julio 09, 2012

Discurso de Fidel Castro en el banquete ofrecido por el Comité Conjunto de Instituciones Cubanas, a los miembros de "Asta" (1959)

DISCURSO EN EL BANQUETE OFRECIDO POR EL COMITÉ CONJUNTO DE INSTITUCIONES CUBANAS A LOS MIEMBROS DE LA “ASTA”, CELEBRADO EN EL HOTEL HILTON
Fidel Castro
[11 de Julio de 1959]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Señoras y señores:
Recuerdo aquella ocasión anterior en que nos reunimos con las instituciones cívicas —fue, si mal no recuerdo, en el mes de marzo, ¿verdad?—, y recuerdo también el ambiente en aquella ocasión.
Era un cambio de impresiones, que tan saludable resultó para disipar algunas dudas de aquellos primeros días, dudas, si acaso, muy sutiles, y que no eran sino la consecuencia natural de todo proceso revolucionario y, también, en parte, del esfuerzo que hacen los que tratan de oponerse a toda obra justa de los pueblos para sembrar esas dudas.  Aquella ocasión resultó muy esclarecedora al efecto de orientar a las instituciones cívicas, que constituyen un núcleo importantísimo del país.
Esta reunión de hoy, sin embargo, evidencia otro ambiente, ya no es como aquel, de expectación.  Yo diría, como el señor Mestre, que me siento aquí en un ambiente muy familiar y, sobre todo, que veo también que el sentido de esta reunión es ya con el propósito de canalizar el esfuerzo de las instituciones cívicas hacia un trabajo de colaboración con las medidas y con los planes del Gobierno Revolucionario; por lo tanto, en el día de hoy no voy a pronunciar palabras que tiendan a disipar dudas, porque aquí las dudas ya no existen , porque cada día es más evidente la identificación de todo el pueblo con los propósitos de nuestra Revolución, porque cada día nuestro pueblo está más definido, y si existen dudas será en el ánimo de aquellos que creían que iban a poder confundir aquí a la parte sana de nuestro pueblo, a los que creían que podían contar con aliados para sus propósitos de hacer retroceder a nuestro país hacia aquel pasado que tanto trabajo y tanto sacrificio nos costó rebasar.
Cada día se define más nuestro pueblo, cada día se esclarecen más los problemas de nuestro país, cada día son más los sectores que van manifestando su adhesión a la tarea del Gobierno Revolucionario y cada día se comprenden mejor nuestras medidas.  Ahí está, por ejemplo, el caso de la reforma agraria, cómo aquellas dudas que algunos interesados trataron de sembrar han desaparecido y cómo, al fin y al cabo, se ha demostrado que la inmensa mayoría de aquellos sectores que en los primeros instantes expusieron sus dudas acerca de la ley, han terminado anunciando que son beneficiados por la misma, como sucede con la inmensa mayoría de los ganaderos, de los colonos y de los agricultores en general, que han declarado en días recientes que reconocen cómo efectivamente la ley los beneficia.
Eso, naturalmente, va consolidando la Revolución, puesto que no son solo los campesinos que están sin tierras los que respaldan esa ley, sino que la mayor parte de los propietarios de tierra la respaldan también, ya que la misma solo perjudica a menos del 1% —¡menos del uno por ciento!— de los propietarios de tierra, solo que en ese 1% están incluidos grandes latifundios extranjeros, y que da la casualidad que ese menos del 1% tenía la inmensa mayoría de nuestras tierras.
Esas cosas, en los primeros instantes, en medio de las cortinas de humo y del confusionismo que esos intereses trataron de sembrar, no se veían claramente, pero una vez más esa fe que nosotros tenemos en la inteligencia de nuestro pueblo y en la opinión pública de nuestro país ha sido premiada con el éxito, y en estos momentos puedo decir que, como en ningún otro anteriormente, creemos que el pueblo de Cuba está bien orientado sobre estas cuestiones y firmemente al lado de la Revolución.
Sin duda que, aunque quizás sean un poquito menos —pueden ser un 1%, un 2% o un 3%, hay que tener en cuenta, si se hacen datos estadísticos, la cantidad, por ejemplo, de personas que vivían aquí de la política, que vivían de las prebendas del poder, que vivían del juego, que vivían como auxiliares de la policía , que vivían aquí del garrote, porque no había un sindicato, no había un sector de trabajo donde no hubiera un garrotero o dos garroteros—, realmente, si se suman todos los que vivían aquí de estar sirviendo a la tiranía desde un cuerpo armado, o a la policía, o a los políticos, los miles y miles de botelleros que había en la administración pública, en los municipios, en los organismos autónomos; en fin, los que vivían de actividades ilícitas aquí en nuestro país, de actividades antieconómicas, no eran tres o cuatro, eran varias decenas de miles.  O sea, si cabe, hay un poquito menos hoy de los que había el primero de enero con la Revolución, pero eso significa que la opinión pública se ha depurado, que las fuerzas más sanas, más honestas, más limpias del país, las que no viven de una actividad ilícita, las que no viven de una actividad indecorosa, las que viven de su talento, las que viven de su trabajo, las que viven de actividades dignas, esas están todas con la Revolución, porque la Revolución aquí no le ha hecho daño a ninguna persona decente.
La Revolución ha actuado en todo instante guiada por un espíritu de justicia, de ayudar al pueblo, de darle al país lo que le habían negado durante tantos años, de satisfacer, en fin, una serie de demandas que desde los inicios de la república se venían planteando aquí.  Esa es sencillamente la explicación del porqué, y si no he tratado con adjetivos más duros a esos que evidentemente no pueden estar con la Revolución, es porque no vengo aquí a ensañarme contra ningún grupo, por minoritario que sea, y porque sencillamente tenemos conciencia de que esos elementos negativos de nuestra sociedad son una consecuencia de todo el pasado de nuestro país, porque si desde el principio de la república se hubiesen hecho las cosas como debieron hacerse, pues no hubiéramos tenido nosotros hoy que lesionar determinados intereses, ya que nadie habría estado viviendo aquí de la botella, del juego, del garrote o de la chivatería, en fin, si ustedes quieren que lo diga .
Y es una cosa cierta, eso lo sabe todo el mundo, lo conoce todo el mundo.  En fin, ¿cuáles han sido los intereses perjudicados por la Revolución?  Incluso, ¿cómo la reforma agraria viene a perjudicar a quiénes?  A los amos extranjeros de nuestra tierra, a los que tienen 5 000, 10 000, 15 000 caballerías de nuestra tierra, a los grandes geófagos, señores que se pasaron aquí años y años cambiando las cercas de su sitio y quitándole las tierras al Estado; y perjudicará también, si cabe, por excepción, a algunos que las hayan adquirido en forma legal, pero que sencillamente constituían un sistema de propiedad de la tierra, completamente contrario a los intereses y al futuro económico del país.  Porque, en definitiva, no existen en nuestra patria extensiones de tierras del Estado como, por ejemplo, en otros países, que nos hubiesen permitido a nosotros asentar al campesino sobre la tierra, y era necesario hacer una redistribución de la misma.
Así que con las medidas de la Revolución han sido afectados un número reducidísimo de compatriotas, a los cuales, por cierto, no hemos lanzado al hambre ni mucho menos, sino que les hemos tenido que limitar algunos privilegios, les hemos tenido que limitar una parte de sus ingresos, pero tengan la seguridad de que, como consecuencia de las leyes de la Revolución, nadie va a pasar hambre aquí.
¿Y ahora qué tiene que hacer el país?  El país tiene que dedicarse a trabajar.  Lo que tenemos por delante es mucho trabajo; fundamentalmente, la tarea constructiva y creadora de la Revolución es lo que tenemos por delante.  Cuba está en la necesidad de recobrar lo que ha perdido durante tantos años, el tiempo perdido, la riqueza perdida, y eso solo se puede lograr mediante un gran esfuerzo de todo el país.
Si, por ejemplo, ustedes van a los hospitales de toda la república, ¿qué se encuentran?  Se encuentran que el número de camas y de hospitales es insuficiente, que los recursos con que se cuenta para alimentar a los enfermos son insuficientes, que las medicinas son insuficientes.  Van a hospitales y se encuentran a dos enfermos en una cama, tres enfermos en una cama, dietas deficientes, falta de medicinas.
El número de hospitales es escasísimo en nuestro país.  Antes había que obtener una recomendación política para ingresar en un hospital; hoy se trata de atender a todo el que llega.  Pero, ¿cómo es posible atender a todos los enfermos, si no hay establecimientos suficientes, si no hay camas suficientes, si no hay recursos suficientes?
Nos han dejado esos males los tiempos pasados y nosotros no podemos, en el curso de unos meses solamente, construir todos los hospitales necesarios aunque quisiéramos; tenemos que hacer una distribución de los ingresos, porque hay que construir también acueductos, alcantarillados, pavimentar calles, ya que los datos estadísticos demuestran cómo una gran parte de las enfermedades son consecuencia de la falta de filtros para el agua, de la falta de acueductos, de la falta de drenajes, de la falta de higiene, de la falta de viviendas.
Combatir las enfermedades no es solamente la tarea de llevar medicinas y llevar médicos.  Tan importante como eso, y más importante todavía, es realizar una serie de obras que permitan vivir en condiciones higiénicas al pueblo, que rebajen en un 50%, o en un 70%, o hasta quizás en un 80% las enfermedades, que son epidemias consecuencia de la falta de salubridad que hay en todos nuestros pueblos, porque tampoco había acueductos, ni filtros, ni alcantarillados, ni las más elementales condiciones higiénicas que son necesarias si se quiere evitar el índice de enfermedad.
La tarea no es solo de comprar camas y de comprar hospitales, sino también hay que ir a la raíz de los males de nuestras enfermedades para poder ponerles fin algún día.  Y así nosotros tenemos por delante, sumadas a estas necesidades urgentes, las necesidades de caminos, de vías de comunicación, de establecimientos educacionales y, en fin, toda esa enorme tarea a la que se tiene que enfrentar el Gobierno Revolucionario con los recursos de un país subdesarrollado que no puede contar con más ayuda que con el esfuerzo de sus hijos, con la honradez de sus hijos, porque nadie nos lo va a traer de afuera, ¡y de afuera si hacen algo es quitarnos!  
Tenemos una ingente tarea en todos los órdenes.  No es solo la reforma agraria.  La reforma agraria, con toda la secuela de enemigos extranjeros que le ha ganado a la Revolución, no es sino una parte de las tareas que tiene por delante el Gobierno Revolucionario, que es grande también en el campo de la salubridad, grande en el campo de la educación, grande en el campo del desarrollo industrial, grande en el campo del desarrollo turístico y, en fin, en todos los órdenes de la vida nacional, porque no hay apenas un aspecto de las actividades del país en que no veamos de inmediato la necesidad de renovarlo y de cambiarlo todo.
Así que la Ley Agraria, digo, es solo una parte, y de por sí nos va a tener atareados a nosotros por lo menos durante tres años, y bien atareados, porque no se afectan impunemente una serie de intereses poderosos, sobre todo, los intereses extranjeros, que son los que están dando más fe de su saña y su odio, más que contra nuestra Revolución, contra nuestro pueblo, porque es el odio contra un pueblo que quiere liberarse.
Siempre me ha correspondido en estas reuniones con las instituciones cívicas tener que hablar claro, de manera que las cosas se comprendan perfectamente bien.
En definitiva, todo hombre honrado, todo cubano de veras, no cubano de títulos ni de papeles ni de pasaporte, sino cubano de pensamiento y de sentimiento; cubano que quiere a su tierra y quiere a su pueblo porque aquí nacimos y aquí están nuestros hermanos; cubanos que deseen —como desean todos los pueblos— lo mejor para sí, sin saquear a otros pueblos, porque lo que queremos es vivir de la riqueza que nos tocó por la naturaleza, vivir de los recursos de nuestro pueblo, de su inteligencia, de su entusiasmo para hacer lo que han hecho los pueblos desde que existe el hombre sobre la Tierra:  vivir de la naturaleza, explotarla para satisfacer sus necesidades materiales y espirituales, todo cubano que tenga, por lo tanto, una idea de lo que es un pueblo y de lo que es la patria, tendrá que sacar la conclusión de que lo único que nosotros queremos y lo único que estamos haciendo, es defendiendo a Cuba y defendiendo a los cubanos.
Queremos vivir de lo nuestro, no de explotar a otros pueblos; queremos vivir de nuestras riquezas, no de explotar la riqueza de otros pueblos; queremos, sencillamente, lo nuestro, defendemos lo nuestro, y no para que viva un grupo mientras los demás se mueren de hambre, sino para que nadie pase hambre, para que vivan todos, y, si es posible, para que les sobre a todos.
Cualquier cubano que estas cosas las vea claras, porque tenga alma, porque tenga sentimientos, comprenderá que si tenemos enemigos, si tenemos campañas tenaces de calumnias contra las que el país no tiene otra arma para defenderse que su frente alta, su dignidad y su valor; que si hay maniobras de todo tipo contra nuestra patria, maniobras raras, maniobras extrañas, eso se debe a una sola causa: a que por primera vez en cincuenta y tantos años estamos defendiendo a Cuba.  Porque cuando a Cuba no se le defiende —como otros no la defendieron—, cuando el país es entregado a intereses poderosos del extranjero, no se observan entonces esas extrañas maniobras, esas manifestaciones de hostilidad, esas manifestaciones ensañadas y sistemáticas de ataque contra nuestra Revolución, y de esas campañas no tenemos otra culpa que sencillamente querer defender nuestra tierra y querer defender nuestro pueblo.
Cualquiera lo comprende, como cualquiera comprende quiénes son los que en estas horas están junto al pueblo y los que están con los enemigos de su patria.
Cualquiera diría que en Cuba están ocurriendo cosas horribles, que en Cuba se tortura, que en Cuba se oprime, que en Cuba se asesina, que aquí todas las mañanas aparecen 10 cadáveres, 15 cadáveres en cualquier esquina, que esos centros policíacos son centros de terror y de crimen.  Cualquiera diría que patrullas rebeldes asesinan 50 campesinos en una tarde, cualquiera lo diría; pero resulta extraño que cuando esas cosas pasaban en Cuba, ni había maniobras raras, ni se convocaba a cancilleres, ni se invocaban violaciones de principio como está ocurriendo en estos instantes.
Cualquiera diría que el 99,5% del pueblo está contra la Revolución, que los que respaldan al gobierno son la peor escoria, que los confidentes, los verdugos y toda aquella caterva de parásitos que hasta hace apenas unos meses eran los dueños y señores de vidas y haciendas en nuestro país eran seres generosos y nobles, y que todos los profesionales, todos los estudiantes, los campesinos, los obreros y todos los que hoy respaldan al Gobierno Revolucionario, que no es respaldar a un gobierno, sino a un gobierno que tiene el propósito de encarnar el interés exclusivo de la patria, son los malos y que los buenos eran aquellos.
Así se quiere escribir la historia del mundo, como si el prestigio de los pueblos, el honor de los pueblos, la vergüenza y el decoro de los pueblos fuesen un artificio, fuesen algo que se fabrica por plumas mercenarias o se destruye por plumas mercenarias, y digo aquí que no! Digo que el prestigio, el decoro y la dignidad de los pueblos, la honra de los pueblos y de los hombres, ni se construye con dinero, ni se destruye con dinero; ni se construye con intrigas, ni se destruye con intrigas; ni se construye con campañas, ni se destruye con campañas.  Podrá elaborarse una idea falsa, podrá regarse la confusión y la duda, pero eso es algo muy independiente de la verdad que los pueblos viven, eso es algo muy independiente de la dignidad y de la honra de los pueblos, que los pueblos saben apreciar, saben palpar, saben disfrutar y saben vivir con grandeza, aunque en el resto del mundo traten de tender una cortina de infamias.  Y mientras más infamia, más meritoria es nuestra honra, porque es la honra, la dignidad y la entereza que no se doblega ni ante la amenaza ni ante el miedo.
Hemos venido a hablar de una actividad que está muy relacionada con el interés nacional; aunque en esa tarjeta se expresa antes que todo el apoyo de las instituciones cívicas a la obra de la Revolución, es evidente que el tema central de esta reunión lo constituye el turismo.  Sin embargo, ¿por qué ha sido necesario hablar de otras cosas? Precisamente por la relación que tiene todo con el interés económico del país, porque por lesionar intereses económicos tiene enemigos en el extranjero la Revolución Cubana, y porque lesiona injustamente los intereses de nuestro país tienen importancia las campañas que se realizan fuera de Cuba contra nuestra Revolución.
¿Qué hemos hecho nosotros que merezca nuestro país el esfuerzo de alejarlo de sus justísimas aspiraciones, que queremos lograr con nuestro esfuerzo, que queremos lograr noble y honestamente? ¿Qué fin se persigue, el estrangulamiento económico de nuestro pueblo?  ¿Alejar de nuestro país, por ejemplo, todas las posibilidades turísticas?  ¿Impedirnos a nosotros lo más posible el desarrollo de nuestra economía, como si se quisiera que los pueblos no llegasen a liberarse, que los pueblos no ganasen la batalla contra el hambre, la miseria, la enfermedad y la desesperación que se origina por la falta de los medios elementales para que los ciudadanos se ganen la vida?  ¿Impedirnos que ganemos la batalla contra el desempleo y les demos trabajo a los 500 000 cubanos que carecen de él, como si se persiguiese el propósito de que este justo empeño de Cuba, de una Cuba que no es nueva en el camino del sacrificio, porque lo inició hace más de un siglo cuando cayeron bajo los piquetes de fusilamiento de la metrópoli extranjera los primeros patriotas cubanos; de Cuba, que ha luchado un siglo, con tres guerras de independencia, con varias revoluciones, con innumerables movimientos cívicos y políticos por alcanzar un destino que no había logrado y que hoy ve más cerca que nunca la esperanza de lograrlo?
Si hay un pueblo que ha luchado y que ha sabido luchar solo, como si el destino de nuestra patria fuese siempre luchar sola como luchó sola contra España, sola durante 30 años cuando ya otras naciones se habían librado del yugo; si hay un pueblo que ha luchado, si hay un pueblo que merece triunfar, ese pueblo es el cubano. Y ha luchado no sólo solo, ha luchado en las condiciones más difíciles que pueda imaginarse, ha luchado no solo venciendo al interés poderoso que se le opone, sino que ha luchado contra el vicio que le han sembrado, contra los malos hábitos que le han inculcado, contra el pesimismo —el pesimismo, sí—, el escepticismo que fue uno de nuestros peores vicios y del cual nos estamos liberando como lo demuestra ese entusiasmo, esa frente alta y esa fe probada de nuestro pueblo que se hace cada día más palpable en todos los sectores de nuestro país y que se evidencia en ustedes cuando se ponen de pie sencillamente porque tienen el valor de ponerse de pie para decir que sí, que están de acuerdo con que se exprese aquí el sentimiento de la patria herida , que están de acuerdo con que se diga:  ¡Basta ya!
Basta ya de calumnias, basta ya de campañas, porque lo que hacen con eso es hacer más fuerte todavía la Revolución.  Basta ya, porque Cuba está muy consciente de su destino, Cuba está muy consciente de sus derechos, Cuba está muy madura para que la confundan, para que la desalienten, y está muy madura y ha luchado mucho para que se acobarde; porque no de otra forma hay que hablar ni hay que pensar cuando tan injustamente y tan injustificadamente se conspira en el extranjero contra nuestro pueblo. Y frente a ello, el primer deseo, y el primer grito que quiere surgir de nuestras almas es, sencillamente, decir que somos soberanos, que somos mayores de edad, que nosotros nos gobernamos, que sabemos hacia dónde vamos y que nadie tiene derecho a interferir en los asuntos de nuestro país , que nadie tiene derecho a faltarle el respeto a nuestro país, que nadie tiene derecho a insultar a nuestro país, y no menos que un insulto, no menos que una ofensa resultan cosas que suceden en este continente, en donde algunas cosas inconcebibles se han hecho costumbre, porque si no fuesen una costumbre, habría un poco más de respeto y un poco más de pudor en la consideración a otros pueblos.
Cuando digo esto es porque los hechos son suficientemente evidentes como para poder hablar así, y aquí leemos un cable de una agencia extranjera que dice textualmente: “Declara Díaz Lanz ante un Comité del Senado de Estados Unidos”.
Esto, en primer lugar, viene a confirmar sospechas de que una serie de raras circunstancias han rodeado el caso de este típico traidor, por la forma en que actúa, por la circunstancia de que las agencias internacionales supiesen muchas horas antes que ningún otro órgano del país sus declaraciones, por la forma rara en que se desaparece, por la forma rara en que transcurre una semana y al cabo de una semana las autoridades de un país extranjero anuncian que ha llegado allí, y silencio y no se dice una palabra, cosa que no pasó aquí con ningún exiliado en ninguna época.  Y ahora, la noticia de que compareció y se reunió secretamente con el Senado de un país extranjero, de una nación extranjera; es decir, con el órgano de gobierno de una nación extranjera. Un señor que, ostentando un cargo, de manera sospechosa se presenta allí a reincorporarse, que de manera sospechosa hace unas declaraciones ocultamente al paso que deserta, que de manera sospechosa se va, que de manera sospechosa lo reciben y que de manera sospechosa se reúne; un señor que era jefe de uno de los cuerpos de seguridad de la república, se reúne en sesión secreta con el Senado de un país extranjero.
¿Qué es esto sino una falta de respeto a nuestra patria?  ¿Qué es eso de recoger al desertor, de recoger al traidor y recibirlo en sesión secreta por un órgano de gobierno de un país extranjero?
¿Qué tiene que ir a dar cuenta el señor Díaz Lanz de las cosas de Cuba ante el órgano de gobierno de un país extranjero? ¿Qué tiene allí que ir a informar de las cosas de Cuba? ¿Qué es eso sino honrar a los traidores? ¿Qué es eso sino alentar a los traidores? ¿Qué es eso sino interferir en la política de nuestro país? ¿Qué es eso sino insultar y ofender a nuestra patria, que es un país soberano?  
¿Qué diría el pueblo de Estados Unidos si un jefe de cualquier cuerpo armado de ese país traiciona a ese país, deserta de ese país, huye sospechosamente y el Gobierno Revolucionario cubano lo recibiera con todos los honores en una reunión secreta del Consejo de Ministros?  ¿Qué diría el gobierno de Estados Unidos si nosotros recibiéramos en sesiones secretas a sus enemigos?  ¿Qué diría el pueblo de Estados Unidos si nosotros actuáramos de esa forma?  ¿Quién vería las campañas que se harían contra nosotros, los insultos que se dirigirían contra nosotros, las palabras que se escribirían contra nosotros?  Se sentiría ofendido con razón el pueblo de Estados Unidos si a un desertor del ejército norteamericano lo recibiéramos aquí en sesión secreta para que nos rinda cuenta de las cuestiones de Estados Unidos, porque no tenemos derecho a pedirle cuenta a nadie de las cuestiones del gobierno de Estados Unidos, como el gobierno de Estados Unidos no tiene derecho a pedirle cuenta a nadie de las cuestiones del gobierno cubano.
En Estados Unidos se escribió con letras de eterna ignominia el nombre de Bennedit Arnold, el traidor de los norteamericanos que lucharon por su independencia, y, sin embargo, en el Senado de Estados Unidos se recibe, en sesiones secretas y sospechosas, al Bennedit Arnold de Cuba.
Todo esto para qué sirve, si la lógica dice, si la razón dice que estas cosas no tienen pies ni cabeza, que esa no es una actitud amistosa hacia Cuba y que a nosotros nadie nos puede obligar por la fuerza a ser enemigos de nadie y mucho menos nos pueden obligar con la ofensa.
Los amigos se ganan con actos de amistad y no con ofensas, y esa no es una actitud amistosa, esa es una actitud que bien merecería llevarse también ante el seno de la Organización de Estados Americanos, por interferencia en los problemas de Cuba, y no viene sino a confirmar nuestra sospecha, muy fundada, de que agentes extranjeros pusieron su mano en el caso del traidor Díaz Lanz, de que agentes extranjeros tienen mucho que ver con ese caso y los hechos no han hecho sino probarlo.
Eso es lo que hacen: enaltecer a los traidores, alentar a los traidores, con esa sutileza que podrá parecerle a la mente sajona que pasa desapercibida a la inteligencia clara de los cubanos.
Pero la importancia que tienen estos incidentes —incidentes sí, solo incidentes, porque las cosas han cambiado mucho en Cuba y hoy hay pueblo aquí y hay Gobierno Revolucionario, hay pueblo y un pueblo muy claro y un gobierno muy decidido a ser leal a ese pueblo—, porque estos no pasan de ser meros incidentes, ya que no van a cambiar el curso de nuestra historia, es que frente a un pueblo entero de 6 millones de cubanos firmemente detrás de un propósito, dos, tres, cuatro, diez o cien traidores no importan; uno, dos, tres o mil enemigos por poderosos que sean no importan.  Un pueblo de 6 millones de habitantes, unido tras una idea justa, es un pueblo que hay que respetar, si no por su tamaño, por su grandeza, por su dignidad y por la justicia de la causa que representa; un pueblo al que no van a ablandar, porque esas son como campañas de ablandamiento, si no un pueblo que se endurece; un pueblo al que no van a acobardar, porque esas son campañas a ver si los pusilánimes, los cobardes, los ratoncillos —si hay alguno por ahí— abandonan la nave; no lo van a acobardar ya que hay algo que no entienden, hay algo que al parecer son incapaces de entender, y es que mientras más evidentes se hagan esas cosas, más fuerte es la Revolución; mientras más evidente se haga el interés de hacer fracasar esta Revolución, más se empeña el pueblo en hacer triunfar la Revolución .  Son, pues, incidentes.
¿Se desalienta alguien aquí?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  Al contrario, lo que ocurre es que se alienta el pueblo, porque estas cosas tienen el efecto de indignar a los pueblos, tienen el efecto de despertar la decisión y el coraje de los pueblos.  Estas cosas lo que sirven es para fortalecer al pueblo.
Como que cuantas manifestaciones de fe hemos hecho en la dignidad y en las cualidades del pueblo cubano se han cumplido, puedo tener derecho a sentir la seguridad de que cada día y mientras más maniobras realicen, más fuerte será la entereza de nuestro pueblo.
Esos incidentes, debo declararlo aquí, y todos los que vengan; esas traiciones, debo declararlo aquí, y las que vengan, si quedaran alguna o algunas, debo decir que no desalientan a nadie, que no debilitan nuestra Revolución, porque sabemos que esta es una revolución, y una revolución de hombres y de pueblo honrado, de hombres que aquí no vienen a hacerse millonarios, de hombres que solo esperan como premio de sus esfuerzos el ver realizado el ideal por el cual estamos luchando; de hombres que han hecho de esta lucha su razón de ser y que son inmunes a las tentaciones que sirven para arrastrar a las traiciones, y que, claro, podrán venir a probar con el oro a ver a quién compran, que por cada uno, que por cada Judas que puedan encontrar aquí, se encontrarán 99 hombres a los cuales todo el oro del mundo no será capaz de hacerlos siquiera vacilar.
Vienen los poseedores del oro a sobornar allí donde los hombres ganan un modesto sueldo, porque no se sostiene este régimen por la prebenda, porque los pueblos, y sobre todo los regímenes de gobiernos, se unen o por un gran ideal o por un gran interés; se unen y luchan o porque tienen un gran ideal o porque tienen un gran interés material.
Unía antes a las fuerzas y a los resortes de la tiranía la tajada en el reparto del botín, porque no eran más que piratas; los unía el juego que proporcionaba millones a los jefes; los unía la Renta de Lotería que proporcionaba millones a los jefes políticos o militares; los unía la malversación que permitía a cualquier jefe o jefecillo tener 100 000, 500 000, 1 millón o 10 millones, una casa en Varadero, o una finca de 100, 200 o 300 caballerías, o cuentas en bancos nacionales o cuentas en bancos extranjeros.
Une en cambio a los jefes políticos y militares de este Gobierno Revolucionario un gran ideal y solo y exclusivamente un gran ideal; no nos unen las cuentas, no nos unen las fincas, no nos une la explotación del juego o del contrabando, no nos une la Renta de Lotería, no nos sostiene un interés material a cada uno de nosotros en el cumplimiento del deber, porque nos une y nos sostiene un gran ideal.
Los hombres, repito, luchan y son capaces de luchar o por un gran interés o por un gran ideal, con una diferencia: los del interés material huyen cobardemente para defender la vida miserable que aspiran a vivir ignominiosamente, disfrutando de los millones robados, y los hombres que luchan por un gran ideal son los únicos hombres capaces de morir en su puesto, defendiendo su ideal.
(Lee un cable): “Washington, 11:00 p.m.-  El cotidiano ‘Washington Post’ publica en su edición de hoy, firmado por David Craslow, un despacho del Servicio de Noticias del ‘Chicago Daily’ en el que afirma lo siguiente: ‘El más importante de los elementos que se han separado del Gobierno Revolucionario de Fidel Castro, contó ayer su historia en secreto a los investigadores del Senado.  El Mayor Díaz Lanz fue presentado ante el Presidente del Subcomité de Seguridad Interna del Senado por el Servicio de Naturalización e Inmigración.  El Presidente del citado comité es Senador demócrata por Missisippi, James Island’.
“Díaz Lanz ha sido objeto de muchas discusiones desde que él y su esposa escaparon de Cuba a Miami en un pequeño barco.  Díaz Lanz dejó la Fuerza Aérea Cubana después de lanzar una andanada contra Castro, denunciando penetraciones comunistas en las fuerzas armadas cubanas.  Castro denunció como un traidor a Díaz y ordenó su arresto.  Joseph Swing, jefe del Servicio de Inmigración, mantuvo en secreto la llegada de Díaz por espacio de una semana.
“La Agencia Central de Inteligencia y funcionarios del Departamento de Estado describieron de irregular el procedimiento seguido por el Departamento de Inmigración en el caso de Díaz.  Esos funcionarios temen que la maniobra de Díaz sea utilizada por Castro, nulificando el valor que pueda haber tenido la defección de Díaz.”
¿Ahora se dan cuenta que se han equivocado?  ¡Qué casualidad!
Temen ahora que sea demasiado descarada la forma en que tramitaron a este traidor .
“En septiembre pasado Island formuló opiniones favorables con relación al enemigo mortal de Castro, dictador Rafael Trujillo, de la República Dominicana.  Dichas opiniones fueron expresadas por Island en el transcurso de una sesión conjunta del Congreso Dominicano.  Por lo tanto, los funcionarios norteamericanos no se sorprenderán si Castro cita la comparecencia de Díaz ante el Comité Senatorial como prueba de que la defección de este forma parte de un complot.”
¡Miren qué casualidad, veníamos hablando de todo esto!  
“Díaz ha sido entrevistado por agentes de la Agencia Central de Inteligencia y del F.B.I.”
Los comentarios que los haga el pueblo de Cuba, porque parece como si quisieran, incluso, que no descubriéramos lo que hay detrás de todo eso; se preocupan ahora, incluso, de que el pueblo no saque las únicas conclusiones que tiene que sacar de esos hechos.  No solo aspiran a realizar todas esas cosas tranquilamente y con una falta de respeto absoluta por la dignidad y soberanía de nuestra patria, sino que, además, quieren que el pueblo no saque las conclusiones únicas que tiene que sacar.  Pero, en fin, no le demos mayor tiempo, que no será ni mucho menos lo único que veremos, si es que se empeñan en el error de creer que van a conmover al régimen revolucionario cubano.
Por parte nuestra no han surgido los agravios, porque semejante agravio jamás se lo hará el pueblo de Cuba a ningún pueblo ; y pueblo que sabe respetar a los demás, sabe respetarse a sí mismo y exige de los demás pueblos el respeto que merece .
Como, en definitiva, nuestra tarea no es solo lidiar contra estos problemas, hemos dicho que estamos aquí dispuestos a lidiar contra este y todos los problemas que vengan, serenamente, sin que aquí nadie se altere, porque los nervios no se le van a alterar a nadie aquí en Cuba.
Como nuestra tarea no es solamente atender esas cuestiones, porque son muchas las tareas de un gobierno revolucionario; como desde el primero de enero aquí ha habido que trabajar muy duro —y lo que hemos hecho no es nada comparado con lo que hay que hacer todavía—, pues dediquémosles nuestra atención a nuestras cosas, porque lo que no podemos permitir —y esto es muy importante— es que nos obstruccionen la obra, que nos perturben la obra, porque la batalla donde tenemos que ganarla es en la realización de nuestra obra revolucionaria.  Por eso decimos que el pueblo tiene que estar siempre muy preparado para que nadie ni nada pueda entorpecer la obra, es decir, en cualquier circunstancia, siempre llevando adelante nuestros planes de Gobierno Revolucionario, porque esa es la victoria, y el fracaso, el único fracaso posible, es que hagan fracasar la obra revolucionaria, que la perturben, que la retrasen, y mientras más traten de perturbarla y más traten de retrasarla, más debemos esforzarnos en hacerla adelantar. Han transcurrido seis meses y en seis meses al menos se ha hecho algo, ya se ven algunas de las obras, pero no es hora todavía de hacer recuentos.  El pueblo los hace, porque la Revolución no solo ha traído al país la rectificación de un sinnúmero de males morales que se palpan —tal vez nos acostumbremos a las cosas nobles que la Revolución ha traído, nos acostumbremos a no ver el robo, el juego, el contrabando, el tráfico de drogas, el abuso, el plan de machete, la explotación de la bolita, de los garitos y de todos los medios esos, y, en fin, de todas las cosas que en Cuba estábamos acostumbrados a ver antes y que hoy ya nos estamos acostumbrando a que no existan—, sino que el pueblo ve también las obras.  Los campesinos, sobre todo, las están viendo, porque es allá en el campo donde la Revolución avanza más notoriamente; pero las ven también en las ciudades, las ven las provincias, donde hay en total 50 000 hombres trabajando en obras públicas, en un esfuerzo por contrarrestar el tiempo muerto.  El pueblo las ve, no es necesario que hagamos el recuento.  Si de algo no se preocupa el Gobierno Revolucionario es de hacer propaganda.
Algún día todas y cada una de las cosas el pueblo las verá y las irá comprendiendo cabalmente, porque el pueblo no es insensible a lo que ve, y hoy, como todo se distribuye, pues cada uno ve lo que se está haciendo allí y algún día verá lo que estamos haciendo en todo el país y en todos los órdenes.
Baste solo consignar el hecho de que nosotros no recibimos un gobierno con las arcas repletas de barras de oro, que no recibimos un país de economía desarrollada, que no recibimos el azúcar a un precio en el mercado mundial de 5 o 6 centavos, que no llegamos siquiera en la época en que la cosecha de la remolacha viene mala, sino que llegamos en la época en que las cosechas de remolacha rompieron todos los records en Europa; que no recibimos el gobierno con 400 millones de divisas en reserva como el 10 de marzo de 1952; que no recibimos siquiera el país en estado de normalidad, que las carreteras estaban obstruccionadas, los puentes volados, las vías de ferrocarril destruidas, las comunicaciones telefónicas, telegráficas y eléctricas deshechas.  Un país con 70 millones de pesos en reserva, con el azúcar a tres centavos en el mercado mundial, con una política azucarera que había sido consecuencia de siete años de errores, interesados por grupos que manejaban a su antojo y con propósitos especulativos la economía de la principal industria del país; que recibimos un país que necesitaba reconstruirse, en primer lugar, y después hacer todo lo que no se había hecho antes.
Todo eso, en esas condiciones económicas tan adversas, debe servir de base para analizar el esfuerzo que hemos tenido que hacer y que estamos haciendo, luchando contra esas limitaciones de un país subdesarrollado y saqueado además, con enemigos poderosos que hacen campañas fuera de nuestra patria, con criminales de guerra que cuentan con decenas y decenas de millones saqueados a nuestra nación, en el año en que no solo el precio del azúcar es el más bajo, sino en que la producción de los países importadores de nuestro azúcar fue mayor que nunca; con 70 millones de pesos de reserva en el instante en que, precisamente, nuestro país recibe 100 millones de dólares menos por concepto del azúcar.  En esas condiciones es cuando vale la pena analizar el esfuerzo que hace el país, cómo a pesar de todo hemos ido elevando nuestras divisas y las mantenemos ahí forcejeando, llamando al pueblo a que ahorre, llamando al pueblo a que consuma productos del país, acelerando la producción de todo aquello que podemos producir aquí en vez de importarlo, explicando la necesidad de importar tractores en vez de Cadillacs, y producir aquí lo que injustificadamente importamos; tratando de ahorrar, de hacer que el pueblo ahorre.  Ahorrar por parte del pueblo es antes que nada consumir lo de aquí y además ahorrar.
Si hemos elevado el standard de vida no es para que se gaste impensadamente creyendo que el progreso de los pueblos y la felicidad de los pueblos se conquista sin sacrificios.  Es ahora el momento en que nosotros debemos pensar en el futuro, y si tenemos más ingresos no es para que lo gastemos impensadamente, y cuando lo gastemos por necesidad, que sea en los productos de nuestro país, que no basta solo con que hoy no se vayan las divisas robadas, que no basta con que no se depositen 10 millones o 20 millones todos los meses o cada tres meses, o 100 millones todos los años en el extranjero; que no basta con eso, sino que hay que ahorrar nuestras divisas consumiendo los productos del país y a través de otras formas, como vamos a establecer mediante un programa de industrialización con recursos del pueblo, emitiendo certificados de contribución al ahorro y a la industrialización del país, a un interés del 5% y del 7%, para que el pueblo adquiera esos valores y lo invirtamos en industrias.
La consigna de ahorrar no quiere decir ahorrar por ahorrar, sino ahorrar para un plan de desarrollo económico; es decir, sacrificarnos hoy e invertir en la industrialización del país para poder disfrutar mañana no solo los ahorros de hoy, los intereses que se deriven de esos ahorros, sino, además, la parte que nos corresponderá a cada uno de nosotros cuando la economía se desarrolle, lo que querrá decir que cada familia tendrá más ingresos el día de mañana y podrá recibir no solo ese aumento en sus ingresos, sino los ahorros de hoy más los intereses que le proporcionan esos ahorros.
Toda nuestra filosofía revolucionaria se basa no en obligar al pueblo a sacrificios, sino en que el pueblo espontáneamente se sacrifique; no rebajando salarios al objeto de poder invertir más, sino diciéndole al pueblo: “Si hoy ganas más, no lo gastes impensadamente, ahórralo e inviértelo a través de los planes de industrialización que vamos a poner pronto en marcha con los recursos del pueblo, porque el pueblo debe estar cada día más consciente de que no tenemos otra cosa que nuestro pueblo, de que no podemos contar con ninguna otra cosa que con nuestro pueblo.  Nosotros no nos pondremos de rodillas ante nadie para pedirle, porque tenemos a nuestro pueblo y con él vamos adelante.
Ahorramos nuestras divisas cuando acabamos con el contrabando, cuando acabamos con la malversación, cuando acabamos con la inmoralidad; ahorramos nuestras divisas cuando consumimos artículos nacionales; ahorramos nuestras divisas cuando en vez de gastar libremente estamos conscientes de que todos tenemos la obligación de contribuir al desarrollo de nuestra economía.  Y así, por ejemplo, quien guarde hoy 1 000 pesos, dentro de 10 años tendrá 1 700, porque vamos a hacer planes de ahorro para que el que lo guarde 10 años cobre el 7% y el que cobre todos los años el interés reciba el 5%.  Pero vamos a movilizar los recursos del pueblo porque con nuestro esfuerzo solo debemos buscar nuestra felicidad, que nadie va a venir a dárnosla, nadie va a venir a hacerla por nosotros, tenemos que hacerla nosotros mismos, y no hay pan que sepa mejor ni felicidad más grande que la que conquista el propio pueblo con sus propios sacrificios.
No tememos al porvenir:  tenemos los recursos de nuestra riqueza natural, los recursos de nuestra azúcar, que un año habrá mucha cosecha, otro no habrá tanta cosecha; tenemos los recursos de nuestros minerales, los recursos de nuestras frutas; estamos desarrollando la industria ganadera, que dentro de cinco años podrá estar exportando entre 80 millones y 100 millones de pesos; tenemos los recursos de nuestra agricultura, que dentro de tres años nos permitirá estar ahorrándonos 150 millones que hoy gastamos en artículos alimenticios y que podemos producir aquí; tenemos recursos suficientes, por fortuna, para marchar adelante si sabemos actuar, si sabemos ahorrar en el sentido real.
Ahorrar no quiere decir pagarle menos el Estado al empleado público, no quiere decir dejar de hacer obras; quiere decir que lo que el pueblo gane lo gaste en productos del país o adquiera valores del país para los planes de industrialización.  Ahorrar quiere decir trabajar más en cualquier obra de la administración pública para que, por lo que consumamos ese día y por lo que recibamos ese día, construyamos más; aumentar la productividad de nuestro trabajo es ahorrar y ayudar al desarrollo de nuestro país; consumir artículos nacionales es ahorrar; adquirir valores para el desarrollo industrial de nuestro país es ahorrar.  Ello no producirá contracción porque permitirá seguir manteniendo un gasto público determinado, y mantener el mayor caudal posible en nuestra circulación ayudará a las industrias del país, dará más trabajo y nos permitirá ir afrontando todas las contingencias y, sobre todo, convertir a Cuba, con sus propios recursos, con el esfuerzo único de sus hijos, en el país más próspero del mundo.
No es una exageración decir que Cuba puede llegar a ser el país de más alto standard de vida del mundo, porque no tenemos solo la riqueza de nuestra naturaleza, tenemos, sobre todo, la riqueza de nuestro pueblo, esa inteligencia del cubano, el entusiasmo, la disposición del cubano a luchar, a colaborar, a moverse por todo lo que sea noble, justo y creador; el espíritu de lucha y de trabajo, el patriotismo y la vergüenza del cubano que también es una gran riqueza, porque es lo que nos permite tomar las cosas con interés y decoro, esforzarnos más para sacar de nuestra naturaleza y de nuestro pueblo los recursos que necesitamos para labrar nuestra felicidad.  La energía y la inteligencia de nuestro pueblo son la mejor riqueza, la que podemos emplear en esta tierra que es una de las tierras más ricas del mundo.
Así que, ¿cuál debe ser el empeño de toda la nación, de los sectores sociales que en su inmensa mayoría pueden esperar las ventajas y los beneficios futuros de esta obra que todos estamos realizando? ¿Cuál es la tarea de todos, de nuestra juventud, de nuestras instituciones cívicas, de nuestros campesinos, de nuestros obreros, de todos los sectores de la producción que han visto claro los beneficios que aporta esta Revolución a toda actividad que sea realmente productora y no meramente lucrativa? ¿Cuál es la tarea?, y debemos estar todos muy conscientes: luchar, trabajar, producir, porque, sencillamente, lo que queremos solo puede ser producto del esfuerzo, no será producto jamás del azar ni será producto del esfuerzo ajeno, sino que lo tenemos que hacer y así es como lo queremos. Si otros vinieran a ofrecer el esfuerzo por nosotros les diríamos que no, que queremos hacerlo nosotros; porque no somos sino un pueblo trabajador que quiere labrar su felicidad con su propio esfuerzo, y solo es feliz el pueblo que la labra con su propio esfuerzo, porque solo así será enteramente libre y no tendrá que depender de ningún amo.
En la lucha armada conquistó el pueblo su libertad, en la lucha posterior su libertad política, y en la lucha que tenemos delante ha de conquistar el pueblo su libertad económica, porque es una verdad axiomática que los pueblos que no son libres económicamente no pueden considerarse pueblos enteramente soberanos; que solo en la medida en que nosotros desarrollemos los inmensos recursos de esta rica tierra con el trabajo de este pueblo entusiasta y noble, podremos llamarnos un pueblo enteramente libre, y solo así las extraordinarias cualidades de nuestros compatriotas podrán desarrollarse plenamente, porque es la libertad, es la independencia, es la libre determinación lo que hace realmente posible el desarrollo mental y espiritual de los hombres y de los pueblos.  Pueblos maniatados no pueden desarrollarse enteramente libres, como los hombres maniatados no pueden desarrollarse plenamente en su inteligencia y en sus sentimientos.
Solo de nosotros depende el futuro del país, y si nunca como hoy en número tan crecido un pueblo se puso detrás de una obra, ¿por qué no hemos de tener las más halagüeñas esperanzas en el futuro de nuestra patria?  Si cada cual cumple aquí con su deber, si cada uno de ustedes lo cumple, si lo cumplen los directivos como lo está cumpliendo el compañero Raúl de Velasco que tan magnífico esfuerzo está realizando, si lo cumplimos todos, ¿por qué no hemos de esperar el más rotundo triunfo?  Si llevamos un siglo luchando y hemos adelantado, si estamos más cerca que nunca de las metas que se trazaron nuestros primeros luchadores, ¿por qué no hemos de alcanzarla, si todo lo que se necesita para lograrlo lo tenemos y no falta sino, quizás, la conciencia enteramente clara de estas verdades? Si estas verdades se hacen realidad en las conciencias de la parte buena que es la inmensa mayoría de nuestro pueblo, a nosotros por delante no nos espera sino el más glorioso de los triunfos, cuando estas verdades que aquí se han señalado se hagan realidad en la conciencia de todos y cada uno de nosotros.  En muchas cosas se ha ido haciendo conciencia desde el primer día y nadie puede negar que hay como un extraordinario cambio en la mentalidad de nuestros compatriotas, nadie puede negar que hemos ido adelantando cada día, nadie puede negar que el cubano luce como mejor que nunca, como más entusiasta y más optimista que nunca, porque aquí no hay actividad que no encuentre un calor y un respaldo inmediato de todos.
Baste, por ejemplo, el hecho de que los organizadores de la concentración del 26 de julio, sin ayuda del Estado, recabando el entusiasmo del pueblo, en unos días han podido reunir hasta 2 millones de pesos y puedan contar hoy con los víveres, servicio de pasajes y, en fin, elementos para satisfacer las necesidades de esa concentración, porque no tocaron a ninguna puerta sin que los recibiese el entusiasmo, y se está preparando así la más grande concentración de nuestra historia, y, posiblemente, si se tiene en cuenta la población relativa de nuestro pueblo, una de las concentraciones más grandes que se haya dado jamás y que hoy más que nunca tenemos necesidad de darla para que todo el mundo vea, frente a las maniobras de los enemigos de nuestra patria, lo que es Cuba, lo que es nuestro pueblo y lo decidido que está nuestro pueblo a defender su soberanía y sus derechos.
Y así todo es entusiasmo porque todo es nuevo en nuestra patria, por tanto, en la conciencia de toda la ciudadanía, debe grabarse muy hondamente la gran verdad de que solo de nuestros esfuerzos y nuestros sacrificios podemos, debemos y queremos esperarlo todo.  Esta es una etapa de creación, de la creación del futuro.  Ningún pueblo puede aspirar a disfrutar lo que no ha hecho.  Los pueblos solo pueden disfrutar de su esfuerzo cuando lo hayan hecho, de sus creaciones cuando las hayan realizado; y la, meta que se propone nuestra Revolución es canalizar toda la energía de la nación en un esfuerzo creador, canalizar todos los brazos, todas las inteligencias y todos los recursos de la nación en un gran esfuerzo creador.  La hora no es de disfrutar —grabémonos eso en nuestra conciencia—, la hora es de crear, y si triunfamos en nuestra labor creadora, nada ni nadie podrá derrotar nuestras aspiraciones y nuestros ideales.
Un día la reforma agraria, otro día las campañas en favor de los productos nacionales y las exhibiciones de nuestros productos al objeto de ilustrar al pueblo lo que tenemos; hoy esta reunión sobre el turismo que es, sin duda, una de las ramas de la economía del país que no pudiera calificarse como industrial en el sentido preciso de la palabra y que bien pudiera conceptuarse —como decía el señor Mestre— como una tercera rama de la actividad económica; porque, efectivamente, el turismo no necesita importar maquinarias, no necesita gastar decenas y cientos de millones de pesos en maquinarias, para lo cual se requiere contar con reservas.  El turismo tiene por base las bellezas del suelo del país, su historia, su cultura, y las características hospitalarias de ese país.
Nosotros contamos con una de las naturalezas más privilegiadas del mundo y contamos también con uno de los pueblos más hospitalarios del mundo, luego tenemos la base para desarrollar el turismo, para desarrollar una economía que no tiene cuotas, porque el desarrollo del turismo dependerá de nuestra capacidad, de nuestra inteligencia, ya que ello únicamente dependerá del número de turistas que vengan a Cuba y del número de millones que dejen al país y que servirán como contribución a nuestro desarrollo industrial.
El turismo es al revés del azúcar, del café, del tabaco y de otros aspectos de la economía, el tipo de actividad que no tiene otro límite que la inteligencia del país que se proponga desarrollarlo, y si no lo hemos desarrollado no es por falta de medios, sino por falta de vergüenza.  No faltaron los recursos, las playas las tenemos ahí, nuestros valles los tenemos ahí, nuestros lugares históricos los tenemos ahí; no se ha organizado, sin embargo, y lo organizado se organizó sobre bases de explotación, pero no de explotación económica pensando en el país, sino de explotación desorganizada y exclusivamente lucrativa.
En materia de turismo hemos andado tan al revés como hemos andado en la mayor parte de las cosas hasta hoy.  Así, por ejemplo, nos encontrábamos con que en el verano, que es cuando van los cubanos a las playas, los precios eran en Cuba elevadísimos y en Miami, por el contrario, bajísimos; y en invierno, que es cuando los turistas que nos interesaba atraer aquí van a buscar el sol y el mar, no teníamos nosotros organización turística. ¿Y qué hacíamos? Al turista le prestábamos el peor servicio posible y le cobrábamos lo más caro posible.
Sin ánimo de crítica digo simplemente lo que había aquí.  No hubo, por supuesto, ninguna actividad por parte del gobierno en favor del turismo, no hubo ninguna organización del turismo, y el resultado fue algo realmente increíble: en vez de ser importadores de turistas, nosotros éramos exportadores de turistas; en vez de recibir más por el turismo de lo que gastábamos, nuestros turistas gastaban más en el extranjero de lo que los turistas extranjeros gastaban aquí.  Aunque parezca increíble, este pueblo, que importaba Cadillacs en vez de arados y tractores, que compraba arroz en vez de sembrarlo aquí, exportaba también turistas en vez de atraerlos.  Y así gastábamos, por ejemplo, 50 millones de pesos en turismo en el extranjero.  ¿Qué pueblo se ha podido permitir esos lujos como no sea el nuestro?
Afortunadamente, las cosas están cambiando, y, por lo pronto, ¿qué es lo primero que puede hacer nuestro turismo?  ¿Qué es lo primero que puede hacer la Revolución con el turismo?  Pues ganar esos 50 millones que estábamos gastando fuera.  ¿Por qué irse a veranear en el extranjero?  Desde luego, me dirán —y me dirán con razón o con alguna razón— que si van a Varadero les cobran 600 pesos por una casa, 15 centavos por una Coca-Cola y una peseta por un periódico —acaban de decir—, y los de Varadero dirán:  “Bueno, si aquí no vienen nada más que dos meses al año, tenemos que tener desalquilado el resto del tiempo.”  No había propaganda del turismo, el solar costaba 35 pesos el metro, las construcciones eran muy caras.  Míster tal tenía tantos kilómetros de playa y una cerca puesta por allí; todas las playas eran privadas; no había playa que no tuviera una cerca de púas, y, en fin, la gente se iba para Miami.  Es lo cierto que tal era todo el turismo con que contábamos aquí.  Si caía un turista, a extraerle el máximo, aunque viniera uno en vez de veinte; cuando aquí hay que empezar por casa, hay que empezar por ahorrarnos los 50 millones que nos gastábamos afuera.
Ya las playas no son privadas, ya podemos empezar a ir a nuestras playas, porque las playas nuestras no eran nuestras, eran o extranjeras o de unos cuantos nada más; hoy son nuestras, nuestras playas, y nadie se ha muerto porque la gente se bañe en el mar.
Así ya empezamos a tener algo, aunque no lo que vamos a tener; pero lo primero es invertir esos 50 millones, invertirlos en el país y fomentar el turismo nacional primero que nada, lo que significará una ganancia de 50 millones que nos gastábamos afuera, que los ganarán nuestros hoteles, nuestras industrias y nuestros empleados, porque son 50 millones que ganamos.  Empecemos por recuperar y, recuperando lo que gastábamos, podemos establecer las bases para un extraordinario desarrollo del turismo.  ¿Por qué?  Porque gastando aquí lo que antes gastábamos afuera, con eso solamente podemos financiar todo el desarrollo que necesita nuestro turismo; gastando aquí lo que gastábamos afuera, financiamos todo lo que tenemos que invertir en preparar al país para el turismo, y al efecto ya están casi terminados los planes generales y aun detallados para preparar al país y ponerlo en condiciones de explotar correctamente sus extraordinarias posibilidades turísticas.
Nosotros no podemos decir si son 100, 200, 300 o 400 millones de pesos los que puede significar el turismo, pero sí podemos decir que si hacemos el máximo esfuerzo podemos obtener más divisas por el turismo que por el azúcar incluso, sin necesidad de construir 160 fábricas azucareras ni líneas de ferrocarril, sino, sencillamente, condicionando lo que ya tenemos en riqueza natural y organizando lo que ya tenemos.
¿Cómo entendemos que debe desarrollarse el turismo que venga del extranjero?  Preparando todas nuestras atracciones, preparándolas para poder movilizar después, mediante la propaganda, mediante todos los medios posibles, el caudal de turistas que, por las ventajas que ofrece nuestro país, vendrían aquí.  Para ello es necesario invertir, pero si nosotros cambiamos el sistema como era hasta hoy, si en vez de organizar un turismo nacional para un número escasísimo de personas —que son las que pueden pagar las cantidades fabulosas que se tenían que pagar aquí—, organizamos el turismo y establecemos un precio de manera que todo el pueblo pueda disfrutar de las riquezas naturales del país, con la aspiración de que en vez de uno fueran 20 o 50 a la playa, movilizaremos todos los recursos necesarios para financiar las inversiones que vamos a hacer para el turismo.
Y ponemos un ejemplo: en la playa pública de Bacuranao, que fue preparada y organizada de acuerdo con este criterio, ¿cuál fue el resultado?  Pues se hicieron 800 taquillas; el último domingo no solo se ocuparon las 800 taquillas, sino que el administrador tuvo que comprar miles de jabas para poner la ropa de las miles de personas que fueron allí, y se recaudó el domingo —a 20 centavos por taquilla—, solamente en taquillas, 720 pesos.  Si la entrada en esa playa hubiese sido por sociedad, a 15 pesos al mes, o hubiese sido a 2 pesos la entrada, es posible que hubieran ido 200 o 300 personas allí.
Luego, la asistencia masiva del pueblo a los centros turísticos, la organización del turismo de manera que en verano sea más barato que en invierno, y pueda volcarse todo nuestro pueblo en las 60 playas que vamos a hacer en toda la isla, en los cientos de lugares para el turismo que vamos a preparar en toda la isla, la participación masiva del pueblo, que permitirá invertir en la nación los 50 millones que se iban para fuera, más los 50 o 100 millones que el pueblo, cuando tenga las playas al alcance de sus manos, gastará en ellas, nos permitirá financiar todo el plan de 200 millones de pesos que vamos a invertir en desarrollar nuestro programa de turismo y que nos permitirá en invierno —cuando los cubanos no van a la playa, porque los cubanos van en el verano; en el invierno vienen los turistas extranjeros buscando el sol de Cuba— poner los precios para ese turismo, pero no un precio desorbitado, sino uno mucho más barato que en los lugares que nos hacen la competencia .
Eso es lo que vamos a hacer.  Para octubre vamos a tener ya preparado y en realización el plan que han trazado en la Junta Nacional de Planificación los técnicos más capacitados y más conocedores en estas cuestiones del turismo, los mejores arquitectos y los mejores ingenieros, en el cual se invertirán 200 millones de pesos aproximadamente en cuatro años, sobre la base de que facilitamos al pueblo el acceso a todos esos centros en el verano y los tenemos preparados para los meses de invierno, de manera que en verano los disfruten los cubanos y en invierno —cuando los cubanos prefieren ir a otro sitio o quedarse en casa— los disfruten los turistas extranjeros, pero un plan perfectamente estudiado, científicamente estudiado, que en estos momentos está en manos de los compatriotas que más conocen en esa materia y que están trabajando intensamente con vistas a la Convención de la ASTA, donde esperamos que 3 000 agentes de turismo concurran. Así que no solamente tendremos la oportunidad de la Convención de la ASTA, sino que tendremos ya el plan realizándose y que les presentaremos a los 2 000, 2 500, 3 000 o 3 500 que vengan aquí.
La convención se encontrará con un gran plan a desarrollar en tres puntos, porque hemos dividido la isla en tres zonas turísticas:  la uno, que va desde Viñales hasta Varadero; la dos, que tiene por centro a Santiago de Cuba, la zona de la Sierra Maestra y la zona de Baracoa; y la tres, que, teniendo como eje la zona de Trinidad, comprende toda la zona central de Cuba.  Así se desarrollará el plan en toda la isla.
Los expertos en cuestiones turísticas consideran que, por ejemplo, la zona de Santiago de Cuba es la que tiene mayor posibilidad de desarrollo turístico en toda Cuba, a lo cual se une la circunstancia del atractivo que significan los centros donde se desarrolló la lucha revolucionaria, los atractivos naturales de las montañas y la historia de la Revolución Cubana.  Así, allí donde tiene la mayor posibilidad de desarrollo turístico, donde hay que llevar un plan de no menos de 30 millones de pesos, nos encontramos con que hoy esa zona, que pudiera convertirse en la zona más importante para el turismo en Cuba, cuenta solamente con 180 habitaciones en los hoteles.  Es decir que Santiago de Cuba, con una población de casi 200 000 habitantes, tiene una capacidad de 180 habitaciones solamente para atender visitantes, y eso demuestra el retraso en que estaba nuestra organización turística.
Vamos a desarrollar ese plan en esas tres zonas, de manera que el turismo convierta en posibilidad económica todos los puntos del país que tienen condiciones para ello.  Será un desarrollo que beneficiará a todos los lugares del país, sin contar que el desarrollo del turismo significará un beneficio para todas las industrias y para todas las actividades económicas de la nación cubana, porque tanto el turismo nacional, desde el momento en que gasta aquí lo que gastaba en el extranjero como un aumento del caudal de turistas extranjeros, beneficiará todos los sectores de la producción nacional.  Así que no solamente el turismo significará un beneficio directo para esas tres zonas, sino que significará un beneficio indirecto para todo el país.
El hecho es que podemos anunciar que el Gobierno Revolucionario propiciará un plan de 200 millones de pesos en el turismo para cuatro año, y que ese plan está ya realizándose en algunos aspectos porque comprende todas las playas que se han hecho y se están haciendo, en un plan trazado por las personas más conocedoras de estas cuestiones y aprovechando la magnífica oportunidad que significa la Convención de Agentes Turísticos; por lo tanto, creemos que es uno de los sectores de la economía que tiene mayores posibilidades.
Algunos dirán: “Bueno, pero está dependiendo, en cierto sentido, de las campañas que se hagan fuera.”  Es verdad, pero tenemos también una ventaja: al desarrollarse el turismo nacional, al gastar aquí lo que antes gastábamos fuera, eso solo es suficiente para financiar todo el plan. O sea, que aunque inicialmente podamos tener algunas dificultades con las campañas, el turismo nacional solamente es ya garantía del éxito de ese plan, y todo lo que desarrollemos desde el punto de vista del turismo extranjero será, por añadidura, beneficio para el plan.  Así que, aunque no viniera ningún turista extranjero, estará garantizado por el turismo nacional.  Luego todo el incremento que alcance el turismo extranjero será para aumentar las posibilidades económicas de ese programa.
De esta manera ya tendremos asegurado que la inversión no será inútil y por delante la oportunidad de desarrollar un turismo extranjero sobre verdaderas condiciones, porque el turista no tenía aquí nada. Nos acostumbramos a un turismo no movido por las bellezas naturales de nuestro país, sino a un turismo de tapete verde que venía aquí a gastar en la ruleta.  De ahí que fue indispensable mantener un determinado número de casinos de lujo para que no se quedaran sin empleo nuestros obreros y empleados hoteleros; pero tenemos que pensar en un turismo distinto, no en turismo de juego ni en turismo de ron, hay que pensar en un turismo que busque y —puedo añadir— en un turismo que no sea de prostíbulo, si se quiere ; un turismo que venga a disfrutar de nuestra naturaleza sanamente, y no un turismo raquítico en número, sino un turismo masivo, tanto de dentro como de fuera.
El ejemplo lo tenemos en la experiencia de estos meses con las playas que hemos hecho, pues va todo el mundo y se divierte muchísimo en nuestras playas a pesar de que no están totalmente acondicionados esos lugares.  Son 60 centros completos los que se van a hacer para el pueblo en todo el país, porque precisamente estamos combinando lo nacional y el interés del país desde el punto de vista de la satisfacción de las necesidades de nuestro pueblo y los intereses económicos para la nación derivados del turismo del exterior.
La prueba está en esas playas nuestras donde no se venden bebidas alcohólicas y donde reina un completo orden, donde el pueblo se divierte sana y ordenadamente, y de esos puntos podemos afirmar —según nos informan los administradores— que el ambiente moral es extraordinariamente sano.  Algunas quejas se oyen de si tiran papeles, pero esas pequeñas cosas serán superadas —no me queda la menor duda— cuando al pueblo se le diga que eche los papeles en la cesta, que mantenga limpias sus playas, que no permita que los enemigos de la Revolución critiquen al pueblo, porque hay quien se vale de si tiran los papeles de los alimentos y de las frutas dentro o fuera del cesto; si los tiran en la arena hay quien quiere utilizar ese detalle para rebajar moralmente a la ciudadanía.  Esas cosas irán superándose, porque tengo la seguridad de que basta que el pueblo sepa que lo que conviene es que en esas playas se mantenga no solo el ambiente moral, sino en todos los órdenes la más completa higiene. Esas cosas irán superándose, de manera que tendremos en el futuro unas playas enteramente distintas, donde no se verá ningún beodo por la orilla del mar tambaleándose en medio de las familias que van allí a divertirse y no a que las molesten.
El ambiente moral que se está logrando en las playas públicas es extraordinario. Hemos suprimido la bebida y nadie está más triste, sino que todo el mundo está más contento, porque el que lleva a sus hijas, a su señora, a su familia a la playa lo que quiere es que las respete todo el mundo, y ese ambiente de respeto, limpio y sano es el que hoy existe en nuestras playas, con lo que no solamente se le está brindando al pueblo un servicio que nunca tuvo, sino que se está creando otra mentalidad, se están saneando las costumbres.  Las playas no son ni garitos ni centros donde ir a embriagarse, las playas son centros de diversión y de recreo sano, centros de salud donde va el ciudadano a desintoxicarse y no a intoxicarse más, donde va a descansar del trabajo de la semana y a adquirir nuevas energías, donde van los ciudadanos a descansar su mes; porque entendemos que cada ciudadano tiene derecho a descansar y debe descansar por lo menos un mes cada año y debemos brindarle esas oportunidades.
Así que la experiencia nos enseña que no vamos mal, sino que vamos bien encaminados cuando hemos suprimido el alcohol en las playas y cuando hemos promovido la asistencia masiva del pueblo, porque las hace costeables, pero las hace costeables al mismo tiempo que le permite a todo el mundo disfrutar de las playas.  Precisamente dándoles acceso aun a las familias de más modesta economía es como se hacen más costeables los centros turísticos, porque un centro turístico con un solo huésped no es costeable aunque ese huésped pague 50 pesos.
Así tenemos el caso del hotel Colony, en Isla de Pinos, que fue un hotel recuperado por el Gobierno Revolucionario, porque allí quisieron organizar un turismo, pero un turismo para ellos —no para los pineros, sino para los socios de la dictadura—; establecieron la zona franca para atraer personas a la isla, para que fueran allí no a bañarse en la playa, sino a comprar perfumes baratos, aunque fuesen importados.  A ellos no les importaba que el país perdiese un millón de pesos por concepto de aranceles con tal de ganarse ellos el millón de pesos en aquellos hoteles.
Lo primero que hicimos fue rebajar el precio de las habitaciones. Ese hotel, que es una verdadera maravilla, tiene habitaciones donde cobraban 42 pesos. ¿Qué instrucciones le dimos al interventor?  Que rebajara las habitaciones, y estas han quedado rebajadas en verano a 5 y 8 pesos y a 12 pesos las cabañas.  Claro que tan pronto los pasajes por mar y por aire a Isla de Pinos sean rebajados, el pueblo acudirá allí y en vez de 3 huéspedes tendrá 30 o tendrá 50 y el obrero allí podrá obtener las ventajas del huésped; porque un obrero no importa que gane un buen sueldo si no hay huéspedes en el hotel.
Ese será un centro que ahora estará perfectamente organizado con campos de tiro, yates de pesca, piscina, en fin, con todos los atractivos, que estará al alcance del ciudadano que no tendrá que ir a Miami, podrá ir a Isla de Pinos, porque podrá hospedarse allí sin arruinarse.  Y esos son los planes que tenemos que hacer, de manera que cualquier familia, por modestos ingresos que tenga, pueda ir a una casa amueblada en una playa buena, que esté al alcance de su economía, de manera que el que disponga de 125 o 150 pesos pueda pasarse con su familia 15 días de vacaciones.
No hay más que hacer los cálculos estadísticos de los ingresos por familia y establecer precios para que todo el mundo pueda asistir.  Ya se puede saber el número exacto que puede asistir, y, en Cuba, con la afición que hay por el mar, por ejemplo, no hay familia que pudiendo pasarse 15 días en la playa con sus hijos no se los pase.  Y hoy era imposible, porque había que ser millonario o multimillonario para ir a las playas, y no había turismo ni de invierno ni de verano; nos gastábamos 50 millones de pesos en el extranjero.
Como el turismo es un aspecto de nuestra economía tan importante como la reforma agraria, que no lo será en el orden social por cuanto la reforma agraria es antes que nada una medida de elemental justicia, pero en el orden económico puede significar tantos ingresos para nuestro pueblo como puede significar la producción aquí de todo lo que actualmente estamos importando del extranjero; si el turismo puede tener tanta importancia como la reforma agraria y tanta importancia como el desarrollo industrial, hay que empezar a dedicarse al desarrollo industrial y del turismo con el entusiasmo con que nos hemos dedicado a la reforma agraria.
He aquí tres aspectos de nuestra economía a desarrollar:  la reforma agraria, que va por delante, porque tenemos la tierra, los guajiros, algunos tractores y algunos recursos para irla llevando adelante.
Parejamente comenzaremos a llevar adelante nuestros planes de industrialización estudiados por proyectos.  Así, por ejemplo, se está trabajando en un proyecto de 25 millones de pesos para el desarrollo de la industria textil, e iremos sector por sector de posible desarrollo, pidiéndole al pueblo su colaboración con la adquisición de los certificados para la inversión en esas industrias, con un interés asegurado.  Llegará el momento en que empecemos a recabar por parte del pueblo la adquisición de esos certificados, de manera que el más modesto ciudadano pueda invertir 10 pesos en la industrialización del país, parte de su sueldo que va a significarle 17 pesos dentro de 10 años si lo acumula; es decir que se va a beneficiar el ciudadano que invierta 10 pesos no solo con los intereses que va a recibir, sino con el aumento en los ingresos que significa para él el aumento de la producción que tengamos por año.
Tendremos que poner todo nuestro empeño en esos planes que tenemos hoy, y las instituciones cívicas, particularmente, pueden hacer mucho por el desarrollo del turismo nacional y extranjero.
En cuanto al nacional organizaremos programas, no como esos de gastar primero y pagar después —esos planes en que le dan 150 pesos para que los gaste y después pague 170— sino de ahorrar primero y gastar después.  Por ejemplo, si en el verano es la temporada en que un grupo de empleados de la Compañía Cubana de Electricidad —pongamos por caso—, de Artes Gráficas, del Estado, o de familias, en fin, quiere asegurar su mes de vacaciones, lo conveniente no es que le prestemos en esas vacaciones 200 pesos y los pague durante todo el año, sino que desde septiembre empiece a guardar, en algún sistema de ahorro, ya con su casa separada —sabe qué casa es, en qué playa va a estar— para ahorrar lo que se va a gastar, porque, además, se ahorra con mucho más gusto lo que está por gastar que lo que ya está gastado; aparte de que si a usted le prestan 150 pesos, le cobrarán 170, y en los planes que se van a hacer será al revés, que al que ahorre 150 se le dan 160, por ejemplo, con beneficios para el país por el ahorro y para la persona que va a disfrutar de esas ventajas.
Tengo la seguridad de que lograremos un desarrollo extraordinario y esa es una actividad donde ustedes pueden colaborar grandemente.
Ahora tenemos la Convención de la ASTA: preparemos al país para recibir a los agentes de turismo; esmerémonos en darles la mejor y más completa recepción y en hacerles agradable la estancia; expliquémosles nuestros planes; brinde cada cual de su idea al instituto o a la Junta del Turismo lo que crea útil al desarrollo del turismo.
Aquí tenemos un secretario del instituto —que es poeta, además de buen orador, aunque pronuncia el inglés un poquito peor que yo — y muchas personas inteligentes trabajando en esto. Ahí está el Comité de Organización de la Convención de la ASTA, y todos podemos contribuir conscientes de que no es una cosa inútil ni mucho menos, o para pasar el tiempo, sino de que le estaremos prestando un extraordinario servicio al país, porque hay tres direcciones de desarrollo:  la de la agricultura, la de la industria y la del turismo, como parte de las tareas que tenemos que realizar; porque satisfacer todas las demás necesidades, de educación, de salubridad, de comunicaciones, de bienestar del pueblo, lo podremos hacer en la misma medida en que se desarrolle nuestra economía, porque somos un país subdesarrollado con muchas necesidades y nosotros no podemos gastar más que lo que permite el desarrollo de nuestra economía.
Los gastos públicos están determinados por los recursos con que cuenta el país; el número de escuelas, de hospitales, de caminos y de obras que realicemos estará determinado por los recursos de la economía del país, y somos un país subdesarrollado que tenemos que explotar las riquezas de nuestra tierra, desarrollar plenamente nuestra economía para alcanzar niveles superiores de vida, tanto en el orden material como en el orden espiritual.
Así que todo está en nuestras manos. En nuestras manos está vencer todos los obstáculos que tengamos delante; en nuestras manos están todas las oportunidades de crear, y todas las oportunidades de luchar contra los enemigos de nuestra Revolución y todas las oportunidades de triunfar están en nuestras manos. ¡Solo en nuestras manos hay el valor de luchar, el entusiasmo y la fe de luchar frente a todos los obstáculos, hay la voluntad de crear, hay el propósito de triunfar!
Concretemos nuestra tarea en estos tres puntos, en estas tres posibilidades:  la de luchar, somos lo suficientemente maduros, lo suficientemente entusiastas, lo suficientemente fuertes para vencer las maniobras de nuestros enemigos; somos lo suficientemente enérgicos, entusiastas, inteligentes y trabajadores para crear, y tenemos el más firme propósito de llegar a la meta que nos hemos trazado.
En nuestras manos está, no importan los pocos vacilantes que pueda haber, no importan los pocos traidores que pueda haber; en nuestras manos está.  Nadie tema nada, nadie se acobarde ni se atemorice, porque en nuestras manos está llevar adelante esta Revolución, en nuestras manos está aprender cada día más, en nuestras manos está hacer cada vez mejor las cosas.  Que haya errores, no importa; lo que importa es saberlos superar. Que haya inexperiencia al principio, no importa; lo que importa es ir adquiriendo la experiencia sobre la marcha.  Que haya obstáculos, no importa; nunca hubo lucha sin obstáculos, nunca hubo ideal sin obstáculos, y mientras más grande es el ideal y mientras más amplio es el propósito, más obstáculos.  Solo los propósitos mediocres carecen de obstáculos. Nadie emprende tareas difíciles si es un mediocre; solo los mediocres buscan obtener la meta sin sacrificio y sin obstáculos.
Alegrémonos de los obstáculos, porque significa que nuestra meta es grande, que nuestro ideal es elevado, y mientras más justa esta causa, mientras más noble, más grandes los obstáculos, porque son obstáculos que vienen de muy atrás, son obstáculos que tienen siglos, es la unión de los vicios de ayer y los males de ayer con los males de hoy.  Así que lo que debemos es sentirnos optimistas al pensar que todo está en nuestras manos y que solo de nosotros depende.  En nuestras manos está, lo que quiere decir que el destino de este pueblo está en manos del pueblo.
Al marcharnos de aquí, podemos irnos con la idea que debemos inculcar en el ánimo de todos nuestros compatriotas, en el ánimo de todos los cubanos.  ¡Y llamo cubano al que no se acobarda en esta hora, al que no traiciona la patria en esta hora, al que no se vende en esta hora, al que no deserta en esta hora, al que no desalienta a sus compatriotas en esta hora, al que cree en la patria más que nunca en esta hora!  Por tanto, solo dos palabras caben en este momento: ¡A luchar y a crear para triunfar, porque el destino está en nuestras manos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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