enero 16, 2014

Alocución dirigida al público, el 13 de Junio de 1810, por el doctor don Mariano Moreno, al fundar la Biblioteca Pública de la Capital.

EPOCA PRIMERA
La Revolución de Mayo y la Independencia
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Alocución dirigida al público, el 13 de Junio de 1810, por el doctor don Mariano Moreno, al fundar la Biblioteca Pública de la Capital. (1)

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Los pueblos compran a precio muy subido 13 gloria de las armas; y la sangre de los ciudadanos no es el único sacrificio que acompaña los triunfos.
Asustadas las masas con el horror de los combates, huyen a regiones más tranquilas, é insensibles los hombres a todo lo que no sea desolación y estrépito, descuidan aquellos establecimientos, que en tiempos felices se fundaron para cultivo de las ciencias y de las artes. Si el magistrado no empeña su poder y celo en precaver el funesto término a que progresivamente conduce a tan peligroso estado, a la dulzura de las costumbres sucede la ferocidad de un pueblo bárbaro, y la rusticidad de los hijos, deshonra la memoria de las grandes acciones de sus padres.
Buenos Aires se halla amenazado de tan terrible suerte: y cuatro años de gloria han minado sordamente la ilustración y virtudes que las produjeron. La necesidad, hizo destinar provisionalmente el Colegio de San Carlos para cuartel de tropas; los jóvenes empezaron a gustar una libertad tanto más peligrosa, cuanto más agradable; y atraídos por el brillo de las armas, que habían producido nuestras glorias, quisieron ser militares, antes de prepararse a ser hombres. Todos han visto con dolor destruirse aquellos establecimientos de que únicamente podía esperarse la educación de nuestros jóvenes, y los buenos patriotas, lamentaban en secreto el abandono del gobierno, o más bien su política destructora, que miraba como un mal de peligrosas consecuencias la ilustración de este pueblo.
La Junta se ve reducida a la triste necesidad de crearlo todo; y aunque las graves atenciones que la agobian, no le dejan todo el tiempo que deseara consagrar a tan importante objeto, llamará en su socorro a los hombres sabios y patriotas, que reglando un nuevo establecimiento de estudios adecuados a nuestras circunstancias, formen el plantel que produzca algún día los hombres, que sean el honor y la gloria de su patria.
Entretanto que se organiza esta obra, cuyo progreso se irá publicando sucesivamente, ha resuelto la Junta formar una Biblioteca Pública, en que se facilite a los amantes de las letras, un recurso seguro para aumentar sus conocimientos. Las utilidades consiguientes a una biblioteca pública, son tan notorias., que seria excusado detenernos en indicarlas. Toda casa de libros atrae a los literatos con una fuerza irresistible: la curiosidad incita a los que no han nacido con positiva resistencia a las letras; y la concurrencia de los sabios con los que desean serlo, produce una manifestación recíproca de luces y de conocimientos, que se aumentan con la discusión, y se afirman con el registro de los libros, que están a mano para dirimir las disputas.
Estas seguras ventajas hicieron mirar en todos tiempos las bibliotecas públicas, como uno de los signos de la ilustración de los pueblos, y el medio más seguro para su conservación y fomento. Repútese enhorabuena un rasgo de loca vanidad la numerosa biblioteca Ptolomeo Filadelfo: setecientos mil libros entre el edificio antiguo de Ptolomeo Soler, y la nueva ilustración de aquellos pueblos cuanto a ser una demostración colección del templo de Sérapis, no se destinaron tanto a la ilustración de aquellos pueblos en cuanto a ser una demostración magnifica del poder y sabiduría de los Reyes, que los habían reunido. Así los fines de esta numerosa colección correspondieron al espíritu que le había dado principio; seis meses se alentaron los baños públicos de Alejandría con los libros que habían escapado del primer incendio ocasionado por César, y el fuego disipó ese monumento de vanidad de que los pueblos no habían sacado ningún provecho.
Las naciones verdaderamente ilustradas, se propusieron y lograron frutos muy diferentes de sus bibliotecas públicas. Las treinta y siete que contaba Roma en los tiempos de su mayor ilustración, eran la verdadera escuela de los conocimientos que tanto distinguieron a aquella nación célebre; y las que son hoy día tan comunes en los pueblos cultos de Europa, son miradas como el mejor apoyo de las luces de nuestro siglo.
Por fortuna tenemos libros bastantes para dar principio a una obra, que crecerá en proporción del sucesivo engrandecimiento de este pueblo. La Junta ha resuelto fomentar este establecimiento; y esperando que los buenos patriotas propenderán a que se realice un pensamiento de tanta utilidad, abre una suscripción patriótica para los gastos de estantes, y de más costos inevitables, la cual se recibirá en la Secretaría de Gobierno; nombrando desde ahora por bibliotecarios, al doctor don Saturnino Segurola, y al Reverendo padre Fy. Cayetano Rodríguez, que se han prestado gustosos a dar esta nueva prueba de su patriotismo y amor al bien público; y nombra igualmente por protector de dicha biblioteca, al Secretario de Gobierno, Dr. D. Mariano Moreno, confiriéndole todas las facultades para presidir a dicho establecimiento, y entender en todos los incidentes que ofreciese.
MARIANO MORENO

Fuente: Neptalí Carranza, Oratoria Argentina, T° I, pág. 20 y sgtes., Sesé y Larrañaga, Editores – 1905. Ortografía modernizada.
(1) Esta alocución, volvió a, ser publicada en 1836, en la Colección de arengas del doctor Moreno, que es de donde la tomarnos.

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