junio 08, 2012

Telegramas del gobierno de H. Yrigoyen, al Embajador argentino en París y al Jefe de la delegación, dando instrucciones relativas a la creación de la Liga de las Naciones (1918-1921)

POLITICA INTERNACIONAL
Liga de las Naciones
«Telegramas al Embajador argentino en París y al Jefe de la delegación»
Hipólito Yrigoyen
[1918-1921]

[Telegramas al Embajador en París Dr. Marcelo T. de Alvear]
Buenos Aires, diciembre 21 de 1918. — París. N° 153. — El gobierno considera que por la significación del país y por las actitudes asumidas durante la contienda mundial en relación con unas y otras de las potencias empeñadas en la lucha, le corresponde tener intervención en los congresos que se celebren para tratar las bases en que ha de reposar la estabilidad futura de las naciones.
En virtud de estas razones que V. E. conoce, cuya documentación es de pública notoriedad en que fueron amplia y terminantemente definidas esas actitudes en los distintos casos, sírvase expresar a ese gobierno estos fundamentos que le dan título a la República para hallarse representada en los congresos en que se discutan principios y se resuelvan cuestiones de interés general para los Estados.
Conviene además que V. E. obtenga audiencia del presidente Wilson para hacerle presente lo manifestado, dado que nuestro embajador no le alcanzaría allí y aun llegaría tarde a Estados Unidos.
La naturaleza del asunto excusa recomendar a V. E. el mayor interés en esta gestión y una amplia información sobre su resultado.
PUEYRREDÓN
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Buenos Aires, enero 21 de 1919. — Señor Ministro Embajador Argentino. París N° 4. — Con referencia a sus telegramas 139, creo conveniente aclarar que mi despacho 153 no se refiere a tener intervención en la conferencia que celebren los beligerantes para tratar las condiciones de paz, sino como indica ese telegrama, en los congresos donde se establezcan .las bases en que ha de reposar la estabilidad de las naciones y se discutan principios de interés para todos.
PUEYRREDÓN
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Buenos Aires, octubre 20 de 1920. Embajada Argentina. Washington. N.° 156. Con referencia a su telegrama N.° 134, la República Argentina concurre a la Asamblea de la Liga sin prejuicio alguno. Va sinceramente animada del deseo de la paz universal, a cuyo fin presentará proposiciones fundamentales completamente propias y de las resoluciones de dicho congreso a su respecto dependerá su solidaridad o no con los actos a realizarse.
TORELLO
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[TELEGRAMAS AL PRESIDENTE DE LA DELEGACION, MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES Dr. HONORIO PUEYRREDON]
Buenos Aires, noviembre 17 de 1920. Señor Presidente de la Delegación Argentina, doctor Honorio Pueyrredón. Ginebra N° 4. Con referencia a su telegrama N° 4, el gobierno reafirma las instrucciones dadas a V. E., en el sentido de que la delegación argentina no debe comprometerse en ninguna cuestión parcial ni en incidencia alguna, sin antes resolver la proposición fundamental.
En el caso de que estas instrucciones fueran consagradas por el Congreso, recién entonces la delegación argentina estará habilitada para terciar en las distintas cuestiones que se propongan, y si una de ellas fuera la del Pacífico, debe sostener la tesis de que corresponde a las naciones comprometidas y ha de ser resuelta por ellas mismas, dado que los efectos de la sanción de la paz universal, deben referirse a los sucesos posteriores, y no a los preexistentes entre las naciones, de cualquier naturaleza que ellos sean, así de América como de Europa, como de donde quiera que hubieren ocurrido.
Esa tesis —aludiendo al Pacífico— debe sostenerse con tanta más razón, por cuanto el gobierno argentino tenía resuelto —como V. E., sabe— que en tal asunto no intervendrá sino como amigable componedor, por todo lo que V. E., conoce y las opiniones vertidas en el congreso, en uno u otro sentido, podrían comprometer ese concepto que el gobierno desea mantener firmemente. Suponiendo que el Congreso no sancionara la proposición fundamental argentina, la delegación no tendría más misión que llenar allí y debe retirarse.
TORELLO
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Buenos Aires, noviembre 20 de 1920. Señor Presidente de la Delegación Argentina, doctor Honorio Pueyrredón. Ginebra. N° 6. Confirmo mi despacho telegráfico N° 4. El gobierno argentino considerando la situación planteada por el discurso pronunciado por V. E. y atendiendo a la línea de conducta ya fijada en las instrucciones dadas, y en la situación que en el día presenta la orientación de la asamblea, renueva a V. E., firme propósito de que antes de entrar en ninguna cuestión de la orden del día, se exija como indispensable de previo y especial pronunciamiento, la admisión de todos los Estados soberanos a la reunión de Ginebra.
Si por cualquier motivo la moción no prosperara o fuera aplazada, el gobierno argentino estimando en su debido valor las intenciones de las naciones concurrentes, participa que no puede continuar asistiendo al Congreso por desvirtuarse el fundamental propósito que inspirara la convocatoria y su asistencia al mismo.
En este caso la delegación argentina procederá sin demora alguna a retirarse presentando la nota en que dejará constancia explícita de su punto de vista y de los ideales que mantiene en esta hora histórica para los destinos de la civilización.
Con el discurso pronunciado se ha realizado satisfactoriamente el pensamiento de hacer sentir a la Argentina en ese congreso mundial con conceptos inmutables y en caracteres bien definidos y sería muy sensible que, por la rotación de los procedimientos de la asamblea, llegara la delegación argentina a confundirse en actitudes que pudieran deslustrar el gran significado de la proposición formulada y hasta comprometer la integridad de ella.
Hay que ser radical en todo y hasta el fin, levantando el espíritu por sobre el medio y el ambiente, cualquiera que él sea, teniendo muy presente, a, siempre que la Argentina en las horas que felizmente ha llegado a culminar no debe identificarse sino con proposiciones perdurables propias de la esencialidad determinante del congreso.
No consiguiéndolo debe dar una segunda nota, cual es la de no solidarizarse con cualquier sanción que fuere, si no lleva en sí esa orientación fundamental, en la seguridad de que ella será considerada como lógica consecuencia de la anterior.
TORELLO
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Buenos Aires, noviembre 21 de 1920. Señor Presidente de la Delegación Argentina, doctor Honorio Pueyrredón. Ginebra.
N° 7. Confirmo mi telegrama N.° 6. Contesto el de V. E. N° 16. El previo y especial pronunciamiento no se refiere a que el Congreso se pronuncie inmediatamente sino a que la delegación argentina no se comprometa en nada, ni en ideas, ni en proyectos, ni en votaciones, hasta que no se trate el asunto fundamental.
La tesis argentina, como lo esperábamos, ha producido gran satisfacción en el país; pero hay que mantener el celo del concepto para no llegar a desprestigiar su alto significado. Por eso dije a V. E., en mi telegrama N° 6 que debe mantenerse una actitud radical desde el principio hasta el fin, en el fondo y en la forma.
TORELLO
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Ginebra, noviembre 24 de 1920. Señor Ministro de Relaciones Exteriores. N° 20. Para el Señor Presidente. Creo indispensable y urgente poner en conocimiento de V. E., la situación a que posiblemente estaremos avocados. Tal vez no se voten declaraciones generales pero se votará la admisión inmediata de todos los estados soberanos que han manifestado su deseo de incorporarse, entre los cuales figuran Austria y Bulgaria que combatieron contra los aliados. Sólo quedarían fuera en este momento Estados Unidos por causas conocidas y Alemania y Méjico que no han manifestado hasta ahora su deseo de ingresar a la Liga y algunos pequeños países que no constituyen todavía verdaderos estados soberanos.
Si la asamblea admite incorporación inmediata, todos los que se encuentran, dentro del concepto expresado discurso «Estados soberanos reconocidos por la comunidad internacional», habrán ingresado en la Liga y sólo quedarían los que no han manifestado su deseo de ingresar. En el hecho se verá realizado nuestro propósito.
La teoría argentina está triunfando en la conciencia mundial; si en cualquier caso se estimara procedente no ratificar la adhesión argentina considero que ello debe ser el resultado de un acto formal del gobierno, puesto éste en posesión de todas las informaciones que llevaré. La protesta de la delegación y su retiro no sería considerada aquí con el valor y la trascendencia de ese acto y su forma y oportunidad podría juzgarse fuera de las normas usuales a observar ante estas asambleas meramente deliberativas.
Sea que el voto admitiendo a los estados satisfaga al gobierno o que por el contrario no lo considere suficiente, es a mi juicio indudable que es allí donde debe producirse el acto ratificando la adhesión de la República Argentina o retirándose de la Liga.
Insisto en creer que procediendo en la forma que índico, si en definitiva la Argentina resolviese retirarse de la Liga nada perderán en elevación y firmeza los principios proclamados y mucho ganará la energía de nuestra actitud por la solemnidad del acto.
PUEYRREDÓN
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Buenos Aires, noviembre 28 de 1920. Señor Presidente de la Delegación Argentina, doctor Honorio Pueyrredón. Ginebra. N.° 13. Con referencia a su telegrama N.° 20, confirmo mis telegramas Nros. 6 y 7. Los términos de su despacho de 24 de noviembre, las noticias extraoficiales sobre el giro de los debates en el seno de las comisiones de la asamblea y la perspectiva señalada a las proposiciones que la delegación argentina formula oportunamente, me inducen a reiterar a V. E., el punto de vista fundamental con que el Excmo. Señor Presidente de la República instruyera a V. E., y la lógica a que los procedimientos de la delegación argentina deben ajustarse invariablemente, siguiendo la línea -de conducta que este despacho fija.
La República Argentina, que profesa fundamentalmente el sentimiento de la paz universal, aceptó la invitación para adherir a ese gran propósito, entendiendo que, con ello, admitía, tan sólo, su principio básico, y así lo expresó terminantemente, al no pronunciarse sobre la fórmula constitutiva que había sido elaborada por algunas naciones con prescindencia de todas las demás.
Entiende el gobierno argentino que la concurrencia de la República a la Asamblea de Ginebra, significa la consagración de una solidaridad universal, según la cual todos los Estados comparten los deberes naturales de un común anhelo de paz sin, por ello, declinar de sus derechos como tales. En una palabra, no es una sociedad o liga de naciones que disminuya o menoscabe la individualidad de las soberanías, ni comprometa facultades, sino que mantiene incólume el concepto de la integridad, de la independencia y de la libertad de las mismas para fijar los destinos históricos de cada una de ellas, debiendo esforzarse en llegar a armonizar los propósitos de cooperación internacional, en la obra de la consolidación de la paz definitiva en el mundo.
Estos conceptos, ya expresados en documentos públicos, inspiraron las instrucciones bien precisas y categóricas que el Excelentísimo Señor Presidente de la República dio a V. E., antes de su partida, y son los mismos que me han inducido a formular los telegramas números 6 y 7.
Sabe V. E., que el gobierno argentino creyó siempre ser condición absoluta del éxito, la circunstancia de que todos los estados soberanos concurrieran a la reunión de Ginebra. Este carácter de universalidad que la asamblea debía revestir, no Mía, en manera alguna, ser restringido sin desnaturalizar la esencial finalidad determinante de su convocatoria.
Si el carácter de universalidad es la condición absoluta cuya observancia justifica la cooperación internacional sobre bases comunes y la posibilidad misma de la asamblea, a su vez el concepto de igualdad de todas las naciones concurrentes, es la condición indispensable para su funcionamiento, de acuerdo con la independencia que ninguna de ellas puede declinar sin abdicar del cumplimiento de la misión que le corresponde en los destinos de la humanidad.
La asamblea convocada para los fines enunciados, funcionando, de acuerdo con la condición absoluta señalada, y deliberando de conformidad con lo que acabo de expresar, no podía, ni puede dar lugar en manera alguna a la formación de organismos internacionales que sobrepujen los límites que este conjunto de circunstancias lógicamente le señala.
La institución de una Corte Internacional Permanente, con jurisdicción compulsiva, significaría dar vida a un organismo que a cada instante revelaría un estado de anormalidad y recelo que es lo que precisamente debemos esforzarnos en disipar de un modo definitivo. Las instrucciones a que he hecho referencia habían señalado a V. E., la necesidad de evitar que cualquier creación artificial invadiera los límites en que cada soberanía se debe a sí misma, y al cumplimiento de los ideales que, siendo de su deber llenar, le sirvan de guía a través de su propia historia. Esas mismas instrucciones han indicado a V. E., que entre todas las naciones adherentes al propósito de cooperar a la paz universal y deseosas, por tanto, de su mantenimiento, podía fijarse un orden cualquiera, en que aquella a quien le tocara el desempeño de la convocatoria, permaneciera en funciones por un corto período, citando, a las demás, si el caso era llegado o si algún gobierno así lo peticionara.
La profesión de estas ideas directrices en la reunión de Ginebra, de acuerdo con las informaciones suministradas por V. E., han tomado un aspecto que, de seguir los procedimientos adoptados, no solamente peligran en su consideración —que al fin sería consecuencia del método de rotación de asuntos adoptados por la conferencia— sino que asimismo disminuye su alcance y las hace perder la pristina significación con que fueron enunciadas, en una hora de culminación mundial para la República Argentina.
El discurso de V. E., planteó la proposición fundamental que era la condición absoluta del éxito de la asamblea. Se instruyó entonces a V. E., que la eficacia de la delegación debía mantenerse por el mérito de la justicia de la causa que encarnaba y el ideal de paz que la República Argentina deseaba ver realizado. Asimismo se insistió en que no comprometería opiniones en ideas, discusiones ni proyectos de ninguna especie, manteniéndose a la expectativa, mientras despachaban las comisiones para que, llegado el momento, se exigiera como necesario el previo y especial pronunciamiento de la asamblea sobre la moción del discurso de V. E.
En esta seguridad reposábamos cuando las noticias extraoficiales anuncian que los miembros de la delegación forman parte de comisiones, adelantan proyectos, emiten opiniones que la llevan a una posición inferior a la que la intensa expectativa provocada por sus declaraciones originales hada esperar.
El telegrama de V. E., N° 20, dirigido al Excelentísimo Señor Presidente, vino a confirmar este juicio. Según lo que V. E., manifiesta la delegación argentina debería continuar en la situación de hecho adquirida dentro de las comisiones a pesar de que ello significa para la República Argentina una disminución en el concepto inicial y en la eminente posición derivada del cumplimiento exacto del punto primero de las instrucciones.
La proposición de V. E., además establecerá una solución de continuidad en la responsabilidad de nuestra representación ante el congreso de Ginebra, significando en última instancia que el Poder Ejecutivo desautorizaría a sus representantes luego que ellos hubieran terminado una gestión que ninguno supondría pudo él ignorar que se estaba realizando; sin perjuicio de que, inmediatamente, la censura universal recaería sobre un país que eludiera el cumplimiento de resoluciones votadas en una conferencia, de la que formó parte, y en la que no supo o no pudo mantener sus opiniones asumiendo firmemente la responsabilidad que le cupiera sea en su discusión como en su sanción, sea que se las admitiera como que se las rechazara, y que por otra parte no significan protesta alguna sino ratificación de profundos convencimientos.
Es en la misma asamblea, en la primera reunión pública que realice, donde la delegación argentina, adoptando la actitud condigna, debe insistir en los conceptos señalados en mis telegramas 6 y 7 y confirmados una vez más en este despacho.
Nada debe detener a la delegación en punto al cumplimiento de las instrucciones remitidas y que constituyen la inalterable decisión del gobierno argentino.
La labor realizada en las comisiones, los juicios vertidos, serán considerados por este gobierno como el aporte individual de cada uno de los miembros de la delegación a la tarea de la conferencia; pero el verdadero objetivo de la misma consiste, solamente, en la proposición planteada en el discurso inicial que debe ser resuelta en su primera reunión pública. Si ella es postergada o rechazada, la delegación argentina procederá de acuerdo con las instrucciones contenidas en mis telegramas 6 y 7, que son exactamente iguales a las que V. E., llevara, y se retirará, acto continuo, del seno de la asamblea, dando por terminada su misión.
Son éstas las instrucciones que el gobierno reproduce a V. E., en la seguridad de que el noble celo y acendrado patriotismo que caracteriza a los miembros de la delegación argentina, sabrá imponerse del elevado e inmutable fundamento que las inspira.
Saludo a V. E., con mi consideración más distinguida.
TORELLO
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Ginebra, diciembre 1° de 1920. Señor Ministro de Relaciones Exteriores. Buenos Aires. N° 30. Con referencia a su telegrama N° 13, los términos del telegrama que contesto me revelan la existencia de un malentendido que creo necesario aclarar y que proviene del alcance que se atribuye a la intervención de los delegados ante las comisiones. Esa intervención no ha tenido otro objeto que sostener ante ellas las cuestiones planteadas en el discurso inicial que fueron las siguientes: admisión de todos los Estados; arbitraje obligatorio; Corte de Justicia Internacional, y concepto de la limitación de armamentos, todas las cuales figuraban también en las instrucciones.
Como expresé a V. E., en el telegrama N° 5, la presidencia de la asamblea permitió por especial deferencia pronunciar mi discurso de carácter general, inmediatamente después de discutirse la orden del día, no obstante que, la norma establecida en ésta como en todos los congresos de esta índole, es que cada cuestión se presenta separadamente ante la comisión respectiva.
Hecho esto y obtenido el objetivo que nos proponíamos, cada punto esencial del discurso fue concretado en una proposición y sometido a las comisiones. Al no proceder así, el discurso habría sido un acto desprovisto de valor positivo, pues ninguna de sus cuestiones habría sido tomada en cuenta ni podría la Asamblea pronunciarse sobre ellas. Explicado esto a V. E., en mi telegrama N° 16, fue así interpretado por el gobierno según su telegrama N° 7. La única cuestión que no formó parte del discurso y que sin embargo, autorizó a presentar al delegado Pérez, fue en razón del carácter técnico y porque sostenía que el gran consejo internacional de higiene debía constituirse por representación continental, lo que acusaba una armonía de criterio en el concepto científico con el concepto político sostenido por la delegación para la composición del consejo general de las naciones.
Estas intervenciones no son pues, sino la consecuencia necesaria y obligada del primer acto constituido por el discurso, y puedo asegurar a V. E., bajo mi responsabilidad y con el conocimiento directo de lo que aquí sucede, que esa intervención, no compromete en modo alguno la actitud que hemos de adoptar en los términos del telegrama que contesto.
Si así no hubiera procedido, nuestra pasividad resultaría en el hecho una declinación de los postulados planteados y nadie se habría explicado el objeto que se tuvo al imponerlos.
Por otra parte, correríamos el riesgo que, resuelta favorablemente la cuestión principal, quedaran las otras sin tratarse debido al abandono que hiciera de ellas la propia delegación al nó presentarlas en su oportunidad a las comisiones donde unas y otras son estudiadas al mismo tiempo.
Esta persistencia de la delegación argentina en la defensa de sus postulados cas muy bien considerada, se reconoce que ha revelado gran firmeza en sus propósitos ampliamente difundidos y la actitud que ha de asumir ahora será cabalmente comprendida.
Y para que el gobierno pueda apreciar más claramente que la delegación ha evitado comprometerse en lo que pudiera afectar la actitud que tenía resuelto asumir, debo informar a V. E., que, designado el suscripto para formar parte de la comisión especial que se ocupará de la situación de Armenia, se excusó manifestando a su Presidente, Lord Robert Cecil, que la delegación argentina no podía tomar parte en acto alguno que importara solidarizarse con la acción de la Liga entretanto quedara resuelta aquella cuestión que había planteado como esencial para su intervención en la Sociedad, que por esto limitábase su actuación en el momento a las deliberaciones de la asamblea misma con el único objeto de sustentar las tesis planteadas. Análogas manifestaciones se han hecho ante las propuestas de varios países de elegir a la Argentina, miembro del consejo de las naciones.
Cuando le envié a V. E., el telegrama N° 20 fue porque consideré de mi deber informarle con anticipación de todas las incidencias a que estábamos avocados y sugerirle los cambios de simple forma por si se creía del casa tomarlos en cuenta. Mal puede pensarse que sea el suscripto quien haya de declinar en momento alguno de una actitud de que fue sostenedor decidida desde el primer instante y en consecuencia debe confiarse que, si supo interpretar las instrucciones y tuvo la energía suficiente para cumplirlas, ésta no le ha de faltar ahora para satisfacer en igual forma los elevados y patrióticos anhelos que inspiran el telegrama que contesto.
En consecuencia, tan pronto sea rechazada o aplazada la consideración del asunto principal, presentaré una nota y declararé terminada la misión de la delegación argentina. Esto debe producirse en breves días.
PUEYRREDON
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Ginebra, diciembre 7 de 1920. A S. E., el Señor Ministro de Relaciones Exteriores. Buenos Aires.
N° 42. Para el Señor Presidente. La delegación argentina ha llenado su cometido conforme a las elevadas instrucciones de V. E. La Asamblea ha sostenido que sólo se trata de un aplazamiento a las enmiendas propuestas y no de su rechazo. Si bien ello modificaría el concepto, debo advertir que una es la apariencia y otra la realidad. La postergación es el rechazo actual de nuestros dos principios esenciales; admisión de todas las naciones e igualdad de todos los estados soberanos. Las declaraciones categóricas de los más importantes representantes de la Asamblea confirman este aserto.
Sólo un acto del vigor del realizado es capaz de sacudir un ambiente reacio a la aceptación de estos principios. Cualquiera que sea el resultado de nuestra actitud, experimento el orgullo patriótico de haber sido intérprete de V. E., en la defensa de un gran ideal de justicia.
Presento h V. E., las expresiones de mi alta consideración.
PUEYRREDÓN
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Buenos Aires, 11 de diciembre de 1920. A S. E., doctor Honorio Pueyrredón, Presidente de la Delegación Argentina. París.
En contestación a su telegrama N° 42, cúmpleme confirmarle en nombre del Excmo., Señor Presidente de la República, que la actitud de la delegación retirándose del congreso se ajusta estrictamente a sus deberes al no ser consideradas las proposiciones fundamentales que eran evidentemente indispensables a la realización de los magnos propósitos para que la asamblea había sido convocada; y si el gobierno argentino hubiera tenido la menor duda al respecto V. E., se la habría disipado haciéndole saber, con los juicios que emite de que allí existía un espíritu deliberadamente reacio a las grandes y nobles soluciones.
La permanencia de la delegación había implicado una desviación de los principios sustentados y una verdadera profanación a la integridad de ellos, que ninguna sanción posterior adoptada por el gobierno argentino habría llegado a justificarla.
La Nación Argentina, parte integrante del mundo, nacida a la existencia con tan justos títulos como cada una de las demás, no está con nadie y contra nadie, sino con todas, para bien de todas. Ha asistido al Congreso sin prejuicios ni inclinaciones algunas, llevando en su definición de conceptos la unción santa de una nueva vida universal que siente y profesa profundamente.
Se ha encontrado sola en la hora de las deliberaciones sobre los ulteriores destinos de la paz humana, no buscando adhesiones y aun declinando las que gentilmente se le ofrecieran porque no deseaba comprometer a nadie en la defensa de sus postulados por sagrados que sean; pero sintiéndose poderosa para llevar al seno de la humanidad el aporté de su concurso, no debía omitir sus esfuerzos y los deja cumplidos íntimamente convencida de que al fin la suprema justicia se impondrá en el mundo.
Saludo a V. E., con mi consideración más distinguida.
TORELLO
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[Telegrama al Embajador Dr. Marcelo T. de Alvear]
Buenos Aires, diciembre 30 de 1920.
N° 141. Para Ministro Alvear. Enterado de sus comunicaciones había pensado guardar silencio obedeciendo a las propensiones íntimas de mi espíritu y esperando que la razón inmanente esclareciera nuestros juicios.
Pero he sabido por el doctor Saguier, que, en el caso anterior, Vd. había mirado con extrañeza que no hubiera contestado y no debo incurrir en una nueva omisión que pudiera contrariarlo.
Se imaginará cómo me impresionan sus divergencias que me son tanto más sensibles cuanto una de mis confortaciones consiste en la identidad de nuestras consagraciones públicas.
Omitiré entrar en mayores raciocinios sobre la cuestión en sí misma dado que ella se demuestra por su propia lógica y ha sido ampliamente dilucidada en las instrucciones que llevara el doctor Pueyrredón y en los documentos enviados posteriormente.
Vd. conoce por la delicadeza infinita de la amistad que nos vincula todo el alcance de mis designios.
Debíamos reintegrar a la patria a la plenitud de su autoridad moral, ejercicio soberano de sus fueros y al normal funcionamiento de sus facultades constitutivas, para que volviera a derivarse más allá de los tiempos, tal como se iniciara en las emancipaciones y redenciones humanas, y restaurando todo lo perdido en el desastre pasado, fecundara su vida en progresiones superiores hacia sus infinitos destinos.
Así como en una poderosa concepción política nos propusimos redimirla de todos sus males y desgracias, así, por magnos juicios y actitudes concordantes buscamos afirmar y consolidar su personalidad en el orden internacional, elevándola nuevamente al templo del honor, de la razón y de la justicia universal.
Es ese apostolado de tan eminente esencialidad fundamental él que ha tenido la virtud de llegar a culminar tan esplendentes soluciones, por lo que, de hoy en más, la Argentina vibrará en la tarea renovada de todos los perfeccionamientos y de los aspectos perdurables de la humanidad.
Todo se ha realizado bajo los auspicios de la más absoluta unidad de concepto, llevando en sí los sucesos y acontecimientos —sea desde la opinión pública como del gobierno y en el orden interno como externo- el mismo relieve s y carácter de sus imponentes significaciones.
Esta es la síntesis de mis profundos convencimientos robustecidos por la más notoria evidencia de sus inmensos beneficios que han hecho a nuestra patria eminente, grandiosa y hasta privilegiada del mundo, y, hoy, símbolo de la más justa y sublime inspiración por la paz universal.
El pueblo argentino afirma la seguridad de mis convicciones en demostraciones consecutivas y en las reiteradas renovaciones de la representación pública; así como en el momento actual asistimos a una verdadera irradiación de sentimientos patrios que vibran entusiastas de un extremo a otro de la República en resonancias de júbilo tal, que lamento que Vd. no se encuentre aquí para experimentarlas con nosotros, a la vez que enterarse de los aplausos que recibimos de los pueblos de todos los ámbitos de la tierra y de los juicios de los hombres más caracterizados en las representaciones actuales del mundo, que diariamente nos llegan en la forma más expresiva y encomiástica.
Sólo una melancolía al respecto cruza en mi espíritu y es su disentimiento. En tal situación no me resta sino rogar a la divina providencia que nos ilumine por igual en las aspiraciones comunes que profesamos hacia nuestra patria.
Adiós.
YRIGOYEN [1]

Fuente: “Ley 12839. Documentos de Hipólito Yrigoyen. Apostolado Cívico – Obra de Gobierno – Defensa ante la Corte”, Talleres Gráficos de la Dirección General de Institutos Penales, Bs. As 1949.-
[1] París, enero 6 de 1921. — Excelentísimo Sr. Presidente de la República, Hipólito Yrigoyen. Mucho agradezco los términos tan gentiles y amistosos de su telegrama y mucho me conmueven los altos conceptos y los grandes ideales que comprendo animan su espíritu en esta emergencia. Cualesquiera que sean las divergencias que en esta oportunidad hayan existido y que consisten más en la forma que en el fondo mismo de la cuestión, puedo dar al Presidente y, al amigo la seguridad que me encontrará siempre con todo entusiasmo sin ninguna reserva y exento de preocupaciones personales, completamente decidido a cooperar con 61 domo lo he hecho en toda mi vida política sin incertidumbres ni desfallecimientos a la prosperidad y a la grandeza de muestra patria.
Reciba mis más sinceros e íntimos votos de éxito; y de felicidad personal con la expresión .de mi más afectuosa amistad. MARCELO T. DE ALVEAR

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