julio 09, 2012

Discurso de Fidel Castro en la clausura del X Congreso Textil (1959)

DISCURSO EN LA CLAUSURA DEL X CONGRESO TEXTIL
Fidel Castro
[22 de Julio de 1959]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Compañeros textileros:
Es difícil...  Decía que era difícil hoy coordinar tantas ideas como las que pueden expresarse aquí, en un ambiente como este.
En primer término, siempre me han gustado las cosas claras y sencillas. Yo soy, por temperamento, enemigo de estas situaciones en que parecería como si uno quisiera hacerse de rogar (EXCLAMACIONES DE: “¡No, no!”).
Creo que los que han observado nuestra manera de actuar en todas las circunstancias, saben que somos enemigos hasta del protocolo, que somos enemigos de las solemnidades, que somos enemigos de todo lo que no sea una forma de proceder lo más sencilla y lo más humilde posible.  Y por eso digo que se le tiene que hacer desagradable a alguien, que se vea en la situación en que me encuentro en estos momentos, por esa misma manera de ser, que no se ajusta a esas situaciones.  Casi para mí habría sido hasta más cómodo, si se quiere, haberme mantenido todos estos días lo más discreto posible, un poco marginado de los actos públicos, precisamente para evitar estas situaciones.
Yo no quise dejar de asistir aquí porque también me era sumamente doloroso —dado el hecho de haber estado ustedes esperando este acto desde hace muchos días, haberlo suspendido en numerosas ocasiones, haberles prometido venir aquí— saber el esfuerzo que hicieron recogiendo fondos, comprando tractores; saber también que este ha sido uno de los sectores en que la Revolución ha podido obtener más prontamente un progreso visible, que es además uno de los sectores que tiene más porvenir en nuestra industria nacional; recordar en cada una de las manifestaciones públicas la concurrencia del sector textil, como en aquel acto del 22 de marzo y en los demás actos, que ha sido uno de los sectores que más nutridamente ha concurrido a todos los actos, y verme casi en esa situación de que pudiera parecer un agravio si no concurría a este acto de hoy y dejarlos virtualmente esperándome aquí.
Se me hacía todavía más difícil la situación si tenía en cuenta que los estudiantes también efectuaron un congreso y otro acto el pasado lunes en este mismo local, y, debido al estado de ánimo en que me encontraba, le pedí al Ministro de Educación que viniera y me excusara.  Todo ello, naturalmente, me situaba en posición contradictoria. Quizás lo mejor para mí, o para mi ánimo, hubiera sido no asistir;  sin embargo, me era extraordinariamente doloroso dejarlos esperando y fue por esa razón que hice un esfuerzo en venir hasta aquí.  De todas formas, sí le echo de menos a la circunstancia de que desde hace seis meses venimos trabajando sin descanso en esta tarea revolucionaria.
Algunos me han preguntado si no es motivo de satisfacción ver la actitud del pueblo, el respaldo del pueblo, la confianza del  pueblo y la solidaridad que de manera excesivamente generosa está mostrando en esta situación.
Mi respuesta invariablemente es que mucho más hubiera deseado que no hubiese sido necesaria esa prueba de parte del pueblo, que mucho mejor habría sido para nosotros haber continuado trabajando sin afrontar estos contratiempos que no solo interrumpen el esfuerzo, distraen la mente, distraen las energías, sino que también resultan sumamente amargos, porque hemos venido sufriendo una lucha desde hace seis meses contra todas las calumnias, contra todos los planes de nuestros enemigos, contra todas las campañas y contra todas las maniobras.
Lo cierto es que firmemente la nación cubana y los revolucionarios cubanos han venido luchando contra todos los obstáculos y han mantenido muy en alto la dignidad y el honor de la nación, y se han mantenido muy firmes en sus principios revolucionarios, sin vacilar ante nadie y ante nada.  Cada día esa postura de la nación cubana se hace más evidente, y puesto que en esta lucha contra todas las campañas, contra todos los procedimientos que el enemigo usa, hemos tenido que actuar con una rectitud absoluta, con una claridad absoluta, hablándole siempre al pueblo con una franqueza absoluta, como un medio, como el único camino recto, como la única política correcta, a fin de contrarrestar todas esas campañas —que ustedes saben tan bien como yo que desde el Primero de Enero solo han tendido a crearle dificultades a la Revolución, a tratar de sembrar la duda en nuestros compatriotas, porque saben perfectamente que la fuerza tremenda con que cuenta la Revolución en el pueblo es muy difícil derrotarla —, ha sido necesario librar una tremenda y cuidadosa lucha, salirle al paso a cada maniobra, a cada intriga, salirles al paso a los enemigos declarados y a los enemigos encubiertos, a los que nos combaten de frente y a los farsantes que gozan de poner una palita de cal y una de arena y no están más que velando siempre la oportunidad de poner en la balanza todo lo más negativo que puedan contra la Revolución y, para no buscarse la enemistad del pueblo, de vez en cuando ponen un granito de arena en la balanza a favor de la Revolución.
Como la única manera de poder contrarrestar todo eso ha sido actuar —como decía— con una claridad absoluta en todas las cuestiones, es por lo que situaciones como esta tienen que producir en nosotros esa preocupación y ese estado, si se quiere, de aflicción.  ¿Por qué?  Porque es doloroso que el enemigo pueda esgrimir armas contra nosotros; porque es doloroso que se pueda aprovechar de cualquier circunstancia para tratar de sembrar la duda y la desconfianza en el pueblo, a tratar de abrir una brecha en la fe que el pueblo tiene en la Revolución.  Es doloroso porque forzosamente tenemos que ser previsores y conocemos muy bien a todo el mundo aquí, porque no solamente conocemos a los descarados de afuera, sino a los descarados de aquí adentro  que han estado, naturalmente, tratando de nadar con la corriente, mientras no le quede otro remedio; que han usado la táctica incluso de pasarse como simpatizantes de la Revolución, esperando solo la menor oportunidad de herirla y debilitarla.
Y así, por ejemplo, hoy —y ojala el señor Presidente, que está en una comparecencia, pudiera plantear esta cuestión allí—, un señor periodista publica con un título verdaderamente insolente —un señor que confunde el humorismo con la grosería muchas veces, que se llama Carlos Robreño—, en los momentos en que el nuevo Presidente de la República, designado porque es un hombre moral, porque es un verdadero revolucionario, porque ha trabajado en la confección de todas las leyes de la Revolución sin una sola vacilación , en los momentos en que para salir de la crisis es designado por el Consejo de Ministros y lo primero que hace es rebajarse el sueldo de 12 000 pesos a 2 500 pesos, y no se lo rebajó más porque no se lo permitió el Consejo de Ministros; en los momentos en que el nuevo Presidente tiene el gesto de salir de Palacio y llegar a la Casa de Beneficencia, donde hay cientos de niños huerfanitos, para ofrecerles un millón de pesos de ahorro de los presupuestos de Palacio, y en los momentos en que ese nuevo Presidente, borrando toda esa costumbre del pasado, lo primero que hace es ratificar que su señora esposa continuará desempeñando el cargo modesto que tenía en el Ministerio de Educación , y que, además, no va a vivir en el Palacio, sino que va a continuar viviendo en su casa como cualquier ciudadano; en ese preciso instante, en ese instante en que se producen cosas nunca vistas en nuestra patria, en que por primera vez nuestro pueblo contempla un ejemplo semejante en más de 50 años de seudorepública, en el momento en que los enemigos de Cuba están tratando de sembrar la cizaña y la insidia sobre la crisis que dolorosamente tuvimos que sufrir como una verdadera desgracia, porque no la deseaba nadie y, sencillamente, nos vimos en la necesidad de tener que afrontarla como tendremos que afrontar todos los problemas que se presenten al país ; en ese momento, a este señor no se le ocurre sino escribir un artículo indecente que titula “Cambio de cucharas” .  Se trata, sencillamente, de una historieta de mal gusto de este señor que hace un cuento y lo termina diciendo que un cliente que llegó a un restaurante pide un menú, una amplia cartulina en la cual aparecen escritos los platos del día...  (LEE).
Este es el momento que este señor escoge para hacer estos chistes en que confunde la grosería con el humorismo.
Para empezar —porque, en definitiva, no es este el único articulito que ha aparecido en estos días un poco insinuante y que van a estar apareciendo hasta el día en que aquí tengamos que decir unas cuantas verdades más en este país —, desenmascaremos aquí a todos los farsantes y a todos los descarados  que han estado aquí viviendo del chantaje y viviendo del truco y viviendo del atraco, envenenando las conciencias y confundiendo al país, usando la única arma, porque nosotros no nos vamos a querellar contra nadie, nosotros lo que los vamos a desenmascarar como se merecen ante la opinión pública .
Y es el caso que este señor, en la misma sección y el mismo día en que de manera tan insólita se expresa del señor Presidente de la República, del nuevo Presidente que escoge el Consejo de Ministros con beneplácito de la nación para resolver una crisis , expresa:  “Mañana miércoles a las diez y media de la noche, en el programa Telemundo Pregunta, que se trasmite por el Canal 2 de Televisión, interrogaremos, formando parte de un panel de periodistas bajo la moderación de Alfredo Núñez Pascual, al señor Presidente de la República, Dr. Osvaldo Dorticós Torrado.  El acto será producido en el Palacio Presidencial.”  Es decir que en la misma Sección en la que anuncia que al día siguiente entrevistará al Presidente de la República, escribe este artículo indecente que es un verdadero insulto y una verdadera ofensa a la sensibilidad del país.
Estas cosas explican un poco el porqué de nuestras actitudes, porque es muy triste que después de todos los sacrificios que se han hecho por nuestro país, después de la conducta que han tenido aquí los revolucionarios, después de los sacrificios que han hecho, de las pruebas de entereza, de decencia, de honradez y desinterés que han dado, es muy doloroso que esos intrigantes, que les están haciendo el juego a los peores enemigos de nuestra patria, puedan aprovecharse de estas circunstancias para tratar de confundir al pueblo y de debilitar la fe del pueblo; porque hay un gusto que quisieran darse, que es el gusto que no se van a dar:  el gusto de que nosotros nos pareciéramos a los gobernantes del pasado, el gusto de que frente a una situación semejante hubiésemos mandado un tanque al Palacio Presidencial en vez de hacer lo que hicimos que fue denunciar esos hechos ante el pueblo, renunciar previamente al cargo para tener fuerza moral y para poder hacerlo dentro de la Ley, acudir a la opinión pública que es a la única que nosotros acudimos porque podemos acudir a ella  y dejar enteramente en manos de ese señor que decidiera, que hiciera un gabinete si quería y si tenía con quién hacerlo.  O sea, ni siquiera pedirle la renuncia, porque plantearon que yo la pidiera y dije: No la pido porque no caigo en esa trampa.  Por tanto, el procedimiento fue tan limpio, tan democrático, que todo el pueblo, todos y cada uno de los ciudadanos lo presenciaron.
No era una crisis que se resolviera a puerta cerrada, en conciliábulos.  Por primera vez, posiblemente, en los problemas y en las crisis de nuestro país, no intervino ningún país extraño aquí; fue, entre otras cosas, una crisis resuelta por los cubanos, por el pueblo de Cuba, y era lógico que se produjera aquel desenlace, porque es virtualmente imposible que nadie en aquellas circunstancias osara continuar ejerciendo el poder sin el apoyo de la opinión pública.  Véase si aquel día se movió un solo soldado, véase si se acudió al menor acto de fuerza, y todo se resolvió en medio del procedimiento más democrático que pueda concebirse; tan democrático, tan limpio como en ningún país del mundo se ha visto nada semejante.
Naturalmente que para resolver en esa forma aquella situación no le quedaba otra alternativa al Primer Ministro que renunciar al cargo, porque haber procedido de otra forma era haber hecho lo que deseaban nuestros enemigos y no se puede hacer jamás lo que conviene a los enemigos de la Revolución.  No quedaba, por tanto, otra alternativa, y lo hice conscientemente, y lo hice —como lo expliqué a algunos compañeros— dispuesto a estar fuera del cargo el tiempo que fuese necesario.  O sea que no procedí de manera mezquina, no procedí como quien inventa algo para deshacerse de algo y actuar sin obstáculos.  Puse el problema en manos del pueblo, y la única manera de poder hacerlo era renunciando previamente al cargo (DEL PUBLICO LE DICEN:  “¡El pueblo quiere que vuelva!” y APLAUSOS), pensando muy seriamente no en retirarme de la Revolución, porque de esta Revolución no me retiro ni me puede retirar nadie .
Para mí la Revolución no es el cargo.  El cargo puede facilitar; efectivamente, puede ayudar una mejor coordinación, pero la Revolución no es el cargo. Cuando la empezamos a hacer no teníamos ningún cargo.  Esta Revolución no se empezó a hacer el Primero de Enero, se empezó a hacer desde el 26 de Julio —desde antes, desde que se compró el primer rifle para luchar por la libertad del país—; no el Primero de Enero, el Primero de Enero se libró una etapa .  Y para sentar las bases de esta Revolución no hicieron falta cargos, ni siquiera nombres, ni siquiera títulos; porque líderes aquí había muchísimos, hombres renombrados y encumbrados había muchísimos, y, en definitiva, esto no fue una cuestión ni de cargo, ni de nombre, ni de publicidad, ni de popularidad:  fue sencillamente una idea, y fue sencillamente un propósito, y fue sencillamente una voluntad de cumplir ese propósito, por grandes que parecieran los obstáculos y por grandes que parezcan hoy.  Desde luego que no pueden parecer tan grandes como el 26 de Julio o el día que desembarcamos en la playa Las Coloradas, creo que hemos adelantado un trecho desde entonces acá; luego, se explica perfectamente que para nosotros la Revolución no crea una cuestión de cargo, porque hay muchos cargos, hay muchos trabajos que hacer aquí, en donde dedicar la misma energía que se estaba dedicando desde un cargo determinado.
En definitiva, el cargo mío no ha sido el de Primer Ministro, ha sido el de estar desviviéndome por resolver infinidad de problemas de todas clases, no solo los que se relacionan con un cargo determinado, y como en definitiva, no me cuesta nada renunciar a un cargo; como, en definitiva, me importan muy poco todos los cargos; como, en definitiva, me puedo dar el gusto de renunciar a todos los cargos del mundo , porque en mi mente el cargo no es la Revolución —en mi mente, desde que empecé, habiendo tenido que recorrer uno por uno todos los escalones de la lucha, desde ir a pedir 100 pesos para comprar fusiles a alguien que a lo mejor se creería que lo quería para robarlo cuando empezamos a organizar lo del Moncada hasta la cárcel, donde se nos trataba peor que a un preso común, la prisión en el extranjero y, en fin, cuantas vicisitudes se pueda nadie imaginar para llevar adelante la Revolución, no para ocupar cargos, el cargo lo vine a ocupar porque me lo impusieron las circunstancias, no porque me importara—, en definitiva, si los cargos no son los que importan, en esas circunstancias tiene que ser duro para un hombre que ha tenido una manera de actuar muy clara y que no le han importado los cargos, que puedan los intrigantes, los enemigos de la Revolución, presentarme como un ambicioso, o presentarme como un señor que quiere estar en el “jamón” o cosa por el estilo.
Empezando porque ningún cargo es hoy un “jamón” para nadie aquí, porque cualquier cargo hoy es hueso puro y hueso duro para un revolucionario.  Y si había un cargo que lo quisieron convertir en “jamón”, ya ese procedimiento, ese procesamiento del cargo público cesó.  Así que los cargos para nosotros son lugares de sacrificio, y sería triste que encima de eso se creyera que aquí algunos de nosotros está aspirando a cargo, o que acudimos a procedimientos para librarnos de obstáculos, cuando todo el mundo tiene que comprender que a nadie más que a nosotros nos puede haber dolido el que se haya producido ese pequeño lapso y ese incidente en la Revolución.  Porque cuando se está trabajando en algo, y cuando de verdad se quiere lo que se está haciendo y de verdad hay fe en lo que se está haciendo, lo menos que quiere el hombre es ver interrumpido ese trabajo.  Cuando la mente humana se embarga por completo en algo, no quiere que se le distraiga en ningún otro sentido, y esto venía a ser una distracción, venía a ser arma para el enemigo, como efectivamente el enemigo se ha aprovechado del incidente.
Por ejemplo, ya usted se encuentra declaraciones diciendo que yo soy un dictador y que en cualquier lugar en que esté sigo siendo un dictador, sencillamente, porque le da la realísima gana a los detractores de nuestra Revolución de calificarnos en esa forma, cuando por primera vez en la historia de nuestra patria el pueblo se toma en cuenta, cuando por primera vez en la historia de nuestra patria la palabra pueblo tiene significado; porque los plutócratas extranjeros, los que estaban acostumbrados aquí a hacer su voluntad, los que están acostumbrados a hacer su voluntad en los pueblos colonizados de nuestra América , no pueden soportar siquiera la idea de que los pueblos cuenten, y cuando viene una revolución que hace posible que el pueblo cuente, que la voluntad del pueblo se cumpla, que la palabra del pueblo sea la que valga, entonces llaman a ese gobierno dictadura.
No llamaban dictadura a la de los trusts y los grandes intereses que aquí estaban matando de hambre a nuestros guajiros, que estaban asesinando de hambre a nuestros guajiros, que estaban pagándoles sueldos de miseria, lanzándolos a los caminos reales. Para ellos esos no son dictadores, y sí el gobierno que viene a ponerle fin a toda esa injusticia y que lo hace en medio de procedimientos de absoluta libertad para todos los cubanos y sin otra arma que la de la opinión pública, en una Revolución que no se parece a ninguna otra en la América Latina, porque esta no solo tiene la opinión pública, tiene además a los soldados revolucionarios, a los hombres y a los militares revolucionarios , de tal manera que no caben comparaciones posibles, porque esta es la Revolución más sólida que se ha producido en la América Latina.
Quien lea las informaciones que se producen en el exterior y que son en gran parte para consumo interno, que son en gran parte para darles aliento a los intrigantes de adentro, verá cómo se quieren valer del incidente para duplicar la campaña contra nuestra Revolución y se ha dado, incluso, el caso de que nada menos que el Presidente de la UPI —que se ha pasado seis meses diciendo horrores de la Revolución desde aquí, sus agentes desde aquí se han pasado seis meses diciendo horrores de nuestra Revolución sin que nadie los moleste— declarara en una reunión de periodistas en California o no sé dónde, que en Cuba no hay libertad de prensa.  Así que cualquiera comprende toda la trama, la trama torpe y la trama estúpida, porque, ¿a quién quieren engañar, a los de aquí?  A los de aquí no los pueden engañar. ¿A quién quieren engañar, a los de allá? ¿Para qué si los de allá no mandan aquí?  
Había aquí mucha gente, y queda todavía alguna, que se preocupa mucho de lo que digan allá de nosotros, cuando en realidad los de allá son los que deben preocuparse de lo que se dice aquí de ellos, porque no puede ser una cuestión unilateral.  Todos los días leemos los cables y, realmente, no pueden ser más infames.  Es una tarea sistemática y constante.  Antes era el problema de los fusilamientos, luego otro problema y otro problema; pero se ve una campaña constante para ver si intimidan al pueblo, y, claro, lo que han logrado con todo eso es hacer más fuerte la Revolución aquí .  El papel de los traidores, paradójicamente y muy a su pesar, ha sido fortalecer la Revolución aquí y hacerla tan fuerte, tan fuerte, que nuestra Revolución es invencible, sencillamente, porque tiene a la nación entera.  Y tiene a la nación entera porque hombres puede haber traidores, pero pueblos no puede haber traidores; porque hombres puede haber cobardes, pero pueblos no puede haber cobardes; hombres se pueden vender, pero pueblos no se pueden vender.  Así que no han conseguido otra cosa que fortalecer la Revolución; no han hecho más que dar coces contra el aguijón; engañar allá a los ciudadanos de aquel país e indignar aquí a los ciudadanos de este país.
Así que aquí estamos plantados con nuestras leyes revolucionarias, con nuestra política enteramente libre y soberana, sin que haya fuerzas en el mundo capaces de doblegar a nuestro pueblo.
La Revolución no es, pues, una cuestión de cargos, y porque creo eso firmemente es por lo que me preocupo con sobrada razón.  Ni siquiera por una cuestión de cargos les vamos a dar a nuestros enemigos la oportunidad de intrigar y de tratar de confundir.  No quiere decir esto que tengan los dirigentes de una revolución que preocuparse de lo que piensen los enemigos, sino que una revolución es un puesto de lucha que, cuando es verdadera como esta, tiene muchos intereses en contra, y hay que luchar contra ellos y hay que vencerlos.  A nosotros no nos preocupa lo que piensen, lo que nos preocupa es ganarles la batalla a esos intereses.  Eso es lo único que nos preocupa y no es una cuestión de sentimentalismos, porque no sería correcto el plantear problemas sentimentales en medio de un proceso revolucionario.
Cuando yo renuncio no es que me prive de nada (EXCLAMACIONES DE: “¡No renuncie!”).  Déjenme explicarme, yo quiero explicarles que no me privo de nada y no me pongo triste ni mucho menos, porque esta no es una cuestión de sentimentalismos, es que, sencillamente, no quiere decir que abandone la Revolución ni deje de cumplir con mis deberes revolucionarios.  Quiero decir sencillamente a los enemigos que están equivocados, que pueden ir tomando otra ruta, porque este caso no es como otros casos que ellos acostumbran a conocer y no se nos pueden venir a aplicar aquí cartabones de ninguna clase, porque la Revolución Cubana y los revolucionarios cubanos son imposibles de encajar dentro de ningún cartabón; si quieren ponernos dentro de un cartabón, que lo ajusten a la realidad de esta Revolución, que no se parece a las demás revoluciones, que tiene su estilo propio y características tan propias que no cabe en ningún cartabón.
Podrán escribir sobre ella después, pero lo que no podrán es estar poniéndole camisas de fuerzas, lo que no podrán es estar calificándola caprichosamente ni podrán acudir a ejemplos de tales o más cuales, porque no se parece a ninguna otra. Y, sobre todo, demostrarles que la cuestión de los cargos no importa, porque aquí hubo algunos que el día 17 fueron a celebrar una especie de almuerzo de la victoria, y yo me digo, ¿qué se habrán creído esos señores? ¡Qué equivocada está alguna gente aquí en nuestro país! A lo mejor se hicieron ilusiones de que el hecho de que el Primer Ministro tuviera que renunciar significaba ya que la Revolución había sido vencida, que la Revolución se había acabado y que no iba a haber aquí problemas de ninguna índole.  En sus ilusiones se fue hasta a almorzar alguna gente.  Ha sido bueno esto, incluso, en parte —dicen que no hay mal que por bien no venga—, para saber más  claramente todavía y con todo detalle cómo piensan algunas personas aquí.
Pero, en fin, lo que quiero expresar es que para nosotros constituía una situación verdaderamente aflictiva la idea:  por un lado, la táctica correcta que debíamos usar; por el otro lado, los sentimientos del pueblo, porque los enemigos se quedarían enteramente desarmados —y eso fue lo que pensamos nosotros cuando renunciamos—, sencillamente, si no me ven regresar al cargo de Primer Ministro; porque si eso significara que la Revolución se debilita, si eso significara que la Revolución retrocede, pero, en realidad, carece de importancia un cargo.  Por eso, si para nosotros es cuestión de aflicción, bien, ¿y qué?
Frente a un sentimiento del pueblo tenía uno que situarse en una posición realmente casi de contradecir ese sentimiento, casi de parecer uno testarudo, caprichoso, cuando no existe nada de eso, porque dije que aquí no valen caprichos ni valen sentimentalismos de ninguna clase.  Nadie tiene derecho a estar con cuestiones sentimentales, pero todo el mundo tiene que comprender lo desagradable que era para nosotros quedar expuestos a las diatribas y a las insidias de los intrigantes como estos que poco menos dicen que no es que no quiera el potaje, sino lo que quiere es cambiar de cuchara.
Como uno sabe todas estas cosas, como uno conoce aquí, adivina casi las tácticas de los enemigos de esta Revolución, que tiene unos cuantos disfrazados, verdaderas Caperucitas Rojas  porque se disfrazan todo lo más posible de consejeros magnánimos, de tiradores de toalla, se disfrazan de buenos, se disfrazan de nobles y lo que están es pidiendo nada menos que el olvido ya de los horrores del pasado, pidiendo la toalla para los culpables de todo lo que ha tenido que sufrir nuestro pueblo.
Así que enemigos tiene la Revolución sobre los que tiene que estar muy alerta el pueblo, farsantes de toda laya, siempre vigilando dónde pueden lanzar el dardo envenenado.  Puede decirse que se pasan el día en acecho para ver hacia dónde pueden dirigir el dardo envenenado, que el Presidente de la UPI declara que no hay libertad de prensa y muchos se callan como si fuera verdad lo que dice el Presidente de la UPI, que lanzan imputaciones contra la Revolución y no sólo se callan, aunque sean falsas, sino que las corean con el mayor disimulo.
Enemigos tiene de sobra esta Revolución; no muchos, no de sobra en número, pero sí de sobra en maldad y mala fe; enemigos a quienes les sobran las malas intenciones y que no pierden la oportunidad de clavar el dardo envenenado y se valen de los peores momentos, se valen de los más difíciles momentos, de los momentos en que amenazan de afuera a la patria para atacar y para lanzar el dardo envenenado .  Por eso el remedio contra todo esto es estar alerta, para que aquí los farsantes pierdan de una vez y para siempre toda su vigencia , para que aquí los hipócritas pierdan de una vez y para siempre toda su vigencia, los demagogos estos que hoy defienden a un campesinito infeliz y mañana tratan de clavarle una puñalada a la Revolución que libera al campesino.  Porque son como unos maestros en el rejuego, son como unos maestros en el arte de pintarse buenos mientras planean la zancadilla, mientras planean el daño; son como unos maestros en el arte de seguir la corriente, hacer que marchan junto con la Revolución para dar la vuelta en la menor oportunidad y atacarla por la espalda, porque no se baten de frente sino contra la espalda, esa es la estrategia que usan para tratar de mantener alguna vigencia, para tratar de confundir a algún incauto.
Se pintan de buenos y nobles en algunos casos aislados, en los detalles, para atacar en lo esencial, y esas tácticas las debe conocer el pueblo, porque el único remedio contra ellos es el estado mental de alerta en el pueblo para que no vengan aquí a engatusar a nadie, para que no vengan a tupir a nadie, porque el pueblo ha aprendido mucho y sabe perfectamente quiénes lo defienden y por qué lo defienden, y sabe quiénes son sus enemigos y por qué son sus enemigos.  En definitiva, una revolución que no ha hecho más que bien, que empezó a hacer bien desde el momento en que por primera vez aplicó la justicia, desde el momento en que por primera vez se arrancaron las armas de las manos homicidas y se castigaron los criminales y se castigaron los delatores ; una Revolución que puso fin a la casta militar para dar paso a una nación soberana y libre, sin miedo a la traición, porque cuando una nación podía ser víctima de la traición de su propio ejército, esa nación no podía sentirse segura, cuando una nación estaba expuesta a que una madrugada cualquiera le sacaran los cañones y los tanques a la calle para implantar un régimen de terror y de piratería, esa nación no podía sentirse tranquila así; y cuando una revolución no ha hecho más que bien, que castigó a los criminales, puso fin a la casta militar, liberó a la patria de esos males ancestrales para empezar toda una serie de obras como la suspensión del juego, del peculado, de la malversación, del contrabando, cuya desaparición tan extraordinario beneficio ha traído a este sector que se congrega en la noche de hoy; una Revolución que en todos y cada uno de sus pasos no ha hecho sino combatir a los intereses contrarios al país para ayudar al pueblo, esa revolución solo puede tener por enemigos a los peores intereses que se oponen al progreso y a la felicidad de nuestro pueblo.
Una Revolución que no ha hecho más que llevar el bien, que tiene por amigo, por único amigo, por verdadero, leal e invariable amigo al pueblo, solo puede tener como enemigo a los peores intereses de este pueblo.  Eso es claro hasta para los propios niños, como debe ser claro que nuestros enemigos no descansarán en la tarea de tendernos cuantas trampas y cuantas zancadillas puedan concebir, que tratarán por todos los medios de llenarnos el camino de obstáculos, que tratarán por todos los medios de entorpecer la obra del Gobierno Revolucionario, y tratarán de valerse de todas las ventajas con que puedan contar, desde el hecho de ser nuestro país subdesarrollado económicamente hasta las circunstancias de habernos encontrado los recursos del país, las reservas del país virtualmente agotadas.
Se valdrán de la libertad que hemos conquistado para todos; se valdrán de las garantías que hay; se valdrán de la seguridad que hay; se valdrán de este ambiente en que todos los ciudadanos se sienten seguros en su derecho, en que no hay terror, en que no hay persecución, en que no hay fuerza; se valdrán de todo lo que la Revolución ha conquistado como se valdrán de todo el daño pasado que hicieron, cuya herencia hemos recibido, para tratar de obstruccionar la tarea del Gobierno Revolucionario. Pero frente a eso, se yergue cada día más firme y más potente una voluntad, la voluntad de un pueblo que está decidido a vencer todos los obstáculos, de un pueblo que se sabe fuerte, porque se sabe firmemente unido en un solo propósito y en un solo ideal.  Todos los hombres nobles, todos los ciudadanos que quieren a su patria, todos los ciudadanos que anhelan para ellos y para sus hijos una vida distinta, una patria distinta de lo que ha sido esta hasta hoy, están con la Revolución y están dispuestos a defenderla, cueste lo que cueste.
Si queremos pruebas, ahí está la concentración campesina, ahí están los campesinos  que oyeron decir que íbamos a reunir medio millón de campesinos en La Habana con machetes, y ahí están con sus machetes, para cuando alguien diga, ¿machetes para qué?, responder: Para defender la Revolución; para defender la Revolución de los traidores y de los enemigos de la patria, para defender la Revolución de la reacción, para defender la Revolución de las actividades contrarrevolucionarias.
¿Para eso vinieron los guajiros con sus machetes, y con sus machetes afilados?  No, porque los campesinos no entienden de muchas palabras; los campesinos no necesitan de muchos argumentos.  Lo que saben ellos es que esta Revolución es la Reforma Agraria, es la liberación del campesino, es la tierra para ellos, la educación para sus hijos.  Eso es lo que ellos saben y lo que ellos entienden y no necesitan más razones.  Por eso tienen sus machetes afilados, no porque haya que usarlos, sino como demostración de que están dispuestos a usarlos cuando sea necesario para defender la Revolución.
Y han venido tantos que son más de los que se había calculado; han venido tantos que no alcanzan las casas ni los campamentos, y han venido tan decididos que algunos traen hasta los machetes de sus antepasados que pelearon en la Guerra de Independencia, porque por ahí he visto machetes que dieron más de una carga de caballería en la Guerra de Independencia, y los campesinos los han traído también.  Y no solo tienen los machetes de sus antepasados, sino que tienen los machetes que antes usaban para darles planazos a ellos, tienen los machetes de la Guardia Rural, que los tienen también afilados para defender la Revolución.
Si ustedes observan al campesino, verán que es el hombre más definido y más decidido que hay, que lo único que sabe es que esta Revolución hay que defenderla porque es su Revolución.  Y ese es el ánimo que ustedes ven, que demuestran los campesinos.
Medio millón de campesinos, ¿qué significa?  Significa los campesinos que pudieron venir, no los campesinos que quisieron venir a respaldar las leyes revolucionarias; significa medio millón de hombres dispuestos a pelear por la Revolución.  Eso es por si algunos se equivocan, eso es por si algunos se hacen ilusiones.  Y quiere decir que los campesinos lo mismo vienen de Oriente para La Habana, que van de Pinar del Río para Oriente a defender la Revolución, cuando haga falta defenderla; y que la Revolución estamos dispuestos a defenderla con todas las armas, estamos dispuestos a defenderla hasta con los dientes y las uñas, y por eso estamos tranquilos, porque sabemos que con eso es con lo que cuenta la Revolución.  Por eso no nos preocupamos.
Sabemos que el destino de la Revolución nadie lo puede alterar, porque el pueblo está en esa disposición de ánimo, que no se la van a cambiar con chismecitos en el Senado norteamericano, no se la van a cambiar con actitudes de apapipios y lamebotas, no se la van a cambiar metiendo miedo, ni con amenazas ni con conferencias de cancilleres , porque hemos proclamado nuestro derecho a la soberanía, nuestro derecho a la libertad, nuestro derecho a la felicidad; desde aquí lo hemos proclamado y estamos dispuestos a defenderlo hasta contra gente que viniera de otro planeta .  Y por lo demás, que digan lo que quieran; aquí, en Cuba, no penetrarán las intrigas ni las calumnias, y con los cubanos para defender esta Revolución basta y sobra.
Así que la Revolución continuará su obra, y seguiremos viéndonos y continuaremos desarrollando todas las posibilidades económicas de nuestro país, entre ellas, esta industria, esta industria que aspiramos a que dentro de cuatro o cinco años lo más haya duplicado el número de obreros que hoy trabajan en ella.  Aspiramos a la siguiente meta: que el país llegue a producir absolutamente todos los tejidos que consume  y que aquí no se importe otra cosa que no sea exclusivamente la materia prima que no podamos producir, porque, la que podamos producir aquí, la vamos a producir.  La materia prima que sea imposible producir aquí, que en todo caso se importe; pero que se elabore aquí y que en Cuba se consuman productos cubanos.
Para ese empeño contamos con la colaboración de todo este sector, obreros o industriales, que todos tenemos que ponernos a trabajar por lograr esa meta, la meta de que se produzcan todos los tejidos que se consumen en Cuba, y, para los demás, una protección arancelaria tan elevada como sea necesaria para que aquí no se importen tejidos extranjeros , que por algo esta es una Revolución que defiende, no intereses extranjeros, sino intereses nacionales; que por algo esta es una Revolución que defiende a los cubanos y por defender a los cubanos se ha buscado la enemistad de tantos intereses extranjeros.
Elevaremos los aranceles tanto como sea necesario. ¿Que los japoneses quieren trato de nación preferencial?  Bueno, nosotros se lo podemos dar, pero con los aranceles a la altura que deban estar y con ese no habrá discriminación con los japoneses.  Ellos dicen que lo único que quieren es que no se les discrimine.  Muy bien, los pondremos en la misma situación que los demás, pero los aranceles estarán establecidos de tal manera que protejan por encima de todo la industria nacional y se cumpla la consigna de que aquí se consuman exclusivamente los tejidos elaborados en el país, por fábricas establecidas en el país y por obreros cubanos.
Cuando los guajiros empiecen a comprar ropas, cuando los guajiros empiecen a vestir a sus hijos, a sus familias, vamos a necesitar aquí el doble de la ropa que hoy se usa, y, además, cuando aquí se produzcan los 30 o 40 millones de tejidos que se importan, vamos a tener trabajo para miles de cubanos más.
Esa es la política que la Revolución va a seguir en materia textil; por lo tanto, este sector, como todos los demás, continuará desarrollándose sin que nada ni nadie lo pueda impedir.  Con esa idea podemos todos marchar adelante en la seguridad de que Cuba cumplirá su destino, porque nada ni nadie lo podrá impedir, y creo sinceramente que eso es lo que importa.
¿Quién puede contra los cubanos?  El día 26 de Julio lo demostraremos, porque ese día no irán solamente los campesinos, ese día irán todos los vecinos de La Habana a la Plaza Cívica a ese acto, para que vean lo que es un pueblo respaldando una revolución, para que vean lo que es un pueblo decidiendo sobre sus destinos, para que vean que aquí sí hay democracia, para que vean que aquí sí hay una democracia porque el pueblo tiene voz y voto, para que vean que esta no es una oligarquía, que este no es el gobierno de los multimillonarios, que esta sí es democracia y no plutocracia, que esta sí es democracia y no oligarquía , que aquí lo que impera, señores malintencionados que quieren detractar a nuestra patria, no es la fuerza  —la fuerza la tenemos ahí lista para combatir a todos los enemigos que vengan por la fuerza —, que aquí lo que impera es la razón, la persuasión, el pensamiento, porque esta es como una democracia ateniense, sin esclavos ni ilotas.
Esta sí es una verdadera democracia, porque todos y cada uno de los ciudadanos, tanto el negro como el blanco, el pobre como el hombre de clase media, tienen voz y voto.  No impera la fuerza; la fuerza, repito, la tenemos para defender la nación hasta la última gota de sangre, porque la fuerza de la Revolución no son los militares, es el pueblo.  El pueblo es la fuerza, que por algo ganamos la guerra contra la dictadura apenas sin armas, porque no había armas.
Del pueblo surgieron los soldados de la liberación, del pueblo surgieron sin armas, del pueblo salió la fuerza, la fuerza está, pues, en el pueblo.  Sería ingenuo creer que la fuerza está en los hombres armados.  La fuerza está en la cantera de donde surgieron esos hombres que sin armas derrotaron a los que estaban armados defendiendo a la tiranía; luego la fuerza está en el pueblo, la principal fuerza está en el pueblo, en ustedes, en los guajiros , porque de ahí surgieron los soldados de la Revolución.
Esta no es una Revolución de fuerza, sino de razón y de corazón; esta es una Revolución de opinión pública y no de opinión pública prefabricada o fabricada a base de mentiras, sino una opinión pública hecha a base de verdad, no a base de hipocresía o de demagogia, sino a base de sinceridad.
Así que sepan los malintencionados detractores lo que hay en Cuba.  Si quieren saber lo que es democracia que vengan a Cuba, si quieren saber lo que es un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo que vengan a Cuba , si quieren saber lo que es un pueblo rigiendo sus propios destino;  que vengan a Cuba, que vengan el día 26, para que vean cómo, sin ser nuestra patria el país más grande de América Latina, se va a producir la concentración más grande que se ha producido en toda la historia de América, incluyendo la del Norte .  Porque este pueblo nuestro es puro entusiasmo, es puro idealismo, y, a pesar de que somos 6 millones de ciudadanos, podemos dar una concentración tan grande como no se ha dado en la historia de América, y una concentración de tal naturaleza, en un acto de confraternización tal entre los hombres del campo y de la ciudad, como símbolo de unión, como símbolo de fusión tras un mismo ideal, como no se ha visto nunca en la historia de América.
Que vengan a Cuba a aprender esas cosas de pueblo, que vengan a Cuba a conocer estas cosas de pueblo; que vengan a Cuba, porque Cuba es hoy una verdadera universidad de democracia que le puede dar lecciones al mundo.  ¡Que vengan, para que vean cómo el pueblo decide!
Hoy ustedes me han planteado el problema de la renuncia. Pues bien, para que a nuestros enemigos no les quede nada que decir, para que los calumniadores y detractores de nuestra patria sepan a qué atenerse, preferible sería no resolver hoy esta cuestión, sino resolverla el 26 (EXCLAMACIONES DE PROTESTA).
Les voy a decir algo que es razonable: Vamos a esperar el 26 de Julio, vamos a someter este problema a todo el pueblo, a todos los guajiros y a todo el pueblo de La Habana el 26 de Julio, en la Plaza Cívica.
Sí, puesto que para nosotros es necesario resolver este dilema, y resolverlo de manera que no queden dudas y de manera que nuestros enemigos se tengan que callar la boca , vamos a resolverlo el día 26 de Julio para que no sea un solo sector, para que sean todos los sectores del país los que opinen, para que sea todo el pueblo .  Y puesto que es necesario resolverlo, vamos a resolverlo de manera que no queden dudas.
Vendrán luego y dirán que el pueblo, conmovido, impresionado, respaldó, y que yo tengo la culpa de que el pueblo nos respalde.  Si el pueblo respalda la Revolución no es por gusto, si el pueblo respalda la Revolución no es por casualidad ; es porque nuestra libertad y nuestra Revolución nos costó 20 000 muertos, 20 000 compatriotas que cayeron, y no cayeron para que nadie se hiciera aquí casas de 35 000 pesos a los tres meses , y no cayeron para que, mientras todavía hay madres a quienes la Revolución no ha podido darles una pensión, madres que perdieron uno o más hijos, haya quienes no conformes con haber cobrado los años que estuvieron de magistrado, cobren también después del triunfo los meses que dejaron de cobrar en el exilio, y, no conformes todavía, cobren 12 000 pesos todos los meses, mientras hay inválidos, mientras hay legiones de inválidos a los que todavía no ha podido erigírseles un hogar para su rehabilitación.  Y como esta Revolución tiene que ser pura de pies a cabeza, como esta Revolución tiene que significar sacrificios en todos los órdenes porque esa es la línea que ha seguido la Revolución, como los caídos no cayeron en balde, porque todos los que cayeron, cayeron para hacer lo que estamos haciendo, es por lo que la Revolución tiene el respaldo del pueblo, que no es casualidad.  Y si quieren acusarme de algo que me acusen de tener el respaldo del pueblo; si quieren acusarme de algo que me acusen de haber obrado de manera que el pueblo demuestra su adhesión con la línea que ha seguido el Gobierno Revolucionario, de eso que nos acusen .
Se tomaron las decisiones recientes y se hicieron las acusaciones pertinentes porque hubo que hacerlo, porque era un deber hacerlo, porque era un problema de conciencia hacerlo, y cuantas veces sea necesario cortar por lo sano lo haremos sin vacilaciones. Y puesto que el 26 de Julio reúne el pueblo y estamos en una democracia ateniense sin esclavos ni ilotas, en la plaza pública, como en los tiempos antiguos, el pueblo resolverá.  Y que vengan los que quieran aprender democracia, que vengan los que quieran saber de una democracia para que nos acusen del único delito que pueden acusarnos: el delito de haber servido al pueblo, el delito de contar con el respaldo del pueblo.
Y puesto que es necesario decidir el dilema, puesto que estamos en la obligación de actuar de manera que nuestros enemigos tengan que callarse la boca, puesto que los cargos no me importan, pero tampoco les voy a rendir tributo a los detractores de la Revolución más allá de la voluntad unánime de nuestro pueblo, y puesto que no me mueven razones sentimentales, sino razones revolucionarias y morales, puesto que me mueve el deber de actuar de manera tan diáfana que no quede la menor duda, el problema de la renuncia lo decidirá el pueblo el 26 de Julio y acataré sencillamente la voluntad soberana del pueblo.
Dirán que conozco cuál ha de ser la reacción del pueblo. Bueno, la reacción del pueblo la conocemos todos, pero es necesario que los farsantes se callen la boca, es necesario que los farsantes la vean con sus propios ojos, es necesario que los enemigos de la Revolución sufran lo que es ver a un pueblo libre decidiendo sobre sus propios destinos.
Nos dirán que sabemos lo que el pueblo piensa.  Frente a eso solo podemos decir que cuando actuamos, actuamos pensando con toda sinceridad que el remedio que hubo de aplicarse implicaría nuestra ausencia de un cargo determinado por el tiempo que fuese necesario.  Para mí eso es lo que importa: nuestro fuero interno en cuanto a mí mismo y en cuanto a los deberes con la nación; lo que me interesa es la confianza y la fe de la nación, y, por lo demás, que el pueblo diga al mundo su pensamiento para que nuestros enemigos, si de algo quieren acusarnos, nos acusen —repito— de haber servido al pueblo.
 FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

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