junio 18, 2012

Mensaje de H. Yrigoyen al proyecto de ley de creación de un banco del estado (1917)

MENSAJE AL PROYECTO DE LEY DE CREACION DE UN BANCO DEL ESTADO
Hipólito Yrigoyen
[26 de Junio de 1917]

Buenos Aires, junio 26 de 1917.
Al Honorable Congreso de la Nación:
El Poder Ejecutivo tiene el honor de presentar a la consideración de Vuestra Honorabilidad el adjunto proyecto de ley tendiente a proveer el régimen de la circulación monetaria, el redescuento de los valores comerciales como recurso normal de la actividad económica y la organización del crédito y de la banca, factores todos indispensables al fomento, desarrollo y estabilidad de las fuentes de producción nacional.
Estaría demás pretender demostrar los beneficios de una acertada orientación en tales materias; como no hay para que insistir en el abandono y desacierto que han imperado hasta ahora en la acción directriz de los gobiernos.
El país ha vivido durante un prolongado período, abandonado y librado a su sola suerte; las fuerzas productoras no fueron encauzadas jamás por la acción del Estado y, como consecuencia, crisis sucesivas han minado todos sus organismos, afectando la fortuna pública y privada.
La política económica es la piedra angular en que reposa la prosperidad bien entendida de los pueblos; de ahí el esmero y la previsión de los más adelantados en recoger las enseñanzas que el estudio y la observación ofrecen para traducirlas en oportunas concepciones de legislación positiva.
Las mismas naciones comprometidas en la más gigantesca de las luchas, invitan con una serenidad admirable a sus cerebros mejor organizados a que mediten, estudien, indaguen y aconsejen los procedimientos que las circunstancias imponen para conservar el equilibrio de su economía interna, la creación de nuevos recursos y abastecimientos y el mantenimiento del intercambio comercial con los demás países del mundo.
No hay, pues, deber más imperativo a todo buen gobierno que el de afrontar francamente la construcción económica del Estado, comenzando por la base, la moneda y el régimen bancario a que están supeditados la vida, el desarrollo y el valor de la producción nacional.
La República carece aun del símbolo de su soberanía económica. No tenemos sino una cantidad reducida de moneda metálica con nuestros atributos propios, con el cuño nacional.
El país es inmensamente rico, pero no dispone en condiciones eficientes del capital productor y de explotación proporcionados a la magnitud de las riquezas que encierra en sus suelos.
Frente a este aserto, cuya verdad se impone con todos los caracteres de la, evidencia, las instituciones bancarias, nacionales y extranjeras, radicadas en el país, se presentan con sus arcas repletas de numerario en proporciones tales, que perjudican su mismo desarrollo mercantil, hacen ineficaz la acción irradiadora del crédito y no consultan tan siquiera las reglas de la más rigurosa previsión bancaria.
¿Cuáles son las causas generadoras de este contraste? Los encajes elevados y excesivos de los bancos responden a dos causas fundamentales: la saturación del crédito comercial a corto plazo, única forma en que ofrecen sus capitales, y la falta de un régimen bancario oportuno y previsor que los ponga a cubierto de las contingencias y eventualidades a que están expuestos aun en épocas normales.
Los sucesos que son del dominio público han privado al país de los recursos que le brindara el capital habilitador a término amplio, y en condiciones fáciles de reintegro para el tomador.
Al Banco Hipotecario Nacional no le ha sido dado por sus propios medios, suplir esa ausencia y las reducidas inversiones del capital privado no han alcanzado tampoco a hacerlas menos sensibles de ahí surge la situación desventajosa que contemplamos: la banca ofrece sus capitales en forma, términos y condiciones que el trabajo no puede aceptar, y a esas instituciones no les es posible modificar sus prácticas por carecer de los resortes de amparo y previsión con que cuentan en todos los países financieramente bien organizados.
Así se han venido liquidando nuestras cosechas bajo el apremio de términos angustiosos urgidos por el pago de los créditos que se obtuvieran para su recolección.
Nuestro medio circulante carece de la elasticidad necesaria para admitir el juego regular de esos valiosos intereses, para los cuales un concurso oportuno significa la defensa eficaz contra las combinaciones de los que lucran en la colocación del fruto de la labor nacional.
El régimen bancario existente es absolutamente centralista. El 90 % de los capitales bancarios corresponden a instituciones con sede en la Capital de la República. Sólo el Banco de la Nación, en razón de su carácter, ha tratado de difundir los beneficios con su presencia en los centros de mayor actividad comercial; asimismo muy distante de responder a las justas exigencias de la labor múltiple.
La extensión del territorio, lo gravoso y difícil de los medios de transportes, la multiplicidad de las industrias que pueden desarrollarse en su seno, son modalidades y características propias que hacen que sea una aspiración nacional la difusión de las instituciones bancarias; porque fuera de la mayor garantía que ofrece el conocimiento directo de personas y de cosas, a cada una de ellas le es posible desarrollar su acción benefactora en concordancia con las necesidades del comercio y de las industrias locales.
La ganadería y la agricultura, las dos grandes industrias, las que nutren el mayor porcentaje de nuestra exportación y aunque ganaderos y agricultores reciban los beneficios limitados del crédito comercial, y aun de las mayores facilidades con que el Banco de la Nación coopera a su desenvolvimiento, se debe reconocer que hemos vivido malogrados.
La acción y el esfuerzo del trabajo no han sido vigorizados por la asociación concurrente de los gobiernos en desempeño de su alta misión tutelar; por el contrario, han sido agobiados por continuas exacciones inconsultas siempre y extremada muchas veces.
Propendiendo a reparar tales deficiencias, el Poder Ejecutivo, compenetrado de lo que significa para la Nación cimentar la vida económica y mejorar las condiciones del trabajo productor, propone a vuestra Honorabilidad la creación de un Banco de Estado cuyo lineamiento se completa en articulaciones de la misma ley.
La hora es oportuna, no para la sanción de nuevas leyes de emergencia o de carácter transitorio, sino para orientar definitivamente la economía nacional hacia una organización concordante con los principios y las conquistas de la ciencia de los valores.
H. YRIGOYEN

Fuente: “Ley 12839. Documentos de Hipólito Yrigoyen. Apostolado Cívico – Obra de Gobierno – Defensa ante la Corte”, Talleres Gráficos de la Dirección General de Institutos Penales, Bs. As 1949.-

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