julio 09, 2012

Discurso de Fidel Castro en la reunión de campesinos, Baracoa, Oriente (1959)

DISCURSO EN LA REUNION CON CAMPESINOS, BARACOA, ORIENTE
 Fidel Castro
[21 de Junio de 1959]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

(DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Ese, ese, ese que esta ahí!”)
CMDTE. FIDEL CASTRO.-  ¿Este?
(DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Ese, ese!”)
CMDTE. FIDEL CASTRO.­  ¿Cómo le van a echar la culpa a este hombre?
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).
CMDTE. FIDEL CASTRO.­  Bueno.  Pero, ¿qué dicen, que no les pagaban mucho?  ¿Dicen que no les pagaban mucho?
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).
CMDTE. FIDEL CASTRO.­  ¿Qué dicen?  ¿Que no les pagaban mucho?
¿Dónde ustedes estaban trabajando?  ¿En la escuela?
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).
CMDTE. FIDEL CASTRO.­  ¿Dónde?
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).
CMDTE. FIDEL CASTRO.­- ¿Estaban haciendo una escuela?
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).
CMDTE. FIDEL CASTRO.­  ¿Para quién era?  Para el pueblo de aquí, para darles trabajo a los de aquí. ¿Ustedes no creen que todos tenemos que hacer nuestra parte de sacrificio y hacer lo más posible con lo que tenemos?  Miren: si matamos la gallina de los huevos de oro nos quedamos sin gallina.  Eso es lo único que no se puede hacer.
Miren: déjenme explicarles algunas cosas.  Lo único que no podemos hacer es matar la gallina de los huevos de oro.
Si nosotros de los pocos recursos que tiene la república no sacamos el máximo de esos recursos, el país no se desarrolla.  Si todos creemos que ha llegado el momento de vivir bien, entonces matamos la gallina de los huevos de oro, y lo que hace falta es preparar las condiciones que permitan desarrollar el país y resolver definitivamente todos los problemas.
Un pueblo puede vivir bien y un pueblo puede elevar su standard de vida después que se ha desarrollado económicamente y ha aprovechado hasta el máximo todos sus recursos.
Es decir que una cosa que tienen que saber...  A veces en determinados trabajos se le ha pedido colaboración al pueblo, se les ha pedido colaboración a los campesinos, porque para una carretera, por ejemplo, que hay que hacer y no se cuenta con todos los recursos, se le pide al campesino que colabore, que ayude, que trabaje, porque en definitiva se está haciendo una carretera para beneficio de ellos. Hay que entender bien esas cosas: que esta es una etapa en que tenemos que sacrificarnos para sacar el máximo. Es decir que si podemos construir diez escuelas, no debemos gastar en cinco escuelas los recursos que tenemos para diez.
Nosotros constantemente estamos pidiendo la colaboración, y en muchas ocasiones recibimos esa colaboración.  No le echen ninguna culpa a Carlitos Chaín, de que en una escuela o en una carretera para comunicar las zonas campesinas les haya pedido la colaboración y les haya pedido sacrificio a los que han estado trabajando.
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).
CMDTE. FIDEL CASTRO.­  Bueno, pues preséntela ahí.
REINA DE LA REFORMA AGRARIA.­-  Saludo al pueblo de Baracoa.  Estoy encantada de ser la Reina de la Reforma Agraria, porque la reforma agraria ayuda al campesino.
Muchas gracias.
LOCUTOR.-  Señoras y señores: el Comandante Fidel Castro quiere que todo el pueblo de Baracoa conozca aquí a la Reina de la Reforma Agraria y a su Corte de Honor.  Los vamos a presentar aquí para que ustedes las conozcan.   Un aplauso para ellas.
REINA DE LA REFORMA AGRARIA.­  Saludo al pueblo de Baracoa.  Tengo el gusto de decirles que quiero ser la Reina de la Reforma Agraria.
CMDTE. FIDEL CASTRO.­  A ver, ¿qué otros problemas faltan aquí?  Vamos a ver.  ¿Ya se fue ella? ¡Ah!
Bueno, cualquier otra cosa que les interese a ustedes.
¿Cómo están las milicias aquí de los campesinos, eh?  ¿Cómo están las milicias?
――  Míralas ahí, Fidel.
CMDTE. FIDEL CASTRO.­  Y los machetes, ¿dónde están?
(DEL PUBLICO LE ENSEÑAN LOS MACHETES Y EXCLAMAN: “Aquí tenemos las milicias femeninas”).
――  Mira como están llegando.
CMDTE. FIDEL CASTRO.-  Están llegando más campesinos.
Bueno, otra cosa que quiero: ustedes no vayan a dejar nunca los machetes.  Una cosa muy importante, y es que ustedes no deben de dejar nunca sus machetes.  Además otra cosa: que tienen que organizar las patrullas campesinas.  Y otra cosa: que tienen que sembrar lo más posible.
Porque ustedes saben que esta zona de Baracoa es una de las que ofrece mejores condiciones —vamos a hablar en serio aquí.  Esta zona de Baracoa tiene que ser una de las fortalezas más inexpugnables de la Revolución.
Nosotros hemos ido convirtiendo las fortalezas en escuelas, porque para eso tenemos todas las montañas y todos los campos de Cuba.  Es decir que la Revolución mientras más cuarteles convierta en escuelas más fuerte está, porque la defensa de la Revolución no está en los cuarteles:  ¡La  defensa de la Revolución está en el pueblo!  
Esta es una de las zonas que se caracterizó durante las luchas por la independencia por ser una de las zonas más inexpugnables. Y ustedes recordarán que por aquí fue donde desembarcó Maceo para comenzar la Guerra de Independencia.
Es necesario que las patrullas campesinas de esta zona de Baracoa se organicen bien, ¡se organicen bien!, que sean de las más organizadas y que hagan todos los esfuerzos por mejorar la instrucción. Porque yo entiendo que estas montañas son inexpugnables y que, naturalmente, lo que garantiza la Revolución, lo que hace que la Revolución se sienta segura, es la convicción de que el pueblo de Cuba es un pueblo invencible. Lo que nos da la seguridad de que la Revolución no será jamás vencida  es la conciencia que tenemos de que a nuestros campesinos en estas montañas no hay quien los derrote, porque quiero saber quién sería capaz de entrar en estas montañas a combatir contra nuestros campesinos , donde ellos conocen todos los arroyos, todos los ríos, todos los firmes, todos los trillos, todas las barrancas, todas las piedras, todos los árboles, cuál es el camino más corto a cada lugar y, sobre todo:  saben vivir en ese medio; es decir que un campesino con un boniato camina dos días sin más alimento. ¿Y quién podría desalojarlos a ustedes de estas montañas?  
Así que nuestra fortaleza está en el pueblo, en todo el pueblo, porque si algún día la Revolución se viera en peligro...  En peligro no se va a ver nunca. Se puede ver en combate, pero no en peligro; se puede ver envuelta en la lucha, pero nunca en peligro, porque jamás peligrará la soberanía de nuestra patria, jamás peligrará nuestra libertad.  Puede haber lucha, ¡lucha!, pero no peligro, porque de cualquier lucha en que nos enfrasquemos siempre saldremos vencedores, cueste lo que cueste y dure lo que dure. Peligro habría si este fuera un pueblo cobarde, si este fuera un pueblo débil, porque entonces nuestros enemigos se sentirían con esperanzas de derrotarlo.  Si creyeran que aquí iban a coger mangos bajitos, si tuvieran esa seguridad, pues entonces se sentirían más animados los enemigos de Cuba y de la Revolución a atacarnos; pero mientras más fuerte vean al pueblo, mientras más firme, mientras más valiente, menos posibilidades de que nos ataquen.
Por eso el peor enemigo de la Revolución sería la cobardía, el peor enemigo de la Revolución sería la debilidad.  Pero a un pueblo valiente, a un pueblo firme, a un pueblo que tiene dignidad, a un pueblo que tiene vergüenza, hay que respetarlo.  No solo porque tiene derecho a su libertad y tiene derecho a su soberanía, ¡sino porque sabe defenderla!  ¡Tiene el derecho porque tiene el valor y tiene la dignidad y tiene la vergüenza y tiene la fuerza necesaria para defenderla!  
Por eso los cubanos nos podemos sentir seguros, ¡por eso los cubanos nos podemos sentir seguros!: porque cualquier enemigo que intente someter a nuestra patria, cualquier interés que intente someter a nuestra patria, cualquier fuerza que intente esclavizar a nuestra patria, sabe que tendrá que pelear fieramente contra nuestro pueblo. Y sabe que tendrá que luchar no solo con los hombres, ¡tendrá que luchar con las mujeres también! Y tendrá que luchar no solo con los jóvenes, ¡tendrá que luchar con los ancianos y tendrá que luchar con los niños aquí!, porque hasta los niños están dispuestos a combatir para que no les conviertan otra vez en cuarteles sus escuelas.
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).
Bueno, pues, ¿qué es lo que debe predominar aquí para resolver un problema de esos?, porque esos problemas muchas veces ocurren. ¿Usted está pensando en eso ahora o usted está pensando en la soberanía de su país, en la libertad de su país?  ¿Eh?  Porque acuérdese de una cosa: que sin soberanía no hay trabajo, sin libertad no hay trabajo, sin revolución no hay progreso.
Así que hay que hacer, primero, una cosa. Usted me enseñó su machete, pero el machete tiene que ser...  Yo creía que me iba a hablar usted de los problemas patrióticos, de su disposición a defender la patria y a morir por la patria.
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).
Bueno, eso es lo primero.
Usted pregunta que quiénes deben trabajar en las obras, si los que están del lado de allá o los que están del lado de acá. Bueno, pues ese problema se ha presentado en muchos lugares.  Cuando se hace una obra cerca de un pueblo los de la zona quieren que el trabajo todo sea para ellos, los del pueblo quieren que el trabajo sea para ellos.
Bueno, si hay hombres sin trabajo en el campo y si hay hombres sin trabajo en el pueblo, ¿qué es lo más justo? Repartirlo equitativamente. Es decir, si no sería un egoísmo, porque todos tenemos necesidades, todos tenemos familia, todos tenemos la preocupación de llevar un bocado a la casa.
Luego se deben repartir el trabajo con equidad, y no debe haber en eso egoísmo, porque un campesino o un trabajador nunca puede ser egoísta y nunca puede regatearle la oportunidad que le den de trabajar a otro campesino o a otro trabajador igual que él.
(LE DICEN AL CMDTE. FIDEL CASTRO: “...  Cincuenta listeros para tres obreros”).
¿Cincuenta listeros para tres obreros? (EXCLAMACIONES AFIRMATIVAS.)  Eso lo he visto, desgraciadamente.  Luego hay incluso un aguatero por cada cuatro peones. 
Bueno, ¡pues los que hacen eso son contrarrevolucionarios!, porque esos son los que perjudican a la Revolución, invierten mal los recursos de la Revolución. De esos casos se han dado muchos en toda la isla, no vayan a creer que ha sido solamente aquí en Baracoa. Y se ha estado sacudiendo bastante la mata y se seguirá sacudiendo la mata para que eso no pase.
Esos son de los problemitas que les hablaba que teníamos nosotros.
Hay otra cosa que yo no sé si ustedes comprenden o, mejor dicho, yo no sé si han pensado en ella, y es la siguiente: ¿Cuántos técnicos tiene la república?  ¿Dónde están?  Muchas veces se necesita hacer un trabajo y no aparece un técnico en ninguna parte. Y, además, ¿quiénes pudieron estudiar aquí? ¿Quiénes pudieron ir a las universidades?  Es verdad que en la universidad se da el caso de algunos individuos con mucha voluntad y que con mucho sacrificio su familia les puede pagar una carrera. ¿Pero eran los hijos de los guajiros de Duaba los que iban a la universidad? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Eran los hijos de los que trabajaban en el muelle los que iban a la universidad?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
Entonces ir a la universidad, poder adquirir capacidad no fue oportunidad que tuviera la parte más humilde del pueblo.  Y es verdad que hay técnicos que son revolucionarios; hay hombres, muchos profesionales universitarios que tienen conciencia de la Revolución; pero hay otros profesionales que no la tienen.  Y la explicación es lógica, señores: esto es una revolución, una revolución que ha lesionado muchos intereses y una revolución que ha lesionado muchos privilegios.  Y ahora tenemos que contar... ¡Ojala tuviéramos miles de técnicos revolucionarios!  Ojala tuviéramos miles de técnicos revolucionarios para cuando hay que hacer un puente, hay que hacer una construcción, hay que hacer una obra. Y muchas veces no tenemos el técnico, porque eso no se adquiere en un día ni en dos ni en cinco años ni en diez años, la capacidad para realizar obras determinadas.
Y uno de los problemas que tiene nuestra república... Y por eso nos preocupan tanto las escuelas, y por eso nos preocupan tanto los centros secundarios de enseñanza básica.  Pero no solamente enseñar a leer y a escribir: enseñar a trabajar, a sudar la camisa mientras se estudia y a servir a los demás.  Que vayan aprendiendo en el trabajo, que vayan aprendiendo estudiando y trabajando, para que comprendan.  Porque ustedes tienen que comprender también una cosa: que hay personas que en su vida han sudado la camisa y que de repente pues no entienden los problemas de los demás. No los entienden. Y esa es una de las dificultades que tiene la Revolución.
¿O qué ustedes creen, que los técnicos se sacan como los pollitos en una incubadora?  ¡No!  Ese es uno de los problemas.  Y muchas veces usted pone a uno en una obra y no se la hace bien.  Tiene que ir y poner a otro.  Se la hace mal también.  Y tiene que poner a cuatro para que alguno se lo encuentre usted serio, responsable, que trate bien a los demás, que no los trate con soberbia.
Hay personas que, por ejemplo, están en un trabajo y maltratan al obrero sin razón, sin necesidad.  Se encuentran, por ejemplo, al obrero en disposición de colaborar en una obra y lo tratan pues con desprecio o lo tratan mal.  Hay muchos de esos casos.  Desgraciadamente ese es uno de los problemas que tiene la república.
Y ese problema de un aguatero por cada cuatro peones, como también del peón que da veinte mandarriazos en todo el día...  Porque no vayan a creer, que la mata habría que sacudirla por arriba y por abajo también.  ¡Sacudirla!  Porque hay que estar en esto sobre todo, claros, claros.
Afortunadamente en el pueblo es donde hay más virtudes.  Afortunadamente en el pueblo es donde usted se encuentra mayor número de personas buenas y personas virtuosas; pero también se da ese caso.  Había muchas personas aquí acostumbradas a los tiempos de antes, en que decían:  “Bueno, estoy en un trabajo en obras públicas.  Si yo trabajo mucho aquí este se va a enriquecer y se lo va a robar; pues déjame trabajar lo menos posible.”  O: “Si trabajo rápido se va a acabar la obra y me vaya quedar sin trabajo.” Y el resultado es que no rendían.
El obrero debe ser el primero que proteste, como han protestado ustedes, cuando hay un listero o hay más listeros que peones. Ustedes son los primeros que tienen que protestar porque eso es un robo a la república.  ¡Eso es un robo a la república!  Como cuando vean a alguien que no contribuye con su esfuerzo al trabajo en una obra que es para el pueblo —una escuela, un hospital, una calle— y no se esfuerce en trabajar, ese también está robándole a la república.
Por eso yo me alegro que ustedes planteen esas cosas, porque eso indica que el pueblo va adquiriendo conciencia de sus deberes, porque antes nadie protestaba por eso ni le importaban esos problemas.  Y que ustedes protesten...  Porque es que nosotros recogemos todas esas faltas.  Y de más está decirles que yo de todas las informaciones que recoja aquí, iré inmediatamente a informar al Ministro correspondiente de las fallas y de las deficiencias que observe aquí.
De acuerdo con las leyes revolucionarias el delito de malversación puede ser sancionado con la pena capital , a los efectos de castigar ejemplarmente, que no hace falta otra cosa más que castigar ejemplarmente al funcionario que se atreva en esta época revolucionaria o en cualquier momento del futuro de nuestra patria, a malversar los fondos del pueblo .
Así que por eso yo les decía que no hay que preocuparse mucho, que poco a poco vamos resolviendo todos estos problemas.  Al menos tengan la seguridad ustedes de que los vamos a ir resolviendo todos.  ¡Tengan la seguridad esa!  
Naturalmente que mi misión aquí es recoger, no juzgar.  Tengo que oír y tengo que informarme bien de cualquier cosa que no funcione bien, y antes de hacerme un juicio definitivo tengo que recoger todas las informaciones e investigar.  Pero yo más o menos palpo perfectamente bien —¡pero perfectamente bien!— las cuestiones que aquí en esta zona les preocupan a ustedes.  Las comprendo perfectamente bien.  Sobre eso no tienen que preocuparse más.
Ya sé que, por ejemplo —¡por ejemplo!—, hay descontento por los trabajos de Obras Públicas .
Bueno, pues vamos a investigar esas quejas de ustedes, y vamos a investigar esas acusaciones de ustedes.
Bueno, yo sé que eso es lo que más les interesaba a ustedes exponer:  el problema de Obras Públicas .  No hacía falta ni que ustedes insistieran en eso, porque desde que entré aquí ya yo me di cuenta de ese problema.  Desde que llegué aquí me di cuenta que había descontento con el jefe de Obras Públicas de esta zona.  ¡Desde que llegué aquí me di cuenta que había un gran descontento!
Y yo le voy a comunicar inmediatamente al Ministro de Obras Públicas el descontento que encontré aquí en Baracoa contra el jefe de Obras Públicas, porque precisamente mi deber es ese: mi deber es observar en todo el país las cosas que marchen bien, y las cosas que no marchen bien, para tomar las medidas pertinentes y resolverlas.
Y así, por eso yo me voy enterando de todas las cosas en cualquier lugar, si andan bien o si andan mal.  Porque cuando yo veo que andan bien las cosas, todo el mundo está contento con el funcionario.  Puede darse alguna queja, alguna queja aislada, porque es imposible contentar a todo el mundo, ¿no?, y desde luego, hay veces que las personas rectas, pues producen...  Yo he observado en algunos casos algunas quejas, pero no producen un estado de opinión, como el estado de opinión que hay aquí. Cuando se actúa con rectitud, se actúa correctamente, puede haber algún descontento, pero no ese estado de opinión.
Yo al principio lo recogí con un poco de reserva.  Como yo conocía el problema de que hubo que hacer las restricciones, que como ustedes saben hubo que hacer las restricciones...  Y, además, les expliqué cómo en el programa hay en los primeros seis meses del año menos trabajo en obras que en los últimos seis meses —les expliqué eso—, y yo sé también que en muchas ocasiones, cuando algún jefe tiene que hacer alguna reducción —que es un trabajo naturalmente desagradable para él—, le puede crear algunos inconvenientes, algunos disgustos; pero de ninguna manera un estado de opinión contra un funcionario como yo observé aquí desde el primer momento.  Desde que pasé por el pueblo de Sabanilla, me encontré ya la primera denuncia contra el funcionario de Obras Públicas.
Bueno, ahora ya ustedes me han explicado las quejas que hay contra ese funcionario.  Ahora quiero que me digan una cosa: si también están bien informados acerca de las obligaciones de los que trabajan, si están conscientes de las obligaciones.  Si, por ejemplo, están conscientes de que hay que rendir el máximo (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”).  Porque es muy importante, sobre todo para exigirles a los demás, el que uno de todo lo que puede de sí, es decir que uno cumpla también con su deber, cumpla con el deber.  Porque yo quiero que ustedes sepan que los gastos que se hacen en Obras Públicas salen del pueblo.  Esos gastos que hace la república son sacrificios que tiene que hacer la república para construir una calle o una escuela o un camino, y cuando no se rinde el máximo se le está robando a la república. ¿Estamos de acuerdo?  (EXCLAMACIONES DE: “¡Sí!”)  Bueno, eso es lo que importa.
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).
Bueno, y otra cosa —lo que dije ahorita—: que no debe haber egoísmos por el trabajo, que los trabajos tienen que distribuírselos equitativamente:  los de una zona con otra.  Eso también es muy importante, porque me he encontrado muchos casos en obras en que hay problemas entre el personal de una zona y el de otra discutiéndose el trabajo; que debe hacerse siempre una distribución equitativa, porque lo primero que tiene que ser un revolucionario es ser generoso y no pensar en él solo: hay que pensar también en los demás.  Eso es muy importante.
Acuérdense que todos tenemos que ir aprendiendo poco a poco, y que cada día debemos aspirar a ser mejores ciudadanos, cada día debemos aspirar a ser más útiles a nuestro país.  Porque nosotros tenemos que aprender ahora rápidamente lo que no aprendimos en los años anteriores.  Hay que aprenderlo ahora. ¿Cuántas cosas estamos viendo ahora que no veíamos antes? ¿Eh?
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).
Creo que sí, que hay que sacudir la mata, y creo que hay que sacudirla constantemente, ¡constantemente hay que sacudirla!
Bueno, ¿y cómo está trabajando Chain?  Vamos a ver.
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).
Bueno, la mayoría dice que bien.
Bueno, ¿cómo están trabajando los dirigentes campesinos?
(EXCLAMACIONES DE: “¡Bien!”)
Bien.
Bueno, entonces ya yo he escuchado todas las cosas que les interesan a ustedes.  Y por mi parte también...
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).
Sí.  Están pidiendo el aeropuerto hace un año, pero eso no quiere decir que haya que darle todas las cosas el día que le da la gana al primero que se le ocurra, ¿verdad?  Lo piden, pero no lo exigen, ¿verdad?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)
Bueno, ustedes saben que hay que hacer obras en toda la república. Y que no están hablando aquí con un demagogo: ¡Están hablando con un revolucionario!  Y quiero que sepan que en este aeropuerto he aterrizado yo con todos los riesgos que implica, y estamos corriendo esos riesgos.  Hay que hacer muchos aeropuertos en toda la república.  ¡No vayan tan a la carrera ni sean tan impacientes, porque las cosas hay que hacerlas en la medida en que se pueda! ¡No vayan a querer hacer en un año todo!  
A veces me he encontrado también ese problema: que la gente quiere resolver todas las cosas en un solo año.  Y enumeran: hacen una obra, dos obras, tres obras; pero como faltan cinco o seis más, quieren que rápidamente les hagan todas las demás.  Tampoco así, ¡tampoco así!  Tengan un poquito de paciencia, tengan un poquito de paciencia, que nosotros tuvimos que tener paciencia cuando desembarcamos.  Cuando desembarcamos del “Granma” en las playas, nosotros hubiéramos querido ganar la guerra en 15 días, nosotros hubiéramos querido ganar la guerra en un mes.
¿Dónde usted estaba?  Usted, usted, el de la camisa... ¿Dónde estaba? ¿Qué hizo durante la guerra?  ¿Qué hizo? ¿Qué fuiste?
(LE DICE: “¡Ayudar también!”)
Ayudaste ¿cómo? ¿Oyendo“Radio Rebelde”? ¡Ah! Bueno, para que no se impaciente demasiado.  Porque a veces los que más piden son los que menos hicieron.
(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO).
Sí, sí, ya conozco, ya tengo un poco de experiencia de eso.  Y no faltará por ahí quien cuando venía Alliegro y esa gente iba allí a hacerle coro, y ahora sea de los que más protesten.
Pero, bueno, bueno: vamos a dejar eso, que eso es de atrás.
Lo que les quiero decir es que cuando nosotros desembarcamos hubiéramos querido ganar la guerra en un mes o la hubiéramos querido ganar en seis meses o la hubiéramos querido ganar en un año.  ¡Pues nos pasamos allí veinticinco meses en campaña!  Porque para destruir tantos regimientos y tantos batallones tuvimos que ir uno por uno, porque éramos muy pocos y a veces no teníamos balas suficientes.  Y tuvimos que saber esperar y saber luchar con tesón y con calma para ir venciendo uno por uno todos los obstáculos que teníamos delante.
Y antes nos habíamos pasado casi dos años en el exilio reuniendo poco a poco los recursos y comprando bala por bala y fusil por fusil.  Pero antes nos habíamos pasado 22 meses en la cárcel, y allí día a día esperar pacientemente cuándo íbamos a tener la oportunidad de salir para empezar otra vez; porque antes nos habíamos pasado 16 meses organizando las primeras milicias revolucionarias.
Y fueron siete años, siete años esperando, ¡siete años!, para poder hacer lo que estamos haciendo hoy, para haber podido hacer en un año todo lo que ha hecho el Gobierno Revolucionario, y para seguir haciendo y venciendo los obstáculos, venciendo los males, combatiendo los vicios que todavía perduran, las lacras que todavía perduran, algunas costumbres que todavía perduran; los seudorrevolucionarios que se puedan haber infiltrado en las filas, los oportunistas, los malos cubanos, los individuos incompetentes e indignos de ocupar determinados cargos y hacer determinados trabajos.
Esta es una jornada larga y una lucha larga. Que no es la lucha de un año, que puede ser la lucha de dos años y de tres años y de cuatro años y de cinco años.  Y no solo la lucha contra eso, sino la lucha contra los contrarrevolucionarios, la lucha contra los que quieren quemarnos las cañas, contra los que quieren continuar perpetrando el crimen aquí y quieren continuar matando de hambre a nuestro pueblo. Porque es una lucha contra los traidores de adentro, una lucha contra los ineptos, los incompetentes, los seudorrevolucionarios y los traidores de fuera y los enemigos de fuera. Es una lucha dura, que requiere por parte de todos nosotros la conciencia de lo que es una revolución y de lo que es una verdadera revolución. Y que una verdadera revolución no es un paseo, y que una verdadera revolución no es un juego, y que una verdadera revolución no es un cambio de hombres: que es una lucha dura, una lucha amarga, una lucha en que tenemos que ir sin descuidarnos nunca, sin bajar nunca la guardia, luchando constantemente contra todos los obstáculos, porque es una tarea casi sobrehumana, la tarea de una revolución. Y que la tienen que hacer los dirigentes y que la tiene que hacer el pueblo, y que la tienen que defender los dirigentes y la tiene que defender el pueblo en todas las circunstancias.
Es decir, no confundir una cosa con la otra, y, sobre todo, tener conciencia de nuestras obligaciones, y no confundir lo que pueda haber hecho de malo un funcionario con lo que realmente no se puede haber hecho por falta de recursos.
Así que sobre todas estas cuestiones el pueblo tiene que estar muy consciente y tiene que estar muy claro, y tiene que prestarnos la mayor colaboración, la colaboración como la que me prestaron hoy al informarme de las cosas que están mal , y la conciencia, el conocimiento del esfuerzo que tenemos que hacer nosotros —del esfuerzo incansable de día y de noche, desde que amanece hasta que oscurece, y después que ha oscurecido, y muchas veces amanece y todavía nosotros no hemos podido descansar un solo minuto—, del esfuerzo que estamos haciendo y que seguiremos haciendo por el pueblo y con el pueblo.  Porque lo que importa es que el pueblo tenga conciencia de estos males, del esfuerzo sobrehumano que estamos realizando, y de su deber de ayudar y de contribuir y, además, de saber esperar, de saber esperar a que se vayan resolviendo esos problemas, a que se vaya sacudiendo la mata poco a poco, Y se vaya forjando la república nueva sobre las ruinas que nos dejaron los que ayer dispusieron de los destinos de Cuba.
Y saber que esa no es una tarea fácil.  Que es una tarea dura.  Que construir todo lo que se dejó de construir, que hacer todo lo que se dejó de hacer en medio siglo de república, no es nada fácil. ¡Que es una tarea que exige sacrificios, que exige esfuerzos y, sobre todo, que exige conciencia revolucionaria!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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