junio 17, 2014

Resolución General del Punto II de la Agenda de la Primera Conferencia de la OLAS (1967)

Primera conferencia Latinoamericana de Solidaridad –OLAS-
RESOLUCION GENERAL DEL PUNTO II DE LA AGENDA:
POSICION COMUN Y ACCION ANTE LA INTERVENCION POLITICO-MILITAR Y LA PENETRACION ECONOMICA E IDEOLOGICA IMPERIALISTA EN AMERICA LATINA
[1967]

El imperialismo yanqui ha establecido en América Latina un sistema único de explotación y dominación. Las naciones latinoamericanas débiles y dispersas, agotadas por los largos años de lucha contra la dominación colonial europea, atrasadas económica y socialmente debido a la secular explotación que habían padecido, fueron pronto presa fácil de la penetración económica de intereses capitalistas europeos, que establecieron sobre nuestros países una explotación de tipo semicolonial.
La guerra hispano-cubano-norteamericana, primera guerra imperialista que registra la historia, y sombrío inicio de una secuela de despojos, crímenes y saqueos, que entonces empezó a recorrer el imperialismo yanqui, inició el desplazamiento de la influencia europea en nuestro continente, por el aparato de creciente dominación neocolonial de Estados Unidos.
Sin embargo, hoy a siglo y medio de la liquidación de los últimos vestigios de dominación colonial en la mayor parte del continente, quedan en América Latina pueblos sometidos a la odiosa explotación colonial. Los imperialistas norteamericanos, franceses, ingleses y holandeses mantienen aún pueblos de nuestra América sometidos a la explotación colonial.
El imperialismo norteamericano ha ido perfeccionando todo un aparato de dominación que penetra la vida de nuestros países en los aspectos económico, político, cultural y militar. Esta dominación imperialista que nació de la fuerza se ha mantenido por la fuerza.
Parte de la estrategia continental imperialista es su política de penetración ideológica por medio de la cual trata de fortalecer y acrecentar su influencia en los campos de la educación, la investigación científica, las artes, el movimiento obrero, campesino y estudiantil, utilizando diversos medios así como cuantiosos recursos financieros y técnicos.
Utilizando la bandera del anticomunismo o su nueva versión, la lucha contra el “castro-comunismo”, el imperialismo pretende justificar la represión de los movimientos revolucionarios, impone gobiernos gorilas, y procura confundir a las masas: El anticomunismo es el arma estratégica principal del imperialismo en el terreno ideológico y está dirigido contra todos los revolucionarios no sólo contra los partidos comunistas, incluso llega a incluir a personas o movimientos con pensamiento democrático liberal.
El monopolio de la información por las agencias cablegráficas del imperialismo y el dominio de los medios masivos de comunicación, deforman la verdad e introducen falsos valores políticos, morales y estéticos, contrarios a los intereses de nuestros pueblos, complementando esto con una ofensiva editorial que comprende hasta la publicación en los Estados Unidos de libros de texto para las escuelas latinoameriacanas.
Esta penetración ideológica se acentúa especialmente en la deformación de la heroica tradición histórica latinoamericana, desvirtuando el sentido de sus luchas y la ejecutoria revolucionaria de sus grandes hombres, a fin de justificar históricamente la intervención y la tutela yanqui.
Otra de las formas de penetración ideológica más nuevas y sutiles y por lo tanto más dañinas de la ideología imperialista se manifiesta con la aparición en el seno del movimiento revolucionario de tendencias claudicantes y conciliadoras, que pretendiendo fundamentar teóricamente la tesis del fatalismo geográfico, del atraso ideológico de las masas y de la necesidad de alianzas amplias con los diversos sectores de la población, terminan proclamando unas veces de manera abierta y otras de manera hábil la necesidad de liquidar la lucha armada y en general de tomar el camino del reformismo en vez de la vía auténticamente revolucionaria. Esta penetración se expresa igualmente en la actividad oportunista, ultra-izquierdista y dogmática que confunde y desalienta a las masas, paralizando el desarrollo del proceso revolucionario.
En el terreno político la OEA y los sucesivos acuerdos impuestos en las distintas Conferencias Continentales han ido conformando y perfilando los caracteres de la política intervencionista del imperialismo, en base al pretendido derecho que se han atribuido de árbitros del Continente, estableciéndose las relaciones propias de una metrópoli con sus dependencias coloniales.
A los acuerdos continentales hay que agregar los tratados bilaterales impuestos a nuestros países mediante la complicidad, el soborno y la represión a gobiernos serviles.
El Continente latinoamericano ha sido convertido en un vasto mercado de consumo a la producción industrial del imperialismo, en un campo de inversiones del capital monopolista, y en un apéndice productor de materias primas, en cuya explotación y comercio realizan los monopolios gigantescas superganancias. 
Los Estados latinoamericanos han sido transformados en deudores crónicos y crecientes de los Estados Unidos. 
Un gran torrente de ganancias, intereses, honorarios por “asesorías técnicas”, comisiones, patentes, recortes invisibles de valor obtenidos por medio de un comercio absolutamente desigual, etc. fluye incesantemente desde la América Latina hacia los Estados Unidos. No es otra cosa que trabajo esforzado de nuestros pueblos lo que el imperialismo succiona por esta vía, dejando para ellos una vida de miseria, hambre, desempleo, analfabetismo, y para las economías latinoamericanas, el subdesarrollo, la deformación y la supeditación creciente.
Bajo la influencia de esta explotación del imperialismo, la economía latinoamericana ha cobrado carácter capitalista deforme y dependiente, entrabada por remanentes feudales, principalmente originados por el latifundio.
Dentro de este marco de explotación neocolonial, nuestros países no pueden desarrollarse y los problemas sociales crecen incontenibles. La alternativa única para sacar a nuestros países de esta vía ruinosa, antinacional y antipopular es la revolución antimperialista, que debe ser al mismo tiempo una profunda revolución social.
La burguesía es incapaz de encabezar la revolución latinoamericana. La llamada burguesía nacional, más comprometida hoy con el imperialismo que nunca, en distintas épocas ha intentado desviar las corrientes revolucionarias de los pueblos por caminos reformistas.
El ejemplo más reciente de esos esfuerzos encaminados a desviar el golpe de las enardecidas masas populares de sus objetivos verdaderos, la liquidación de la explotación imperialista lo constituye la política de pretendidas reformas de Eduardo Frei en Chile. Este seudoreformista no ha cambiado en nada la situación de ese país, lleno de deudas, saqueado hoy más que nunca por los monopolios, donde impera el latifundio y que a pesar de estos años de llamada “revolución en libertad” no ha podido resolver las crecientes necesidades sociales.
Con el triunfo y consolidación de la Revolución Cubana quedó demostrado que es posible derrotar al imperialismo en este continente mediante la guerra revolucionaria y desde entonces el imperialismo se prepara para librar la guerra contrarrevolucionaria a escala continental.
Si al principio los ejércitos latinoamericanos tenían como objetivo defender los intereses de las clases dominantes en cada país y sus fronteras, con posterioridad al Tratado de Río de Janeiro las fuerzas militares latinoamericanas fueron utilizadas para defender las llamadas fronteras hemisféricas, contra el inexistente y absurdo peligro de una agresión extracontinental. Hoy la tarea que se les ha asignado ya no es la de defender, tan sólo, intereses y fronteras nacionales, ni siquiera hemisféricas, sino que los ejércitos latinoamericanos, bajo el pretexto de defender presuntas fronteras ideológicas, se han convertido en destacamentos de un gran ejército continental para la represión del movimiento nacional liberador de los pueblos bajo el mando único del Pentágono.
Los imperialistas preparan en todos los países del continente aparatos militares para la represión de los movimientos revolucionarios y la ulterior intervención militar en nuestras naciones, como el llamado Consejo Centroamericano de Defensa que constituye la unificación de los ejércitos de Centro América bajo el mando del Comando del Caribe de los EE. UU. También hacen grandes esfuerzos para conseguir la creación de las titulada s Fuerzas Interamericanas de Paz, que sería un ejército continental intervencionista, intensifican la preparación de las llamadas operaciones de contrainsurgencias, y con este objetivo han ido al adiestramiento de los ejércitos latinoamericanos, en los métodos de lucha anti-guerrillera en centros especiales establecidos por las fuerzas armadas norteamericanas, tales son: Fort Bragg, Fort Bening en Estados Unidos y Fort Gulick en Panamá, donde se preparan los cuadros militares encargados de completar el programa de entrenamiento de sus respectivos ejércitos.
Completa este cuadro militar represivo la implantación de un sistema policíaco y de espionaje continental, dirigido por la CIA y el FBI, que pone en función de los intereses norteamericanos las actividades de los aparatos represivos de los distintos países latinoamericanos.
Ejemplo de ello es la creación del Consejo Centro Americano de Seguridad, que fuera decidida en reunión de los Ministros del Interior de los países del Istmo, y que no es otra cosa que la policía centroamericana.
Todo lo anterior prueba la aplicación de una estrategia continental del imperialismo, integrada dentro de su estrategia global, cuyo objetivo esencial es la defensa del caduco sistema capitalista mundial. La estrategia continental del imperialismo, llega a ser en algunos
casos incluso independiente, en relación con sus aliados reaccionarios de cada uno de los países y su recurso extremo consiste en el desembarco de marines y de tropas aerotransportadas, la utilización en suma, del ejército de los Estados Unidos para sofocar las revoluciones latinoamericanas, derribar y poner gobiernos según su conveniencia.
Interviniendo incluso contra la instalación de simples gobiernos independientes y democrático burgueses. La invasión yanqui a Santo Domingo en 1965 eliminó toda duda a este respecto. 
En consecuencia: se impone formular una estrategia política común de lucha para nuestros pueblos, basa da en que el enemigo fundamental es el imperialismo norteamericano.
La necesidad de una estrategia continental viene impuesta por la historia y por las circunstancias que marcan la presente etapa. Las más altas figuras independentistas y revolucionarias de América Latina han tenido siempre un sentido de la lucha que desborda las fronteras geográficas que nos han dividido dentro del hemisferio. Esta visión continental de la libertad se debe a las características comunes de las naciones latinoamericanas y al hecho de que el enemigo de ayer, como el de hoy, ha concebido y aplicado, la explotación económica y la intervención con un criterio abarcador de toda la América Latina.
Sería un crimen olvidar que la división ha sido en todo momento el mejor aliado del colonialismo y el imperialismo y que las disensiones, la estrechez de los conceptos y la acción han dejado las manos libres al enemigo permitiéndole maniobrar para frustrar nuestros anhelos de libertarnos de 13 tutela y la servidumbre. La lucha de liberación nacional en cualquier país de América Latina hay que considerarla como parte de la lucha general del continente. No puede separarse la lucha de un pueblo de la de otro y para ello es imprescindible la formulación de una estrategia política única.
El sistema continental de explotación y opresión impuesto por el imperialismo y las oligarquías esta sustentado, en la teoría y en la práctica, en la superación de las fronteras geográficas por las fronteras ideológicas. Frente a este concepto hecho realidad n o hay otro camino que la unidad de los esfuerzos en la consecución de una meta única, válida para todo el continente.
Hoy, en todos los países de América Latina están maduras las condiciones para dar inicio a una lucha armada de tipo tal que asegure la derrota de los imperialistas y la toma del poder por las clases populares.
El objetivo esencial de la lucha debe ser la liquidación total del aparato político-militar-burocrático de los Estados títeres que están al servicio de las clases dominantes en nuestros países y del imperialismo.
Todas las formas de lucha son parte de nuestro proceso, pero la más alta y fundamental forma de la lucha en América Latina es la lucha armada y las otras formas de lucha deben instrumentarse e implementarse en función de la lucha armada, como decisiva para la toma del poder y de enfrentamiento con el imperialismo. Frente al crecimiento de la acción agresiva del imperialismo, que se expresa en hechos tales como el bloqueo económico contra Cuba, las masacres del pueblo panameño, la invasión mercenaria de Playa Girón la sangrienta intervención militar en Santo Domingo y la creciente y brutal represión contra los demás pueblos latinoamericanos, la única vía posible es la profundización y desarrollo de la lucha revolucionaria hasta su forma superior, la guerra de liberación, contra el imperialismo y las clases dominantes de los pueblos en todo el continente. La vertebración del ejército popular en el proceso de su lucha para barrer a los explotadores nacionales y sus amos imperialistas, es la ruta que seguirán los pueblos latinoamericanos.
La perspectiva que se presenta ante nuestros ojos no es la de una fácil victoria, pero debemos lanzarnos a la batalla sin vacilaciones e ilusiones y dispuestos a combatir con la misma entereza, heroísmo y fe en la victoria con que hoy combaten los guerrilleros vietnamitas.
Los revolucionarios no eludiremos el cumplimento de este deber histórico.
Esta lucha no cesará hasta alcanzar la independencia real y definitiva de nuestros pueblos.
En esa hora como nunca: “EL DEBER DE TODO REVOLUCIONARIO ES HACER LA REVOLUCION.”

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