julio 14, 2012

Discurso de Fidel Castro en la clausura del XI Congreso Nacional de la CTC-R (1961)

DISCURSO EN EL ACTO DE CLAUSURA DEL XI CONGRESO NACIONAL DE LA CTC-R, CELEBRADO EN EL TEATRO“CHAPLIN”
Fidel Castro
[28 de Noviembre de 1961]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Compañeros trabajadores:
En el día de hoy hemos recibido la noticia de que un joven brigadista alfabetizador, de 16 años de edad, fue asesinado por elementos contrarrevolucionarios en la finca Palmarito, barrio Río de Ay, término municipal de Trinidad, Las Villas.
El joven se nombra, o se nombraba, o se nombra y se seguirá nombrando siempre , Manuel Ascunce Domenech; estudiaba en la escuela secundaria básica América, de Luyanó; terminó el segundo año y comenzaría en enero el tercer año; el nombre de su padre, Manuel Ascunce
Hernández, técnico laboratorista de la productora de superfosfatos de Regla. Junto con él fue igualmente asesinado un campesino, en cuya casa enseñaba el brigadista, cuyo nombre es Pedro Lantigua Ortega; deja siete hijos.
Según el informe recibido en la provincia de Las Villas, los hechos ocurrieron así:
El campesino Pedro Lantigua fue un revolucionario de siempre; por ello, al advenir la actual Revolución se integró a ella totalmente. Pertenecía, además, a las Milicias Nacionales Revolucionarias. La tarde de los hechos, es decir, en la noche de antier, a eso de las 6:00, se presentó a la puerta del bohío un individuo que le dijo a Pedro: “Tengo que hablar contigo, sal un momento.” El campesino salió al encuentro del que así lo requería: tras de él salió el brigadista, y después la esposa y un hijo de 14 años.
Al llegar todos afuera, vieron que allí había un grupo de individuos armados; el que había hablado con el campesino se dirigió ahora al brigadista y le preguntó quién era. Aunque la campesina, comprendiendo el peligro, trató de hacerlo aparecer como hijo de ella, este respondió que era el maestro. El facineroso entonces agregó:“Tú eres brigadista, ven también.” En esos momentos el campesino parece que intentó hacer uso de su arma, pero todo fue inútil por la superioridad numérica de los asaltantes. Emprendieron la marcha, y la campesina con su menor hijo trató por tres veces de seguirlos. Una de las veces maltrataron al niño y en la tercera la amenazaron que si volvía le entrarían a tiros. La campesina esta vez permaneció un rato en la casa, y una vez que se hubieron alejado los asaltantes con los dos hombres de la casa, ella se dirigió al lugar de vivienda más cercano, a dos o tres kilómetros, y pidió ayuda narrando lo sucedido.
Al acudir vecinos del lugar al sitio donde ella vio alejarse a los hombres, encontraron colgados de un árbol al campesino y al brigadista.
Se me hacía difícil comenzar mis palabras de hoy sin exponer este hecho indignante y repugnante. Era, por otra parte, un poco ocultar el ánimo que nos puede embargar ante hechos de esta índole empezar hablando de otras cosas. Y, además, porque este hecho no es ajeno a los intereses de la clase obrera; este hecho, por lo que significa y simboliza, interesa especialmente a la clase obrera.
La campaña de alfabetización llegaba ya a su término. ¿Qué explicación puede tener semejante barbaridad? ¿Qué sentido puede tener semejante crimen? ¿Qué explicación al hecho bárbaro, inhumano, demostrativo de la más absoluta ausencia de sensibilidad, de asesinar prácticamente a un niño de 16 años, así, a sangre fría? A un niño que, además, había sacrificado sus vacaciones; que estaba allí, igual que otros 100 000 jóvenes, igual que otras decenas y decenas de miles de niños y de jóvenes, hijos, por supuesto, de decenas y decenas de miles de familias, muchos de ellos — la inmensa mayoría— hijos de la clase obrera.
Muchos de ustedes posiblemente tengan a sus hijos entre esos 100 000; jóvenes que se fueron a cumplir una tarea tan honrosa y tan noble, que se decidieron a separarse de sus familiares y ausentarse de sus hogares para ir a convivir con campesinos humildes, que viven en lugares apartados y aislados; que fueron allí a reparar una de las injusticias más grandes de nuestra sociedad; que fueron allí a reparar el crimen de que un millón de ciudadanos adultos ignorasen el alfabeto y no supieran siquiera escribir su nombre; que fueron a realizar un esfuerzo que ha causado la admiración y el reconocimiento del mundo entero, y que ha hecho posible que en reuniones internacionales de educación se mencione el caso de Cuba como edificante ejemplo.
¿Qué explicación puede tener el hecho de que a un niño así se le asesinara, se le ahorcara, se le aplicara una muerte tan cruel y tan inmerecida? Ya había ocurrido con un maestro voluntario, pero nos resistíamos a creer que pudiera llegar a ocurrir con un joven alfabetizador, por la condena unánime de la nación cubana a aquel hecho, y porque a más de repugnante y cobarde es, además, tan estúpido. Y hasta una mala causa, como la que defienden los enemigos de la patria, hasta una mala causa como esa se le defiende muy mal con semejante salvajismo. Y nos resistíamos a pensar que fuesen capaces de cometer un hecho como ese.
¿Y cuándo lo hacen? Lo hacen cuando tan solo faltan 20 días para finalizar la campaña; cuando uno tras otro empiezan los municipios de Cuba a elevar las banderas que los señalan como territorios libres de analfabetismo; cuando una tras otras las fábricas y los centros de trabajo levantan las suyas; cuando el país hace el esfuerzo final, que por ser el esfuerzo final tiene que ser el esfuerzo más tenso y más arduo; cuando toda la población cubana ha hecho suya la campaña; cuando todas las organizaciones de masa, cuando todas las instituciones han tomado en sus manos el problema, para poder cumplir la meta señalada; cuando se hace el esfuerzo decisivo.
¿Qué puede haber sido la causa, el móvil de esa acción? ¿La irritación de los enemigos de la Revolución, ante el hecho de que se hayan anunciado las cifras de los cientos de miles de alfabetizados? ¿Qué los ha movido?, ¿la impotencia, la irritación y el odio?, ¿o los ha movido el deseo de obstaculizar y perturbar ese esfuerzo final, de sembrar el terror entre las decenas de millares de familias que tienen a sus hijos alfabetizando, a fin de debilitar y frustrar el tremendo esfuerzo de la última etapa de la campaña?
Porque para nosotros, a más del dolor y la indignación que esto significa, significa también una preocupación seria, la preocupación de que el hecho en sí pueda impresionar profundamente el ánimo de los familiares de los brigadistas alfabetizadores, de que pueda sembrar el pánico y el temor en numerosas familias, y que ese temor pueda más que cualquier razonamiento, y que en consecuencia numerosas madres se desesperen y comiencen a traer a sus hijos de los campos.
Ya casi desde el principio, los contrarrevolucionarios trataron de intimidar a los familiares, trataron de hacer circular rumores acerca de supuestos peligros para los alfabetizadores, pero la campaña de intimidación y de rumores fracasó. Esta vez no se trata de un rumor, esta vez se trata de un hecho.
El Gobierno Revolucionario tomó todas las medidas imaginables para garantizar la seguridad de los brigadistas alfabetizadores, y en todos los sitios donde pudiese haber para ellos algún riesgo tomó medidas especiales a fin de protegerlos. Sin embargo, cuando todo parecía indicar que la campaña de alfabetización finalizaría felizmente, sin tener que lamentar un suceso de esta índole, hoy nos vemos en la amarga realidad de tener que afrontar el hecho.
No era posible ocultarlo a la opinión pública, no era posible guardar silencio, porque un hecho así hay que afrontarlo con la verdad, hay que afrontarlo con la condenación del pueblo todo, porque un hecho así hay que afrontarlo con valor, y las madres, sobre todo las madres, tienen que afrontarlo con valor.
Precisamente, en solidaridad con los familiares del joven asesinado, en solidaridad con el esfuerzo de sus hijos, para que el esfuerzo que han hecho durante tantos meses, el sacrificio con que han contribuido a una de las páginas más hermosas de la Revolución, la gloria, el prestigio, y el reconocimiento que nuestra juventud se ha ganado con su esfuerzo, no quede trunco. ¡Que las madres lo sepan afrontar con valor, precisamente para que no se cumplan los designios de los enemigos de la patria, para que no se cumplan los designios de los enemigos, para que los asesinos vandálicos e insensibles no puedan recoger el fruto de su crimen!
¡Retirar a un solo joven es hacer precisamente lo que querían los asesinos! ¡Recoger a un solo joven es complacer a los asesinos de ese joven! ¡Recoger a un solo joven sería, en estos instantes, una falta de solidaridad con los familiares del joven asesinado, sería una falta de solidaridad con todas las demás madres! Porque nosotros sabemos que las madres van a tener valor, que las madres van a confiar en la vigilancia de todo el pueblo, y en el esfuerzo de la Revolución, para evitar que vuelva a ocurrir, para evitarlo en la medida de las fuerzas de la Revolución, movilizando los recursos que sean necesarios.
¿Y qué nos enseña este hecho? Este hecho implica una lección para todos, este hecho implica una profunda enseñanza, especialmente para la clase obrera, y significa una enseñanza para todos nosotros. Más que una enseñanza, significa, sobre todo para nosotros, la comprobación de lo que pensamos y de lo que creemos.
Este hecho confirma nuestra concepción revolucionaria, comprueba lo que sabemos, lo que sabemos que es una revolución, como cambio profundo, con su secuela de luchas profundas, con su antagonismo de intereses de clases profundo. Y nos enseña lo que otras veces hemos afirmado, que la Revolución es una lucha a muerte entre la Revolución y la contrarrevolución, y que en esa lucha, o los revolucionarios exterminan a los contrarrevolucionarios, o la contrarrevolución extermina a los revolucionarios. Nosotros, ustedes, y todos, sabemos que nunca, ¡y sabemos que es precisamente la Revolución la que exterminará a los contrarrevolucionarios!
Pero la verdad, para que se comprenda bien, hay que plantearla así, como una disyuntiva, sin alternativa posible.
(LE ENTREGAN UNA NOTA AL DOCTOR CASTRO) Un obrero dice:“Propongo que de este Congreso salgamos un batallón para capturar a esos asesinos en nombre de todos los delegados al Congreso, y deseo ir en primer lugar, pues tengo un hijo brigadista y además yo participé en el batallón de la 'limpieza del Escambray' y conozco algo la zona” (MUESTRAS DE APROBACION). Por lo menos, si no un batallón, una representación que recoja el sentimiento de este Congreso; bastaría con una representación, pues todos ustedes comprenden perfectamente que tienen importantes obligaciones en sus centros de trabajo. Y sería, por eso, mejor que fuera un pelotón integrado por ustedes (MANIFESTACIONES DE APROBACION).
Que sea escogido, puesto que todos se ofrecen, por los compañeros del Comité Ejecutivo de la CTC.
Les decía que era necesario expresarlo con esa disyuntiva, sin otra alternativa, la lucha entre revolución y contrarrevolución. Pero es esta una de esas verdades en la que se cree y que, sin embargo, se hace necesario que todos la crean. Es una de esas verdades que por tratarse de problemas tan serios, como los que atañen a los medios de esa lucha, que es necesario a los pueblos aprenderla, no por simples razonamientos, sino que es necesario aprenderla de la propia experiencia que emana de la Revolución.
Y son estos hechos los que nos enseñan; son estos hechos los que enseñan a todo el pueblo; son estos hechos los que confirman nuestras ideas. ¡Y cuánto han acusado en el exterior a nuestro país los enemigos de la Revolución!
¡Cuánto han acusado a la Revolución! ¡Cómo han tratado de pintarnos de crueles, cómo han inventado cuantas cosas se puedan imaginar para confundir a los pueblos, para herir la sensibilidad de los pueblos! ¡Cómo han tratado de pintar a nuestra Revolución, como una revolución cruel e inhumana, como han hecho siempre los reaccionarios de todo el mundo contra todas las revoluciones! Y, sin embargo, qué ecuánime ha sido nuestra Revolución, cómo ha evitado nuestra Revolución excederse en sus medidas, y cómo nuestra Revolución, antes de excederse en las medidas necesarias, ha sido cautelosa, ha sido cuidadosa y ha sido corta; sino por defecto.
Estos hechos vandálicos, como el asesinato del maestro Conrado Benítez, ocurrió también por una época en que se hablaba de invasiones mercenarias, en que se hablaba de agresiones extranjeras. Y cómo cuando se habla de amenazas de agresión, cómo cuando se organizan esas agresiones, y los contrarrevolucionarios se alientan, empiezan a ocurrir esos hechos.
Recuerden la otra vez, antes de la invasión, el asesinato del maestro; recuerden la otra vez numerosos actos de sabotaje, el incendio de varias tiendas, el auge de la actividad de los elementos pagados y organizados por el imperialismo, como son dos cosas que marchan parejas; cómo después de la aplastante derrota se desalentaron y no movían una piedra, y cómo cuando se vuelve a hablar de las posibilidades de la agresión imperialista, se alientan, se animan, y de tal manera se atreven a desafiar al pueblo, de tal manera se atreven a desafiar la sensibilidad del pueblo y herirla lo más profundamente.
Es la gran realidad de que solo en la fuerza del imperialismo y solo en las agresiones del imperialismo, los reaccionarios y los explotadores tienen puestas sus esperanzas. Y, sin embargo, ¿cuál ha sido la conducta del Gobierno Revolucionario? ¿Cuánta ha sido la ecuanimidad del Gobierno Revolucionario? La otra vez envió el Gobierno Revolucionario las fuerzas necesarias, movilizó en la zona del Escambray el número de batallones necesarios, y en unas pocas semanas el Escambray quedó limpio, en unas pocas semanas cerca de 500 contrarrevolucionarios fueron capturados. Y, sin embargo, ni uno solo ha sido llevado a juicio, ni uno solo ha sido fusilado.
Días después vino la invasión de los mercenarios traidores. En tres días fueron liquidados. Unos pocos días más, 100 de ellos, mil ciento y tantos de ellos capturados; prácticamente, la totalidad de los de la expedición invasora con muy pocas excepciones. Y, sin embargo, excepto los criminales de guerra de épocas anteriores, los convictos de asesinato en épocas anteriores, solo esos fueron llevados a juicio.
¡Qué ecuánime y qué cuidado ha tenido la Revolución en no excederse! ¡Qué ecuánime y qué serena ha sido la Revolución! Como, tal vez, en circunstancias similares, lo hayan sido pocas o ningunas revoluciones.
Y a pesar de que nosotros sabemos cómo piensa el pueblo, a pesar de que nosotros escuchamos cómo piensa el pueblo, a pesar de que nosotros comprendemos la indignación justa del pueblo, sin embargo, ¡qué ecuánime, qué sereno ha sido nuestro pueblo!; ¡qué lección, qué enseñanza, qué confirmación de lo que nosotros debemos saber que es una revolución! ¡Y de qué poco sirve en una revolución esa generosidad de los revolucionarios, de qué poco sirve ese exceso de cuidado y esa extraordinaria preocupación de no excederse!, lo que sabe bien el pueblo, lo que saben hasta los propios enemigos de nuestra Revolución, porque en más de una ocasión no han podido siquiera disimular lo que piensan, cuando el odio no los ciega de manera absoluta.
¡De qué poco vale, en una revolución, lo que nosotros hemos hecho para no excedernos! Pero, sin embargo, vale como enseñanza, vale como confirmación de una verdad histórica universal, vale como enseñanza de lo que es una revolución, y vale como enseñanza al pueblo. Y si el exceso de precaución, si la generosidad excesiva ha servido tan siquiera para enseñarnos y para confirmar lo que sabemos, ¡está bien que hayamos sido generosos con exceso, están bien las precauciones que hemos tenido, está bien como hemos tratado a las bandas de criminales y a las bandas de mercenarios! ¡Pero hemos aprendido la lección! Está bien, sobre todo porque hemos aprendido la lección de cómo debemos tratar a los enemigos de la clase obrera, de cómo debemos tratar a los agentes de la reacción, de cómo hemos de tratar a los agentes del imperialismo, de cómo hemos de tratar a nuestros enemigos!
Y nuestros enemigos saben — lo saben de sobra—, que cuando la Revolución moviliza sus fuerzas, los barre; nuestros enemigos saben que aquello de que hasta una aguja encontrábamos, se cumplió. Pero no hay dudas de que se sienten alentados. ¡¿Cómo no se van a sentir alentados, si no tienen problemas?! ¡¿Cómo no se van a sentir alentados, si creen que el imperialismo vencerá a la Revolución?! ¡¿Cómo no se han de sentir alentados, si creen que los van a sacar, como héroes de las cárceles, los imperialistas, para pagarles el oro y las prebendas con que aspiran a recibir el premio de sus fechorías, de sus crímenes y de sus traiciones?! ¡¿Cómo no se van a sentir alentados, si la Revolución es buena, si la Revolución es excesivamente decente, si la Revolución incluso ha llegado a hacer centros de rehabilitación — como el de la provincia de Oriente, donde más de 100 contrarrevolucionarios fueron rehabilitados—?! ¡Como si fuera posible hacer al mismo tiempo las dos cosas: luchar contra los contrarrevolucionarios y, al mismo tiempo, rehabilitarlos!; dos cosas tan difíciles, que son imposibles, porque, ¡la gran verdad, la única verdad, es que primero hay que aplastar hasta el último vestigio de contrarrevolución! , aplastar primero hasta el último vestigio, y después ensayar rehabilitaciones, cuando la lucha — que es una lucha larga, sobre todo cuando se tiene al imperialismo yanqui al lado— haya cesado; la gran verdad real y realista, es que rehabilitar, mientras hay que luchar contra ellos, es un sueño, una ilusión utópica, ¡y que a ese enemigo lo que hay que mostrarle es la fuerza de la Revolución! A ese enemigo, a ese enemigo que trata de sembrar el terror en el pueblo, y que por eso pone bombas, y que por eso asesina obreros y milicianos, y que por eso asesina brigadistas —porque también, semanas atrás, un brigadista obrero“Patria o Muerte” fue asesinado, de manera igualmente vil, porque ya ni siquiera es este el primer caso, pero este caso colma la copa, por las circunstancias de tratarse de un jovencito de 16 años— ¡a ese enemigo lo que hay que mostrarle es el puño fuerte de la Revolución! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:“¡Paredón, paredón!”)
¡Y frente al terror contrarrevolucionario aplicar, en la medida que sea necesario, el terror revolucionario! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE:“¡Paredón, paredón!”)
Eso es, al fin y al cabo, lo único correcto, y lo único real. No quiero decir, por eso, que nos vayamos a convertir en asesinos o en torturadores, ¡no!, pero vamos a acudir, ¡sí!, a la ley; vamos a acudir, ¡sí!, a las medidas a que la Revolución tiene derecho. Y la ley por delante, vamos a reunir mañana mismo el Consejo de Ministros, y proponer que mientras duren las amenazas de agresión, y mientras se realicen en el país actividades promovidas por el imperialismo, todo individuo que sea capturado en armas, es decir, alzado contra la Revolución, independientemente de que sea jefe o soldado de fila, ¡aplicarle, sin otra alternativa, inexorablemente, la pena capital! , por un trámite sencillo y rápido, de manera que en término no mayor de 48 horas se cumplan las sentencias; ¡lo mismo que empuñen las armas aquí, o que vengan del extranjero! , ¡vengan infiltrados o vengan en expedición!, ¡sean nacionales, o sean extranjeros! De manera que ya queda advertido, ¡ya queda advertido y bien advertido!, para que si vuelven a repetir la felonía de la otra vez, no se le ocurra a nadie pensar siquiera en clemencia. Porque a las tropas en operaciones, ¡a las tropas en operaciones — si la historia la intentan repetir— las acompañarán los tribunales revolucionarios! Y la medida, igual se aplicará de sanción capital ineludible, ¡a todo el que sea sorprendido convicto de quema de caña
o de destrucción de cualquier riqueza nacional! Y que el imperialismo haga todas las campañas que le dé la gana, que nosotros sabemos que en esta lucha, al final, ¡el imperialismo quedará también en el camino!
Promulgaremos la ley, y no solo la promulgaremos, sino que ¡la cumpliremos! Ya saben, pues, nuestros enemigos, la suerte que les toca y la suerte que van a correr, ¡sin mucha publicidad siquiera! , para que sepan el destino que les espera a los traidores; y sería bueno que se acordaran también que cuando la Revolución moviliza sus recursos, no escapa ninguno.
Y los contrarrevolucionarios, en vista de que los Comités de Defensa les han hecho la vida imposible en las ciudades tratan de desplazarse hacia los campos, donde, por vivir disgregada la población, piensan que escapan mejor a la vigilancia revolucionaria. Se desplazan hacia los campos para quemar cañas, para tratar de quemar las granjas avícolas y centros de producción, como ocurrió en días recientes en Aguada de Pasajeros, donde quemaron cuatro naves que contenían, en total, cerca de 40 000 aves que se perdieron. Es decir, no es solo la batalla del enemigo por impedir la educación del pueblo, por impedir que el pueblo aprenda a leer y a escribir, es el esfuerzo por evitar que el pueblo se abastezca, que el pueblo gane también la batalla económica.
Los enemigos saben que cuando se movilizan los recursos del pueblo no escapa ninguno. La Revolución, naturalmente, no moviliza todos sus recursos sino cuando las circunstancias lo exigen; no va a movilizar todos sus recursos por unos cuantos saboteadores o por unos cuantos asesinos, pero ellos saben que cuando las circunstancias lo exigen, y los recursos de la movilización se emplean, no escapa ninguno. Nosotros no andamos movilizando a la fuerza revolucionaria por cualquier cosa, porque los que combaten a los enemigos de la patria son los mismos que hacen marchar a nuestras fábricas y hacen producir a nuestra tierra, porque son, precisamente, los obreros, los que constituyen el grueso de la fuerza revolucionaria, y cuando movilizamos a los obreros, cada batallón movilizado es un batallón de obreros fuera de la producción; y cuando decenas de miles de obreros están movilizados en la alfabetización, igual que decenas de miles de jóvenes, y por cuanto el país tiene un extraordinario interés en ganar su batalla por la producción, no por cualquier cosa, es decir, no por un grupito o por unos grupitos la Revolución moviliza sus recursos, sino cuando las circunstancias lo exigen. Pero los recursos no los movilizaremos cuando los movilicemos para capturar a esos cobardes que tan fácilmente se rinden, porque lo mismo se trate de bandas contrarrevolucionarias que de mercenarios, son extraordinariamente ágiles en levantar las manos.
No vamos a movilizar esas fuerzas para que los individuos puedan girar contra la seguridad y la falta de riesgo con que han perpetrado esas fechorías. No quiero decir con esto que vayamos a matar a nadie allí con los brazos en alto, ¡pero sí que de allí van de cabeza para el tribunal revolucionario, y que del tribunal, de acuerdo con la ley, irán de cabeza al paredón revolucionario!
Y a los que colaboren con los contrarrevolucionarios, esos que todavía quedan por nuestros campos, siquitrillados o semisiquitrillados, o demasiado confusos, que le lleven la comidita a los contrarrevolucionarios, o no se enteren de que los contrarrevolucionarios estaban acampados por allí, ¡que sepan que pierden la finquita! ; ¡que sepan que perderán, inexorablemente, la finquita, allí donde aparezca un campamentico de contrarrevolucionarios, allí donde le hayan estado llevando la comidita! Que sepan que esa norma la aplicará también, inexorablemente, la Revolución. Creemos que con esta advertencia los contrarrevolucionarios sepan ya a qué atenerse.
A la clase obrera esto la enseña. Mucho ha aprendido la clase obrera y mucho irá aprendiendo cada día más la clase obrera cubana, y podemos afirmar que nuestra clase obrera aprende rápido y aprende bien.
Esta Revolución es el gobierno de la clase obrera y de la clase campesina; esta Revolución, que se dijo era la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, es la Revolución de los obreros y de los campesinos, y de los trabajadores, es decir, de los humildes, porque ni los dueños de bancos, ni de fábricas y ni de latifundios jamás fueron humildes. Por eso es tan importante que la clase obrera aprenda y se supere.
Y mucho tiene todavía que aprender nuestra clase obrera, no a aprender a querer esta Revolución, a la que ha dado pruebas de querer entrañablemente y defenderla con su sangre y con su vida; no a sentir entusiasmo por la Revolución, porque entusiasmo le sobra y le ha sobrado desde el primer momento, y es cada día mayor, como lo demuestra este congreso, como lo demuestran estos eventos donde se han reunido cerca de 10 000 delegados, cifra verdaderamente impresionante y demostrativa del entusiasmo y del impulso del movimiento obrero; demostrativa de lo que ha crecido ese movimiento a medida que se depuró y se unió; demostrativa de lo que ha avanzado la clase obrera.
La clase obrera tiene que aprender en un terreno todavía más amplio y más profundo, no solo en el campo de sus sentimientos, de sus simpatías y de su adhesión; tiene que penetrar a fondo en las leyes de la economía, tiene que penetrar a fondo en los conocimientos de la historia, en los conocimientos de la planificación; tiene que ir conociendo cada vez más, porque ese conocimiento cada vez mayor le dará cada día más convicción, le dará cada día más seguridad, le dará cada día más fe en el porvenir.
La clase obrera tiene por delante toda una ciencia en política y en economía que estudiar, ciencia que está al alcance de la clase obrera y de la inteligencia obrera más que de nadie. Aprender, para ser cada día más soldado consciente y más constructor consciente del socialismo, y en la seguridad de que cuanto más aprende mayor será su entusiasmo, mayor será su orgullo, mayor será su comprensión del papel histórico que está jugando en su patria y en América, mayor será su satisfacción.
Pero basta saber lo que ha aprendido la clase obrera; para saberlo, basta ver cuáles son los acuerdos de este congreso, el entusiasmo con que han sido aprobados por un congreso tan representativo como este, porque donde se han reunido 10 000 delegados, se ha reunido la médula activa y pensante de la clase obrera. Y cuando se sabe que entre esos delegados no puede haber ningún tránsfuga, ningún corrompido, ningún claudicante, ningún traidor, porque ningún centro de trabajo habría admitido que lo representase una persona indigna; cuando un congreso tan numeroso y tan representativo ha tomado los acuerdos que ha tomado, enseña al mundo, enseña a todos los delegados que nos han hecho el honor de acompañarnos, a todos los delegados extranjeros, a todos los hermanos de la clase obrera, porque esa palabra de extranjeros ya va cayendo un poco pesada, a los hermanos de la clase obrera cubana les enseña lo que ha adelantado nuestra clase obrera, más que ninguna palabra, más que ningún discurso, más que ninguna obra de la Revolución, porque las obras se hacen con cemento y con acero; más que ninguna granja y ninguna cooperativa; más que el cambio de cuarteles en escuelas, porque los cuarteles en escuelas se cambiaron a tiros, se cambiaron combatiendo; más que los planes formidables de educación, incluyendo la alfabetización total en un año; más que todo eso enseña lo que ha avanzado esta Revolución los acuerdos de la clase obrera.
Porque una Revolución como la nuestra no se edifica sino sobre una clase obrera sólida; una Revolución como la nuestra no se levanta sino sobre los hombros de una clase obrera consciente. Y si los cimientos fallan, el edificio se derrumba; si las espaldas de la clase obrera no fuesen sólidas, la edificación se pierde.
Y toda la obra que la Revolución está haciendo la puede hacer solo porque ha cambiado la estructura económica de nuestro país, porque ha desarraigado los intereses imperialistas y capitalistas y porque las medidas tomadas implican lucha muy dura contra esos intereses, implican enfrascarse en batallas muy serias. Y batallas como esas no se libran ni se ganan si no las libra una clase obrera consciente, revolucionaria y firme.
Y saber que tenemos esa clase obrera por eso enseña más, porque lo primero que preguntaría aquí cualquier visitante sería:“¿Con qué cuentan ustedes para hacer lo que están haciendo?, ¿con qué cuentan para haber cambiado la estructura económica?, ¿con qué cuentan para haber convertido estos cuarteles en escuelas, haber hecho esta reforma agraria, haber organizado esas granjas y esas cooperativas, haber nacionalizado los trusts y los monopolios extranjeros?, ¿con qué cuentan para haber realizado tantos avances en tan breve tiempo?” Y si nosotros no les pudiésemos responder que para hacer eso contamos con la clase obrera cubana, sino contamos con eso, nuestros visitantes podrían decir que no hemos hecho nada y que lo que hemos hecho lo hemos hecho en balde.
Pero no es si contamos solo con la simpatía y el entusiasmo, como contaba la Revolución desde el primer momento, no, sino se cuenta con el apoyo consecuente y consciente, educado y preparado en todos los órdenes, para llevar adelante la Revolución. Y eso es, precisamente, lo que ha demostrado nuestra clase obrera en los acuerdos tomados, porque, ¿quién no recuerda la distancia entre los primeros tiempos y hoy?; distancia lógica por dos razones: porque la clase obrera rompía las cadenas que amordazaban su libertad de expresarse y de actuar frente a los explotadores, y porque la Revolución tenía que marchar cautelosamente en la primera etapa, cuando la correlación social de fuerzas era muy distante, cuando la correlación de fuerzas implicaba una posición peligrosamente débil para la clase obrera, frente a un enemigo que asociaba todas las fuerzas del imperialismo, todas las fuerzas de la reacción, de los explotadores, de los industriales, de los terratenientes; controladores de todos los recursos económicos, de toda la prensa, de toda la radio, de toda la televisión; y, más peligroso que todo eso: usufructuarios de todas las mentiras que habían estado sembrando, beneficiarios de la falta de una cultura política mayor, beneficiarios de la confusión y de la mentira, porque en su haber no tenían solo los medios materiales y los medios de divulgación, en su haber tenían la cosecha grande de mentiras que habían estado sembrando desde el principio mismo de lo que se llamó república, mentiras enseñadas hasta en los libros de texto de las escuelas. Y por eso la correlación de fuerzas era distinta, había que marchar con cautela.
Y, ¿cómo conciliar la comprensión de una clase obrera que acababa de romper las cadenas y el futuro luminoso que se le presentaba? De ahí que fuera difícil para muchos ver en aquel momento que las conquistas de los primeros días podían hipotecar ese futuro luminoso, y que una clase obrera que en los primeros tiempos se contentara con arrebatar conquistas a los patronos, estaba renunciando a eliminar a los patrones, estaba renunciando a sustituir a los patronos en la dirección del país.
Y, por eso, ¡qué admirable fue el instinto de esa clase, que comprendió al gobierno revolucionario y tuvo fe, tuvo fe cuando el gobierno le dijo:“No, no lleven adelante esa demanda de cuatro turnos en los centrales azucareros, porque eso es absurdo, porque esa no es solución, porque eso es dividir el poco empleo que tenemos, eso es hipotecar el futuro!” Y, ¡qué admirable que los obreros comprendieran eso, cuando incluso esos centrales no estaban nacionalizados, solo sobre la base de que el ahorro nacional no podía repartirse, y que aun cuando el ahorro nacional estaba todavía en manos de la burguesía, esa burguesía ya no podía sacar del país ese ahorro, y si esa burguesía no lo invertía lo invertiríamos nosotros, lo que queríamos decir que nosotros pensábamos invertir esos ahorros de la burguesía cuando todavía no se podía lanzar la consigna de la nacionalización, porque no era suficientemente fuerte la Revolución, porque no estaba suficientemente organizada, porque el imperialismo era todavía demasiado poderoso en nuestro país, porque había que saber esperar, porque había que promover primero un cambio en la correlación de fuerzas sociales antes de librar futuras batallas! Y, sin embargo, la clase obrera lo comprendió y confió.
¿Qué habría sido hoy si muchas de aquellas medidas se llevan adelante? ¿Adónde habría ido a parar nuestro país? ¿Qué fuerzas habría tenido para enfrentarse al imperialismo, si todas aquellas medidas se aprueban? Tan débil habría sido nuestra actual posición, tan precaria, que la lucha se habría hecho extraordinariamente difícil, porque habríamos hipotecado con eso la Revolución.
Afortunadamente, nos libramos de las grandes hipotecas, pero no nos pudimos librar de pequeñas hipotecas, y hubo pequeñas hipotecas; no fundamentales, no decisivas, pero sí importantes. Producto de los primeros tiempos, amén de las hipotecas que traemos detrás, que sí son muchas hipotecas y difíciles de librar. Eso lo explicaron aquí los dirigentes obreros, en sus informes sobre las tácticas de la burguesía, sobre las tácticas del imperialismo, a base de concesiones privilegiadas para dividir y debilitar al movimiento obrero.
Hay las hipotecas del pasado y las propias hipotecas nuestras de los primeros tiempos, y solo una clase obrera que ha adquirido un grado tan extraordinario de conciencia política, en un congreso tan representativo como este, apoya con tanto entusiasmo las medidas rectificadoras, algunas de las medidas rectificadoras, ya que todas las medidas no eran propiamente rectificadoras, otras eran expresión de su entusiasmo por la Revolución.
Y así, una de las cosas más difíciles cuando la clase obrera está en el poder, cuando en nombre de la clase obrera y en interés de la clase obrera marcha hacia adelante un país, es la comprensión dialéctica del proceso, y cómo la conquista del poder y las medidas de un gobierno revolucionario en el poder, en representación de los obreros y campesinos, es la síntesis de una gran antítesis, de aquella antítesis que surge de la lucha de los trabajadores cuando es la clase explotadora la que está en el poder; y cómo esa clase obrera tiene que luchar incansablemente por arrebatar migajas, tiene que luchar incansablemente por arrebatarlas los explotadores lo que se embolsillan del esfuerzo de los trabajadores, arrebatarles una parte de lo que le roban; cómo tiene que lucrar por centavos, porque son centavos que arrebata al bolsillo de los explotadores, aunque muchas veces esas conquistas se volvieran ilusiones porque los explotadores, por un lado concedían esos centavos, y por otro lado se los quitaban al pueblo a través de los precios o de otros procedimientos.
Así empieza el proceso. Y cómo después que la clase obrera está en el poder, cómo después que los explotadores, y su gobierno, y sus instituciones han sido barridas, entonces la clase obrera tiene que actuar de modo radicalmente distinto, dejar de librar aquella batalla económica, sencillamente porque ya la economía no es de su antítesis, es decir de los explotadores, sino que es suya, y que en su nombre se manejan todas aquellas riquezas y, en consecuencia, hay que hacer lo que ustedes tan admirablemente han hecho: las medidas y los renunciamientos que sean necesarios. ¿Para qué? Para desarrollar esas riquezas, que ya no son de los enemigos explotadores, sino que son de la clase obrera.
Comprender ese proceso, comprender esa verdad, significa una gran madurez, y es muchas veces difícil, difícil porque hay que superar hábitos, costumbres, reflejos condicionados; hay que penetrar profundamente, comprender; hay que haber alcanzado un grado de conciencia revolucionaria.
Ahora, vendrán nuestros enemigos, y dirán: “Les han quitado a los obreros los nueve días, les han quitado el plus”, porque no dirán cómo ha surgido esa iniciativa, no dirán del entusiasmo con que la han aprobado los trabajadores, y dirán: “ Les han quitado a los obreros, los que se dicen 'gobierno de los obreros' les han quitado a los obreros, los nueve días, el plus, utilidades, el 4%.”
Dirán eso. Lo que no dirán es: “Los obreros no tenían nada, los obreros hoy lo tienen todo; los obreros eran antes explotados por los dueños, ¡los obreros ahora son los dueños! ; las trabas que los obreros les ponían a los dueños, las piedras que los obreros les ponían en el camino a sus enemigos, ¡son trabas y son piedras que los obreros quitan ahora de su camino, cuando ellos son los dueños!”,
Lo que pretenderán ignorar, e ignorar lo que resulta imposible de ignorar, es que la Revolución a quienes les ha quitado todo es a los dueños que explotaban a los obreros. Y, si se quiere mejor prueba, pregunten quién vive todavía por el reparto Siboney, de los latifundistas, de los grandes burgueses. Lo que pretenderán ignorar es que es a ellos a quienes la Revolución les ha quitado todo, y que quienes se los han quitado son los propios obreros, y que por eso los grandes burgueses están en Miami, ¡y los obreros están aquí, reunidos esta noche en representación de su clase!
Dentro de una sociedad no se les puede quitar a los dos, es decir a los explotadores y a los explotados. Dentro de un régimen social, o los explotadores les quitan a los explotados, o los explotados les quitan a los explotadores.
Los que quitaban aquí a los obreros eran los explotadores; es imposible que los obreros se quiten nada a sí mismos. Los obreros lo que hacen es limpiar el camino de las piedras y de las trabas que, cuando eran explotados, les pusieron a los explotadores.
Los obreros saben que ya no son un sindicatico, que ya no es el sindicatico tal que libraba él solo una gran batalla por los 60, los 100, o los 1000, o los 2 000, o los 5 000 de su sindicato si era muy grande; libraba la batalla no por su clase, sino por su grupo sindical. No tenía otro camino. Declaraba una huelga hasta lograr un aumento; el patrono concedía y después les aumentaba a todos los demás sectores; después venían los sectores, daban otra huelga, lograban un aumento, y venían los patronos y se lo cargaban a los demás, incluso a aquellos que ya habían obtenido mejoras de salarios.
Y era un entretenimiento, una burla. Los obreros hoy saben que no constituyen un sindicato, sino una clase, ¡una clase!; que ya no lucha por los 2 000, sino que lucha por los 6 millones, descontando a los explotadores, que eran pocos, por suerte.
Esto quiere decir que ya los obreros no piensan como grupo dentro de su clase, sino que piensan como la gran clase obrera, y quieren conquistas no para 2 000, quieren conquistas para todos; no quieren conquistas para el grupo que está trabajando que, a veces, incluso tenía salarios no de los más bajos y, sin embargo, luchaba, olvidándose tal vez de cientos de miles de obreros que no tenían trabajo. Luchar por el grupo no era lo más correcto, aunque en aquellas circunstancias había que luchar por el grupo, si se tenía en cuenta que había que luchar por tener el poder algún día.
Hoy la clase piensa en el obrero que trabaja y en el obrero que no trabaja, o no trabajaba; piensa en el obrero que tiene más bajos ingresos. Y lo que ha hecho la clase obrera es ampliar las fronteras de los intereses que defiende. Y dejó de ser sindicato solo, y sindicato débil, para constituir la gran clase obrera poderosa al frente del país, para lograr conquistas, es decir, elevación del estándar de vida, de condiciones de vida, de elevación material y cultural de toda la clase, como si toda la clase y toda la nación fuera el gran sindicato nacional que comprendiera a todos los obreros.
Eso es lo que ha hecho la clase: ampliar las fronteras de sus luchas, y no solo en el campo nacional, sino en el campo internacional, porque lucha por los intereses de ella y lucha por los intereses de los obreros en todo el mundo, y se abraza a la gran causa de los trabajadores de todo el mundo.
Los enemigos se desgañitarán, pero, ¿por qué se desgañitarán los enemigos? Por muchas razones. Una de las razones, por desgañitarse de todas maneras; y otra de las razones, por rabia. Porque saben que esos acuerdos fortalecen la Revolución, fortalecen la fuerza de la clase.
Ellos preferirían que no hubiera esos acuerdos, o que los acuerdos fuesen equivocados, porque la clase se debilitaría. Pero cuando una clase obrera toma esos acuerdos en aras del desarrollo económico, en sus momentos más difíciles, que son los primeros años, los primeros años de la
Revolución que son los más difíciles siempre, donde se produce un aumento brusco en el poder adquisitivo mucho mayor que el aumento en la propia producción de artículos, o en los artículos que se puedan disponer; porque, también, los primeros momentos son los momentos de la agresión económica de los imperialistas, en que los imperialistas tratan de estrangular la Revolución por hambre, con medidas económicas, privando al país de sus mercados, privando al país de sus recursos. Y, por eso, los primeros momentos son los más difíciles.
Dentro de 10 años nos reiremos cómodamente de todos los problemas de hoy, de todas esas agresiones. Es en estos primeros tiempos donde hay que tener conciencia de la importancia de lo económico, de la importancia del desarrollo, de la importancia de renunciar a ventajas presentes a cambio del triunfo seguro y de las grandes ventajas en el porvenir.
Y, por eso, los obreros que ven que, por ejemplo, los nueve días constituía muchas veces un pretexto para no ir al trabajo, o los nueve días eran, incluso, como institución algo ridículo y absurdo, porque lo lógico no es que se garantice el sustento de un obrero enfermo por nueve días, sino que se garantice el sustento de un obrero verdaderamente enfermo por los días que sean necesarios. Fórmulas que eran completamente desiguales y no tenían arreglo, como el caso del plus, propuesto para el próximo año, es decir, no este, sino el próximo año renunciarlo: porque, en realidad, resultaba que unos recibían una insignificancia y otros recibían incomparablemente más. No era posible equiparar porque no hay recursos, no hay recursos para eso; sería renunciar al porvenir. Y la alternativa era dejar la situación como estaba, fuente de descontento, fuente de disgustos, o lo que han hecho los trabajadores, lo que han hecho los trabajadores en beneficio de su clase y en aras del porvenir, en estos tiempos que son los más difíciles, como los tiempos que han atravesado todas las revoluciones.
Piensen ustedes: ¿Cómo mirarán hoy los soviéticos aquellos años difíciles del 20 al 30, aquellos primeros años? Habrán de mirarlos, realmente, casi con risa porque de tal modo han superado todos esos problemas, que en el pasado no se fijan sino para hacer el recuento de lo que han adelantado.
Si se tienen en cuenta ciertas cifras, como es el hecho de que en la producción de energía eléctrica hoy producen ciento sesenta veces más que en el año 1913, y, por supuesto, unas seiscientas veces más que en el año 1919 —esto es con relación a 1913, que era superior al momento en que ellos toman el poder. Y han elevado la producción de energía eléctrica en ciento sesenta veces; y han elevado la producción de maquinaria en trescientas cincuenta veces con relación al año 1913.
Y una gran parte de lo que han producido, lo han invertido además para poder contar hoy con la base mediante la cual lanzan el nuevo programa, que implica un progreso precisamente porque ya tienen la base, porque ya tienen de donde sacar para invertir sin sacrificio ninguno, y que permitirá en un programa de 20 años —programa, además, científico, estadístico, calculado con números porque ya allí los cálculos son dominados de manera casi absoluta, y que les permite decir año por año lo que van a obtener de progreso, con la diferencia de que probablemente siempre obtengan un poco más como ha ocurrido hasta hoy. Y de donde resultará que, dentro de 20 años, la Unión Soviética estará produciendo dos veces más que todo lo que produce hoy el mundo no socialista.
Calculen lo que produce hoy todo el mundo capitalista: Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania Occidental, todos los países capitalistas más desarrollados o menos desarrollados — yo no sé si cuando hicieron el cálculo nos contaron o nos descontaron a nosotros, pero si no nos contaron tendrán que hacer algunas rectificaciones. El hecho es que producirán dos veces más, dentro de 20 años, de todo lo que produce hoy el mundo capitalista.
Calculen la cantidad de bienes de que dispondrán, cuando esa será la producción industrial de la Unión Soviética. Calculen si podrán o no podrán establecer una sociedad en que cada cual recibirá según sus necesidades.
Y ese asombroso ejemplo, es algo que a los pueblos revolucionarios contemporáneos los tiene que alentar, porque no es como cuando ellos solos y sin ayuda exterior, batidos e intervenidos por los imperialistas, país subdesarrollado, tuvieron que hacer aquel gigantesco esfuerzo que los condujo al éxito, para ver al cabo de los primeros frutos, al cabo de las primeras dos décadas nuevamente invadido y destruido el fruto de su trabajo, y volver a empezar de nuevo para situarse, en apenas 15 años, en la situación en que se han situado hoy.
Ellos avanzaban por un camino desconocido. Nosotros tenemos la suerte de avanzar por un camino conocido. No estamos experimentando. Ya la experiencia se ha hecho, y los resultados son fantásticos.
De ahí que nosotros tengamos en eso una ventaja más: la experiencia de la construcción del socialismo que ha heredado la humanidad del esfuerzo soviético, a lo que se suma el esfuerzo y
la experiencia de los países socialistas, que iniciaron la construcción del socialismo en los últimos tres lustros; y, además, la ventaja de la ayuda técnica y material que nos han brindado y nos están brindando.
Incuestionablemente, que lo más difícil de nuestra Revolución es la circunstancia de tener ese vecino a 90 millas de nuestras costas, ¡y no querer mudarse! Aunque, a la larga, el imperialismo tendrá que mudarse, no de las proximidades de Cuba, sino que el imperialismo tendrá que mudarse del pueblo de Estados Unidos algún día.
Es por eso de tanta importancia que los trabajadores estudien, que estudien toda la experiencia soviética, que estudien todas las obras, todos los libros. Y les puedo asegurar que hemos sido, más de una vez, sorprendidos por los adelantos que en el estudio de estas cuestiones han logrado, en brevísimo espacio de tiempo, algunos compañeros; y es verdaderamente impresionante el júbilo, el entusiasmo que se despierta en ellos, como quienes han descubierto una gran verdad, con esos nuevos conocimientos adquiridos.
Y así se sentirá cada obrero, se sentirá como que ve mucho más, que sabe mucho más, que comprende mucho más, y como si pudiera mirar, y ver y descubrir el porvenir a través de las cortinas del tiempo. Eso es lo que siente un obrero cuando estudia, esa sensación de un porvenir seguro y una conquista grande; que le hará apreciar, cada vez más, lo que hoy tiene en sus manos, los recursos con que hoy cuenta, y los hará trabajar con más entusiasmo.
En esta época grande de aumento de consumo, en que no todas las necesidades pueden ser satisfechas hay, sin embargo, una necesidad que podemos satisfacer sin racionamiento alguno: la necesidad de estudiar y aprender. Y así, la doctrina política y revolucionaria la tenemos tanta y tan abundante, que podemos brindar, que podemos recibir toda la que queramos. Y disponer de doctrina política y revolucionaria, tengan la seguridad que es disponer de lo más importante que necesita un pueblo en una revolución.
Por eso, la importancia de los estudios; por eso, ese gran movimiento cultural; por eso que nadie quiere quedarse atrás; por eso que todo el mundo pide una escuela de instrucción revolucionaria; por eso encontró tanta acogida entre ustedes la idea de organizar, inmediatamente, una escuela sindical, precisamente para que los líderes sean cada vez más conscientes, para que los líderes estén cada vez más preparados.
Pero lo extraordinario no es que aquí se proponga y se apoye la formación de una escuela; lo importante es que una escuela de instrucción revolucionaria era lo que solicitaba también un grupo de pequeños agricultores en la provincia de Camagüey; y eso sí es extraordinario: que a los directores del INRA en la provincia, lo que le pidieran en una zona campesina fuera una escuela de instrucción revolucionaria; ¡porque ellos también querían aprender!
Y ese movimiento de estudios, de estudios revolucionarios, de estudios políticos, de estudios económicos, es lo que está haciendo cada vez más recia y cada vez más fuerte a la Revolución; movimiento que debe ir parejo con el gran movimiento de estudio de nuestra juventud y de nuestros trabajadores.
Nosotros no queremos extendernos. Nos faltan dos o tres temas, y queremos ser breves. Lo que queremos, eso sí, es recalcar la importancia de los planes de educación, para la juventud, para los niños, es decir, los hijos de ustedes; y los planes de superación y de preparación de la propia clase obrera, a través de los medios más modernos, a través de la radio y a través de la televisión, para los trabajadores, de manera que podamos elevar constantemente el nivel de preparación y de instrucción de los trabajadores; apoyar esos proyectos con todo entusiasmo, apoyar el gran movimiento educacional del país, aprovechar las ventajas con que hoy cuenta la clase obrera. Fruto de la Revolución, conquista de las más importantes para todos ustedes, saber que ya el estudiar en un instituto tecnológico o en una universidad no es privilegio de minorías; saber que los hijos de todos ustedes, de todas las familias trabajadoras del país, tienen garantizada la oportunidad de estudiar en los institutos, la oportunidad de estudiar en las universidades; saber que 20 000 becas de secundaria básica serán concedidas; saber que todos los jóvenes de los centrales azucareros, y de aquellos pueblos donde no hay secundaria básica, tienen asegurada una beca para venir a estudiar a la capital de la república, lo cual ha despertado un gran entusiasmo entre la juventud.
Nosotros no queremos hacer recuento de otras conquistas. Los dirigentes han hablado de todos esos problemas. Sí queremos insistir en la importancia del movimiento educacional, del movimiento cultural, del movimiento deportivo. Y que eso se suma, en el ánimo de ustedes, a la importancia de la planificación — que debe ocupar, por supuesto, el primer lugar—, a la importancia del aumento de la productividad del trabajo, a la importancia del desarrollo económico, unido a la otra gran tarea de la clase obrera: la importancia de defender a la Revolución.
A eso le podemos añadir la importancia de que los trabajadores vayan organizando su trabajo por año, de manera que todos los años también puedan disfrutar de sus vacaciones, no como un lujo, sino como una necesidad para reponer las energías gastadas en el trabajo.
Al país, a la economía del país y al desarrollo del país, les interesa que los trabajadores tengan sus vacaciones. Y hay que insistir también en ese aspecto, y organizarlas debidamente, brindando todas las facilidades. Ya se han creado centros de descanso y de restablecimiento para obreros convalecientes; ya en manos del Ministerio de Industrias hay uno de esos centros, con capacidad amplia, para enviar allí a los obreros convalecientes. Pero el descanso todos los años debe organizarse; y eso siempre será útil a la clase obrera, y será útil al país, y será útil a nuestra economía, porque es inconcebible el desgaste de un obrero día tras día y año tras año sin descanso, por el hábito del cobro de vacaciones y trabajar.
Nosotros queríamos aquí comunicar otra noticia a los trabajadores, y es una nota diplomática recibida por nuestro país, del gobierno de Panamá, dirigida al Ministro de Relaciones Exteriores, que dice:
“Señor Ministro: Tengo el honor de comunicarle que el gobierno de la República de Guatemala, cuyos intereses representamos, ha solicitado de nuestro gobierno que se haga saber al ilustrado Gobierno Revolucionario que el gobierno de Guatemala permitirá en su territorio el establecimiento del gobierno cubano en el exilio, a menos que el doctor Fidel Castro saque de Cuba al coronel Jacobo Arbenz Guzmán.
“Hacemos saber a Su Excelencia que este oficio se realiza por petición expresa del gobierno de la República de Guatemala.
“Aprovecho la oportunidad para reiterar a Su Excelencia el testimonio de mi más alta y distinguida consideración, etcétera.”
Esta nota, por supuesto, no merece respuesta diplomática ni respuesta de ninguna índole. Este tipo de chantaje cínico y desvergonzado del llamado gobierno de Guatemala, y que es en realidad el gobierno de la United Fruit Company, no merece respuesta de ningún tipo; chantaje semejante no merece respuesta. Simplemente, comunicar al pueblo esto, porque esto indica, en primer lugar, la desvergüenza de esos señores.
¡Que le plantee semejante exigencia al gobierno de Cuba, allí, un gobierno que organizó la expedición contra nosotros, un gobierno en cuyo territorio se organizó la expedición de los mercenarios, no ya un gobierno en el exilio! ¡Qué nos importan a nosotros uno o setecientos mil gobiernos en el exilio!
¡Promover una exigencia chantajista, que saben que el Gobierno Revolucionario jamás aceptará, porque nos conocen demasiado bien para suponer que vamos a plegarnos a semejante chantaje de semejante monigote!
Pero, sin embargo, ¿qué significa eso? Que el imperialismo está maniobrando a través de Centroamérica. Esto viene a explicar hacia donde se orienta el imperialismo. El imperialismo, por supuesto, ha tenido grandes dificultades en sus planes, todo le está saliendo mal; mal lo de Brasil; mal lo del Ecuador; mal lo de Argentina, con sus documentos falsos; mal lo de Perú; mal lo de Colombia; mal lo de Venezuela, donde el otro monigote ha tenido que asesinar estudiantes y trabajadores por la repulsa del pueblo venezolano a su política traicionera.
Al imperialismo le han estado saliendo las cosas mal. Después voy a hablar de Santo Domingo; Santo Domingo es el colofón de los fracasos yanquis... mal lo de Girón, que fue, como bien dice el compañero, lo más malo de todo, y por eso se le dificultan los planes, avanzan con muchas dificultades y muchos tropiezos en sus planes de agresión. Y fue Stevenson a Trinidad y parece que ha salido mal también; me imagino que eso satisfaga a los compañeros de la delegación argentina, a quienes preocupaba seriamente ese problema, porque yo sé que la delegación argentina expresó su preocupación por la conferencia de ayer en Trinidad, y, sin embargo, parece que también el imperialismo salió mal en Trinidad, según las noticias que sabemos.
Es decir que todo, todo, todo, todo, le está saliendo mal al imperialismo; está “salado” el imperialismo; podría decirse que el imperialismo necesita un buen “despojo”.
Esa es la verdad; parece que se cumplen inexorablemente las leyes de la historia; esa es la “salazón” que tiene el imperialismo, la historia, que lo condena a su desaparición, la“bruja” historia, que lo ha maldecido y lo ha condenado a desaparecer, las leyes de la historia; y por eso encuentra dificultades, pero insiste y persiste. Todo parece indicar que se orienta hacia un tipo de provocación con algún títere; todo parece que se orienta hacia la utilización de los títeres centroamericanos contra Cuba, y eso lo prueba esta carta, porque este señor, tan descarado, ¿a qué tiene que venir a chantajear y a amenazar, si cuando la invasión no dijo una palabra? ¿Qué necesidad tiene de buscar estos pretextos? Es evidente que están elaborando provocaciones, y esto los delata, ¡porque esta gente fabrican una autoprovocación en cualquier momento, tranquilamente, con el mismo cinismo con que atacaron nuestras bases con aviones pintados, y después lanzaron al mundo la versión de que eran aviones sublevados de Cuba!, y a pesar de que el mundo sabe que son unos descarados, unos mentirosos y unos chantajistas, se hacen de la vista gorda y repiten una y otra vez sus mentiras, sus truculencias y sus chantajes .
Simplemente hacemos constar que el imperialismo está agitando y maniobrando a sus títeres centroamericanos en sus planes de agresión contra nosotros. Pero no por eso perdemos el sueño, el sueño lo han perdido ellos hace rato; nosotros estamos tranquilos, porque nosotros sabemos lo que les va a pasar, ¡vengan de donde vengan, vengan cuantos vengan, y vengan quienes vengan! Por eso estamos tranquilos, porque estamos curtidos, estamos curados ya de todas las aventuras y de todas las amenazas yanquis: estamos curtidos de todas sus locuras y de todos sus cinismos, y estamos tranquilos, porque sabemos, además, que con todas esas cosas y con todo lo que hagan, no podrán impedir la gran revolución de América Latina, que es la que no los deja dormir, porque, ¡al fin y al cabo, ellos podían resignarse a la Revolución Cubana en sí misma, ya como hecho irrevocable!, perder los millones de aquí, pero no es eso lo que les preocupa fundamentalmente, lo que les preocupa es perder el petróleo de Venezuela, los minerales de la América Latina, los miles de millones de dólares de que despoja a los trabajadores de América Latina. Y por eso, porque no se resignan a esa idea, idea que será realidad algún día, es por lo que no descansan y no duermen en sus planes contra nosotros; mas nosotros sabemos que sus agresiones a Cuba solo servirán para acelerar el curso de la revolución latinoamericana.
Y ahí tenemos la prueba: Santo Domingo, un pueblo oprimido durante 32 años; 32 años de tiranía impuesta por el imperialismo con sus intervenciones en Santo Domingo. Cómo las contradicciones del imperialismo con los títeres de nuevo cuño, porque los títeres de nuevo cuño han preferido vestir su dictadura de clase explotadora, no con el uniforme de los generales, sino con el uniforme y la máscara de la seudodemocracia, con la cual son, incluso, más débiles que los propios tiranuelos militares; cómo las contradicciones del imperialismo lo llevaron a las maniobras en Santo Domingo, en el tren de cambiar el uniforme del trujillismo, quitarle aquel uniforme de plumas y de oropeles del difunto Trujillo, y en su lugar vestir este monigote también, es decir, vestir el trujillismo con trajes de“democracia representativa”, y ¡eso era lo único que faltaba para acabar ya de ridiculizar la política imperialista en este continente! ¡Qué cuento podrán hacerle a los pueblos de América, después que han querido vestir de “democracia representativa” el trujillismo!
Y cuando el pueblo dominicano daba al traste con toda la maniobra, el imperialismo envió tranquilamente sus acorazados y sus portaaviones frente a ese país, en actitud de chantaje y de intimidación, acompañado de la declaración pública de que estaban dispuestos a intervenir si el títere Balaguer lo pedía. Pero lo absurdo de ese propósito declarado es que Estados Unidos no tenía ni siquiera relaciones diplomáticas con Balaguer; Balaguer no podía representar jamás al pueblo, había sido un “mingo ” de Trujillo durante muchos años; Trujillo lo dejó allí, en nombre, única y exclusivamente de su imperio de terror, de reacción y de crimen.
Sin ninguna relación de Estados Unidos con Santo Domingo, estos desvergonzados declaran que estaban dispuestos a enviar a sus marinos si Balaguer lo pedía, y, ¿quién era Balaguer?, ¿a quién representaba Balaguer? ¿Qué derecho tenía Balaguer a pedir marinos y ellos a enviar marinos si Balaguer lo pedía? ¡Ah, fariseos que son estos yanquis! Declaraban que era para defender la constitución de Santo Domingo frente a un golpe de militares reaccionarios, es decir, para defenderlo del trujillismo, de los hermanos de Trujillo, pero, ¿qué resultó? Que los hermanos de Trujillo se largaron también y entonces quedó el pueblo en la calle, y si ya no están los hermanos Trujillo, y si quienes están en la calle son los ciudadanos dominicanos, y quien está en la calle es el pueblo dominicano, ¿qué hacen allí los barcos yanquis?, ¿a quién defienden?, ¿a quién amenazan?, ¿contra quién están?
Perdieron la hojita de parra del trujillismo, y ahora, ante América aparecen allí con sus barcos y sus portaaviones, no contra Trujillo, sino contra el pueblo, y en defensa del apéndice del trujillismo allí, en defensa de Balaguer. Más desnudos, más desenmascarados no han podido quedar. Sin embargo, el pueblo dominicano resiste heroicamente, el pueblo dominicano, con admirable entusiasmo, se lanza a la calle defendiendo su soberanía y defendiendo su derecho a la revolución y a la libertad.
Cuba, cumpliendo su deber de solidaridad, se presentó en las Naciones Unidas y en la Organización de Estados Americanos, a denunciar las amenazas descaradas de intervención yanqui en Santo Domingo.
Cuba elevó su voz, Cuba elevó su voz en defensa de la soberanía del pueblo dominicano y de la soberanía de todos los pueblos de América Latina, porque el imperialismo pretendía tranquilamente volver a los tiempos en que sus marinos desembarcaban en cualquier costa de América Latina.
¿Y qué habría significado y qué significaría un desembarco yanqui en Santo Domingo? Significaría adiós a la soberanía de los pueblos; significaría que, incluso, la ficción de dominio desaparecía y que de nuevo ya no sería solo el dominio de los monopolios, el dominio de la economía del país, y a través de la economía de la política, sino el dominio“manus militari” de los pueblos de América Latina. Significaría que para México, para América Central y para América del Sur volverían los tiempos de los desembarcos de“marines”, porque un Balaguer cualquiera solicitara su intervención. ¡Y nunca faltará un Balaguer en ningún pueblo de América Latina!
Eso es lo que significaban las declaraciones del Departamento de Estado yanqui, y esa actitud tuvo la respuesta enérgica, pronto y tal vez inesperada de Cuba ante los organismos internacionales, situando una vez más en posición ridícula a los imperialistas, que ya no saben cómo decir ni cómo desdecir ante esos organismos. Porque, al mismo Stevenson, ¿quién le hace caso? ¿Quién le hace caso allí, después de todas las mentiras que ha dicho? ¿Quién le hace caso al imperialismo en la OEA, donde no han hecho más que mentir y contradecirse, y donde ya no tienen ni la menor creencia, ni el menor respeto por parte de nadie?
Y Cuba ha contribuido a ponerlo en evidencia; Cuba ha hecho un llamamiento a los gobiernos de América Latina para que impidan la intervención yanqui en Santo Domingo. Y Brasil ha declarado que se opone a esa intervención, y Ecuador ha declarado que se opone a esa intervención, y otros varios gobiernos de América habían declarado que se oponían a toda intervención. De esa forma, el pueblo revolucionario de Santo domingo ha situado al imperialismo en una dura encrucijada. ¿Por qué? Porque el pueblo ha persistido y ya ayer el pueblo dominicano lanzó la demanda de la renuncia de Balaguer, y promulgó una huelga general hasta que esa renuncia no se produjera. La huelga persiste, y estamos seguros de que el pueblo dominicano verá sus esfuerzos coronados por el éxito.
Y el pueblo dominicano ha presenciado de muy cerca la experiencia de Cuba, de muy cerca el ejemplo de Cuba. Y es curioso que los propios cables de la UPI comuniquen que aparece un elemento nuevo —porque la UPI dice que las“turbas ” están en las calles, para el imperialismo el pueblo es“turba”— pero la propia UPI reconoce que hay un ingrediente nuevo, que es el antinorteamericanismo del pueblo. Es decir que el pueblo dominicano ha aprendido mucho, el pueblo ha aprendido a conocer esas maniobras y por eso se resiste a aceptar las maniobras. Sabe que el imperialismo quiere conservar el aparato militar del trujillismo; sabe que el imperialismo quiere conservar la fuerza militar.
Eso lo sabe el pueblo dominicano y saca de ello las conclusiones pertinentes; sabe que el imperialismo está dispuesto, forzado por las circunstancias a ceder, pero quiere mantener el aparato militar trujillista, los mismos policías trujillistas, los mismos oficiales trujillistas, los mismos soldados trujillistas. Y el pueblo dominicano sabe, por la experiencia de Cuba, lo que es eso; sabe la historia del 33, en que el ejército machadista se quedó, en que surgió un seudorrevolucionario de las filas del ejército, se apoderó del mando del ejército, y con los mismos soldados y con los mismos esbirros después oprimió a nuestro país, incluso aprovechándose para presentarse como revolucionario en aquellos tiempos.
El pueblo dominicano sabe que, sin embargo, eso no pudo ocurrir en el año 1959. ¿Por qué? Porque las fuerzas armadas de la tiranía volaron, porque el pueblo penetró en los cuarteles y se apoderó de las armas, es decir, que el pueblo desarmó el aparato militar que había sustentado la opresión.
Y cuando el aparato militar queda intacto, cuando los mismos esbirros siguen con las armas en la mano, digan lo que digan no hacen más que esperar la oportunidad en que el pueblo esté aplacado para imponerse otra vez por la fuerza, para clavarle el puñal por la espalda, para traicionar al pueblo.
Y eso lo sabe el pueblo dominicano. Por eso no acepta a Balaguer, por eso no acepta títere de ninguna clase, por eso está en la calle, porque está dispuesto a que después de 32 años de tiranía no vengan a burlarle la conquista de la libertad, no vengan a burlarle su derecho a la revolución. Y ha tenido como estímulo el ejemplo de Cuba.
Y de ahí que el imperialismo esté en una situación cada vez más precaria, cada vez más difícil, y cada vez más a punto de lanzar sus hordas de infantería de marina sobre los pueblos, y que nosotros no dudamos que llegará el día en que esos marinos desembarquen en otros pueblos de América para aplastar la Revolución. Pero ese será, además, el día que marque la decadencia definitiva y la desaparición del imperialismo, porque cuando el imperialismo se enfrasque en una guerra colonial, como ya el imperialismo europeo está enfrascado en Africa, el único desenlace de esas guerras coloniales son las derrotas de los imperialistas, como fueron derrotados también en Asia. También allí el imperialismo trata de meter sus narices en Viet Nam del Sur, donde asesinan a decenas de miles de vietnamitas, sin poder lograr aplastar la resistencia de los pueblos. Y ya los yanquis no hallan qué hacer, ya no hallan qué hombres mandar, ni a quiénes mandar, ni qué tropas mandar. Y así, en todas partes del mundo se ven enfrascados en una lucha sin gloria, sin honra, en una lucha colonialista vergonzosa, lucha colonialista que le impondrán a la América para ser vencidos al fin y al cabo. Ese es el panorama exterior, y así se vislumbran las acciones agresivas, y al mismo tiempo cada vez más erróneas, al mismo tiempo cada vez menos exitosas de los imperialistas.
Trabajadores, en manos de ustedes está el destino de la Revolución Cubana. La clase obrera, como la clase más revolucionaria, al frente del pueblo, estrechamente aliada a los campesinos, a los trabajadores intelectuales y a los estudiantes, afrontando los obstáculos, enfrentándose decididamente al imperialismo, conscientes de que será derrotado por el esfuerzo de los pueblos; conscientes de que los pueblos obtendrán la victoria; conscientes de que tenemos la solidaridad de los pueblos.
La clase obrera a la vanguardia, por ley también de la historia, por su mentalidad revolucionaria, derivada de su condición de proletarios, su unión, su mayor cultura política y su mayor preparación para el socialismo. La clase obrera se sitúa a la vanguardia, y la clase obrera ha hecho ya grandes sacrificios, la clase obrera ha derramado su sangre; la sangre obrera estuvo allí a la vanguardia, en el contraataque revolucionario contra los mercenarios del imperialismo en la Ciénaga de Zapata. Y en la lista de los caídos, de los muertos heroicos de aquellos combates, aparecen unos tras otros los compañeros trabajadores que se inmolaron.
Obreros han sido asesinados; una obrera revolucionaria, Fe del Valle, murió en el incendio de El Encanto, atrapada por las llamas; sobre los milicianos obreros se ensaña cada vez más el odio de la clase explotadora. Y en esta lucha, que ha de caracterizarse por los profundos antagonismos de clases, porque la Revolución socialista se lleva“adelante en medio de una fuerte lucha de clases; lucha de clases dentro de las fronteras, lucha de clases fuera de las fronteras, porque es lucha contra las clases explotadoras del imperialismo, en esa revolución, el papel de los trabajadores es un papel decisivo.
Los trabajadores hoy construyen la historia de nuestra patria. Y así, en nuestra historia el primer movimiento nacional fue un movimiento de criollos ricos, en lucha contra el poder colonial, defendiendo los justos intereses nacionales. La guerra del 95 fue ya una guerra con amplia participación de las masas trabajadoras del país. La lucha contra el machadato fue ya decidida por la clase obrera. Y hoy, ya una clase obrera desarrollada, que crece, que tiene cada día más conciencia, enarbola la bandera de la Revolución y marcha adelante por los caminos de la historia.
El triunfo del primero de enero significó que la historia de la patria la están escribiendo ya los trabajadores, ¡y que la historia gloriosa de la patria la seguirán construyendo para siempre los trabajadores, y que en el futuro ya no se podrá hablar de los trabajadores como una clase! A medida que la Revolución se desarrolle, a medida que avanza, el día llegará en que ya no se pueda hablar de explotadores, el día llegará en que nada más se pueda hablar en nuestra patria de trabajadores, porque cada día será más nuestra patria un país de trabajadores y de estudiantes construyendo un luminoso porvenir.
En el día de hoy, hemos tenido que beber la copa de la amargura, con las noticias y los hechos a que nos referíamos al principio de nuestras palabras. Hemos tenido que hacer el recuento de esos hechos tristes, porque la Revolución es algo donde se comparte continuamente el júbilo de la victoria, la alegría de los triunfos, con el dolor de los sacrificios; porque no hay triunfo de pueblo sin sangre, no hay triunfo de pueblo sin dolor y sacrificios de pueblo. Y la historia les ha impuesto a los pueblos esa ley dura, esa ley de hierro, de tener que conquistar a sangre y“fuego, como la conquistan los vietnamitas del sur, como la conquistan los argelinos, a sangre y fuego frente a los imperialistas, su libertad.
Por eso el dolor con que cada victoria se va pagando, por eso el deber de solidaridad con los caídos, el deber de solidaridad con los familiares del caído. Y, además, el deber de condenar de manera enérgica y aplastante a los asesinos.
El joven asesinado en Las Villas es un joven de La Habana, vecino de Luyanó, y su cadáver recibirá sepultura mañana a las 10:00 de la mañana, partiendo de la funeraria Caballero. ¡Allí, desde la funeraria, desde L y 23, el pueblo entero, como condena a los criminales, como denuncia ante el mundo y como ha hecho cada vez frente al crimen, frente al bárbaro sabotaje de “La Coubre”, frente al bárbaro y criminal bombardeo contra nuestras bases por aviones extranjeros, reunámonos mañana también tras el féretro de ese joven héroe, de ese joven que
cayó por defender el derecho de los humildes a la cultura, el derecho de un millón de cubanos a aprender a leer y escribir! ¡Como póstumo homenaje al héroe caído, a sus familiares, como condena enérgica y como denuncia al crimen, marche el pueblo mañana, y con el pueblo, delante, los 10 000 delegados representantes de la clase obrera que han venido a este congreso!
¡Démonos cita mañana, démonos cita mañana, desde nuestros centros de trabajo! ¡De nuestros centros de trabajo, marchemos a L y 23, marchemos todos, para acompañar al héroe caído en Las Villas, para condenar el crimen y para demostrar la disposición del pueblo de seguir luchando, demostrar que el pueblo responde al crimen con más espíritu revolucionario, con más valor, con más decisión, y que siempre frente al crimen el pueblo se animará, siempre frente al crimen el pueblo se consolidará, se unirá más, para combatir a los imperialistas, para combatir a los asesinos, que nos han enseñado con eso qué es lo que quieren, qué es lo que son, qué es lo que harían con nuestra patria! ¡Si a un joven que enseña, a un joven inocente, en la flor de la vida, lo tronchan, lo asesinan, lo ahorcan, qué no harían, cómo no habrían de dejar chiquitos a los Ventura, a los Carratalá!
¡Por eso, nuestro pueblo, consciente de eso, se dispone a darles castigo ejemplar, se dispone a decir presente!
¡Viva la Revolución Socialista!
¡Viva la clase obrera!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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