enero 18, 2014

Discurso de Fidel Castro en la conmemoración del VII Aniversario del asalto al Palacio Presidencial (1964)

DISCURSO EN LA CONMEMORACION DEL SEPTIMO ANIVERSARIO DEL ASALTO AL PALACIO PRESIDENCIAL, EFECTUADA EN LA ESCALINATA DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA
Fidel Castro
[13 de Marzo de 1964]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Compañeros profesores y estudiantes universitarios:
Un detalle alentador resalta en la noche de hoy con motivo de esta conmemoración, y es la circunstancia de que hay una presencia más numerosa que en años anteriores de estudiantes y de pueblo en este acto. Y aunque siempre fue nutrida la concurrencia, desde aquí nosotros podemos apreciar que la escalinata y la plazoleta que está más allá de la escalinata no alcanzan a dar cabida a las personas que han venido aquí esta noche.
Y eso, eso constituye un homenaje profundo, un homenaje sin palabras a los mártires del 13 de marzo. Es, al mismo tiempo, una evidencia de cómo crece la vanguardia intelectual de la Revolución, de cómo crece la cultura, y de cómo crece el movimiento educacional, y de cómo aumenta la solidez y la fuerza de la Revolución.
Muy satisfactorio para todos nosotros es presenciar esto. Y aun cuando ninguno de nosotros tuvo jamás, ni jamás tendrá la menor duda acerca de la marcha victoriosa de esta Revolución, nos preguntamos: “¿Qué dirán aquellos que dudaron? ¿Qué dirán aquellos que se acobardaron? ¿Qué dirán aquellos que desertaron?”
Es motivo de júbilo para nuestro pueblo ver los frutos de los primeros años de la Revolución, es motivo de esperanza saber lo que aquí se está formando, ¡es un motivo profundo de satisfacción! Frente a los enemigos de nuestra causa y de nuestra patria, frente a los que un día nos quisieron dejar sin técnicos, frente a los que un día quisieron dejar a la patria sin médicos para atender a nuestros enfermos, sin ingenieros para atender a nuestras industrias, sin arquitectos para nuestras edificaciones, sin profesores para nuestras universidades y centros de enseñanza superior, sin maestros para nuestros niños, frente a aquellos que acudieron a tan innobles e inhumanos procedimientos, ha de ser motivo de regocijo y de satisfacción muy grande para nuestro pueblo ver cómo crece esta nueva marea intelectual, este mar de técnicos que asciende desde nuestro pueblo hacia las colinas universitarias, colinas que antaño eran el lugar a donde se llegaba por privilegio o por inenarrables esfuerzos y sacrificios.
Y así como esta escalinata, como la multitud que en esta escalinata se concentra hoy, es la marcha, es el movimiento hacia la cultura, hacia la educación y hacia la técnica de nuestro pueblo; y así día llegará en que no solo contemos con los técnicos que necesitemos, sino que día llegará en que esta pequeña islita tan amenazada, tan hostigada por un enemigo poderoso, estará en condiciones de dar ayuda técnica a otros pueblos que, igual que nosotros, emprendan el camino de la Revolución.
Estoy completamente seguro de que nuestro pueblo todo, sin excepción, vio con satisfacción el día en que 50 médicos salieron hacia Argelia a prestar allí sus servicios en la nueva república; y aunque era cierto que nosotros teníamos necesidades de médicos, aun cuando nosotros aspiramos a cifras incomparablemente superiores de médicos por número de habitantes en nuestro país, era tan terrible y tan desesperada la situación de Argelia, que un médico en Argelia significa incontables vidas que pueden salvarse. Y si aun en las condiciones nuestras cuando un país necesitó de nuestra ayuda pudimos dársela, ¿qué será cuando en vez de 300 se gradúen 2 000 médicos por año en nuestra patria?
Y ya este año han ingresado más de 1 000 estudiantes en el instituto de ciencias básicas de medicina. Fue necesario construir aceleradamente nuevas instalaciones para ellos. ¡Las cifras superaron los cálculos! Y ya el próximo año se espera que pase de 2 000 el número de estudiantes que ingresen en el instituto de ciencias básicas.
Sesenta y cinco más cinco son setenta... Para 1970 estarán graduados esos nuevos estudiantes; y para 1969 estarán graduados estos cerca de 1 500 jóvenes que empezaron a estudiar este año en medicina. Y así, dentro de cinco años graduaremos por año tantos médicos como la tercera parte del total de médicos que había en toda la república al triunfar la Revolución, pues si en Cuba había unos 6 000 médicos estaremos graduando 2 000 por año, y en tres años tantos como todos los que había en Cuba, con diferencias cuantitativas y aun cualitativas, sin subestimar la capacidad de nuestros actuales médicos que es realmente alta. 
Pero si nuestro país ha sido capaz de dar muchos y magníficos médicos en las condiciones del pasado, cuando toda la enseñanza en la universidad era absolutamente teórica y siendo así que había alumnos que recibían un premio en cirugía sin haber realizado una sola operación, simplemente por los conocimientos teóricos sobre la materia, ¿qué será?, ¿cuál será la calidad de nuestros futuros médicos en una universidad donde el nivel de estudios es incomparablemente más alto y donde se enseña y, al mismo tiempo, se practica la medicina,  por jóvenes que desde que ingresan en la universidad ya no van como antaño con el pensamiento puesto —como era obligado en épocas pasadas— en buscar simplemente un medio de ganarse la vida, sino que entra ya con la conciencia muy clara de que lo más importante de la tarea que ha de realizar, ya no será simplemente ganarse la vida; porque ganarse la vida honradamente será un derecho para todos y cada uno de los ciudadanos, sino para realizar una importantísima función en beneficio de la sociedad? Es decir, surgirán legiones de nuevos técnicos con una mentalidad absolutamente nueva.
Que nuestra universidad ha progresado lo increíble quién nos lo puede negar. Y quién lo puede negar a quienes conocimos la universidad del pasado, a quienes conocimos los vicios de aquella universidad del pasado y a quienes, incluso, perdimos bastante tiempo en aquella universidad del pasado, a quienes como el que les habla nunca iba a una clase, nunca abría un libro nada más que vísperas de los exámenes.
No lo digo como excusa para nadie, me pongo como ejemplo del estudiante de aquella época, como ejemplo de la falta de alicientes, de la falta de sistema y de la falta de todo, en aquel pasado, y de la falta de conciencia en nosotros en aquel tiempo, de los estudiantes de aquel tiempo porque, al fin y al cabo, veníamos a parar a la universidad por razones que no tenían nada que ver con nosotros, porque nos mandaron primero a una escuela y después a otra, y después a otra, y veníamos a parar aquí los que podíamos. ¿Con qué conciencia veníamos nosotros a estudiar? ¿Y qué carrera? ¡Cualquiera!, nos daba lo mismo.
Y así nosotros escogimos una carrera que ¿para qué la queremos?, en mi caso. ¡Cuántas veces he deplorado no haberme puesto a estudiar otra cosa! Cuando digo estas cosas siempre ocurre que los estudiantes de derecho se preguntan si ellos no son útiles. Y yo les digo que sí, es cierto, necesitamos técnicos en cuestiones legales, técnicos en derecho, ¡abogados no! y no hay que olvidarse que antes los que estudiábamos esas materias — que no eran esas sino otras— estudiábamos para abogados no para técnicos en cuestiones jurídicas. Y yo matriculé en esa facultad.
Allí nos ponían a estudiar el Derecho Romano. Muy bien para los interesados en esas cuestiones históricas, la fuente del derecho. Pero es que entonces el Derecho Romano no se estudiaba como una cuestión histórica, sino que se estudiaba como una cuestión básica, puesto que el derecho que nosotros teníamos aquí era todavía el Derecho Romano en muchas cosas. Ahí había surgido el derecho de propiedad, el concepto del derecho de propiedad, y casi todas las instituciones fundamentales del derecho.
Claro que nosotros teníamos que estudiar todas las leyes que correspondían a una sociedad capitalista: Derecho Mercantil, Derecho Hipotecario, el procedimiento de desahucio, de cobro de deudas, las obligaciones y, en fin, todos los derechos relacionados con la propiedad que era lo que fundamentalmente se estudiaba, relacionado con la propiedad privada. ¡Y pensar que nos hicieron perder tantas horas estudiando todo eso! Cuando uno piensa que lo ponían a estudiar casi llega a la conclusión de que lo mejor que hizo fue ser mal estudiante.
No era lo mismo, desde luego, en todas las facultades. Hay otras carreras universitarias en que se estudiaba con otro sentido pero, en fin, en eso invertimos energías y tiempo. Si nos hubiésemos puesto a estudiar cuestiones científicas cuán útiles habrían sido para nosotros en estos instantes.
Pero claro está que en aquel tiempo en las escuelas de tecnología y en las escuelas de ciencias ingresaban un insignificante número de estudiantes, y en la escuela de derecho miles y miles de estudiantes. ¿Por qué? Porque casi todos aquellos estudiantes eran propietarios o familiares de propietarios, y estudiaban derecho. Yo ni siquiera por eso, es la verdad, soy franco. Quizás estudié derecho como conté una vez porque alguien me confundió de muchacho, y quién sabe por qué. Y se lo deben haber dicho a muchos muchachos cuando se defendían y le decían: este sirve para abogado, ese va a ser abogado.
Sí, al fin y al cabo, llegué a ser abogado, pero no defensor de la propiedad privada, sino abogado de causas muy distintas de lo que se podían haber imaginado muchos.
Aunque realmente no viene al caso, es lo cierto que estudiando aquella economía política netamente capitalista empecé a convertirme en un socialista utópico, empecé a pensar con un poco de lógica, empecé a comprender lo absurdo que era todo aquello de la superproducción, las crisis económicas, el desempleo, las hambres periódicas y, en fin, algunas lucecitas pude entrever de la verdad aun estudiando aquellas materias.
Pero a lo que quiero referirme es que la composición de nuestro estudiantado en aquel tiempo, de nuestra juventud desorientada, de nuestra juventud sin perspectiva, era muy distinta.
Y se encaminaban hacia aquellos estudios que no iban a conducir hacia la producción de bienes materiales, que no iban a conducir al aumento de las riquezas de la nación, sino al aumento del consumo. Porque un abogado era un consumidor, en primer lugar, y un productor de papeles, de escritos, de memorándum, y de pleitos.
¿Qué porvenir podía tener un país cuya universidad se llenaba de ese tipo de estudiantes? ¿Quiénes iban a aumentar la riqueza del país? En todo caso se preparaban técnicos para fortalecer el sistema de explotación capitalista. Y porque, como al fin y al cabo, tendrían que vivir de lo que le pagaban, y solo los que tenían dinero podrían pagarles, tenían que vivir de estar al servicio de los poderosos y de los ricos contra los explotados y de los pobres.
Ese era el destino de aquella mayoría que se matriculaba en tales facultades, llamados a consolidar el poder de las clases dominantes.
Y la esclavitud no iba a incrementar las riquezas. Nuestro país en su universidad era un retrato de lo que era nuestra estructura económica. Técnicos ¿para qué? Agricultura extensiva en la caña, en la ganadería y en casi todos los productos, falta de mercado para esos productos si se desarrollaban. Y la industria jamás habría surgido en nuestro país frente a la competencia de los productos manufacturados yanquis. Jamás en aquellas condiciones se habría desarrollado una industria.
¿Qué lugar había para nuestra juventud en aquella sociedad, qué porvenir? Claro que los que estaban acomodados no tenían problemas, los que eran dueños de centrales azucareros, de latifundios o de algunos negocios o de edificios de apartamentos. Pero en aquella economía estancada, ¿qué porvenir esperaba a la juventud, qué porvenir los esperaba a ustedes? Porque aun esos graduados universitarios, cuando salían graduados de la universidad, tenían muchos problemas para obtener un empleo. Si se era abogado, de ayudante en un bufete de fama conocida; si se era médico, ver cómo lograba que algún concejal lo recomendara después de un par de años haciendo política y le dieran un trabajito en el municipio con 125 pesos; si se era profesor, estudiante de pedagogía, de filosofía, no tenían empleo.
Porque, vean por ejemplo lo que ocurría con los maestros. Al triunfar la Revolución había unos 10 000 maestros sin empleo. Desde el triunfo de la Revolución, uno de los problemas más serios que ha tenido la Revolución, es preparar personal para atender a todas las necesidades docentes del país. Y desde el triunfo de la Revolución se han establecido unas 20 000 nuevas aulas.
Bajo el capitalismo sobraban los maestros y teníamos que... Bueno, muchas muchachas estudiaban para maestras en las escuelas normales que existían en las capitales, y después no tenían empleo, y en muchos casos cuando se requería un aula en el campo, no había personal preparado para eso.
¡Pero ha sido tan grande el cambio, y son tan claras las perspectivas, que en este mismo problema de los maestros piensen lo que significa que ya este año en la escuela de maestros, en el primer año, escuelas situadas en las montañas, han ingresado más de 7 000, más de 7 000 jóvenes! Porque si para 1970 estaremos graduando 2 000 médicos por año, para 1968 estaremos graduando 6 000 maestros primarios por año.
Y maestros de una extraordinaria calidad, porque estarán estudiando cinco años internos comenzando por las montañas. Y entonces ya no tendremos esa angustia de estos primeros años, organizando cursos especiales para formar maestros.
¿Quiere decir esto que sobrarán maestros? ¡¿Sobrar?! Cuando nuestros niños y nuestros jóvenes estén cursando la enseñanza secundaria, todos estos muchachos que se han matriculado en la primaria y donde hoy tenemos 1 250 000, calculen cuántos profesores de enseñanza secundaria necesitamos, cuántos profesores de enseñanza preuniversitaria necesitamos. ¿Qué significa eso? La posibilidad de que los actuales maestros puedan irse superando, ser reemplazados en las aulas primarias por los nuevos maestros, y ellos a su vez capacitarse para ir a enseñar en las escuelas secundarias, y aun en las escuelas preuniversitarias.
Este movimiento educacional no solo significa la oportunidad de estudiar para todos los niños de nuestro país, sino la oportunidad de progresar para todos los maestros y profesores de nuestro país que antaño tenían la competencia de 10 000 maestros desempleados, 10 000 maestros desempleados pugnaban por cada nueva aula que se abría. Y puede decirse que hoy 10 aulas claman por cada maestro, porque aun hoy no están todavía satisfechas todas nuestras necesidades de maestros primarios; y aun el año que viene cuando se gradúen en el instituto pedagógico los primeros 1 000 estudiantes que comenzaron por las Minas del Frío... ¿Qué son 1 000 maestros graduados, qué son?, si solamente la ciudad escolar “Camilo Cienfuegos “ necesita cientos de maestros, y por grande que sea nuestro volumen de formación de cuadros para la educación, es más grande el volumen del movimiento educacional que hay en nuestro país.
¡Qué diferencias, qué extraordinarias diferencias, y qué diferencia en las condiciones actuales de nuestros profesores universitarios, en la remuneración que reciben de la sociedad y en los recursos que el país invierte en universidades! ¡Qué diferencias, qué extraordinaria diferencia en todos los órdenes y qué distinto porvenir para nuestro país y para nuestra juventud!
Y aun aquellos cortos de entendederas, aquellos a quienes las razones no les entra por el corazón —porque a los revolucionarios las razones les vienen de dentro y de afuera; de dentro el sentimiento de solidaridad hacia los demás y de fuera los hechos—, tienen que darse cuenta que el futuro de este país va a ser un futuro muy distinto, y que el futuro que la Revolución ofrece a la nación con este cuadro, es un futuro infinitamente distinto al que le ofrecía el cuadro de la sociedad capitalista.
Claro está que en los primeros años de la Revolución hemos tenido que soportar estoicamente la avalancha de las campañas de los reaccionarios contra la Revolución por cada cosa que faltaba, por cada cosa que faltaba con razón o sin razón; que faltaba debido a la acción del enemigo y que faltaba debido a la incapacidad de nuestros cuadros. Estoicamente hemos tenido que soportar los argumentos de los impugnadores de nuestra causa. Bien: lo hemos soportado, y algunos años más tendremos que soportarlos. Pero frente a eso la seguridad, la tranquilidad y la satisfacción que nos brinda el espectáculo del mañana, que aparece claro ante nuestros ojos, porque ese tendrá que dar sus frutos.
Hemos tenido escaseces, ¡¿cómo demonio no íbamos a tener escaseces?! Con lo que había aquí, ¿de dónde íbamos a sacar para todos lo que todos necesitan?; con la riqueza sin desarrollar, sin industrias, sin técnica, ¿cómo íbamos a producir todo lo que necesitábamos? Si lo primero que cualquiera comprende hoy día en cualquier rincón del mundo donde se pare, es que la producción en gran escala, la producción en masa de bienes materiales — sea lo que sea, desde casas hasta un litro de leche, ropa, zapatos, transporte, todo—, solo se puede obtener en cantidades masivas —repito— como resultado de la técnica, como resultado de la capacidad técnica de un pueblo y de los medios de producción de que disponga. Porque es lógico que una locomotora carga mucho más que un carretón, y las locomotoras —para poner un ejemplo— nosotros no pensamos fabricarlas ni ahora ni luego, y es posible que nunca, porque nosotros podemos fabricar otras cosas en las cuales no tengamos rivales. Pero pongo un ejemplo. Y no es lo mismo producir el azúcar con una guámpara que con una combinada, que corte cien veces lo que corte un hombre con la mano; y cualquiera comprende que una fábrica de tejidos produce infinitamente más varas de tela que un tejedor a mano, y que la producción en cantidades masivas de bienes materiales depende de la técnica y de los medios de producción.
(ALGUIEN DEL PUBLICO LE DICE ALGO AL DOCTOR FIDEL CASTRO)
¿Una escuela de qué? ¿De qué es la escuela esa? ¿De qué?... ¿De mecánico?
 (ALGUIEN DEL PUBLICO LE DICE: “De chofer y de mecánico “)
De chofer y de mecánico, con la falta que hacen los choferes y los mecánicos. ¿Por qué no van al Ministerio de Transportes para que les den trabajo a ustedes y rompan un poco menos de carros de los que se rompen por ahí, gente que no sabe ni manejar? Pues miren, que precisamente de lo que necesitamos mucho, de lo que necesita el Ministerio de Transportes mucho es de mecánicos y de choferes. Así que ustedes posiblemente no se han orientado bien.
Pero, en fin, un chofer lleva más carga que un arriero, muchas más toneladas, muchos más kilómetros...
Y, por eso, les decía que lo primero es la capacitación técnica del pueblo y los medios técnicos de producción. Y si se trata de poseer riqueza en abundancia, como nunca la íbamos a poseer jamás era como íbamos; y como llegaremos a poseerla en cantidades ilimitadas es como vamos. Por eso, que rumien los enemigos de la Revolución; un rumiante puede mucho menos que un revolucionario. Porque nosotros sabemos que seguimos el camino que nos llevará a la abundancia; que ese es el verdadero camino, y que este es el único camino. No que es un camino fácil, ¡no! —ningún camino en la historia del hombre hacia el progreso ha sido fácil—, sino que es el único camino, y el verdadero camino. En ese camino, cuántas cosas tendremos que aprender, cuántas deficiencias tendremos que superar, cuántas estupideces tendremos que abolir, cuantas concepciones equivocadas, cuántos métodos erróneos. Ese camino es largo: hay veces que nos desesperamos, hay veces que las idioteces nos hacen perder el juicio. Pero debemos comprender, filosóficamente, que el camino del progreso está lleno de esas experiencias.
Y lo que tenemos que hacer es observar mucho, analizar mucho, cambiar mucho y rectificar mucho. Es posible que dentro de 10 años, muchas de las cosas que hemos concebido en estos primeros años de Revolución las hayamos cambiado completamente. Nadie puede decir que sabe aquí todas las cosas que fueron bien concebidas y todas las que fueron mal concebidas. Porque, si acaso, sabemos algunas, y vemos con mucha claridad que algunas fueron bien concebidas y funcionan bien, y en cambio vemos que otras no fueron bien concebidas y no funcionan bien.
Y solamente la experiencia, la realidad, los resultados podrán irnos mostrando qué hemos concebido bien y qué hemos concebido mal; porque a veces, cuando vamos al trabajo, nos encontramos con esos rollos, y uno se pregunta: ¿Y estos rollos de dónde salen? Y resulta que, a lo mejor, para poner una turbina hay que visitar como 10 empresas. Y van a buscar la tuerca allí, y dicen: “no, la tuerca esta no es de aquí, sino que es de otro consolidado “. Entonces, el de aquel consolidado dice: “bueno, aquí tenemos el aparato de hacer la tuerca, pero la materia prima está en la empresa consolidada tal y más cual “.
Y a veces, es un rompecabezas terrible. Algunos productos aquí, como las aves y los huevos, pasaban como por tres organismos: uno los recogía, otro los transportaba, otro los distribuía. Muchas cosas que se podían hacer de una sola vez por una sola empresa, participaban como 13; y ahí tenían el rollo andando. Muchas cosas. De esos hay muchos ejemplos prácticos, pero sobre los cuales nadie puede decir todavía, a ciencia cierta, cuál es el más correcto.
Y tendremos que ir encontrando muchos caminos. Para los que crean que la Revolución ya está hecha toda, no se desanimen; para los que crean que aquí ya no hay nada que hacer, no se desanimen, que hay mucho que hacer, mucho que arreglar, mucho que rectificar, mucho que concebir de otra forma, y mucho que idear, mucho que idear.
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO)
¿El manicomio? Pero ¿qué manicomio?
DR. MACHADO VENTURA.- Un manicomio donde estuvo él que lo trataron muy mal.
DR. FIDEL CASTRO.- No, yo creo que no te trataron bien —creo lo mismo. Mira: al menos, para lo que yo he entendido, vamos a discutir eso. El seguramente quiso decir otra cosa y no lo ha explicado bien. Los manicomios son los que tienen la culpa de eso mismo.
Lo que se ha hecho fue convertir aquel infierno que era Mazorra, en un verdadero hospital donde se cura la gente.
Aquí está Machadito; lo podemos llamar aquí a la tribuna para que explique mejor que yo, porque él es técnico en eso. A ver, ¿qué tú ibas a decir aquí?
DR. MACHADO VENTURA.- Puede suceder, porque es un manicomio que está atendido todavía por médicos privados y no existen condiciones adecuadas. Nosotros sabemos que existen esos manicomios, y que no están teniendo unas condiciones adecuadas, y estamos estudiando cómo abordar para terminar con esa situación.
DR. FIDEL CASTRO.- Entonces, estaba claro el compañero ese, estaba claro, lo que no lo explicó claro. El dice: “erradicar el manicomio “, y de verdad que yo, por un reflejo condicionado, cuando me hablaron de manicomio pensé en Mazorra. ¿No les pasó igual a ustedes? (EL PUBLICO CONTESTA: “Sí”.) Y me hablaron de manicomio, pero eso no está bien llamarlo manicomio, ¿verdad?
DR. MACHADO VENTURA.- Hospital de dementes.
DR. FIDEL CASTRO.- Hospital de dementes. Bueno, antes sí era un manicomio, ciertamente. Entonces, por lo que veo, el compañero lo que explicó fue una cosa clara, lo que dice es verdad. ¿Es a ese manicomio al que se refiere usted, compañero? ¿En dónde está?
EL COMPAÑERO.- En Rancho Boyeros.
DR. FIDEL CASTRO.- Bueno, ¿pero en qué calle?, ¿en qué parte de la avenida? Avenida de Rancho Boyeros y qué... ¿cuál es la otra calle? Porque me vuelvo a confundir si no me aclara, porque el otro está en la avenida de Rancho Boyeros también.
(EL DR. MACHADO VENTURA LE DICE: “El de Mazorra “)
¡Cómo han salido a relucir cosas aquí!: que hay uno donde no curan, que tratan mal a la gente, y hay otro donde tratan de curar.
Pero bien, de todas maneras no debemos hacer bromas con respecto a eso. Yo llegué a creer que, efectivamente, se estaba refiriendo... Machadito, ¡te equivocaste!, yo entendí mejor que tú la cosa.
Hablábamos de la producción de bienes materiales, pero bien, la idea fundamental está dicha, y está clara. Con el gran incremento de alumnos en las escuelas tecnológicas, en las escuelas de ciencias, el gran incremento del número de estudiantes en las escuelas e institutos tecnológicos, sencillamente estamos preparando las condiciones para el mañana, la posibilidad de producir en abundancia todo lo que necesitamos. Los defensores del capitalismo, con lo descarados que son, se han basado fundamentalmente en el tema de las escaseces para combatir a la Revolución socialista, como si el socialismo fuera el culpable de las escaseces, cuando toda la culpa de la escasez de desarrollo económico de nuestro país la tenía, precisamente, el capitalismo: sistema social que se basa en la explotación, en el desempleo y en el hambre. En ese llamado mercado libre de trabajo, donde por cada empleo, como ocurre en Estados Unidos, hay millones de hombres luchando, que tienen que estar viviendo de una especie de caridad social. No voy a decir, ni mucho menos, que nosotros hayamos resuelto de manera idílica el problema del empleo. ¡No! No, porque todavía hay muchos ciudadanos, sobre todo en los sectores femeninos del país, que antes no se les consideraba aspirantes a empleo, que antes no se contaban en el número de desempleados; porque una señora de su casa no era desempleada si el esposo trabajaba. Y hay decenas de miles de mujeres que, si se pone una industria, inmediatamente van a trabajar allí. Porque, efectivamente, el sector femenino no está incorporado masivamente todavía, porque faltan condiciones para ello, centros de empleo suficientes para que se incorporen al trabajo.
En el futuro, ese sector se incorporará también a medida que se desarrolle nuestra economía. Y el número de brazos aumentará extraordinariamente, brazos que estarán produciendo con medios de producción adecuados, modernos.
Pero, en fin, los llamados desempleados en nuestros campos, que sumaban cientos de miles, cientos de miles, no existen hoy. Lo que ocurre en nuestros campos es todo lo contrario: escasez de brazos en muchas ocasiones para determinadas tareas.
La universidad o las universidades son los centros donde culmina todo ese esfuerzo. Las universidades tienen un sentido cabal, una importancia fundamental para la Revolución, para el país.
Claro está que irá aumentando el número de estudiantes universitarios, y serán decenas y decenas de miles los estudiantes universitarios.
El estudiantado universitario está rodeado de las mejores condiciones para poder estudiar. Sabido es que en estos primeros tiempos de la Revolución hemos tenido algunas contradicciones; sabido es que un inmenso número de estudiantes está trabajando y combina el estudio con el trabajo, pero el estudio con el trabajo como modo de vivir, el trabajo como medio de vida y no como instrumento docente. Y tiene explicación en el hecho de que al principio no existían las facilidades que existen hoy, el número de becas que existen hoy. Porque nuestro ideal para el estudiante universitario, en los años venideros, no es el estudiante trabajando como medio de ganarse la vida, sino el estudiante trabajando como parte de su formación, como parte de la docencia. Es por eso que hemos ido ampliando los recursos destinados a las becas. Es por eso que ha ido aumentando el número de becados.
Ha habido que librar una lucha con los organismos productivos, porque los organismos productivos, en su impaciencia por producir — y en algunos casos los organismos burocráticos, en su impaciencia por producir papeles—, han competido con la universidad por los estudiantes. Y eso nos llegó a preocupar muy seriamente, porque había jóvenes estudiantes de preuniversitario, que de repente planteaban renunciar a la beca, porque les habían ofrecido un empleo de ciento y tantos pesos. En su impaciencia por llevar a los estudiantes a la producción, estaban sacrificando la producción de mañana. Porque no es lo mismo un joven que dispone de todo el tiempo para estudiar o para trabajar como parte de su formación, que el estudiante que obligadamente tiene que dedicar un número de horas a la producción como medio de vida. Y por eso, se tomaron acuerdos tendientes a proteger a los estudiantes y a los centros docentes de la competencia de los centros de producción.
Continuamente, en la vida real, surge el caso de jóvenes que se ven ante la necesidad de trabajar; continuamente, en la vida real, se presentan circunstancias que le crean a un joven ese problema. Y se contemplaron esos casos. Cuando en un futuro los estudiantes sean ciento por ciento estudiantes y el trabajo forme parte de la docencia y, sin embargo, se presente el caso de un joven que por una eventualidad familiar se ve en la situación de socorrer a su familia, puede haber dos soluciones según el caso. ¿Que se trate de un estudiante bueno, un estudiante bueno, magnífico? La solución puede ser ayudar a ese estudiante para que siga como estudiante y ayude a su familia. Digamos se trata de un estudiante de vanguardia. La solución puede ser la de autorizar el empleo de ese joven por la universidad, en consideración a la situación creada. De ahí que se estableció que, para contratar estudiantes de los primeros años universitarios, era necesario contar con el consentimiento de la universidad, porque era lógico que la universidad tuviera derecho a defender sus estudiantes de una competencia que va contra los intereses de la educación y de la técnica del mañana, en aras de la producción inmediata; y que la universidad tuviera la autoridad de disponer, según el caso, si autorizaba o no a ese estudiante. Y nosotros creemos que, como se trata de estudiantes magníficos, la solución puede ser incluso la de darle un subsidio, una ayuda, a ese joven para que pueda seguir en su condición de becado o de estudiante. A nosotros nos parece que eso es lo más correcto.
En estos tiempos que hemos tenido mucha necesidad de técnicos, hemos acudido al procedimiento de subsidiar a estudiantes de medicina, a estudiantes de agronomía y de otras facultades, a fin de que le dedicaran el ciento por ciento al estudio.
Pero, por ejemplo, ocurría que algunos jóvenes querían ingresar a estudiar ciencias básicas, primer año, y planteaban también el problema de que estaban trabajando, que si les íbamos a pagar el sueldo. Nosotros planteábamos que eso creaba un precedente, y es el precedente de que la universidad no solo costeaba todos los gastos que supone el profesorado y todos los gastos de materiales, sino que, además, cada vez que ingresara en la universidad alguien que estaba trabajando, iba a recibir un subsidio. Por eso, los subsidios que se han dado en determinadas facultades en estos tiempos son de carácter transitorio, y no serán las soluciones del futuro. Porque si existen las becas, la oportunidad de recibir todo lo que se necesita para cursar una carrera universitaria, si no existen obligaciones familiares que graven sobre ese joven, no hay por qué duplicar los presupuestos que la sociedad tiene que invertir en las universidades. Eso sería excederse de la medida.
Pero es bueno que se diga aquí que nuestra aspiración es que en un futuro los estudiantes sean ciento por ciento estudiantes y que el trabajo forme parte de la docencia, y que solo por excepción se autorice, en casos de necesidad, a aquellos que realmente necesitan trabajar, o se subsidie a aquellos que por sus condiciones de magníficos estudiantes justifiquen que la sociedad haga cualquier sacrificio en ese sentido. Debemos tener presente esto, porque no hay que olvidarse que estamos en una etapa de tránsito.
Hay otros casos: el de jóvenes que han terminado sus estudios sobre determinada profesión, como el caso de maestros, que ya tenían derecho a ir a trabajar, pero que le interesa a la Revolución que sigan estudiando; y entonces pasa como el caso de esos alumnos, en que se les ha señalado alguna asignación por el trabajo que realizan como maestros, están becados y, además, estudian en la universidad.
Se ha acudido también a ese procedimiento porque es correcto. Si un joven se graduó de maestro tiene derecho a ir a trabajar, tiene interés el país en que siga estudiando en la universidad. Y así tenemos muchos alumnos de los que ya han ingresado en la escuela de pedagogía.
Debemos tratar de ir organizando la vida estudiantil de una manera integral, de ir resolviendo todos estos problemas. Esta universidad, igual que la universidad de Las Villas y de Oriente, está recibiendo recursos para la construcción de nuevas edificaciones; hemos visto algunos reportajes acerca de la ciudad universitaria, la actual ciudad universitaria. En la capital de la república se ha podido disponer de una serie de edificios, por lo tanto, de más facilidades que en Santiago de Cuba y que en Las Villas; pero aun aquí, donde se ha dispuesto de muchos edificios, también se están haciendo inversiones en las instalaciones para la ciudad universitaria.
No será cuestión de un año, o dos, o de tres, llevará muchos años; pero algún día tendremos una gran ciudad universitaria dondequiera que haya una universidad.
Se han dado otros pasos, como es el traslado de la escuela de agronomía de la Quinta de los Molinos —donde íbamos a formar técnicos de pavimento— para el campo, donde se formen técnicos de verdad, que conozcan de agricultura. No voy a decir que los ingenieros agrónomos graduados en la universidad en tiempos pasados no sepan nada, no sería justo decir eso; pero que tienen serias deficiencias como profesionales —igual que les pasaba a otras muchas profesiones universitarias, a todas—, hay que decirlo.
Y sobre todo se acostumbraron a estar aquí en las calles sobre el pavimento, y aspiraban a un trabajo en el pavimento, y en un edificio. Y, realmente, los técnicos, ¿saben dónde deben estar en su inmensa mayoría? En el campo. Ingenieros agrónomos y veterinarios donde pueden realmente rendir el máximo y producir es en el campo, a la ciudad de paseo; pero en las calles de la capital no se produce ni un grano de frijol.
Nos hemos encontrado en la noche de hoy con que están en los primeros lugares los estudiantes de agropecuaria. Nos alegramos mucho de eso. Supongo que estén de paseo, ¿verdad?, o como premio en el acto...
(UN ALUMNO HACE UNA PREGUNTA AL DR. CASTRO)
Bien. ¿Tú también? ¿De agronomía, o de veterinaria?...
(EL ALUMNO CONTESTA AL DR. CASTRO)
Si me vas a hablar de agronomía, sí. Porque si no me vas a cambiar el tema. Ya tú viste lo que me pasó aquí hace un rato; y yo creo que eso no es democrático, que uno esté hablando aquí y le cambien el tema cada cinco minutos. Si es de agronomía o de medicina veterinaria, sí; si no, lo dejamos para otro día.
Bien. ¡Y esto es importante, que después los muchachos no tienen leche! Así que los de agronomía, ¡qué gran cosa que se hayan ido de la Quinta de los Molinos! Eso sí es un gran paso de avance. Pero no se sientan muy satisfechos por eso todavía; ustedes tienen un problema muy serio por delante, y es ponerse a investigar, ponerse a investigar, porque es una real vergüenza que muchas cosas estuvieran sin la menor investigación aquí en nuestro país, una real vergüenza. Y que no haya una sola pregunta sobre problemas de agricultura que ustedes no sean capaces de responder; y cuando se pongan a investigar van a descubrir una cosa muy interesante: que por cada 10 interrogante s que se responden aparecen 10 más; cuando estén haciendo 10 investigaciones surgirán 100; y cuando estén haciendo 100, surgirán 1 000 preguntas, preguntas que tienen una gran importancia para la vida real, para la producción de bienes materiales. Y se abrirá para ustedes un camino ilimitado de una importancia muy grande en estos instantes. ¿Por qué? Porque nuestra batalla principal ahora es la de los abastecimientos: satisfacer todas las necesidades, crear excedente de todos los productos que podemos producir aquí en condiciones económicas, porque aquellos que no sean económicos producirlos aquí, debemos comprarlos fuera.
Si nosotros tenemos una gran condición natural para producir determinados artículos mejor que otros países, producimos esos artículos y les compramos a otros países aquellos productos para los cuales ellos tienen más facilidades. Pero teniendo una producción agrícola abundante de azúcar, de carne, de leche, todos los demás productos agrícolas fundamentales que no estemos en condición de producir aquí podemos importarlos, porque cambiamos el azúcar por esos productos, cambiamos la carne, cambiamos la leche, los productos lácteos.
Pero para producir excedente de todos esos artículos hace falta la técnica, y la técnica adecuada. Pero ustedes tendrán que luchar contra un enemigo terrible: ese enemigo es la rutina, la rutina es el peor enemigo que pueda tener un técnico. Una gente que cree que una cosa tiene que ser de una manera, y no hay quien le haga concebir otra forma de producción que esa que conoció toda su vida. De ahí que nos encontremos constantemente una serie de supersticiosos en la producción; eso ha ocurrido con la producción de leche: los supersticiosos del pienso; claro está que yo pienso que algunos de esos supersticiosos, bien porque estén en una lechería o donde estén, nunca les falta leche, ¿comprenden?, porque tienen la poca que producen allí primero que nadie. Pero si estuvieran en algunos lugares donde se encuentren con casos de niños que no tienen leche, no serían tan supersticiosos.
Recientemente — voy a contar un ejemplo— hubo una reunión de pasto y forraje; distintos compañeros se reunieron, fueron a ver unos experimenticos en los cuales trabajaban una serie de muchachos que no son técnicos, pero que empezaron a trabajar y lograron determinados resultados. Y han tenido que estar discutiendo con aquellos señores de la reunión de pasto y forraje, porque no querían creer los resultados del experimento. ¡Bien arreglados estamos con eso, bien arreglados estamos con esa gente supersticiosa que cree que si no les dan pienso a las vacas no dan leche! Y una serie de muchachos que no son técnicos han tenido que estar discutiendo y convenciéndolos de que sí eran posibles aquellas cosas que estaban viendo allí.
Hay otros ejemplos: hay hombres que están al frente de un centro de producción, que se les dice, se les asegura, se les afirma, se les pide, se les ruega que hagan algo, y como no creen no lo hacen. Y ese es uno de los problemas más serios: la formación de cuadros con una mentalidad nueva.
Porque los cuadros que tenemos ahora se pueden hacer dos cosas con ellos: enseñarlos. Y es obligación del Estado, del Gobierno Revolucionario, enseñarlos, como se está haciendo con los técnicos cañeros: todos los años un cursillo enseñándoles la técnica; el año pasado se hizo un cursillo de 10 días con magníficos resultados, este año se hará un cursillo de un mes. Ese es uno de los caminos.
Otro de los caminos: formar cuadros que tengan la misma doctrina, la misma escuela, la misma experiencia, porque lo que tenemos es mucha gente cada uno de los cuales aplica su librito, su método, y eso es verdaderamente terrible. Por eso, tenemos que formar cientos de cuadros, miles de cuadros con la misma escuela, con la misma doctrina, con el mismo método; y entonces aquellos administradores recalcitrantes, supersticiosos, dogmáticos, antidiluvianos, que ni estudien ni aprendan, ¡sustituirlos por cuadros nuevos! Esa es una de las cosas que hemos aprendido: se puede hacer un plan, estudiar un problema, pedirles a 100 administradores que hagan tal cosa, y cada uno de ellos las hace distintas. Si allí hubieran 100 hombres salidos de una escuela, o esos 100 administradores hayan pasado por una escuela previamente, aprendan, vean y se vuelvan creyentes de la técnica, entonces el resultado es distinto.
Si queremos que funcione una lechería, un cebadero, cualquier centro de producción y que se aplique una técnica, es necesario que los hombres que están al frente la hayan estudiado, la hayan visto, la hayan comprobado y sepan todo lo que tienen que hacer todos los días hasta en los menores detalles.
Y se van a encontrar ustedes que uno de los problemas más serios es la rutina y la superstición, y se los advierto para que no vayan ustedes a caer en esos vicios y en esos males. Así que no basta con que se hayan marchado de la Quinta de los Molinos, sino que se hagan desde ahora el propósito de ser unos técnicos con una mentalidad nueva y revolucionaria; eso es muy importante.
Y nos dirigimos en especial a ustedes por la importancia que tiene para nuestra Revolución la producción de todos esos artículos de consumo.
Los imperialistas dicen que nuestra agricultura va a fracasar, pero nosotros les vamos a dar a los imperialistas la lección que no se imaginan, les vamos a demostrar lo que se puede desarrollar, cómo se puede desarrollar una agricultura nueva, técnica, revolucionaria; se van a quedar pasmados. Pero eso no se logra solo con buenos deseos: hay que formar muchos cuadros. De la universidad no pueden salir todos los que necesitamos porque, a decir verdad, ustedes son cuatro gatos — ¡no nos alcanzan!—, ni ustedes los de agronomía ni ustedes los de veterinaria: son cuatro gatos, que sumados a los otros cuatro gatos que había son ocho gatos (RISAS), si mi aritmética anda bien. Y aquí hay que formar miles de cuadros.
Por eso hemos organizado una escuela de suelos y fertilización —parece que tiene alguna representación por ahí, que han dado muestras de vida— y alimentación del ganado, pero más todavía: de alimentación del ganado lechero, porque hay cosas en la agricultura que son más fáciles; el desarrollo de la técnica en la caña es mucho más fácil que el desarrollo de la técnica en el ganado.
Y eso no basta. Hay que elevar esa escuela en septiembre por lo menos a 1 000 alumnos, ¡por lo menos!, y hay que organizar otra escuela más con 1 000 alumnos, una escuela de técnicos veterinarios. ¿Qué vamos a producir: un doctor en medicina veterinaria o un médico veterinario? — no sé cómo es el título de aquellos compañeros. ¡No!, técnicos veterinarios. Es decir, no tendrán un nivel universitario, pero sabrán el trabajo que tienen que hacer y tendrán oportunidades de realizar —mientras trabajan— estudios por correspondencia, más cursillos, que es otro tipo de extensión de la enseñanza y de la preparación, por otras causas, en otras condiciones. Eso se hará con maestros que estén en lugares donde no haya universidades, con los técnicos agropecuarios, obreros calificados que tengan base suficiente para seguir un curso universitario.
Y habrá que hacer otra escuela, por lo menos de 1 000 técnicos veterinarios. Hay un curso de nivelación para inyectar más personal en agronomía, pero son pocos y regulares además. Esa escuela dentro de dos años sacará cientos de técnicos, mientras que estos muchachos que dan el curso de nivelación — que está regularcita la calidad— tienen que superarse mucho; tendrán que salir de allí y después estar cuatro años estudiando, porque tenemos que mandar le gente a la escuela de agronomía, si no no van a tener ni alumnos. Así que tenemos que utilizar los dos métodos: ingresos en la escuela de agronomía, ingresos en escuelas de otro nivel de donde puedan salir para la producción y después cursar estudios superiores.
Pero les advierto una cosa: ¡Apúrense ustedes los de la universidad, porque si no van a tener contrincantes muy serios en aquellos muchachos de la escuela de suelos y fertilización que no van a tener nivel universitario! Tienen que emular, ¡emular! Bien: y la escuela de agronomía tiene que emular también, y tiene que emular con nosotros; en esa emulación entro yo también. No debemos estar fuera de la emulación, porque nosotros estamos aplicando un método de enseñanza revolucionario allí, y vamos a ver si la escuela de agronomía no aplica métodos pedagógicos revolucionarios, también se van a quedar atrás con respecto a la escuela esta. Y esos muchachos están recibiendo una educación que va a ser una educación integral; y, sobre todo, trabajadores. Todos los días tienen que hacer tres horas de trabajos manuales, ¡tres horas todos los días! Ese es el trabajo como parte de la docencia, como instrumento de la educación, como instrumento de la formación.
Y les digo que si ustedes no se apuran, aquellos van a ser mejores que ustedes. ¡No se pongan tristes! (RISAS.) Así que para que se apuren.
Y también ustedes, los de la facultad de medicina veterinaria — o como le llamen ahora— van a tener otra escuela también, que va a producir obreros calificados y después van a estudiar. Así que habrá una emulación entre el nivel universitario y el nivel no universitario; no una rivalidad: una emulación. Ahora, les voy a decir una cosa: ¿Saben quiénes son los que están dando clases allí? Un grupo numeroso de estudiantes que se graduaron en la facultad de ustedes. Van a enseñar y van a aprender allí también, pero como ya tienen una base universitaria estamos seguros de que se van a formar muy buenos técnicos.
Y estamos haciendo un reclutamiento modesto, sencillo, de algunos cuantos estudiantes para un laboratorio que se está construyendo, y que se van a hacer una serie de investigaciones muy interesantes ahí en ese laboratorio. Necesitamos formar equipos de investigadores, equipos de técnicos, y en eso vamos a estar en emulación con la Academia de Ciencias también, en ese pequeño grupo que vamos a ir formando. ¡Emulación sí, no rivalidad! Pero aquí hay que poner a emular a todo el mundo, porque óiganme: si nosotros logramos que la reserva de vergüenza, y de honor y de amor propio que hay en los revolucionarios se ponga en evidencia y se muestre, yo les digo que hay una verdadera energía de vergüenza atómica potencial, o energía atómica de vergüenza en la gente.
Esto de la emulación no es un jueguito, esto de la emulación no es un truquito que se haya inventado en el socialismo. No, eso pone en juego las cualidades mejores del hombre, el decoro del hombre, la vergüenza del revolucionario, el honor del revolucionario. Y he visto muchas veces que cuando la vergüenza en potencia se desata es capaz de hacer milagros en el hombre.
Pero hay muchos que tienen la vergüenza dormida, como el genio de que habla la famosa poesía de Bécquer, y necesita que venga la mano de seda a despertar la vergüenza dormida en los corazones de mucha gente. Y hay que despertarle el sentido del honor y la vergüenza que yace en cada hombre de dignidad; y la emulación viene a eso, y que entremos todos, y que nadie se duerma sobre los laureles y que emulen las universidades entre sí y los institutos de investigación entre sí, y verán cuáles serán esos resultados.
Nosotros hemos podido ver el interés que se ha despertado por la técnica, tan pronto se empezó a hablar de esas cuestiones y tan pronto se empezaron a obtener algunos resultados. Y, desde luego — una anécdota—, en esto de la emulación vamos a ver qué universidad da más técnicos. Les advierto que la escuela de Las Villas tiene una escuela de agronomía magnífica, tiene muchachos magníficos y ustedes van a tener que emular duro con esos compañeros de la escuela de agronomía de la Universidad de Las Villas.
Y no sé cómo andará la de Oriente, pero recientemente recibimos una invitación del rector de la Universidad de Oriente para la graduación de una serie de técnicos que, por cierto, decía: puede contar el Gobierno Revolucionario con tales y tales y más cuales técnicos, y yo estaba de lo más contento y digo: pues tantos ingenieros de tales y tantos de más cuales y cuando mando la comunicación dicen: no, pero ya están trabajando en los organismos. ¡Ah, entonces no podemos contar con esos que ya están trabajando en los organismos! Y yo me hice un poco de ilusiones, pensé que íbamos a reclutar unos cuantos técnicos para el centro de investigación porque advierto, no estamos buscando sabios, estamos buscando muchachos jóvenes que se interesen por la investigación. Y vamos a llegar lejos por ese camino, con esa tropa nueva vamos a ganar unas cuantas emulaciones.
Ya los tenían los organismos. Cuando un organismo agarra algo aquí, óigame, qué trabajo cuesta que lo suelte. Nosotros para esa escuela de suelos y fertilizantes casi todos los estudiantes que se graduaron estaban trabajando en organismos y el trabajo que hemos tenido que pasar para que los organismos al fin los cedieran y muchos de estos muchachos estaban haciendo trabajos netamente burocráticos y que, en algunos casos, no tenían nada que ver con su profesión ni con los estudios que estaban realizando.
Estudiaban agronomía y trabajaban en la compañía eléctrica — que diga, en la Empresa Consolidada de la Electricidad—, lo de compañía es un reflejo condicionado que tengo, que me queda de atrás por los reflejos condicionados y porque a veces hacen cosas que me recuerdan las de atrás también, como cuando se equivocan al cobrarle la luz a la gente un poco más caro y esas equivocaciones. Pero, bueno, no estamos tratando de ese problema ahora, son parte de ese aprendizaje que tenemos que realizar. Pero estudiaban agronomía y trabajaban en una empresa que no tenía nada que ver. ¡Y cuesta trabajo!
Aquí los organismos son muy sectoriales, muy sectoriales. ¿Qué significa ser sectorial? Tienen un hombre ahí, está subutilizado, pero por egoísmo del sector se resisten a permitir que pase a otro centro donde puede ser mucho más útil.
Desde luego, aprovecho la oportunidad para dirigirle un mensaje a la Universidad de Oriente de que el año que viene nos guarden algunos técnicos, no sea que después cuando creamos que se han graduado tantos también estén trabajando. Y, de verdad, más vale esperar un año que luchar con los organismos para que trasladen algunos compañeros que están trabajando allí.
Y uno siente esa tristeza, esa pena de pensar que si una inteligencia está subutilizada está mal aprovechada. Y hay que luchar mucho porque cada cual esté en el sitio donde debe estar. Mas no hemos de limitarnos a investigaciones en el terreno de la agronomía o de la medicina veterinaria. En el terreno de la medicina humana hay también que luchar y hay una serie de compañeros médicos que están también ansiosos de realizar investigaciones.
Y las investigaciones tienen una importancia extraordinaria para la producción de bienes materiales. Y les voy a poner un ejemplo, un ejemplo. Hay un destacado y eminente médico investigador en nuestro país que solicitó apoyo para una investigación a fin de controlar el sexo en la inseminación. Si la teoría que él ha elaborado es demostrada en la realidad, ello puede conducir a que si nosotros queremos producir, nos interesa fundamentalmente producir vacas para aumentar la producción de leche, pues podemos lograr que los nacimientos sean de hembras fundamentalmente. A la inversa, cuando se trate de la producción de carne, a la inversa. Tiene una gran importancia.
Cualquier investigación de ese tipo tiene enorme repercusión en la producción de bienes materiales. ¿Y saben lo que es el socialismo y lo que es el comunismo? Una sociedad que solo se puede edificar sobre la abundancia, y a la abundancia solo se llega a través de la técnica, de la técnica, de la educación y de la organización, porque problemas de organización tenemos que resolver y aquí tiene que haber técnicos también en organización.
Pero realmente nuestro país puede llegar a ser un extraordinario ejemplo de socialismo y de comunismo, porque nosotros tenemos condiciones naturales para determinadas actividades económicas tan extraordinarias que, en realidad, lo que no logremos es porque no queremos lograrlo, y la Revolución significa la oportunidad de lograrlo.
¿Quién se interpone entre nosotros y nuestros objetivos? Hoy que el poder es del pueblo, hoy que el poder representa los intereses de las clases humildes, de la inmensa mayoría del pueblo, la que vivió pobre siempre; ¿qué se interpone? Solo nuestra incapacidad, solo nuestra falta de experiencia, solo la rutina, solo las muchas concepciones erróneas que todavía perduran.
Pero en manos del pueblo está esta oportunidad de lograr producir en abundancia tal y en tiempo que pudiéramos llamar récord, lo que nuestra población necesita y más que lo que nuestra población necesita, porque poseemos una tierra fecunda, recursos naturales suficientes para brindar abundancia no a una población como la nuestra, relativamente pequeña, sino a una población dos veces, tres veces, cuatro veces, cinco veces mayor.
Y para erradicar el hambre — no el hambre, la escasez— para producir en abundancia necesitamos los conocimientos y necesitamos el desarrollo técnico.
Ah, y la humanidad tiene que trabajar en todo ese campo. Pero nosotros hemos de pensar con satisfacción que los adelantos que logremos en muchos campos de la técnica habrán de beneficiar no solo a 8 o 9 o 10 o 12 millones de cubanos, sino que podrán beneficiar a cientos de millones de seres humanos.
Nosotros estamos trabajando ahora en determinadas investigaciones sobre la alimentación del ganado. Creemos que vamos a llegar a una técnica realmente revolucionaria en ese sentido, y tan pronto como logremos esa técnica invitaremos a un congreso en cuestiones de alimentación de ganado en países tropicales, para brindarles a todos los países del mundo los adelantos que hayamos obtenido en la técnica para producir alimentos.
Recientemente hemos leído algo de lo cual queremos hablar como ejemplo, de que los técnicos en un país sudamericano, en Perú, habían logrado producir un tipo de alimento basado en semillas de algodón y en otra planta, tan rico en proteínas como la leche y como la carne, a un costo varias veces inferior.
Debe saberse que distintos países del mundo están trabajando e investigando intensamente en la producción de las proteínas sintéticas. Y por esos campos donde la ciencia indaga nosotros debemos tratar de marchar en la medida de nuestras fuerzas.
Si en algún país tal subproducto lo han convertido en una fuente de nutrientes, qué no podremos nosotros llegar a lograr con los subproductos de la caña de azúcar, qué no podremos nosotros lograr en ese campo, y cuánto podrá significar eso. Qué no puede lograr la humanidad por el campo de la producción de la proteína sintética —digamos—, que combinada en parte con productos naturales, como alimentación del ganado, como alimentación animal en general, pudiera permitir la elevación ilimitada de alimentos para el ser humano.
Claro está que los capitalistas no pueden estar fundamentalmente interesados en esas cosas; el socialismo sí, porque el socialismo busca la abundancia para las masas, y cada nuevo descubrimiento no arruinará a nadie dentro de la sociedad, sino que cada nuevo descubrimiento servirá para ayudar a todos los integrantes de la sociedad.
Así, si por ejemplo, nosotros desarrollamos la petroquímica, a través de la petroquímica la producción de tejidos artificiales o de suelas artificiales, no habrán asociaciones de ganaderos que se opongan, puesto que un material para la producción de calzado mucho más barato irá a competir con el material que ellos producen. ¡No!, no habrá ninguna asociación de ganaderos que se oponga, todo el pueblo se alegrará; nadie se vería afectado porque eso significaría que podríamos tener en vez de uno, de dos o de tres, seis, ocho o diez o todos los pares de zapatos per cápita que se necesiten. Esa es la diferencia entre el socialismo y el capitalismo.
Si nosotros logramos desarrollar la producción de alimentos en cantidades ilimitadas de cualquier tipo, no se arruinará nadie sino que todo el mundo podrá poseer más.
Es posible que en el Perú —donde los técnicos de aquel país con la ayuda de técnicos de la FAO han desarrollado esa producción de alimento— surjan inevitables conflictos de intereses entre los productores de leche, de carne y de cereales, los productores de alimentos, y la nueva técnica que se ha desarrollado.
Si nosotros en cambio desarrollamos una técnica de ese tipo, no surgirá ninguna contradicción ni siquiera con un consolidado. Porque ese consolidado no pertenece a ningún grupo en particular, pertenece a la nación, y la nación dirá: si este es un modo de producción mucho más barato y de mucha mejor calidad, abajo este consolidado y que surja esta nueva producción técnica. Esa es la diferencia entre el socialismo y el capitalismo.
Pero nosotros tenemos que luchar. ¿Por nosotros solos?, sería muy limitada esa ambición, sería realmente egoísta esa ambición. Sabemos que nosotros dentro de algunos años estaremos produciendo en abundancias tales, que los 8, 9 o 10 o 12 millones de ciudadanos de este país podremos vivir prácticamente en un paraíso.
Cuando nosotros trabajemos en el campo de las investigaciones debemos pensar en los cientos de millones de seres humanos que viven en las zonas tropicales y subtropicales, en el mundo llamado subdesarrollado. Cientos de millones de seres humanos que tienen un promedio de vida de 25, de 30, de 35 años comparado con el promedio de vida de 60 y más años que tienen los países industrializados, y que nuestras investigaciones y el resultado de nuestra técnica, irán a beneficiar a cientos de millones de seres humanos. Esa debe ser también una de nuestras ambiciones.
Y por eso, cuando descubramos algo, sin espíritu de rivalidad, sin espíritu de competencia, mostrarles a otros países los adelantos que nosotros logremos en la técnica. Porque cualquier sociedad humana ha recibido el legado de todo lo que el género humano, el hombre a lo largo de los siglos, de la historia, ha creado, desde el abecedario hasta las reglas de multiplicar y de dividir.
Realmente nuestro pueblo, toda una serie de cosas modernas que posee, no la inventó él, fueron inventadas por otros hombres en otros países.
Y realmente la técnica es el gran legado que pertenece a la humanidad. Y lo que nosotros logremos en ese orden, no haremos como los capitalistas que hacen patentes, guardan secretos, el secreto de su fórmula. ¡No!, en un mundo donde las dos terceras partes de la humanidad está subalimentada, que pasa hambre, es un crimen guardar cualquier secreto que pueda contribuir al mejoramiento de las condiciones de vida de esas dos terceras partes de la humanidad. Por eso nuestros estudiantes deben pensar no solo en el horizonte que viene a resultar estrecho de las fronteras nacionales, de la patria. Nuestros estudiantes, nuestros jóvenes deben pensar más ampliamente en el beneficio que para toda la humanidad se pueda derivar de cualquier adelanto técnico en cualquier sentido: bien en el campo de la medicina, bien en el campo de la producción agropecuaria. Y entendemos que es un ideal, una aspiración estimulante, una aspiración hermosa.
¿Qué es lo que no tiene por delante hoy nuestra juventud? ¿Qué mundo es el que no se abre ante ella, qué futuro, qué perspectiva? Infinitas son esas perspectivas, infinito es el mundo que se abre ante los ojos y los corazones de nuestros jóvenes, de nuestros estudiantes, infinito es el mundo que la Revolución abre para ellos; el mundo que para ellos abrieron los jóvenes que se sacrificaron — y en cuyo homenaje nos reunimos hoy aquí— por lo cual dieron su vida. Ellos tenían que congregarse para marchar contra los cordones policíacos, contra las hileras de soldados armados de bayonetas; ellos tenían que enfrentarse a los gases lacrimógenos, a las balas, a los carros patrulleros. Y aquí aullaban las sirenas, batiendo, golpeando, persiguiendo, luchando contra nuestros heroicos jóvenes de aquellos tiempos.
¡Triste cuadro aquel, doloroso espectáculo aquel! El sacrificio, la inmolación de nuestros jóvenes, luchando contra la injusticia, luchando contra el abuso, luchando contra el crimen, luchando contra el vicio, luchando contra la corrupción.
Y así, murieron decenas, centenares, millares. Los estudiantes universitarios dieron el ejemplo; ellos despertaron la emulación de los demás jóvenes, despertaron el honor, el patriotismo de nuestra juventud con su sacrificio. Han hecho posible esta hermosa realidad de hoy, han hecho posible esta oportunidad de reunirse para marchar por los caminos del estudio, de la ciencia, de la técnica. ¡Qué gran justicia, qué gran fruto el de aquellos sacrificios!
Ellos pudieron imaginarse estas cosas, por estas cosas lucharon. Es posible que muchos de nuestros jóvenes vean, como ninguno de nosotros podíamos ver con nítida claridad, la nítida claridad con que vemos hoy este espectáculo. Es la diferencia que hay entre lo real y lo imaginario: lo real siempre tiene más fuerza. Los combatientes que cayeron lucharon por este cuadro imaginario, la generación de hoy ve este cuadro en toda su realidad.
Mas no solo nuestros jóvenes se han sacrificado y han caído al conjuro de la lucha patriótica, al llamado de la patria. En días recientes también se ha producido un hecho en el que apenas ha reparado la opinión pública por la circunstancia en que se produjo este acontecimiento: el hecho que los compañeros que resultaron inmolados no murieran el mismo día, sino que sufrieran gravísimas lesiones y fueran muriendo día a día. Pero el hecho se produjo hace algunas semanas solamente, en un edificio en las proximidades de un albergue de becarios: una mujer se presentó en el balcón de un edificio contiguo pidiendo auxilio, rodeada por las llamas, y un grupo de jóvenes becarios universitarios se lanzaron impetuosamente a brindarle auxilio a aquella señora; y al abrir uno de los apartamentos, donde por descuido había permanecido abierta una de las llaves de gas, se produjo un incendio súbito, violento, que lesionó gravísimamente a aquellos estudiantes, y a consecuencia de las cuales murieron cinco de ellos.
Día a día nuestros compañeros universitarios han ido dando sepultura a esos compañeros que perecieron después de los más desesperados esfuerzos de la ciencia por salvarles la vida. A consecuencia de las quemaduras que recibieron al ir a auxiliar a aquella mujer, perdieron sus vidas, vidas valiosísimas de jóvenes que se preparaban en la universidad, de jóvenes que soñaban con todas las cosas que sueñan ustedes ahora. Y es realmente digno de que se resalte ese ejemplo aquí hoy, porque pocas cosas dirán tanto de nuestra juventud de hoy como ese hecho singular, ese hecho heroico, que no es sino la repetición de ese espíritu generoso y valiente con que nuestros jóvenes han desafiado todos los peligros y todos los riesgos en los combates contra los agresores, en los momentos de peligro para la patria. Es el espíritu de los jóvenes de la artillería antiaérea que murieron en los combates de Girón, es el espíritu de nuestra juventud patriótica, extraordinariamente desinteresada.
Estos estudiantes que murieron fueron: el estudiante becado Israel de Armas, estudiante de ingeniería mecánica; el estudiante becado Ramón Ríos, de medicina veterinaria; el estudiante becado Juan Nogueras, de nivelación de tecnología; el estudiante becado Heriberto Gutiérrez, de ingeniería industrial; y el estudiante José Valdés Bello, de geología.
También en ese mismo acto sufrieron graves lesiones, a consecuencia de las cuales perecieron, el joven Jorge Borges, funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores; José Argüelles, miembro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias; y la señora María Teresa Cabrera, que fue la señora a la que ellos fueron a auxiliar.
Justo es que en el día 13 de marzo se destaque este ejemplo, y justo es que estos jóvenes figuren también en la galería de los mártires universitarios. Justo es que su ejemplo figure junto a todos los estudiantes, desde los mártires de 1871, y los que cayeron en las luchas contra Machado, y los que cayeron en la lucha contra Batista; junto a los héroes del 13 de Marzo, porque ellos también, animados por el mismo sentimiento, no vacilaron en arriesgar la vida cumpliendo el deber.
Y estos ejemplos enriquecen el caudal de historia, el caudal de gloria de la historia de nuestra juventud, de la historia de nuestros estudiantes. Y cosas lógicas de los hombres que cumplen el deber: siempre en todas las circunstancias será necesario su sacrificio; unas veces luchando contra invasores, luchando contra los males del hombre; otras luchando contra los males de la naturaleza; otras luchando contra los accidentes, contra el azar. Y tendrá que haber también hombres jóvenes que en las investigaciones corran riesgos luchando contra los riesgos que también ese trabajo científico trae.
Por eso, al hablarles de lo que nuestra juventud tiene delante, recordaba con tristeza este caso de los jóvenes que perecieron accidentalmente. Ha perdido la universidad, ha perdido el país, su contribución valiosa; pero aun así han dejado un ejemplo alentador y hermoso, que ha de servir de consuelo a sus compañeros y ha de servir de consuelo a sus seres queridos. Porque los familiares de estos estudiantes que murieron en medio del dolor no perdieron ni un solo instante la entereza, ni dejaron de animar y de alentar a sus compañeros. Lo que el país perdió corresponde a ustedes ganarlo; los técnicos que la patria perdió en este doloroso hecho corresponde a ustedes recompensarlo, con más interés, con más esfuerzo por el estudio, con más calidad en la preparación de cada uno de ustedes.
Estas son las cosas dolorosas, las cosas duras: esa contradicción que siempre existirá en todo; entre aquellas cosas por las que el hombre lucha y entre el precio de toda lucha; entre la hermosura de los objetivos que se buscan y el dolor que las conquistas de esos objetivos cuesta. Por eso, en días como hoy debemos meditar, pensar en esto. Pensar que todo ha costado caro, que todo ha costado un precio alto. ¡Que nunca, que jamás nuestros jóvenes se olviden de eso! Y que las generaciones del futuro sean generaciones alegres, sí —como han de ser los jóvenes—, pero responsables, conscientes, que vivan toda la alegría de la juventud y toda la responsabilidad de quienes han sido herederos de un legado que costó dolor, costó luto, costó sangre. Y que siempre sea un proceso de ascenso la vida de nuestros jóvenes, los de hoy y los de mañana. Sobre todo mañana, cuando no haya las tareas de hoy; mañana, cuando no tengamos las dificultades de hoy; mañana cuando tengamos la abundancia que desde hoy estamos preparando; que nuestros jóvenes tengan siempre nuevas y nuevas metas, nuevas y nuevas aspiraciones; que nuestra sociedad nunca tenga una juventud satisfecha, que nuestra sociedad tenga siempre la aspiración de jugar su rol, de llenar una función.
Y así, cuando las épocas de las revoluciones sociales hayan pasado, cuando los problemas de hoy hayan pasado, ustedes tendrán la Revolución de la naturaleza; esa será la eterna revolución del hombre: revolucionar la naturaleza; y ahí tienen una revolución que no se agotará nunca, ahí tienen una revolución que no tendrá fin, y la inquietud, la energía de los jóvenes tendrán en qué invertirse.
Por eso, cuando hablamos de una revolución técnica, es la revolución que complementa la revolución social. Revolución social: poder de los trabajadores y de los campesinos más revolución técnica, es decir, más la aplicación de la técnica, igual a la abundancia, igual al socialismo, igual al comunismo. Se habla de una revolución que empieza ahora y no terminará nunca.
Y en esa revolución, ustedes, la vanguardia intelectual de nuestro pueblo, tienen el rol más importante que jugar. Y ustedes verán los frutos del esfuerzo de hoy, y la patria entera, con júbilo, también disfrutará del esfuerzo de ustedes.
Y en días como hoy, de recordación, de tristeza y de dolor por un lado, cuando se recuerdan los sacrificios que se han hecho, también tendremos derecho a pensar con júbilo al ver los resultados, al ver los frutos de aquellos sacrificios. Y así, siempre, dos cosas se han de mezclar hoy. Tristeza solo no, tristeza solo correspondía ayer, cuando veníamos a esta escalinata a honrar a nuestros mártires en medio de una patria frustrada, de una revolución que no se había hecho. Cuando la Revolución se ha hecho, cuando la patria marcha hacia adelante, cuando no estamos ante una nación frustrada, sino ante una nación victoriosa y optimista, en días como hoy hemos de sentir dolor, pero también hemos de sentir alegría y hemos de sentir júbilo.
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
 FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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