julio 09, 2012

Discurso de Fidel Castro en la Ciudad de Santa Clara (1959)

DISCURSO EN LA CIUDAD DE SANTA CLARA
Fidel Castro
[21 de Junio de 1959]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Villaclareños: 
Se cumplen hoy exactamente cinco meses y veintiún días del triunfo revolucionario.
Es esta la tercera concentración que damos en esta provincia; la primera fue cuando cruzábamos por la provincia en dirección a la capital.  La segunda concentración fue en la Universidad Central de Las Villas y posiblemente muchos de los que están hoy aquí estuvieron presentes también en aquella concentración.  La tercera es esta, pero lo que resulta extraordinario, lo que resulta precisamente extraordinario, es que esta tercera concentración, después de cinco meses y veintiún días de Gobierno Revolucionario, es la mayor de todas, sin género de dudas.
Eso demuestra que la Revolución, lejos de debilitarse en el poder, es cada día más fuerte y nos da una idea de la magnitud de la concentración que vamos a efectuar en la capital de la república el próximo 26 de Julio.
Este acto de hoy es, en parte, como una preparación de la concentración de medio millón de campesinos que vamos a efectuar en la capital de la república, en apoyo de la reforma agraria.  El próximo 26 de Julio, medio millón de campesinos con machetes, si es posible, con guayabera y con sombreros de yarey, al estilo mambí, con una bandera cubana sobre la frente, como algunos que hemos visto en el día de hoy, recordando que esta lucha es la continuación de las luchas de nuestra independencia, darán fe del respaldo con que cuenta la Revolución Cubana.
En la capital de la república, el pueblo entero está esperando a los campesinos.  Como es virtualmente imposible trasladar en un solo día al medio millón de campesinos de toda la república, como es virtualmente imposible encontrar hoteles para albergar medio millón de campesinos, como, además, la concentración será organizada y costeada por el pueblo, desde que lanzamos la consigna de concentrar medio millón de campesinos en La Habana y solicitamos la colaboración del pueblo, están llegando decenas de miles de ofrecimientos de casas para albergar allí a los campesinos.
Esa concentración va a constituir el acontecimiento más emocionante de la historia política y revolucionaria de nuestro país, porque los hombres de la ciudad les van a abrir de par en par las puertas a los hombres del campo; les van a entregar sus casas, los van a convertir en sus huéspedes  para hacer posible esa demostración ante el mundo entero, de que la Revolución Cubana cuenta con el respaldo invencible de los campesinos, de los obreros, de los estudiantes, de los profesionales y de todos aquellos ciudadanos que tienen los intereses de la patria por encima de mezquinos intereses personales .
La concentración del 26 de Julio va a constituir el acto más grandioso y emocionante que se haya presenciado en ninguna nación de América desde que se fundaron las repúblicas de este continente, porque por primera vez en la historia de las naciones de América se produce un movimiento de tanto respaldo de pueblo como este movimiento revolucionario cubano.
Yo me acuerdo que en ocasiones de nuestra gira por los países de la América del Sur, el pueblo mejor organizado que encontramos fue el de Uruguay.  Había una multitud de 100 000 y el silencio era absoluto y total.
Lo que más nos cuesta a nosotros en estas concentraciones, que son cada día mayores, es que el pueblo se calle.  Y es que la mayoría guarda silencio, pero siempre queda una minoría de un 5% o un 10% que está conversando, peleando o discutiendo con el vecino.  Cuando logremos en estos actos que todo el mundo preste atención, habremos dado un gran paso de avance, porque habremos logrado suprimir uno de nuestros males.  Es que nos concentramos en número, pero no nos concentramos en la mente.
Si los campesinos han venido desde las 5:00 o las 6:00 de la mañana, si todos han hecho grandes esfuerzos para llegar aquí, lo justo es que se enteren de lo que aquí se va a hablar; que este esfuerzo enorme que se hace para concentrar al pueblo, sirva para poderlo orientar; que todo el mundo preste atención, para que todo el mundo salga con más fe, para que todo el mundo salga con más confianza, porque cuando se ve este extraordinario respaldo y además esta gran concentración, sale todo el mundo más animado y más confiado de que la Revolución será más invencible todavía, que será todavía más difícil de derrotar.
Estamos presenciando un momento singular de nuestra historia.  Ni nuestros antepasados, ni las generaciones que nos precedieron, y es posible que ni aun las generaciones venideras lleguen a contemplar un momento tan formidable como el que está viviendo el pueblo de Cuba en estos instantes.  Es posible que nunca más se vuelvan a producir estas manifestaciones de entusiasmo y de fe; nunca antes, y es posible que nunca después se vuelvan a producir en nuestra patria concentraciones tan gigantescas de pueblo.  Esto se debe a una razón: a que el pueblo de Cuba está librando una batalla extraordinaria por su porvenir, y por primera vez en nuestra historia el pueblo se siente dueño de sus propios destinos; por primera vez en nuestra historia, el pueblo está viendo realizar aquellas cosas por las cuales ha estado clamando puede decirse que desde hace más de un siglo, y como el pueblo está consciente de esa batalla, del minuto que está viviendo, es por eso que se moviliza.
Ninguna fuerza es capaz de movilizar a los pueblos como el ideal. Cuando los ideales revolucionarios se hayan realizado y no sea necesario vivir en pie de lucha, cuando el pueblo de Cuba vea satisfechas sus aspiraciones, entonces ya no serán necesarias estas manifestaciones que estamos viendo hoy, porque estas manifestaciones se producen al estar el pueblo en pie de lucha librando la batalla de su destino histórico, de su porvenir económico, de su justicia social, que en este momento se simboliza en la batalla de la reforma agraria. ¿Qué es eso? Nadie se debe asustar cuando tiran cohetes, ni cuando en vez de cohetes suenan bombas, porque precisamente la frase que hay que decir aquí, delante de los bravos campesinos en estas inquietas y heroicas Villas , lo que hay que preguntar es:  ¿Quién dijo miedo?  Miedo, ¿para qué?  Lo que hay que decir es que tenemos la seguridad de que esta batalla la ganaremos porque aquí nadie tiene miedo (EXCLAMACIONES DEL PUBLICO).  Aquí se han estado azuzando todos los miedos, los enemigos de la Revolución han estado azuzando los miedos.
Dicen que la Revolución va a producir contracción, dicen que la Revolución va a producir hambre y tratan de asustar al pueblo con el fantasma del hambre.  El pueblo no le puede tener miedo al hambre, porque este pueblo es un veterano del hambre, porque aquí todo el mundo ha aprendido a pasar hambre y porque precisamente para acabar con el hambre es que se está haciendo esta Revolución.  Por lo tanto, el hambre no puede asustar al pueblo.  Si como consecuencia de las medidas revolucionarias y las maniobras de la contrarrevolución tenemos que pasar hambre, pasaremos hambre.  Hambre para hoy, pero pan para mañana.  ¿Un poquito de más hambre de la que hemos estado pasando hasta ahora?  ¿Y qué nos importa?  Lo malo es seguir pasando siempre el hambre que hemos pasado hasta ahora.
¿Que como consecuencia de las medidas revolucionarias los afectados por las leyes revolucionarias no quieren sembrar este año, no quieren dar trabajo este año para llevar al pueblo a un estado de desesperación y de hambre?  No importa.  Este año podrán, este año podrán maniobrar contra la Revolución, porque todavía no tenemos la organización necesaria, todavía no tenemos organizados todos los técnicos necesarios, pero el año que viene no, el año que viene no.
Este año ellos se pueden aprovechar de sus ventajas, porque nosotros todavía no tenemos los recursos suficientes para poner a producir todas esas tierras, las posibilidades todavía están limitadas, no tenemos equipos suficientes, porque se han acabado todos los equipos que había en existencia, y tardan meses en llegar todos los equipos que hemos pedido, pero el año que viene ya todos esos equipos estarán aquí, el año que viene ya tendremos todos los técnicos necesarios, y les puedo asegurar con toda responsabilidad que si en algunos cultivos ellos pueden hoy producir contracción y producir desempleo, porque nosotros no estamos todavía preparados, yo les puedo asegurar que el único año en que podremos tener dificultades es en lo que queda de este año, exclusivamente. Y si tenemos que apretarnos el cinto tres o cuatro puntos, nos apretaremos el cinto tres o cuatro puntos. En definitiva, desde que comenzó la república los guajiros han estado apretándose el cinto, porque cada día los guajiros son más y las tierras que tienen para cultivar son menos.  Y si los campesinos se han apretado el cinto durante 50 años, no les importa a los campesinos apretarse el cinto los seis meses que nos faltan, mientras nosotros lo preparamos todo para darle a la reforma agraria un impulso tremendo.  Porque como ustedes han visto, desde los primeros momentos comenzamos a trabajar en la reforma agraria y cada día es mayor el impulso que lleva.
Por ejemplo, aquí en Las Villas tenemos el caso de los cultivos de tomate.  Los que estaban explotando ese cultivo se marcharon y parecía que miles de obreros se iban a quedar sin trabajo.  ¿Qué hizo el Gobierno Revolucionario?  Llamó a los representativos de los obreros agrícolas, llamó al técnico que era el encargado de los cultivos y les dijimos: ¿Cuánto hace falta? ¿Qué cantidad de tierra hace falta para producir todo ese tomate y qué cantidad de dinero hace falta para producir todo ese tomate? Inmediatamente pusimos a disposición de ellos todos los créditos para organizar cuatro cooperativas de campesinos para cosechar esos tomates, darles empleo a todos esos obreros agrícolas, hacerles casas, organizar allí una cooperativa de consumo y no solamente resolver el problema del desempleo, sino mejorar las condiciones de vida de esos campesinos que ahora cultivarán esos tomates para ellos, que ahora percibirán el producto de los frutos.  De esa manera nosotros, a pesar de que estamos empezando, resolvimos ya el problema de miles de obreros agrícolas que estaban dedicados al cultivo del tomate.
En el central Purio ya estamos organizando una cooperativa de caña, donde los obreros agrícolas que trabajaban en las cañas de ese central, que era propiedad del municipio, pasan ahora a ser propiedad de la cooperativa de campesinos que es la encargada de cultivar esa caña y ya allí se está construyendo un pueblo, se están construyendo las casas donde van a vivir esos campesinos.
En la zona del sur de la Ciénaga de Zapata estamos organizando a los campesinos que estaban dedicados a la producción de carbón, que les cobraban una renta por la madera, que le compraban el carbón por un precio muy bajo y allí los campesinos van a producir el carbón ahora en cooperativa, no se les va a cobrar por la madera, van a tener allí las tiendas del pueblo, van a tener una cooperativa para sacar su carbón, van a tener su hospital, van a tener sus escuelas y van a tener sus casas.
Parejamente se está trabajando ya en la desecación de la Ciénaga de Zapata, donde vamos a disponer de tierra suficiente para albergar de 15 000 a 20 000 familias.  Solamente en la Ciénaga de Zapata vamos a albergar de 15 000 a 20 000 familias.
En distintas fincas del municipio de Yaguajay que fueron intervenidas después de la Revolución, ya se están haciendo los estudios para organizar distintas cooperativas de productores de arroz y de productores de ganado y otros artículos; en la zona de Sancti Spíritus nos informaron que una arrocera de 150 caballerías de arroz estaba paralizada, porque los dueños no querían cultivarla e inmediatamente dispusimos que un interventor se trasladara allí y comenzara de inmediato, con todos los créditos y recursos necesarios, a poner en producción aquella finca de arroz .
Esto es lo que estamos haciendo ya, a pesar de que el Instituto de Reforma Agraria se organizó hace apenas una semana y a pesar de que tenemos que estar atendiendo distintas zonas de un extremo a otro de la isla, pero imagínense lo que podremos hacer dentro de seis meses, cuando ya tengamos en nuestras manos los 100 millones de pesos con que cuenta el Instituto de Reforma Agraria y tengamos organizadas las 26 zonas de desarrollo agrícola que hay planeadas en toda la isla.
Quiero explicarles cómo vamos a hacer la reforma agraria. Quiero explicarles bien lo que es la reforma agraria para que no vengan los reaccionarios, los latifundistas y los contrarrevolucionarios a tratar de confundir a los campesinos.
La inmensa mayoría del territorio cultivado de Cuba está en poder de menos del 2% de los propietarios; los propietarios afectados por la reforma agraria constituyen una proporción menor del 1% de los propietarios de la tierra de Cuba.  Es decir, de cada 100 propietarios, solamente el 1% ha sido perjudicado por la reforma agraria, pero el 1% tiene en su poder la mayoría de las tierras cultivadas en Cuba.  Es decir que el 99% de los propietarios son propietarios de una, de dos, de tres o de cinco caballerías, de menos de 30, y constituyen el 99%, es un porcentaje mayor que los que tienen más de 30.  Los que tienen más de 30 son menos del 1%, pero son los que tienen las mejores y la mayor parte de las tierras cubanas, ese 1% es el afectado por la reforma agraria.
¿Y quiénes se van a beneficiar?  En primer lugar más de 200 000 familias campesinas; en segundo lugar se va a beneficiar el 99% del pueblo de Cuba, porque si los campesinos tienen recursos, si los campesinos tienen dinero, ese dinero no lo van a guardar en un banco, ese dinero lo van a gastar en zapatos, en ropas, en alimentos y van a beneficiar, ¿a quién?  A todos los que trabajan en la ciudad, que van a tener más trabajo y mejores salarios, cuando todos los campesinos tengan dinero suficiente para adquirir todo lo que necesiten.
¿Qué hace la reforma agraria?  La Ley de Reforma Agraria dice que nadie podrá tener más de 30 caballerías de tierra, excepto el que tenga las tierras produciendo a un máximo de rendimiento.  Es decir que una finca arrocera bien cultivada se le permite tener más de 30, pero nunca más de 100; una finca ganadera bien atendida y bien explotada se le permite tener más de 30, pero nunca más de 100; una finca cañera bien explotada, produciendo un amplio rendimiento por caballería, se le permite tener más de 30 pero nunca más de 100.  Si hay quien tiene más de 30 caballerías, pero no las tiene bien explotadas, todo lo que tenga de más de 30 lo expropia el Instituto de Reforma Agraria, que lo distribuye entre los campesinos.  Si un campesino es precarista en tierra del Estado y tiene una posesión de menos de dos caballerías de tierra, el Estado le entrega gratuitamente la propiedad de esa tierra.  Se acabaron para siempre los desalojos campesinos. No han desalojado a un solo campesino después que triunfó la Revolución, pero nosotros no nos conformamos con eso, sino que además convertimos a ese campesino en dueño de la tierra. Además, le damos crédito a un bajo interés, el 4% para que pueda trabajar; le damos equipo, porque la tierra se la damos gratis, el equipo y los créditos, a pagar en el tiempo que necesite y al 4%.  No solamente le damos la tierra, le damos el equipo y le damos los créditos, sino que además le vamos a hacer casa, y no solamente hemos acabado los desalojos y le vamos a dar la tierra, los equipos y los créditos, le vamos a garantizar un precio para sus productos y le vamos a hacer casa, sino que también le vamos a hacer escuela.  Así que, repito, ventajas para el campesino que esté en tierras del Estado y que tenga menos de dos caballerías.
Primero: Desaparecieron los geófagos, los latifundistas y los que desalojaban a los campesinos de sus tierras.
Segundo: El campesino se convierte gratuitamente en dueño de esas tierras.
Tercero: El campesino va a recibir los equipos que necesita para pagarlos en el tiempo que sea necesario, con un 4% de interés solamente.
Cuarto: El campesino va a recibir créditos para la cosecha de cada año, a un 4% de interés.
Quinto: El campesino va a recibir casas construidas en las mejores condiciones para pagarlas en 20 años, sin intereses.
Sexto: El campesino va a recibir el precio de garantía por sus productos y va a tener asegurada la venta de sus cosechas desde el mismo momento en que empiece a sembrarlas.
Séptimo: El campesino va a tener allí tiendas de consumo, cooperativas de consumo, para recibir los artículos alimenticios al precio de costo, más los gastos.
Octavo: El campesino va a disponer de caminos para transportar sus productos.
Noveno: Los hijos de los campesinos van a tener escuelas y campos deportivos y asistencia médica.
Décimo: Los campesinos, por primera vez, se contarán como un factor esencial de la nación, que hasta ahora fueron las víctimas de los latifundistas y de los politiqueros.
Desde ahora en adelante, un campesino será una persona. Desde ahora en adelante el campesino tendrá el respeto y la consideración de todo el mundo; desde ahora en adelante el campesino, cuando vaya a la ciudad, no tendrá que sentirse avergonzado ni apenado, sino que cuando llegue a la ciudad, todo el mundo lo tratará como lo que es, como lo que vale, como el hombre bueno, el hombre noble, el hombre trabajador, el hermano y el defensor más decidido y entusiasta de esta Revolución.
Cuando el campesino, ahora, venga a Santa Clara y vaya a La Habana, nadie se reirá de él, nadie hará chistes a costa de los campesinos, porque el campesino es ahora un héroe, al campesino todo el mundo lo quiere y al campesino todo el mundo lo trata con respeto. Cuando el campesino venga ahora a la ciudad, nadie se pondrá a ver cómo camina, nadie se pondrá a ver cómo come, si coge mal el cuchillo; nadie se pondrá a ver qué compra ni de qué color es el vestido que lleva su mujer, lleva su hermana o llevan sus familiares más allegados, porque el campesino viene ahora, compra lo que quiere y como quiere sin que nadie se tenga que meter en todas esas cosas. ¿Por qué? Porque ya ese sentimiento de hostilidad al campesino, ese sentimiento que habían creado los latifundistas, esa timidez que había en el campesino que siempre estaba maltratado por el guardia rural, por el latifundista, por el politiquero, por el chivato, por el bolitero y por el explotador en todas partes... eso se acabó ya y el campesino ahora viene a la ciudad y todo el mundo lo recibe, y para demostrar que los campesinos han conquistado la ciudad, el 26 de Julio todos los hogares de La Habana les abrirán sus puertas a los campesinos.  Así que eso significa la reforma agraria.
En el futuro ningún hijo de campesino se quedará bruto, como se dice vulgarmente; ningún hijo de campesino se quedará sin aprender a leer ni a escribir.  Y los campesinos que no hayan tenido oportunidad de aprender a leer y a escribir, tendrán oportunidad ahora, si quieren, de aprender también a leer y a escribir.
El campesino, ¿qué era hasta hoy? ¿Por quién votaban los campesinos cuando venían las elecciones? ¿Quiénes salían electos el día de las elecciones? ¿Quiénes? Los latifundistas. Los latifundistas eran los que salían electos.  ¿Por qué?  Porque venían con su dinero, venían con sus sargentos políticos y hacían la política a base de dinero. Compraban actas.  Como el campesino no tenía quien lo ayudara, ellos se pasaban el tiempo haciendo pequeños favores, a algunos de ellos les conseguían el ingreso en un hospital; otra vez les conseguían una medicina; otra vez les daban un abrazo nada más.  Y llegaban los políticos por aquí en época de elecciones, nada más le ponían la mano arriba a todo el mundo y repartían dinero, reunían a todos, sobre todo aquellas personas que tenían muchos compadres y los convertían en sargentos políticos y engañaban al pueblo.  Eso es cierto.
Aquí el pueblo estaba engañado, señores. ¿Es o no cierto que esa gente le tenían tomado el pelo aquí a todo el mundo? ¿Y que los campesinos no tenían oportunidad de defender? Aquí el campesino no tenía oportunidad de luchar por la reforma agraria, de luchar por la tierra, porque ellos eran los que tenían el dinero, eran los que tenían propaganda, eran los que tenían el poder.  Cuando querían botar a un campesino, mandaban a la pareja de la guardia rural y lo botaban.  Si los campesinos se reunían para protestar, mandaban a la guardia rural a caballo y les entraban a planazos a los que protestaban aquí.
Mientras la guardia rural, los politiqueros, los boliteros, los latifundistas, los garroteros y los especuladores tenían acabados a los campesinos, ¿dónde vivían los campesinos?  En esas casas de guano, los hijos sin escuelas, sin zapatos, sin ropa, sin medicinas, y, ¿qué porvenir tenían los hijos de las familias campesinas? ¿Qué porvenir tenían?  Los trabajos, ¿cómo se hacían? Se hacían a destajo y el jornal mínimo se convertía en seis o siete reales. ¿Y qué podían hacer?  Nada, absolutamente nada.
Estoy explicando estas cosas para que se vea lo que significa la Revolución para el campesinado, para que no vengan los reaccionarios y contrarrevolucionarios a confundir al pueblo.
Vamos a suponer ahora el caso de un precarista en tierras particulares. ¿Qué ocurre con el que tiene menos de dos caballerías y es precarista en tierra de un particular? Viene el INRA, expropia esas tierras y las entrega en propiedad a los campesinos.  Y entonces tiene todas las ventajas que había enumerado anteriormente, a ese campesino se le da la propiedad, se le da el crédito, se le dan equipos y todas las ventajas que había enumerado anteriormente.
Vamos a suponer el caso del que no es precarista.  Vamos a suponer el caso del que es colono y siembra caña y tiene menos de dos caballerías. El Estado expropia esas tierras, le da la propiedad gratuitamente a ese campesino y, además, le da créditos, máquinas y todos los beneficios que se le dan al precarista en tierra del Estado o en tierra particular.  Vamos a suponer un arrendatario que tiene una finquita arrendada de menos de dos caballerías, que la tiene dedicada a frutos menores, o a lo que sea; también se expropia y se le entrega gratuitamente.  Vamos a suponer el caso del cosechero de tabaco; pues también se le da gratuitamente la propiedad de esas tierras y además, se le da créditos, equipos, abonos y todo lo que necesite.
Hay un caso, el de las papas, que como no se siembran todos los años en el mismo lugar, sino que hay que cambiar todos los años, entonces al que cosecha papas se le da el derecho a cosechar en tierra de otro, cambiando de lugar todos los años. Aquellos de esas papas, si quieren arrendar por un año para sembrar papas y le pagan una parte al campesino, al colono o al que sea, ese contrato se puede hacer; el cosechero de papas puede sembrar, porque es un caso especial, siembra siempre en lugar distinto.  De esa manera hay muchos pequeños cosecheros que no tienen tierra y que siembran todos los años en tierras distintas y dan una parte al campesino, dejan abonada la tierra y al otro año vienen a sembrar en otra parte.  Eso se podrá hacer y el INRA protege al cosechero de papas, le dará semilla, le dará abono y le garantizará un precio fijo por toda la papa que produzca.
Ahora, ¿qué ocurre con los dueños de la tierra?  Si el dueño de la tierra que tiene un pequeño colono, aparcero o arrendatario, es un latifundista, entonces el INRA le paga en bonos el valor que tengan esas tierras, de acuerdo con el amillaramiento.  Pero vamos a suponer que hay un pequeño arrendatario en la finca, un pequeño propietario y el pequeño propietario no tiene otra cosa, ¿qué se va a hacer?  Entonces nosotros le valorizamos la tierra, hacemos los cálculos de los que se perjudican y entonces le pagamos en bonos por lo que se perjudica, o sea, se le indemniza; pero entonces buscaremos la manera de que puedan convertir esos bonos en efectivos de inmediato, le buscaremos la manera al pequeño propietario que no tiene más que una finquita, y que la piedra; a ese le pagaremos indemnizándole satisfactoriamente lo necesario para que pueda seguir viviendo como antes vivía de su renta, le pagaremos en bonos, pero buscaremos la manera de que los puedan negociar inmediatamente y recibir en efectivo su dinero.  ¿Lo comprenden ahora? (DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Sí, sí...!”)
Al pequeño propietario que tiene arrendada una finca no nos queda más remedio que perjudicarlo, porque el principio que defiende la Revolución es que el que cultiva la tierra y la trabaja todos los años, debe ser dueño de ella, para que la cuide, para que la mejore, para que proteja el manto vegetal, porque cuando está trabajando una tierra que no es suya, no la puede querer y cuidar como cuidaría la que sepa que es suya, que está segura y que nadie se la quitará.  Cuando para hacer la reforma agraria se perjudique un latifundista, se le paga en bonos; pero cuando se perjudica a un pequeño propietario, el INRA se encargará de indemnizarlo satisfactoriamente, y no pasará hambre, porque un campesino no tendrá que estar pagando una renta para sostener a una familia, porque no es justo que una familia pobre, que trabaje una caballería, esté sosteniendo también a otra familia; eso no es justo. Ahora, ¿qué requisitos exige el instituto?  El campesino es dueño de esa tierra, pero nadie se la podrá embargar, nadie; solamente podrá ser embargada por los créditos que le den los organismos de créditos del Estado si no paga, pero nadie podrá venir a quitarles esa tierra a los campesinos por deudas.  Ahora, ¿puede el campesino cambiar su finca por la de otro?  Sí, puede hacerlo. Un campesino que tiene una caballería de tierra aquí y quiere cambiarla por una caballería en Oriente, puede cambiarla.  ¿Que quiere venderla?  Sí, puede.  Pero voy a explicar cómo.  Se la puede vender al INRA, o puede vendérsela a otro solicitando autorización del instituto. ¿Por qué? Porque si el instituto no tiene conocimiento de eso, puede ocurrir que venga un señor que era latifundista, que empieza a comprar fincas, las paga bien, y vuelve a hacer su latifundio lo que es mucho peor todavía.  El campesino puede disponer de esa tierra, puede disponer libremente con una sola condición:  que tiene que pedir permiso al instituto para vender.  Hay un campesino que quiere vender su finquita de menos de dos caballerías que le dio el Estado, la quiere vender, entonces, se la puede vender al INRA, si el INRA se la quiere comprar o se la puede vender a un particular, entonces, el INRA dice: “ ¿Quién la va a comprar? ¿Es un latifundista?  No puede.  ¿Es un señor que tiene 30 caballerías?  No puede.  La quieren comprar dos y pagan 10 000 pesos por ella, pero uno de los dos tiene tres caballerías y el otro ninguna, entonces hay que decir: Véndasela al que no tiene ninguna.”
El campesino tiene crédito, puede venderla con un solo requisito, que el INRA le de permiso para llevar un control, para que no venga la tierra otra vez a pasar a manos de unos pocos que se encarguen de comprar todas las fincas chiquitas. ¿Ustedes entienden ahora? (EXCLAMACIONES DE:  “¡Sí!”)  Vamos a suponer que esto es...  Ustedes han entendido hasta aquí, ¿verdad?
Ahora vamos al caso de los campesinos que no tienen tierra. ¿Qué vamos a hacer con el campesino que no tiene tierra?  Pues le vamos a dar tierra. ¿Cómo? Ahora les voy a explicar.  Los enemigos de la reforma agraria dicen que vamos a perjudicar la economía porque si repartimos los latifundios en pequeños pedacitos, entonces la producción es menos, porque efectivamente, si usted toma una arrocera grande de 200 caballerías, o un terreno bueno para arroz, y lo divide en 200 pedazos, a un campesino le va a tocar la mejor tierra y al otro le va a tocar la tierra peor, y eso no es justo. Además, si cada uno tiene su pedazo, pues cada uno tendrá que hacer un plan de siembra todos los años, cada uno tendrá que necesitar equipos, regadíos, todo le va a costar más caro.  Eso es verdad. ¿Qué hacemos entonces?  Imagínense una arrocera de 200 caballerías.  Viene la reforma agraria, le dejan 100 al que está allí y ocupa las otras 100. ¿Qué hace? No la divide en pedazos, allí no hay ningún campesino, ahí no es como cuando el campesino ya tiene su pedazo, o lleva tiempo trabajando allí y se le da la propiedad, pero donde no hay campesinos no se reparte por pedazos, sino que se reúne a esos campesinos, 100 familias, por ejemplo, se hace una administración, se cultivan las 100 caballerías, trabaja todo el mundo en los cultivos, recibe la ganancia de su trabajo, tienen allí su tienda, al final del año se vende la cosecha y las ganancias son distribuidas entre todas las familias que tienen esas tierras.
Así que nosotros, si expropiamos una colonia de caña de 100 caballerías, no la destruimos, no.  Si nosotros expropiamos una colonia de 100 caballerías que hoy produce 40 000 arrobas por caballería, no la destruimos, reunimos a las familias de los obreros agrícolas de aquella finca, las llamamos, hacemos una cooperativa, fundamos un pueblo con escuelas, con campos deportivos, con dispensario médico, con tiendas del pueblo allí para que compren barato; se cultiva la finca en cooperativa con arados, se abona, se riega; producimos en 50 o 60 caballerías lo mismo que antes se producía en 100.  Las otras 40 las sembramos de frutos menores, de pastos, organizamos allí una lechería, una cría de ganado también para esa familia y se reparten las utilidades entre las familias que trabajan allí. Así que en vez de disminuir la producción lo que hacemos es aumentarla; en vez de dividir la colonia, la organizamos en una cooperativa, tiene todo el mundo trabajo, tiene todo el mundo crédito, se utiliza la tierra, se produce el doble y los campesinos reciben las utilidades.
¿Qué dicen los latifundistas? ¿Qué les están diciendo a los campesinos?  Les voy a explicar, porque el campesino tiene que estar muy espabilado para que no le vayan a engañar. Los latifundistas están diciéndoles a los campesinos que van a trabajar para el Estado, y el latifundista está diciéndoles a los campesinos que van a trabajar para el Estado.  Fíjense si son descarados.  Les voy a poner un caso, les voy a poner un ejemplo.
Vamos a imaginarnos una compañía de esas que tiene miles de caballerías, que tiene muchas colonias, que tiene unos obreros agrícolas que trabajan nada más en la zafra y un poquito del tiempo muerto.  Yo quiero que me atiendan, porque esto es importante. ¿Cómo viven los campesinos en esa colonia de caña?  No tienen casas, no tienen escuelas, cuando les fían, les cobran el doble o el triple, de lo que vale la mercancía.  Trabajan tres o cuatro meses al año, o ganan al año de 200 a 300 pesos, si acaso.  Cuando la zafra empieza ya lo deben todo en la bodega.
Imagínense lo que valen los zapatos, lo que vale la ropa; un campesino que tenga siete hijos y trabaje tres meses y no tenga tierra, cómo va a poder sostener a esa familia, señores... No tiene tierra para sembrar, solo puede hacerlo en la guardarraya, si lo dejan... Esa tierra es cubana, ¿no?, los campesinos son cubanos, ¿no?, a lo mejor la tierra es de una compañía extranjera o de un gran latifundista que tiene 2 000 caballerías, pero ese campesino no puede sembrar la tierra; solo en la guardarraya, si lo dejan... y si lo dejan sembrar allí su puntica de maíz, de yuca, de boniato, su matica de plátanos, que da resultado porque lo come salcochado, asado; si tiene manteca, echa un poquito de manteca y se lo come en el desayuno, antes de irse a trabajar si tiene trabajo.
Y ese campesino, que es cubano, que nació aquí, no tiene derecho a vivir en su propia tierra.  ¿Cuándo fue ese campesino al cine?  Nunca, a todo lo más que fue es al circo, cuando viene por la época de la zafra, que viene un circo y se van los campesinos allí si acaso...  .  ¿Cuándo salieron de viaje, cuándo fueron a la playa, cuándo salieron a conocer su país, cuándo compraron un libro?  Son muy pocos los campesinos que tienen libros.  Yo me acuerdo que una de las cosas que más me emocionaba cuando estábamos en campaña en la Sierra, fue en los primeros días, cuando los soldados de la dictadura habían pretendido desalojar a todos los campesinos, nosotros íbamos viendo casas abandonadas y en algunas encontrábamos un librito de agricultura, un librito de cosas del campo, un librito de geografía, un librito de historia, y como no teníamos libros, cuando nos encontrábamos uno, nos poníamos muy contentos; nos emocionaba mucho ver al campesino que se había conseguido un librito y lo tenía, pero muchas veces venían los soldados de la dictadura y quemaban la casa con el librito, la cama y la cuna de los niños .  Se ha hecho la Revolución, que proscribe el latifundio, ocupa esas colonias, organiza una cooperativa, hace un pueblo con centro escolar, lugar de recreo con centro social donde puedan asistir los campesinos con su familia, organiza un dispensario, establece una tienda de consumo para que les de crédito y les venda a precio de costo; les da trabajo y les reparte la tierra, les permite que puedan consumir huevos, porque en esas tiendas se venderá barato el pescado, porque estarán preparadas para el pescado fresco, porque organizaremos también a los pescadores en cooperativas, les daremos barcos y camiones-refrigeradores para transportar pescado barato a las tiendas de los campesinos.
En esas mismas colonias vamos a poner una lechería, una cooperativa lechera, porque como vamos a producir la misma cantidad de caña en menos tierra, quedará tierra para sembrarla de pangola, de hierba guinea, marabú, o lo que sea, y estableceremos una lechería para que los campesinos de esa colonia puedan tener leche barata a siete, ocho o nueve centavos, a lo que cueste.
Así que viene la Revolución, encuentra al campesino sin tierra, trabajando tres meses, pasando hambre, sin escuelas, sin hospitales; viene la Revolución y organiza una cooperativa, un pueblo, organiza un dispensario, les hace casas, les hace centros deportivos, casas buenas, tan buenas como puede tenerla hoy el dueño de cualquier finca.
Los campesinos trabajando tres, cuatro, diez años para reunir unas cuantas cositas, una máquina de moler maíz y café, una cama para los hijos, donde dormían tres o cuatro, un armario, un poco de ropa, algunos zapatos, unos cuantos vestidos de la mujer, y venían estos criminales y sin que el campesino hubiera hecho nada, nada más que porque era campesino y por vivir allí, venía un criminal de esos y le pegaba un fósforo a la casa de guano y en 15 minutos se consumía en llamas y se convertía en cenizas aquello que había costado muchos años levantar .
Y cuando eso pasaba, los latifundistas no hacían mítines para protestar; cuando eso pasaba los latifundistas no hacían campañas para protestar, se callaban, porque eran amigos del coronel, del general, del senador, del alcalde, de los ministros. No hacían campañas, no; entonces se callaban la boca. ¿Por qué cuando estaban sufriendo los campesinos no protestaban y hacían declaraciones en favor de la dictadura?  Cuando les quemaban la casa a los campesinos no protestaban, se callaban; no les importaban esos crímenes inhumanos, aquellos abusos, aquellos atropellos.  Pero cuando la Revolución viene a hacerles casas a los campesinos, a hacerles escuelas, a hacerles hospitales a los campesinos, a darles tractores y a darles tierra a los campesinos, entonces sí protestaban, entonces sí hacen campañas  entonces, sí vienen a decir sus mentiras; cuando viene la Revolución a darle al campesino casas, escuelas, tierras, medicinas, de todo, dicen que van a trabajar para el Estado.
Ese campesino que trabaja tres meses al año, que vive en una casa de tierra, que nunca come huevos, pescado, carne, ni toma leche, porque los obreros agrícola de esas colonias de caña no toman leche, ni consumen pescado fresco; son campesinos y no pueden tener gallinas, no pueden comer ni huevos. Además, se le pone la mercancía barata, educa a sus hijos, le da trabajo, le da alimentación que no han tenido nunca y le reparte las ganancias. Una parte se dedicará a mejoras, señores, y la otra parte, será después de pagar los impuestos que tienen que pagar todas las fincas, una parte de las utilidades para mejoras y la otra la reparte. Y vienen a decir que eso es poner al campesino a trabajar para el Estado.  ¿Para quién va a trabajar? ¿Antes para quién trabajaba? Para el latifundista.  Ahora, ¿para quién va a trabajar?  Para él.
Digo esto para que no se dejen engañar. El campesino puede disponer libremente de su pedacito de tierra.  Todos los colonos, aparceros, arrendatarios, precaristas, de menos de dos caballerías, que se la da el Estado gratuitamente, pueden venderlas, pero con el permiso del INRA, para que no se la vendan a uno que ya tiene tierra, sino que se la vendan a otro que no tenga tierra.  Vamos a suponer el caso de una finca de 40 caballerías, que se le deja en 30 al dueño y donde hay que repartir 8 o 9 caballerías.  Ahí, como no se puede hacer una cooperativa grande, porque no es de papa o de tabaco, pues ahí se puede repartir.  Se reparte entre 6 o 7.
Si tiene 200 caballerías, no se reparte; se hace una cooperativa, porque es mejor, porque usted utiliza el mismo regadío para todos, los mismos equipos para todos, la misma siembra para todos y entonces todo le sale más barato y a ese campesino, si en vez de darle un pedazo para que la cultive por su cuenta, la cultivan entre todos, ganan más y van a vivir en familia; allí tendrán escuelas para que los muchachos no tengan que caminar tres kilómetros. Así que les estoy explicando las ventajas.  Vamos a hacer cooperativas de productores de ganado, de caña, de tomate.  Ahora mismo estamos organizando la producción de tomates en Santo Domingo, en Manacas. Todos los campesinos que trabajaron allí, ahora van a cosechar sus tomates que vamos a vender fuera, y van a tener el crédito y todo lo que necesiten. Ahora van a ganar mucho más que antes, porque van a ganar el sueldo, más las utilidades de la venta de los tomates.  Y van a tener casas.
Pensamos realizar este programa en tres años.  En tres años solamente vamos a realizar esta obra revolucionaria.  Así que los campesinos tienen que estar muy atentos.
Ahora vamos a poner el caso del campesino que tiene más de dos, tres, cuatro o cuatro y media caballerías. A ese campesino se le dan dos gratis y las otras dos o dos y media, tiene derecho a comprarlas. Que si tiene dos, un colono de seis.  Se le dan dos gratis y puede comprar las otras dos.  Si él quiere comprar las cuatro y no quiere que le den nada, las compra.  El instituto no le prohíbe que la compre de ninguna manera.  Así que todas esas intrigas que han inventado los latifundistas son para confundir.  Vamos a suponer un colono que tiene siete caballerías, a ese colono no se le da nada gratis, pero tiene derecho a comprar las siete caballerías y se le dan créditos; se le pueden facilitar equipos, lo único, que no se le da gratis.  Se le da gratis a todo el que tiene menos de dos.  Todo el que tiene menos de dos las recibe gratis.
Con respecto a la herencia. Todos los hijos pueden heredar.  Los hijos la pueden continuar trabajando, lo que no queremos es que la dividan, porque si dividen una finca de una caballería entre siete hijos, entonces va a ir quedando menos y llegará un momento en que los nietos tendrán un veinteavo de caballería, que no alcanza.  Lo que nosotros pensamos es eso.
(Del público le preguntan sobre una persona que tenga tres hijos). Tres hijos la pueden seguir cultivando.  Los tres, si se muere el padre.  Si quieren la venden y se reparten el dinero entre los tres.  Si quieren se la venden a uno de los hijos.  Lo que no queremos es que repartan la finquita, porque si es de una caballería, no puede alcanzar para vivir; si una familia tiene cinco hijos y la dividen entre cinco, esos cinco hijos la dividen entre sus hijos, y los otros la dividen entre sus hijos, al cabo de 100 años tendremos que está dividida en 100 pedazos.
Lo que no queremos es que los que reciban dos caballerías o menos de dos caballerías gratis, las dividan, pero los hijos pueden heredar.  Lo que no pueden es repartirla en muchos pedazos, sino trabajarla entre todos.  ¿Se comprende? (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”) Así que el que es arrendatario de más de cinco y no pasa de 30 tiene derecho a comprarla.  ¿Se entiende?  Luego, ¿quiénes son los que se perjudican? Unos cuantos. ¿Quiénes son los que se benefician? Una inmensa mayoría de los hombres del campo. El 99% de los hombres del campo. Eso es la reforma agraria. ¿La entienden ahora?
Dicen que va a disminuir la producción.  Sí, puede disminuir este año, porque nosotros todavía no tenemos esas tierras en nuestro poder y no podemos hacer la reforma en seis meses, pero el año que viene aseguramos que no va a disminuir la producción.  Si ustedes van a sustituir el arado de palo y la yunta de buey por el tractor, ¿con qué se trabaja más? ¿Con qué se ara más?  ¿Con un arado de palo o con un tractor?  ¿Con qué se ara más? ¿Con una yunta de bueyes o con un tractor? ¿Con qué se necesitan menos horas de trabajo, con una yunta de bueyes o con un tractor? ¿Cómo se producen mejores tomates, mejores papas, mejores aguacates, mejores mameyes, en fin, cómo se producen mejores frutos, con una semilla corriente o con una semilla especial? ¿Cómo se produce más, abonando la tierra o sin abonar la tierra? ¿Cómo se produce más, regando la tierra o sin regar la tierra?  Si nosotros vamos a sustituir el arado de palo, la yunta de bueyes, la semilla corriente, los cultivos sin abono y los cultivos sin regadío por el tractor, por la semilla de calidad, por el abono, por el regadío y por los métodos de cultivo, ¿cómo se va a producir más, después de la reforma agraria o antes de la reforma agraria? 
Si nosotros expropiamos todas esas tierras de marabú, de manigua y las sembramos de frutos menores, de viandas, de ajos, de cebollas, de arroz, de algodón, de maní, ¿cuándo se va a producir más, antes de la reforma agraria o después de la reforma agraria?  Si nosotros desecamos la Ciénaga de Zapata y en vez de pantano tenemos 14 000 caballerías de tierra fértil y ponemos allí 14 000 o 15 000 familias a trabajar, ¿cuándo se va a producir más, antes de la reforma agraria o después de la reforma agraria? Cuando nosotros en vez de importar 150 millones de pesos de arroz, de grasas, de pasto, de pienso, de abonos, en fin, cuando nosotros en vez de 150 millones como hoy importamos de fuera, produzcamos eso aquí y le demos trabajo a cientos de miles de campesinos, ¿cuándo se va a producir más, antes de la reforma agraria o ahora? Luego, es mentira, es falso, es mentira y es falso que la reforma agraria vaya a traer hambre y disminución de la producción.
Si había hambre era antes porque la tierra estaba en manos de los latifundistas.  Si hay hambre es por culpa de los latifundistas que no quieren sembrar en venganza por la ley agraria, pero dentro de seis meses, cuando todo esté organizado, no habrá un solo campesino sin trabajo, ni un solo campesino con hambre.  Vamos a ver…  Cada día cuando tengamos hechas las casas, los centros deportivos, las escuelas, y tengamos en plan de producción de tierra, estaremos mucho mejor.  Además, haremos caminos, están haciendo obras como nunca se han hecho; en los próximos seis meses se van, a invertir 120 millones de pesos en obras públicas, en los próximos meses se van a crear 5 000 nuevas aulas, vamos a cruzar de caminos todos los campos de Cuba, de carreteras, vamos a establecer frigoríficos, le vamos a dar a cada producto un precio bueno de garantía, de manera que cuando el campesino comience a sembrar, ya sepa cuánto va a recibir por el precio de su producto, porque el INRA le va a garantizar eso; y cada campesino sembrará lo que más convenga en la tierra más adecuada para ello.  Eso es la reforma agraria.
Así que, ¿qué le hacían antes al campesino?  Ahí estaba el guardia rural dando plan de machete, él no respetaba ni al campesino ni a su familia, llegaba a la casa, escarranchaba el taburete contra un horcón, se sentaba allí, y creía que era el dueño de la vida y hacienda allí. Cuando venían las Navidades, ¿qué hacía el guardia rural? ¿Qué iba a buscar el guardia rural en las Navidades al campo?  Iba a buscar el puerco.  Cuando llegaba el 4 de septiembre, ¿qué iba a buscar el guardia rural al campo?  Las gallinas; y el 10 de marzo, ¿qué iba a buscar el guardia rural allí? El lechoncito, el guanajito, las gallinitas. Y cuando no iba a buscar nada de eso, ¿a qué iba?, y cuando no iba a buscar el puerco ni a darle plan de machete, ¿a qué iba?  A faltarle el respeto a las hijas y a la esposa del campesino.  Eso es lo que hacían.  No quiero pronunciar la palabra aquí, porque se ponían allí, se afeitaban, se ponían el revolvón y el machetón, almidonaban el traje, se ponían las botas y como no tenían que trabajar, pues iban allí...  y el guardia rural por lo general, porque había algunos buenos, algunos allí vivían por sus respetos, recibían un sueldo de los latifundistas y estaban vendidos a los latifundistas.
Vino la Revolución, se acabaron los desalojos, acabó con el abuso, con la falta de respeto, va a acabar con el latifundio, le va a dar tierras, escuelas, hospitales, casa, carreteras, a redimir al guajiro que ya no es más víctima del politiquero, del garrotero, del bolitero; se acabó el dado, se acabó el monte y dado, se acabó la bolita, se acabaron los terminales, las rifas, y todo eso que tenían que daban al sargento, al teniente y al capitán una parte, y al alcalde la otra, y al otro la otra. ¿Y quién perdía?  El guajiro. Y cuando se vendían los billetes, ¿quién perdía?  El guajiro.  Y cuando se venden hoy los bonos, ¿quién gana?  El guajiro. Si tienen paciencia, si guarda su bono, al cabo de cinco años le dan el dinero con sus intereses y al cabo de 10 años por cada peso le dan 1,25.  Antes si no ganaba el premio, lo perdía todo. Y hoy nosotros, como se tiene el vicio de comprar y eso no se puede quitar en un día, porque todo el mundo se enferma, hay quien se enferma si no gasta algo en juego, ese vicio no se va a quitar de la noche a la mañana, hoy les decimos, bueno, si tienes que comprarlo, ahora te devolvemos la plata aunque no quieras.  Ese dinero se le va a devolver de todas maneras con un interés.  No solo se le devuelve, sino que se le devuelve con un interés.  ¿Cuándo nos íbamos a imaginar esto en Cuba?  En que el billete que antes se botaba, hoy sea un bono por el que le devuelven el dinero con interés al que no se ganó nada.  Hay quienes han querido que se cambie el plan y sea como antes.  Pues no, no debe ser como antes.  Que levanten las manos los que quieren que el plan siga como hasta ahora (Todos levantan la mano).  Es que algunos que antes se dedicaban al juego, a explotar el juego, quieren que lo pongamos como antes, para sacar la rifa; hay que eliminar la bolita, porque eso no puede ser.
Así que vino la Revolución, redime al guajiro del plan de machete, lo redime del abuso, lo redime del juego, de la explotación, le va a hacer casas, escuelas, le va a dar la tierra, le va a dar un porvenir para él y para sus hijos, convierte al campesino en uno de los sectores más queridos del país, redime al campesino que puede andar con la frente alta, sin miedo a nada ni a nadie, eso es lo que ha hecho la Revolución .  Ha unido los intereses de los campesinos a los obreros, ha unido a los trabajadores, al estudiante, a la clase media, con el campesino, en un gran esfuerzo patriótico nacional.  Eso es lo que ha hecho la Revolución. ¿Qué les hizo a los criminales de guerra? ¿Qué se les hizo aquí a los criminales de guerra?  Se les fusiló o se les metió en la cárcel.  ¿Qué se hizo aquí con el abusador? ¿Qué se hacía antes con el abusador, qué pasaba antes con el abusador?  Nada. ¿Cuándo fue un abusador a la cárcel?  Nunca fue. ¿Qué pasó ahora? El abusador fue a la cárcel, el criminal fue al paredón de fusilamiento. Eso fue lo que hizo la Revolución. ¿Qué pasaba antes con el dinero público, con el dinero de la Tesorería? Se lo robaban.  ¿Qué pasa hoy con el dinero del pueblo, con el dinero público?  Se invierte, se invierte en caminos, se invierte en carreteras, se invierte en escuelas, se invierte en hospitales, se invierte en calles, se invierte en playas públicas, se invierte en acueductos, se invierte en alcantarillados, en filtros, en fin, se invierte en la Ciénaga de Zapata para desecarla. No hemos hecho más porque no hay más, no hay más recursos ni más tiempo, pero aquí todos los ministros trabajan.  Los ministros no vienen hoy con sombreros de jipi-japa, ni con dril cien, vienen con guayaberas de rayas, porque los ministros ganan ahora menos de lo que ganaban antes, el ministro gana un sueldecito...  Eso es lo que hace la Revolución. Acabó con el abuso, acabó con el latifundio, acabó con el juego, acabó con los vicios, acabó con todos los garroteros, acabó con los alquileres altos, acabó con los precios altos en la medicina; en el comercio, rebajó las tarifas eléctricas en el interior de la república, y tiene por delante todavía un plan; está repartiendo equipos de deportes en todos los campos.  Ha repartido en cinco meses más guantes de pelota, más guantes de boxeo y más equipos de lo que se había repartido antes en 50 años.  Ustedes lo saben.  Eso es lo que ha hecho.
Vamos a poner 5 000 escuelas nuevas, le hemos aumentado el sueldo a los maestros, estamos aumentando el sueldo paulatinamente a todos los sectores.  Eso es lo que ha hecho la Revolución y, sin embargo,¿qué quieren los criminales de guerra?¿Qué quieren los contrarrevolucionarios?
Bueno, ¿y por qué tiran cohetes si ya se acabaron los mítines politiqueros aquellos?  ¿Para qué tanta bulla con los cohetes esos?  La gente está viviendo en los tiempos de atrás, se cree que estos son los cubanos de antes.  No hay que hacer bullas. ¿Que más demostración que esta, que más fuerza que esta, que más bulla que esta, señores     Pues que suelten esos cohetes, la pólvora vamos a guardarla por si hay que pelear y el dinero vamos a donarlo para la reforma agraria.  Vamos a guardar la pólvora aquí, y la mecha y la dinamita, para hacer granadas, cocteles molotov, minas y hacer todo lo que haya que hacer si hay que pelear otra vez por la Revolución.  Ahora lo que hace falta es pueblo aquí y después lo que hace falta es lo que sea necesario.  Así que yo le voy a pedir a esos compañeros fraternalmente, que no tiren más cohetes, que guarden la pólvora para la guerra si es necesario y el dinero para la reforma agraria.  Si compramos y en voladores, tendríamos para producir tomates para darles a todos los que están aquí reunidos.  Estamos en tiempos nuevos, estos actos no se parecen en nada a los de atrás, aquí viene la gente como a un acto de masas, con una bandera cubana, con un caballo, con un sombrero mambí, con una bandera en la frente, con un entusiasmo patriótico; nadie les paga, viene todo el mundo solo; estos son actos revolucionarios, la politiquería quedó más atrás.  Esto es el pueblo.  Porque solamente una gran causa y solamente un gran ideal es capaz de reunir al pueblo así. Así que, para la próxima vez que realicemos un mitin, cero cohetes.  ¿Voladores, para qué? ¿Qué quieren hacer nuestros enemigos con esta Revolución, que recupera la tierra que estaba en manos extranjeras, que va a recuperar para los cubanos más de 50 000 caballerías que estaban en manos de compañías extranjeras, qué es lo que quieren hacer? Lo que quieren es derrotarla, es aplastarla.  ¿Y por qué quieren aplastarla?  Para volver a lo de antes.
¿Qué quieren los latifundistas?  Quieren volver a tener sus latifundios; ¿qué quieren aquellos señores esbirros? Volver a ponerse sus uniformes, su machetón, un revolvón, un fusilón y el kaki amarillo para... (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  ¿Qué quieren los vendedores de bolita y los banqueros? Que vuelva la bolita. ¿Qué quiere el garrotero? Que vuelva el garrote. ¿Qué quiere el botellero?  Que vuelva la botella.  ¿Qué quiere el politiquero?  Que vuelva la politiquería.  Los ladrones que se llevaron el dinero del tesoro público, los contratistas aquellos que tenían negocio con la dictadura, ¿qué es lo que quieren?  Pues que el robo vuelva. ¿Qué quieren los generales? Quieren volver a ser generales y aquí los generales se acabaron...  ¿Y qué es que lo quieren los criminales de guerra?  ¡Ah!, pues quieren volver a ser jefes de policía aquí en Santa Clara, en Santiago de Cuba, en La Habana; y, ¿qué pasaría aquí si los criminales de guerra vuelven? ¿Qué pasaría aquí —yo no diría que Olayón pueda volver, que Casillas pueda volver, que los que han sido castigados puedan volver, pero los prófugos quieren volver, asociados a Trujillo y al dictador, quieren volver aquí— si esa gente vuelve, quién se deja detener por esa gente, quién pudiera vivir aquí, el guajiro que tuviera su casa y su tierra, si esa gente volviera aquí, si Trujillo junto a los criminales de guerra y los contrarrevolucionarios pudieran volver aquí? ¿Qué es preferible mil veces antes que permitir que esos criminales vengan aquí? ¿Quién quiere vivir aquí si los criminales de guerra volvieran a venir aquí?   ¿Quién se resignaría aquí a volver al pasado?  Y vivir como en aquellos tiempos en que no se podía salir de noche, en que detenían a cualquier campesino en cualquier encrucijada del camino y lo asesinaban, en aquel tiempo de terror y de miedo, en que temblaban las esposas y los hijos ante la presencia de las fuerzas de la tiranía. ¿Quién se resignaría a vivir otra vez en aquella época?
Y cómo es posible que pudieran volver frente a este pueblo decidido a pelear, porque si antes era una parte ahora es todo el mundo... Si muchos no tuvieron la oportunidad de pelear antes, ahora sí tiene oportunidad de pelear todo el mundo...
Este Gobierno Revolucionario no se lo pueden arrebatar nunca más al pueblo de Cuba, esta libertad de que goza nuestro pueblo no se la dejará volver a arrebatar jamás, estos ideales y estos sueños y estas realidades no podrán arrebatárselas jamás al pueblo de Cuba. A nuestros campesinos no podrán volver jamás a quemarles sus casas, a quitarles sus tierras; a los hijos de las familias cubanas no podrá nadie volver jamás a torturarlos y asesinarlos; nadie podrá hacer temblar bajo sus botas opresoras y criminales a los cubanos; los cubanos de ahora en adelante vivirán sin temor, vivirán sin miedo, nunca más nuestro pueblo volverá a tener miedo; miedo tendrán aquí los contrarrevolucionarios, miedo tendrán aquí los enemigos del pueblo; sus razones tendrán sobre todo para temblar, porque el pueblo de Cuba sostendrá su Revolución hasta la muerte, sostendrá su Revolución al costo que sea necesario y el pueblo de Cuba adoptará las medidas que sean necesarias para defender su Revolución. Tiemblen sí, los enemigos del pueblo, tiemblen sí, los contrarrevolucionarios, tiemblen sí, los criminales de guerra, porque esos jamás podrán volver a enseñorearse en nuestra patria... Tiemblen ellos, porque el pueblo de Cuba no volverá a temblar jamás, el pueblo de Cuba no volverá a tener miedo ante nada ni ante nadie, ni ante las bombas, ni ante los criminales, ni ante las armas que puedan usar contra nuestro pueblo, y nuestro pueblo marchará sin temblar y sin miedo a los sacrificios que sean necesarios.  Esta demostración de hoy, los actos que se están dando en toda la isla y los actos que se van a dar, la concentración del 26 de Julio en la capital de la república, demostrará la fuerza de la Revolución. Y los enemigos del pueblo, vuelvan, traten de volver si pueden.  Traten de quitar, si pueden, las tierras de nuestra patria, que aquí tienen en frente a todo el pueblo, dispuesto a morir.
Sigan comprando armas, si quieren.  Sigan preparando expediciones si quieren.  Sigan preparando aviones, si quieren.  Pero sepan que aquí van a tener que pelear hasta con los niños.  Porque la Revolución y la patria la defenderemos calle por calle, casa por casa, loma por loma, río por río, trinchera por trinchera y campo por campo.
No importa, no importa que no tengamos armas para darles a todos los ciudadanos.  Se las vamos a quitar y vamos a pelear con las que tienen, con los machetes, con la caballería, con lo que sea necesario, porque debo advertirles que siempre fui partidario de una carga de caballería en la Sierra Maestra.  Muchas veces dije que si lográbamos organizar un batallón de caballería, 400 hombres a caballo, atacando de noche un campamento enemigo, lo barre, acaba con ellos.  Porque mientras se vengan a dar cuenta, y mientras encuentran los fusiles, toda la caballería está sobre el campamento.  Y no hicimos nunca un ataque de caballería, porque no tuvimos medios de organizar una caballería.  Un ataque nocturno de caballería, con machete, de 300 o 400 hombres, puede destruir un regimiento completo.  Así que váyanlo sabiendo ya.
Lo que quiero decir es que el pueblo no teme ninguna agresión. El pueblo está listo, preparado aquí con moral, para todas las contingencias y estamos preparando el Ejército Rebelde, organizándolo y haciéndolo cada día más eficiente, para cuando los enemigos vengan, si es que se deciden a venir.  Sabemos que no hay revolución sin contrarrevolución. Sabemos que los enemigos de la Revolución tienen muchos intereses, tienen muchos millones. Ahí tienen a Trujillo, comprando aviones, comprando armas. Ahí están los criminales de guerra en México, en Miami y en Santo Domingo, comprando armas y preparando invasiones.  Estas son las cosas que no acabo de comprender. Estos elementos leen los cintillos de algunas publicaciones atacando a la Revolución y creen que el pueblo está contra la Revolución. Se han creído que aquí desembarcan y que esto está madurito, madurito, para volver aquí al poder.  Estoy por pensar que lo que el pueblo quiere es que vengan. Estoy por pensar que lo que nuestros soldados rebeldes, y nuestros marinos revolucionarios y nuestros aviadores revolucionarios y nuestra policía revolucionaria y nuestros combatientes revolucionarios y nuestro pueblo revolucionario, lo que quieren es que vengan.  En vez de ver al pueblo aquí con miedo a los aviones y con miedo a las bombas y con miedo a las invasiones, estoy por creer que lo que aquí hay es que todo el mundo tiene ganas de que vengan.
¡Qué gran negocio que Pedraza volviera! ¡Qué gran negocio que Ventura volviera! ¡Qué gran negocio que Carratalá volviera!  ¡Qué gran negocio que Laurent volviera! ¡Qué gran negocio que Pilar García volviera! ¡Qué gran negocio que Batista volviera! ¡Qué gran negocio si Alliegro, Santiago Rey, Masferrer y todos esos vendepatria, criminales, ladrones, volvieran! ¡Qué gran negocio que un día de estos nos despertáramos una mañana y nos dijeran que por la playa tal y por la playa más cual, y por el punto tal y por el punto más cual, Batista, y Pedraza y Pilar García y Masferrer han desembarcado!   Porque esperamos que no sean tan embarcadores que manden a los casquitos que se fueron con ellos.  Esperamos que no sean tan embarcadores que manden a los infelices aquí, y esperamos que vengan ellos.  Porque sépase que en la ley revolucionaria acordada, el que desembarque con armas para combatir la Revolución en el territorio nacional será, o podrá ser, sancionado desde 20 años a la pena de muerte.  Con que esperamos que no sean tan embarcadores que hagan como hicieron en la Sierra Maestra, que mandaron a morir a los casquitos y ellos tenían los aviones preparados para irse. Esperamos que vengan con ellos y qué gran negocio sería si una mañana nos despertáramos con la noticia de que los criminales de guerra están aquí, aquí mismo, en nuestras playas, en el territorio nacional, porque la orden que vamos a dar a las tropas rebeldes es: “¡Córtenle la retirada, córtenle la retirada para que no se puedan escapar otra vez!” 
A nuestros marinos, si aquí se acercan expediciones, nuestras instrucciones son que los dejen desembarcar.  Nuestras instrucciones son que los dejen desembarcar y que le corten la retirada.  Lo que hay que decir, desde ahora, ya se lo estamos diciendo a los soldados rebeldes y a los marinos revolucionarios, es cortarle la retirada para que no se escape ni uno solo , porque, ¡qué gran negocio sería si se deciden a volver!  Porque si cuando tenían en sus manos todos los recursos, las armas, y cuando se metieron en la Sierra Maestra les cortamos la retirada, si cuando tenían 12 000 soldados con tanques y cañones, les cortamos la retirada, cuando vuelvan otra vez lo primero que vamos a hacer es cortarles la retirada.  Y después que se metan en las lomas, si quieren; que se metan en los campos, si quieren; que se metan en las ciudades, si pueden; que se alcen los cómplices que tienen aquí en el país, si quieren; que vamos a ver si los guajiros les van a ir a llevar comida.  Vamos a ver si los guajiros, en vez de hacer como hacían antes, que venía una columna que salía del cuartel, ya sabíamos cuántos eran, quiénes las mandaban, por dónde venían; vamos a ver si ahora va a ser eso al revés. Vamos a ver si nos van a venir a decir:  están allí los criminales de guerra en aquella loma, son tantos, traen tales armas y tienen tales miedos, porque lo que no han oído nunca —nosotros nos acostumbramos a los morterazos, a los bazucazos, nos acostumbramos a los cañonazos y a las bombas, nos acostumbramos a eso, pero ellos no han recibido nunca eso, ellos están acostumbrados a tener aviones.  ¿Y a quiénes les van a meter más miedo aquí?  Aquí todo el mundo es veterano ya, aquí todo el mundo sabe cavar una trinchera, lo que hay que hacer sencillamente es hacer un hoyo, bien hondo, porque todavía no se ha inventado nada contra el hoyo en la guerra, y aquí el pueblo de Cuba está preparado para todas las contingencias, y vería con mucho gusto, con mucha satisfacción, que los criminales de guerra se decidieran a volver a Cuba para que paguen la deuda que tienen pendiente con la justicia.  Tenemos que estar preparados con el ánimo dispuesto, porque esta reforma agraria hay que hacerla como sea, hay que hacerla bajo las bombas si es necesario.  Lo que nosotros queremos pedirle a nuestros campesinos, a nuestros obreros y a nuestro pueblo, es que cualquiera que sea la lucha que tengamos que afrontar, no se detengan nuestras siembras, no se detengan nuestras fábricas, lo único que no podemos permitir es que como consecuencia de las medidas de los enemigos de la Revolución, vayamos a paralizar nuestra reforma, lo que todos lo días decimos a los ministros revolucionarios es que si aquí hay que pelear ellos sigan haciendo todo su trabajo y atendiendo sus departamentos, lo primero que les decimos constantemente al director del Instituto de Reforma Agraria es que si aquí hay que pelear el instituto no se detenga, que la reforma agraria no se detenga, que no se detenga la producción, que no se detenga nada, que el daño más grande que pudiera hacer aquí es interrumpir la reforma agraria o la producción, porque el venir aquí a pelear no es un daño, si ellos vienen aquí no es un daño, es un negocio y si vienen con Trujillo, y junto con los esbirros de Batista vienen los esbirros de Trujillo, mejor todavía, porque matamos dos pájaros de un tiro, le haremos de paso un gran favor al pueblo hermano y heroico de Santo Domingo, que en estos instantes está peleando valerosamente.  Si el dictador Trujillo puede salir de los apuros que tiene allí en su propia casa, si puede dominar a los guerrilleros revolucionarios de Santo Domingo, si puede resolver aquellos problemas y puede cumplir sus planes de facilitarle todos los medios, todos los recursos y toda la ayuda a los criminales de guerra, pues estaremos dispuestos a prestarle a Santo Domingo también un gran servicio.  Estoy muy seguro de que los patriotas dominicanos, siguiendo el ejemplo de los patriotas cubanos, en poder ya esos patriotas de las montañas de Santo Domingo, el dictador Trujillo correrá la misma suerte que corrió el dictador Batista.  Así que aquí pueden enviar todas las expediciones que quieran, aquí pueden enviar a todos sus elementos contrarrevolucionarios que quieran, que nuestro pueblo en vez de estar preocupado, en vez de estar atemorizado, lo que muestra son deseos de pelear.  Porque al fin y al cabo, si después de lo que hemos luchado, si después de derrocar a la tiranía e instalar en el poder un gobierno revolucionario, si después de fusilar a lo criminales de guerra que hemos juzgado, tenemos la suerte de que los criminales de guerra que se fueron vuelven otra vez aquí, podremos entonces considerar al pueblo de Cuba como un pueblo verdaderamente afortunado .  Y cual si todavía no estuviesen calientes los cadáveres de las víctimas de la tiranía, cual si todavía no estuviese fresca la sangre derramada por los esbirros miserables de la tiranía, no han transcurrido cinco meses todavía y ya empezaron los criminales de guerra a tratar de perturbar al pueblo y tratar de sembrar la muerte en el pueblo, haciendo explotar bombas en las calles de la capital.  No se conforman con lo que hicieron, no se conforman con el daño que hicieron, no se conforman con los crímenes que cometieron, no se conforman con el luto que sembraron, no se conforman con los 20 años de palmacristi, de ley de fuga y de asesinato que tuvo que sufrir el pueblo desde el año 1933 hasta el año 1944, como si fueran pocos los siete años de terror y de crimen que tuvo que sufrir el pueblo, como si fuera poco el luto, como si fuera poco el daño que hicieron esos criminales, y esos ladrones y esos miserables, como si fuera poco, todavía quieren seguir haciendo daño, todavía quieren seguir sembrando el terror. ¿Qué derecho tienen, después que se marcharon abandonando las armas? ¿Qué derecho tienen después que se marcharon abandonando los aviones, los tanques y los cañones? ¿Qué derecho tienen a venir a perturbar al pueblo, a venir a sembrar la intranquilidad del pueblo, a venir a poner la seguridad de la familia en riesgo, ahora que la familia es libre, ahora que la familia es feliz, ahora que ningún hijo, ni ninguna esposa, ni ningún hermano, ni ningún padre, ni ninguna mujer cubana corre el riesgo de ser ultrajada, ni ningún cubano corre el riesgo de ser torturado o asesinado? Ahora que nuestro pueblo es feliz, ellos, que tanto daño hicieron, ellos que durante 17 años, o 18 años, 11 primero y 7 después, nos hicieron beber el acíbar amargo de la tiranía, nos hicieron vivir humillación, terror, luto y muerte, todavía tienen la desvergüenza de venir a perturbar esa felicidad, de venir a tratar de sembrar el terror, de venir a poner bombas en las calles de nuestras ciudades.
Pero, ¿para qué ha servido eso?  Para que el pueblo esté más indignado, para que el pueblo se recuerde que el enemigo lo acecha todavía, para que el pueblo se recuerde que aun los que tanto daño hicieron no todos han recibido el castigo que merecen, que la Revolución tiene a sus enemigos en acecho, y que esos enemigos aspiran a volver a establecer el pasado odioso en nuestra patria.  Ha servido para que el pueblo se solidarice más con la reforma agraria, con las leyes revolucionarias.  ¿Cuál es el castigo para los terroristas?  ¿Qué quiere el pueblo para los terroristas?  Los que estén de acuerdo con que a los terroristas contrarrevolucionarios al servicio de Trujillo y de los criminales de guerra, hay que aplicarles la pena capital, que levanten la mano (LA MULTITUD LEVANTA LA MANO Y HACE EXCLAMACIONES DE: “¡Que los fusilen!”). Los que estén de acuerdo con que los que se alcen en arma contra la Revolución merecen la pena capital, que levanten la mano (LA MULTITUD LEVANTA LA MANO). Los que estén de acuerdo en que los que, procedentes de tierras extranjeras, desembarquen por mar o por aire, con las armas en la mano para combatir la Revolución en territorio nacional, merecen la pena capital, que levanten la mano (LA MULTITUD LEVANTA LA MANO).  Los que pongan bombas contra el pueblo, los que se alcen en armas contra el pueblo, los que desembarquen en territorio nacional para atentar contra el pueblo, ya saben la pena que les espera; los que cometan estos delitos serán sancionados con penas desde 20 años de cárcel hasta la pena de muerte.  No podrán decir después que no han sido advertidos a tiempo, no podrán decir después que los engañaron, no podrán decir después que no sabían, porque esa ley es la voluntad soberana del pueblo y el pueblo en defensa de sus libertades, en defensa de su patria y en defensa de sus legítimas aspiraciones tiene el derecho de aplicar contra sus enemigos las penas que sean necesarias.
Y puesto que esta es una lucha a muerte, puesto que la lucha entre la Revolución y los enemigos de la Revolución no admite términos medios, puesto que esta lucha solo puede concluir con la muerte de la Revolución o la destrucción de los enemigos de la Revolución, el pueblo está muy consciente de la naturaleza de esta lucha donde su destino se está jugando y el pueblo no quiere volver al pasado.  El pueblo no quiere dar ni está dispuesto a dar un paso atrás, el pueblo acepta el reto de sus enemigos y reafirma su decisión de vencer o morir.  El pueblo de Cuba, como en aquella frase, puede repetir: Si morimos, qué es la vida, por perdida ya la dimos cuando el yugo del esclavo como bravos sacudimos.  Si morimos, qué es la vida si por perdida ya la dimos todos nosotros, si por librarnos de la opresión estuvimos dispuestos a arriesgarla, por defender la libertad estaremos dispuestos a entregarla (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”).
De una cosa pueden estar seguros los enemigos de esta Revolución, los criminales de guerra y es que aquí jamás volverán a gobernar, que aquí jamás volverán a pisotear a nuestro pueblo y, si volvieran, no sería para gobernar, no sería para oprimir; sería para pagar las deudas que tienen pendientes, para recibir el castigo que merecen.
Hoy, después de esta concentración, creo más en el pueblo todavía, tengo todavía más fe en el pueblo, tengo todavía más seguridad en el destino glorioso e inmortal de nuestra patria, en el porvenir risueño y feliz de nuestro pueblo; hoy, después de este acto que rompe todos los récords de entusiasmo; hoy, después de esta presencia física; hoy, después de ver estos hombres y estas mujeres que han estado de pie todo el día, cuyo entusiasmo no desfallece, cuyo espíritu patriótico y cuya conciencia revolucionaria crece día a día, me siento más orgulloso de este pueblo  y creo más firmemente que por este pueblo nuestro, donde cada ciudadano ha dejado de ser uno para convertirse en todo por la patria, en que los hombres han dejado de existir como individuos, para existir como nación y como pueblo; en presencia de este entusiasmo, de este espíritu patriótico, de esta entereza, de este vibrar de corazones, creo más firmemente en el destino de Cuba, creo más firmemente en la victoria final, es más grande nuestro orgullo, que siente la más profunda sensación de que por un pueblo como este valen la pena todos los sacrificios ; que por un pueblo como este, valen la pena todos los sacrificios del mundo; que por un pueblo como este, vale la pena morir una y mil veces.
No solamente nuestra tierra es más fértil, lo es también el corazón de nuestro pueblo, donde la semilla sembrada fructifica; porque antes que la reforma agraria y que toda las reformas, se ha producido en el corazón y la conciencia de nuestro pueblo la más hermosa y extraordinaria reforma.
Todas las reformas serán posibles, porque se ha reformado la conciencia de nuestro pueblo y frente a los actos raquíticos de los latifundistas y los enemigos de la Revolución, nuestra respuesta es esta gigantesca muchedumbre y lo mismo que aparecieron las fotografías de los grupitos que reunieron para combatir la reforma agraria, sáquense y publíquense ante el mundo las fotografías de este imponente y gigantesco acto de nuestro pueblo.
Los latifundistas dijeron su palabra y pudieron decirla porque hay libertades, pero el pueblo tenía derecho también a decir su palabra y la ha dicho hoy de manera elocuente y definitiva.  De la misma manera en que los enemigos de la Revolución y de la reforma agraria dijeron que no estaban de acuerdo con ella, el pueblo ha dicho hoy la última palabra.
Lo bueno que tiene este acto es que han transcurrido cinco meses y medio y los que están aquí, están de verdad con la Revolución.  Que los que están aquí, están muy definidos, porque se han reunido después de la Ley de Alquileres, de la Ley de los Solares, de la Ley de la Reforma Agraria y de todas las leyes revolucionarias.  En los que están aquí se puede confiar.
Y esta concentración no es más que el preludio de la gigantesca concentración del 26 de Julio, donde se reunirá medio millón de campesinos  y se juntará con otro medio millón de obreros, de estudiantes, de profesionales y de pueblo de Cuba. Medio millón de campesinos el 26 de Julio en la capital de la república, para demostrar la fuerza de nuestro pueblo. Medio millón de campesinos en fila compacta, con machetes, con sombrero de yarey y con la bandera cubana en la frente, como la llevaban nuestros mambises. Reuniremos a todos los comisionados de todos los municipios de Cuba, para preparar el traslado a la capital del medio millón de campesinos.  Organizaremos la recepción de medio millón de campesinos con los días que sean necesarios.  Podemos hacerlo, porque las puertas de los hogares cubanos se abrirán de par en par para recibirlos y la capital de la república dedicará su mejor homenaje, dedicará su mayor entusiasmo y su más generosa hospitalidad a nuestros campesinos y en los letreros de las casas humildes, en las casas de las familias patrióticas y revolucionarias habrá letreros que dirán: “Campesino, esta es tu casa”. Y allí, a la capital de la república, irán los campesinos en tren, en ómnibus, en camiones, en automóviles, a caballo, y a pie si es necesario también. Y durante 10 días se estarán trasladando los campesinos a la capital de la república y el mundo presenciará este espectáculo incomparable que no se ha dado jamás. Ese espectáculo incomparable de medio millón de campesinos con sus guayaberas, con sus sombreros de yarey, con sus banderas cubanas y con sus machetes a la cintura para defender la Revolución.  Nos volveremos a ver en la capital de la república, nos volveremos a ver con los campesinos de la Sierra Maestra, del Segundo Frente de Oriente, o de la Cordillera de los Organos, con los campesinos de nuestra patria, desde la Punta de Maisí hasta el Cabo de San Antonio. Serán recibidos en los hogares de la capital de la república, y el día 26 de Julio se darán, con los obreros de Cuba, el abrazo que marca el símbolo de la unión entre el campo y la ciudad, que es lo que hace la fuerza invencible de una revolución, que está respaldada por nuestros jóvenes, por nuestros campesinos, por nuestros obreros de la clase media y por nuestros profesionales, y que constituyen el más poderoso y compacto bloque de pueblo que se ha dado jamás en ningún lugar del mundo.  El 26 de Julio se probará que si la Revolución tiene hoy el 90% del pueblo de Cuba, este 90% es un 90% entusiasta, militante y dispuesto a morir. Bueno, dispuesto a morir no está solamente el 90%; dispuesto a morir está el 99% del pueblo para defender su patria. Contra la patria no están más que un puñado de traidores y de criminales. Contra la patria no están más que un puñado de intereses egoístas.  Con la patria, que está por encima de los intereses de todos, está el 99,5% del pueblo de Cuba.
Que no se toque esa fibra patriótica del cubano; que no se hiera el sentimiento patriótico del cubano, porque entonces, en vez del 90%, estará el 99,5% absolutamente a favor, porque aquí nadie quiere volver al pasado; porque aquí nadie quiere volver a la época de miseria y de crimen; porque aquí nadie quiere volver a aquellos tiempos sin esperanza, del pasado. El pueblo de Cuba, si le tocan la fibra patriótica, si le tocan la sensibilidad patriótica, responderá como un solo hombre, dispuesto a los sacrificios que sean necesarios, porque no en balde en nuestro himno se dice que: “En cadenas vivir, es vivir en oprobios y afrentas sumidos.”
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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