julio 10, 2012

Discurso de Fidel Castro en el acto de entrega del Cuartel Moncada (1960)

DISCURSO EN EL ACTO DE ENTREGA DEL CUARTEL MONCADA, CELEBRADO EN SANTIAGO DE CUBA
 Fidel Castro
[28 de Enero de 1960]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Compañeros colegiales:
Hoy, como ustedes comprenderán, es un momento muy emocionante para nosotros; lástima que sea ya el mediodía  y el sol de Oriente sea un sol fuerte y un sol bravo que pueda estar fatigando un poco (EXCLAMACIONES DE: “¡No!, ¡no!”).
Por lo menos, el deseo de hablar mucho no se nos quita y tienen mucha disciplina los muchachos. ¿Saben marchar? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿Son obedientes?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿Saben guardar silencio cuando les dicen “guarden silencio”?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Bueno, vamos a ver si es verdad. Vamos a ver si tienen de verdad disciplina, todos —ustedes y los de la tribuna también, para que vean que es parejo— guarden silencio, para conversar un rato, ustedes y nosotros. Porque, como nosotros contamos con ustedes, y porque como hay que contar con ustedes, y ustedes tienen que entender bien estas cosas de la Revolución, y ustedes saben comportarse ya como buenos ciudadanos y buenos patriotas y buenos revolucionarios, es preciso que hablemos de estas cuestiones de la Revolución; por qué hemos convertido esta fortaleza en escuela, por qué podemos convertir esta fortaleza en escuela, por qué antes hacían fortalezas en vez de escuelas, y no podían convertir las fortalezas en escuelas. ¿Ustedes saben eso? ¿Seguro? ¿Por qué podemos convertir esta fortaleza en escuela?¿Quién defendía antes a los gobiernos? El ejército; aquel ejército. ¿Quién defiende hoy la Revolución? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) ¿Dónde están las fortalezas de la Revolución hoy? (EXCLAMACIONES DE: “¡En el pueblo!”)  En todas partes. ¿Ustedes ven cada una de esas montañas?  Cada una de esas montañas es una fortaleza de la Revolución, así que este edificio no lo necesitamos para fortaleza. Antes necesitaban una fortaleza para defenderse del pueblo; y ahora, cuando el pueblo es el que defiende a la Revolución, no necesitamos fortalezas. Como lo que necesitamos son escuelas, pues, por eso nosotros estamos convirtiendo todas las fortalezas en escuelas.  Y así, donde antes vivían millares de soldados, con sus fusiles, y sus sargentos, y sus capitanes, y sus generales, ahora van a trabajar y a estudiar millares de niños con sus lápices, con sus libros, con sus maestros, con sus superiores; y así tenemos una ventaja, que como antes se habían gastado muchos millones en hacer cuarteles y en hacer fortalezas y no habían gastado dinero en hacer escuelas —porque el dinero se lo robaban, y lo que no se robaban lo gastaban en cosas muchas veces inútiles, como cuarteles—, pues nosotros ahora aprovechamos esos millones que se gastaban en fortalezas y los empleamos en escuelas. No nos alcanzan todavía, ni convirtiendo todas las fortalezas en escuelas; no nos alcanzan, todavía tenemos que construir muchas más pero ya tenemos una ventaja que puede hacer el Gobierno Revolucionario, porque el Gobierno Revolucionario no necesita tener fortalezas.  Tenemos una ventaja convirtiendo todas las grandes fortalezas de Cuba en escuelas. Después tendremos que seguir construyendo grandes centros escolares, y tendremos además que seguir construyendo miles de escuelas en los campos, porque no tenemos escuelas suficientes. Ahora, llenando estas fortalezas de niños y de libros y de lápices, la Revolución es más fuerte, y será mucho más difícil, es decir, será imposible tomar una república que ha convertido sus fortalezas en escuelas. Por muchos fusiles que tenían aquí y muchas ametralladoras, y por muchos soldados que tenían aquí adentro, como no tenían la razón, como defendían una causa injusta, no pudieron defenderla y al fin y al cabo las perdieron, al fin y al cabo el pueblo tomó las fortalezas.
Lo que no podrán quitarnos nunca más serán las escuelas para convertirlas de nuevo en fortalezas.
¿Quiénes fueron los primeros que lucharon para convertir las fortalezas en escuelas? Los mambises: Carlos Manuel de Céspedes, Agramonte, Máximo Gómez, Maceo. ¿Quién fue uno de los que con su pensamiento...? (EXCLAMACIONES DE: “¡Martí!”) ¡Ah, ustedes saben que es Martí!  Martí fue el que más se preocupó por los niños, el que más se preocupó por la educación y el que más deseó convertir las fortalezas en escuelas.
Las fortalezas antes no eran el Cuartel Moncada; las fortalezas antes eran el Castillo del Morro, era El Viso, es decir, eran fortalezas que tenían varios siglos, y los mambises, y los patriotas:  Martí, todos los jefes de la Revolución, luchaban por hacer desaparecer aquellas fortalezas que significaban... ¿Qué significaban aquellas fortalezas?  La opresión.  Pero cuando se acabó la guerra de independencia, en vez de desaparecer las fortalezas, construyeron más fortalezas y entonces vinieron estas fortalezas que estaban en el medio de las ciudades, para mantener al pueblo dominado por la fuerza. Para eso tenían esas fortalezas: para que nadie pudiera protestar contra una injusticia; para que el pueblo no pudiera protestar contra lo que estaba mal hecho.  Y cuando los estudiantes salían a la calle a dar un acto patriótico, a protestar contra la corrupción, a protestar contra el robo, a protestar contra el crimen, entonces salían los soldados de las fortalezas y golpeaban a los estudiantes o golpeaban a los obreros, o golpeaban a los campesinos. Ya ustedes saben lo que pasaba el campesino: que le daban con el plan de machete, porque todos esos soldados, además de fusiles, tenían machetes, y cuando salían por el campo, golpeaban a los campesinos. Aquí los hijos de los campesinos no tenían escuelas, ni tenían maestro, pero a cada rato veían una pareja de la guardia rural con sus machetes y sus fusiles. Y un niño no tenía oportunidad de ir a la escuela, pero sí tenía oportunidad, muchas veces, de ver llegar un día a su padre golpeado por los machetes de la guardia rural. Además, para que no pudiera protestar, para quitarle la tierra, cuando tenían tierra, estaban esos soldados, estaban las parejas de la guardia rural. Es decir que lo que nosotros queremos que ustedes comprendan bien, por qué antes había cuarteles aquí, por qué había tantos soldados, por qué tenían un machete, y por qué antes los que tenían el machete eran ellos, y no los campesinos. Los campesinos recibían los planazos. Ahora, los que, tienen los machetes son los campesinos, y los que van a recibir los planazos son los contrarrevolucionarios si vienen aquí a quererles quitar la tierra a los campesinos.
Y eso es lo que ustedes deben saber, porque ustedes tienen la oportunidad de conocer muchas cosas que nosotros no sabíamos, porque cuando nosotros éramos muchachos igual que ustedes íbamos a la escuela, pues no, los gobiernos no nos enseñaban estas cosas.  Nosotros pasábamos por aquí y veíamos una gran fortaleza llena de garitas y llena de aspilleras, todo apuntando para el pueblo.  Porque todas las aspilleras apuntaban para el pueblo, no apuntaban para el mar, no apuntaban para el extranjero. No, apuntaban para el pueblo. Todas las aspilleras estaban hechas contra el pueblo, para proteger las fortalezas contra el pueblo, y nosotros no teníamos oportunidad antes de que nos explicaran estas cosas, porque nosotros lo que sí vimos cometer muchos abusos, pero nadie nos decía que eso era un abuso, es decir, los políticos, los líderes políticos, los hombres públicos, no hablaban de eso, no les explicaban esos problemas a los niños, y los maestros no se los podían explicar, porque si los maestros se los explicaban, los dejaban cesantes, los botaban, los maltrataban, es decir que los hombres públicos no les hablaban a los niños, los maestros no les podían hablar, nadie podía decir la verdad, y entonces los niños crecían viendo injusticias, pero no veían las cosas con mucha claridad, porque nadie se las explicaba bien. Ustedes tienen la oportunidad que nosotros no tuvimos. Por eso nosotros estamos tratando de dar les a los niños todo aquello que nosotros no tuvimos cuando éramos igual que ustedes.
Y a pesar de todo, nosotros pudimos conocer muchas cosas buenas, nosotros pudimos conocer muchos ejemplos buenos, nosotros pudimos conocer el pensamiento de Martí, porque Martí, al principio, cuando él comenzó, tenía muchos enemigos. Hoy todos reconocen lo que hizo Martí, todos reconocen su pensamiento, todos reconocen su obra, pero al principio lo que hicieron fue que lo encarcelaron, lo persiguieron, lo exilaron y muchos lo atacaban, lo calumniaban, lo insultaban, y el pueblo y muchos cubanos no sabían quién era Martí, no sabían todo su pensamiento hermoso, no conocían sus prédicas.
Hoy, al fin, después de muchos años ya, todos los cubanos conocen a Martí e incluso los políticos hipócritas ya no hablaban mal de Martí, lo que hacían es que venían a una tribuna e invocaban el nombre de Martí, invocaban el pensamiento de Martí, los muy descarados, mientras estaban robando y enriqueciéndose por un lado, y estaban haciendo todo lo contrario de lo que Martí decía, por otro lado hablaban de Martí e invocaban el pensamiento de Martí.
Y así, poco a poco, a través de libros, a través de los maestros que sí podían hablar de Martí y hablar de la historia del pasado, aunque no podían explicar bien las cosas presentes, así todo el pueblo fue conociendo el pensamiento de Martí, y por eso se fue forjando un espíritu patriótico que hizo posible, al fin, la victoria de la Revolución. Por eso nosotros tenemos tanto interés en los niños y tanto interés en las escuelas, porque nosotros queremos hacer un pueblo futuro mejor que este todavía.  Porque actualmente hay cientos de miles de personas mayores que no saben leer y escribir, hay cientos de miles de personas mayores que no han podido recibir una educación, y nosotros queremos que en el futuro todos sepan leer y escribir, nosotros queremos que en el futuro ni un solo niño deje de aprender a leer ni a escribir; nosotros queremos además que los niños aprendan a trabajar y adquieran conocimientos que sean útiles a su patria, les sean útiles a sus padres y les sean útiles a ellos mismos. Y, además, queremos que los niños lleven una vida feliz, no solamente queremos que estudien, sino que queremos también que jueguen; no solamente queremos que estén en las aulas, aunque estar en las aulas es agradable, porque aprender siempre es agradable; saber lo que pasó, por ejemplo en Cuba, conocer todas las guerras de independencia, conocer la geografía, conocer los ríos, conocer los peces, conocer los árboles, conocer los animales, conocer las estrellas, conocer las nubes, conocer todas las cosas que vemos, eso es muy interesante, y eso es muy bonito y ustedes tienen oportunidad de aprender en las aulas, pero también es interesante conocer las montañas, conocer los ríos, también es interesante conocer el mar, conocer las cuevas, conocer los valles, conocer los paisajes. Es decir, ustedes tienen oportunidad de pasear, tienen oportunidad de divertirse, haciendo ejercicios, que eso también es educarse. Ustedes tienen oportunidad de aprender deportes. ¿Ustedes saben cómo nosotros aprendimos a hacer la guerra?  No vayan a creer que nosotros aprendimos a hacer la guerra en la Sierra Maestra; nosotros aprendimos a hacer la guerra cuando éramos muchachos igual que ustedes. ¿Saben cómo? ¿Quieren que les diga cómo?  Bueno, nosotros aprendimos a hacer la guerra jugando pelota, jugando básquet, jugando fútbol, haciendo todos los deportes, nadando en el mar, nadando en los ríos, y subiendo montañas. Nosotros aprendimos a hacer la guerra en estas montañas, porque también estudiábamos aquí en Santiago, y cada vez que nos llevaban de excursión, pues, siempre subíamos alguna loma.
Así que nosotros aprendimos a hacer la guerra cuando teníamos la edad de ustedes, porque después fue lo mismo, después era cuestión de quién hacía mejor las cosas, hacía las cosas con más práctica, con más inteligencia, porque la habíamos aprendido, todos nosotros habíamos aprendido a hacer la guerra, a vencer al enemigo, cuando éramos muchachos igual que ustedes.
Así que todos ustedes deben practicar deportes, ningún niño debe quedarse sentado en el momento del recreo, ningún niño debe dejar de aprender a nadar, de aprender a subir las lomas.  Es decir que nosotros queremos no solamente que ustedes estudien en los libros, nosotros queremos que ustedes estudien en las montañas, que ustedes estudien en los ríos, nosotros queremos que los maestros les expliquen también las cosas, no en el aula, que los lleven a las fortalezas para que les expliquen la historia, que los lleven a los lugares donde, por ejemplo, se libraron las batallas de la guerra de independencia; donde murió Martí en Dos Ríos, por ejemplo, donde hay una estatua que es un lugar muy venerado por todos los cubanos, que es un lugar muy bonito y que además allí tenemos una cooperativa ya de algodón, de maíz y otros productos agrícolas para que ustedes vayan conociendo todas esas cosas.
Porque ustedes han oído hablar de las cooperativas, ¿verdad? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  Bueno, ustedes deben decirles a los maestros que los lleven a ver las cooperativas, para que les expliquen lo que son las cooperativas; deben decirles a los maestros que los lleven a los museos, en los museos están las cartas de Martí, de Maceo, las casas de campaña, las armas que usaban, y así hay muchas cosas interesantes, y ustedes pueden aprender todas esas cuestiones de historia también. Y cuando haya una película, por ejemplo de historia, ustedes le dicen al maestro que los lleve también al cine, o si no que le traigan la película de historia para que aprendan historia.  Y además, los mayorcitos, cuando haya un libro, una novela, sobre cuestiones históricas, pues también que les compren esas novelas, y los libros, los libros que escribieron los griegos, los poemas sobre cuestiones de guerra, y sobre cuestiones de historia, que son muy interesantes, díganles a los maestros también que se los presten, los mayorcitos, cuando ya ustedes comprendan mejor las cosas, porque esa edad que tienen ustedes es la mejor edad para estudiar, porque a esa edad que ustedes tienen no se les olvida nada, porque ustedes si ven una película y van a la casa y se la cuentan al hermanito, se la cuentan al papá y se la cuentan a todos.  ¿No es cierto que cuando ustedes ven una película y cuando a ustedes les hacen un cuento, no es cierto que ustedes después lo cuentan más adelante porque se acuerdan? ¿Y a todos ustedes no les gustan los cuentos? Bueno, pues los cuentos que luego nos hacen son cuentos corticos, y que nosotros queremos que nos los hagan otra vez, porque no estamos contentos con los cuentos muy corticos, y así hay cuentos que son largos y son muy interesantes, y están en los libros y cuando ustedes, por ejemplo, tengan un rato en la casa y no quieran hacer mucha bulla en la casa, ni quieran molestar a los padres que están descansando, ustedes pueden encontrar libros muy bonitos de cuentos largos, interesantes, que a ustedes les gustan, y así se pueden entretener muchas horas y al mismo tiempo aprenden.
Yo tengo entendido que el Ministro de Educación es un compañero joven, un poquito mayor nada más que los colegiales, y con los cuales el compañero Ministro de Educación, que es para orgullo de la Revolución, uno de los ministros de educación más jóvenes del continente, posiblemente sea el ministro de educación más joven de todo el continente, y eso es bueno, porque no se le pueden haber olvidado muchas de las cosas que a él le gustaban cuando era igual que ustedes, y de los libros que le gustaban y él está organizando la biblioteca nacional para publicar muchos libros, de manera que los niños pobres, los niños que no tienen dinero para comprar esos libros, puedan tener los libros baratos, se les puedan facilitar los libros en las escuelas, para que ustedes se entretengan.
Es decir que, algunos de ustedes... yo recuerdo que de muchacho había algunos compañeros —y por cierto que no me excluyo por completo de esos compañeros— que nos gustaba “comernos la guásima”. ¿Ustedes saben lo que es “comerse la guásima”? Es que en vez de ir a clase se van a jugar.  En vez de jugar el sábado, y en vez de jugar el domingo, y estudiar, porque estudiar es muy bonito y muy interesante, pues nosotros queríamos jugar también a veces el lunes, el martes y el miércoles, y no íbamos a clases. Eso naturalmente que estaba muy mal, eso lo hacíamos porque todavía no comprendíamos bien estas cosas, y yo quiero por eso que ustedes las comprendan bien.  Bueno, pues el Ministro de Educación conoce todas las cosas que hacen y hacían los muchachos, y por eso él está haciendo un gran esfuerzo por ayudarlos a ustedes, por hacerles libros, por hacerles campos deportivos, porque antes ustedes recuerdan que tenían una escuelita chiquita, y no tenía patio, y no tenían donde jugar.  Bueno, pues ahora, cuando ustedes tienen los recreos ustedes pueden jugar en los campos deportivos que estamos preparando, y van a tener todo lo que necesiten para divertirse también en la escuela.
Yo les decía que nosotros, muchas veces, no teníamos esas cosas, no teníamos campos deportivos en la escuela, y por eso nos íbamos a jugar fuera de la escuela en los días de clases, pero con todas las cosas que está haciendo la Revolución, el venir a la escuela es lo mejor que hay y lo más agradable que hay. ¿Ustedes no creen que está mal “comerse la guásima”?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Porque el niño que “se come la guásima” no es revolucionario, el niño que se haga el enfermo para no ir a la escuela no es revolucionario; el niño que viene a la escuela, el niño que estudia, el niño que hace deportes, el niño que lee libros interesantes, el niño que se porta bien en su casa, el niño que critica al otro cuando se porta mal y habla bien de los que se portan bien, ese niño es un buen compañero y ese niño es un buen revolucionario, y nosotros queremos que ustedes sean buenos revolucionarios desde ahora, y ustedes tienen que ser mejores revolucionarios que nosotros, ustedes tienen que saber más que nosotros, ustedes tienen que ser más fuertes que nosotros y ustedes tienen que hacer después las cosas mejor que nosotros, porque ustedes van a tener más escuelas, ustedes van a tener más campos de deportes, ustedes van a tener más libros, ustedes van a tener más maestros, y van a aprender más de lo que nosotros pudimos aprender.
Así que nosotros esperamos que todo lo que nosotros no podamos terminar lo terminen ustedes, y que las cosas que a nosotros no nos salgan perfectas, las terminen mejor ustedes.  ¿Ustedes no quieren ser revolucionarios? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿Ustedes no quieren también hacer lo mismo que estamos haciendo nosotros?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Bueno, ustedes cuando sean hombres, no van a tener que hacer la guerra, porque ya todas las cosas en Cuba estarán tan sólidas y habrá avanzado tanto nuestra Revolución que nos dejarán tranquilos, pero de todas maneras es necesario que los niños sean fuertes. ¿Por qué? Para defender lo que nosotros estamos haciendo ahora. Posiblemente y ojala nunca tengan ustedes el día de mañana que tomar las armas para tener que pelear porque alguna injusticia se quiera cometer con nuestro pueblo, pero la mejor manera de que a ustedes los respeten el día de mañana, y a nuestro pueblo lo respeten el día de mañana, es que haya muchos revolucionarios, que haya muchos patriotas, que los niños sean fuertes, que los niños sean educados, que los niños tengan cultura y que los niños de hoy, el día de mañana sean magníficos soldados si la patria los necesitara para defenderse; pero la Revolución no es solo pelear en las montañas, la Revolución no es solo hacer la guerra. Más revolucionario todavía que conquistar esta fortaleza en la guerra es convertir esta fortaleza en una escuela, porque para lo primero, lo primero era ganar una batalla, pues no se podía tomar la fortaleza.  Pero nosotros la fortaleza no la tomamos el 26 de Julio, ni la tomamos el día Primero de Enero... ¿Ustedes saben cuándo hemos tomado la fortaleza? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Hoy hemos tomado la fortaleza, hoy hemos tomado esta fortaleza, porque hoy la hemos convertido en un centro de enseñanza, hoy sí hemos ganado esta batalla.  Y tenemos todavía que ganar muchas batallas como esta, porque yo quiero que ustedes sepan que estas batallas son muy hermosas, las batallas más hermosas no son las batallas que se libraban en las montañas, las batallas más hermosas son estas, porque cuando había de las otras batallas siempre había compañeros muertos, siempre había compañeros heridos, siempre había cadáveres, siempre había tristeza, siempre había luto; cuando se ganaban aquellas batallas y en cambio en estas batallas que hemos ganado hoy, todo es alegría, todo el mundo está contento, no hay luto, no hay tristeza, no hay cadáveres, lo que hay es alegría en todo el mundo. Estas batallas sí son bonitas y nosotros quisiéramos siempre ganar estas batallas, más que ganar las otras batallas. Y otra cosa que les voy a decir, estas batallas se van a recordar mucho más que las otras, porque las otras con el tiempo se habla de ellas, pero se olvidan, pero esta batalla de haber convertido esta fortaleza en una escuela será una batalla que no se olvidará nunca, porque de esta escuela, cada día saldrán más niños, cada día saldrán más ciudadanos capacitados que serán alumnos de esta escuela. Es decir que va a haber más de 2 000 niños que van a estudiar en esta escuela, que antes era una fortaleza donde asesinaban, donde torturaban, donde abusaban del pueblo y hoy es un centro donde los niños crecen, donde los niños juegan, donde los niños estudian, donde los niños se preparan para servir a su patria y para ser buenos ciudadanos.
Yo quiero que ustedes sepan que hay que ganar todavía muchas batallas de todas clases, quizás haya que combatir, quizás alguna vez tengamos que combatir otra vez para defender la Revolución de sus enemigos. Si nosotros tenemos que combatir otra vez, los niños nos pueden ayudar, los niños nos van a ayudar, porque todo el mundo aquí, desde los niños hasta los ancianos van a ser soldados de la Revolución y van a hacer algo por la Revolución para defenderla, para que no le quiten las escuelas y las conviertan en fortalezas.
Y, además, tenemos muchas obras que hacer, tenemos muchas carreteras que construir, muchas represas, muchos pueblos, muchas fábricas, tenemos que arar todos los campos, tenemos que construir muchas playas, muchos centros turísticos. Es decir, tenemos una gran tarea que hacer y no nos alcanzan los hombres que saben para hacer todas estas cosas y por eso la mayor esperanza de nosotros no está en lo que estamos haciendo hoy, sino en lo que ustedes van a hacer mañana.  Nosotros estamos muy interesados en que ustedes estudien para que ustedes puedan terminar los trabajos que nosotros estamos haciendo hoy; porque nosotros nada más vamos a poder hacer una parte, y ustedes tienen que hacer la otra parte.
¿Ustedes comprenden bien eso? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿O ustedes no lo comprenden?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) ¿Ustedes lo comprenden? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  ¿Ustedes comprenden que tienen que terminar el trabajo que nosotros estamos haciendo ahora?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Bueno, eso es lo que nos interesa a nosotros, que ustedes comprendan bien esas cosas.
Y por último... (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) Yo quiero que los niños de este centro escolar piensen siempre y recuerden siempre con gratitud a todos los cubanos que murieron para que ustedes pudieran tener hoy esta escuela y pudieran tener una patria libre.  Ustedes tienen que recordar siempre a todos los cubanos que desde el siglo pasado, desde la época de Carlos Manuel de Céspedes hasta hoy, han estado haciendo grandes sacrificios para que nosotros tengamos esto que ahora tenemos.  Quiero que recuerden también, muy especialmente, a los compañeros que murieron aquí el 26 de Julio, que recuerden a aquellos compañeros que aquí fueron asesinados, que aquí fueron torturados.
Pero yo no quiero que recuerden los asesinatos, yo no quiero que recuerden las torturas, porque esos recuerdos ingratos y desagradables los irán borrando ustedes y los irá borrando esta escuela, porque una escuela los borra mucho mejor que si hubiéramos destruido todo esto y hubiésemos hecho aquí un parque. La mejor manera de borrar aquellos recuerdos es llenando esto de niños, llenando esto de libros, y llenando esto de alegría para borrar aquellos recuerdos.
Lo que queremos que ustedes piensen es en lo valiente que fueron aquellos compañeros, que piensen en su heroísmo, que piensen cómo los torturaron para que hablaran, y no hablaban, y cómo los asesinaron. Ellos no temblaron ante la muerte, porque sabían que estaban defendiendo una causa justa y sabían que algún día esa causa justa triunfaría. Yo quiero que recuerden cómo fue, gracias a esos sacrificios, que pudo ganarse la guerra contra la tiranía, y que pudo triunfar la Revolución, porque el ejemplo que dieron aquellos primeros que cayeron fue el ejemplo que siguió toda la juventud, y el ejemplo que siguieron muchos cientos y miles de jóvenes que cayeron después, porque todos aquellos compañeros fueron la admiración de los demás jóvenes que después continuaron la lucha y la llevaron hasta la victoria.
Yo quiero que recuerden siempre a aquellos compañeros que murieron el 26 de Julio, a aquellos compañeros que murieron en todas las batallas, que murieron en la ciudad y que murieron en los campos, porque gracias a esos compañeros fue posible que ustedes tengan hoy, que miles de niños en toda la república, que cientos de miles de niños en toda la república, tengan maestros, tengan libros y tengan escuelas.
Quiero que recuerden siempre a Abel Santamaría, a Boris Luis Santa Coloma, a Renato Guitart, a José Luis Tasende, y a toda aquella lista de más de 60 compañeros que murieron en el Moncada; que recuerden a Frank País, a Pepito Tey, a Otto Parellada, a Tony Alomá, y a aquella larga lista, que sería imposible enumerar, de jóvenes que murieron después del 26 de Julio para hacer posible el triunfo de la Revolución, porque gracias a ellos, gracias a los que murieron, gracias a todos esos sacrificios, que ustedes muchas veces tienen oportunidad de pensar cuando van por una carretera y ven un pequeño obelisco o cuando visitan el cementerio y ven las tumbas de todos aquellos compañeros queridos que cayeron, tienen oportunidad de meditar sobre todos los sacrificios que se hicieron, sobre todos los hombres jóvenes que murieron, para que ustedes pudieran tener estas escuelas, y por eso ustedes tienen un deber con aquellos compañeros, y es el deber de estudiar, porque para poder estar aquí hoy, para poder destruir esos muros, para poder tener este centro escolar donde van a estar 2 000 niños, muchos niños se quedaron huérfanos, como esa niña que Raúl cargó aquí, ella es como un ejemplo de los tantos y tantos niños y niñas que perdieron a sus padres. Ustedes tienen la oportunidad de ir a sus casas y ser felices viendo a sus padres; sin embargo hay muchos niños que perdieron a sus padres en la Revolución y ellos también son sacrificados, porque no solo se sacrifican los que mueren, se sacrifican sus esposas, se sacrifican sus padres, se sacrifican sus hermanos, se sacrifican sus hijos, y toda la obra de la Revolución ha costado muchos sacrificios y mucho dolor. Por eso hay que aprovecharla, por eso hay que estudiar, porque cada lápiz, cada pupitre, cada pizarrón, cada tiza, cada libro costó sangre, costó vidas, vidas que se sacrificaron y sangre que se derramó para que ese dinero de comprar libros y de hacer escuelas no se utilizara en hacer cuarteles, no se utilizara en pagar criminales, no se lo robaran para comprar fincas y para comprar negocios particulares. Es decir que cada libro, cada hoja de papel donde ustedes aprenden a sumar y donde ustedes aprenden a escribir, costó vidas, costó sangre, costó luto, costó tristeza, madres que visten de negro, niñas que se quedaron huérfanas y que en la emoción de un minuto como el de hoy, lloran y nos hacen llorar a todos nosotros. Y eso es lo que no podemos olvidar nunca, ni podemos olvidar que los malos cubanos, los pocos malos cubanos, porque son pocos afortunadamente los malos cubanos, que hablando mal de la Revolución y haciendo campañas contrarrevolucionarias, hagan que el pueblo pueda olvidarse de todo ese dolor y de todo el sacrificio que costó la Revolución; que los malos cubanos no puedan hacer posible que regrese el pasado, que los malos cubanos que hoy hablan mal de la Revolución, como ayer hablaban mal de Maceo, como ayer hablaban mal de Máximo Gómez, como ayer hablaban mal de Martí, porque hoy todo el mundo reconoce la obra que hicieron, antes tenían enemigos y los llamaban bandidos, y los llamaban locos, y los llamaban con los peores calificativos y las peores palabras.  A ellos no les importó, al pueblo no le importó, y al fin y al cabo triunfaron sus ideas, y al fin y al cabo todo el mundo reconoció lo que estaban haciendo.
Hoy hay también algunos malos cubanos que no comprenden los sacrificios que se hicieron por hacer la patria libre, que no comprenden la obra hermosa de la Revolución y hablan mal de la Revolución, pero eso no importa, el día de mañana todo el mundo hablará bien, el día de mañana cuando esos egoístas de hoy hayan desaparecido porque hayan envejecido y hayan muerto como murieron ya los que hace 70 u 80 años hablaban mal de Martí, y hablaban mal de Céspedes, de Agramonte y de Maceo; cuando los egoístas de hoy desaparezcan, cuando la semilla de hoy fructifique, cuando un pueblo nuevo resurja, cuando un pueblo culto progrese, cuando generaciones de hombres preparados, de ciudadanos mejores todavía que los que tenemos hoy, sean el fruto del trabajo que se está haciendo hoy, entonces todos hablarán bien de nosotros, todos hablarán bien de esta Revolución, como todo el mundo habla bien hoy de la guerra de 1868, como todo el mundo habla bien hoy de la guerra de 1895, la revolución de 1868 y la revolución de 1895, algún día todos reconocerán esta obra, algún día las generaciones venideras se sentarán también a leer y a estudiar, y ustedes los niños de hoy tienen el privilegio de ser testigos de lo que la Revolución está haciendo, tienen el privilegio de vivir estos momentos que son momentos extraordinarios.  Los niños de Cuba, dentro de 50 y de 100 años se sentarán a ver las fotografías del que era un cuartel Moncada y que esta generación convirtió en escuela; las fotografías de los primeros niños que estudiaron en esta fortaleza cuando se convirtió en una escuela; los niños que vivieron la Revolución; los niños que conocieron a los rebeldes; los niños que vivían en Santiago de Cuba y en los campos de Cuba, cuando en Santiago se luchaba, cuando en las calles se combatía, cuando en las montañas se luchaba; los niños que oyeron y vieron los aviones; los niños que vieron, que oyeron los disparos de los fusiles; los niños que vivieron estos momentos de la Revolución; los niños que son veteranos de la Revolución.  Estos niños también serán la admiración de los niños del futuro, porque fueron testigos de la Revolución, fueron los que estudiaron en las primeras escuelas que hizo la Revolución, fueron los que contemplaron la obra de la Revolución, y son los que van a terminar la obra de la Revolución.
Hoy, aunque es cierto... aunque es cierto que nos entristece por un lado el recuerdo de los que cayeron; aunque es cierto que no es posible visitar esta ciudad y no evocar el nombre de tantos compañeros queridos que desaparecieron, también es cierto que hay en sus familiares, como en sus compañeros, como en todo el pueblo, la satisfacción de que ellos lucharon por algo útil, de que ellos fueron como la semilla que fructificó esta obra, de que gracias a ellos el pueblo es feliz; gracias a ellos los niños son felices, y por eso, al ganar esta batalla de hoy, esta batalla sin muertos, esta batalla sin cadáveres y sin heridos, esta batalla hermosa, esta toma del cuartel Moncada sin sangre, hoy tenemos que sentirnos verdaderamente emocionados y tenemos que sentirnos verdaderamente felices. Hoy Santiago está feliz; hoy toda Cuba está feliz; hoy los niños están felices; hoy el Apóstol, el Apóstol que nació el 28 de enero, y que hoy, al conmemorarse el 107 aniversario, se inaugura este centro escolar que se llama “26 de Julio”, hoy el Apóstol está contento; hoy nuestros muertos están contentos; hoy es un día feliz de la patria.
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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