enero 19, 2014

Arenga pronunciada por el Dr. Félix Ignacio Frías el 24 de Setiembre de 1812, en la Sociedad Patriótico - Literaria de Buenos Aires

EPOCA PRIMERA
La Revolución de Mayo y la Independencia
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Arenga pronunciada por el Dr. Félix Ignacio Frías el 24 de Setiembre de 1812, en la Sociedad
Patriótico - Literaria de Buenos Aires

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Ciudadanos: No duermen nuestros enemigos; no pierden ocasión ni dejan de emplear arbitrio que pueda hacer una mengua a nuestro crédito y a nuestras glorias. Mis corresponsales de la Asunción del Paraguay me aseguran que varios sujetos sensatos de aquella Capital, están persuadidos contra nuestras intenciones, porque se les ha escrito desde Buenos Aires, que nosotros tenemos miras de conquista sobre aquella provincia, que la consideramos como rival de nuestra dicha; en tal caso he creído yo suplicar a la sociedad que publique sobre tan grave negocio su opinión, y que deshaga esta impostura que pudiera acarrearnos muchos males, y el peor de todos, la división de ánimos entre pueblos a quienes unen tantas relaciones.
Los que atizan el fuego de la discordia hacen verosímil tal calumnia, recordando a nuestros hermanos los paraguayos la expedición del ejército auxiliar que se encaminó a aquella provincia, y que a haber sido su éxito más glorioso, hubiera corrido la misma suerte que las provincias interiores. ¿Y cuál ha sido esa suerte? Supongo que esto alude al reconocimiento y dependencia en que han estado del gobierno de esta Capital. ¿Y qué se pretende? ¿Que todos los pueblos vivan en absoluta independencia unos de otros, gobernándose cada cual a su modo y por sus propias leyes? ¡Miseria humana, estupenda debilidad!
Bien sabemos todos que los que hacen valer estas quejas, ni aún saben pensar. Vengan los pueblos a Buenos Aires, y nos harán ver las ventajas de esta envidiada preferencia: los padres, los hijos, las viudas de los que han derramado su sangre por sostener la libertad de las provincias, les harían entender que esta Capital es la que más ha sentido los desgraciados y necesarios efectos de la revolución. Culpa suya no ha sido el ser el centro de los recursos que se han empleado para contener y eludir constantemente las tentativas de las tropas agresoras: la unidad de un sistema militar, político y económico, es el único medio de salvar a la patria de los peligros que la intentan destruir: reunir bajo la dirección de un solo poder esos tres ramos, es el solo medio que puede hacer respetables nuestras fuerzas, nuestra opinión, y los recursos sobre que ambas pueden ser apoyadas: tales son las ideas de los buenos patriotas que moran en las provincias interiores, y tales los principios que les hicieron reconocer el gobierno de esta Capital sin contradicción.
La del Paraguay no tiene enemigos que temer sino en el caso de que nosotros fuésemos vencidos; con que ella no tiene necesidad, ni es interés suyo guardar ese sistema de unidad que tanto importa a las provincias; a nosotros tampoco nos perjudica su independencia porque para uno ú otro auxilio que podía prestarnos, bastan las relaciones de amistad y de común conveniencia que nos unen.
En el Congreso General, todos los pueblos serán abiertos para fijar la forma de gobierno bajo el cual quieren ser regidos, y libres Entonces de los peligros que ahora tenemos que vencer, se podrá concertar el sistema que dicten las circunstancias.
¿Y habrá alguno que crea que nosotros miramos con rivalidad a la provincia del Paraguay? Conciudadanos: salvad vuestro honor, y explicad vuestros sentimientos para cubrirlo de los tiros venenosos que le acechan.
DR. FÉLIX IGNACIO FRIAS, Secretario de la Sociedad

Fuente: Neptalí Carranza, Oratoria Argentina, T° I, pág. 86 y sgte., Sesé y Larrañaga, Editores – 1905. Ortografía modernizada.

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