enero 19, 2014

Proclama de D. Bernabé Araoz. Gobernador de la Provincia de Tucumán y Coronel Mayor del Ejército de la Patria, a los pueblos de su mando (1815)

EPOCA PRIMERA
La Revolución de Mayo y la Independencia
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Proclama de D. Bernabé Araoz. Gobernador de la Provincia de Tucumán y Coronel Mayor del Ejército de la Patria, a los pueblos de su mando.

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Amados compatriotas: Si la libertad de vuestra Patria ha ocupado siempre en vuestros ánimos el lugar preferente a cualquier sacrificio; si la celosa atención a sus progresos os ha hecho olvidar de vosotros mismos, se os viene ya a las manos los precisos momentos de calificar a la faz del Mundo que vuestros esfuerzos saben realizar los sagrados anhelos que os empeñan.
Sepa el tirano a su costa, que vuestros valerosos brazos jamás se elevaron en vano, ni llegará el caso de quedar suspensos a, presencia del mayor de los peligros: yo he creído siempre que el menor de mis comprovincianos primero se arrostrará a, rubricar con su sangre el último y más atroz de sus tormentos, que exponerse a arrastrar nuevamente la infame cadena de la esclavitud: que nada ha amado más que morir con la esperanza de que los siglos venideros vean a sus hijos con los apreciables laureles que les merecieron sus desvelos, y que orlen sus escudos con la gloria de haber seguido sus ejemplos. El vil opresor de nuestra libertad, el invasor cruel de nuestros derechos, el tirano usurpador de nuestro suelo intenta presentarnos en dorada copa el antiguo tósigo de nuestra proscripción; vuelve a, deslumbrarnos con el fugaz esplendor de francas y liberales promesas, que en la incauta sencillez de nuestros mayores nos dejaron el horroroso patrimonio de la opresión, y desdicha de la bajeza y servilidad. Si no han bastado, americanos, más de tres siglos de tan activos escarmientos, prestaos unos a otros ojos capaces de registrar el infeliz y lamentable cuadro de Caracas, Quito, etc., esmaltado con la inocente y elocuente sangre de vuestros hermanos: pluguiese al cielo que tan horrorosas catástrofes, fijas en
vuestro corazón, no sólo conservarán el roedor recuerdo de felonías tan bárbaras y atroces, sino también el indeleble juramento ante el Eterno, de castigar tan inexorables excesos.
Inflámese vuestro celo en la sagrada hoguera del amor patrio, y protestad conmigo: ¿Seréis más bien espectadores festivos de los tristes escombros y ruinas de nuestras casas, hogares y familias, que dejar al inhumano y bárbaro español hollar victorioso nuestro suelo? Sus fuerzas, su gobierno, e inmorales medidas no presentan otro plan que el precipitado declive a su total exterminio: la que imprudente medita y conmina enviarnos ese atolondrado Gabinete, no bastarán aún para sufrir los primeros ensayos con que nuestra Capital ilustre se apresta y pertrecha. Preparad todos los brazos para entrar en una lid, cuya victoria hará eterna vuestra gloria e inmarcesible vuestra libertad. La fortaleza y constancia, la unión y energía son las firmes bases que harán sin duda el envidiable pedestal de nuestra independencia; no hay fortaleza ni constancia si se recela, si se vacila; ni unión, si se fracciona, ni energía si se trepida. Prestémonos voluntarios a acreditar con nuestras obras, que estos son los patrióticos y vivos sentimientos que nos animan, que ellos serán las mejores armas que nos han de facilitar seguramente una empresa que nos es común, sagrada, e interesante. Arrojemos al eterno caos del olvido y del desprecio las facciones, y partidos, rivalidades y sentimientos. Sofoquemos desde este momento las criminales personalidades que nos dividen y debilitan. Reconcentremos nuestros esfuerzos, y subordinados a las autoridades que nos rigen, nuestra común felicidad sea el único móvil de nuestras operaciones. Ciudadanos, hasta aquí he tenido el honor de mandaros, y el deber a vuestro frente me impone los heroicos sacrificios con que habéis purgado los mayores peligros y llenado vuestros deberes: la misma confianza de veros ahora más que nunca electrizados por nuestra común defensa, me estimula a ofrecerme, y ofertaros con nuestras personas y bienes a marchar en unión hermanable, a ser los primeros en la empresa, cuando nuestra heroica capital nos necesite y la Patria lo reclame.
Tucumán y Octubre 9 de 1815.
BERNABÉ ARAOZ.

Fuente: Neptalí Carranza, Oratoria Argentina, T° I, pág. 111 y sigte., Sesé y Larrañaga, Editores – 1905. Ortografía modernizada

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