marzo 22, 2012

Copia de la Versión Taquigráfica de la Cámara de Diputados, en la sesión aprobatoria de la "Declaración sobre la cuestión de las Islas Malvinas" (2012)


VERSION TAQUIGRAFICA
Cámara de Diputados de la Nación Argentina
Declaración sobre la cuestión de las Islas Malvinas
Reunión N° 2ª, Sesion: 2° - Ordinaria
[21 de Marzo de 2012]

-Apertura de la Sesión-
[…]
- 10 -
SOBERANÍA DE LA REPÚBLICA ARGENTINA SOBRE LAS ISLAS MALVINAS, GEORGIAS DEL SUR, SANDWICH DEL SUR Y LOS ESPACIOS MARÍTIMOS CIRCUNDANTES
[…]
AQUÍ ORDEN DEL DÍA N° 188

Sr. Presidente (Domínguez).-  En consideración.
          Tiene la palabra el señor diputado por Mendoza.

Sr. Carmona.- Señor presidente: como miembro informante de la Comisión de Relaciones Exteriores daré cuenta, en primer término, del camino que hemos seguido en el marco de la Comisión de Relaciones Exteriores para llegar al tratamiento y posterior aprobación de este proyecto de declaración.
          Antes de entrar de lleno en las consideraciones jurídicas, políticas y ambientales de esta iniciativa quiero hacer especial referencia a un tema que ha estado presente en la discusión que tuvimos en el seno de la comisión, vinculada con la lectura que sus integrantes tenemos con respecto a la actuación de la dictadura  en todo lo relativo a la conducción política y militar del conflicto de Malvinas.
          Ayer se planteó en la comisión –creo que con un sentido de oportunidad enorme- la importancia de dejar claro que el enfoque desde el cual hemos generado esta declaración de Ushuaia nada tiene que ver con la ponderación, reivindicación o valoración positiva de los hechos llevados adelante por la dictadura militar.
          En ese marco quiero recordar que el 30 de marzo de 1982 se produjo en la Argentina una importante movilización popular convocada por la CGT-Brasil, liderada por Saúl Ubaldini. Ese 30 de marzo los compañeros del movimiento obrero, dirigentes políticos y sociales bajo la consigna de paz, pan y trabajo, decidieron reclamar el cese de la dictadura militar y la apertura democrática.
          En la provincia de Mendoza, mi provincia, esta movilización popular comenzó a desarrollarse a partir del mediodía y tuvo un resultado que debemos ponderar adecuadamente en torno a la cuestión Malvinas.
          Ese día, mientras un grupo de aproximadamente 300 militantes gremiales, políticos y sociales intentaban llegar a la casa de Gobierno de la provincia y mientras se entonaba el Himno Nacional, un grupo de integrantes de la Gendarmería Nacional acompañados por personal del Ejército disparó contra los manifestantes produciendo como saldo las lesiones y heridas de cinco manifestantes y lamentablemente el fallecimiento dos días después, el 3 de abril, del compañero José Benedicto Ortiz, secretario general de la Asociación Minera Argentina en la provincia de Mendoza.
          Traigo a colación este hecho no sólo para que quede claro nuestro repudio al accionar de la dictadura militar hacia los militantes populares sino también para ponderar la situación de muerte de un dirigente gremial, un dirigente del peronismo, que no tenemos ninguna duda en considerar que fue la primera víctima de la guerra de Malvinas, porque en ese momento ya se encontraba en marcha la decisión militar de avanzar en la invasión de las islas, acelerada sin ningún lugar a dudas por estos hechos de protesta social.
          José Benedicto Ortiz junto con cinco compañeros  heridos más sufrieron el mismo maltrato que pocos días después padecieron en las islas soldados argentinos sin la suficiente preparación militar, en la mayoría de los casos en situación de absoluta indefensión.
          Nuestro reconocimiento y recuerdo afectuoso a José Benedicto Ortiz y a todos los militantes populares que en ese momento reclamaban por democracia y por paz ante una dictadura que no sólo era genocida sino además tenía un incomprensible e irresponsable sentido belicista.
          Vaya también nuestro reconocimiento y recuerdo a los 649 muertos en combate en Malvinas así como a quienes habiendo combatido sufrieron situaciones de vida luego del conflicto militar que los llevaron al suicidio. Se estima entre 350 y 400 combatientes y ex combatientes que desde el año 1982 se vieron empujados al suicidio por el hecho de haber vivido una guerra traumática.
          En este sentido queremos hacer de este debate de la cuestión Malvinas en la Cámara de Diputados también un momento propicio para el reconocimiento, el recuerdo y elhomenaje.
          La cuestión Malvinas fue tratada por la Comisión de Relaciones Exteriores apenas se constituyó, fundamentalmente porque teníamos la convocatoria de la gobernadora de Tierra del Fuero, Fabiana Ríos, a participar de una reunión conjunta de las comisiones de Relaciones Exteriores de las Cámaras de Senadores y de Diputados.
          Inicialmente se nos presentó el desafío de consensuar una declaración que pudiera ser tratada en la reunión conjunta que se realizaría en la provincia de Tierra del Fuego. Y tuvimos una dificultad inicial, que era la de compatibilizar posiciones respecto del contenido de esa declaración.
          Quiero destacar que la búsqueda de acuerdo, la búsqueda de consenso se realizó convocando a representantes de todos los bloques que integran la Comisión de Relaciones Exteriores de nuestra Cámara y a representantes de los bloques que integran la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.
          Esta dificultad inicial que teníamos de lograr un texto consensuado se vio modificada por tres cuestiones fundamentales. En primer lugar, se priorizó desde una perspectiva institucional y política la consideración como marco jurídico para la declaración de lo establecido por la Constitución Nacional, en su cláusula primera de las disposiciones transitorias, y se colocó textualmente en el primer punto de la declaración esta consideración: “Por lo tanto, hemos declarado la legítima e imprescriptible soberanía de la República Argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, tal como lo establece la disposición transitoria primera de la Constitución Nacional, en su condición de partes integrantes del territorio nacional".
          En relación con este aspecto creo que es importante ponderar lo que fue sostenido en la Convención Constituyente de 1994 por parte del miembro informante en este asunto, que decía: “El texto que hoy estamos proponiendo, señores convencionales,  no necesita muchas explicaciones. Por una parte ratificamos la legítima e imprescriptible soberanía de la República Argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional. No es esta una mera declaración voluntaria ni una declaración rutinaria; se trata de una expresión genuina y legítima del pueblo argentino a través de su máxima instancia legislativa, como lo es esta Convención Constituyente”.
          En la segunda parte continúa así: “Decimos que la recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del derecho internacional, constituye un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino”.
          Y aquí viene una cuestión que creo que es central, porque mientras nosotros discutíamos en conjunto con los senadores el texto que tendría la declaración, había manifestaciones de personas autodenominadas intelectuales, que sostenían que debía respetarse el derecho de autodeterminación de los kelpers.
          Según lo informado por el miembro informante de la Convención Constituyente al hacer referencia a que se fijaba como objetivo irrenunciable del pueblo argentino la recuperación de esos territorios de acuerdo con los principios del derecho internacional y respetando el modo de vida de sus habitantes, la posición quedaba clara: que de ninguna manera adscribía a un pretendido derecho de autodeterminación, que rechazamos clara y categóricamente.
          Esa coincidencia en torno a la cuestión constitucional también se vio acompañada por una marcada coincidencia respecto al rol que los gobiernos democráticos argentinos han tenido en la posición frente a Malvinas: categórica y concreta, apuntando fundamentalmente a resolver la cuestión de la soberanía y a que el Reino Unido lo haga por la vía pacífica de la negociación y el diálogo.
          En ese sentido, queremos reconocer la enorme tradición política que en la Argentina tenemos en cuanto a una posición pacífica, con una opción diplomática para ponderar el criterio sostenido en este mismo Congreso por el entonces senador Alfredo Palacios, del Socialismo, quien mantuvo una clara posición en cuanto a la reivindicación de la soberanía nacional y la adopción de vías pacíficas para encontrar una solución al conflicto.
          Del mismo modo ponderamos la intervención que tuvo el gobierno del doctor Illia, mediante su canciller Miguel Ángel Zavala Ortiz. La Argentina venía manteniendo una clara posición en el marco de las Naciones Unidas, que dio como resultado que en 1965 en la Asamblea efectuada el 16 de diciembre de ese año se aprobara la Resolución 2065, por medio de la cual se reconoce la existencia de una disputa por la soberanía entre la Argentina y el Reino Unido y se invita a ambos países a negociar para encontrar una solución pacífica a la controversia.
          También debo destacar el enorme compromiso y aporte del presidente Juan Domingo Perón, fundamentalmente en su último mandato, ya que se avanzó en el proceso de negociación.
          Lamentablemente, la muerte de nuestro líder no permitió que llegáramos a una situación que iba a implicar un claro avance de la posición argentina en torno a Malvinas. Al respecto, deseo recordar las palabras de un diplomático argentino que fue actor importante en esa instancia.
          Carlos Ortiz de Rozas hace una clara referencia de la versión del entonces canciller Alberto Vignes, quien sostuvo que Perón, con todo su pragmatismo, le dijo: “Hay que aceptar la propuesta de administración compartida”. Es lo que en ese momento proponía el Reino Unido de Gran Bretaña. Agregó Perón: “Una vez que pongamos los pies en las Malvinas, al poco tiempo tendremos la soberanía plena”.
          Vaya también nuestro reconocimiento a los gobiernos de la democracia reinaugurada en 1983.
          Jorge Taiana, nuestro ex canciller, ha sostenido que durante la presidencia del doctor Alfonsín –en un período de posguerra donde prácticamente no existían las relaciones diplomáticas bilaterales con el Reino Unido-, la Argentina avanzó en acciones que buscaron canalizarse principalmente en los ámbitos multilaterales.
          Al respecto, afirma el doctor Taiana que durante el gobierno del doctor Alfonsín el principal logro democrático fue consolidar el reconocimiento de la comunidad internacional de la existencia de la disputa de soberanía y la necesidad de que las dos partes reanuden a la mayor brevedad las negociaciones para alcanzar una solución justa, pacífica y duradera.
          También valora el ex canciller Taiana el desempeño del gobierno del doctor Menem en la década del 90, cuando planteó la conocida “Teoría del paraguas”, y la adopción de una serie de entendimientos bilaterales y provisionales con dicha fórmula, referidos a la cooperación sobre aspectos prácticos en el Atlántico Sur.
          Señala el ex canciller Taiana que esa cuestión implicaba básicamente que la Argentina debía comportarse bien para obtener un gesto del Reino Unido. Dice lo siguiente: “Sin entrar en juicios valorativos, el resultado concreto de esta política de seducción –así llamada en el momento- no fue exitosa”.
          Estamos en un tiempo en el que mantenemos el mismo espíritu de cooperación, de apertura, de diálogo y de actitud negociadora por parte del gobierno nacional. Pero lo hacemos desde una posición de firmeza, que busca crear condiciones internacionales y regionales para que el Reino Unido cumpla con las resoluciones de las Naciones Unidas, deje de violar el Derecho Internacional y se siente a la mesa de las negociaciones.
          Al respecto, dice el ex canciller Taiana que desde la asunción del ex presidente Kirchner se puede afirmar que esa perspectiva -la implementada en la década del 90- ha cambiado y se ha iniciado una política distinta. Nosotros la llamamos una política de firmeza, que consiste en reiterar, tanto a nivel bilateral como multilateral, los legítimos derechos de soberanía argentina sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.

- Ocupa la Presidencia la señora vicepresidenta 1ª de la Honorable Cámara, doña Norma Amanda Abdala de Matarazzo.

Sr. Carmona.- La disputa de soberanía continúa pendiente de solución. Además, hay un llamamiento vigente de la comunidad internacional para reanudar el diálogo bilateral sobre la cuestión de fondo. Con esto no se puede cumplir, porque a pesar de la permanente disposición argentina, el Reino Unido se resiste a sentarse a la mesa de negociaciones, con la agravante de ser uno de los actores que desde el Consejo de Seguridad debería asegurar lascondiciones de paz y de armonía internacional.
          En nuestra declaración hay una clara referencia a la temática de los recursos naturales. En esta materia, quiero recordar que en la primera Conferencia Internacional sobre el Medio Ambiente, celebrada en Estocolmo en el año 1972, se dictó la Declaración sobre el Medio Humano, haciendo una clara referencia a la vinculación entre las políticas anticolonialistas, es decir, aquellas a favor de la descolonización, y las políticas ambientales.
          Dice la Declaración de Estocolomo que las políticas que promueven o perpetúan el apartheid, la segregación racial, la discriminación, la opresión colonial y otras formas de opresión y dominación extranjera, quedan condenadas y deben limitarse.
          De la misma manera, en esta materia de recursos naturales y protección del ambiente, la Convención de Río del año 1992 establece que deben protegerse el medio ambiente y los recursos naturales de los pueblos sometidos a opresión, dominación y ocupación.
          Estas declaraciones cobran especial sentido para nosotros dada la proximidad de la siguiente Conferencia de Río, a realizarse en junio, en la que también tendremos la oportunidad de llevar desde el Parlamento nacional la posición argentina. En la declaración debe quedar claramente establecida una reafirmación de este criterio en contra de las políticas coloniales de las grandes potencias.
          En nuestra declaración también se denuncia la situación de militarización, y en ese marco queremos señalar que la República Argentina ha aportado ante las Naciones Unidas, junto con las denuncias de militarización, elementos de prueba que no han sido descalificados ni cuestionados por el Reino Unido.
          Esta es una posición que viene destacando nuestra Cancillería y, particularmente, el ministro Timerman, porque tiene que ver con la posición de la Argentina de mantener el océano Atlántico Sur como un espacio de paz.
          También hacemos un claro y decidido agradecimiento a los países latinoamericanos y del resto del mundo que han apoyado la posición argentina.                    La gestión del gobierno nacional presidido por Cristina Fernández de Kirchner ha conseguido distintos respaldos regionales e internacionales. Hemos denunciado la militarización y se ha convocado a la construcción de una política de Estado. Esta oportunidad es un paso fundamental para lograr nuestros objetivos, y por ello hoy nos encontramos aquí, en un amplio marco de coincidencias.
          Se ha propuesto la instauración de una política de memoria, verdad y justicia en torno de la cuestión Malvinas y, fundamentalmente, se han adoptado medidas prácticas para mantener la vigencia desde el ejercicio pleno de la soberanía, de los legítimos e irrenunciables derechos de la Argentina sobre las Islas Malvinas. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

Sr. Alfonsín.- Señora presidenta: solicito que permita que el señor diputado Aguad y yo compartamos el término que ha sido asignado, y que sea él quien inicialmente haga uso de la palabra.

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- No hay inconveniente, señor diputado.
Tiene la palabra el señor diputado por Córdoba.

Sr. Aguad.- Señora presidenta: sin duda, la Declaración de Ushuaia es una manifestación de unidad nacional. “Las Malvinas son argentinas”, señala dicha declaración, firmada prácticamente por todos los partidos políticos nacionales. Se trata de un proyecto de políticas consensuadas que constituye la unidad de la Nación, y el Congreso lo transformará en una ley que ratificará tal voluntad.
          Cabe a oficialistas y opositores transitorios guardar fidelidad a lo que habremos de votar, y la mejor manera de lograrlo es siendo eficientes con el patriotismo enunciado.
          La política exterior de un país es el reflejo de su proyecto de Nación, del modo en que se cohesiona su interior, de la pujanza de sus políticas para consolidar su perfil productivo, su entramado social y cultural. Esa identidad y su potencialidad permiten escalar relevancias en el escenario global, donde actúan Estados, bloques regionales, organismos multilaterales y corporaciones transnacionales.
          En ese complejo y competitivo ruedo sacan ventajas, aprovechan oportunidades, utilizan contradicciones en su beneficio y fortalecen sus posibilidades de desarrollo aquellos países que, por su confiabilidad, habilidad y acierto en elegir herramientas adecuadas, entrelazan intereses que mejoran la vida de sus pueblos.
          Por ello, esta plataforma declarativa debe constituir un peldaño no para la confrontación insustancial sino para operar desde la realidad. Descuento la continuidad del reclamo, pero apelo a observar las coordenadas del poder para no quedarnos anclados en la legitimidad retórica.
          La resolución 2065, el apoyo del Mercosur y los antecedentes invocados constituyen un respaldo argumental formidable. Los hechos también deben ser tenidos en cuenta. El retroceso posguerra de 1982, ocasión en que compatriotas perdieron su vida; el reconocimiento que muchos hacen respecto de la situación de facto –entre ellos, Estados Unidos-; la admisión en la cartografía de la Unión Europea; los intereses de empresas privadas, tanto petroleras como pesqueras; los intentos de disfrazar una posibilidad de autodeterminación; la animosidad de los isleños, y tantas otras cuestiones, merecen de parte de nuestro país una política que contrarreste tales acciones. Esto es lo que reclamamos: una política para el tema Malvinas.
          Como compartimos el objetivo, cabe a la presidenta –que conduce la política exterior- y a quienes ejecutan dicha política el diseño de las acciones que nos acerquen al objetivo, sabiendo que aun las indicadas requieren tiempo, coherencia y coyunturas para su maduración. Hace falta una diplomacia discreta y, sobretodo, profesional.
          No creo que la agitación verbal, la respuesta a las provocaciones británicas, las contradictorias actitudes que viran desde la seducción al bloqueo de impedir los viajes de turistas a promover vuelos, sea un camino conducente. Los golpes de efecto pueden conmover a la opinión pública interna, pero dejan como saldo nuevas frustraciones.
          Más bien me inclino por comprometer con hechos reales a quienes nos acompañan, que son muchos, antes que sus propios intereses se diluyan ante semejante colaboración.
          Señalo como ejemplo, para que se entienda: si estuviésemos explorando nuestra plataforma continental con ahínco y tuviésemos una política petrolera que atrajera a empresas de todo el mundo al Atlántico, o si se coparticipara con Petrobras para buscar bajo el mar lo que tanto se necesita para ejercer nuestra autodeterminación energética, seguramente comprometeríamos y entrelazaríamos lazos con esos países, sobre todo con Brasil, que serían indestructibles.
          Para que lo tengamos más claro, quienes creen que Estados Unidos puede destruir su alianza estratégica con Inglaterra, no saben de qué hablan.  Estados Unidos tiene con Inglaterra una alianza cultural, social, militar y económica indestructible. Cuando dice “discutan la soberanía, pero reconozco el poder de hecho de Inglaterra” lo está diciendo todo: el que tiene el poder de hecho es el que resuelve.
          Para dar un ejemplo más claro, en estos días Estados Unidos e Inglaterra están deliberando sobre liberar la reserva estratégica de petróleo de ambos países por el alto valor que el crudo tiene en el mercado; es decir, el valor estratégico del petróleo los mancomuna. Van a salir a buscar petróleo por todas partes, incluidas las Malvinas.  Esos son los intereses que se entrelazan y no se destruyen.
          Hay que atraer países y empresas, conseguir acuerdos, entrelazar intereses, que no sean solamente apoyos emocionales. Todos nuestros apoyos son emocionales y tenemos que lograr entrelazarlos con intereses estratégicos y económicos.
          Aquí están en juego dos cuestiones fundamentales: los minerales que hay debajo de las islas y la pesca, y algo mucho más importante, que es el paralelo a la Antártida, motivaciones que, seguramente, inspiran a Inglaterra y a Estados Unidos. En la Antártica probablemente está la reserva de gas y petróleo más extraordinaria que tiene el planeta. Hacia allí confluyen los intereses de las grandes potencias. Tenemos que contrarrestar estas políticas, y sólo lo haremos si tenemos coherencia, decisión, coraje y políticas de mediano y largo plazo que no sirvan sólo para la coyuntura.  (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

Sr. Alfonsín.- Señora presidenta: efectivamente, el 25 de febrero pasado nos reunimos en la provincia de Tierra del Fuego los miembros de distintos bloques de la Comisión de Relaciones Exteriores para sesionar y firmar una declaración conjunta que, como fue dicho, pretende reivindicar los derechos de la Argentina sobre las Islas Malvinas.
          Se trata de un documento que veníamos discutiendo con alguna anticipación y no fue demasiado difícil ponernos de acuerdo al respecto.
          No voy a insistir sobre su contenido porque ya fue explicitado por el miembro informante del bloque oficialista y, en parte, también por el diputado Oscar Aguad.
          Simplemente quiero destacar algunas ideas fuerza que revelan el ánimo y el espíritu con los que desde nuestro bloque concurrimos a esas sesiones y elaboramos el documento.
          Simplemente quiero decir que no nos anima o impulsa sentimiento alguno de hostilidad o rencor contra el pueblo inglés; mucho menos contra los habitantes de las Islas Malvinas, que son hombres, mujeres y niños nacidos, en definitiva, en tierra argentina.
          Nuestra propia Constitución, en la primera de sus disposiciones transitorias, cuando afirma los derechos de la Argentina sobre las Malvinas, señala que seremos respetuosos de la forma de vida y la cultura de los habitantes de las islas; y, por supuesto, extendemos a todos ellos los derechos, las libertades y las garantías que están consagradas en la Constitución Nacional, sin los cuales no se puede vivir con dignidad, porque nosotros queremos vivir en un mundo en el que no se agravie la dignidad del hombre.
          En consecuencia, nuestro conflicto no es con un pueblo. Nuestro conflicto es con el imperialismo y el colonialismo como formas anacrónicas de relacionamiento internacional fundadas en la fuerza y el autoritarismo, propias de etapas que no se compadecen con el progreso que ha venido registrando la humanidad en términos de derecho y moral internacionales.
           No sólo nos interesa reivindicar las Malvinas, no sólo nos interesa el destino, sino también el camino. Somos de los que pensamos que el fin no justifica los medios sino que los medios justifican los fines. En consecuencia, nos afirmamos en la justicia, en la razón y en el diálogo, y no en la fuerza, para reivindicar nuestros derechos.
          En su momento condenamos lo que se estaba haciendo, y uno de los dirigentes de la Unión Cívica Radical fue uno de los pocos que en aquella ocasión, frente al cepo patriótico, se atrevió a decir que era una locura lo que estábamos haciendo los argentinos.
          Desde ese espíritu es que solicitamos que se actúe con mucha seriedad y con mucha responsabilidad, cuidando la causa y sin incurrir en actitudes que pueden complicar nuestras chances de reivindicar la soberanía sobre el territorio. Pero también reclamamos al Reino Unido que se avenga a resolver, a través del diálogo, la institucionalidad y el derecho internacional, el conflicto o las diferencias que tenemos en relación con las Malvinas.
          Por último, señora presidenta, quiero señalar algo en este Parlamento,  aclarando que no soy el primero en hacerlo sino que ya lo han señalado hombres del oficialismo; me parece oportuno volver a hacerlo frente a las declaraciones que acaba de hacer el canciller Timerman con respecto a los recursos naturales hidrocarburíferos que el Reino Unido está pretendiendo explotar de manera ilegítima en las Islas Malvinas.
          Lo que quiero señalar es que en el año 2008 –si mal no recuerdo se sancionó la ley 26.686, que establecía la prohibición a las empresas que tienen permiso de pesca en la Argentina de tener relación económica, comercial o de beneficio con empresas o barcos que estén pescando en las Malvinas sin autorización argentina.
          Todos sabemos que existen serias y fundadas sospechas en el sentido de que hay empresas que pescan aquí que incumplen con esta ley, porque tienen algún tipo de relación con los barcos o las empresas que pescan en Malvinas. No se por qué se actúa de manera diferente en el caso del petróleo que en relación con el recurso ictícola de las Malvinas, que es importante y es argentino.
          La ley que establecía la prohibición y las sanciones para quien la incumplía ha sido desvirtuada por la resolución 514 de la Secretaría de Pesca, entonces a cargo del actual ministro de Agricultura, porque introdujo en la reglamentación un matiz que está ausente en la norma.
          Tal como ya lo han denunciado algunos diputados y senadores del oficialismo, en lugar de atenerse a lo que dice la ley, la reglamentación establece que está prohibido tener relación de beneficio económica o comercial directa con empresas que estén pescando sin autorización. Ese concepto no figura en la ley y reduce su alcance.
          Deberíamos pedir al canciller Timerman y al ministro de Agricultura que nos informen por qué se dictó semejante reglamentación, que desnaturaliza una ley sancionada por los representantes del pueblo de la Nación. Pedimos al oficialismo que nos acompañe en este reclamo. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

Sr. Asseff.- Señora presidenta: aprendí a amar a las Malvinas leyendo a Alfredo Palacios en mi adolescencia. Por eso me congratulo de que el presidente de la comisión y miembro informante de la mayoría –en rigor, de la unanimidad que firma el dictamen haya recordado a este insigne argentino.
          En primer término deseo rendir homenaje a tres argentinos que tuvieron una intervención fundamental para que hoy esté vivo en el derecho internacional este reclamo de siempre por nuestras islas Malvinas, nuestro Atlántico Sur y la Antártida: el presidente Arturo Illia, el canciller Miguel Zavala Ortiz y el embajador en las Naciones Unidas, diplomático de carrera, José María Ruda.
          Deseo realizar una breve referencia a la etapa de los noventa, que fue sobrevolada en este debate. Efectivamente, la idea del paraguas parecía atractiva: se discute de todo menos de la soberanía, para llegar a debatir sobre ella después de haber acordado todo.
          Pero hete aquí que no acordamos nada en los hechos. Gregorio Marañón, un pensador insigne e ilustre, dice que el saldo de la acción de los hombres públicos ineluctablemente son sus resultados. Y el resultado de la cooperación que se intentó en los noventa –incluyendo la seducción y el regalo de ositos, que no por anecdótico deja de ser recordable lamentablemente ha sido un saldo harto negativo. Tanto es así que, por ejemplo, en septiembre de 1995 firmamos con Gran Bretaña un acuerdo para cooperar en la exploración hidrocarburífera en la cuenca de las Malvinas, y en octubre de ese mismo año, solo un mes después, de manera unilateral Inglaterra llamó a una licitación para esos mismos fines.
          ¿Qué dijo Inglaterra, astuta, vieja, que no porque se haya terminado su imperio deja de tener los aires de tal? Al débil jamás voy a respetarle el viejo adagio de pacta sunt servanda; solamente se lo respeto a quien se hace respetar.
          Esta política de cooperación –también vale rememorarlo se dio a raíz de un consejo de un político muy influyente por entonces en el escenario internacional: el político español Felipe González, quien dijo a Menem en la primera entrevista que tuvo con él creo que antes de que asumiera: “Si quieres entrar en el campo internacional con el pie derecho, arregla con Londres.” Lo primero que hizo Menem fue arreglar con Londres. En febrero de 1990 ya estaban reestablecidas  las relaciones, pero los resultados son los que acabamos de señalar.
          Quiero referirme brevemente a algunos datos inquietantes también sobrevolados en el informe del señor diputado Carmona, porque él tenía abundantes temas y sabía que nosotros completaríamos su exposición.
          Me preocupan enormemente los llamados intelectuales. Me refiero, con nombre y apellido, a Beatriz Sarlo, Santiago Kovadlof, Jorge Lanata y tantos otros. ¡Por favor! Si son intelectuales, piensen. Si han pensado mal, re-piensen. No pueden entregarnos con las manos atadas a nuestro adversario en este conflicto, porque todo lo que sea la autodeterminación es sencillamente la independencia ficcional de las islas Malvinas, objetivo supremo de Inglaterra que desea recrear en el siglo XXI lo que ella supo hacer con maestría en los siglos XVIII, XIX y XX en los escenarios mundiales. Me refiero a un Estado tapón en el atlántico sur, que bajo la cobertura de una ficción de independencia, seguirá siendo miembro de la Comunidad Británica de Naciones y será la garantía de la continuidad, ahora con ropaje neocolonial, del viejo y anacrónico colonialismo que sufrimos.
          Pido al ex vicecanciller y al ex secretario de Planeamiento de Menem que sean cuidadosos con lo que dicen. Necesitamos aunar criterios, llegar a la anhelada política de Estado de Malvinas. No puede ser que el ex secretario de Planeamiento, con impostada solemnidad exprese por doquier y ante toda radio que lo consulta que la novedad es que hay tres partes en el conflicto de las islas Malvinas. En dicho conflicto sigue habiendo dos partes: Gran Bretaña, usurpadora, y la Argentina, reclamadora con sobrados derechos de todo tipo de soberanía sobre ese territorio y todos los circundantes.
          Hay otras cuestiones que voy a omitir en aras de que la señora presidenta no me diga la fatídica frase “se terminó su tiempo”. La base militar inglesa nuclearizada en el Atlántico Sur es una amenaza para toda América del Sur. El primero que vio esto es el más sabio –lo digo con respeto y a lo mejor con envidia de los países de la región en materia diplomática: Brasil. Por ello, este país se ha asociado fervientemente –y en hora buena a nuestros reclamos, y gracias a Dios, a la política internacional y a la situación de estos tiempos será la mano con la que iremos hacia la recuperación de las Islas Malvinas. Estoy seguro de que junto con Brasil, con América del Sur toda, lograremos dicho objetivo.
          Está muy bien lo que decía el señor diputado Alfonsín. Hay que aplicar la ley 26.386.  Los argentinos debemos ocupar lo que yo denomino “la Pampa mojada”, es decir, el inconmensurable mar argentino. Realmente no entiendo por qué no se hace. No podemos reclamar algo si no lo ocupamos. Esa ocupación se tiene que dar a través del otorgamiento de permisos de pesca a nuestros pesqueros y también a los pesqueros internacionales; tenemos que ocuparlo con plataformas exploración y explotación de hidrocarburos.  En definitiva, tenemos que ponernos de frente a nuestro mar y quererlo, porque esa es la mejor forma de retenerlo.
          Sinceramente no comprendo por qué reclamamos tanto y todavía no hemos otorgado una sola concesión de exploración hidrocarburífera en el Mar Argentino. Por eso, repito que debemos estar ahí ocupando nuestro mar.
          Por otro lado, desde mi posición patriótica y malvinense que es conocida por todos –esto seguirá siendo así hasta mi sepultura creo que debemos cooperar con los habitantes de las islas Malvinas.  Ellos se encuentran a un paso de ser argentinos nativos; basta con que pidan el DNI, porque así lo prevé nuestra legislación.   Entonces, ¿cómo no abrir un abanico de colaboración en materia de educación, transporte, cultura y deportes?  A pesar de que todavía tienen animosidad hacia nosotros y de que nos siguen diciendo que no, los argentinos, con paciencia –ese es uno de los artes de la política, debemos seguir insistiendo. Nadie nos tendría que decir que bloqueamos  las medicinas y los alimentos frescos de los malvinenses.  Eso es un bochorno para todos los argentinos.
          Tal como lo señaló el señor diputado Aguad, tenemos que ser inteligentes y astutos en todo lo que tenga que ver con esta cuestión.  De ninguna manera debemos dar pábulo a lo que nos plantea Inglaterra, porque es la primera en remarcar  cualquier traspié que podamos cometer.  Por eso, es la primera en decir que estamos bloqueando un pueblo.
          En mi opinión –esto se lo transmitiré personalmente al presidente de la Honorable Cámara­ tendríamos que invitar a los integrantes de la asamblea de Malvinas a esta Honorable cámara. Para que no queden dudas, aclaro que esa invitación es a la asamblea de una comunidad integrada por personas que para nosotros son nativos de la Argentina, ya que no le reconocemos ninguna otra entidad política. Estoy seguro de que tarde o temprano lograremos la confraternidad que existe entre compatriotas.
          Por otra parte, si realmente queremos a las Malvinas empecemos a pensar en refederalizar la Argentina.  Busquemos el camino para que del federalismo tullido que hoy tenemos pasemos a un federalismo renacido. No podemos pensar que las Malvinas volverán a ser argentinas con este federalismo.

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).-  Se ha agotado el tiempo del que disponía para hacer uso de la palabra, señor diputado.

Sr. Asseff.- Señora presidenta: finalizo diciendo que este tema no puede ser utilizado ni sobreactuado con fines políticos, pero dejo asentado también que votaré afirmativamente el dictamen que firmé sobre la declaración de Ushuaia. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).-  Tiene la palabra el señor diputado por Santa Fe.

Sr. Zabalza.- Señora presidenta: en nombre del Interbloque del Frente Amplio Progresista venimos a adherir a esta declaración unánime en defensa de nuestra soberanía.
          Rescato el informe  presentado por el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto de esta Cámara y ese intento serio de hacer un hilo conductor de unidad de lo que ha sido institucionalmente en democracia la causa por la reivindicación de la soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, que es una lucha indisoluble de los argentinos y que se vincula con a la esencia de nuestra nacionalidad.
          Creo que la idea de este voto está en la misma dirección del análisis realizado en el sentido de no mirar lo pequeño sino mirar los trazos gruesos y determinantes de la posición argentina en defensa de un territorio que fue claramente usurpado allá lejos en 1833 y como bien decía el señor diputado preopinante esto fue desnudado con total claridad por un hombre como José María Ruda en Naciones Unidas, quien a través de su doctrina impidió que Gran Bretaña pudiera esbozar la legalidad del principio de autodeterminación.
          Teniendo en cuenta que nuestro tiempo también es bastante corto, quiero decir que la declaración habla por sí sola en todos los aspectos que toca. Comprendemos que estamos en un mundo global, donde a pesar de las contradicciones que acontecen y que todos los días nos impactan vemos que las ideas de democracia y de libertad se profundizan y avanzan, y obviamente también las ideas de participación ciudadana.
          Digo esto a pesar de hechos –quiero recordarlo especialmente- como lo ocurrido hace dos días en Francia. Nosotros estábamos en Rosario participando de un acto de homenaje junto a la colectividad judía, por los 30 años del atentado a la embajada. Fuimos impactados por esa noticia terrible de Francia, repudiamos el hecho por lógica circunstancia y también nos solidarizamos con el pueblo israelí, nuevamente castigado.
          Reitero que a pesar de eso, estas ideas de participación ciudadana avanzan y dentro de estas ideas están cada vez más ausentes y son cada vez más minoritarias, y obviamente tienen cada vez menos legitimidad, las posiciones de ex potencias como Gran Bretaña que intentan justificar la existencia de enclaves coloniales en el mundo y que hoy son efectivamente repudiadas.
          Si hoy Naciones Unidas –esta es parte de nuestra batalla, también pensando en lo global y en su modificación-, tuviera la posibilidad de que los países votaran democráticamente sobre la existencia o no de enclaves coloniales, creo que esas otrora potencias no tendrían ninguna posibilidad de sobrevivir con este concepto de enclave colonial.
          Por otra parte, quiero reivindicar también desde nuestro punto de vista, algo que tiene que ver con estas interpretaciones a veces superficiales que se hacen de los temas. Nosotros creemos que no está perimido el concepto de soberanía, de soberanía territorial, de soberanía política, a pesar obviamente de las teorías de quienes manejan la globalización fundamentalmente en el campo de la economía y en defensa de determinados intereses, que nos plantea que cada vez más las fronteras se difuminan y cada vez tienen menos posibilidades de existencia.
          Este es uno de los fenómenos que trae aparejados la globalización, el otro es la necesidad de afirmarnos a nuestra tierra, a nuestros valores, a nuestra cultura, porque si hay algo que define la existencia de una nación son valores culturales comunes. Nosotros podemos tener diferencias pero para el pueblo argentino las Malvinas son, por obra y gracia de la comprensión de nuestra gente, profunda y totalmente argentinas.
          Además, como nos asiste la razón, tenemos otra fuerza, que es la fuerza del diálogo en las relaciones internacionales para superar las controversias, no aceptando las provocaciones.
         Quiero rescatar la labor desarrollada por el gobierno nacional en las últimas etapas en el tema del Mercosur y de la Unasur, porque verdaderamente han permitido llevar adelante un proceso de consolidación de la unidad de los pueblos de América Latina. Creo que es sumamente importante porque América Latina es un continente con una gran perspectiva de futuro; mientras los viejos continentes no logran encontrar, a pesar de sus riquezas materiales, un camino de consolidación de sus procesos democráticos y participativos, en América Latina venimos recorriendo un camino inverso, que es tener ubicada a la desigualdad como el eje esencial de nuestra batalla para mejorar las condiciones de vida de nuestros pueblos, y fundamentalmente entender cada vez con más claridad que somos un pueblo que necesita actuar en común en defensa de la paz. Por eso nos oponemos  a la militarización y actuamos en defensa de nuestros recursos naturales, y en esto también nos oponemos a esta pretendida utilización unilateral de Gran Bretaña, violando todos los acuerdos de Naciones Unidas.
         Esa es nuestra fuerza. En ese sentido reivindicamos y agradecemos la última actitud de nuestros hermanos peruanos, que se han olvidado del desastre diplomático que hicimos cuando nos metimos en la guerra entre Ecuador y Perú, en esa época terrible de lo que fue el neoliberalismo en la Argentina.
         También valoramos enormemente, porque vemos la presión a que está siendo sometido, la posición de nuestro pueblo hermano de Chile. Gracias a los parlamentos argentino y chileno superamos nuestras distancias y pudimos encontrar acuerdos limítrofes definitivos. Ahora estamos yendo a un reencuentro de posiciones comunes en defensa de nuestras soberanías, que tiene mucho valor.
         Es muy importante que nos planifiquemos y no cerremos ninguna puerta. Hoy Gran Bretaña está en una posición de debilidad frente a lo que es la estructura de la Unión Europea, porque está fuera de los últimos acuerdos. Esto también debemos valorarlo nosotros y es parte del diálogo que quisiéramos tener con nuestra Cancillería, como parte de un trabajo común para la recuperación de las Malvinas. No tengo ninguna duda de que va a ser un trabajo largo pero creo que va a ser exitoso porque nos asiste la razón.
         Deberíamos entrevistar a todas las delegaciones parlamentarias de todo el mundo. Yo creo que deberíamos ir a Europa, a Estados Unidos y a todos lados porque nos asiste la razón y tenemos la posibilidad de que con el diálogo dejemos a esta potencia que alguna vez fue en lo que verdaderamente hoy es: un país que puede vivir en paz en sus fronteras y sin el mantenimiento de enclaves coloniales.
         Este tema lo estamos discutiendo en un momento que nos retrotrae a treinta años, en memoria de nuestros soldados muertos, por los padres y los familiares de los caídos y por los que no han podido superar los traumas psíquicos y también por los que han sido mutilados, porque este es un asunto del pueblo argentino. Este no es asunto de ningún gobierno, y esto es muy importante que lo comprendamos al votar una declaración en común.
         Malvinas es un sentimiento nacional. Permítanme que trate de explicarles en pocas palabras qué quiere decir “sentimiento nacional”. Cuando hablo de “sentimiento nacional” estoy haciendo referencia a que está en el corazón de todos los argentinos, de todas las edades y de cualquier idea política. Esto lo equiparo al sentimiento por la bandera nacional.
          Nosotros hemos visto cómo se ha desplegado esta bandera en Rosario el 27 de febrero, fecha en la que se convirtió en el emblemático proyecto “Alta en el Cielo”.
          Hemos visto a abuelos, padres y chicos abrazados a esa bandera, llevándola a lo largo de barrios y determinados lugares de la ciudad de Rosario. Incluso vimos gente que traía retazos de la bandera argentina de distintos lugares del país. La llevaban con lágrimas en los ojos. Se sentían felices de trasladarla.
          Esa misma gente, con esas lágrimas, era aplaudida por los ex combatientes de Malvinas. Ellos también, con  lágrimas en los ojos, aplaudían como parte esencial de todos los desfiles patrios, debemos seguir haciendo esos desfiles, con la participación de los ciudadanos y las ciudadanas que todos los días construyen este país. Con esas mismas lágrimas se aplaudió y aplaude siempre a los ex combatientes de Malvinas. Para mí esto es sentimiento nacional. Nosotros debemos ser fieles a ese sentimiento, llevando adelante la causa de Malvinas frente al mundo. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Sr. Pinedo.- Señora presidenta: se cumplen treinta años de la recuperación de las Malvinas. Pero no fue la primera vez que esto sucedió.
          Muchos años antes también los ingleses un buen día decidieron desembarcar en uno de los islotes cercanos a las islas principales de Malvinas. Pusieron un asentamiento e izaron su bandera en ese lugar. Después de que lo hicieron, una fuerza armada de la potencia que era la titular de la soberanía en el archipiélago, tomó ese islote, bajó la bandera inglesa y los desalojó. La fuerza armada era española. Los ingleses efectuaron las quejas del caso. Casi plantearon un casus belli, llegando finalmente a un acuerdo con España que tenía cláusulas públicas ysecretas. Por las cláusulas públicas, los españoles permitieron que los ingleses volvieran a izar su bandera en el islote sin ningún tipo de confrontación inglesa al respecto, pero no en todas las Malvinas, porque España mantuvo su posición en lo que tiene que ver con Puerto Argentino. O sea que la soberanía española sobre el archipiélago no fue discutida ni siquiera en ese momento.
          Por su parte, mediante la cláusula secreta los ingleses se comprometieron a retirarse en silencio, sin hacer reclamos de soberanía y dejando a los españoles instalados en las islas, lo cual cumplieron. Esto marcó de alguna manera a quién correspondía el derecho en este aspecto.
          Después, en 1833, cuando tuvieron un nuevo arranque de espíritu colonialista, en un momento de confusión y dificultades, los ingleses volvieron a ocupar las Malvinas revirtiendo su compromiso con España. Esto es lo que estamos discutiendo.

- Ocupa la Presidencia el señor presidente de la Honorable Cámara, don Julián Andrés Domínguez.

Sr. Pinedo.- El fin del colonialismo tuvo lugar de manera muy marcada luego de la Primera Guerra. Cuando terminó la Primera Guerra Mundial, el presidente de los Estados Unidos, un idealista que se llamaba Woodrow Wilson, expuso una serie de puntos sobre los que se tenía que basar la paz mundial. Esto lo hizo después de aquella guerra que fue tremenda.
          Wilson expuso en esa ocasión dos principios como guías para establecer el nuevo mapa mundial, las nuevas nacionalidades, la retirada del colonialismo y la paz del mundo. Esos dos principios eran el de la autodeterminación de los pueblos colonizados y la integridad territorial de las naciones.
          Sobre esa base se tenía que construir el nuevo mapa mundial, cosa que no se hizo porque en muchos casos primaron los intereses por sobre los principios, como suele suceder en política exterior. Entonces, el resultado de esos acuerdos un tanto torcidos fue ni más ni menos que Hitler y la Segunda Guerra Mundial, tras lo cual se profundizó el camino de descolonización.
          Los propios ingleses aceptaron la descolonización como criterio general, y así se produjo la evolución pacífica de los últimos años.
          Cuando hablamos de la autodeterminación de los pueblos colonizados, queda claro que no nos referimos a los pueblos colonizantes, que es lo que en este momento pretende esgrimir Gran Bretaña en esta discusión bastante absurda.
          Hace poco hice un comentario en la ciudad de Ushuaia, que algunos tomaron como algo gracioso. Dije que había que aplicar el principio de la autodeterminación, pero ese principio es el que tienen que tener los argentinos para gobernar su propio territorio, incluidas las Malvinas.
          Esto no es un juego de palabras, sino la realidad. Si los ingleses hubiesen desembarcado en Chubut, ¿nosotros hubiéramos perdido el derecho de autodeterminación para gobernar esa provincia y ahora el gobierno de Chubut debería ser autodeterminado por algunos gendarmes ingleses?
          Por lo tanto, me parece que hay que analizar de manera compatible los distintos derechos, como siempre lo indica el derecho. En este caso, lo que hay que compatibilizar es el principio de integridad territorial argentina -que es indiscutible por razones físicas e históricas- con el principio de autodeterminación de los argentinos sobre su territorio.
          De todas maneras, es necesario buscar un acuerdo. No se trata aquí de un juego de nacionalismo negativo para agredir al otro; no es un juego de patoterismo. Este es un trabajo serio de búsqueda de consenso, y hay que hacer todo lo que sea necesario para que el acuerdo se concrete y para que los ingleses se sienten a la mesa de negociaciones.
          A mi modo de ver, todas las medidas –aunque tengan aspecto patriótico, nacionalista o patriotero- que lleven a lo contrario, esto es, a que no se produzca se acercamiento, son contrarias al interés nacional.
          No me parece razonable que ciudadanos de todo el mundo que vayan en barco a Tierra del Fuego sean expulsados de allí. No creo que eso ayude a que esos ciudadanos de todo el mundo colaboren con la Argentina en la búsqueda de una negociación con Gran Bretaña.

- Manifestaciones en un palco bandeja.

Sr. Presidente (Domínguez).- ¡Por favor, silencio!

- Manifestaciones en un palco bandeja.

Sr. Presidente (Domínguez).- ¡Por favor, silencio!
          Le pido al señor que está gritando que se retire del recinto.

- Manifestaciones en un palco bandeja.

Sr. Presidente (Domínguez).- Nos extraña su comportamiento, señor. Nuevamente, lo invitamos a que se retire; si no lo hace,  procederán a hacerlo los agentes de seguridad.
Continúa en el uso de la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Sr. Pinedo.- Señor presidente: para finalizar, deseo señalar que la senda está marcada por la Constitución Nacional, pues nos abre un camino importante de acuerdo y negociación. La Carta Magna prevé que la Argentina respetará el modo de vida de los habitantes de las islas Malvinas, pero esto no quiere decir que ellos sean parte de la discusión.
          Nosotros nos hemos comprometido a respetar su modo de vida, y eso nos conduce a diseñar una política hacia los isleños tendiente a generar una negociación pacífica; pero no nos confundamos. En esta discusión no somos los malos, sino los buenos; los que queremos ir por el lado de la paz, de la negociación, de la razón y del respeto de los principios sobre los que deben apoyarse las naciones; es decir que debemos acudir con políticas públicas que afirmen nuestra presencia sudamericana en el Atlántico Sur y en la Antártida Argentina. (Aplausos.)

Sr. Presidente (Domínguez).- Tiene la palabra el señor diputado por Santa Fe.

Sr. Comi.- Señor presidente: desde la Coalición Cívica venimos a esta sesión a ratificar nuestra firma en la Declaración de Ushuaia que oportunamente suscribimos en ocasión de viajar a esa ciudad invitados por la señora gobernadora Fabiana Ríos y a compartir la construcción –en este tiempo, tan lleno de desencuentros- de una mirada común y un documento compartido. Cabe destacar que, a medida que fuimos elaborándola, mechamos en esa declaración cada una de las cuestiones que la Argentina ha venido planteando a lo largo de la historia en torno de las islas Malvinas. Éste es el espíritu que nos mueve.
          Por supuesto, nos preocupa algún grado de sobreactuación, pues ésta nunca es buena consejera en materia de política internacional. Asimismo, nos preocupa algún grado de improvisación que se ha visto en ciertos pasos dados, aunque desde hace un tiempo hemos aprendido cuál es la diferencia entre lo principal y lo secundario. Lo principal es mantener la unidad de los partidos políticos argentinos y de los representantes del pueblo, en la defensa de la posición histórica de nuestro país en su reclamo de soberanía en la causa Malvinas.
          El tema en análisis, sobre el que bien se han referido el señor miembro informante, presidente de la comisión, y otros señores diputados, tiene una historia, un desarrollo anterior y posterior a la ocupación, prácticamente, desde el primer día que llegó a Buenos Aires la noticia de la ocupación británica.
          Imaginemos el mundo en 1833. Inmediatamente laArgentina comenzó a reclamar frente al gobierno inglés, en la persona del agregado de ese país en este lugar, y así sostuvo ese reclamo durante todo el siglo XIX hasta llegar en 1884 a pedir un arbitraje internacional que dirimiera la cuestión.
          A lo largo de la primera parte del siglo XX seguimos reclamando en cada oportunidad, cada vez con mucha mayor intensidad. Hago mías las palabras del diputado Pinedo, que se refirió a aquella breve ilusión de la Sociedad de las Naciones, donde la Argentina tuvo un rol protagónico al no concurrir.  Imagínense el peso del país que si la Argentina no estaba en un foro internacional causaba su fracaso.  Pero ése es otro debate.
          El reclamo se retoma con mucha más fuerza a partir de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial y la creación de las Naciones Unidas.
          Quiero volver a citar algo que ya se ha mencionado, para mostrar hasta qué punto está unida la historia de los partidos populares en la Argentina y la causa Malvinas, señalando dos grandes hitos.

Sr. Rogel.- ¿Me permite una interrupción, señor diputado, con permiso de la Presidencia?

Sr. Comi.- Sí, señor diputado.

Sr. Presidente (Domínguez).- Para una interrupción, tiene la palabra el señor diputado por Entre Ríos.

Sr. Rogel.- Señor presidente: sinceramente, creo que la voluntad puesta de manifiesto en Ushuaia debe verse reflejada en la presencia de un mayor número de legisladores.  Sugiero que a través de la presidencia de todos los bloques se invite a los legisladores a acercarse.  No puede ser que tratemos este tema con 166 diputados ausentes y 92 presentes.

Sr. Presidente (Domínguez).- Continúa en el uso de la palabra el señor diputado por Santa Fe.

Sr. Comi.- Señor presidente: hago mía la sugerencia del señor diputado.
          Decía entonces que quería marcar dos hitos: la resolución 2065 de Naciones Unidas del año 1965, durante la presidencia de Illia y su canciller Miguel Ángel Zavala Ortiz, que obligó a las partes a sentarse a negociar, y la resolución del año 1973, durante la tercera presidencia de Perón, que logró  un triunfo abrumador, sin votos en contra, en la asamblea general de la ONU, donde se vuelve a instar a Gran Bretaña a sentarse a discutir.
          Lo que vino después es historia conocida: la guerra, la locura de la dictadura, utilizar esta causa que está en el corazón y en el sentimiento de todos nosotros para querer mantener en el poder a una dictadura que hacía agua por todos lados y que dos días antes había sufrido una movilización impresionante en todas las ciudades del país, incluida la mía.
          Después vinieron todos estos años de democracia, los reclamos y demás.
          Todo esto nos lleva a acompañar este reclamo y que la voz del Parlamento sea unívoca, que no haya puntos diferentes, en respeto y homenaje a todos los argentinos que en aquella guerra demencial honraron su compromiso con la patria, defendiendo la bandera nacional, especialmente a los que cayeron, pero a todos, incluso –quizás no sea simpático decirlo también a quienes eran oficiales y suboficiales e hicieron lo que tenían que hacer.  Después, si otros aprovecharon para humillar a nuestros soldados, la historia y la justicia se encargarán de ellos alguna vez.            
Y por supuesto quiero recordar también a nuestros ex combatientes, aquellos chicos –que eran pibes, algunos de los cuales volvieron y otros no que la dictadura los mandó con un arma a enfrentar un ejército como el inglés. Quiero recordar especialmente a los 65 santafesinos muertos en Malvinas. Quiero honrar su memoria y abrazar a sus madres, como dijimos en Ushuaia.
          Quiero mencionar a Alberto Marcelino Aguirre, Sergio Raúl Desza, Daniel Osvaldo Esturel, Juan Luis Domingo Gregory, Saverio José Maragliano, Aldo Oscar Patrone, Héctor Miguel Rolla y Alfredo Jorge Vasquez, todos ellos jóvenes rosarinos que fueron y no volvieron, y a cuyas madres también quiero abrazar.
          Termino haciendo una breve reflexión acerca del colonialismo. La verdad es que nos ha dolido a todos y particularmente a nosotros esta reflexión, esta forma de revisionismo histórico desconociendo además el derecho internacional público y las resoluciones de la ONU, que establecieron bien claro cuáles son los límites de la autodeterminación de los pueblos, pretendiendo introducir en la discusión el derecho que puedan tener los isleños.
          La verdad es que el colonialismo está vivo, y ese fabuloso destructor que ya se encuentra en las islas Malvinas o está rumbo a ellas es la prueba más cabal de que los métodos y las formas siguen siendo los mismos.
          Para terminar, señor presidente, quiero citar una frase del gran Eduardo Galeano, quien en su lucidez nos explica lo que es para él el colonialismo y dice: “El colonialismo visible te mutila sin disimulo, te prohíbe decir, te prohíbe hacer y te prohíbe ser. El colonialismo invisible, en cambio, te convence de que la servidumbre es tu destino y la impotencia, tu naturaleza. Te convence de que no se puede decir, de que no se puede hacer y de que no se puede ser.” (Aplausos.)

Sr. Presidente (Domínguez).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

Sr. Raimundi.- Señor presidente: quiero respaldar el documento que hemos firmado en el marco de una serie de medidas que se están tomando desde el gobierno nacional y por iniciativa de nuestra presidenta. Me voy a referir puntualmente a algunas de ellas.
          La señora presidenta ha instruido a las autoridades pertinentes a negociar mayor cantidad de vuelos  para mejorar el contacto con los isleños. Esto me parece bien, sobre todo porque se trata de nuestra aerolínea de bandera y los vuelos van a salir desde nuestro territorio y no desde Chile.
          Por otro lado, nuestro canciller ha anunciado un plan de acciones legales contra las actividades ilícitas de exploración y explotación de hidrocarburos en el área de las islas. Esto, como todo otro acto que hostilice los intereses del imperio, es positivo, y creo que hay que seguir avanzando en ese sentido.
          Pero también ha anunciado dos medidas que me parecen muy profundas desde el punto de vista de la batalla cultural. Una es la desclasificación del informe Rattenbach. Algunos me dirán que eso ya está dicho, que ya hay libros publicados y que ya se ha roto el secretooriginal de ese informe. Sin embargo, una cosa es cuando es editado en forma privada y otra distinta cuando la verdad desnuda se presenta a partir de una decisión política reparadora del Estado. Me parece que así adquiere una categoría y una dimensión sustantivamente distinta.
          La otra medida es la creación del museo histórico de Malvinas nada menos que en el Espacio para la Memoria. Junto con todo el proceso de los juicios por los crímenes de lesa humanidad, a los cuales luego se añadió la dimensión de la participación civil en los hechos de la dictadura, y lo que pasó en el país tanto con las decisiones políticas de la dictadura como con la actitud de una parte importante de la sociedad civil, esto termina de completar el circuito de la memoria, lo cual resulta fundamental como cierre de un capítulo que nos permita empezar a escribir el futuro con mucha mas fuerza.
          Algunos sectores han desvalorizado esta intensidad que fue tomando el tema de Malvinas. Incluso algunos se han expresado desde cierta pretensión de intelectuales. Y cuando se analiza la realidad exclusivamente desde ese punto de vista a veces se cae en una especie de exceso de racionalidad y se pierde de vista una dimensión muy importante de la realidad, que es el sentido y el sentimiento de pertenencia.
          Mi hijo más chico, que todavía está en la escuela primaria, está convencido de que las Malvinas son argentinas; siempre las va a defender sobre todo por los valores que hay detrás de esa convicción: proteger lo que es de uno, no dejar que nos dominen y humillen, preservar los recursos que servirán a toda la humanidad. Conoce mucho más eso que el nombre de la fragata Fitz Roy o el número de la correspondiente resolución de las Naciones Unidas. Eso lo sabrá más adelante, pero se le impregna el sentimiento de pertenencia, de soberanía y de ser parte como ciudadano de una Nación desde una dimensión que a veces es mucho más profunda que la puramente intelectual.
          Otro de los argumentos que se ha expuesto es el de no exacerbar el nacionalismo, lo que también merece algún comentario. Es cierto que históricamente el nacionalismo fue la bandera de los regímenes autoritarios y totalitarios en contra de las ideas libertarias, y también que desde el marxismo, que sostiene que el capitalismo es una doctrina y un sistema internacional, es necesario internacionalizar al proletariado como única manera de combatirlo desde su propia dimensión.
          Eso estuvo muy presente en las guerras que ha vivido la humanidad durante el siglo XX. Se decía que eran guerras donde en definitiva los proletarios iban al frente de batalla a pelear y dar la vida para defender los intereses de los burgueses nacionales que después terminaban arreglando con los burgueses de las otras naciones. Desde ese punto de vista estoy en contra del nacionalismo.
          Pero hay una dimensión del nacionalismo que tiene que ver con la lucha anticolonial, porque el capitalismo trasciende el nivel de las economías nacionales, necesita expandirse internacionalmente y forma colonias. Y si históricamente no fuera loable la lucha de algunas naciones contra la dominación colonial, qué tendríamos que decir de lo que fue el proceso de lucha del pueblo argelino contra la dominación francesa o de este nacionalismo, tal como  lo estoy planteando, llevado a su máxima expresión en la lucha de Mahatma Gandi por la independencia de la India contra el colonialismo británico. Por lo tanto, es ahí, en esta categoría de nacionalismo, donde se juntan los ideales de la Nación con los de la democracia y los de los sectores populares.
          No hay soberanías parciales. Es imposible encontrar políticas internas de debilidad y después terminar siendo fuertes en el reclamo de Malvinas. No existe eso. Podemos ser fuertes en el reclamo de Malvinas, porque hay un  marco integral de políticas de recuperación de la soberanía, y eso es lo que marca la diferencia con la dictadura.
          Como sociedad estamos en deuda con nuestros soldados, en parte porque nos cuesta mucho mirarnos y hurgar en lo más profundo de nosotros mismos, ya que durante mucho tiempo no fuimos capaces de admitir que hubo una parte importante de nuestra sociedad que respaldó la decisión de defender o reivindicar la soberanía territorial, cuando al mismo tiempo se había violado la soberanía política y popular. Con las medidas de política económica de aquella dictadura se estaba entregando la soberanía económica y financiera de nuestro país. Esto es lo que marca la diferencia central con la defensa de soberanía de nuestros días.
          Me parece bien –y estoy de acuerdo- que se diga que estamos agradecidos a los pueblos hermanos. Sin embargo, los pueblos hermanos no apoyan solamente esta causa por una cuestión humanitaria o solidaria sino porque hubo políticas que fortalecieron la unidad de la región. Si la Argentina, a partir de la conducción de la UNASUR por parte del ex presidente Kirchner, no hubiera tenido un rol activo en la defensa contra el golpe de Bolivia o en el intento de golpe de Paraguay o en el conflicto de fronteras entre Ecuador y Colombia, esos pueblos hermanos hoy no estarían apoyando a la República Argentina de la misma manera.
          Cuando otros países importantes como Rusia o China u otros países de nuestra región ponen en riesgo sus propios intereses resistiendo presiones muy fuertes de los británicos al no dejar entrar buques de bandera o evitando el aprovisionamiento de los vuelos hacia Malvinas sin tocar nuestro continente, no lo hacen gratuitamente. Eso se hace porque hubo políticas soberanas vinculadas con la soberanía energética, la protección y el control del comercio exterior, de nuestras industrias y de las divisas, y con la recuperación del rol del Estado en la orientación del sistema financiero.
          Sería imposible avanzar en este tema si no fuera por el marco general de políticas soberanas que están llevando a cabo nuestro país  y nuestro continente. (Aplausos.)

Sr. Presidente (Domínguez).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

Sr. Sola.- Señor presidente: este pequeño bloque que conduzco en este momento está básicamente de acuerdo con las políticas llevadas adelante por el gobierno nacional en relación con la cuestión de Malvinas. Me refiero a la denuncia de agresión,  de ruptura, de violación de pactos; denuncia de agresión al medioambiente real y/o intensiva,  que impide el crecimiento de las inversiones, la búsqueda de petróleo en la zona y las inversiones pesqueras.
          Estamos de acuerdo en plantear el tema de Malvinas como una cuestión nacional y al mismo tiempo, nobeligerante; estamos de acuerdo en separar el nacionalismo beligerante de lo que nos indica la historia y nuestros derechos territoriales, que son inalienables e imprescriptibles; estamos de acuerdo con la declaración de Ushuaia.
          Con respecto a esta última es muy importante que el Parlamento argentino se exprese sobre la cuestión Malvinas. Esto es más importante incluso de lo que muchos creen, porque en el exterior se le da mucha mayor importancia a los pronunciamientos parlamentarios sobre políticas que pueden ser perdurables que a los pronunciamientos de los poderes ejecutivos; es al revés de lo que uno podría suponer si viviera en la Argentina. Lo que acabo de señalar confirma la alternación en las condiciones de financiamiento que tienen las empresas privadas que operan en Malvinas bajo concesión del Reino Unido.
          Hay un viejo precepto inglés que está en el escudo de armas del rey, que viene de la época de la guerra contra Escocia, con la que se buscó impedir que los escoceses lograran la liberación. Ese precepto señala: Nemo me impune lacessit, que quiere decir: “Nadie me ofende impunemente”. Creo que la política no beligerante de la Argentina hacia las islas Malvinas tiene que tener como fundamento la no violación de los tratados, como el de Londres y el de Madrid. Además, nadie desconoce las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, lo que ha señalado el Comité de Descolonización y que hay una comisión de límites de las plataformas continentales en Naciones Unidas que ya ha determinado lo que le corresponde a cada uno de manera gratis y sin respuesta.
          Sinceramente me parece un excelente lema: “Nadie me ofende impunemente”.  Para eso hay que tener una capacidad de respuesta basada en la unidad de conciencia que ya la tenemos y en la unidad de acción. Si esto último todavía no lo hemos logrado, debemos ser amplios al apoyar las acciones en ese sentido.
          Celebramos los alcances del texto de este documento, que cabe aclarar que no menciona a Perú porque es muy reciente la decisión que tomó ese país de  no dejar ingresar a sus puertos a un barco de bandera inglesa.  También celebramos la actitud de nuestros hermanos latinoamericanos, porque se juegan mucho por algo ajeno que en realidad no sienten tan ajeno.
          Más allá de todo eso recuerdo a mis colegas que son las acciones de tipo económico las que nos pueden acercar la posibilidad de que el Reino Unido se siente a  negociar con la Argentina.  Viene a mi memoria un ejemplo, que consta de dos palabras: “calamar illex”.  Este calamar se encuentra en el sur argentino.  Es un recurso anual; podríamos decir que es como una cosecha de maíz o de soja, con el perdón de la palabra “soja”. Se trata de  un recurso que viaja, porque nace y se cría en el Mar Argentino, dentro de la zona económica exclusiva de nuestro país,  pero a partir de febrero se traslada hacia el sureste, es decir, hacia la zona circundante de las Islas Malvinas, que es una zona en poder de Inglaterra  y en la que también se otorgan concesiones pesqueras.
          Hace aproximadamente veinte años la Cancillería le pidió a la Secretaría de Agricultura, que estaba a mi cargo, que diseñara la forma de presionar sobre la captura del calamar de manera tal que Inglaterra tuviera menos recursos que capturar.  Reconozco que el calamar se comporta de manera demasiado nacionalista en su migración. Además, como el Instituto de Investigación y Desarrollo Pesquero nos había informado de que no siempre había la misma cantidad de calamar, se resolvió efectuar una exploración en forma anual para saber qué potencial de calamar había cada año.
          Como consecuencia de ello la Argentina no podía tener una flota permanente para la captura del calamar, dado que el recurso evolucionaba cada año más menos un 20 por ciento. Entonces, se nos ocurrió tener determinada cantidad de flota fija sobre la base de lo que podría ser seguro capturar más lo que se llamó el charteo a casco desnudo de aquellos que eran llamados por Inglaterra o por las autoridades malvinenses, que eran taiwanenses, japoneses, en algunos casos peruanos, coreanos, etcétera. Se llamaba a esos buques calamareros o poteros y se les decía que por una temporada la Argentina les daba una concesión.
          Se les daba esa concesión, para agotar la cosecha de calamares de ese año antes de que fueran contratados por Malvinas. Ese charteo a casco desnudo tenía sus problemas: tripulación extranjera, ventajas en los puertos argentinos, etcétera, pero tenía el objetivo que no era la exportación de calamar centralmente aunque eso le generaba a la Argentina por supuesto divisas, sino el objetivo de la batalla económica contra el Reino Unido.
          Esta cuestión duró poco porque hubo problemas con los sindicatos: a pesar de que eran unos 30 barcos y no había argentinos pescando, sí había aproximadamente unos 70 barcos que tenían permanente permiso y también capturaban calamares.
          Esta acción hizo que Inglaterra se sentara a firmar lo que hoy pensamos que no nos conviene. Si pensamos que no nos conviene, creo que tenemos que tratar de encarecer de alguna manera las acciones de las empresas petrolíferas, en especial, las que son privadas y actúan por concesión en el área de Malvinas.
          Para encarecerlas tenemos que crearles inseguridad jurídica, con denuncias y con comunicación de todo lo que hagamos políticamente desde aquí y desde este Parlamento hacia las bolsas del mundo, que es donde se financian esas empresas.
          Hay un trabajo de un centro de pensadores nacionales de Córdoba –no sé si lo han recibido muchos señores diputados, yo sí lo recibí y me pareció interesante- que muestra cómo evolucionan las acciones de la principal empresa en función de las decisiones desde el año 2009 hasta ahora. Se trata de las decisiones de la Argentina, del Poder Ejecutivo o del Poder Legislativo, y también las decisiones de Inglaterra.
          Por ejemplo, suben las acciones y hay financiamiento más barato y más abundante para esas empresas cuando Inglaterra viola el espacio aéreo, con cuatro cazas, violando el tratado de paz.
          Por su parte, bajan las acciones cuando el Parlamento argentino se pronuncia. Hay que ver el gráfico, para ver cuánto bajan y cuánto suben según la estabilidad jurídica, porque el capital es histérico y sensible. Si nosotros obligamos a que esas empresas tengan cada vez un costo mayor y un riesgo jurídico mayor con políticas pensadas en ese sentido, vamos a generar que algún día sea el Estado inglés el que tenga que poner la plata en riesgo de exploración y de búsqueda e investigación del petróleo, es decir perforación. La realidad es que hoy el Estado inglés tiene problemas hasta para mantener la educación y está en crisis.
          Entonces, no dejemos que ellos transformen su crisis en nuestra crisis y en el brillo bélico. Hagamos al revés: volvamos de la crisis para que no puedan tener brillo bélico.(Aplausos.)

Sr. Presidente (Domínguez).- Tiene la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Sr. Solanas.- Señor presidente: desde Proyecto Sur consideramos a la Declaración de Ushuaia suscripta el 25 de febrero por las comisiones de Relaciones Exteriores y Culto de ambas cámaras como muy positiva porque refleja la dimensión y complejidad de la cuestión Malvinas, pese a que el instrumento sólo tiene un valor testimonial como expresión del Congreso en el marco del 30° aniversario de la guerra del Atlántico Sur.
          Debemos recordar, haciendo un breve análisis, que durante estas décadas se ha venido operando con un tratamiento reduccionista sobre el principal asunto de nuestra política exterior, desconociendo la mayor complejidad intrínseca y la pluralidad de dimensiones que integran a la cuestión Malvinas.
          Toda acción encaminada a la apertura de la negociación con el Reino Unido se ha visto frustrada al menos desde la derrota militar de 1982 por la asimetría argentina en diversos aspectos ante la política británica. En ese sentido, la cuestión Malvinas, bien definida como una disputa de soberanía, debe ser comprendida y abordada como un conflicto integrado por diversos aspectos. Es un conflicto diplomático, jurídico, económico, geoestratégico, militar y cultural.
          La política de seducción comenzó a cambiarse en el año 2005 con las medidas que el gobierno del ex presidente Néstor Kirchner tomara para denunciar el acuerdo pesquero firmado, y también con los decretos del 2007 y el 256 del 2010, del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, por el cual se exigía los permisos de la autoridad argentina para la explotación en el Atlántico sur.
          Debemos decir que el Reino Unido está operando sobre la complejidad total en términos del conflicto integral, y no se limita sólo al campo diplomático jurídico. Nosotros, en cambio, actuamos sólo en este campo, a la saga de los acontecimientos generados por el Reino Unido, en una actitud reactiva más que proactiva.
          Hoy estamos en un escenario mundial muy diferente al de hace tres décadas. Hoy estamos ante la guerra de los recursos, la geopolítica de los recursos. Estamos asistiendo a cruentas guerras por la lucha por el petróleo y los recursos naturales.
          Si analizamos el cuadro de las asimetrías vamos a ver que mientras Argentina ha logrado avances muy claros en la solidaridad continental, en lo jurídico y en el diplomático, en lo económico el Reino Unido está explotando ilegalmente los hidrocarburos en Malvinas. En lo geoestratégico, esto le permite el acceso a los tres océanos, al Atlántico, al Pacífico y al Índico.
          Ha europeizado la base de Malvinas proyectándola hacia la Antártida. En lo militar, el Reino Unido ha desarrollado la más importante base militar en el hemisferio sur, con una posible nuclearización del área. Ha europeizado la base de Malvinas, que es campo de entrenamiento de la OTAN.
          En contrapartida, la Argentina ha venido reduciendo la presencia armada en el Atlántico sur y desarmando su capacidad de defensa nacional.
          Deberíamos considerar que el mayor error que la dirigencia puede cometer es pensar que si se innova por fuera de estos niveles diplomáticos jurídicos no habrá otra opción que la militar. Esta es una buena cortina de humo para no intentar una estrategia diferente y válida.
          Es la presión económica sobre los intereses británicos más ligados a la metrópoli que a los kelpers la que debe lograr que los costos de la ocupación aumenten y se hagan absolutamente inviables.
          Vamos a recordar que la estructura jurídico política de la relación con el Reino Unido continúa prácticamente intacta pese al deterioro de las relaciones bilaterales. Recordemos que está vertebrada por los acuerdos de Madrid del 89 y del 90, que han recompuesto la relación con Londres bajo el paraguas de la soberanía.
          Desde entonces, esa ficción jurídica generó otros instrumentos que continúan vigentes y que poco tienen que ver con la recuperación de una política soberana. Al amparo de ese paraguas se han producido acuerdos perjudiciales para el interés nacional y otros que son inconducentes para recuperar soberanía. Los menciono. Por una parte, está la ley de protección recíproca de inversiones con Gran Bretaña, que establece la cláusula de Nación más favorecida, por la cual Argentina no podrá acordar a ningún otro país condiciones más favorables que las firmadas con Gran Bretaña. No puede haber nacionalización ni expropiación de bienes británicos. Establece la repatriación irrestricta de utilidades y dividendos.
          Por otra parte, están vigentes los acuerdos de Madrid I y II, y el Acuerdo de Cooperación Militar de 1998.
          En definitiva, sin dar de baja –que de hecho ya los están- los acuerdos de Madrid I y II y el Tratado de Protección Recíproca de Inversiones, así como el Acuerdo de Cooperación Militar, estamos en un mundo de ficciones. Estos acuerdos han sido burlados por el Reino Unido, como también las recomendaciones de Naciones Unidas.
          Es imprescindible la reglamentación de la ley 26.659, que fuera votada por unanimidad por ambas cámaras de este Parlamento. Está vigente desde el 13 de julio de año pasado. La norma no está reglamentada.
          Como bien decía el general Perón, la víscera más sensible de los hombres pasa por el bolsillo. Es necesario compensar el latrocinio petrolero que el Reino Unido está efectuando en Malvinas con la aplicación de sanciones mediante la aplicación de la ley 26.659. (Aplausos.)

Sr. Presidente (Domínguez).- Tiene la palabra la señora diputada por el Neuquén.

Sra. Comelli.- Señor presidente: el bloque del Movimiento Popular Neuquino va a apoyar esta iniciativa.
          Estuvimos presentes en Tierra del Fuego dando testimonio DE lo que vamos a reconocer con la Declaración de Ushuaia, que hoy va a ratificar este cuerpo.
          La causa de Malvinas es una de las pocas causas nacionales que ha logrado aunar voluntades no solamente en el ámbito político, sino en la sociedad toda.
          Me parece que se trata de una realidad que no se puede desconocer ni negar ni mucho menos minimizar. Es una reacción positiva de un pueblo que ha sabido formar a su gente en el sostenimiento de un valor indispensable de los estados modernos: el de la inviolabilidad de su territorio.
          Malvinas se erige para la Argentina como una política de Estado. Es algo que vemos, reconocemos y venimos acompañando desde la misma Comisión de Relaciones Exteriores y Culto, con los distintos pasos que en este sentido va dando nuestro país. Desde ya que esto no se puede reducir a una mera cuestión histórica ni testimonial. Es verdaderamente una cuestión prioritaria para el pueblo argentino y, por ende, para nosotros que somos –ni más ni menos- que los representantes de ese pueblo.
          A esta altura de la sesión ya se ha hablado mucho de la incursión del Reino Unido en 1833, de este implante artificial de población y de estas actividades que no son más que resabios de prácticas corsarias que terminan a la larga en la búsqueda de los recursos naturales, utilizando como herramienta el colonialismo tan conocido para ellos.
          La recuperación de nuestro territorio, y el ejercicio pleno de nuestra soberanía, respetando la forma de vida de los habitantes conforme a los principios del Derecho Internacional, es uno de los objetivos prioritarios.
          Pero el hecho de respetar el modo de vida de los habitantes de la isla, de ningún modo significa que los isleños puedan tener derecho alguno a la autodeterminación.
          Sin hacer toda una revisión, que ya se hizo en esta discusión, desde 1960 con la resolución 1514 de la ONU se dispuso velar por los pueblos sometidos a un poder colonial. O sea que en aquel momento se instaura el principio de autodeterminación. Esto fue tomando fuerza, pero también fijaba su propio límite, que es el principio de la integridad territorial, por el cual cualquier intento que existiera de querer quebrar total o parcialmente esa integridad territorial era incompatible con el anterior principio, y prevalece este último.
          Señor Presidente, solicito la inserción de todos estos antecedentes, ya que siempre es importante la versión taquigráfica, ya que es la que da cuenta de la postura en determinado momento de todo el pueblo representado por sus diputados.
          Señor presidente: hoy son fuertes los estertores que se viven en Europa como consecuencia de la crisis que están atravesando, y parecería que esas consecuencias de las políticas que se han sabido dar se quieren sofocar con la vuelta a una discusión de alto tono o con acciones tales como la presencia del príncipe en las islas y la militarización de la zona por parte del Reino Unido de Gran Bretaña.
          Todo esto no se da por parte de nuestro país. La Argentina ha sostenido de una manera constante la firme posición de salvaguardar su soberanía y su jurisdicción sobre las islas y espacios marítimos a través de canales diplomáticos y sin utilización de violencia. Ningún país puede escudarse en decisiones de gobiernos de facto, que no fueron elegidos por el pueblo, para negarse a cumplir todas estas resoluciones y posturas de distintos países que no hacen más que tratar de recrear un ámbito de diálogo en esta controversia entre el Reino Unido y la Argentina.
          Queda claro que mientras nuestro país apunta a lograr una solución consensuada mediante el diálogo y la ley –algo propio de cualquier sociedad moderna-, el gobierno británico no tiene mejores armas que sacar a relucir que la idea casi darwiniana de que vale el más fuerte o quien tiene mayor poder bélico. Esto es lo que hasta ahora hemos visto que han sido sus acciones en el territorio.
          Lo novedoso del tiempo que estamos transitando es el apoyo internacional a la política de Estado que lleva adelante nuestro país sobre el tema Malvinas, a diferencia de las primeras sesiones en las que abordamos este tema, hoy nos encontramos –como decía aquí algún diputado- con un apoyo, con un acompañamiento, con una solidaridad y con un bloque regional cohesionado. La situación es de una gran fortaleza, distante de cualquier desmesura como a veces puede observarse de Inglaterra.
          Por estos motivos vamos a acompañar con total satisfacción esta resolución.
          Finalmente, quiero traer el recuerdo siempre presente, la memoria activa para con nuestros veteranos héroes de Malvinas, que por muchos años debieron sufrir el oprobio del silenciamiento, del vacío y de la falta de reconocimiento. Pero creo que eso ya no se puede ocultar más, no se puede tapar el sol con las manos: ¡A los héroes de Malvinas, salud! (Aplausos.)

Sr. Presidente (Domínguez).- Tiene la palabra el señor diputado por La Pampa.

Sr. Robledo.- Señor presidente: Malvinas es un sentimiento que anida en el corazón de cada uno de los argentinos. Es un sentimiento inculcado por nuestros abuelos, por nuestros padres, en el colegio, y que nosotros seguimos transmitiendo a nuestros hijos. Cuando experimentamos ese sentimiento realmente tenemos la añoranza y las ansias de recuperar ese territorio alejado de las costas de nuestro continente. Se trata de una política de Estado que va más allá de las banderías políticas.
          En ese sentido, quiero resaltar que en nuestra provincia, el Poder Ejecutivo, representado por el gobernador Mario Oscar Jorge, legisladores nacionales del Partido Justicialista –entre ellos, la senadora María de los Ángeles Higonet, las diputadas Cristina Regazzoli y María Luz Alonso, y quien habla-, de manera conjunta emitimos una declaración en respaldo de la posición asumida por el gobierno y los legisladores nacionales en aquella Declaración de Ushuaia.
          Así, nuestra provincia expresa el repudio a las declaraciones del primer ministro inglés, quien intentó confundir a la opinión pública internacional tildando a nuestro país de “colonialista”. Además, rechazamos la inocultable militarización de las islas con fines disuasivos y apoyamos las denuncias llevadas a cabo por el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ante Naciones Unidas.
          Por otro lado, respaldamos la posición de nuestro gobierno en el sentido de solicitar y aceptar la mediación del secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, y del presidente de la Asamblea General.
          Valoramos el apoyo de países de América Latina respecto de las medidas adoptadas por el Mercosur y Chile, en cuanto impiden atracar en sus puertos a barcos con bandera colonial de las islas. Recientemente, el gobierno del Perú evitó el amarre de una nave de la flota inglesa; ésta es una decisión que aplaudimos y agradecemos.
          Por otro lado, apoyamos la firme decisión política de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en el sentido de elegir el camino de la diplomacia para la resolución del diferendo, y reivindicamos nuestra firme convicción de que la recuperación de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, y los espacios marítimos circundantes, constituyen una política de Estado y un derecho irrenunciable del pueblo de la Nación Argentina. (Aplausos.)
          En razón de que comparto el término de exposición con la señora diputada Regazzoli, dejo a ella en uso de la palabra.

Sr. Presidente (Domínguez).- Tiene la palabra la señora diputada por La Pampa.

Sra. Regazzoli.- Señor presidente: las Malvinas están en el ADN de todos los argentinos. La Declaración de Ushuaia sintetiza el sentir nacional de todo el pueblo argentino respecto de la legítima e indiscutible soberanía de la Argentina sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, y los espacios marítimos circundantes.
          Se trata de un hecho histórico que reivindica nuestra soberanía y nuestro reclamo pacífico y sostenido, que ha sumado voces desde distintas naciones, aun las más lejanas, como China.
          Sin lugar a dudas, hoy la causa Malvinas adquiere una nueva dimensión. Nuestros reclamos ya no son individuales sino que en ellos también nos acompañan países que, como el nuestro, están ubicados en una región donde hay crecimiento sostenido e importantísimas reservas naturales.
          Por eso, cuando analizamos la cuestión Malvinas aparecen dos aspectos para destacar. Por un lado, los recursos naturales, que ante el aumento de la población mundial en forma geométrica adquieren significativa importancia. Por otro lado, la envidiable ubicación estratégica de las islas Malvinas  y su entorno las convierten en un polo geopolítico de fundamental importancia, tanto en materia económica como estratégica.
          La vinculación de los dos océanos, su proximidad con el sector antártico y su biodiversidad convierten el sector en una zona sumamente codiciada que requiere de una máxima protección, tanto de nuestro país como de la región y del concierto de las naciones, en cumplimiento de los principios de la Carta de las Naciones Unidas.
          La solidaridad y el apoyo incondicional manifestado por los países hermanos –como Chile, Brasil, Paraguay, Venezuela y Uruguay son una muestra cabal de que no estamos solos en nuestro reclamo. La región se ha fortalecido ya que está mirando hacia adelante en términos de integración económica y productiva, con un nuevo concepto de defensa.  El concepto de defensa en los tiempos de la Unasur tiene que ver, justamente, con la defensa de los recursos naturales, pues seguramente a mediano plazo van a venir por ellos desde distintas latitudes.
          Es por ello que ninguna duda puede caber que la militarización de la zona tiene justamente como objetivo seguir depredando, explorando y explotando las riquezas naturales de nuestra plataforma continental.
          Por eso hoy queremos acompañar desde nuestro bloque y en forma conjunta con la mayoría de las fuerzas políticas el rumbo adoptado por la señora presidenta de la Nación.
          Para terminar, quiero expresar un reconocimiento hacia los veteranos de guerra.  (Aplausos.)

Sr. Presidente (Domínguez).- Tiene la palabra la señora diputada por Tierra del Fuego.

Sra. Fadul.- Señor presidente: antes de introducirme en el tema Malvinas, permítame recordar y conmemorar la hazaña que justamente hoy, hace 61 años, consolidaba la presencia argentina en la Antártida continental, cuando por mandato del presidente Juan Domingo Perón, el entonces coronel Hernán Pujato, jefe de la primera expedición científica argentina a la Antártida continental, junto a prohombres como Jorge Mottet, Luis Roberto Fontana y otros valientes, inauguraba aquel 21 de marzo de 1951 la base antártica San Martín, primera base continental y polar argentina y, por entonces, la más austral del mundo.
          Ahora sí, adentrándome al tema que nos ocupa, quiero reafirmar una vez más que estamos frente a una potencia colonialista que intenta retrasar o impedir todo acercamiento que se presente para solucionar el conflicto; potencia que desoye las numerosas resoluciones de las Naciones Unidas que instan a retomar el diálogo y requieren no tomar decisiones de forma unilateral con respecto a los territorios que ha ocupado a través del uso de la fuerza.
          El Reino Unido de Gran Bretaña, no tengo dudas, busca perpetuarse en la ilegítima ocupación de las islas Malvinas y avanza decididamente sobre la exploración y explotación de nuestros recursos naturales.
          Nuestros territorios se encuentran en una posición geopolítica privilegiada.  Las islas del Atlántico sur están posicionadas de cara al estrecho de Magallanes, el paso interoceánico AtlánticoPacífico, y representan en sí mismas una notoria y trascendente proyección antártica.
          En este sentido, debemos recordar que la proyección antártica argentina se basa, entre otras cosas, en apoyar nuestro límite Este, meridiano 25 Oeste, en las islas Sandwich del Sur, y que la Línea de Convergencia Antártica pasa al norte de dichas islas.
          Malvinas representa también –lo han dicho numerosos diputados preopinantes una riqueza ictícola importante y una potencial riqueza hidrocarburífera y mineral inconmensurable.
          Afirmo con total seguridad que las islasMalvinas, Georgias y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes pertenecen a la República Argentina. El argumento que Gran Bretaña pretende utilizar como piedra angular, esto es, el derecho a la libre determinación de los pueblos, receptado por las Naciones Unidas en la resolución 1514 a la que se refiriera hace instantes la señora diputada del Movimiento Popular Neuquino, no es de ninguna manera aplicable al caso.
          Señor presidente: es cierto que en el año 1960 Naciones Unidas dicta la resolución 1514, piedra fundacional y columna vertebral de la lucha contra el colonialismo. Proclama como fin o principal objetivo poner fin rápida e incondicionalmente al colonialismo, y reconoce a todo pueblo que se encuentre bajo explotación, subyugación o dominación extranjera el derecho a la libre determinación de los pueblos.

- Ocupa la Presidencia la señora vicepresidenta 1ª de la Honorable Cámara, doña Norma Amanda Abdala de Matarazzo.

Sra. Fadul.- Los usurpadores hoy, señora presidenta, parecen cambiar su forma de defender lo indefendible. Es paradójico que una potencia colonial, que es responsable de diez de los dieciséis anacrónicos enclaves coloniales que persisten en la actualidad, pretenda defender, en este caso, el derecho a la autodeterminación de los pueblos.
          Señora presidenta: este argumento que pretenden utilizar no coincide con el derecho internacional vigente. Ello es así por cuanto la resolución defiende pueblos dominados, no potencias invasoras ni poblaciones implantadas. Como vemos, es una situación que nada tiene que ver con el espíritu y la letra de la resolución 1514 de Naciones Unidas.
          También quiero hacer referencia a la situación de los isleños, y aquí debo expresar que somos y hemos de ser respetuosos de la resolución 2065 de Naciones Unidas y de la primera de las Disposiciones Transitorias de nuestra Constitución Nacional. Quiero decir firme y claramente que el respeto al modo de vida de los habitantes de las islas es perfectamente compatible con el legítimo reclamo de nuestro imprescriptible derecho soberano.
          Como vemos, señora presidenta, los intereses no son menores; y, como sabemos, los usurpadores son poderosos. La militarización que denunciamos no solamente tiene que ver con el último destructor o el príncipe que vino con el uniforme militar; tiene que ver con denuncias que ya hemos hecho desde este mismo Parlamento con respecto a los poderosos aviones Taifon, que llegaron a las islas hace más de dos años, o el buque de guerra Clive, que realizaba operaciones en la zona de la cuenca de Malvinas. Todas estas operaciones también fueron denunciadas ante esta Cámara de Diputados.
          Quiero expresar aquí nuestro infinito reconocimiento y recuerdo a aquellos combatientes que dejaron su sangre en nuestras islas. También quiero expresar nuestro eterno reconocimiento y agradecimiento a aquellos veteranos de guerra que hoy viven y que también arriesgaron su vida por nuestra Patria.
          Para terminar, señora presidenta, quiero decir que no debemos claudicar ante la ilegítima ocupación. Se avecinan tiempos de cambio. El apoyo regional es importante, fuerte y explícito. Hemos presenciado acciones efectivas de nuestros hermanos latinoamericanos en defensa de nuestros derechos soberanos.
          También quiero decir que hace aproximadamente dos años, en esta Cámara de Diputados votamos un primer proyecto por el cual peticionábamos a la señora presidenta de la Nación que pidiera a sus pares del Mercosur que sus países no prestaran, a través de sus puertos y aeropuertos, apoyo logístico a aquellas empresas que estaban explorando y pretendían explotar ilegítimamente nuestros recursos, principalmente hidrocarburíferos, en la zona de la cuenca de Malvinas.
          La razón nos asiste y el recuerdo de nuestros héroes nos empuja. Así que, más tarde o más temprano, se hará justicia y nuestro glorioso pabellón flameará nuevamente sobre nuestras islas. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra el señor diputado por Santa Fe.

Sr. Favario.- Señora presidenta: las restricciones del tiempo seguramente me ayudarán a no repetir argumentos expuestos en este largo debate.
          Malvinas tiene el efecto extraordinario de generar una convocatoria a la unidad nacional que constituye de por sí un fenómeno de excepción en una sociedad que es naturalmente pluralista. Nos permite superar enfrentamientos y disidencias, como si nos convocara a un quehacer superior. De ahí las coincidencias en esta declaración que seguramente aprobaremos por unanimidad, no obstante mi respetuoso disenso con su redacción. Existen algunas omisiones, ciertos párrafos exagerados y determinados errores de sintaxis que no me satisfacen, pero eso no tiene importancia.
          Malvinas tiene el poder de magnetizar nuestras vocaciones patrióticas, que están por encima de nuestras pertenencias partidarias, y que precisamente por ello debemos relegar para anteponer un interés superior.
          Ese interés superior nos obliga a dejar de lado nuestras propias contradicciones y a consolidar estrategias nacionales que definan políticas de Estado que se prolonguen en el tiempo, porque precisamente para eso deben ser políticas de Estado. Malvinas requiere una estrategia común de los argentinos y no una estrategia adoptada por el gobierno de turno.
          Después de haber vivido aventuras insensatas debemos recuperar la seriedad en el ejercicio de nuestras pretensiones. Por eso rescato las manifestaciones de la señora presidenta de la Nación en el sentido de que en el futuro nuestra acción en favor de la recuperación de Malvinas continuará por la vía de la diplomacia y en el campo de la paz. Yo me permitiría agregar la necesidad de una diplomacia seria, con menos habladores y más inteligencia y, como dijo el diputado Aguad, con una diplomacia estrictamente profesional.
          Creo que hay un llamado de la historia. Están las tumbas anónimas, cuyas identidades debemos recuperar, porque es una carga y una responsabilidad que venimos arrastrando en el tiempo; están los héroes vivos de Malvinas, los mutilados que recordaba el señor diputado Zabalza, y todo ello nos impone un imperativo de conciencia para seguir redoblando los esfuerzos en la reivindicación de la soberanía de las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur, y los espacios marítimos circundantes.
          Con este espíritu, no obstante las reservas manifestadas, vamos a votar afirmativamente esta declaración que, seguramente por unanimidad, aprobará la Cámara de Diputados esta tarde. (Aplausos.)

Sra.  Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra el señor diputado por Santa Fe.

Sr. Forconi.- Señora presidenta: recientemente las comisiones de Relaciones Exteriores y Culto de la Honorable Cámara de Diputados y de la Honorable Cámara de Senadores de la Nación se reunieron en Ushuaia para redactar el documento que hoy da origen al tratamiento de esta resolución. Allí se dejan en claro las razones históricas, geográficas y jurídicas que dan razonabilidad y sustento a la causa de Malvinas para nuestro país, así como también el rechazo al colonialismo del imperio inglés.
          Hoy, como ayer durante el conflicto, vemos cómo los países hermanos de Latinoamérica vuelven a darnos un ejemplo; nuevamente se embanderan con la causa argentina, y hoy podemos decir sin temor a equívocos que Malvinas es la causa de los pueblos y gobiernos latinoamericanos contra los resabios del imperialismo inglés propio de siglos pasados.
          No solo los países latinoamericanos sino de otros continentes apoyan a la Argentina en su reclamo, como queda en claro por las reiteradas resoluciones de las Naciones Unidas que, a través de los años, insta a Gran Bretaña a buscar una solución pacífica a la disputa por la soberanía de las islas Malvinas.
          Desde que recuperó la democracia nuestro país, a través de los sucesivos gobiernos, no dejó de batallar como bien dice el documento redactado en Ushuaia en todos los organismos y foros internacionales. En ese sentido, quiero destacar que por estos días se reunió en México la COPPAL, organismo que agrupa a más de sesenta partidos políticos, para elaborar un documento de apoyo a la posición del gobierno argentino. Ya en el año 2009 este organismo regional, junto a la Conferencia de Partidos Políticos Asiáticos, había expresado el apoyo y el tratamiento en los foros internacionales de la disputa sobre la soberanía de las islas del Atlántico Sur.
          Así queda en claro que no solo para la Argentina la causa Malvinas es una cuestión de Estado, que va más allá de las naturales divisiones partidarias de la democracia y de la vida interna, sino también para otros países que ven en los resabios del colonialismo la injusticia y la ofensa para los pueblos libres del mundo.
          Desde hace casi doscientos años la Argentina viene batallando en los organismos internacionales por su soberanía sobre las islas. Este reclamo, como toda causajusta, no es mensurable en el tiempo. El mundo lo sabe y nuestros adversarios también: algún día –cercano o no nuestra bandera celeste y blanca volverá a flamear por medios pacíficos en nuestras islas Malvinas.
          Por otra parte, quiero destacar a los jóvenes y no tan jóvenes que fueron a cumplir con su compromiso con la patria sin miramientos. Recordamos a los caídos y a los que regresaron –hoy veteranos del conflicto del Atlántico Sur. Son jóvenes argentinos, suboficiales y oficiales que fueron dispuestos –en muchos casos lo hicieron a dar lo más sagrado que tiene el ser humano: su propia vida. Estos patriotas enfrentaron a una de las potencias militares más fuertes del mundo y a las inclemencias del tiempo. Así y todo su honor, temple e hidalguía fue reconocido hasta por los propios adversarios.
          Sin justificar el mesianismo militarista del proceso militar, debemos decir que cuando estos ciudadanos fueron llamados para ir a Malvinas eran argentinos anónimos que desde distintos puntos del país acudieron a defender una causa que, sin ninguna duda, es una causa nacional.
          En ese punto me quiero detener. Muchas veces vemos cómo desde distintos sectores –algunos interesados nos quieren hacer creer las debilidades de pueblo argentino para enfrentar su futuro. Como diría el gran Arturo Jauretche: “Nos quieren desmoralizados y tristes”. Ahí radica la enseñanza de los héroes de Malvinas. Ellos son el ejemplo de entrega y sacrifico de lo que el pueblo argentino en su conjunto es capaz de hacer por las causas justas.
          Ese sacrificio y entrega trascienden la causa nacional por las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y sus mares circundantes.  Esto nos tiene que servir a los argentinos para envalentonarnos y así encarar entre todos, en forma armónica, pacífica y solidaria, los grandes desafíos que nos presenta nuestro porvenir, para lograr una patria cada día más justa, más libre y más soberana.
          Por todas estas razones, adelanto nuestro apoyo al proyecto de declaración en consideración. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).-  Tiene la palabra el señor diputado por Córdoba.

Sr. Fortuna.- Señora presidenta: en primer término quiero expresar la adhesión de nuestro bloque al proyecto de declaración que estamos tratando en esta Cámara de Diputados, cuyo texto fue producto del amplio consenso al que arribamos entre todas las fuerzas que integran el Congreso de la Nación y que recientemente se reunieron en la ciudad de Ushuaia.

- Ocupa la Presidencia el señor vicepresidente 2° de la Honorable Cámara, doctor Mario Raúl Negri.

Sr. Fortuna.- La cuestión de la soberanía nacional sobre las islas Malvinas puede abordarse desde diferentes ópticas. Si lo hacemos desde la perspectiva histórica, tendríamos que resaltar diversos hechos y derechos que se sucedieron a lo largo de los siglos. Así, a título de ejemplo, podemos mencionar el descubrimiento de las islas, en 1520; el denominado Tratado Americano, suscripto entre España e Inglaterra en 1670; el Tratado de San Lorenzo del Escorial, de 1790; la designación de gobernadores efectuada por los primeros gobiernos patrios, en 1820; el dictado de legislación sobre recursos pesqueros y de concesiones territoriales de la misma época y, por supuesto, el despojo efectuado por la fuerza colonial de Gran Bretaña en 1833.
          Mirando esto estrictamente desde el punto de vista normativo, debemos recordar que en nuestra Carta Magna se ratifica la soberanía sobre nuestros territorios, siendo la recuperación de los mismos un objetivo permanente del pueblo argentino.
          Desde la mirada geopolítica debemos sostener que es evidente la situación colonial de las islas Malvinas, sujeta también a una militarización creciente, a la explotación pesquera sin autorización y a las ilegítimas actividades de exploración de hidrocarburos llevadas adelante por Gran Bretaña.
          La comunidad internacional no está al margen de esta problemática, ya que desde el 2004 la cuestión de las Malvinas figura en la agenda permanente de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
          En ese sentido, es de resaltar el respaldo a la posición argentina proveniente del Mercosur y de Estados asociados, de la OEA, de la UNASUR, del ALBA, del Grupo de los Países Árabes, del Grupo de los 77 y de China, entre otros.
          Por supuesto, hay que resaltar el reciente gesto de nuestros hermanos peruanos con respecto al arribo de la nave militar inglesa. Es decir, que a Malvinas la podemos valorar y la podemos abordar desde la historia, desde el derecho, desde la geopolítica, desde la comunidad internacional y desde diversos puntos de vista sobre los cuales se manifestaron quienes me precedieron en el uso de la palabra.
          Pero en esta oportunidad quiero resaltar otro aspecto, el de la identidad nacional que genera Malvinas, ya que por sobre todas las cosas esta cuestión involucra mecanismos profundos de la misma condición de nación, haciendo que todo lo relacionado con su soberanía sea percibido por los argentinos de un modo que no tienen otros asuntos de interés nacional.
          En este sentido, este conflicto iniciado mediante una usurpación contraria al derecho internacional, así como la reiterada desatención a los reclamos y a la guerra de 1982, alimentan un sentimiento de agravio al pueblo argentino que se ha convertido en parte medular de nuestra conciencia colectiva.
          Por lo tanto, este reclamo de soberanía que une sin distinción a todos los argentinos, dejando de lado las disidencias ideológicas, políticas y partidarias, convierte en ineludible el tratamiento de esta cuestión como una política de Estado sustentada en el diálogo y la paz.
          Sólo una política de Estado que sea patrimonio de todas las fuerzas políticas y que trascienda todos los gobiernos garantizará la firmeza y la permanencia de este legítimo reclamo hacia su definitiva concreción.
          En este reclamo, como en ningún otro momento de nuestra historia, el país no está solo. Existe un acompañamiento e identificación de los demás países latinoamericanos con la posición argentina, con la exigencia de respeto hacia la integración territorial, con el resguardo de nuestros recursos naturales y con la protección del medio ambiente.
          Quiero destacar la acción permanente y decidida de todos los gobiernos democráticos y, obviamente, resaltar la acción del Poder Ejecutivo nacional, que se pone en evidencia por los resultados obtenidos en estos últimos años.
          Por ello, se vuelve impostergable instar al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte para que den cumplimiento a la resolución adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, respetando los principios de descolonización dispuestos por esa asamblea y sin olvidar los derechos de los habitantes de las islas.
          Finalmente, vaya nuestro reconocimiento y  homenaje sincero a los héroes y a los veteranos de la guerra de Malvinas y a quienes dieron su vida por esta causa nacional.
          Es nuestra obligación seguir pugnando por el cumplimiento de los instrumentos que edifican y sostienen la soberanía argentina en todo el territorio nacional. (Aplausos.)

Sr. Presidente (Negri).- Tiene la palabra la señora diputada por Río Negro.

Sra. García Larraburu.- Señor presidente: hoy nos encontramos tratando el proyecto de la Declaración de Ushuaia en esta Honorable Cámara de Diputados. Su tratamiento y aprobación representa una acción significativa que pone de relieve el reclamo indeclinable de la Argentina en torno a la soberanía sobre las Islas Malvinas.
          Días atrás el proyecto fue aprobado por la Cámara de Senadores con el acompañamiento de todos los senadores y bloques políticos, lo cual da cuenta del amplio consenso existente en relación con la cuestión Malvinas.
          Creemos que la aprobación de esta declaración por parte de los representantes del pueblo argentino en el ámbito del Congreso de la Nación, constituye una instancia constructiva y necesaria que apunta a ratificar la posición del país y a continuar reafirmando por todas las vías pacíficas posibles, nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgia y Sandwich del Sur.
          Recordemos que desde el fin de la guerra la relación bilateral se mantiene en un estado de tensión debido a que el Reino Unido se niega a dialogar con nuestro país y a cumplir la resolución 2065 de Naciones Unidas, de sentarse a negociar para poner fin al enclave colonial en el Atlántico Sur.
          En ese marco nos parece importante recalcar que la Argentina desde 1983 viene instando a los distintos gobiernos británicos, de manera consecuente y coherente, a negociar pacíficamente la solución definitiva de la disputa por la soberanía de las islas.
          Y en ese sentido cada uno de los presidentes constitucionales de nuestra República ha llevado adelante políticas siempre claras y consistentes al respecto, lo que demuestra una posición unívoca.
          En especial quisiéramos destacar las acciones llevadas adelante por el ex presidente Néstor Kirchner y por la actual mandataria Cristina Fernández de Kirchner, quienes han  trabajado enérgicamente mediante una política internacional activa con respecto a este tema, apostando a la construcción de lazos de solidaridad entre los países latinoamericanos, tanto en el ámbito del Mercosur como de la Unasur.
          En este marco, es claro que el reclamo de nuestro país en torno a la soberanía sobre las islas Malvinas excede la posición argentina para transformarse en una reivindicación regional, insertada en un proceso de construcción de identidad regional.
          Es así que nos parece relevante poner en valor el compromiso asumido por los países latinoamericanos de impedir el ingreso a sus puertos de barcos identificados con la bandera ilegal de las islas Malvinas, en defensa de la posición argentina con respecto a las islas.  
          Con referencia a la declaración, queremos recalcar el enfático repudio a las acciones de Gran Bretaña en materia hidrocarburífera así como el incremento de su presencia militar en la zona.
          En este sentido, la defensa de los recursos naturales, la protección del medio ambiente y, por otro lado, la seguridad global constituyen cuestiones centrales que el gobierno de la Argentina busca garantizar mediante sus políticas.
          La presentación realizada ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a raíz de la creciente militarización en las islas, así como el plan de acciones judiciales que ha anunciado el gobierno nacional contra aquellas empresas involucradas en la exploración hidrocarburífera en el Atlántico Sur, dan cuenta del compromiso de nuestra presidenta con la defensa de nuestros derechos.
          El próximo 2 de abril se cumplen 30 años del comienzo de la guerra entre la Argentina y Gran Bretaña por la soberanía de las islas Malvinas. Sin dudas, la cuestión Malvinas constituye una causa nacional que une a todos los argentinos más allá de sus diferencias y banderías políticas; causa que a su vez comienza a trascender los límites territoriales y se convierte en una causa de Latinoamérica.
          Con la convicción de que debemos reafirmar de manera constante e inquebrantable, por todas las vías pacíficas posibles, nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, celebro el tratamiento del presente proyecto de declaración en esta Cámara. (Aplausos.)
          
Sr. Presidente (Negri).- Tiene la palabra el señor diputado por Entre Ríos.

Sr. Barrandeguy.- Señor presidente: el escaso tiempo que el reglamento me concede, seguramente ha de conspirar contra la idea de exponer con fidelidad el sentimiento que a mi modo de ver en este momento anima a mi pueblo de la provincia de Entre Ríos.
          Lo primero que quisiera destacar es que en este aniversario se nos impone señalar, con la misma precisión que lo dijo la señora presidenta de la Nación, doctora Fernández de Kirchner, en la apertura de las sesiones ordinarias en la última Asamblea Legislativa, que una cosa es soberanía nacional y otra soberanía popular.
          Lo que he manifestado tiene que ver con el hecho de que la reivindicación irrenunciable de esta gesta no sea tergiversada por algún oyente confundido con la defensa de algún tramo de aquel episodio nefasto de la institucionalidad argentina: la última dictadura militar.
          Con esa aclaración, y con tres razones que con mucha brevedad voy a enunciar ahora, venimos a rendir homenaje a nuestros héroes, a nuestros hermanos, a nuestros compatriotas y también a los mártires caídos en el conflicto del Atlántico Sur, conflicto que un periodista prestigioso designó como la última batalla de la tercera guerra mundial.
          En primer lugar, quiero rendir homenaje al Escuadrón Fénix, que fue un grupo formado en la II Brigada Aérea de Paraná, donde estaban asentados los Canberra, que eran unos bombarderos muy viejos que debían llegar al objetivo militar. Estaban acompañados por aviones de uso civil como fueron los Learjet LR-35 A, los que tenían el propósito de acercarse a los radares de la Union Flag y distraer a los ingleses con estas naves de gran velocidad para que los bombarderos pudieran cumplir con su objetivo militar. Lamentablemente, esas aeronaves no permitían a los pilotos eyectarse ni tenían artillería para defenderse.
          También queremos rendir un homenaje a los pilotos del Learjet LR35 A, que perdieron la vida un 7 de junio en una incursión sobre la Bahía San Carlos.           
          Entre los tripulantes se encontraban el vicecomodoro Rodolfo Manuel de la Colina, nacido en Buenos Aires; el mayor Juan José Falconier, ascendido post mortem a vicecomodoro, nacido en Entre Ríos, en la ciudad de Paraná; el capitán Marcelo Pedro Lotufo, nacido en Salta; el suboficial ayudante Francisco Tomás Luna, de la provincia de Córdoba; y el suboficial auxiliar Guido Antonio Marizza, también entrerriano.
          Perdieron la vida en Bahía San Carlos, cayendo en el Norte en una isla llamada Bordon. Seguramente cuando vuelva a flamear nuestra bandera en las Malvinas a esa isla la deberemos rebautizar con el nombre “Grupo Fénix”.
          También tuve el privilegio de disfrutar la amistad del mayor Juan José Falconier, padre de cinco hijos. No pudo conocer a la última de sus hijas, dejando una carta conmovedora que no voy a leer, pero que nos lleva a preguntarnos y a tratar de respondernos qué cosa es la patria y qué el patriotismo.
          Finalmente, quería destacar la previsión contenida en la Constitución reformada en la provincia de Entre Ríos en 2008, ya que su artículo 34 expresa lo siguiente: “La recuperación de las islas Malvinas y demás espacios insulares y marítimos es una causa nacional legítima, permanente e irrenunciable a la que la provincia honra y adhiere.”
          Dejo cumplida esta obligación de entrerriano de rendir homenaje a los mártires. ¡Gloria eterna a los caídosen la guerra de Malvinas! (Aplausos.)

Sr. Presidente (Domínguez).- Tiene la palabra el señor diputado por Tierra del Fuego.

Sr. Garramuño.- Señor presidente: dentro de pocos días se cumplen treinta años de uno de los hechos que marcó a la Argentina moderna, un hecho con grandes claroscuros, con una alegría popular enorme por la recuperación de nuestras Islas Malvinas seguida de la frustración por el resultado del conflicto y el enorme retroceso diplomático que dicha acción generó.
          Quiero evocar esos difíciles y emotivos momentos desde una óptica personal, desde la óptica de quien vivió en Tierra del Fuego los acontecimientos y contar muy sucintamente algunos momentos que quedaron grabados en mi memoria.
          Me acuerdo de esa fría mañana del 2 de abril cuando nos levantamos con la sorpresa y alegría por la recuperación y la triste noticia del fallecimiento del capitán Giachino, y también me acuerdo cuando tomando unos mates con mi esposa, nacida y criada en Río Gallegos, y por lo tanto, conocedora de la idiosincrasia de los ingleses, me comentaba del error conceptual y la esperanza de que la ocupación fuera simbólica y se continuara por las vías diplomáticas. Ojalá mi señora hubiese estado dentro de los círculos decisorios de poder.
          Me acuerdo cuando una mañana muy temprano iba a la obra con un compañero, ya que trabajaba en relación con Vialidad Nacional, cuando estaba zarpando del muelle de combustibles de YPF el crucero General Belgrano, con su tripulación en cubierta. Nos quedamos mirando la maniobra y pensando su destino. Pocos días después, muchos de ellos quedaron en las frías aguas del Atlántico Sur, y a los que regresaron los trataron como delincuentes, ya que no les permitieron tomar contacto con los habitantes de Ushuaia, que los querían ayudar y acompañar. Los encerraron en la base aeronaval y los derivaron luego hacia el norte. Creo que en ese momento comenzó la etapa de desmalvinización.
          Me acuerdo de las jornadas que pasábamos en la oficina de la radio del 24° Distrito de Vialidad Nacional hablando con nuestros compañeros que estaban en Malvinas. Con cariño vienen a mi memoria el ingeniero Gaffuri, el colorado Cogorno, el maquinista Tolaba y el mecánico Marrone, que nos contaban en vivo y en directo los acontecimientos que sucedían. Porque hubo también muchos civiles que hicieron patria en nuestras islas y quiero brindarles el reconocimiento que se merecen.
          Me acuerdo de cómo se sacaban de noche los aviones del aeropuerto de río Grande y los llevaban a la ruta para evitar posibles atentados de comandos; de los rumores de la cercanía de la flota inglesa, que estaban a 20 ó 30 millas de la costa, que podían bombardear, que Chile podía aprovechar el momento, la caída de helicópteros con comandos. Muchos rumores, muchos nervios, mucha desinformación.
          Y entre tantas otras cosas, me acuerdo, resumidamente, de los operativos de oscurecimiento, de los jefes de manzana, del incendio del hotel Albatros en Ushuaia, si era accidente –como fue- o atentado, buscar en la radio por onda corta informaciones de Chile o Uruguay para escuchar otras campanas del conflicto distintas de las que teníamos a través de los comunicados oficiales.
          Tantos recuerdos y anécdotas que se vivieron en la Patagonia Sur. Por eso celebro  las palabras de la señora presidenta y creo que son compartidas por la inmensa mayoría de los argentinos, en el sentido de que es innegociable la soberanía de las Islas Malvinas y la búsqueda de su recuperación por la vía pacífica y ante una constante acción en los foros mundiales.
          Por eso es importante que ante la comunidad internacional quede perfectamente en claro que a un proceso de escalada militar y discursos agresivos por parte de Gran Bretaña, la Argentina responda con más democracia, con más diálogo, con la activa presencia y participación de las distintas fuerzas políticas a través de sus representanteselectos por el voto popular, como lo es la Declaración de Ushuaia, que hoy será ratificada como demostración de que las Malvinas constituyen una causa nacional de todos los sectores de nuestra sociedad.
          Qué ejemplo sería que este tema, con los debates correspondientes, se transformara en una política de Estado que trascendiera los gobiernos y fuese un norte constante en nuestra política exterior. Seguramente así, nuestras islas estarían mucho pero mucho más cerca.
          Finalmente, quiero expresar el reconocimiento permanente a nuestros caídos en combate. Como dice el hermoso poema del padre Cini, “a los que dejaron sus huesos en Malvina y Soledad...” a lo que yo agrego “las aguas del Atlántico Sur”- “...como raíz enterrada que un día ha de brotar”.
          Vaya mi homenaje a nuestros ex combatientes, tanto aquellos que están presentes como a los que nos dejaron. Destaco al Batallón de Infantería de Marina N° 5, bajo el mando del capitán Robaccio, y a los civiles que estuvieron en el teatro de operaciones.
          Sumo mis respetos a los habitantes de la Patagonia Sur, que vivieron este conflicto con intensidad, después de lo que casi significa una guerra con Chile en 1978, en el conflicto por las islas Picton, Lenox y Nueva, pues ellos participaron activamente de la contienda.
          Quizá por eso se ha producido algo que crece año tras año como un hecho popular, sin que medien decretos ni leyes; me refiero a la vigilia del 2 de abril, en nuestras ciudades, de la que participan cada vez más jóvenes asegurando un proceso de malvinización creciente. En tal sentido existe un proyecto de ley en esta Cámara por el que se designa la ciudad de Río Grande como “Capital de la Vigilia”, que espero sea sancionado a la brevedad.
          Tal vez por ello, como decía días pasados, en el Sur el Himno se canta más fuerte. (Aplausos.)

Sr. Presidente (Negri).- Tiene la palabra el señor diputado por La Rioja.

Sr. Martínez (J.C).- Señor presidente: en nombre de nuestro bloque venimos a apoyar la declaración consensuada en Ushuaia. Creemos que la causa de Malvinas tiene que ser una cuestión de Estado al margen las especulaciones políticas tanto de la oposición como del gobierno.
          Nadie debe sobreactuar en estos temas sino que debemos ser consecuentes a lo largo del tiempo, como lo hemos sido en ocasión de que nuestro partido tuviera la responsabilidad de gobernar.
          En esta oportunidad, queremos repudiar la militarización de las islas, a las que han arribado aviones y fragatas con armamentos de última generación, que dudamos  no sean nucleares.
          Ha llegado a las islas el príncipe, pero no de paseo ni para conocerlas ni en visita protocolar, sino para realizar prácticas militares, lo cual –a nuestro juicio- constituye una agresión más. A ello debemos sumar las declaraciones de Cameron y tantas otras cosas que están sucediendo.
          Por otro lado, deseamos rendir homenaje a los soldados veteranos de las Malvinas, pues son ellos los verdaderos héroes de esta historia. Me refiero tanto a quienes han dejado su vida como a aquellos que han regresado y hoy son nuestros veteranos; sin embargo, también deseo expresar mi reconocimiento a todos aquellos que fueron movilizados hacia el Sur y estuvieron bajo bandera en sus cuarteles, ya que no tengo dudas de que absolutamente todos hubiesen estado dispuestos a dar su vida por la patria.
          Desde el año 1833, cuando se produjo el despojo, nuestro país llevó a cabo una política internacional diplomática cuyo punto máximo estuvo dado por la resolución 2.065 de 1965 durante la presidencia de don Arturo Illia, que ha sido el triunfo y el logro más importante en la diplomacia internacional en relación con el tema de Malvinas. A partir de allí, se ha logrado reiterarlo en distintas oportunidades por parte de las Naciones Unidas y su comité de descolonización.
          Ante la falta de argumentos, lo único que se le ocurre al imperio británico es pedir la autodeterminación de los pueblos, lo cual en este caso no es válido –en otros sí, porque ellos mismos se han encargado de dar a los ciudadanos de Malvinas el carácter de ciudadanos británicos iguales a los londinenses a través de distintas resoluciones y protocolos internos.
          Por eso creemos que este argumento no es válido.  Existen en el mundo dieciséis enclaves coloniales, de los cuales diez son de Inglaterra, como Malvinas, las islas Caimán, el peñón de Gibraltar, en España, y otros lugares que están siendo sometidos por ese imperio, y sólo tienen como argumento la autodeterminación de los propios invasores o intrusos que están viviendo en esos lugares.  Por eso creo que ese argumento no es válido y debe ser rechazado.
          Me queda poco tiempo y voy a pedir autorización para insertar mi discurso en el Diario de Sesiones.
          Pero antes de terminar quiero decir que sufrí una gran desilusión cuando supe que Perú iba a recibir en el puerto de El Callao a una fragata inglesa, pero sentí una gran sorpresa y alegría cuando ese país decidió no recibirla.
          Creo que eso es lo que debemos esperar de nuestros vecinos y aliados de la UNASUR, el Mercosur y el ALBA, que no deben servir sólo para la foto sino para cuestiones reales a la hora de manifestar el apoyo, como hicieron Uruguay, Brasil y Chile, que no recibieron en sus puertos a fragatas o barcos ingleses con la bandera de Malvinas.
          Quiero expresar mi preocupación frente a una política errante de este gobierno frente al tema Malvinas, porque a la vez que plantea sanciones, propone vuelos y diálogo; a la vez que plantea sanciones, propone darle el manejo y la coordinación de los bonistas al banco Barclays, que tiene intereses en las empresas que están explorando hidrocarburos en Malvinas. A la vez que denuncia a las empresas petroleras que están usurpando en la zona en litigio –estamos de acuerdo con el canciller Timerman que dice que va a denunciar a estas empresas, el gobierno mira para otro lado dentro del país cuando no se cumple la ley 26.659, que establece que deben ser denunciadas y no pueden ser contratadas por el Estado nacional, provincial o municipal las empresas que tienen intereses, filiales o grupos o inversores en común con aquellas que están explorando hidrocarburos en Malvinas.
          Es el caso de Osisco, que fue contratada por el Estado provincial de La Rioja, a través de EMSE, para explorar y explotar el Famatina; o el caso de la Barrik Gold.  Ambas empresas tienen intereses en común con las hidrocarburíferas de Malvinas.
          Por eso, vamos a ir hasta las últimas consecuencias, y junto con la diputada Brizuela y Doria hemos denunciado en el juzgado federal de La Rioja el convenio con Osisco por el incumplimiento de la ley 26.659 y de la ley de protección de los glaciares.
          Por eso vamos a ir hasta las últimas consecuencias, porque en el valle del Famatina hay un pueblo que soberanamente se autodeterminó y no quiere este tipo de explotación, porque para ellos el agua es más importante que el oro, el Famatina no se toca y por ese territorio no pasarán.  (Aplausos.)

Sr. Presidente (Negri).- Tiene la palabra el señor diputado por Salta.

Sr. Kosiner.- Señor presidente: el tratamiento de la problemática de Malvinas, después de 179 años de conflicto desde el despojo y el acto de colonialismo de una nación integrante de la comunidad internacional, encuentra hoy a la Argentina en un momento diferente.       
El tema Malvinas tuvo distintos momentos a lo largo de la historia argentina. Hubo un momento de reclamos unilaterales de la República Argentina frente a organismos internacionales.
          Un momento clave fue el dictado de la resolución 2065 de la ONU, ya que claramente define que en el tema Malvinas hay una disputa de soberanía, insta a una negociación para la solución rápida del conflicto, reconoce solo dos partes y dice que ello implica eliminar toda posibilidad de aplicar la teoría de autodeterminación de los pueblos.
          Pero en esta historia de Malvinas hemos vivido momentos de pretendidas soluciones militares, que pretendieron ocultar definitivamente la crisis de uno de los momentos más oscuros de la historia argentina, como fue la última dictadura militar.
          Esa fue la verdadera razón del concepto de la ideada salida militar. De ahí nuestro reconocimiento a los verdaderos héroes de Malvinas, a aquellos hombres que sin haber sido preguntados sobre el destino de sus vidas se los mandó a pelear por nuestra Nación y por las Malvinas.
          Pero evidentemente esa solución militar iba a fracasar porque en ese momento no estaba en el corazón ni en la esencia del pueblo argentino como la solución querida.
          Luego vino otra etapa: el proceso de desmalvinización. Aquellos que llevaron a nuestros jóvenes a Malvinas lo ocultaban. Ese fue otro momento triste de la historia argentina.
          Otra estrategia fue la de las relaciones carnales, la de la seducción permanente, la de pensar que por tener lazos sólidos con las principales potencias del mundo sin cuestionar nada, las Malvinas podían volver a ser argentinas. Esa estrategia también falló.
          Y hoy a mi entender nos encontramos en el momento más importante de la política internacional argentina. La presidenta ha definido que Malvinas es hoy una causa global, una causa de América latina, y esto ha sido construido a partir de confiar en América latina. Hoy América latina confía en esta causa de Malvinas, porque si bien nosotros la definimos como una causa de soberanía nacional, es una causa de soberanía de América latina.
          Y esto tiene antecedentes, señor presidente: la Conferencia Interamericana de Bogotá de 1948, donde se planteó que la emancipación americana no estaba concluida mientras existieren en el continente regiones sujetas al régimen colonial; la Conferencia de Caracas de 1954; lo expresado por el general Perón en la IV Conferencia de Países no Alineados de 1973; lo planteado por Néstor Kirchner el 9 de diciembre de 2006 durante la II Cumbre de Jefes de Estado de la Comunidad Sudamericana de Naciones, donde se emitió una declaración en la que se reafirmaron los derechos soberanos de la Argentina; y lo expresado por el ex presidente Néstor Kirchner el 17 de abril de 2007 en la Primera Cumbre Energética Sudamericana de Jefes de Estado en Venezuela.
          Y obviamente es el mismo concepto expresado por la actual presidenta de la Nación ante la UNASUR el 4 de mayo de 2010, donde se plantea claramente la importante contribución que pueden ofrecer las organizaciones regionales y subregionales a la solución pacífica de las controversias.
          Pocos días atrás, el 17 de marzo, por medio de la declaración de ministros de Relaciones Exteriores de UNASUR, creyendo en la Argentina a partir de un proyecto político que decidió confiar en América del Sur, todas las naciones de América latina decidieron respaldar los derechos legítimos de nuestro país sobre Malvinas; tomar medidas para impedir el ingreso a buques de bandera ilegal de islas Malvinas, definiendo por primera vez como ilegal la bandera de Malvinas; denunciar el incumplimiento del mandato de descolonización; destacar la actitud de diálogo de nuestro país; resaltar la participación de la presidenta de la Nación en el próximo Comité de Descolonización; repudiar la presencia militar del Reino Unido y las actividades unilaterales de exploración y explotación de los recursos, que son de la República Argentina, y llamar a negociar al Reino Unido. Por eso, señor presidente, celebremos que hoy Malvinas es una causa de América latina. (Aplausos.)

Sr. Presidente (Negri).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

Sr. Ferrari.- Señor presidente: la historia social y liberal que nos ha interpretado a lo largo de los años una cantidad de hechos históricos en muchos aspectos pretendió cuestionar al brigadier general don Juan Manuel de Rosas también con Malvinas. Lo ha criticado notablemente respecto de una idea que el brigadier tuvo siendo gobernador de la provincia en el sentido de canjear el empréstito de la Baring Brothers por las islas Malvinas.
          Fermín Chávez y José María Rosa demostraron que esa argumentación de una supuesta falta de defensa de la soberanía por parte de Rosas era un error. ¿Qué había detrás de ese planteo? La posibilidad de que Inglaterra aceptara este canje y luego la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires lo rechazara, pero así estaba reconocida la soberanía sobre las islas Malvinas.
          ¿Qué había detrás de esta idea del brigadier general don Juan Manuel de Rosas? Una estrategia que intentaba demostrar algo. Efectivamente, esto es lo que nos diferenciará a lo largo de la historia si todos, oficialismo y oposición, contribuimos a construir una estrategia en el caso Malvinas.
          A nadie escapa que una política de Estado coherente, ordenada y seria nos puede dar un lugar en el mundo respecto de la posibilidad de obtener apoyos en esta causa. En este punto manifiesto la postura de nuestro bloque de colaborar con el gobierno nacional en la pretensión de defender las otras soberanías que contribuyen a la defensa de las islas Malvinas: las de los espacios que están destinados a la explotación de los hidrocarburos; la protección de nuestra plataforma continental, y la posibilidad de que aumente el presupuesto en defensa, que ha disminuido tanto, para procurar que sean defendidos nuestros derechos soberanos, no solamente sobre nuestro mar sino también sobre la Antártida.
          Ciertamente nosotros queremos colaborar con el gobierno para procurar que haya una política coherente, y no estemos un día aplaudiendo la decisión de la presidenta de la Nación de facilitar los vuelos a las islas Malvinas y al siguiente no entendiendo las políticas beligerantes, la aplicación a veces no ordenada a un fin de una ley no reglamentada. Por lo menos hay que elegir una estrategia. Si efectivamente es bueno –y realmente lo es- que un músico inglés venga a Buenos Aires y cante para todos los argentinos, también lo es que los comerciantes de una provincia reciban a un crucero y tengan la posibilidad de venderle elementos importantes para su sustento. Eso es incoherencia. Entonces, para procurar esto, vamos a ser activos respecto de nuestras propuestas en la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto.
          Por mi parte, participo de la necesidad de considerar a los isleños como extranjeros que viven en territorio argentino. Como tales, debemos proveerlos de los mismos derechos que tienen otros extranjeros que viven en el territorio continental. Por ejemplo, estamos proponiendo –lo hemos presentado ayer la posibilidad de que la Universidad de Buenos Aires otorgue becas a los estudiantes de las islas que quieran venir al territorio. En el día de hoy hemos presentado un proyecto por el que se pretende implementar un puente sanitario para que desde el continente se ofrezca permanentemente la alternativa de que si un isleño sufre una crisis o presenta algún problema pueda atenderse en distintas especialidades de los hospitales argentinos. Además, propiciamos otra iniciativa a fin de que en algún capítulo del Mercosur se incluya la medida de comenzar a trabajar ya sobre la política de la Antártida, así como también otros proyectos  vinculados con el turismo y la radiodifusión para lograr una relación más fluida.
          Ciertamente este es el homenaje a los héroes de Malvinas, a todos aquellos que lucharon por la soberanía, pero también a aquellos de la Vuelta de Obligado, que soportaron el bloque anglo-francés, y a los que ingenuamente creímos y luchamos en el año 1982 entendiendo que esta causa justa debía defenderse de cualquier manera. Muchos nos equivocamos, pero no seamos hipócritas; una cantidad de personas estuvo tratando de alentar la posibilidad de que las islas Malvinas sean nuestras. (Aplausos.)

Sr. Presidente (Negri).- Tiene la palabra la señora diputada por Buenos Aires.

Sra. Mendoza (M.S.).- Señor presidente: pensar en Malvinas como un hecho aislado es desconocer nuestra propia historia.
          Los argentinos hemos luchado durante años contra la colonización, pero la colonización no se expresa solamente a través de un conflicto bélico. Hemos luchado contra la colonización económica de los países hegemónicos. ¿Quién puede decir que esperar que el FMI apruebe una medida para luego ser implementada en nuestro país no es sinónimo de colonización?
          Hemos luchado contra la colonización cultural, social y política que nos han impuesto durante años aquellos que creían tener la verdad absoluta. Esto ha cambiado, no por suerte ni por azar; ha cambiado por la voluntad manifiesta y la decisión política de un hombre que se llamó Néstor Kirchner, que en el año 2003 asumía la presidencia de la Nación. Él nos empezó a hablar de Estado, no de mercado; nos habló de pueblo, no de corporaciones; nos habló de justicia, no de indultos; nos habló de patria, no de colonia.
          Fue así como poco a poco comenzamos a transitar el camino de sentirnos argentinos, de recuperar la autoestima, de creer que podemos ser los forjadores de nuestro propio destino. Sabemos que es posible una Argentina de los argentinos. Aprendimos del gaucho Rivero y Dardo Cabo, pasando por San Martín, Belgrano, Rosas, Yrigoyen, Perón, Eva Perón, todos los héroes anónimos de la historia argentina y los 30 mil compañeros desaparecidos.
          Estos hombres y mujeres viven en el corazón de miles y miles de jóvenes que, como yo, volvieron a creer en la política de la mano de Néstor Kirchner; volvieron a tener conciencia y a defender sus convicciones. Vuelve a tener sentido el sentirnos soberanos.
          Malvinas es un paso más que tenemos que dar en pos de nuestra soberanía, quizás el más importante como patria, no por el hecho de tener un territorio más sino por recuperar lo que es nuestro, de todos y cada uno de los argentinos.
          Más importante aun es demostrar a la humanidad que este siglo XXI nos debe encontrar unidos y organizados en búsqueda de la paz. Convocamos a todos los que no se hacen cargo de esta causa nacional a que revisen la historia. Estamos convencidos de que llegarán a la conclusión de que Malvinas fue una guerra sin sentido de una dictadura en retirada.
          Debemos recordar y replicar la lealtad, el valor, el patriotismo y el sacrificio generoso de todo un pueblo que ya no está solo, porque hoy nos gobierna Cristina Fernández de Kirchner que siente, al igual que nosotros, que la nacionalidad no se puede recuperar de rodillas.  La nacionalidad se recupera a través de la paz, del diálogo, del amor y de la dignidad, defendiendo los valores y la integración nacional de nuestra tierra.
          Nuestra presidenta, con un mensaje claro, sencillo y contundente, ha conmovido en lo más profundo a los pueblos latinoamericanos y al resto del mundo.  Por eso hoy podemos decir orgullosos que Argentina no está sola en este legítimo reclamo. Hoy nuestra patria también es la patria grande.
          Sin más armas que el diálogo y el amor elevamos las banderas más puras que podemos hacer flamear: la recuperación de nuestro país, porque el pueblo argentino tiene memoria y busca la verdad con justicia y en democracia por nuestra soberanía. (Aplausos.)

Sr. Presidente (Negri).-  Tiene la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Sr. Lozano.- Señor presidente: haciéndome eco de las palabras pronunciadas al inicio de esta sesión por nuestro compañero, el señor diputado Juan Carlos Zabalza, vengo  a plantear desde el bloque Unidad Popular, que integra el Frente Amplio Progresista, que cuando repudiamos el golpe de Estado lo hacemos repudiando el terrorismo de Estado y los treinta mil desaparecidos, las secuelas del endeudamiento externo y la destrucción productiva, pero lo hacemos también repudiando la aventura irresponsable que supuso la guerra de Malvinas, porque no sólo nos hizo retroceder posiciones importantes que se habían ganado en el concierto internacional en la pelea por su recuperación, sino que a su vez significó la inmolación de miles de jóvenes que dieron la vida en ese lugar y de otros miles  que frente a la incomprensión y el desdén de buena parte  de las instituciones en muchas ocasiones terminaron suicidándose o en crisis familiares profundas.
          Desde esa concepción venimos a decir que compartimos la Declaración de Ushuaia que estamos considerando en este momento. Lo hacemos porque resume adecuadamente el conjunto de las principales claves que han sido la característica de la política exterior de los gobiernos democráticos de la Argentina en términos de la reivindicación de nuestra soberanía, de garantizar nuestra integralidad territorial y de la denuncia de carácter colonial de la política imperialista de Gran Bretaña.
          Hecha esa aclaración quiero agregar que nuestro respaldo apunta también a seguir dando batalla para comprometer una política exterior en esta materia que garantice la obtención de determinados elementos que luego puedan incidir en el logro del objetivo que todos estamos buscando, que es obligar al Reino Unido a discutir lo que no quiere, es decir, la soberanía argentina sobre las islas Malvinas.
          En ese sentido, entendemos que es imprescindible avanzar en una estrategia que nos permita superar lo que es la presentación de los planteos en el plano del derecho y de los distintos foros internacionales. Esto hay que seguir haciéndolo, pero al mismo tiempo debemos plantearnos la necesidad de desarrollar una estrategia integral y sistémica que se pueda hacer cargo en forma absoluta del conjunto de los problemas que se presentan en torno a la discusión sobre Malvinas.
          Es en ese punto en el que nos debemos replantear de qué manera empezamos a revisar la relación con el capital extranjero y trasnacional en general.  Es en ese punto en el que debemos empezar a revisar la política que hemos llevado a cabo en materia de recursos naturales, básicamente pesca, minería y petróleo.  Es también en ese punto en el que nos debemos plantear la necesidad de una propuesta estratégica en materia de defensa nacional y de desarrollo de la industria naval, a efectos de elevar el costo de la presencia de los ingleses en Malvinas. Por ello, entendemos que también es importante ubicar el tema Malvinas en el centro del debate latinoamericano.
          Podría sintetizar en dos consignas lo que estoy señalando: por un lado, las Malvinas son Argentinas y, por el otro, Malvinas en realidad debe ser pensada como territorio latinoamericano.
          Podríamos hacernos algunas preguntas simplemente. Podríamos preguntarnos si las políticas que estamos aplicando sobre el capital británico en nuestro país en lo que hace a nuestras relaciones comerciales, financieras, productivas y de inversión son consistentes con el reclamo de Malvinas que nos estamos dando.
          También podríamos preguntarnos si en realidad no deberíamos estar discutiendo el papel de la British Petroleum dentro de nuestro país. También podríamos estar discutiendo, luego de la denuncia hecha por el canciller Timerman, el tema de que uno de los accionistas de la British Petroleum forma parte de la petrolera BlackRock, que en realidad forma parte de las exploraciones que se llevan adelante en Malvinas.
          Asimismo, podríamos preguntarnos sobre el papel de la Barrick Gold que tanto hemos discutido sobre la minería a cielo abierto, ya que en realidad la Barrick Gold tiene el 33 por ciento de la petrolera Rockhopper que también está explorando en Malvinas. Tiene el 25 por ciento de la Desire Petroleum y el 37 por ciento de la Falkland Oil.
          Podríamos discutir sobre el papel del banco Barkley en el canje de deuda reciente de la Argentina. Lo que estoy tratando de decir es que es hora de que lo que aprobamos en este Congreso, que fue la ley 26.659, tenga correlato concreto para poder darle consistencia a buena parte de lo que la declaración que estamos aprobando hoy está señalando y sosteniendo.
          Nos estamos preguntando también qué impide que nosotros pongamos en marcha las inversiones para desarrollar la industria naval que necesitamos, para poder cubrir nuestras fronteras marítimas, y cómo podemos pensar el tema de una política nacional que involucra por ejemplo la cuestión de la radarización de la Patagonia.
          Para decirlo en la consigna: las Malvinas son argentinas y la Argentina también. Y termino con el último punto, que se refiere a las Malvinas como territorio latinoamericano.
           Estamos en un mundo diferente. Así como la Unión Europea le dio status de territorio europeo de ultramar a las Islas Malvinas en función del acuerdo con Gran Bretaña, nosotros debemos promover una nueva institucionalidad en el marco de la UNASUR, que nos permita discutir una pelea conjunta en cuanto al tema de las Malvinas en el Atlántico Sur.
          Esa pelea conjunta debe involucrar no sólo a los sentimientos sino también poner en conjunto los recursos ictícolas, hidrocarburíferas, mineros y toda la proyección antártica y la biodiversidad en el marco de una plataforma de integración regional.
          Nosotros estamos convencidos de que las Malvinas volverán a ser argentinas el día en que también sean territorio soberano de 400 millones de sudamericanos. (Aplausos.)

Sr. Presidente (Negri).- Tiene la palabra el señor diputado por Jujuy.

Sr. Llanos.- Señor presidente: esta Declaración de Ushuaia reafirma una vez más la voluntad irrenunciable de este Congreso de la Nación, tanto de los senadores que representan a las provincias como de los diputados que representamos al pueblo argentino, a un derecho irrenunciable e imprescriptible de la soberanía sobre las Islas Malvinas e Islas del Atlántico sur.
          Realmente, cada vez que surge este tema y se lo plantea con fuerza demostramos que este es un tema que anida en el espíritu argentino y con mucha fuerza reivindicamos todo el trabajo que se ha hecho por los distintos gobiernos tratando de sostener lo que nos corresponde.
          Lo único que no reivindicamos es una dictadura asesina, que cuando veía que se caía a pedazos trató de sujetarse a una causa nacional y llevó a cientos de jóvenes argentinos a perder la vida en el archipiélago del sur.
          Pero vemos con preocupación que una clase argentina, que se autodenomina intelectual, busque como siempre congraciarse con los poderes foráneos en detrimento de los intereses nacionales. Vemos cómo tratan de justificar que debemos sentarnos a negociar con los ingleses en una situación clara de inferioridad y nos hablan de derecho de autodeterminación.
          El imperio colonial británico ha tenido siempre la idea de un dominio ecuménico. Hace siglos que pergeñó una estructura para poder dominar todos los pasos marítimos importantes y estratégicos. En una cuestión geopolítica se apropió por la fuerza de muchos de los enclaves que hoy todavía sostiene y hay otros que ha ido perdiendo paulatinamente a medida que el imperio británico se fue desintegrando y fue perdiendo la supremacía como primera potencia en el mundo.
          No es casual que haya colonias como Hong Kong, Singapur, India, Australia, Sudáfrica y las Islas Malvinas, todas geopolíticamente muy bien colocadas, para tratar de dominar todo lo que es el espacio y el transporte marítimo mundial.
          Hemos escuchado cómo el gobierno británico, ya sin argumentos, porque no tiene razones ni geográficas ni historias, ha tratado inclusive a la Argentina como un país colonialista. Y vemos cómo una clase argentina simpatiza con esta posición británica simplemente para quedar bien, y nos hablan de que los ingleses tienen razón o que diplomáticamente son más correctos que nosotros.
          Son los mismos que nos tratan de decir que todo lo que sea europeo es más refinado, intelectualmente superior, y que todo lo que sea latinoamericano es de segundo orden o de segunda calidad.

- Ocupa la Presidencia la señora vicepresidenta 1ª de la Honorable Cámara, doña Norma Amanda Abdala de Matarazzo.

Sr. Llanos.- También se ha dicho que el gobierno necesita una estrategia clara para poder sostener sus reclamos sobre Malvinas. Este gobierno tiene una estrategia clara. No es casual que los gobiernos latinoamericanos estén apoyando la posición argentina. Esto se debe a un trabajo de la diplomacia argentina en estos últimos años, que ha consistido en abrazar las causas latinoamericanas, acercarnos a nuestros hermanos latinoamericanos, revalorizar nuestra cultura, nuestra historia, nuestra geografía, y entender como decía un compañero preopinante que la causa de Malvinas para poder culminar con éxito, o sea que sean reintegradas al territorio nacional, tiene que ser una causa latinoamericana.
          El mundo viene cambiando a pasos agigantados. Los países latinoamericanos otrora de segundo orden, otrora periféricos en un mundo en que la industrialización cobraba mayor valor, hoy tienen una posición privilegiada como proveedores de materias primas a las potencias de China e India que se abren al mercado.
          Necesitamos seguir reforzando esta política, necesitamos seguir acompañando al gobierno nacional que tiene una estrategia inteligente, una política clara sobre el tema de Malvinas.
          Nosotros vamos a seguir trabajando y considero que esta declaración que hará el Congreso de la Nación reafirmará una vez más repito nuestra voluntad inquebrantable de seguir trabajando en todos los foros y por todos los medios para recuperar algo que nos corresponde. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra la señora diputada por Neuquén.

Sra. Guzmán.- Señora presidenta: el próximo 2 de abril se cumplirán treinta años de la guerra cuyo triste final sembró un hondo sentimiento de dolor e impotencia en los corazones de millones de argentinos.
          Lo que comenzó como una gesta patriótica que todos y cada uno de nosotros sentimos como una causa propia, terminó enlutando a la Nación toda bajo un pesaroso clima de derrota por lo que no pudo ser, y de profundo desconsuelo por los héroes que dejaron allí su ilusión y su sangre.
          Un sinfín de acontecimientos de índole diversa se sucedieron desde aquel pasado hasta este presente, todos ellos factores que produjeron sustanciales cambios en la configuración política, económica y social del país. Pero si hay una cuestión que no ha experimentado modificación alguna en el sentir nacional, es el deseo de recuperar pacíficamente lo que nos fue arrebatado, de defender nuestra integridad territorial en su totalidad, de que nuestro pabellón nacional vuelva a flamear en aquel terruño lejano pero jamás olvidado que constituyen nuestras Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.
          Amparados en nuestras convicciones, así como en las recomendaciones de la comunidad internacional en su conjunto, los argentinos deseamos reencauzar por vía diplomática las negociaciones para recuperar de hecho aquello que por derecho constituye, desde el inicio mismo de nuestra historia independiente, parte inapreciable de nuestro patrimonio nacional.
          Y es sumamente importante resaltar que abogaremos por la restitución de la soberanía sobre dichos territorios de forma pacífica, privilegiando –una vez que nos sean devueltos- el respeto por el modo de vida y las costumbres de las familias británicas afincadas allí, lo que sin duda constituirá la piedra basal para una convivencia armoniosa con el resto de los ciudadanos argentinos.
          A los caídos en aquella confrontación armada innecesaria, les rendimos homenaje cada día por su valor y coraje demostrados. Es una de las causas que más pasión despierta en nuestro pueblo. Sus vidas deben ser honradas con una profunda reflexión acerca de la necesidad de anteponer la paz a cualquier intento de Gran Bretaña de agitar las aguas para obtener un rédito político del conflicto.
          Hoy más que nunca la Argentina debe efectuar una demostración de madurez y altura para no ingresar en el terreno de las declaraciones y acciones descalificadoras en lo que a la disputa respecta. Esto puede llevarnos por el riesgoso, lamentable y conocido camino del conflicto armado, sin perjuicio de mantener vivo, firme y bien en lo alto el reclamo por la legítima soberanía por nuestras islas.
          Siento orgullo por los cientos de soldados que dejaron sus vidas en defensa de nuestra patria. Jamás olvidamos ni olvidaremos nuestros derechos sobre aquellas tierras. Por el peso de la historia que debe ser aleccionadora, es que no debemos claudicar en nuestro pacífico reclamo, para que de una vez por todas se haga justicia.
          Los varios proyectos que desde mi espacio político he impulsado en torno a esta causa, así como este documento que nos aprestamos a ratificar cuya extrema importancia se ve exaltada por el apoyo unánime que ha recibido por parte de todos los diputados, son claras muestras de que tal como reza nuestra solemne y emotiva Marcha de las Malvinas: “Tras su manto de neblinas, no las hemos de olvidar.” (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra la señora diputada por Tucumán.

Sra. Gallardo.- Señora presidenta: hace pocos días, más precisamente entre el 6 y el 8 de marzo, se realizó en San José de Costa Rica la XXIV Reunión del Comité Ejecutivo de la Confederación Parlamentaria de las Américas.
          Para interiorizarnos lo que es COPA –tal es su sigla- permítanme decirle que se trata de una organización  que reúne a los Congresos y a las Asambleas Parlamentarias de los Estados unitarios, federales, federados y asociados; los Parlamentos regionales y las organizaciones interparlamentarias de las Américas.
          COPA nació en 1994 a instancias de la primera Cumbre de las Américas, que se realizó en Miami, con la participación de treinta y cuatro jefes de Estado de los treinta y cinco países del continente. La primera Asamblea General de COPA se efectuó en septiembre de 1997 en la ciudad de Quebec, Canadá.
          COPA tiene por objeto promover acciones con el fin de asegurar que nuestro continente se mantenga como zona de paz, donde imperen los principios de la democracia representativa y participativa, con justicia social; la protección de los derechos humanos; la equidad entre los géneros; y las formas de integración o complementación económica que más convengan a nuestros respectivos países o grupos de países.
          Durante la XXIV Conferencia del Comité Ejecutivo de COPA que se realizó en Costa Rica, los parlamentarios argentinos hemos participado de esa asamblea, proponiendo que se incorpore en el Orden del Día la adhesión de COPA a la posición argentina sobre las Malvinas. Nos basamos en la declaración consensuada hace poco por parlamentarios en Ushuaia.
          La delegación argentina que participó en la Asamblea estuvo integrada por senadores y diputados de este Congreso. Estuvo presente la senadora Bidegain y quien les habla. Asimismo participaron legisladores de nuestras provincias: Tucumán, Salta, Santa Fe, etcétera. Entre todos hemos consensuado el texto basado en la Declaración de Ushuaia. Fue incorporado en el orden del día para ser considerado por la Asamblea, siendo debatido ampliamente.
          Quiero destacar que esa Asamblea fue presidida por el señor Jacques Chagnon, representante de Canadá.
          Gracias a la intervención de parlamentarios de países como México, Paraguay, Uruguay y Brasil nuestra propuesta fue aprobada y suscripta por todos los presentes.
          Con el permiso de la Honorable Cámara me permito leer esta adhesión para que sepan cómo quedó finalmente redactada y la adhesión de COPA a la posición argentina sobre Malvinas.
          Dice así: “Nosotros, los parlamentarios de América reunidos en San José de Costa Rica, del 6 al 8 de marzo de 2012, en el marco de la XXIV Reunión del Comité Ejecutivo de la COPA y del Comité Ejecutivo de la Red de Mujeres Parlamentarias:
          “1. Manifestamos nuestra solidaridad y nuestro más firme respaldo a los legítimos derechos de la República Argentina en la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.
          “2. Nos hacemos eco de los pronunciamientos emitidos en los últimos días por diversos foros regionales y birregionales como las Cumbres Iberoamericanas, el Grupo de los 77 y China, el Consejo de Jefes y Jefas de Estado y de Gobierno de la UNASUR, los Presidentes de Estados Partes del Mercosur y sus Estados asociados, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que han expresado un contundente respaldo a la posición argentina.
          “3. Reiteramos el permanente interés de los países de la región en que los Gobiernos de la República Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte reanuden las negociaciones a fin de encontrar una solución pacífica y definitiva a dicha disputa, en el lapso más breve posible.
          “4. Destacamos la importancia de observar lo dispuesto por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante Resoluciones 2065, 3160, 31/49, 37/9, 38/12, 39/6, 40/21, 41/40, 42/19 y 43/25, que instan a las dos partes a proseguir las negociaciones, en el marco de la Carta de las Naciones Unidas y del Derecho Internacional, conforme a las recomendaciones del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, y a que se abstengan de adoptar decisiones que entrañen la introducción de modificaciones unilaterales en la situación mientras las Islas estén atravesando por el proceso recomendado por la Asamblea General.
          “5. Manifestamos nuestra preocupación por la violación de la Zona de Paz (…) por parte del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, mediante presencia militar extra regional y de armas nucleares en el Atlántico Sur.
          “6. Celebramos que el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte haya manifestado su voluntad de recurrir a la Unión Europea para informar sobre los recientes acontecimientos en la controversia entre ambos países. Apoyamos la propuesta argentina de que la Unión Europea junto con la UNASUR analicen la ‘Cuestión Malvinas’.”
          Por consiguiente, deseo destacar que esta declaración de los representantes de los pueblos de todos los países del continente americano viene a sumarse a las tantas otras predecesoras, gracias al sentimiento de unidad que desde este gobierno se viene generando en toda Latinoamérica. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
Sr. Harispe.- Señor presidente: todos coincidimos en que el proyecto en consideración honra al Congreso. La voluntad de unidad y de opinión común sobre un tema tan importante y tan caro al corazón, el pensamiento, los sentimientos nacionales, no representa un esfuerzo sino una oportunidad. Entendemos que el concepto de soberanía alude no sólo al territorio, a la bandera, sino que además conlleva la idea de lo nacional y popular.
          En todo este tiempo, desde hace ocho años, el gobierno viene llevando adelante políticas públicas en beneficio de amplios sectores de la sociedad, y el esfuerzo de integración social se halla en relación con el de integración territorial, de unidad geográfica. Éste es el gran esfuerzo que venimos haciendo todos los argentinos.
          Hay cuarenta millones de compatriotas unidos por la causa de Malvinas, en torno de orientaciones y políticas públicas que buscan la regulación, por parte del Estado, de la producción y distribución de bienes y servicios.
          Todos estamos de acuerdo en que los argentinos nos hallamos en camino y en proceso de regular el transporte, el comercio exterior, el mercado financiero –a esto último hemos apuntado con el proyecto sancionado en la sesión anterior-, mediante el desarrollo de políticas públicas que doten al país de una economía competitiva y sustentable para el bienestar y la felicidad de nuestro pueblo.
          Existe una Latinoamérica unida, un pueblo unido, y además, nuestro gobierno ha sido solidario con los procesos democráticos y populares del continente. Varios señores diputados han mencionado el esfuerzo de Néstor Kirchner en la Unasur en la tarea de frenar intentonas golpistas oligárquicas en países de América Latina. Por lo tanto, perseguimos la unidad territorial argentina y latinoamericana, y allí están las Malvinas, ese lugar que algunos denominan  “Amazonia azul”, es decir que se trata no de un territorio vacío, desértico o gélido sino de un reservorio de riquezas en hidrocarburos y biodiversidad.
          En tal sentido, un señor diputado hizo un racconto del ciclo del calamar illex, aunque éste es uno de los tantos aspectos de esa Amazonia azul, esa diversidad biológica y riqueza energética, que representa un futuro para el desarrollo y la inclusión social de esa región, entendida como América Latina.
          Por otro lado, la presente sesión nos da la posibilidad de ratificar, como todos venimos haciéndolo, la existencia no sólo de colonialismo sino también del concepto de imperialismo: un gobierno que busca militarizar un conflicto con una nación soberana, digna y en desarrollo, en proceso de recuperar la soberanía nacional y popular en términos totales. Se trata de un gobierno de corporaciones, en un país donde un grupo de intelectuales y artistas sostienen que las Malvinas deben ser argentinas.
          Sin embargo, mientras eso ocurre, en la Argentina hay diecisiete intelectuales con pensamiento pro británico, que deberían ser repudiados por el Congreso ya que sostienen una ideología que lesiona la voluntad de integridad social y territorial de nuestro pueblo. Por ello, reitero, merecen el repudio del Parlamento.
          La Declaración de Ushuaia, que representa la unidad política sentimental y conceptual del Congreso, expresa el interés nacional sobre el de las partes. Los peronistas siempre hemos dicho que primero está la patria, después, el movimiento, y por último, los hombres. Ello ratifica el contraste con el pensamiento de esos diecisiete intelectuales probritánicos, que en la Argentina nada tiene que ver con el pensamiento unitario que aquí se expresa. 
          No tengo dudas del fracaso del colonialismo históricamente, porque aunque tiene cientos de años, en la Argentina como en todo el mundo va a fracasar como viene fracasando desde hace décadas porque hay pueblos que han ganado y conquistado sus posiciones de soberanía y autodeterminación.
          Nuestro pueblo viene recuperando cuotas altísimas de soberanía y autodeterminación. Por eso, como los 2 de abril vienen siempre después de los 24 de marzo, me atrevo a invitar al Congreso a movilizarse este 24 de marzo a las 18 horas, porque los héroes de Malvinas van a estar con los héroes y mártires de nuestro pueblo para recordar esa fecha.
          Por eso, señora presidenta, decimos siempre que la patria existe y la liberación es posible. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra la señora diputada por Misiones.

Sra. Perié.- Señora presidenta: la verdad es que personalmente siempre pensé que la causa de las Malvinas y la pelea por la soberanía, que tan internalizada tenemos, era solamente un tema de los argentinos.  Sin embargo, como ya han dicho otros diputados preopinantes, es un tema latinoamericano.
          Quiero compartir con ustedes lo que me sucedió en 1982, cuando estaba exiliada en la República de Panamá.  Ustedes saben que los peronistas en el exilio –varios de los aquí presentes han pasado por esa situación teníamos relaciones políticas con los gobiernos que eran afines y que nos daban el asilo, y compartíamos la política e incluso algunos han compartido hasta los gobiernos.
          Es así que cuando en 1982 sucede lo que sucedió y que ya se mencionó aquí, el gobierno de Panamá pertenecía en ese momento al Partido Revolucionario Democrático, cuyo líder había sido Omar Torrijos, ya muerto en ese momento pero quedaba su herencia como partido gobernante.  Ese gobierno nos convoca a los peronistas y nos dice que va a fletar un chárter a Buenos Aires, que si pudiera llegar a las Malvinas sería muy bueno, y me piden que yo acompañe ese chárter.
          Reunimos 80 dirigentes jóvenes de todos los partidos políticos de México, Panamá, Cuba, Venezuela, República Dominicana, Costa Rica, Brasil, Paraguay, Uruguay, Perú y Chile. Por eso digo que ésta es una causa latinoamericana.
          Llegamos a Buenos Aires no sin inconvenientes, porque nos tuvieron cuatro horas parados en Ezeiza para ver quiénes éramos, qué hacíamos y qué veníamos a hacer.  Recuerden que todavía estaba la dictadura. En Ezeiza nos recibió quien es hoy embajadora argentina en la República de México, la compañera Patricia Vaca Narvaja, y quien es hoy ministra de Seguridad de todos los argentinos, la doctora Nilda Garré.
          Tuvimos dos días de intensa actividad, entre ellas una cena a la que concurrió Vicente Leónidas Saadi, quien después fue uno de los fundadores de la línea interna del peronismo llamada Intransigencia y Movilización Peronista, y también había muchos radicales, como Laferriere y el Coti Nosiglia, que compartieron aquella actividad.
           Al otro día fuimos a una cancha de fútbol porque todos los jóvenes habían traído banderas de sus países.  Aquí sucedió otra cosa que quiero compartir. Después de que fuimos a esa cancha aparecieron las fotografías en la revista Siete Días. Yo tenía a mis tres hermanos presos y ellos me contaron después que se enteraron de esta historia por medio de esa revista. Incluso me lo comentó el diputado “Lobi” Antonucci, de la provincia de Buenos Aires, que también había sido partícipe de esta conversación.
          Esto no termina acá. Mi compañera de bancada me dijo “trajiste un papiro, Julia”.  Esto que traje es la lista de los casi 80 compañeros que vinieron conmigo en esa delegación y que yo conservé por treinta años. Con algunos me he comunicado a través de Internet.
          Quiero terminar este discurso leyendo dos mails que me han mandado para este día, que para mí es histórico, porque esta política que lleva adelante nuestra presidenta también es histórica; no es ni para el discurso ni para quedar bien con algunos. Es histórica porque nosotros estamos convencidos de lo que estamos haciendo cuando salimos a todos los foros internacionales a decir que las Malvinas son nuestras.
          Como dije, voy a compartir con todos ustedes los dos mails que recibí. Uno de ellos viene de Panamá y dice así: “Desde Panamá podemos dimensionar la lucha del pueblo argentino por el reintegro de las Malvinas ya que vivimos tutelados y con presencia del coloso imperialista. Es por ello que decimos, desde Panamá, “basta ya de resabios colonialistas” y a unirse en un coro “las Malvinas para Argentina y un solo territorio, una sola bandera”. Andrés Muñoz, militante nacionalista y hermano de lucha del pueblo argentino.”
          El otro mail dice lo siguiente: “Querida compañera diputada Julia Perié: En abril de 1982, en mi condición de diputado por el MDB paulista, tuve la honra de viajar a Buenos Aires, por delegación del cardenalarzobispo de Sao Paulo, don Paulo Evaristo Arns, al frente de un pequeño grupo de brasileños. Estaban conmigo la doctora Margarida Genevois, presidenta de la Comisión de Justicia y Paz, el diputado Sergio Santos y el dramaturgo Idibal Piveta, con la misión de llevar la solidaridad brasileña al soberano derecho de posesión de la Argentina sobre las islas Malvinas. Pasados treinta años, nuestro sentimiento no cambió. Seguros de reflejar la opinión de la mayoría de los brasileros, pedimos que la diputada reitere al Congreso Nacional nuestra disposición de continuar luchando por un derecho inalienable: la soberanía de Argentina sobre las Malvinas. Tres décadas después, continuamos proclamando: “¡las Malvinas son Argentinas!”. Reciba un abrazo de amigo, Fernando Morais, periodista y escritor.”
          Estos son los mails que quería compartir con todos ustedes. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra el señor diputado por Tierra del Fuego.

Sr. Catalán Magni.- Señora presidenta: he pedido la palabra para acompañar esta iniciativa que han tenido este Congreso y nuestro gobierno. Para mí como fueguino es un tremendo halago que mi primer discurso en este recinto sea para hablar de soberanía, de las Malvinas y de mi provincia.
          Creo que este gobierno ha dejado fuera de discusión el reclamo permanente sobre nuestra soberanía desde una vía pacífica. Varios compañeros de nuestro bloque y algunos de los partidos opositores los referentes más importantes nos han acompañado en nuestra provincia en un acto simbólico. Para nosotros fue tremendamente valorable que la Comisión Bicameral haya ido a sesionar a nuestra casa.
          Este gobierno ha planteado un marco de diálogo y de construcción, desde la vía de defender acérrimamente nuestros derechos sobre nuestra provincia, y obviamente sobre nuestras islas, pero desde un lugar estrictamente pacífico. Cada uno ha planteado su posición y ha dado su opinión, y gracias a Dios lo han hecho en una misma línea: dejando fuera de discusión que esto es una política de Estado, que debemos ser responsables de la defensa de nuestra soberanía y que debemos trabajar fuertemente y no bajar los brazos para, desde la vía del diálogo, llegar a buen puerto en este tema y poder tener no sólo la soberanía territorial sino también los recursos marítimos que circunden el lugar.
          También quiero agradecer fuertemente a cada uno de los que han acompañado esta iniciativa, tanto a los miembros de este cuerpo como a los referentes sindicales y de cada una de las instituciones que se han acoplado a esta iniciativa. Los fueguinos nos sentimos muy contenidos y acompañados por este reclamo que se ha conseguido de todo el pueblo argentino.
          En 1982 se vivió una época lamentable y dura para la historia argentina cuando un gobierno no elegido por el pueblo tomó una decisión muy fuerte que lastimó mucho al pueblo argentino. El actual gobierno está muy distante de aquella situación pues es democrático, y todo un continente está acompañándonos y ayudándonos en la defensa de nuestra soberanía.
          A ello hay que sumar que varios países del mundo que han sufrido la invasión de Gran Bretaña han tomado como emblema nuestra forma de defender los derechos sobre nuestras Malvinas.
          Cabe destacar lo que ha logrado este gobierno cuando solo unos días atrás en la Casa Rosada reunió a todos los referentes políticos, sindicales, de las fuerzas armadas y a los ex combatientes, todos los cuales acompañaron y estuvieron de acuerdo con la decisión del gobierno. Como miembro del Frente para la Victoria y fueguino considero que ese fue un tremendo gesto de unión en la defensa de nuestra soberanía.
          Por otra parte, cuando fuimos a mi provincia, la capital de las islas, sentí nuevamente el acompañamiento de mis pares, de todo el pueblo fueguino y de todos aquellos que dejamos fuera de discusión que esta es una política a llevar adelante entre todos por la vía del diálogo y el trabajo mancomunado.
          Como fueguino nativo e integrante de este cuerpo colegiado me siento tremendamente agradecido y gratificado por todo lo que ha hecho cada uno, y expreso mi agradecimiento y el homenaje eterno para aquellos que dejaron su vida defendiendo nuestra bandera, nuestra soberanía y nuestras islas. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Sr. Cortina.- Señora presidenta: suscribo todo lo que han planteado otros diputados integrantes del interbloque del FAP, pero quiero hacer un abordaje distinto.
          En julio de 1816 había muchos caminos posibles para el futuro de la Nación Argentina: algunos priorizaban las luchas intestinas; otros rápidamente querían quedar bien con la monarquía y la santa alianza que duraría mucho tiempo en Europa, y otros soñaban con constituciones y repúblicas. Sin embargo, quienes en julio de 1816 fueron a Tucumán jerarquizaron una sola cosa: ser independientes. Eso fue lo que los hizo coincidir en Tucumán en 1816.
          Luego hubo cincuenta años de guerras civiles hasta que se fue conformando la Nación Argentina, por supuesto que con el sesgo de los sectores dominantes.
          Estoy seguro de que Malvinas es una de las causas más sentidas por el pueblo argentino, no la compararía con el 9 de julio de 1816 ni auguro las vicisitudes que tuvimos los argentinos en la segunda mitad del siglo XIX. Sin embargo, podemos aprovechar Malvinas para reflexionar sobre algo muy importante: el concepto de Nación.
          ¿Qué es Nación para nosotros en pleno siglo XXI? ¿Qué es esto de ser independientes de toda otra dominación extranjera, como se dijo en Tucumán en julio de 1816?
          Deseo reflexionar sobre la unidad latinoamericana, que es el principal capital político que tiene en este momento la Argentina para abordar este tema. También debemos recapacitar sobre la necesidad de tener la madurez para convertir el tema de Malvinas en una política de Estado, diferenciar la política doméstica que muchas veces es incruenta en nuestro país inútilmente y mostrarnos unidos a fin de que el Congreso, a través de ambas cámaras, emita la señal que debe transmitir al mundo.
          Es necesario abordar este tema con generosidad e inteligencia, tanto el oficialismo como la oposición. Sinceramente no me molesta ir a la Casa Rosada si me invitan en forma oficial porque se hará un anuncio sobre Malvinas. Podré estar de acuerdo o no, pero se trata de las islas Malvinas.
          El oficialismo debe hacer una convocatoria generosa y amplia para que sea escuchada incluso por el propio oficialismo; solo pensando juntos podremos elaborar una política de Estado que estará en el corazón de todos los argentinos.
          Es valioso, porque estamos en democracia obviamente, que distintos grupos de intelectuales, periodistas y ciudadanos opinen sobre el asunto, ello hace a la esencia de la democracia; pero no puedo dejar de señalar que es un grave error compatibilizar el reclamo de la soberanía con el deseo de los isleños. Esa es la principal pantalla argumentativa de la experimentada diplomacia británica, y esto es histórico. Es un error que el Congreso no puede convalidar; sí puede respetar esa  posición, pero no convalidarla. Ante todo, debemos defender la soberanía.
          En el mundo global en el que estamos insertos, pensar –como he escuchado decir a algunos señores diputados que debemos dar un tratamiento no emocional a empresas que tengan intereses en el Atlántico Sur o boicotear en bloque a dichas empresas, es una ingenuidad como lo es que fortaleciendo nuestra industria naviera –que es algo que debemos hacer vamos a disuadir a uno de los dueños de los mares desde la época de Trafalgar.
          El camino es otro; es el del respaldo de los países de Latinoamérica; el respaldo global; la paz, la democracia y el diálogo.
          Por todo lo dicho, el bloque del Partido Socialista suscribe esta resolución. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Deseo informar a los señores diputados que en este momento se encuentran presentes en las galerías ex combatientes de Malvinas. (Aplausos y manifestaciones en las bancas y en las galerías.)

Sres. Diputados y público asistente.- ¡Viva la patria!

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Las personas que nos están acompañando son ex combatientes de Malvinas que pertenecen a la provincia de Santiago del Estero, con quienes he compartido siete años de intendencia. También se encuentran presentes ex combatientes de las provincias de Salta, Jujuy y Tucumán, que salieron desde la ciudad de La Quiaca y se dirigen a Ushuaia para compartir el acto oficial que se llevará a cabo el 2 de abril con la presencia de la señora presidenta de la Nación, doctora Cristina Fernández de Kirchner.
          Tiene la palabra el señor diputado por Santiago del Estero.

Sr. Oliva.- Señora presidenta: aunque en esta Cámara hemos abordado en los últimos tiempos temas muy relevantes y trascendentes para el interés de nuestro país, no tengo dudas de que la cuestión Malvinas es central para la Argentina y reviste más importancia que muchos de los temas que hemos considerado en este recinto.
          Por esa razón celebramos el hecho de que en esta sesión estemos abordando el tema Malvinas mediante el tratamiento de este proyecto de declaración que hemos suscripto los integrantes de la Comisión de Relaciones Exteriores de esta Honorable Cámara, sin olvidar que lo propio hicieron los miembros de la Comisión de Relaciones Exteriores del Honorable Senado cuando tratamos el proyecto en la ciudad de Ushuaia.
          En ese sentido, quiero remarcar el esfuerzo realizado por todos los bloques que componen esta Honorable Cámara para consensuar la redacción del proyecto.
          También deseo expresar mi satisfacción por haber estado presente en la ciudad de Ushuaia, donde pude compartir con los fueguinos esta experiencia que ojalá se vuelva a repetir. Por eso, vaya mi agradecimiento a la señora gobernadora de Tierra del Fuego y a los legisladores fueguinos por su hospitalidad, así como a todos los que de una u otra forma han trabajado para que esto pueda concretarse en realidad. Por supuesto que también debo felicitar al presidente de nuestra comisión, el señor diputado Guillermo Carmona, y a los miembros de la comisión del Honorable Senado, ya que han hecho un gran esfuerzo para que esto pueda plasmarse con éxito.
          Este proyecto de declaración aborda a lo largo de los diez puntos que lo componen temas medulares, a los que me quisiera referir.
          En primer término, debo destacar la participación de los países de América del Sur particularmente Chile, Brasil y Uruguay en torno a la cuestión Malvinas. Justamente por eso en el proyecto se hace referencia a este tema en forma expresa, explicitando el profundo agradecimiento de nuestro país.
          Entendemos que el acompañamiento y apoyo que viene recibiendo la Argentina del Mercosur, de la Unión de Estados Americanos y de la UNASUR, entre otros, no constituyen meras expresiones de solidaridad, sino que encuentran fundamento en la convicción de esos organismos, en base a los antecedentes históricos y la legislación internacional, acerca de la legitimidad y coherencia del reclamo de soberanía de nuestro país sobre las islas Malvinas.
          Esta situación también se justifica en el hecho de que la causa Malvinas ha dejado de ser nacional para constituirse en una causa de los pueblos de América del Sur.
          La declaración es contundente al condenar la actitud colonialista y militarista de Gran Bretaña, como también la introducción de armas nucleares.
          Cabe señalar que todos los países del cono sur tienen derecho a aspirar a una América libre de colonialismo y de militarización, porque esta situación se convierte en una latente amenaza para la seguridad de cada uno de sus pueblos.
          Por otro lado, el proyecto expresa una clara condena al colonialismo que se ejerce sobre nuestras islas Malvinas. El colonialismo, como apropiación de porciones de suelo obtenido al amparo del uso de la fuerza o de la superioridad bélica, constituye una de las conductas más reprochables, insostenibles e irritantes de este siglo. Así lo establecen con absoluta claridad todas las normas dictadas por los organismos internacionales. Ya no hay cabida para que en este siglo se mantenga este tipo de situaciones de hecho, que resultan más graves cuando vienen acompañadas de acciones de militarización, como la denunciada por nuestro país en el caso de las islas Malvinas.
          Paradójicamente, es Gran Bretaña uno de los países que promueve el cumplimiento por parte de algunas naciones de las normas internacionales relativas al desarme, mientras que en las islas Malvinas lleva adelante acciones que violan en forma flagrante las mismas normas cuyo cumplimiento exigen a otros países.
          Me gustaría reafirmar la voluntad de la Argentina de continuar los reclamos con firmeza, en el marco de la diplomacia y de la paz, que es el ámbito donde con seguridad se irá fortaleciendo la posición argentina en todos los estamentos. Ese es el ámbito que más incomoda a Gran Bretaña, sin duda, porque faltan razones, porque escasean los fundamentos para mantener en pleno siglo XXI un Estado colonial. De ahí su permanente reticencia a cumplir con la declaración 2065 del año 1965 de las Naciones Unidas.
          Por esas mismas razones se intenta alejar el conflicto del ámbito del diálogo, como lo exhorta las Naciones Unidas, incluso concretando acciones claras de provocación como las que venimos refiriendo. Queda claro que desde el Estado argentino, a mayores provocaciones debemos responder con mayor diplomacia.
          La diplomacia argentina de los sucesivos gobiernos democráticos aspiró siempre a recuperar nuestro territorio malvinense por medios pacíficos. Jamás se consideró otra posibilidad. Por eso resulta oportuna la expresión del miembro informante en aclarar esta cuestión, tomando la sugerencia de la diputada Margarita Stolbizer del día de ayer, en la reunión de comisión, respecto a lo que significaron las acciones llevadas adelante por el gobierno del proceso militar en el año 1982.
          Tenemos plena confianza de que con la tarea diplomática que lleve adelante el Estado argentino en forma sostenida, como una política de Estado que asegure la continuidad y la misma dirección independientemente del gobierno que lo represente, se irán consiguiendo avances relevantes. Y no porque pensemos en forma ingenua que nuestros argumentos puedan conmover al Reino Unido. Todo lo contrario, basta con dimensionar la vocación colonialista de Gran Bretaña, citando -como se dijo- que de las 16 situaciones de colonialismo existentes en la actualidad, 10 son de Inglaterra.
          Debemos apostar a continuar generando en forma creciente el acompañamiento de los países de otros continentes.
          Para la Argentina, las Malvinas y los mares circundantes son parte no escindible de nuestro territorio, son parte de nuestra historia. Para Gran Bretaña, como toda colonia, sus aspiraciones se reducen a una porción de suelo y de mares que representan fuentes de ingresos económicos, a través de la pesca y de la explotación de recursos hidrocarburíferos y minerales.
          Quiero sumarme también al homenaje y al agradecimiento a todos los héroes y soldados de Malvinas que hoy nos están acompañando, y en particular a un comprovinciano, el Pipi Pacheco, a quien saludamos, como a todos los presentes. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra el señor diputado por Tierra del Fuego.

Sr. Sciutto.- Señora presidenta: en principio, quiero sumarme al saludo a estos héroes que hoy nos acompañan, que con tanto esfuerzo han comenzado su viaje allá en La Quiaca, pasando pueblo por pueblo para llegar a nuestra querida provincia de Tierra del Fuego, la provincia que alberga a las islas Malvinas. Seguramente van a ser recibidos con todo el afecto y con todos los honores que se merecen y podrán juntarse con nuestros ex combatientes, los de Tierra del Fuego, –aquí veo a uno, no sabía que estaba aquí- que estuvieron acompañándonos el día que en Ushuaia pudimos dar a conocer a todo el mundo esta declaración que marca la posición inclaudicable del pueblo argentino, representado en este momento por todo el espectro político.
          Muchas veces, como fueguinos, pensamos con un buen egoísmo que las Malvinas eran un poco más nuestras porque pertenecen a nuestra provincia. Pero después de escuchar a diputados de distintas provincias y de diferentes regiones, me doy cuenta de que estaba equivocado, porque las Malvinas son de cada uno de los argentinos, y gracias a Dios el sentimiento se replica en cada pueblo, en cada lugar, en cada escuela de nuestra Argentina.
          Yo tuve la suerte de cruzarme muchas veces en mi vida con la cuestión Malvinas. En principio, el 2 de abril de 1982, cuando ingresé al servicio militar y me llevaron desde La Plata a Puerto Belgrano, y ahí me enteré de que habíamos tomado nuestras islas Malvinas.
          A los seis años de haberme recibido me fui a vivir a Tierra del Fuego, a la ciudad de Río Grande, donde pude sentir el verdadero sentimiento de un pueblo por las Malvinas. Es algo indescriptible, y seguramente cada uno de ustedes tendrá la oportunidad con el tiempo de ir, por ejemplo, a la vigilia en Tierra del Fuego, a la vigilia de Río Grande, ciudad que, gracias a Dios, vamos a poder declarar capital nacional de la vigilia en poco tiempo más, y este Congreso así lo va a acompañar.
          Sentir lo que se vive en Malvinas, el frío, muchas veces la lluvia, muchas veces el viento en la cara, y ver cómo nuestros veteranos conmemoran a los héroes y los caídos en Malvinas, realmente es a mi entender el acto más emotivo que hay en la Argentina. Por lo menos así uno lo siente cuando tiembla de frío, pero el calor humano que acompaña a toda una ciudad hace que se pueda soportar de la mejor manera.
          Este acto empezó en el 84, cuando todavía oficialmente no se conmemoraba en otros lados y, sin embargo, en Río Grande sí lo hacían nuestros ex combatientes. También se hace en Ushuaia y ahora también se va haciendo en distintos lugares del país.
          Indudablemente, como fueguinos tenemos un corazón distinto, o así lo creemos. Hoy escuchaba al señor diputado Garramuño hablar en esta misma sintonía, como también a otros diputados de Tierra del Fuego. Sentimos, porque lo vivimos diariamente, esta malvinización que se va llevando adelante a lo largo y ancho del país.
          Quiero reivindicar muy fuertemente la política que está llevando adelante nuestra presidenta en los fueros diplomáticos, la firmeza que está teniendo la Argentina. Y no puedo dejar de recordar la noche de la vigilia del 2004, cuando Néstor Kirchner visitó Río Grande y realmente ahí, después de la vigilia, pudimos hablar y entender lo que él pensaba de la unión de los pueblos latinoamericanos con respecto a Malvinas y al acompañamiento que íbamos a tener y que hoy se da.
          Ayer tuve la oportunidad de agradecer a un diputado peruano, y le dije que nunca había tenido dudas de que el pueblo y el gobierno peruanos iban a actuar de esta manera, porque la historia habla de que en América los peruanos siempre estuvieron con nosotros.
          Quiero agradecer a toda América y a todos los países del mundo que nos están acompañando y están haciendo entender a Gran Bretaña que, después de treinta años, tiene que sentarse a negociar con la Argentina, que definitivamente tiene que entender que no puede ser que en estos años todavía el colonialismo siga ejerciéndose de la manera en que lo están haciendo.
          Creo que los kelpers lo están entendiendo. Yo creo que aquellos kelpers que hoy nacen en las Malvinas son argentinos, y las futuras generaciones de las islas lo van a ir sintiendo cada vez más.
          Por lo expuesto, agradezco muchísimo a cada uno de los diputados, y los esperamos a quienes puedan en Tierra del Fuego el 2 de abril, este o algún otro, porque sinceramente van a sentir que ahí están más cerca las islas Malvinas y nuestros provincianos los van a recibir de la mejor manera. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

Sr. Atanasof.- Señora presidenta: participé de la reunión de Ushuaia a título personal, y en esa misma condición voy a plantear algunas inquietudes en este recinto.
          Lo hice porque entendía que se trataba de una obligación política y moral. Estaré en todo lugar y evento en el que se debata la cuestión Malvinas, en consenso o en disenso, pero voy a estar.
          En cuanto a la Declaración de Ushuaia, debo decir que fue el resultado del acuerdo, del consenso y del debate de todas las fuerzas políticas. Además, me parece que expresa el sentimiento de todos los que estamos en este recinto.
          Quiero aprovechar este momento para ver si de alguna forma podemos dar respuesta a una pregunta que habitualmente surge. Muchas veces se ha planteado por qué la Argentina no reconoce el principio de autodeterminación de los pobladores de Malvinas. Sobre todo hablo de los peronistas, que somos mayoría en este recinto, teniendo en cuenta que ese principio de autodeterminación fue para nuestro conductor, de alguna manera, la base del principio de la soberanía política.
          Quizás debamos ir un poco más atrás de la resolución 2065, para decir que el punto de partida de este debate en el marco de los organismos internacionales se produjo el 14 de diciembre de 1960, con la resolución 1514. Ahí es donde se proclama por primera vez que se ponga fin al colonialismo en todas sus formas y manifestaciones. Específicamente, en el punto VI de esa resolución se decía: “Todo intento encaminado a quebrantar, total o parcialmente, la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y los principios de la Carta Orgánica de las Naciones Unidas”.
          Así empezamos el debate en el marco de los organismos internacionales. Posteriormente, y como resultado de los trabajos que se llevaron a cabo en el marco de la primera Conferencia Interamericana en Washington a fines de 1964, surgió otra resolución que fue después incorporada en la Carta Orgánica de la Organización de Estados Americanos como artículo 8°. Dicho artículo se convirtió, claramente, en un desconocimiento del intento inglés en cuanto a que Malvinas fuera considerada una colonia. Lo que se buscaba era que se la considerara colonia para que se les diera a sus habitantes el derecho a la autodeterminación.
          Por otra parte, también se estableció un fuerte reconocimiento en la comunidad americana de la justicia del reclamo argentino.
          Sin duda que esos instrumentos de política internacional marcaron un límite y un ámbito de las acciones encaminadas a resolver este diferendo suscitado entre la Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.
          Este camino que marcan estos instrumentos internacionales no es otro que el de la diplomacia. Después sí, llegamos a aquel 16 de diciembre de 1965, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 2065. Ese fue el momento en que, definitivamente,  la comunidad internacional reconoció que el conflicto por la soberanía de las islas era una cuestión de colonialismo e instó a los gobiernos a encontrar una solución pacífica, teniendo como punto de partida los principios de la Carta de las Naciones Unidas y los intereses de los pobladores de las islas.
          Desde entonces, la Argentina recibió numerosos apoyos, ya sea en el marco del Comité de Descolonización como en el de la Asamblea General. La lógica de la relación con respecto a los habitantes del archipiélago fue claramente de amistad y cooperación. Los sucesos de 1982 quebraron esa manera de aproximación y, más allá del heroísmo que demostraron quienes hoy nos acompañan y otros tantos, es cierto que el tema Malvinas y su contexto se modificó bruscamente a partir de ese episodio.
          Once años después del restablecimiento de la democracia, los constituyentes de 1994 –representando la voluntad del pueblo argentino- reafirmaron la soberanía de las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwinch del Sur y los espacios marítimos circundantes mediante la Disposición Transitoria Primera de la que tanto se habló aquí. Por otra parte, el hecho de que todos los actores políticos de la Argentina le dieran rango constitucional a la soberanía de las islas, constituye sin duda una  política de Estado. Entonces, a partir de allí se empezó a trabajar con el objetivo de consolidarla y fortalecerla.
          Ahora bien, a mi juicio la política de Estado allí establecida requiere no tan solo del renunciamiento a la recuperación de las islas por la vía armada, o de la sistemática presentación del tema en cuanto foro internacional podamos asistir. Creo que hay muchas otras cosas que es necesario hacer.
          Es bien conocido el apoyo que ha recibido la Argentina a través del Mercosur, de la OEA, de la UNASUR, de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del ALBA. Muchos diputados ya han hecho referencia al apoyo que la Argentina ha recibido en los últimos tiempos en lo que respecta a la causa Malvinas.
          Entiendo que la política de Estado en relación con el conflicto por las islas Malvinas debería estar constituida mediante sólidos consensos en cuanto a las acciones a encarar y a los espacios donde desarrollarlas.

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Señor diputado: hace dos minutos que concluyó su tiempo, así que le pido que redondee.

Sr. Atanasof.- Ya termino, señora presidenta.
          Teniendo en cuenta que la diplomacia es un amplio sendero de negociación colectiva y permanente, quisiera decir que hay algunos aspectos que no pueden obviarse…

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Por favor, sea breve, señor diputado.

Sr. Atanasof.- ¡Señora presidenta, estamos hablando de una cuestión muy importante!

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Ya sé que es importante, pero todos los señores diputados han respetado su tiempo.

Sr. Atanasof.- Lo estoy tratando de respetar. Permítame un minuto más, aunque sea. Se lo pido por favor.
          Creo que la significación del tema Malvinas y sus múltiples y complejas cuestiones acerca de una política de Estado debe tener la suficiente amplitud. Y del mismo modo, los dirigentes debemos tener el suficiente criterio para comprender que cuando hablamos de Malvinas no nos estamos refiriendo simplemente al tema relacionado con las islas y sus habitantes. Las Malvinas están en el Atlántico Sur, entonces estamos hablando de sus recursos y, fundamentalmente, de su proyección sobre la Antártida.
          A fin de que la señora presidenta no siga preocupándose por el tiempo, voy a obviar referirme a un aspecto que creo hubiera sido un aporte interesante a este debate.
          Voy a terminar diciendo que entiendo que hoy el Reino Unido se encuentra en una posición tal vez similar, desde el punto de vista internacional, a la que nuestro país tuvo en 1982, en el marco de un creciente aislamiento mundial. Creo que la persistencia en esta dirección seguramente nos va a permitir en un futuro no muy lejano…

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Por favor, señor diputado, no me obligue a tener que cortarle el micrófono. No tengo esa intención. Hoy hubo una reunión de la Comisión de Labor Parlamentaria en la que se arribó a un acuerdo sobre el tiempo del que podían disponer cada bloque y cada diputado, y lo debemos respetar.

Sr. Atanasof.- Déjeme terminar, señora presidenta.

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Pero por favor sea breve.

Sr. Atanasof.- Si usted ya terminó, entonces déjeme finalizar a mí.
          Creo que la persistencia de la política que estamos desarrollando de alguna manera nos permitirá, en algún momento, lograr el objetivo que todos nos proponemos: la recuperación de las islas.

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra el señor diputado por Formosa.

Sr. Donkin.- Señora presidente: al igual que muchos otros señores diputados, estoy convencido de que la palabra es la política, pues desde ésta vamos a poder cambiar las cosas. Desde la política, y no desde las acciones desesperadas, modificaremos la realidad que hoy nos agobia.
          Fue muy clara la señora presidenta de la Nación cuando, no hace mucho tiempo, dijo que iba a publicar el informe Rattenbach, que es clave y fundamental a efectos de que, desde el Estado, conozcamos las atrocidades cometidas en esa guerra; una guerra absolutamente ilegal a la que mandaron a nuestros jóvenes a morir; una guerra declarada por un gobierno que nadie había elegido, que carga sobre sus espaldas la responsabilidad de rendir cuentas sobre treinta mil desaparecidos, a quienes debemos agregar seiscientos cincuenta muertos en las Malvinas. Por eso, la guerra también debe ser considerada como un crimen de lesa humanidad.
          Hoy nos acompañan personas que estuvieron en las islas y pertenecieron a regimientos de provincias en las que el calor reina todo el día. La guerra se llevó a jóvenes de Santiago del Estero, del Litoral, de Monte Caseros, localidad de Corrientes cuya juventud prácticamente en su totalidad quedó en los campos de batalla.
          Nuestra presidenta fue muy clara cuando renegó de todo intento bélico sobre las islas, denunciando a la vez la militarización y la “nuclearización” del Atlántico Sur. Ése es el encuadre que nos da el perfecto marco para el apoyo que hoy tenemos de parte de toda Latinoamérica; esta América morena donde tanto nos cuesta conseguir consensos. Pareciera que no hemos aprendido de la historia que escribieron San Martín y Bolívar en cuanto a que debemos concretar la idea de una patria grande.
          Estamos hablando de un territorio que pertenece no sólo a la República Argentina sino también a la América morena, del que los ingleses están llevándose nuestros recursos, nuestro petróleo. Reitero: esas tierras son no sólo de la Argentina sino de toda América Latina.
          Esta causa nacional que ha embarcado a los cuarenta millones de argentinos siempre ha tenido detractores. Así, han aparecido diecisiete iluminados que hoy vienen a decirnos cómo debemos manejar la política exterior. Varios de ellos cuestionan las medidas adoptadas, señalando que se parecen mucho a la trágica aventura militar del 82; pareciera que quisiesen volver a las fronteras que el país tenía hace doscientos, cuando ni siquiera teníamos la posesión absoluta de la Patagonia.
          Esto ocurre en un año en que se cumplirán tres décadas de la guerra, y dieciocho, de la ocupación en 1833. Ese mundo ya no existe; ha sido reemplazado por potencias y países emergentes que han pintado una realidad distinta.
          Hoy tenemos a la Argentina absolutamente consustanciada en el Mercosur, la UNASUR y la CELAC, y países emergentes han cambiado esta economía mundial. Nuestro país ha crecido y se lo considera uno de los países integrantes del G20. Argentina, Brasil y México ocupan el cuarto, quinto y noveno lugar, respectivamente, en la tabla de solidez y recuperación -en cambio, Gran Bretaña está en el penúltimo escalón después de España e Italia-, y en eso tuvo mucho que ver el compañero Néstor.
          La militarización es algo que nos preocupa, porque se están llevando nuestros recursos. Solamente en 2011 la Argentina exportó pescados y mariscos por 1.365 millones de dólares, más que lo que obtuvo por carne vacuna. La balanza de comercio energético arrojó un saldo negativo de 4.500 millones de dólares, lo que  explica el conflicto que tenemos con RepsolYPF.
          Entonces, nos tendríamos que preguntar la lógica que tiene controlar la remisión de utilidades al exterior por parte de las petroleras en el país, mientras Gran Bretaña se lleva los recursos de América del Sur.
          De los habitantes de las islas Malvinas –que tanto hablan de la autodeterminación- solamente el 44 por ciento ha nacido dentro de esas islas; un tercio de los tres mil habitantes desciende de los ocupantes originarios, y ningún argentino puede radicarse allí, aunque lo desee. Esto echa por tierra el bendito tema de la autodeterminación.

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Su tiempo ha concluido, señor diputado.

Sr. Donkin.- Yo pregunto por qué Gran Bretaña no hizo lo mismo con Hong Kong, que pedía seguir perteneciendo a la Corona.  Claro, estaba discutiendo con China.
          Por eso decimos que respetamos los intereses y siempre vamos a respetar la manera de vivir de la gente de las islas Malvinas, pero no estamos de acuerdo en respetar lo que piden para seguir sosteniendo una colonia británica dentro del territorio argentino.
          Por eso cuando nos sorprendemos decimos “¡Qué lo parió!”, sin embargo, algunos parece que piensan decir “Oh, my God!”.  (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- La Presidencia pide colaboración a los señores diputados porque aún restan muchos legisladores anotados para hablar y se ha consensuado un determinado tiempo, si no se respeta esto, la sesión será muy extensa ya que hay otros temas que tratar.
          Tiene la palabra el señor diputado por Salta.

Sr. Wayar.- Señora presidenta, señores diputados: quiero afirmar y afianzar mi acompañamiento a las declaraciones de diputados y senadores nacionales en la ciudad de Ushuaia, provincia de Tierra del Fuego, plasmadas en el documento sobre nuestra soberanía en Malvinas.
          También quiero dejar firme mi reivindicación y apoyo a la política llevada adelante por el Poder Ejecutivo nacional en este tema tan sentido para los argentinos.  Malvinas Argentinas: nuestra soberanía, nuestra dignidad.  Estos son los dos temas que componen a mi exposición: reivindicar y apoyar fuertemente la política del gobierno nacional y acompañar la declaración de Ushuaia.
          No quiero ni debo dejar pasar dos expresiones.  Una es la del primer ministro británico, que dijo que la  Argentina es un país colonialista, porque no es un dicho más sino que va en contra de nuestras propias raíces e identidad de patria. 
          En este universo no hay ningún pedazo de tierra respecto del cual la historia pueda decir que ha sido una colonia argentina. Es al revés: en muchas oportunidades nuestro pueblo y nuestra patria han cedido terrenos para la gran patria sudamericana.
          Si los líderes de los países del mundo le preguntaran a ese gran líder que fue Nelson Mandela –a quien admiro y valoro por su condición humana y de dirigente si cree que Argentina es un país colonialista, estoy seguro de que su respuesta sería “no”; en cambio, si le preguntaran si cree que Inglaterra es un país colonialista, no tengo dudas de que su respuesta sería “sí”, porque ha sufrido en carne propia y en la de su pueblo la pelea contra ese imperio.
          Quiero reafirmar que nuestro país, desde que empezó a tomar identidad de pueblo para luego constituirse en patria y república, a fines del 1700 y comienzos del 1800 hasta llegar a nuestra declaración de independencia y a la constitución de Patria, ha luchado con bravura y con justicia por su verdadera independencia; ha repelido invasiones inglesas y ha derramado sangre para tener su bandera y su soberanía. En definitiva, para ser un pueblo digno.
          Por eso no puedo dejar pasar las declaraciones de intelectuales, pensadores o personas de renombre de nuestro país, dado que nuestro pueblo valora mucho a nuestros poetas, a nuestros artistas y a nuestros ídolos deportivos. No puedo permitir que quede como un simple hecho más que se plantee que un conjunto de ciudadanos de otra parte de este continente determine cuál debe ser la soberanía, por la cual dejaron la vida muchísimos argentinos.
          ¡Cómo le vamos a dar un mayor valor a lo que piensan ciudadanos extranjeros y no le vamos a dar real dimensión o real valor a lo que piensan hombres argentinos que fueron capaces de derramar su sangre y de luchar por la soberanía y la dignidad de los argentinos, aunque haya sido por la decisión política errónea de un gobierno dictatorial y totalitario!
          ¡No fueron los gobernantes de ese momento los que fueron a dar batalla! Fueron soldados argentinos, conscriptos argentinos, y hay sangre argentina derramada que no podemos dejar que la mancillen así nomás estos seudo pensadores intelectuales.
          Esto no lo podemos dejar pasar, porque en nuestra historia hay próceres como el general San Martín, que no sólo batalló para una patria independiente en nuestra República Argentina sino para la gran patria independiente de toda América latina.
          Porque es nuestra bandera, porque debe ser nuestro espejo y porque reivindica la dignidad de un pueblo, San Martín debe ser esa bandera de lucha que no debemos dejar de tener. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra la señora diputada por Misiones.

Sra. Leverberg.- Señora presidenta: las expresiones vertidas por todos los legisladores muestran el profundo sentimiento de patriotismo que sigue llevando en alto la bandera de la soberanía nacional. A esto le sumamos hoy la presencia de estos excombatientes, como fueron presentados. Pero si bien fueron presentados como tales, para mí no son excombatientes. Para mí son combatientes todavía porque sigue la lucha por la soberanía y la recuperación de este deber inclaudicable de seguir defendiendo ese pedacito de territorio nuestro que son las islas Malvinas.
          Señora presidenta: solicito autorización para insertar el resto de mi discurso en el Diario de Sesiones. Simplemente quería no dejar pasar este momento para saludar a los compañeros que han sabido llevar el pensamiento nacional desde la lucha y ofreciendo sus propias vidas para seguir defendiendo nuestra patria. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Se tendrá en cuenta la solicitud de la señora diputada.
          Tiene la palabra el señor diputado por Neuquén.

Sr. Brillo.- Señora presidenta: como a muchos me interesa dejar un pequeño mensaje en esta reunión histórica del cuerpo. Estoy convencido de que por medio del diálogo, la conciliación y la negociación resolveremos los conflictos y avanzaremos en la cuestión Malvinas.
          Argentina y Gran Bretaña mantuvieron un ida y vuelta pendular en el diálogo y las negociaciones, que fueron transitando desde posiciones fundamentalistas hasta posibilidades de soluciones negociadas. Me referiré a estas últimas, a los momentos de mayor cooperación y predisposición al diálogo.
          Quiero destacar lo que sucedió en 1971 con la declaración conjunta del 1º de julio, por la que se creó una comisión consultiva especial para establecer y promover las comunicaciones entre la Argentina y las islas; las autoridades argentinas otorgaban un documento de viaje para los residentes en las islas, sin indicación de nacionalidad, para que pudieran viajar a nuestro país y circular libremente; ambos países efectuaban el pago de tasas e impuestos y de cualquier otro tributo a los habitantes de las islas por cualquier actividad desarrollada en las mismas; las autoridades británicas establecían un servicio marítimo regular de pasajeros, cargas y correspondencias, y la Argentina se comprometía a disponer un servicio aéreo regular de frecuencia semanal de pasajeros, carga y correspondencia.
          Esta declaración se completó con dos acuerdos suscritos. Por el primero las autoridades argentinas se comprometían a construir un aeródromo en las islas, y por el segundo se decidió la apertura de una agencia de Líneas Aéreas del Estado en Puerto Argentino.
          Esta política representó un hito extraordinario que apuntaba al establecimiento de un clima de confianza entre la Argentina y Gran Bretaña.
          El otro precedente que quiero citar es de 1974, cuando Harold Wilson inició conversaciones diplomáticas introduciendo la posibilidad de un condominio. Tal condominio apuntaba a cuestiones básicas, como por ejemplo que ambas banderas flamearan juntas, que se adoptaran los idiomas español e inglés como oficiales, que se aceptara la doble nacionalidad para los isleños, y que el gobernador fuese designado alternativamente por la reina y el presidente de nuestro país.
          Las conversaciones sobre esto se desarrollaron en forma muy confidencial. Sin embargo, tal como lo señaló el miembro informante, diputado Carmona, esta maniobra diplomática no pudo concretarse por la muerte del presidente Juan Domingo Perón.
          Entre 1989 y 1990 las relaciones diplomáticas entre la Argentina y el Reino Unido se reanudaron debido a la adopción de una fórmula de salvaguardia de soberanía y jurisdicción sobre las islas Malvinas. Ambos gobiernos acordaron reiniciar las relaciones diplomáticas estableciendo algunos acuerdos provisionales, como la adopción de medidas de confianza para evitar incidentes; conservación de recursos pesqueros, exploración y explotación de hidrocarburos; comunicaciones áreas y marítimas entre el territorio continental argentino y las islas; realización de un estudio de factibilidad sobre desminado en las Malvinas, y un análisis de su toponimia.
          Creo que este es el camino, al margen de estar de acuerdo o no con el condominio o el establecimiento de dos banderas como una solución transitoria. Para lograr resultados positivos es fundamental acercar a las partes sin resignar posiciones, pero sin fundamentalismos. Está demostrado que con los fundamentalismos de ambas partes no llegamos a nada, retrocedemos, y si no veamos lo que sucedió en las décadas del sesenta y el setenta o más aún en la del ochenta, por lo cual creo que hoy estamos peor.
          La mejor figura del fundamentalismo es la militarización de las Malvinas, el arribo a las islas del príncipe vestido con uniforme militar y la presencia en aguas argentinas de uno o más destructores. Quiero contraponer a esta imagen la de su madre, la princesa Diana, visitando hace quince años los pueblos galeses de la provincia de Chubut. Tengo a mis padres en Rawson y los visito periódicamente. También concurro a las casas de té de Gaiman y a otros eventos turísticos; siempre aprecié el cariño que le tienen a Lady Di por haber visitado ese lugar y los recuerdos que dejó. ¡Qué contraste! El príncipe vestido de militar y quince años antes su madre recordada con cariño por el pueblo chubutense por lo que dejó en esas tierras.
          El principal trabajo que debemos hacer es cambiar de actitud. Además de saludar a los ex combatientes de Malvinas de Santiago del Estero también expreso mi agradecimiento a los ex combatientes de todo el país y en particular a los de la provincia de Neuquén, que deben estar siguiendo con atención esta sesión. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra la señora diputada por Córdoba.

Sra. Bedano.- Señora presidenta: voy a solicitar la inserción en el Diario de Sesiones de la totalidad del discurso que pensaba pronunciar.
          Simplemente deseo agradecer la presencia de los ex combatientes de Malvinas de todo el país y especialmente saludar desde aquí a los de la provincia de Córdoba, y fundamentalmente a los de Villa María, mi ciudad, con los que me cruzo diariamente por sus calles.
          En los pueblos o ciudades que no son demasiado grandes nos conocemos todos y nos cruzamos a diario. Por ellos, por los que están, por los que caminan, por haber mantenido la memoria permanente de los que no pudieron volver, por los que volvieron pero hoy ya no están, vaya desde esta memorable sesión mi especial agradecimiento por haber construido tanta Argentina, tanto sentimiento nacional. También deseo expresar mi agradecimiento a la señora presidenta de la Nación por haber logrado involucrar con la fuerza de las palabras a todo el pueblo y a la UNASUR detrás de esta causa. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra el señor diputado por Mendoza.

Sr. De Marchi.- Señora presidenta: brevemente quiero plantear dos cuestiones, la primera de fondo e importante, y la segunda, si se quiere anecdótica.
          En primer término, deseo reiterar algo que ya se ha dicho, pero que no por ello deja de ser realmente importante. Me refiero a la adhesión, el compromiso y la convicción que han demostrado los países de la región solidarizándose con la Argentina. Estas actitudes en otros momentos no han sido tan explícitas como las que estamos notando en estos días, y en este sentido cabe destacar la  postura de Perú. Este es un dato nuevo e importante en el contexto regional, porque siempre ha habido adhesiones genéricas a los discursos, pero en esta oportunidad el compromiso de los países de la región ha quedado manifiestamente expuesto, y esto evidentemente fortalece la posición argentina. También debo reconocer las gestiones del gobierno nacional para involucrar en este compromiso soberano de la Argentina a los países de la región.
          En segundo lugar, quiero destacar algo que si bien en condiciones normales podría ser una anécdota, en las condiciones en las cuales se da se transforma en un hecho triste que genera bronca e impotencia. En un vuelo de nuestra línea de bandera, Aerolíneas Argentinas, en un Airbus grande –debe haber sido un 340, que cubre la ruta Ushuaia-Buenos Aires, se va indicando en un mapa a través de una pantalla el recorrido que va haciendo el avión.  Aquí tengo las fotos que se tomaron de esa pantalla en tres momentos distintos. Estamos hablando de un vuelo de aproximadamente tres o cuatro horas. En ese mapa se pueden leer las diferentes localidades por las que va atravesando el avión.  Así, aparece Ushuaia, que es el aeropuerto de partida, el Calafate, y a medida que se va ampliando la imagen aparece Comodoro Rivadavia, Bahía Blanca, Neuquén y Mar del Plata.  Pero sobre nuestras islas Malvinas hay una denominación para quienes hoy hablaban de “my God”, que dice: “Stanley”.
          O sea que Aerolíneas Argentinas, nuestra línea de bandera, señala a la capital de nuestras islas Malvinas como “Stanley”, en lugar de “Puerto Argentino”. Esto causa sorpresa; no es un dato menor, toda vez que hablamos de una compañía que nos cuesta a los argentinos entre 2.400 y 2.500 millones de pesos por año.

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- El señor diputado Recalde le solicita una interrupción. ¿La concede?

Sr.  De Marchi.- Señora presidenta: la concedo en tanto y en cuanto no se descuente del tiempo que me resta para finalizar mi exposición.

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).-  Así se hará, señor diputado.
          Para una interrupción tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

Sr. Recalde.- Señora presidenta: cuando esos aviones llegaron al  país los mapas que se ven en las pantallas tenían esa denominación. En defensa de la soberanía nacional eso fue modificado por la empresa Aerolíneas Argentinas, ya que se corrigió por el nombre que corresponde, que es “Malvinas Argentinas”.

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).-  Continúa en el uso de la palabra el señor diputado por Mendoza.

Sr. De Marchi.- Señora presidenta: aclaro que estas fotos fueron sacadas en febrero de este año.
          Sinceramente me sorprende tamaño olvido, sobre todo teniendo en cuenta que la conducción de la compañía se ocupa mucho de los detalles. Así, por ejemplo, las pantallas de los Embraer se han transformado en elementos que difunden la propaganda del gobierno, y las revistas de vuelo se han convertido prácticamente en panfletos de la actual administración.

- Varios señores diputados hablan a la vez.

Sr. De Marchi.- Señora presidenta: a modo de colaboración con la patria sugiero que si alguno de los presentes en el recinto conoce a quienes conducen la compañía…

- Varios señores diputados hablan a la vez.


Sr. Kunkel.- ¡Cipayo!
Sr. de Marchi.- Señora presidenta: le concedo una interrupción al señor diputado Kunkel para que pueda hablar haciendo uso del micrófono.

- Varios señores diputados hablan a la vez.

Sr. de Marchi.- Señora presidenta: creo que la caridad bien entendida empieza por casa.

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).-  Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

Sr. Rivara.- Señora presidenta: adhiero a los conceptos vertidos por los señores diputados preopinantes en torno a la cuestión Malvinas.
          Aclaro que solicité el uso de la palabra al percibir la presencia de los héroes de Malvinas, y quería señalar eso para que esta Cámara les brindara un homenaje.
          La oportuna intervención de la señora presidenta, hace innecesario este homenaje, porque a través de la institucionalidad –reitero- se hacen innecesarias mis palabras.
          Estuve a punto de pedir la suspensión en el uso de la palabra pero caí en la cuenta de que por una simple economía de tiempo no podíamos obviar la posibilidad de brindar nuevamente un homenaje a nuestros héroes de Malvinas que hoy nos acompañan con sus medallas ganadas en combate.
          Nunca va a ser suficiente, nunca va a ser reiterativo todo homenaje que podamos hacer a nuestros héroes de Malvinas.
          ¡Gloria y honor soldados de Malvinas! (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra la señora diputada por La Rioja.

Sra. Herrera.- Señora presidenta: realmente ha sido lamentable la actuación del señor diputado De Marchi, en función de una situación tan cara a los sentimientos del pueblo argentino. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra la señora diputada por Tierra del Fuego.

Sra. Bertone.- Señora presidenta: como integrante de este cuerpo es para mí una enorme responsabilidad ser parte de esta sesión donde reafirmamos la soberanía sobre Malvinas, Georgias y el resto de las islas e islotes del Atlántico Sur.
          La cuestión Malvinas como pocas adquiere el rango de política de Estado y la presencia de las comisiones de Relaciones Exteriores y Culto de ambas cámaras en la provincia de Tierra del Fuego que comprende a nuestras islas del Atlántico Sur así lo certifica. La ley 26.552 sancionada en el mes de diciembre de 2009 fijó los límites de nuestra provincia y vino a legalizar lo que estaba pendiente desde la provincialización en el año 1990.
          Legalizó lo que estaba presente en el corazón de todos los fueguinos que es la pertenencia a nuestro territorio de las islas y de su mar circundante. Este es un sentimiento que tienen todos los argentinos, día a día lo demuestran. Recordemos que uno de los momentos más emotivos de los festejos del Bicentenario fue el desfile de los combatientes de Malvinas.
          El gobierno nacional viene sosteniendo una firme política de reivindicación de nuestra soberanía. Lo ha hecho ante las Naciones Unidas y en todos los foros internacionales donde hemos tenido la posibilidad de reunirnos.
          No está sola Argentina ante este reclamo. Desde hace algunos años los países de Latinoamérica y del Caribe acompañan firmemente nuestros reclamos. Ya no se trata de un apoyo retórico sino de una activa posición de firmeza. La misma quedó expuesta en una sesión en que, junto a todos los diputados de nuestra provincia, me tocó acompañar a la señora presidenta a Cancún, donde países hermanos como Brasil, Uruguay y Chile negaron sus puertos para que se aprovisionaran buques con banderas de las Islas Malvinas que pretendían de ese modo dar un paso en su idea de autodeterminación.
          Esta política que pretende dejar en manos de los isleños su futuro destino es la respuesta que desde la década de 1960 viene dando Gran Bretaña ante las distintas resoluciones de Naciones Unidas para que se resuelva la situación de Malvinas y Gibraltar entre otras colonias británicas.
          Esto está en manos del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas. Y si hay un Comité para la Descolonización, perogrullada mediante, es que previamente hubo, sin la creación de ningún comité, un proceso de colonización, y hubo colonizadores y colonizados.
          Para colonizar, como expresé anteriormente, no se creaban comités sino ejércitos imponentes o compañías comerciales, generalmente ambos simultáneamente. Y no creo hacer ningún gran descubrimiento al remarcar que este proceso colonizador nació y creció en la disputa de las naciones europeas por obtener un predominio mundial.
          Por lo cual resulta que el mundo comenzó a globalizarse hace ya bastante tiempo. Sin retrotraernos ante el imperio romano, tenía razón quien fuera tres veces presidente de la Argentina, Juan Perón, al decir que la historia de la humanidad es la lucha de los pueblos contra los imperios.
          Se puede también afirmar que la sumatoria de razones antes dadas para la expansión colonial que abarcó América, Asia, el África y Oceanía se hallaba justificada ideológicamente por la superioridad racial, moral o aun religiosa que el hombre blanco europeo creía tener sobre el resto de la humanidad.
          En este marco conseguían convencer a algunas elites locales que esta superioridad realmente existía. Estas elites comenzaron a beneficiarse con los favores conseguidos de los colonizadores, siempre a costa del sufrimiento y la opresión de los pueblos colonizados.
          “Cipayos” era el nombre de los soldados indios que servían bajo el mando de los oficiales británicos, y este calificativo se usó por estas tierras para designar a quienes seguían las políticas de los colonizadores. La colonización se sofisticó y se acuñó así el término de “neocolonia” para designar aquellas relaciones donde la dominación era más económica que militar.
          Pero no estoy aquí para hacer la crónica de la colonización en el mundo sino para hacer algunas consideraciones sobre el caso particular de nuestras islas del Atlántico Sur.
          Fueron tomadas militarmente en 1833 y su población desplazada y reemplazada por británicos, siendo el objetivo inmediato controlar el paso interoceánico Atlántico-Pacífico. Desde ese momento hasta la actualidad Gran Bretaña nunca aceptó negociar seriamente su devolución al Estado argentino, legítimo propietario de estas tierras.
          Acabada la Segunda Guerra Mundial, con la creación de las Naciones Unidas y su Comité de Descolonización, fueron innumerables las resoluciones dictadas en aras de resolver el conflicto, pero todas fueron desconocidas por Gran Bretaña y su poder de veto en el Consejo de Seguridad. Muchas son las naciones que plantean un cambio en éste como en otros organismos internacionales.
          Hoy todas las fuerzas políticas nacionales repudian los dos hechos que marcan cómo para Gran Bretaña el colonialismo sigue siendo una realidad presente. Por un lado, la exploración petrolera en las adyacencias de las Malvinas. Tengamos presente que el petróleo del Mar del Norte se está agotando. Y por otro lado, las maniobras militares, también denunciadas por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
          Pareciera que ya avanzado el siglo XXI, la política británica se guía por paradigmas del siglo XIX. Sus intereses económicos y quizás militares no reconocen ni recomendaciones de las Naciones Unidas ni mucho menos hechos como el producido en Cancún, donde todos los presidentes americanos allí reunidos ratificaron su apoyo a nuestro país en su reivindicación de soberanía sobre las islas.
          A pesar de esta posición de Gran Bretaña, la Argentina seguirá insistiendo en la vía diplomática, pues tarde o temprano nuestros derechos serán reconocidos. En este sentido, la pluralidad aquí presente habla de la conciencia de los representantes del pueblo argentino, más allá de las diferencias políticas. Muchas gracias. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra el señor diputado por Mendoza, miembro informante de la comisión, para hacer una aclaración.

Sr. Carmona.- Señora presidenta: antes de que finalice el debate y sabiendo que todavía quedan algunos diputados para hacer uso de la palabra, quiero hacer concretamente dos referencias. La necesidad está basada en inquietudes que hemos recibido de distintos señores diputados.
          Nos propusieron hacer un agregado respecto del agradecimiento a Perú por su actitud recientemente adoptada en la cuestión Malvinas. Hemos sugerido no modificar la declaración en función de que es la misma que ha emitido el Senado y va a ser girada a distintos Parlamentos, por lo que queremos que exista unidad. De todos modos, anticipo que ya hemos elaborado un proyecto de declaración respecto de este tema y pensamos que puede ser tratado en la próxima sesión, en caso de que consigamos dictamen y el cuerpo lo autorice.
          Por otro lado, se ha hecho referencia al carácter testimonial de esta declaración. Considero que es todo un reconocimiento decir que es una declaración testimonial porque en relaciones exteriores los testimonios son importantes. Pero quiero aprovechar esta ocasión para decir que desde la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto vamos a aprovechar esta Declaración de Ushuaia –espero que los demás diputados adhieran- para ser presentada en todos los foros internacionales vinculados con los países latinoamericanos.
          Sinceramente, creemos que esa declaración servirá para reforzar de alguna forma la posición argentina. Es un instrumento que puede ser generador de nuevas actitudes y contextos a favor de nuestro objetivo: la recuperación del ejercicio de la soberanía sobre las islas. Con ese espíritu vamos a utilizarlo.
          Por eso anticipo una serie de acciones que vamos a llevar a cabo para difundir esta Declaración de Ushuaia. Desde la comisión llevaremos adelante una especie de militancia.
          La semana próxima habrá diputados que participarán de la Asamblea de la Unión Interparlamentaria Mundial, a celebrarse en Uganda. Llevarán la Declaración intentando que este ámbito importantísimo redacte una declaración a favor de la posición argentina.
          También vamos a participar de la vigilia que se hará en Río Grande, acompañando a los fueguinos que nos han invitado a este importante encuentro.
          Como anticipamos, vamos a remitir la Declaración de Ushuaia a los distintos Parlamentos. También participaremos en diferentes seminarios, conferencias y encuentros a los que nos están convocando desde todas las provincias argentinas.
          Vamos a promover el acompañamiento de los diputados y diputadas de la comisión a la presidenta de la Nación en su presentación ante el Comité de Descolonización de Naciones Unidas.
          También propiciaremos en el Parlamento del Mercosur una declaración en el mismo sentido que la que hemos efectuado en Ushuaia.

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra el señor diputado por San Luis.

Sr. Pansa.- Señora presidenta: en primer lugar, deseo expresar mi apoyo a la solicitud de soberanía que la Argentina está efectuando ante el mundo en relación con las islas Malvinas.
          También adhiero a la Declaración de Ushuaia en todos sus puntos y contenidos. Creo que el gobierno nacional está haciendo las cosas en forma correcta en cuanto a este tema, debiendo incluir a toda la oposición en estas tareas que está efectuando.
          Las islas Malvinas representan un sentimiento muy profundo para todos los argentinos. Sin duda alguna creo que en forma diplomática y pacífica vamos a tener éxito, sin necesidad de denostar a nadie.
          En cuanto a lo que han dicho algunos diputados, considero que ha existido un error estratégico, capaz uno de los más importantes en la historia argentina: la Guerra de Malvinas de 1982. En este sentido, quiero separar lo que fue esa situación con respecto a lo que hizo la sociedad civil argentina. Con un fervor patriótico y un ideal nacional, la gente estuvo a la altura de las circunstancias, expresando lo que realmente sentía el pueblo argentino.
          Por ser de mi patria chica de Villa Mercedes, provincia de San Luis, conviví durante muchos años con la V Brigada de la Fuerza Aérea. En aquel momento vivimos de manera muy intensa la situación acontecida en Malvinas.
          A esa Brigada de San Luis la llamamos “Brigada Heroica”, porque combatieron con elementos obsoletos, que realmente no estaban a la altura de las circunstancias. Pero su coraje y su valor fue lo que llevó a que los argentinos nos sintiéramos orgullosos de estos hombres y les pusiéramos el nombre de “Brigada Heroica”.
          En homenaje a todos estos combatientes, también quiero nombrar a estos aviadores, estos pilotos que fallecieron, ya que de 34 integrantes de la V Brigada que fueron a combatir a nuestras islas Malvinas volvieron 25; murieron 9 aviadores. Ellos son el capitán Fausto Gabazzi, Danilo Rubén Bolzán, Luciano Guadanini, Manuel Oscar Bustos, Jorge Alfredo Vásquez, Hugo Ángel del Valle Palader, Jorge Rubén Ibarlucea, Juan José Arraraz y Víctor Nivoli.
          Ellos son los aviadores de la “Brigada Heroica”, la V Brigada, y con ello dejo también rendido mi homenaje a todos los combatientes. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Esta Presidencia reitera a los señores diputados el pedido de que sean lo más breve posible porque todavía hay muchos oradores anotados.
          Tiene la palabra el señor diputado por Entre Ríos.

Sr. Solanas (J.R.).- Señora presidenta: trataré de ser breve.
          En principio, deseo hacer un reconocimiento del mensaje de este Congreso hacia el pueblo argentino en esta expresión de unidad patriótica nacional.
          Por otra parte, varios señores diputados preopinantes se refirieron a la relación de la Argentina con el exterior en cuanto al apoyo recibido de los países latinoamericanos en todo este tiempo. Eso no es casualidad. Tanto en el gobierno del ex presidente Kirchner como en el de la actual presidenta Cristina Fernández de Kirchner hubo una política absolutamente clara en cuanto a la relación con los países de Latinoamérica que empezó con Lula, allá por mayo de 2003, cuando recién había asumido Néstor Kirchner.
          Quiero reivindicar que esto no es una casualidad, sino un acierto enorme de nuestro gobierno –tanto el de Néstor como el de Cristina- en lo que respecta a la relación con los países de Latinoamérica.
          También quiero dejar claramente expresado que tenemos enfrente a un país absolutamente colonialista e imperialista desde su historia, desde su génesis. De manera que tenemos que ser bien firmes, no solamente teniendo en claro este proyecto de declaración sino que vienen por los intereses económicos que representa nuestro sur. Me refiero a los recursos naturales. El pueblo argentino y este Congreso deben tener esto muy claro.
          Para homenajear a los veteranos de Malvinas voy a nombrar a 34 entrerrianos que cayeron en las islas: Miguel Pascual y Carlos Villa, de La Paz; Raúl Dimotta, Sergio Iselli y Carlos Mosto, de Gualeguaychú; Adolfo Cabrera, Jorge Sendros, Antonio Lima, Antonio González, Alejandro Dachari y Julio Sánchez, de Concordia; Sergio García y Elbio Araujo, de Colón; Oscar Labalta, de Concepción del Uruguay; Julio Benítez y Héctor Caballero, de Basavilbaso; Guido Marizza, de San Benito; Juan José Falconier y Danilo Bolzán, de Crespo; Juan Bernhardt, de Rosario del Tala; Carlos Pereyra, de Maciá; Delis Brounchoud, de San José; César Zapata, de Federal; Humberto Giorgi, de Ibicuy; Juan Turano, de Victoria; Luis Gianotti, de Oro Verde; Héctor Correa, de Gualeguay; Julio Monzón, de Nogoyá, y Gerardo Pereyra, Sergio Zárate, Jorge Baiud y Miguel Giménez, de Paraná.
          También Carlos Figueroa y Francisco Luna, que si bien no nacieron en Entre Ríos, vivieron gran parte de su vida en la provincia.
          En ellos, vaya el reconocimiento a los mártires y héroes de Malvinas.
          Quiero terminar mi exposición con unos versos escritos por el padre del teniente Miguel Ángel Giménez, muerto en Malvinas, al caer su Pucará en el Cerro Azul, isla Soledad.
          Isaías Giménez, escribió: “No permitas ¡oh, Dios! yo te lo pido/ que el gesto de valor de los Halcones/ quede trunco y hundido en el olvido,/ ¡haz eterno el rugir de sus aviones!/ Ellos fueron palomas, en paz, con sus acciones/ y surcaron el cielo desde uno a otro lado./ Al clamor de la patria fueron de nuevo Halcones/ y ofrendaron, sin tregua, de sí, lo más preciado./ No dejes que a su gesta se la olvide./ ¡Por la gloria, Señor, de los halcones!/ Es el pueblo argentino quien te pide que sea eterno el rugir de sus aviones.”
          “Negro” Giménez: ¡patria, sí; colonia, no! (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra la señora diputada por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Sra. Alonso (L.).- Señora presidenta: a esta altura del debate ya se han dicho muchas cosas. El señor diputado Pinedo me precedió en el uso de la palabra que corresponde a nuestro bloque; ambos participamos activamente en la redacción de la Declaración de Ushuaia, ocasión en que acompañamos la delegación que viajó a esa ciudad. Por lo tanto, es más que obvio el apoyo del bloque del PRO a dicha declaración.
          Quiero centrar mi exposición en dos cuestiones. Por un lado, deseo expresar tres reconocimientos. En primer lugar, a quienes fueron a la guerra y dejaron su vida, sus ilusiones, sus sueños; a aquellos que hicieron patria por quienes nos quedamos en el continente; a aquellos que fueron a la guerra porque a unos locos dictadores se les ocurrió que el país debía invadir las islas porque allí había una colonia. Esos locos dictadores mandaron al ejército y a los pibes a morir en la guerra. Esto pasó en una dictadura.
          En segundo lugar, quiero reconocer al doctor Raúl Ricardo Alfonsín porque fue el único que tuvo lo que hay que tener para decir “no” a la guerra, para enfrentarse a la dictadura y a los dictadores y decir que no se tomaba el avión, que la Argentina no iba a la guerra. (Aplausos.)
          Asimismo, expreso mi reconocimiento al doctor Illia, pues bajo su presidencia se consiguió la famosa resolución 2.065 de las Naciones Unidas, que pavimentó el camino de la diplomacia. Sin embargo, tanto logro y avance obtenido por la Argentina se estropearon por la decisión de una junta militar de dictadores que decidió mandarnos a la guerra.
          Como tercer reconocimiento, debemos decir, decirnos a nosotros mismos, y también, al mundo que, como sociedad, cometimos un grave error histórico de la mano de esos dictadores al ir a esa guerra y mandando a nuestros pibes y militares a morir en ella. Reitero que fue un error histórico la guerra, ya que significó que retrocediéramos todo lo que habíamos avanzado en cuarenta años de trabajo diplomático de la Cancillería argentina. Hasta el propio general Perón, en su tercera presidencia, logró avances notables respecto de la recuperación de la soberanía de las islas, pero los militares nos arruinaron cuarenta años de historia y de trabajo diplomático.
          Nosotros también aplaudimos en la plaza y fuimos cómplices. Yo tenía nueve años, señora presidenta; estaba en cuarto grado y escribía a los soldados cartas que poníamos dentro de chocolates y paquetes de cigarrillos. Viví la guerra desde mi mirada, por lo que nunca más quiero vivir una situación de enfrentamiento, ni bélico ni verbal. Lo que quiero es encuentro y reconciliación.
          Mi segundo pedido es que nos llamamos todos a la razonabilidad en este tema. Tenemos que ser razonables porque la razonabilidad es un atributo fundamental para aquellos que operamos en el mundo de las relaciones internacionales. La razonabilidad hace a nuestra reputación, y ésta es fundamental a la hora de solicitar que la otra parte se siente a una mesa de negociaciones. La Argentina tiene ventajas comparativas importantísimas respecto de otros países para lograrlo.
          Pero también tenemos sombras. No podemos dejar de reconocer y respetar el pluralismo de ideas y opiniones.  Para mí, ni Vicente Palermo ni Daniel Sabsay ni Roberto Gargarella ni Beatriz Sarlo ni Jorge Lanata son cipayos sino que son ciudadanos argentinos que dicen sus opiniones y deben decirlas libremente, aunque las compartamos o no.  No hay cipayos; hay ciudadanos que tienen el derecho a expresarse libremente. Por eso no podemos repudiar las opiniones distintas, tenemos que reconocerlas y respetarlas, aunque no las compartamos.
          Ese es el eje de un patriotismo republicano, que creo que muchos, que no vivimos ninguno de los extremos, queremos en la Argentina traer a la discusión el tema de los matices, porque si no matizamos y dialogamos entre nosotros, no podemos pedirles a los demás que se sienten a una mesa a negociar nada.
          Eso requiere también de un gran acuerdo político institucional y multipartidario, y convocar a todos los actores políticos relevantes para enfrentar esta discusión ante el mundo y lograr que nuestra reputación sea seria y que nuestros oponentes, nuestros adversarios en esa mesa, los británicos, quieran sentarse a discutir.

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Su tiempo se ha acabado, señora diputada.

Sra. Alonso (L.).- Pido permiso para insertar el resto de mi discurso en el Diario de Sesiones.  Como todos los diputados se han pasado de su tiempo, me tomaré dos minutos para leer un poema de Jorge Luis Borges, que se llama Juan López y John Ward, que dice: “Les tocó en suerte una época extraña.
          “El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras.
          “López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote.
          “El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte.
          “Hubieran sido amigos, López y Ward, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.
          “Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.
          “El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.”
          Empecemos a entender la historia. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra el señor diputado por Entre Ríos.

Sr. Rogel.- Señora presidenta, señores diputados: estuve a punto de ahorrarles 5 minutos en honor a que los diputados de mi bloque que han hablado han sido lo locuaces y precisos que merece la circunstancia. Pero habiendo escuchado varias exposiciones de algunos legisladores, debo hacer dos comentarios, aunque les voy a ahorrar algún minuto.
          Como dijo mi querido amigo ex presidente de la Comisión de Nuevos Derechos de la reforma de la Constitución de la provincia de Entre Ríos, a la que pertenezco, y con quien compartí esa tarea, nadie hablaba de las Malvinas en estos términos que estamos hablando. En dicha Constitución se redactó ese artículo 34 al cual mi amigo Raúl Barrandeguy ha hecho mención. Allí se decía que la recuperación de las islas Malvinas y demás espacios insulares y marítimos es una causa nacional y legítima permanente e irrenunciable a la que la provincia honra y adhiere.
          ¿Por qué traigo a colación el artículo 34 de la Constitución de mi provincia? Porque creo que rescata el espíritu al cual nosotros tenemos que dirigir nuestras acciones. No quiero hablar de nadie en particular ni hacer mención a ningún discurso de los que he escuchado esta tarde. Simplemente, les digo –sobre todo en presencia de quienes mientras nosotros comíamos, dormíamos, besábamos a nuestros hijos y hacíamos casi una vida normal, ellos estaban tratando de custodiar aquello que se llamaba soberanía y dignidad nacional lo siguiente: si quieren encolumnarse en la defensa del interés de Malvinas sobre la actitud asumida por Perón, háganlo; si los socialistas se quieren inspirar en la actitud asumida por Alfredo Palacios, háganlo. Nosotros vamos a seguir encolumnados en la resolución 2065 de Naciones Unidas, de la época de Arturo Illia, y en aquella idea de Hipólito Yrigoyen de que los hombres son sagrados para los hombres y los pueblos son sagrados para los hombres.
          No importa que nos convoquen, pero les pido encarecidamente que esta decisión de habernos reunido para aprobar este proyecto de resolución la transcribamos todos los días de nuestra existencia en cada uno de los proyectos y en las acciones de gobierno que realicemos. El sentido de patria, de Nación y de todo lo que haga al interés nacional tiene que ver no sólo con honrar a los muertos y a los que siguen viviendo; ese sentimiento que algunos lo transforman en chauvinismo barato de nacionalismo criollo.
          El interés nacional se define con cada una de nuestras acciones. Por los excombatientes que están presentes y por los que ya no están, defendamos esta causa nacional, comportémonos con la humildad y el respeto que pedía el señor diputado Aguad y con la seriedad que merece la circunstancia.
          Así como en la Constitución de la provincia de Entre Ríos pudimos incorporar un modesto artículo cuando no se discutía el tema Malvinas, el sentimiento nacional de la recuperación de dichas islas siempre se mantuvo intacto. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra el señor diputado por Formosa.

Sr. Díaz Roig.- Señora presidenta: realmente para mí es grato ratificar la firma de la declaración de Ushuaia, porque en 19901991 con un grupo de excombatientes de la provincia de Formosa introdujimos en la Constitución de nuestra provincia esta cláusula, que posteriormente repica en la Constitución de Chubut y de allí va a la Constitución Nacional. La inclusión de la cláusula Malvinas es el primer antecedente constitucional de la causa Malvinas.
          Pero yo estoy un poco preocupado acá se mencionó este sector de intelectuales, realmente extranjerizantes porque antes de ayer escuchaba lo que le respondía al periodista esta escritora que pareciera ser que es la que los representa a todos. Ellos son los que desarrollaron la teoría de que la soberanía de Malvinas depende de lo que piensen los kelpers. Lo grave es que el periodista le preguntó tres veces qué pensaba ella, a lo que la escritora le contestó: “No importa lo que yo piense.” Sí, no importa lo que piense, porque realmente no está haciendo otra cosa que leer el manual del enemigo o del opositor. Esta es la verdad.
          Comparto la idea de la nación latinoamericana, por lo cual es importante lo que ya se dijo en este debate de que hay que definir qué es nación. Varias veces expresé en este recinto que la nación es algo que tiene tres elementos: dos materiales y uno espiritual. Los materiales son el territorio y el pueblo, y el espiritual lo que se ha dado en llamar patriotismo, que es el sentido íntimo de pertenencia y la firme decisión de los hombres y las mujeres de atar el carro de su vida al destino de sus pueblos.
          Este componente espiritual hace tiempo que está siendo atacado por un virus producto del colonialismo cultural: el del antipatriotismo. Este virus es fácil de detectar, pues basta escuchar a alguien que cada vez que es entrevistado no se cansa de decir: “este país”, “¿qué quiere usted?, somos argentinos”, y “los países en serio”. Después uno viaja a los países en serio y ve que no son tan en serio.
          Para finalizar y ceder tiempo a otros expositores, destaco que esta política conducida por Néstor y Cristina Kirchner hoy es acompañada salvo esa pequeña minoría ideológicamente extranjerizante por la gran mayoría de los actores sociales, los partidos políticos y demás. Este es el camino hacia la democracia y la paz, que no cree que el problema sea de decisión de los kelpers sino que se vincula con los antecedentes históricos, geográficos, diplomáticos, y el apoyo de toda América latina y la gran mayoría de los países del mundo, que en definitiva será el triunfo de la paz y la democracia. Así recuperaremos Malvinas; recién entonces nuestros chicos descansarán tranquilos porque dejaron su vida por la tierra irredenta. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Tiene la palabra el señor diputado por Buenos Aires.

Sr. Domínguez.- Gracias, señora presidenta, y señor presidente de mi bloque por permitirme hacer uso de la palabra. No lo hago habitualmente, pero soy clase 1963, y en 1982 fui movilizado al teatro de operaciones del Atlántico Sur. Junto con diez grupos de artilleros nos mandaron a Malvinas. Yo pertenecía al grupo 10, pero cuando fue el grupo 9 se cortó la comunicación y no pudimos viajar.
          Con algunos ex combatientes que trabajan en el Congreso recordábamos –es inevitable hacerlo lo que sentíamos por esos días. Teníamos dieciocho años y nunca habíamos disparado un solo tiro, pero la verdad es que sentíamos que valía la pena ir a pelear a Malvinas, que la vida tenía un sentido trascendente porque nos convocaba una causa social que nos superaba.
          El fuego que sentíamos en nuestro interior era una mezcla de miedo y de lo que sentíamos por la distancia respecto de nuestros padres dado que era la primera vez que nos separábamos de ellos. No sé si era el cansancio, el miedo o la angustia, pero había una causa convocante que latía en nuestros corazones, y no fue un sentimiento individual sino algo que compartimos con todos los compañeros de mi generación.
          Yo perdí amigos de mi infancia, de toda la vida, en el hundimiento del crucero General Belgrano. Compañeros míos que estaban haciendo el servicio militar fueron a las islas y volvieron con muchísimas alteraciones. Fuimos a Malvinas como héroes y volvimos como traidores, muchos de nosotros enfermos de hepatitis y distintos virus yo estuve seis meses en cama al volver, y después al salir a la calle lo sentimos con mucha vergüenza.
          La verdad es que si entonces nos hubieran dicho que la dirigencia política argentina en algún momento de la historia de nuestro país iba a poder unificar una posición común en la defensa de una causa nacional, nos habría parecido una utopía. Hoy, tras casi treinta años de democracia, este Congreso antepone la patria, la causa de Malvinas, por sobre cualquier interés.
          Muchos de nosotros y los excombatientes de Malvinas aquí presentes deben sentir que aquel sentimiento que nos movilizó de angustia, de impotencia y de recuperar lo que es nuestro valió la pena. Por eso quería hacer uso de la palabra, para decir que la política argentina está interpretando el sentimiento mayoritario de nuestro pueblo. Es cierto que la política exterior constituye un testimonio. Si creemos en la nueva cultura y la civilización, que es el diálogo, la negociación, el entendimiento, como única forma de resolver los conflictos de la sociedad, no tenemos otro camino que el de dar testimonio.
          Podríamos haber sido mezquinos e incluido en este debate razones particulares; sin embargo, en todos nosotros estuvo presente la idea de patria. Hoy es un día en el que le respondemos al pueblo argentino con la expresión máxima de la política: somos intérpretes de la voluntad mayoritaria del pueblo.
          ¿Saben el dolor que sentíamos cuando veíamos a los países hermanos que ayudaban a los ingleses? Esto no pasa en la Argentina después de treinta años de democracia. Los países del Cono Sur, del Mercosur, de América Latina, de la CELAC y de otras latitudes rechazan el colonialismo del gobierno inglés. Evidentemente, este es un avance de la democracia.
          Muchas veces cargamos en nuestro haber dolores, angustias, críticas y nos auto-flagelamos; pero también debemos decir las cosas por su nombre. El Congreso está hoy a la altura de las circunstancias de lo que demanda el pueblo argentino. Por eso la lucha, los momentos duros, la angustia, las tristezas valieron la pena. Digo esto como parte de una generación, la generación de Malvinas y la de la democracia. En el año 1983 votamos por primera vez, y hoy siento que los argentinos recuperamos lo que nunca debimos haber perdido: sentirnos parte de un destino común. La causa de Malvinas valió y sigue valiendo la pena.
          Honestamente nunca imaginé en mi vida de militante que iba a presidir este cuerpo. Agradezco al peronismo, a la democracia, a la señora presidenta por la confianza delegada, y a cada uno de ustedes.
          Propongo que en una resolución conjunta resolvamos colocar alguna placa que diga que las Malvinas son argentinas previa consideración por parte de las autoridades de los museos nacionales y evaluación de la arquitectura para demostrar al mundo que la comunidad política argentina defiende lo que le es propio y  nunca estará dispuesta a ceder: la soberanía de las islas Malvinas. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Se va a votar el dictamen de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto recaído en el proyecto de declaración por el que se aprueba la declaración de Ushuaia reivindicando los derechos soberanos de la República Argentina sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur. (Orden del Día N° 188.)
- Resulta afirmativa.

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Queda sancionado por unanimidad el proyecto de declaración.
          Se harán las comunicaciones pertinentes. (Aplausos y manifestaciones en las bancas y en las galerías.)

- Puestos de pie, los señores diputados y el público asistente, proclaman: ¡Viva la Patria!

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).-  Tiene la palabra el señor diputado por Mendoza.

Sr. Carmona.- Señora presidenta: entiendo que el proyecto de declaración se aprobó por unanimidad. Por lo tanto, si no hay objeciones solicito que se deje constancia de que la declaración de Ushuaia ha sido sancionada por unanimidad de la Honorable Cámara. (Aplausos.)

Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).- Se deja constancia de que el proyecto de declaración fue sancionado por unanimidad.
          Se va a votar si se autorizan las inserciones solicitadas por los señores diputados.
- Resulta afirmativa.


Sra. Presidenta (Abdala de Matarazzo).-  Se harán las inserciones solicitadas.

[continua el tratamiento de los restantes puntos del orden del día…]

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