julio 09, 2012

Discurso de Fidel Castro en la Plaza de la Ciudad de Camagüey (1959)

DISCURSO EN LA PLAZA DE LA CIUDAD DE CAMAGÜEY
Fidel Castro
[1° de Enero de 1959]

― Versión taquigráfica de los oficinas del Primer Ministro ―

Camagüeyanos:
Se siente uno intimidado cuando se tiene que parar delante de una muchedumbre tan gigantesca como la de esta noche.
Es que la presencia de tantas personas reunidas, en una ciudad donde todavía se escuchan de cuando en cuando los disparos de los enemigos agazapados, donde no existen medios de transporte, donde se ha escogido, incluso, un sitio apartado del centro de la ciudad; la presencia de tantos hombres y mujeres nos da una idea aproximada de la responsabilidad abrumadora que sobre nuestros hombros pesa.
Yo quisiera ver al pueblo, y la luz no me permite ver.  A pesar de todo, brindémosles a los periodistas todas las facilidades, porque para eso hay libertad de prensa en nuestra patria; que ellos tomen sus películas, que cuando yo lo pueda ver...  Espero, que hay tiempo, es temprano.  Prefiero esperar para poder hablarle al pueblo de frente y viendo al pueblo, mirarlo cara a cara.
Es para nosotros y para ustedes, un motivo de orgullo —a pesar de los pequeños inconvenientes— tener delante un camión lleno de periodistas cubanos y extranjeros.  Bien merecen los periodistas la oportunidad de trabajar; el periodista trabaja para el pueblo, el periodista informa al pueblo.  El pueblo solo necesita que le informen los hechos, las conclusiones las saca él, porque para eso es lo suficientemente inteligente nuestro pueblo cubano.  Por algo las dictaduras no quieren libertad de prensa, por algo nos tuvieron censurados y amordazados durante tantos meses.  Durante tantos meses seguidos, que sumados —como bien dicen ustedes— eran años.
Pero, además, cuando no había censura no podía decirse, sin embargo, que había libertad de prensa.  Porque cuando un derecho se lo pueden arrebatar al pueblo de un día para otro tranquilamente, no es un derecho.  Existe un derecho, cuando es realmente un derecho seguro; cuando se puede disfrutar sin el temor de que se lo arrebaten, porque nadie puede arrebatárselo.
Libertad de prensa hay ahora, porque sabe todo el mundo que mientras quede un revolucionario en pie habrá libertad de prensa en Cuba.  Quien dice libertad de prensa, dice libertad de reunión; quien dice libertad de reunión, dice libertad de elegir sus propios gobernantes libremente.  Cuando se habla del derecho de elegir libremente, no se refiere solo al presidente o a los demás funcionarios, sino también a los dirigentes; el derecho de los trabajadores a elegir sus propios dirigentes.  Cuando se habla de un derecho después de la Revolución triunfante, se habla de todos los derechos; derechos que son derechos porque no se pueden arrebatar, porque el pueblo los tiene asegurados de antemano.
Cuando un gobernante actúa honradamente, cuando un gobernante está inspirado en buenas intenciones, no tiene por qué temer a ninguna libertad.  Si un gobierno no roba, si un gobierno no asesina, si un gobierno no traiciona a su pueblo, no tiene por qué temer a la libertad de prensa, por ejemplo, porque nadie podrá llamarlo ladrón, porque nadie podrá llamarlo asesino, porque nadie podrá llamarlo traidor.  Cuando se roba, cuando se mata, cuando se asesina, entonces el gobernante tiene mucho interés en que no se le diga la verdad.  Cuando un gobierno es bueno, no tiene por qué temer a la libertad de reunión, porque los pueblos no se reúnen para combatirlo, sino para apoyarlo.  Quienes, como nosotros, tienen hoy el privilegio de ver a la masa del pueblo reunirse para brindarnos su respaldo, pueden comprender perfectamente, que solo cuando los gobernantes se han granjeado la enemistad de su pueblo, pueden concebir la estupidez, la injusticia, de negarles a los ciudadanos el derecho a reunirse.
Cuando un gobierno ha sido incapaz e inmoral, entonces es solamente cuando se le ocurre negarles a los ciudadanos el derecho de votar, porque, si es bueno, la ciudadanía le brinda su respaldo; si es malo, se lo niega.
Muchas lecciones ha aprendido nuestro pueblo en los últimos años.  Todos hemos aprendido algo.  Nuestro pueblo ha aprendido mucho.  No hay mejor escuela que la experiencia, y no hay mejor lección que aquella que se experimenta en la propia carne.  Siete años de tiranía han enseñado mucho a nuestro pueblo, siete años de tiranía nos han enseñado, sobre todo, que nuestras libertades no podemos nunca más perderlas de nuevo.
Si aquí en esta plaza se ha reunido virtualmente la ciudad entera, es porque a la ciudadanía le está interesando su destino, es porque a la ciudadanía le está interesando todo cuanto atañe a su futuro y a sus derechos.  El indolente ha desaparecido, el indiferente no existe.  No hay hombre o mujer que no se preocupe hoy por las cuestiones públicas, porque no hay uno solo que no haya sufrido en sus carnes la garra de la tiranía.  Yo no sé cuántos cubanos han vivido estos siete años sin haber recibido un golpe, un empujón, una bofetada, un culatazo, un insulto; qué cubano no ha perdido un ser querido o un amigo vilmente asesinado; qué cubano no guarda luto en su ropa o en su corazón.  Y es que no hace falta que le asesinen a un hermano, es que no hace falta que le asesinen al esposo o al hijo; basta levantarse una mañana y ver regado por las calles un rosario de cadáveres, para que todo el mundo se sienta de luto, para que cada madre se llene de incertidumbre y de temor: Hoy fue el hijo de la vecina, el hijo de la amiga; mañana puede ser su hijo o su esposo.
No vivían seguros en Cuba ni los chivatos.  Desde luego, que estaban mucho más seguros que ahora; pero ocurría a veces que las propias tropas en operaciones —a veces— mataban a los chivatos para que no les dijeran dónde estaban los rebeldes.  Nadie se sentía seguro.
Fueron siete años de verdadero terror, de verdadera inseguridad, de verdadera humillación; se respiraba una atmósfera de crimen, de terror, de inseguridad.
Pero no se trataba solamente de que la vida y la seguridad no estaban garantizadas para nadie.  Había cosas peores.  Había cosas peores que la muerte: la humillación, la impotencia frente a los rifles mercenarios; sentirse hijo de este país, sentirse ser humano y vivir como animales.  Sentirse ser humano y pensar que aquí no se respetaba condición alguna; daba lo mismo que fuese niño o anciano, hombre o mujer, nadie escapaba.  Si el ser humano nace con una dignidad innata, y hasta a un niño cuando se le ofende se le hiere, cuando se le trata mal de palabra llora, cuando el padre le pega se siente humillado, ¿qué país era este, donde a los hombres respetables, padres ya de numerosos hijos, en cualquier esquina un esbirro les pegaba una bofetada?  Lo que los niños no pueden soportar, tenían que soportarlo los mayores.
Pero había cosas peores, algo que hacía todavía más infeliz a la ciudadanía, algo más asqueante, porque frente al deseo de matar —como dijo alguien— surge el deseo de morir; porque el exceso de asesinar semejantes, despierta en los hombres el reto a la muerte.
Hay algo a lo que el ser humano no se adapta jamás:  a lo que le produce asco, a lo inmoral; a la presencia de toda una serie de sujetos que iba desde el botellero hasta el chivato, desde el politiquero hasta el bolitero, desde el policía esbirro al policía picador, desde el camaján chiquito hasta el camaján grande; desde las microondas de los esbirros hasta los Cadillacs y los Oldsmobiles de los politicastros ladrones; desde Otto Meruelo hasta Luis Manuel Martínez y Díaz Balart; desde el asesino desalmado hasta el guataca insolente y empedernido; desde la censura de prensa para todo el pueblo hasta el derecho de decir todo lo que les daba la gana a unos cuantos insolentes; desde la prohibición a las estaciones de radio y a los periódicos de escribir lo que quisiesen sus directores y sus redactores hasta la obligación de permitir que allí ellos escribieran todo lo que les diera la gana, o hablaran ellos.
Y si no fuera porque los hombres y los pueblos a la hora del triunfo no han de ser rencorosos, valdría la pena mencionar más de cuatro nombres de descarados; los mismos que decían que la solución era el primero de noviembre, no este, sino el otro, el anterior; y los mismos que si no llega a ser por la Revolución, dicen que la solución son las elecciones de 1962 .  Y así querían tener a nuestro pueblo —cuando era imposible soportar tanta infamia, cuando era imposible soportar todo lo que aquí enumeraba hace unos minutos—, para así poder dominar mejor a su antojo a un pueblo que ni tenía fusiles, ni sabía manejarlos.
Pero es mejor que haya sido así, es mejor que pareciera imposible.  No para sacar en conclusión que nosotros tengamos más pueblo, sino para sacar en conclusión que lo que resulta imposible es imponerle una dictadura al pueblo de Cuba.  Y así habíamos pensado siempre los cubanos.  Y todo el mundo vivía confiado de que dictaduras no habría, porque el cubano no soporta dictaduras.  Todo el mundo pensaba que a nadie se le ocurriría semejante cosa, porque era una locura.  Sin embargo, de la noche a la mañana, se despertó con una dictadura, nos despertaron los tanques rodando por las calles en zafarrancho de combate y en tono de represión a la menor...  (INTERRUPCION).  No eran aquellos tanques que partieron de Columbia el 10 de marzo hacia el corazón de la capital como los tanques que marchan hoy de Oriente hacia La Habana, y sin embargo son los mismos tanques, solo que antes los tenían ellos para implantar el terror y la opresión y ahora los tenemos nosotros para defender al pueblo .  Esos tanques son del pueblo; se los hemos arrebatado a la tiranía para dárselos al pueblo.  Y por eso esta mañana tuvimos la singular satisfacción de ver que a nuestro tanque el pueblo le tiraba flores.  Y no es un tanque, son 16 tanques: los tanques que mandaron para perseguir a los rebeldes, y los rebeldes van ahora para La Habana con los tanques.  Pero hay algo más extraordinario todavía:  los soldados que mandaron para Oriente a perseguir a los rebeldes, ahora van para La Habana junto con los rebeldes ; las fragatas que mandaron a Oriente para destruir a cañonazos a nuestras tropas, van ahora para La Habana con los rebeldes ; los aviones que antes desde este mismo Camagüey partían a bombardear la Sierra Maestra, están aquí ahora, a la disposición...  (ININTELIGIBLE)... Y no solo estos aviones, sino algo todavía más simpático: los aviones que mandaron los ingleses, los Seafury que compraron en Inglaterra...  (INTERRUPCION)...  Van a bombardear la Sierra Maestra con juguetes para los muchachos.  (INTERRUPCION)...  camiones para obras públicas, hay una comisión de un 30%; si se va a comprar tela para hacerles uniformes a los soldados, hay una comisión de un 20%...  (INTERRUPCION)...  ropas y zapatos y medicinas y dulces y regalos para los campesinos.  Y hoy, ya me reuní con los pilotos y se lo dije:  vamos a bombardear ahora la Sierra Maestra con regalos y con cosas agradables al pueblo , porque después de dos años de guerra lo que se le creó al campesinado fue un reflejo condicionado, que hasta cuando pasaba un avión de pasajes la gente sufría el temor de que se tratase de un bombardeo.  Para demostrarles a los campesinos que la guerra se acabó de verdad, que ya no hay nada más que temer —por lo menos de algún enemigo interno—; para demostrarles a los campesinos de la Sierra Maestra que estos aviones son suyos, vamos a mandar los aviones a lanzar regalos a los campesinos de la Sierra Maestra.  Y créanme que será para mí un motivo de gran satisfacción, porque una mañana en el alto de la Sierra dije: algún día esos aviones vendrán aquí, pero a tirar medicinas y a tirar regalos para los campesinos.  Y voy a cumplir mi palabra.
Lo que les quiero decir es que los tanques, los cañones, los aviones, las fragatas, los fusiles, las ametralladoras, todo, está en manos del pueblo.
No sé si Batista estará más fuerte ahora (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”), como decía aquel, que le íbamos a prestar un servicio a Batista.  Pero yo sé que todos los fusiles y todos los tanques, y todo lo que tenía Batista, lo tiene ahora el pueblo (EXCLAMACIONES DE:  “¡Abajo!”).  ¿Abajo?  Primero que nada, dónde estará metido Batista a estas horas.  ¡Mejor es ni mentarlo, señores!  Estoy seguro de que a nadie le preocupa Batista (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”)  Si con lo poderoso que era el pueblo no le tuvo miedo, ¿cómo le va a tener miedo ahora al señor Batista?  ...(INTERRUPCION)...  Lo insultábamos cuando estaba en el poder y era porque no podíamos hacerle otra cosa.  Pata de Ganso sí ya está preso.  No, no, no lo van a matar; lo van a ajusticiar, que no es lo mismo.  Como también está Trujillo preso.  Matarlo, no; fusilarlo, que no es lo mismo.
Y no es porque los combatientes revolucionarios tengamos sed de sangre, ni nos mueva un sentimiento de venganza.  No es por eso.  Es sencillamente porque ese es el castigo que en justicia merecen.  No merecen continuar viviendo...  (INTERRUPCION).
Nuestra angustia y nuestro dolor nacen de saber...  (INTERRUPCION)...  un destino mejor, que el pueblo cubano merece una vida mejor; que para las inmoralidades...  (INTERRUPCION)...  bendita en pueblo, desgraciada en política.  Esta tierra cuyo pueblo lucha y quiere algo mejor sin acabar de conseguirlo; su destino lo frustran por una causa o por otra.  ¿No habrá llegado la hora de que reciba el premio de sus desvelos, que reciba el premio de su sacrificio?
Poco es lo que vamos a prometer, porque esto no es cuestión de promesas.  Se hacen promesas cuando uno está demandando que le crean lo que promete, cuando se está pidiendo algo.  No vamos a prometer nada, vamos a hacer, vamos a empezar a luchar en todas partes; vamos a invertir las energías de nuestros revolucionarios, de esos jóvenes que se jugaban la vida todos los días, de nuestros combatientes, de esos jóvenes que subían y bajaban montañas incansablemente; de este pueblo luchador.  Vamos a invertir esa energía, ahora que no hay guerra, en arreglar esto.  Vamos a empezar, que lo que hay es que empezar.  Y empezar por donde estemos, si estamos en un municipio, empezar por ahí mismo; y cada cual empezar por el suyo y empezar por su provincia y empezar por todas partes.  Vamos ahora a lanzar una ofensiva contra la corrupción, contra la inmoralidad, contra el vicio, contra el juego y contra el robo , contra el analfabetismo, contra las enfermedades, contra el hambre.  Vamos a empezar una ofensiva simultánea, como la ofensiva que terminó con el fin de la dictadura.  Vamos a luchar también contra el imperio de la corrupción, de la explotación, del abuso y de la injusticia, que ahora tenemos un ejército más grande, está todo el pueblo.
Es imposible que ese mar de cabezas, que son los de aquí, pero que si lo juntáramos con los de un poco más adelante: con los de Bayamo y con los de Holguín y con los de Santiago y con los de Santa Clara, podría hacer una muchedumbre de 20 kilómetros de largo...  ¡Porque es el pueblo entero, y el pueblo con las armas en la mano, el pueblo con un ejército suyo, con un presidente suyo, con un consejo de ministros suyo.  El pueblo libre y con todo en sus manos!  Un pueblo que sabe hablar, que sabe reunirse, que sabe reclamar, es imposible que, si lanza una ofensiva contra todo lo que ha constituido su desgracia, no logre la victoria.
Por nuestra parte, pueden considerar que ya la hemos empezado.  La guerra se acabó ayer y ya estamos trabajando, trabajando más que cuando no había paz; la paz para nosotros es trabajo triplicado, es lucha triplicada.  Y estaremos luchando, mientras nos quede una gota de energía estaremos en pie y no descansaremos y no dormiremos.  Ya estamos trabajando sobre la marcha, haciendo algo, sentando las bases de algo, adelantando algo, en todo lo que está dentro de nuestras atribuciones.  Porque esto no quiere decir que uno lo vaya a hacer todo, sino que todos tenemos que hacer algo, cada cual dentro de sus atribuciones.  Por mi parte, no reclamaré nunca otra cosa que más trabajo cuando no me alcance con el que tengo.  Y ahora tengo varios, puede decirse que tengo mucho, pero...  (ININTELIGIBLE)...  sin pérdida de tiempo.  Y uno de los más importantes es precisamente tener en estos momentos bajo mi responsabilidad, nada menos que las actividades y la reestructuración de cuatro cuerpos armados sin ser yo militar, porque yo no soy militar, soy abogado.  Y no quiero decir que ser militar...  (ININTELIGIBLE).  Y un hombre de ley es el que tiene que resolver todos los problemas relativos a las fuerzas armadas.  Mi grado es de Comandante y no pienso tener más grados que esos, no paso de ahí.  Podemos tener la satisfacción de decir que creo que esta ha sido la primera revolución en el mundo que no ha dado ni un general; no ha dado ni uno, ni los dará.  Generales todos eran aquí y, sin embargo, me maravillo de lo bien que me entiendo con los militares, el entusiasmo con que aceptan nuestros puntos de vista, el interés.  No podemos decir que ahora...  porque los más malos están presos o irán a parar a la cárcel y los que queden serán los que no tienen razón para ser ajusticiados o estar en la cárcel.  Hay buenos militares, y no uno, sino muchos buenos militares.  Yo puedo decirlo, porque he sido adversario de ellos y he combatido contra ellos; tengo elementos de juicio para discernir y distinguir entre un criminal, asesino y...  (ININTELIGIBLE)...  y un militar que detesta eso y que ha sufrido.  Porque hay muchos militares que han sido victimas, militares de academia que ingresaron al ejército cuando no había guerra, y que de buenas a primeras fueron poco a poco cayendo...  el cuerpo, el instituto armado cayó en esa situación a que lo llevó Batista.  Es lógico que ya la responsabilidad de cada hombre hay que analizarla siempre con mucho cuidado.  Tal era el caso, por ejemplo, de algunos militares a quienes todos los días les estaban diciendo que nosotros éramos unos asesinos, unos ambiciosos, que lo que queríamos era retirarlos de su carrera.  Y hombres que estaban engañados, porque es verdad que había muchos militares engañados.  Y la mejor prueba es que, cuando hicieron contacto con nosotros y nos conocieron a nosotros, variaron de opinión y actuaron con una opinión distinta.  Porque los cientos de soldados prisioneros que nosotros enviamos para La Habana, ayudaron a que el ejército se uniera a nosotros.  Lo justo antes que nada.  Había muchos militares que creían de buena fe que nosotros éramos unos enemigos de la paz, del orden, que éramos unos criminales.  Muchos.  Y ese no es el caso, señores, de Pata de Ganso, de Trujillo.  Es distinto por completo.  Son unos criminales natos, unos tipos...  (ININTELIGIBLE)..., que hay que exterminar sencillamente, porque lo demanda la salud del pueblo.
Y les explicaba que cuando se actúa de buena fe y con intenciones rectas, no es difícil que los hombres se incorporen.  Y estoy seguro de que podré contar con la colaboración de muchos militares limpios, es decir, los limpios, porque el que ha robado y el que ha matado, ¡ni uno solo!    Las armas las tienen que manejar hombres que las conozcan, las armas pesadas, los cañones.  Los rebeldes no teníamos cañones, los rebeldes no teníamos tanques, los rebeldes no teníamos aviones.  Hay muchos equipos de guerra que se necesita un experto en ellos, y aquí en la Columna, los tanques, la artillería y otras armas... (ININTELIGIBLE)... son soldados seleccionados que conocen su especialidad técnica, porque alguien tiene que manejar esas armas.  Aparte de que los rebeldes tienen que aprender a manejarlas todas también.  Pero lo que quiero decir es que la Revolución tiene que depurar lo malo y unir lo mejor.
Yo tengo la seguridad de que se hará un ejército que será modelo de América y garantía permanente de la paz y de la libertad, un ejército que estará con el pueblo, con la Constitución y con las leyes...  (INTERRUPCION).
El pueblo aprendió a ganar su...  (ININTELIGIBLE)...  después de haber conquistado...  (INTERRUPCION)...  no se ascenderá a un oficial por amiguismo, sino por mérito, por conducta y por capacidad.  Y el pueblo podrá contar en breve tiempo, en un tiempo mínimo, con unos institutos armados que serán como el Ejército Rebelde, integrados por los rebeldes y por los militares honorables que hay en las fuerzas armadas, los hombres limpios de sangre y de oro mal habido.  Los demás, para la cárcel o el cadalso.
Y no quiero decir sino que todo el que haya robado, todo el que haya asesinado, tendrá que comparecer ante los Tribunales Revolucionarios.  Pero eso no es con los militares solo, no.  Nosotros no tenemos ningún sentimiento de animadversión contra los militares.  Los civiles que han robado , los representantes y los senadores...  (ININTELIGIBLE)...  que han estado cobrando los sueldos del pueblo, tienen que devolverlos; todos esos señores que cobraban 5 000 pesos todos los meses, tienen que devolverlos, o perderán los bienes que posean, o no podrán volver a llamarse cubanos, porque aquí no podrán vivir.
Con esto les quiero decir a los comandantes del Ejército Rebelde que, en esta primera etapa, mientras se consolida la Revolución, mientras se consolida el triunfo, estarán dedicados a la tarea que es más importante ahora que ninguna:  organizar la fuerza armada del pueblo.  No habría libertad segura, no habría derecho seguro, no habría esperanza alguna, si no se garantiza la fuerza armada del pueblo; y no sería correcto en este momento, después que se ha luchado tanto, abandonar nuestras obligaciones, las obligaciones contraídas durante más de dos años de guerra.  Y aunque son hombres extraordinariamente capacitados para cualquier actividad civil los más viejos comandantes de nuestro ejército, es imposible sacar ahora a Camilo de Columbia, al Che de La Cabaña, a Escalona de Pinar del Río, a Raúl de Santiago .  ¿Creen ustedes que podríamos sacar a nuestros comandantes de esas posiciones en estos momentos?  ¿Se sentiría muy seguro el pueblo?  
Esa es la razón por la que nos vemos obligados durante un tiempo que será el menor posible, a ...(ININTELIGIBLE)...
Pero no nos conformaremos con esto.  Dentro de nuestras atribuciones, en todo lo que no se salga de ellas ni interfiera otras actividades, en lo que esté al alcance de nuestras manos, trataremos de prestar al país otros muchos servicios.  No se nos puede negar el derecho a cumplir con tantos hombres y con tantas mujeres que hicieron algo por nosotros.  No se nos puede negar el derecho a hacer algo por nuestros campesinos, por aquellos hombres que durante tantos años y tanto tiempo compartieron nuestras vicisitudes y nuestras esperanzas.  No puede ser que el triunfo sea para apartarnos, por ejemplo, de la Sierra Maestra.  ¡No!  Eso sería obra de ingratos.  Nosotros no olvidaremos nuestros deberes más elementales.  Allá ofrecimos caminos, y va a haber caminos; allá ofrecimos escuelas, y va a haber escuelas; allá ofrecimos hospitales, y va a haber hospitales.  Y lo que ofrecimos a los campesinos de la Sierra Maestra es lo que hemos ofrecido a los campesinos de otros lugares de Cuba.  Ponemos a la Sierra como símbolo simplemente, pero las necesidades de allí son las mismas necesidades de los campesinos de la Sierra Cristal, de la Sierra Escambray, de la Sierra de los Órganos en Pinar del Río, ¡en todo el campo!  Y en lo que esté al alcance de nuestras manos, nos ocuparemos de ellos.  Y a pesar de las obligaciones que tenemos en el aspecto militar, todo lo que esté al alcance...  (ININTELIGIBLE)...  Y el hecho de haber tenido que empuñar las armas durante dos años por la libertad y por el derecho de nuestros compatriotas, no ha de ser para que se nos niegue entonces el derecho de...  (ININTELIGIBLE).
Quiero decir que nosotros haremos en todos los órdenes para el pueblo lo que podamos, lo que nos permitan nuestras atribuciones.  Porque eso sí, seremos, por encima de todo, respetuosos de las atribuciones de los demás funcionarios de la República, y, sobre todo, de la investidura y de las facultades del Presidente legítimo de la República.  Jamás ningún acto nuestro interferirá...  (ININTELIGIBLE)...  la autoridad del Presidente de la República, que contará con nuestro acatamiento y nuestra subordinación, porque para eso hemos luchado por una república civilista, y seremos los primeros en dar el ejemplo.  Como ninguna vanidad ni ninguna ambición nos mueven, ningún trabajo nos costará tener siempre las mejores relaciones con el poder civil de la República.  Porque los problemas surgen cuando hay ambiciones, y cuando hay malas intenciones; pero cuando no, los problemas se resuelven, o no surgen nunca, como estoy seguro de que jamás surgirá un problema entre nosotros y el Presidente legítimo de la República, que ya ha escogido su consejo de ministros, hombres jóvenes dispuestos también a trabajar con entusiasmo en esta hora.  Cada cual irá por norma, a hacer lo que más pueda por el pueblo.
Estoy seguro de que nuestra patria ha entrado en una etapa nueva completamente.  Y los revolucionarios están embriagados de entusiasmo y tienen una fe en el porvenir; el impulso...  (ININTELIGIBLE)...  será extraordinario y los frutos no tardarán en verse.
Ya desde mañana una actividad febril reinará de un extremo a otro del país; ya la huelga general se acaba, porque no hace falta, porque el Presidente legítimo de la República ha tomado ya posesión del cargo, porque todos los mandos en las instituciones militares de la nación están en...  (ININTELIGIBLE)...  de la jefatura revolucionaria, porque el poder revolucionario está plenamente vigente.  Y, por tanto, marcharán ahora columnas, pero no columnas armadas, sino columnas de obreros hacia las fábricas, columnas de trabajadores hacia los centrales azucareros, columnas de camiones a recoger los frutos de nuestros campos.  Los campesinos venderán el café que tenían almacenado; los arroceros transportarán su arroz; los ganaderos venderán su carne cuando todavía es la época buena para ello; y los centrales harán la zafra.
En lo adelante, los recursos del Estado se manejarán pulcramente.  Los impuestos que en lo adelante se cobren no irán a parar a los bolsillos de nadie.  Cada ciudadano pagará lo que le corresponde, y lo pagará con gusto, porque sabe que nadie se lo va a robar.  Se acabaron los inspectores que van a los establecimientos a pedir y a exigir; y se acabarán las costumbres de los contribuyentes que preferían sobornar al inspector que pagar al fisco.  Se acabarán las botellas; se acabarán las comisiones; se acabarán los despilfarros.  Y la República podrá contar con más recursos que nunca, lo cual iniciará una era completamente nueva en nuestra patria.
Para todo tenemos un plan...  (INTERRUPCION)..., que se le vende al central o al dueño de la finca; y está el servicio...  (ININTELIGIBLE)...  del pobre.  El agente de autoridad, o el llamado agente de autoridad que le coge al bolitero, le coge al mariguanero, le coge a la prostituta.  Pero no es que le quite solamente al vicioso; le quita al hombre honrado, le quita al comerciante, le quita al trabajador, le quita a todo el mundo.  Es la explotación organizada, de escala menor a mayor.  El policía cobra 5,00 pesos, pero el capitán cobra 10,00 pesos y el comandante cobra 100,00 pesos.  El cabo hace un negocio chiquito, pero el general hace un negocio grande.  Y los aviones, esos aviones que tenemos nosotros ahí ahora, esos aviones venían cargados de mercancías, estaban dedicados al contrabando, los aviones de guerra estaban dedicados al contrabando.
Todo era un negocio turbio.  El más turbio de los negocios era un senador que no trabajaba ni 10 horas en el mes y cobraba 5 000 pesos, mientras un obrero de Obras Públicas trabajando muy duramente ganaba 3.00 o 4.00 pesos, y ganaba 100.00 pesos al mes trabajando...  (ININTELIGIBLE)...  Y no les pagaban...  Ustedes veían que al senador era al primero que le pagaban, porque cuando las estaciones de radio anunciaban los días del cobro...  (ININTELIGIBLE)...  Pero algo peor: si ese señor asesinaba a alguien en la calle no iba a parar a la cárcel, era impune.  Para castigarlo había que pedirles permiso, y como era una pandilla, si dejaban meter preso a uno, tenían que dejar meter presos a los otros luego.  Solamente aceptaban que fuera enjuiciado, cuando un senador mataba a otro senador, porque ya era cuestión de senadores y ya no podía hacer eso.  Pero si el que asesinaba no era un senador sino era un padre de familia cualquiera, ah, pues no, no había permiso.  Y cuando cualquier ministro robaba 10 millones de pesos, se postulaba en la próxima campaña, se hacía representante, y ya los tribunales no le podían hacer nada.  Y así resultaba que el senador era libre de hacer y deshacer.
El policía era libre de hacer y deshacer y no le pasaba nada.  El juez no condenaba a nadie.  ¿A quién acudir?  La ley era un papel inofensivo.  La ley era para impedir, para que los abogados acabaran con él, y el juez acabara con él y la policía acabara con él.
Llamar las cosas por su nombre.  Yo, sí, yo soy abogado, pero del pueblo sencillamente.  Y al hablar en estos términos bien se sabe que no estoy hablando de todos los abogados...  (ININTELIGIBLE)...  Pero yo no puedo hablar mal de los abogados.  Desgraciadamente la profesión de abogado es una profesión dura, los primeros que están muy mal son los abogados porque es una profesión donde se hacen...  No se puede hablar mal de los abogados después que hemos visto tantos abogados defendiendo a los presos políticos y tantos abogados sacrificándose en la lucha contra la dictadura.  Y el Colegio de Abogados fue de las primeras instituciones que al régimen...  Es una cuestión justa que haga la aclaración, sin que eso altere el sentido de lo que dije.  El infeliz no tiene con qué pagar un abogado y, al no pagar un abogado...  Lo que yo decía es que la justicia esa es una mentira.  Si hubiera justicia en Isla de Pinos no estarían los ladrones...  (ININTELIGIBLE)...  no estaría el que te roba porque tiene hambre.  Porque yo quiero hacer una pregunta:  un hombre joven que está fuerte y quiere trabajar y no encuentra trabajo y el Estado no lo ayuda, se desentiende de ese individuo que es un ciudadano de nuestro país, ese hombre tiene hambre y no tiene manera de ganarse la vida honradamente, no le queda la alternativa de matarse.  ¿Por qué hay tantos hombres jóvenes vendiendo bolita, haciendo trabajos realmente que no significan medio de vida alguno? Por no robar. Lo extraordinario es que con tanta pobreza no haya más ladrones, y esto habla muy alto de la moral de nuestro pueblo...  Es una de sus virtudes.  Como la de la felicidad honradamente, preferir morirse de hambre a que lo llamen ladrón.
Yo decía que si hubiera justicia, en las cárceles estarían otros hombres.  Aquí hay quien se roba 165 millones de pesos y no le pasa nada .  Pero el pueblo tiene su parte de culpa también, parte de culpa la tiene, porque hay muchos ciudadanos que, cuando esos ladrones les pasan por delante, los aplauden.  Y decir la verdad es una de mis obligaciones.  Y en parte se debe a que se ha hecho una costumbre aquí que a los ladrones no les pase nada.  Pues esta vez les va a pasar.
Señor, pasa uno por delante de la residencia de un pagador del ejército y se encuentra usted una casa de dos pisos con piscina, 20 cuartos, un jardín, 3 máquinas, una finca, ¡y gana trescientos pesos!  Aquí lo que hay que preguntar no es quién roba, sino quién no robó.  El representante que cobra 3 000 pesos es un ladrón, aunque llamen sueldo a lo que se le paga ; el senador que cobra 6 000 pesos es un ladrón ; el concejal que cobra 30.00 pesos por no hacer nada es un ladrón y mucho más si es en la época de la dictadura ; el agente de la autoridad que cobre 100.00 pesos por respetar la ley y defender a los ciudadanos, y lo que hace es agredir a los ciudadanos y violar la ley, es un ladrón ; el juez que castiga al infeliz y no castiga al poderoso y cobra un sueldo por ser juez, es un ladrón .  Sin embargo, nunca les pasa nada.  Si el Estado tiene un parque forestal, cualquier día llega, viene el capitán jefe de la zona aquella y tumba todos los árboles, y no pasa nada.
Todo es negocio.  Si se van a comprar 20 camiones para Obras Públicas, hay una comisión de un 30%; si se va a comprar tela para hacerles uniformes a los soldados, hay una comisión de un 20%.  Todo es comisión y todo es negocio sucio en todas partes.  Si hay un crédito para hacer un camino, se roban la mitad...  (ININTELIGIBLE).  Y cuando no te cobran la comisión, venden los intereses del país, y les hacen concesiones a empresas extranjeras que son onerosas para la nación.  Venden la soberanía, venden nuestra riqueza mineral, venden los servicios públicos.  ¡Quién no sabe cuántos inconfesables negocios ha hecho la dictadura, y cuánto daño le ha hecho a la nación cubana!
Dicen que en la huida se robaron hasta los fondos de la Caja de Retiro, ascendientes a 42 millones de pesos.  Se rompen todos los récords de desvergüenza y de insensibilidad.  Como una venganza a los mismos soldados a los que tuvieron peleando durante tantos años, tanto tiempo, les roban los retiros, después de dejarlos embarcados, como los dejaron; los abandonaron y se fueron.
Yo no sé en qué embajadas estén.  Ya veremos...  (INTERRUPCION EN LA GRABACION)...  No merecen continuar viviendo los que no tuvieron piedad para la vida de los demás; no merecen que nadie se compadezca de ellos quienes no tuvieron compasión con las madres que dejaban vestidas de luto, o los niños que dejaban huérfanos, o los hogares que dejaban sin sustento, no una vez, sino muchas veces.  Porque hay muchos de esos que han asesinado más de una docena de padres de familia.
Bastante respetuoso y disciplinado se ha portado el pueblo, bastante respetuoso de las órdenes y de la disciplina que debe tenerse en esta hora, porque no ha arrastrado con todos los chivatos, con todos los esbirros.  Y es porque el pueblo sabe que ese no es el procedimiento correcto.  ¡No hay que manchar las calles con la sangre de nadie, porque las calles lo que hay es que limpiarlas de sangre, de la sangre que dejaron los criminales!    No es necesario que los pueblos presenten el espectáculo de cadáveres destrozados, porque hemos presenciado ya muchos...  (INTERRUPCION EN LA GRABACION)...  cumplimos solo con la voluntad y el derecho del pueblo.  Un pueblo que ha sufrido tanto también tiene derecho a reclamar justicia.  Sin embargo, nadie podrá desacreditar al pueblo cubano, nadie podrá sacar la fotografía de un cadáver destrozado y decir:  “Fueron las turbas, no hay orden, impera la anarquía, aquí hace falta una dictadura porque no hay orden”, que es lo que dicen los enemigos de la libertad y de la democracia; se valen de la tal casa saqueada y del esbirro arrastrado, para estar escribiendo por tiempo indefinido y para estar sacando fotografías por tiempo indefinido...  (ININTELIGIBLE)...  Un pueblo así merece ser libre, un pueblo así merece un destino mejor.  Nadie en todos estos días ha presenciado una desorbitación, nadie se ha valido de la confusión para delinquir.  Ha primado aquí un respeto absoluto.  Cualquier rebelde que salta por las calles de Camagüey...  (ININTELIGIBLE)...  son unos perfectos caballeros con el pueblo.  Y lo que sí he visto con satisfacción es lo contrario: cómo el pueblo empuja al rebelde...  (ININTELIGIBLE)...  cuando está haciendo alguna línea para no dejar pasar...  (ININTELIGIBLE)...  Pero aprovecho la ocasión para pedirle al pueblo que coopere siempre con nuestros combatientes, con nuestros soldados; que no los maltraten, porque si les dan una orden de que no conviene que pase el público por un lugar...  Ustedes saben cómo es el público, todos nos conocemos, y precisamente por su exceso de entusiasmo, por su exceso de alegría, todos quieren llegar al mismo tiempo, y es imposible.  Si les dan una orden, la tienen que cumplir, y si los quitan de allí, no cumplen la orden; y como se trata del pueblo, pues no pueden defenderse: se trata del pueblo.  Y si los rebeldes son los defensores del pueblo, lógico es que el pueblo sea defensor de los rebeldes.
Cuando todo se normalice, no se verá un fusil en la calle.  ¿Fusiles para qué y contra qué?  Los fusiles, guardados en los cuarteles.  ¡Verde olivo, por supuesto!  (LE DICEN ALGO.) No, en eso no los complacemos.  Sin 26.  El 26 lo llevarán en el corazón, pero no en el uniforme.  El uniforme, sí; el 26 en el uniforme, no.  ¿La barba qué?  ¿Que se afeiten la barba?    Bueno, pues si así es, yo propongo que todo el mundo se deje crecer la barba... (INTERRUPCION en la grabación)...  del uniforme, de los fusiles.  Hablábamos del pueblo y de nosotros.  De lo que queremos decididamente para nuestro pueblo.  Y hacer lo que queremos.  Y no solo mucho trabajo, sino buenos salarios, y zafra larga, y precios bajos.  Esas serán las próximas batallas que el pueblo va a librar.  En lo adelante el pueblo ganará todas sus batallas, porque el pueblo aprendió a ganar después de haber conquistado no solo la Revolución, sino el tenerla asegurada para sí, y ganará también las demás batallas.
No voy a decir aquí de cuántos millones de toneladas será la zafra, porque eso no es una cosa arbitraria, pero sí parece ser que las perspectivas...  (ININTELIGIBLE)...  Este año 1959 va a ser bueno en todo, porque si termina como empezó, será un año de suerte para el pueblo.  Muchas cosas las tenemos que tratar, y vamos aclarando las ideas sin muchas palabrerías.  No discursos extensos, de muchas palabras y pocos sentimientos.  Los discursos politiqueros pasaron de moda.  Aquello de reunir al pueblo y tenerlo dos horas parado para que desfilaran 20 señores hablando boberías, no.  Porque estaban aspirando y lo que les importaba era que les dieran el voto.  Era realmente un abuso con el pueblo.  El pueblo era tan bueno, que lo soportaba todo.  No quiero con esto ni mucho menos, disminuir ni despreciar la política.  Hablo de la mala política, no de la política como la entendía nuestro Apóstol:  a política comunitaria, al servicio de la colectividad; el arte de servir al pueblo.  Lo que ocurre es que hasta las palabras las han desacreditado.  Me refiero al estilo, que hay que cambiar.  Hay que implantar la ley del desinterés y la sinceridad.  ¡De intereses nada, de ambiciones nada!  Aquí el que anda con ambiciones y las demuestre, hay que apartarlo.  Nadie tiene derecho a preocuparse de su vanidad, de su capricho, de su cosa personal, a costa del pueblo.
Cuando hoy atravesaba las calles de Camagüey, donde encontraba tantas caras emocionadas, tantos brazos que se alzaban, cuando parecía que todo era una alegría inmensa en los rostros, yo pensaba en otras cosas.  Yo decía: cada hombre y cada mujer y cada joven y cada anciano, cada niño, parecía ser feliz.  Cualquiera diría que aquella gente no tenía problemas, que aquella gente no tenía preocupaciones.  Sin embargo, yo decía: detrás de cada rostro que se alegra, cuántas preocupaciones habrá.  ¿Cuántos de aquellos hombres y mujeres que caminaban, que rebosaban de júbilo, cuántos tendrían trabajo, cuántos tendrían un centavo en el bolsillo, cuántos podrían tener la seguridad de que si enfermaba un hijo o un hermano iba a tener con qué comprarle la medicina?  ¿Cuántos tendrían un techo decoroso donde vivir?  ¿Cuántos tendrían la seguridad de poder comer al otro día?  Y estaba seguro de que detrás de aquellos rostros, de que aquel hombre o mujer, cuando pasara el instante y volviera a su casa, volverían a su mente el cúmulo inmenso de preocupaciones de cada hombre o mujer humilde...  (ININTELIGIBLE)...
...Sin embargo, se alegraban, se alegraban por algo.  No solo por Cuba libre, porque no hacemos nada con ser libres y morirnos de hambre.  Nada hacemos con una vida...  (ININTELIGIBLE)...  nada hacemos con que no haya esbirros por la calle y no aparezcan nuestros hijos asesinados, si no tenemos ni con qué darles de comer.  La libertad no es todo.  La libertad es la primera parte, la libertad para empezar a tener el derecho de luchar.
Pensaba que la alegría no era solo porque fuésemos libres.  Me parecía que a nosotros se nos pedía algo más.  Y era evidente que no considerábamos cumplido nuestro deber con simplemente haber ayudado a conquistar la libertad del pueblo.  Me parecía que en el rostro de aquellos miles y miles de personas había una esperanza.  No se simpatiza en balde con una causa.  Me parecía ver una esperanza de un mejoramiento, de una solución, si no de todas, de una parte de las angustias que los hombres llevan en sí, apremiados por las necesidades de la vida, que son muchas y urgen.
Yo estoy seguro de que los cubanos no se conforman simplemente con ser libres en su patria.  Yo estoy seguro de que los cubanos quieren además disfrutar de su patria.  Yo estoy seguro de que quieren también participar del pan y la riqueza que se producen en su patria.
¿Cómo vamos a decir: “esta es nuestra patria”, si de la patria no tenemos nada?  “Mi patria”, pero mi patria no me da nada, mi patria no me sostiene, en mi patria me muero de hambre.  ¡Eso no es patria!  Será patria para unos cuantos, pero no será patria para el pueblo.  Patria no solo quiere decir un lugar donde uno pueda gritar, hablar y caminar sin que lo maten; patria es un lugar donde se puede vivir, patria es un lugar donde se puede trabajar y ganar el sustento honradamente y, además, ganar lo que es justo que se gane por su trabajo.  Patria es el lugar donde no se explota al ciudadano, porque si explotan al ciudadano, si le quitan lo que le pertenece, si le roban lo que tiene, no es patria.
Precisamente la tragedia de nuestro pueblo ha sido no tener patria.  Y la mejor prueba, la mejor prueba de que no tenemos patria es que decenas de miles y miles de hijos de esta tierra se van de Cuba para otro país, para poder vivir, pero no tienen patria.  Y no se van todos los que quieren, sino los pocos que pueden.  Y eso es verdad y ustedes lo saben.
Luego, hay que arreglar la República.  Aquí algo anda mal o todo anda mal, pero tenemos que arreglar la República ustedes y nosotros, y por algo hay que empezar.
Sería un demagogo y un embustero si dijera aquí que todos los problemas se van a resolver y se van a resolver enseguida.  No.  Cuando nosotros llegamos a Playa de las Coloradas en el Granma, no creíamos que todo se iba a resolver y se iba a resolver enseguida.  Sabíamos que había que luchar mucho, sabíamos que grandes fuerzas se oponían a nosotros, que grandes intereses se oponían a nosotros, que grandes creencias se oponían a nosotros.  Se decían muchas cosas:  que aquello no podía triunfar; que no había hambre, y que cuando no había hambre las revoluciones no prosperaban; que no teníamos el ejército; que contra un ejército no se podía hacer una revolución; que las revoluciones se hacían con el ejército o sin el ejército, pero no contra el ejército.  Y lo peor es que aquí había que luchar no solo contra los fusiles, sino también contra las creencias; contra las creencias, que a veces son peores que los fusiles, ¡peores son que los fusiles!  Pues bien: la dictadura acaba de caer y, sin embargo, ustedes y nosotros acabamos de llegar a la Playa de las Coloradas, porque en la paz nos queda mucho por luchar.  Nada lo recibimos en balde, todo lo que obtendremos tendrá que ser con el sudor de nuestra frente...  (INTERRUPCION)...  que se valen de todos los pretextos para confundir al pueblo, que mezquinamente y porfiadamente se valen de todas las circunstancias para sembrar la insidia y matar la fe, siempre con un propósito determinado.  Mucho tendremos que luchar nosotros también contra eso...  (ININTELIGIBLE)...  porque muchos tratarán de llenar de obstáculos nuestro camino.
Hoy todo son aplausos.  No tardarán mucho en aparecer los insidiosos.  Desgraciadamente los insidiosos...  (ININTELIGIBLE)...  y donde, como decía nuestro Apóstol, “todas las glorias caben en un grano de maíz”.  No hay gloria grande.  Solo puede haber satisfacción con el deber cuando se actúa no por una vanidad o satisfacción material, sino por sentir que se cumple con el deber sin otra satisfacción material.
Decía que surgirían los envidiosos, los que no pueden tolerar el acierto de otros, los que creen que todo les hace sombra.  Vendrán los calumniadores, vendrán a dividir a nuestro pueblo hoy reunido, vendrán a debilitarlo, a destruirle la fe en los hombres que lo están dirigiendo.  Lucharemos contra eso.
Dura y difícil será la empresa de los que pretendan separarnos y alejarnos a nosotros de nuestro pueblo, porque cuando no se vive más que para un solo propósito, cuando no se vive más que con una sola intención, cuando no se descansa, cuando no se duerme, cuando no hay tregua en el trabajo y en la lucha por servir honradamente una causa, no hay fuerza que pueda separar a un hombre de su pueblo.  Y el pueblo tendrá en nosotros eso: servidores, y no quien trate de servirse del pueblo.
¿Qué podemos nosotros pedir del pueblo más de lo que el pueblo nos ha dado?  ¡Ningún poder, ninguna riqueza, ningún bienestar podrá jamás compararse con la emoción del cariño unánime de un pueblo!  Esto no se sacrifica por nada ni por nadie.  Solo los miserables, los que son incapaces de sentir...  (ININTELIGIBLE)..., podrían despreciar el amor despertado en un pueblo.
Miserables ha habido, hombres que han traicionado la nación, hombres que han traicionado la fe de sus conciudadanos, y por eso hubimos de pasar tanto trabajo nosotros, porque aquí ya no se creía en nada ni en nadie.  La gente se preguntaba si estos revolucionarios serían iguales que aquellos, se lo preguntaba con...  (ININTELIGIBLE)...  y se lo preguntaba con razón.  Si estos no serían unos engañadores y unos traidores como los demás; si no harían igual que el otro.  Se lo preguntaban con razón, porque los habían engañado muchas veces.  Sin embargo, porque precisamente ha habido muchos traidores, es posible y necesariamente tiene que haber también hombres leales.  Todos no son leales, todos los hombres no pueden ser leales, pero tampoco todos pueden ser traidores .
Nuestra patria necesitaba la lealtad de sus hombres públicos, que se aboliera de una vez y para siempre tanta lacra, tanto vicio, tanta corrupción, tanto desorden en todos los aspectos.
¿Qué había aquí?  ¿Qué ha habido siempre?  El soborno, el parasitismo, el que quiere vivir del vicio, el que quiere vivir sin trabajar, el político estafador, el alcalde que se roba los fondos del ayuntamiento, el concejal que le dan...  (ININTELIGIBLE)..., y se lo lleva, el botellero que cobra sueldo y no trabaja, el policía que compra en la esquina y no paga...  
INTERRUPCION EN LA GRABACION)...
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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