julio 12, 2012

Discurso de Fidel Castro en el Teatro del Palacio de los Trabajadores, para dar inicio a la campaña de organización del 1° de Mayo (1961)

DISCURSO EN EL TEATRO DEL PALACIO DE LOS TRABAJADORES, PARA DAR INICIO A LA CAMPAÑA DE ORGANIZACION DEL 1º DE MAYO
Fidel Castro
[7 de Abril de 1961]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Compañeras y compañeros:
¿Por qué hay tanto júbilo y tanto entusiasmo entre los trabajadores?
Durante siete años de tiranía todos recordarán cómo el 1º de Mayo no podía conmemorarse en la calle; el 1º de Mayo, bajo los gobiernos inmorales y reaccionarios, era como un dolor de cabeza para ellos. Y durante los últimos siete años anteriores al triunfo de la Revolución ni siquiera permitían que los trabajadores salieran a la calle; durante esos siete años, el 1º de Mayo debía conmemorarse bajo techo, y aquí en este salón trataban de simular una celebración de los 1º de Mayo.
Hoy, a 24 días de esa fecha, nos hemos reunido en este salón. ¿Para qué? ¿Para conmemorar el 1º de Mayo? No, sino para preparar el 1º de Mayo. Y solamente en este acto de preparación acuden muchos más trabajadores de los que acudían en aquellos tiempos a celebrar la propia fecha. ¡Y no se trata más que de una simple reunión preparatoria!
Y aun en los años en que se les permitía a los obreros salir a la calle, cada desfile obrero era una interminable caravana de cartelones exigiendo demandas; se les daba a los obreros, una vez al año, la oportunidad de pedir. Lo que no podían darles aquellos gobernantes a los trabajadores, era la oportunidad de recibir. Es decir que los obreros presentaban sus demandas todos los años; aquella demanda era el reflejo de la pugna de intereses en el seno de nuestro pueblo; eran las demandas de millones de trabajadores frente a los intereses de minorías adineradas y egoístas que controlaban todas las fábricas, las tierras, los bancos, es decir, la economía del país.
Los obreros tenían que vivir en una perenne lucha contra aquellos intereses, y cada demanda que lograban arrancar les costaba a los trabajadores arduas batallas contra aquellos intereses, que tenían de su parte todo el poder del Estado, todas las instituciones del Estado, todos los recursos del Estado, todas las armas del Estado y todos los aparatos represivos del Estado. Las huelgas, ya se sabe cómo terminaban casi siempre; las huelgas de los obreros, las protestas de los campesinos, las manifestaciones estudiantiles, siempre terminaban bajo los golpes y las balas de aquella fuerza armada al servicio de aquella minoría del país que monopolizaba los intereses económicos de la nación.
El día 1º de Mayo, día de los trabajadores, día de los hombres y mujeres humildes del pueblo, no era, como es desde el triunfo de la Revolución, y cada vez más, una verdadera fiesta nacional.
¿Y fiesta por qué? Sencillamente porque aquellos intereses que dominaban la economía de nuestro país han desaparecido de la vida pública nacional.
Hay que meditar que hoy el poder del Estado no está al servicio de esos intereses; hoy las instituciones del Estado no están al servicio de esos intereses; hoy la maquinaria del Estado no defiende esos intereses; hoy las armas de la nación no están al servicio de esos intereses. Hoy ocurre todo lo contrario: los soldados rebeldes y los milicianos no están a las órdenes de aquellos magnates, no están a las órdenes de aquellas compañías extranjeras, no están a las órdenes de los administradores y mayorales, de los dueños de centrales azucareros y de los grandes latifundios. Hoy ocurre exactamente todo lo contrario. Esos hombres armados y esa fuerza que constituye el poder de la nación cubana no están para desahuciar campesinos ni para aplastar manifestaciones de protestas obreras o estudiantiles. Hoy, de forma absolutamente distinta, esas armas y esos hombres, con toda la fuerza y el poder del Estado, están al servicio de los intereses de esos campesinos, de esos obreros y de esos estudiantes.
Ese es, en esencia, el gran cambio que ha tenido lugar en nuestro país. Es que hoy esas armas no están en manos de hombres ajenos a los campesinos, los obreros y los estudiantes, sino que esas armas están precisamente en manos de los campesinos, de los obreros y de los estudiantes. Cuando ha ocurrido un cambio tan profundo y radical en la vida de un país, se explica esta alegría y se explica este entusiasmo, se explica este júbilo del 1º de Mayo que se avecina, se explica este enardecimiento, esta alegría con que los trabajadores se preparan a conmemorar esa gran fecha.
¿Y será acaso un acto bajo techo? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) No. ¿Será acaso un acto en un parque cualquiera de la ciudad? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) No. ¿Será un acto frente al Palacio Presidencial, aunque es un lugar amplio? (EXCLAMACIONES DE “¡No!”) No. ¿Por qué? Porque no cabemos allí.
¿Y dónde será el acto del 1º de Mayo? En la Plaza Cívica. ¿Por qué? Porque casi cabemos allí; aunque, en realidad, el próximo 1º de Mayo no vamos a caber allí. Pero ya La Habana, esta Habana construida por latifundistas, donde al pueblo por lo general no le dejaban ningún espacio, no tiene ya otro sitio mayor donde reunirse el pueblo. Y ese es uno de los problemas de la Revolución, que no tiene dónde reunir al pueblo, porque ya no cabe la masa gigantesca en ningún sitio. Y ese problema será cada día mayor, porque cada día habrá más pueblo en cada 1º de mayo.
¿Y por qué la Revolución no conmemora bajo techo esta fiesta, y la conmemora en los más amplios espacios de la capital, y esos espacios se llenan? Sencillamente, porque el poder ha pasado a manos del pueblo, y pueblo y poder constituyen una sola cosa.
¿Y será una masa de hombres y mujeres desarmados? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Será una masa de hombres y mujeres obligados allí a escuchar la palabra de los dirigentes revolucionarios? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Será una masa que se tenga que conformar con oír solamente? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Será una masa que no tenga participación en la vida activa de su país? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Será una masa rodeada de soldados por todas partes? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¡No! Será nada menos que una masa armada; será una masa con participación decisiva en los destinos de su país.
Y qué distinta circunstancia del pasado, en que aquella masa estaba solamente obligada a oír, en que aquella masa no contaba para nada, en que la fuerza de la nación no estaba en manos de esa masa, sino que estaba en manos de una minoría siempre frente a los intereses de esa masa.
¿Y por qué tiene que ser una masa armada hasta los dientes? ¿Por qué tienen que reunirse allí los hombres y mujeres con todas sus armas? Sencillamente, porque tenemos que defender esos derechos que hemos conquistado; porque tenemos que defender ese derecho a reunirnos al aire libre; porque tenemos que defender ese derecho a ser parte activa y decisiva en los destinos de nuestro país; porque tenemos que defender ese derecho de no mendigar más; porque tenemos que defender ese derecho de no pedir más en balde; porque tenemos que defender ese derecho a no depender del egoísmo de unos pocos que nos maltrataban y nos explotaban; porque tenemos que defender ese derecho a conquistar por nuestra propia fuerza y nuestro propio trabajo, y para recibir el fruto de ese trabajo que antes teníamos que estar mendigando a los que nos lo robaban.
Antes los obreros producían la riqueza del país, pero esa riqueza no iba a parar a manos de los obreros. Una parte de la riqueza, miserable parte en muchas ocasiones, servía para mantener en pie a los trabajadores, y para que cada día pudiesen acudir a los campos o a las fábricas, a continuar produciendo riquezas para otros. Y la mejor parte de la riqueza de la nación iba a parar a los bolsillos de unos cuantos, de unos cuantos magnates de nuestra economía, de unas cuantas compañías y monopolios extranjeros, y de una buena banda de pícaros que saqueaban al tesoro público.
Antes la mejor parte de esas riquezas no se invertía en preparar mejores condiciones de vida para el pueblo; la mejor parte de esas riquezas iba a parar a los bancos extranjeros, iba a parar a las cuentas particulares de unos cuantos señores, e iba a parar en lujo, ocio y diversión para una minoría parasitaria, que muchas veces se iba a gastar, en los hoteles de Europa o del norte, el fruto del sudor de los obreros.
Y como si aquí nadie supiese contar, como si aquí nadie supiese razonar, como si aquí nadie supiese sumar y restar, todavía hay ingenuos, ingenuos, señores, digo ingenuo, pero sin que ello los exima de la circunstancia de ser además unos pillos y unos sinvergüenzas. Pero digo que son unos pillos ingenuos, porque todavía albergan la ilusión de que puedan hacer creer a nadie en este país que aquello era mejor que esto; y que era mejor que las compañías norteamericanas se llevaran para los bancos de su país las ganancias de nuestras fábricas; hacer creer que fuera más útil y beneficioso al país que las riquezas de la nación se invirtieran en paseos y en vacaciones a Europa; que las riquezas de la nación sirvieran siempre para enriquecer a un puñado de pillos, mientras el pueblo tenía cada vez menos.
Todavía son tan ilusos y de tal manera se engañan, y de tal manera se hacen ilusiones con el padrinazgo de los monopolios extranjeros, con el padrinazgo de los cuerpos de espionaje extranjeros, de tal manera se ilusionan y se engañan con el aliento que les brindan los esbirros del Pentágono yanqui (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”), que se imaginan por un segundo que el pueblo no comprende estas cosas. De otra manera, ¿qué sentido tiene que nuestro pueblo tenga que vivir constantemente sobre las armas?; ¿qué razón habría, a quién podrían convencer aquí (EXCLAMACIONES DE: “¡A nadie!”) de que se podría afrontar la gran fuerza de los trabajadores y de los campesinos de nuestro país?
Esa masa tiene que acudir con las armas en la mano, sencillamente porque tiene que defender lo que hemos conquistado.
¿Y cuánto tiempo tendremos que conmemorar el 1º de Mayo con las armas en la mano? (EXCLAMACIONES DE: “¡El que sea!”) No se sabe cuántos años (EXCLAMACIONES DE: “¡Los que sean!”), pero sí deben saber nuestros enemigos que conmemoraremos el 1º de Mayo con las armas en la mano cuantas veces sea necesario; y que cada día lo conmemoraremos con más disciplina, más organización, más preparación y más armas, mientras el imperialismo nos amenace con sus agresiones, mientras los contrarrevolucionarios no se convenzan que una y mil veces se van a estrellar contra la fuerza del pueblo.
El año pasado, al conmemorar el 1º de Mayo, desfilaron nuestras milicias, pero todavía no tenían armas, todavía no tenían gran organización. Y para que el imperialismo y sus criados sepan la diferencia de fuerza, la diferencia de organización y de disciplina, y la diferencia que va de un año a otro, este año los que antes desfilaron desarmados desfilarán perfectamente armados (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Venceremos!”), perfectamente disciplinados y perfectamente entrenados.
Eso quiere decir que los imperialistas y sus criados han perdido tiempo; eso quiere decir que los imperialistas y sus criados tendrán cada día menos esperanzas de derrotar a la Revolución; eso quiere decir que la Revolución no ha perdido tiempo en organizarse y en prepararse. Y ahora que los contrarrevolucionarios andan apurando sus trajines y sus planes de invasiones, nos imaginamos que el crecimiento de la fuerza revolucionaria del pueblo ha de constituir para ellos un verdadero dolor de cabeza. Y siempre hemos tenido la sinceridad de advertírselo: cada día que pasa, cada mes y cada semana que pasa, la Revolución es más fuerte.
Y los contrarrevolucionarios, por mucho apoyo y mucha asistencia técnica que hayan tenido de sus amos yanquis, no han podido marchar, ni podrán marchar nunca, tan de prisa como marcha la Revolución. Y el día 1º de Mayo verán desfilar a la clase obrera cubana perfectamente preparada para resistir a la agresión imperialista.
Hemos tenido que vivir siempre a la espera de esa agresión. Eso no ha obstaculizado que la Revolución avance en todos los campos, pero siempre hemos considerado que la más importante de todas las tareas es la defensa de la Revolución. El pueblo se ha preguntado muchas veces: ¿Cuándo vendrán?; y el pueblo, incluso, se ha impacientado muchas veces, esperando a sus enemigos; nosotros a veces nos hemos impacientado también.
¿Y vendrán, vendrán? Nosotros creemos que los que se ponen a jugar a la guerra, los que se ponen a preparar expediciones, los que se llenan de ilusiones y de vanas esperanzas en esos trajines, no les queda más remedio, más tarde o más temprano, que venir. Y aunque no se sintieran con mucho entusiasmo, los meten en un barco y los mandan aquí.
Nosotros no creemos que la Agencia Central de Inteligencia... que de inteligente no tiene absolutamente nada, porque si fueran inteligentes no nos habrían mandado tantas armas como nos han mandado últimamente (RISAS Y APLAUSOS); si fueran inteligentes, se habrían dado cuenta de que la mayor parte de las veces los que estaban esperando las armas abajo eran nuestros milicianos; si fueran tan inteligentes, no se habrían hecho tantas ilusiones. Y, en realidad, por eso, mejor que “Agencia Central de Inteligencia Yanqui”, debiera llamarse “Agencia Central de Cretinos Yanquis”.
Y la “Agencia Central de los Cretinos Yanquis” hace meses que viene preparando, en tierras de Guatemala y otros países gobernados por títeres del imperialismo, bases militares y ejércitos de mercenarios para atacar a nuestro país. Conjuntamente con eso, han estado tratando de introducir explosivos y material inflamable en nuestro país, para equipar a los terroristas que tienen a su servicio, y en muchas ocasiones han llevado a los terroristas a Estados Unidos y los han introducido en el país para realizare atentados, a fin de que destruyan nuestras riquezas, y que destruyan, incluso, vidas humanas. Destruir, por ejemplo, la compañía eléctrica, porque ahora, naturalmente, no es de un monopolio yanqui, sino que es cubana ; destruir las refinerías que, naturalmente, ya no son de un monopolio yanqui, sino cubanas; destruir los comercios, que ya no pertenecen a compañías yanquis, sino a los cubanos. Y, claro, la “Agencia Central de los Cretinos Yanquis” no preparaba antes terroristas ni asesinos para destruir esas industrias cuando eran de los monopolios yanquis; en cambio, hacen todos los esfuerzos para destruirlas cuando ya no pertenecen a los monopolios yanquis, sino cuando pertenecen al pueblo.
Y no han querido darse por vencidos, no han querido darse por vencidos. Para preparar las condiciones de la supuesta invasión, trataron de organizar bandas contrarrevolucionarias en el interior del país. Ya todo el mundo sabe lo que les ocurrió a las bandas contrarrevolucionarias, que fueron virtualmente barridas, dondequiera que trataron de levantar cabeza.
Se hicieron ilusiones con el Escambray, y nosotros lo advertimos aquí en una ocasión, que hasta una aguja que lanzaran en esas montañas la podíamos encontrar, y que, cuando las circunstancias lo exigieran, es decir, cuando valiera la pena, podíamos movilizar cuantos batallones de milicias fueran necesarios. Y así se hizo, se movilizaron batallones de milicias de distintas provincias, para que todas las provincias participaran de alguna manera en la limpieza del Escambray.
Y así, por ejemplo, las milicias obreras de La Habana enviaron 15 batallones a esas montañas, los que, sumados a los batallones enviados por las milicias de otras provincias, barrieron de un extremo a otro las montañas de Las Villas y pusieron fuera de combate, sin que presentaran ninguna resistencia seria, sin que dispararan siquiera sus armas, salvo en muy contadas ocasiones, y las “gloriosas” huestes del “Servicio Central de Cretinos Yanquis” (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”) fueron barridas del mapa, con el cura esbirro y todo, que tenían allí (EXCLAMACIONES DE CONSIGNAS REVOLUCIONARIAS). Y solo muy contados esbirros pudieron escapar, abandonando por completo aquella zona, donde difícilmente podrán intentar organizar de nuevo una fuerza contrarrevolucionaria, porque allí ha quedado un número suficiente de batallones de milicias, para evitar que la gusanera vuelva a resurgir allí.
Y en todas partes les hemos hecho exactamente lo mismo. Parece ser que se hicieron la ilusión de que podían organizar grupos de contrarrevolucionarios en distintas partes de la isla. Claro, ni siquiera por las circunstancias de contar con los envíos de armas por avión constantemente, y ustedes lo han podido apreciar en la Plaza Cívica. En la Plaza Cívica hay armas para hacer tres revoluciones; si nosotros hubiésemos tenido esas armas de la Plaza Cívica, en realidad no habría dado ni gusto hacer una Revolución con tantos recursos.
Por ejemplo, nosotros, al cabo de un año y dos meses de lucha, teníamos el mismo número de armas que cuando habíamos desembarcado; es decir, después de haber perdido casi todas las armas empezamos, y al cabo de más de un año todavía no habíamos llegado a 100 armas, ¡al cabo de más de un año! Y faltando cinco o seis meses para el 1º de enero, en la Sierra Maestra solamente teníamos 300 armas, y por supuesto que no eran esas armas automáticas; teníamos muy pocas armas automáticas, muy pocas balas, y, sin embargo, cuando la tiranía movilizó sus fuerzas para combatirnos, en solo 70 días aumentamos el número de armas de 300 a 800. Y con esas armas se organizaron todos los movimientos de tropas hacia Las Villa, hacia Camagüey y hacia distintos sitios de la provincia de Oriente. Es decir que, cuando logramos reunir un número menor a 1000 armas, lanzamos la defensiva contra las fuerzas enemigas.
Eso puede dar una idea de lo distinto que es una Revolución a una contrarrevolución. Los revolucionarios tuvimos que luchar sin recursos de ninguna índole. Las armas que nosotros poseíamos eran armas arrebatadas al enemigo en cada combate; nosotros nunca perdíamos un arma, el deber fundamental de cada soldado rebelde era recuperar siempre el arma, en cualquier circunstancia. A nosotros no nos mandaba armas ningún grupo de millonarios, ninguna organización extranjera, y nos veíamos obligados a luchar siempre con una gran escasez de recursos militares.
Era la Revolución de los campesinos de las montañas, la Revolución de los hombres humildes del pueblo, y, naturalmente, para la Revolución de los humildes no hay ayuda de millonarios, no hay ayuda de ninguna clase; el pueblo tiene que hacer siempre su Revolución con sus propios recursos, con sus propios esfuerzos.
Y, ¡qué distinta es la contrarrevolución de los millonarios, la contrarrevolución de los latifundistas, la contrarrevolución de los curas falangistas, la contrarrevolución de los monopolios yanquis (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”), la contrarrevolución de los imperialistas! (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”)
¡Ah!, nosotros, para llegar a Cuba, tuvimos que navegar en un barquito de 60 pies, los 82 hombres que constituíamos la expedición del “Granma” . Las armas, las teníamos que adquirir en el extranjero con mucho sacrificio, y bajo la constante persecución de la policía extranjera. Nosotros no poseíamos aviones, ni barcos, ni arsenales de armas; nosotros teníamos que ir adquiriendo una a una las armas. No teníamos morteros, ni bazukas, ni cañones sin retroceso, ni armas automáticas, ni barcos, ni aviones, ni millones de dólares.
Frente a nosotros teníamos un ejército de decenas de miles de hombres, armados y entrenados por el imperialismo. Nuestro barquito era un barquito de madera, que navegaba ocho nudos, y uno de cuyos motores estaba en malas condiciones.
Esos eran los únicos recursos que poseíamos; así se hizo la Revolución del pueblo, con esos recursos comenzamos. Y durante meses, durante dos años tuvimos que luchar, partiendo virtualmente de la nada, arrebatándoles las armas a los enemigos, y arribar a la victoria del 1º de enero.
La contrarrevolución de los monopolios, de los curas reaccionarios, de los latifundistas y de los esbirros, tiene bases militares en todas partes; campos de entrenamiento en la Florida, en Louisiana, en Nicaragua, en Guatemala; los arsenales de armas yanquis están a su disposición; los cabecillas contrarrevolucionarios tienen acceso al Pentágono, son recibidos por el Departamento de Estado, cuentan con millones de dólares. Y así vemos a cualquiera de esos señores “panzudos”, que forman el consejo ese, organizado por la central de los esbirros y de los cretinos, cómo entran y salen al Pentágono, cómo entran y salen del Departamento de Estado, cómo entran y salen de las oficinas policíacas, cómo entran y salen de los arsenales imperialistas, cómo entran y salen de los palacios de los cardenales.
¡Qué distinta es la Revolución del pueblo, y la contrarrevolución de los millonarios!
Cuando nosotros fraguábamos nuestros planes, no contábamos más que con un solo factor. Nuestras armas eran muy escasas, nuestros recursos eran nulos. Nosotros contábamos y poníamos nuestra fe solamente en el pueblo.
“No hay armas, no hay armas. Las armas están en manos de los soldados de la tiranía; los tanques, y los aviones y las naves de guerra, están en manos de la tiranía. No hay recursos, los recursos están en manos de la tiranía, ¡pero hay pueblo, y eso es lo que importa! Hay pueblo, y no importa siquiera que el pueblo no tenga armas; el pueblo sabrá arrebatarles las armas a sus enemigos. No hay armas, pero hay razón; no hay armas, pero hay propósitos patrióticos; no hay armas, pero hay moral, hay valor y hay dignidad” .
Y con esa convicción cruzamos silenciosamente, navegando miles de kilómetros, las aguas del Golfo de México y del Caribe, para arribar a las costas de nuestro país.
¡Qué distinta actitud la de los contrarrevolucionarios! Ellos no tienen, ni pueden tener, fe en el pueblo. ¿En quién ponen la fe? En el Pentágono yanqui, en el gobierno imperialista, en los monopolios extranjeros, en los esbirros , en los mercenarios , en los curas , en los latifundistas (EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón!”,“¡Para los curas paredón!”, que solo son acalladas con las notas del Himno Nacional).
Los propósitos son, por supuesto, bien distintos. Nosotros veníamos con la mente puesta en los intereses del pueblo; nosotros veníamos con el pensamiento puesto en los campesinos explotados; nosotros veníamos con la mente puesta en los trabajadores de nuestro país; nosotros veníamos con la mente puesta en los intereses nacionales, nosotros veníamos con el sueño de ver un día a nuestro país libre de los monopolios extranjeros; nosotros veníamos con el sueño puesto en ver un día levantarse nuestra bandera con entera dignidad, con aquella dignidad con que no pudo izarse el 20 de mayo de 1902, porque los yanquis vinieron a imponernos la Enmienda Platt y el derecho de intervención; veníamos con el pensamiento puesto de ver un día a nuestra patria soberana; veníamos con el pensamiento puesto en un pueblo como este, en un pueblo que se supiese dueño de sus destinos; veníamos con el pensamiento puesto en el día en que de nuestro país se pudiese erradicar para siempre el robo, el pillaje, la politiquería y la corrupción; veníamos con el pensamiento puesto en la idea de ver un día imperar la justicia en nuestra patria; veníamos con el sueño de un país donde se acabara la explotación, se acabara el abuso, se acabara el hambre y se acabara el crimen (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel!”); veníamos con el sueño de ver un día a los campesinos convertidos en personas, a los obreros convertidos en personas, a los negros convertidos en personas, a los pobres convertidos en personas; con el sueño de ver un día a los hijos de nuestros campesinos convertidos en personas , con derecho a tener un maestro, con derecho a tener un médico, con derecho a tener pan; veníamos con el sueño de poder decir un día que todos los centrales azucareros pertenecían al pueblo cubano , que todas las refinerías pertenecían al pueblo cubano, que todos los trenes y los servicios públicos pertenecían al pueblo cubano, que todas las minas pertenecían al pueblo cubano, que todas las grandes industrias pertenecían al pueblo cubano, que todos los latifundios pertenecían al pueblo cubano, y que los cubanos éramos dueños de nuestra tierra, de nuestra riqueza, de nuestros recursos (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, seguro, a los yanquis dales duro!” y otras consignas revolucionarias que tienen que ser acalladas con las notas del Himno Nacional).
Nosotros navegábamos hacia nuestro país con el sueño de acabar un día el hambre y el desempleo en nuestra patria, con el sueño de que todos los cubanos sin excepción supiesen leer y escribir, con el sueño de que los hijos de cualquier familia tuviesen acceso a los centros de enseñanza y a las universidades, con el sueño de que los hijos de los obreros y de las familias humildes de nuestro pueblo...
(SON LANZADOS UN GRUPO DE GLOBOS SOBRE EL PÚBLICO)
Yo creo que el pueblo le hace más caso a los globos estos que a las amenazas del imperialismo. Hablábamos de las diferencias entre los revolucionarios y los contrarrevolucionarios, de la distinta actitud de unos y de otros; hablaba de lo que nosotros traíamos en nuestras mentes cuando veníamos hacia Cuba, y, sin embargo, ¿qué traen en sus mentes los contrarrevolucionarios? Absolutamente todo lo contrario.
Los contrarrevolucionarios no vienen pensando en la soberanía nacional, no vienen pensando en situar nuestra bandera en un lugar más alto, no; ellos vienen pensando en poner nuestra bandera como antes, ni siquiera a media asta, sino en la base del asta.
Como antes, en la época de la intervención y de la Enmienda Platt, ellos no vienen pensando en la soberanía de nuestro país, sino pensando encaramarse en el poder con la ayuda de sus amos, como lo han hecho siempre los títeres, para servir sus órdenes. Ellos no vienen pensando en enseñar a leer y escribir a todo el mundo, no; ellos vienen pensando en que mientras más bruto, mientras más ignorante, mientras más analfabeto sea un ciudadano, más fácil víctima de la explotación.
Ellos no vienen pensando en poner un maestro en cada rincón de las montañas, en construir un centro escolar en cada pueblo; ellos no vienen pensando en darles becas a los hijos de los obreros para que estudien en los institutos y en las universidades, no. Ellos no vienen pensando en darles tierras y empleo a los campesinos, ellos vienen pensando en todo lo contrario; ellos vienen pensando en que en las universidades deben estudiar nada más que los hijos de los ricos, de que en los institutos no deben tener acceso los hombres humildes del pueblo; en que un hombre negro no puede ir a un círculo social, no puede ir a determinados sitios, porque son sitios exclusivísimos para la aristocracia blanca y esclavista; ellos vienen pensando en devolverles los centrales azucareros a las compañías yanquis, en devolverles las refinerías a los monopolios yanquis; en devolverles las fábricas a los propietarios yanquis, ellos no vienen pensando en darle una casa a cada familia, sino en obligar a cada familia a pagar aquellos alquileres que pagaban antes, y a devolverles las casas a los propietarios antiguos.
Ellos no vienen pensando en un pueblo armado. ¿Pueblo armado?, jamás. Los explotadores siempre han temido a los pueblos, y mucho más a los pueblos armados. Un pueblo armado no puede ser explotado, un obrero armado no puede ser explotado, un campesino armado no puede ser explotado; el obrero y el campesino son explotados cuando tienen frente a él un ejército profesional, dedicado exclusivamente a prepararse para mantener el miedo en el pueblo. Ellos no vienen pensando en librar al pueblo para siempre, como lo ha librado la Revolución, del miedo a la fuerza; ellos vienen pensando en imponer de nuevo el miedo a la fuerza, como base para cometer todas las inmoralidades y todos los abusos que cometían con el pueblo; ellos no vienen pensando en abrir las playas ni los centros de recreo al pueblo, sino a cercarlos de nuevo otra vez para que allí nada más puedan ir unos cuantos; ellos no vienen pensando en acabar el desempleo, no, porque cuando hay mucho desempleo entonces siempre sobra la gente para trabajar en el campo por un peso, para cortar caña por salarios de miseria.
La Revolución tiene que llamar al pueblo a cortar caña voluntariamente, porque faltan brazos. Antes, cuando llegaba la zafra, decenas de miles de hombres que no tenían empleo durante todo el año iban allí a ganarse un salario durante unas cuantas semanas. Hoy, al abrirse enormes extensiones de tierra al trabajo y al cultivo, cientos de miles de hombres han encontrado empleo permanente, y entonces es necesario movilizar a los obreros para que voluntariamente vayan, en sus ratos de ocio, en estos tiempos de zafra a cortar caña, debe movilizar a los estudiantes... . ¿Por qué? ¡Ah!, porque no sobran brazos, sino que faltan brazos.
A los latifundistas les convenía esa masa de hombres sin trabajo, porque tenían asegurado el trabajo barato para cultivar sus tierras. Ellos no vienen pensando en la preocupación de darle un pedazo de pan a cada boca, no; ellos vienen, como siempre, pensando en enriquecer a los privilegiados y que el pueblo pase hambre, como pasaba hambre el pueblo, ese pueblo donde había cientos de miles de desempleados y donde hay que estar llamando hoy muchas veces a los trabajadores voluntarios, por falta de brazos.
¡Ah! Ese pueblo, ese pueblo que muchas veces carecía de lo más elemental, porque ahora faltan algunas cosas, sí, pero sobre todo faltan aquellas cosas que eran del uso y disfrute de una minoría, exceptuando ciertos artículos que escasean con motivo de la agresión y del bloqueo imperialista. ¿Qué le importa a un campesino de la Sierra Maestra que no haya Cadillac?; ¿qué le importa al pueblo que no haya confituras importadas del extranjero?; ¿qué le importa al pueblo que no haya muchos objetos de lujo?
Naturalmente que la agresión y el bloqueo están imponiendo escasez de algunos artículos que el pueblo necesita también. Pero el pueblo sabe que eso es consecuencia de la agresión yanqui; el pueblo sabe que nuestra economía era una economía subdesarrollada y atrasada, que ellos habían organizado esta economía como economía dependiente por entero del mercado yanqui; cómo hasta los tornillos más insignificantes de nuestras fábricas venían de Estados Unidos, las máquinas venían de Estados Unidos, las materias primas y los repuestos venían de Estados Unidos; el pueblo sabe cómo nuestro país había sido obligado a comerciar con un solo mercado, y cómo de repente fue despojado nuestro pueblo de ese mercado tradicional; cómo en venganza de las leyes justas de la Revolución, de esas leyes que han acabado con el hambre y el desempleo en nuestros campos, de esas leyes que acabaron con el espectáculo de los guajiros viviendo en las guardarrayas, de esas leyes que acabaron con el espectáculo de los campos sin hospitales, sin caminos, sin escuelas, de esas leyes que acabaron con la explotación, de esas leyes que acabaron con la discriminación, de esas leyes que acabaron con el imperio del monopolio, de esas leyes que acabaron con la humillación y de esas leyes que acabaron con una gran parte de los sufrimientos de nuestro pueblo, y cómo en venganza y solo en venganza, y para impedir que nuestra Revolución se convirtiera en un ejemplo, se ensañaron contra nuestro país despojándolo abruptamente de ese mercado, a un país que había atravesado siete años de tiranía, que fueron siete años de robo, siete años de derroche de nuestras reservas, y a un país que había llegado al final de la guerra prácticamente sin reservas monetarias, y que dependía por entero de los ahorros que realizara.
Y cuando el Gobierno Revolucionario elevaba día a día sus reservas para la industrialización del país, como todos sus cálculos habían fracasado, como la reforma agraria no llevaba a la ruina, sino que aumentaba la producción, entonces acudieron al procedimiento criminal y cobarde, propio de los regímenes imperialistas y reaccionarios, de suprimirle, arrebatarle el mercado del cual dependía no por culpa de nosotros, sino por culpa de ellos; de suprimir las exportaciones a nuestro país, para dificultar el funcionamiento de las industrias cuya materia prima y cuyas piezas de repuesto procedían de las fábricas norteamericanas. Y no se puede concebir peor y más cobarde y más criminal ataque contra la economía de un país que luchaba tesonera y honradamente por un porvenir mejor, que luchaba tesonera y honestamente por mejorar aquellas condiciones terribles de vida en que nos habían colocado.
El pueblo sabe a qué se deben esas escaseces, y el pueblo sabe que la agresión imperialista tenía, precisamente, ese objetivo, para tratar de obligarnos a ponernos de rodillas ante ellos (EXCLAMACIONES DE: “¡Nunca!”) ¡Creyeron que nos iban a poner de rodillas, sin comprender que —como dijera nuestro inolvidable Camilo Cienfuegos — de rodillas nos pondríamos solamente delante de nuestros muertos heroicos para decirles que hemos cumplido con el deber! , para someter a un pueblo por la violencia de la agresión económica y para someterlo por todos los medios, porque el imperialismo no puede tolerar, no puede resistir, el espectáculo de un pueblo puesto de pie como se ha puesto nuestro pueblo; el imperialismo no puede resistir ni puede tolerar la idea de que un pueblo se alce con su dignidad y con su soberanía; el imperialismo no puede resistir la idea de un pueblo latinoamericano libre, ni gobiernos independientes, porque los imperialistas estaban acostumbrados a gobiernos sometidos y a pueblos esclavizados; el imperialismo no puede acostumbrarse a la idea de que de la noche a la mañana desaparecieran de un país de América sus latifundios, sus monopolios, sus bancos y sus propiedades, propiedades que habían adquirido a base de las concesiones y de las prebendas de los gobiernos sometidos, para dominar la economía de nuestro país.
El imperialismo creía que amenazando con quitarnos la cuota azucarera nos iba a doblegar; el imperialismo creía que con la agresión económica nos iba a rendir; el imperialismo creía que bloqueando el envío, la importación de materias primas y de piezas de repuesto, iba a vencer a nuestro país; el imperialismo creía que nuestro pueblo se acobardaría y que nuestro pueblo se sentiría atemorizado ante las consecuencias que la agresión implicaría para él. Y es cierto que la agresión imperialista significará, inevitablemente, sacrificios para nuestro pueblo; pero nosotros sabemos que esos sacrificios son el precio de llevar la frente en alto, son el precio de poder mirarlos frente a frente, y decirles, con todo su poder: ¡No lograrás jamás vencerme!
Es el precio de que no nos vuelvan a poner otra vez el yugo sobre nuestros cuellos; es el precio de que no puedan volver jamás a humillarnos ni a despreciarnos.
Y esos sacrificios no llegarán tan lejos, y esos sacrificios el imperialismo se los impondrá, más que al pueblo, a sus aliados. ¿Quiénes?: los reaccionarios, esos que se pasan el día rezando para que los imperialistas vengan; esos que se pasan el día suspirando porque lleguen los extranjeros a devolverles sus privilegios.
El pueblo podrá verse privado de algunos artículos, pero primero se verán privados los parásitos de esos artículos. Cuando haya que establecer alguna restricción, tomaremos medidas para que el que trabaja, el que produce, reciba su parte primero que aquel que no hace nada ni produce nada. Y estamos estudiando esos problemas de abastecimiento, para garantizar que en cualesquiera circunstancias las restricciones no sean restricciones para el pueblo, sino restricciones, primero que nada, para los holgazanes. Y lo que conseguirán es que la Revolución se radicalice más; y, si no quieren caldo, ¡tendrán tres tazas!; y, si no quieren Revolución, ¡tendrán Revolución multiplicada por dos! ; si no quieren Revolución, ¡tendrán algo más que Revolución y media aquí en nuestro país!
¿Qué quieren los imperialistas, que no haya Revolución en Cuba?, ¡pues habrá mucha más Revolución de lo que se imaginan!; si eso es lo que no quieren, ¡eso es lo que tendrán aquí de sobra, sin que lo puedan impedir!; si lo que quieren es volver a poseer nuestras riquezas, ¡lo que no va a quedar es ni el recuerdo de que fueron de ellos una vez!; y si quieren destruir nuestras riquezas, no podrán destruirlas, y a los que les sirvan de instrumento para sabotear nuestras riquezas (EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón!”), no les va a quedar la oportunidad de hacer el cuento . Y si pudieran llegar a destruir nuestras riquezas, eso es muy distinto a volver a recobrar nuestras riquezas; destruirlas sí, pero recobrarlas ¡jamás!; y los malvados criminales que les hacen el juego, los malvados mercenarios que vendieron su alma a los enemigos de la patria, que se quiten la ilusión de que podrían recuperar aquí un solo ladrillo en pie, porque, de recuperar ¡nada!, de volver aquí a encontrar un solo pedazo de ladrillo entero ¡nada!, de volver a encontrar un solo tornillo entero ¡nada!
Se hacen ilusiones. Es inconcebible que no comprendan que es imposible; que no comprendan que aquí no existe para ellos la menor oportunidad de recobrar lo perdido; que no comprendan la decisión de nuestro pueblo; que no comprendan que aquí la lucha podría empezar contra la Revolución, lo que no se terminaría nunca, nunca, ni en los campos, ni en las ciudades; y que, en cuanto pongan un pie aquí — pie que seguramente no van a poner los Miró Cardona y compañía (EXCLAMACIONES DE: “¡Fuera!”), porque esos se van a quedar con las manos recostadas sobre el ombligo, esperando a ver qué pasa, esos, por supuesto, no se van a montar en ningún barquito, porque esos saben lo que hacen, perfectamente bien—, en cuanto pongan un pie, el día que sea, lo mismo hoy, que mañana, que dentro de un mes, que nosotros hemos tenido que vivir perennemente bajo la amenaza, cualquier día que sea, ¡van a comprobar la furia con que les va a caer el pueblo encima!
Ese día, quizás, se convenzan de unas cuantas cosas que no pueden comprender hoy. Se imaginan que con unos cuantos millares de mercenarios, a los que tienen encerrados desde hace una serie de meses, pueden enfrentarse a los obreros y a los campesinos armados. Ellos, naturalmente, desprecian al obrero y desprecian al campesino; ellos se imaginan que no podrían resistir a sus bandas de mercenarios entrenados por el Pentágono, y hasta que no lo vean, hasta que no los vean hechos polvo, quizás no se convenzan de ello.
Ellos son los que se han buscado ese lío, ellos son los que se han buscado ese dolor de cabeza; ellos son los que se han buscado ese tremendo compromiso, ellos son los que se han metido en ese callejón sin salida, y que no tiene otra salida que el paredón (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón!, !Paredón!”).
Con apoyo interior no podrán contar, porque las bandas que trataron de organizar están aniquiladas, las armas están en nuestras manos, los batallones de milicianos han aumentado extraordinariamente, los batallones de tanques y de artillería han aumentado también considerablemente, y la fuerza de la Revolución ha crecido, y el espíritu de la Revolución se ha fortalecido, y el pueblo está preparado para todas las contingencias, y a los hombres y las mujeres que están dispuestos a dar su vida en los frentes de combate , no les importan los sacrificios que deban hacer ni las cosas de que tengan que privarse.
Vamos a suponer que no pudiéramos ir al cine, porque no hay películas: pues bien, ¡nos estamos el tiempo que sea necesario sin ir al cine! Vamos a suponer que nos falten algunos artículos, o que tengamos escasez de algunos artículos, vamos a suponer que tengamos escasez de algunos de esos artículos, cuatro, seis, ocho o diez artículos: pues, no importa, ¿van a asustarnos con escasez de artículos? ¿A quién van a asustar con escasez de algunos artículos, a un guajiro que nada más trabajaba tres meses al año?, ¿a un desempleado, que carecía de esos y de todos los demás? ¿Qué creen?, ¿que nos van a cambiar la soberanía nacional por un pedazo de jabón, o por unas cuantas piezas de repuesto de automóviles, o por unas cuantas películas de Gary Cooper o de Marilyn Monroe?
Cuestiones fundamentales que no deben faltar aquí: medicinas, alimentos, ropa, zapatos, libros y centros de recreo para el pueblo. Por mucho que ellos bloqueen, la Revolución le puede garantizar al pueblo esos elementos básicos: medicina, ropa, zapatos, alimento, educación y recreo.
No quiere decirse que vayan a faltar todas las películas, no, pero que se pueda observar alguna escasez. Y así, porque nosotros debemos restringir las divisas que tenemos, para las cuestiones fundamentales, mientras el país avanza en su desarrollo económico, mientras se establecen las plantas metalúrgicas y mientras se establecen las plantas industriales que nos permitan producir aquí toda una serie de artículos que hoy tenemos que importar, limitaremos nuestros gastos de divisas a las cosas más estrictamente necesarias.
Algunos artículos importantes que puedan faltar, y de los cuales no tengamos la totalidad, trataremos de evitar la especulación y el desorden, y antes de que ocurran esos desórdenes, mediante los cuales alguien compre para seis meses, y otros se queden sin nada, estamos dispuestos a racionar aquellos artículos para garantizar al pueblo...
Así que todo el mundo recordará que durante la guerra escaseaban muchos artículos, la última guerra mundial; en aquella época vivía nuestro país dedicado a producir azúcar, para que a los yanquis no les faltara nuestra dulce azúcar. Y ahora, el gobierno de los yanquis se empeña en que en este país, que durante dos guerras le sirvió de fuente de abastecimiento de un alimento tan importante como el azúcar, nos falten determinados artículos. ¿Para qué? Para imponernos aquí a los esbirros, para imponernos a los criminales de guerra, para imponernos a los “sesudos” y a los “panzudos” esos que tienen allí a su servicio.
Es decir que todos ustedes y todos nosotros tengamos que aceptar que aquí, en esta mesa, de dirigentes obreros revolucionarios nos pongan a Mujal y nos pongan a toda la camarilla de asesinos; tengamos que aceptar que le quiten los fusiles al pueblo y se los vuelvan a dar a los esbirros; tengamos que aceptar que nos aumenten ciento por ciento el alquiler otra vez, y tengamos toda la vida que estar pagando casa. Es decir que tengamos que aceptar que al pueblo le estén robando descaradamente todos los días, y unos cuantos señores estén engordando y estén enriqueciéndose a costa del pueblo.
Claro, nuestro país en las épocas de guerra fue el abastecedor, y ahora cuando nuestro país lucha por progresar ahí tenemos a los peores enemigos, a los que quieren que nuestro pueblo se vea privado de muchas cosas. Ellos creen que con eso van a poner al pueblo a implorar que vengan los yanquis con sus esbirros.
Y esos son los hechos: imponerle al pueblo privaciones. No importa; aquí hay una cosa: si nos vemos obligados a pasar privaciones, no serán privaciones para unos y para otros no. ¡Parejo por igual!, ¡por igual! Pero pasaremos los años de crisis y pasaremos los años de privaciones. Los contrarrevolucionarios deben saber que, efectivamente, el bloqueo imperialista ha hecho posible la escasez de algunos artículos, pero hay algo que no escasea aquí, hay algo que abunda, ¡y son balas de todos los tipos para los contrarrevolucionarios! Ese artículo no estará racionado nunca, y los contrarrevolucionarios recibirán grandes cantidades de ellas cada vez que las deseen. Nosotros nos sometemos a las privaciones que sean necesarias, pero ¡no nos someteremos jamás al yugo yanqui!; ¡no nos someteremos jamás a los gángsteres del imperialismo!; no nos someteremos más a los ladrones, a los criminales, a los explotadores, a los discriminadores y a los mercenarios.
Haremos cuantos esfuerzos estén en nuestras manos para que el pueblo tenga ropa, zapatos, pan, educación, medicinas y recreo. Es decir que esas cosas no faltarán: ¡Pan, medicinas, ropas, zapatos, educación y recreo! Podrán faltar algunos artículos, pero sobrará trabajo para todo el pueblo; sobrarán escuelas, y maestros y libros para todo el pueblo; sobrarán centros de recreo y de deportes para todo el pueblo; sobrarán becas para estudiantes hijos de familias humildes; sobrarán playas y centros de distracción.
¿Y el pueblo tenía todo eso? ¿Todo el pueblo lo tuvo siempre? No. Una parte del pueblo lo tenía, y la Revolución aun sin las épocas de crisis, no podrá garantizar ciertos lujos, sin embargo le garantizará al pueblo la seguridad de su Revolución, la seguridad de su libertad, la seguridad de su dignidad y la seguridad de su destino. La Revolución brindará al pueblo esas oportunidades, aun en los años duros.
¿Por qué no faltará el pan? Por el extraordinario desarrollo de nuestra producción agrícola. ¿Por qué no faltará la ropa? Porque ya el año que viene estaremos produciendo el total del algodón que se necesita para nuestros vestidos. Y aquellos recursos de que disponemos, los emplearemos: medicina, en primer lugar; materias primas para las fábricas, en segundo lugar; alimentos de importación, en tercer lugar, porque debe saberse que ya la Revolución está produciendo virtualmente la mayor parte de los alimentos que antes se importaban.
Las grasas no las estaremos produciendo para el total consumo, hasta finales del año próximo. Se está desarrollando un plan gigantesco de producción de grasas; incluso, algunos artículos que nos puedan faltar, nos faltarán pasajeramente, ¡y no faltará la totalidad!; habrá escasez, pero lo que dispongamos lo distribuiremos con orden. Ya idearemos la forma para que se acaben todos los truquitos y todas las burlas.
Y en esta época en que nos faltarán algunos de esos artículos, en cambio se incrementará la educación, se incrementará el desarrollo cultural, se incrementarán los deportes, se incrementarán los centros de recreo, y se incrementará el trabajo. Es decir, habrá más empleo, habrá trabajo virtualmente para todo el pueblo.
Y aunque haya una parte que antes podía recibir de todo mientras una gran parte no recibía de nada, ¡hoy todos recibirán algo! , hoy todos recibirán lo fundamental. Y mientras tanto, seguiremos mirando de frente a los imperialistas, y riéndonos de ellos; seguiremos confiados en el destino de la patria, ¡siempre de frente, siempre de pie y siempre firmes!
Y los imperialistas verán un pueblo que ríe de sus agresiones, verán un pueblo que ríe de sus amenazas, verán un pueblo que ríe de sus bloqueos, y verán un pueblo que sabe tratar debidamente a sus mercenarios y a sus terroristas, ¡y a sus terroristas se los vamos a exterminar! ¿La Revolución se ha caracterizado, acaso, por la drasticidad? No, no se ha caracterizado por eso, pero tampoco se ha caracterizado por su debilidad. La Revolución se ha caracterizado por su firmeza, y por tomar las medidas que sean necesarias, cuando sean necesarias.
¿Que se empeñan en introducir explosivos aquí?, ¿que se empeñan en alquilar mercenarios?, ¿que se empeñan en destruir fábricas? Pues que sepan que no hay más que una palabra para los terroristas: aniquilamiento, exterminio de los terroristas. Es un deber del pueblo y es, además, un derecho del pueblo exterminar a los criminales que, al servicio del imperialismo, quieren destruir nuestras fábricas, quieren destruir las vidas de los hombres y mujeres, jóvenes y niños de nuestro pueblo.
Ellos podrán segar alguna vida, podrán destruir alguna fábrica, pero recibirán el castigo que se merecen, y se cumplirá con ello aquello de que “el que a hierro mata a hierro muere” . Y nadie, nadie, se apiadará de los terroristas, nadie se apiadará de los traidores, nadie se apiadará de los mercenarios, nadie se apiadará de los vendepatrias, y el pueblo será duro con ellos, duro con ellos, como son ellos y los imperialistas duros con el pueblo; y si ellos son duros con el pueblo, y si ellos son despiadados con el pueblo, si ellos no se conduelen ante la vida inocente que puedan segar, si no se conduelen ante la destrucción criminal de las riquezas que producen los obreros con su trabajo honrado, el pueblo no se condolerá de ellos, el pueblo no se apiadará de ellos, ¡el pueblo será duro con ellos! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE DISTINTAS CONSIGNAS REVOLUCIONARIAS QUE TIENEN QUE SER ACALLADAS CON LAS NOTAS DEL HIMNO DEL 26 DE JULIO).
¿Quiénes son los que se quejan? Se quejan los débiles, se quejan los cobardes, se quejan los que no están acostumbrados a pasar sacrificios. Esos son los que estarían dispuestos a cambiar su dignidad y su patria por cualquier ventaja material.
Los verdaderos revolucionarios, los hombres y las mujeres que tienen espíritu de sacrificio, los que han pasado trabajo, aquellos para quienes la vida no fue un regalo, porque para muchos la vida fue un regalo siempre, sin tener que trabajar, sin tener que saber lo que era levantarse todas las mañanas para ir a ganarse el pan... Hay muchos para quienes la vida fue siempre comodidad, holgura y regalo; esos no tienen una fuerte conciencia, esos son los que por lo general se quejan cuando algo les falta. Y en su queja va implícito su espíritu entreguista, en su queja va implícito su espíritu cobarde, en su queja va implícita su disposición a rendirse. El país, como una trinchera cercada por los enemigos, debe mantener alto ese espíritu de dignidad y de sacrificio, de entereza y de firmeza; y como en una fortaleza rodeada, los pesimistas son enemigos, los derrotistas son enemigos; en una fortaleza rodeada el derrotista sirve al enemigo, el que se queja sirve al enemigo.
Cuba es hoy como una fortaleza rodeada por el imperialismo, defendida por un pueblo heroico, y los heroicos defensores de esta fortaleza, ni se venden ni se rinden; los heroicos defensores de cualquier fortaleza pasan hambre, pasan frío, pasan sed, pero no rinden su bandera. Y Cuba es hoy la fortaleza de la dignidad de América; Cuba es hoy la fortaleza de la esperanza de América; ¡Cuba es hoy el bastión invencible de la justicia y de la Revolución de América! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Fidel, Fidel!”, “Fidel, seguro, a los yanquis dales duro”, y otras consignas revolucionarias).
Nuestra patria es hoy la fortaleza de los campesinos de América, de los obreros de América, de los humildes de América. ¡Y en esta fortaleza no queremos derrotistas ni cobardes que quieran entregar la bandera al enemigo que nos cerca! ¡Esta fortaleza no se rendirá, esta fortaleza sabrá resistir el tiempo que sea necesario, porque la defenderán hasta la última gota de su sangre los hombres y las mujeres dignos de esta tierra!
Por eso hay que templar el espíritu, hay que acerar el corazón del pueblo, y que los que no comprendan esto, sepan lo que es esto, sepan la fortaleza que es hoy la Revolución y la patria cubana, y la fe que nuestro pueblo tiene en la victoria, la seguridad que tiene nuestro pueblo en su destino, seguridad y fe que le nacen en la conciencia de saber que tenemos razón, que defendemos lo justo y que estamos en nuestro derecho.
¡Movilicémonos para el 1º de Mayo!, ¡movilicémonos con el entusiasmo de hoy en todos los centros de trabajo, en todos los pueblos y en todos los campos de nuestro país!; ¡movilicémonos en las cooperativas, en las granjas del pueblo, en las asociaciones campesinas, en los centros de estudio, en las asociaciones femeninas, en las asociaciones juveniles!; ¡movilicémonos en nuestras unidades de combate!, y preparémonos para la gran fiesta del 1º de Mayo, para la gran fecha del 1º de Mayo, para que los enemigos de la patria y para que los enemigos de la Revolución sepan lo que la Revolución ha crecido, y que no se hagan ilusiones por el puñado de traidores que ha desertado de las filas de la Revolución, que no se hagan ilusiones, que la Revolución ha crecido en fuerza, que la Revolución ha crecido en disciplina, que la Revolución ha crecido en organización, que la Revolución ha crecido en conciencia, que la Revolución ha crecido en poderío, que la Revolución es hoy más fuerte que nunca.
¡Movilicémonos para el 1º de Mayo, para que el próximo 1º de Mayo sea el 1º de Mayo más jubiloso y más entusiasta de los que hayamos vivido, que sea la movilización del 1º de Mayo la movilización más grande que hayamos tenido!
Los imperialistas acaban de publicar un “libro blanco”, y aparte de la respuesta cabal que el gobierno le dará al “libro blanco” imperialista, ¡démosle el pueblo, los obreros, los campesinos, los estudiantes, los jóvenes y las mujeres, démosle, el día 1º de Mayo, la respuesta que merece el “libro blanco” yanqui!:
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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