junio 18, 2012

Antecedentes y decreto de H. Yrigoyen sobre la construcción de la línea férrea de Huaytiquina (1919)

UNION DEL ATLANTICO CON EL PACIFICO
[Línea férrea de Huaytiquina]
Hipólito Yrigoyen
[25 de Octubre de 1919]

Buenos Aires, marzo 3 de 1920.
Al Honorable Congreso de la Nación:
Ha sido desde sus comienzos motivo de constante preocupación del Poder Ejecutivo, la situación de desventaja en que para su expansión y su tráfico comercial se encuentran en nuestras provincias del norte y centro.
Entre los hondos males causados a la Nación por el predominio que acaba de terminar, figuran los inferidos a las provincias y territorios nacionales que, sin duda alguna, habrán malogrado para siempre en mucha parte el natural y expansivo desenvolvimiento de la nacionalidad en las proporciones verdaderas de su poderosa naturaleza y de la justa amplitud de su espíritu.
Desde gran parte de sus tierras, las más feraces y de sus riquezas las más productivas, hasta las instituciones y libertades indispensables a la normalidad de la vida, sufrieron y soportaron todas las devastaciones posibles y todas las perturbaciones imaginables.
Las provincias referidas, son las que más sintieron los agravios de esa larga prepotencia, por encontrarse más distantes del intercambio con las corrientes civilizadoras y con los medios de comunicación.
En el estancamiento y a un retroceso comprobado, en que hoy se encuentran, está evidentemente demostrado, como una triste reminiscencia de la psicología del régimen en su propensión esquilmadora y en la turpidad de su incapacidad, causando el más flagrante contraste con el glorioso pasado histórico de ellas.
En general, no han recibido en sentido alguno los beneficios de las riquezas propias ni de las rentas nacionales, tan vorazmente defraudadas por el régimen, y viven en la inacción y en el enervamiento, con sus poblaciones casi en completo abandono. Así soportaron las más angustiosas y desesperantes vejaciones y servidumbres, como la falta de estabilidad y seguridad en todo, porque el régimen tuvo absolutamente subvertido el orden público, haciendo que los pueblos fueran para los gobiernos y no los gobiernos para los pueblos.
No vieron en ellos sino entidades automáticas que explotar en todo sentido y forma, llegando hasta empañarlas en los centros comerciales del mundo, sin atender jamás los compromisos contraídos y obligando a la Nación en definitiva a hacerse cargo de ellos en resguardo de su honor y su crédito.
Esas provincias que sufrieron todos los agravios de la larga prepotencia mantenida al amparo del poder oficial de la Nación y que bosquejan el cuadro más sombrío de las arraigadas perversiones públicas, deben recibir de inmediato los beneficios del apostolado a que dieron culminación con toda la suma de sacrificios y abnegaciones que demandara.
Así, desde el momento en que ha comenzado el imperio de sus instituciones y el ejercicio de su soberanía por la representación de sus gobiernos legítimos, los impulsos de la civilización múltiple deben desparramarse a raudales por todos los ámbitos sin temor ya de que proscripción alguna salga al paso a contenerlos o a detentar sus derechos políticos o sus poderosos patrimonios.
Resta ahora que sus bases fundamentales se consoliden en absoluta armonía con sus fines, y que el grandioso movimiento histórico realizado lleve toda la plenitud de espíritu y de su savia regeneradora a los organismos provinciales, comunicándoles desde su elevada región la vida del ejemplo y del estímulo crecientes, cumpliendo los mandatos de la Divina Providencia, que nos iluminará en la vasta trayectoria nacional.
Convocados por la potestad superior de la Nación, hemos laborado con toda perseverancia y el decisivo empeño necesario, desde los más modestos hasta los más ilustrados ciudadanos, en la conjunción de las idealidades patrióticas que hemos llegado a consagrar.
Hemos elevado la representación pública al más alto magisterio político, señalando las funciones que correspondía desenvolver, conforme con los fundamentos del decoro y de la soberanía de la Nación, y así hemos constituido la más alta jerarquía pública en la indivisible solidaridad de los pueblos.
Por consiguiente, debemos asumir una intensa labor de renovaciones y transformaciones generales en la mayor unidad. Así es como completaremos la misión que nos ha correspondido, haciendo que sus beneficios se exterioricen en todo el país. Debemos afrontar todas las actividades propulsoras del progreso y de la civilización humana, por eficiencias fecundas de bienes comunes y perdurables.
Esos son los magnos conceptos que en su aplicación verdadera esclarecerán y perfeccionarán la vida argentina en todas sus irradiaciones. Nada más justamente señalado entonces, que el ejercicio de las facultades de la Nación para el cumplimiento de un mismo destino en las entidades de los estados.
Cuando contemplamos las austeras virtudes y los generosos sacrificios de que han sido actores esos pueblos, con la clara visión hacia las supremas regiones del derecho público, sin declinaciones algunas, condenando todas las transgresiones que invadieron a la República, nos parece tanto más justo o imperiosa señalarles por fin los senderos de sus orientaciones definitivas.
Así como fue eminente su figuración al fundamentar la Nación por uniformes heroísmos, así deben identificarse en el perfeccionamiento armónico que debemos realizar.
La justicia libertadora y progresista debe extender sus amplios beneficios sobre todos los pueblos y sobre todos los argentinos, y unidos en el supremo fin común, trabajar incesante y poderosamente con los medios y los recursos de todos por el consecutivo engrandecimiento de la Patria.
Al conjurar tan hondo mal y producir tan anhelados bienes, tiende el proyecto fundado sobre el claro principio de igualdad de las provincias hermanas, laborando en común la constante prosperidad nacional.
Las provincias del norte y centro, han carecido de una amplia puerta de salida, con un ferrocarril de capacidad y suficiencia económica hacia los inmediatos puertos del Pacífico: rumbo determinado por la naturaleza misma, ruta preestablecida por el tráfico histórico para el intercambio de nuestras regiones del Norte, que el más rudimentario conocimiento de la geografía de esta parte de América imponía al sentido común.
Han sido pues, aquéllas y no otras las causas verdaderas del porqué nuestro extenso país en progresiva transformación interior ha conservado hasta nuestros días, en su estructura interna, la forma primitiva del solar colonial ; un frente, el del Atlántico y una sola gran puerta exterior: Buenos Aires, con un larguísimo fondo que llega hasta las proximidades del mar Pacífico y del Amazonas, sin salida alguna hacia ellos —en cuanto a tráfico comercial se refiere—, y desde cuya vecindad, las provincias de Salta y Jujuy, situadas a setecientos kilómetros del Pacífico, se ven obligadas para exportar sus frutos, a hacerlos recorrer 1.600 kilómetros de ferrocarril a través de zonas de producción similar, con fletes casi prohibitivos, en demanda de los mismos mercados de venta de los productos del litoral, acreciendo así en perjuicio de la producción nacional, el exceso de ofertas de los mismos productos sobre los mismo mercados.
Pero si estos graves errores que han mantenido durante tantos años en el confinamiento y en la improducción el extremo Norte de la República —la porción de nuestro fertilísimo país, más pródigamente dotada por la naturaleza—, pudieran encontrar una leve atenuante fundada en la limitada capacidad de los mercados del Pacífico, hoy, después del trascendental significado para el futuro político y comercial de esta parte del continente, tiene la apertura del canal de Panamá, la obra material y científica más vasta acometida por la humanidad, y que el esfuerzo enérgico de la gran Nación del norte ha realizado con éxito, no debe demorarse por más tiempo la construcción de un ferrocarril que ascendiendo, sin cremalleras ni grandes dificultades económicas, las mesetas andinas del norte hasta la frontera de Chile, aproxime nuestras provincias, por Huaytiquina, al puerto de Antofagasta en el Pacífico.
Nuestras cordiales relaciones con aquella República, vecina y hermana, harían, tal vez posible, mediante una gestión a base de franca reciprocidad de conveniencias, un acuerdo entre ambos gobiernos para la construcción y prolongación del ferrocarril proyectado de Huaytiquina a Antofagasta. Conseguido este objetivo primordial y construido el ferrocarril, la producción y el intercambio del norte argentino encontrarían fácil salida y expansión mundial por aquel puerto.
La apertura de esta nueva y amplia ruta brindará a las provincias del norte, para su importación y exportación la elección de los más vastos y variados mercados del mundo; todos los del Pacífico hasta el extremo Oriente y por vía Canal de Panamá, los del este de los Estados Unidos o los del continente europeo.
Es decir, que nuestras desamparadas provincias del norte, mediante esta corta y directa salida al Pacífico y con la construcción del ferrocarril de Orán a Yacuiba, que ligándolas con las rutas del oriente de Bolivia, llevarían por aquel rumbo su intercambio hasta las márgenes del Amazonas, se encontrarían de improviso con idénticas y aun tal vez con mejores posibilidades que el litoral argentino.
Ha podido, pues, decirse con verdad, que la construcción de aquellas líneas férreas y la apertura de estas grandes rutas, tendrán para la cultura y el desarrollo económico de las provincias del Norte, la misma importancia decisiva que tuvo en su época, para la civilización de las provincias del sur, la conquista del desierto.
Pero el ferrocarril de Rosario de Lerma, o del punto que los estudios definitivos o las convenientes económicas indiquen, hasta Huaytiquina con el objetivo de Antofagasta, hoy de posible financiación, no sólo beneficiaría de inmediato a las provincias del norte y del centro, sino que sirviendo a la vez de entronque directo a los ferrocarriles del Chaco y Formosa —por las líneas en construcción de Formosa a Embarcación y Barranqueras a Metán—, pondrían en producción y valor a aquellos tan extensos como inexplotados territorios nacionales, desbordantes de riqueza natural.
Estas líneas ligarían directamente los ríos Paraguay, Alto Paraná y sus afluentes del Pacífico, llenando así, con la de Embarcación a Yacuiba, la privilegiada función de ferrocarril intercontinental, que no otra cosa significaría unir el Atlántico al Pacífico por uno de sus mayores diámetros transversales.
Con estas obras daríamos cumplimiento efectivo a nuestra adhesión al vasto proyecto de acercamiento que entraña la construcción del ferrocarril intercontinental Panamericano.
Las demás líneas férreas proyectadas, como también los ramales de las provincias del oeste, con entronque o empalme en el Central Norte, son el complemento necesario e indispensable para llenar los fines de mejoras y fomento de aquellas zonas de la República.
A fin de convertir en realizaciones inmediatas los conceptos que quedan expresados, y reconociendo la oportunidad y la urgencia de llevar a efecto las obras proyectadas, las que a su juicio deberán llenar las necesidades vitales de esa parte de la República, el Poder Ejecutivo ha resuelto incluir en las actuales sesiones extraordinarias la consideración del proyecto que sobre mejoras y fomento de las provincias del norte y del centro, complementario de la aprobación del censo nacional obtuvo ya sanción del Honorable Senado y se encuentra actualmente a consideración de la Honorable Cámara de Diputados.
H. YRIGOYEN
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Decreto disponiendo la ejecución del ferrocarril a Huaytiquina
Buenos Aires, marzo 12 de 1921. 
Exp. 4968-F-921.
CONSIDERANDO:
Que el Poder Ejecutivo en el mensaje dirigido al Honorable Congreso con fecha 3 de marzo del año próximo pasado, fijó el concepto de gobierno que debe presidir la ejecución de las grandes obras ferroviarias, que han de afirmar el desenvolvimiento del país por tantos años contenido y desviado.
Que esos conceptos fueron refirmados en el nuevo mensaje vetando la ley N° 11.106 que enajenaba los ferrocarriles nacionales, entregando al interés privado con perjuicios de todo orden para el Estado, una propiedad cuyo dominio es esencial al interés público, alejando así la posibilidad de realizar esta obra.
Que tan altos y benéficos propósitos no pueden quedar sin ejecución, porque se malograría el desarrollo de esas importantes zonas de la República substraídas al adelanto por el estancamiento a que las condenaron aquellos perniciosos sistemas.
Que la construcción de ese ferrocarril, es hoy la más trascendente de esas obras, ya que ella señala en su término definitivo el comienzo de una nueva era de engrandecimiento para el Norte y Centro de la República;
Que la reconstrucción del histórico camino desde antiguo indicado por la naturaleza y cuyo moderno habilitamiento con la línea férrea proyectada, al franquear esta nueva puerta de expansión a la riqueza de la mitad territorial del país, traerá como consecuencia lógica la fecunda comunidad de intercambio de todos los centros de la República;
Que la iniciación de esta obra, de tan positivo valor para el progreso nacional, no debe ser postergada por ninguna causa, máxime si se tiene en cuenta que la primera sección de esta línea concuerda en un todo con el trazado del ramal cuya ejecución requieren con urgencia los ferrocarriles del Estado para su mayor rendimiento económico;
Que habiéndose iniciado ya la estación propicia para esa clase de trabajos en aquellas altitudes, la que sólo comprende contados meses del año, se hace tanto más imperiosa la necesidad de proceder de inmediato a su ejecución cuanto que el menor aplazamiento traería aparejada la pérdida de un año más, con los perjuicios consiguientes a los primordiales intereses que los reclaman.
Que concurren también a dar carácter de urgentes a estos trabajos las circunstancias de que han sido ya concluidos ad referéndum, los convenios para la adopción de los estudios y plano; de la línea total y para la provisión de materiales, cuyos plazos de aceptación están próximos a vencer.
Que la ejecución de las obras por Administración, justificada suficientemente por las razones de urgencia premencionadas, lo está también por la estimación de su Costo, en lo que a este ramal se refiere, presupuestado por las reparticiones técnicas en la suma de cinco millones de pesos moneda nacional de curso legal, ($ 5.000.000 m/n), y que el Poder Ejecutivo considera admisible en razón de su importancia.
Por esto, y en uso de la facultad que de acuerdan los artículos 3° y 6° de la Ley N.° 5757,
El Poder Ejecutivo de la Nación, en Acuerdo de Ministros
DECRETA:
Artículo 1° — Autorízase a la Administración de los Ferrocarriles del Estado, para iniciar la construcción del ramal de la línea de Rosario de Lerma a Huaytiquina, comprendido entre la estación Rosario de Lerma y Gólgota, en una extensión de 43 kilómetros 520 metros de acuerdo con los planos respectivos que corren a fs. 52/57, visados por la Dirección General de Ferrocarriles;
Artículo 2° — La Tesorería General entregará a la Administración de los Ferrocarriles del Estado, en las oportunidades y cuotas que ésta lo requiera la suma total de cinco millones de pesos moneda nacional de curso legal ($ 5.000.000 m/n), con destino al pago de las obras, cuya ejecución se autoriza, de conformidad con los respectivos presupuestos y con imputación al presente Acuerdo.
Artículo 3° — Dése cuenta en oportunidad al Honorable Congreso, comuníquese y pase a la Contaduría General de la Nación a los efectos de la intervención correspondiente.
YRIGOYEN. - P. Torello. — R. Gómez.      — Pueyrredón. — J. S. Salinas. — A. Demarchi. — T. Zurueta.
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El Ferrocarril a Huaytiquina
Buenos Aires, junio 14 de 1921.
Exp. 4968-F-021.
Vista la observación que formula la Contaduría General de la Nación al decreto expedido en Acuerdo de Ministros con fecha 12 de marzo próximo pasado, autorizando a la Administración de los Ferrocarriles del Estado, para iniciar la construcción del ramal de la línea de Rosario de Lerma a Huaytiquina, comprendido entre la Estación Rosario de Lerma y Gólgota y teniendo en cuenta las razones que fundamenta el referido decreto,
El Poder Ejecutivo de la Nación en Acuerdo de Ministros,
DECRETA:
Artículo 1° — Insístese en todas sus partes, en lo dispuesto por el referido decreto.
Artículo 2° — Comuníquese, publíquese y pase al Ministerio de Hacienda a sus efectos.
YRIGOYEN. - P. Torello. — J. S. Salinas. — Julio Moreno. Tomás Zurueta. — Alfredo Demarchi.
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Extracto del capítulo «Ferrocarriles del Estado», en el mensaje de apertura; anual al Congreso, correspondiente al año 1922
«Durante cincuenta años se ha concentrado el movimiento económico del país en su litoral, haciendo de él el mercado exclusivo de consumo, y de sus puertos la única vía de entrada y salida para el comercio internacional.
Sin embargo, la observación más ligera acredita que hay zonas especialmente dotadas por la naturaleza para las cuales esa situación de hecho significa una, negación de la lógica y del sentido común, porque más de quinientos kilómetros de ferrocarril constituyen una barrera económica infranqueable contra la que deben estrellarse todas sus energías y todas sus aptitudes. En cuanto su producción se hace similar a la de las provincias litorales, ella queda excluida de la competencia por recargo de los fletes, que son al mismo tiempo, un obstáculo insalvable para su exportación en condiciones de precio normal.
Y es así como esas razones han permanecido en una situación de raquitismo injustificado, porque éste no proviene ni de la falta de condiciones, ni de la falta de riqueza, sino que tiene su origen exclusivo en falsos conceptos y en la negligencia de los gobiernos que, al prescindir de la consideración y del estudio de sus necesidades substanciales, han violentado las leyes de su economía, creándoles una situación de dependencia que hace su vida imposible, cuando lo único que exigían era la apertura franca de las vías naturales señaladas por su situación geográfica.
Hemos cumplido con el alto y noble deber de reparar esa injusticia, de romper esa cadena de errores y prejuicios, inspirándonos en un amplio concepto nacionalista y conscientes de que no habría obra más grande y más digna del esfuerzo común que la de franquear las puertas de su liberación económica al Norte Argentino.
No bastaba llevar el riel a las regiones productoras, a las cuales no había llegado aun la acción privada. No bastaba completar la red ferroviaria interna del Estado. Era preciso trazar los grandes caminos que pusieran directa y prácticamente en comunicación con el Mundo, las zonas del país cuya ubicación excluye la idea de una vida económica intensa, a través de una dependencia absoluta del litoral.
Esa era la razón de ser, "en primer término, del Ferrocarril Trasandino del Norte; de Salta a Antofagasta.
Se trata de la ruta histórica que abrirá el camino del mar Pacífico a las Provincias y Territorios del Norte, para la importación y exportación directa de los productos, acortándolo en más de la mitad de su recorrido actual. En efecto ese trasandino acercará aquella zona del país a los Estados Unidos y a Europa por vía Panamá, creando nuevos centros de comercio, de industria y de acción económica y señalando el principio de una era nueva de prosperidad y de progreso para esas regiones que aparecen hoy como una antinomia inexplicable, entre la capacidad latente de sus ingentes riquezas y su actual situación precaria.
Esa obra, fuera del alcance del esfuerzo privado, ha debido afrontarla hace muchos años el Estado Argentino. Nos satisface grandemente haberla emprendido, porque responde a conceptos y propósitos nobilísimos que se reflejarán en el porvenir en resultados que escapan a toda previsión y a todo cálculo.
Hemos contado para ello con la cooperación decidida del pueblo chileno, noblemente interpretada por su esclarecido Presidente Señor Arturo Alessandri, quien en sir reciente mensaje al Congreso de Chile sintetiza en altos conceptos de confraternidad americana y de buena economía internacional las recíprocas ventajas que se obtendrán con la construcción del Trasandino del Norte.
La importancia trascendental de esa obra tendrá su complemento correlativo en otras líneas indispensables para su desarrollo.
H. YRIGOYEN
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Un pasaje de su auto-defensa a la Suprema Corte, relacionándola con el ferrocarril a Huaytiquina
«El ferrocarril a Huaytiquina parece que también se hubiera querido tomar como medio de culpabilidad y aunque no he podido saberlo bien, dada la incomunicación en que se me tiene en el supuesto caso que así fuera, deseo hacerme cargo de ello, para decir que en esa obra pensé siempre en el sentido del retraso en que se hacía vivir a todo el Norte de la República manteniéndolo inactivo e improductivo, deteniéndolo en gran parte en su natural expansión y desenvolvimiento progresivo con los perjuicios generales consiguientes a la Nación, por lo que al ir al gobierno fue una de mis preocupaciones la de llevarla a. cabo, siendo ella emprendida con tal perfección científica, no obstante las inmensas dificultades que se han debido vencer sobre el terreno, con una regularidad de procedimientos admirables y sin recursos extraordinarios algunos sino los normales. Única obra de esa trascendencia hecha sin empréstitos y sin necesidad de traer técnicos extranjeros, despertando de tal manera la atención por tan poderoso impulso, que de todas partes llegaron turistas regresando admirados de tan prodigiosa obra efectuada por ingenieros, obreros y trabajadores nacionales en toda su extensión con la más irreprochable técnica que demuestra la capacidad y la potencialidad del país para realizarse en actitudes y amplitudes infinitamente superiores al pasado, de todo lo que estuve siempre convencido.
Reabriendo por fin la comunidad natural con el Pacífico y todos los pueblos que convergen sobre esta vasta zona, comunicación que como narra la historia existía desde tiempos inmemorables desde el Perú, por la cual caravanas incásicas venían al Río de La Plata».
H. YRIGOYEN

Fuente: “Ley 12839. Documentos de Hipólito Yrigoyen. Apostolado Cívico – Obra de Gobierno – Defensa ante la Corte”, Talleres Gráficos de la Dirección General de Institutos Penales, Bs. As 1949.-

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