abril 14, 2011

Carta Pastoral: "¿Queremos o no queremos vivir una democracia real?" Joaquín Piña, obispo emérito de Puerto Iguazú (2006)

CARTA PASTORAL PARA EL 17º DOMINGO DURANTE EL AÑO 2006
¿QUEREMOS O NO QUEREMOS VIVIR UNA DEMOCRACIA REAL?
Mons. Joaquín Piña, obispo de Puerto Iguazú
[30 de julio de 2006]

Hermanos y amigos:
Aunque algunos parece que todavía no se dan cuenta, vivimos en tiempos especialmente difíciles. Como país, en particular aquí, en la Provincia.
¡Tanto luchamos por sacudirnos de encima de aquellos regímenes totalitarios de los militares! Y a costa de mucha sangre, logramos recuperar la democracia, hace poco más de 20 años. Los más jóvenes no han experimentado lo que era aquel vivir siempre bajo amenazas, cuando la libertad era un pecado. Nadie podía chistar...
Pero lo más triste es que, bajo la formalidad de regímenes democráticos, volvamos a caer en lo mismo. Porque, díganme ustedes que nos queda de democracia, aquí en esta querida Provincia, si no es el derecho que todavía estamos ejerciendo algunos, (muy pocos), de denunciar las injusticias y atropellos que se cometen. Y menos mal que el Gobernador nos perdonó por ello (¡!) Por cierto me enteré que este perdón dio la vuelta el mundo. Y que a algunos les causó hilaridad. Por favor, señores, ¡más respeto! ¿Será?
El tema es el siguiente: ¿Aprendimos, o no aprendimos la lección, después de la experiencia de los años de la dictadura? ¿Queremos, o no queremos vivir en una democracia real?
Pero lo que yo no puedo entender es que sea democracia esto que estamos viviendo cada día más, de la concentración del poder en una sola persona. Como ya lo dije varias veces, es de esencia de toda democracia, el principio de la división e independencia de los tres poderes del Estado; El Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.
Ahora bien, en estos últimos años, hemos asistido a un avasallamiento del primero sobre los otros dos poderes, en desmedro de su independencia.
¡Es tan fácil manipular las elecciones, cuando uno tiene el poder! Y, por supuesto, con mucho dinero. Pero, si se anda flojo en otras asignaturas, la ética, sobre todo.
Pero, en fin, poco a poco se logró tener una cámara adicta, con mayoría absoluta, que diga “amén” a todo lo que yo le proponga.
Faltaba la suprema Corte de la Justicia, y ya se resolvió también esto, con un sistema de designación de los magistrados más que cuestionables. Por algo se armó tanto revuelo. Yo me animé a decir que esto había sido un “Réquiem por la Democracia”. Otros lo definieron todavía mejor, y lo fundamentaron.
¿Qué Faltaba? –Lo único que faltaba era darles la posibilidad de perpetuarse en el poder. El continuismo en toda su pureza. Y lo propusieron sin ninguna vergüenza. Con razón que alguien habló de “unicato”. Algo parecido a un imperio. Como en la China de antes, el “Celeste Imperio”. ¿En qué quedo la democracia? ¿Qué nos queda?
Nuestra gente, en general, es demasiado buena; y fácilmente se le engaña. No hace falta mucha conciencia cívica para hacer prevalecer nuestros derechos. El pueblo empobrecido se preocupa más que nada por lo económico. (Aunque no sea más que un mínimo beneficio), que por la libertad; Y en definitiva, por su dignidad. Es lo que dice la Biblia, de Esaú, que vendió su derecho de primogenitura por un plato de lentejas.
Pero yo sigo esperando que esto, algún día tiene que cambiar. Históricamente, todos los grandes imperios y sus emperadores, cayeron por la corrupción interna. Porque llega un momento que ya no da más. El pueblo se da cuenta, y los voltea. Tiempo al tiempo.
Sé que mis amigos de N de la C volverán a decir que hago política. No me importa lo que digan. La gente ya sabe quién es quién. Y mi única aspiración política, como saben, es que la gente viva mejor. Con más dignidad. Que nadie tenga que vender su conciencia por un vil beneficio, o un puesto de trabajo. Y esto, sencillamente, porque todos somos hijos de Dios. Aunque algunos se creen más que Dios. Que Dios les perdone. Yo también perdono...
Y ustedes no pierdan la esperanza. Que por ahí Dios nos tiene preparada una alegre sorpresa. Y esta será más posible si todos los buenos, -la gente honesta-, se une. Que seguro que los hay. ¡Dios lo quiere! Su Padre Obispo

Mons. Joaquín Piña Batllevell, obispo de Puerto Iguazú

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