enero 16, 2014

Diálogo extractado de una reseña histórica, sobre los acontecimientos que se produjeron en el Cabildo de Buenos Aires, el 25 de Mayo de 1810, antes de extender el Acta que sirvió de piedra fundamental a la Independencia.

EPOCA PRIMERA
La Revolución de Mayo y la Independencia
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Diálogo extractado de una reseña histórica, sobre los acontecimientos que se produjeron en el Cabildo de Buenos Aires, el 25 de Mayo de 1810, antes de extender el Acta que sirvió de piedra fundamental a la Independencia.

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LEIVA — (Síndico del Cabildo, interponiéndose ante un grupo encabezado por Chiclana, French, el padre Greta, el doctor Planes y diez o quince más.) Orden, señores, por Dios, ¿que es lo que quieren?
TODOS — La deposición inmediata de Cisneros.
LEIVA — Señores, para oírlos a ustedes necesitamos calma; que se presente alguien que lleve la voz por ese gentío, y lo haremos entrar al salón para que hable por todos.
(En el acto se adelantaron Beruti, Chiclana, French, el padre Greta y el doctor don José Planes. Dirigiéndose a este). No, amigo mío, usted es muy loco para este negocio; con estos caballeros hay lo bastante, pues son hombres de representación, y lo mejor es que no haya tantos con quien hablar. (Dirigiéndose a Chiclana) Compañero, haga retirar a los demás para que nos dejen tratar el negocio como buenos amigos y compatriotas, que todos deseamos el bien de nuestro país. Por de pronto piden ustedes que se nombre una Junta de Gobierno, según la representación escrita que presentan, y esto sería variar todo el orden de la monarquía, sin consultar a los demás pueblos del Virreinato. Esperemos todos a que ese Congreso se convoque y decida como se resolvió el día 22.
CHICLANA — NO, señor; eso no puede ser, porque si bien los otros pueblos tienen el derecho que el de Buenos Aires a pronunciarse, ellos no pueden negar el derecho que tiene el de Buenos Aires a pronunciar su voto desde luego, y exigir que el Congreso sea elegido con libertad y no como un mango servil de los europeos que los mandan, y que tienen allí fuerzas para sofocar su voto, como sucedió el año pasado en Chuquisaca y en la Paz.
EL DR. PLANES — (Introduciéndose furtivamente en la Sala). El Cabildo ha excedido escandalosamente las facultades que le dimos el 22, y ha intrigado para perdernos.
EL SR. GUTIERREZ — (Vocal español). Modere usted sus palabras; usted no es de esta reunión y debe salirse.
EL DR. PLANES — Ni las modero ni me salgo: lo que digo es lo que repite todo el pueblo, y no tardará usted mucho en verlo. El Cabildo abierto que obró como Soberano el 22, resolvió también como Soberano separar absolutamente del Gobierno al señor Cisneros, y retirarle el mando de las armas; y aunque es verdad que defirió en el Ayuntamiento la elección de los miembros del nuevo Gobierno, no se ha podido ni debido nombrar otros que aquellos que expresaron la mayoría de la revolución como el señor Saavedra, el señor Peña, el señor Rodríguez y el señor Moreno; porque es intriga usar de la facultad concedida, como lo ha hecho el Cabildo, entregando a los enemigos y a la minoría, el Gobierno resuelto por la mayoría.
LEIVA—Todavía no nos gobierna Rousseau ni Tomás Payne, señor Planes!
EL DR. PLANES — Es verdad; pero desde el 22 nos gobierna el pueblo.
ANCHORENA — Señor Alcalde, esta disputa es inútil: mi opinión es que citemos a los Comandantes de la fuerza, porque en esta fuerza no hay veteranos; todos son vecinos aptos para opinar y para votar. Los Comandantes nos dirán las disposiciones en que están, y deliberaremos con ellos. (Reunidos estos, fueron invitados por Leiva a mantener lo resuelto el día 23, tomando el Comandante Romero la palabra, a nombre de los demás, y negándose a sostener la elección de Cisneros como Presidente de Junta).
ROMERO — (A Leiva, después de otras muchas consideraciones en que hacía resaltar su patriotismo). V. E. no se haga ilusiones, esto está ya hecho: puedo asegurar que el pueblo ha conseguido ya lo que quiere por escrito, y ha designado los sujetos que quiere ver en el Gobierno.
LEIVA— (Dirigiéndose a los Vocales, ante los clamores del pueblo que invadía las galerías). No hay más remedio, señores, que consentir; creo que debemos hacerlo pronto, muy pronto! Esta es una rebelión abierta.
UNO — (Desde abajo). Sí, señores, lo es, y si el Cabildo no se somete a la voluntad soberana del pueblo, quizás no nos quedemos en eso.
LEIVA— Por desgracia no nos queda ya duda, y cedemos; pero tengan ustedes calma para oír las condiciones con que el Cabildo dará por anulados los actos de los días 23 y 24 y consentirá proclamar el nuevo Gobierno.

(Poco después, el escribano secretario del Ayuntamiento, don Justo José Núñez, leía desde el balcón, que se habían anulado las resoluciones del 23 y 24, dejando en vigor la Acta de aquel memorable día 25 de Mayo de 1810, que constituía la Junta de Gobierno, impuesta por la voluntad soberana del pueblo de Buenos Aires)

Fuente: Neptalí Carranza, Oratoria Argentina, T° I, pág. 13 y sgte., Sesé y Larrañaga, Editores – 1905.  Ortografía modernizada.

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