julio 15, 2012

Discurso de Fidel Castro en el acto de recibimiento al Dr. Osvaldo Dorticos Torrado, Presidente de la República, a su regreso de la ONU (1962)

DISCURSO EN EL ACTO DE RECIBIMIENTO AL DR. OSVALDO DORTICOS TORRADO, PRESIDENTE DE LA REPUBLICA, A SU REGRESO DE LA ONU, DESPUES DE HABER PARTICIPADO EN LA XVII ASAMBLEA DE ESA ORGANIZACION
Fidel Castro
[9 de Octubre de 1962]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Compañeras y compañeros:
Una vez más nos reunimos en este sitio para recibir como se lo merece a quien acaba de librar una honrosa batalla en defensa de nuestra patria: nuestro presidente Osvaldo Dorticós. No es una tarea fácil la que él acaba de cumplir.
El hecho mismo de que la Organización de las Naciones Unidas (SILBIDOS Y EXCLAMACIONES)... No es la Organización de Naciones Unidas lo que nosotros debemos criticar; lo que nosotros debemos criticar es la política de Estados Unidos y de los imperialistas dentro de las Naciones Unidas. Y lo que nuestro pueblo condena no es a la Organización, (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) sino a los métodos que ha introducido en ella el imperialismo yanqui (SILBIDOS Y EXCLAMACIONES), a la política de chantaje demostrada ayer, presenciada por todo el pueblo de Cuba a través de la televisión, en las circunstancias mismas de ver qué hacía el delegado de Estados Unidos cuando la asamblea aplaudía (EXCLAMACIONES). Porque en aquel instante el señor Stevenson (EXCLAMACIONES), más que un representante diplomático, parecía un perro de presa (EXCLAMACIONES) vigilando, vigilando de una manera indisimulada, observando y anotando qué delegaciones eran las que aplaudían al Presidente de Cuba. Porque, desde luego, no solo aplaudieron a nuestro Presidente delegaciones amigas, delegaciones de países que nos han ayudado y nos han defendido, sino que las verdades pronunciadas por nuestro Presidente, recibieron también los aplausos de numerosos países que incluso figuran como aliados de Estados Unidos. Y eso era lo que precisamente le preocupaba a Stevenson: quiénes aplaudían; y aparentemente estaba chequeando a las delegaciones.
Eso es consustancial a la política de presiones y de chantajes que el gobierno de Estados Unidos emplea en el seno de las Naciones Unidas, como fueron las provocaciones a que estuvo sometido incesantemente nuestro Presidente durante los días que permaneció en Estados Unidos, como fue la provocación que el gobierno de Estados Unidos trató de escenificar allí, en la propia asamblea, utilizando a esos elementos que no se pueden llamar cubanos (EXCLAMACIONES), a esos miserables traidores, indignos de llevar un nombre tan glorioso como es hoy el nombre de cubano.
Porque allí se veían las lágrimas de cocodrilo, los gritos histéricos de los privilegiados, de los explotadores de ayer, de los esbirros, de los asesinos (EXCLAMACIONES), que con toda su corte de viciosos, con todo el elemento prostibulario, se marcharon hacia allá, hacia la sociedad donde puedan encontrar mejor albergue, en la sociedad corrompida donde puedan vivir. Porque esos son los excrementos de la sociedad capitalista (EXCLAMACIONES).
Y nuestra tierra no producirá jamás en el futuro esa clase de elementos (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”), porque aquellos elementos son producto de la sociedad capitalista, de la sociedad egoísta, de la sociedad corrompida, de la sociedad llena de vicios, abolida en nuestra tierra. Y por eso, al cambiar el régimen social en nuestro país, se producirá otro tipo de hombre y otro tipo de mujer, los que con legítimo orgullo sí podrán llamarse cubanos. Porque si el nombre de cubano es hoy una honra, lo es por la Revolución que los cubanos hacen. Y quienes reniegan de esa revolución, no podrán aspirar a recibir el honor, el reconocimiento y el orgullo de llamarse cubanos.
Pero ese ambiente infecto, esa atmósfera de provocaciones y de insultos, es la que rodea a todo representante de la Revolución Cubana cuando va a Naciones Unidas, porque hace mucho rato que esa organización funciona en un país que no es capaz, ni quiere, ni es digno de que pueda funcionar allí como debe esa asamblea de los pueblos.
Sin embargo, eso no amilanó a la representación de nuestra patria. Nuestro Presidente podía ir allí, como fue, con la frente en alto, desafiando, desafiando la hostilidad y la provocación de los imperialistas, desafiando los insultos, desafiando sus groserías, porque tenía fuerza moral y tenía verdades más que suficientes para pronunciar allí, y sentar, como lo hizo, en el banquillo de los acusados, al imperialismo yanqui .
Porque, ¿qué parecía el delegado yanqui cuando hablaba nuestro Presidente? Parecía un reo. Y ese fue el papel que realmente representó en la histórica sesión de ayer.
De más está decir que el nombre del delegado de Estados Unidos está altamente desacreditado en la ONU, porque fue precisamente aquel señor quien horas antes de la agresión imperialista a nuestra patria declaró que su país no albergaba propósitos agresivos contra Cuba. Y fue ese mismo señor quien el día del bombardeo de aviones de guerra a nuestras bases, el 15 de abril, declaró que los aviones tenían las insignias cubanas y que se decía que había tenido lugar una sublevación de la fuerza aérea cubana.
Como aparentemente consideró que cuando los hechos se consumasen, ante los hechos consumados, ante el éxito que pretendían alcanzar, se olvidarían sus mentiras, no vaciló en adoptar una posición tan cínica. Solo que los hechos no resultaron tal y cual ellos se los imaginaban, y sus mentiras quedaron en evidencia por cuanto el propio Presidente de Estados Unidos anunció su responsabilidad algunos días después con aquellos hechos, desmintiendo, es decir, en absoluta contradicción con todas las declaraciones anteriores y con las declaraciones que había hecho en la ONU su delegado.
Si ese señor hubiese tenido un ápice de vergüenza y de decoro, habría renunciado en aquella ocasión a seguir siendo delegado de Estados Unidos en las Naciones Unidas.
Para los que creyeron alguna vez que este señor Stevenson formaba parte del grupo de liberales — no digamos progresista, porque ya decir liberal es casi decir revolucionario en Estados Unidos—, para los que pensaban que este señor pertenecía al grupo de los políticos liberales, resultó ser una completa defraudación, una total decepción, porque demostró ser un politiquero más, tan cínico y con tan poca vergüenza como los demás miembros de la camarilla dirigente yanqui.
Era lógico que al pararse allí nuestro Presidente y denunciar estas cosas, tuviera que quedarse callado; era lógico que ante la verdad aplastante, la fuerza demoledora de los argumentos de la representación cubana fuesen incontestables.
¿Qué quedó demostrado en el día de ayer? Quedó demostrado el descrédito creciente del imperialismo, su falta de prestigio, su política sin principios, su situación desesperada, su desmoralización ante la opinión pública mundial, su posición débil frente a nuestro país. Porque ante las apelaciones de nuestro Presidente en favor de la paz, en favor de las soluciones diplomáticas de los problemas, en favor de la discusión, no podían responder nada.
Y no podían responder nada, porque para responder a los planteamientos de Cuba habría sido necesario que renunciasen a la idea, que ha sido la idea esencial de la política yanqui desde el mismo día en que nuestro pueblo se liberó, a la idea de destruir la Revolución; para poder responder a los planteamientos de Cuba habrían tenido que renunciar a esa idea que tienen en la mente desde hace cuatro años.
No pudo ser más clara, más diáfana, más convincente la palabra de Cuba, la sinceridad de Cuba, la política de Cuba. Y allí quedaron contrastadas las dos políticas: primero, lo innegable de quiénes han sido los agresores, quiénes han tratado de intervenir en los asuntos internos de otros países, quiénes han tratado de derrocar gobiernos, quiénes han perpetrado agresiones; y por otro lado, quiénes quieren la solución pacífica de los problemas y quiénes no la quieren; quiénes tienen una política de paz y quiénes tienen una política de agresión.
El gobierno de Estados Unidos no podía ni responder a estos planteamientos, y en realidad se quedaba ante el mundo entero sin argumentos, porque si ellos dicen que Cuba constituye un peligro para su seguridad y que Cuba tiene una política provocadora, y Cuba dice que quiere discutir, y lo emplaza a discutir por la vía diplomática los problemas, ¿por qué dicen que no? ¿Cómo entonces pueden decir que Cuba sea una preocupación? Porque si entrañara una verdad esa afirmación, entonces, ¿por qué no hacen el menor esfuerzo a fin de quitarse esa preocupación?, ¿por qué no quieren hablar?, ¿por qué no quieren discutir?
Y entonces, ¿cómo podrán seguir tratando de confundir y tratando de engañar al mundo? Pero, ¡qué ridículos son! ¿Saben ustedes lo que afirman, y lo que después en una declaración afirmó la delegación de Estados Unidos? ¡Que las armas que estábamos trayendo eran para defendernos del pueblo! (RISAS Y EXCLAMACIONES.)
Este señor, hablando en nombre del gobierno de Estados Unidos, tiene la cara tan dura, tan dura, que se atreve a afirmar semejante cosa. Es decir que nosotros no nos armamos frente al peligro de las agresiones yanquis; que nosotros las armas que hemos adquirido y las medidas que hemos tomado — y que hemos tomado unas cuantas medidas y muy buenas medidas, por cierto, y que tienen muy preocupados a los imperialistas—... como si la causa fundamental de esas medidas no fuesen la agresión incesante y la incesante amenaza, la incesante política de hostilidad y subversión contra nuestro país por parte del imperialismo yanqui.
Es posible que ni borrachos ellos mismos crean semejante argumento.
¿Por qué no han podido aplastar a la Revolución? Porque han tenido que enfrentarse al pueblo. ¿Quién tiene las armas? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) ¿Acaso una fuerza de mercenarios? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Acaso algo que no sea esencialmente, que no esté entrañablemente unido al pueblo y se confunda con el pueblo mismo? ¿Acaso aquel soldado de ayer? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Quiénes llevan esas armas? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) ¿Quién custodia estos actos? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”) ¿Quién defiende la Revolución? (EXCLAMACIONES DE: “¡El pueblo!”)
Y por eso mismo: porque las armas las tenía el pueblo y no un ejército profesional ni mercenario, no esos ejércitos al estilo de Argentina y de Perú que los yanquis manejan a su antojo y que los utilizan para cambiar gobiernos; por eso mismo, porque es el pueblo armado, y no es lo mismo manejar generales que manejar pueblo, los imperialistas se han roto los dientes contra la Revolución Cubana.
Fracasaron todos los planes subversivos, fracasó la agresión indirecta, y entonces se pusieron a pensar en la agresión directa. Pero entonces también nosotros nos pusimos a pensar en otras medidas frente a la agresión directa. El pueblo sabía que los dirigentes revolucionarios no nos íbamos a cruzar de brazos, el pueblo sabía que los hombres que dirigen la Revolución no iban a retroceder, ¡el pueblo sabía que los hombres que tiene en sus manos la dirección del país son hombres de Patria o Muerte! (APLAUSOS PROLONGADOS.)
La Revolución triunfó y la Revolución llegó al poder no en virtud de un cuartelazo de generales, no en virtud de un madrugonazo, no en virtud de unas elecciones corrompidas y politiqueras. La Revolución llegó al poder luchando, la Revolución llegó al poder venciendo infinitos obstáculos, la Revolución llegó al poder desafiando enormes fuerzas; la Revolución se fue desarrollando desde los ínfimos recursos con que contaba en sus días difíciles a lo que es hoy, luchando y no vacilando, no deteniéndose ante las dificultades, no deteniéndose ante la fuerza del enemigo.
La Revolución ha sido un proceso que surgió y creció luchando contra la fuerza de sus enemigos. Y la fuerza de sus enemigos en armas, en poderío militar, era infinitamente superior a la fuerza de la Revolución. Y eso sin embargo no fue obstáculo: siguió adelante la Revolución, y es hoy lo que es hoy.
Tenemos muchas armas, ¡sí! , muchas armas, muchas y potentes armas; ¡pero un día tuvimos solo siete armas! Cuando nos reunimos a hacer el recuento de lo que nos quedaba, cuando nos disponíamos a reemprender la lucha en la Sierra Maestra , un día tuvimos siete armas, y sin embargo si la Revolución es hoy una realidad tan horrible para nuestros enemigos como hermosa para nuestro pueblo, para los hombres y mujeres humildes de la patria , si la Revolución es hoy una pesadilla para los imperialistas, fue porque aquellos siete rifles no se plegaron, no se rindieron, fue porque aquellos siete rifles siguieron adelante, y lucharon.
¿Cómo creían los imperialistas que hoy, cuando no somos siete rifles, cómo creían los imperialistas que después que nuestro pueblo había pulverizado su invasión de mercenarios en menos de 72 horas , cómo creían los imperialistas que después de cuatro años de abnegada y heroica Revolución, nuestro pueblo se iba a desalentar ante los peligros, nuestro pueblo se iba a detener? ¿Cómo creían que podían aspirar o figurar creer los imperialistas, que ante la amenaza que se cernía sobre la patria y sobre nuestro pueblo, nuestra actitud sería doblar los cuellos bajo el hacha criminal de los yanquis imperialistas? ¿Cómo podían figurarse que nuestra actitud iba a ser esa, y no la actitud consecuente con la historia de esta Revolución y de los hombres que están al frente de ella? Que era la única actitud: la actitud de no decir jamás que el enemigo podía derrotarnos, la actitud de no aceptar jamás la posibilidad de que el enemigo pueda derrotarnos, la actitud — que es la actitud que hemos adoptado, repito, en consecuencia con la historia de esta Revolución— de tomar las medidas que las circunstancias aconsejaban, de dar los pasos que las circunstancias aconsejaban, para poner un freno a la agresión imperialista para atajar la mano asesina del imperialismo.
¡¡Y eso es lo que hemos hecho!!
Y por eso, por eso los imperialistas hoy rabian. ¿Por qué rabian? Porque la cosa es más seria, porque la cosa no es ya mandar sus avioncitos una mañana a dejar caer bombas tranquilamente sobre nuestro pueblo; la cosa ya no es tan sencilla como traer convoyadas por sus barcos de guerra invasiones de mercenarios: la cosa no es tan sencilla como descargar un centenar de bombas sobre nuestro pueblo y después decir que fueron aviones de la fuerza aérea cubana, como lo han hecho tan cínicamente, tan impunemente, y que una agresión a nuestra patria ya no sería una agresión impune, que un crimen contra nuestra patria no sería ya un crimen impune .
Y la situación es esa: una agresión no sería impune, un crimen contra Cuba no sería impune. ¡Cómo han cambiado las cosas! ¡Qué diferente! ¡Qué diferente de cuando lo de Girón, qué diferente de aquellos días vísperas de Girón! ¡Qué distinto! ¡Qué situación tan diferente entre poder cometer impunemente una agresión, un crimen, un ataque piratesco y cobarde contra un pueblo pacífico y pequeño, y ahora! ¡¡Qué distinto!!
Y para eso es que hemos dado los pasos que hemos dado. ¡Para eso es que hemos recibido las armas que hemos recibido y los técnicos que hemos recibido! ¡Para eso, señor Kennedy! ¡Para eso señor Stevenson! No como ustedes dicen, para defendernos del pueblo, sino para defenderse el pueblo Y para defenderse de sus únicos enemigos que son ustedes.
Y, por lo demás, ¡qué ridículos, qué insensatos, qué irresponsables, qué equivocados! Era hora de que abrieran los ojos; era hora de que comenzaran a despertar y vieran las realidades del mundo de hoy, la realidad de los pueblos que despiertan y que detienen la mano a los que hacían y deshacían a su antojo la política, los sistemas y la vida de los pueblos.
Esto es una consecuencia de que el mundo ha cambiado. No estamos en 1898; no estamos en aquellos años en que a Calixto García le impidieron entrar en Santiago de Cuba; no estamos en aquellos años en que ellos pudieron hacer trizas las aspiraciones de nuestro pueblo, gobernar como invasores durante dos años a nuestro país, y retirarse dejándonos atrás una Enmienda Platt. No estamos en aquellos tiempos, vivimos tiempos muy distintos, vivimos realidades más prometedoras para los pueblos. No vivimos en aquellos tiempos en que los ejércitos imperiales desembarcaban en las costas de cualquier país de América o en las costas del continente de Africa o de Asia, a masacrar nativos y a imponer su ley. Para fortuna de la humanidad, y mal que les pese, mal que les duela y les quite el sueño a los reaccionarios y a los explotadores, ¡no vivimos en aquellos tiempos!
La historia ha seguido su curso inexorable, y ha marcado el fin de aquella etapa ignominiosa para la humanidad, ausente de garantías para los pueblos, para los pueblos pequeños, para las naciones débiles militarmente y que estaban a merced de la fuerza, cuyos derechos, cuya independencia, cuyos destinos, estaban a merced de la fuerza de los imperios poderosos. ¡Afortunadamente para la humanidad esos tiempos han pasado!
Y aquí, en nuestro propio país, tenemos la mejor prueba: aquellos tiempos han pasado. En aquellos tiempos habrían podido intentar invadirnos; en aquellos tiempos habrían podido desembarcar sus marinos y nos habrían obligado, no a rendirnos, pero sí a un inmenso holocausto. Pero aquellos tiempos han pasado. ¡Hoy eso no lo podrán hacer impunemente! Podrían intentarlo, podrían intentarlo, pero no podrían intentarlo impunemente. ¡Podrían comenzarlo, pero lo que no podrían es terminarlo! ¡Podrían comenzar, pero su comienzo sería su propio fin! Amargo fin, naturalmente, del imperialismo, que no desea nadie, porque nadie desea, nadie consciente, nadie responsable desea ese suicidio del imperialismo, ese holocausto de la humanidad, el inmenso precio, los inmensos sacrificios que ello implicaría para el mundo. Pero no es lo mismo cuando los imperialistas podían hacer esas cosas impunemente, a cuando se arriesgan a ser destruidos. Destrucción que nadie desea, solución que nadie desea; pero que los pueblos, todos los pueblos libres, verdaderamente libres, todos los pueblos que ansían vivir en un mundo de paz, en un mundo de justicia, en un mundo de respeto a los derechos soberanos de las naciones y de los estados, tienen la necesidad de estar siempre dispuestos a defender esos derechos, a defenderlos a cualquier precio, a defender la paz, porque la paz es un interés de toda la humanidad; el derecho a vivir en paz, el deseo de vivir en paz, deseo de toda la humanidad. Porque la humanidad toda sabe que se vería afectada, sin excepción, por las consecuencias de una guerra. Toda la humanidad lo sabe, toda la humanidad se vería afectada, y por eso la paz es el gran anhelo de la humanidad.
Pero para defenderla, para frenar a los guerreristas, a los chantajistas, a los mercachifles de la guerra, a los explotadores, a los piratas, a los que quieren mantener a los pueblos doblegados y explotados; a los que no les importa desatar guerras como la guerra de Corea, a los que no les importan los millones de víctimas; a los que no les importó cuántas decenas de cientos de miles de vidas se habrían perdido en Cuba, si los imperialistas hubiesen logrado apoderarse de una cabeza de playa cuando nos invadieron —porque aquella estrategia, como ustedes recuerdan era la estrategia de una guerra de desgaste, para bombardearnos desde allí todos los días y todas las noches, lo cual habría significado infinitas pérdidas en vidas y en riquezas para nuestra nación—, quienes no se detienen ante esas consideraciones, quienes quieren destruir pueblos, han de ser frenados con una actitud que es la actitud de los pueblos, firmemente decididos a defender la paz, a defender la soberanía de los pueblos, a defender los derechos de los pueblos.
Y en este mundo que vivimos, en esta hora que vivimos, nosotros somos defensores de la paz, estamos del lado de los que defienden la paz; defensores de la soberanía de los pueblos, defensores de los derechos de la humanidad.
Y los que defienden esos derechos son nuestros hermanos; los que defienden esos derechos son nuestros compañeros; los que defienden esos derechos son como nosotros. Y todos estamos corriendo los mismos riesgos, los mismos peligros, frente a los belicistas, frente a los enemigos de la paz.
Y nuestra Revolución en desarrollo se ganó ese derecho, se ganó esa solidaridad; nuestro pueblo con su firmeza, nuestro pueblo con su determinación, nuestro pueblo con su heroísmo se ganó ese apoyo de las fuerzas que defienden la paz.
Y ese apoyo que recibimos del campo socialista, ese apoyo especial que recibimos, ese apoyo especial que recibimos de la Unión Soviética, ¡a ese apoyo no renunciaremos!, porque ese apoyo solidario es hoy, ese apoyo solidario es hoy freno de los imperialistas; ese apoyo solidario, ese apoyo solidario es contén frente a los criminales, es preservación de la paz, salvación de vidas humanas.
Porque nosotros sabemos que una invasión yanqui obligaría a nuestro pueblo a inmensos sacrificios, ríos de sangre se derramarían; y aunque estamos dispuestos a los sacrificios que sean necesarios, aunque estamos dispuestos a pagar el precio que sea necesario por nuestra libertad, por nuestra soberanía, por nuestros derechos, ¡no renunciaremos a un apoyo que puede significar evitar esos ríos de sangre!, ¡evitar que los imperialistas se lancen a la aventura!
¿Y qué dijo Stevenson en respuesta al planteamiento de nuestro Presidente? Que si queríamos negociaciones debíamos empezar por romper los vínculos con la Unión Soviética (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Qué creen ustedes de eso? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¡¡Jamás!! Porque, ¿cómo vamos a romper los vínculos con nuestros amigos? (DURANTE VARIOS MINUTOS EL PUEBLO APLAUDE Y COREA: “¡Fidel, Jruschov, estamos con los dos!”)
¿Cómo venir a proponernos que rompamos con nuestros amigos para quedar nada menos que a merced de nuestros enemigos? (EXCLAMACIONES.)
Y vean ustedes qué clase de amistad puede ser la amistad de los imperialistas, que proponen que para ser amigos de ellos no se puede ser amigo de más nadie.
¡Qué vanos, qué presumidos, qué engreídos! Que rompamos nada menos con quienes nos han ayudado tan lealmente; con quienes, frente a cada acto de agresión yanqui, respondieron con un acto de amistad hacia nosotros; con el país que desde miles de millas de distancia nos ha estado mandando el petróleo para que funcionen nuestras fábricas, nuestro transporte , cuyos barcos han surcado los océanos trayéndonos productos, con el país que, precisamente nos ha dado tan calurosa y tan generosa ayuda en estos años difíciles , a pesar de la distancia; con el país que junto con los demás países del campo socialista nos envió las armas con que derrotamos a los criminales invasores ; con el país que de manera clara y terminante ha advertido a los imperialistas que una agresión a nuestra patria significaría el inicio de una contienda mundial; con el pueblo soviético, ese pueblo generoso, ese pueblo sano, ese pueblo lleno de cariño hacia nuestra patria y hacia nuestro pueblo , que en defensa de nuestra Revolución corre los riesgos que su advertencia implica, que su posición implica; ese pueblo generoso que de tal forma nos ha ayudado, que tan extraordinaria generosidad y solidaridad ha evidenciado hacia nosotros.
¿Vamos a romper con ese pueblo (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) para ser amigos de quienes nos han agredido, de quienes suprimieron nuestros mercados, de quienes nos han amenazado incesantemente, de quienes explotaron el vapor “La Coubre”, asesinando decenas de obreros y soldados, de quienes incendiaron nuestros cañaverales, de quienes han tratado de rendirnos por hambre, de quienes tratan de ponernos hoy un bloqueo, de quienes presionan a muchos países para que sus barcos no transporten mercancías a Cuba? ¡Qué engreídos, qué fatuos y qué vanos! ¡Porque nosotros tenemos un sentido muy alto y muy profundo de la gratitud, de la solidaridad humana, de la hermandad! ¡Y el pueblo soviético es y será, por siempre, un pueblo amigo y un pueblo hermano de nuestro pueblo!
Porque los obreros y los campesinos de aquel país, los obreros y los campesinos de aquel país que rigen el estado soviético, como nosotros un día, echaron a príncipes, condes, marqueses y privilegiados de todos tipos, imperialistas, explotadores; y como nosotros sufrieron la agresión imperialista, como nosotros sufrieron el bloqueo, porque los imperialistas trataron de hacer rendir al pueblo soviético (EXCLAMACIONES); los imperialistas trataron de destruir por hambre la Revolución soviética, por el hambre y por las armas, ¡y fracasaron!
¿Quién puede comprender mejor que ese gran pueblo lo que son las garras del imperialismo, lo que es el puñal asesino del imperialismo; ese mismo imperialismo que bajo la forma de fascismo asesinó más de 10 millones de ciudadanos soviéticos? ¿Quién puede comprender mejor que ese gran pueblo lo que es nuestra Revolución, que recuerda sus días de lucha también, sus días difíciles, cuando el imperialismo o los imperialistas se empeñaban en aplastarlo, como hoy se empeña el imperio yanqui en aplastarnos a nosotros? ¿Quién puede comprendernos y ayudarnos mejor que ese estado de obreros y de campesinos, sin burgueses, sin explotadores?
¡Antes renunciarán los imperialistas a sus imperios y los explotadores a su explotación, que renunciar nosotros a la amistad y a la hermandad con el pueblo soviético!
Ese lenguaje soberbio, ese lenguaje soberbio y altanero fue la respuesta a las palabras honradas y elocuentes de nuestro Presidente.
Pero la locura de los imperialistas llega a tanto que ven fantasmas dondequiera. Hay cosas, desde luego, que no son fantasmas; eso lo sabemos todos. Y si se asustan, bien asustados. ¡Pero que los asuste el puerto pesquero, ya eso da risa! (ALGUIEN DEL PUBLICO DICE ALGO.) Eso que dice esa mujer del pueblo, de que le tienen roña al arenque y al bacalao... Entre los argumentos de los imperialistas, dicen que están lejos de las costas de Cuba. Bien, para eso queremos barcos grandes: precisamente para irlos a buscar allí donde están. Es la rabia que les da a los imperialistas ese tipo de convenio. ¿Por qué? Porque el mundo capitalista nunca conoció un convenio de ese tipo.
Aquí, por ejemplo, vino el gobierno de Estados Unidos y fabricó una industria de níquel; esa industria era propiedad del gobierno de Estados Unidos, y la estuvieron explotando hasta que vino la Revolución y nacionalizó la industria del níquel.
Aquí venían los imperialistas, las compañías imperialistas, construían fábricas, empezaban a explotar a nuestros trabajadores, y algunas, como la de electricidad y de teléfonos, estuvieron más de 40 años, extrajeron la inversión y varias veces el valor de la inversión. Y en la Alianza para el Progreso lo que ofrecen es eso. A los imperialistas no les conviene de ninguna forma el ejemplo de este tipo de convenio.
¿Cómo ha ocurrido en este caso? Nosotros vamos a tener numerosas fábricas, entre otras una gran industria siderúrgica. ¿Cómo la vamos a tener? Con créditos que nos da la Unión Soviética; con técnicos, con proyectos y con técnica que nos facilita la Unión Soviética. La industria es nuestra; el producto del trabajo es nuestro; y la podremos pagar con una parte de las ganancias, de las utilidades que esa industria implique para el pueblo de Cuba. ¡Qué distinto!
En este caso se va a construir un puerto pesquero: el proyecto lo facilitan los soviéticos; la maquinaria la facilitan los soviéticos, y lo que cueste el cemento y la mano de obra hacerlo, por un equivalente igual, nos dan un crédito los soviéticos. Los obreros que van a trabajar en ese puerto, en sus equipos de refrigeración e industria y en sus talleres de reparación, son cubanos y
los entrenan los soviéticos en la Unión Soviética. Y el puerto es nuestro, es de Cuba y lo administra Cuba.
Y como si fuera poco, los barcos soviéticos que van a recibir los servicios de ese puerto para trasbordar el pescado hacia los barcos madre, o a reparar sus barcos, o abastecerse de combustible, nos van a traer este año 2 000 toneladas de pescado, y para el año 1963, 15 000 toneladas de pescado.
Pero hay algo más: la Unión Soviética ha desarrollado una industria pesquera que ha superado ya con mucho a la industria pesquera yanqui. La Unión Soviética está produciendo cerca ya de 5 millones de toneladas de pescado, y siguen desarrollándose su industria y su flota pesquera; y a nosotros nos brinda la oportunidad de que entrenemos a nuestros futuros marinos de la flota mercante en su Flota Mercante pesquera; nos facilitan la técnica de elaboración de los productos. Es claro que este tipo de convenio tiene que poner a rabiar a los imperialistas. Y además ellos presionando a todo el mundo para que no nos traigan mercancías, y los soviéticos nos entregan parte del producto de su flota pesquera, para ayudar a la alimentación de nuestro pueblo. Es lógico que esas cosas pongan a rabiar a los imperialistas.
Y el puerto pesquero se ha convertido en otro argumento de agitación belicista contra nosotros. Entonces ya no estamos viviendo en la época del tiburón y la sardina. Antes decían que el tiburón se devoraba a la sardina, ¡y ahora resulta que el tiburón se asusta de los arenques! (RISAS Y APLAUSOS.) Es un tiburón asustado y, además, un tiburón que teme que lo pesquen también a él. ¡Qué distinto!, ¿verdad? Ahora el tiburón dice que las sardinas se lo quieren devorar a él. Esa es la historia. Claro está que nosotros no somos tiburón, pero tampoco somos sardinitas. Y a tal grado de ridiculez ha llegado el imperialismo con estas cosas, y de descrédito, de descrédito — el poco que tenían.
Y ayer eso fue lo que ocurrió allí en las Naciones Unidas: la voz de Cuba, la verdad de Cuba se hizo sentir, y se hizo sentir muy honda; y todos los cubanos, todos los cubanos nos sentimos orgullosos de esa verdad.
¡Ah! ¡Ah!, los imperialistas nunca hablan oído que un gobierno libre de América Latina les dijera esas cosas, nunca; les dijeran así la verdad ante los representantes de más de 100 países. Y por eso rabian, y por eso están que muerden, o por lo menos ladran. ¿Y cómo está el pueblo? Sereno, tranquilo, firme, trabajando, trabajando en serio para producir, y para ganar su batalla por la felicidad. ¿Cómo está el pueblo? ¡Más firme que nunca, más fuerte que nunca, más seguro que nunca!
¿Y a qué vino este pueblo hoy aquí, esta gigantesca multitud que no cabe en esta avenida? ¿A qué vino? ¡A respaldar esa verdad, a testimoniar su calor a quien fue portavoz de esa verdad! ¡A respaldar la Revolución! ¡A respaldar los pronunciamientos del Gobierno Revolucionario! ¡A respaldar las medidas que el Gobierno Revolucionario ha tomado para fortalecer a la Revolución, para fortalecer la defensa de la patria! ¡Vino a apoyar las medidas tomadas por el Gobierno Revolucionario! ¡Vino a apoyar el apoyo de la Unión Soviética! ¡Vino a decir que sí, que acepta las armas que nos ha enviado la Unión Soviética!
Eso es lo que el pueblo ha venido a decir, aquí, a expresar su satisfacción por el hecho de que la seguridad de la patria haya aumentado, por el hecho de que la patria no sea impotente, por el hecho de que la patria sea fuerte; por el hecho de que la patria, con la ayuda y el apoyo de sus hermanos socialistas, pueda responder al ataque imperialista; y a decirles a los contrarrevolucionarios: “Adiós esperanzas de invasión yanqui.” Porque los contrarrevolucionarios, los contrarrevolucionarios sabían que por aquí no podían asomar ni las narices, los contrarrevolucionarios sabían que no duraban lo que “un merengue en la puerta de una escuela” (EXCLAMACIONES).
Sin embargo, ¿qué esperaban los contrarrevolucionarios? Ese siquitrillado, el dueño de fincas, la empresa monopolista, el esbirro, ¿qué esperaban? Que vinieran los yanquis, que vinieran los marines, y aunque fuera sobre un charco de sangre, ¡aunque fuera sobre un charco de sangre!, recuperar sus fincas, sus palacetes, sus cuentas bancarias, sus fábricas, sus criadas, sus prostíbulos, sus garitos (EXCLAMACIONES).
¿Qué esperaban los esbirros? Verse de nuevo aquí en una perseguidora, con una ametralladora en la mano, mirando con cara de malo a los pocos que iban a quedar aquí, abusando de todo el mundo, cobrándole barato a todo el mundo, negociando con la charada, la bolita y todas aquellas chivichanas que había aquí, explotando el juego; los politiqueros con sus sombreros, sus tabacones, sus casimires, sus dril cien, paseándose en Cadillacs; y el pueblo humillado, discriminado, sin trabajo, sin cultura; el pueblo miserablemente explotado, el ser humano reducido a un cero a la izquierda frente a los privilegiados y a los poderosos.
¿Qué razón podían tener? ¿Qué razón podían tener frente a la obra de la Revolución? ¿Qué razón frente a una revolución que ha hecho tanta justicia, frente a una revolución que tanto ha trabajado y ha luchado por su pueblo? ¿Qué razón podían tener ante nuestro millón, ante nuestro millón de cubanos alfabetizados, ante los cientos de miles de niños que hoy tienen escuelas? ¿Qué razón podían tener ante cada hombre o mujer que hoy tiene trabajo, que hoy tiene un sitio de honor en el seno de su patria? ¿Qué razón pueden alegar, qué razón pueden tener los criminales, los explotadores, los discriminadores, los privilegiados; qué razón pueden tener para impedirle a este pueblo que trabaje por su felicidad, para impedirle a este pueblo que trabaje por un destino mejor, para impedirle a este pueblo que trabaje por el mañana, por el futuro, por el futuro de sus hijos?
Ayer recorríamos nosotros el interior de la isla, y veíamos un hecho impresionante: el pueblo dedicado al trabajo, hombres y mujeres por igual desarrollando las riquezas de nuestros campos, enormes plantaciones de frutales, un millón de pinos sembrados por la Revolución que invadían llanuras antaño estériles, y allí, donde no crecía ni una palma cana, crecían robustos los árboles frutales, como lección elocuente de lo que el trabajo humano puede.
Y nosotros contemplábamos aquellos lugares donde apenas hace tres años reinaba la miseria más espantosa: campos estériles convertidos hoy en caudal de riquezas, promesa del mañana; y pensaba en los millones y millones, cientos de millones de árboles maderables que hemos sembrado, los millones de frutales que hemos sembrado y que ya se ven crecer por todas partes, y pensábamos nosotros: ¡Cuánta riqueza, qué gigantescas riquezas está creando el pueblo! ¡Qué porvenir tan extraordinario será el de nuestro pueblo! ¡Cuántos recursos contarán las generaciones venideras por este trabajo, por este esfuerzo! ¡Riqueza que se ve crecer, promesa que comienza a ser realidad!
Y al ver tantos brazos trabajando —brazos que ayer no trabajaban—, pensábamos nosotros: ¡Cuánto va a crecer nuestra producción al incorporarse masas enteras a la producción, cientos de miles de brazos a extraer de la naturaleza sus recursos!
¿Qué derecho tiene nadie a tratar de impedir eso? ¿Qué derecho pueden tener los que durante 50 años destruyeron las riquezas de nuestro país, talaron sus montes y convirtieron en zonas estériles largas regiones de la patria? ¿Qué derecho pueden tener para tratar de impedir que en unos pocos años reconstruyamos lo que ellos destruyeron, creemos de nuevo lo que ellos hicieron desaparecer del suelo de la patria? Porque, ¿qué nos dejaron? No nos dejaron ni suficientes árboles cítricos para darles naranjas a los enfermos.
¿Qué tendrá nuestro pueblo el día de mañana? ¡Millones y millones de esos árboles, y de otros muchos tipos! Y así, en todos los órdenes. ¿Qué nos dejaron en industrias? ¡Nada! Eramos importadores de materias primas. Aquí prácticamente no se producía nada. Claro, por eso pusieron tantas esperanzas en el bloqueo.
¿Cómo conservaron nuestros recursos hidráulicos? Nada hicieron. Nuestros caudales hidráulicos disminuyeron, los nacimientos de los ríos fueron talados, ni un sistema hidráulico se creó.
¿Qué teníamos para exportar nuestros productos? No teníamos una flota mercante; para pescar no teníamos sino chalanas que apenas se podían apartar de las costas. ¿Qué nos dejaron en la educación, sino analfabetos?
¿Qué nos dejaron en el orden moral, sino el vicio, el juego sembrado por doquier, el crimen, el irrespeto a la ley, el abuso, la desigualdad, la discriminación? ¿Qué nos dejaron, sino miserias: miserias materiales y miserias morales?
De esas cadenas con que nos ataban nos hemos librado, y los males que nos dejaron los estamos barriendo con sacrificios, si, lo sabemos, pero ninguna obra histórica se hace sin sacrificios. ¡La libertad y la felicidad no se adquieren sin sacrificios! Los que no tienen carácter ni espíritu para sacrificarse, no tendrán derecho a la felicidad, no tendrán derecho a la libertad.
Y estas cosas son las que nos mueven, y estas verdades son las que nos impulsan, las que nos han hecho vencer, las que nos han hecho unir, las que nos han hecho fuertes, las que nos llenan de esperanzas en el mañana, las que nos dan seguridad de un porvenir luminoso, en nombre del cual hemos hecho nuestra consigna de:
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
 FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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