julio 15, 2012

Discurso de Fidel Castro con motivo del II Aniversario de la creación de los Comités de Defensa de la Revolución (1962)

DISCURSO CON MOTIVO DEL SEGUNDO ANIVERSARIO DE LA CREACION DE LOS COMITES DE DEFENSA DE LA REVOLUCION, EN LA PLAZA DE LA REVOLUCION
Fidel Castro
[28 de Septiembre de 1962]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Compañeros de la tribuna;
Compañeros de los Comités de Defensa de la Revolución:
Arribamos a este segundo aniversario con una poderosa organización de masas, digna de la esperanza que la Revolución puso en ella. Ese desarrollo rápido de una organización de este tipo es una prueba elocuente del poder revolucionario de las masas, de la capacidad del pueblo para organizarse.
Los Comités de Defensa de la Revolución se han convertido en una fuerza importante de la Revolución y en una trinchera que infunde respeto a los enemigos de nuestra patria. Los Comités de Defensa de la Revolución se han convertido, además, en una institución nueva, en un aporte de la Revolución Cubana a la experiencia cada vez más rica de la humanidad.
El éxito de los Comités de Defensa de la Revolución ha hecho que en otros pueblos del mundo se hayan interesado por las características, la estructura y el funcionamiento de una organización de masas de este tipo. Y no sería extraño que otros pueblos revolucionarios, en su oportunidad, crearan también para combatir a la contrarrevolución los Comités de Defensa de la Revolución.
Al cumplirse este segundo aniversario, podemos decir que los Comités de Defensa no solo han cumplido la tarea para las cuales fueron creados, sino que los Comités de Defensa rebasaron el marco de las funciones que en un momento dado inspiraron su creación, puesto que los Comités de Defensa de la Revolución no solo han defendido a la Revolución con su acción y con su vigilancia, sino que los Comités de Defensa de la Revolución han resultado ser instrumentos también de otra serie de actividades sociales.
Los Comités de Defensa de la Revolución han realizado otras muchas tareas, además de actuar y de vigilar; los Comités de Defensa han realizado tareas en el campo de la educación; los Comités de Defensa han realizado tareas en el campo de la salud pública; los Comités de Defensa han realizado censos de viviendas; los Comités de Defensa han organizado el abastecimiento. Y así, se ha descubierto la virtud de esta organización para realizar una serie de trabajos administrativos, económicos, y, en fin, para realizar un esfuerzo creador que se va más allá de sus objetivos iniciales.
El entusiasmo de los compañeros de los Comités de Defensa de la Revolución es proverbial. Cualquier tarea que se les asigne la emprenden inmediatamente y se puede contar con el éxito de cualquier gestión que realicen.
El mérito grande de este éxito estriba, fundamentalmente, en el hecho de que esta organización ha ido extrayendo sus cuadros de las propias masas. No es que se contara desde el principio con un gran número de cuadros, no es que se contara desde el principio con compañeros experimentados en organización, sino que sobre la marcha esta organización ha ido formando cuadros, sobre la marcha esta organización ha ido destacando miles y miles de hombres y de mujeres de la masa, descubriendo sus cualidades de organizadores.
Por eso, si hasta este momento ha podido trabajar exitosamente, es de esperar que todavía esta formidable organización de masas pueda prestar servicios aun más útiles al país. Y para ello, tanto la organización política de la Revolución, como el Gobierno Revolucionario, se han interesado por la formación de cuadros para esta organización de masas. Y así, se organizó ya la primera escuela de cuadros de los Comités de Defensa de la Revolución, que tiene 215 alumnos. Eso significa que la organización está promoviendo cuadros experimentados y capaces que mejorarán extraordinariamente su estructura y su rendimiento.
Tan pronto termine este curso, otra promoción de cuadros se irá realizando en esa escuela.
No tenemos la menor duda de que en los meses venideros ese esfuerzo se hará sentir, y la efectividad de esta organización será cada vez mayor; lo que unido a los esfuerzos de las demás organizaciones de masas, los sindicatos obreros, la Federación de Mujeres, las organizaciones campesinas, las organizaciones estudiantiles, y, además, la pujante organización política de la juventud, así como el avance de los trabajos hacia la formación del Partido Unido de la Revolución Socialista, implica que al entrar la Revolución en su quinto aniversario —¡quinto aniversario, sí, por mucho que les duela a los reaccionarios y por mucho que les duela a los imperialistas! —, al entrar en su quinto aniversario, es decir, el primero de enero de 1963, puesto que nuestra Revolución marcha con el año, tendremos condiciones muy superiores a las que hemos tenido este año, porque tendremos un partido fuerte y bien organizado, apoyado por un conjunto de organizaciones de masas que agrupan a la inmensa mayoría de nuestro pueblo, que con esa fuerza desarrollada y organizada estará en condiciones de darle a la Revolución un gran impulso.
Mas, no solo tendremos esos factores a nuestro favor, sino que también el plan económico del año 1963, basado en las experiencias adquiridas este año, será un plan más completo y, al mismo tiempo, podrá contar con el cúmulo de conocimientos, el gran aprendizaje que en el campo económico hemos ido adquiriendo durante este año. Esto, unido al hecho de que esperamos también que para 1963 estén establecidas las normas de trabajo, las escalas de salario y los métodos de control de la producción económica, nuestro país entrará en su quinto aniversario revolucionario en mejores condiciones que en ninguno de los años anteriores.
La Revolución ha hecho muchas cosas en estos cuatro años, producto del dinamismo del pueblo, de su entusiasmo; ha hecho muchas cosas; a pesar de las circunstancias adversas, de la agresión constante y de todos los obstáculos que han tratado de poner sus enemigos en su camino. Pero, sin embargo, lo que aun nuestro pueblo puede hacer, es mucho más que todo eso. Nuestro pueblo comienza a tener algo que no tenía el primer año, en los primeros tiempos de la Revolución: nuestro pueblo comienza a tener experiencia.
Al principio era el entusiasmo, el dinamismo; pero entusiasmo y dinamismo no significa todo.
Se hicieron grandes cambios, se hicieron muchas leyes revolucionarias, pero los cambios de estructura y las leyes revolucionarias no operan por sí solas. Los problemas no se resuelven por generación espontánea; las cosas hay que hacerlas, los problemas hay que resolverlos.
Y si al entusiasmo y al dinamismo unimos la organización, unimos una conciencia superior de nuestros deberes y unimos la experiencia, los avances de la Revolución serán más sólidos y aun más rápidos.
A medida que transcurren los años, a medida que comprendemos mejor nuestras obligaciones y nuestras tareas, nuestra seguridad crece, nuestra confianza en el porvenir crece, nuestras esperanzas de éxito son aun mayores.
Y nuestro pueblo, un pueblo ya más aguerrido, un pueblo más consciente, un pueblo más maduro, un pueblo más organizado, un pueblo más experimentado, puede marchar hacia un futuro de bienestar y de progreso con pasos más firmes y aun más rápidos.
Y el quinto año de la Revolución debe caracterizarse por eso, el quinto año de la Revolución debe implicar un salto de la Revolución.
Es una cuestión más que de discursos, más que de palabras, de hechos. Y deben ser los hechos los que respondan a nuestras aspiraciones. Y nosotros estamos seguros de que los hechos responderán.
Desde el punto de vista de nuestras dificultades económicas, hemos estado atravesando, y vamos dejando atrás, las etapas más difíciles. No quiere decir que, de repente, vayan a desaparecer nuestras dificultades; pero sí podemos decir que de ahora en adelante nuestras dificultades económicas serán menores, y que nuestro país inicia un proceso de ascenso en su economía. No quiere decir que de inmediato tendremos todo lo que necesitamos, pero sí que día a día iremos teniendo cada vez más de lo que necesitamos.
Y el hecho de que nuestro país haya atravesado victoriosamente estos tiempos difíciles frente al esfuerzo de sus enemigos, habla mucho en favor de nuestro pueblo, y habla mucho en favor de la solidaridad internacional de los pueblos.
Es preciso que nosotros comprendamos que la Revolución significa no el auge del lujo, no el auge de los gastos innecesarios, no el auge de los privilegios de minorías; la Revolución tiene que trabajar para las masas, y el auge debe ser el auge de las masas.
No quiere decirse que en nuestro país tengamos en los años venideros más automóviles. Lo que nuestro país tendrá en los años venideros, será mucha más maquinaria agrícola , mucho más equipos de construcción, muchos más camiones, muchos más barcos pesqueros, , muchos más barcos mercantes ; porque lo que nuestro pueblo necesita hoy no son artículos de lujo, no son artículos para minorías . Lo que nuestro país necesita son instrumentos de trabajo, muchas más fábricas, porque esos instrumentos de trabajo son los únicos que pueden garantizar el progreso no de una minoría, sino el progreso de las masas.
Cuando el trabajo y los instrumentos de trabajo de un país producen para una minoría, esa minoría puede ver crecer rápidamente sus recursos y su bienestar; pero cuando los recursos humanos y los instrumentos de trabajo de un país trabajan para toda la nación, y cuando los que avanzan no son unos pocos sino todos, y cuando lo que hay se les reparte no a unos pocos sino a todos, entonces ese auge será paso a paso, pero todos serán acreedores a sus beneficios.
La sociedad que nosotros conocíamos no era así; era la sociedad en que el pueblo trabajaba para unos pocos, y esos pocos progresaban y tenían de todo. Construyeron unos cuantos miles de palacios, adquirieron decenas de miles de lujosos coches de paseo, consumían lo mejor del mundo; uno de esos no se sentiría bien ahora, eso lo comprende cualquier hombre o mujer del pueblo. No se sentirá como el campesino que andaba descalzo, que no sabía leer ni escribir, que no tenía — no ya un automóvil— ni siquiera un bombillo encendido en su casa, ni un médico, ni un camino, ni una ayuda.
No es el caso del obrero de familia numerosa que vivía en un barrio de indigentes, y hoy puede vivir en un apartamento de tres o cuatro habitaciones, pagando muy poco.
Es decir que aquellos de la minoría que lo tenían todo, no se pueden sentir bien en medio de un proceso revolucionario como este. Los que no tenían nada y hoy tienen algo, y saben que cada día tendrán más, piensan muy distinto. Para ellos se hace la Revolución, por ellos lucha y trabaja la Revolución.
Y hay que decir que esa mayoría ha tenido una fe indestructible en la Revolución; hay que decir que esa mayoría ha sabido pasar por las pruebas difíciles de la Revolución; hay que decir que esa mayoría no se desalentó nunca, ni se acobardó nunca; hay que decir que esa mayoría se mantuvo firme.
La minoría flaqueó, tembló, huyó en buena parte. Hubo quienes fallaron en su fe, hubo los que se desalentaron, los que se acobardaron. A esos no pertenece, ni pertenecerá jamás el porvenir.
A esos no pertenece, ni pertenecerá jamás la victoria. Esos no cuentan en la historia. La victoria es de los firmes, de los valerosos. La victoria es y será siempre de las masas.
Se puede hablar así. Y tenemos pruebas de nuestros éxitos, y esas pruebas nos las están dando nuestros enemigos.
Después de aquel ataque cobarde que tuvo lugar en el mes de abril del año pasado, los imperialistas pusieron toda su fe y todas sus esperanzas en las consecuencias del bloqueo económico. Como a nuestro país lo habían privado de sus mercados tradicionales, como repentinamente nuestro pueblo se vio ante el hecho de que se habían tomado brutales medidas económicas contra él, y no solo en los mercados de un país, sino que se hizo todo lo imaginable para privarle el mercado de otros países, al mismo tiempo que se prohibió terminantemente la exportación de toda pieza de repuesto o materia prima para industrias que tenían que funcionar con esas piezas, para un transporte que tenía que funcionar con esas piezas, y en ocasiones, materias primas insustituibles dada la estructura de la fábrica, ellos pusieron toda su esperanza en que nos derrotarían, en que nos doblegarían, en que el hambre haría mella, que la enfermedad y la pobreza se apoderarían de nuestro país, y que en consecuencia nuestro pueblo, lejos de afrontar con toda la dignidad esas agresiones, se volvería, no contra los agresores, sino contra los que luchan por su destino y por su suerte; que se volvería contra una revolución que se ha hecho con la sangre y el heroísmo de sus mejores hijos, y que ha redimido la patria de las cadenas oprobiosas.
Imaginaron que ese pueblo se volvería no contra los que lo tenían encadenado y quieren volver a encadenarlo, sino contra la Revolución que ha roto esas cadenas. Creyeron que esa táctica cobarde, esa estrategia inhumana de rendir a un pueblo que no ha cometido otro delito que desear la justicia, que desear su progreso, que ser dueño de sus propios destinos, que barrer del suelo de la patria la miseria, la incultura, el vicio y la explotación inhumana en que vivía, la sociedad repugnante de privilegios en que vivía, creían que esa estrategia inhumana que de tal manera se ensañó contra un pueblo pequeño, creían que esa estrategia los conduciría al éxito.
Ha transcurrido casi año y medio de aquella criminal invasión. Y sin embargo, el cerco económico, la estrategia del hambre, no arrojaban resultado alguno. Por eso, los enemigos de nuestro pueblo comenzaron a desesperarse.
Al fallar la esperanza de destruir a la Revolución por hambre y por cerco económico, renacían de nuevo los peligros del ataque armado. Pero como ya el ataque armado no podía ser el ataque de mercenarios, puesto que la capacidad de combate de nuestro pueblo había crecido de tal modo que cualquier invasión de mercenarios sería barrida en cuestión de minutos, el peligro que se acentuaba no era el peligro de invasiones mercenarias, sino el peligro de ataque directo.
Puesto que los imperialistas se desesperaban cada vez más ante el fracaso de su estrategia de hambre, después la estrategia de subversión y de ataque directo que habían empleado, el peligro de ataque directo se acentuaba, puesto que al fracasar todas las medidas anteriores, ya les quedaba la última y desesperada medida de atacarnos directamente.
Ante ese hecho, ¿qué querían los imperialistas? ¿Que nos cruzáramos de brazos? ¿Qué querían los imperialistas: que hiciésemos el papel de mansos corderos?, ¿que permaneciésemos desarmados?
¿Quién no sabe que los imperialistas intentaron, desde el principio, que no pudiéramos armarnos? ¿Quién no sabe que, mientras preparaban a sus mercenarios en Guatemala, hacían estallar el vapor “La Coubre” para que no pudiéramos recibir armas, asesinando allí a 80 trabajadores y soldados?
Es lógico que los que están pensando en atacar a un país no desean que ese país se arme.
¿Por qué decía que nuestros enemigos, con sus hechos y sus palabras, están reconociendo nuestros éxitos? Porque si los imperialistas creyeran que iban a ahogar a la Revolución por el hambre, si los imperialistas creyeran que la Revolución iba a fracasar, si los imperialistas creyeran que la Revolución se hundía ante los obstáculos, no estarían hablando tanto de invasiones, no estarían proclamando tanto sus intenciones belicistas, porque cuando piden y reclaman que se nos agreda y se nos ataque, están reconociendo que la Revolución marcha adelante, que la Revolución triunfa , que la Revolución progresa; porque si creyeran en lo que afirmaban, si creyeran que la Revolución se hundiría ante el impacto de las agresiones económicas, entonces ¿para qué enviar soldados, para qué enviar barcos de guerra, para qué establecer un bloqueo naval? ¿Para qué, si la Revolución fracasaría, si la Revolución se hundiría?
La tremenda algarabía que han formado, la histeria que se ha desatado en los círculos gobernantes de Estados Unidos demuestran, mejor que ninguna otra cosa, que ellos no creen en eso ya, demuestran que están convencidos de que la Revolución Cubana ha atravesado con éxito sus mayores dificultades, y que la Revolución Cubana marcha adelante.
Y claro que ellos ya venían comprendiendo eso, y claro que esa realidad era para ellos muy dolorosa, y nos acercaba, por tanto, a nosotros, al peligro de que en un acto desesperado, fracasadas sus campañas de subversión, sus ataques indirectos, sus agresiones económicas, cometieran el disparate de invadir militarmente a nuestro país.
Y ante eso, al parecer los señores imperialistas — que tienen una lógica muy propia y muy peculiar— pensaron que frente a sus intenciones agresivas nuestro deber era bajar la guardia y desarmarnos.
¿De qué se indignan los imperialistas? Se indignan, sencillamente, de que nuestro pueblo se arme y que nuestro pueblo tome todas las medidas para defender su seguridad.
Creo que no vale la pena hablar de lógica, no vale la pena hablar de razones. Cualquiera comprende que los hechos y los actos de los imperialistas no se ajustan a ninguna lógica, no se ajustan a ninguna razón, no se ajustan a ningún derecho. Ellos hablan de su seguridad, y ¿será posible?, ¿tiene sentido que ese país hable de nuestro país como de un peligro respecto a su seguridad? ¿No es, aparte de un argumento ridículo, un argumento cobarde? ¿No es una vergüenza que esos señores senadores, gobernantes de un país poderoso que mantiene fuerzas militares en decenas de sitios del mundo y que gasta 55 000 millones de dólares en armas, hable de que nuestro país constituye un peligro para su seguridad; y que, además, amenace con atacar a nuestro país por esa razón, es decir, por el hecho de que nosotros —hablando de nuestra seguridad con mil veces más derecho que ellos— nos armemos? . Porque nosotros no gastamos 55 000 millones de dólares en armas y en ejércitos. ¿Cómo es que ellos, que gastan cientos de veces más que nosotros, pueden hablar de que nuestro país constituye un peligro para su seguridad? Eso, desde luego es tan absurdo y tan ridículo que únicamente cabe en la mente de esos señores. Su falta de argumentos y de razones es tal, que nada menos que enarbolan semejante argumento.
¿Qué es lo que les duele? ¿De qué protestan?, ¿acaso porque haya realmente algún peligro para la seguridad de ellos? ¡No! Lo que les duele y por lo que protestan es de que nos armemos. Pero, ¿por qué? Porque sus intenciones eran las intenciones de agredirnos. Y, entonces, solo quien se propone agredir a un país puede protestar de que ese país se arme para defenderse y tome las medidas necesarias para defenderse. Protestan de que estemos dispuestos a defendernos.
Pero, además, aparte de que el derecho más legítimo que puede tener cualquier pueblo es el derecho a tomar todas las medidas necesarias para preservar su integridad, ¿quiénes son los imperialistas para decir si nosotros tenemos o no derecho de armarnos? ¿Quiénes son los imperialistas para tener que decidir sobre esa cuestión nuestra? ¿Acaso no acaban de entender los imperialistas que Cuba no forma parte del territorio de Estados Unidos, y que aquí, en este país, sus leyes no tienen ninguna validez, y sus acuerdos no tienen ninguna validez? ¿Desde cuándo el Senado de ningún país, ni el Congreso de ningún país, ni el Gobierno de ningún país, le pueden decir a un país libre y soberano qué es lo que deben o no deben de hacer?
¿Y qué derecho tiene un país agresor a decidir sobre las medidas que un país agredido tenga derecho a tomar para defenderse del agresor?
Indiscutiblemente que el mundo que se encierra en el cerebro de un senador o un representante yanqui no es un mundo redondo; es un mundo que tiene forma de embudo, en que lo ancho es de ellos y lo estrecho es de los demás.
¿Es posible que la incultura, la ignorancia, la irresponsabilidad...? Porque esos señores, además de ser reaccionarios, imperialistas, belicistas, usureros, traficantes de muertes (EXCLAMACIONES), son, además, unos irresponsables; son, además, unos archiirresponsables. Y claro que como hay unas elecciones próximas en Estados Unidos, la politiquería ha entrado en juego allí. Entonces, ¿qué hacen los politiqueros? Tratar de azuzar el odio y la histeria, tratar de empujar al país hacia una agresión, al efecto de sacar dividendos políticos, es decir, unos partidos contra otros. Y entonces allí, en la Cámara y en el Senado, hay una verdadera competencia de irresponsabilidad a ver quién grita más, quién es más histérico, quién hace más “papel de oso “ con respecto a la Revolución Cubana, y en gran parte influidos por el hecho de que tienen unas elecciones en noviembre.
Y no les importa jugar con lo que están jugando, no les importa jugar con la paz del mundo, no les importa jugar con los destinos de su pueblo y juegan a la guerra; bailan una danza al borde mismo de la guerra, al borde de un precipicio, precipicio que si fueran ellos los que se fueran a arrastrar por ahí... Pero el problema es que al borde de ese precipicio ponen a bailar a su propio país.
¿Peligro nosotros para la seguridad de Estados Unidos? ¡No! Eso, de tan ridículo que es, no vale la pena ni comentarlo. Los que constituyen un peligro para la seguridad de Estados Unidos son esos señores que están promoviendo el juego de la guerra, los que están promoviendo la histeria contra Cuba, y los que quieren empujar al gobierno de ese país a una aventura belicista; porque esos, esos sí constituyen un peligro para la seguridad de Estados Unidos. El peligro lo constituyen su política, sus agresiones, sus fechorías y sus intenciones agresivas. Ese es el verdadero peligro, el único peligro que puede existir para la seguridad de Estados Unidos. Todo lo demás es tontería, todo lo demás es ignorancia, todo lo demás es pura irresponsabilidad.
Nosotros, como hombres conscientes, como pueblo consciente, no podemos desear de ninguna manera una guerra. Nosotros, como pueblo que se dedica a trabajar por su destino y por su futuro, lo que necesitamos es paz, lo que necesitamos es disponer de nuestras energías y de nuestro tiempo para trabajar, para producir, para estudiar, para progresar.
Nosotros, además, no solo por nuestros propios intereses, sino por los intereses de toda la humanidad, nunca podremos ser causantes de ningún conflicto, de ninguna guerra, nunca agrediremos a nadie. Eso es tan lógico..., eso sí es lógico, y eso cualquier persona consciente lo comprende, cualquier persona que discurra lo comprende.
Además, comprende también cuáles son los derechos de nuestro pueblo y comprende que el mundo no tiene forma de embudo, sino que es redondo, y que, por lo tanto, nuestros derechos no pueden ser menos que los derechos de ningún pueblo, de ningún país soberano; los derechos de nuestro país no pueden ser menos que los derechos de Estados Unidos.
Si ellos creen que tienen más derechos que nosotros, es únicamente porque se sienten un país más poderoso; es decir, con más ejércitos, con más armas, con más recursos para invertir en cuestiones militares. Es decir, un derecho de fuerza.
Todo lo que dicen y todo lo que hacen demuestra que la mentalidad de los gobernantes de Estados Unidos está inspirada en la fuerza. Ya hoy se han quitado la careta completamente. Ya nosotros no tenemos que denunciar los peligros que se ciernen sobre nuestra patria, porque ellos se han encargado de probar, ante el mundo entero, toda la razón que teníamos nosotros.
¿Qué han hecho, entre la histeria y la vocinglería en estas últimas semanas? Una serie de medidas descabelladas, una serie de declaraciones que constituyen un verdadero maratón de irresponsabilidad, presiones sobre numerosos países del mundo para que sus barcos no transporten mercancías a Cuba. ¡Qué mérito, qué gloria, qué honor para un país grande, para un país poderoso, andar trotando por el mundo, de gobierno en gobierno, exigiéndole a las compañías mercantiles que no hagan negocio, entorpeciendo un derecho y una norma y un interés de la humanidad! Porque es interés de la humanidad mantener relaciones comerciales entre los pueblos, es interés de la humanidad el tráfico comercial, es interés de todas las naciones comerciar. Muchos países tienen en la marina mercante una de sus principales fuentes de ingreso.
Y así los representantes del gobierno yanqui trotan por el mundo presionando a las compañías para que no traigan alimentos a Cuba. ¡Cuánta gloria están llamados a ganar con esas acciones! ¡Cuánto prestigio!
Además, han convocado a los cancilleres de América Latina, a puertas cerradas, en el Departamento de Estado, en conciliábulo secreto. ¡Se han quitado la careta!
Han aprobado en la Cámara y el Senado una resolución conjunta agresiva, cínica, intervencionista, en la que, entre otras cosas, dicen de manera abierta y descarada que ayudarán a los contrarrevolucionarios.
Desde luego, no es nada nuevo; eso es lo que estaban haciendo. Eso es lo que decíamos nosotros y ellos se presentaban como que no, que esas eran calumnias nuestras. Lo que han hecho es decir, de una manera cínica y descarada lo que han estado haciendo hasta ahora. Eso es lo que han hecho.
Desde luego, todo es, o todo está rodeado de la atmósfera de desequilibrio mental, de politiquería, de irresponsabilidad y de ignorancia. Esos señores no saben en qué mundo están viviendo ni en qué hora están viviendo. Hay algunos de esos señores que creen que están viviendo hace 80 años, hace 60 años.
No se han enterado ni siquiera los años que han pasado y los cambios que han ocurrido en el mundo. ¿Ellos creen que están viviendo a principios de este siglo cuando comenzaba el gran auge del imperialismo, la época en que desembarcaban sus marinos, sus soldados en cualquier país de América Central o en cualquier isla del Caribe sin más consecuencias?
¿Acaso sueñan, sueñan esos señores delirantes que están viviendo en la época de la colonia española? ¿Se imaginan acaso aquellos tiempos? ¿Añoran aquellos tiempos en que podían hacer y deshacer, aquellos tiempos en que traidoramente le arrebataron a nuestro país su soberanía, el fruto de 30 años de luchas heroicas, aquellos tiempos en que humillaron a nuestros gloriosos generales mambises, en que nos impusieron la Enmienda Platt? ¿Acaso añoran aquellos tiempos en que la palabra del embajador hacía temblar a los políticos y a los gobernantes?
Antes hablaba el embajador yanqui y temblaban los políticos. Ahora habla, no ya el embajador — que no hay, se lo llevaron, era inútil ya puesto que no daba órdenes—, hablan todos los senadores juntos, todos los representantes, todos sus generales, y nadie tiembla, nadie se asusta por eso. Para nosotros es algo tan claro y tan evidente la sinrazón de esos señores, la ausencia total de razón, es algo tan evidente toda la razón histórica moral y legal que nos acompaña, que a ninguno de nosotros nos hace la menor mella los acuerdos, las palabras y las amenazas de esos señores.
Esos señores son algo así como una especie de plaga, una especie de enfermedad. El imperialismo es la enfermedad del mundo contemporáneo.
Los peligros que la política guerrerista de los imperialistas implica, constituyen el más serio problema para todos los pueblos en estos tiempos contemporáneos; son algo así como una plaga, una enfermedad.
En el mundo hay enfermedades de todas clases: plagas, peligros naturales; y la humanidad lucha contra eso, no se acobarda por eso.
Sería una desgracia para la humanidad que el juego a la guerra, la política de guerra de esos señores, la política de chantaje, condujera al mundo a una guerra. Es de lamentar, sería de lamentar no solo por nosotros, sino por toda la humanidad, sería de lamentar no solo por nuestro propio pueblo y los demás pueblos del mundo, sino hasta por el propio pueblo de Estados Unidos.
Porque esos señores irresponsables, inconscientes, que no comprenden la época que vive el mundo, que tienen conceptos tan anacrónicos del derecho internacional, constituyen un peligro para la humanidad y un peligro para el propio pueblo de Estados Unidos, que puede ser víctima de esa política estúpida, de esa política irresponsable.
Ahora bien, nosotros ante ese peligro, ante ese hecho real que amenaza a la humanidad, ¿cuál ha de ser nuestra actitud? Nuestra actitud, naturalmente, no es la de promover incidentes, no es la de echar leña en el fuego, esa no es nuestra actitud. Nuestra actitud es sencillamente vivir en paz, vivir en paz con todos los pueblos y trabajar por el progreso de nuestro país.
Pero, cuán absurda es una situación, cuán absurda es la política de esos señores, que en el mismo momento en que nuestro país suscribe un convenio comercial, un acuerdo científico y de colaboración con la Unión Soviética para desarrollar nuestra flota pesquera , esos señores se halan de los pelos, y mientras ya nuestro pueblo prácticamente empieza a consumir el producto de esos acuerdos, es decir, cuando ya nuestro país empieza a consumir más pescados, los imperialistas se ponen más histéricos. Y comienzan, o continúan su agitación, en su irresponsabilidad y en su histeria. ¡Ya los asustan hasta los barcos de pesca!
Viven, en realidad, en un estado de histeria, de miedo, intoxicados en sus conceptos reaccionarios y desesperados ante la realidad de los pueblos que despiertan, y que no se resignan a ser esclavizados. Constituyen un peligro, constituyen un foco de riesgos para toda la humanidad.
¿Cuál debe ser nuestra actitud? Muy serena, pero muy firme ¿Bajar la guardia? ¡No! (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¡Levantar la guardia! (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿Desarmarnos? ¡No! (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¡Armarnos más! (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿Cruzarnos de brazos? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¡Tomar todas las medidas necesarias (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) para frenar a los imperialistas, para contener el ataque imperialista!
Si los imperialistas creen que sus amenazas hacen mella, les decimos sencillamente:”señores, déjense de dormir de ese lado, despierten de sus ilusiones, están perdiendo el sueño”. Al amenazarnos, lo que consiguen es que nosotros estemos más en guardia y nos pongamos más en guardia, y tomemos más medidas. Al amenazarnos, lo que hacen es justificar nuestro derecho y darnos la razón. ¿Creen acaso esos señores, que hoy se dedican a reclutar gusanos descaradamente en el ejército regular de Estados Unidos, que se van a encontrar frente a un pueblo acobardado? ¡No! Si ellos están asustados, si ellos ven fantasmas, nosotros que no vemos fantasmas, que los vemos a ellos, que son algo más que fantasmas, sin embargo, no estamos asustados. Lo que van a encontrar es un pueblo decidido a defenderse, lo que van a encontrar es un pueblo que no va a tener la guardia baja. Porque, señores, frente a esa concepción del derecho basado en la fuerza, nosotros tenemos la concepción del derecho basado
en la justicia y en la dignidad ; frente a los designios agresivos de nuestros enemigos, la firme e inconmovible decisión de defendernos. Este pueblo no permitirá que la libertad y la soberanía que ha adquirido a tan alto precio se la puedan arrebatar (EXCLAMACIONES DE:”¡No!”). Este pueblo, que se ha sentido dueño de su destino y que vive enamorado del porvenir, no renunciará a ese porvenir; este pueblo no renunciará a su dignidad, antes, por el contrario — ¿no lo saben esos señores?—, ¡que todo hombre digno y toda mujer digna de nuestra patria antes renunciarían mil veces a la vida que a la dignidad! ¡Antes renunciaría mil veces a la vida que a la patria libre! ¡Antes renunciaría mil veces a la vida que al derecho a llevar por el mundo la frente en alto! ¡Antes renunciaría mil veces a la vida que resignarse a vivir esclavizado, y preferiría mil veces la muerte a la vida de perros esclavos!
Como eso es lo que sentimos, es lo que proclamamos. ¿Y, acaso, ya desde el siglo pasado, nuestros mambises no escribieron en el himno de la patria”que vivir en cadenas, era vivir en oprobios y afrentas sumidos, y que morir por la patria es vivir”? Esta patria nuestra —¡nuestra sí!— , estamos decididos a defenderla con nuestra sangre, con nuestra vida! ; ¡estamos dispuestos a defenderla hasta el último aliento!; ¡estamos dispuestos a defenderla cueste lo que cueste: el pueblo, y junto al pueblo, el Gobierno Revolucionario!
¡Y todos afrontaremos los riesgos que sean necesarios, conscientes de la razón que nos asiste y de la honra que nos acompaña!; ¡porque soldado yanqui que muera invadiendo esta tierra, morirá como criminal, morirá como invasor, morirá como pisoteador de los derechos de un pueblo! ; ¡y cubano que caiga morirá como patriota, morirá como héroe, morirá defendiendo su tierra! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, Fidel!”)
¡Yanqui que muera invadiendo esta tierra, morirá como pirata ante los ojos del mundo, morirá como bandido! ¡Cubano que muera defendiendo su tierra, ante los ojos del mundo morirá aureolado por la gloria, acompañado por el derecho y por las simpatías de todos los pueblos del mundo!
¡Y si vienen, y si vienen (EXCLAMACIONES DE: “¡Quedan!”)... muchos yanquis van a morir, porque no nos van a sorprender con la guardia baja (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”), no nos van a sorprender desarmados, no nos van a sorprender descuidados!
Mañana responderemos a su resolución, y el Gobierno Revolucionario dará cabal respuesta a la cínica resolución del Gobierno de Estados Unidos (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, seguro, a los yanquis dales duro!”).
Si los imperialistas atacan, ¡encontrarán cada fusil, cada cañón, cada antiaérea y cada tanque listos para responder el ataque! ¡Y en todos, en todos los rincones de la patria, los hombres y mujeres de nuestro pueblo se levantarán contra los agresores y lucharán hasta exterminar a los agresores!
¡Para los invasores de la patria cubana no habrá paz ni habrá tregua, porque en la conciencia de cada hombre, de cada mujer, de cada joven, de cada viejo, estará el deber, el único deber: exterminar a los agresores!
Si los imperialistas atacan, si los imperialistas atacan los cubanos cumpliremos nuestro deber. Si nos toca ser víctimas de la agresión, sabremos estar a la altura de esta hora, y sabremos escribir la página de la historia que nos corresponda escribir. ¡Los cubanos haremos nuestra parte, y sabemos que las fuerzas que defienden la paz, las fuerzas que hoy resisten y frenan las locas aventuras belicistas, estarán con nosotros!
Si los imperialistas creen que son meras palabras las advertencias del Gobierno soviético ; si los imperialistas no creen — ¡y ojala crean!—; si los imperialistas desestiman la solidaridad de la Unión Soviética con Cuba; si se equivocan — ¡y ojala no se equivoquen!—; si ellos no creen, si ellos no saben, ¡nosotros sí sabemos hasta donde alcanza esa solidaridad!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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