julio 10, 2012

Discurso de Fidel Castro en la entrega del Campamento Militar "Cuartel Agramonte" (1959)

DISCURSO EN LA ENTREGA DEL CAMPAMENTO MILITAR “CUARTEL AGRAMONTE” E INAUGURACION DEL CENTRO ESCOLAR Y DOS HOSPITALES EN CAMAGÜEY
Fidel Castro
[27 de Noviembre de 1959]

― Versión taquigráfica de las oficinas del Primer Ministro ―

Hemos venido hoy a esta provincia a entregar a los maestros de Camagüey la que fuera fortaleza militar donde moraban en otros tiempos los soldados de la tiranía, y hemos venido también a inaugurar dos hospitales. Es decir que el Gobierno Revolucionario ha hecho acto de presencia en la ciudad de Camagüey para inaugurar una ciudad escolar y dos hospitales, y quieren los camagüeyanos aprovechar esta ocasión...
(INTERRUPCION)
Comencé diciéndoles cuál había sido el motivo de nuestra visita a Camagüey. Vinimos fundamentalmente a cumplir una promesa con el pueblo camagüeyano y con todo el pueblo de Cuba: la promesa de convertir las fortalezas en escuelas.
Después del acto de esta mañana, después de aquel espectáculo de miles y miles de niños con banderas cubanas en el polígono militar del que fuera Regimiento “Ignacio Agramonte”, después de aquel hecho emocionante e inolvidable, cabe hacerse esta pregunta: ¿Qué necesidad tenía la Revolución de esa fortaleza militar? ¿Para qué necesita la Revolución de fortalezas militares? ¿Qué gobiernos necesitaban fortalezas militares? Solo los gobiernos que no trabajan para el pueblo, solo los gobiernos que defienden intereses contrarios al pueblo necesitan fortalezas militares pero el Gobierno Revolucionario, cuyos actos son todos absolutamente en beneficio del pueblo, ¿para qué quiere fortalezas militares?  
¿Qué era una fortaleza militar?  Eran las guaridas, los alojamientos de un ejército que no estaba al servicio del pueblo. ¿Qué era el ejército en nuestra patria? ¿Qué papel desempeñaba antes el ejército en Cuba? Era una organización al servicio de los grandes intereses. Era una organización entrenada y equipada para defender los grandes intereses y los grandes intereses necesitaban un ejército que los defendieran.
¿Existía aquel ejército para defender al pueblo? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿A quién defendía? A los grandes intereses.  Aquel ejército no defendía la república, aquel ejército no defendía al pueblo, aquel ejército no se podía identificar con el pueblo (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”); aquel ejército existía para mantener oprimido al pueblo, aquel ejército existía para mantener al pueblo bajo las garras de los grandes intereses y privilegios. Por algo llevaban aquel rifle con el que tantas veces golpearon y dispararon sobre nuestros compatriotas, por algo llevaban aquel sable que tantas veces dejaron caer sobre las espaldas de nuestros ciudadanos.
¿A quién podrían golpear hoy aquellos machetes que no están sino en manos de los propios campesinos? Antes los campesinos recibían los planazos. Aquello de que los problemas se resolvían a fuerza de plan de machete era una verdad que nuestro pueblo y, sobre todo, nuestros campesinos conocen sobradamente bien; pero hoy, ¿quiénes tienen los machetes en la mano?  Los guajiros dejaron de ser los que recibían los planazos, dejaron de ser las víctimas para convertirse, machete en mano, en defensores de su Revolución.
¿Y quién podría volver a establecer jamás en nuestra patria aquel sistema odioso? ¿Quién podría volver jamás a darle un solo golpe a uno solo de los campesinos de nuestra patria?  ¿Cómo sería posible que nuestros campesinos se dejasen convertir de nuevo en víctimas de semejantes injusticias?  Luego, ¿fortalezas para qué?
¿Qué necesidad tenía la Revolución de mantener una fortaleza repleta de soldados, si esas fortalezas se construyeron precisamente para someter al pueblo, si esas fortalezas se construyeron para abusar del pueblo? Luego, la Revolución no necesita fortalezas (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”). Es por eso que el Gobierno Revolucionario prometió al pueblo que convertiría las fortalezas en ciudades escolares, y esta de Camagüey es la segunda fortaleza que convertimos en ciudad escolar; después vendrá la de Holguín, luego el cuartel Moncada de Santiago de Cuba y más tarde la fortaleza militar de Santa Clara.  Así, el Gobierno Revolucionario de Cuba será el primer gobierno en el mundo que convierta las fortalezas militares en escuelas.
Pero hay algo más: ¿Qué mejor prueba puede darse de confianza en la Revolución?  ¿Qué mejor prueba puede darse de la fe en el pueblo?  Porque la Revolución convierte las fortalezas en escuelas precisamente cuando más enemigos surgen en todas partes contra nuestra Revolución, cuando más amenazas provienen de todas partes contra nuestra Revolución, cuando más atrevida y agresiva es la campaña de la reacción y de los grandes intereses contra nuestra Revolución, sin embargo, lejos de construir fortalezas, lo que hace la Revolución es destruir fortalezas para convertirlas en escuelas. ¿Es que acaso va a quedar indefensa la Revolución?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) No. ¿Es que acaso nos vamos a desarmar?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  No. Lo que ocurre es que nosotros hemos entendido el problema perfectamente bien. Antes existían ejércitos para oprimir al pueblo y ahora el pueblo constituye el mejor ejército de la república, ahora los defensores de la república son los propios ciudadanos.
¿Por qué la Revolución puede convertir las fortalezas en escuelas?  Porque desde el día Primero de Enero, desde el triunfo de la Revolución, cada escuela se ha convertido en una fortaleza de la Revolución, y las 10 000 escuelas que en el curso de este año tendrá establecidas el Gobierno Revolucionario, serán 10 000 fortalezas de la Revolución, porque cada ciudad, cada pueblo y cada casa se ha convertido en una fortaleza de la Revolución. A pesar de estar destruyendo las fortalezas, Cuba está más defendida que nunca y la Revolución está más defendida que nunca porque la defiende el pueblo. Es decir que la Revolución tiene en el pueblo a su más legítimo defensor, la Revolución tiene en el pueblo a su mejor ejército, y cuando llegue la hora de defender la Revolución o llegue la hora de defender la patria, cada ciudadano, cada patriota, será un soldado de la Revolución y de la patria.
¿Podía algún otro gobierno entrenar a los campesinos y armar a los campesinos?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”)  ¿Podía algún otro gobierno entrenar a los obreros y armar a los obreros? (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) ¿Podía algún otro gobierno entrenar a los estudiantes y armar a los estudiantes?  (EXCLAMACIONES DE: “¡No!”) No. ¿Por qué? Porque si los obreros, si los campesinos, si los estudiantes, si el pueblo hubiese estado armado, Cuba no habría padecido dictaduras, Cuba no habría padecido malos gobiernos; los malos gobiernos fueron posibles solamente porque existían los ejércitos al servicio de los grandes intereses.
La mejor prueba de que la Revolución equivale a una identificación completa de gobierno y de pueblo, es que el gobierno pone la defensa de la Revolución en manos, no de un ejército...  
Ustedes comprenderán que se nos hace difícil hablar presenciando el espectáculo del número creciente de ciudadanos que se están desmayando frente a la tribuna. Ustedes comprenderán lo doloroso que es para nosotros ver la cantidad de personas que se están desmayando; tendría que ser un insensible para poder pasar por encima de esos espectáculos. Precisamente debido a su extraordinaria magnitud, se me hace difícil hablarle al pueblo. Muchas cosas quisiera decirle.  Muchas cosas brotan de nuestro corazón en la presencia de una multitud semejante. Muchas cosas quisiera decirles a los camagüeyanos, mas aunque las circunstancias no me permitieran ser extenso, aunque las circunstancias no me permitieran decirlas, una cosa quiero decirles hoy a los camagüeyanos: ¡Gracias, camagüeyanos! ¡Gracias por este respaldo sin precedentes! ¡Gracias por esta presencia como jamás la habíamos visto en ningún otro momento de nuestra vida! ¡Gracias porque este es el acto más potente que se ha dado en favor de la Revolución!  
Si se tiene en cuenta el número de habitantes de esta provincia, puede decirse que ha concurrido a respaldar al Gobierno Revolucionario en una proporción mayor de la que han asistido en ningún otro lugar de Cuba. La presencia de una muchedumbre que alcanza más de un kilómetro de extensión en esta avenida es un espectáculo tan impresionante que jamás ninguno de nosotros lo podrá olvidar, es un espectáculo que quedará grabado en nuestras mentes como una idea de lo que es Camagüey, como una idea de lo revolucionario que es el pueblo de Camagüey, como una idea de lo leal que es el pueblo de Camagüey, como una idea de lo valeroso que es el pueblo de Camagüey. Y por eso digo gracias, porque esto tiene una significación extraordinaria.
Han transcurrido 11 meses desde el triunfo de la Revolución, desde el triunfo militar de la Revolución. Era lógico aquel respaldo que demostró el pueblo de Camagüey a nuestro paso por esta provincia, era un momento nacional de júbilo. Sin embargo, el momento que estamos viviendo es un momento distinto, es un momento de lucha, es un momento de batalla en defensa de la Revolución. Los enemigos de la Revolución se agrupan, los enemigos de la Revolución se organizan, los enemigos de la Revolución son cada vez más atrevidos y más insolentes en sus campañas contra la Revolución.
El paredón que más espanta a la contrarrevolución es el pueblo, el paredón del pueblo. El paredón que más asusta a la reacción son esos machetes de nuestros campesinos que rechinan.  El paredón que más asusta a la reacción es esta gigantesca multitud que se ha reunido hoy aquí y que les está diciendo a los contrarrevolucionarios, les está diciendo a los esbirros, les está diciendo a los latifundistas, les está diciendo a los garroteros, les está diciendo a los privilegiados que pierdan la esperanza porque la opresión no volverá, la injusticia no volverá, el abuso no volverá, la mentira no volverá, la explotación no volverá, el latifundio no volverá, el robo no volverá, el vicio no volverá, el crimen no volverá, la tristeza en nuestro pueblo no volverá, la humillación a nuestro pueblo no volverá, ni volverán los golpes a los ciudadanos y a los campesinos, ni volverán los que saqueaban las riquezas de nuestro pueblo, ni volverá el imperio de los monopolios, ni volverán los intereses extranjeros , ni volverán las intervenciones extranjeras en nuestra política , ni volverán los gobiernos doblegados, ni volverá la política nefasta que los contrarrevolucionarios preconizan, ni volverán los privilegios abolidos, porque para que el pasado vuelva sería necesario exterminar primero a nuestro pueblo.
Vendrá un futuro mejor, vendrá lo que no había tenido nunca nuestra patria, vendrá para siempre la plena soberanía nacional, vendrán las escuelas, vendrá la cultura, vendrá el trabajo, vendrán las riquezas para nuestro pueblo, vendrá la tierra para nuestros campesinos, y vendrá, cueste lo que cueste, un porvenir mejor y una vida más honrosa y más digna para todos los cubanos. Los que no volverán jamás son los esbirros, los que no volverán a gobernar jamás en nuestra patria son los contrarrevolucionarios, porque ellos saben que un pueblo como este no puede derrotarse. Y por eso, en nombre del propio pueblo, por cuanto lo único que nos preocupa, lo único que nos interesa es el porvenir de ese propio pueblo, es que le expresamos en el día de hoy nuestro reconocimiento y nuestra gratitud, porque una vez más nos reafirmamos en la convicción de que el pueblo de Cuba es un pueblo extraordinario, de que el pueblo de Cuba tiene derecho a un destino glorioso, de que con un pueblo como este se puede ir hasta el fin del mundo.
Por eso les daba las gracias, porque ustedes hoy, camagüeyanos, después de 11 meses de gobierno revolucionario, le han dado al gobierno un respaldo más grande del que haya tenido nunca, le han dado al Gobierno Revolucionario un aliento y un estímulo mayor del que haya tenido nunca, y por dura que sea la tarea, por grande que sea el esfuerzo que tenemos por delante, espectáculos como este, respaldos como este nos dan fuerza para seguir adelante, nos dan energías para seguir adelante, y al finalizar el primer año del Gobierno Revolucionario, después de ver los frutos de nuestras leyes, después de ver el resultado de nuestro esfuerzo, le podemos decir al pueblo que nos preparamos para emprender el segundo año de gobierno revolucionario, para emprender el segundo año de leyes justas y de esfuerzo creador, para emprender el segundo año de trabajo en bien del pueblo y de la patria, y para continuar la obra con la misma fe que hemos tenido siempre y con la misma decisión que hemos tenido siempre; porque a los únicos que tenemos que rendirles cuenta de nuestra obra es a los ciudadanos de la patria, al único que tenemos que rendirle cuenta es al pueblo, el único ante el cual tenemos que comparecer para que nos diga si hemos hecho malo hemos hecho bien es el pueblo.
Dura ha sido la lucha en los últimos años. Compañeros queridos entrañablemente han caído.  No está hoy, por ejemplo, entre nosotros el compañero Camilo Cienfuegos, a quien con dolor profundo recordamos en este acto y con tristeza infinita sentimos que no haya podido compartir con nosotros esta emoción de entregar a los niños la fortaleza militar y esta emoción de ver una concentración tan extraordinaria y compacta.
Duro es este camino donde muchas veces tenemos que notar la ausencia de compañeros que como él comenzaron con nosotros esta lucha; más duro todavía es pensar que ese compañero perdió la vida —como dicen muchos letreros— combatiendo la traición. ¡Caro que nos ha costado una traición que significó para nosotros la pérdida de Camilo Cienfuegos! Por eso admiro todavía más a nuestro pueblo, porque no lo desalienta la traición y porque, además, no lo desalientan golpes tan rudos como fue para nosotros la muerte de un compañero tan glorioso y tan útil como era Camilo. Y por eso es admirable nuestro pueblo, por la fe que tiene, que no lo desalienta nada; por el valor que tiene, que no lo acobarda nada; por la entereza que tiene, que no vacila ni se desanima ante nada.
Por eso, camagüeyanos, nuestro reconocimiento eterno y nuestra gratitud, por eso la especial simpatía que siento hacia esta provincia aunque yo no naciera en esta provincia. Y aunque para mí los cubanos valen igual nazcan en la provincia que nazcan y soy enemigo de todos los regionalismos, no he podido, sin embargo, dejar de sentir como que un sentimiento muy profundo y una simpatía muy especial me unen a los camagüeyanos, porque he tenido para ustedes la misma fe y la misma simpatía que ustedes han tenido para nosotros.
La misma confianza que ustedes han tenido para nosotros y aquella primera impresión que me llevé a mi paso por esta provincia es una impresión que no ha variado y que se ha hecho cada vez más firme, porque aquella impresión no ha sido jamás negada por los hechos, y siento que es cada vez más grande la vinculación del pueblo camagüeyano con el Gobierno Revolucionario.
La provincia donde ha sido más alto el respaldo en todos los surveyes realizados ha sido Camagüey, y he visto que ese espíritu revolucionario en vez de disminuir crece y es cada día más delirante, cada día más entusiasta y más firme. Por eso queremos a Camagüey, por eso simpatizamos tanto con Camagüey y tenemos la confianza que tenemos en Camagüey. Esa no ha sido una confianza de palabras, ha sido una confianza de hechos, y esa confianza la demostré cuando vine solo para resolver en compañía del pueblo de Camagüey la conjura traicionera de un ambicioso que quiso perpetrar aquí un acto criminal contra la Revolución (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡Paredón! ¡Paredón!”).  Es decir que nuestra confianza en el pueblo de Camagüey no es algo que lo decimos, sino que lo hemos probado y lo seguiremos probando.
Tal vez la razón del extraordinario espíritu revolucionario de los camagüeyanos se deba a que esta era la provincia de los latifundios, a que esta era la provincia donde había más injusticia y más explotación social; pero por eso también será la provincia de Camagüey donde la obra de la Revolución llegue más lejos, donde la obra de la Revolución sea más profunda, porque las revoluciones son mayores y son más necesarias donde más injusticias existan.
Con esa expresión de simpatía y de fe en el pueblo de Camagüey me despido de ustedes.  Quizás en otra ocasión pueda hablarles con menos esfuerzos; quizás en otra ocasión no tengamos los inconvenientes técnicos que hemos tenido y pueda dirigirme a ustedes más cómodamente.  Pero, al despedirme, quiero decirles que gracias a ustedes nos marchamos hoy de esta provincia con la energía redoblada, con la fe redoblada y con el entusiasmo redoblado para seguir adelante. Y además nos vamos con este pensamiento:  con el pueblo de Camagüey podremos contar siempre , con el pueblo de Camagüey la Revolución podrá contar en los días más difíciles y duros, con el pueblo de Camagüey la Revolución podrá librar las batallas que sean necesarias y con los camagüeyanos podremos contar hasta el último aliento. Mientras más luchen contra la Revolución, más pueblo tendrá la Revolución. ¡Atrás, hipócritas!, porque no combaten a la Revolución porque haya hecho mal, sino porque ha hecho bien; no combaten a la Revolución porque haya hecho daño al pueblo, la combaten porque le ha hecho bien al pueblo.
¡Atrás, hipócritas! Si combaten a la Revolución es porque la Revolución ha sido leal y no traidora, porque la Revolución ha sido firme y no vacilante, porque la Revolución ha sido valiente frente a intereses nacionales y extranjeros y no cobarde.
Los pueblos les sabrán responder a las camarillas de farsantes, a los grupitos de intrigantes que aquí, como en Oriente y como en otras provincias, combaten a la Revolución porque la Revolución ha tenido el valor de batir sus privilegios, porque la Revolución ha tenido el valor de ponérseles delante y desafiar su omnipotente poderío, el poderío que han ejercido hasta hoy.
El día Primero de Enero terminó la batalla contra los casquitos, terminó la batalla contra los esbirros, pero comenzó la batalla contra los privilegios. En esa batalla estamos enfrascados, y parte de esa batalla es este acto de hoy, y parte del triunfo es este triunfo de hoy; porque estamos enfrascados en la batalla contra los privilegios, que es una batalla dura, que será una batalla larga, pero la ganaremos como ganamos la batalla contra los casquitos, y contra los casquitos ganamos también una batalla dura. Y los pueblos les saldrán al paso a los intrigantes, les saldrán al paso a los hipócritas y les saldrán al paso a los privilegiados.
Así como me he reunido hoy con el pueblo de Camagüey, me reuniré el día 30 con los orientales y me reuniré el día 30 con los santiagueros. Allí también se reunirá el pueblo, aunque rumien su intriga y su impotencia los privilegiados y los reaccionarios, los que creyeron que esta era una revolución de mentirita, los que se pusieron a jugar con la Revolución y ahora se han encontrado con que es una revolución de verdad, que no era una mentira.
En Santiago de Cuba se reunirá el pueblo y se reunirán los guajiros también con sus machetes, y allí se hará un acto imponente como este para decirles atrás a los intrigantes, para decirles atrás a los hipócritas.  El pueblo se reunirá en Santiago de Cuba, como se ha reunido aquí, para frenar las maniobras de los contrarrevolucionarios, para imponer con su presencia y con su entusiasmo el respeto que una revolución merece; para que si las camarillas de los privilegiados no tenían idea de lo que es una revolución sepan que esta es una revolución; para que los que se pusieron a jugar con la Revolución sepan que esta es una revolución verdadera y no un juego, y para que comprendan que el dolor de los privilegiados cuando ven rodar por tierra sus odiosos privilegios no es dolor de pueblo, que las calenturas de los privilegiados no son calenturas de pueblo, porque, mientras el privilegio se duele, el pueblo se siente esperanzado, el pueblo se llena de esperanza y el pueblo se llena de alegría, porque dolor de privilegiado es alegría de pueblo, destrucción de privilegios es porvenir de patria y felicidad de pueblo  .
Las palabras que aquí he dicho hoy, las diré en Santiago de Cuba y las diré a los orientales, donde tenemos también un pueblo leal y un pueblo que sabrá darles el mentís que merecen los intrigantes y maniobreros de la contrarrevolución.
También a los orientales les podremos decir lo que a los camagüeyanos, que con los orientales, como con los camagüeyanos, podremos contar siempre y que para vencer a la Revolución tendrán que aniquilar antes al último revolucionario; que en nuestra patria, de estas provincias de donde salieron los forjadores de su destino, saldrán los últimos defensores; que los primeros en empuñar las armas en todas nuestras guerras de independencia, serán los últimos en dejar de combatir cuando haya que defenderla.
Por eso podemos decir que la Revolución es invencible, porque tenemos este pueblo; por eso podemos afirmar que la Revolución marchará adelante con la energía que sea necesaria, porque tenemos un pueblo como este, por eso nuestra compenetración cada vez mayor con el pueblo, porque creímos en él cuando nadie creía, porque creímos en él cuando era un pueblo desarmado e impotente, y, sin embargo, los hechos nos dieron la razón: ¡Ganamos la guerra y estamos ganando la paz! ¡Ganamos la batalla contra los esbirros y los soldados mercenarios, y ganaremos la batalla contra los intereses y los privilegios! Por eso cada vez nos sentimos más identificados con el pueblo; por eso cada vez nos sentimos más confundidos con el pueblo, porque creímos en él cuando nadie creía. ¡Cómo no hemos de creer cuando lo vemos libre, cuando lo vemos poderoso, cuando lo vemos unido, cuando lo vemos marchando adelante lleno de entusiasmo y de valor para conquistar la patria de la que somos acreedores!  
Tenemos fe en la victoria final, porque si tuvimos fe en aquellas montañas, cuando no éramos más que un puñado de hombres, cómo no la vamos a tener hoy que nos respalda un pueblo entero, generoso y valiente, con el cual vamos a librar las batallas que sean necesaria, con el cual vamos a librar las luchas contra los intereses que se nos pongan delante por poderosos que sean, contra los obstáculos que se nos pongan delante por grandes que sean.
¡Y venceremos!, porque esta vez sí que Cuba alcanzará su destino sin que nada ni nadie lo pueda impedir.  Esta vez no ocurrirá lo de 1868 ni lo del 1895 ni lo de 1933; esta vez al pueblo cubano le tocará alcanzar los laureles de la victoria completa.
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada