades de comerciar, menos posibilidades de crisis, y más comercio. Es decir, la paz, la coexistencia pacífica, es de beneficio tanto para los países del campo socialista como para los países del campo capitalista.
¿Qué ha dicho en estos días el nuevo Presidente de Estados Unidos? Traigo otro cable, dice: “El presidente Lyndon B. Johnson exhortó hoy al mundo a hablar menos y a hacer más a favor de la paz. Anunció que en 1964 realizará una ofensiva inflexible a favor de la paz y de mejorar las relaciones con la Unión Soviética. Personas allegadas al Jefe de Estado indicaron que Johnson estima que Estados Unidos no puede esperar todo un año, hasta las próximas elecciones, antes de ejercer máxima presión a favor de la paz. Johnson y el primer ministro soviético, Nikita Jruschov, canjearon hoy promesas mutuas, que se esforzarán por mejorar las relaciones en 1964. En la Casa Blanca de Texas se recibió ayer el mensaje del líder soviético, que expresa la esperanza de que el 1964 se caracterizará por progresos adicionales y significativos, la solución de importantes problemas internacionales, y el mejoramiento de las relaciones entre nuestros países, en interés de los pueblos soviético y norteamericano y los intereses del fortalecimiento de la paz mundial.”
En su respuesta, el Presidente norteamericano dijo que “ya pasó el tiempo de limitarse a hablar de la paz; 1964 deberá ser un año en que se adoptarán medidas con vistas al logro de ese objetivo; los esfuerzos de los químicos en los laboratorios, de los científicos en el espacio y de los agrónomos en el campo, serán en vano, a menos que aprendamos a vivir juntos en paz”, dijo. “Ninguna realización de ciencia física podrá compararse a la que se obtenga en el campo de la ciencia política, y que de a la tierra una paz justa.” Y continuó: “el pueblo norteamericano y su gobierno han fijado el fortalecimiento de la paz como su objetivo más alto del nuevo año; yo mismo estoy totalmente comprometido a procurar una mejor comprensión entre los pueblos de todas partes. Paz en la Tierra, buena voluntad hacia los hombres, no tiene por qué ser una mera ilusión, podemos convertirla en realidad”.
El mensaje de Johnson, que también está dirigido al presidente soviético, Leonid Brezhnev termina subrayando: “en nuestras manos han sido depositados los destinos de la paz y la esperanza de millones. Tengo la fervorosa esperanza de que seremos buenos custodios de ese depósito”.
Ciertamente que esta es una declaración de paz. Pudiera llamarse una declaración alentadora de paz, pero nosotros tenemos nuestras reservas, desgraciadamente tenemos que intercalar un “pero”. Ojala no hubiéramos tenido razón para intercalar un “pero”. Y Johnson nos habla en este mensaje que él está comprometido a procurar una mejor comprensión entre los pueblos de todas partes. Bien, nosotros y el pueblo norteamericano somos pueblos de todas partes también. Dice que es necesario que aprendamos a vivir juntos en paz, y dice que es hora de hablar menos y hacer más en favor de la paz. Bien, pero hace apenas unos días, vísperas del 24 de diciembre, agentes de la CIA hicieron derramar criminalmente sangre cubana, agentes de la CIA, operando desde la Florida.
Y algo más, nosotros sabemos que los mismos elementos que participaron en las operaciones del “Rex” fueron los que colocaron una bomba submarina en el casco de uno de nuestros navíos de guerra. Y no solo eso, la colocaron con una trampa; trataron de provocar una masacre parecida a “La Coubre”. Es decir, primero hicieron estallar una pequeña explosión — la bomba, que habían colocado al amparo de la noche y utilizando medios submarinos, la colocaron de manera que primero producía una pequeña explosión, y minutos después, cuando se concentrara el personal a ver lo que había ocurrido, una gran explosión. Y costó la vida de tres compañeros de la Marina de Guerra Revolucionaria y costó sangre también de 17 compañeros que resultaron heridos. Eso fue un ataque criminal, un ataque cobarde y un ataque injustificado. Ese fue el regalo de Navidad de la CIA, ese fue el presente de Navidad de Estados Unidos al pueblo cubano, sangre de jóvenes cubanos criminal, traicionera y cobardemente derramada. Y puesto que la CIA no actúa por cuenta propia, puesto que la CIA actúa por cuenta de Estados Unidos, nosotros tenemos derecho a decir que el presidente Johnson es el responsable de la sangre que se derramó allí de nuestros compañeros jóvenes.
Y, por lo tanto, nosotros tenemos derecho a decirles que es hora de hablar menos y hacer más por la paz, porque con esos hechos no se propugna la paz, con esas violaciones de las leyes internacionales no se propugna la paz, con esos hechos sangrientos no se propugna la paz, esos son hechos desvergonzados y cobardes; que a nosotros nos duele la sangre que se pierde, pero que desprestigian y desacreditan a Estados Unidos, que no le da ningún prestigio y no le da ninguna gloria.
Queremos paz, anhelamos la paz; paz aquí en Cuba y paz también en Vietnam del Sur, donde 15 000 militares yanquis, donde miles y miles de mercenarios yanquis bombardean allí a la población Vietnamita, asesinan a campesinos, a trabajadores y a patriotas Vietnamitas. ¿Y qué hacen allá los soldados del imperialismo yanqui, librando esa guerra cobarde, esa guerra estúpida, esa guerra criminal? Que no quede un solo pueblo excluido del derecho de la paz; que ese derecho a la paz tan anhelado por todas las naciones, tan legítimamente proclamado y por el cual con tanto tesón se lucha, que no sea negado para ninguna nación ni para ningún pueblo del mundo. Porque si los imperialistas yanquis creen que puede haber paz agrediendo a países pequeños, derramando sangre cubana, sangre de otros pueblos, eso no es un concepto pacifico; entrometiéndose en los asuntos internos de otros países, porque debe ser cada país quien decida libremente y de por sí su propio destino, libremente y de por sí sus propios caminos. Esa es condición indispensable de paz universal.
Ojala los dirigentes de Estados Unidos comprendan los errores y las estupideces de su política. Ojala se sumen de veras a la lucha por la paz, cuyos abanderados han sido los países del campo socialista, y que hoy es un sentimiento que tiene apoyo universal en todas partes, incluso dentro de Estados Unidos. La política de fuerza, la guerra fría, la belicosidad, el guerrerismo, están cada vez más desacreditados, están cada vez más desprestigiados. Nuestro país anhela vivir en paz, y nuestro país puede vivir en paz con todos los demás países, ¿por qué? Porque nosotros no tenemos que quitarle nada a nadie, nosotros no tenemos que interferir la vida de nadie, nosotros tenemos una tarea, un deseo, un derecho: trabajar, progresar, hacer marchar adelante nuestro país; no tenemos que interferir el comercio de ningún país, no tenemos que crearle dificultades a ningún país. En su trato con nosotros todos los países se pueden beneficiar, todos los países nos pueden vender, a todos los países le podemos comprar y le podemos vender. No practicamos discriminación contra nadie, no excluimos a nadie, nuestro comercio está abierto por igual a todos los países, comerciamos con todos los países hermanos del campo socialista y estamos dispuestos a comerciar en condiciones de reciproco beneficio con todos los países también del campo capitalista, incluso con Estados Unidos.
Ellos creen que nos hacen un terrible daño al no comerciar con nosotros, y se equivocan, los hechos nos están dando la razón, sus agresiones económicas son un boomerang que se ha vuelto contra ellos. Nosotros no les imploramos el comercio con ellos, no podrían venir con esa moneda a tentar a nuestra Revolución. Si un día quieren normalizar sus relaciones con nosotros, tendrá que ser sobre la base del más estricto y cabal respeto a nuestra soberanía y a nuestro sistema económico, social y político. Concesiones ideológicas no haremos jamás, y nuestra postura será marxista-leninista intransigentemente.
Sin embargo, eso no es obstáculo para que podamos vivir en paz, sería absurdo que nosotros les dijéramos a los norteamericanos si quieren comerciar y tener buenas relaciones con nosotros renuncien a su filosofía burguesa, y que les pongamos como condición que renuncien a su filosofía burguesa, y que les pongamos condiciones de lo que tienen que hacer ellos allí, eso sería tan ridículo que no se le ocurriría a nadie. Bueno, pues que no se les ocurra a ellos tampoco decírnoslo a nosotros, porque es superrídiculo también.
Ellos hablan de que el marxismo, que si no es tolerable, que si no es admisible, ¿y quiénes son ellos para decir cómo se tiene que gobernar cada uno de los países?, ¿quiénes son ellos para dictar leyes dentro de las fronteras de otros países? Nuestro derecho, igual que el derecho de cualquier país de América Latina, es y debe ser siempre escoger el sistema de gobierno que estime pertinente. Si un país no quiere hacer la Revolución, que no la haga, eso es cosa de ese país; si la quiere hacer, que la haga, ese es un derecho de ese país, es un derecho de cada país.
Y sobre la base de un respeto estricto a la soberanía de cada país, nosotros podemos vivir perfectamente en paz con todos los países de este continente; sobre la base de una política de normas, nosotros podemos vivir perfectamente en paz con todos los países de este continente. Lo que no aceptamos son “leyes del embudo “, como la que quieren establecer contra nosotros; lo que no aceptamos es que tanto proclamen...
Estos señores nos están acusando a nosotros de interferir en los asuntos internos de otros países, cuando son ellos los que han estado descaradamente interfiriendo durante cinco años en los asuntos internos de Cuba y cometiendo todo tipo de fechorías y de ataques. ¿Y qué? ¿Qué piensan? ¡Ah!, ¿van a consagrar todos los crímenes de Estados Unidos contra nosotros? Los gobiernos de América Latina no podrán hacer eso, los gobiernos de América Latina no se pueden hacer sordos, no pueden prestar oídos sordos a la realidad de las desvergüenzas y de los crímenes que los imperialistas cometen contra nuestra patria y condenar a Cuba porque así le convenga al imperialismo yanqui, así se le antoje al imperialismo yanqui. Cada país de América Latina es libre de hacer lo que estime pertinente, cada país de América sabrá cuáles son sus intereses. Pero es bueno advertirles a los pueblos de América Latina y a los gobiernos, que a Cuba, que a la Revolución Cubana le tienen mucho que agradecer. Porque si a muchos gobiernos no los trata hoy el imperialismo como perros —aunque de vez en cuando le da un buen puntapié a cualquier gobierno de la América Latina, se debe a la Revolución Cubana. Si hoy los pueblos de América Latina tienen esperanza de exigirles a los imperialistas que le paguen mejor precio por sus productos, si tienen esperanza de que los imperialistas les presten un poco de dinero, eso se debe a la Revolución Cubana. Si la Revolución Cubana fuese aplastada por los imperialistas, al otro día le caerían a puntapiés a la economía y a los intereses de todos los pueblos de América Latina.
Los gobiernos de América Latina deben comprender que conspirar contra la Revolución es conspirar contra sus intereses y conspirar contra sus pueblos. Los gobiernos de América Latina deben comprender que, en la misma medida en que ayudaran a los imperialistas contra Cuba, estarían cavando su propia sepultura, y que el día que la Revolución Cubana no existiera, se acabó el susto de los imperialistas, se acabó el miedo de los imperialistas. Y adiós a los cuatro centavitos que les están mandando para hacer algún caminito, alguna escuela y algún hospitalito, porque entonces ni esos cuatro centavitos van a recibir; y ni la esperanza de obtener mejores precios para sus productos.
La presencia de la Revolución Cubana, asustando a los imperialistas y quitándoles el sueño a los imperialistas, ha sido una de las cosas que más ha sido beneficiosa para los pueblos de América Latina, aunque no haya tenido allí lugar ninguna revolución. Y por eso, hacerle el juego a los imperialistas es del género tonto.
Muchos gobiernos de América Latina que son inteligentes, que están más acorde con los sentimientos de sus pueblos, varios países, han tenido una postura de resistencia y de firmeza frente a esas presiones imperialistas. No han tenido la posición de esos gobiernos títeres y de esos gobiernos lacayos, que no hacen más que recibir órdenes de Washington, y que a cada rato los quitan, quitan a uno y ponen a otro; que es lo que les ha pasado a todos esos: Ydígoras, Villeda Morales, Frondizi. Se pierde la cuenta de... (EXCLAMACIONES DE: “¡Rómulo!”). Ese es un cadáver político, ese señor del que ustedes están hablando ahí; pero es un problema del pueblo venezolano, no es un problema nuestro. Ahora: nosotros conocemos los pueblos, y sabemos que el pueblo de Venezuela es un pueblo heroico, luchador, tenaz.
¿Y por qué se rebela el pueblo de Venezuela contra los imperialistas? Porque lo están saqueando. Porque Venezuela pudiera ser el país más rico del mundo, y el estándar más alto del mundo pudiera ser el estándar del pueblo de Venezuela, por los depósitos de petróleo que tiene. ¿Quién se lleva todo esto? Los imperialistas, las castas militares, los políticos ladrones, los burgueses reaccionarios, los terratenientes, los comerciantes, los grandes comerciantes de aquel país. Esa es la causa de la rebelión del pueblo venezolano. Pero el pueblo de Venezuela tiene derecho a hacer su revolución.
Nosotros no tenemos derecho a intervenir en los asuntos internos de Venezuela, pero los imperialistas tampoco tienen derecho a intervenir en los asuntos internos de Venezuela y a enviar armas a Venezuela para asesinar patriotas venezolanos. Nosotros no tenemos derecho a enviar armas a Guatemala o cualquier otro país, pero los imperialistas no tienen derecho a estar enviando armas y querer hacer en esos países lo que están haciendo en Vietnam; los imperialistas de Estados Unidos no tienen derecho de ninguna clase a realizar ese tipo de violaciones a la soberanía de los demás países.
Nosotros, sobre la base de una política de normas, de respeto irrestricto a la soberanía de todos los países, por parte de todos los países, podemos vivir en perfecta y absoluta paz con cualquier país y con cualquier gobierno de América Latina, y con los propios Estados Unidos, independientemente del régimen social que exista en esos países.
Los imperialistas dicen que nosotros les nacionalizamos sus empresas, y que lo que les preocupa no es que se las nacionalicen —porque, claro, ya les están nacionalizando más de una empresa por ahí—, sino que se las paguen. Bueno: ¿Les preocupa eso de nosotros? Nosotros también estamos dispuestos a pagárselas; pero si quieren que se las paguemos, entonces que comercien con nosotros.
Ahora: que no crean realmente que les estamos suplicando comercio con ellos. Nosotros hemos planteado que estamos dispuestos a pagar indemnización sobre determinadas bases: si se normalizan las relaciones comerciales con nosotros. Ahora: ¿Creen que no vamos a vivir si no las normalizan? ¡No!
¡Están equivocados! ¿No quieren normalizar las relaciones? Que no las normalicen; ¡no les pagamos más nunca ni medio centavo por todas las empresas esas!
Y aquí estaremos encantados de la vida. Si es necesario nuestros nietos discutirán con los nietos de los actuales dirigentes de Estados Unidos, de la actual generación de Estados Unidos. No hay apuro.
Miren: les voy a decir con mucha sinceridad lo que le decía a un periodista francés. Nosotros somos revolucionarios; a nosotros el riesgo y el peligro no nos preocupan. Los revolucionarios, por temperamento, preferimos — si cabe— la vida de riesgo a la vida tranquila y sin problemas. Nosotros defendemos la política de paz por una cuestión de principio, porque la paz es una aspiración justa de toda la humanidad; por una posición de principio, y porque interesa a toda la humanidad. Nuestro temperamento de revolucionarios se siente maravillosamente bien en el río revuelto de las situaciones agitadas. Si los imperialistas quieren mantener indefinidamente esta situación de agitación, ¡en esas aguas nadamos nosotros maravillosamente bien, porque son las aguas propias del revolucionario!
Y nosotros hemos llegado al poder porque tenemos temperamento revolucionario, y estamos haciendo la Revolución porque tenemos vocación y temperamento revolucionarios. No hemos perdido el temperamento al llegar al gobierno ni mucho menos; no hemos perdido ese temperamento después de cinco años de poder. Tampoco somos mansos.
Los imperialistas no crean que nosotros vamos a estar cruzados de brazos mientras ellos hacen horrores contra nosotros. ¡Porque trataremos de devolverles golpe por golpe! Y los imperialistas deben saber que todo el daño que nos traten de hacer a nosotros, nosotros se lo trataremos de hacer a ellos.
Ahora: no somos nosotros los culpables de esa situación, no somos nosotros los culpables de esa política. Son ellos, y son ellos los que han realizado esa política contra nuestro país. Son ellos los que han estado en una orgullosa, altanera y soberbia política respecto a Cuba, política ingloriosa, política fracasada, política pírrica, política ridícula, que no les ha costado más que derrotas. Y mientras más nos han tratado de hacer daño, ¡más mérito ha reunido esta Revolución, más gloria tendrá esta Revolución, más prestigio tendrá esta Revolución ante los ojos de las generaciones presentes y ante los ojos de las generaciones futuras!
¿Implorarles que comercien con nosotros? ¡No! ¿Que restablezcan relaciones diplomáticas? Yo le decía a este periodista: “mire, por razones de principio nos interesa simplemente la paz; que se olviden de nosotros, y nosotros olvidarnos de ellos. Su comercio no lo necesitamos hoy para vivir, porque ellos nos obligaron a buscar otros mercados, porque hoy nosotros tenemos el mercado inagotable y seguro del campo socialista”. Nuestro país no tiene problemas en el porvenir; mercados ilimitados para sus productos fundamentales. Ha recibido una ayuda ilimitada por parte de la Unión Soviética y de los demás países del campo socialista en estos años difíciles, ayuda a la cual estaremos eternamente agradecidos, y que en esas pruebas, esas innumerables pruebas que hemos recibido los cubanos, en ellas se basan los lazos indestructibles de la amistad entre nuestros pueblos revolucionarios.
Yo le decía al periodista francés: “mire, nosotros preferimos a Estados Unidos representado por el embajador suizo”, porque realmente lo representa bien, y no anda con espionaje ni tiene 200 espías en la embajada. Y las embajadas de Estados Unidos le dan unos dolores de cabeza terribles a cualquiera. Y le decía: “mire, este es un país austero, donde los vicios se han ido erradicando; aquí ya no queda un garito, aquí están desapareciendo los prostíbulos, aquí no quedan todos esos centros de vicio adonde iban muchos turistas norteamericanos. El turismo puede significar una fuente de ingresos, 50 millones, 100 millones; pero, ¿sabe lo que es para nosotros empezar a ver gente con camisita de colorines, borrachos por las calles, buscando lupanares, buscando garitos? Mire, esa ayuda no nos interesa. ¡Con nuestro trabajo nosotros somos capaces de crear 100 millones y mucho más que 100 millones, sin necesidad de pasar por esas pruebas humillantes!”
Y lo digo de corazón: lo mejor sería que se olvidaran de nosotros, y nosotros de ellos. Y si estamos 20 años sin saludarnos siquiera, estamos 20 años sin saludarnos. Porque también lo único que a nosotros en realidad nos interesa, por una cuestión de principio, es la paz, que nos dejen en paz. Pero por lo demás, ni necesitamos de ellos, afortunadamente; y es una gran suerte, una gran suerte poder decir que no los necesitamos absolutamente para nada, que no necesitamos de su comercio ni necesitamos de sus relaciones.
Si quieren comerciar, comerciamos; no nos negamos. Si quieren establecer relaciones, de veras que nos van a dar muchos dolores de cabeza, pero bueno, estaríamos dispuestos también a establecer relaciones. Pero de verdad que no estamos fundamentalmente interesados en esas cosas. Así que ellos no tienen que poner cláusulas de que no nos ayuden, o nos ayuden... nosotros ni les pedimos, ni les hemos pedido nunca, ni jamás les pediremos ayuda, ¡jamás!
Si nosotros sabemos ayudarnos, si nosotros podemos ayudarnos trabajando, estudiando, aplicando la técnica, mejorando la organización, ¿qué necesidad tenemos de esas ayudas espurias, qué necesidad tenemos de esas ayudas chantajistas? Para que un día comerciemos con Guayana y digan: “oigan, si comercian con Guayana les quitamos los cinco pesos que les estamos dando “. Señores, y pasaríamos una vergüenza, y diríamos: “¿Pero nosotros no somos libres? ¿Qué es lo que pasa con nosotros?” Es intolerable que le digan a un país eso.
Y los americanos dondequiera que van con su ayuda, van más atrás con ese chantaje y van más atrás con esas condiciones.
Y de verdad que estamos encantados. ¿No estamos encantados sin esa ayuda? (EXCLAMACIONES UNANIMES DE: “¡Sí!”) Yo creo que no es un sentimiento personal mío, es el sentimiento de todo el pueblo.
Nos sentimos muy contentos, muy satisfechos de lo que somos capaces (GRANDES APLAUSOS). Nuestra tierra es rica, nuestro pueblo es inteligente y entusiasta, nuestros ciudadanos van adquiriendo cada vez más capacidad, tenemos amigos, nuestro porvenir es bueno: ¿Qué nos importan los imperialistas? ¡No necesitamos de los imperialistas, y nos sentimos muy afortunados de no tener que necesitar de los imperialistas!
Estamos dispuestos a cualquier solución de paz, estamos dispuestos a vivir en paz con todos los pueblos del mundo; no regatearemos jamás nuestro esfuerzo en la lucha por la paz. Pero sepan los imperialistas, que a veces presumen que estamos ahogándonos y que queremos que nos saquen del pozo, queremos decirles a los imperialistas que quienes están en el pozo no somos nosotros, ¡son ellos los que están en el pozo! Y vean si estamos mejor que ellos, que mientras nosotros este año tenemos más divisas que el año pasado, ellos tienen menos; y tienen un millón de problemas de los cuales nosotros nos hemos librado. Y nosotros podemos marchar con una economía que se desarrolle planificada y vigorosamente, y construir el futuro que queramos. Y eso es lo que debe darnos a nosotros más aliento y más alegría en este Quinto Aniversario: ¡Que tenemos por delante el mañana, que es nuestro, porque nos hemos ganado ese derecho al mañana, y ese derecho lo defendemos con esas armas que pasaron por ahí y con este pueblo que vino detrás de las armas!
La Revolución es sólida, firme, está consolidada; ya no es solo hija del entusiasmo, es hija de la conciencia, es hija del conocimiento, es hija de la experiencia que todo un pueblo ha ido adquiriendo. La Revolución Cubana no tiene marcha atrás posible; la Revolución Cubana es indestructible, porque para destruirla habría que destruir a todo un pueblo, y un pueblo entero no se puede destruir hoy impunemente.
La Revolución Cubana marcha adelante. Surgió en un minuto de la historia de la humanidad en que los pueblos se liberan, surgió en uno de los minutos más gloriosos y más prometedores de los pueblos de la humanidad, en que los pueblos avasallados por siglos en Africa, en Asia, en América Latina, han comprendido el derecho y han comprendido sobre todo la oportunidad de independizarse, de ser libres, de dejar de ser vasallos de los explotadores; en ese momento surgió la Revolución Cubana, la Revolución que le dio a nuestro país nombre, que lo hizo conocer en todos los rincones del mundo donde creían que era un apéndice de la Florida, un cayito más de la cordillera de cayos que hay al sur de Estados Unidos; es la Revolución que ha concitado esperanzas, aliento para cientos de millones de oprimidos, amigos en todas partes del mundo, emociones, simpatías; la Revolución que ha desvelado a los imperialistas; la Revolución que ha servido de ejemplo tanto para los explotados como para los explotadores. ¡Esa es nuestra Revolución! ¡Esa es la Revolución que cumple hoy cinco años, como cumplirá cincuenta, como cumplirá cien! , ¡porque será un faro, una antorcha encendida en la historia de nuestra patria, un impulso que irán recogiendo las generaciones venideras, un comienzo para nuestra patria, porque otras generaciones irán recogiendo ese impulso, irán recogiendo esa fuerza, irán recogiendo esa tradición, y cada vez más y más avanzará nuestro país! Cada generación irá haciendo su parte, y cada parte de esa generación será brillante.
Así vimos, por ejemplo, cómo la actual generación soviética fue capaz de conquistar el espacio cósmico y ha realizado grandes proezas en la ciencia y la técnica, como a la generación anterior le correspondió la gloria de la Revolución y sentar las bases para esas posibilidades. ¿Qué harán las generaciones venideras? ¿Qué harán los descendientes de los actuales cubanos? Quizás nuestra imaginación no alcance siquiera a imaginárselo, no alcance a verlo, pero sí alcanzamos a comprender perfectamente que estamos preparando el camino de ese futuro, que esa oportunidad la estamos labrando hoy, y que sobre ese camino, sobre esa ruta que con nuestro sudor, con nuestra sangre, con nuestro entusiasmo estamos construyendo, marchará el desfile de las futuras generaciones de la patria.
Por eso hoy, al cumplirse este Quinto Aniversario, nosotros al pueblo lo felicitamos, nosotros al pueblo lo felicitamos por esta fecha, por este Aniversario, por el nuevo año, porque quiso el azar que año nuevo y vida nueva y Revolución nueva vinieran juntos al mundo y juntos marchen en el calendario.
Nuestra gratitud a todos los que nos han visitado, a todos los que se han sumado al entusiasmo del pueblo en estos días.
Nuestra enhorabuena al pueblo, nuestra felicitación, nuestro deseo de que marche, de que marchemos todos por este camino, y nuestra convicción de que así será.
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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