julio 11, 2012

Discurso de Fidel Castro en la escalinata universitaria (1960)

DISCURSO EN LA ESCALINATA UNIVERSITARIA
Fidel Castro
[27 de Noviembre de 1960]

― Departamento de versiones taquigráficas del Gobierno revolucionario ―

Estudiantes; Jóvenes Rebeldes; Brigadas Juveniles; Milicianas; Milicianos; Pueblo:
Hay en este 27 de noviembre una circunstancia digna de atención y es que este acto, este año, ha sido mayor todavía que el acto del año pasado. Y eso quiere decir mucho.
Quiere decir que con el transcurso del tiempo no ocurre lo que antes ocurría, que las conmemoraciones como esta iban perdiendo calor de pueblo.
La presencia de un número mayor de cubanos en el acto de esta noche, significa que las conmemoraciones patrióticas y revolucionarias, tienen cada vez más calor de pueblo. ¿Por qué?  Sencillamente, porque la conciencia revolucionaria del pueblo crece y se fortalece. Y no se trata solamente de que un número mayor de cubanos asista este año a la escalinata de la universidad, sino que hay que tener en cuenta también que ese hecho significa, en otro orden, una derrota para la contrarrevolución.
Para la Revolución Cubana significa mucho este acto, después de casi dos años de revolución, después de las medidas radicales y profundas que la Revolución ha traído a nuestro país.
Si este acto se diera en el campo, y los campesinos acudieran en masa, sería algo muy natural; si este acto se diera entre los trabajadores, y los trabajadores acudieran en masa, sería algo muy natural.  La clase obrera y los campesinos, que en su mayor parte son también obreros agrícolas, están con la Revolución.  Y eso resulta muy lógico.
La reacción no trató de librar su batalla en el seno de la clase obrera; la contrarrevolución no trató de ganar terreno entre los campesinos. Sin embargo, la contrarrevolución cifró sus esperanzas de tomar posiciones en la Universidad de La Habana y en los sectores estudiantiles.  ¿Por qué? Porque la masa estudiantil es una masa heterogénea; la composición de la masa estudiantil es variada, y, por lo general, no tenían oportunidad de venir a estudiar en la universidad los hijos de las familias más pobres. La oportunidad de estudiar en nuestro país había estado en razón inversa de los recursos económicos, o mejor dicho —para no traer aquí una confusión aritmética—, en razón directa de los recursos, y en razón inversa de la pobreza.  Es decir que mientras más pobres eran las familias, menos oportunidades para sus hijos de estudiar.
¿Quiénes, por ejemplo, han limpiado los zapatos en las calles de nuestra capital? ¿De dónde salen esos niños que venden periódicos en horas de la noche y en horas de la madrugada? ¿Qué oportunidad tenían de estudiar en la universidad? ¿Y qué oportunidad tenían los hijos de las familias campesinas si en el campo ni siquiera había maestros de enseñanza primaria?
Aquellos cuyas familias tenían recursos podían ir a la ciudad, y podían estudiar en los institutos y podían estudiar en las universidades. Algunos, los más privilegiados, podían ir a estudiar también al extranjero; iban o a Estados Unidos o a Europa. Las familias más pobres del país, por lo general, y salvo excepciones, no podían mandar sus hijos a estudiar.
Podía haber pobres en la universidad, desde luego; y en la universidad y en los institutos, hay muchos hijos de familias pobres, pero en la universidad hay también hijos de familias de medianos recursos, y hay también hijos de familias ricas.
Podía ocurrir que un joven pobre no pudiera estudiar, lo que no podía ocurrir en nuestra patria, es que un joven rico no pudiera estudiar; el joven rico que no estudiara era porque no quería.  Y, por lo general, las familias ricas querían que sus hijos estudiaran, y estaban muy interesadas en poder perpetuar sus intereses a través de ellos.  Esa es una cosa rigurosamente cierta.
Entre los estudiantes afectados, estudiantes universitarios, había estudiantes cuyos intereses familiares habían sido afectados por las leyes revolucionarias. Por eso, en todas partes del mundo la contrarrevolución trata de ganar terreno, no entre los campesinos, ¿qué le va a decir la contrarrevolución a un campesino al que liberaron de la renta?; ¿qué le va a decir la contrarrevolución a un campesino cuya vida cambia radicalmente, al que la Revolución lo ha liberado de la miseria, de la explotación y de la humillación, al que la Revolución ha llevado tantos beneficios? ¿Qué les va a decir la contrarrevolución a los obreros?
La contrarrevolución tiene, en primer término, a los centros de enseñanza, sobre todo, a los altos centros de enseñanza, y, en general, a todos los centros de enseñanza. Y va a esos centros a reclutar sus agentes entre los hijos de familias ricas, entre los hijos de las familias afectadas por las leyes revolucionarias. Y la contrarrevolución no va, precisamente, a la escuelita pública que el Gobierno Revolucionario abre en la entraña de las montañas.  ¡A las montañas ni siquiera han ido nunca de visita los contrarrevolucionarios!  
La contrarrevolución no va a los cuarteles y fortalezas convertidas en escuelas, donde van a estudiar los hijos de los obreros y de las familias pobres.  La contrarrevolución sabe que allí no tiene que buscar nada, el imperialismo sabe que allí no tiene que buscar nada, y cuando van a buscar algo, no van a buscarlo entre los estudiantes precisamente; van a buscarlo, si acaso, entre los profesores de esos centros docentes.
Para hablar con claridad, sí, con claridad, porque todavía hay algunos batistianos entre el profesorado de la segunda enseñanza, porque todavía hay proimperialistas reaccionarios y contrarrevolucionarios entre el profesorado de la segunda enseñanza. Y la contrarrevolución va a esos, la contrarrevolución se dirige a esos, para convertirlos en instrumentos para sus propósitos contra el pueblo.  Y la contrarrevolución se dirige, sobre todo, donde ustedes saben: a los colegios de los privilegiados. Allí, en los colegios de los privilegiados, allí tiene la contrarrevolución su mejor caldo de cultivo, y en los colegios de los superprivilegiados, donde difícilmente haya algún joven cuyos intereses de privilegiado como gran terrateniente, o como gran comerciante importador, o como gran propietario de central azucarero, o como gran representante de las finanzas, o como gran propietario urbano, o como profesional al servicio de esos intereses que la Revolución ha hecho desaparecer en nuestra patria, difícilmente, difícilmente haya un joven que de una manera o de otra no haya sido afectado en sus intereses privilegiados, por las leyes de la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes .
Y como nosotros hablamos aquí en nombre de esa Revolución, es que tenemos el deber de hablarle muy claramente a nuestro pueblo, sobre todo a los humildes de nuestro pueblo  y hablarles también a los privilegiados de ayer y semiprivilegiados de hoy, porque les quedan algunos privilegios; sobre todo, para que sepan que nosotros, los dirigentes de la Revolución, y que el pueblo que sostiene con su apoyo y con su entusiasmo y con su invencible fe a esta Revolución  sabemos lo que estamos haciendo, y conocemos el problema a fondo. Que sepan esos semiprivilegiados que quedan por ahí, que nosotros comprendemos el porqué de las cosas, y comprendemos por qué en esos centros se encuentra el mejor caldo de cultivo de contrarrevolución.
Y cuando nosotros hablábamos aquí de profesores contrarrevolucionarios no le estábamos haciendo, precisamente, una critica a nuestro compañero, el Ministro de Educación. No. No es tarea fácil afrontar esa herencia que el pasado nos dejó. En todo caso, esa es una consecuencia natural del proceso revolucionario, y sobre todo, del proceso de una revolución generosa como esta, de una revolución que ha sido como esta, pero que no por ser generosa se ha debilitado, y sí por ser generosa tiene la tremenda ascendencia moral que tiene sobre el pueblo, y la tremenda fuerza moral que tiene para actuar.
En muchos de esos centros se predica la contrarrevolución abiertamente, se predica el odio a la patria abiertamente, se predica el odio de clases abiertamente, el odio contra el campesino humilde, contra el obrero, contra el joven humilde, contra el pueblo humilde, es decir, se predica el odio contra las medidas y los actos que se hicieron, no para beneficiar minorías privilegiadas, que se hicieron, no para mantener los privilegios de esa minoría, sino que se hicieron para traer la justicia a los que carecían de ella, para traer el bienestar a los que carecían de él, para traer el progreso y el mejoramiento a los que carecían de él; y abiertamente, descaradamente. ¿Y por qué abierta y descaradamente? ¡Ah, porque nadie hay más zorro en el mundo que un contrarrevolucionario! ¡Nadie hay más cínico en el mundo que un contrarrevolucionario!  
¿Y qué saben los escribas y los fariseos? Ustedes saben quienes son los fariseos y ustedes saben quienes son los escribas, y ustedes saben quienes son los anticristo aquí en este país. Es decir, los que no echan su suerte con los pobres de este mundo, los que no quieren entrar en el cielo por el ojo de una aguja.  Es decir, los que quieren que el camello pase por el ojo de la aguja.
Esos, que jamás fueron a los barrios humildes, que jamás fueron a las aldeas pobres y abandonadas; esos, que se dedicaron a alentar a los grandes privilegiados sociales y fueron sus maestros; esos, fariseos y escribas, esos que forman todos la caterva corrompida de la contrarrevolución, esos saben, esos saben lo que se traen entre manos.
Ellos saben lo que la Revolución quiere; ellos saben lo que la Revolución se propone; ellos saben que la Revolución es generosa; ellos saben que la Revolución no quiere hacerles el juego; ellos saben que la Revolución no quiere echar leña en el fuego de las campañas internacionales contra la patria; ellos saben lo que se traen entre manos; ellos saben que aquí no van confundir a nadie.  Pero ellos están al servicio de intereses internacionales; a ellos no les importa el juego aquí, a ellos les importa el juego afuera; a ellos les interesa crear conflictos aquí, para hacer propaganda fuera de aquí.
Los que aquí usan los templos, o las escuelas de los superprivilegiados, para hacer campaña criminal contra la Revolución que tanto bien ha hecho a los que tenía que hacer bien: a los pobres y a los humildes de la patria; los que quieren alzarse contra la patria revolucionaria, porque la patria revolucionaria destruyó intereses egoístas, destruyó intereses inmorales, inmorales ante los ojos de los hombres y ante los ojos de Dios ; los que se alzan contra la patria porque la patria destruyó esos intereses inmorales y egoístas; esos, saben que aquí no pueden engañar a nadie; ni siquiera fanatismo pueden despertar en el grupo de hijos de siquitrillados que quieren convertir en agentes de la contrarrevolución, porque aquellos que morían crucificados en Roma, aquellos que eran despedazados en el circo sin renegar de sus creencias, no eran los hijos de los patricios romanos, ¡eran los hijos de los plebeyos romanos!  
Aquellos que ardían en las cruces, aquellos que eran devorados por las fieras, eran esclavos o semiesclavos: los pobres de Roma. Y en aquellos hombres la fe era sólida; aquellos hombres no estaban acostumbrados a los placeres de la clase dominante que vivía entre festín y festín.  Difícilmente, pues, puedan hacer héroes, o fanáticos, o fieles a ninguna creencia, porque los que son fieles a cualquier idea religiosa o política no son los hartos, no son los satisfechos, no son los que en la vida ignoran lo que es el sufrimiento y lo que es el dolor; difícilmente puedan hacer fieles servidores de ninguna idea entre esos que ruedan lujosos automóviles; entre esos, en cuya mesa los ha esperado siempre abundante alimentación; entre esos que el día que les falta algo, creen que ha llegado la hora del Juicio Final. ¡Y sí: llegó la hora en nuestra patria del Juicio Final del privilegio y la explotación criminal de nuestro pueblo!  
Héroes no encontrarán entre los hijos de los privilegiados; convicción, de esa que lleva a los hombres a morir, no encontrarán jamás entre los hijos de los privilegiados, y no podrán llevarles al ánimo la idea de morir, frente a los que sí están dispuestos a morir. Pero los reclutan para hacer propaganda en el extranjero; los reclutan para provocar.  Ellos saben lo que se traen entre manos; saben que la Revolución es generosa; saben que la Revolución no quiere echar leña en el fuego de las campañas contra la patria, y se aprovechan de eso para hacer —incluso entre los niños, entre los niños cuyas mentes no están formadas todavía—; opiniones reaccionarias, opiniones de clases que han perdido sus privilegios, opiniones egoístas, opiniones contra la patria, opiniones contra la Revolución, opiniones contra el pueblo.
Saben cuál es la actitud de la Revolución, y provocan. Tal vez llegan más lejos; tal vez se imaginan que la Revolución les teme; ¡tal vez se imaginan que a la Revolución le tiemble el brazo el día que tenga que decretar el fin de tanto crimen y de tanta desvergüenza! 
Se dieron a la tarea de propalar los más canallescos infundios; y a pesar de que la Revolución ha dado pruebas y más pruebas de su actitud hacia esos centros, porque esa fue desde el primer momento la política de la Revolución, que incluso llegamos a pedirle a un grupo de maestros de uno de esos colegios que renunciaran a una actitud legítima, para resolver el problema, les hablamos y les pedimos que hicieran dejación de su actitud, que renunciaran a esos derechos legítimos, en aras de una política revolucionaria que tendía a demostrar con hechos su actitud generosa hacia esos sectores, en tanto no adoptasen una actitud de plena beligerancia contra la Revolución.
Y a esa misma universidad de superprivilegiados, que por sentir allí patrióticamente han expulsado a un grupo numeroso de jóvenes cubanos , con esa universidad yanki y yancófila ciento por ciento, tuvimos el gesto de hablar con los estudiantes universitarios para pedirles que fuesen generosos con aquellos que mientras miles de jóvenes se inmolaban, y mientras decenas y decenas de estudiantes caían asesinados por las calles, ni siquiera tuvieron el elemental civismo de solidarizarse con sus compañeros de la Universidad de La Habana, y bajo el crimen, y bajo el terror, lucraron con la sangre de la patria, matriculando a más y más estudiantes, para beneficiarse así del civismo de una universidad que ¡cerró sus puertas y prefirió lanzarse a la calle a combatir contra la tiranía!  
Y, sin embargo, el Gobierno Revolucionario suavizó las medidas de sanción que con todo derecho pedían los estudiantes que perdieron dos, y tres, y hasta cuatro años de estudios, mientras los “señoritos” recibían graciosamente sus títulos de profesionales. Es decir que a la Revolución si de algo no se le puede acusar es de que haya sido agresiva o haya sido hostil a esos centros de privilegiados. Pero la Revolución fue contra el privilegio, la Revolución fue contra los intereses económicos de las clases privilegiadas; y como no era un problema de religión, no era un problema de creencias religiosas, y sí un problema de intereses materiales, sí un problema de dinero, sí un problema económico, todo lo demás, la fe, la religión y otras cosas, han servido de pretexto para resollar por la herida; la herida no de la religión, ni de la fe, sino la herida de los mezquinos y egoístas intereses particulares, los intereses económicos. Porque la Revolución vino a descubrir qué estrecho ligamen había, por ejemplo, entre hacendados, militares y clero.
Cuando tuvo lugar la nacionalización de los centrales azucareros se descubrió que había prebendas, hasta de varios cientos de pesos, para algunos clérigos. Es decir que no le enviaban el cheque solamente al esbirro; no les enviaban el cheque solamente al sargento, al teniente, al capitán y al comandante; no le enviaban el cheque solamente al abogado famoso, cuyo bufete se encargaba de defender los intereses sacrosantos de esos señores; le enviaban el “chequecito” también, y el “chequezote”, se lo mandaban también al clérigo, produciéndose un repugnante maridaje entre el hacendado explotador de los obreros y los guajiros, el esbirro que daba palos y asesinaba, el abogado que cobraba jugosas sumas por defender esos privilegios y el cura que predicaba allí la sumisión entre el obrero y el campesino.
Por eso a algunos de estos esbirros con sotana, muy alejados, muy alejados de las prédicas verdaderas de Cristo, les dio por hacer sermones contrarrevolucionarios en las iglesias, y escribir hojitas parroquiales que los propios católicos, los propios creyentes, recibieron con el Himno Nacional de la patria en los labios.
¡Ah!, eso no lo sabían los buenos creyentes; eso no lo sabía el creyente humilde.  ¡No sabía que aquel fariseo recibía el gran cheque del hacendado explotador de los pobres de nuestra patria!  Eso no lo sabía.  Y la Revolución no tuvo ninguna actitud hostil hacia la religión; la Revolución no se metió con nadie en ninguna iglesia; la Revolución, simplemente, nacionalizó centrales azucareros, y allí, allí hizo lo mismo que hizo en todos los departamentos del Estado: ¡botellas, no!; ¡prebendas no!  
La Revolución no se metió con los intereses de la fe, ni de la religión; la Revolución sí afectó intereses materiales.  Las leyes de la Revolución no fueron nunca contra ninguna iglesia. ¿Qué ley revolucionaria ha mermado los derechos de ninguna iglesia, ni de ningún culto?¿Qué ley revolucionaria ha lesionado ningún derecho religioso? ¡Ah! Pero las leyes revolucionarias sí iban contra el latifundio, las leyes revolucionarias sí iban contra el monopolio extranjero, las leyes revolucionarias sí iban contra el que explotaba al inquilino pobre; fueron contra los altos alquileres y fueron, incluso, contra la institución del alquiler; las leyes revolucionarias fueron contra los intereses extranjeros, fueron contra los monopolios, fueron contra todo lo que lesionaba el interés de la patria. Ninguna ley revolucionaria se hizo contra ninguna iglesia, y si las leyes de la Revolución se hicieron contra bienes materiales, es algo sumamente claro que la actitud de algunos clérigos hacia la Revolución, no ha obedecido jamás a ninguna razón de tipo religioso, y que, en cambio, sí resuellan por la herida de los intereses económicos afectados de las clases con las cuales estaban aliados.
Y esas verdades las dijo aquí ya, en esta misma tribuna, un digno sacerdote católico; esas mismas verdades fueron aquí proclamadas por quien puede venir con sus hábitos a hablar aquí en una tribuna revolucionaria, para servir a su patria sin negar a Dios, para servir a su pueblo sin negar a Cristo.
Y aquí sí se puede servir una fe política y revolucionaria, y una fe religiosa, porque la república practica el respeto pleno a la libertad de culto; su respeto para los que creen como para los que no tengan creencias religiosas.  Pero hay un hecho cierto, ¡que dentro de la patria cabemos todos los que amemos a la patria! ¡Dentro de la Revolución cabemos todos los que amemos al pueblo!
Los que no caben dentro de la Revolución, ¡son los que odian al pobre!; los que no caben dentro de la patria, ¡son los que odian al pueblo!; los que no caben dentro de la patria, ni podrán servir a Dios ni a la patria, ¡son los que sirven los intereses de los ricos egoísta; los que sirven los intereses de los privilegiados!  
Esos son los que no pueden hablar en esta tribuna donde resplandece la verdad, y donde toda hipocresía y toda mentira fue abolida desde el primer instante.
Y estos argumentos explican por qué la contrarrevolución trató de tomar posiciones entre los estudiantes, en las universidades y en los colegios privados; en los colegios privados, ¡allá ellos!, nosotros no nos metemos, nosotros dijimos que íbamos a hacer escuelas para los hijos de las familias humildes, mejores que las mejores escuelas privadas, ¡y estamos cumpliendo nuestra palabra! Y es difícil que algunas escuelas puedan competir con el centro escolar de Ciudad Libertad.
Y es lógico que en la medida en que progresen esos centros para el pueblo, algunas escuelas de privilegiados irán languideciendo.  Por dos razones: porque hay escuelas mejores que esas; y por otra razón: porque los privilegiados han sido, sencillamente, siquitrillados.
Las cosas son claras.  Ese dinero que antes pasaba a manos del hacendado, ese dinero del gran comercio importador, de la gran finanza y de los grandes terratenientes, que antes servía para sostener escuelas de privilegiados, ahora ese dinero sirve para hacerle escuelas al pueblo. El Gobierno Revolucionario toma esos recursos y los convierte en ciudades escolares; con mucha más razón cuanto que los cuarteles y las fortalezas que ya estaban hechas las ha convertido en escuelas.
Y el resultado es evidente: se arruinan algunos de esos colegios privilegiados.  Sin embargo, no se resignan a languidecer económicamente, lo cual es consecuencia de las medidas revolucionarias dictadas por el gobierno, no contra ellos, sino en favor del pueblo, y, naturalmente, ellos no se resignan.
¿Qué tratan de hacer? Antes de cerrar las escuelas duplican y triplican la provocación, para que ya de paso que las escuelas se les van cerrando por falta de privilegios, hacer creer internacionalmente que el Gobierno Revolucionario ha cerrado esas escuelas. El Gobierno Revolucionario no las cierra, pero ellos entonces aumentan la dosis de provocación, como están haciendo en esa universidad de Yankilandia.
Y que el Gobierno Revolucionario en materia de cosas yankis...  al Gobierno Revolucionario con todo lo que huela a imperialismo yanki no le tiembla la mano al tomar cualquier medida. Y el Gobierno Revolucionario no ha querido darle pretexto a la contrarrevolución para hacer campañas internacionales, pero eso no quiere decir, señores de Yankilandia, eso no quiere decir que tengan derecho a la impunidad. Y que, además, no se hagan ilusiones, que en esta lucha los pobres estarán con la Revolución, y los pobres pelean, los pobres pelean; y los privilegiados, y los privilegiados se quedarán solos, y los privilegiados no son de la misma madera de los que en los tiempos de la antigua Roma sabían morir; los privilegiados van a la embajada y toman el trillito de Miami. Eso es lo que han hecho muchos.
Y en el Country, ese reparto que vale la pena pasar por allí para ver cómo vivían algunos, y de allí trasladarse al barrio de Las Yaguas, para ver cómo vivían otros, y que después nos digan que eso era justo, que eso era muy noble, que eso era muy bueno y que la Revolución es muy mala, porque quiere que los de Las Yaguas tengan casas higiénicas, y tengan pisos de cemento, y tengan instalaciones sanitarias, y tengan centros escolares, y tengan parques y tengan pan que darles a sus hijos. Que después digan que la Revolución es mala. ¡Es tan mala que les dejó 30 caballerías, por lo menos, a los terratenientes! Tomaría cualquier vecino de los barrios pobres tener 30 caballerías de tierra. ¡Es tan mala que les dejó seiscientos pesos de renta a los dueños de las grandes edificaciones! Tomaría cualquier familia del barrio de Las Yaguas tener 600 pesos de ingresos mensuales.
¡Es tan mala que no le ha quitado la casa a ninguno!  Pero ellos son “tan buenos”, “tan buenos”, que muchos de ellos oyeron decir que los americanos venían, creyeron en el cuento de la infantería de marina, y nos dejaron las 30 caballerías, nos dejaron los 600 pesos. Y como todavía era “más buenos”, “más buenos” todavía de lo que nos imaginábamos, nos dejaron la casa en el Country Club. Nadie los botó, pero, ¿cómo era posible que ellos fueran a vivir con 600 pesos?  Esta era una Revolución criminal que los mataba de hambre. ¿Cómo era posible que fueran a vivir con 30 caballerías? Esta era una Revolución criminal que no les dejaba ni donde sembrar una mata de plátanos.
¿Cómo era posible? Y además, si los americanos iban a venir, si los americanos les iban a devolver sus latifundios, sus negocios, iban a elevar otra vez los alquileres, iban a convertir otra vez las escuelas en fortalezas, iban a quitarles otra vez a los guajiros la tierra, lo de antes iba a volver y ellos no tendrían problemas.
¿Para qué vivir aquí, en este país infernal, que les hacía casa a las familias pobres?  Porque los pobres no iban a seguir viviendo en los bohíos y en aquellos barrios miserables, y ellos poder seguir viviendo en esas residencias que nada tendrían que envidiarles a las residencias de las ya varias veces mencionadas familias patricias de Roma.
Es posible que en muy pocos lugares del mundo haya residencias como estas; es posible que en los propios Estados Unidos, centro del imperialismo, no haya muchas residencias tan lujosas como estas. Y nosotros recomendamos, como un método de instrucción revolucionaria, pasar por allí, por el Country, dar tres vueltas, de ahí pasar por las casas pobres de Marianao, que están al lado, una línea divisoria:  donde se termina la última residencia empieza la primera casa miserable. Y ese era el mundo que ellos querían. Y ese es el mundo por el cual suspiran, un mundo donde 400 o 500 vivían en esos palacetes, y millones y millones de familias vivían, como vivían aquí las familias, que hasta por los míseros apartamentos esos, de dos cuartos, tenían que pagar 70 y 80 pesos en algunos casos .
¿Para qué, para qué pagaban los 80 pesos? ¿Para qué el guajiro trabajaba como un esclavo?  ¿Para qué el obrero trabajaba como un esclavo? ¿Para qué? Para que la patria, que Martí había dicho que era “de todos y para el bien de todos”...  Y eso lo dijo Martí, y lo dijo bien claro. Dijo que la patria era “de todos y para el bien de todos”.
Y nunca Martí ni nadie dijo que la patria era de unos cuantos nada más, y para el mal de casi todo el país. Y a lo que ha venido la Revolución es a cumplir ese apotegma martiano de que la patria era de todos y para el bien de todos, y además, lo ha cumplido tan generosamente, como la historia no registra casos similares; lo ha cumplido sin usar la guillotina, porque sabido es que en Francia a los nobles no les partieron la siquitrilla, sino que les cortaron la nuca en una guillotina. Y en Haití, cuando los esclavos se sublevaron, para citar estos ejemplos, y podríamos citar muchos más ejemplos, a los dueños de las haciendas cafetaleras les cortaron también la nuca.
Y los pueblos cuando se han sublevado no han andado con procedimientos muy suaves. Aquí los señores siquitrillados no solamente recibieron un buen trato, sino que, además, cuando han querido marcharse, han agarrado el caminito de la embajada, han hecho cola en la embajada y nadie se ha metido con ellos, nadie les ha ido a decir: no, usted se queda aquí de todas maneras, viviendo en su casota del Country Club...  (ALGUIEN EXCLAMA: “¡Ahora es Cubanacán!”) Para ellos sigue siendo el Country Club; para nosotros es Cubanacán. La actitud de nosotros no ha sido esa. ¿Se quieren ir? Que les vaya bien. No los molesten. ¿Que el Tío Sam les va a sufragar los gastos? Muy bien. Mejor es que se los sufrague el Tío Sam antes de que se los sufrague Liborio, que era el que se los estaba sufragando hasta ahora.
E inmediatamente han constituido un comité para ayudar a los pobres emigrados, unos emigrados que les quedaban 30 caballerías de tierra, y les quedaban grandes cuentas en los bancos.  Pues que constituyan el comité.  No los molesten. Esas 30 caballerías pueden servir para darles empleo a más campesinos y desarrollar más la reforma agraria.  Esos 600 pesos que renuncian sirven para darles empleo a cinco obreros más construyendo nuevas casas.
Y esas casas del Country Club, ¿qué vamos a hacer con ellas? Escuelas no, porque por allí no viven los muchachos pobres.
Tenemos una idea. Ahí hay un capital invertido en casas, en muebles... ¿qué debemos hacer?    No, esas casas para nuestros huéspedes, para los líderes obreros, estudiantiles, campesinos, para los visitantes ilustres, que la Revolución siempre tiene muchos ilustres visitantes. Vamos a preparar 100 casas con Cadillac y todo, para los visitantes que invite el Instituto de Amistad con los Pueblos que ya se ha constituido. Y vamos a mantener bien conservados los jardines, y vamos a realizar una serie de planes.
Por ejemplo, de las Brigadas Juveniles de Trabajo Revolucionario vamos a escoger 100 muchachos que quieran estudiar idiomas y ser guías turísticos, los vamos a llevar a un centro de enseñanza secundaria, donde van a prepararse para estudiar después la carrera diplomática, pero mientras sean estudiantes de esa secundaria básica y preuniversitaria, van a ser guías turísticos, choferes de esos Cadillac , para llevar los visitantes a ver las cooperativas, las granjas del pueblo, las ciudades escolares y la obra de la Revolución.  Después, esos mismos estudiantes irán a la universidad, esos guías; y después, en el futuro, pueden llegar a ser hasta embajadores de la república.
Y no nos va a costar nada prestar esos servicios, porque esos mismos centros de educación pueden prestar tales servicios, y vamos a mantener los jardines, y nos vamos a mejorar.  Y también vamos a emplear otros centros, y vamos a capacitar a una parte de los alumnos para la atención de los visitantes. Cuando están los visitantes, ellos los atienden; cuando se van los visitantes, ellos van para la escuela otra vez. Y con eso, esos Cadillac no gastarán mucha gasolina; durarán bastante tiempo, y estarán ahí para atender exclusivamente a los visitantes, cuando haya visitantes.
Eso es lo que vamos a hacer con las casas de Cubanacán, “que ilustres familias” han abandonado voluntariamente para ir a acogerse a los “predios hospitalarios” del “Tío Sam”.  Bien, ¡muchas gracias por las casas!
Eso es, sencillamente, lo que ha pasado aquí: ¿Un señor se fue y nos dejó una escuela que se llamaba “Havana Military Academy”? Bien, ya estamos construyendo naves adicionales y allí estará la primera escuela politecnológica del Ejército Rebelde, donde van a ir 1 000 Brigadas Juveniles de Trabajo Revolucionario.
Aquí no se quedará ni un solo edificio vacío, porque la Revolución ya tiene organización, y ya tiene material humano para realizar todas las tareas que se proponga, y llenar todas las metas que se proponga. Ya tenemos 600 becados universitarios, y capacidad para 2 000 más; y tres edificios terminándose de preparar para albergar 2 500 becados más. Y todo joven de familia humilde que quiera estudiar una carrera universitaria no tiene más que solicitar su beca; no necesita “padrino”; no necesita carta de recomendación.  Simplemente se dirige a la oficina, y dice: “Deseo estudiar tal carrera, y soy un estudiante que no tengo recursos económicos”.
¿Qué se hace con esos estudiantes? ¿Se les da una limosna? ¡No! ¿Es una caridad del Estado?  ¡No! Esos estudiantes van a pagar después sus estudios; simplemente se les adelantan los recursos. ¿Cómo van a estar allí? Pues, en las mejores condiciones posibles: lugares históricos, alimentación buena adecuada, libros, ropa, todos los gastos, y 10 pesos mensuales en el primer año. Y a medida que vayan avanzando, se les darán mayores recursos. Lo tienen todo para dedicarse al estudio; tienen, además, la biblioteca; tienen, además, los comedores; tienen, además, el círculo social. Los de Ciudad Libertad tienen allí los campos deportivos; los que están cerca  del estadio de la universidad, tienen aquí sus campos deportivos; y van a llevar una verdadera vida estudiantil, mientras se construya la ciudad universitaria.
Esos estudiantes tendrán todas las oportunidades para convertirse en magníficos técnicos; y después pagarán en 10 años, con una parte pequeña de sus ingresos, lo que han costado sus estudios, y ayudarán a que cuando ellos terminen miles y miles de estudiantes nuevos puedan ingresar también, y recibir las becas.
¿Qué hace la Revolución? Brindarles la oportunidad.  Y eso lo va a hacer la Revolución en la Universidad de La Habana, en la Universidad de Las Villas...
(SE ESCUCHA UNA EXPLOSION CERCANA.)
...No hagan caso, no hagan caso; esas son bombas que ponen contra los pobres, bombas que ponen contra el pueblo humilde.  Ninguna de esas bombas las pone un guajiro, un campesino que ha sido librado de la renta, o vive en una cooperativa o trabaja en una granja del pueblo, y ha recibido maestros, y ha recibido viviendas, y ha recibido los beneficios de la Revolución; ninguna de esas bombas las pone un guajiro de las montañas, donde hoy hay 1 000 maestros voluntarios enseñando a sus hijos; ninguna de esas bombas las pone un trabajador humilde; ninguna de esas bombas las pone una familia a la que le hayan rebajado el alquiler de 70 pesos a 35 pesos, y ahora le hayan dado el derecho a ser dueña de la casa ; ninguna de esas bombas las pone una familia cuyo ser querido haya sido recluido en un hospital, sin carta de recomendación, sin influencia, y donde allí se han curado y en muchos casos se les ha salvado la vida; ninguna de esas bombas las pone una familia, cuyos hijos estén estudiando en esas fortalezas donde antes se albergaban los que asesinaban a esos mismos niños en nuestra patria; ninguna de esas bombas las pone un hombre humilde del pueblo; ninguna de esas bombas las pone un patriota; ninguna de esas bombas las pone un verdadero ciudadano que sienta por los demás, que sienta por su patria.
Esas bombas, ¿quiénes las ponen? ¡Las ponen los esbirros, las ponen los siquitrillados, las ponen los agentes del imperialismo, las ponen los vendidos al extranjero, las ponen los que se arrodillan ante el extranjero, los que quieren ver ensangrentada la patria!
Antes, antes los revolucionarios usaban la dinamita para combatir contra la explotación, para combatir contra el crimen, para combatir contra la tiranía; antes los revolucionarios usaban la dinamita para combatir contra el esbirro, para combatir contra el politiquero ladrón, para combatir contra el malversador, para combatir contra aquel que extraía de la patria la riqueza, para combatir contra el explotador imperialista, para combatir contra el privilegio. ¡Ah! Y era al precio de que lo asesinaran, era al precio de que trataran de arrancarle confesiones a base de torturas.  El revolucionario que luchaba por su ideal sabía que tenía en cada esquina un delator, tenía en cada esquina una perseguidora llena de esbirros, ¡sabía que tenía casi en cada manzana una cámara de torturas!, ¡sabía que en las estaciones de policía le esperaban los instrumentos de terror; los garfios para arrancarle los ojos, los hierros candentes para quemarle los pies, los palos para molerle los huesos!; ¡que el infierno y el terror lo esperaban en las estaciones de policía!  El revolucionario sabía que le esperaba el balazo artero en la nuca, el balazo por la espalda, el charco de sangre donde al amanecer reposaría su cadáver. Y el revolucionario se enfrentaba valientemente a todo eso para luchar por un ideal; ¡nadie le pagaba, no cobraba esos servicios!
El contrarrevolucionario, el agente del imperialismo, el criminal que cobra en la embajada sus servicios, que les cobra a los privilegiados sus servicios, ese sabe que no lo espera la tortura ni el crimen; ese sabe que ha tenido como garantía de su propia vida la generosidad con que la Revolución ha tratado aun a los propios terroristas; ese sabe que todavía ningún terrorista —y creo que no me equivoco—, creo que ningún terrorista ha ido todavía al pelotón de fusilamiento.  Esa es la conducta del cobarde terrorista contrarrevolucionario.  Saben que a nadie se le pone un dedo encima; saben que a nadie se le pone un dedo encima en una estación; y saben que la Revolución ha sido generosa; saben que los tribunales revolucionarios han sido benignos.  Pero nosotros sabemos que en el alma de un mercenario, en el alma de un vendido, en el alma de un criminal que cobra por sus servicios, en el alma de un enemigo de su pueblo, en el alma de un enemigo de los hombres humildes de su pueblo, en el alma de un servidor de los privilegios, no hay valor para afrontar a los tribunales revolucionarios y la pena que merecen por sus crímenes.  Y por eso, no hay que impacientarse.  Esa es la prueba de su impotencia.
¿Dónde están los mercenarios que estaban entrenando en Guatemala?; ¿dónde están los aviones?; ¿dónde están las barcazas de desembarco?  ; ¿dónde están las legiones de mercenarios?  ¿Qué pasa que no han desembarcado?  Y se contentan ahora con hacer ruido, se contentan ahora con poner petarditos.  ¡Saben la cantidad de miles de hombres —o se la imaginan— que tenemos en las armas de apoyo, en los cañones, en las antiaéreas, y en las armas pesadas!  Han tenido idea del número de batallones que se han organizado y armado, han tenido idea de la extraordinaria movilización del pueblo; y ellos saben lo que significan esos cañones en manos de los obreros, en manos de los campesinos y en manos de los estudiantes, ¡de estos estudiantes universitarios, que se despojaron de su uniforme para vestir la camisa azul de la milicia obrera!, y comprendieron el gran honor que es hermanarse y unirse, codo a codo, con los trabajadores del país.
Saben los enemigos de la patria y de la Revolución lo que son esos cañones, y esos morteros, y esas armas, en manos del pueblo. Y como ellos saben que si a una casta militar, minoría insignificante, costó mucha sangre y muchos sacrificios desarmarla y vencerla, luchando el pueblo por sus derechos y luchando ellos por sus privilegios y los privilegios de la clase que defendían, ellos saben que desarmar a la clase obrera y a los campesinos del país, que para quitarles esos cañones, para quitarles esas armas...  ¡Cañones, sí, no simples fusiles automáticos, sino cañones de un considerable calibre y en un número también considerable! ¡Todavía no han nacido los mercenarios que puedan hacerlo! ¡Todavía no han nacido los imperialistas que puedan hacerlo!  
Y por eso rumian su impotencia, haciendo ruidos que no sirven sino para enardecer al pueblo.  ¡Qué idiotas! Porque nosotros cuando luchábamos, aun en las más difíciles circunstancias, nos alentaba una idea: la idea de que teníamos la razón, de que defendíamos una causa justa, que el pueblo se levantaría en pos de esa causa, y que destruiríamos a los enemigos. ¿Qué esperanza tienen ellos de destruir al pueblo, defendiendo innobles fines?; ¿qué esperanza pueden tener de victoria?; ¿serán tan incapaces de darse cuenta, de darse cuenta de lo que significa un pueblo armado?; ¿serán tan estúpidos que puedan albergar la más remota esperanza?  Porque ellos no podrían siquiera enfrentarse a una parte del pueblo; y ellos, más sus amos imperialistas, no podrían enfrentarse a nuestro pueblo, y mucho menos podrían enfrentarse a una parte del mundo que nos apoya.
¿Dónde están, dónde están sus esperanzas? ¿Es que acaso van a movilizar contra la Revolución al hombre que no tenía trabajo, cualquiera de los 200 000 trabajadores que en el campo han empezado a trabajar desde el triunfo de la Revolución? ¿Es que van a movilizar contra la Revolución al 35% de nuevos trabajadores industriales que han encontrado empleo después del triunfo de la Revolución? ¿Es que pueden contrarrestar la obra de la Revolución?, y no la obra de los meses que han pasado, que con ser mucha, es todavía inferior a la obra que viene.
¿Cómo, si ya se empiezan a ver los frutos, si ya hay 600 becados en la universidad? , ¿si ya están aquí los primeros 600 brigadistas juveniles , de los primeros 2 000 que subieron cinco veces al Pico Turquino?, ¿si ya están aquí los 600 que tienen una preparación de quinto grado, o más, para ingresar en distintos centros?  Ciento cincuenta, en una escuela de aviación ; los que tengan más interés y mejores condiciones físicas, irán primero a aprender a manejar máquinas de uso civil, trabajarán en la vida civil, es decir, en la vida civil en trabajos agrícolas; y después tendrán oportunidad de aprender aviación militar; y después, pues, serán los que manejen nuestros grandes aviones de transporte.
Y así, los pilotos futuros empezarán, habrán empezado todos, por las Brigadas Juveniles de Trabajo Revolucionario “Camilo Cienfuegos”; habrán estado cuatro meses en la Sierra habrán escalado cinco veces el Pico Turquino, e irán ascendiendo.  Ninguno de esos jóvenes se llevará el día de mañana un avión. ¡Esos jóvenes son el producto más puro de esta Revolución!, ¡el orgullo más grande y más legítimo de esta Revolución!, la semilla de la patria nueva, los que constituirán una generación mejor preparada para seguir la obra revolucionaria. Porque la Revolución debe garantizar su marcha ascendente, un futuro mejor todavía que el entusiasmo de hoy; y que un pueblo que se libera sea sustituido por el entusiasmo de una generación que será por entero producto de la Revolución.
Un rato antes, hablábamos de la herencia del pasado, y la herencia que recibirá la Cuba de mañana será esta que estamos haciendo; serán las decenas de miles de técnicos becados; serán las decenas de miles de jóvenes escogidos, escogidos por sus méritos, por sus condiciones naturales, donde los débiles de carácter y de espíritu quedaron atrás, y los mejores llegaron aquí donde tendrán la oportunidad de seguir triunfando, de seguir progresando. En las escuelas, unos, irán para la Escuela de Artes y Oficios Marítimos, y dentro de un año , dentro de un año, estarán manejando las primeras flotas pesqueras, de pesca del alto, cuyos barcos se están construyendo ya en astilleros nacionales. Otros, a escuelas navales, donde aprenderán durante seis meses los conocimientos indispensables para ser tripulante de barcos de guerra.  Servirán gratuitamente durante dos años y medio; esos dos años y medio también serán, en parte, de aprendizaje y, en parte, cuidarán nuestras costas, defenderán nuestra soberanía, y, después tendrán empleo asegurado en nuestra Marina Mercante Nacional, y recorrerán el mundo en los barcos de Cuba.
Es decir que ellos tienen esa oportunidad; unos, en escuelas de aviación; otros, en escuelas navales; otros, en escuelas de pesca; otros, en escuelas tecnológicas, donde también constituirán unidades de combate mientras estén estudiando.
Al terminar sus estudios en la tecnológica podrán, o bien ir a trabajar en las fábricas, o recibirán becas en la universidad para continuar los estudios superiores. Y esos jóvenes son de las familias más humildes; muchos de ellos vendían periódicos, otros limpiaban zapatos; otros hacían otros trabajos. Esos jóvenes, ¡esos sí son extracto puro de la Revolución! Entre ellos sí que no irá ningún contrarrevolucionario a buscar prosélitos. ¡Qué distinto de los señoritos de la universidad yanki de Villanueva!
¿Y qué alternativa puede quedar en una lucha donde aquí están los humildes, los jóvenes que han pasado por las más duras pruebas y, además de ese espíritu formidable, son guardianes de la Revolución, defensores de la patria, y manejarán barcos de guerra, y manejarán aviones de combate, y manejarán armas pesadas, sin dejar de prepararse un momento para la vida civil, sin dejar de estudiar? Es decir que serán eso, y serán estudiantes, y se estarán preparando para el trabajo pacífico, para el trabajo creador.
Y son ya 2 000 los que salieron; cada cual con su maestro, cada brigada con su maestro.  Los que ya tenían un nivel superior para determinados centros; los que no tenían esos niveles realizarán otras tareas mientras estudian con los profesores de enseñanza primaria. Mientras, van grado por grado adquiriendo conocimiento que les de iguales oportunidades que los que ahora van para las escuelas tecnológicas. Y, mientras tanto, repoblarán nuestras montañas de maderas, de árboles maderables, zonas enormes las llenarán de millones de árboles; realizarán obras  para el pueblo; construirán ciudades escolares e irán marchando.  Dos mil ya pasaron las pruebas; 3 000 más están en estos momentos en los campamentos de la Sierra Maestra y 10 000 estarán el 28 de enero próximo.
Decenas de miles de jóvenes como estos, de lo más humilde y de lo mejor de nuestra patria, están ya organizándose, ¡y serán técnicos, serán diplomáticos, serán profesionales, serán obreros especializados de las fábricas, serán tripulantes de barcos, serán tripulantes de aviones, serán capitanes de barcos, serán capitanes de aviones!  
Y esa es la Revolución, la que va buscando lo mejor de la patria, y con lo mejor de la patria prepara el futuro mejor de todos los cubanos.  Y así vamos marchando hacia adelante con lo que tenemos; lo que tenemos no es perfecto, hemos recibido la herencia del pasado, la herencia en muchos aspectos negativa del pasado. Pero, sin embargo, la generación presente reacciona, reaccionan los profesionales, y esos mismos profesionales, una gran parte de ellos que son productos del pasado, sin embargo, reaccionan, y reaccionan con la Revolución, reaccionan frente a los que abandonan la patria, y vienen aquí, a esta misma escalinata, donde un día vinieron a adquirir esos conocimientos que el pueblo pagó, para jurar desde aquí, a ese mismo pueblo, fidelidad a la Revolución y a la patria. Y esos profesionales reaccionan cada vez más, y cada vez lucen más miserables y más mezquinos los cobardes y los pobres de espíritu que en esta hora abandonaron a su país.
Y ya vemos esa reacción en médicos, en arquitectos, en ingenieros y en profesionales todos, y los propios estudiantes que hoy, o en los próximos días, se gradúan de médicos, enviaron al Gobierno Revolucionario un documento que es para ese grupo un orgullo, y, además, un paso de avance en un gesto que supera en calidad revolucionaria y patriótica a los del curso anterior, porque los del curso anterior, muchos de los cuales están hoy en el campo, dirigidos por dos o tres lidercitos de sospechosa conducta, esgrimieron demandas de tipo económico y con olvido total de las tremendas necesidades de médicos que tenía el país fueron incapaces de tener un gesto con la Revolución y con el pueblo, con la Revolución que se propone mejorar el estándar de vida de los técnicos. Pero nosotros consideramos que no era correcto que un estudiante recién graduado, los seis meses que va a estar en el campo, estuviera recibiendo 240 pesos. Nosotros estimábamos que era necesario una prueba para que esos estudiantes, los que se quedaran en el campo, entonces recibieran un sueldo mucho mejor, pero que no debían empezar por 240 pesos, y que esos eran también meses de prueba, porque si estos jóvenes se van a estar cuatro meses en la Sierra, van a subir cinco veces el Pico Turquino y van a prestar servicio de trabajo voluntario durante tres años, era correcto que un graduado universitario estuviera dispuesto a demostrar su vocación de médico, su amor a su país.
Y no se trataba de dinero, porque para el gobierno no significaban nada unos pesos más, ni unos pesos menos; para la economía nacional no significaban nada unos pesos más, ni unos pesos menos. Era una cuestión simplemente moral, y a nosotros lo que nos interesaba no era la cuantía del pago por esos meses sino nos interesaba la calidad moral de esos médicos recién graduados.  Y aquellos del curso anterior no estuvieron —y lo digo aquí con la sinceridad y con la honradez que nos caracteriza—, no estuvieron a la altura de la Revolución, porque cuando les dijimos, bueno, les planteamos el problema en términos morales, y les dijimos: decidan ustedes; dos o tres lidercillos, francamente contrarrevolucionarios, los instigaron y los llevaron a mantener una posición de tipo economista.
Sin embargo, el curso de este año, esos muchachos que van a graduarse este año han tenido una conducta diametralmente distinta.  Y aquí mismo tenemos el documento que han enviado, y que dice:
“Los abajo firmantes, alumnos del sexto año de medicina, que dentro de pocos meses terminarán su carrera, preocupados ante una serie de hechos acaecidos en los últimos días, y conscientes del momento crucial y revolucionario por el que pasa nuestra patria, quieren dejar sentado de manera definitiva su posición ante la Revolución Cubana, y su actitud ante el deber sagrado de cumplir su función social.
“Como consideramos improcedente hacer demandas económicas en momentos donde por un lado el pueblo de Cuba está dispuesto a los mayores sacrificios, y por eso los sátrapas del imperialismo yanki nos agreden cobardemente, es que hacemos responsablemente los siguientes pronunciamientos:
“Primero: Apoyamos con la vida, si fuera necesario, las medidas y normas revolucionarias tomadas por el gobierno.
“Segundo: Estamos a la disposición incondicional de las autoridades cubanas, para lo que nos necesiten, una vez adquirido nuestro título.
“Tercero: Aceptaremos con entereza y espíritu de sacrificio, el sueldo que el gobierno estime oportuno que pueda pagarnos.
“Cuarto: Solo deseamos ser útiles a nuestro país y utilizar los conocimientos adquiridos en la universidad que paga el pueblo, en beneficio de ese pueblo.
“Quinto: Rechazamos por contrarrevolucionaria toda otra actitud que tienda a menoscabar el espíritu revolucionario que fermenta hoy en nuestra patria.
“Sexto: Pedimos a todos los compañeros de nuestro curso que adopten esta postura revolucionaria y demuestren ante el pueblo su gran espíritu de sacrificio y su amor a la patria que soñara Martí.
“Sexto curso de la escuela de medicina de la Universidad de La Habana”.
¿Qué nos proponemos con los técnicos? Sencillamente nos proponemos pagarlos como merecen. Es decir, pagarles bien, porque un técnico necesita dedicar una parte de su vida a estudiar sin percibir ingresos.  Ese técnico merece el estímulo de una buena remuneración, como compensación al esfuerzo realizado y a los servicios que presta al país. A nosotros no nos importaba el problema en término de pesos más o de pesos menos, sino en términos morales.  Nos interesaba el técnico revolucionario, queremos técnicos revolucionarios, y el pueblo está dispuesto a pagar como merecen los técnicos revolucionarios.
Y nosotros creemos que podremos hacerlo, porque la economía del país se desarrollará a un ritmo extraordinario. Y necesitamos esos técnicos, estamos construyendo cientos de pueblos, y queremos que en cada pueblo que construyamos haya, por lo menos un médico. Por eso tenemos tanta necesidad de médicos.
Antes los médicos no tenían trabajo, muchos de ellos.  Tenían que trabajar durante varios años por una miseria, recibían una miseria en los hospitales del Estado, o recibían una miseria en consultas de otros médicos. La Revolución ha puesto a trabajar a todos los técnicos. No hay un solo técnico profesional universitario que pueda decir que no tiene trabajo. No hay un solo médico, un solo ingeniero agrónomo, o civil, o mecánico, que no tenga asegurado su trabajo. De ahí lo imperdonable que resulta la conducta de los técnicos que se marcharon, porque no se marcharon cuando el profesional era explotado, cuando la inmensa mayoría de los profesionales no tenían oportunidad; no se marcharon cuando el país vivía en medio del terror y del crimen.  Y sin embargo, se marcharon ahora, abandonando a su país. Y el médico que se marcha, el médico que trabajando en una institución nacional, en un hospital del pueblo, se marcha, es sencillamente un criminal, más criminal todavía que cualquier otro profesional, porque el médico vino aquí a estudiar para salvar vidas, el médico vino aquí a estudiar para garantizar vidas del pueblo. Y no se puede menos que calificar de criminal al médico que, a riesgo de que algún compatriota, o muchos compatriotas suyos puedan perder la vida, abandone el territorio nacional.
Pero criminal también, criminales son también los ingenieros, o los arquitectos, o los profesionales que traidoramente abandonan su país.
El Colegio Médico Nacional, en asamblea de médicos, en el día de ayer tomó acuerdos al respecto, y planteó darles una última oportunidad a los que quieran regresar, darles una oportunidad hasta el 31 de diciembre. Bien, pero a partir del 31 de diciembre, nosotros estimamos que no se debe de dar ninguna oportunidad a ninguno de esos profesionales que abandonó su país en las horas difíciles, porque es muy cómoda esa postura de abandonar la patria cuando el peligro era inminente, para regresar luego cuando el país marche, como marcha ya y como marchará cada vez más, por senderos de extraordinario progreso bienestar. Esos deben perder, cuando menos, la ciudadanía de su país, y el derecho de ejercer aquí la profesión.
Ya se van llenando las residencias estudiantiles de nuevos estudiantes, y en esas residencias se va a ayudar también a los actuales estudiantes que no tengan recursos. Y el Gobierno Revolucionario está dispuesto a gastar lo que sea necesario en dar oportunidades para estudiar, y en llenar las universidades de nuevos estudiantes, y en preparar los técnicos para el día de mañana. Hoy no solo ya tenemos un estudiante revolucionario, sino que tenemos toda una universidad revolucionaria, donde al fin se han realizado grandes transformaciones en sus programas de estudio, es decir que al fin se ha realizado también la reforma universitaria. Por eso vale la pena hacer el esfuerzo, por eso el pueblo hará gustoso el esfuerzo.
El año pasado hablábamos de la ciudad universitaria.  Pues bien dentro de breves días la ciudad universitaria comenzará a construirse. Y los estudiantes van a ayudar, y los obreros de la construcción van a ayudar, y las brigadas juveniles, y los Jóvenes Rebeldes van a ayudar. Y para el año que viene, para septiembre del año que viene, tendremos capacidad para 8 000 estudiantes, solamente estudiantes becados en la Universidad de La Habana.
Podemos pues, contemplar el porvenir con optimismo en todos los órdenes, porque ya todo se ve cada vez más claro, todo se ve cada vez más seguro: mayor organización, más experiencia, mejores perspectivas en todos los órdenes, más fuerte la Revolución, mejores circunstancias.
Pronto comenzará un nuevo año. Baste decir que en el nuevo año se crearán en el campo, es decir, solamente a través de la reforma agraria, en el próximo año daremos trabajo en el campo a 200 000 cubanos más. Y son cifras más o menos exactas, es decir, sin exageraciones. Estamos en condiciones de darles trabajo en el campo a 200 000 personas más, ¡solamente en el campo, en la agricultura!  Las perspectivas son buenas en todos los órdenes.
El año que viene será también el año de la educación; la gran batalla contra el analfabetismo es una gran batalla. Nos proponemos eliminar hasta el último residuo de analfabetismo en un año, y estamos seguros de que ganaremos esa batalla, porque estamos trabajando desde ahora.  Pasarán de 100 000 el número de personas que van a trabajar en esa campaña. Mas, si vemos que no fuera suficiente, la misma movilización que hemos hecho y estamos haciendo para defender el país la haremos para combatir el analfabetismo, y movilizaremos decenas y decenas de miles de estudiantes, de obreros, de jóvenes rebeldes, y de personas del pueblo que tengan preparación suficiente para enseñar, e iremos a buscar hasta el último analfabeto, y lo enseñaremos a leer y a escribir.
Y el cuadro internacional tendrá que mejorar.  La Revolución ha triunfado, la Revolución es una realidad, y la Revolución seguirá adelante invenciblemente. ¿Qué puede hacer el imperialismo ante el cuadro mundial que se le presenta? No nos atacaron con mercenarios, y cada día que ha pasado, y cada día que pasa, tienen un hueso más duro que roer los mercenarios aquí.
Por eso, tanto ha crecido la fuerza militar de la Revolución, que a los mercenarios los podemos esperar, por muy apoyados que vengan, los podemos esperar muertos de risa: durarían bastante poco.
Y por lo demás, ¿qué ha logrado el imperialismo con su “patrullaje” en el Caribe? Más descrédito, más desprestigio, y, además, una prueba de que están asustados, una prueba de que están dando palos de ciegos.  Se produce una revolución en Guatemala, y a la carrera mandan los acorazados y los portaaviones. ¿Qué quiere decir eso?  Miedo. ¿Y qué quiere decir? Que la Revolución no hay que exportarla, que las revoluciones se van a producir solas en todo el continente americano.
¿Qué han hecho con sus barcos? El ridículo. ¿Qué han hecho con sus maniobras? El ridículo.  ¿Qué han hecho con sus agresiones económicas? El ridículo. Y la libra de azúcar está carísima en Estados Unidos. Vamos a ver qué pasa el próximo año, y vamos a ver cómo se las arreglan con el azúcar. Nosotros vamos a trazar nuestra política azucarera. A fines de diciembre, o a principios de enero, vamos a reunir a todos: a los trabajadores azucareros de los centrales, a los cooperativistas, a los colonos, a todo el mundo, y vamos a hacer una política azucarera de acuerdo con las perspectivas.
¿Hay países que quieren especular con la agresión económica a Cuba? Vamos a ver quién puede competir con Cuba en producción azucarera. Cuba, sencillamente, va a estar en posición privilegiada en el mercado, a pesar de la agresión. Y vamos a seguir una política, y vamos a ver qué pasa, y vamos a ver qué hace la nueva administración que sustituirá a la administración de Eisenhower. Vamos a ver qué línea sigue, porque el señor Kennedy hizo mucha demagogia durante la campaña electoral, azuzando la agresión contra Cuba. Pero como una cosa es con guitarra, y otra cosa es con violín, vamos a ver qué hace el señor Kennedy, vamos a ver. Vamos a ver si a lo mejor con la campaña de alfabetización que estamos haciendo el señor Kennedy se alfabetiza políticamente y se reeduca políticamente. Quizás esta campaña de alfabetización pueda contribuir a abrirle las entendederas al señor Kennedy. Y entonces, vamos a ver qué hacen, vamos a ver si quieren seguir en la política de agresiones contra nuestro país, política estúpida, política torpe y política fracasada, o se deciden a dejarnos en paz, que es mejor negocio para ellos.  Por lo menos la oportunidad la tienen.
Caras les están costando las agresiones; muchas fábricas se han arruinado en Estados Unidos, y los muy torpes dirigentes de ese país han sacrificado a sus propios obreros, han sacrificado a sus propias industrias.
Y con el embargo, no nos han hecho gran mella. Después del embargo, todos hemos seguido más o menos bien; todos hemos seguido más o menos bien las mismas cosas; y como, por otro lado, la producción agrícola viene creciendo a un ritmo extraordinario, ya en estas navidades estamos almacenando pollo congelado para las navidades ; ya se está recogiendo la cosecha de granos; hay 50 000 pavos, y algo más todavía:  se desarrolla de manera tan extraordinaria la producción de cerdos, de líneas especiales que hemos estado desarrollando durante muchos meses, y crece a un ritmo tan grande, que en las navidades vamos a tener hasta lechón asado , para los aficionados que no podían resignarse a unas navidades sin ese plato.
El embargo ha fracasado. Nosotros hemos ido resolviendo nuestros problemas y ellos han sacrificado este mercado. Política torpe; bastaría que hicieran lo mismo en todas partes del mundo, y se habría liquidado para siempre el imperialismo. Si hicieran con todo el mundo lo que han hecho con Cuba, duraba seis meses; vean ustedes si han sido brutos con Cuba.
Es decir que las perspectivas son buenas en todos los órdenes. Vamos a planear nuestra política azucarera, y vamos a ver qué hace el imperialismo: si persiste en sus agresiones, y allá él, o comienza a recapacitar y a comprender que la Revolución Cubana es ya una realidad indestructible, y nos dejan en paz.
Nosotros queremos la paz. ¿Por qué queremos la paz? Porque tenemos grandes proyectos; tenemos grandes planes; y vemos cómo avanza todo, y ya nos parece contemplar el futuro de nuestro país, el futuro extraordinario de nuestro país, que será ejemplo para todos los pueblos de América, y que será objeto del reconocimiento y de la admiración de los demás pueblos del mundo. Nosotros necesitamos la paz para realizar esa gran obra; nosotros deseamos invertir toda la energía de nuestro pueblo en esa obra; nosotros no queremos sangre; nosotros no quisiéramos ver caer a un solo joven, a un solo soldado, a un solo miliciano, a un solo obrero, a un solo cubano; nosotros quisiéramos verlos a todos trabajar. Si nos hemos armado es para defender ese derecho a trabajar; si hemos invertido extraordinarias energías en preparar nuestra defensa es para garantizar ese derecho.
Y seguiremos preparándonos, seguiremos mejorando nuestra defensa militar, porque a última hora lo más seguro es eso.  La garantía más segura frente al imperialismo es estar bien armados.  Pero eso lo estamos consiguiendo; pronto estaremos bien armados y bien preparados para defendernos de cualquier ataque. ¿Y después? Pues después, a trabajar, a realizar los grandes planes de la Revolución. Esa preparación militar nos da derecho a seguir trabajando; ha sido una condición previa para seguir trabajando.  Y quizás hagamos recapacitar al imperialismo que un ataque a Cuba es un ataque condenado al fracaso; que un ataque Cuba sería el suicidio del imperialismo. Y en verdad, preferible para nosotros sería no que se suicidara el imperialismo a costa de nosotros, sino que el imperialismo, a costa suya, siguiera muriendo lentamente hasta su total e inevitable desaparición histórica.
Esa es nuestra manera de pensar; de eso hemos querido hablar hoy aquí. Quizás falten algunas cosas, pero no importa; lo esencial está dicho. Hemos sido francos, hemos sido sinceros; hemos dicho la verdad con crudeza, cuando hemos considerado que debíamos decirla.
Pero también hemos expresado nuestra fe, nuestro optimismo. Hoy podemos, todavía con más seguridad, con más confianza, hablar así en esta escalinata, porque en verdad que esta escalinata ha sido cada día más y más revolucionaria; y esta escalinata, cada día se ha ido identificando más y más con el pueblo. Y en realidad, no puede rendirse mejor tributo a los mártires de 1871 y a los estudiantes que dieron sus vidas jóvenes para esto que hoy hacemos, para estos triunfos de la patria que hoy tenemos delante.
Y es en verdad motivo de satisfacción para todos, para todo el pueblo, para los estudiantes y para todos nosotros, pensar en este LXXXIX aniversario que aquellos estudiantes, víctimas inocentes del monopolio, de la explotación, del egoísmo, víctimas inocentes de los privilegios de ayer; aquellos inocentes, que cayeron por el odio que la idea de la justicia despertaba en los odiosos opresores de ayer, en los odiosos intereses extranjeros que explotaban a nuestra patria; que aquellas víctimas inocentes, sacrificadas por el privilegio de ayer, junto con todos los mártires que cayeron sacrificados por los privilegios, han contribuido a que al fin desaparecieran los privilegios, los de la colonia y los de la semicolonia, los de la colonia española, y los de la colonia yanki. Víctimas fueron ellos de la colonia española; víctima fue Mella, víctima fue Trejo, víctima fueron José Antonio Echevarria y todos los compañeros de su generación, víctimas, víctimas de la colonia yanki, de los fusiles yankis, de la opresión y de la explotación yankis.
Pero, al fin, el esfuerzo de todos ha servido para que no haya más colonia, para que no haya más privilegio, y para que la verdadera libertad y la verdadera justicia, al fin, resplandecieran algún día en nuestra patria.
Y al rendir ese homenaje a los caídos, expresemos también nuestro reconocimiento a los que lucharon en la guerra y continuaron luchando en la paz; expresemos también nuestro reconocimiento a los líderes universitarios; nuestro reconocimiento al máximo líder de los estudiantes, al compañero Rolando Cubelas, que supo jugar un rol en la guerra y supo cumplir su deber en la paz.  Próximo a graduarse de médico próximo a cumplir su etapa universitaria, bien merece nuestro público y sincero reconocimiento, y nuestra satisfacción de saber que se lleva con él el permiso que se llevan los honrados: ¡el derecho a llevar la frente en alto y el reconocimiento de su pueblo!
Nuestra expresión optimista y nuestro reconocimiento a toda la universidad; nuestra fe, y nuestra seguridad de que la Universidad de La Habana estará también en primera fila ¡en esta hora creadora y gloriosa de la patria!
FIDEL CASTRO RUZ

Fuente: http://www.cuba.cu/gobierno/discurso

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