enero 18, 2014

Discurso de Fidel Castro en la conmemoración del IV Aniversario de la creación de los Cómites de Defensa de la Revolución y el centenario de la I Internacional (1964)

DISCURSO EN LA CONCENTRACION PARA CONMEMORAR EL IV ANIVERSARIO DE LA CREACION DE LOS COMITES DE DEFENSA DE LA REVOLUCION Y EL CENTENARIO DE LA PRIMERA INTERNACIONAL, EFECTUADA EN LA PLAZA DE LA REVOLUCION “JOSE MARTI”
Fidel Castro
[28 de Septiembre de 1964]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Compañeros y compañeras de los Comités de Defensa de la Revolución:
Como todos los años, nos reunimos este 28 de septiembre para conmemorar el aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución. Y se ve que esta organización ha crecido en volumen y en entusiasmo, de manera que este acto en la plaza cívica parece un acto del 2 de enero . ¡Y llenar esta plaza cívica no es fácil!
Es curioso ver — y así pasó también en ocasión del 26 de julio de Santiago de Cuba— que los actos de masas son más grandes. Esto demuestra que con el transcurso de los años la fuerza de las revoluciones no decrece; con el transcurso de los años, y aun cuando el entusiasmo inicial empieza a ser sustituido por ese entusiasmo se puede decir consciente, esa madurez de las masas, con el transcurso del tiempo se hace más fuerte.
Sin embargo, no son hoy las mismas cosas de los primeros tiempos y de los primeros años las que ocupan esencialmente nuestra atención y nuestra mente.
Cuando hablamos hoy de conciencia revolucionaria, esa palabra tiene que implicar un sentido más profundo. Cuando se hablaba de conciencia revolucionaria en los primeros tiempos de la Revolución, se hablaba de una actitud hacia la Revolución, de una fe en la Revolución; no se hablaba de una comprensión de la Revolución, sino de una fe en la Revolución. Y nosotros tenemos que empezar a tener algo más que fe en la Revolución, sino conocimiento profundo de lo que es una Revolución.
Es evidente que las masas tienen una actitud instintiva hacia la Revolución, es evidente que las masas consideran la Revolución como algo suyo, algo muy suyo; y en realidad la Revolución es un fenómeno social en que las masas tienen una participación decisiva.
Los hombres que dirigen esos fenómenos revolucionarios tienen un papel que desempeñar, tienen muchos deberes que cumplir; pero aquella diferencia del pasado en que las masas tenían un papel simplemente pasivo, en que las masas se veían obligadas a esperar, aquella diferencia entre pueblo y Gobierno, esa diferencia desaparece con el proceso revolucionario. Porque es preciso que todo revolucionario, todo hombre y mujer del pueblo, comprenda que las tareas de la Revolución no son las tareas exclusivamente de los gobernantes o de los que desempeñan funciones gobernantes, sino que las tareas de la Revolución constituyen algo inseparable de la voluntad y del trabajo de las masas. Los hombres que tienen determinadas tareas dentro de un proceso revolucionario, pueden hacer lo mejor o peor, de la manera más perfecta o menos perfecta, más inteligente o menos inteligente, más eficaz o menos eficaz.
Pero lo primero que hay que tener en cuenta es que los hombres que en medio de un proceso revolucionario desempeñan determinadas funciones son hombres salidos de las filas del pueblo; lo primero que debe tenerse presente es que en todas las funciones del Estado, en todas las tareas de la administración del país, desde el mando de la más pequeña unidad militar hasta la responsabilidad al frente de un ministerio de gobierno, todos los hombres que desempeñan esas tareas fueron hombres salidos de las filas del pueblo .
Y hay en la Revolución un proceso tremendo de aprendizaje. Lo que puede decirse cuando una revolución comienza es que el pueblo comienza a actuar, que el pueblo comienza a hacer, que el pueblo comienza a planear, que el pueblo comienza — en dos palabras— a decidir sobre su propio destino. Pero significa que los pueblos empiezan a hacer muchas cosas acerca de lo cual saben muy poco.
Nuestro pueblo comenzó a hacer una Revolución radical y profunda, comenzó a cambiar la estructura de aquella sociedad de clases, comenzó a crear un nuevo sistema social: comenzamos a construir el socialismo. Es posible que todo el mundo sin excepción creyera, sin la menor duda, que sabía lo que era socialismo; es posible que todo el mundo sin excepción creyera que sabía lo que estaba haciendo. Y quizás lo más honesto que pueda decirse desde una tribuna es... (DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Fidel, no dejan oír!”) ¿Y cómo yo te oigo sin micrófono? ¡Señal de que hay bastante silencio!
Decía que empezamos a construir el socialismo sin saber cómo se construía el socialismo. Sabíamos lo que queríamos, pero no sabíamos cómo lograrlo; aspirábamos a un régimen de justicia, aspirábamos a superar el inmenso retraso de nuestro país en todos los órdenes, material y cultural, aspirábamos a resolver las necesidades fundamentales del pueblo, las infinitas necesidades de nuestro pueblo, y teníamos que luchar contra obstáculos muy grandes porque aquellos que no tenían ninguna razón para desear un cambio del sistema social, aquellos a quienes cualquier cambio habría de ocasionarles perjuicios, no se resignarían fácilmente a aceptar esos cambios, desde intereses de clases sociales minoritarias y privilegiadas hasta poderosos intereses extranjeros.
Hay que decir, en honor de nuestro pueblo, que no vaciló en emprender el camino, que no vaciló en enfrentarse a los obstáculos; hay que decir, en honor a nuestro pueblo, que concibió un propósito y se lanzó a conquistarlo. ¿Era una tarea fácil? No era una tarea fácil. ¿Se sabía a ciencia cierta cómo se iban a vencer todas y cada una de las dificultades, cómo se iba a estructurar la nueva sociedad? No se sabía, pero se comenzó a hacer.
Y naturalmente que en la primera etapa de la Revolución se discutía primero que nada si tenían razón los hombres que querían un cambio, o la tenían aquellos que no querían ningún cambio, aquellos que pugnaban por cambiar aquella sociedad explotadora, o aquellos que se resistían tenazmente a todo cambio. Comenzó a adquirirse una conciencia que podríamos llamar teórica de los problemas de la Revolución; comenzó a conocerse las fases filosóficas, las fases históricas de la necesidad de los cambios sociales como algo inevitable; comenzó a estudiarse a fondo sobre doctrinas y filosofías políticas; comenzó a comprenderse el problema del mundo moderno; comenzó a comprenderse todo el problema internacional, la posición de cada país dentro de ese problema internacional.
Es decir, comenzamos a tener una preparación teórica para la Revolución, y comenzaron a funcionar las Escuelas de Instrucción Revolucionaria, se empezó a estudiar el marxismo-leninismo. Miles, decenas de miles, cientos de miles empezaron a comprender teóricamente el problema de la historia, la concepción dialéctica de la historia; comenzó a comprenderse el fenómeno de las sociedades divididas en clases desde los tiempos más antiguos. Cientos de miles de personas comenzaron a comprender esos fenómenos teóricamente, y en ese orden avanzó extraordinariamente la cultura del pueblo, la capacidad del pueblo.
Sin embargo, hacer una revolución no era simplemente un problema teórico; hacer una revolución era una realidad viva; hacer una revolución implicaba la solución de infinidad de problemas que tienen lugar en la vida real, la solución de infinidad de problemas de orden práctico.
Es posible que en algunos se hubiese desarrollado la tendencia de creer que una cabal comprensión del fenómeno teóricamente, dotaba de la capacidad práctica para la solución de los problemas.
Es posible, incluso, que en la mente de muchos prevaleciese la idea de que la simple nacionalización de las empresas extranjeras, de las tierras de los latifundistas, el pase de la propiedad de las grandes empresas agrícolas e industriales de manos privadas al patrimonio de toda la sociedad, de por sí implicase la solución de los problemas.
Es posible que para muchos, la tarea de administrar un centro de trabajo o de producción, lo considerasen como la cosa más sencilla del mundo; la tarea de hacer producir las tierras, algo simple y al alcance de cualquier inteligencia.
Sin embargo, el cambio de estructura económico-social planteaba infinidad de problemas prácticos, y de la forma en que esos problemas prácticos se resolviesen, dependería la mayor o la menor eficacia, o el mayor o el menor resultado del esfuerzo.
Es indiscutible que muchos de esos problemas prácticos se han resuelto bien; como también es indiscutible que muchos de esos problemas de orden práctico, no se han resuelto bien.
No quiere decir esto que cuando un problema de orden práctico no se resuelve bien, es porque el que haya concebido un tipo de organización determinada, no desease hacerla mejor, significa que muchas veces las soluciones no eran las más inteligentes, que muchas veces las soluciones no eran las más prácticas. No significa, siquiera, que sea posible dentro de un proceso revolucionario, encontrar la solución inteligente al ciento por ciento de los problemas prácticos que se presentan, ¡no!
Puede decirse que si en los primeros tiempos de una revolución una pequeña parte de los problemas prácticos se resuelven bien, es algo extraordinario, es algo admirable. Porque cuando un pueblo empieza a crear, empieza a construir una estructura social enteramente nueva y los hombres y las mujeres que se lanzan a esa tarea, son los hombres y las mujeres que no salieron de las universidades, que no salieron de las capas ricas y privilegiadas de la población, que no tuvieron la oportunidad de recibir una amplia cultura, una educación especializada; cuando un pueblo comienza a realizar esa tarea contra las clases que no solamente monopolizaban la riqueza, sino que monopolizaban la experiencia, y monopolizaban los conocimientos; si ese pueblo comienza a resolver una parte de los problemas de una manera correcta, es admirable. Sin embargo, eso no quiere decir que no estemos en el deber de aprender; eso no quiere decir que hayamos de conformarnos en ningún instante con todas las soluciones que se han dado en los primeros momentos, ¡no! Esto quiere decir que tenemos que tener clara conciencia de la necesidad que establece el proceso revolucionario en todos, en todos, sin excepción, de meditar, estudiar y actuar, para ir encontrando, cada vez más y más, las soluciones ideales, las soluciones inteligentes a todos y cada uno de los problemas prácticos que nos plantea la tarea de construir una sociedad nueva. .
Hay que saber distinguir, en primer lugar, entre aquellas cosas que no se resuelven porque no se pueden resolver, y entre aquellas cosas que no se resuelven y que sin embargo, pueden ser resueltas.
Ocurre muchas veces que podemos apreciar cómo reaccionan, muchas veces, los ciudadanos individualmente. Hemos visto muchos casos de personas que desesperadamente piden una casa; que explican las razones que tienen para necesitar una casa, los hijos que tienen, los problemas familiares que tienen. Muchas veces, incluso — y este puede ser un caso que sirva para distinguir entre un problema que puede y no puede resolverse—, muchas veces, cuando se analiza el caso de personas que tienen esa necesidad y se piensa en otros casos, se llega a la conclusión de que hay personas en peores condiciones todavía, de aquellas que están en ese caso. Y ante las necesidades de las personas, los argumentos, las razones, tienen un valor relativo. Quien siente una apremiante necesidad de algo, no está en las mejores condiciones mentales para filosofar, no está en las condiciones mentales para analizar un problema, siente la tremenda presión de su necesidad. ¿Cómo estar en condiciones de comprender el por qué no hay casas? ¿Cómo frente a la apremiante necesidad y la esperanza de obtener una casa, por una gestión determinada, pueden estar al alcance de su mente las razones reales, los motivos reales por los cuales no puede tener una casa?
En esas condiciones es difícil que el individuo entienda las características de este problema; es difícil que el individuo necesitado y apremiado por la necesidad entienda que para que todas las necesidades de casa se pudieran satisfacer en nuestro país, sería necesario construir cientos y cientos de miles de casas. Prácticamente dejar de construir una sola otra cosa, dejar de construir un solo hospital, una sola escuela, un solo camino, una sola fábrica, para construir casas. Y llegaría el día en que tendríamos casas y entonces nos faltaría todo lo demás.
Hay veces que quien plantea la necesidad de una casa, dice: “En tal lugar hay una casa sellada y en otro lugar hay otra casa sellada “. Y entonces las deficiencias en la distribución rápida y oportuna de las viviendas que pueden estar vacías, producen una confusión: la idea de que hay casas y de que si no hay casas, es porque el organismo correspondiente no distribuye las casas que hay (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO). Sí, eso que usted dice prueba precisamente lo que yo planteo (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS).
Porque la razón de que falten casas no está en que haya 1000, o 2 000, o 3 000 que no se hayan acabado de distribuir (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO). No trabajan bien —entre otras cosas— porque no han sabido cobrar los alquileres como tenían que haberlos cobrado de acuerdo con la ley (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES).
Yo creo que la Reforma Urbana, la Reforma Urbana, no ha hecho un trabajo perfecto y ha tenido deficiencias, ha tenido deficiencias, pero no solo por esas cosas. El que vea una casa sellada al lado y dice: “quisiera esta casa “, piensa: “qué mal trabaja la Reforma Urbana que no me da esta casa “. Pero nosotros, los que tenemos que calcular cuáles son los recursos del país, cuánto dinero circula en el país y cuánto dinero hace falta para satisfacer todas las necesidades del país, decimos: “la Reforma Urbana no trabaja bien, porque se han dejado de cobrar tantos y tantos y tantos millones de pesos (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES).
Claro está que una de las cosas incuestionables era que la Revolución jamás desalojaría a una familia de la casa (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO). Lo van a mudar para dónde, ¿para dónde? Haría falta una ciudad del tamaño de La Habana para mudar a los inquilinos morosos (RISAS). Pero este es un interesante ejemplo, un interesante ejemplo. Y, efectivamente, la Revolución, por razones de impago, jamás ha desalojado a nadie de una casa (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES).
Casos hay de ilegalidad; incluso muchas veces no se podían resolver porque no había el cuarto ese donde poner al ilegal. Y el espectáculo de una familia con los muebles en la calle, no se podía volver a ver jamás después del triunfo de la Revolución, ni aun tratándose — y mucho menos— por culpa de los mala paga (RISAS). Es decir, que la Revolución no iba a tener que sufrir esas circunstancias.
Se idearon distintos procedimientos, como el procedimiento del descuento de la renta, el procedimiento de suprimir los derechos de adquirir la casa definitivamente en usufructo sin pago de renta a aquellos que no estuviesen dentro de los requisitos que establece la ley. Pero había casos de aquellos que no se sabía de qué vivían, o trabajaban por ahí por cuenta propia — no todos, desde luego, ni mucho menos— pero había casos de esos que no había modo legal de cobrarle civilmente el alquiler de la casa.
Es decir, que muchas veces hay conductas de ese tipo que van contra los intereses del resto de los ciudadanos. Porque, ¿cuál es la situación de aquel que no quiere cumplir, que prefiere irse a pasear y gastar el dinero, al lado de aquel ciudadano que sí cumple y que sí paga? Desde luego que hay dentro de todo el premio al que pagó, los beneficios que la ley establece al que pagó; y son muchas, muchas familias las que ya, a finales del próximo año, habrán cumplido los cinco años que la ley establecía para los que vivían en casas construidas antes de 1940, si mal no recuerdo .
Claro, que cuando hay el caso de quien teniendo el dinero para pagar no ha pagado porque nunca le han ido a presentar el recibo, ese es el caso en que se debe a la deficiencia del organismo correspondiente que tiene que cobrar; ese es el caso en que se demuestra una ineficiencia, un mal sistema de control, un mal método, porque, efectivamente, esos casos los hay, muchos casos. Y uno se pregunta cómo será posible. Y se preguntará ese mismo ciudadano, y juzgará la organización del Estado revolucionario por el hecho de que pasan tres años y a él no le han ido a cobrar (LE DICEN: “¡Que vaya a pagar al Banco!”). Hay quien ha ido a pagar al Banco y no aparece ahí ni constancia de que haya una casa por allí. Desde luego, hay casos de esos.
Claro, el ciudadano cabalmente honrado toma todas las medidas, y no está tranquilo hasta que no paga. El otro, pues dice: “no me cobran, yo no tengo la culpa, aquí tengo el dinero y nunca me han venido a cobrar “; y se queda tan tranquilo (EXCLAMACIONES). Hay modos. ¿Cuál es la responsabilidad del organismo que tiene que ver con estos problemas? El no haber adoptado todas las medidas prácticas e inteligentes para resolver el problema.
¿Qué era lo que más nos preocupaba a nosotros —fíjense bien— cuando se veía un porcentaje determinado de familias que no pagaban el alquiler? Podría preocuparnos desde un punto de vista financiero: el número de millones de pesos que dejaban de recaudarse y que, naturalmente, después presionaban contra la economía del país. Pero todavía nos preocupaba más el aspecto moral del problema, y que determinado número de decenas de miles de personas se acostumbrasen a no cumplir con sus más elementales deberes sociales . Nos preocupaba el efecto moral que podía tener para nuestro pueblo, para nuestra sociedad, el que tales hábitos, tales malos hábitos, se implantasen; que tales malos hábitos se adquiriesen.
Porque nadie vive solo en el país, porque no hay nadie que pueda vivir solo en el país. Porque todo ciudadano necesita de los demás ciudadanos del país. Y todo ciudadano se perjudica cuando algún otro ciudadano no cumple con su deber.
Y nos preocupaba porque no es un hombre de la selva el que aspiramos a desarrollar, no es el hombre de la selva quien puede aportar ningún beneficio a la sociedad humana. No es esa mentalidad egoísta, selvática, la que puede beneficiar en ningún sentido a la sociedad humana. Y mientras más la sociedad humana luche contra esas actitudes egoístas, selváticas, antisociales, más se acercará la sociedad humana al modo de vida ideal y bueno para todos.
Y la sociedad pasada fomentaba, precisamente, ese sentimiento, fomentaba esa actitud. Y si hoy hay todavía muchos que tienen esas actitudes, incuestionablemente que es el resultado de la herencia recibida. ¡Porque nosotros aspiramos a que ese millón trescientos mil niños que se van a matricular en las escuelas primarias, entre ese millón trescientos mil niños haya muy pocos o no haya ninguno que no sepa cuáles son sus deberes con la sociedad, que no tenga un sentimiento de solidaridad para los demás! (APLAUSOS PROLONGADOS.)
Nosotros aspiramos a que las generaciones venideras reciban la herencia de una actitud muy distinta ante la vida, reciban la herencia de una educación y de una formación que esté totalmente reñida con sentimientos egoístas, que esté totalmente reñida con ese sentimiento que puede pertenecer al hombre de la selva, no al hombre de la sociedad humana, no al hombre que se ha desarrollado hasta llegar a ser lo que es hoy el hombre.
Y por eso decíamos que, más que las implicaciones de tipo financiero, nos preocupaban las implicaciones de tipo moral.
Pero, en fin, yo hablaba de un ejemplo de entre lo que se puede y no se puede resolver. Se pueden resolver las deficiencias del organismo que se ocupa de las casas, mas no se puede resolver el problema de una casa para todos los que la necesitan. Y la solución del problema de la casa para todos los que la necesitan nos llevará años, y nos llevará — por cierto— muchos años.
Y ese es un problema que nos preocupa. Todo lo que vemos que le falta al pueblo, necesariamente, a los revolucionarios nos tiene que preocupar. Nos preocupa qué hacer, qué hacer para aumentar el número de casas que se fabrican todos los años en la ciudad y en el campo; cómo ampliar la industria de los materiales de construcción para que, año por año, sea mayor el número de casas. Y año por año nos acercamos más al día en que podremos construir viviendas en tal grado masivo que las necesidades de todos los que necesitan una casa higiénica, una casa decente para vivir, sean satisfechas.
Es indiscutible que necesitamos muchas cosas. Y es igualmente indiscutible que ha de ser tarea de todos, de los revolucionarios todos, de los dirigentes y funcionarios revolucionarios y del pueblo, esforzarse en el grado máximo por encontrar solución a aquellos problemas que pueden tener solución, y trabajar inteligentemente y tesoneramente para encontrar soluciones hacia el futuro para los problemas que no tienen ni pueden tener solución presente.
De algunos de los problemas presentes quiero decir algo, decir nuestros problemas presentes, algo de nuestros problemas presentes, y las raíces de esos problemas. Explicar, por ejemplo, algunas de las causas por las cuales nuestro país no puede hoy satisfacer algunas de sus necesidades esenciales.
Tenemos el caso de la producción de nuestras tierras. Es posible que muy pocas personas sepan a ciencia cierta que nuestra agricultura, la agricultura que encontró la Revolución al llegar al poder, el desarrollo técnico de nuestra agricultura, estaba aproximadamente igual al desarrollo técnico de la agricultura en Europa hace 200 años, excluyendo algunos contados cultivos agrícolas que habían alcanzado un determinado grado de desarrollo técnico. La agricultura estuvo estancada en el mundo durante 1 800 años, desde la época de Roma hasta la Revolución Francesa. Al ocurrir la Revolución Francesa el rendimiento de cereales por hectárea era de unos 350 kilogramos por hectárea a 500 o 600. Estos rendimientos se fueron aumentando por año como consecuencia de la técnica y hoy esos rendimientos en Europa son aproximadamente de cuatro a cinco veces los rendimientos que eran en aquel entonces.
Si se analiza el retraso de nuestra agricultura, la falta completa de centros de investigaciones agrícolas, la falta completa de escuelas agrícolas; si se analiza la técnica que se aplicaba en nuestro país y la técnica que puede ser aplicada utilizando los avances que ha logrado la ciencia moderna, se llega a la conclusión de que nuestra actual producción agrícola puede ser elevada en cinco veces, es posible quintuplicar nuestra actual producción agrícola.
Claro está que quintuplicar la producción agrícola no es meramente una cuestión de buenos deseos, no es meramente una cuestión de buenas intenciones. Hay dos factores que limitan tremendamente esa posibilidad: primero la falta total de cuadros, la falta total de técnicos agrícolas, del número de hombres con conocimiento y capacidad suficientes para aplicar la técnica moderna en la agricultura. Un problema; segundo problema la falta de una industria que pueda aportar los elementos esenciales para alcanzar esas posibilidades que la ciencia moderna brinda.
Uno de esos problemas es el problema de los fertilizantes. En nuestro país lo que había en materia de producción de fertilizantes era insignificante. Es un hecho absolutamente probado que los grandes rendimientos en cualquier región del mundo se han logrado, desde luego, mediante métodos de cultivo adecuado, selección de variedades adecuadas pero, sobre todo, con la aplicación de fertilizantes; y prácticamente no hay un solo cultivo en el mundo, no hay país en el mundo donde se hayan alcanzado los más altos rendimientos, que no se hayan alcanzado mediante el empleo adecuado y eficaz de los fertilizantes.
El método de nuestros campesinos de producir viandas, de derribar el monte, darle candela al monte y sembrar la vianda un año, una cosecha más o menos abundante en un año, y al otro año no se producía prácticamente nada. Mucha de la vianda que venía a la capital de la república la producían los campesinos en las zonas montañosas de Pinar del Río, en el lugar conocido por Rancho Mundito, y cada año talaban montes, sembraban viandas y después talaban otros montes; pero las tierras con ese método de cultivo se van agotando.
Nosotros vivimos en las montañas algo más de dos años, y sabemos cuánta destrucción se ha ocasionado allí de recursos en madera, cuánta destrucción se ha ocasionado en las tierras, cuánto se han erosionado aquellas montañas donde los campesinos tuvieron que ir a parar para librarse del tiempo muerto y para librarse del hambre; tierras que han estado durante 50 años sometidas a explotación sin habérseles añadido una sola libra de fertilizantes.
Sin la técnica moderna, sin la aplicación de los conocimientos que la ciencia ha aportado, ¿cómo podría alimentarse Europa, un continente relativamente pequeño, de cientos y cientos de millones de habitantes? Se abastecen de la mayor parte de los granos que necesitan, se abastecen de la mayor parte de la carne que necesitan, de la leche que necesitan, se abastecen, incluso, de la mayor parte del azúcar que necesitan, y se abastecen de viandas. La vianda en Europa por excelencia es la papa, y ha constituido el alimento clásico de los países de Europa; cultivo que se llevó de América y que ha servido para resolver las necesidades de alimentación, ha contribuido grandemente a alimentar a los pueblos europeos.
Si en Europa existiera el ínfimo desarrollo técnico que había hace 200 años la población de Europa prácticamente moriría de hambre.
Las condiciones de nuestro clima y de nuestra tierra son superiores a las condiciones de Europa. Aplicando la técnica correcta, aplicando los adelantos de la ciencia a la producción agrícola, difícilmente pueda haber país en el mundo que pueda competir con nosotros en la producción agrícola. Esa es una de las grandes posibilidades de nuestro país, y por la realización de esas posibilidades debemos luchar.
Si se preguntan cuántos ingenieros agrónomos hay en este país se encontraran unos pocos, si se preguntan cuántos mapas de suelos hay en este país se encontrarán que no hay ninguno, si se preguntan cuántos análisis de suelos se han hecho en este país se encontrarán que prácticamente no se había hecho ninguno; los más elementales requisitos para poder aplicar la ciencia a nuestra agricultura no existían. Esa es una de las razones por las cuales estamos trabajando no para lograr una solución el año que viene, no para lograr otra solución el otro año, no, iremos logrando soluciones, pero las soluciones en la escala que aspiramos a lograr llevarán años y, entre otras cosas, el tiempo que se necesita para preparar decenas de miles de técnicos agrícolas. No estamos perdiendo el tiempo en ese sentido, ¡no!, estamos haciendo un ingente esfuerzo en ese sentido, y tendremos, de hecho tenemos ya, miles de jóvenes, de obreros agrícolas, internados en institutos tecnológicos para la agricultura. Y parejamente tendremos que desarrollar nuestras industrias de fertilizantes y nuestras industrias de maquinaria agrícola, porque tenemos en la agricultura posibilidades tan extraordinarias que en el curso de relativamente pocos años —porque hablo de años pero no son tantos años— podemos llegar a ser uno de los pueblos más alimentados del mundo, si no el pueblo mejor alimentado del mundo.
Sufrimos de los problemas que no hayan podido resolverse; creemos que aún en las actuales condiciones se puede hacer más y se hará más. En una serie de aspectos de nuestra agricultura que era necesario atender, se ha avanzado y se está avanzando considerablemente. Hay algunos planes que ustedes los conocen. Tenemos problemas, como el problema de la leche; para el año que viene prácticamente en todo el país —menos en un lugar del país—, en todo el país para la próxima primavera la leche estará por la libre en todo el país, menos en una parte del país. ¿Qué parte del país? (VOCES: “La Habana “) La Habana. ¿Por qué no se puede resolver en La Habana, por qué? ¿Y por qué se puede resolver en el interior del país? Porque en el interior del país se está llevando a cabo una política de ordeñar hasta la última vaca. En los llanos de Camagüey, en la provincia de Las Villas, en Oriente, y, en fin, en las grandes provincias, existen grandes masas ganaderas; no es un ganado de leche, pero bien atendido puede dar alguna leche. Y así es como se están resolviendo los problemas del interior del país, y en algunos lugares se ha aumentado considerablemente.
Uno de esos lugares, por ejemplo, la zona del Cauto, donde a pesar del destrozo enorme que hizo el ciclón “Flora “, este año se está produciendo mucha más leche que antes del ciclón. Allí, como saben ustedes, está una gran industria lechera; la mitad de la leche que recibe esa industria es producida allí, unos 90 000 litros, la otra mitad es leche importada en forma de leche en polvo. Otra gran industria lechera está en la zona de Sancti Spíritus; elabora unos 180 000 litros, la mitad es producida allí y la otra mitad llega en forma de leche en polvo importada.
Y para el próximo año, la próxima primavera, prácticamente esas dos industrias se abastecerán el ciento por ciento con la leche producida en el país ; y prácticamente todas las poblaciones del interior del país tendrán para el próximo año resuelto ese problema.
Sin embargo, no existen las condiciones que nos permitan resolverlo de la misma forma aquí en la capital, en esta provincia, donde hay una gran concentración de población, donde la superficie es más limitada, y donde no podemos acudir a ese procedimiento para resolver el problema. No podemos traer la leche fresca desde Oriente, allí hay que llevarla a la industria; si hay excedentes, hay que hacerla queso, pero la industria tiene una capacidad limitada, puede procesar hasta 180 000 litros; la otra industria puede procesar otros 180 000 litros. Pero las necesidades de la capital, con más de un millón de habitantes, son enormes; no podríamos traer esa leche, necesitaríamos más fábricas para poder traerla en forma de leche evaporada o de leche condensada.
Y, por eso, no podremos todavía el año que viene decir: estará la leche por la libre en La Habana. Desde luego, que si se abastece de leche fresca el interior del país se puede disponer de mayores cantidades de leche condensada, que hoy se consume en algunos lugares del interior del país . Pero todavía no es suficiente, y trabajando al tope de su producción no podrían abastecer todas las necesidades.
La producción de pescado está en aumento. Antes prácticamente todo el pescado que se producía en el interior del país venía para La Habana, y hoy en realidad el pescado que se produce en el interior queda en el interior del país. Porque una de las cosas que dificulta el abastecimiento en la capital, es el hecho de que es necesario abastecer también el interior; el interior tiene necesidades, el poder adquisitivo de la población del interior ha crecido, y aun cuando no tiene los niveles tradicionales de consumo de La Habana, el interior consume mucho más que antes.
Han aumentado la producción de carne, que ha servido para poder satisfacer las cuotas de carne de las poblaciones del interior que tenían menos cuota, o que no recibían toda la cuota de carne. En materia de producción de huevos, ustedes conocen los planes, hemos hablado; esos planes se están llevando a cabo, y esos planes se cumplirán. Y no sabemos si estarán o no por la libre, hay discusiones si con 60 millones mensuales se pueden poner por la libre o no, pero el hecho es que se pondrán a partir de enero 60 millones de huevos mensuales.
Hay un producto cuya escasez se nota en la capital, no así en el interior, y es la vianda. ¿Podemos o no podemos resolver el problema de la vianda? Sí podemos resolver el problema de la vianda, sí podemos resolverlo . No es un problema insoluble, no pertenece al tipo de problema insoluble, no pasa como con las casas; el problema de la vianda sí puede resolverse.
La Revolución, por razones de su desarrollo económico, ha tenido que prestarle atenciones a distintos renglones de la economía, ha tenido que prestarle atención al azúcar, porque el azúcar es la gran fuente de nuestras divisas, con el azúcar pagamos prácticamente casi todas las cosas que importa el país. Sin el azúcar no podríamos ni estarnos alumbrando esta noche, sin el azúcar el país se paralizaría prácticamente.
Y era necesidad de la Revolución darle impulso a la agricultura cañera. Y ese programa se está cumpliendo. Nosotros no damos cifras, dejamos que los enemigos las den, pero algún día daremos cifras, y posiblemente pues no esté muy lejano ese día, todo depende; porque no queríamos que nuestras cifras fueran utilizadas para deprimir los precios.
Era necesario impulsar el problema de la ganadería, porque de la ganadería sale el alimento más importante, que es la leche, y de la ganadería sale la carne. En el orden de importancia, el más importante de todos los alimentos, el más importante de todos los abastecimientos, además el más completo y el más esencial, es la leche. Y era necesario impulsar la producción ganadera; era necesario impulsar la producción de tabacos, porque es sabida la calidad y la importancia de nuestro tabaco y los mercados que tiene nuestro tabaco. Era necesario impulsar la producción de frutas; y así, se han sembrado grandes extensiones de frutales, que pronto comenzarán ya a producir.
Ahora bien: el desarrollo de la caña, o de la ganadería, o de los frutales, o del tabaco, ¿implica necesariamente el sacrificio de la producción de viandas? ¡No! El desarrollo de la producción avícola, por ejemplo el plan de huevos, ¿implica necesariamente el sacrificio del plan de viandas? ¡No! Y lo que hay que hacer sencillamente es tomar las medidas y proponernos — como una cuestión de honor— que aquí sobre la vianda.
No necesitamos tener miles de técnicos ni necesitamos tener desarrollada nuestra industria de fertilizantes ni la industria de maquinaria agrícola para resolver el problema de la vianda; ¡con lo que tenemos podemos resolverlo!
El año pasado o a principios de este año nos planteamos que este año íbamos, por ejemplo, a hacer un plan de producción de huevos. Ahora tenemos sencillamente que proponernos una meta y comprometernos todos, ¡todos! Yo creo que los hombres de vergüenza cuando nos comprometemos hacemos lo posible y lo imposible por cumplir lo que prometemos.
Hay que resolver el problema de la vianda, y no solo con calabaza, no solo con boniato. No quiero decir que no sean buenas viandas, pero no solo con eso, no solo con aguacates; afortunadamente la producción de aguacates suele ser cada año mayor. Tenemos que resolver la producción también produciendo malanga, produciendo plátanos, produciendo papas y produciendo yuca.
Como ustedes saben, hay algunos meses del año... La papa se produce dentro de un período de tiempo, y se puede guardar un período de tiempo; nunca se puede guardar más allá del mes de agosto. Siempre la papa que se consumía en septiembre y otros meses era una papa importada.
Suele haber dos meses críticos, pero aun en esos dos meses críticos puede ser solucionado el problema.
Hubo en ciertos aspectos un daño ocasionado por factores naturales, como fue lo ocurrido con los platanales en la provincia de Oriente. Cuando ocurrió el ciclón “Flora “, hace aproximadamente un año —todavía no hace un año— , recordamos que nosotros recorrimos aquellos sitios, y había inmensos platanales que quedaron derribados. El plátano necesita por lo menos un año para entrar en producción; y, desde luego, aquellos platanales fueron derribados en el mes de octubre, y no podían sembrarse otra vez hasta que no comenzara la primavera, es decir, no podían sembrarse otra vez hasta este año. Este año se han sembrado otra vez grandes extensiones de plátano. Pero eso no sería suficiente; ese plátano comenzará a estar en producción el próximo año, pero no sería suficiente. Y tenemos el propósito de sembrar aproximadamente, el año que viene, 1 000 caballerías adicionales de plátano, ¡mil caballerías! , en las provincias de Camagüey y de Oriente; en dos lugares, por si viene un ciclón no nos deje sin plátanos.
Pero, además, independientemente de los planes de siembra de viandas en Camagüey y Oriente, de Santa Clara hacia acá pensamos sembrar 1 000 caballerías adicionales, por encima de lo que se ha sembrado este año, ¡mil caballerías por encima de lo que se ha sembrado este año!, de malanga; por lo menos 500 caballerías de yuca por encima de lo que se ha sembrado este año; y ahora comienza las siembras de papa. El año pasado la producción fue de 1 600 000 quintales; con las siembras que se van a hacer ahora se producirán aproximadamente 2 200 000 quintales, pero todavía no es suficiente. Y vamos a preparar para las siembras del año que viene, a fin de producir un millón de quintales más de papa de lo que vamos a producir ahora con la próxima siembra que se va a hacer.
Pensamos realmente que esta no es una tarea imposible y ni siquiera es una tarea difícil, ni siquiera es una tarea difícil con los actuales recursos que poseemos. No quiere decir esto que el año que viene vayamos a tener resuelto el problema, pero sí como resultado del trabajo que se comienza a hacer ahora. Y debemos ponernos un límite, un límite de tiempo, y es el año que viene, que finalizando el año que viene se suprima la libreta de viandas.
Es decir, que tenemos prácticamente 15 meses — no para resolver lo más urgente, que las cosas más urgentes se van a ir mejorando, no— para resolver definitivamente, y que nunca más en este país, sea cual fuere la cantidad de viandas que se consuma, haya libreta de viandas . Hacer estos compromisos aquí con el pueblo y adoptar todas las medidas pertinentes para cumplirlas, sin sacrificar ni el esfuerzo que se hace en favor de la caña, ni el esfuerzo que se hace en favor del aumento de producción de leche y de carne, ni el esfuerzo que se hace en favor de la producción de los frutales, ni el esfuerzo que se hace en favor de la producción del tabaco y de otros renglones de la economía.
Hay artículos que tenemos que importarlos, porque no podemos producirlos o no es correcto producirlos. No podemos producir trigo, importamos el trigo; no estamos en condiciones todavía de producir toda la manteca que necesitamos, importamos la manteca. Hay algunos de esos artículos que tenemos que pagarlos con dólares; sabido es los problemas que luego tenemos para conseguir dólares ante las presiones y los obstáculos que nos pone el imperialismo yanqui.
Dependemos fundamentalmente de un producto para obtener dólares — y esa será nuestra situación durante algunos años, hasta que dispongamos de otros artículos de exportación que llegaremos a disponer en cantidades considerables—, dependemos de un producto para conseguir dólares: es el azúcar. El azúcar que nosotros vendemos a la Unión Soviética y a otros países del campo socialista tiene un precio estable, y un precio satisfactorio para nosotros. Los altibajos de los precios mundiales de azúcar no nos afectan en ese campo, pero sí nos afectan en cuanto a la posibilidad de obtener dólares para comprar una serie de artículos esenciales.
Y el azúcar que se vende en el mercado que no es socialista ha sufrido una baja considerable de precio. Prácticamente, en este momento, el precio es la tercera parte del precio que tenía aproximadamente a fines del año pasado. Es decir que el precio del azúcar se ha reducido a una tercera parte.
Eso significa que tendremos menos recursos en divisas para comprar artículos que necesitamos. Eso significa que tenemos que ser más rigurosos en la administración de esos recursos, y que estaremos en los límites de nuestra capacidad.
Los imperialistas yanquis han estado cantando victoria muy jubilosos porque han bajado los precios del azúcar, incluso han regado los infundios de que Cuba no podrá pagar. Ustedes saben que algunos países de Europa nos han dado crédito; los nuevos ómnibus que ustedes ven circulando y que han mejorado considerablemente el transporte, se compraron en virtud de crédito, los equipos que se compraron para la construcción de las obras hidráulicas de Oriente también fueron en parte comprados a crédito; y el crédito de nuestro país en distintos lugares del mundo se iba fortaleciendo y se iba haciendo cada vez más sólido.
Para nuestro país el crédito es muy importante, porque el crédito nos permite movilizar recursos en maquinarías, recursos industriales para nuestro desarrollo, y nosotros tenemos que cuidar nuestro crédito como nuestra más valiosa reserva.
Los imperialistas decían que no íbamos a pagar y trataron de regar ese infundio. Y decían que no íbamos a pagar porque los precios del azúcar habían disminuido considerablemente. Y a eso nosotros le hemos respondido que sí vamos a pagar, que primero haremos cualquier sacrificio antes de dejar de pagar un solo centavo . Yo estoy seguro de que si nosotros le preguntamos al pueblo qué es preferible, si tener un año duro en algunas cosas que deseamos tener, si es preferible tener un año con restricciones fuertes, o dejar de pagar, estoy seguro de cuál es la respuesta del pueblo.
El año pasado, habiendo más recursos, se hizo todo lo que se pudo por mejorar dentro de lo posible toda una serie de abastecimientos; vieron ustedes que hubo muchos juguetes, muchos artículos a fin de año, y toda una serie de cosas mejoraron. No se sacrifica al pueblo cuando hay recursos, siempre se trata de obtener lo más posible cuando hay recursos. Nuestros enemigos, los que quieren ahogar nuestra economía, cantan victoria, se sienten jubilosos porque el azúcar valga menos, quizás aspiren a que nosotros desalentemos nuestros planes de azúcar, quizás sientan el júbilo de pensar que pasaremos aprietos y que aumentará el descontento, que aumentará la contrarrevolución (EXCLAMACIONES).
No vamos a renunciar a nuestros planes de producción de azúcar, porque la situación que hoy tiene Cuba en el mercado es el resultado de las políticas pasadas, de las restricciones de la producción azucarera, de las pérdidas de mercado. ¿Por qué Europa desarrolló la remolacha azucarera? ¡Ah!, porque Cuba no le compraba a Europa, porque Cuba le vendía a quien le comprara para comprar en Estados Unidos, porque las mercancías americanas tenían un arancel preferencial aquí y, claro, ningún país está dispuesto a comerciar en esas condiciones, y Cuba perdió muchos mercados de azúcar, y siguió una política de restricción de mercados. ¡Y esa no puede ser nuestra política! Aunque pasemos tiempos de apuros, aunque tengamos que soportar restricciones algún tiempo, tenemos que reconstruir lo que se deshizo, tenemos que reconquistar nuestro mercado y debemos seguir firme y valientemente la política de conquistar los mercados para el azúcar cubano .
Estamos en condiciones de producir azúcar mejor que ningún otro país. Criminalmente la política pasada fue una política de renuncia de mercado, los dueños de los centrales azucareros por ganar unos centavos más restringían la producción y renunciaban a mercados, especulaban con los precios del azúcar, y nosotros tenemos que rectificar esa política, nosotros tenemos que superar esa situación.
Y al pueblo le decimos la verdad: hay menos divisas, pero no dejaremos de pagar. No es una situación de abundancia; no será el año próximo un año de mejoramiento en unos cuantos órdenes. Hay cosas en que sí podemos mejorar y mejoraremos, aquellas cosas que dependen de nuestros recursos: de ordeñar un mayor número de vacas, de producir rendimientos más elevados, de cultivar mayores extensiones de tierra. Muchos de esos problemas sí los podemos resolver, en muchos aspectos podemos mejorar y mejoraremos, en otros, no mejoraremos.
Decimos la verdad, pero también les advertimos a los enemigos de la Revolución y de la patria, que no canten victoria ni se hagan ilusiones.
Con clara conciencia de nuestros problemas, nos enfrentaremos firmemente a esas situaciones; y sacrificaremos cualquier cosa, menos el futuro; cualquier cosa, menos el crédito del país, porque ese crédito crece, y en la medida en que seamos serios, en la medida en que sepamos cumplir, serán más y más los recursos que podremos movilizar para el desarrollo económico del país. Y la Revolución se hace principalmente para garantizar el futuro del país y liquidar el pasado oprobioso de un país. Sabemos que las revoluciones se hacen para eso.
Y de acuerdo con esta política, voy a aprovechar la oportunidad para proponer algo. Uno de los artículos que tenemos que importar es la manteca, es donde se hacen los mayores esfuerzos; y hay que hacerlo, y se traerá la manteca que se necesita, no se puede sacrificar ese renglón. Pero sí podemos hacer otra cosa. Hay un recurso que bien utilizado, bien utilizado — y no se ha estado utilizando bien—, nos permitiría a nosotros una mayor producción de cerdos.
Tradicionalmente, aquí se ha estado importando pienso para los cerdos y tenemos algo más de 10 millones de palmas reales. Y una de las consignas que les estamos dando a los compañeros en las distintas provincias, es resolver el problema de desmochar todas esas palmas, es decir, explotar el palmiche de todas esas palmas.
Hay el problema de los desmochadores. Claro, antes cuando había mucha falta de trabajo, siempre aparecían desmochadores, ahora no es tan fácil. Pero los compañeros en el interior del país tendrán que organizar escuelas de desmochadores y resolver el problema, porque con 2 000 hombres se pueden desmochar todas las palmas de Cuba; con 2 000 hombres. Y por ahí estoy seguro de que quedan unos cuantos cientos de desmochadores que pueden ayudar. Un recurso natural que no se debe desperdiciar. Incluso, las palmas se pueden hasta fertilizar, y en muchos países las palmas son fertilizadas, se puede aumentar la producción.
Y lo que debemos hacer, no como el año pasado, llega la nochebuena y se matan muchos puercos; vienen los meses subsiguientes, y la fábrica de jamón, y la fábrica de tocino paradas por falta de cerdo. ¿Es correcto eso? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
Pues, bien. Para empezar, pudiéramos plantearnos este año, lanzar una consigna para todo el país, que es “cebar todos los cerdos” utilizando el palmiche, utilizando los recursos naturales, y aumentar la producción de jamón, aumentar la producción de tocino para el país , aunque sacrifiquemos temporalmente una tradición, la tengamos que sacrificar un año, o dos años.
Buscaremos otra cosa, idearemos alguna buena fórmula, y lancemos la consigna de cebar todos los cerdos, y así nos vamos preparando, así nos vamos preparando.
Los enemigos de este país no conocen a este país. No lo conocen. Un país cuyas virtudes se empiezan a reflejar, sobre todo, cuando hay algo que resolver, cuando hay un problema. No se reflejan tanto las virtudes de este pueblo en las épocas normales, como cuando hay que hacer algo, como cuando hay una tarea por delante, como cuando hay una dificultad que vencer. Y para que sepan nuestros enemigos que nos vamos preparando, que vamos a afrontar dificultades y no vamos a detener el crecimiento de la nación; no se va a detener el crecimiento económico de la nación, el futuro de la nación no se sacrificará.
Seguirán funcionando nuestras escuelas y aun mejor que antes. Tendremos más niños en nuestras escuelas primarias, tendremos más becados en nuestras escuelas medias y superiores, tendremos más médicos prestando servicios, tendremos más camas en los hospitales ; y no sacrificaremos ninguna cosa esencial, ningún servicio esencial, ninguna aspiración esencial del país la sacrificaremos, y seguiremos dedicándonos, seguiremos dedicándonos y preparándonos para el futuro. Seguiremos luchando. Esto significa un deber y una obligación para todos.
Hablábamos al principio de que una revolución es una tarea de todos. Esto significa que nosotros, los hombres del Gobierno, los dirigentes y funcionarios revolucionarios, tomen con toda seriedad las tareas que tenemos delante, tomen con toda seriedad las promesas que estamos haciendo.
Decía que empezábamos a crear algo nuevo sin saber cómo; sabíamos lo que queríamos, pero no sabíamos cómo. Y se está poniendo a la orden del día hacer un análisis crítico de todo lo que hemos hecho hasta hoy y cómo lo hemos hecho. Que examinemos uno por uno todos los organismos. Algunos fueron concebidos en los primeros tiempos de la Revolución, sin ninguna experiencia. Muchos organismos adolecen de muchas fallas, de muchos defectos de organización y de concepción. Y esos defectos hay que superarlos, hay que superarlos. Son muchos. Métodos de trabajo que hay que superar. Todos y cada uno de los organismos, y todos y cada uno de los ministerios, cómo se organizaron, si están llenando bien la función y qué cambios tienen que introducirse. Cambios en la organización y en los métodos. Cambios en la concepción.
Hay un mal del que quiero hablar, y es un mal del cual nadie tiene la culpa, pero es un mal que existe y sobre el cual debemos estar todos conscientes. Algunas concepciones nuestras son erróneas y han engendrado algunos males, entre ellos un mal que yo considero un grave mal, y del cual el socialismo debe precaverse, y ese mal es el mal del burocratismo (APLAUSOS y EXCLAMACIONES). Yo les decía a algunos compañeros en broma, a algunos compañeros ministros, que iba a hablar del burocratismo. Y me dijeron: “bueno, tenemos una ametralladora emplazada en aquel edificio, otra en aquel y otra en aquel “. Porque todos eran compañeros ministros y por ahí están algunos ministerios, y por eso me decían en broma que tenían emplazadas sus ametralladoras para que yo no pudiera hablar del mal del burocratismo.
Lo primero de este problema es la necesidad de comprenderlo, la necesidad de comprenderlo. Y no hay que confundir el burocratismo con la necesidad de que existan oficinas y la necesidad de funciones administrativas y de funcionarios administrativos.
El burocratismo es — en primer lugar— la hipertrofia de esas funciones, la hipertrofia de esas necesidades. Y yo diría realmente que el burocratismo es la manifestación del espíritu pequeño-burgués en el Estado proletario. Si de definiciones vamos a hablar, puede definirse así: la manifestación del espíritu pequeño-burgués en el Estado proletario.
Donde hay un hombre de más en un trabajo innecesario, hay un hombre viviendo de más sobre las espaldas de los trabajadores.
Como representantes de una revolución de los trabajadores y para los trabajadores, tenemos el deber de preocuparnos por esto. No podemos permitirnos la debilidad de ser tolerantes con esto. Cierto que el tremendo desempleo que había en nuestro país, cierto que la preparación de nuestra juventud para oficios de oficinas y no para trabajos técnicos, creaba una tremenda presión sobre los cargos públicos, y tradicionalmente existía una tremenda presión sobre los cargos públicos. Y en los primeros tiempos de la Revolución esa presión existió; pero no fue en los primeros tiempos, no fue en el primero, fue en el segundo, fue en el tercero, fue en el cuarto y fue en el quinto año de la Revolución también.
En algunas provincias algunos organismos tienen hasta 400 y 500 funcionarios en sus oficinas centrales. ¿Cómo se ha originado ese fenómeno, qué presiones se han ejercido, en virtud de qué concepciones se va desarrollando ese fenómeno pequeño-burgués en el Estado proletario? Y así, en muchos sitios, hemos visto una proliferación de empleados de oficina; y en pequeñas empresas cuyos antiguos dueños capitalistas manejaban con relativamente pocos empleados, hemos visto tres y cuatro veces más empleados.
Y puedo poner un ejemplo que recuerdo: el lugar donde viví y donde nací, que era un latifundio, y donde había uno o dos empleados de oficina y que después, al volver por aquellos lugares después de la Reforma Agraria y convertido aquello en una granja del pueblo, había unos 12 empleados de oficina. Es lógico que si no hay una conciencia clara y una posición firme frente a ese desbordamiento oficinesco, muchas personas prefieran ir a trabajar a una oficina que trabajar directamente en algo más duro: trabajar con las máquinas, trabajar con los equipos, trabajar con los instrumentos materiales en el campo o en la industria.
Y en nombre de los intereses de los trabajadores es necesario poner un dique a ese desbordamiento, y en nombre de los intereses de los trabajadores es necesario impedir que se forme una capa parasitaria que viva a expensas del trabajo productivo.
No significa esto el desprecio al que trabaja, al que realiza en una oficina un trabajo necesario y útil, no significa la subestimación de las tareas administrativas. ¡No!, que todos los extremos son malos, pero puesto que son malos los extremos, si la subestimación de las tareas administrativas es malo, la hipertrofia de esa tarea es mala también, y sobre todo más difícil de corregir.
Alguien decía Talleres de Mambisas (EXCLAMACIONES), otro puede decir talleres de otro lado, otro puede decir consolidado de tal tipo, otro puede decir oficina de tal tipo, pueden sacar 100 lugares donde sin dudas de ninguna clase el fenómeno se manifiesta.
Claro está que muchas veces el fenómeno oficinesco es originado en concepciones de planificación igualmente oficinescas. Y muchos compañeros que trabajan en centros de trabajo se defienden diciendo: “es que la cantidad de datos que nos piden y de papeles que nos mandan, nos obliga a tener a tanta gente en cada oficina “, de donde la burocracia engendra la burocracia y el espíritu oficinesco engendra el espíritu oficinesco.
Y es necesario buscar métodos más prácticos, más sencillos, y un poco más lógicos. Es necesario que sometamos al estudio por comisiones de todo el aparato del Estado. Y digamos, hay muchos lugares en que un sistema de organización es bueno y, sin embargo, no es bueno en otra provincia. Hay veces que existen los intermediarios estatales que podríamos llamar parásitos estatales, hay veces que una granja produce un producto, lo manda a una empresa determinada que lo acopia y luego se lo lleva a la fábrica, cuando pudiera directamente llevar el producto de la granja a la fábrica, en esta provincia. Hay otros tipos de productos que necesitan ser acopiados y hace falta la función de una empresa que los acopie.
Meditando sobre estas cuestiones, me ha parecido a veces que ciertos divorcios de organismos no son ideales. Por ejemplo, el organismo que acopia es uno y el organismo que vende es otro. El organismo que vende es el que tiene que enfrentarse al público y recibe las presiones del público. El organismo que acopia no tiene nada que ver con el público.
No debemos precipitarnos en hacer cambios, porque creo que todo cambio que hagamos en adelante debemos estudiarlo mejor. No debemos estar haciendo cosas que sean producto de la fantasía, sino producto de la meditación serena y del análisis de las realidades.
Pero es posible que en el futuro las funciones que ejerce el Ministerio de Comercio Interior fuese mejor dividirlas en dos organismos, dos empresas: una, distribuidora de productos alimenticios; y otra, distribuidora de productos industriales, es decir, las tiendas de artículos industriales. Y que esa empresa u organismo que distribuyera fuera el mismo que acopiara. Porque si el organismo que acopia deja la yuca tres días más de los necesarios, o dos días más, o un día más, y se pone prieta (EXCLAMACIONES), no es el que tiene que oír las quejas del público; y el que tiene que oír las quejas del público no tiene oportunidad de recoger la yuca
más temprano. Y allá, por “dimes y diretes “, se quedó un saco, o está muy chiquita y no la recogen; y acá están pidiendo, aunque sea chiquita, la vianda. Así que, quizás, fuera más lógico. Porque, además, todos los productos no tienen que ser acopiados. La caña es acopiada por el central; no tiene que haber un intermediario. El café sí hay que acopiarlo, porque es producido por miles de pequeños agricultores y tiene que haber un acopio. Donde hay muchos pequeños agricultores tienen función esos organismos de acopio; donde hay grandes empresas estatales en plazas locales, pueden ser abastecidas directamente por esas empresas estatales agrícolas. Y, a veces, pues pasa por dos o tres manos antes de llegar al consumidor. Y hay algunos organismos que desalientan al productor privado e, incluso, al productor estatal.
Luego, hay que suprimir esos métodos y esas concepciones mecanicistas. Y los organismos deben estar ajustados a las necesidades. Si hay una función que ejercer, el departamento tiene que estar ajustado a esas funciones. Si alguien va a pescar, no le van a dar una bicicleta (RISAS); Y aquí hay cosas que son similares. Una organización que es buena aquí, luego la aplican aquí y la aplican mal. Y muchas cosas por el estilo. Y en cada uno de esos organismos, mucha burocracia, mucha burocracia, y mucha burocracia.
En fin, hablando en términos generales, es necesario que nosotros sometamos a estudio serio y profundo todo lo que hemos hecho hasta hoy, e introduzcamos en nuestros aparatos y en nuestros organismos las modificaciones pertinentes para ajustarlos a las experiencias y a las realidades. Y sobre todo ir poniéndole freno definitivo a ese mal pequeño- burgués y a ese desbordamiento burocrático. ¡Que se convierta no en la prédica de uno, sino en el deber de todos, de todos los funcionarios de la Revolución y de todos los compañeros de nuestro Partido! Y los compañeros del Partido deben hacer suya esa tarea, en todos los rincones del país, de la lucha tenaz y consecuente contra esa hipertrofia, contra ese desbordamiento, contra ese mal burocrático.
A mí me parece que, a veces, muchas cosas de estas se originan en ciertas concepciones de la imaginación, ciertos organogramas que se fabrican primero y después los empiezan a llenar de gente. No quiero caer en una subestimación — lo repito— de la importancia de los aparatos, pero hemos vivido ciertos momentos en que nos hemos visto en la necesidad de hacer muchos esfuerzos.
A veces me acuerdo de aquellos tiempos en que nosotros éramos algunos cientos de hombres en las montañas, y que lanzaban ataques y ofensivas contra nosotros. Entonces, allí cada hombre había que emplearlo al máximo, y cada uno de nosotros hacía muchas funciones de todo tipo, sin mecanógrafos, sin taquimecanógrafos, sin secretarios ni secretarias, sin estados mayores incluso. Y, a veces, yo, cuando veo que se organiza alguna cosa de una manera, digo: “¿Qué habría hecho esta persona allí?” Pues teníamos 300 soldados. Posiblemente habrían organizado un estado mayor de 250 soldados y habrían mandado a combatir a 50 soldados. Y nosotros no teníamos ni estado mayor, pero los 300 hombres estaban en la línea, luchando.
Y así fue, y marchamos adelante, y se ganó aquella guerra. ¿Por qué ahora no vamos a realizar también grandes tareas sin necesidad de tantas secretarias?
Y a veces vemos un organograma cualquiera: “el funcionario tal, más la secretaria, más la taquimecanógrafa, más el oficinista, más el mensajero, más el chofer, más el otro, más el otro “; y decimos: “bueno, ¿somos un país de millonarios o qué?, ¿somos un país de millonarios o qué?” Vamos a producir primero y ser millonarios después; pero no vamos a ser millonarios antes de crear las riquezas del país.
Claro, los funcionarios de la Revolución son honrados; no hay un funcionario que se eche un centavo en el bolsillo. Pero, si llenamos los edificios de empleados, le costamos más caro al país que los viejos políticos. Y, en realidad, no solo estamos en el deber de no robar; ¡estamos en el deber de no despilfarrar!
De esto no se culpa a nadie en particular. Creo que todos somos culpables. Pero creo que, realmente, debemos tener una conciencia de esos problemas si queremos superar esos problemas. Y no serán los únicos, habrá muchas cosas que superar: problemas de método y problemas de concepción; ir superando estas cosas.
No quiere decir esto que no haya mejoramiento en muchos aspectos, que no haya una mejor organización en muchos aspectos, que no haya más eficiencia en muchos aspectos; no quiere decir esto. Pero nosotros no debemos detenernos a contemplar aquellas cosas que andan mejor, sino aquellas cosas que no andan mejor.
En estos días hemos estado conmemorando el centenario de la Primera Internacional de los Trabajadores, y hemos meditado sobre el problema y se ha hablado y se ha recordado dignamente aquella fecha. Y hoy quería decir algo sobre eso, decir lo que a mi entender es el deber más grande que nosotros tenemos con la historia, con los fundadores del marxismo, con los que iniciaron el desarrollo ideológico de los trabajadores, con los que crearon el pensamiento de las revoluciones obreras, y es no tener una actitud simplemente intelectual ante los problemas.
Les decía que nos hemos fortalecido mucho desde el punto de vista teórico, pero ahora debemos fortalecernos también desde el punto de vista práctico. Nuestras Escuelas de Instrucción Revolucionaria han llenado una gran laguna ideológica, han contribuido a formar ideológicamente a decenas, a cientos de miles de ciudadanos, y ahora en las Escuelas de Instrucción Revolucionaria, además de la teoría, se van a incluir cuestiones relacionadas con las técnicas de producción, es decir que se va a introducir en las Escuelas de Instrucción Revolucionaria elementos de enseñanza tecnológica.
¿Qué hacemos con que un campesino sea capaz de recitar de memoria la concepción materialista de la historia, o la concepción dialéctica de la naturaleza, el problema de la lucha de clases, y no sepa a qué distancia debe sembrar una caña de otra, y no sepa qué cantidad de fertilizante debe echarle a aquel suelo, y no sepa cómo se producen los bienes materiales? Y sabido es que es un principio esencial del marxismo que el modo de producción constituye la estructura material sobre la cual se edifica la superestructura, que comprende las ideas, las creencias, las leyes, la moral, la política.
La Revolución es, en primer lugar, un problema de crear el modo de producción nuevo; revolución socialista significa, en primer lugar, construir la estructura y que esa estructura sea bien sólida para que, sobre ella, construyamos una superestructura igualmente sólida. Pero no podemos empezar el edificio por la superestructura olvidando las bases.
¡Prestemos toda la atención que merecen las tareas de la producción, la gran tarea histórica de crear el modo de producción nuevo, el modo de producción socialista, como sustituto del modo de producción capitalista! Y, sobre todo, aprendamos a producir, y en la medida en que aprendamos a producir se comprenderá mejor el socialismo, en la medida en que avancemos, en la medida en que demostremos nuestra capacidad de organizar y de crear, las masas comprenderán más y más las ideas revolucionarias.
¿Cuál sería el papel de un instructor revolucionario si tuviera solo que persuadir con palabras y no con hechos? ¿Y qué puede haber más elocuente que los hechos, qué puede haber más elocuente que los éxitos que un pueblo logre trabajando, produciendo? Este plan cumplirlo, el otro plan cumplirlo, este producto no se puede conseguir, se le dice al pueblo: este no se puede conseguir; pero si este se puede conseguir conseguirlo sin excusas de ninguna clase, y lo que pueda resolverse resolverlo sin excusa de ninguna clase, y lo que no pueda resolverse explicarlo sin vacilación ni temor de ninguna clase , porque el pueblo no podrá pedir milagros de la Revolución, que la Revolución no es una especie de mago que haga milagros.
El pueblo no pedirá milagros pero tiene todo el derecho a pedir que se haga lo que se puede hacer, tiene derecho a exigir que no haya negligencia, tiene derecho a exigir que haya todas las soluciones que sean posibles, y tiene derecho a exigir de los hombres de la Revolución que hagan el máximo y que nunca permanezcan indolentes o insensibles ante cualquier cosa que pueda resolverse.
Y en la medida que avancemos y que el pueblo vea el resultado del trabajo como en muchos sitios, como lo hemos visto reaccionar en tantos y tantos sitios ante las cosas reales, ante los esfuerzos reales que ven hacer, en la misma medida se irá elevando la conciencia revolucionaria del pueblo, en la misma medida será un pueblo cada vez más y más convencido. ¿Y qué cosa hay que las masas no puedan comprender, qué verdad hay que las masas no puedan comprender?
Y, por eso, hay un deber de nuestra Revolución, hay un deber de todos nosotros para con los fundadores del marxismo, hay un deber internacionalista que ocupa el primer lugar. ¿Cuál? Luchar por el prestigio de sus ideas, luchar por el triunfo de sus ideas. ¡Nuestros errores fortalecen a los enemigos del socialismo, nuestros errores arman a los enemigos del socialismo, nuestros errores brindan material para los detractores y los calumniadores del socialismo; nuestros éxitos desarmarán a los calumniadores, nuestros éxitos dejarán en la impotencia a nuestros detractores!
¡Hagamos marchar hacia adelante nuestra Revolución, marchemos de éxito en éxito, hagamos lo que está en nuestras manos hacer y estaremos cumpliendo un deber internacionalista, estaremos ayudándole a quitar la venda de los ojos a los pueblos, estaremos destruyendo las mejores armas de los enemigos de las revoluciones!
Tenemos un país con magníficos recursos naturales aunque muy pocos recursos en maquinaria, muy pocos recursos en industria, muy pocos recursos en técnica; tenemos un pueblo magnífico, entusiasta, luchador, inteligente, capaz de luchar por su futuro, capaz de hacer cualquier cosa por el porvenir. Esas cosas se juntan en nuestro país, ¡empleémoslas bien, hagamos el uso más eficiente y más inteligente de esa magnífica oportunidad!
¡Tenemos el poder revolucionario, somos dueños de nuestro destino (APLAUSOS PROLONGADOS), no haremos lo que no queramos hacer, tenemos la gran oportunidad de hacer, sepamos aprovechar esta oportunidad! ¡Que cada año, cada mes, cada día, cada hora, cada minuto, los sepamos emplear correctamente, los sepamos emplear por el triunfo de nuestra Revolución, por la marcha hacia adelante de nuestra Revolución, por la victoria de nuestras ideas, y así estaremos, en este centenario, cumpliendo con nuestro principal y primer deber!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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