julio 12, 2012

Discurso de Fidel Castro en el desfile efectuado en la Plaza Cívica (1961)

DISCURSO EN EL DESFILE EFECTUADO EN LA PLAZA CIVICA
Fidel Castro
[2 de Enero de 1961]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Visitantes de todos los países, que nos estimulan y nos honran con su presencia en este acto; Cubanos todos:
Una vez más nos hemos reunido en esta gran plaza, que siempre ha llenado el calor y el entusiasmo de nuestro pueblo.
No están, sin embargo, presentes muchos: una parte considerable de la masa del pueblo, que en estos instantes no puede acompañarnos como siempre, porque otros deberes reclaman su presencia; ni pueden estar aquí con nosotros los hombres que durante casi nueve horas desfilaron ante el pueblo , porque ellos salieron de sus puestos y volvieron a sus puestos ; ni pueden estar con nosotros las decenas de miles de milicianos que, mientras ellos desfilaban, mantenían en alto la guardia de la patria, para que el enemigo no fuese a aprovecharse de la conmemoración de hoy y extraer ventajas posibles de ello.
Faltan, pues, muchos miles de buenos cubanos, de recios obreros, que siempre les han dado, con su presencia y su fervor revolucionario, la tónica de entusiasmo que siempre han caracterizado a estos actos. Sin embargo, ha habido el entusiasmo de siempre. Y la presencia extraordinaria de mujeres cubanas obedece al hecho de que, al no poder venir esta noche muchos hombres, vinieron sus esposas, y vinieron sus hijas, y vinieron sus hermanas, a ocupar su puesto.
Hemos venido hoy a conmemorar el segundo aniversario de nuestra Revolución. Todos recordamos aquel día, hace dos años; la Revolución comenzaba propiamente. Muchos, tal vez, entre los que disfrutaban una situación privilegiada dentro de nuestra sociedad, pensaron que no habría Revolución; es posible que no tuvieran siquiera idea de lo que era una revolución.
Los que no querían y estaban interesados en que no hubiera Revolución, los que jamás podían aceptar la Revolución, no están hoy con nosotros. Los que sí comprendían la necesidad de la Revolución, o llegaron, en el transcurso de estos dos años, a comprender esa necesidad; los que han visto, los que han tenido la oportunidad extraordinaria de ver lo que es una Revolución, al cabo de dos años, después de dos años, están aquí con el mismo entusiasmo del primer día.
Es como un entusiasmo... (COMIENZA A LLOVIZNAR LEVEMENTE, Y EL PUBLICO COMIENZA A EXCLAMAR: “¡Que se tape! ¡Que se tape!”) ... Yo espero que el agua no vaya a perturbar el acto de esta noche... (EL PUBLICO EXCLAMA: “¡Nos mojamos! ¡Nos mojamos! ”... Creo que, si es necesario, hay que mojarse; pero en ese caso es necesario que yo me moje también con ustedes (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) (EL DOCTOR CASTRO SE QUITA LA CAPA QUE TIENE PUESTA, OYENDOSE INMEDIATAMENTE EXCLAMACIONES DE: “¡Que se la ponga, que se la ponga! ¡Que se tape, que se tape!”).
Compañeros: comprendemos, comprendo perfectamente, comprendo perfectamente que en otras circunstancias tenga mayor o menor importancia que nosotros nos mojemos, lo que nos cuesta trabajo comprender es si en momentos como estos en que la patria esta corriendo peligro, si en momentos como estos en que todo el pueblo esta dispuesto a dar su vida por defender su causa, si en momentos de peligros para nuestro país, como estos momentos, y que juntos con el pueblo los hombres que dirigimos al pueblo estamos en esa disposición, si estamos todos en la disposición, y nosotros en primer lugar que nadie, porque ese es nuestro deber, si vale la pena preocuparse en momentos como estos de que a nosotros nos caigan unas cuantas goticas de agua encima (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: ¡Que se tape!”) (EL DOCTOR CASTRO SE COLOCA NUEVAMENTE LA CAPA ENCIMA).
Si no los podemos convencer con razones — y nosotros creemos que tenemos razón en lo que estamos diciendo—, no vamos a discutir más. De todas formas el acto, el tiempo, los minutos y las cosas sobre las que tenemos que meditar esta noche tienen extraordinariamente más importancia.
Hablábamos de los que no comprendieron ni podían comprender la Revolución, y los que sí la comprendieron. En primer lugar, una revolución no se produce sin causa. Los que crean que nosotros somos los causantes de la Revolución, se equivocan; los causantes de la Revolución, paradójicamente, son los que no pueden querer la Revolución.
No habría Revolución si no hubiese existido tanta injusticia en nuestro pueblo. Es bueno partir de esta base: de que la culpa de que nuestro país se vea envuelto en una revolución la tiene los grandes abusos que se cometieron durante tantos años con nuestro pueblo, la tiene la explotación a que se veía sometido el país, a que había estado sometido siempre. Cualquiera comprende que sin esas circunstancias no habría tenido lugar una revolución en nuestro país.
La Revolución era, pues, una necesidad, y la Revolución se está haciendo, y la Revolución ¡se hará!
Y ¿que es una revolución? ¿Es, acaso, un proceso pacífico y tranquilo? ¿Es, acaso, un camino de rosas? La Revolución es, de todos los acontecimientos históricos, el más complejo y el más convulso. Es una ley infalible de todas las revoluciones, y la historia lo enseña; ninguna revolución verdadera dejo de ser, jamás, un proceso extraordinariamente convulso, o, de lo contrario, no es revolución. Cuando hasta los cimientos de una sociedad se conmueven, y solo la revolución es capaz de conmover los cimientos y las columnas sobre las cuales se erige un orden social, como solo una revolución es capaz de conmoverlos, y si esos cimientos no se conmueven, la revolución no tendría lugar, porque una revolución es algo así como destruir un viejo edificio para construir un edificio nuevo , y el nuevo edificio no se construye sobre los cimientos del edificio viejo. Por eso, un proceso revolucionario tiene que destruir para poder construir.
Y eso hemos venido hacienda durante dos años: destruir los cimientos de ese edificio. Por eso, los que querían aquel viejo edificio destruido por la Revolución, el edificio de sus privilegios y sus extraordinarias ventajas a costa de los demás, miran con tristeza y desaliento la demolición que estamos realizando. Y los revolucionarios, que no sentimos nostalgia por el pasado, y que tenemos nuestros ojos puestos en el porvenir, y solo en el porvenir, vivimos en la esperanza, en el estimulo y en el aliento que nos da el nuevo edificio social que estamos construyendo.
Y a los dos años, cuando los enemigos de la Revolución han ido de las palabras a los hechos, es cuando los hechos demuestran, cada vez más evidentemente, la pugna entre esos dos criterios, entre esas dos fuerzas: las fuerzas del pasado y las fuerzas del futuro; los que se apegan al ayer y los que nos apegamos al mañana; los que no querían cambios, los que querían la continuación de un sistema y de una existencia donde se encerraban las más inconcebibles injusticias, y los que estamos decididos a hacer, para nuestro pueblo, un mundo nuevo.
El choque entre el mundo viejo y el mundo nuevo era inevitable, y como ese choque es cada día más enconado, es preciso aclarar ideas, aclarar ideas al pueblo, pero no solo ayudar al pueblo a comprender, tenemos que aclararles las ideas, también, a los enemigos del pueblo. Nosotros no vamos a hablar aquí hoy de los beneficios de la Revolución; no se trata de repetir aquí lo que el pueblo sabe perfectamente bien, lo que cualquiera de ustedes ha visto y ha vivido; no se trata de que nosotros les enumeremos a nuestros generosos visitantes el número de cosas que la Revolución ha hecho. Ustedes no están aquí sin razón, ustedes no han abrazado la bandera de la Revolución sin justificación. Ya se sabe que las revoluciones entrañan destrucción de privilegios y de intereses de minorías explotadoras, para servir los intereses, y los derechos, y las aspiraciones de las grandes mayorías oprimidas o explotadas. Vamos a apartarnos de esas enumeraciones, y vamos a afirmar y a analizar que era inevitable un choque de intereses, que era inevitable el choque entre los intereses de la mayoría y los intereses de la minoría privilegiada.
No siempre la Revolución la comprenden aun los mismos que reciben beneficios de ella; es posible que una parte de los beneficiados por la Revolución no sean capaces de darse cuenta, siquiera, de ello. Hay ciertos hombres que son hijos genuinos del pasado, que son un producto del pasado. Sobre una parte, que puede ser mayor o menor, del pueblo, influye esa minoría privilegiada, porque la minoría era la que recibía una educación, la que ostentaba el poder político, la que monopolizaba todos los medios de cultura, de divulgación de las ideas, y trataba de modelar el pensamiento del pueblo a su antojo.
Hay veces que es grande la parte de la masa que no llega a comprender la revolución, como el caso de aquel siervo que estaba siendo explotado, que cuando en un país se hizo una reforma agraria, exclamaba: “¿Por qué le quitan la tierra a mi patrón, si es bueno?” Otras veces, sin embargo, la Revolución es comprendida por una gran parte de la masa, y ese ha sido, afortunadamente, el caso de Cuba. Y la lucha de la minoría privilegiada, la lucha de los enemigos de la Revolución no es lo principal; siempre, desde el primer momento, estuvo dirigida al objetivo de confundir al pueblo.
La minoría privilegiada y los grandes intereses afectados por la Revolución se han esforzado extraordinariamente para conseguir que los propios beneficiados de la Revolución, que los hombres y las mujeres liberados por la Revolución, conspiren contra la Revolución; que el pueblo libertado por la Revolución se ponga contra su Revolución (EXCLAMACIONES DE: “Paredón, paredón”).
Y esa táctica es una táctica invariable de las clases dominantes cuando son desplazadas del poder. Cualquiera, por ejemplo, que analice como son engañados los pueblos, como, mediante una propaganda sistemática y falsa, es posible confundir a grandes núcleos nacionales; cuando se comprende, por ejemplo, la tragedia de Estados Unidos, en que su población es apartada sistemáticamente, mediante agencias monopolísticas de noticias, de toda información veraz; cuando se observa como los más poderosos medios del pensamiento, que influyen sobre las ideas de los pueblos son utilizados sistemáticamente por esas minorías dominantes para mantener a los pueblos en el engaño más criminal.
Se comprende la esperanza que ponen los enemigos de nuestra Revolución en la idea de confundir a una parte del pueblo.
Sin embargo, era mucho más fácil engañar a los pueblos extranjeros, era mucho más fácil engañar a los pueblos hermanos de nuestro continente, que a nuestro propio pueblo, porque nosotros éramos testigos de los acontecimientos y las grandes masas de América, una gran parte de las noticias que recibe es a través de agencias que son enemigas inveteradas de nuestra Revolución.
Y, sin embargo, esas masas, que no son testigos de los hechos que ocurren en Cuba, sin embargo son testigos de los sufrimientos que esos pueblos están padeciendo, igual a los que padecíamos nosotros, y esa es la única explicación de que, a pesar de la tremenda campaña que se ha realizado contra nuestra Revolución, nuestra Revolución Cubana cuente con las simpatías de amplias masas de los pueblos hermanos de América Latina. El sentimiento del sufrimiento propio, ha sido más poderoso que todas las deformaciones de la verdad que ha tenido que sufrir nuestra Revolución.
Mas, si queremos comprender las cosas tal como deben ocurrir, debemos recordar que ninguna revolución se libró de la calumnia, y hay circunstancias que tan inexorablemente se repiten que es virtualmente imposible que nosotros aspiráramos a librarnos de ellas. La deformación de la verdad, las peores calumnias y las peores agresiones, han sido las primeras cosechas de todas las grandes revoluciones en la historia de la humanidad.
Si quisiéramos medir el mérito de nuestra Revolución y el valor de nuestra Revolución, bastaría observar el odio que contra ella sienten los grandes intereses reaccionarios del mundo; bastaría observar el odio que contra ella siente el peor y más explotador de los imperialismos modernos (EXCLAMACIONES DE:“¡Fuera!”); bastaría observar el odio que contra ella siente la prensa más reaccionaria del mundo, la campaña tremenda de calumnias que se comenzó a realizar desde el primer día contra ella, para comprender, para satisfacción de nuestro pueblo, que nuestra Revolución pasará también a la historia como una gran revolución. Pero ninguna revolución se puede librar de esos males inevitables: ni de la calumnia, ni de la deformación de la verdad, ni de la agresión; y nosotros no podíamos creer que de esas consecuencias inevitables nos íbamos a librar, ni de ninguna otra consecuencia de toda revolución verdadera, ¡y esta es una Revolución verdadera!
El conflicto de grandes intereses está planteado, la lucha enconada entre revolución y contrarrevolución está planteada; la lucha a muerte entre esas dos fuerzas era inevitable, y en una revolución las luchas son a muerte. Solo los ilusos y los ignorantes son capaces de imaginarse otra cosa. Nosotros lo sabíamos desde el primer día, y lo comprendemos cada día más claramente por la experiencia que da esta lucha y por lo que se aprende en un proceso revolucionario, como hemos aprendido todos: ustedes y nosotros.
Sin embargo, como no hay mejor lección que los hechos, era necesario que los hechos vinieran a enseñarnos, era necesario que los propios hechos condujeran al pueblo, a la gran masa del pueblo, a una comprensión mejor de lo que es una revolución; y, sobre todo, en primer lugar, que una revolución no es un camino de rosas, y que una revolución es una lucha a muerte entre el futuro y el pasado, y que la propia naturaleza de todo proceso revolucionario hace imposible toda otra alternativa; el choque de intereses es demasiado enconado en una revolución para que pueda ser de otra manera. El viejo orden se resiste siempre a morir, y el nuevo orden, la nueva sociedad, el nuevo mundo que se forja en una revolución, pugna con todas sus energías para sobrevivir; la lucha se convierte para ambas fuerzas en una cuestión vital: o las contrarrevoluciones destruyen a las revoluciones, o las revoluciones destruyen a las contrarrevoluciones (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Venceremos!”)
Ambas fuerzas tienen sus objetivos y sus tácticas; ambas fuerzas saben cuales son los recursos con que cuentan. Toda contrarrevolución es una fuerza; y no hay revolución que no genere una fuerza contra ella. La propia revolución genera las fuerzas que la combaten.
Y la contrarrevolución tiene su apoyo social en los grandes privilegios desalojados del poder económico y político; tienen su apoyo en los grandes terratenientes que han perdido sus tierras; en los grandes propietarios que han perdido sus propiedades; en los grandes industriales que han perdido sus industrias; en los grandes burócratas que han perdido sus prebendas. Tienen su apoyo en todos los parásitos que en la sociedad existen (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”); y tienen su apoyo en esa escoria social que es producto de la ignorancia y de la explotación.
La contrarrevolución cuenta con todos los parásitos y con toda la escoria social (EXCLAMACIONES DE“¡Fuera!”); ese ejército, a veces numeroso, de elementos que vivían medrando en la pudrición; ese ejercito numeroso de hombres que eran también parásitos satélites, pequeños parásitos que giraban alrededor de los grandes parásitos, y que en nuestro país conocemos por el nombre de esbirros (EXCLAMACIONES DE:“¡Fuera!”), de confidentes, de politiqueros, de botelleros, de hombres que vivían del vicio, bien del juego, bien del trafico de drogas, bien del contrabando, bien de la trata de blancas, bien del crimen, o porque alquilaba su brazo al poderoso para defender sus privilegios, para matar y oprimir al pueblo, con todo ese lumpen social, con todos los cobardes, con todos los viciosos, con todos los miserables, con todos los parásitos, cuentan las contrarrevoluciones (EXCLAMACIONES DE:“¡Paredón!”). Pero en nuestro país ocurría, además, una circunstancia especialísima, porque el apoyo más poderoso de la contrarrevolución, su fuerza principal, no era, sin embargo, ese lumpen de miserables, de parásitos, de explotadores, de asesinos, de viciosos y de cobardes. El apoyo más poderoso de la contrarrevolución era el apoyo de una fuerza que se hace sentir en todo el mundo, de una fuerza muy poderosa; tan poderosa, que hoy es el freno principal del avance de la humanidad; tan poderosa, que crea conflictos en todos los continentes del mundo; tan poderosa, que interfiere en los problemas de una gran parte de las naciones del mundo; tan poderosa, que aspira a decidir destinos y, en muchos casos, decide destinos de pueblos. El apoyo fundamental de la contrarrevolución en Cuba vino a ser, necesariamente, el apoyo de los grandes monopolios extranjeros, es decir, el apoyo de las grandes fuerzas imperialistas. Tan poderosa, tan poderosa es esa fuerza, que en América, ¿cuántos son los gobiernos que pueden decirle “no”?, ¿cuántos son los políticos que pueden decirle “no”? Tan poderosa es esa fuerza, que entre tantos pueblos de América, son pocos, muy pocos, los políticos, y son verdaderas excepciones los gobiernos que pueden decirle “no”. Tan poderosa, tan poderosa es esa fuerza, que la mayor parte de los hombres públicos, y la inmensa mayoría de los gobernantes de este continente y de los demás continentes, siempre tienen que decir “yes”. Y nuestro pueblo le dijo al poderoso, al poderoso, al que muchos le decían “yes”, ¡nuestro pueblo le dijo “no”! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:“¡Cuba sí, yanquis no”!)
Pero no es fácil pronunciar la palabra “no” ante un poderoso. El “no” de los pueblos no se pronuncia impunemente ante el rostro de un imperio poderoso. La Revolución Cubana tenía que ser, necesariamente, ese “no” al imperialismo, y el imperialismo decidió destruir a esa Revolución que pronunció la palabra “no”, desentonando con el coro infame de los que siempre han dicho “yes”.
El imperio poderoso decidió la destrucción de la Revolución Cubana; la Revolución Cubana tenía que chocar, necesariamente, con el imperio poderoso. ¿Hay algún ingenuo en este mundo que se crea que se podía hacer una reforma agraria, privar de la tierra a las grandes compañías imperialistas sin chocar con el imperialismo? ¿Había algún ingenuo en este mundo que creyera que se podían nacionalizar los servicios públicos sin chocar con el imperialismo? ¿Había algún ingenuo que creyera que se podía aspirar a tener una economía independiente y una vida política independiente sin chocar con el imperialismo?
Ese ingenuo es difícil que pueda existir, sobre todo, cuando los hechos nos han ido enseñando la verdad. Luego, la fuerza contrarrevolucionaria encontró su apoyo en el imperialismo, y la lucha de la Revolución Cubana dejó de ser una lucha dentro del marco nacional, para convertirse en una lucha de los intereses de la nación, contra los intereses del imperialismo. Y en eso se cumplió una ley de todas las revoluciones: la reacción derrotada en un país busca siempre su apoyo en las fuerzas reaccionarias extranjeras.
Existe en el mundo la solidaridad de la reacción y siempre, en todas las revoluciones, las clases reaccionarias han tratado de volver a dominar el país con el apoyo de la reacción internacional. Pero, en este caso, vino a ser la lucha de David contra Goliat: la lucha del pueblo pequeño contra el gigante imperialista cuyas largas manos alcanzan a pueblos de todos los continentes del mundo.
La lucha de la Revolución Cubana se vino a convertir en una epopeya, la epopeya de una revolución que tiene lugar en un país pequeño, en lucha contra el más poderoso imperialismo de los tiempos contemporáneos, y ese poderoso imperialismo ha puesto todos sus servicios y todos sus recursos al lado de la contrarrevolución. El imperialismo se convirtió en jefe de la contrarrevolución, y en este minuto nos vemos envueltos en una lucha en la cual la contrarrevolución cuenta con todo el apoyo de ese poderoso imperio.
Quizás ese sea el mayor mérito de nuestra Revolución; quizás ese sea el mayor mérito que la historia reconozca a nuestra Revolución; que no se enfrenta a un enemigo pequeño, sino a un enemigo muy poderoso, y ese enemigo poderoso ha sido el encargado de “revolver la gusanera” aquí en nuestro país agitado. Y los gusanos se han removido, los gusanos se han agitado.
Con toda seguridad que sin el esfuerzo que realiza el imperialismo contra nuestra Revolución, nuestro país no tendría el menor problema, esta sería la tierra más feliz del mundo, y esta sería una nación de paz y de trabajo. Sin el apoyo imperialista, ¿que podrían los enemigos de la Revolución? Los enemigos de la Revolución no se atrevían siquiera a levantar la voz; los enemigos de la Revolución no se atrevían a desafiar a la gran masa del pueblo; los enemigos de la Revolución temblaban ante el pueblo, temblaban ante la gran mayoría del pueblo y, sin embargo, el imperialismo los sacó de ese miedo, el imperialismo les dio esperanzas, el imperialismo les dio apoyo y les dio recursos, pero, sobre todo, les dio la creencia de que algún día podrían dominar a esa gran masa, les hizo creer que no importaba cuan grande fuese el apoyo popular de la Revolución, que más tarde o más temprano la Revolución sería destruida por el imperialismo y, entonces, ellos, los gusanos, treparían sobre las esperanzas y los ideales deshechos de nuestro pueblo.
Y los gusanos han llegado a creerse, de veras, que algún día sus amos imperiales los pondrán aquí otra vez con una banderita que pretenda ser enseña nacional, con un himno que pretenda ser himno de la patria, y con un colorcito en el mapa para alentar la ficción de que los gusanos gobiernan y de que los gusanos mandan. Y los gusanos no pueden vivir sino de la pudrición, y los gusanos no podían vivir ni hacer de instrumentos del imperialismo, como no fuese en el mundo y en el medio corrompido en que vivía nuestro pueblo antes del día luminoso del 1ro de enero de 1959. 
Y al país, carcomido por la podredumbre, lo ha levantado la Revolución; al país, que era asiento de todos los vicios políticos, de todos los crímenes, la Revolución, la Revolución lo levantó; la Revolución fue capaz de barrer de la vida pública a todos los gusanos; la Revolución fue capaz de barrer de la vida pública a todos los politiqueros; la Revolución fue capaz de barrer de la vida nacional a todos los criminales y torturadores; la Revolución fue capaz de barrer de la vida nacional a todos los parásitos; la Revolución fue capaz de barrer a los viciosos y a los vicios.
La Revolución fue capaz de acabar con todas las inmoralidades públicas; la Revolución fue capaz de acabar con el robo; la Revolución fue capaz de acabar con el crimen; la Revolución fue capaz de acabar con el hambre; la Revolución fue capaz de acabar con la miseria; la Revolución fue capaz de acabar con la incultura (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, Fidel!”); la Revolución fue capaz de acabar con el bandidaje; la Revolución fue capaz de acabar con la deshonra; la Revolución fue capaz de acabar con la mentira; la Revolución fue capaz de acabar con la traición; la Revolución fue capaz de acabar con la injusticia; la Revolución fue capaz de acabar con la explotación (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón, paredón!”).
La Revolución fue capaz de acabar con la vergonzosa sumisión a los intereses extranjeros y la Revolución fue capaz de liquidar a esos intereses extranjeros ; la Revolución fue capaz de acabar con los prejuicios; la Revolución fue capaz de acabar con la discriminación  injusta  y cruel ; la Revolución fue capaz de crear en el pueblo una esperanza; la Revolución fue capaz de despertar en el pueblo dormido los más nobles propósitos de ideales (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Venceremos!”); la Revolución fue capaz de despertar la vergüenza nacional y de avivar y renacer las extraordinarias virtudes de nuestro pueblo. Y de un pasado en que la vida era una vergüenza, de un pasado en que la vida era sin esperanza, la Revolución ha llevado al país a un minuto en que se siente como una gran honra ser hijo de esta nación (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Cuba sí, yanquis no!”)
La Revolución ha despertado el sentido moral del pueblo; la Revolución ha despertado la solidaridad humana en los hombres y mujeres de nuestro pueblo; la Revolución ha abolido el egoísmo y ha convertido la generosidad en la virtud principal de cada ciudadano; la Revolución ha recogido lo mejor de la nación; la Revolución ha barrido, la Revolución ha purificado, la Revolución ha adecentado, la Revolución ha redimido.
Pero los gusanos no podían resignarse, y los gusanos, ayudados por sus amos imperialistas y al servicio, por entero, de ese imperialismo, pagados por el oro miserable del imperialismo, se empeñan en podrir a la patria, se empeñan en que la patria vuelva a ser podredumbre y cieno.
Y ponen bombas... (EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón, paredón!”) que asesinan a niños inocentes, que hieren sin consideración a mujeres y hombres, tratan de destruir las riquezas del pueblo. Y los que ayer ¡los que ayer no ponían una bomba en una industria cuando era propiedad del extranjero explotador, la ponen hoy cuando es propiedad del pueblo! (EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón, paredón!”) Los que ayer no saboteaban una industria cuando era propiedad de una empresa extranjera o de un millonario, la sabotean hoy cuando es propiedad del pueblo.
Los que ayer, cuando la economía nacional estaba en manos extrañas, cuando las riquezas de nuestra patria servían para engrandecer las fabulosas fortunas de los monopolios extranjeros, cuando ayer el peso que se producía no era para nosotros, cuando el pan que se producía con el sudor de nuestro pueblo no era para nosotros, cuando la riqueza que se creaba con trabajo del pueblo no era para beneficio del pueblo, no hacían sabotajes, no ponían bombas, no regaban fósforo vivo, no hacían atentados. Y, en cambio, lo hacen ahora cuando es del pueblo.
Nosotros, los hombres que nos fuimos a las montanas, nunca adoptamos la táctica del terror; nosotros sentíamos verdadera alergia por los métodos terroristas. Pero, sin embargo, éramos capaces de comprender que los jóvenes quisieran destruir una empresa que no era nacional, sino
extranjera, y medio de explotación del pueblo; que quisieran destruir una riqueza que no era cubana, sino extranjera; comprendíamos que los jóvenes se rebelaran con odio contra el vicio, contra el crimen, contra el robo; comprendíamos que sintieran odio hacia los asesinos, hacia los ladrones, hacia los torturadores; comprendíamos que tenían un propósito noble.
Pero hoy, ¿contra quién ponen las bombas?, ¿contra la honradez escrupulosa y absoluta de los hombres que gobiernan a la república?; ¿contra qué ponen las bombas?, ¿contra los cuarteles que hemos convertido en escuelas?; ¿contra qué ponen bombas?, ¿contra los maestros que les hemos enviado a nuestros campesinos?; ¿contra qué ponen bombas?, ¿contra los médicos que hemos mandado a todos los rincones del país?; ¿contra qué ponen bombas?, ¿contra las tierras que les hemos entregado a los campesinos?, ¿contra las casas que les hemos entregado al pueblo? ; ¿contra qué ponen bombas?, ¿contra los doscientos mil nuevos empleos que la Revolución ha creado para el pueblo?
Yo quisiera que levantaran la mano todos los hombres y mujeres que están aquí y que trabajan (LOS HOMBRES Y MUJERES DEL PUEBLO ALZAN LAS MANOS). ¡Observen ese mar de manos!, ¡eso es lo que la Revolución ha hecho! Y nosotros nos preguntamos: ¿Contra qué ponen bombas?, ¿contra esas manos que trabajan, contra esas manos que producen la riqueza nacional? (APLAUSOS PROLONGADOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón!)
Ponen bombas contra las manos limpias de los que crean, contra los hombres y las mujeres honestas de nuestro pueblo, contra los hombres que cumplen el deber con nobleza y gallardía, contra los hombres que han sabido respetar la persona humana. Los que no hacían atentados contra esbirros, quieren asesinar a soldados, a milicianos y a hombres que jamás han golpeado a un solo ciudadano, ¡que jamás le han puesto la mano encima a nadie!
Los cobardes, los cobardes alentados por el imperialismo, se han llenado del falso valor que les da la creencia de que los miserables, protegidos por los poderosos, pueden triunfar. Los cobardes se han llenado del falso valor que les ha dado el hecho de que la Revolución haya sido generosa y extraordinariamente humana; los miserables se han llenado de valor falso al saber del interés que la Revolución ha tenido en evitar medidas rigurosas, en evitar medidas severas; los gusanos se han llenado de falso valor.
Saben que ningún agente de autoridad los va a golpear o los va a torturar, saben que ese es un principio inconmovible de la Revolución; pero como, además, un día la Revolución quitó los tribunales revolucionarios y suspendió los fusilamientos, y como otro día la Revolución restableció los tribunales revolucionarios, pero ha sido muy generosa y muy benigna con los contrarrevolucionarios y los traidores, ¿qué ocurre?, que los gusanos han campeado a sus anchas.
Poner bombas y hacer sabotajes se convirtió en un negocio lucrativo, y sin riesgo; si no los descubrían, recibían las esplendidas monedas con que la embajada americana paga aquí el terrorismo (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”); si no los descubrían, ahí hay un enjambre de agentes del Servicio Central de Inteligencia, del FBI y del Pentágono, que han estado operando aquí impunemente (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”), y esos agentes son los que han dotado a los terroristas de los instrumentos más modernos de destrucción, son los que han abastecido a los terroristas de explosivos de alto poder, son los que han abastecido a los terroristas de sustancias químicas de gran efectividad, son los que han abastecido a los terroristas de todos los medios de destrucción y de sabotaje, son los que han abastecido a los terroristas de bases allí, en el territorio de Estados Unidos, para que constantemente sus aviones estén hostigando nuestros campos y nuestras ciudades, son los que les han dado allí hospitalidad a los criminales, a los que aquí han asesinado soldados y se han ido a ocultar allá, a los que se roban aviones aun a costa de la vida de los pasajeros, son los que han estado enviando constantemente armas a los distintos lugares de Cuba para tratar de promover insurrecciones y son, sobre todo, los que les han dado aliento a los gusanos miserables.
Luego, los gusanos, los gusanos han encontrado un negocio lucrativo; destruir una fábrica del pueblo, destruir una tienda del pueblo, se convirtió en un negocio bien pagado por el imperialismo. Si los descubrían, no tenían problemas en las estaciones; y, además, la Revolución no los fusilaba (EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón!” Y DE: “¡Ahora sí!”).
La Revolución los condenaba a prisiones, pero como los contrarrevolucionarios creen ciegamente que el imperialismo los va a sacar de la cárcel y los va a situar en el poder, se sienten llenos de ilusiones. Y la historia por la que han pasado las revoluciones enseña que en esta pugna enconada de intereses los contrarrevolucionarios se despreocupan de las penas de prisión, porque como viven para una ambición, como viven aspirando a recibir algún día su prebenda, a ellos lo que les importa es vivir, porque creen que el poderoso amo extranjero que los ayuda los va a rescatar de la cárcel y los va a salvar.
Y esta es una verdad dura, pero es una verdad. Las penas de prisión no asustan a los gusanos, los gusanos creen que van a estar unos días en la cárcel. Y por eso, con una desfachatez tan grande, aun en estos días en que no hubo una sola familia que no tuviera lo suficiente y lo necesario para pasar unos días felices y tranquilos; cuando la Revolución había logrado darles a todos los trabajadores un plus de fin de año, han puesto bombas en establecimientos llenos de público, y han quemado almacenes llenos de juguetes para los niños el día de reyes (EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón!”)
Y creen que pueden destruir impunemente las riquezas que el pueblo crea con su trabajo y con sus manos limpias y honradas. Las manos de los miserables quieren destruir lo que producen las manos de los hombres honrados, de los hombres y mujeres trabajadores de nuestro pueblo, para ir a cobrar la paga miserable de los amos extranjeros. Los gusanos creen que la Revolución no puede acabar con ellos, ¡y la Revolución, que ha acabado con muchos males, sabe también cómo acabar con los gusanos!
La Revolución ha tenido mucha paciencia; la Revolución ha consentido que una plaga de agentes del servicio de inteligencia, disfrazados de funcionarios diplomáticos de la embajada americana, haya estado aquí conspirando y promoviendo el terrorismo. Pero el Gobierno Revolucionario ha decidido que antes de 48 horas, antes de 48 horas, la embajada de Estados Unidos no tenga aquí ni un funcionario más de los que nosotros tenemos... (LO INTERRUMPEN CON UNA OVACIÓN PROLONGADA)... Permítanme... Permítanme... (CONTINUA LA OVACION)... Permítanme... Permítanme terminar la idea. El hecho de que hubiésemos establecido un orden en la expresión, ha servido en este caso para descubrir un deseo del pueblo. Nosotros no íbamos a decir todos los funcionarios, sino ni un funcionario más del número de los que nosotros tenemos en Estados Unidos, que son 11.
Y estos señores tienen aquí más de 300 funcionarios, de los cuales el 80% son espías... (EXCLAMACIONES DE: “¡Que se vayan!”)...Si ellos quieren irse todos... (EXCLAMACIONES DE: “¡Que se vayan!”)... Si ellos quieren irse todos, entonces ¡que se vayan! (EXCLAMACIONES DE: “¡Que se vayan!”,“¡Cuba sí, yanquis no!”,“¡Pin, pon, fuera, abajo Caimanera!”)
Mientras por un lado han estado haciendo presión para que los gobiernos de los pueblos latinoamericanos rompan relaciones con nosotros, ellos, a través de la representación diplomática, han introducido aquí un verdadero ejército de agentes conspiradores y promotores del terrorismo. Y han llegado a tales faltas de respeto a los intereses del pueblo, que en días recientes realizábamos nosotros gestiones en busca de algunas casas para establecer un centro de capacitación de maestros voluntarios, y nos encontramos que en las casas de un señor siquitrillado, vivían tres funcionarios de la embajada a quienes el señor, que se había ido para Estados Unidos, les había dejado las casas, y a pesar de la Reforma Urbana, esos tres señores, descaradamente, ni siquiera pagaban el alquiler.
Si se tiene en cuenta que ellos han comprado una gran parte del dinero que se robaron los criminales de guerra, es decir, que les han dado dólares comprando los pesos a muy bajo precio — a ellos un peso les cuesta 20 centavos de dólar— y han sido algunos tan desvergonzados, que han estado robándole al pueblo de Cuba el precio del alquiler de una casa.
Y mientras presionaban a otros gobiernos para que rompieran con nosotros, utilizaban ellos la embajada para introducir aquí agentes conspiradores y terroristas; porque han estado dirigiendo el terrorismo amparados en la inmunidad diplomática. Por lo tanto, el gobierno revolucionario adopta esta posición que ha expresado aquí. No rompemos con ellos, pero si se quieren ir, ¡que les vaya bien! Y como la Revolución, como una revolución es una lucha a muerte entre el pueblo que quiere marchar hacia delante y los gusanos que nos quieren retrotraer a la podredumbre; como habíamos planteado, con la Revolución no hay alternativa: o la contrarrevolución aniquila a la Revolución, o la Revolución aniquila a la contrarrevolución; o los contrarrevolucionarios aniquilan a los revolucionarios, o los revolucionarios aniquilamos a los contrarrevolucionarios.
Y, por lo tanto, proclamamos aquí nuestra disposición de adoptar medidas severas contra los gusanos que sirven al imperialismo.
Todos los visitantes que han asistido a este acto y a esta conmemoración del segundo aniversario, son testigos excepcionales del sentimiento de nuestro pueblo , y son testigos excepcionales, y son testigos excepcionales, de que los agentes pagados del imperialismo han estado destruyendo riquezas del pueblo y destruyendo vidas del pueblo; los que nos visitan son testigos de que en un país pequeño, haciendo una Revolución verdadera frente a un enemigo tan poderoso como el imperialismo, que dispone de tantos recursos económicos para sobornar y comprar conciencias, que dispone de tantos recursos económicos para corromper, que dispone de tantos recursos técnicos para destruir, la Revolución Cubana se ve en la necesidad vital de aniquilar a los terroristas y a los contrarrevolucionarios.
Y el próximo día 4 se reunirá el Consejo de Ministros para acordar una ley severísima castigando con la pena capital, no solo a los terroristas, sino a los cabecillas de los terroristas ; castigando severamente, castigando severamente, no solo el poner bombas, sino el tener en su poder explosivos de cualquier índole; castigando con la pena capital a los que tengan explosivos o sustancias inflamables que sirvan para hacer sabotaje; castigando con la pena capital todo acto de terrorismo contra la Revolución, y todo acto de sabotaje contra las riquezas nacionales , y aplicando las penas mediante procedimiento sumario, de manera que a las 72 horas de haberse comprobado un acto de terrorismo o sabotaje, el terrorista o saboteador sea sancionado por los tribunales revolucionarios .
Nosotros sabemos cómo liquidar a los terroristas, nosotros sabemos quiénes son los terroristas, nosotros sabemos quiénes apoyan a los terroristas, cuáles son los intereses que aquí están aliados a los terroristas; nosotros sabemos que los terroristas se esconden en casas de señores privilegiados o afectados por la Revolución, nosotros sabemos que los terroristas se esconden en las casas de los ricos, nosotros sabemos qué clase social apoya el terrorismo, que clase social ampara al terrorismo; nosotros sabemos cómo liquidar el terrorismo, no liquidando solamente a los terroristas, sino también aniquilando hasta el último privilegio y hasta el último interés económico de los que apoyen a los terroristas.
Y si tenemos que ocupar, si tenemos que ocupar una por una las casas de los privilegiados que ayudan a los terroristas, ¡ocuparemos las casas de los privilegiados y estableceremos allí centros escolares, o llevaremos a vivir a los vecinos de los barrios de indigentes que todavía quedan en la capital!
Nosotros sabemos cómo tomar las fortalezas sociales en que se apoya la contrarrevolución, y si nosotros tenemos que tomar un barrio entero, ¡tomamos un barrio entero! Tengan la seguridad, tengan la seguridad de que por cada privilegiado que habita en suntuosas residencias, aquí hay 10 familias que viven en un cuarto.
Al expresar esto, expresamos nuestro propósito de liquidar a la contrarrevolución, de aniquilar a los contrarrevolucionarios, de destruir todo apoyo a la contrarrevolución y a los terroristas. Y, por lo tanto, este año será un año de lucha, un año de duro batallar, ¡pero este año vamos a liquidar a los contrarrevolucionarios!
Están jugando con la Revolución, y no son capaces de imaginarse la fuerza y los recursos de una revolución. La Revolución se prepara para defenderse de sus enemigos; esas armas que ustedes vieron desfilar aquí, que no es más que una parte pequeña de las armas con que cuenta el pueblo, y por aquí no desfiló sino una parte pequeña de las fuerzas con que cuenta la nación para defenderse, pero que ustedes fueron testigos de la gallardía, la marcialidad y el entusiasmo de esos hombres y esas mujeres.
Debemos decir aquí que esos hombres se han privado durante meses de sus ratos de ocio, y en ocasiones se han privado del calor del hogar para recibir cursos durante varios meses, a veces sin ver a la familia, para capacitarse en el manejo de esas armas; que los hombres que manejan las baterías antitanques son todos milicianos obreros de 20 a 30 años de edad ; que los hombres que manejan los morteros pesados son milicianos obreros de menos de 25 años de edad; que los hombres que manejan las antiaéreas son jóvenes cuyo promedio de edad es de 17 años; que los jóvenes que manejan las bazookas son brigadas juveniles que han escalado cinco veces el Pico Turquino, y han pasado por durísimas pruebas . Hombres del pueblo, hombres de extracción humilde, que fueron hoy, ante los visitantes ilustres que nos acompañan, ¡el orgullo de la nación!
Ellos saben, ellos saben, como dijo el poeta Neruda, que nuestra batalla es la batalla de ellos, y que nuestra victoria es la victoria de los pueblos hermanos de América.
Y ellos marcharan con la impresión inolvidable de lo que han visto hoy. ¿Qué han visto? ¿Un clásico desfile militar? No. Nunca nuestro pueblo acudía a ningún desfile militar cuando las armas eran armas en manos de los privilegios contra el pueblo. El pueblo, en cambio, acudió en masa a ver desfilar a su fuerza armada; el pueblo aplaudió los tanques, aplaudió los cañones, porque son sus tanques, porque son sus cañones, porque son sus armas para defender todo lo que la Revolución ha conquistado para ellos. Y no los defienden una casta militar, sino los defienden las manos de los obreros humildes y de los campesinos, que han aprendido a manejar el cañón y han aprendido a manejar las armas con la perfección que jamás la aprenderán los privilegiados.
Y los gusanos, los privilegiados, los parásitos y los hijos de los parásitos que quieran enarbolar la bandera vergonzosa del crimen y de la traición a la patria, sepan que no se van a enfrentar con “señoritos”, ¡sepan que se van a enfrentar con hombres que conocen del trabajo y del sacrificio! Y si todavía confiaran en que el imperialismo los va a llevar al poder, si se hacen ilusiones, sepan lo que deben saber. Nosotros esperamos que nadie dude de que esos hombres que por aquí desfilaron son hombres dispuestos a morir.
El pueblo es mucho más fuerte que cualquier oligarquía, el pueblo es mucho más poderoso que cualquier interés de minorías; y si ellos esperan que aquí, apoyados por el imperialismo, van a volver a ensangrentar y a oprimir la patria, sepan que no hallarán nada, sepan que no hallarán un solo edificio entero, sepan que no hallarán una sola casa entera ¡porque cada edificio lo vamos a defender con armas automáticas, con ametralladoras, con bazookas y con cañones! ¡Y que cada edificio y cada casa, los vamos a defender desde el último piso hasta el sótano, y cuando no quede un solo piso, defenderemos las ruinas de las casas! ¡Y que en cada edificio y en cada fortaleza habrá uno de nosotros, en cada edificio y frente a cada grupo de hombres habrá un jefe que no se rendirá jamás y que combatirá hasta después de la última bala!
Esos hombres que llevan sobre sus hombreras el honroso distintivo de oficial rebelde o de oficial de milicia, es un hombre que sabe cual es su destino; y que cada soldado del Ejército Rebelde de esas unidades que ustedes vieron desfilar aquí hoy; y que cada miliciano de esos batallones especiales de combate, cuyo volumen de fuego es equivalente al volumen de fuego de una división entera en la última guerra, son hombres que saben cuál es su destino; y que los hombres y mujeres honrados y dignos de este país son hombres y mujeres que saben cuál es su destino ; y cada uno de los miles de brigadas juveniles son jóvenes que saben cuál es su destino, y cada uno de los maestros y maestras que por ahí desfilaron son hombres y mujeres que saben cuál es su destino; y cada uno de los obreros que aquí desfiló, o que no desfiló aquí porque estaba en una trinchera, y cada uno de los obreros que aquí están, y cada uno de los hombres de vergüenza de este país, son hombres que saben cuál es su destino.
Ese es el destino que hemos escogido, y es un destino que no admite alternativas. Por eso, esperemos confiados y alertas, esperemos serenos y firmes. El peligro que se cierne sobre la patria no acobarda, sino que enardece al pueblo. Esperemos confiados, esperemos confiados cualquier eventualidad; por criminal y traicionero que pueda ser el zarpazo, no nos intimida. Viviremos días de peligro, de verdadero peligro, y la responsabilidad no será solo de esta administración, sino que será también del presidente electo en Estados Unidos, porque si ellos creen, si ellos creen que van a descargar la responsabilidad sobre la administración actual, nosotros denunciamos que cualquier agresión no se llevaría nunca a cabo sin la complicidad de los nuevos gobernantes elegidos por Estados Unidos.
Nosotros esperamos de la nueva administración algunas rectificaciones; nosotros sabemos que las circunstancias políticas del mundo y las circunstancias del cambio que va a tener lugar en Estados Unidos, obliga a la nueva administración a una política más sensata y más serena si no quiere llevar al mundo a una verdadera hecatombe y a un holocausto apocalíptico.
Nosotros corremos hoy los mismos peligros que corre el mundo, los mismos riesgos que corre el mundo, y el mundo corre los riesgos de una guerra, y el mundo sabe quiénes son los que siempre están llevando a la humanidad al borde de una guerra atómica, y son muchos los puntos donde esos enemigos de la humanidad y de la paz han creado zonas de conflicto, y la humanidad tiene derecho a albergar la esperanza de que un mínimo de sensatez conduzca a los nuevos responsables de la política de Estados Unidos a una actitud más cuerda y más sensata, porque ningún interés, y mucho menos los intereses bastardos de los monopolios, los intereses egoístas y repugnantes de los monopolios, justifican que la humanidad viva en medio de la zozobra y en medio de la pesadilla que le plantea las consecuencias de una guerra; el mundo tiene derecho a esperar que haya un mínimo de sensatez en esos hombres, y el mundo tiene derecho a esperar que estos 18 días transcurran sin que la podrida dirigencia de la actual administración lleve a Estados Unidos ¡al más criminal, al más vergonzoso, al más cobarde y al más repugnante de sus actos!
Nosotros hemos aceptado todas las contingencias de esta lucha; nosotros, serenamente, estamos prestos a afrontar lo que sea necesario afrontar. Por tanto, para nosotros no hay camino incierto, todos los caminos para nosotros, es decir todo lo que nos conduce o nos espera en el futuro, es cierto; porque nosotros nos hemos trazado una línea y cualquiera que sea nuestro destino, será siempre un gran destino, porque grande es el destino de los pueblos que triunfan ¡y grande es el destino de los pueblos que saben morir antes que aceptar la derrota!
Nosotros jamás seremos vencidos. Para los que defendemos una causa justa, ¡la derrota no existe!
Y junto con el destino de nuestro país, estarán jugando con el destino del mundo, estarán poniendo en riesgo el destino de la humanidad. La humanidad seguirá adelante, de eso nadie puede dudar; el hombre vencerá sobre el mal, la humanidad vencerá sobre todas las injusticias. Lo que no se sabe cuál será el precio, cuánto le costara su victoria, que le harán pagar a la humanidad las fuerzas retrógradas y reaccionarias del mundo por su triunfo, el cumplimiento de sus esperanzas; cuánto le cobrarán a la humanidad, es lo que la humanidad mira hoy con verdadera incertidumbre, y que la humanidad ve con justificada preocupación, y lucha, por que no le hagan pagar un precio verdaderamente holocáustico por su ascenso a un mundo sin colonias, ¡a un mundo sin esclavos, a un mundo sin explotados y a un mundo sin explotadores!
La humanidad triunfará, nadie lo dude, sea cual fuere el precio, y no basta más que mirar hacia la historia para comprender que los que en el mundo actual actúan como están actuando los guerreristas, los provocadores, están inexorablemente, inexorablemente, condenados a la derrota, como estuvo condenado el fascismo y estuvo condenado el nazismo, pero le cobraron a la humanidad un precio muy alto.
¡Y ojala que haya en esos hombres que de alguna manera influyen en las decisiones de Estados Unidos el mínimo de sentido común que lleve a la humanidad, que quiere la paz y que no quiere guerra, un poco de esperanza!
Y el destino del mundo esta en juego en estos momentos; y una agresión a nuestro país, como encontraría una resistencia tenaz y prolongada, sería una agresión al mundo, ¡que no nos dejara solos! Porque sabemos que no estamos solos, porque sabemos, y estamos seguros, de que una agresión imperialista a Cuba los llevaría a su propia destrucción. Más, sin embargo, ¡nosotros no queremos que se suiciden a costa nuestra!
Y no pensamos solamente en Cuba, que sería egoísta, pensamos también con tristeza en los sacrificios que una agresión a nuestro país implicaría para otros pueblos, los peligros que pueda implicar para la humanidad, porque por encima de los hombres, de los individuos, están las naciones, ¡y por encima de las naciones esta la humanidad!
Por eso, hoy, al marcharnos para nuestras casas, o para nuestros puestos, debemos llevar el sentimiento de que estamos viviendo un minuto trascendental de la historia de nuestro país y de la historia del mundo, y llevémonos la convicción de que nuestra consigna de ¡Patria o Muerte! es no solo una consigna en nombre de la patria, sino también en nombre de la humanidad.
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada