julio 10, 2012

Discurso de Fidel Castro en la concentración de obreros gastronomicos, celebrada en el Teatro Blanquita (1960)

DISCURSO EN LA CONCENTRACION DE OBREROS GASTRONOMICOS, CELEBRADA EN EL TEATRO “BLANQUITA”
 Fidel Castro
[15 de Junio de 1960]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Compañeros del sector gastronómico:
Nos hemos reunido esta noche en una asamblea —que, por cierto, es concurridísima—, porque tenemos muchas cosas de que hablar. Yo creo que no me expresé bien, quise decir que entre todo lo que han hablado los compañeros que me precedieron y lo poco que me toca a mí...
(EXCLAMACIONES DE PROTESTA).
Hace unos días, cuando nos reuníamos en este mismo teatro con el sector de la construcción, les decíamos, les explicábamos, cómo una revolución es un proceso muy complejo y que a veces ocurría que las leyes de la Revolución o las actitudes de la Revolución no solo afectaban siempre a intereses de instituciones o personas ricas, sino que, a pesar de ser la Revolución un proceso cuyo objetivo fundamental es la ayuda a los sectores más humildes del país, a los más necesitados, ocurría a veces de que alguna medida revolucionaria afectaba también algún sector humilde, como cosa inevitable de un proceso tal. Eso ocurría, desde luego, por excepción, pero que los trabajadores nunca debían preocuparse si algún sector obrero resultaba excepcionalmente afectado por la Revolución, de que nosotros nunca olvidaríamos la situación de ese sector; es decir que nosotros estábamos conscientes. Explicábamos el caso, por ejemplo, de que los controles sobre el cambio, la política de consumo de productos nacionales, podía afectar a una parte del sector que trabajaba en esos centros, como ha ocurrido también con el sector gastronómico, y ese día lo mencionaba también, que una parte del sector ha sido afectado por la Revolución; es decir, para hablar con más propiedad:  no ha sido afectada, pero en sí esa rama de la economía del país que es el turismo sí ha sido afectada. ¿Por qué no han sido afectados los obreros?  Sencillamente, porque hasta ahora se han tomado todas las medidas para que no sean afectados; más propiamente todavía: podíamos decir con exactitud que ha habido un grupo muy pequeño afectado.
Me voy a explicar con algunos detalles: en los grandes hoteles no ha habido disminución de empleo, porque en ocasiones, en los momentos de crisis se han estado financiando para evitar el desempleo en esos hoteles. No se ha podido, sin embargo, evitar que los choferes de turismo, por ejemplo, hayan sido afectados.
La Revolución desde el primer momento comprendió las dificultades que en cuanto al turismo iba a tener; incluso, cuando mediante una ley revolucionaria se puso fin a todo tipo de juego en el país, hubo una excepción con los casinos. Nosotros habríamos deseado que no quedara ningún juego legalizado, y hablamos cómo el aceptar que prosiguieran los casinos era una política que se seguía únicamente por tener en cuenta el caso de los obreros gastronómicos.
Como sabíamos la importancia que el turismo tenía para este sector, como sabíamos además muy bien que en nuestro país nunca se había seguido una política turística correcta —el turismo que venía a Cuba era un turismo de millonarios, y en una parte de los casos un turismo de jugadores— se iba a aquella práctica de sacrificar hasta el pudor nacional con tal de beneficiar determinados intereses; el juego era manejado por gangsters, las mafias de gangsters manejaban el juego.  Pero, además, se nutrían esos casinos de los funcionarios ladrones, que se iban a jugar allí todas las noches miles y miles de pesos.  Nosotros sabíamos que al desaparecer aquellas mafias, al desaparecer el robo en el gobierno, ya habría una merma considerable en los ingresos de los casinos y, por tanto, de los hoteles, puesto que había hoteles que se hacían costeables por los casinos.  Y por eso, como sabíamos las preocupaciones de los trabajadores gastronómicos en aquellos días, expresadas en una asamblea con nosotros; como nosotros no teníamos, de momento, forma de resolver aquel problema, como no podíamos desentendernos de la realidad de aquellos obreros que libraban el sustento gracias al turismo, no quisimos extremar la medida hasta la suspensión de los casinos. Y aquello dio lugar, si ustedes recuerdan, a algunas discrepancias en el seno del gobierno, porque los había, y si quieren no pluralizamos.  Había un señor en el gobierno que era absolutamente contrario a que se permitieran los casinos.  Y lo extraño es que aquel señor no era ningún radical, porque si se hubiese tratado de un señor partidario de la reforma agraria y partidario de todas las medidas radicales que ha tomado la Revolución, uno podía pensar: bueno, se trata de un caso de sincero revolucionario, que quiere llevar las cosas hasta el extremo de no permitir absolutamente nada de juego y por lo tanto actúa honestamente. Pero se trataba de uno de aquellos casos de radical de mentiras, un radical de mentiritas, que era radical en eso.
Es decir, esas personas que son radicales en algunas cosas, para fingir que son revolucionarios, pero que en realidad no tienen nada de revolucionarios, sobre todo cuando se trata de esos detalles en que afectan a los trabajadores, en que son radicales a costa de los trabajadores y sobre todo, como en este caso, en que era muy cómodo, con la mesa servida todos los días, y muy bien servida por cierto en ese caso, adoptar posturas que no tenían en cuenta para nada el caso de los trabajadores, que se iban a quedar sin sustento.  Y era muy cómodo adoptar aquellas posturas en esas condiciones, y aquello dio lugar a una seria discusión y nos costó mucho trabajo el lograr que se mantuvieran los casinos. No faltó el argumento de que permitir los casinos era mantener una brecha abierta para que después se diera lugar a que el juego resurgiera.
Nosotros no podíamos concebir la Revolución de esa forma y mirábamos las cosas exactamente lo contrario.  El que se haya llegado hasta aquí en cualquier orden no significa que se renuncie a llegar hasta allá. Nosotros desde el primer momento concebimos la Revolución como un proceso de avance, en que se debían ir dando los pasos que fuesen posibles. Y en este caso, como en todas las demás medidas revolucionarias, siempre hemos tratado de ajustarlas a la realidad, sin renunciar a la posibilidad de seguir más adelante. Si la Revolución hubiese creído que sus límites estaban en las primeras medidas adoptadas, no habría sido revolución, porque la revolución es un proceso y sobre todo es obra de hombres realistas, pero realistas en el sentido correcto de la palabra, no en ese sentido inmoral de los que hablan de realismo para renunciar a metas más altas.  Realismo para el revolucionario quiere decir, avanzar con los pies en la tierra, pero avanzar.
Los hay quienes retroceden con los pies en la tierra. Y para eso hablan de la realidad, para retroceder, y nosotros siempre hablamos de las realidades para avanzar, que es muy distinto.
Y hacía este recordatorio, porque fue la prueba de que nosotros estábamos atentos a la situación de todos los sectores y comprendíamos desde el primer momento que el turismo iba a ser afectado por la Revolución. Y no nos limitamos a ese cuidado en las primeras medidas revolucionarias, sino que posiblemente nunca se haya hecho en nuestro país un esfuerzo mayor por atraer el turismo. Reciente está la Convención del ASTA, más reciente todavía el congreso de Agentes Latinoamericanos de Turismo. El Gobierno Revolucionario ha invertido millones de pesos en favor del turismo. Y no solo eso, sino que nunca se había llevado a cabo un plan de obras como el que se ha llevado a cabo para construir centros turísticos y explotar las posibilidades extraordinarias que hay en ese orden en nuestro país.
Nosotros hemos tratado de contrarrestar las inevitables  consecuencias de la Revolución en ese campo, haciendo un esfuerzo extraordinario en favor del turismo. No quiere eso decir que nosotros ilusamente estuviésemos imaginando que en medio de un proceso revolucionario de las características del proceso revolucionario cubano, en lucha frontal contra los poderosos intereses extranjeros que dominaban en nuestro país, fuese posible mantener un volumen creciente y ni siquiera estándar de turistas norteamericanos. Pero nosotros no podíamos dejar de librar la batalla. Las circunstancias de saber que el turismo iba a ser considerablemente afectado por aquellas campañas que se desataron desde el primer momento y por las campañas que nosotros sabíamos que se iban a desatar como consecuencia de las leyes revolucionarias, no significaba el que nos cruzáramos de brazos, nuestro deber siempre es librar las batallas que sean necesarias, sino para impedir la disminución, impedir una disminución radical de aquella corriente turística. Algo se ha logrado, aunque solo sea evitar que se produjera una crisis inmediata.
Y también se ha logrado esa convicción que tienen ustedes de que nosotros hemos hecho por el turismo todos los esfuerzos.  Por lo pronto, nuestros grandes hoteles estaban dependiendo del turismo extranjero, fundamentalmente del turista norteamericano, el costo de las habitaciones era elevadísimo y mediante aquella corriente turística, una parte de la cual, repito, venía a los casinos, unido a las circunstancias de que los funcionarios ladrones y malversadores dejaban en el tapete verde cientos de miles de pesos todas las semanas, permitía que aquellos hoteles fuesen costeables. Como todo en nuestro país, el turismo estaba orientado exclusivamente para disfrute de los privilegiados, nunca se hizo un turismo en Cuba tendiente a propiciar que los obreros norteamericanos visitasen a Cuba y que las condiciones estuviesen al alcance de esos obreros.  No podían disfrutar de esos beneficios los obreros norteamericanos, como no podían disfrutar de esos beneficios los obreros cubanos.  Los obreros cubanos no tenían que ir a buscar nada a un casino de juego; los obreros cubanos no podían hospedarse en ninguno de esos hoteles; las familias humildes de nuestro país no podían gastarse esos lujos. Pero así estaba organizado el turismo y aunque orientado de una forma tan incorrecta, aunque lógica, por el sistema de vida de nuestro país, dependían de esa organización miles de trabajadores y no se podía encontrar una solución inmediata a ese problema.
Así han transcurrido los primeros 18 meses del Gobierno Revolucionario y ya se perfila perfectamente cuáles han sido los resultados. Por un lado aumento considerable del consumo interno, mayores ingresos en las familias, lo que ha permitido un incremento considerable del turismo nacional.  De esa forma, una parte del sector resultaba beneficiado, pero quedaba el tremendo problema de los grandes hoteles, por un lado, y el problema de los choferes de turismo, por el otro. Además, la intranquilidad de los trabajadores del sector, la permanente preocupación por su situación futura, y la realidad es, que mientras los dueños o los “managers” —el inglés mío está cada día peor —, los administradores de esos hoteles permanecían indiferentes a la corriente turística y hasta saboteaban todo lo posible al turismo, estaban actuando de acuerdo con su pensamiento contrarrevolucionario y de acuerdo con los intereses que combaten a nuestra Revolución.
Los trabajadores de los grandes hoteles vivían permanentemente preocupados de cuántos turistas habían llegado ese día al hotel, cuánto había disminuido el número de turistas, y eran ellos los que llevaban dentro la preocupación y la angustia; si el turismo disminuía, como ocurría también en los centros de diversión que se nutrían de la corriente turística extranjera.  No vivían ni podían vivir tranquilos los obreros de los hoteles, y lo mismo le ocurría a los choferes del turismo.
Nosotros recordamos perfectamente bien que cuando se inició la campaña a favor de las divisas, los que más puntualmente acudían al Banco Nacional a llevar cuantos dólares caían en sus manos, eran los choferes del turismo.
Ellos no se guardaban los dólares para venderlos en bolsa negra, ellos no se guardaban los dólares para vendérselos a un precio mayor a los que viajaban por el extranjero, no; eso es lo que hacían los administradores y los dueños de los grandes hoteles, esos sí actuaban como lógicamente era de esperarse.  Mientras el humilde chofer de turismo se abstenía de lucrar con esos dólares y los llevaba al Banco Nacional, los dueños y los administradores de los hoteles, que no vivían en la pobreza de ese obrero, que tenían todo en abundancia, eran en cambio incapaces de actuar honradamente en beneficio de la economía nacional.
Ocurría lo de siempre: el egoísmo entre los que poseían de todo, el egoísmo entre los que nadaban en la abundancia y la generosidad inagotable en el trabajador, en el que carecía de todo.  Y así, los dólares que llegaban a los hoteles no iban a parar al Banco Nacional, iban a parar en la bolsa negra de los eternos especuladores, de los eternos negociantes, de los que en aras de su provecho y su enriquecimiento personal, pasan no solo por encima de las leyes de la república, sino por encima de las leyes más elementales de la moral y de la solidaridad humana.
Un obrero era incapaz de lucrar con un dólar, un obrero se privaba de la satisfacción de poderle llevar a sus hijos cualquier obsequio, y se privaba gustosamente de ello; un obrero era incapaz de robarle a la república una sola divisa. En cambio las empresas, no, las empresas eran incapaces de ahorrarle a la república una sola divisa. Y nosotros tuvimos oportunidad de comprobarlo perfectamente tan pronto se intervino el primer hotel hace varios meses, las divisas que aportaba ese hotel al Banco Nacional, aumentaban considerablemente, y se podía apreciar a la perfección cómo los millares y millares de dólares que habían recaudado en los meses anteriores, habían sido sustraídos a la obligación de llevarlos al Banco Nacional.
Y decía que los obreros del turismo, es decir, los choferes del turismo, eran los que más puntualmente cumplían esa obligación, y por eso nosotros nos preocupábamos doblemente de su situación, aunque sabíamos que estaban pasando días difíciles, hasta que recientemente tuvimos oportunidad de conocer que cerca de 80 choferes del turismo habían perdido sus carros, y eso sí que nos produjo ya una impresión más amarga, porque entre los que tuve oportunidad de ver, observé una especie de resignación, una especie de conformidad, es decir, una comprensión tan grande, que ni siquiera se quejaban, que ni siquiera se les veía disgustados con la Revolución.  Veía en aquellos hombres ese desprendimiento y ese espíritu de sacrificio, que realmente admiran, porque habían perdido lo único que tenían para ganarse el pan: su automóvil; y era el producto de lo que habían ahorrado, automóviles que compraron a plazo, que se los vendieron al doble de precio, porque ya sabemos cómo operaban esas ventas.  Vendían el automóvil caro, le cargaban un interés usurario, le cargaban además el seguro, gastos de administración, gastos legales, etcétera, de donde un automóvil que se adquiría a plazo valía casi el doble, y naturalmente, como consecuencia de las medidas de control, cualquier automóvil había aumentado considerablemente de precio. Cuando un chofer del turismo perdía su carro, aquella empresa prestamista lo recuperaba, se quedaba con todo lo que le había cobrado y, además, tenía un carro que valía mucho más que cuando lo había vendido. Era un negocio redondo, como todos los negocios que se hacían aquí en nuestro país.
Por otro lado, los trabajadores del hotel Nacional, llevaban ya tres quincenas sin cobrar. Ya en ocasiones anteriores, el gobierno había estado haciendo financiamientos a los hoteles para evitar que los trabajadores se quedaran sin recibir sus salarios.  Pero en realidad, no tenía el Gobierno Revolucionario ninguna razón para estar sosteniendo, indefinidamente, esos hoteles, cuyos empresarios ni siquiera se habían preocupado por ayudar nuestra campaña a favor de las divisas; no teníamos por qué continuar aceptando una situación que era a todas luces injustificable, porque a eso había que añadir la realidad de que los tres hoteles más importantes, habían sido construidos con recursos de la nación. Entre las cosas absurdas de una política entreguista a los intereses foráneos, había esta de los hoteles. El Riviera había sido construido con financiamientos del Estado en su mayor parte y entregado a intereses extranjeros; el hotel Nacional era propiedad del Estado desde hacía muchos años y había sido entregado a intereses extranjeros.  Pero donde se llegó al colmo, en donde se cometió una de las cosas más inmorales y más vergonzosas que se habían cometido en nuestro país, fue con el caso del hotel Hilton.
Lo curioso es que hay un señor que es propietario de una cadena de hoteles en todo el mundo.  Se le supone una inmensa fortuna, pero quería tener también un hotel en La Habana. Lo lógico, por lo menos, es que hubiese realizado una inversión para añadir un eslabón más a su cadena de hoteles. Pero no, no hacía falta, no tenía que traer una sola divisa a nuestro país, para eso estaba el amo de turno, el criado de turno y su cohorte de criaditos, porque no se puede calificar de otra manera a los que hicieron posible semejante operación. Ahí estaba el Retiro Gastronómico, ahí estaban los millones de pesos, que se habían reunido con el sudor de la frente de los trabajadores; ahí estaban los fondos que habrían de servir para que los obreros, después de muchos años de trabajo, tuviesen la esperanza de una jubilación, de un descanso merecido y pagado con el fruto de su contribución durante toda la vida; ahí estaban esos millones de los trabajadores.
Y lo absurdo, lo que no puede tener jamás justificación, y bien vale la pena que los que andan por ahí, llenos de resentimiento contra la Revolución, comprendan la forma recta y justa de actuar de la Revolución , para que comprendan bien si había o no necesidad de una revolución en nuestro país, para que comprendan si era necesaria o no una revolución radical en nuestro país, para que comprendan de una vez que esta Revolución era la consecuencia inevitable de todas las inmoralidades y desafueros que se cometían en nuestra república, sirva de ejemplo esta en que el dinero de los trabajadores se invertía en construir un hotel, en construir un gigantesco hotel, costearlo absolutamente todo, todas las instalaciones y todos los lujos, para entregárselo graciosamente a una compañía extranjera.  No se trataba siquiera de una inversión extranjera, ¡se trataba de la inversión de los fondos de los trabajadores, para entregárselo al extranjero, que es peor todavía!  
Y de esa forma se invirtieron nada menos que 27 millones de pesos. El Retiro Gastronómico entregó 14 millones, pero, además, se hizo una emisión de bonos hipotecarios por valor de 13 500 000 pesos, de los cuales debía responder la Caja de los Gastronómicos. De acuerdo con la inversión realizada, el hotel Havana-Hilton es el segundo más caro del mundo, ¡con el dinero del sudor de la frente de los trabajadores cubanos!   Y, ¿cuándo los trabajadores iban a recobrar sus 27 millones, con lo que les pagaban?  En un año, el primer año, lo cobrado por la caja, en concepto de renta, era la cantidad de 188 508 pesos y 65 centavos. Es decir, suponiendo unos 200 000 pesos por año, un millón de pesos equivalían a cinco años; es decir que 5 por 27, creo que son 135, si no me equivoco.  Suponiendo que no contáramos los intereses que debían pagar por la emisión de bonos; suponiendo, además, que renunciaban a recibir un solo centavo de interés por esos 27 millones, la Caja del Retiro Gastronómico iba a tardar 135 años para recuperar lo invertido en aquel hotel. Claro, la empresa no invertía un solo centavo, y en cambio sí tenía aseguradas sus ganancias todos los años.  Posiblemente los bisnietos de los actuales obreros gastronómicos, si el hotel duraba más de 100 años, habrían podido recobrar algo de su inversión.
Sobre lo del nombre del hotel, de este hotel que es de ustedes, de ustedes...  (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS) Sobre el nombre de este hotel que se llamaba Hilton (EXCLAMACIONES Y APLAUSOS), nosotros habíamos tenido, al principio, una idea un poco irónica, pero después un trabajador me sugirió un nombre mejor.  Nosotros habíamos pensado, con alguna ironía, por si venía algún norteamericano preguntando por el hotel Hilton, decirle: “Bueno...”, y llevarlo al hotel Hilton, recordando que había un compañero muerto en la Revolución que así se llamaba.  Pero, de todas formas, podía caber la presunción de que nosotros utilizábamos ese ardid y que de alguna forma íbamos a depender del nombre del hotel, y por eso nos agradó, y podemos decidirlo aquí esta noche, cuando un compañero sugirió un nombre que no estaba relacionado con algún compañero en particular y sí estaba relacionado con todos los compañeros en general: el nombre de Habana Libre (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Habana Libre!”).
Y puesto que es el nombre propuesto por un trabajador, y aceptado por ustedes, que fueron los que pagaron el hotel, el hotel se llamará, desde hoy, Habana Libre. Y ya lo sabe el compañero Rancaño, que es el interventor del hotel Habana Libre, para que le cambie el nombre a los letreros a la mayor brevedad posible.
Era necesario buscar una solución, y encontrar una solución al problema de los hoteles y al turismo en general.  Constituirá una victoria más de la Revolución, porque se usó el turismo como arma de presión política, se pretendía usar el turismo como arma de presión económica, se pretendía agredir económicamente a nuestro país haciendo todo lo posible para que no viniesen turistas norteamericanos. Y, como una prueba de lo que es la altísima educación cívica y la cultura de nuestro pueblo, por lo menos como una prueba de la extraordinaria madurez de los cubanos, podemos afirmar, para orgullo de nuestro pueblo, que a pesar de todas las campañas de odio que se hacían contra Cuba, a pesar de la propaganda venenosa que se ha hecho contra nuestro país por la prensa vendida a los grandes intereses norteamericanos, a pesar de las agresiones constantes, a pesar de los ataques aéreos, a pesar de la acogida que le han dado y la ayuda que le han brindado a los criminales de guerra, a pesar de tantos y tantos motivos de justa indignación contra esa política, no se dio nunca el caso de que un ciudadano nuestro o un obrero gastronómico dejase de recibir con las mayores atenciones y con las más extraordinarias muestras de hospitalidad y de consideración a cuanto turista norteamericano ha visitado nuestro país en estos 18 meses ; y eso habla muy alto a favor de nuestro pueblo, porque nunca se dejó llevar por el odio irracional, porque nunca se dejó arrastrar por la pasión ciega, y este mismo pueblo nuestro que está dispuesto a morir en defensa de su soberanía, que está dispuesto a morir en defensa de su Revolución, fue siempre caballeroso y amable con cuanto norteamericano visitó nuestra tierra. ¡Eso habla muy alto de lo que es nuestro pueblo, y expresa el esfuerzo honesto y el esfuerzo inteligente que nuestro pueblo realiza por salir adelante!
Pero, de nada valía esa actitud nuestra; las campañas proseguían, y las cosas más absurdas se escribían en periódicos norteamericanos, sembrando no ya el miedo sino hasta el terror a los posibles visitantes de nuestro país, afirmando las cosas más inauditas, escribiendo con la mayor tranquilidad que aquí los turistas norteamericanos eran asesinados por las calles.
Y así, frente al esfuerzo de nuestro pueblo, se presentaba la incesante campaña contra el turismo cubano. Porque, no solo fueron las amenazas con las cuotas azucareras, no solo fue la suspensión de las líneas de créditos que tenían nuestros bancos, no solo han sido las maniobras para dejarnos sin combustible, sino que nos han agredido de cuantas formas les ha sido posible, y a todas estas hay que añadir las agresiones al turismo. Y todas, absolutamente todas, tendientes a un solo fin:  el fin de ahogarnos económicamente, de crearnos problemas internos, de sembrar el desempleo y el hambre en nuestro país; y las campañas que no hicieron cuando nuestros jóvenes aparecían asesinados por las calles, las campañas que no hicieron cuando las estaciones policíacas eran centros de terror y de muerte, las campañas que no hicieron cuando nuestros ciudadanos eran asesinados en masa en los campos de nuestra patria, las campañas que no hicieron cuando todo era podredumbre y corrupción, cuando todo era asesinato y robo, ¡las campañas que no hicieron cuando los ministros exhibían esa vergonzosa conducta de ir a los casinos a jugarse por la noche el dinero que se robaban por el día!, las campañas que no hicieron entonces, contra aquel régimen de sangre y de corrupción, las han hecho contra la Revolución que puso fin al crimen y al robo, que puso fin a la corrupción y que ha establecido esta atmósfera de seguridad tal que ¡hasta los espías extranjeros se pasean tranquilamente por nuestras calles!  
Y esa es la realidad, el esfuerzo que han hecho por crearle problemas a la Revolución; no importa que signifique hambre para las familias de los trabajadores, no les importa ¡y qué puede importarles los sufrimientos de los obreros que se queden sin trabajo!; eso no les podía importar, como no les importó jamás, con tal de defender sus privilegios, con tal de castigar la dignidad y la conciencia revolucionaria de nuestro pueblo.
Luego, encontrar soluciones a los problemas, en estas circunstancias, será siempre una victoria más; encontrar soluciones será un fortalecimiento más de la Revolución Cubana, encontrar una solución frente a cada situación, encontrar una réplica frente a cada agresión.  Por eso, aquí estamos librando una batalla contra los enemigos de nuestra Revolución, y esa batalla la tenemos que ganar, ¡como hemos ganado y seguiremos ganando todas las batallas!  
Si lo que quieren es arruinar nuestra industria turística, es decir, si lo que quieren es matar de hambre a nuestros trabajadores gastronómicos, ¡no lo conseguirán!; si lo que quieren es sembrar el desempleo, ¡no lo conseguirán!; si lo que quieren es frenar el desarrollo de nuestro programa de turismo nacional, ¡no lo conseguirán!;  porque, una vez más, se estrellarán contra el espíritu de nuestros trabajadores y de nuestro pueblo.
Y he aquí las primeras medidas: más que la intervención, ¡la recuperación de los hoteles que eran del Gobierno Revolucionario! Ahora, el pueblo administrará sus hoteles, y el pueblo afrontará como debe esa situación. ¿Que son incosteables esos hoteles?, ¿que el hotel Riviera solamente le cuesta a la república 180 000 pesos todos los meses, 180 000 pesos con los cuales se puede construir cada mes un nuevo centro de trabajo para los gastronómicos?: vamos a hacer costeables los hoteles.  Pero, vamos a hacer costeables los hoteles con el menor sacrificio para los trabajadores, y vamos a hacer costeables los hoteles sin que se quede sin trabajo, sin empleo, un solo trabajador de esos hoteles.
Es decir que si un hotel tiene un número mayor de empleados del que en realidad se necesita, vamos a limitar el hotel al número de empleados que cada hotel requiera, pero nunca sin antes haberle encontrado un empleo igualmente satisfactorio, sin haberle encontrado previamente un empleo igualmente satisfactorio a cada empleado.
El pueblo tiene que resolver sus problemas, pero de esta forma; el pueblo no resuelve sus problemas a base de sacrificar a ningún trabajador. Y lo que cueste lo sufragará el gobierno, mientras se vayan haciendo las necesarias reorganizaciones y dándole empleo a cada uno de los obreros y empleados que deban reducirse de esos hoteles. El Gobierno Revolucionario tiene donde hallar esos empleos y desde hace tiempo hemos ido tomando medidas para disponer, en distintos sitios, de los empleos necesarios para emplear, es decir, para redistribuir el personal que en exceso haya en cada uno de esos sitios.
Eso es lo que tiene que hacer la Revolución, distribuir el esfuerzo adecuadamente, hacer uso de todos sus recursos para ir resolviendo los problemas; se acabarán las preocupaciones de los obreros de los hoteles, ¿por qué?, porque ya no tendrán que vivir en esa incertidumbre y en esa preocupación, ya tendrán la seguridad de que, por intensas y calumniosas que sean las campañas que se hagan contra nuestra Revolución, él está seguro, él no va a perder su trabajo y sus hijos no se van a quedar sin sustento .
Haremos costeables los hoteles, de la única forma correcta y mediante la única política correcta que puede aplicar el Gobierno Revolucionario. Por eso ningún obrero gastronómico debe preocuparse para nada de su trabajo, ningún obrero quedará desplazado. Y por supuesto que todos sus derechos sociales, si por ejemplo pasa de este sector a otro sector, todos los derechos adquiridos los mantienen.  Es decir, en cuanto al retiro y en cuanto a todos los derechos que tenían en el sector, los tendrá en cualquier sector donde vaya a trabajar, e incluso el derecho a volver a este sector, si en algún momento posterior se presentan oportunidades de empleo otra vez para él dentro del sector gastronómico.
Y cuando ya hayamos resuelto este problema, pues habremos alcanzado una victoria más y tendrán un arma menos para presionar políticamente o agredir económicamente a la Revolución; como hemos ido resolviendo y continuaremos resolviendo todos los problemas, porque los que quieren destruir la Revolución tantean constantemente cuáles pueden ser los puntos débiles, atacan constantemente los flancos que les parecen vulnerables. Es como un enemigo que trata de penetrar en una fortaleza. Y frente a esto, ¿cuál debe ser la posición nuestra, defensores de esa fortaleza?, salir a luchar por dondequiera que nos ataquen, enfrentarnos a las agresiones y a las maniobras por dondequiera que vengan, trátese del turismo, trátese del petróleo o trátese de lo que se trate.  Vamos a ver quién gana esta batalla (EXCLAMACIONES DE: “¡Nosotros!”), vamos a ver quién sale victorioso, vamos a ver si se puede derrotar a un pueblo como este, vamos a ver si es posible destruir una Revolución que tiene por defensores una clase obrera como esta.
Si esos métodos les han dado resultado alguna vez, porque los pueblos no tenían las lecciones históricas que ha aprendido nuestro pueblo, lo mejor será que vayan desilusionándose y lo mejor será que cambien el librito, o lo mejor para nosotros es que no lo cambien, y lo ideal es que lo rompieran de una vez, porque una por una iremos ganando las batallas.  Ahora esta, que es la del turismo y después la otra, que es la del petróleo, la otra, que es la de las divisas, la estamos ganando también. Y así iremos venciendo, por eso el pueblo dice: ¡Venceremos!  (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Venceremos!” y “¡Yankis no, Cuba sí!”)
Y con los choferes del turismo, ¿qué vamos a hacer?, si no hay norteamericanos para montar en los carros de turismo, ¿qué vamos a hacer?, pues montar cubanos, porque también los cubanos tienen derecho al turismo; ¿qué debemos hacer con los que tienen sus carros y con los que no tienen sus carros?Y por eso traíamos aquí algunas ideas en ese sentido para discutir y consideramos que pueden resolver el problema.
Lo primero es el caso de aquellos que no han terminado de pagar sus carros y que, naturalmente, no pueden pagar esa cantidad mensual.¿Qué sugerimos? Sugerimos por lo pronto, darles el doble de tiempo para pagar sus carros  a través, por ejemplo, de un crédito del gobierno.  Y no solo eso, podíamos también considerar la posibilidad...; sugerimos plantearles a las compañías de préstamos, si redimimos esos créditos, una rebaja, porque aparte de duplicar el tiempo, sería duplicar el tiempo sin emplear intereses de ninguna clase, en primer lugar. Pero hay algo más: plantear una rebaja del préstamo total en consideración a que en realidad ya sabemos que los carros se vendían caro y los intereses eran muy altos. Y con esa cantidad que rebajemos de la deuda total de los carros que están pendientes de pago, facilitarles los recursos a los choferes de turismo que perdieron sus carros, para que saquen carros otra vez y lo paguen con su trabajo. Y que los del sindicato tienen que traer las listas de los que son, de los que realmente perdieron sus carros por no poderlos pagar y se han quedado sin trabajo.  Vamos a hacer un estudio del cómputo total de lo que deben, para plantear esas demandas, vamos a plantear demandas ahora, a las casas de préstamos, a los prestamistas, y resolverles el problema a todos.
Pero con eso no bastaría, y también teníamos otra solución para sugerir. Actualmente tenemos déficit en el transporte a las playas y a los centros turísticos. Por ejemplo, ocurre lo siguiente: los sábados, los domingos, los días festivos y en general durante toda la semana, y es que no alcanzan los ómnibus, no alcanza el transporte para ir a los centros turísticos de las tres provincias, por ejemplo, occidentales, no alcanzan los medios de transporte para ir a las playas, para ir a Varadero y entonces se nos ocurría lo siguiente: establecer, no…;  no, los propios carros del turismo.
Por aquí hay un programa que los del Sindicato de Choferes del Turismo han confeccionado y desde luego tiene aspectos positivos, pero tiene otros aspectos negativos.  Vamos a sacar de aquí lo que tiene de positivo. Ellos han hecho un programa de paseos:  paseo uno, paseo dos, tres, cuatro, cinco, ocho paseos, para cuando quiera la familia visitar distintos lugares, incluyen muchos de ellos algún viaje a la playa un número de horas y está bien, hay muchas personas que pueden pagar estos paseos.  Aquí, por ejemplo, está el tres:  “Salida del Capitolio, estatua de Martí, monumento a los estudiantes, Fortaleza de la Punta, monumento de Máximo Gómez, Anfiteatro Nacional, Plaza de la Catedral, el Ayuntamiento, Palacio del Segundo Cabo, Capitolio Nacional…”; este no tiene playas….
Aquí hay uno, que es el número dos, que es: “Salida del Capitolio, estatua de Martí, monumento a los estudiantes, Fortaleza de la Punta, Torreón de San Lázaro, hotel Nacional, monumento al “Maine”, embajada norteamericana (EL PUBLICO EXCLAMA: “¡No!”)  Le podemos quitar lo de la embajada...; hotel Habana Riviera, parque de recreación “Camilo Cienfuegos”, playa municipal, Castillo de la Chorrera, nuevo túnel del Río Almendares, parque Coney Island, carreras de perros, universidad, Iglesia de Villanueva, Club Obrero Cubanacán, Jaimanitas, Santa Fe, Baracoa, playa popular El Salado, visita de dos horas; centro turístico Barlovento, visita de media hora; residencial Country Club, el Laguito, centro turístico L y 23, hotel Habana Libre , Universidad de La Habana, regreso al Capitolio, duración:  cuatro horas, pero vale dos pesos 50 centavos”, y hay personas que lo pueden pagar, pero hay otras que no lo pueden pagar y ese es un inconveniente.  Pero hay además, otro, por ejemplo el paseo seis, que dice: “Salida de L y 23, parqueo del Río Almendares, bosque de La Habana, Alturas del Vedado, Parque Zoológico, Plaza de la República, regreso a L y 23...”, tiene un inconveniente, puede ser que una persona visite el Río Almendares, o el bosque de La Habana, o el Parque Zoológico, a lo mejor no los quiere visitar otra vez, ya lo ha visto una vez y este programa estaría llamado a ir teniendo cada vez menos personas, porque ya hayan visitado esos lugares. En cambio, por ejemplo, el que va a una playa, el que va una vez, va dos, va diez; hay quien dice que si se baña una vez se tiene que bañar ocho veces, algo de eso.
Y eso quiere decir que hay sitios que no son edificios, a los cuales la persona no va una vez, sino muchas veces, y ese es el tipo de viaje que se debe buscar con preferencia.  Por lo pronto, hay que poner precios que los puedan pagar los trabajadores. Ahora, ¿cómo puede ser posible mantener estos programas para las personas que quieren hacer uso de este itinerario y de este servicio?  Pero hay otra forma que se nos ocurre, de garantizar esos mismos viajes, por ejemplo a las playas, en vez de hacer un viaje con el carro alquilado cuatro horas, y es lógico que si son cuatro horas, pues entonces haya que pagar más, sino por ejemplo, dividir los carros del turismo en general, situar en los hoteles el número que puede trabajar, de acuerdo con la corriente turística que hay, y entonces, con el otro grupo organizar estos pasos y organizar alguna piquera en la zona céntrica de La Habana, de manera que las personas que quieran ir a la playa y se encuentren con que los ómnibus están repletos o que tienen que esperar mucho tiempo y pagan 30 centavos, creo que 30 por ir al Mégano...  (EL PUBLICO LE DICE: “22”). ¿A Guanabo cuánto?  Yo creo que rebajaron algo. ¿Y a Varadero cuánto?  (EL PUBLICO LE DICE: “Un peso cincuenta y cinco centavos.”)
Como el problema que tenemos es ese, se ha aumentado el número de viajeros a las playas, a esos centros, pero no ha aumentado el número de ómnibus, y hay déficit; no le podemos hacer competencia a la ruta, porque resulta que no alcanza; resolvemos el problema, y se pone un precio que tienen que calcular, de manera que por una cantidad más o menos igual o ligeramente superior a la que tienen que pagar en ómnibus, vayan en automóvil, de esos que montaban los millonarios norteamericanos , y con eso el carro no tiene que esperar allí.  Si tienen, por ejemplo, un sitio grande de estación, cada vez que se reúnan tienen, por ejemplo, los distintos sitios, con los distintos costos de los pasajes, a las distintas playas: Bacuranao, El Mégano, playa Bermejo (EL PUBLICO EXCLAMA: “¡El Salado!”), El Salado del lado de acá, estoy hacia el este ahora; Varadero, y entonces El Salado. Luego tienen, antes de El Salado el club obrero Cubanacán y tienen, además, todos los centros turísticos que están hacia occidente:  Soroa, Viñales, San Diego, la Hacienda, que se llamaba Hacienda Cortina, ¿no?, había una discusión sobre eso, le habían puesto la Hacienda la Güira, pero la verdad es que tenía un nombre, como quiera que sea, igual que el Castillo del Morro, y no le vamos a cambiar el nombre, ahí había que dejarlo, como recuerdo de lo que fue un latifundio y que hoy es uno de los más bonitos centros de recreo que se han hecho. Está Soroa, la playa de Bairén que se ha hecho nueva, y, en fin, todos esos valles que son maravillosos, y, como decía un obrero, las cooperativas, que también son dignas de verlas.
Y hacia el este, también se puede llegar hasta la Ciénaga de Zapata y esos sitios; en fin, se puede tener un programa con los costos.  Si alguien quiere alquilar el carro por el día completo, con su familia, lo alquila.  Si no, cada vez que se reúnen cinco o siete, según el número de pasajeros que quepan, entonces viaja y regresa; posiblemente traiga pasajeros también y estén trabajando constantemente. Eso es cuestión de estudio; deben poner los precios que les cubran los gastos y les permitan una retribución justa por su trabajo, pero recuerden bien que mientras más económico más personas podrán disfrutar de ese servicio y más asegurado tendrán el trabajo.  No importa si, por ejemplo, pasa el verano; siempre quedarán numerosos sitios donde el pueblo acudirá en número cada vez mayor, y ustedes podrán asegurar así su trabajo, dividiéndose entre las distintas posibilidades. Al principio, tal vez, con algunos inconvenientes; todas las iniciativas tienen que vencer ciertos obstáculos en los primeros momentos, pero entonces, a esos carros que han sido afectados por el problema del turismo extranjero, les autorizamos, pero con mucho orden, para que tengan sus piqueras y puedan hacer estos programas. Este que hicieron, por si alguien quiere hacer todo este recorrido, y ese programa que le sugería en que no salieran con el carro un número de horas, sino llevando y trayendo distintos pasajeros.
Esas sugerencias las pongo en manos del sindicato del turismo, para que no solo resuelvan el problema suyo, sino que ayuden a resolver el problema a los trabajadores, que muchas veces no pueden ir a las playas porque no hay pasajes suficientes.
Ahora, por ejemplo, tienen también el club obrero, que están pidiendo que les extiendan las líneas hasta allí, y yo sé que en muchos de estos casos hay dificultades de equipos suficientes para atender esos servicios, y que los choferes del turismo, con sus carros, pueden ayudar considerablemente a resolverlas.
Ustedes tienen que sugerir y le explican al sindicato cuáles son las necesidades mayores,  yo tengo la seguridad de que van a resolver su situación, como medida adicional a las otras medidas de carácter económico.  En realidad, le van a hacer un favor a todo el pueblo, porque el número de personas que van a las playas es cada día mayor.
Hay otro problema que debemos resolver adecuadamente: la actuación por parte de los dirigentes de los gastronómicos, de acuerdo con lo que le interesa a la Revolución.  Es decir, nosotros hemos creado el Instituto Nacional de la Industria Turística, encargada de administrar primero los centros de recreo que se recuperaron, después todos los centros de recreo que se han construido, y ahora, más adelante, tan pronto quede resuelto el problema en esos hoteles, administrará los hoteles.  Actualmente tiene un gran número de playas y de centros turísticos en toda la isla; ustedes habrán podido visitar algunos de ellos. Y es el propósito del Gobierno Revolucionario seguir creando otros centros de recreo para el pueblo, y, sobre todo, que estén al alcance del pueblo.
Antes no se podía ir a una playa; ustedes lo saben, que estaban cercadas. Era para un número muy reducido de familias; al que se le ocurría bañarse en una de esas playas sin permiso, se lo llevaban preso, y, por supuesto, que no le iban a dar permiso.  Si era trabajador humilde, o si era negro, no le daban permiso; nada más tenían derecho un grupo muy reducido de familias.
Hoy todas las playas están abiertas; las taquillas son muy baratas, el alimento está al alcance de las familias más humildes; se cobran los precios necesarios solamente para los gastos del personal, pues los que trabajan allí son obreros gastronómicos, y para ir recuperando lo invertido, en pequeña escala, pero solo con el propósito de volverlo a invertir, y se han puesto los precios al límite posible de las posibilidades económicas de esa organización.
Ustedes saben que allí, en las cafeterías, se vende muy barato. Es necesario mantener esos precios, pero deben tener esos centros una organización muy racional y muy perfecta. ¿Para qué?  No solo para que sean costeables, sino para que permitan una pequeña renta que asegure la continuidad del programa. El Gobierno Revolucionario les facilita cerca de un millón de pesos mensuales al Instituto Nacional de la Industria Turística, para que desarrolle sus planes, para que continúe construyendo centros de recreo al alcance del pueblo. Si ese dinero se invierte en costear centros incosteables, el programa se paralizaría. La aspiración debe ser no solo el poder invertir esa cantidad que entrega el gobierno todos los meses, sino que de todos los centros turísticos venga una pequeña renta para invertir de nuevo y ampliar el programa.
Eso es lo único correcto, porque si no contamos con recursos para invertir, significará que el programa se paralice y no podamos crear nuevos centros de trabajo para los obreros gastronómicos.  Sin recursos no podemos invertir y tenemos que organizar las cosas de manera que continúe desarrollándose ilimitadamente, y sin interrupción, el programa.
Algunos dirigentes obreros no entendieron eso. Ustedes saben quiénes son los buenos dirigentes; yo no voy a mencionar nombres, no hace falta, voy más bien a definir qué es un buen dirigente, y quién no es un buen dirigente. Un buen dirigente muchas veces es el que tiene que decir las cosas más difíciles; un buen dirigente plantea estas cuestiones y busca fórmulas que convengan a los obreros y a la nación. Un mal dirigente no se preocupa de estas cuestiones; un mal dirigente no saca cuentas, no hace cálculos, no piensa lo que es la economía de un país, no le preocupa en absoluto la realidad de que para invertir es necesario tener qué invertir.
Parecen ignorar que el dinero no viene del cielo, que el dinero se obtiene con trabajo y se acumula con el ahorro; que cada uno de esos centros cuesta cientos de miles de pesos, que salen de la producción, salen de los recursos del país; que si el Gobierno Revolucionario ha asumido la tarea de desarrollar todos los centros turísticos y lo está llevando adelante en una escala nunca vista, como lo prueban las obras que están a la vista de todos, para desarrollar ese programa donde hoy trabajan cientos y miles de obreros gastronómicos, necesita invertir.
Hay a quienes no les preocupa en absoluto esa idea. ¿Que no son costeables? Pues no importa.  ¿Y de dónde ha de venir el dinero? Pues no tienen idea de que el dinero tiene que salir del pueblo, que sale del trabajo, que cada peso que se invierte en una de esas obras es un peso que produjo un trabajador.
Al mal dirigente no le preocupa la economía de la nación. Es un ignorante, o un mal intencionado, o, cuando menos, un desorientado o un irresponsable. Y al dirigente obrero que, en una etapa revolucionaria, en un régimen revolucionario como este, no le preocupe la economía de la nación, no es un revolucionario.
Hay un procedimiento muy fácil para simular que se es revolucionario; hay hasta una manera que pudiera llamarse simpática, de parecer revolucionario, cuando no se tiene una conciencia clara de lo que es un verdadero revolucionario, y es aparecerse defendiendo un interés de los trabajadores, un interés de tipo económico, cuando en realidad está cambiando ventajas pasajeras por fracasos futuros; que a lo mejor está defendiendo algo que parece bueno para los obreros, y sin embargo es malo; que puede ser la ruina de la institución, aunque signifique, o parezca significar, una ventaja determinada. Ese más bien es el demagogo, ese no les habla claro a los obreros, ese despierta el egoísmo, la idea egoísta de resolver los problemas pasajeramente, o de un grupo, con olvido del interés general.
Lo que hemos dicho en otras ocasiones, cuando se crea un centro de trabajo nuevo, es que no es un centro de trabajo para el hijo del millonario, es un centro de trabajo para el hijo, o para el hermano de un trabajador.
Cuando se invierte se está resolviendo el problema de un hombre humilde y de una familia humilde, se resuelve el problema de ese obrero de la construcción que allí trabaja y se resuelve el problema del empleado permanente que allí libra su sustento, atendiendo esos centros.
Si nosotros no tenemos qué invertir, se paralizará el ramo del turismo; si nosotros no tenemos qué invertir, no podremos darle empleo a un solo obrero más; resuelto el problema de los que están trabajando, sin resolver, ni remotamente, el problema de los que no tienen trabajo. Luego, hay que invertir, para aumentar el empleo; hay que invertir, para desarrollar la economía de todos; hay que invertir, para progresar. Y, para invertir, es necesario que haya costeabilidad; y si no hay costeabilidad no hay inversión, sin inversión no hay progreso, sino paralización. Luego, cada obrero debe preocuparse si es costeable ese centro, porque ese centro no pertenece a la empresa tal o más cual extranjera, ese centro no pertenece a un interés privado, ese centro pertenece a su economía, ese centro pertenece al pueblo, el dueño de ese centro es el pueblo, lo que se invierte en ese centro se invierte para el pueblo, lo que se ahorra en ese centro no se lo echará nadie en el bolsillo, se invertirá para hacer más centros de recreo para el pueblo; centros de recreo adonde podrán ir ustedes y sus hijos, donde podrán ir los hijos y las familias humildes de nuestro país que antes no tenían donde ir; centros de alegría y de descanso, centros de salud y de felicidad para los que nunca tuvieron esas oportunidades; centros de trabajo para los obreros de la construcción, centros de empleo para los obreros gastronómicos. Si lo que se ahorra se invierte en beneficio de un obrero gastronómico, los obreros gastronómicos deben ser de los más interesados en que los centros sean costeables.
Los dirigentes que no entiendan esas realidades, pueden engañar a los obreros una parte del tiempo, pero no podrán engañar todo el tiempo a los obreros.  Los dirigentes que practican esa política de olvido a los grandes intereses de la clase y de la nación, ¡a la larga irán siendo relegados como corresponde a los demagogos y a los falsos dirigentes en un proceso revolucionario!  Porque lo que vale en una revolución son las grandes verdades, lo que vale en una revolución no es el interés de un día, sino el interés futuro, el interés eterno de los trabajadores; lo que vale en una revolución no es lo más cómodo, sino, muchas veces, lo más difícil.
Hacer costeable no quiere decir sacrificar los salarios, no quiere decir sacrificar los ingresos actuales; la costeabilidad muchas veces es cuestión de distribución y de organización. Así, por ejemplo, a veces hemos ido a una playa y nos hemos encontrado que en el restaurante hay nueve obreros trabajando, o en la cocina nueve sirvientes, pero el mismo número de los que trabajan durante la semana son los que trabajan los sábados y domingos; los sábados y domingos no alcanzan, los días de la semana sobran. Un poco de organización indica que debe haber un número durante la semana, un número mucho mayor los domingos; que no estén durante la semana cruzados de brazos, ni que tengan que trabajar sobrehumanamente los sábados y los domingos, con detrimento para su salud y detrimento para el servicio. Es lógico que la condición de los que vayan a trabajar dos días a la semana no sea igual a los que trabajan toda la semana, pero con un escalafón, esos que trabajan dos días a la semana estarían en primer lugar para en los nuevos empleos trabajar ya permanentemente.
Nosotros considerábamos que la solución de la costeabilidad en numerosos centros que habían sido recuperados era mediante el establecimiento de nuevos centros de trabajo; es decir que si uno de los centros era incosteable y se construía un nuevo centro, podía hacerse una distribución del personal y llevar de unos centros incosteables donde hubiese exceso de personal, personal para el nuevo centro. Con esa idea se estaban invirtiendo considerables sumas; no se acudía, desde luego, al procedimiento de rebajar personal, se acudía al procedimiento de crear nuevos centros, con la esperanza de redistribuir aquel personal en exceso de algún centro incosteable. Cuando nosotros estábamos descansando en esa idea, nos encontramos con que algunos dirigentes, muy mal orientados, hicieron presiones sobre el Instituto Nacional de la Industria Turística, sobre una fórmula en realidad errónea:  había dos intereses, el interés de los que estaban en las listas de suplentes, el interés de los trabajadores que estaban empleados en un centro incosteable, el interés del instituto, es decir, un solo interés; porque, cuando uno salga perjudicado saldrán perjudicados todos.Y, ¿qué plantearon esos dirigentes?  Pues, plantearon que a un nuevo centro no se podía llevar ni un solo empleado de otro centro, sino que, en todo caso, había que acudir siempre a la lista de suplentes; y que había que hacer una reducción, reducir de esos centros donde estuviesen trabajando en exceso, para llevarlos a la lista de suplentes.
Se planteaba una cosa absurda, hay que atender los dos intereses. Es muy justo velar por el interés del que está en una lista de suplentes, y eso tiene que ser tomado en consideración, pero es absurdo y es muy amargo decirle a un obrero que está trabajando: “Vamos a reducirte para que vayas a ocupar el último lugar en la lista”; es quitarle el empleo al que está trabajando, y eso es en realidad muy duro y muy amargo. Pero, ¿de qué manera entonces podía el instituto hacer costeable algún centro? Imposible, porque tendría que acudir al expediente de dejar sin empleo durante muchos meses a un obrero, y el instituto no podía hacer eso; de donde se creaban nuevos y nuevos centros de recreo a base de grandes inversiones, y no se podía hacer costeable uno solo de los centros que tenían exceso de personal.
Esa era una solución equivocada; una solución correcta habría sido dividir las nuevas plazas: la mitad para los que estaban en la lista de suplentes, y la otra mitad para emplear el personal que por ser en exceso e innecesario en un centro hacían incosteable ese centro. Esa era la solución correcta, la otra solución era una solución demagógica, y quizás con aspiraciones de tipo político personalista, ya que fingía defender el interés de los que estaban sin trabajo y, sin embargo, conspiraba contra el interés de los que estaban sin trabajo; porque si a causa de la incosteabilidad de esos centros, el INIT no puede invertir un solo centavo, el INIT no puede crear una sola plaza nueva, jamás se resolvería el problema de las listas de suplentes.  Y ese dirigente que parecía hablar en favor del que estaba sin trabajo, realmente estaba actuando contra el que estaba sin trabajo; porque, ¿de qué forma iban a resolver el problema sin crear nuevos centros? Y he ahí que lo que puede parecer justo, en realidad es demagógico y en realidad es nocivo a los intereses de los trabajadores.
Actualmente, gracias a la jornada de verano, tengo entendido que, virtualmente, han sido cubiertas todas las listas de suplentes; es decir que están trabajando. Tengo entendido, además, que el sector gastronómico en general tiene mucho más empleo del que había antes del triunfo de la Revolución. Esto quiere decir que el aumento del turismo nacional ha beneficiado numerosos centros y que en cambio los grandes hoteles y determinados centros de diversión, pero que se pueden contar perfectamente, han sido afectados. Sin embargo, en general, la situación en conjunto es mucho mejor, y el hecho de que se haya resuelto el problema de los suplentes por la jornada de verano quiere decir que todavía tenemos que invertir más y crear más centros, pero también que tenemos que reorganizar para que cada centro sea costeable, y la costeabilidad debe ser la primera preocupación de cada obrero gastronómico, porque eso es lo que le permitirá dar empleo en el futuro a familiares suyos, o a otros obreros, o a sus hijos, o a los hijos de otros obreros; porque, recuerden que la población se multiplica, que los jóvenes crecen.  Y así tenemos el tremendo problema de buscar empleo a los que crecen, de buscar empleo a los que están sin trabajo, y si nosotros no lo hacemos y no lo buscamos, ¿acaso va a venir alguien a buscarlo por nosotros? ¿Acaso los enemigos de nuestra Revolución van a venir a resolver esos problemas?, o, ¿acaso estamos esperando nosotros que vengan otros a resolverlos?  ¡No, somos nosotros los que tenemos que resolverlos, y resolverlos correctamente!  
Por eso es necesario la estrecha colaboración con el Instituto Nacional de la Industria Turística y la perenne preocupación por la costeabilidad, porque nuestra batalla debe ser: ¡Hacer costeables todos los centros de trabajo!  
Y, por último, el sindicato único ya es una consigna aprobada unánimemente por todos los trabajadores gastronómicos.
Algunos trabajadores se preocupaban de si el sindicato único iba a ir en detrimento de sus intereses y nosotros les respondíamos, cuando nos preguntaban sobre esa cuestión: El Gobierno Revolucionario jamás estará de acuerdo con nada que perjudique los intereses de los trabajadores. Es posible que algunos tuvieran esas preocupaciones, pero el hecho cierto es que el número de dirigentes era extraordinario en el sector, que el costo del ramo era muy alto y que el sector de los gastronómicos tenía un número superior a 100 dirigentes. Y eso lo que promueve es la rivalidad, eso lo que promueve son las aspiraciones de tipo personal, eso conspira contra la unión de los trabajadores y en la unión de los trabajadores está su tremenda fuerza; en la unión de los distintos sindicatos que integraban el sector de los gastronómicos estará también la fuerza del sector gastronómico. Y eso no afectará el interés de ningún trabajador, jamás el Gobierno Revolucionario estará de acuerdo con nada que afecte el interés de ningún trabajador.
Y lo que nos faltaba era sobre una idea que el Gobierno Revolucionario va a llevar a la práctica y que está muy relacionada también con ustedes, y es la creación de los círculos sociales obreros.  Anteriormente los obreros no tenían centros de diversión, no tenían centros de recreo, porque en cada pueblo nos encontrábamos un casino de la cámara tal o del grupo tal, un club del grupo tal; los obreros no tenían centros de recreo, en ningún pueblo existía el centro social de los obreros.  El primero se creó con la recuperación de un club donde el Estado había invertido graciosamente un millón de pesos.  Es decir que en vez de hacer una playa para los trabajadores, un centro para los trabajadores, habían invertido un millón de pesos en mejorar las confortables condiciones de un club de los que tenían medios para divertirse. En consecuencia, el Ministerio de Recuperación de Bienes recuperó ese club y lo convirtió en el primer club de los trabajadores, donde no hay que pagar entrada para ser socio y donde la cuota está de acuerdo con los ingresos. Es decir que si un obrero que gana 90 pesos paga dos pesos, un obrero que gana 350 pesos paga seis pesos por ser socio de ese círculo social; más que club, vamos a llamarlo círculo social obrero.
Pero, un círculo obrero no sería nada, porque hay muchos obreros que viven en Luyanó, en distintos barrios de la capital, que pueden resultar demasiado distantes para ir, por ejemplo, de noche, a practicar algún deporte a ese círculo social. Un círculo es demasiado poco; tenemos que ir a la creación de círculos en todos los lugares de la república, círculos obreros, pero con una ventaja que no tenían los círculos aristocráticos, porque en el círculo aristocrático cada club tenía su grupito aristocrático, cada club tenía su núcleo, el de un club no podía ir a otro club, el de una playa no podía ir a otra playa, estaba eternamente condenado a estar viendo siempre las mismas caras y estar visitando siempre el mismo sitio. Los círculos obreros no pueden ser constituidos con ese estrecho horizonte, el círculo obrero tiene que ser una institución que pertenece no a un grupo de obreros, sino a los obreros de cualquier lugar de la república. Es decir que el obrero de Santiago de Cuba, si viene a La Habana, puede visitar los círculos obreros de La Habana, porque es socio, no de aquel círculo, sino de todos los círculos obreros de la república.
Y así, por ejemplo, ya tenemos el primer círculo social obrero, el Cubanacán.  Allí tenemos, como ustedes saben, algunas instalaciones que no son suficientes; pero tenemos dos caballerías de campos de golf, que están magníficas para establecer allí un sinnúmero de campos deportivos.
Ahora los círculos obreros van a tener una nueva institución: el teatro obrero. ¿Y saben ustedes cuál va a ser el teatro obrero?  Están ustedes en el teatro de los trabajadores...
A veces los obreros no podían llevar a su familia a ver una buena película, porque tenían que pagar por sentarse cómodamente en un cine, tenían que pagar un peso por cada miembro de la familia. Ahora, con este teatro, que estará  operado por el Instituto Nacional del Cine y que formará parte de los círculos sociales obreros, será un centro donde los trabajadores podrán ver las mejores películas por 20 centavos. Pero además, si ese trabajador es socio de los círculos sociales obreros, tendrá que pagar solamente 10 centavos.
Sin embargo, eso no basta. El comisionado municipal de La Habana, el compañero Llanusa, está construyendo varios centros que los va a poner a disposición de la organización de los círculos sociales obreros. Está construyéndose el centro de recreación infantil, está construyéndose el parque “Martí”, se están construyendo otros, y, sobre todo, una gran idea. El tenía planeado hacer una inversión de un millón y medio de pesos con vistas a un centro de turismo orientado hacia el turismo exterior, extranjero. Pero, con las nuevas circunstancias, ha pensado que es mucho mejor invertir ese millón y medio en crear círculos sociales obreros en distintos barrios de la capital.
Es decir que los gimnasios, salones de conferencias, de fiestas, piscinas, juegos de salón, pero no juego de interés, quiere decir, ping-pong es un juego de salón, lo tendrán todos esos centros, donde el trabajador o su familia puedan, después de las horas de trabajo o los días  de descanso, asistir; si por ejemplo lo tenemos en las proximidades de sus casas, si quieren ir al círculo social Cubanacán, va; si no quiere ir allí, puede venir al cine y por 10 centavos puede venir él, y por esa misma cantidad los demás familiares. Y eso, naturalmente, no afectará, por supuesto, no afectará a los demás cines, a los obreros de los demás cines, porque vendrán a ver esas películas los que antes no podían verlas.
Es decir que lo que ocurrirá es que vendrá mayor número de personas, verán determinadas películas que ahora no las podrían ver, y los demás cines seguirán teniendo su gran concurrencia; supongamos que no quiere ir al círculo Cubanacán o no quiere ir al cine, puede ir a bañarse en la piscina del círculo social que está en su barrio.  Si viene de Santiago de Cuba un obrero de vacaciones —porque también vamos a organizar las vacaciones— a base de ese sistema de 20 días cada 7 meses, en vez de un mes cada 11 meses. Si viene el obrero de Las Villas o de Camagüey, y va a visitar La Habana, tendrá derecho a ir a los círculos sociales obreros de la capital; y si va un obrero de La Habana a Santiago de Cuba, tendrá el mismo derecho a ir a los círculos sociales obreros de Santiago de Cuba.
Es decir que eso permitirá que por una módica cuota y sin entrada, los obreros obtengan beneficios que antes no obtenían ni siquiera los millonarios, porque los millonarios, como allí todo era círculo estrecho, iban junto al grupito y no podían ir más que a un solo club. Y vean qué sencillo cuando se organiza debidamente un país, cuando se organiza un país de acuerdo con normas justas, equitativas y generosas, un obrero podrá tener mucho más de lo que antes tenían los millonarios.
Desde luego, vamos a suponer que un obrero no sea socio, no quiera ser socio o no le preocupe ser socio. No quiere decir que no pueda disfrutar de esos centros adonde por fin viene, solo que paga 10 centavos más, porque hay que crear ventajas a favor del obrero que se asocia y cumple puntualmente. No están excluidos los obreros que no se asocien, pueden ir, y puede ir cualquier persona del pueblo, y si un millonario quiere ir —si todavía quedan muchos millonarios por ahí, si todavía quedaran muchos y quisieran venir al círculo obrero—, los obreros no hacen lo que hacían ellos con el trabajador, los obreros le permiten que venga a su círculo social obrero.
Y en esos círculos sociales no habrá la amarga discriminación para ningún cubano, y serán como esos centros de recreo que son hoy las playas públicas, donde todo es alegría, todo es orden y todo es moral, porque el comportamiento de los trabajadores y de los hombres del pueblo ha superado, con mucho, todos los ejemplos de conducta que habíamos presenciado anteriormente.   La moral y el comportamiento de los trabajadores en los centros, no en esos que ha creado la Revolución, indica que una nueva moral está imperando en nuestra patria, la moral extraordinaria de los humildes.
Y decíamos que teníamos que estimular a los que se asociaran, porque ello es lo que realmente permitirá contar todos los meses con una cantidad fija de recursos para atender los gastos de esos círculos sociales. El primero para nosotros es, naturalmente, el más caro, porque era un centro de recreo de grupos que contaban con recursos y allí no importaba que las comidas fuesen muy caras anteriormente, pues pagaban también cantidades grandes de dinero y tenían un número determinado de personal.  Sin embargo, como nosotros no podemos reducir a esos trabajadores el número, tenemos que ir ideando la forma de hacerla costeable todo. Y si logramos tener, por ejemplo, 100 000, 200 000, o varios cientos de miles de asociados a los círculos obreros, estará garantizado el funcionamiento de esta nueva organización. Pero todavía el Gobierno Revolucionario puede hacer más, porque a pesar de que es muy económico el precio de los centros turísticos del INIT, cuando un obrero que sea socio de los círculos sociales vaya a usar de los servicios del Instituto Nacional de la Industria Turística, también le podemos hacer una rebajita.
Así  que, poco a poco, iremos creando estas nuevas instituciones que son el reflejo del cambio       que está ocurriendo en nuestro país.  Antes eran los casinos de unos cuantos, las sociedades de unos cuantos; los obreros no tenían centros de recreo; los obreros no tenían círculos sociales, esos círculos sociales pertenecían a la clase dominante.
Hoy los obreros, con los campesinos, marchan a la vanguardia de la Revolución; hoy, los obreros se organizan en milicias para defenderla a cualquier precio; hoy, los obreros están conjuntamente con los campesinos, construyendo una nueva patria. Luego, los círculos sociales obreros serán la expresión social y cultural de la nueva era que está viviendo nuestra patria.
Los obreros antes no contaban, ni ellos ni sus hijos, ni sus familiares tenían derecho al recreo ni a la cultura; los obreros hoy cuentan, y así como antes lo más selecto de cada pueblecito era la colonia tal o el casino más cual, en lo adelante lo más selecto, lo más ilustre y lo más distinguido de cada pueblecito será el círculo social obrero tal, porque tenía que llegar también ese día. Y, de seguro que muchos no se daban siquiera cuenta de estas realidades; estaban como acostumbrados a no tener derechos, estaban como acostumbrados a las privaciones, y con seguridad que muchos nunca se detuvieron un minuto a pensar, ¿por qué aquella familia tiene club? ¿Por qué aquella familia puede ir allí a bailar el 31 de diciembre o a reunirse los sábados por la noche, o a bañarse en aquella piscina, o a jugar en aquel campo y yo no? ¿Por qué pueden ir los hijos de aquella familia y mis hijos no pueden ir? ¿Por qué puede ir la esposa de aquella familia y la mía no puede ir? ¿Por qué? Con seguridad que muchos, a fuerza de costumbre, no se habían detenido a preguntarse el por qué.  Y era lógico, porque aquello que a él le privaba de todo, constituía un régimen de privilegios; aquel era el mundo que se habían forjado los que tenían todos aquellos disfrutes, precisamente, gracias a los que trabajaban, gracias a los que producían; no era la esclavitud, como en siglos pasados, pero algo parecido a la esclavitud; algo que en ocasiones era más cruel que la esclavitud, porque los dueños de los esclavos se preocupaban de que los esclavos no murieran, y los que han usufructuado el trabajo de los obreros, no les importa que un obrero, si no lo necesitan, se muera de hambre.
Aquellos habían hecho su mundo, el mundo organizado a su modo de pensar y de disfrutar lo que otros trabajaban. Eso es lo que con tanto tesón defienden, eso es lo que añoran los enemigos de la Revolución, eso es lo que sueñan volver a implantar, eso es lo que pintaban como todo ideal de una nación, en que la triste realidad es que las grandes mayorías estaban privadas de las cosas más elementales de la vida.  Estaban privadas hasta de las alegrías más sanas y más sencillas, no conocían más que el trabajo; las alegrías, las conocían otros; la cultura, la adquirían otros; las comodidades, las disfrutaban otros; la abundancia, la disfrutaban otros. Ellos, nada.  Hoy la esclavitud nos parece una cosa muy injusta; sin embargo, hubo aquellos tiempos en que los ciudadanos pasaban por el lado de un esclavo encadenado y lo miraban como lo más natural del mundo; veían aquel hombre arrancado de su mundo, en algún lugar lejano del Africa, arrebatado al calor de su familia, a los paisajes donde había crecido y a los cuales se había encariñado y lo traían a un mundo donde se hablaba un idioma que no conocían, lo vendían a un amo que no tenía piedad, lo encadenaban, lo hacían trabajar de la noche a la mañana y no solo eran esclavos ellos, sino que sus hijos tenían que nacer esclavos, y destinados también, aquellas inocentes criaturas, a llevar algún día los grillos a sus pies.
Y había quienes pasaban por el lado del esclavo encadenado y le parecía aquello natural, se habían habituado a la ignominia; veían las fiestas cargadas de perfumes, llenas de los colores, de las sedas y los tejidos brillantes, y les parecía natural que mientras aquellos reían o viajaban en carruajes, en algún cepo o en alguna celda, o en algún corral, como rebaño, morasen los hombres encadenados. Se habían acostumbrado a aquello que hoy nos parece una tremenda injusticia, pero que ayer parecía algo natural a los que se acostumbraron a ello. Y cuando los primeros hombres comenzaron a hablar de la libertad de los esclavos, con tesón y con furia, los usufructuarios de aquel sistema lo defendían y estaban dispuestos a dar las más enconadas batallas por impedir que aquellos hombres se librasen de sus cadenas. No querían perder sus esclavos, y los esclavistas tenían quiénes los defendían, tenían periódicos que hablaban a favor de aquello, tenían voces y plumas mercenarias que defendían aquella iniquidad, tenían innumerables razones para justificar aquello y, algo más, decían que el mundo se iría abajo el día que los esclavos desaparecieran.
Pues bien, similar es lo que estamos viendo hoy. Los esclavos sin cadenas, pero esclavos al fin y al cabo como aquellos, porque han estado trabajando para los que disfrutaban del esfuerzo de sus brazos, esos esclavos se están liberando y están haciendo un mundo justo, están luchando por un porvenir distinto.
Hoy, como ayer, tratan los grandes intereses, los usufructuarios de esa situación, de defender con furia sus privilegios, y dicen que el mundo se echa abajo si nuestro país no vive como vivíamos ayer. Por eso, algún día miraremos también con asombro los tiempos en que el obrero no era nada, en que el campesino no tenía un pedazo de tierra, en que sus hijos no tenían una escuela, en que el trabajador no tenía siquiera un modesto círculo donde ir a descansar del trabajo en sus horas de ocio.
¡Cuando vemos la transformación que está experimentando nuestra patria, cuando vemos los esfuerzos que se hacen para detener al pueblo en su justo y noble propósito, nos vienen a la mente aquellos tiempos, ya pasados, que hoy comprendemos mejor, como mañana comprenderán, mejor que hoy, la obra que esta generación está realizando!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada