julio 10, 2012

Discurso de Fidel Castro en la clausura del Primer Congreso Revolucionario de la Federación Nacional de Trabajadores de Barberías y Peluquerías (1960)

DISCURSO EN EL ACTO DE CLAUSURA DEL PRIMER CONGRESO REVOLUCIONARIO DE LA FEDERACION NACIONAL DE TRABAJADORES DE BARBERIAS Y PELUQUERIAS, EFECTUADO EN EL TEATRO DE LA CTC
Fidel Castro
[7 de Junio de 1960]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Compañeras y compañeros:
Hoy se habían juntado todos los compromisos: la Opera de Pekín, la despedida del barco que parte para Chile, unas cuantas cosas más, y el congreso de ustedes, al que había prometido asistir; pero debido a los demás compromisos, algunos, como el del barco, hubo que posponerlos para mañana. Y por eso he llegado a esta hora, que es ya por cierto bastante tarde.  Sí, es tarde... Después todo el mundo me dice, con razón, al otro día por las calles, que yo debo hablar un poco más temprano.  Y a veces hemos exagerado un poquito, como aquella ocasión en un congreso que terminó a las 6:00 de la mañana.
Y esas cosas pueden pasar el primer año de la Revolución, pero ya la Revolución nuestra va siendo viejita, ya tiene más de un año. Yo sí creo que estamos empezando, pero ya camina, y camina sola. La Revolución propiamente no podrá envejecer, pero sí va adquiriendo madurez, a medida que gana en experiencia. Y por eso, algún día llegará también en que demos los actos a su hora, y que no se nos junten a nosotros todos los compromisos, porque de otra manera la Revolución podrá durar mucho, pero nosotros, los que la empezamos, no vamos a durar mucho.  Y por eso hoy —por eso, y además por estar un poquito cansados, para que no vayan a estar pensando que estoy inventando otras razones— voy a ser lo más breve posible.
Es esta la segunda ocasión en que nos reunimos con ustedes; la vez anterior fue en el Teatro Blanquita, y en aquella ocasión les dimos una tarea a ustedes. También estaban reunidos los empleados de comercio, que efectuaron su congreso hace unas semanas, y en aquella ocasión se juntaron ustedes con los empleados del comercio, y hablamos de la importancia que este sector tenía para la Revolución, ya que ustedes tenían un trato directo con el público, y además tenían que discutir mucho.
Cuando necesito obtener alguna información de lo que se discute y de lo que se habla en la calle, llamo a Adolfito, que es el que me pela —bueno, me pela cada vez menos— desde hace muchos años.  Y, bueno, tengo la ventaja de que él me pela a domicilio, porque cada vez que estoy apurado, lo mismo un domingo que un sábado, que cualquier día, llamo a Adolfito y él se aparece enseguida con su maletín. Y cuando quiero, siempre le pregunto qué cuestiones están en la calle, qué cuestiones están en el ambiente. A lo mejor yo le hago un mal servicio a Adolfito ahora con esto y cada vez que haya una queja se la van a dar a él; y eso se debe a que ustedes tienen un trato constante con el público.  Y es una cosa cierta que, tradicionalmente, donde más se conversa es en las peluquerías y en las barberías, pues las personas que tienen que...  Y recuerdo en los tiempos de la política, que siempre se estaba hablando de política en las barberías; me imagino que ahora se esté hablando siempre de revolución en las barberías, realmente.
Y hay dos públicos: a las barberías va todo el mundo, porque no le queda más remedio a todo el mundo que pelarse; y a las peluquerías no va todo el mundo, porque hay quienes no pueden ir a la peluquería por carecer de recursos, porque entra ya un poco más en... Aunque siempre, aunque sea una vez al año, hay en cada familia algo para ir a la peluquería también. Y se reúnen, fundamentalmente también, personas que no son muy afines a la Revolución.
Y yo sé que en las peluquerías las compañeras tienen grandes discusiones defendiendo a la Revolución, y convenciendo, en ocasiones, a personas que no van a poder convencer de ninguna manera, pero que hacen bien en tratar de convencerlas, o por lo menos, salirles al paso cuando critican a la Revolución.
De esa forma, el sector de ustedes tiene, desde el punto de vista revolucionario, una gran importancia. No es que la estemos exagerando, sino que tiene ciertamente una gran importancia, porque tienen que estar constantemente, o tienen la oportunidad de estar constantemente haciendo algo por la Revolución, al mismo tiempo que trabajan. Y la Revolución necesita que constantemente esté defendida, necesita que constantemente les salgan al paso a los que la atacan, a los que la critican sin razón.  E incluso cuando la critican con razón, ver si el que la critica es un revolucionario o es un contrarrevolucionario, porque un revolucionario tiene derecho a hacerle una crítica a la Revolución, un contrarrevolucionario no tiene ningún derecho a hacerle críticas a la Revolución, porque la quiere destruir.
Y por eso, porque yo sé que la Revolución tiene entre ustedes los más constantes defensores, es por lo cual contamos con este sector como uno de los sectores que más está luchando por la Revolución. Ustedes tienen la tarea de mantener constantemente la lucha en la calle, porque lo único que no se puede hacer en una revolución, como en una guerra, es dejar de contestar el fuego del enemigo. En la revolución, como en la guerra, cada ataque tiene que tener su riposta, cada agresión tiene que tener su riposta.
No importa que la Revolución esté fuerte, ni importa que el pueblo, en su inmensa mayoría, la esté respaldando; la Revolución necesita de toda su fuerza, y tiene que defender cada átomo de su fuerza, porque esa fuerza la necesita para defenderse, la necesita para defender al país, la necesita para seguir adelante, y, sobre todo, porque quedan todavía muchas luchas por librar.
La Revolución ha marchado bien hasta hoy, la Revolución ha logrado grandes triunfos.  La obra creadora de la Revolución se observa ya en todas partes, se observa en los campos, en las cooperativas, en los pueblos que se están haciendo, en el desarrollo de la producción agrícola en general, en los miles de nuevas aulas que se han creado —que en muchas ocasiones no es un aula, es un maestro que ha llegado y se ha puesto a dar clases en un bohío—; la obra de la Revolución se ve ya en esas grandes fortalezas donde hoy se reúnen miles de niños; la obra de la Revolución se ve a través de todos los trabajos de calles, de carreteras, de vías de comunicación que se están haciendo; la obra de la Revolución se ve en las playas públicas de las cuales están funcionando ya 28 este mismo año.
Y esa obra es lo que pudiéramos llamar la parte material. Porque la Revolución tiene su gran parte de carácter espiritual, la Revolución que se ha efectuado en el espíritu del pueblo, las instituciones que crecen, hechos como el de los soldados trabajando por millares, haciendo escuelas, haciendo viviendas; las Brigadas Juveniles de Trabajo Revolucionario, cuyas vanguardias están ya en la Sierra Maestra y que llegarán a constituir en un período de dos o tres años una fuerza juvenil de cerca de 80 000 jóvenes, de los que hoy están sin trabajo y no tienen escuelas, porque las escuelas nuevas que se están haciendo van a beneficiar, naturalmente, a los de menos edad. Había toda una generación de jóvenes entre los 12, los 14 y los 18 años que no habían tenido oportunidad de aprender algún oficio, ni habían tenido oportunidad de estudiar ni tenían trabajo, y que hoy van a constituir una fuerza, no solo una fuerza social, una fuerza productiva, porque, dedicados a las siembras de árboles frutales y forestales en todas esas zonas que no son aptas para los cultivos, esos muchachos producirán riquezas para la nación que en 10 años, en madera solamente, tendrá un valor equivalente a 10 zafras completas. La obra de la Revolución se ve también en las ciudades escolares que se están haciendo, en los hospitales que se están haciendo. Y en fin, cada día se verá más esa obra, porque cada día hay más organización, porque muchas de esas obras han necesitado ser planeadas y proyectadas. Y nosotros tenemos la seguridad de que se ha marchado hacia adelante en medio de los obstáculos, con éxito grande.
Nos tocó el país arruinado, nos tocó recibir las reservas en el índice más bajo que habían tenido en los últimos años, nos tocó un precio bajo en el azúcar el año anterior. Y sin embargo, a pesar de todos esos obstáculos, a pesar de que, dependiendo nosotros del azúcar como artículo fundamental, nuestros mercados se habían perdido, porque la política azucarera la dirigía un grupo de magnates que no les importaba para nada la economía nacional. Y lo que les importaba era especular, lo que les importaba era ganar más dinero sin importarles los que trabajaban en la industria o en las dependencias que había de la industria; a pesar de esas circunstancias adversas, a pesar de que la guerra destruyó muchos caminos y destruyó puentes, y la zafra se había retrasado; a pesar de que fue necesario organizar todo el Estado; a pesar de que fue necesario sustituir una parte grande de los funcionarios del Estado y sustituirlos por hombres nuevos, por personas que en muchas ocasiones no tenían la menor experiencia, y hasta acaso, también, por personas que no tenían tampoco ningún mérito; a pesar de todas esas dificultades que la Revolución hubo de atravesar el primer año, a pesar de la campaña cruenta que se desató contra ella para desacreditarla y para aislarla; a pesar de las campañas contrarrevolucionarias que se promovieron en el país; a pesar de la actitud hostil y cada día más hostil de una nación poderosa como la de Estados Unidos, la de un gobierno más que una nación, porque ha sido el gobierno el que ha promovido esa hostilidad, y los grandes intereses económicos los que han promovido esa hostilidad creciente contra nosotros; a pesar de esa hostilidad creciente por parte de un gobierno poderoso y de intereses que habían sido los que habían estado influyendo en la vida nacional y amaestrando, por así decirlo, la conciencia nacional, que habían estado matando el espíritu nacional, que habían estado apartando cada vez más al pueblo cubano de sus virtudes cívicas, de su dignidad y de su patriotismo... Porque habíamos llegado ya al caso de que virtualmente hasta el espíritu nacional, que es el sentimiento con que los pueblos se defienden de intereses que traten de explotarlo, hasta ese espíritu lo habían mermado considerablemente.
Y no se puede negar la importancia que tenía para un pueblo pequeño que esos intereses poderosos que aquí habían campeado por su respeto, que aquí formaron la economía a su antojo, que la organizaron a su antojo, la manejaron a su antojo, y que hasta incluso habían escrito los libros de historia de nuestra patria y que, además, a través de películas, a través de revistas, a través de propaganda, a través de la moda y a través de todos los medios posibles habían estado influyendo en la mentalidad de nuestro pequeño pueblo.  Era, por tanto, digna de consideración la circunstancia adversa que implicaba una actitud hostil por parte de todos esos intereses contra el Gobierno Revolucionario. Porque ellos eran conscientes de la influencia que tenían en la mentalidad del pueblo; ellos eran conscientes de todas las siembras de mentiras y de falsedades que habían estado realizando durante muchos años, y ellos creían que podían apartar al pueblo cubano del Gobierno Revolucionario; ellos creían que por miedo o por engaño el pueblo cubano les habría de prestar más atención a los amos extranjeros, que a los hombres que habían luchado denodadamente junto al pueblo para librar a la patria de esos amos que fueron los que armaron las manos asesinas de los enemigos de la patria.
Ellos, que organizaron aquí aquel ejército, que lo instruyeron; ellos, que armaron las manos de los esbirros; ellos, que enviaron todas las bombas y las metrallas que se usaron contra el pueblo; ellos, que enviaron los tanques y los cañones con los cuales se mantuvo en el poder durante siete años sangrientos el tirano Batista; ellos, que tanta culpa tenían de las desgracias de nuestro país; ellos, que habían mantenido una economía de monocultivo en esta tierra; ellos, que habían mantenido a nuestra patria en estado de colonia; ellos, que tan gran número de culpas llevan sobre sus hombros de los males que ha padecido nuestra América, la América Latina, ellos creían que a ese mismo pueblo, valiéndose de la influencia que habían ejercido sobre él, y que todavía tratan de ejercer, aunque no con los frutos que esperaban, creían que podían apartar al pueblo de los dirigentes revolucionarios. Y se han encontrado la gran realidad de que las armas, que en otros tiempos se emplearon para someter gobiernos o impedir revoluciones, les fallaron esta vez. Y no solamente les han fallado esas armas, sino que les han fallado otras con las que trataban aquí de repetir la vergonzosa y criminal maniobra que llevaron a cabo contra el pueblo de Guatemala.
Ellos, que unas veces habían utilizado la agresión directa, como la que perpetraron contra Nicaragua, o las intervenciones abiertas como las que perpetraron en Santo Domingo y en Haití, y en más de una ocasión en nuestra patria, después que nos impusieron a través de turbia maniobra aquella enmienda alevosa, impuesta a un pueblo que peleó durante 30 años para conseguir su independencia y al que le habían dicho que “de hecho y de derecho era y debía ser libre e independiente” para imponerle después aquella enmienda, una vez que los soldados mambises habían ya entregado sus fusiles, reintegrándose a sus casas; ellos, que contra nuestros débiles pueblos, abusando de su poderío económico y militar, habían actuado con tanta injusticia y que tan diversos procedimientos habían empleado; que iban, como decía, desde la agresión directa hasta el golpe de Estado, a través de coroneles, que primero eran amaestrados en el Pentágono —porque allá les daban clases; allá, con el pretexto de defender ese mundo que es el mundo de sus monopolios y de sus intereses, amaestraban a los coroneles—, y que luego hacían trizas de las constituciones y se encaramaban en el poder mediante la fuerza, con la seguridad de que obtendrían el apoyo diplomático, y además el stock de tanques, de aviones y de metralla que requiriesen para mantener allí el imperio de oligarquías nacionales, asociadas a los grandes consorcios extranjeros.
Y cuando no era el coronel amaestrado el instrumento del golpe de Estado, utilizaban el procedimiento de dividir o utilizaban la agresión económica o cualquiera de entre los métodos variados con que cuenta el stock de la política del garrote que se ha empleado contra nuestros pueblos débiles de América.
Y todo eso, ensayado con más o menos éxito en otras partes, viene fracasando en nuestra patria, porque con coroneles amaestrados en Washington no podrán contar aquí, porque aquí hay comandantes que se educaron en los combates de las montañas ; con oficiales amaestrados por misiones militares no podrán contar aquí, porque las misiones militares hace año y pico que ya no tenían nada que hacer en nuestra patria ; con ejércitos mercenarios no podían contar aquí, porque hoy el ejército de la Revolución es un ejército de campesinos y de obreros, que no traicionarán jamás a sus compañeros de clase; con prensa mercenaria no podrán contar aquí, porque hace rato también que la prensa mercenaria, falta de subvención por parte del gobierno y falta de ambiente por parte del pueblo, ha caducado ya también; con partidos tradicionales de los que siempre consultaban la opinión de Washington, con políticos de aquel tipo, tampoco podrán contar aquí; con la división del pueblo tampoco podrán contar. Podrán contar solamente con unos pocos resentidos que no se resignan a renunciar a unos privilegios que ya han desaparecido para siempre; con unos pocos traidores de esos que puedan encontrar entre los que se vendan por 30 monedas. ¡Pero no más! Porque las patrañas y las maniobras que han usado contra otras naciones pequeñas y débiles de nuestro continente, han fracasado aquí, y ha fracasado la amenaza y ha fracasado la otra táctica del miedo porque se encontraron con otra cosa que tal vez no esperaban:  a un pueblo incólume, a un pueblo valiente que tiene la actitud de sonreírse ante las amenazas que se le hacen ; a un pueblo que, lejos de temblar, ríe, porque no tiene miedo (DEL PUBLICO LE DICEN:  “¿Miedo para qué?”) Y  han fracasado las amenazas, han fracasado los intentos de amedrentar al Gobierno Revolucionario, han fracasado los intentos de aislarnos de los pueblos de América.
El éxito extraordinario de nuestro presidente, en su recorrido por la América del Sur parece haberlos irritado, porque es una maniobra más que fracasa. Y entre las últimas está esa maniobra tan descarada, que consiste en presentarse ahora con el pretexto de Trujillo, cuando Trujillo ha sido su mejor amigo. Trujillo surgió de aquellas fuerzas de ocupación americana, Trujillo es un producto de los gobiernos norteamericanos, Trujillo fue sostenido por ellos en el poder, Trujillo ha estado ahí por ellos. Nunca se acordaron del pueblo dominicano, y ahora, cuando hubo una revolución en Cuba, se acordaron de Trujillo, en una maniobra que consiste en preparar un procedimiento que va primero contra Trujillo, sin que les importe Trujillo, pero que en último término es una preparación del expediente para aislar también a nuestra patria, aislar también a la Revolución Cubana y situar dos regímenes irreconciliables, como es el régimen de Trujillo y como es la Revolución Cubana; como para encerrarlos en el mismo vacío, en la seguridad de que nosotros jamás nos reconciliaremos ni podremos ser amigos de un régimen como el de Trujillo.  Pero la maniobra es esa: usar ese expediente farisaico e hipócrita, para seguir jugando la farsa de la seudodemocracia que pregonen y, con esa arma, volverla contra nuestra patria.
Pero no avanzan tampoco en ese orden, porque los pueblos de América son sensibles ya a las grandes realidades sociales, y a pesar de las miles de mentiras que se han escrito contra nuestra Revolución, a pesar de todos los cables de la UPI y de la AP, a pesar de todos los periódicos que están al servicio de esos grandes intereses, a pesar de que nuestra verdad se ha tenido que abrir paso por sí sola, los pueblos la vitoreaban y los pueblos pronunciaban con admiración y simpatía el nombre de Cuba y de su Revolución, ¡porque había podido más la verdad cubana que todos los esfuerzos que han hecho para difamarla y para aislarla! Van fracasando unas tras otras las maniobras y artimañas de que siempre se han valido para doblegar a nuestros pueblos de América Latina.
Y aquí se han encontrado un pueblo digno, un pueblo entero, un pueblo firme que, aunque pequeño, ha tenido toda la entereza necesaria para erguirse en defensa de sus derechos más sagrados, para rebelarse contra la imposición y la injerencia, para labrar su propio porvenir y ser definitivamente libre; se han encontrado con un pueblo pequeño, pero entero, contra el cual van fracasando todas las maniobras que han realizado.  Pero, sin embargo, nosotros sabemos que no nos dejarán en paz; nosotros sabemos que cada día estarán más agresivos contra Cuba; nosotros sabemos que las agresiones económicas contra nuestro país vendrán; nosotros sabemos que conspiran contra el Gobierno Revolucionario. Preparaban la conspiración cuando alentaban a los contrarrevolucionarios con sus campañas, cuando llevaban a los criminales de guerra al Senado de aquel país; pero nosotros sabemos que pasan de las campañas a los hechos, nosotros sabemos que conspiran, y nosotros sabemos que traman contra nuestra Revolución, y nosotros sabemos que fraguan medidas o maniobras cada vez más insolentes y cada vez más agresivas, porque se empeñan en seguir equivocándose, se empeñan en proseguir por el camino errado, se empeñan en apartarse cada vez más del único camino correcto, que era el respeto pleno a los derechos de nuestro país.  Y en la medida que se apartan del único camino y de la única actitud que debieron haber mantenido con respecto a la Revolución, avanzan más y más por el camino funesto, erróneo, absurdo y estúpido de la agresión, de la agresión económica y de los pretextos preparatorios, incluso, de la agresión armada.
Y frente a esas realidades, frente a esas intenciones, lo mejor sería que meditaran un poco, que no se llamaran a engaño sobre el hecho cierto de que el país se va a defender, y no solo se va a defender, ¡sino que el país va a derrotar cualquier agresión armada! Y lo mejor sería que rectificaran.
Han usado, en nota reciente, un lenguaje, un lenguaje soez y agresivo, el lenguaje del provocador, el lenguaje del intruso, ¡el lenguaje de los que se meten en lo que no les importa!  
¿Qué pretenden? Provocar. ¿Pretenden acaso intimidar?  ¿Pretenden acaso hablar fuerte?  ¿Pretenden asustar?  Tal vez. Tal vez crean todavía, ingenuamente, que pueden asustar a los cubanos. Mas, a nuestro criterio, era provocación, más que otra cosa; provocar, por todos los medios. ¿Y qué pretenden? ¿Pretenden que la Revolución retroceda? ¡Lo sentimos mucho, pero no podemos complacerlos! ¿Pretenden que aunque el gobierno se mantenga firme el pueblo vacile? ¡Lo sentimos mucho, pero no podemos complacerlos! ¿Qué pretenden? ¿Que les devolvamos a las compañías norteamericanas las tierras que el pueblo ha recuperado? ¡Lo sentimos mucho, pero no podemos complacerlos! ¿Qué pretenden? ¿Que volvamos a elevar las tarifas telefónicas y eléctricas? ¡Lo sentimos mucho, pero no podemos complacerlos! ¿Que volvamos otra vez a la época aquella en que los cubanos tenían que pedirle permiso a “su señoría” el gobierno de Washington? ¡Lo sentimos mucho, pero no podemos complacerlos!    ¿Que nuestra economía siga siendo una economía colonial, de monocultivo y de país subdesarrollado, al servicio de los grandes trusts norteamericanos? ¡Lo sentimos mucho, pero no podemos complacerlos! ¿Que renunciemos a la libertad de comercio y les tengamos que comprar a ellos, exclusivamente a ellos, vendan al precio que vendan y sea cual fuere la balanza comercial?  ¡Lo sentimos mucho, pero no podemos complacerlos! ¿Que sigan las concesiones privilegiadas de nuestra riqueza minera, para que se lleven toda nuestra riqueza y no nos dejen más que el hoyo?  ¡Lo sentimos mucho, pero no podemos complacerlos!  ¿Que les quitemos a las milicias obreras y campesinas los fusiles? ¡Lo sentimos mucho, pero no podemos complacerlos!    ¿Que Cuba renuncie a su soberanía y con ella a su derecho a mantener relaciones comerciales y diplomáticas con los pueblos que estime conveniente? ¡Lo sentimos mucho, pero no podemos complacerlos!  ¿Que dejemos de sembrar arroz, y de sembrar algodón, de producir grasas, para seguírselo comprando eternamente a ellos, cuando podemos producirlo en nuestras fértiles tierras? ¡Lo sentimos mucho, pero no podemos complacerlos!  ¿Qué quieren? ¿Que vuelvan los generales y los coroneles? ¿Que vuelvan los esbirros?  ¿Que vuelva Batista?  ¡Lo sentimos mucho, pero no podemos complacerlos! (APLAUSOS PROLONGADOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Patria o Muerte!”)
Y si no podemos complacerlos, ¿qué vamos a hacer? ¿Qué se le va a hacer? ¡Son esas cosas que no tienen remedio! Y, en verdad que es como para preguntarse: ¿Por qué esa pretensión?  ¿Acaso porque nosotros seamos un pueblo pequeño?  Y, somos pequeños, ya se sabe por qué; porque si toda la América Latina estuviese unida en una gran nación, entonces no seríamos países geográficamente pequeños. Pero, aun así, divididos como estamos, y siendo Cuba una de esas naciones geográficamente pequeñas, eso no quiere decir que tenga nadie derecho a disponer sobre sus destinos. Nosotros somos un país libre, soberanísimo. Y eso lo proclamamos con orgullo, lo podemos proclamar con orgullo; y ese derecho lo tenemos porque lo hemos conquistado, y, además, porque estamos dispuestos a defenderlo.
Y ya sabemos, además, que tenemos que enfrentarnos a esas circunstancias; no nos sorprenden.  Ya lo sabemos, sabemos que ese es el precio de la libertad, sabemos que ese es el precio de la dignidad nacional.  Que la vida nacional cubana haya sido una vida de perenne lucha, ¿quién no lo sabe? ¿Desde cuándo están luchando los cubanos? Desde mediados del siglo pasado, desde 1868 hasta 1898.  Treinta años en la misma lucha, con breves reposos, treinta años luchando toda aquella generación de Céspedes y de Agramonte, Maceo, Máximo Gómez; después la generación de Martí. ¡Caro que le ha costado a nuestro pueblo su soberanía! ¡Dura que ha sido la lucha, desde hace más de un siglo! Frente a los intentos de anexarnos primero... Porque los esclavistas, los dueños de los esclavos, es decir, los latifundistas de ayer, eran partidarios de la anexión, porque había Estados en el sur que eran esclavistas, y ellos querían anexarse a la Unión para mantener sus esclavos; lo mismo que ahora hay también “anexionistas”. Algo peor que anexionistas: los hay, afortunadamente pocos, que prefieren no ya la anexión, sino hasta la destrucción de su patria, antes que el triunfo de la justicia.
Luchando Cuba contra las ideas anexionistas, después luchando contra los autonomistas, luchando contra la metrópoli, para arribar a la independencia con una Enmienda Platt. ¡Duro tuvieron que luchar las generaciones en la etapa republicana! ¡Duro ha tenido que luchar nuestro pueblo para librarse de la tiranía, para librarse de aquellas fuerzas que lo oprimían e impedían su progreso! Para nosotros, los cubanos, la lucha no es, pues, nada nuevo. Trabajo arduo nos ha costado llegar hasta aquí; generaciones enteras han luchado y se han sacrificado una tras otra. Nosotros hemos venido a ser la generación afortunada, la que pudo ver la soberanía plena de la nación, la que pudo alguna vez ver triunfante la justicia sobre nuestra tierra, ilusión esa de los que iniciaron, en el siglo pasado, la lucha por la independencia.
Y cayeron unos tras otros: cayó Céspedes, cayó Agramonte, cayó Maceo, cayó Martí, y no cayó Máximo Gómez, porque vivió para ver aquella humillación de los gobiernos interventores yankis, el paso de una colonia española a una colonia norteamericana. Y se sacrificaron toda una pléyade de jóvenes en la lucha contra Machado, en la lucha del 33, y tampoco ellos pudieron tener este privilegio que ha tenido nuestra generación, de ver alguna vez el triunfo de la verdad y de la justicia sobre su tierra. La alegría que disfrutan ustedes hoy, la alegría de aquel 1ro de Enero, la alegría de aquel 26 de Julio del año pasado, la alegría de este 1ro de Mayo, estos momentos de emoción que ustedes y nosotros hemos tenido oportunidad de disfrutar, no lo disfrutaron las generaciones pasadas.
Nosotros hemos sido la generación que recogió el fruto del esfuerzo de todas las generaciones que vivieron antes que nosotros; nosotros hemos tenido la satisfacción infinita de ver al país plenamente libre y soberano, mas no sin dejar de recordar a todos aquellos que cayeron por hacer posible este triunfo.
Hemos sido la generación que pudo ver culminada la obra, que pudo ver culminado el esfuerzo de todas las anteriores, y hemos vivido momentos de felicidad extraordinaria que no pudieron vivir los cubanos de otras épocas. Pero también por eso esta generación, que es producto del espíritu patriótico, que con tanta sangre y sacrificio se ha venido abonando durante un siglo; esta generación, que ha venido a recoger las cosechas de virtudes cívicas sembradas durante tanto tiempo, ha asumido esa tremenda responsabilidad.  Y de la misma manera que ha tenido el privilegio de vivir estos años de gloria, de alegría y de triunfo, esta generación está dispuesta a defender ese triunfo por el deber que nos exige el privilegio que hemos tenido. ¡Esta generación no será la generación blanda que se deje arrebatar de sus manos la cosecha! ¡Esta generación no será la generación que se deje arrebatar de su mano las banderas triunfantes!  ¡Esta generación no será una generación que entregue a la ambición extranjera la posesión de su tierra y de su soberanía!
Esta generación se siente orgullosa del rol que está desempeñando; esta generación está consciente de su gran destino y de su gloria; esta generación no renunciaría jamás al honor que ha recibido; esta generación está dispuesta a hacer los sacrificios que sean necesarios, porque si creen que se trata de un pueblo blando, que se asuste ante los primeros obstáculos, ¡se han equivocado!
Y nosotros hemos sido testigos de que toda la fe que en el pueblo se pueda tener siempre será poca, porque nuestro pueblo es uno de esos pueblos que siempre da de sí más de lo mejor que de él se haya esperado. Este es un pueblo que se crece y que supera a las creencias más optimistas. Y por fortuna eso es lo que se necesita en etapas históricas como esta, en etapas decisivas como esta.
La lucha, pues, no es nueva para los cubanos; los cubanos tienen una larga tradición de lucha y saben luchar. Lo que nosotros hemos hecho es poco todavía. Más que nosotros lucharon ya los cubanos de la independencia, más que nosotros, que en el curso de algunos años, jóvenes la mayor parte de los dirigentes revolucionarios, logramos el éxito; más que nosotros lucharon otras generaciones. Esta generación está pues, entera, y esta generación si no puede decir que es la que más haya luchado, sí debe decir que es la que más está dispuesta a luchar.
Y nosotros debemos ser optimistas, nosotros debemos tener la seguridad de que el éxito culminará nuestro esfuerzo; nosotros debemos tener la seguridad de que nada de lo que hagamos será en vano, porque, con esa misma convicción de los que se saben haciendo algo justo, con esa misma convicción de los que saben que tienen razón, con esa misma convicción de que se actúa correctamente, debemos pensar que los que no tienen la razón, los que no actúan correctamente, los que se empeñan en hostigar y hostilizar a nuestra patria, fracasarán. Y por un análisis muy sencillo hay que sacar la convicción de que fracasarán. Y fracasarán, por si intentan ahogar la economía de nuestro país, no lo conseguirán.
Este es un país demasiado rico en recursos, este es un pueblo demasiado trabajador. Y económicamente... ¡Ah!, si los enemigos de nuestra Revolución creyeran que económicamente íbamos a fracasar, nos dejaban tranquilos para que fracasásemos sin remedio. Pero saben que no fracasaremos en lo económico, saben que cuando todos los mercados estén abiertos a nuestro azúcar, cuando todos los mercados estén abiertos a nuestros productos, Cuba tendrá siempre los recursos económicos suficientes para su pleno desarrollo industrial.  Cuando nosotros hayamos culminado esa política de comercio internacional que ha hecho posible la venta, en este año, de cantidades de azúcar superiores a los últimos años, nosotros sabemos que con el aprovechamiento de nuestras riquezas, nosotros sabemos que con la política de trabajo y de honradez que lleva adelante el Gobierno Revolucionario , nosotros sabemos que ahorrando como estamos las divisas e invirtiendo nuestros recursos, cada vez con mayor eficacia, económicamente jamás fracasaremos, económicamente no nos podrán ahogar. Eso lo sabemos nosotros. Y como somos dueños de nuestros actos y somos dueños de nuestra conducta, podemos ir aplicando todas las medidas para triunfar económicamente, y triunfaremos.
Luego, no tendremos nada que temer en ese orden. Y si económicamente no podrían destruirnos, ¿qué recursos les quedan? ¿Agredirnos?  ¿Invadirnos? ¿Y quiere decir acaso que el peligro de la invasión pueda ser la derrota del país? ¿Cuántos hombres hay que desembarcar aquí para luchar contra un pueblo de 6 millones de patriotas? ¿Cuántos hombres tienen que morir aquí para avasallar a un pueblo de 6 millones de patriotas? Los argelinos tienen menos combatientes que los que nosotros tenemos, los argelinos tienen menos armas que las que nosotros tenemos, y los argelinos hace muchos años que están luchando contra un ejército de medio millón de franceses. Y nosotros estamos en muchas mejores condiciones de lucha que los argelinos, ¡y estamos preparados para resistir! Eso, en el supuesto caso de que cometan la estupidez de agredirnos, en el supuesto caso de que cometan la locura de agredirnos. Por si lo ignoran los que tales tácticas promueven —lástima que en los estudios teóricos de las bombas atómicas y las estrategias pentagonales se olviden de lo que es el patriotismo de los hombres—, no hay fuerza superior a esa energía atómica que el átomo de amor a la patria.
Y eso que se llama amor a la patria, es una materia prima espiritual que produce mucha más energía que el uranio o el hidrógeno. Y de eso se olvidan los que desprecian a los pueblos, los que aborrecen los sentimientos de los pueblos. ¡Lástima que pierdan de vista esas verdades, ya que podrían ahorrarse muchos males y ahorrarle males no solo al país víctima, sino al país victimario! Si cometen la locura de agredirnos, no le quede a nadie la menor duda de que serán derrotados, y que esa derrota no se sabe las consecuencias que puede tener para los agresores.
No cabe otro remedio que hablarle así al pueblo, clara y honestamente. El porvenir de Cuba no tiene recaída posible; el porvenir de Cuba está más asegurado que nunca, porque ya somos dueños de lo nuestro, y hacemos, con lo nuestro, lo que estimamos más conveniente a nuestros intereses. Ya podemos dedicarnos al trabajo, ya podemos dedicarnos a hacer nuestra propia economía, a labrar nuestro porvenir económico; y por tanto, nuestro éxito en ese orden está asegurado, cualesquiera que sean las medidas que se tomen contra nosotros. Y desde luego, ¡en cada medida que tomen habrá siempre la contramedida nuestra!  
Y así, frente a cada agresión económica, una medida revolucionaria más, ¡que quizás quedemos parejos el día que los cubanos seamos absolutamente dueños de todo lo que haya en Cuba!    Luego, no tenemos nada que temer. Afrontar la lucha con decisión y optimismo, porque nunca hemos tenido más razón ni más seguras perspectivas de éxito, nunca hemos tenido mejor oportunidad.
Ha tenido problemas la Revolución, pero todo el mundo sabe por qué. No ha sido por cuestiones de vecindad, ha sido por cuestiones de intereses económicos. No habría tenido problemas la Revolución si nuestras tierras no hubiesen sido extranjeras, no hubiesen estado en manos extranjeras; no habría tenido problemas la Revolución si nuestros servicios públicos no hubiesen estado en manos extranjeras; no habría tenido problemas la Revolución si la economía del país no hubiese estado en manos extranjeras. Y porque manos extranjeras eran las que poseían nuestros recursos y nuestra economía, la Revolución ha tenido problemas con el “vecino del  Norte”, que no habría tenido de no haber mediado esos intereses. Y la Revolución no tenía otro camino que escoger, porque si la Revolución se hubiese plegado ante esos intereses, no habría sido Revolución. La Revolución ha tenido problemas, porque nuestras riquezas estaban en manos extranjeras. Y los problemas, absolutamente todos, han tenido ese origen, y lo que digo no es nuevo para los cubanos, todos los cubanos lo sabían, todos los cubanos sabían que cualquier Revolución que afectara intereses norteamericanos tendría problemas. Luego, la culpa no la tiene Cuba, la culpa no la tiene la Revolución, ¡la culpa la tienen las manos voraces que habían echado garra de nuestras riquezas!  
Por tanto, podemos mirar el porvenir con valentía y con fe. Los talentos no abundan, realmente, como para que tengamos nada que temer de los que tantas equivocaciones cometen, y que lo mismo que se han equivocado en todos sus pasos acerca de Cuba, no le quede a nadie la menor duda de que seguirán equivocándose, de que seguirán estrellándose contra la entereza de nuestro pueblo, de que seguirán fracasando y de que en realidad lo mejor sería, para ellos y para Cuba, que recapacitaran, porque si el error los sigue conduciendo por el camino funesto de la agresión, mal para Cuba, ¡pero peor para ellos!  
Nosotros a la larga seremos vencedores. ¡Nosotros a la larga, seremos vencedores en cualquier circunstancia, lo mismo frente a la agresión económica que frente a la agresión militar!  Nosotros a la larga seremos vencedores, y con nuestra victoria puede ser que los pueblos hermanos de América Latina también despierten. Y esos pueblos, tarde o temprano, seguirán el camino de Cuba. Y no en vano la admiración que sienten por nuestro pueblo, porque nuestro pueblo no los defraudará. Cuba no se desteñirá, Cuba sabrá estar a la altura de las circunstancias. Y, en cualquier circunstancia, la lucha de Cuba ayudará a la liberación de los pueblos de América Latina; aunque traten de ponernos un cordón sanitario, venciendo económicamente ante las agresiones de ese orden, o venciendo militarmente ante las agresiones militares, el ejemplo de Cuba será el ejemplo que seguirán los pueblos hermanos de América Latina, más tarde o más temprano.
De todas formas, la Revolución Cubana —como decíamos el 1ro de Mayo— es una realidad en la historia del mundo, de esas realidades que, mal que les pese a los que no se resignan a ellas, será una realidad que no podrá borrarse.  Nosotros somos hoy la primera trinchera de América.  Las masas humildes de todos los pueblos de este continente miran hacia Cuba, llenas de esperanza, y no vacilan en afirmar —sin vacilación alguna— que Cuba es su ejemplo, que del triunfo de Cuba depende su triunfo.  Y ese es el papel que los cubanos estamos desempeñando en la primera trinchera de América, ¡y esa trinchera la sabremos defender! ¡Esa trinchera no la tomarán jamás los enemigos de nuestras nacionalidades y de nuestros hermanos de América Latina!  ¡Esa trinchera se mantendrá firme e invencible!, porque los que estamos en ella, los que tenemos el privilegio de estar en esa trinchera, no la perderemos; los que tenemos el privilegio de jugar este rol que Cuba está jugando en la historia de este continente, sabremos estar a la altura de las circunstancias, con la seguridad de que venceremos, vencerá nuestro pueblo; ¡cueste lo que cueste, vencerá nuestro pueblo! Porque sus hijos están decididos a defenderlo, porque sus hijos tienen el valor, el patriotismo y la unión que en una hora como esta se necesita, porque sus hijos han dicho: ¡Patria o Muerte! Y han dicho ¡Patria o Muerte!, porque esa es la consigna de cada cubano. Para cada uno de nosotros, individualmente, la consigna es: ¡Patria o Muerte!, pero para el pueblo, que a la larga saldrá victorioso, la consigna es: ¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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