marzo 04, 2012

Mensaje del Gobernador de Chubut, Mario Das Neves, en la apertura del período de sesiones ordinarias (2011)

MENSAJE
DEL
GOBERNADOR DE LA PROVINCIA DE CHUBUT
Mario Das Neves
EN LA APERTURA DEL 39° PERIODO DE SESIONES ORDINARIAS
EL 27 DE FEBRERO DE 2011

Diputados de la Provincia del Chubut, pueblo de Chubut: Entendimos desde hace más de siete años que la política no es resignación. Que ejercida con voluntad, compromiso y responsabilidad puede cambiar la vida de la gente. Desde esa convicción comenzamos a gobernar sabiendo que el primer paso era eliminar dos males endémicos de nuestra sociedad: la exclusión y la desigualdad.
Los dos habían crecido de manera vertiginosa a través de los años, condenando a la marginalidad a miles de habitantes. Entonces, lo primero que teníamos que hacer era cambiar el rumbo de esa política injusta y excluyente.
Se podía. Sabíamos que se podía construir una sociedad más justa, más humana, más igualitaria. Sólo había que tomar la decisión. Y tener el convencimiento de que no hay otro destino que el que nosotros mismos somos capaces de construir.
Nuestro propósito fue y es conducir a la provincia hacia el desarrollo para conseguir además del crecimiento económico una distribución equitativa de la riqueza y la mejora del bienestar general, individual y comunitario, en forma perdurable.
El objetivo era crecer sin desigualar. Que la inclusión y la integración no sean sólo declarativas sino objetivos claros que nos permitieran refundar la esperanza. Un pueblo crece desde la decisión de sus gobernantes pero también desde su propia decisión: se pueden vencer las adversidades y transformar la realidad.
Desde ese mensaje encontramos un acompañamiento único que sentimos desde el primer momento en que juramos desempeñar con lealtad y patriotismo nuestros deberes de gobernante.
Jurar no fue un acto protocolar. Fue asumir obligaciones sagradas. Propósitos y principios. Entre ellos, saldar las deudas sociales con la pobreza, la indigencia, la ignorancia y la exclusión.
Por eso hicimos en cada momento lo que teníamos que hacer. Lo que demandaba un pueblo necesitado de transformaciones profundas. Que no quería promesas sino compromisos. Que necesitaba un cambio que vaya más allá de la prédica. Que necesitaba hechos.
Nos propusimos tener coraje y audacia. Y avanzar sin pausas ni paciencia. Ya bastante paciencia había tenido la gente para esperar durante años interminables un techo propio para vivir, un trabajo para sostenerse, el acceso a la salud y condiciones dignas para educarse.
No quedaba tiempo para más palabras. Entonces, pusimos manos a la obra. Encaramos un desafío que debía ir más allá de los mandatos. Y lo transformamos en un desafío para toda la vida.
Día a día reciclábamos el intento de ir construyendo una provincia igualitaria, con las mismas posibilidades para todos. Apoyándonos no sólo en la acción: también en la verdad, la diversidad, los valores morales y al amor al prójimo. Imprescindibles para fortalecer la transformación que soñábamos.
Estoy convencido que vamos a llegar. Y que vamos a poder sostener en el tiempo un modelo que surgió a partir de una nueva concepción de las obligaciones de los gobernantes.
De los deberes institucionales y políticos que debemos asumir y cumplir para hacerle honor al mandato que nos transfirió la gente. Y sumar a esa gente al proyecto más integrador.
La función del político es también contribuir a la madurez y al crecimiento de su pueblo. Eso se logra cuando los objetivos se transmiten con claridad. Y cuando se demuestra que hay decisión y convicción para alcanzarlos.
Decía Víctor Hugo escritor, intelectual y académico francés: “No existen países pequeños y la grandeza de un pueblo no se mide por el número de sus habitantes, como no se mide por la estatura la grandeza de un hombre”.
Buscamos la consolidación de un desarrollo sostenido, con equidad y solidaridad entre todos los habitantes y todos los espacios territoriales. Cada rincón de Chubut era igual a otro rincón. Y cada hombre igual a otro hombre. Ese concepto de igualdad nos permitió pensar entre todos, consensuar entre todos y cumplir entre todos.
Pueblo de Chubut: sabemos que falta. Por eso les voy a pedir que nos sigan acompañando. Que sean la garantía de la continuidad de este modelo: transparente y efectivo en su ejecución. Solidario en su desarrollo. Inclusivo e integrador en sus formas. Juntos hicimos historia. Ahora, hagamos futuro.
El 10 de diciembre de 2003 ocupé por primera vez este lugar como gobernador de la provincia. Y por primera vez cumplí con la obligación constitucional de exponer mi futura acción de gobierno. Debo reconocer que aquel discurso no fue una obra de arte de la literatura: sólo fue el resumen de mis compromisos.
Hoy puedo decir con enorme satisfacción que cada una de aquellas palabras que pronuncié fue un contrato que firmé con la gente. Y que hemos cumplido. No es vanidad. Es ratificar ante ustedes que comprometimos un cambio y lo llevamos adelante.
Muchos de esos cambios están a la vista. Entre otras cosas, en aquel discurso, hablé del rol de estado.
Y tomé un compromiso: modernizarlo. Dije aquel día: “no hablamos de transformación sino de modernización del estado para que cumpla con eficiencia con lo que tiene que hacer: garantizar la salud, la seguridad, la educación y la justicia de los ciudadanos”.
Y me comprometí a “que se acaben las esperas interminables en los hospitales, las demoras para hacer una denuncia, la burocracia insoportable para obtener una ayuda y los días de angustia para anotar un niño en la escuela”.
Tomamos la firme decisión política de que el estado cambie. Y que sirva a los fines para los que fue creado: servir a los ciudadanos. Las decisiones políticas deben ser justas, no tienen que dejar pasar las oportunidades ni falsear la realidad. Sabíamos que no era una tarea fácil.
Pero teníamos tiempo y ganas para concretarla. Debíamos mejorar la función pública en calidad y agilidad. Un estado burócrata sólo sirve a los burócratas. Innovando en la función pública produciríamos los cambios necesarios para llegar al fin común del desarrollo.
Y en eso, el estado cumple un rol clave. Por eso, tomamos un compromiso irrenunciable y realizamos profundos cambios en la administración de la cosa pública. Así pudimos administrar con mayor agilidad los recursos de todos los chubutenses. Y crear las condiciones para invertirlos con rapidez y eficiencia. Para que se acaben las esperas torturadoras del acceso a las condiciones mínimas para llevar adelante una vida digna.
Cientos de obras dan fe del trabajo que este Gobierno realizó en los últimos siete años. Obras que intentaron ocuparse de todos y cada uno de los habitantes de esta provincia.
Dije aquí, el primero de marzo del año 2004, al abrir por primera vez las sesiones legislativas: “La desigualdad no sólo genera injusticia. También genera tristeza. Esta debe ser una provincia con igualdad de oportunidades, un objetivo irrenunciable de mi gobierno. Gobernar es crear trabajo y abrir escuelas. Es pensar sobre la salud y no sobre la enfermedad. Es construir viviendas. Es crear una sociedad segura y seguro está el hombre que tiene trabajo. Gobernar es sacar a los chicos de la calle, es darle a los jóvenes la oportunidad de estudiar, a las madres un futuro de grandeza para sus hijos y a los ancianos, una vejez digna”.
De esta manera dejaba en claro cuál era el pensamiento del ejercicio del poder, que no es propio: el poder lo da la gente. Y debe volver a la gente. Es lo que hicimos. Respondiendo con hechos más que con palabras.
Entendemos como insoslayable a la familia para la consolidación de una sociedad organizada. La familia junta, bajo un mismo techo propio y seguro.
En estos años construir viviendas ha sido más que una acción, una gestión humanista: no existe un futuro cierto sin una sociedad que le de a todos sus habitantes la posibilidades del acceso a una vivienda digna.
Pusimos en marcha innumerables planes. Que no representaban soluciones mágicas, sino soluciones ciertas. La sumatoria de todas las acciones nos ha permitido beneficiar en forma directa a más de 37 mil familias, lo que representa más del 25 por ciento de la población total de la provincia. La inversión superó los 1.800 millones de pesos. Más de la mitad con fondos provinciales. Vamos a construir este año 1.246 viviendas con fondos propios.
No nos amedrentan las acciones intencionales de quienes pretenden ahogar nuestra economía no enviando los fondos que nos corresponden.
Fondos que no le pertenecen a quienes administran el dinero del Gobierno nacional: son de todos. Este impiadoso intento de ahogo financiero es una demostración de poder repudiable. Piedras en el camino que sorteamos y vamos a seguir sorteando desde la actitud, la convicción y el manejo austero y correcto de la plata de todos los chubutenses.
Seguiremos construyendo viviendas, con atención prioritaria a los sectores de menores recursos. Aplicaremos, como hasta ahora una política pública ambiciosa, previsible y sostenida. La que dio soluciones habitacionales a más del 25 por ciento de la población. La que hizo realidad la satisfacción del techo propio y terminó con las esperas tortuosas de años y con años de peregrinaciones interminables.
Considero necesario comentar las convicciones que nos alentaron a tomar decisiones fundamentales para la política educativa de la provincia. Al asumir como gobernador me propuse abolir la contradicción flagrante entre la declamación, las plataformas técnicas y el discurso presupuestario. Era necesario para vencer al fantasma del descreimiento.
Al asumir encontramos múltiples problemas, todos de difícil abordaje. Tuvimos que establecer prioridades abarcativas y no más de tres porque de lo contrario, no hubiéramos hecho nada.
Una fue el presupuesto y a partir de su incremento la búsqueda de la equidad y calidad educativa, la recuperación de la capacidad de gestión de las políticas públicas y la concertación. Todo ello debía hacerse con mística y pasión y contagiarla a todos los actores. Lo demás vino y viene por añadidura.
Este incremento presupuestario del 517 por ciento sin contar lo invertido en infraestructura nos permite exhibir logros en cada uno de los niveles y modalidades del sistema educativo.
Desde hace cinco años hemos superado los 180 días de clase, sin contar el ciclo lectivo que recién comienza. Por eso sostengo que hemos cumplido con esos sueños prioritarios: equidad y calidad, gestión y concertación. Podría enumerar muchísimas acciones más. Pero no es necesario abundar en ellas. Ya están en el corazón y la memoria de cada chico, de cada docente y no docente. De cada familia.
No tenemos dudas que estas políticas que nos posibilitaron que todos los alumnos vayan a la escuela a aprender y todos los docentes a enseñar serán continuadas y superadas. Porque ningún chubutense permitirá un paso atrás en educación como tampoco lo permitirá en ninguna otra política pública.
No hemos vendido ninguna frase, ninguna promesa: simplemente vencimos al descreimiento.
La construcción de 38 centros de salud, 10 puestos sanitarios, 4 hospitales nuevos, la adquisición de dos clínicas y la puesta en marcha de tres escuelas de enfermería es el espejo donde podemos mirar las políticas que llevamos adelante en una de las áreas más sensible del estado. Y lo es. Porque lo que está en juego es la vida de las personas.
Un sistema colapsado, con deudas y sin un plan de inversión sólo podía generar más enfermos. Gente que no encontrara respuestas a sus problemas y a sus dolores.
Por eso, como lo dije también en esta Casa, nos propusimos trabajar sobre la salud y no sobre la enfermedad. Sobre la prevención y no sobre los lamentos. Nada que fuera una inversión en salud representaba un gasto.
La gente merecía tener medicamentos en los hospitales, no soportar largas esperas para ser atendidos y contar con la cantidad de profesionales necesarios para garantizar su atención.
La inversión de casi 700 millones de pesos, el aumento de la superficie construida del área que supera el 100 por ciento respecto de la existente en el 2003 y en particular en los Centros de Atención Primaria de la salud el aumento de la superficie construida del 400 x ciento dan cuenta de cómo hemos trabajado en todos estos años.
Haciendo hincapié en flagelos que nos atormentaban cuando asumimos el gobierno como la mortalidad infantil. También la hemos bajado a niveles históricos. Pero claro que no lo hicimos solos.
Contamos con funcionarios y profesionales comprometidos con la misma idea y la misma convicción. Quiero dejar en claro que siento haberle dado a la gente lo que la gente merece.
No hay justificativos que alienten otro tipo de política que no sea la de asegurarle a los ciudadanos el acceso a la salud. No es ningún mérito, es una obligación.
Lo resumió Evita en una frase por todos sentida: señores, donde hay una necesidad, hay un derecho.
Por eso también y en nuestra intocable decisión de repartir equitativamente la riqueza, fuimos poco a poco dándole a los habitantes de la provincia lo indispensable para llevar delante de la mejor manera su vida cotidiana.
Así comenzamos con la equitativa distribución de bienes y servicios hasta llegar a cifras que primero fueron un desafío y después un sueño cumplido: los servicios alcanzan el 97 por ciento en agua, 99 por ciento en luz, 92 por ciento en gas y 85 por ciento en cloacas.
Nada más grato para mí poder dar a conocer esta realidad alcanzada a través del trabajo y las convicciones. Tuvimos otra prioridad: nuestros adultos mayores. Ellos no merecen misericordia, discriminación o maltrato. Deben ser los depositarios del esfuerzo, la solidaridad y la mejor atención de parte de los gobiernos.
Hemos dado pasos concretos para intentar devolverles todo su amor y sus sacrificios. No es más que un acto de justicia. Darles una vejez digna que no sólo mejore su calidad de vida sino también les retemple el espíritu.
Ellos han sido, en muchos casos, los creadores y hacedores de hechos y acciones que hoy disfrutamos. La mejor manera de agradecérselo es con hechos. Por eso, les devolvimos aquel despojo del 13 por ciento de un mal llamado aporte solidario.
Por eso el 82 por ciento móvil vigente desde abril de 2005, el reemplazo de las pensiones provinciales por una jubilación mínima, las viviendas tuteladas y el programa contra la discriminación, abuso y maltrato desde la perspectiva de preservar sus derechos.
Por eso el turismo social costa cordillera que ha tenido un explosivo crecimiento de participación de adultos mayores en los últimos años, por eso el apoyo a los centros de jubilados y el permanente fomento de las actividades culturales y recreativas.
Por eso aprendimos a quererlos más, a darles más aunque sabemos que nunca nada será suficiente. Nuestros abuelos merecen el acceso a una vejez rodeada de hechos y afectos que le hagan saber que este largo recorrido por la vida no ha sido en vano.
Me comprometí en esta casa, hace más de siete años, a crear trabajo. Un hombre desocupado siente angustia y frustración. Las hicimos nuestras, sentimos lo mismo.
Pero no nos quedamos sentados esperando soluciones mágicas.
Quisimos primero, revertir una situación reconocida por quienes en su momento no pudieron, no supieron o no quisieron: pusimos manos a la obra para que Chubut deje de ser una fábrica de pobres.
Chubut debía convertirse en una gran fábrica donde hombres y mujeres encuentren lo que les da dignidad: un trabajo. Sin que para ello deban mendigar, peregrinar o convertirse en presa de quienes los utilizaban con fines políticos a cambio de miserables retribuciones.
Crear trabajó significó también terminar con una práctica deleznable: el clientelismo político. Eso, resultó para este gobierno una enorme satisfacción. Desde diciembre de 2003, el crecimiento del empleo registrado fue del 51 por ciento.
Más de 35 mil nuevos puestos y más de 3 mil nuevas empresas activas.
Con el pulso firme, convertimos a Chubut en una provincia previsible donde el empresario pueda invertir con confianza. Y donde cada hombre y mujer cuente con un lugar donde trabajar.
Bajamos la desocupación a un dígito. Los niveles de pobreza e indigencia han descendido de manera vertiginosa. Y eso también lo genera el trabajo.
En mayo de 2003 los niveles de indigencia en los hogares llegaban al 16,5 por ciento y los niveles de pobreza al 41 por ciento.
Podemos exhibir, según los datos de los técnicos de la Dirección General de Estadísticas y Censos que en el primer semestre de 2010 la línea de indigencia tiene un histórico 2,1 por ciento y la pobreza descendió al 4,7.
Pero además, la crisis económica que sacudió al mundo durante el año pasado hizo que impulsáramos medidas de prevención, firmando pactos sociales para asegurar las fuentes de trabajo.
Intervenimos en conflictos aún en aquellos que podíamos ignorar y Chubut fue la provincia pionera en cuanto a la renegociación de contratos petroleros con resultados que están a la vista.
Sabemos que aún nos queda por hacer. Habremos bajado los brazos sólo cuando tengan ocupación todos y cada uno de los chubutenses. Y cuando no existan ni pobres ni indigentes.
Vamos a llegar: podrán cambiar los nombres pero no los objetivos. El modelo que pusimos en marcha en 2003 ha demostrado que se puede. También lo dije aquí y lo hemos cumplido.
De la misma manera y en otras áreas, notamos falencias históricas y actuamos en consecuencia para revertir la situación.
Pero lo repito: en muchos de los casos pusimos en manos del pueblo las herramientas necesarias para lograr el cambio que impulsábamos.
Porque era necesario que en pos de lograr sus objetivos, el estado tenga una actitud de apertura y abandone su posicionamiento paternalista, rediseñando su rol y garantizando la participación de quienes serían también los constructores y a la vez receptores de esos cambios.
Así puedo decir que cuando asumí en 2003, la inversión por cada habitante en el área cultural era apenas de 25 centavos; repito, 25 centavos. Qué podían hacer nuestros hacedores culturales, desde los más encumbrados hasta aquellos que hacían del arte su andar callejero.
Los presupuestos asignados al desarrollo de la cultura en los últimos años hablando por sí solos: los hemos incrementado 6 veces más. Aseguramos así, como lo prometí en 2004 la libertad de creación. Y también la protección de nuestro patrimonio.
Un caso similar es el deporte. Anticipé que para este Gobierno dejaba de ser sólo un área de entretenimiento para convertirse en una herramienta de inclusión social.
Construimos, a partir del deporte varios espacios: de aprendizaje, inclusión, recreación, autoestima y reafirmación familiar.
Y digo esto último porque el deporte sirve para que los chicos y jóvenes abandonen vicios de la vida mundana, asocien sus objetivos y sobre todo, salgan de la calle.
Es la más escueta explicación de por qué el Estado chubutense invirtió en deportes desde el año 2003 a 2010 121.813.913 pesos con obras en 35 ciudades y localidades.
Y por supuesto, haremos más.
Nuestra política de inversión, la de destinar a los chubutense, la plata que es de los chubutenses tuvo otro destino clave: la de construir rutas y caminos.
Sabiendo que esas rutas y caminos acortan las distancias entre nuestros pueblos algunos de ellos, dispersos en la inmensa geografía que la naturaleza le otorgó a nuestra provincia. Por eso, se hacía necesario comenzar con la construcción de redes viales que no sólo signifiquen un adelanto en infraestructura, sino también un lazo de unidad entre la gente.
La inversión superó largamente nuestras expectativas. Y así la red provincial pavimentada se incrementó un 80 por ciento y la red caminera en un 50% en estos siete años de historia de la Provincia..
Reconstruimos caminos de ripio, caminos vecinales, más de 3.000 kilómetros, transformamos huellas y caminos vecinales, construimos puentes y pasarelas –más de 40, millonarios- algunos a veces para incluir diez, quince familias que estaba dispersas en las zonas rurales, para beneficiar solamente a un grupo reducido de personas o de familias chubutenses.
Pero no por ser pocos debían seguir sufriendo la exclusión y el aislamiento. Intentamos revertirlo y entendemos que lo hicimos en un alto porcentaje.
Desde hace algunos años, el turismo ha representado para nuestra provincia un área no sólo de ingresos genuinos, también de creación permanente de puestos de trabajo. Hemos desarrollado políticas de promoción que nos han dado excelentes resultados.
No lo digo yo: lo muestran las estadísticas que hablan de un crecimiento explosivo de visitantes en todas y cada una de las áreas naturales. La naturaleza nos ha beneficiado con un paisaje paradisíaco y dotado de flora y fauna única en el mundo. La única manera de aprovecharlo es con la puesta en marcha de acciones tendientes a hacerlos conocer al mundo. Así lo hicimos.
Pero quiero destacar que también pusimos en la balanza el cuidado de estos recursos para evitar impactos que los perjudiquen. Su aprovechamiento no significa el camino hacia su destrucción. Por eso, hemos balanceado con estudios científicos la explotación sin impactos negativos. Para que todas las generaciones que vienen también puedan disfrutarlos.
Nuestra política sobre derechos humanos, valorada aún fuera de los límites de la provincia es otro de los temas que han ocupado y preocupado a la gestión. El estado reivindicó a aquellos cuyos derechos esenciales de la vida habían sido avasallados y saqueados por el mismo estado.
Pusimos en marcha políticas tendientes a recuperar lugares históricos para recuperar también la memoria. Para que nuestros jóvenes sepan de donde vienen. Y entonces tengan en claro hacia donde van.
La preservación del medio ambiente como derechos intocable del pueblo. Preservación que fue más allá de cualquier interés económico y algunas de cuyas áreas merecerá una discusión profunda de la cual participará la gente y las acciones que pusimos en marcha para igualar a aquellos que tienen capacidades diferentes, forman parte del trabajo de estos siete años y que ustedes diputados y el pueblo del Chubut encontrarán por todo el territorio provincial.
Por último quiero destacar un acto que considero de estricta justicia. Y tiene que ver con la tierra.
Durante largos, interminable años nuestras comunidades aborígenes fueron despojadas de lo que legítimamente les pertenece. Del lugar donde nacieron y donde con seguridad van a permanecer toda su vida.
Más de 260 mil hectáreas fueron restituidas a comunidades y familias aborígenes en el marco de nuestra política de regularización dominial. Quiero destacar que en los últimos 50 años hubo 490 mil hectáreas regularizadas.
Hubo nueve comunidades beneficiadas y tenemos previsto entregar títulos de propiedad por 100 mil hectáreas más.
Quiero mencionar estos nombres: Pocitos de Quichaura, Colonia Epulef, Lagunita Salada, Costa de Lepá, Cerro Centinela, Sierra de Tecka, Blancuntre, Cerro Cóndor, Blancura, Ñorquinco Sur, Barrancas y Prane, Cerro Negro, Fofo Cahuel, Taquetren, Fitamiche.
Les recomiendo a muchos dirigentes que aparecen por los medios que conozcan esta realidad; no la conocen.
Hasta allí llegamos para hacer justicia. Lo recuerdo: no hay pueblos chicos ni pueblos grandes. No hay muchos ni hay pocos: hay chubutenses.
De la misma manera hemos actuado para que cientos de vecinos sientan la tranquilidad de tener su título de propiedad y sentirse definitivamente, dueños de sus viviendas.
Ciudadanos. quiero decirles dos cosas.
La primera es que sin intentar desconocer la titánica tarea de quienes se animaron a poblar estas tierras y de quienes los sucedieron, le propuse comenzar la segunda colonización de la provincia. Para eso, me apoyé en la concreción de obras fundamentales para el desarrollo de los pueblos.
Obras gigantescas que habían quedado en promesas incumplidas a través de los años, pero que tuvimos la enorme satisfacción de poner en marcha. En el valle inferior, en la cordillera, en el sur de la provincia.
Aprovechamos los cimientos que colocaron quienes fundaron Chubut para que nosotros nos convirtiéramos en quienes continuemos su obra. Quienes llegaron primero debieron enfrentar enormes dificultades y tropezar varias veces en el camino. Pero se sobrepusieron.
Fue en honor a aquellos esfuerzos que encaramos esta segunda etapa en la provincia para transformarla de manera definitiva y convertirla en digna de ser vivida.
La segunda es la seguridad. No soy necio y se que estamos en deuda. El mundo entero lucha con un flagelo que parece invencible. No estamos ajenos. Y tampoco nos hacemos los distraídos.
Por eso cada día hacemos el intento de comenzar a erradicarla. Tienen que estar presos los delincuentes y no los ciudadanos.
Sé que hay que cambiar algunas formas, sobre todo en la manera de administrar justicia. Comprendo y acompaño a los familiares de las víctimas de la violencia. A las que han vivido en carne propia situaciones de angustia y dolor que se muy bien, nunca terminan.
Renuevo el compromiso junto a las autoridades y todas las fuerzas de seguridad de continuar esta lucha que no tengo dudas, nos tendrá del lado de los vencedores.
Así como hago esta autocrítica pido, con todo respeto que también la hagan otros poderes del estado. Y digo esto por algunas cuestiones que pretenden ser enterradas en el olvido cuando la gente, toda la gente de la provincia reclama un gesto que coloque a la Justicia en el lugar que debiera estar: haciendo justicia.
Nos costó mucho recuperar el Banco. Debimos tomar decisiones fuertes, apelar a todos los recursos a nuestro alcance y, sobre todo, convencer a la sociedad que se lo podía recuperar. Lo hicimos.
Hace años que ya no es un banco que sirve a una casta privilegiada de empresarios y funcionarios. Así era. Pero hoy sirve a los intereses de todos y cada uno de los chubutenses.
Hay récord de depósitos y se han establecido líneas de créditos para todos los sectores sociales y todas las actividades. Lo recuperamos para que el pueblo de Chubut pueda usarlo como corresponde y como siempre debió ser.
Ese mismo banco había sido saqueado, devastado y fundido por un grupo de inescrupulosos y poderosos hombres de la política y los negocios que se aprovecharon del poder para enriquecerse. Esto no lo digo yo. Lo dijo una parte de la Justicia que a través de un juicio público histórico los encontró culpables de haber vaciado nuestro banco. Y los condenó. Pero hoy, a casi dos años de esa sentencia que debe ser ejemplificadora, siguen libres. Como siguen libres también violadores que seguirán violando y asaltantes que seguirán asaltando.
Con humildad y como un ciudadano más, le pido a la justicia, que haga justicia. Que ocupe el tiempo en devolverles a los ciudadanos la fe en las instituciones y actúen con la misma rapidez en todos los casos.
Quedó demostrado que pueden hacerlo. La gente quiere a los delincuentes presos.
Entonces, si quienes hoy tienen ese deber, esa obligación y esa responsabilidad ante la gente decente no están dispuestos a hacer justicia llegó la hora de dejar el lugar a otros, que sí quieran hacerla.
Permítanme ahora hacer algunos reconocimientos personales.
A los integrantes de esta Cámara, las dos que me tocó transitar durante ambos mandatos. Y digo ambos mandatos, porque no habrá otro. Dije que soy un hombre de palabra. Sostengo con hechos y acciones lo que digo y lo que pienso.
Pude caer en la tentación de una reforma constitucional que me permita intentar continuar gobernando la provincia. Pero para mi puede más mi palabra ante la gente. Si desde aquí impulsamos alguna reforma constitucional será a los fines de servir a los intereses de los ciudadanos. Y para igualar los derechos, obligaciones y garantías de todos los ciudadanos de mi provincia.
Nadie debe tener privilegios asociados a los cargos que ocupan y ese será seguramente, uno de los motivos de los próximos debates. La democracia nos otorga estas oportunidades: la de poder disentir y por qué no pelear por lo que uno cree más conveniente. Y también nos permite reflexionar.
Lo he dicho: sé que muchas veces he actuado con vehemencia. Fue mi manera de defender la acción de este gobierno. Llegué aquí con ideología e ideales. Con proyectos, sueños y utopías. No tenía por qué abandonarlos. Lo que hice fue defenderlos. Y lo hice lo mejor que pude. Sé que en ese fragor, pude cruzar algún límite. Si así fue, como ya lo hice una vez desde este mismo lugar: pido disculpas por ello.
Y también las pido, por los errores que pude haber cometido.
Diputados: desde el lugar que ocuparon y ocupan mi reconocimiento a su trabajo. Al de quienes están de este lado. Y al de quienes no lo están. Todos han fortalecido a las instituciones. Y eso tiene un valor superlativo que supera cualquier diferencia.
Quiero darle las gracias al hombre que sin condicionamientos me acompañó durante todos estos años. Imponiendo respeto y equidad en el manejo de esta Legislatura. Y por sobre todas las cosas actuando con absoluta lealtad. En lo individual y en lo colectivo.
Sé que tuvo que abandonar muchas cosas para estar aquí a partir de la decisión de acompañarme cuando nadie quería acompañarme. Y que tuvo un rol fundamental en la modernización de esta casa, pilar indisoluble del sistema. Vicegobernador, amigo y compañero Mario Vargas: no tengo más palabras.
No quiero dejar de nombrar a todos quienes me acompañaron en la función pública. Ellos también son dueños de estos logros.
Y con una importante cantidad de cuadros políticos jóvenes que han heredado fortaleza y convicciones de los más expertos, transformándose en los futuros continuadores del modelo.
Por último, un agradecimiento especial a mi familia. Porque me acompañó en todos los momentos. Desde el mismo instante en que comencé a transitar esta pasión de convertirme en el gobernador de mi provincia.
Siguen a mi lado. Mi esposa Raquel, compañera de toda la vida. Mis hijos Pablo y María Victoria; Emma, mi nieta. Mi madre, que me guía con su mirada. Y mi padre Dionisio. Que también me guía con su mirada. Y con su palabra. La que nunca voy a olvidar. Y es la que estoy honrando.
Señores legisladores: No voy a terminar mi discurso de una manera habitual.
Siento que a través de todos estos años, el gobierno que encabezo entabló una relación especial con la gente de toda la provincia. Y a esa gente común quiero hablarle.
Porque reconstruí y registré instantes de la vida de las personas a las que tuve el privilegio de conocer. Y es lo que todos los días siento presente en mi espíritu. No tengo dudas que sin ellas no sería hoy la persona que soy. Con ellas compartí lo bueno y lo malo, lo ganado y lo perdido, lo bastante y lo insuficiente.
Hombres y mujeres que se hicieron luchando y estoy seguro, van a cumplir su destino con su lucha. Los que levantaron nuevas banderas para recuperar la dignidad por más duro que haya sido el camino.
Recorrí miles de kilómetros, me abrieron las puertas de las casas más humildes, me di la mano con aquellos que necesitaban mucho más de lo que tenían pero sin embargo ponían el pecho. Y si era necesario, también la otra mejilla.
Para muchos son hombres y mujeres anónimos pero tienen una identidad bien marcada, fuertemente sostenida por sus ganas de salir adelante. Es la gente por la cual sentimos la necesidad de transformar el estado construir caminos, abrir fábricas, hacer escuelas, viviendas y centros de salud.
Es la gente que por mucho tiempo no le interesó a nadie, que habitaba en una geografía desconocida y difícil. Quisimos transformar ese dolor en esperanza porque todo estaba lleno de sueños en nosotros.
Paulo Coelho escribió que “el mundo está hecho de aquellos que tienen el coraje de soñar. Y de correr el riesgo de vivir sus sueños”.
Nada se consigue sin coraje. Y además, tomamos la decisión de correr los riesgos. Para de esa manera, cumplir los sueños.
Por eso empezamos a vivir en muchos sitios, no en un solo lugar sino en todos los lugares de la provincia. Y así aprendimos lecciones que después de 7 años permanecen intactas en la memoria.
Pueblo de mi provincia: Hoy empiezo a despedirme. Con nostalgia. Pero debo confesar que también con felicidad. La de haber podido compartir una transformación profunda. Un cambio de actitud en la manera de hacer política.
No me compete a mí evaluar el mérito y el resultado de los esfuerzos realizados. Eso es tarea de ustedes. Soy un hombre de fe. Y por eso siento que el pueblo volverá a apostar por la ratificación de un modelo de Gobierno que trascendió nuestros límites, que nos permitió crecer y creer y que cada día renueva el ejercicio de su función institucional para seguir construyendo futuro.
Tenemos a los hombres y mujeres dispuestos a darle continuidad al desarrollo de Chubut. No estarán solos. Los acompañará esta enorme experiencia de haber transitado un camino que tuvo un principio pero que aún no conoce el final.
Diciembre está a la vuelta de la esquina. Nueve meses me separan del punto final de esta gestión y del punto de partida hacia otros caminos de la política que deseo transitar.
Todos lo saben, se los he dicho: quiero ser el futuro presidente de los argentinos.
Haré el esfuerzo. Los únicos sueños que fracasan son los que se abandonan. No es mi caso. Voy a seguir. Voy a luchar. Voy a dar batalla.
Porque este sueño está en mi mente y en mi corazón. Y por eso, quiero cumplirlo.
Dejé para el final, unas letras de José Saramago, poeta y dramaturgo portugués, la tierra de mis ancestros. Esas palabras ya no le pertenecen a Saramago, son del mundo porque se las dejó al mundo como su mejor herencia. Por eso, ahora voy a hacer mía esa idea para ponerle fin a este discurso.
Dijo el escritor: “Termino. La voz que leyó estas páginas quiso ser el eco de las voces conjuntas de mi pueblo. No tengo, pensándolo bien, más voz que las que el pueblo tiene. Perdónenme si les pareció poco esto, que para mi es todo”.
Muchas gracias.
MARIO DAS NEVES

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